(haga click aquí para descar­gar el fol­leto)

¿A Dónde Fue El Señor Al Morir? Al morir, Cristo fue sepul­ta­do, y mien­tras su cuer­po per­manecía en el sepul­cro por tres días, su espíritu había ascen­di­do a la región del Hades que El lla­ma “Paraí­so” (Luc. 23:43; Hch. 2:27–31). Cristo estu­vo en el Hades pero no en el infier­no. Las ver­siones que digan que Cristo estu­vo en el “infier­no” son tra­duc­ciones incor­rec­tas (la pal­abra que aparece en el tex­to orig­i­nal es “Hades” y así se debe tra­ducir). Al ladrón que se había arrepen­ti­do, el Señor Jesús le dice, “De cier­to te digo que hoy estarás con­mi­go en el Paraí­so”. En el Hades hay un lugar de reposo que el Señor le lla­ma “Paraí­so”. En el rela­to del rico y Lázaro, a este mis­mo lugar Lucas le lla­ma “el seno de Abra­ham” donde Lázaro era “con­so­la­do” mien­tras que el rico era “ator­men­ta­do” (Luc. 16:25). El alma de Cristo no per­maneció en el Hades como tam­poco su cuer­po per­maneció en el sepul­cro porque resucitó de entre los muer­tos (Hch. 2:31,32). “Era imposi­ble que fuese retenido por ella” (2:24). El poder del Hades no pudo deten­er­le. “Y ten­go las llaves de la muerte y del Hades” (Apoc. 1:18). Si el Hades hubiera detenido a Cristo, El no hubiera cumpli­do el plan de reden­ción. Pero resucitó, el Hades no prevale­ció, estable­ció Su igle­sia, y por estos salvos algún día ven­drá por segun­da vez.

Enhanced by Zemanta

(para descar­gar el ser­món vaya aquí)

Reli­giosos, Pero Per­di­dos

 Hay en el mun­do mucha gente, de una especie de religión muy vari­a­da. Segu­ra­mente, la may­oría pien­sa que se va a sal­var por el mero hecho de ser reli­giosos.  Lam­en­ta­ble­mente, esto no es cier­to.  El creer que la reli­giosi­dad  equiv­ale a sal­vación es una gran men­ti­ra, un engaño muy astu­to de parte de Satanás.  Tal fue el caso de estos judíos a quienes el após­tol Pablo se dirige en Romanos capí­tu­lo diez.  Pens­a­ban, entre otras cosas, que eran salvos sola­mente por ten­er “celo de Dios”.  Pero, no era así, esta­ban per­di­dos, les falta­ba el conocimien­to ver­dadero, (v. 2).  Ignor­a­ban la “jus­ti­cia de Dios” (v. 3).  En pocas pal­abras, aunque reli­giosos (en otro tiem­po, fueron el pueblo escogi­do de Dios y fue a ellos a quienes se les encomendó la ley, Romanos 3:2), pero esta­ban per­di­dos por no haber obe­de­ci­do al evan­ge­lio de Cristo.  ¿Cuán­tos reli­giosos hoy en día no sufren del mis­mo engaño?

10:1  El Deseo De Sal­vación

   Pablo desea­ba y ora­ba a Dios por la sal­vación de sus  her­manos de raza, los judíos.  Esto enseña que esta­ban per­di­dos, y como todo ser per­di­do, nece­sita­ban la sal­vación.  La insis­ten­cia de predicar el evan­ge­lio es con esta final­i­dad, la de desear de corazón la sal­vación de nue­stros seme­jantes.  Así como el após­tol, todo fiel pred­i­cador del evan­ge­lio tiene el deseo sin­cero, el anh­elo de corazón de que todo ser, reli­gioso o no, reconoz­ca que sin el evan­ge­lio está eter­na-mente per­di­do y nece­si­ta del evan­ge­lio para su sal­vación.

10:2  Celo Sin Cien­cia

Fuera del mun­do “cris­tiano” hay otras “reli­giones” y  todas ellas excluyen a las Sagradas Escrit­uras y a Jesu­cristo de su doc­t­ri­na, en su total­i­dad. La ver­dad es que “ellos” como “nosotros” todos, nece­si­ta­mos del mis­mo evan­ge­lio.  Nadie será sal­vo sin obe­de­cer al evan­ge­lio de Jesu­cristo.   El Judaís­mo es nom­bra­do entre las cin­co reli­giones más impor­tantes del mun­do.  Pablo dice que aunque tienen “celo” no son salvos sin el

 

evan­ge­lio de Cristo.   El Islam, otra religión prin­ci­pal cuyos seguidores son gente muy celosa de su creen­cia. Basan su fe en la doc­t­ri­na del Corán y en Mahoma como el envi­a­do de Alá.  Son muy reli­giosos, oran cin­co veces al día, dan limosnas, ado­ran en sus mezquitas, las mujeres se cubren bien y has­ta con velo en sus cabezas, pero les fal­ta lo prin­ci­pal.  Sus escrit­uras no son las Sagradas Escrit­uras que inspiró  el Espíritu San­to, pues no le tienen por Dios, como tam­poco a Jesu­cristo. Aunque reli­giosos, están per­di­dos por no obe­de­cer al evan­ge­lio de Jesu­cristo.  El Bud­is­mo, tam­bién cuen­ta con muchos seguidores fieles y fer­vientes.  Se basan en las enseñan­zas de   Sid­dhar­ta Gau­ta­ma quien es el “Buda”.  Es curioso, pero en esta religión no basan su fe en un dios o dios­es.  Son por lo tan­to, “ateos”.  Buda no es un dios, sino un rep­re­sen­tante, uno que les guía a la per­fec­ción.  ¿Están per­di­dos? Sí están per­di­dos, y esto por no obe­de­cer al evan­ge­lio de Jesu­cristo.  El Hin­duis­mo, la quin­ta may­or religión cuen­ta con mil­lones de  seguidores que ven­er­an a múlti­ples dios­es, son idol­a­tras.  Sus escrit­uras son las “Vedas”. Igual­mente, care­cen del conocimien­to ver­dadero del evan­ge­lio, y sin el están per­di­dos.  No seamos tan pron­tos en apun­tar el dedo a los de “otras” reli­giones. Den­tro del lla­ma­do “cris­tian­is­mo” hay quienes tam­bién excluyen al evan­ge­lio de Cristo de su doc­t­ri­na. Llamán­dose “cris­tianos,” tam­bién estos están per­di­dos, por per­ver­tir el evan­ge­lio (Gál.1:6–9). Lo que el mun­do más nece­si­ta, no es “religión” sino el “poder de Dios para sal­vación,” el evan­ge­lio puro.

10:3–5  Per­di­dos Por No Obe­de­cer A Cristo

        Tenían celo, pero no el conocimien­to del evan­ge­lio.  Por lo tan­to, esta­ban per­di­dos por igno­rar el plan de Dios de sal­vación.  Igual­mente, ignor­a­ban la “jus­ti­cia de Dios”.  El pun­to no se hace para pro­bar­les que Dios es jus­to, el judío bien sabía esto. Aquí, la jus­ti­cia de Dios es el plan de Dios para hac­er jus­to al hom­bre pecador.  Igno­rar la “jus­ti­cia de Dios” es igno­rar el plan de sal­vación, y esta es la razón de su esta­do per­di­do.  El evan­ge­lio de Cristo nos dice a todos cómo sal­varnos.  ¿Cuán­tos reli­giosos están en la mis­ma

 

condi­ción per­di­da de estos judíos por igno­rar o aún rec­haz­ar el plan sen­cil­lo de sal­vación?  El judío no podía ser sal­vo por la ley de Moisés, pues la ley no era para el perdón de los peca­dos.  Pero, esa mis­ma ley apunt­a­ba a Cristo, al Sal­vador, al “cordero de Dios que qui­ta el peca­do del mun­do” (Juan 1:12).  La sal­vación es imposi­ble lograr­la sin Jesu­cristo.  El mis­mo dice, “Yo soy el camino, la ver­dad, y la vida; nadie viene al Padre sino por mí” (Juan 14:6).

10:6–15  El Evan­ge­lio Al Alcance De Todos

    Pablo cita las pal­abras de Moisés (Deut. 30:11–14) quien exhor­ta al pueblo a que sean obe­di­entes en guardar los man­damien­tos del Señor.  Moisés, en la eta­pa final de su vida les ani­ma a ser obe­di­entes ya que el man­damien­to de Dios está al alcance de todos, bien acce­si­ble.  No hay excusa para no obe­de­cer a Dios.  Que no digan, “es muy difí­cil”.  Les exhor­ta, “No está en el cielo para que digas: “¿Quién subirá por nosotros….Ni está más allá del mar, para que digas: “¿Quién cruzará el mar por nosotros….Pues la pal­abra está muy cer­ca de ti, en tu boca y en tu corazón, para que la guardes”.  Dios quiere obe­di­en­cia, ¡no excusas!  Para algunos, el evan­ge­lio es tan cono­ci­do y tan famil­iar que lo tienen tan cer­ca como en su boca por haber­lo oído tan­to al gra­do de poder­lo ellos mis­mos predicar.  Pero, no lo hacen por no obe­de­cer­lo.  No hay lugar para excusas.

10:9–15 La Obe­di­en­cia Para Sal­vación

     Muchos “evangéli­cos” sim­pli­f­i­can la sal­vación al enseñar que lo “úni­co” que se debe hac­er es “acep­tar a Jesu­cristo en el corazón, y “orar” por la sal­vación”. Algunos le lla­man a esto, “la oración del pecador”.  Pero, no hay pasaje en la Bib­lia que le diga al pecador que “ore” por su sal­vación. No lo hay. No bas­ta con implo­rar­le a Dios que nos salve.  Al con­trario, Jesu­cristo dice, “no todo el que me dice Señor, Señor, entrará en el reino de los cie­los, sino el que hace la vol­un­tad de mi Padre que está en los cie­los” (Mateo 7:21,22)  Podemos supli­car­le y rog­a­r­le a Dios por nues­tra sal­vación, pero lo que El quiere es que cumplam­os con las condi­ciones del evan­ge­lio (hac­er su vol­un­tad), y así ser salvos.  Comen­zan­do de atrás con el ver­so 15 hacia delante al ver­so 9, el evan­ge­lio es pred­i­ca­do.  Sin la pred­i­cación del evan­ge­lio, las bue­nas nuevas no son oídas.  Si no oyen el evan­ge­lio pred­i­ca­do, ¿Cómo pueden creer en Jesu­cristo?  Si no creen en El, ¿Cómo pueden invo­car su nom­bre?  El evan­ge­lio (las bue­nas nuevas) cam­bia vidas cuan­do se obe­dece, y es con esa final­i­dad que se pred­i­ca el men­saje de sal­vación.

10:16–21 La Des­obe­di­en­cia Para Perdi­ción

Algo muy ajeno a las Escrit­uras es la doc­t­ri­na de “la fe sola”.  Es una doc­t­ri­na que si se acep­ta, causa mucho daño por fomen­tar la des­obe­di­en­cia.  Esto con­duce a la perdi­ción.  Al acep­tar una “fe sola” es admi­tir que no hay nada más qué hac­er para ser salvos.                                                                           El pasaje aquí es claro.  “Creer” es “obe­de­cer”.  La fe que sal­va es la fe obe­di­ente, la que no sal­va es la que no obe­dece, a esto se refiere el pasaje cuan­do dice, “no todos obe­decieron al evan­ge­lio, porque Isaías dice: “Señor, ¿quién ha creí­do a nue­stro anun­cio?”  Y ¿Cómo lle­ga la per­sona a creer?  El ver­so 17 dice, “Así que la fe viene del oír, y el oír, por la pal­abra de Cristo.”  El evan­ge­lio se pred­i­ca, se oye, se cree (se obe­dece, V. 16).  El judío (como cualquier otra per­sona) podría decir, “ten­emos excusa por no obe­de­cer, pues nun­ca hemos oído el men­saje de sal­vación”. Pero no, el men­saje fue anun­ci­a­do a todo el mun­do, “por toda la tier­ra ha sali­do su voz, y has­ta los con­fines del mun­do sus pal­abras”.  El judío no tenía excusa,  pudo haber oído el evan­ge­lio, pero lo rec­hazó.  Por su evan­ge­lio, Dios lla­ma a gente obe­di­ente, sean judíos o gen­tiles.  Las bue­nas nuevas de sal­vación son para todos (Romanos 1:16).   ¿Por qué está per­di­da tan­ta gente reli­giosa?  Por la mis­ma razón que aquel pueblo judío esta­ba per­di­do, por no hac­er caso al evan­ge­lio, por ser “des­obe­di­ente y rebelde” (Ver­so 21).

Enhanced by Zemanta

El libro de Ecle­si­astés es uno de los escritos más exce­lentes en donde se pre­sen­ta de una man­era clara y sim­ple lo que en real­i­dad es la vida de todo hom­bre cuan­do vaga sin Dios.

El autor, el sabio más grande y recono­ci­do de su época hace un análi­sis de cómo es que la humanidad pre­tende encon­trar la sat­is­fac­ción a sus vidas, sien­do el mis­mo el prin­ci­pal suje­to de estu­dio, pues inda­go de man­era pro­fun­da cada cosa en la que el mis­mo con­sid­er­a­ba el propósi­to de la vida.

El tiem­po ha cau­sa­do infinidad de cam­bios, las sociedades se han mod­ern­iza­do; pero el hom­bre sigue sien­do el mis­mo, sigue tenien­do los mis­mos deseos, los mis­mos prob­le­mas, pero sobre todo, las mis­mas necesi­dades.

Todo aquel que quiera enten­der a detalle una inves­ti­gación de lo que es el hom­bre, solo bas­ta estu­di­ar de man­era cuida­dosa este libro, pues nos da las respues­tas más exac­tas y sim­ples, lle­gan­do a con­clu­siones y apli­ca­ciones que siguen tenien­do el mis­mo val­or y prove­cho para nosotros hoy en día.

El pred­i­cador invierte tiem­po, esfuer­zo y recur­sos para declararnos una ver­dad que nadie puede negar: la indis­cutible supe­ri­or­i­dad de Dios sobre la creación, incluyen­do al hom­bre, y como es que el hom­bre puede encon­trar la ver­dadera esen­cia de la vida, al dis­fru­tar de todas las ben­di­ciones de Dios, recono­cién­do­lo como el Dador, pero sobre todo, como Aquel a quien se le debe de respetar, obe­de­cer y temer por toda la vida, pues para esto Dios nos puso en este mun­do.

Este escrito fue pre­sen­ta­do en la igle­sia local hace poco menos de un año y seguí el for­ma­to que a mi cri­te­rio es más efec­ti­vo: el ir anal­izan­do tex­to por tex­to y pal­abra por pal­abra según sea nece­sario. Se recomien­da al estu­di­ante hac­er uso de otras ayu­das como dic­cionar­ios, comen­tar­ios, mapas, léx­i­cos, etc. para aumen­tar el entendimien­to acer­ca de este libro y en gen­er­al de todo el con­se­jo de Dios. Además he for­mu­la­do una serie de pre­gun­tas que sir­ven de guía al estu­di­ante para lle­var una idea más enfo­ca­da en el con­tex­to cor­re­spon­di­ente.

Agradez­co a Dios sobre todas las cosas por haberme dado la opor­tu­nidad de cono­cer­le y de poder enseñar su pal­abra a todo el que está deseoso de aumen­tar su saber. Tam­bién a mi famil­ia por su apoyo y ani­mo, a los her­manos de la igle­sia local de New Braun­fels, Tx. y a los her­manos Jorge Luis Mal­don­a­do y Rubén Rio­jas que han colab­o­ra­do grande­mente en la preparación de este mate­r­i­al.

No es mi deseo el com­parar estos escritos con los ya exis­tentes de otros her­manos, sola­mente bus­co ayu­dar en poco o mucho a quien ten­ga la dis­posi­ción de estu­di­ar­lo.

 

-Jorge Mal­don­a­do-

Vaya a descar­gar el comen­tario com­ple­to

Enhanced by Zemanta

Desde la muerte de Abel has­ta el tiem­po pre­sente, se ha cal­cu­la­do que han muer­to más de 100 bil­lones de per­sonas durante este estre­cho de his­to­ria humana. La muerte es común, y alcan­za a todos. Nadie escapará de ella (solo los que estén vivos al regre­so del Señor). No hay hom­bre que ten­ga potes­tad sobre el día de la muerte (Ec. 8:8). Esta es una real­i­dad y es una ley uni­ver­sal de Dios, “Y así como está dec­re­ta­do que los hom­bres muer­an una sola vez, y después de esto, el juicio” (Heb. 9:27). Muchos pien­san que la muerte físi­ca es el fin de todo. Cuan­do la per­sona ter­mi­na aquí su vida, el cuer­po muere, pero su espíritu regre­sa a Dios quien lo dio (Ecl. 12:7). Aquí no ter­mi­na todo, al con­trario, por el hecho de haber muer­to, la per­sona (su espíritu) empieza aho­ra una nue­va eta­pa. El obe­di­ente que muere en el Señor, será bien­aven­tu­ra­do (Apoc. 14:13). Todos los demás que mueren en des­obe­di­en­cia, serán cas­ti­ga­dos (Apoc. 20:8). Para ambos, el morir es el comien­zo de la eternidad.

(Vaya a la serie de la escat­ología)

Enhanced by Zemanta

(Click here to down­load the PDF file)

Intro­duc­tion:

  1. Mar­i­an and the Elders:  Accused of for­ni­ca­tion, a woman hales her church into court (Time Mag­a­zine, 1984)
    1. Peo­ple lined up 45 min­utes ear­ly each day to get a seat.  Spillover spec­ta­tors stood along the walls or perched on win­dowsills.  A law stu­dent from Cal­i­for­nia had come to Tul­sa for the event; one man had dri­ven down from Wash­ing­ton State.  Most of the near­ly 200 peo­ple in the audi­ence, how­ev­er were Okla­homa church­go­ers, some of whom clutched Bibles to check out pas­sages on sex and sin referred to by the speak­ers.”
    2. As the elders tes­ti­fied, Church­es of Christ seek to apply lit­er­al­ly every word of the New Tes­ta­ment.  In Matthew 18:15-17, Jesus Christ lays out the pro­ce­dure for deal­ing with the wrong­do­er.  The final step: ‘If he refus­es to lis­ten to them, tell it to the church; and if he refus­es to lis­ten even to the church, let him be to you as a Gen­tile and a tax col­lec­tor.’  The church­es inter­pret this as requir­ing the kind of treat­ment that was met­ed out to Guinn. The Tul­sa jury chose a dif­fer­ent inter­pre­ta­tion: It sided with Guinn, and the court award­ed her $390,000, more than the Collinsville congregation’s entire pro­ceeds for six years.  ‘A wrong was made right,’ said a pleased Guinn.”
    3. The church was dragged in front of the entire nation­al media, even Phil Don­ahue decid­ed to get involved.  Every time the elder was asked a ques­tion he would begin his response with, “The Bible says…”
    4. In 1989 the case was appealed and it reached the Okla­homa Supreme Court.    It reached this con­clu­sion: “In an action for dam­ages from inva­sion of pri­va­cy and inten­tion­al emo­tion­al dis­tress, brought by a for­mer parish­ioner against the con­gre­ga­tion and its lead­er­ship, judg­ment was ren­dered on a jury ver­dict for the plain­tiff.  On appeal by the defen­dants, JUDGEMENT IS REVERSED AND CAUSE REMANDED.”  Con­tin­ues, “The Elders car­ried out the bib­li­cal­ly-man­dat­ed dis­ci­pli­nary pro­ce­dure in three stages, with the entire process last­ing more than a year.”  In ref­er­ence to the church the Okla­homa Supreme Court wrote: “The Church of Christ fol­lows a lit­er­al inter­pre­ta­tion of the Bible which serves as the church’s sole source of moral, reli­gious and eth­i­cal guid­ance.”
  2. The court was say­ing that the Church of Christ uses only the Bible as their source of author­i­ty, no creed book and no syn­od.  The Supreme Court rec­og­nized that the church had a respon­si­bil­i­ty to the guide­book.
  3. There is some­thing that I have seen in the Lord’s church that is sin­ful and is wrong.  For many years many church­es have refused to see church dis­ci­pline as a bib­li­cal man­date.
    1. What does the Bible say about church dis­ci­pline?
    2. 2 Thes­sa­lo­ni­ans 3:6
  4. Church dis­ci­plined is com­mand­ed in the name of our Lord Jesus Christ(2 Thes­sa­lo­ni­ans 3
    1. Verse 6a: “Now we com­mand you, brethren, in the name of our Lord Jesus Christ…”
      1. There are some things that are option­al in the Lord’s church.
        1. Wear­ing a suit and tie
        2. Sun­day evening wor­ship
        3. Wednes­day night wor­ship
        4. Gospel meet­ings
        5. Chairs, pews, build­ing, etc…
        6. But when you read the phrase, “…we com­mand you…” every­thing after it is not option­al.
          1. What­ev­er the apos­tle is about to say is not option­al, it is com­mand­ed.
          2. There is no pas­sage in the Bible that com­mands, direct­ly, the par­tak­ing of the Lord’s Sup­per.   Acts 20:7 is a good exam­ple but not a com­mand.  We under­stand that through apos­tolic exam­ple the church is to par­take every first day of the week.  But, there is no emphat­ic com­mand as in 2 Thes­sa­lo­ni­ans 3:6.
          3. There is no emphat­ic com­mand in the New Tes­ta­ment that we have to use unleav­ened bread for the Lord’s Sup­per.  Matthew 26 and 1 Corinthi­ans 11 are bind­ing exam­ples that the Lord and then Paul used unleav­ened bread, but there is not phrase that is as strong as Paul’s in 2 Thes­sa­lo­ni­ans 3.
    2. Verse 6b: “…that you keep away (with­draw from [KJV]) every broth­er who leads and unruly life and not accord­ing to the tra­di­tion you received from us.”
      1. One can sit in almost any Church of Christ in any part of the world and par­take of the Lord’s Sup­per almost iden­ti­cal to the man­ner that was done in the first cen­tu­ry: Same imple­ments and same pro­ce­dure.
      2. You can vis­it the same church­es and lis­ten a preach­er preach about bap­tism and how water bap­tism is nec­es­sary for the for­give­ness of sins and that with­out it one can­not be saved.  (ACTS 2:38; 1 Peter 3:21).  This is exact­ly what the first cen­tu­ry church was doing.
      3. You can wor­ship with those same church­es and join them as they praise God in an acapel­la fash­ion, just as the Bible teach­es (Eph­esians 5:19).
      4. But those same church­es that do all of these things just as the Bible teach­es: sing, pray, give, preach and par­take of the Lord’s Sup­per, just as the first cen­tu­ry church­es, but not ever wit­ness a dis­fel­low­ship.
      5. When was the last time we prac­ticed dis­fel­low­ship?
        1. Is it because every­one is a faith­ful Chris­t­ian.
        2. Is it because our fel­low­ship is so strong that there is no need for church dis­ci­pline?
        3. It is because church­es in the 21st cen­tu­ry have decid­ed that church dis­ci­pline is some­thing we just don’t do and don’t need any­more.  Albeit, some have nev­er been taught.  Oth­ers have been scared away like with Ms. Guinn.
    3. How many com­mand­ments of God can we ignore and refuse to imple­ment?
      1. James 2:1–4, 9–11; “My brethren, do not hold your faith in our glo­ri­ous Lord Jesus Christ with an atti­tude of per­son­al favoritism. 2 For if a man comes into your assem­bly with a gold ring and dressed in fine clothes, and there also comes in a poor man in dirty clothes, 3 and you pay spe­cial atten­tion to the one who is wear­ing the fine clothes, and say, “You sit here in a good place,” and you say to the poor man, “You stand over there, or sit down by my foot­stool,” 4 have you not made dis­tinc­tions among your­selves, and become judges with evil motives?”If, how­ev­er, you are ful­fill­ing the [i]royal law accord­ing to the Scrip­ture, “ You shall love your neigh­bor as your­self,” you are doing well. 9 But if you show par­tial­i­ty, you are com­mit­ting sin and are con­vict­ed by the law as trans­gres­sors. 10 For who­ev­er keeps the whole law and yet stum­bles in one point, he has become guilty of all. 11 For He who said, “ Do not com­mit adul­tery,” also said, “ Do not com­mit mur­der.” Now if you do not com­mit adul­tery, but do com­mit mur­der, you have become a trans­gres­sor of the law.
      2. Verse 10 teach­es that we are required to fol­low all the com­mand­ments of God.
      3. We know that if we, as indi­vid­u­als, obey most of the com­mand­ments that we are fail­ing and keep­ing the entire law.
    4. How many com­mands can a church refuse to obey?
      1. How many Chris­tians have been on vaca­tion and entered a build­ing with the name Church of Christ on it and seen a piano in the audi­to­ri­um and walked out?
      2. How many Chris­tians have vis­it­ed a church and seen that they sing acapel­la, par­take of the Lord’s Sup­per, preach the Gospel and teach the plan of sal­va­tion, and then begin to smell the aro­ma of a Sun­day din­ner cook­ing in the base­ment and won­dered, “Who would have thought that this was a lib­er­al church?”
    5. Is church dis­ci­pline a bib­li­cal­ly man­dat­ed pro­ce­dure?
      1. 2 Thes­sa­lo­ni­ans 3:6.
      2. Yes, it is!
      3. If we are going to obey the com­mand­ments of the Lord and be the church that God wants us to be, then church dis­ci­pline is some­thing that has to be done and it should be done prop­er­ly.
  5. Paul’s admon­ish­ment to the Corinthi­ans:
    1. 1 Cor. 5:1–4: The set­ting and the judg­ment —
      1. Verse 1: Sex­u­al immoral­i­ty that was not even heard of in the gen­tile com­mu­ni­ty.  It was a so well known fact that peo­ple hun­dreds of miles away knew about it.
      2. Verse 2: The Corinthi­ans were puffed up.  What does this mean?
        1. Paul had already talked about the church being arro­gant (1–4).  They had been blessed with all of the gifts (1:4–11).
        2. It seems like this church had become arro­gant and bragged about how blessed they were, how strong they were and how much love they had (1 Cor. 13), that they would nev­er hurt the sinner’s feel­ings by remov­ing them from the fel­low­ship.  They prob­a­bly thought that they would nev­er do any­thing so unlov­ing as dis­fel­low­ship.
        3. Do we use the same idea today?  Do we refuse to even talk about it because it is such a harsh thing to do to a broth­er or sis­ter.
          1. Do we have the atti­tude that if we dis­fel­low­ship some­one we will be unlov­ing?
          2. It is so cru­el and mean spir­it­ed to dis­fel­low­ship; we love them too much.
          3. This atti­tude is a lie and there is no love when dis­ci­pline is not prac­ticed.  If we love to the degree that God loves we would dis­fel­low­ship those who walk in an unruly man­ner.
          4. A church that refus­es to prac­tices church dis­ci­pline is all but lov­ing, it is unlov­ing.
            1. In par­ent­ing this can be seen: Proverbs 13:24; “He who spares the rod hates his son, be he who loves him dis­ci­plines him prompt­ly.”
            2. If we as a church do not dis­ci­pline way­ward mem­bers we do not love them!  It is nev­er true that a lov­ing church dis­obeys a com­mand of God.
          5. Verse 3:  Paul had already judged this per­son.
            1. Matthew 7:1; “Judge not, lest you be judged.”
              1. Mis­used pas­sage.
              2. The con­text of the pas­sage teach­es that the judg­ment that you use will be used against you.  He is talk­ing about being a hyp­ocrite.  He nev­er said don’t ever judge, but get your life straight before you judge some­one else.
            2. John 7:24; “Do not judge accord­ing to appear­ance, but judge with right­eous judg­ment.”
              1. As a Chris­t­ian we have the respon­si­bil­i­ty to judge with right­eous judge­ment.
              2. John 12:48; “He who rejects Me, and does not receive My words, has that which judges him-the word that I have spo­ken will judge him in the last day.”
                1. Right­eous judge­ment is tak­ing the words that are record­ed in the Bible and apply­ing them to our lives and the lives of oth­ers.
                2. This is how we deter­mine if some­thing is right (right­eous) or wrong (unright­eous); and we have the right to point it out.
          6. Verse 4:  Paul uses the name of Jesus Christ twice to show us that it is Jesus Christ who was respon­si­ble for church dis­ci­pline, and yet it was Paul who had already judged this way­ward broth­er.
    2. 1 Corinthi­ans 5:5–7: The two rea­sons for church dis­ci­pline:
      1. Verse 5: That the spir­it of the way­ward Chris­t­ian may be saved!
        1. Many brethren have argued with Paul on this point and said that dis­fel­low­ship­ping an unruly Chris­t­ian will not help them at all.
          1. That they will just go to anoth­er church…
          2. That they have already bro­ken fel­low­ship with us to begin with…
          3. That we will just run them away if we do prac­tice church dis­ci­pline…
          4. Gene War­man used to say (para­phras­ing): “Where are we going to send them?  Hell num­ber 2?”
          5. When did God ever give us the pre­rog­a­tive to decide if one of His com­mand­ments was going to do any good or not?
          6. God has nev­er asked us for our opin­ion when it comes to His com­mand­ments.  He knows bet­ter (Father knows best!).  Who do you think you are to declare a com­mand­ment of God as insuf­fi­cient, defi­cient and sub­ject to our opin­ion.  Read the O.T. and see how many times peo­ple decid­ed that their way was bet­ter than what God had com­mand­ed: Cain, Nadab, Abi­hu, Samuel…
          7. God loves the unfaith­ful Chris­t­ian more than you and I do com­bined.
          8. Some have argued that they have seen church dis­ci­pline before and that it nev­er worked.
            1. If they mean that it has not brought back a way­ward Chris­t­ian then maybe.  In this respect it won’t always work but there is a sec­ond rea­son for church dis­ci­pline.
            2. Let me assure you that it does work, albeit not all the time but it does work.
              1. Do heart sur­geons have 100% suc­cess rate?  No!  But what if after they fail sev­er­al times they just give up heart surgery all togeth­er?
              2. Can­cer treat­ment?
            3. Who knows the best way to bring back a way­ward Chris­t­ian, you or God?  Who wants them to come back more, you or God?  This is most effec­tive way of get­ting them back.
          9. Verse 6: To pre­vent the rest of the church from prac­tic­ing the same sin!
            1. One of the rea­sons of prac­tic­ing church dis­ci­pline is to pre­vent oth­ers from prac­tic­ing the oth­er sin.
            2. As an exam­ple: adul­ter­ous rela­tion­ships.
    3. What is the prob­lem with us, the church in not prac­tic­ing church dis­ci­pline?
      1. Arro­gance?
      2. Do we know bet­ter than God?
      3. Is our way more effec­tive?
      4. Do we love our brethren enough, like God loves them, to do what is dif­fi­cult in the best attempt to save them from hell?

 

Con­clu­sion:

  1. Paul encour­ages us to prac­tice what God has com­mand­ed.
  2. We have a respon­si­bil­i­ty to God, the way­ward sin­ner and the entire church.
  3. Plan of Sal­va­tion
    1. GOD’S PART
      1. The great love of God for man (John 3:16)
      2. He gave His Son, Jesus Christ, as the Sav­ior (Luke 19:10)
      3. Sent the Holy Spir­it as a guide (John 16:13)
      4. Gave the Gospel as “the pow­er” unto sal­va­tion (Romans 1:16)
      5. Pro­vid­ed atone­ment by the blood of Christ (Romans 5:9)
    2. MAN’S PART
      1. Hear the Gospel. (Romans 10:17, John 8:32
      2.  Believe the Gospel (Hebrews 11:6, John 20:31)
      3. Repent of past sins (Luke 13:3, Acts 17:30)
      4.  Con­fess faith in Jesus Christ (Romans 10:10, Matthew 10:32)
      5. Be Bap­tized (Gala­tians 3:27, Mark 16:16, Acts 2:38)
      6. Be faith­ful unto death (Rev­e­la­tion 2:10)
Enhanced by Zemanta

Man­teng­amos firme, sin fluc­tu­ar, la pro­fe­sión de nues­tra esper­an­za, Porque fiel es el que prometió.Y con­sid­eré­monos unos a otros para estim­u­la­rnos al amor y a las bue­nas obras; No dejan­do de con­gre­gar­nos, como algunos tienen por cos­tum­bre, Sino exhortán­donos; y tan­to mas, cuan­to veis que aquel día se acer­ca.

Hebre­os 10–23-25

¿Has nota­do en ti o en tus her­manos, que cuan­do dejan de con­gre­garse o se ale­jan de Dios, la vida comien­za a com­pli­carse, parece como si todo se des­or­denara; como si de pron­to, “alguien” deci­diera pasar lafac­tura por todos sus errores?

Cuan­do te ale­jas de Dios y no te con­gre­gas, te debil­i­tas, pierdes fuerza, la fe comien­za a fal­lar y comien­zan a ganar fuerza algu­nas pre­ocu­pa­ciones como: la necesi­dad del dinero, el bien­es­tar, el éxi­to, el futuro, la edu­cación, la políti­ca, la sociedad y otras que son temas mun­danos.….  Vaya a descar­gar el ser­món entero en for­ma­to Pow­er­Point.

Es un plac­er ester con her­manos de otros lugares y predicar la Pal­abra.  Estuve con los her­manos de San Anto­nio en la calle Bur­ton.  Tuvi­mos muy bue­na asis­ten­cia y mucho interés de la parte de los her­manos.  Me da mucho gus­to encon­trar her­manos que están tra­ba­jan­do y hacien­do lo posi­ble para agradar a Dios.

Actu­al­ización de 5 julio, 2012:

Un ser­món en for­ma­to de video por Andrés Pong tit­u­la­do, Incré­du­los que nos alec­cio­nan

¿Somos como Ape­les?, ser­món en audio por José Soto

¿Qué hac­er cuan­do no sabes qué hac­er?, ser­món en PDF por Ed Rangel

Les recomien­do a que se sub­scrib­an al blog y así recibirán las actu­al­iza­ciones al instante.

 

Muchas gra­cias por apo­yar esta obra.  Sig­amos marchan­do en pos de nue­stro Sal­vador.