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El Juicio Mundi­al y la Lib­eración del Pueblo de Dios (24–27)

El capí­tu­lo 25 está con­sti­tu­i­do de tres him­nos de ala­ban­za y de acción de gra­cias a Jehová por la vic­to­ria sobre las fuerzas mundi­ales que se unieron en oposi­ción a Su pueblo espir­i­tu­al. Jehová es así mis­mo alaba­do por Su mis­eri­cor­dia y por el ofre­cer la sal­vación a las naciones paganas así como tam­bién por rec­om­pen­sar a los que esper­an por Él. Un cuar­to cán­ti­co con­tinúa en el capí­tu­lo 26. El pro­fe­ta sigue hablan­do en tér­mi­nos de las fuerzas espir­i­tuales en lugar de las ciu­dades exis­tentes o las naciones par­tic­u­lares. El pueblo de Dios son vis­tos como un rema­nente espir­i­tu­al red­imi­do y guarda­do por la mis­eri­cor­dia y la gra­cia, no como una nación políti­ca. El tri­un­fo de la rec­ti­tud se pierde con el gran y ter­ri­ble juicio descrito en los capí­tu­los ante­ri­ores.

Un Him­no de Acción de Gra­cias por la Vic­to­ria sobre Algo Ter­ri­ble (vers 1–5)

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      1 Ante­ri­or al impac­tante juicio al final del capí­tu­lo 24 había habido allí cán­ti­cos antic­i­pa­dos de ala­ban­za. Pero con este pasa­do juicio y reinan­do aho­ra Jehová en el monte Sion delante de Sus ancianos, el pro­fe­ta estal­la en ala­ban­za, exal­tan­do el poderoso nom­bre de Dios: porque has hecho mar­avil­las; tus con­se­jos antigu­os son ver­dad y firmeza. Dios había eje­cu­ta­do juicios con­tra las naciones paganas por trans­gredir Sus leyes y el pacto eter­no, y con­tra Su pro­pio pueblo por no con­sid­er­ar Su pacto dado en Sinaí; estas leyes y pactos habían sido dados después del con­se­jo de Su vol­un­tad (ver Ef 3:11). Todo lo que Él ha hecho lo ha esta­do hacien­do en ver­dad y firmeza; Jehová ha sido abso­lu­ta­mente fiel a Si mis­mo y a Su propósi­to, y siem­pre ha actu­a­do de acuer­do a Su ver­dadero carác­ter. Como Pablo dijo de Jesús, “Si fuére­mos infieles, él per­manece fiel; Él no puede negarse a si mis­mo” (2 Tim 2:13); y de nue­vo, con respec­to a la prome­sa de la vida eter­na, “Dios…que no miente” (Ti 1:2). Dios no puede negarse a Si mis­mo ni men­tir; Él solo puede actu­ar de acuer­do a la fidel­i­dad y la ver­dad.

      2En el tra­ba­jo hacia el total cumplim­ien­to de Su propósi­to eter­no, Jehová ha ejer­ci­do Su poder poderoso entre los paganos, con­vir­tien­do la ciu­dad en un mon­tón, un mon­tón de escom­bro, y la ciu­dad for­ti­fi­ca­da en ruina – una for­t­aleza sól­i­da no tiene pro­tec­ción cuan­do Dios deter­mi­na el juicio de una ciu­dad o nación. Él ha orig­i­na­do el alcázar de los extran­jeros para que no sea ciu­dad. Con­sidere los grandes pala­cios de Nínive, Babilo­nia, Perse­po­lis, y una vein­te­na de otras ciu­dades que fueron lev­an­tadas como mon­u­men­tos para el orgul­lo y el poder del hom­bre. Aho­ra yacen en ruinas como mon­u­men­tos a la locu­ra del hom­bre, no a su grandeza. La rec­ti­tud es la primera línea de defen­sa de una nación (Prov 14:34); donde no hay rec­ti­tud, sigue la destruc­ción. Ni nun­ca jamás será reed­i­fi­ca­da; lo que Dios trae a un fin, el hom­bre no puede recon­stru­ir.

      3 Debido a esta demostración de poder divi­no al destru­ir ciu­dades y pala­cios humanos, te dará glo­ria el pueblo fuerte, (“poderoso,” Leupold, Young; “sal­va­je,” Delitzsch) te temerá la ciu­dad de gentes robus­tas. En cuan­to recono­cen la for­t­aleza y el poder de Jehová man­i­fes­ta­do en juicio, Le darán el hon­or y la rev­er­en­cia. Esto no quiere decir que se some­terán a Él en rec­ti­tud, sino que están impre­sion­a­dos con el con­trol y poder de Jehová sobre Su creación.

      4–5 Otra expre­sión del carác­ter de Jehová que exci­ta al hon­or y a la rev­er­en­cia entre las naciones poderosas es Su cuida­do por el pobre y por el men­es­teroso. Él es una for­t­aleza en tiem­pos de desas­tre, un refu­gio con­tra el tur­bión, som­bra con­tra el calor. El estal­li­do de la tor­men­ta con­tra el pueblo pro­te­gi­do por el Señor es como una llu­via fuerte con­tra un muro; lava el muro pero no puede destru­ir­lo. Como el calor fuerte en un lugar seco puede ser someti­do y traí­do a la nada por una nube, así el Señor puede silen­ciar el rui­do de los extran­jeros y lle­var­los fuera. Harás mar­chi­tar el renue­vo de los robus­tos. Cuan­do el pueblo fuerte, la ciu­dad de naciones ter­ri­bles, reconoce el poder de los juicios de Dios (vers 3) pero fal­la en cam­biar su carác­ter, ellos, tam­bién, serán abati­dos.

El Ban­quete de Jehová para las Naciones (vers 6–8)

      6 Al haber can­ta­do el poder de Jehová al destru­ir las estruc­turas poderosas de los hom­bres y de Él ser for­t­aleza al pobre y al men­es­teroso en desas­tre, con­vir­tien­do a la tor­men­ta de afuera como un muro que dobla la llu­via y provee una cubier­ta a los extran­jeros en tiem­po de calor extremo, el pro­fe­ta aho­ra can­ta del ban­quete que Jehová provee en el monte Sion para todas las naciones. En este monte (Sion) en el que reina Jehová (24:23), Él proveerá para todos los pueb­los – naciones – ban­quete de man­jares sucu­len­tos y de vinos refi­na­dos. El vino sobre su sotaven­to es vino que per­manece sobre sus insta­la­ciones has­ta que está bien maduro. Es entonces vaci­a­do y fil­tra­do para dar el mejor vino posi­ble. La descrip­ción es del gran ban­quete espir­i­tu­al que Dios proveerá para todos, gen­tiles y judíos, en Su monte Sion. Esto agre­ga gran belleza a la descrip­ción del monte al que cor­ren todas las naciones (2:2–4).

      7 ¿Qué es la cubier­tay el velo que Jehová quitará en este monte? Algunos han sug­eri­do que el velo o cubier­ta de dolor, deses­peración, y pes­imis­mo. Pero Isaías dice más tarde, “Porque he aquí que tinieblas cubrirán la tier­ra, y oscuri­dad las naciones; más sobre ti amanecerá Jehová, y sobre ti será vista su glo­ria. Y andarán las naciones a tu luz, y los reyes al res­p­lan­dor de tu nacimien­to” (60:2–3). La elim­i­nación de este velo de oscuri­dad parece más con­sis­tente con el tema de Isaías y es con­fir­ma­do por la enseñan­za del Nue­vo Tes­ta­men­to. Pablo dice a los gen­tiles, “tenien­do el entendimien­to entene­bre­ci­do, ajenos de la vida de Dios por la igno­ran­cia que en ellos hay, por la dureza de su corazón” (Ef 4:18). Cuan­do ellos vienen al monte de Sion, Su Sion espir­i­tu­al, este velo es quita­do. El mis­mo após­tol dice que cuan­do los judíos cuyas mentes están endure­ci­das “les que­da el mis­mo velo no des­cu­bier­to, el cual por Cristo es quita­do” (2 Cor 3:14–16). El velo o cubier­ta parece ser la igno­ran­cia y el endurec­imien­to del corazón con­tra Dios.

      8Habi­en­do hecho pro­visión para el gran ban­quete espir­i­tu­al y habi­en­do quita­do la cubier­to o velo de igno­ran­cia y de incredul­i­dad, el Señor hace una ter­cera pro­visión: Destru­irá a la muerte para siem­pre. Esto fue lle­va­do a cabo por medio de Jesu­cristo. El após­tol Pablo dice que “el propósi­to suyo y la gracia…nos fue dada en Cristo Jesús antes de los tiem­pos de los sig­los, pero que aho­ra ha sido man­i­fes­ta­da por la apari­ción de nue­stro Sal­vador Jesu­cristo, el cual quitó la muerte y sacó a luz la vida y la inmor­tal­i­dad por el evan­ge­lio” (2 Tim 1:9–10). En la vic­to­ria de Cristo sobre la muerte nues­tra vic­to­ria está garan­ti­za­da, porque la muerte será sor­bi­da en vic­to­ria (1 Cor 15:54). Él enju­gará toda lágri­ma de todos los ros­tros de Su pueblo y les dará reposo en medio de la aflic­ción (ver Heb 13:5–6). Y en la vic­to­ria sobre todas las fuerzas por la for­t­aleza que Él da, su afrenta es quita­da. El sel­lo de certeza de Isaías es aho­ra estam­pa­do sobre la prome­sa: porque Jehová lo ha dicho. Allí no puede haber may­or garan­tía.

El Gozo de Los Que Esper­an y la Destruc­ción del Sober­bio (vers 9–12)

      9 La frase en aquel día iden­ti­fi­ca que el pro­fe­ta aho­ra apun­ta con lo que él ha esta­do dicien­do (vers 6–8). Los que han esper­a­do o han aguarda­do por Jehová aho­ra logran el obje­to de su espera, nos sal­vará. La expectación del pasa­do será cumpl­i­da en el futuro cuan­do la sal­vación sea pro­vista en el monte de Jehová, porque el Señor dice, “Y pon­dré sal­vación en Sion, y mi glo­ria en Israel” (46:13). Los que han esper­a­do se gozarán y se ale­grarán en su sal­vación (ver 61:3). Esto es lo que la ley y los pro­fe­tas han apun­ta­do y lo que el fiel ha esper­a­do. Cuan­do esta esper­an­za es cumpl­i­da, el red­imi­do can­tará, “De parte de Jehová es esto, /Y es cosa mar­avil­losa a nue­stros ojos. / Este es el día que hizo Jehová;/Nos gozare­mos y ale­graremos en él” (Sal 118:23–24) – el día de sal­vación.

      10 En este monte, el monte de 24:23 y de 25:6, el san­to monte de Jehová (11:9), la mano de Jehová reposará; se estable­cerá allí per­ma­nen­te­mente. La ayu­da y la mano pro­tec­to­ra del Señor des­cansará en Su ciu­dad san­ta, y con­tin­uará el cuida­do por Si mis­mo en todo momen­to. Tam­bién, Su mano de juicio des­cansará allí, porque está a la vez reinan­do en Sion en la que Él “juz­gará entre las naciones, y repren­derá a muchos pueb­los” (2:4).

      La abrup­ta intro­duc­ción de juicio con­tra Moab, agre­ga­do a lo ya rev­e­la­do (ver caps 15–16) ha dado prob­le­mas a los comen­taris­tas lib­erales, lleván­do­los a posi­ciones poco razon­ables. Pero cuan­do el carác­ter de Moab es con­sid­er­a­do como es expuesto por los pro­fe­tas, se vuelve evi­dente que la nación se man­tu­vo como un sím­bo­lo de orgul­lo y de arro­gan­cia que debe ser com­ple­ta­mente destru­i­do antes que nadie pue­da com­par­tir la sal­vación en el monte Sión. Moab es car­ac­ter­i­za­da como muy sober­bia, arro­gante, y alti­va (16:6; Jer 48:29–30), man­te­nien­do a Israel en la humil­lación, mag­nificán­dose a si mis­ma en con­tra de Jehová (Jer 48:27, 42), y man­te­nien­do la dig­nidad del hom­bre en el des­pre­cio (Amos 2:1; Sof 2:8, 10). Como una con­se­cuen­cia, Moab será hol­la­da en su mis­mo sitio. En su sitio parece man­ten­erse en oposi­ción a este monte, donde des­cansa la mano de Jehová. En este lugar de orgul­lo, de arro­gan­cia, y de obsti­nación con­tra Jehová, Moab será hol­la­da, como es hol­la­da la paja en el muladar. Este pasaje no indi­ca que Dios odia a Moab, sino que debe ser com­ple­ta­do la humil­lación y un juicio con­tra Moab. Un siglo más tarde en la pro­fecía de Jere­mías con­tra Moab, Jehová man­tu­vo firme una prome­sa de esper­an­za a la orgul­losa nación: “Pero haré volver a los cau­tivos de Moab en lo postrero de los tiem­pos, dice Jehová” (Jer 48:47). Pero antes que Moab (o la gente de cualquier nación) pue­da par­tic­i­par en la sal­vación, el espíritu de arro­gan­cia con­tra Jehová y Su pueblo tiene que ser destru­i­do. Este parece ser el pun­to de la pro­fecía.

      11–12 Los últi­mos dos ver­sícu­los con­fir­man el pun­to de vista que hemos sug­eri­do. Como un nadador extiende hacia delante sus manos para man­ten­er a flote, así Moab las exten­derá para sal­varse de ser destru­i­do. Y abatirá su sober­bia, la que esta­ba lleván­do­los a su destruc­ción, y la destreza de sus manos, la sagaci­dad y la destreza por medio de la que buscó escapar del juicio. Jehová der­rib­ará, dejará inca­pac­i­ta­do, has­ta el pol­vo todo aquel en el que la nación con­fió y en el que había con­stru­i­do su orgul­lo. Esto con­fir­ma el prover­bio, “Antes del que­bran­tamien­to es la soberbia,/ Y antes de la caí­da la altivez de espíritu” (Prov 16:18).

Capí­tu­lo 25. Him­nos de Acción de Gra­cias por la Mis­eri­cor­dia Div­ina

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El Juicio Mundi­al y la
Lib­eración del Pueblo de Dios
(24–27)

24. Un Juicio
Mundi­al

25. Him­nos de
Acción de Gra­cias por la Mis­eri­cor­dia
Div­ina

26. ¡Glo­ria a Dios por Sus Acciones
Jus­tas!

27. La der­ro­ta del Poder Mundi­al y el
rescate de Israel

Una Pal­abra de
Intro­duc­ción

Los capí­tu­los 24–27
for­man una unidad dis­tin­ta en el libro de Isaías, sin embar­go los
cua­tro capí­tu­los están rela­ciona­dos muy de cer­ca a la sec­ción
ante­ri­or, y sirve como una con­clusión apropi­a­da a ella. Hay al
menos dos indi­ca­ciones de que el pro­fe­ta no está dis­cutien­do
especí­fi­ca­mente la caía y destruc­ción de Babilo­nia o un juicio
sobre la tier­ra y la nación de Judá: (1) la caí­da de Babilo­nia es
trata­da en los capí­tu­los 13–14, 21
(vers 1–9), y en
46–47, y la caí­da de Judá a lo largo
de todo el libro; (2) el alcance de los cua­tro capí­tu­los se
extiende más allá de solo a una nación, ya sea Babilo­nia o Judá;
incluye todo el mun­do.

      Habi­en­do trata­do con
naciones indi­vid­uales y su juicio, el pro­fe­ta mira aho­ra la veni­da
de un juicio uni­ver­sal sobre todo el mun­do pagano, incluyen­do su
pro­pio pueblo apos­ta­ta. Real­mente, es juicio sobre lo que el mun­do
ado­ra y en lo que él con­fía: el poder, los deseos de los ojos y de
la carne, y la vana­glo­ria de la vida. En medio de este juicio el
ver­dadero Israel de Jehová sal­drá ade­lante pro­te­gi­do, cuida­do, y
vic­to­rioso. Aparte del juicio uni­ver­sal ven­drá una sal­vación
uni­ver­sal. Estos cua­tro capí­tu­los pre­sen­tan un con­traste entre la
ver­dad y lo fal­so, lo encum­bra­do (orgul­lo) y lo san­to. Delitzsch
sug­iere que los capí­tu­los 24–27 están
rela­ciona­dos a los capí­tu­lo 13–23 como
los capí­tu­los 11–12 se aso­cian a los
capí­tu­los 7–10, él tam­bién se refiere
a esta sec­ción como el gran final a los capí­tu­los
ante­ri­ores.

      Los con­trastes en los
capí­tu­los 24–27 son tan nota­bles que
ofre­cen una exce­lente intro­duc­ción a la sec­ción.
La tier­ra,
tiem­blan sus cimien­tos (24:18), es
que­bran­ta­da, entera­mente des­menuza­da, y con­movi­da
(vers 19); tem­blará como un ebrio
(vers 20) y sus reyes serán cas­ti­ga­dos
(vers 21) cuan­do caiga el juicio de
Dios (26:9). En con­traste, Jehová
reinará en el monte de
Sión
, el mun­do espir­i­tu­al
(24:23). En Sión Jehová hará una
fies­ta de bue­nas cosas para todos los pueb­los que ven­gan a Su san­to
monte (25:6). Él destru­irá allí las
tinieblas que cubren sus cora­zones (vers
7
), y allí des­cansará Su mano (vers
10
).

      Un segun­do con­traste es
el de los pueb­los
(plur­al) y el
pueblo
(sin­gu­lar). Los pueb­los serán sacu­d­i­dos como un oli­vo
(24:13) y los moradores de la tier­ra
serán cas­ti­ga­dos por su iniq­uidad
(26:21). En con­traste, enju­gará el
reproche de Su pueblo (25:8); sus
ene­mi­gos con­tem­plarán el celo del Señor por Él mis­mo
(26:11). En medio de la tor­men­ta de
juicio Su pueblo estará ocul­to has­ta que pase la indi­gnación
(26:20).

      El
ter­cer con­traste es el de las
naciones y la
nación. El
pro­fe­ta describe una ciu­dad de naciones ter­ri­bles
(25:3) que será der­rum­ba­da
(vers 5); un velo de igno­ran­cia es
exten­di­do sobre ellos (vers 7). En
con­traste, la nación de Jehová es una nación jus­ta
(26:2); será incre­men­ta­da grande­mente
y sus fron­teras alargadas (vers
15
).

      Un cuar­to con­traste es
entre las ciu­dades descritas. La ciu­dad
exal­ta­da
es una ciu­dad alti­va
(26:5) por un pueblo alti­vo
(24:4), una ciu­dad baldía que está
que­bran­ta­da (24:10) y deja­da en la
des­o­lación (vers 12), una ciu­dad
for­ti­fi­ca­da deja­da en un mon­tón y en ruinas
(25:2), una ciu­dad de gentes robus­tas
(vers 3) para ser humil­la­da
(vers 5). En con­traste,
la ciu­dad del
pueblo de Jehová es una ciu­dad fuerte con sal­vación como sus muros
y ante­muros (26:1); la nación jus­ta
entrará en esta ciu­dad (vers 2). En
esta ciu­dad fuerte (Jerusalén), Jehová de los ejérci­tos reinará
(24:23).

      El
quin­to con­traste es entre los
señores y
el Señor, y un
sex­to es entre la
vida y la
muerte. Allí han
esta­do muchos señores, esto es, ído­los paganos y sus ado­radores
extran­jeros que han gob­er­na­do sobre Israel; pero ellos están
muer­tos; todo el recuer­do de ellos ha pere­ci­do
(26:13–14). Pero los muer­tos de Jehová
vivirán, ellos se lev­an­tarán y can­tarán (vers
19
).

      Debe ser enfa­ti­za­do que
las ciu­dades y las naciones de los capí­tu­los
24–27
no deben ser iden­ti­fi­cadas con ciu­dades y
naciones especí­fi­cas de un tiem­po par­tic­u­lar, con una posi­ble
excep­ción de Jerusalén (27:10); ellas
sim­bolizan el mun­do de lo pro­fano. El tiem­po exac­to cuan­do Isaías
habló o escribió las pro­fecías en este capí­tu­lo no puede ser
deter­mi­na­do, pero el tiem­po es inma­te­r­i­al para su con­tenido y
propósi­to. Los teól­o­gos que nie­gan la inspiración y por
con­sigu­iente la rev­elación futu­ra de las diver­sas fechas de even­tos
futur­os de este mate­r­i­al, lo sitúan aprox­i­mada­mente des­de el tiem­po
de Isaías has­ta la mitad del segun­do siglo A.C. Ellos atribuyen
parte de esta pro­fecía a autores descono­ci­dos. Son impe­di­dos por
pre­su­posi­ciones que no les per­mi­tirán admi­tir la capaci­dad del
pro­fe­ta para ver clara­mente la mano de Dios en la his­to­ria pre­sente
y futu­ra. Pero para nosotros que acep­ta­mos la expli­cación de la
pro­fecía de Pedro – “los san­tos hom­bres de Dios hablaron sien­do
inspi­ra­dos por el Espíritu San­to” (2 Ped
1:21
) – no hay prob­le­ma. Con­sid­er­aremos el propósi­to
de Jehová y Su majes­tu­osi­dad, así como tam­bién Su con­trol del mun­do
y el poder para lle­var a cabo ese propósi­to, como las premisas
fun­da­men­tales mien­tras inter­pre­ta­mos estos cua­tro
capí­tu­los.

Capí­tu­lo 24

Un Juicio
Mundi­al

 

Des­o­lación de la
Tier­ra y la Ciu­dad Pagana (vers 1–13)

     
1 He
aquí
es una intro­duc­ción car­ac­terís­ti­ca
de Isaías de un tema impor­tante o de peso (ver 3:1;
17:1; 19:1; 26.21
). Usual­mente, pero no siem­pre,
indi­ca algo en el futuro inmedi­a­to. Una excep­ción es el uso de
Isaías de la pal­abra en ref­er­en­cia a la veni­da del Hijo a nac­er de
una vir­gen (7:14), que fue sig­los en
el futuro. En 24:1 la pal­abra enfo­ca
la aten­ción en Jehová, quien vacía la
tier­ra
. La pal­abra
tier­ra tra­duci­da
podría referirse al mun­do entero (por ejem­p­lo, Gén
1:1, 10–12
), o podría ser tra­duci­da “ter­ri­to­rio,”
por ejem­p­lo, la “tier­ra” de la nación de Israel (Isa
2:7–8
). Podría ser usa­do aquí en el sen­ti­do
cos­mológi­co. Es la tier­ra total la que es hecha vacía; es hecha
des­perdi­cio y trastor­na­da, como alguien podría vaciar un vaso
volteán­do­lo al revés. Por otra parte, Jehová esparce a los
moradores de la tier­ra; entonces es hecha una dis­tin­ción entre la
tier­ra mis­ma y sus habi­tantes. El pro­fe­ta no indi­ca jus­ta­mente como
este juicio debe ser eje­cu­ta­do.

     
2 El juicio debe ser uni­ver­sal en su
alcance, incluyen­do toda clase de pueb­los; ninguno escapará; todos
son traí­dos a un niv­el común. Y suced­erá
así como al pueblo, tam­bién al sac­er­dote
,
el líder reli­gioso. En ese día la religión mis­ma ni sal­vará al
sac­er­dote (al líder) ni a los indi­vid­u­os que lo siguen.
Como el sier­vo, así a su
amo
; las dis­tin­ciones sociales en tal
hora. Como a la cri­a­da, a su
ama
; son quitadas las difer­en­cias en el
esta­do domés­ti­co. Como al que com­pra, al
que vende
– los nego­cios desplo­ma­dos;
nadie tiene para com­prar o vender. Como al
que pres­ta, al que toma presta­do; como el que da a logro, así al
que lo recibe
; la búsque­da de nego­cios
com­pli­ca­dos no escapará, porque los fra­ca­sos y las fal­las en el
nego­cio será uni­ver­sal. Young obser­va que cuan­do las difer­en­cias
sociales y económi­cas dejan de ser recono­ci­das y el social­is­mo toma
el con­trol en una sociedad, sigue la anar­quía. Esto podría cam­biar
la ten­den­cia social­ista pre­sente.

     
3–4 La mora­da del impío, que vive solo
para la carne, debe ser limpia­da, porque la
tier­ra será entera­mente vaci­a­da, y com­ple­ta­mente
saque­a­da
. En lengua­je fuerte y enfáti­co
Isaías establece el resul­ta­do del juicio. Él es pos­i­ti­vo y
explíc­i­to, no dejan­do ningu­na duda de lo que está por venir,
porque Jehová ha pro­nun­ci­a­do esta
pal­abra
. Como un resul­ta­do del decre­to
divi­no, se destruyó, cayó la
tier­ra
, como una flor
(28:1)se vuelve lán­gui­da, sin vida y
cansa­da, la con­se­cuen­cia del peca­do del hom­bre (ver
Amós 1:2; Joel 1:15–20). Ninguno está
exen­to; los altos pueb­los de la
tier­ra
, el grande y el poderoso, el
ele­va­do y el arro­gante, sufrirá con el resto; ellos
enfer­maron al ser
der­rib­a­dos.

     
5 El juicio no está lim­i­ta­do a
Palesti­na, sino que es uni­ver­sal.  La
tier­ra
, la tier­ra hab­it­able como un
total, se con­t­a­m­inó bajo sus
moradores
. La tier­ra está impu­ra,
degrada­da, y hecha sucia por sus moradores (ver Gén
3:17–18; Núm 35:33
). Es triste, pero cier­to, que
todas las cosas que el hom­bre toca se con­t­a­m­i­nan. Des­de el ini­cio
Dios había puesto al hom­bre bajo su ley, sus estatu­tos, y bajo un
pacto que Isaías lla­ma el pacto sem­piter­no.[1]
El hom­bre los ignoro y los vio­ló.

     
6 Puesto que Dios hizo y Dio las leyes
y el pacto, es Él quien pro­nun­cia la maldición de juicio sobre el
mun­do y sus moradores por rec­haz­ar­lo  y vio­lar­lo. La
imposi­ción  de la maldición sobre todo el mun­do aparente­mente
recuer­da a Gén 3:17–18 (ver
Gén 5:29). El peca­do (la trasgre­sión
de la ley div­ina) siem­pre trae sus efec­tos dañi­nos sobre la tier­ra
y sus moradores. Por esta causa la
maldición con­sum­ió la tier­ra, y sus moradores fueron
aso­la­dos
. Ellos son que­ma­dos por el fuego
del eno­jo encar­niza­do de Jehová (ver Deut
32:22
), que va delante de Su faz para devo­rar a Sus
adver­sar­ios (ver Sal 97:3); porque
Dios es fuego con­sum­i­dor (Deut 4:24; Heb
12:29
). Note sin embar­go, que un fuego que podría
con­sumir, y con fre­cuen­cia lo hace, desar­rol­la­do des­de el inte­ri­or
de aque­l­los que lo con­sumen (26:11, al
mar­gen).

     
7–9 Se perdió
el vino
; describe su famil­iari­dad con la
tier­ra com­par­tien­do su sufrim­ien­to. Con la maldición sobre la
tier­ra el vino se mal­o­gra, se desvanece, se mar­chi­ta, y pierde su
vital­i­dad y su fuerza. Enfer­mó la
vid
; sus expre­siones de gozo no fueron
más que el rui­do de los par­ran­deros – un gozo super­fi­cial que
desa­parece cuan­do el vino se ha ido. Nos recuer­da el llan­to de Amos
con­tra los par­ran­deros de Samaria (Amos
6:5–7
). Como los samar­i­tanos, la gente del mun­do
esta­ba dán­dose a si mis­mo con­tra la luz, la músi­ca frívola,
encer­rán­dose a si mis­mo en ellas. Note el orden de Isaías:
el rego­ci­jo de los pan­deros – el estru­en­do
de los que se ale­gran – la ale­gría del
arpa
; aque­l­los que son traí­dos a un fin.
La descrip­ción nos recuer­da a nues­tra sociedad mod­er­na en la que
esta­mos sien­do con­stan­te­mente bom­bardea­d­os con el rui­do sin sen­ti­do
de la músi­ca del rock pesa­do. Pero lle­gará tam­bién el fin de estos
días (vers 8).
No beberán vino con
can­tar
, tam­bién debido a que el vino será
esca­so, o debido a que en medio del juicio no habrá can­ción para
ser can­ta­da. Aque­l­los que inten­tan ahog­ar sus aflic­ciones en el
vino fuerte encuen­tran que solo traen remordimien­to amar­go
(Prov 20:1); al final el vino muerde
como una ser­pi­ente (Prov 23:32). La
descrip­ción es una de plac­er sen­su­al que viene a un fin por el
juicio divi­no.

     
10 El pro­fe­ta aparta la mira­da de la
tier­ra y de la altivez de la gente, lan­guide­cien­do y sien­do
devo­ra­da por la maldición, a la ciu­dad por
la vanidad
, desnu­da, lúgubre, y triste,
una ciu­dad de con­fusión y vacía. En lugar de una ciu­dad par­tic­u­lar
o especí­fi­ca, Isaías ve un con­glom­er­a­do de pueb­los het­erogé­neos
entre­ga­dos al peca­do, delim­i­ta­dos con­jun­ta­mente en su rec­ha­zo a
Dios y a Sus leyes (ver vers 5) y por
su deleite del mun­do. Young señala que la pal­abra
vanidad
(tohu, hebreo) se
men­ciona once veces en el libro de Isaías y solo nueve veces en el
resto del Antiguo Tes­ta­men­to; es tra­duci­do en for­ma vari­a­da
“des­perdi­cio”, “con­fusión”, “vanidad”, “cosa vana”, “cosa de nada”.
Esta ciu­dad yace
que­bran­ta­da, esto
es, der­ro­ta­da y destru­i­da; cada casa está cer­ra­da así que ningún
hom­bre puede entrar en ella, indi­can­do el des­ti­no final de la
ciu­dad mundi­al. Even­tual­mente el mun­do con sus deseos pasarán
(1 Jn 2:15–17), así como debe ser­lo la
ciu­dad per­son­ifi­ca­da.

     
11 Con el que­bran­tamien­to de la ciu­dad
vana (vers 10),
hay clam­ores por fal­ta de vino en las
calles
. Esta es la ter­cera ocasión que el
pro­fe­ta ha hecho men­ción del vino (ver vers 7,
9
), una indi­cación de lo mucho que el mun­do depende
del estí­mu­lo arti­fi­cial para su fal­so gozo y tiem­pos buenos. Con la
ida de estos estí­mu­los, hay clam­ores en las calles,
todo gozo se oscure­ció, se dester­ró la
ale­gría de la tier­ra
. El mun­do depende de
las bebidas alco­hóli­cas, de los deportes, de las juer­gas, de la
músi­ca sen­su­al y del entreten­imien­to para sus plac­eres y sus gozos;
cuan­do estos se han ido, el gozo super­fi­cial perece de la mis­ma
for­ma.

     
12 La
ciu­dad
, la ciu­dad vana, la ciu­dad
mundi­al, quedó
des­o­la­da
– en ruinas y triste. Es un
lugar aban­don­a­do, como un desier­to lúgubre o un pueblo fan­tas­ma.
Con ruina fue der­rib­a­da su
puer­ta
– lo que algu­na vez pro­te­gió al
pueblo que esta­ba den­tro de ella es destru­i­da. No hay nadie que
quede en la ciu­dad des­o­la­da, ni nadie en el exte­ri­or ten­drá el
cuida­do de entrar a tal lugar lúgubre.

     
13 El pro­fe­ta con­cluye esta pro­fecía
de con­de­na sobre la tier­ra, sobre el pueblo alti­vo, y sobre la
ciu­dad vana con una pal­abra de certeza:
Porque así será en medio de la tier­ra, en
medio de los pueb­los
. Puesto que los
pueb­los han rec­haz­a­do las leyes, los estatu­tos, y el pacto eter­no
de Dios. Él ha declar­a­do aho­ra un juicio que segu­ra­mente
acon­te­cerá.
Pueb­los es
plur­al, des­ig­nan­do a los pueb­los ter­re­nales en con­traste con el
pro­pio pueblo de Dios. La tier­ra o el mun­do, incluyen­do a sus
moradores, serán el obje­to de tal juicio. Será
como oli­vo sacu­d­i­do, como rebus­cos después
de la vendimia
. Cuan­do el oli­vo ha sido
sacu­d­i­do y las uvas cosechadas, sus
moradores serán aso­la­dos
(vers 6).
Toda la pro­fecía tiene un aire de carác­ter defin­i­ti­vo sobre ello.
Cualquiera que se opon­ga a Dios y a Su están­dar de jus­ti­cia deberá
even­tual­mente enfrentar­lo a Él y a Su jus­to juicio y ser
destru­i­do.

     
14
Estos,
aparente­mente “los rebus­cos” (vers
13), los “moradores aso­la­dos”
(vers 6) que han venido en medio del
juicio ter­ri­ble, lle­varán aho­ra el propósi­to del juicio y la
mis­eri­cor­dia de Dios que les reservó. En la grat­i­tud de haber sido
guarda­dos, los sobre­vivientes ele­van aho­ra sus voces con gozo;
cla­man a voces. Recono­cen la majes­tu­osi­dad de Jehová; su sal­vación
de Su juicio es una expre­sión de Su mis­eri­cor­dia y gra­cia.
Des­de el mar es
expli­ca­do en el sigu­iente ver­sícu­lo.

     
15 Glo­ri­fi­cad
por esto a Jehová en las calles

(lit­eral­mente, “en la luz” o “fuego”). Esta expre­sión inusu­al, que
evi­den­te­mente sig­nifi­ca la direc­ción de la que clarea la luz, se
aso­cia en con­traste a las oril­las del
mar
, la cos­ta occi­den­tal y más allá. Así
que el clam­or se extiende des­de el ori­ente has­ta el mar
Mediter­rá­neo (el lejano occi­dente), incluyen­do todas las tier­ras
entre ellas. El obje­to de la ado­ración es la majes­tu­osi­dad de
Jehová, porque Él ha mostra­do Su grandeza majes­tu­osa tan­to en el
juicio como en la mis­eri­cor­dia. Esta ado­ración es ofre­ci­da por un
rema­nente que ha empeza­do a ver y a tomar en cuan­ta la mano de
Jehová en el con­trol de los asun­tos mundi­ales.

     
16 El pro­fe­ta se iden­ti­fi­ca a si mis­mo
con los que han empeza­do a mostrar per­cep­ción espir­i­tu­al, mien­tras
él dice, De los postrero de la tier­ra oímos
cán­ti­cos
, indi­can­do el alcance uni­ver­sal
y la influ­en­cia del juicio que ha pro­duci­do las can­ciones que están
sien­do oídas. El tema de las can­ciones:
Glo­ria al jus­to,
pre­sen­ta una pre­gun­ta: ¿Es ésta la glo­ria o la ado­ración pre­tendi­da
por Jehová, el Jus­to, o es ofre­ci­da en reconocimien­to de las
per­sonas jus­tas que han tri­un­fa­do en el juicio? La may­oría de los
comen­taris­tas, así como­la King James y las ver­siones Amer­i­can
Stan­dard, toma como ref­er­en­cia a las per­sonas jus­tas; unos pocos
comen­taris­tas (por ejem­p­lo, Calvin) yla Bib­lia New Amer­i­can
Stan­ta­nd toman como ref­er­en­cia a Dios. Parece lo mejor pen­sar de la
ado­ración como dirigi­da a aque­l­los que aho­ra se glo­rían en esa
jus­ti­cia por la cual ellos han escapa­do. Se rego­ci­jan porque son
con­sid­er­a­dos jus­tos delante del Señor.

      El
pro­fe­ta irrumpe con gemi­dos o lamen­tos, expre­san­do pesar o pena:
¡Mi des­dicha, mi des­dicha, ay de
mi!
(“Flacu­ra para mi,” al mar­gen; “Mi
flacu­ra, mi flacu­ra”, King James). El rego­ci­jo ha sido pre­maturo;
la condi­ción con­tin­ua para garan­ti­zar más juicio, juicio que será
aun más severo que el que ha sido exper­i­men­ta­do.
Pre­var­i­cadores han pre­var­i­ca­do; y han
pre­var­i­ca­do con pre­var­i­cación de
desleales
. Delitzsch tra­duce esta
sen­ten­cia, “Los ladrones roban, y al robar, roban como ladrones”
(I. 431); Young sum­nis­tra, “El saque­ador saquea; aun con saque­ador
hace que el saque­ador saquee” (II. 170). El pun­to parece ser que a
pesar del rema­nente que se rego­ci­ja, el pro­fe­ta no ve real la
con­ver­sión del mun­do que lo rodea. Los mal­va­dos con­tin­uarán cazan­do
sobre todo lo que puedan; tratarán traido­ra y cru­el­mente con todos
los que podrían hac­er lo jus­to.

     
17–18 Los moradores de la tier­ra no
tienen a donde escapar de los perseguidores traicioneros, porque
ter­ror, foso y red sobre ti, oh morador de
la tier­ra
. El que pudiera escapar del
rui­do de los perseguidores que inspi­ran temor y ter­ror
caerá en el foso.
Si él logra salir del foso, será pre­so en
la red
o en la tram­pa; allí no habrá
escap­a­to­ria de los peli­gros que lo acosan. Como en el tiem­po del
gran dilu­vio cuan­do “[fueron] rotas todas las fuentes del grande
abis­mo, y las cataratas de los cie­los fueron abier­tas”
(Gén 7:11), y nadie pudo escapar, así
será de nue­vo. No habrá lugar a donde huir; el mal­va­do cubrirá la
tier­ra, bus­can­do todo afuera. No obstante, el juicio de Jehová los
seguirá.

     
19–20 Tan pron­to como la tier­ra fue
entera­mente vaci­a­da, y com­ple­ta­mente saque­a­da (vers
3
), así aho­ra será
que­bran­ta­da del todo la tier­ra, entera­mente des­menuza­da será la
tier­ra, en gran man­era será la tier­ra
con­movi­da
. A lo largo de todo el capí­tu­lo
hemos vis­to un desar­rol­lo pro­gre­si­vo del gran juicio mundi­al; aho­ra
alcan­za su clí­max. El pro­fe­ta con­tinúa,
Tem­blará la tier­ra como un ebrio, y será
removi­da como una choza
. Con­sidere los
ver­bos usa­dos para describir el even­to cat­a­stró­fi­co: la tier­ra está
total­mente que­bran­ta­da, entera­mente des­menuza­da, en gran man­era
con­movi­da; se tam­balea y es removi­da. La causa es estable­ci­da
clara­mente: las trasgre­siones y las mal­dades del hom­bre se han
vuel­to tan pesadas sobre la tier­ra que no pueden sopor­tar el peso.
Jehová no tol­er­ará más vio­lación de Su ley: la tier­ra
caerá, y nun­ca más se
lev­an­tará
.

      La
nota ter­ri­ble de carác­ter defin­i­ti­vo a lo largo de toda la pro­fecía
lev­an­ta la pre­gun­ta de si ten­emos aquí una descrip­ción de la
destruc­ción final del orden pre­sente, el fin del mun­do hacia el que
apun­ta el Nue­vo Tes­ta­men­to. Muchos comen­taris­tas con­struyen así el
lengua­je; sin embar­go, en el juicio de este escritor, Isaías no
está apun­tan­do a la destruc­ción final del mun­do, sino al colap­so
total y com­ple­to de las poten­cias paganas, a la fal­la y destruc­ción
del mun­do pagano, a la der­ro­ta de la lujuria y de las fuerzas
gob­er­nadas por ella. Serán pre­sen­tadas varias evi­den­cias que
sopor­tan esta inter­pretación en nue­stro comen­tario de los
sigu­ientes ver­sícu­los.

     
21 La frase en
aquel día
siem­pre apun­ta al even­to o
even­tos que están sien­do dis­cu­ti­dos en el con­tex­to. Por lo tan­to,
en el día del que­bran­tamien­to de la tier­ra (vers
19–20
), Jehová cas­ti­gará al
ejérci­to de los cie­los en lo alto
, lo que
aparente­mente son “las huestes espir­i­tuales de mal­dad en las
regiones celestes” (Ef 6:12)
respon­s­ables de la insub­or­di­nación espir­i­tu­al del hom­bre des­de el
Edén (Gén 3:1–15). Este con­flic­to y la
con­sigu­iente der­ro­ta del ejérci­to de Satanás que son expues­tas en
la visión de Juan: Satanás y sus fuerzas son arro­ja­dos des­de la
alta posi­ción que ellos tenían antes (Apoc
12:7–10
).[2]
Y a los reyes de la tier­ra sobre la
tier­ra
en for­ma seme­jante sufrirán el
cas­ti­go; porque con el arro­jamien­to de Satanás y la der­ro­ta de sus
fuerzas, los reyes de la tier­ra están des­ti­na­dos a la der­ro­ta
(Apoc 7:14; 19:19–21).

     
22 Nues­tra inter­pretación de los
even­tos par­tic­u­lares a la vista pare­cen ser además con­fir­ma­dos en
el vers 22: Y
serán amon­ton­a­dos como se amon­tona a los encar­ce­la­dos en maz­mor­ra,
y en prisión quedarán encer­ra­dos
. Con la
der­ro­ta de Satanás en las manos de Jesús (Apoc
19:19–21
), Satanás fue arro­ja­do al abis­mo
(Apoc 20:1–3), el que es lla­ma­do “su
prisión” (vers 7).
Y serán cas­ti­ga­dos después de muchos
días
(“vis­i­ta­dos” al mar­gen). Al final de
muchos días (los mil años sim­bóli­cos de Apoc­alip­sis
20:1–6
) Satán y sus ánge­les y los que le sirvieron
recibirán el cas­ti­go final en el lago de fuego (Apoc
20:10, 15; Mt 25:41, 46
) El juicio de Satanás y la
der­ro­ta por parte de Jesús (ver Jn 12:31; 14:30;
16:11: Apoc 12:7–10
) impactan en ver­dad a la tier­ra
(en este caso, al mun­do de la impiedad) para señalar que “nun­ca más
se lev­an­tará” (vers 20) a su poder
ante­ri­or. Juan con­cluye entonces, “Aho­ra ha venido la sal­vación, el
poder, y el reino de nue­stro Dios , y la autori­dad de su cristo;
porque ha sido lan­za­do fuera el acu­sa­dos de nue­stros her­manos”
(Apoc 12:10). Estos even­tos tuvieron
lugar con la der­ro­ta de Satanás y de sus fuerzas en las manos de
Cristo.

     
23 Aquí encon­tramos un ter­cer soporte
para nues­tra posi­ción.
Entonces, ya sea
en el mis­mo tiem­po o inmedi­ata­mente ensegui­da, la luz de la luna y
del sol lan­guide­cerán en algo insignif­i­cante cuan­do sean com­para­das
con la glo­riosa bril­lantez del Señor,
cuan­do Jehová de los ejérci­tos reine en el
monte de Sion y en Jerusalén
. Este reino
de Jehová en Sion seguirá al juicio y apri­sion­amien­to tan­to de los
reinos en emi­nen­cia como de los reyes de la tier­ra. De acuer­do a
Miqueas, con­tem­porá­neo de Isaías, cuan­do la coja y la descar­ri­a­da
sean una nación robus­ta, “Jehová reinará sobre ellos en el monte de
Sion” (Miq 4:7). Esto debe ocur­rir en
los postreros tiem­pos (Miq 4:1–4; ver
Isa 2:2–4), la era del Mesías. El
escritor a los Hebre­os nos dice que los san­tos han venido aho­ra a
esta Sion: “sino que os habéis acer­ca­do al monte de Sion, a la
ciu­dad del Dios vivo, Jerusalén la celestial…a Dios el juez de
todos… a Jesús el Medi­ador del nue­vo pacto” (Heb
12:22–24
). La cláusu­la y
delante de sus ancianos sea glo­rioso
no
solo mira atrás a los seten­ta ancianos de Israel (ver
Ex 24:1, 9–10), sino tam­bién mira
hacia delante a los ancianos u obis­pos de la igle­sia, a los que
Jehová prom­ete “la coro­na incor­rupt­ible de glo­ria” (1
Ped 5:1–4
).

 

[1]
 Para una dis­cusión de este pacto sem­piter­no ver el Apéndice
A, pág. 531–38.
[2]
 Ver Homer Hai­ley, Apoc­alip­sis: Una Intro­duc­ción y
Comen­tario
(Grand Rapids: Bak­er, 1979), págs 272–76.

Capí­tu­lo
24 Un Juicio Mundi­al

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  • Cuan­do El Peri­o­do Asirio: Con­flic­to y Vic­to­ria (1–39)
  • Pro­fecías de Juicio en Con­tra de Naciones Indi­vid­uales

(13–23)

El capí­tu­lo 23 es la pro­fecía final en con­tra de las poten­cias paganas indi­vid­uales, tan­to pequeñas como grandes. El pro­fe­ta se con­cen­tra en tres grandes poderes en el mun­do: la fuerza mil­i­tar ejer­ci­da en la con­quista, en la religión fal­sa y deca­dente, y el com­er­cio. Isaías ini­cia con Babilo­nia, la gran poten­cia impe­r­i­al que por medio de la mili­cia destru­iría a Asiria, espar­cien­do sus alas de con­quista sobre todo el mun­do de esos días que aun era de Egip­to, que pre­vi­a­mente había sido un poder mundi­al dom­i­nante. Egip­to, jun­to con otros, sería juz­ga­do a traí­do a un fin. Las reli­giones fal­sas de los paganos, lig­a­dos a sus ído­los y a sus tem­p­los, les fal­larían en tiem­pos de necesi­dad, destru­i­dos por el poder abru­mador de Jehová. Y Jerusalén, el valle de la visión, el asien­to de la ado­ración de Jehová, que había lle­ga­do a ser car­ac­ter­i­za­da por la indifer­en­cia hacia el Señor de los ejérci­tos. Y aho­ra el pro­fe­ta cam­bia su aten­ción a Tiro, la cap­i­tal mundi­al del com­er­cio. Tam­bién será juz­ga­da y traí­da a la nada.

      Tiro, encon­tra­da entre el 2750 y el 2500 A.C., local­iza­da vein­ticin­co mil­las al sur de Sidón y a trein­ta y cin­co mil­las al norte del Monte Carme­lo, era la prin­ci­pal ciu­dad-Esta­do de Feni­cia. La ciu­dad cap­i­tal esta­ba local­iza­da en el con­ti­nente, y una for­t­aleza esta­ba local­iza­da en una isla a una cor­ta dis­tan­cia fuera de la cos­ta. Isaías habló de Tiro como la hija de Sidón (vers 12); él está ya sea pen­san­do de Sidón como el sím­bo­lo de Feni­cia o está indi­can­do que Tiro fue fun­da­do por el pueblo de Sidón. Debido a la muy estrecha lla­nu­ra costera entre el mar al poniente y al Monte Líbano en el ori­ente, los feni­cios fueron imposi­bil­i­ta­dos de lle­gar a ser un pueblo agricul­tor. Con­se­cuente­mente, ellos vol­tearon hacia las mon­tañas por la min­ería y al mar para el com­er­cio, lle­gan­do a ser la poten­cia com­er­cial más grande de ese momen­to. Sus bar­cos emplearon las aguas hacia el oeste al norte de África, donde encon­traron la colo­nia de Cárta­go, y a España, donde encon­traron a Tar­sis. Ellos extendieron su com­er­cio más allá  del Estre­cho de Gibral­tar a la cos­ta del Atlán­ti­co y des­de Ezion-geber en el extremo norte del Gol­fo de Aga­ba al Océano Indi­co

      El com­er­cio por si mis­mo es bueno; con­tribuye al bien­es­tar de los pueb­los del mun­do dis­tribuyen­do tan­to para las necesi­dades como para los lujos de la vida y proveyen­do tra­ba­jo para todos los nive­les sociales. Sin embar­go, el com­er­cio está tam­bién rela­ciona­do la ganan­cia mate­r­i­al – el ben­efi­cio. A difer­en­cia de otras cier­tas ocu­pa­ciones, no tiene los obje­tivos más altos y más nobles. Esto no es una for­ma de sug­erir que el sis­tema de ben­efi­cio es malo, porque no lo es. El hom­bre de nego­cios debe ten­er un ben­efi­cio de su inver­sión y por su labor si el va a man­ten­erse en el nego­cio. Pero el com­er­cio debe ser con­de­na­do cuan­do desar­rol­la el espíritu mer­ce­nario de la lujuria, la cod­i­cia, y la ambi­ción que lle­va a la deca­den­cia moral y espir­i­tu­al. Smith resume el lugar de Tiro en la his­to­ria: “No hay a lo largo de toda la his­to­ria una encar­nación más per­fec­ta del espíritu mer­ce­nario que el de la nación feni­cia” (I. 300). Es des­de este pun­to de vista que Tiro, el sím­bo­lo del com­er­cio y de la comu­ni­cación mundi­al, es com­para­da a una ram­era que vende su alma y su hon­or por los plac­eres sen­suales y por las riquezas mate­ri­ales del mun­do (vers 15–17); ver la gran ram­era [“Babilo­nia”] de Apoc 17–18, que sim­boliza el com­er­cio y el lujo de Roma). El juicio de Dios cae sobre una nación que cae en tal acti­tud.

      La aso­ciación amis­tosa más tem­prana entre Tiro e Israel se desar­rol­ló durante los días de David de Israel e Hiram de Tiro. Estos dos reyes se hicieron ami­gos, tenien­do tratos com­er­ciales el uno con el otro. Esta relación ami­ga­ble se inten­si­ficó durante el reina­do del rey Salomón, quien llevó a cabo un com­er­cio inten­si­vo y cam­pañas navieras con el rey de Tiro. Tan­to Asiria como Babilo­nia ame­nazaron a Tiro durante el peri­o­do de su poder, pero no fue has­ta la invasión de Ale­jan­dro el Grande que la ciu­dad fue destru­i­da (332 A.C.). El perío­do de la his­to­ria de Tiro cubier­to por Isaías se extendió des­de la opre­sión de Asiria y de Babilo­nia, espe­cial­mente a la de Babilo­nia, has­ta la restau­ración de la pros­peri­dad después de la dom­i­nación caldea. La destruc­ción se llevó a cabo bajo la con­quista de Ale­jan­dro. Una lec­ción may­or en el capí­tu­lo 23 es que Jehová con­tro­la y deter­mi­na el des­ti­no de las naciones; y cuan­do ellas se con­vierten en algo inútil a la vida, Él las qui­ta. (Para pro­fecías adi­cionales rela­cionadas con Tiro, ver Jer 25:22; Eze 26:1–28:19; Amos 1:9–10.)

El Juicio de Tiro y el Efec­to de Su Caí­da (vers 1–7)

1 Como marineros que regre­san de Tar­sis, una colo­nia feni­cia al sureste de España, ellos oyen de la calami­dad que había ocur­ri­do en su puer­to ori­gen de Tiro. Las naves de Tar­sis, ya fuer­an flotas o bar­cos en gen­er­al que emplean los mares bravos (ver 1 Rey 10:22) o las flotas mediter­ráneas espe­ciales, son lla­madas a aullar, porque la ciu­dad de Tiro destru­i­da. Las casas están destru­idas y no hay entra­da en el puer­to. Oyen las noti­cias ya sea cuan­do otras embar­ca­ciones se acer­can a ellos cer­ca de Quitim (la isla de Chipre) o cuan­do anclan allí. Las noti­cias son tristes por si mis­mas, porque sus casas son destru­idas, su puer­to está cer­ra­do, y no hay mer­ca­do para sus artícu­los.

      2 Los moradores de la cos­ta son los pueb­los del área mediter­ránea. Ellos están muy sor­pren­di­dos de la caí­da de Tiro, pero se les dice que callen o que estén en silen­cio. Ellos habían sido pros­per­a­dos por los mer­caderes de Sidón, que pasan­do el mar te abastecían. Sidón ya sea que sim­bo­l­ice a toda Feni­cia o se refiera especí­fi­ca­mente a la ciu­dad madre, la que, por medio de Tiro, había com­er­ci­a­do con otros. Todos habían sido total­mente proveí­dos y enrique­ci­dos por las aven­turas com­er­ciales de los feni­cios.

      3 Las muchas aguas incluyen el Mar Mediter­rá­neo y los océanos que están más allá. El Nilo es en opinión de algunos ya sea un canal o un ramal al ori­ente del Nilo; para otros (por ejem­p­lo, Leupold) pien­sa que era un ramal al poniente del Nilo; aun otros pien­san que era un sinón­i­mo del mis­mo Nilo (ver Jer 2:18, donde es com­para­do con el Eufrates). Las sementeras del Nilo es el gra­no de Egip­to que era proveí­do por los des­bor­damien­tos del Nilo y embar­ca­do por medio de todo el mun­do mediter­rá­neo de esos días. Proveyó ingre­sos tan­to para Tiro y Egip­to y comi­da para los pueb­los pobres.

      4 A cam­bio de la con­donación del orgul­lo que había car­ac­ter­i­za­do a Tiro y a sus her­manas, el Señor dice, Avergüén­zate, Sidón. De nue­vo Sidón posi­ble­mente se refiere a la total­i­dad de Feni­cia. El mar es per­son­ifi­ca­do y habla por Tiro, la for­t­aleza del mar: Nun­ca estuve de par­to, ni di a luz, ni crié jóvenes, ni lev­an­té vír­genes. Tiro nun­ca ha engen­dra­do hijos. Cuan­do final­mente sea esclav­iza­da o destru­i­da, ella no dejará nada per­ma­nente; no ha proveí­do nada de una nat­u­raleza per­ma­nente, porque el ben­efi­cio del com­er­cio o el com­er­cio mis­mo es del mun­do y se aca­ba.

      5 Cuan­do esta noti­cia de la caí­da de Tiro llegue a Egip­to, ten­drán gran dolor; porque si el esta­do inter­me­dio de Tiro cae, el destruc­tor alcan­zará rápi­do a Egip­to. O tal vez Egip­to está ado­lori­do porque el exportación de sus como­di­dades será cor­ta­do, y con­se­cuente­mente el desas­tre económi­co lle­gará a la nación.

      6 De Egip­to, Pasaos a Tar­sis, la colo­nia de Tiro más al oeste, y aúl­lan o pro­lon­gan su luto allí. Esto podría indicar que durante el sitio de Tiro, algunos de los pueb­los fueron trans­porta­dos a Tar­sis así como algunos fueron trans­feri­dos a Carta­go durante el cer­ca de Ale­jan­dro. A donde quiera que fuer­an, estarían lamen­tán­dose por la caí­da de la nación.

      7 A la luz de la destruc­ción de la ciu­dad, el Señor pre­gun­ta, ¿No era ésta vues­tra ciu­dad ale­gre, la ciu­dad del bul­li­cio y de aje­treo del com­er­cio? El pro­fe­ta la reconoce como una ciu­dad antigua estable­ci­da des­de hace mucho tiem­po, Sus pies la lle­varán a morar lejos. En la búsque­da del com­er­cio muchos de sus habi­tantes habían via­ja­do a tier­ras dis­tantes, deján­dola sin una pos­teri­dad per­ma­nente en ningún lugar. (Para una inter­pretación difer­ente de esta cláusu­la final, ver al mar­gen.)

      Para resumir estos ver­sícu­los: el Señor apela a las embar­ca­ciones de Tar­sis a aullar, sobre los habi­tantes de las costas a callar, y sobre Sidón a aver­gon­zarse; Egip­to a ten­er dolor, y a los que huyen a Tar­sis a lamen­tarse. La caí­da del poder com­er­cial afec­ta no solo a si mis­mo, sino tam­bién a las naciones aso­ci­adas o que depen­den de ella.

Jehová, el Eje­cu­tor del Juicio (vers 8–12)

8 ¿Quién se atrevería a plan­ear la der­ro­ta de una nación tan grande y tan impor­tante como Tiro, la que repartía coro­nas, cuyos nego­ciantes eran príncipes, cuyos mer­caderes eran los nobles de la tier­ra? En su grandeza había repar­tido coro­nas en las cabezas de los monar­cas, no por la con­quista mil­i­tar sino por el poder com­er­cial y económi­co. Estos monar­cas eran prob­a­ble­mente los gob­er­nadores de sus colo­nias, pero podrían ser gob­er­nadores coro­n­a­dos por manip­u­lación económi­ca. Sus mer­caderes eran príncipes en los empo­rios del com­er­cio, y sus nego­ciantes esta­ban entre lo hon­or­able o grande la la tier­ra.

      9 La pre­gun­ta­da lev­an­ta­da por el pro­fe­ta es con­tes­ta­da aho­ra: Jehová de los ejérci­tos lo decretó; El se atrevería a plan­ear la der­ro­ta de tal nación en la cúspi­de de su glo­ria. El obje­ti­vo divi­no era desa­cred­i­tar o pro­fa­nar toda glo­ria ter­re­nal trayén­dola a la des­gra­cia, porque Él es capaz de “exal­tar lo bajo, y humil­lar lo alto” (Eze 21:26).

      10 Como el Nilo fluye sin imped­i­men­tos a lo largo de Egip­to, así el pueblo de Tar­sis, que prob­a­ble­mente rep­re­sen­ta a todas las colo­nias de Tiro, son apu­radas a pasar libre­mente a través de la tier­ra. No hay aho­ra “faja” o poder de la ciu­dad madre; ha sido quita­do.

      11 Así como Jehová por medio de Moisés en un tiem­po antiguo extendió Su mano, cau­san­do que el mar lle­vara al ejérci­to del faraón a un fin (Exo 14:21–48), y así como Isaías ha pro­fe­ti­za­do, Él la enten­derá sobre todas las naciones en juicio (Isa 14:26), Él aho­ra la extiende sobre el mar, el reino del tesoro y de la glo­ria de Tiro. Él está sacu­d­i­en­do los reinos y mandó con respec­to a Canaán (el pueblo del mer­cad­er), que sus for­t­alezas sean destruí­das. Aunque es posi­ble que Isaías esté hacien­do un juego de pal­abras, refir­ién­dose a Tito como Canaán (el pueblo del mer­cad­er), es más prob­a­ble que él esté hablan­do de sacud­ir la total­i­dad de la tier­ra de Canaán, der­riban­do su for­t­aleza por medio de los inva­sores que eje­cu­tarán Su juicio con­tra Tiro.

      12 Y dijo, resum­ien­do la nota excla­ma­da en el vers 7, No te ale­grarás más – los días de rego­ci­jo para Tiro y para Sidón ya no exis­ten. La vergüen­za de los pueb­los de la cos­ta será como la de una vir­gen de quien se abusó sex­ual­mente. A ellos se les dijo que se lev­an­tarán y pasarán a Chipre, donde vivía una colo­nia feni­cia, pero aun allí no ten­drás reposo; no hay escape al juicio de Dios y a las con­se­cuen­cias del orgul­lo.

El des­ti­no de Feni­cia: A Pesar de la Caí­da, la Pros­peri­dad de Tiro será Restau­ra­da (vers 13–18)

      13 Sin lugar a dudas el vers 13 es lo más difí­cil en este capí­tu­lo; está lleno de prob­le­mas. Young pien­sa que el pro­fe­ta no está hablan­do del ori­gen físi­co de la nación caldea cuan­do dice, Este pueblo no existía; Asiria la fundó para los moradores del desier­to; más bien, está dicien­do que los babilo­nios fueron traí­dos al poder por la agre­sión asiria. Esto podría bien ser así. En la cuar­ta parte más tem­prana del primer mile­nio A.C. Asiria había entra­do a la políti­ca de Babilo­nia. Ataques numerosos por parte de los gob­er­nadores asirios lle­varon al con­trol asirio de la ciu­dad. Esto con­tin­uó has­ta que Nabopo­las­sar limpió a Caldea de los asirios en el626 A.C., lle­gan­do a ser rey de Babilo­nia un poco tiem­po después. Ninive fue ráp­i­da­mente destru­i­da (612 A.C.) y Egip­to fue der­ro­ta­do por Nabu­codonosor, el hijo de Nabopo­las­sar, en la batal­la de Car­chem­ish (605 A.C.). Entonces fue el con­stante con­flic­to con Asiria lo que tra­jo a Babilo­nia a la posi­ción del poder mundi­al dom­i­nante.

      A pesar de las difi­cul­tades del vers 13, puesto que Tiro es el obje­to del ago­b­io de Isaías, parece que su ruina a mano de los babilo­nios, un pueblo del desier­to (tier­ra incul­tivable), es su asun­to aquí. Nabu­codonosor sitio a Tiro por trece años, pero fue exi­tosa­mente resis­ti­da por los de Tiro. Por los ser­vi­cios ren­di­dos a Jehová en con­tra de Tiro, el Señor dio Egip­to a Nabu­codonosor (Eze 29:18–20). Los sigu­ientes ver­sícu­los con­fir­man este pun­to de vista.

      14–15 Con los pala­cios en ruina, el pro­fe­ta de nue­vo (como en el vers 1) apela al retorno de las embar­ca­ciones de Tar­sis a aullar sobre la destruc­ción. Ini­cian­do con el sitio de Nabu­codonosor a Tiro, esa poderosa poten­cia com­er­cial será pues­ta en olvi­do, estará ale­tar­ga­da, durante el peri­o­do de seten­ta años de un rey, prob­a­ble­mente el tiem­po de la dom­i­nación caldea (ver Jer 25:11–12; 29:10; 2 Crón 36:22). Des­de la for­mu­lación de Daniel de “rey” y “reino” (“Estas cua­tro grandes bes­tias son cua­tro reyes… La cuar­ta bes­tia será un cuar­to reino” – Dan 7:17,23), con­cluimos entonces que cuan­do Isaías habla de los días de un rey, sig­nifi­ca “los días de un reino.”

      16 Al final del peri­o­do Tiro can­tará la can­ción de una ram­era. Como una vie­ja ram­era que ha sido olvi­da­da por años, tomará un arpa e irá por las calles o en las taber­nas jugan­do y can­tan­do en un esfuer­zo por revivir su nego­cio bus­can­do atraer sus clientes antigu­os. ¡Qué descrip­ción más patéti­ca! Como diji­mos líneas antes, el com­er­cio puede ser noble; pero cuan­do es pros­ti­tu­i­do para el propósi­to de ganan­cia sór­di­da y plac­eres mate­ri­ales, es bajo y desagrad­able para el Señor. El caso de una ram­era bien ilus­tra el exce­si­vo peca­do al que puede guiar el com­er­cio.

      17 ¿Qué aprendió Tiro de su lec­ción? Nada en abso­lu­to; volverá a com­er­ciar, y otra vez for­ni­cará con todos los reinos del mun­do sobre la faz de la tier­ra. Su éxi­to en ese tiem­po será por el Señor porque vis­i­tará Jehová a Tiro, no para traer juicio con­tra ella, sino para restau­rar­le su papel com­er­cial. Así, mien­tras que el juicio es de Jehová, así la pros­peri­dad de la nación se debe a Él; todo está en Su mano. Él con­tro­la el des­ti­no de las naciones y de los hom­bres.

      18 Se han pre­sen­ta­do numerosas expli­ca­ciones poca sat­is­fac­to­rias del vers 18. No hay evi­den­cia de que Tiro usó su ganan­cia para ayu­dar a Israel cuan­do el pueblo regresó de la cau­tivi­dad de Babilo­nia, ni hay ningu­na evi­den­cia que la pro­fecía se apli­ca a even­tos en el Nue­vo Tes­ta­men­to. Puesto que Jehová juz­ga y trae a un fin y tam­bién restau­ra y edi­fi­ca, ¿no podría la pro­fecía sig­nificar sim­ple­mente que sin impor­tar el moti­vo del mer­cad­er, Jehová usa el com­er­cio para el bien de la humanidad, con­sagrán­do­lo a ese propósi­to? Lo que sabe­mos de Dios y de Sus caminos tiende a hac­er que este pun­to de vista parez­ca razon­able.



[1]  Zon­der­van Pic­to­r­i­al Enci­clo­pe­dia of the Bible, vol. 4, p. 396.

Capí­tu­lo 23 La Car­ga de Tiro

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  • El Peri­o­do Asirio: Con­flic­to y Vic­to­ria (1–39)
  • Pro­fecías de Juicio en Con­tra de Naciones Indi­vid­uales

(13–23)

El pro­fe­ta ter­minó de  declarar las car­gas sobre las tres naciones paganas: Babilo­nia, Edom, y Ara­bia (cap 21). ¿Por qué debe aho­ra incluir una rela­ciona­da con Jerusalén, la ciu­dad donde él y su pueblo res­i­den? La relación entre las cua­tro es una de carác­ter en vez de par­entesco físi­co. Si el pueblo de Dios está com­portán­dose como las naciones paganas, deben sufrir las mis­mas con­se­cuen­cias por su com­por­tamien­to. Se pun­to se aclara mien­tras con­sid­er­amos la pro­fecía.

      La pro­fecía cae en dos partes dis­tin­tas: en la primera, la ciu­dad de Jerusalén está bajo la ira de Dios (vers 1–14); la segun­da tra­ta con un tesorero indi­vid­ual (vers 15–25). La fecha del juicio al que apun­ta la pro­fecía es muy indefini­da e incier­ta. La gran may­oría sostiene está a la vista que Sena­que­rib (701 A.C.) atacó la ciu­dad (Barnes, Erd­man, Leupold, Rawl­in­son, Smith, y Dri­ver, quienes dicen “prob­a­ble­mente”). Alexan­der ofrece una opción entre el even­to con­cre­to de la cap­tura de Man­asés por los asirios (2 Crón 33:11) y el dete­ri­oro gen­er­al de Jerusalén. Delitzsch pien­sa que la pro­fecía señala a un peri­o­do inter­me­dio cuan­do Judá esper­a­ba librarse de Asiria por medio de una alian­za con Egip­to. Calvin define el cumplim­ien­to de la pro­fecía en la destruc­ción de Jerusalén (586 A.C.). En una for­ma típi­ca de los eru­di­tos lib­erales, Clements cree que parte del pasaje apun­ta al701 A.C. y fue escrito por Isaías, y otra parte pertenece a la caí­da de Jerusalén en el586 A.C. y fue agre­ga­do por un redac­tor que vivió después de ese tiem­po. Young pien­sa que Isaías está descri­bi­en­do la deba­cle gen­er­al de la nación has­ta que esta cae en las manos de Babilo­nia. A la luz de tales difer­en­cias, es impru­dente ser dog­máti­co.

      Cuan­do con­sid­er­amos la preparación de Exe­quias para el cer­co por parte de Sena­que­rib, tal como su pro­visión de agua en la ciu­dad y en su reparación de los muros (2 Crón 32:1–5,30), los even­tos del 701 A.C. pare­cen estar a la vista de Isaías. Sin embar­go, cuan­do son exam­i­na­dos otros asun­tos, la con­clusión de Young es que el cap 22 que describe la deba­cle gen­er­al y la destruc­ción final de la ciu­dad es igual­mente atrac­ti­vo. La selec­ción parece yac­er entre el cer­co de Sena­que­rib (701 A.C.) y el peri­o­do total del cer­co de Sena­que­rib has­ta la caí­da de la ciu­dad a manos de Nabu­codonosor (586 A.C.).

      Las dos inva­siones extran­jeras tienen algunos aspec­tos en Común. En tan­to que Sena­que­rib esta­ba cer­can­do Laquis, Eze­quias le envió un gran trib­u­to de pla­ta y de oro, dis­culpán­dose por haber­lo ofen­di­do al rebe­larse con­tra él (2 Rey 19:9; Isa 37:9), mien­tras que esto podría haber lev­an­ta­do fal­sas esper­an­zas y rego­ci­jo entre los judíos,él redobló su esfuer­zo para per­suadir a Eze­quias a some­terse (2 Rey 19:10–13). Tirha­ca demostró ser ten­er una ame­naza no efec­ti­va; fue Jehová quien le dio a Judá la vic­to­ria (2 Rey 19:35–37).

      En el cer­co caldeo del 587–586 A.C., Nabu­codonosor esta­ba pele­an­do con­tra Jerusalén, Laquis, y Aze­ca, las úni­cas ciu­dades de Judá que per­manecían for­ti­fi­cadas (Jer 34:6–7). A la pal­abra de Jehová por medio de Jere­mías, el rey Sede­quías proclamó la lib­er­tad a todos los sier­vos y sier­vas; pero más tarde el dio mar­cha atrás al decre­to y causó que los sier­vos lib­er­a­dos fuer­an suje­tos de nue­vo a sus amos (Jer 34:8–11). Este cam­bio de corazón podría haber sido oca­sion­a­do por el lev­an­tamien­to del cer­co de los caldeos. ¿Por qué fue lev­an­ta­do el cer­co? Jere­mías dice, “Y cuan­do el ejérci­to de faraón había sali­do de Egip­to, y llegó noti­cia de ello a oídos de los caldeos que tenían siti­a­da a Jerusalén, se reti­raron de Jerusalén” (Jer 37:5). Como en el caso de Sena­que­rib, las noti­cias de la aprox­i­mación del ejérci­to egip­cio dio entra­da una fal­sa esper­an­za y una ocasión para el rego­ci­jo. Pero tam­bién como en los días del cer­co de Sena­que­rib, Egip­to no esta­ba para ayu­dar en con­tra de Nabu­codonosor, sino, como Jehová dijo, aque­l­los que subieron fuera de Egip­to para ayu­dar regre­saron a Egip­to a su propia tier­ra (Jer 37:7). Este tiem­po, en lugar de la lib­eración de la ciu­dad, como en los días de Sena­que­rib, Jehová la entregó en las manos de los babilo­nios. Que Isaías 22 puede referirse a los even­tos ya sea del 701 o del 586 hace plau­si­ble el pun­to de vista que el pro­fe­ta está real­mente hablan­do de la deba­cle de Jerusalén durante el peri­o­do gen­er­al total.

Repren­sión del Espíritu de Friv­o­l­i­dad del Pueblo (vers 1–14)

1 La expre­sión el valle de la visión no parece indicar una local­ización geográ­fi­ca en par­tic­u­lar, sino más bien un pueblo cor­ta­do del mun­do (ver Jer 21:13), rodea­da y pro­te­gi­da por las mon­tañas y por Jehová (Sal 125:1–2). Como la mora­da de Jehová, de la que emanan todas las pro­fecías, Jerusalén era el valle de la visión, la sede de la pro­fecía. Los teja­dos eran ter­ra­dos donde el pueblo podría reti­rarse para rela­jarse (2 Sam 11:2), para la ado­ración idol­a­tra (Jer 19:13; Sof 1:5), o para lamen­tarse (Jer 48:38). Ningu­na de estas posi­bil­i­dades parece estar de acuer­do con la acusación del pro­fe­ta; la ado­ración hipócri­ta podría ser parte de lo que ve Isaías, pero las otras pare­cen no ser­lo. ¿Es posi­ble que en esta ocasión el pueblo ten­ga, en un espíritu de fal­sa con­fi­an­za, estarse subi­en­do a sus ter­ra­dos para obser­var la lle­ga­da del ejérci­to? Tal vez ten­emos aquí una descrip­ción del espíritu del pueblo – un espíritu de con­fi­an­za impru­dente frente a la espa­da de Damo­cles. Este espíritu los car­ac­ter­izó a lo largo del peri­o­do total des­de Sena­que­rib has­ta Nabu­codonosor, así como car­ac­ter­izó a Nínive jus­to antes de la destruc­ción que cayó sobre la ciu­dad.

      2 El pueblo de esta ciu­dad tur­bu­len­ta será esclav­iza­do, no en una batal­la o con la espa­da, sino por la hol­ladu­ra del Señor (vers 5), la con­se­cuen­cia de su rec­ha­zo de Jehová. Smith dijo tam­bién bien, “Jerusalén parece ago­b­i­a­do al antic­i­par su lib­eración por el sui­cidio moral” (I. 323).

      3 Los gob­er­nadores y los jue­ces que podrían haber defen­di­do y guia­do al pueblo les fal­larán y serán cap­tura­dos, amar­ra­dos, y lle­va­dos lejos. Esto fue final­mente cumpli­do en la per­sona de Sede­quías cuan­do la nación cayó ante Nabu­codonosor (Jer 52:7–11). La pal­abra de Jehová habla­da en el ini­cio de la his­to­ria judía fue cumpl­i­da (Lev 26:14–45; Deut 28:15–68).

      4 El pro­fe­ta aparta la mira­da de esta ter­ri­ble visión y rev­ela las emo­ciones de su corazón. Él llo­rará afligi­da­mente, aun al pun­to del can­san­cio, no en secre­to, sin que la gente abier­ta­mente podría darse cuen­ta de la gravedad de la pro­fecía. No hay reme­dio para inten­tar con­so­lar­lo; él no puede ser con­so­la­do. La causa: la destruc­ción de la hija de mi pueblo – el pueblo mis­mo. Lo que el pro­fe­ta describe no iba a ser cumpli­do en los días de Sena­que­rib, sino que parece ser un pun­to de vista amplio del espíritu del pueblo que lo llevó final­mente a la destruc­ción bajo Nabu­codonosor.

      5 Frente al espíritu descrito en los vers 1–4, el Señor tiene en reser­va un día en el que habrá alboro­to y der­ro­ta, una hol­ladu­ra que es grande (ver 2:11–12), y per­ple­ji­dad – el pueblo no sabe que hac­er en medio de su con­fusión. Su rego­ci­jo, ya sea la expre­sión de un espíritu gen­er­al a lo largo de todo el peri­o­do (701–586 A.C.) o la reac­ción a un ataque especí­fi­co, debe ter­mi­nar en juicio por parte del Señor; la visión y las pro­fecías del Señor deben ser cumpl­i­das. En el der­rum­bamien­to de las pare­des del muro, el pueblo llo­rará, no a Jehová, su úni­ca fuente de ayu­da, sino a las mon­tañas, las fuerzas nat­u­rales que no pueden ayu­dar.

      6 Isaías ya ha pro­fe­ti­za­do que Elam, un pueblo guer­rero del ori­ente de Babilo­nia que era notable por su uso del arco (Jer 49:34–39), jun­to con Media, traerán la caí­da sobre Babilo­nia (21:2,9). Ellos proveerán tam­bién arqueros, con­duc­tores de cuadri­gas, y caballerías en con­tra de Jerusalén. Kir (no debe ser con­fun­di­do con el Kir de 15:1),sig­nifi­ca “muro,” parece haber esta­do local­iza­do en algún lugar del norte de Elam. Amos habla de Kir como la casa orig­i­nal de los sirios (Amos 9:7), y el lugar a donde Siria sería lle­va­da cau­ti­va (Amos 1:5; 2 Rey 16:9). El pueblo de Elam y de Kir podría haber esta­do tan­to en el ejérci­to de Asiria como de Babilo­nia. Lo que el pro­fe­ta bus­ca enfa­ti­zar, no son las naciones especí­fi­cas, sino la gran dis­tan­cia de donde ven­drían los fieros guer­reros. La rev­elación del escu­do sim­ple­mente indi­ca la cober­tu­ra pro­tec­to­ra del escu­do en preparación para la batal­la.

      7 El pro­fe­ta habla en tiem­po pasa­do, esto es, el proféti­co per­fec­to, como si el even­to hubiera sido ya cumpli­do; porque si Dios dec­re­ta una cosa, es tan cier­to que va a ser hecho como si ya hubiera sido eje­cu­ta­do. Isaías mira los valles escogi­dos y sobre la ciu­dad llena con cuadri­gas. Los jinetes están ante la puer­ta, lis­tos para entrar. Que los valles están llenos indi­ca que las fuerzas tien­den a la con­quista y a la destruc­ción con­sti­tuyen una hueste numerosa.

      8 Y desnudó la cubier­ta de Judá. Está cláusu­la ha sido inter­pre­ta­da de difer­entes for­mas: “la desnudez que hizo que Judá se cegara a la espa­da de Demo­cles” (Delitzsch); “el velo de la igno­ran­cia (ver 25:7)” (Leupold); “todo lo que pro­tegía a la nación de la vergüen­za y de la des­gra­cia ha sido quita­do, así que Jerusalén se mantiene en pie ante el deshon­or” (Young); “la ref­er­en­cia es a Dios que había aparta­do su pro­tec­ción de Jerusalén así que no existía defen­sa ade­cua­da para impe­di a las fuerzas babilóni­cas de lle­var a cabo su vol­un­tad de destruc­ción” (Clements). Yo me incli­no a estar de acuer­do con Clements, porque en lugar de guiar a Su pueblo, Jehová “Extendió una nube por cubierta,/ Y fuego para alum­brar la noche” (Sal 105:39). Esto era un sím­bo­lo de Su pres­en­cia (Sal 78:14; Exo 13:21), lo que Él restau­raría en la Sion red­im­i­da (4:5). Esta pro­tec­ción por parte de Jehová salvó a la ciu­dad del cer­co de Sena­que­rib, pero even­tual­mente fue quita­da cuan­do Nabu­codonosor destruyó la ciu­dad (ver el retiro de la pres­en­cia y de la glo­ria de Jehová en Eze 11:22–25). Con el retiro de la pres­en­cia de Jehová como una cubier­ta, el pueblo fue deja­do solo con sus pro­pios medios – ellos miraron hacia la casa de armas del bosque, el arse­nal lev­an­ta­do por Salomón (1 Rey 7:2; 10:17) donde fueron alma­ce­nadas las armas.

      9–11 Las bre­chas desar­rol­ladas en la ciu­dad de David – tan­to debil­i­dades lit­erales en las mis­mas pare­des  como el decaimien­to del carác­ter moral del pueblo, que habían per­mi­ti­do la glo­ria espir­i­tu­al de Sion para debil­i­tar y man­char. En con­jun­to demasi­a­do tarde ellos empezaron a hac­er esfuer­zos para man­ten­er el cer­co con­struyen­do tan­ques de alma­ce­namien­to de agua entre los muros y con­tan­do las casas, der­riban­do lo que podría ser guarda­do y usan­do las piedras para reparar los muros. Pero esto no era toda la ganan­cia. El error de los pueb­los esta­ba en su fal­la de mirar hacia Jehová, la fuente de pro­tec­ción y de lib­eración, el úni­co que había deter­mi­na­do su destruc­ción si ellos le vol­te­a­ban la espal­da a Él (ver Deut 28:15–68).

      12 Al con­tin­uar con el per­fec­to proféti­co, el pro­fe­ta dice, en este día – el “día de tur­bación” de los vers 5–11 – Jehová llamó al pueblo al arrepen­timien­to. Este arrepen­timien­to iba a encon­trar expre­sión en el llan­to, en las ende­chas, en la desvin­cu­lación del pelo o raparse el cabel­lo, y en vestirse con cili­cio; todas estas acciones demues­tran con­tri­ción del espíritu.

      13 Pero en lugar de arrepen­timien­to, el Señor mira gozo y ale­gría, matan­do vacas y degol­lan­do ove­jas, comien­do carne y bebi­en­do vino. El lla­ma­do pro­du­jo un efec­to opuesto que refle­jó el ver­dadero carác­ter del pueblo. Su acti­tud total era, Comamos y bebamos, porque mañana morire­mos. Delitzsch obser­va, “Esto no impli­ca que ellos sin­tier­an algún plac­er con la idea de la muerte, sino que indi­ca un amor de la vida que se burla de la muerte” (I. 396). Smith dice, “Por la mitad de una cen­turia [durante la pro­fecía de los pro­fe­tas] este pueblo había ado­ra­do a Dios, pero ellos nun­ca habían con­fi­a­do en Él más allá de los límites de su pacto y de su sal­va­guardia” (I. 329). De esta man­era cuan­do eso en lo que ellos creyeron se der­rum­bó, su religión tam­bién se der­rum­bó; ellos aho­ra dieron cabi­da a la disi­pación sen­su­al y a la rebeldía.

      14 La mofa que aten­ta con­tra el cas­ti­go y la apelación de Dios será per­don­a­do; trae la muerte. El Señor Jehová de los ejérci­tos rev­eló a los oídos del pro­fe­ta, este peca­do no os será per­don­a­do has­ta que muráis. El pueblo había cometi­do un peca­do imper­don­able que podría ser expi­a­do solo por la muerte de la nación.

      Como sug­e­r­i­mos en la intro­duc­ción de este capí­tu­lo, el pro­fe­ta no está descri­bi­en­do el cer­co de Jerusalén por ya sea Sena­que­rib o por Nacu­bodonosor, sino la condi­ción gen­er­al del corazón del pueblo entre aque­l­los dos sitios, la apelación urgente de Jehová, y la destruc­ción final de la nación por parte de Babilo­nia.

La Fal­ta de los May­or­do­mos (vers 15–25)

15 Como ha sido obser­va­do por numerosos comen­taris­tas, esta pro­fecía en con­tra de Seb­na es la pro­fecía solo de Isaías con­tra un indi­vid­uo (a menos que con­sid­er­e­mos la parte ante­ri­or de esta sec­ción una pro­fecía con­tra Eli­aquim). Dri­ver sug­iere que Seb­na era prob­a­ble­mente un sirio (p. 102). El ejem­pli­fi­ca el espíritu car­nal del peri­o­do: lujuria, ostentación, y el deseo de glo­ria per­son­al. Aun cuan­do él tuvo un carác­ter históri­co, tam­bién per­son­ifi­ca el espíritu gen­er­al de la ambi­ción políti­ca de ese tiem­po (el espíritu del pueblo durante este perío­do ya ha sido expuesto en los vers 1–14). Seb­na es descrito como el tesorero o may­or­do­mo que está sobre la casa, aparente­mente un ofi­cio de gran impor­tan­cia y enver­gadu­ra, que es orig­i­na­do con la orga­ni­zación de Salomón de su gabi­nete políti­co y con­tin­uó en lo suce­si­vo (1 Rey 4:6; 2 Rey 15:5). La des­ti­tu­ción de Seb­na es aparente en Isa 36:3 y en 37:2, donde él habló de cómo el “escri­ba” o cro­nista, segun­do de Eli­aquim. Si Eli­aquim, que sucedió a Seb­na, no fue de hecho cul­pa­ble de nepo­tismo, él fue por lo menos fuerte­mente adver­tido en con­tra de ello. El nepo­tismo involu­cra ya sea mirar solo por la famil­ia inmedi­a­ta de alguien y no por el bien­es­tar de la mis­ma nación, o per­mi­tir que los miem­bros de una famil­ia ascien­dan por el camino de una posi­ción.

      16 El lengua­je de Isaías indi­ca fuerte oposi­ción mien­tras él viene osada­mente a Seb­na y pre­gun­ta tajan­te­mente, ¿Qué tienes tú aquí, o a quién tienes aquí, que labraste aquí sepul­cro para ti, como el que en lugar alto labra su sepul­tura, o el que esculpe para sí mora­da en una peña? El lengua­je parece retar al dere­cho de Seb­na a man­ten­er en alto el ofi­cio. Al esculpir un memo­r­i­al para si mis­mo, una tum­ba elab­o­ra­da en lugar alto, en un lugar más promi­nente, él ha usa­do extremada­mente mal su ofi­cio. El que se cree que es el din­tel de la tum­ba de Seb­na con­tiene “la ter­cera inscrip­ción mon­u­men­tal más grande en el hebreo arcaico.”[1]

      17 El viejo dicho, “El hom­bre pro­pone, pero Dios dispone,” es ver­dad en el caso de Seb­na. Él había pen­sa­do ser enter­ra­do en Jerusalén en el esplen­dor; Jehová tenía otros planes. La pal­abra de intro­duc­ción He aquí enfa­ti­za la impor­tan­cia de lo que sigue. Como un hom­bre fuerte, Jehová se man­ten­drá firme con­tra él y se lo lan­zará.

      18 Como un vien­to podría enrol­lar un obje­to en una bola que puede ser asi­da, Jehová enrol­lará a Seb­na y lo echará fuera de la tier­ra a una tier­ra exten­sa, un país extran­jero, un país en el que rodará como una bola y morirá. La cláusu­la y allá estarán los car­ros de tu glo­ria se refiere a la ostentación a las man­eras lujosas de Seb­na de mane­jar en la ciu­dad y en el país en car­ros osten­tosos, así hoy uno podría dar más impor­tan­cia a los automóviles lujosos que a hac­er su tra­ba­jo. Él se ha glo­ri­a­do en los car­ros, pero la vergüen­za ven­drá a él como él ha sido la vergüen­za de la casa de su señor. Aun cuan­do no hay reg­istro de cuan­do o a que país fue lle­va­do, sabe­mos que a menos que él se arre­pin­tiera, evi­tan­do entonces el cas­ti­go, él fue segu­ra­mente dester­ra­do.

      19 Una vez más Jehová enfa­ti­za lo que sig­nifi­ca que Él arro­ja a Signa: Y te arro­jaré de tu lugar, y de tu puesto te empu­jaré. Repeti­da­mente es demostra­do enla Escrit­u­ra que Jehová lev­an­tará y envilece a los hom­bres; todos están en Su mano.

      20–21 Cuan­do Jehová des­ti­tuya a Seb­na, Él ten­drá a un hom­bre lis­to para tomar el papel que Seb­na debería haber cumpli­do. Al con­tin­uar dirigién­dose a Seb­na, el Señor habla de Eli­aquim, el hijo de Hilcías, como mi sier­vo, un títu­lo de hon­or que des­igna a alguien que ya era sier­vo de Jehová, habit­ual­mente lle­van­do a cabo la vol­un­tad del Mae­stro. Cuan­do el comi­sion­a­do del rey Eli­aquim se reúne más tarde con Rab­saces (un ofi­cial de alto ran­go en el ejérci­to de Sena­que­rib), él está hablan­do de cómo alguien “sobre la casa” mien­tras que Seb­na es referi­do como el “escri­ba” (36:3; 37:2). Es incier­to si la expre­sión, y lo vestiré de tus vestiduras, y lo ceñiré de tu tal­abarte, que es dirigi­do a Seb­na, se refiere a un tipo par­tic­u­lar de vestidu­ra usa­da por alguien de su ran­go o es una metá­fo­ra – Dios vestirá a Eli­aquim con la posi­ción de nobleza de Seb­na. El cin­turón sug­iere que Eli­aquim será afir­ma­do (o ceñi­do) en el ofi­cio; Jehová dará el poderoso gob­ier­no ejer­ci­do por Seb­na en las manos de Eli­aquim. Además de esto el Señor dice, y será padre al morador de Jerusalén, y a la casa de Judá. Ser un padre al pueblo sug­iere un cuida­do pro­tec­tor ejer­ci­do por amor y tienen que ver con aque­l­los con­fi­a­dos en man­ten­er a alguien. Como José fue un padre para el faraón (Gén 45:8), y Job “a los men­es­terosos era padre” (Job 29:16), así Eli­aquim lo era para el pueblo y para la nación.

      22 Es dudoso si la expre­sión, Y pon­dré la llave de la casa de David sobre su hom­bro, tiene ref­er­en­cia a una llave lit­er­al para el pala­cio del rey o para la ciu­dad; más prob­a­ble­mente se refiere a las respon­s­abil­i­dad para ejercer el poder del ofi­cio con­fi­a­do a él. Su orde­namien­to será final; cuan­do él abre nadie cier­ra, y cuan­do él cier­ra, nadie abre – una indi­cación del poder de su ofi­cio para hac­er deci­siones defin­i­ti­vas. La pro­fecía no parece ser mesiáni­ca, aunque si bien Jesús usó la frase rela­cio­nan­dola con Él mis­mo (Apoc 3:7). Tan­to Jesús como Eli­aquim tienen autori­dad para atar o desa­tar a lo cual nadie tiene el dere­cho de alter­ar. La autori­dad de Jesús es abso­lu­ta; Eli­aquim, sin embar­go, está suje­to al rey.

     23–24 Eli­aquim fue el escogi­do de Jehová para el ofi­cio. Su sier­vo al que Él vestiría con poder y al que Él consignaría la llave de David. En este pun­to Jehová parece estar hablan­do a Seb­na; el resto del capit­u­lo podría estar hablan­do tam­bién a él, pero está defin­i­ti­va­mente hablan­do para el ben­efi­cio de Eli­aquim. Es una adver­ten­cia del ries­go que él encon­trará de su famil­ia. Y lo hin­caré como cla­vo (o clav­i­ja) en lugar firme (seguro). Las clav­i­jas son mane­jadas en pare­des macizas para agar­raderas de vesti­dos o recip­i­entes. Eli­aquim ocu­pará un lugar impor­tante y tiene respon­s­abil­i­dad de que el pueblo se apoye fuerte­mente. Y será por asien­to de hon­ra a la casa de su padre. El hon­or de la casa de su padre, que has­ta la fecha parece haber sido insignif­i­cante, será refle­ja­do en él y atraerá a muchos pari­entes a él. Con­tra esto él está adver­tido de ser un guar­da en todo momen­to. Debido a la glo­ria para él y para la casa de su padre, los hijos y los nietos, lo dig­no y lo indig­no, todos los vasos menores, des­de las tazas has­ta toda clase de jar­ros, des­de las pequeñas copas has­ta las grandes botel­las de vino o las jar­ras, bus­carán jun­tarse ellos mis­mos a él. Ellos bus­carán par­tic­i­par y sacar prove­cho de su hon­or y de su glo­ria col­gán­dose ellos mis­mos sobre él.

      25 Parece del todo improb­a­ble que el pro­fe­ta ten­ga a Seb­na en mente (como algunos sug­ieren), porque Eli­aquim es el cla­vo suje­to en un lugar seguro. No es seguro que Eli­aquim se rindió a la pre­sión de los esfuer­zos de su famil­ia de encum­brarse a la dis­tin­ción sobre las bases de su posi­ción. Él es sim­ple­mente adver­tido del ries­go del nepo­tismo. Es más prob­a­ble que lo que Jehová está acen­tuan­do aquí es que el sis­tema total del que Seb­na y Eli­aquim son parte (algunos sir­ven en este sis­tema hon­or­able­mente y otros deshon­rosa­mente) even­tual­mente ven­drán a un fin. Y la car­ga (ver vers 1) que sobre él se puso se echará a perder; porque Jehová habló. Con la veni­da del Mesías, que recla­mará lo que se le fue dado a Eli­aquim (Apoc 3:7), lo antiguo será quita­do y da for­ma a lo nue­vo. El Mesías ase­gu­rará el reino y todas las cosas de él para Jehová.

      Entonces parece que la car­ga del capí­tu­lo 22 es genéri­co: se ocu­pa de la nación y de la ciu­dad como un todo. Describe el juicio final de Jerusalén (vers 1–14) y el final de todos sus gob­er­nantes, los que no lo con­sid­er­aron y que no son hon­or­ables. Cuan­do el propósi­to de Jehová es cumpli­do en su sier­vo por venir, todo pasará.



[1]  Zon­der­van Pic­to­r­i­al Enci­clo­pe­dia of the bible, vol. 5, p. 381.

Capí­tu­lo 22 El Valle de la Visión, Jerusalén

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  • El Peri­o­do Asirio: Con­flic­to y Vic­to­ria (1–39)
  • Pro­fecías de Juicio en Con­tra de Naciones Indi­vid­uales

(13–23)

El capí­tu­lo 21 con­tiene tres gru­pos de car­gos respec­ti­va­mente con­tra Babilo­nia, Edom, y Ara­bia. Estos son segui­dos por un cuar­to, el car­go en con­tra de Judá (cap 22). La fecha de estos tres car­gos es incier­ta.

Babilo­nia, el desier­to del mar (vers 1–10)

Un breve resumen del tras­fon­do podría ayu­darnos en la inter­pretación de esta pro­fecía bas­tante inusu­al y difí­cil. A la muerte de Salmanas­er V (722 o 721 A.C.) Mero­dac-bal­adan declaró la inde­pen­den­cia de Babilo­nia de Asiria; pero en el 710 A.C. Sargón II guió a una cam­paña exi­tosa con­tra la ciu­dad, quien lo recibió como un lib­er­ta­dor. En el 703 A.C. Mero­dac-bal­adan hizo otra prop­ues­ta por el poder. Sus emba­jadores envi­a­dos para con­grat­u­lar a Eze­quias sobre la recu­peración de una seria enfer­medad podría haber sido un inten­to por ganar ese apoyo del rey (2 Rey 20:12–18; Isa 39) En el 700 A.C. Sena­que­rib armó una ofen­si­va may­or en con­tra de Babilo­nia. Una expe­di­ción más en el 700 A.C. llevó a un ase­dio de nueve meses que resultó en la con­quista y el saqueo de la ciu­dad. Ensegui­da del asesina­to de Sena­que­rib, su hijo Esaradon gob­ernó el impe­rio (681–669 A.C.). Él recon­struyó Babilo­nia y le dio un gob­ier­no algo estable. Pero de nue­vo bro­taron los prob­le­mas entre Asiria y Babilo­nia, cau­san­do que Asur­ba­n­i­pal avan­zará sobre Babilo­nia (651 A.C.) y la acosará por tres años. En la deses­peración el rey de Babilo­nia prendió fuego a su pala­cio y pere­ció en las fla­mas. En el 626 A.C. Nabopalasar, un caudil­lo en Caldea, limpio a Babilo­nia de los asirios y fue nom­bra­do rey. En el 612 A.C., Nínive fue toma­da y destru­i­da. A la muerte de Nabopalasar, su hijo Neb­u­cad­nezar subió al trono. Gob­ernó has­ta el 562 A.C., él hizo de Babilo­nia una de las bel­las ciu­dades del mun­do. Fue su últi­mo rey poderoso. En el 539 A.C. Ciro tomó la ciu­dad. Aunque él no destruyó la ciu­dad, él tra­jo al impe­rio a su fin. Babilo­nia sigu­ió sien­do una ciu­dad de algu­na impor­tan­cia, pero empezó a dec­li­nar lenta­mente. A la muerte de Ale­jan­dro el Grande, que había planea­do recon­stru­ir­la, la dec­li­nación se hizo más ráp­i­da. Nosotros sabe­mos, sin embar­go, que cuan­do el após­tol Pedro escribió su primera epís­to­la, Babilo­nia aun existía (5:13).

La Visión Dura (vers 1–5)

      1 Aunque no es extrav­a­gante en el uso de nom­bres sim­bóli­cos, Isaías los usa oca­sion­al­mente. Por ejem­p­lo, Etiopía es “la tier­ra que hace som­bras con las alas” (18:1); Edom es “Duma” (21:11), que en hebreo es “silen­cio” – el silen­cio de la muerte (Sal 94:17; 115:17); Jerusalén es “Ariel,” ciu­dad donde habitó David (29:1); y Egip­to es “Rahab,” tor­men­ta o arro­gan­cia (30:7). Así aquí Babilo­nia es el desier­to (o tier­ra incul­tivable) del mar. El des­ti­no de destruc­ción de Babilo­nia ha sido ya declar­a­do por el pro­fe­ta (13:20–22; 14:23) y será pos­te­ri­or­mente descri­ta en el capí­tu­lo 47. El sig­nifi­ca­do de la frase se hace algo más claro en el anun­cio de Jere­mías del juicio de Jehová sobre Babilo­nia: “Tú, la que moras sobre muchas aguas…ha venido tu fin” (51:13). Juan dice que las “muchas aguas” en las que la Babilo­nia de su pro­fecía se sien­tan son “pueb­los, muchedum­bres, naciones y lenguas” (Apoc 17:15), que parece ser el sig­nifi­ca­do en Jere­mías. Jere­mías dice más ade­lante “sequedad sobre sus aguas, y se secarán; porque es tier­ra de ído­los, y se enton­te­cen con imá­genes” (50:38), y “subió el mar sobre Babilo­nia; de la mul­ti­tud de sus olas fue cubier­ta. Sus ciu­dades fueron aso­ladas, la tier­ra seca y desier­ta, tier­ra en que no morará nadie, ni pasará por ella hijo de hom­bre” (51:42–43). Una tier­ra incul­tivable o un desier­to podría ser ya sea un lugar seco y des­o­la­do (27:10; Deut 32:10), o un lugar de dis­ci­plina (el desier­to de Sinaí). En este caso el desier­to que será el des­ti­no de Babilo­nia es un lugar baldío y des­o­la­do. Como tor­belli­no del Negueb (del sur), aque­l­los vien­tos fieros fuera de Palesti­na que traían are­na y destruc­ción y con la que los judíos esta­ban total­mente famil­iar­iza­dos, el ago­b­io de Babilo­nia ven­dría del desier­to, de la tier­ra hor­ren­da. Lo que esta­ba por venir era el cumplim­ien­to de las visiones dolorosas o duras del vers 2.

      2 La visión dura declar­a­da por Jehová al pro­fe­ta serán dolorosas en su cumplim­ien­to. Los pre­var­i­cadores que pre­var­i­can, el destruc­tor que destruye, es con prob­a­bil­i­dad Babilo­nia (ver cap 47; Hab 1:5–11; 2:4–19). El tor­belli­no que ven­gará la destruc­ción en ella es Elam y Media (ver 13:17), que esta­ba ya sea al ser­vi­cio de los asirios (ver arri­ba un breve resumen de la his­to­ria) o al ser­vi­cio de Ciro. Este juicio con­tra Babilo­nia causa que el gemi­do de los pueb­los oprim­i­dos, espe­cial­mente Judá, cese; el juicio en con­tra de Babilo­nia provee la lib­eración para el pueblo de Dios.

      3–4 Hay una pre­gun­ta sobre si los sigu­ientes dos ver­sícu­los describe la sim­patía que la visión des­pertó en el pro­fe­ta por el pueblo siti­a­do y destru­i­do o el efec­to físi­co actu­al de la visión sobre él. Sus lomos se han llena­do de dolor; angus­tias como de una mujer en par­to han caí­do sobre él; él está tan dolori­do que no puede oír y tan espan­ta­do que no puede ver. El hor­ror de la visión le ha intim­i­da­do tan­to que su corazón se pas­ma; la noche de su deseo (la pues­ta del sol, el final del día) que él había desea­do para Babilo­nia se le con­vir­tió en espan­to. El efec­to no había sido antic­i­pa­do así por él. Cier­ta­mente no había ale­gría por parte del pro­fe­ta en la antic­i­pa­da destruc­ción de Babilo­nia; él debería haber esta­do lleno con un sen­ti­do de com­pasión por el sufrim­ien­to del próji­mo. No obstante, puesto que otros hom­bres de Dios fueron afec­ta­dos físi­ca­mente por visiones que se les dieron – por ejem­p­lo, Eze­quiel (1:28; 3:23), Daniel (8:27; 10:8–9; 15–17); Saulo de Tar­so (Hech 9:3–9), y Juan (Apoc 1:17) – es del todo posi­ble que Isaías esté descri­bi­en­do los efec­tos físi­cos de la visión sobre él.

      5 El pro­fe­ta regre­sa al ase­dio intro­duci­do en el vers 2. La ciu­dad en ningún modo podría esper­ar un ase­dio o hac­er prepara­ciones para él. Ellos preparan mesas para ban­quete; “ellos extien­den tapices” (al mar­gen) para los ban­quetes para recli­narse; comen, beben en una fal­sa seguri­dad. Entonces viene el lamen­to: ¡Lev­an­taos, oh príncipes, ungid el escu­do!, porque la batal­la está cer­ca; ¡prepárate para el con­flic­to! ¿Isaías tiene a la vista un ase­dio en par­tic­u­lar o var­ios de los ase­dios men­ciona­dos en el resumen de arri­ba? ¿Es una descrip­ción de la caí­da de la ciu­dad a manos del ejérci­to de Ciro (Daniel 5)? ¿O es una descrip­ción gen­er­al que resume los muchos ataques que cul­mi­naron en la destruc­ción final de la ciu­dad? Segu­ra­mente es una descrip­ción vívi­da de la destruc­ción final que vino a la ciu­dad.

El cen­tinela y su mis­ión (vers 6–10)

 

      6 Algu­nas difi­cul­tades son elim­i­nadas si uno mantiene en mente que el con­tex­to es una visión rev­e­la­da al pro­fe­ta. El pro­fe­ta está estable­cien­do a un cen­tinela que, en la visión, puede ver los acon­tec­imien­tos de Caldea y de sus veci­nos aun des­de la fron­tera de Judá a través del desier­to de Ara­bia. El cen­tinela debe repor­tar lo que él ve, man­te­nien­do infor­ma­do al pueblo (o al pro­fe­ta) lo que se está desar­rol­lan­do.

      7 El cen­tinela se le dijo lo que el iba a obser­var: Y vio hom­bres mon­ta­dos, jinetes de dos en dos, cabal­gan­do dos, uno al lado del otro, mon­ta­dos sobre asnos, mon­ta­dos sobre cabal­los; y miró más aten­ta­mente. Estos ani­males no solo eran para cabal­gar y para trans­portar car­gas, eran tam­bién usa­dos para con­fundir a las tropas ene­mi­gas y lan­zar­los a un esta­do de des­or­den. Delitzsch dice, “Entonces Ciro ganó la vic­to­ria sobre los de Lidia por medio del gran número de sus camel­los (Herod. 1.80), y Dario His­taspis la vic­to­ria sobre los de Esci­ta por medio del número de asnos  que él usó (Herod. iv.129)” (I.381). El cen­tinela debe escuchar con aten­ción, esforzarse des­de tem­pra­no, luchar por oír. Pero parece que él ve solo un ejérci­to fan­tas­ma, silen­cioso como la muerte, qui­eto como la noche, movién­dose como som­bras a través del hor­i­zonte. Hay un aire de mis­te­rio alrede­dor de la esce­na; no hay una reseña de a donde van las tropas o de donde vinieron. Solo podemos deducir que es el ejérci­to en su camino para destru­ir Babilo­nia.

      8 Las pal­abras y gritó como un león pre­sen­ta muchas difi­cul­tades. ¿Cuál es su sig­nifi­ca­do? Algunos comen­taris­tas creen que el gri­to del vig­i­lante es como el de un pas­tor que ve a un león aprox­imán­dose. Otros sostienen que cuan­do el cen­tinela ve al ene­mi­go, él gri­ta con el rugi­do de un león como si lo fuera. Algunos pien­san que el cen­tinela está que­ján­dose ante Jehová al igual que con un pequeño gruñi­do: Señor, sobre la ata­laya estoy yo con­tin­u­a­mente de día, y las noches enteras sobre mi guar­da. Young (tam­bién Clements) señalan que la pal­abra león no está pre­sente en los man­u­scritos de los Rol­los del Mar Muer­to de Isaías; con­se­cuente­mente, Young lo omite de su tra­duc­ción. El gri­to, Señor, podría indicar que el cen­tinela es el pro­fe­ta mis­mo repor­tan­do. En cualquier for­ma que inter­prete­mos el ver­sícu­lo, la idea de que el cen­tinela está que­ján­dose ante Jehová es la menos atrac­ti­va.

      9 Al final la vig­ilia del cen­tinela es rec­om­pen­sa­da, porque él mira una tropa de hom­bres y de jinetes. ¿Es esto lo que él iba a bus­car, o es un segun­do con­tin­gente? Es prob­a­ble que está sea la tropa que él esta­ba bus­can­do (vers 6–7). Si es una segun­da tropa, es el ejérci­to vic­to­rioso regre­san­do después del ase­dio a la ciu­dad. De todos mod­os, él oye aque­l­lo por lo que él había esta­do esperan­do: Cayó, cayó Babilo­nia; y con ella caen todos los ído­los de sus dios­es que­bran­tó en tier­ra. Esto no indi­ca nece­sari­a­mente que el con­quis­ta­dor ha destru­i­do las imá­genes, sino que el poder de Jehová ha tri­un­fa­do y que los dios­es sin poder de los grandes reinos paganos han sido traí­dos a la nada – son der­rib­a­dos. Var­ios escritores han sug­eri­do que esta pro­fecía es una pre­moni­ción de los even­tos de los capí­tu­los 40–66 – la caí­da de los ído­los paganos, la lib­eración del pueblo de Dios, y el tri­un­fo de la causa de Jehová. Parece ser todo eso.

     10 Hay una pre­gun­ta sobre si pueblo mío, tril­la­do y aven­ta­do se refiere a Babilo­nia o a Israel. Aunque Jehová colo­ca la declara que toda la tier­ra le per­manece (Deut 10:14; Sal 24:1), y en este sen­ti­do Babilo­nia Le pertenece, y aunque Él habla de la reunión de las naciones (que incluiría a Babilo­nia) en la era (Miq 4:11–13), en este pasaje pueblo mío parece referirse a Judá. Porque Jehová dijo, “La hija de Babilo­nia es como una era cuan­do está de tril­lar; de aquí a poco le ven­drá el tiem­po de la sie­ga” (Jer 51:33). Después de que Jehová haya sido tril­la­da y aven­ta­da por Jehová, y así obten­ga Él su gra­no, el piso (Babilo­nia) será destru­i­da. El pro­fe­ta declara aho­ra que él ha sido autén­ti­co a su comisión; él ha declar­a­do el men­saje tan­to de Babilo­nia como de Judá.

El Ago­b­io de Edom (vers 11–12)

 

      11 Duma, que en hebreo es “silen­cio” (Sal 94:17; 115:17), el silen­cio de la muerte, se refiere a Edom, la tier­ra al sur del Mar Muer­to. Seir es en la opinión de algunos la región mon­tañosa al este de la Ara­bia Wadi y para otros podría ser, o podría incluir, el este mon­tañoso de Ara­bia. Lo últi­mo es prob­a­ble­mente cor­rec­to. Seir y “la tier­ra de Seir” lle­garon a describir la tier­ra de los edomi­tas. Seir, “el monte de Esaú” (Abd 8), parece haber sido para Edom lo que Sión fue para Israel (ver Abd 17). Des­de este monte alguien da voces, Guar­da, ¿qué de la noche? Guar­da, ¿qué de la noche? Ni aquel que da voces ni el guar­da es iden­ti­fi­ca­do; el dar voces sim­boliza la pro­fun­da ansiedad y la mis­e­ria de la nación, en tan­to que el guar­da es el rep­re­sen­tante de Jehová, , el úni­co que puede dar respues­ta a la pre­gun­ta. Recuerde que esto es una visión, no un even­to lit­er­al. Una tra­duc­ción que expre­sa mejor lo rela­ciona­do a esta pre­gun­ta es, “¿Has­ta cuán­do durará la noche? (Smith), o ¿Has­ta donde lle­gará la noche?” (Delitzsch). ¿Cuán­to per­manecerá la noche? Nos recuer­da de alguien que sufre o de una per­sona enfer­ma que, en la inqui­etud de la noche, pre­gun­ta con­tin­u­a­mente que hora es o cuan­to tiem­po fal­ta para que amanez­ca.

      12 La respues­ta es vaga, oscu­ra: La mañana viene, y después la noche – cuan­do viene la mañana, aun será de noche, o seguirá la noche. Cuan­do viene el amanecer, habrá unos pocos rayos de luz por solo un momen­to; seguirá la noche. Edom es un pueblo des­ti­na­do al silen­cio de la noche de la muerte. La sigu­iente fase de la respues­ta es igual­mente oscu­ra: pre­gun­tad si queréis, pre­gun­tad; volved, venid. Edom es una nación que está des­ti­na­da a ser “cor­ta­do para siem­pre” (Abd 10); solo aque­l­los que ten­gan refu­gio en el monte de Sión escaparán (Abd 17). La noche ven­dría después sobre la nación – Asiria, Babilo­nia, Roma – has­ta que final­mente, alrede­dor del tiem­po de la destruc­ción de Jerusalén en el 70 D.C., ellos ya sea que fueron lle­va­dos sin rum­bo o fueron con­duci­dos al desier­to donde se perdieron de vista por com­ple­to. Entonces, si el que pre­gun­ta desea regre­sar, ten­drá que hac­er­lo que hac­er­lo con un corazón cam­bi­a­do, bus­can­do a Jehová enla Sión espir­i­tu­al. De otra for­ma, el silen­cio de la muerte será para siem­pre.

El Ago­b­io sobre Ara­bia (vers 13–17)

 

      13 Ara­bia, que sig­nifi­ca “desier­to” o “estepa,” es el nom­bre dado a la penín­su­la que está al ori­ente de Palesti­na y del Mar Rojo. La penín­su­la más larga en el mun­do, cubre un área de aprox­i­mada­mente un mil­lón de mil­las cuadradas. El pueblo de Ara­bia era cono­ci­do como “los hijos del ori­ente” (Jue 6:3; 7:12), y eran recono­ci­dos por su sabiduría (1 Rey 4:30; Abd 8; Job y sus ami­gos). Es incier­to que tan­to del área es inclu­i­da en la pro­fecía de Isaías, él se está refirien­do prob­a­ble­mente al poniente inmedi­a­to y al área cen­tral y a la sec­ción del norte. El tiem­po fue tal que debido a la guer­ra, prob­a­ble­mente las inva­siones por parte de los asirios, los  cam­i­nantes de Dedán tuvieron que dejar sus rutas de via­je, replegán­dose por refu­gio al área de mator­rales por delante del camino. La local­ización exac­ta de Dedán es incier­ta, pero era prob­a­ble­mente un oasis en el ori­ente dela Ara­bia Cen­tral sobre las rutas com­er­ciales de los pueb­los de Seba, Tema, y Buz.

      14–15 Las condi­ciones eran tales que los con­duc­tores de car­a­vanas no podrían acam­par en lugares y de man­era clara­mente vis­i­bles, así que el pueblo de Tema, cautelosa­mente les traía agua para sus sedi­en­tos y pan para ten­er vida propia. Este era uno de los oasis más grandes en la comar­ca gen­er­al. La razón de la pre­cau­ción es clara­mente indi­ca­da: Porque ante la espa­da huye (plur­al, sugirien­do el flu­jo abru­mador de los inva­sores), ante la espa­da desnu­da, ante el arco ates­ta­do, ante el peso de la batal­la.

      16 Esta ayu­da a los fugi­tivos será cor­ta­da rápi­do. El Señor rev­ela que el tiem­po está cer­ca: De aquí a un año, seme­jante a años de jor­nalero. Esto indi­ca un peri­o­do defin­i­ti­vo, porque el patrón nun­ca deman­da menos, y el emplea­do nun­ca da más, que el tiem­po acor­da­do, un tiem­po exac­to. Toda la glo­ria de Cedar – el poder mil­i­tar, la riqueza, y la influ­en­cia – será desecha. Cedar es nom­bra­da alrede­dor de una doce­na de veces en el Antiguo Tes­ta­men­to. Un pueblo en el norte de Ara­bia, fue en un tiem­po una tribu poderosa, una fuerza a ser con­fronta­da; pero en los con­flic­tos con Asiria y con Babilo­nia fue muy debil­i­ta­da. Lo que el pro­fe­ta tiene a la vista prob­a­ble­mente ocur­rió durante una vez o más de las inva­siones asirias en el poniente.

      17 La glo­ria no será total­mente destru­i­da, sin embar­go, porque el pro­fe­ta pro­cede a decir que los flecheros y los hom­bres mil­i­tar­mente poderosos serán reduci­dos. El des­ti­no de Ara­bia esta­ba garan­ti­za­do, porque Jehová Dios de Israel lo ha dicho. Babilo­nia com­ple­taría lo que Asiria había ini­ci­a­do, porque Jehová diría más tarde a Nabu­codonosor y a su ejérci­to, “Lev­an­taos, sub con­tra Cedar, y destru­id a los hijos del ori­ente” (Jer 49:28). El silen­cio de la muerte descen­dería sobre Ara­bia como lo hizo sobre Edom; la noche ven­dría final­mente.

Capí­tu­lo 21. Babilo­nia, Duma, y Ara­bia

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  • El Peri­o­do Asirio: Con­flic­to y Vic­to­ria (1–39)
  • Pro­fecías de Juicio en Con­tra de Naciones Indi­vid­uales

(13–23)

El pro­fe­ta ya ha declar­a­do el des­ti­no de Etiopía, la tier­ra al sur de Egip­to (cap 18), y el juicio de Dios y las prome­sas a Egip­to (cap 19). En el 715 A.C. Egip­to fue der­ro­ta­do por Shabako, gob­er­nador de Etiopía, que unió a los dos bajo una sober­anía feu­dal etiope que prevale­ció has­ta el 664 A.C. Este gen­er­al parece ser sobre el que el pro­fe­ta está argu­men­tan­do en el cap 20.

La Con­fi­an­za Que Fra­casó (vers 1–6)

      1 En el año que vino el Tartán a Asdod era el 713 A.C. Tartán no es el nom­bre de un indi­vid­uo sino el títu­lo del coman­dante en jefe asirio. Asdod, que esta­ba bajo la suje­ción de Asiria, era una cap­i­tal de Fil­is­tea, con prob­a­bil­i­dad la más fuerte­mente for­ti­fi­ca­da de todas las ciu­dades. Este es el úni­co lugar en la Bib­lia donde aparece el nom­bre Sargón. El suce­sor de Salmaneser V, ascendió al trono ya sea en el 722 o en el721 A.C., reinan­do has­ta el705 A.C. Aunque solo es men­ciona­do aquí en las Escrit­uras, Sargón jugó un papel impor­tante en la his­to­ria de Israel y de Judá. En apari­en­cia inter­pre­tan­do como debil­i­dad el hecho que él con­du­jo una cam­paña no muy grande en Palenti­na después del720 A.C., Asdod se rebeló en el713 A.C., con­ducien­do a otros a la rebe­lión; Judá, sin embar­go, parece no haber com­par­tido en ella. Tartán peleó con­tra Asdod y tomó la ciu­dad. El mis­mo Sargón dirigió una cam­paña con­tra las ciu­dades del área en el711 A.C. En apari­en­cia, Egip­to y Etiopía prometieron ayu­da que nun­ca llegó.

      2 Isaías fue instru­i­do por Jehová para rep­re­sen­tar un men­saje sim­bóli­co a Judá, mostran­do la ton­tería de con­fi­ar en Egip­to. Young obser­va que este es el úni­co acto sim­bóli­co reg­istra­do en Isaías. Se le dijo al pro­fe­ta qui­ta el cili­cio de tus lomos, y descalza las san­dalias de tus pies. Y lo hizo así, andan­do desnudo y descal­zo. Como hemos nota­do antes, el cili­cio era un vesti­do tosco, vel­lu­do usa­do usual­mente en tiem­po de aflic­ción y de luto; no esta­mos dicien­do solo el por qué Isaías esta­ba usan­do el vesti­do. La expre­sión andan­do desnudo ha oca­sion­a­do una dis­cusión entre los estu­di­antes dela Bib­lia. ¿Fue él “desnudo total,” como podríamos decir, o pone a un lado toda su ves­ti­men­ta exte­ri­or, usan­do sólo una túni­ca cor­ta o una tela pos­te­ri­or cuan­do iba de un sitio a otro como estadista y pro­fe­ta? Sea lo que sea él esta­ba fuera de lo ordi­nario e intenta­ba con­seguir la aten­ción de la gente de tal for­ma que la lec­ción pudiera ser enseña­da. Es dudoso que él fuera de un lado a otro total­mente desnudo; Delitzsch parece haber expre­sa­do bien el asun­to cuan­do dijo, “Lo que Isaías esta­ba dirigi­do a hac­er, entonces, era sim­ple­mente opuesto a la cos­tum­bre común, y no a la decen­cia moral (I. 372). Prob­a­ble­mente él usó la túni­ca cor­ta que, de acuer­do a las ilus­tra­ciones de los antigu­os mon­u­men­tos, era usa­do usual­mente por los cau­tivos.

      3–4 El acto sim­bóli­co de Isaías iba a con­tin­uar por tres años, por señal y pronós­ti­co sobre Egip­to y sobre Etiopía. La impor­tan­cia de esta señal es expli­ca­da aho­ra: como Isaías, el sier­vo de Jehová, ha cam­i­na­do por tres años desnudo y descal­zo, así el rey de Asiria lle­vará al exilio a los cau­tivos de Egip­to y de Etiopía, a jóvenes y a viejos, desnudos y descal­zos, y des­cu­bier­tas sus nal­gas para vergüen­za de Egip­to. Con­tin­uó la guer­ra inter­mi­tente entre Asiria y Egip­to; un golpe deci­si­vo fue hir­ió a Egip­to en el 663 A.C. cuan­do Asur­ba­n­i­pal invadió la tier­ra y saqueó a Tebas (No-amon, Neh 3:8), lle­van­do cau­tivos y un gran botín.

      5 Aque­l­los que con­fían en Egip­to y en Etiopía para ayu­da en el tiem­po de la invasión de Asiria se ator­men­tarán y aver­gon­zarán de Etiopía su esper­an­za, y de Egip­to su glo­ria. El acto sim­bóli­co de Isaías es pre­tendi­do para pre­venir a la gente de con­fi­ar en Egip­to, al que el rey de Asiria lla­ma “bácu­lo de caña cas­ca­da, en el cual si alguno se apo­yare, se le entrará por la mano y la traspasará” (2 Rey 18:21). El pueblo de Dios apren­dería a pon­er su con­fi­an­za solo en Jehová y no recli­narse en el hom­bre débil e impo­tente.

      6 El morador de esta cos­ta, prob­a­ble­mente la total­i­dad de Palesti­na, incluyen­do Feni­cia, Fil­is­tea, y Judá, lamen­tarán su expectación por ayu­da de los reinos mud­ables de Egip­to y de Etiopía. Al haber vol­tea­do hacia estas dos naciones por ayu­da en con­tra de Asiria, solo serán decep­ciona­dos. Y entonces la pre­gun­ta será, ¿Y cómo escapare­mos nosotros? Al haber fal­la­do en depen­der de Jehová, mien­tras eran urgi­dos por el pro­fe­ta, y al haber fal­la­do en obten­er ayu­da de las armas de la carne, no sabrán a donde vol­tear. Por medio del juicio sobre las antiguas naciones paganas y sobre Su pro­pio pueblo por haber con­fi­a­do en aque­l­las naciones, Jehová está enseñan­do a los hom­bres de todas las gen­era­ciones a darse cuen­ta que Él con­tro­la el des­ti­no de todo. El mal­va­do que olvi­da a Jehová debe ser traslada­do al Seol (Sal 9:17); Su pueblo que Lo olvidó deberá sufrir un des­ti­no sim­i­lar. Este men­saje debe impre­sion­arnos a todos hoy, tan­to al mun­do como a la igle­sia.

Capí­tu­lo 20 Egip­to y Etiopía

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  • El Peri­o­do Asirio: Con­flic­to y Vic­to­ria (1–39)

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  • Pro­fecías de Juicio en Con­tra de Naciones Indi­vid­uales

(13–23)

 El Egip­to de los tiem­pos bíbli­cos exper­i­men­tó una larga y vari­a­da his­to­ria. Las cul­turas pre­históri­c­as existieron des­de alrede­dor de los 5000 A.C. has­ta el 3200 A.C. La escrit­u­ra fue intro­duci­da en la era pre­d­i­nas­ti­ca, y con el tiem­po fue desar­rol­la­do un cal­en­dario de notable pre­cisión. Los estu­di­antes de la Bib­liase intere­san en un peri­o­do de aprox­i­mada­mente dos mil años, des­de la estancia de Abra­ham en esa tier­ra (Gén 12:10–13) has­ta la con­ver­sión del eunuco etíope (Hech 8:26–40). A lo largo de todos estos sig­los las for­tu­nas del pueblo de Dios fueron influ­en­ci­adas grande­mente por la religión, la cul­tura y las condi­ciones económi­cas de los egip­cios. Aunque la his­to­ria total de ese país mar­avil­loso es fasci­nante, nues­tra aten­ción en este estu­dio es sola­mente con el peri­o­do de Isaías y lo que sigu­ió.

El capí­tu­lo 19 cae en dos divi­siones bas­tante bien definidas: Adver­ten­cias (vers 1–17) y prome­sas (vers 18–25). Si bien Egip­to había sido el gran opre­sor del pueblo de Dios en su antigua his­to­ria y había sido una espina pun­zante en su carne a lo largo de los años, el Señor cier­ra el capí­tu­lo con una prome­sa encen­di­da de ben­di­ciones y de esper­an­za tan­to para Egip­to como para Asiria (vers 25). En ver­dad, el Señor es lleno de gra­cia. (para pro­fecías adi­cionales rela­cionadas con Egip­to ver Jer 46; Eze 29–32; Joel 3:19.)

Adver­ten­cias (vers 1–17)

 

Dis­cor­dia inter­na: El fra­ca­so de la idol­a­tría (vers 1–4)

1 Para la pal­abra pro­fecía, ver los comen­tar­ios en 13:1, Jehová, el úni­co Dios, juz­gará a Egip­to, demostran­do Su poder sobre sus dios­es. Él ven­drá mon­ta­do sobre una nube lig­era (veloz), un sím­bo­lo de juicio. Jehová que pone “las nubes por su carroza,/[Él] que anda sobre las alas del vien­to” (Sal 104:3); “Porque vino a juz­gar la tierra./Juzgará al mun­do con justicia,/Y a los pueb­los con su ver­dad” (Sal 96:13). El día de Jehová es “día de tinieblas y de oscuri­dad, día de nube y de som­bra” (Joel 2:2); es un “día de ira aquel día, día de angus­tia y de apri­eto, día de alboro­to y de aso­lamien­to, día de tinieblas y de oscuri­dad, día de nubla­do y de entene­brec­imien­to” (Sof 1:15). En su pro­fecía de juicio con­tra Egip­to, Eze­quiel dice, “porque cer­ca está el día, cer­ca está el día de Jehová, día de nubla­do, día de cas­ti­go de las naciones” (30:3); y “tiniebla la cubrirá, y los moradores de sus aldeas irán en cau­tive­rio” (30:18; ver 32:7), Sus ído­los, “cosas sin val­or” (Lev 19:4, al mar­gen), tem­blarán ante Su pres­en­cia. Sin ningu­na fuente, el corazón – la vida, el alma, o el áni­mo – de Egip­to des­fal­l­e­cerá en el tiem­po de juicio.

2 La excitación de los egip­cios con­tra los egip­cios indi­ca un esta­do divi­di­do por la lucha y la anar­quía inter­na – indi­vid­u­os con­tra indi­vid­u­os, ciu­dades con­tra ciu­dades, y reinos con­tra reinos. No hay duda que esta es la obra de Jehová, que viene mon­ta­do sobre la nube de juicio. Tres veces Él declara que es Él quien actúa (“Yo agi­taré”; “Yo destru­iré”; “Yo entre­garé”); además, Él con­cluye con las pal­abras [Entonces] dice el Señor, Jehová de los ejérci­tos (vers 4). Cono­ce­mos de la his­to­ria que Piankhi, un príncipe de Nubia, invadió a Egip­to alrede­dor del 728 A.C.; su suce­sor, Shabako, invadió tam­bién esa tier­ra, con éxi­to unien­do a Etiopía y a Egip­to bajo el reino de Nubia (713–664 A.C.). Después de eso, Psam­metichus I, un príncipe de Sais en el Delta, se lev­an­tó para ganar el con­trol de todo Egip­to.[1]

     3 En medio de su lucha y con­fusión inter­na fal­tará el con­se­jo, porque Jehová traerá lo que no sirve. En la ala­ban­za al Creador y a Su poder con­tro­lador sobre Su creación, un salmista había dicho, “Jehová hace nulo el con­se­jo de las naciones,/Y frus­tra las maquina­ciones de los pueb­los” (Sal 33:10). Como en la may­oría de situa­ciones, los líderes recur­rirán a las imá­genes (que son nada) que abun­dan en la tier­ra (pero que son total­mente impo­tentes), y a sus hechiceros, a sus evo­cadores y a sus adi­vi­nos, per­sonas que recla­man ten­er poderes ocul­tos y una relación con fuerzas mis­te­riosas ocul­tas. En real­i­dad, ellos son tan vacíos y fal­sos como los mis­mos ído­los.

4 Jehová con­tin­ua el tra­to con­tra Egip­to: Y entre­garé a Egip­to en manos de Señor duro, y rey vio­len­to se enseñore­ará de ellos; ¿Está el Señor hablan­do aquí de un indi­vid­uo (Delitzsch sug­iere Psam­metichus), o está usan­do el sin­gu­lar para resaltar el espíritu cru­el de todos los jefes supre­mos que gob­ernarán a Egip­to? Después de der­ro­tar a Egip­to en varias oca­siones, los asirios bajo el man­do de Asur­ba­n­i­pal saque­aron Tebas (la No-amon de Nahum 3:8) en el 663 A.C. Más tarde, como fue predi­cho por Jere­mías (43:10–13; 46:13–26), Nabu­codonosor golpeó dura­mente la tier­ra de Egip­to. En el 525 A.C. Cam­bis­es guió al ejérci­to per­sa con­tra Egip­to, trayen­do al país bajo el gob­ier­no per­sa. Cuan­do se rebe­laron tra­jeron sobre ellos mis­mos la ira de Jer­jes I. Cuan­do Ale­jan­dro invadió a Egip­to (332 A.C.), fue con­sid­er­a­do como un lib­er­ta­dor de la tiranía Medo-Per­sa. En los tiem­pos del Nue­vo Tes­ta­men­to Roma gob­ernó la una vez orgul­losa y poderosa tier­ra de Egip­to, que había sido reduci­da a la situación de una provin­cia romana. Así que es posi­ble que en el vers 4 se esté hablan­do no solo de un indi­vid­uo, sino de la suma de los cru­eles reyes extran­jeros que iban a gob­ernar sobre la tier­ra.

Desas­tre nat­ur­al y económi­co (vers 5–10)

5 El mar men­ciona­do por el pro­fe­ta es el Nilo, el lazo sal­vavi­das de Egip­to (ver 18:2; Nah 3:8). El río se ago­tará y secará. Éste ver­sícu­lo no debe ser toma­do nece­sari­a­mente lit­er­al; podría ser un sím­bo­lo del ago­tamien­to y de la dec­li­nación de la nación, la muerte de su impe­rio.

6–7 Con el ago­tamien­to del Nilo los canales se volverán estanques y fal­tarán, y como con­se­cuen­cia las cañas y los car­ri­zos, incluyen­do las plan­tas de los pápiros, tan impor­tante en la vida de Egip­to, mar­chi­tas. Del mis­mo modo las praderas o áreas cubier­tas de hier­ba y todos los sem­bradíos, esen­ciales para la vida humana y ani­mal, sec­os.

8 No solo sufrirá la agri­cul­tura, sino tam­bién el pescador que depende del Nilo para su sub­sis­ten­cia lamen­tará la caí­da y la fal­ta de sus nego­cios. El pescador de aque­l­los días usa­ba gan­chos (anzue­lo [s]) y sabe­mos por las ilus­tra­ciones de los mon­u­men­tos egip­cios, tan­to de las grandes redes como de las redes de mano.

9 La economía total será afec­ta­da: Los que labran lino fino, lo que dis­tin­guía a Egip­to, y los que tejen redes (de algo­dón) serán con­fun­di­dos.

10 Porque todas sus redes serán rotas. ¿Son estos los obelis­cos y los ído­los de Egip­to (ver Jer 43:13, ASV), o son los fun­da­men­tos del esta­do – hon­esti­dad, vir­tud, piedad, per­sonas bue­nas? Rawl­in­son pien­sa que los mer­caderes ricos y los líderes políti­cos están en la mira. ¿O el pro­fe­ta tiene en la mente a la clase tra­ba­jado­ra, o en aque­l­los de los que depende el bien­es­tar de una nación? La sigu­iente frase, todos los que hacen viveros para peces, parece indicar que los pilares de Egip­to son la clase tra­ba­jado­ra. Sin embar­go, Isaías podría estarse refirien­do a la economía total, que es cier­ta­mente el fun­da­men­to de la exis­ten­cia de una nación.

El con­se­jo necio (vers 11–15)

 

      11 El pro­fe­ta vuelve al asun­to del vers 3 – el con­se­jo necio. Zoán (del griego, Tanis; antes Ramesés – Ex 1:11) esta­ba local­iza­da en la sec­ción noreste del Delta cer­ca de la fron­tera. Su his­to­ria antes al1300 A.C. es oscu­ra, pero durante el peri­o­do entre 1085 y715 A.C., era notable como una cap­i­tal de los faraones. Durante el peri­o­do 715–644 fue usa­da oca­sion­al­mente por los gob­er­nadores de Nubia como una res­i­den­cia real.

En tiem­pos más tem­pra­nos era céle­bre la sabiduría de Egip­to. “Y fue enseña­do Moisés en toda la sabiduría de los egip­cios, y era poderoso en sus pal­abras y obras” (Hech 7:22). Pero por el tiem­po en el que Isaías está hablan­do, son necios los príncipes de Zoán; el con­se­jo de los pru­dentes con­se­jeros de Faraón se ha desvaneci­do, fuera de la razón, irra­cional, necio. Ningún príncipe (cualquier hom­bre de la así lla­ma­da nobleza) puede recla­mar que es hijo del sabio, el hijo de los reyes antigu­os, por su con­se­jo y sus con­se­cuen­cias los traicionarán.

12 Así como el pro­fe­ta desafía más tarde a los ído­los a una con­tien­da con Jehová (41:21–29; capí­tu­los 42–48), así aho­ra él desafía la sabiduría entre los príncipes para declarar lo que Jehová ha prop­uesto en relación a Egip­to – Sus planes para la nación.

13 Pero se han desvaneci­do los príncipes de Zoán, se han engaña­do los príncipes de Men­fis, engañaron a Egip­to. De acuer­do a la leyen­da, Men­fis, local­iza­do en la rib­era oeste del Nilo alrede­dor de trein­ta mil­las al sur del Cairo, fue la primera cap­i­tal del Egip­to unido. Ocupó un lugar impor­tante en la his­to­ria reli­giosa de la nación. Pero sien­do engaña­do por su propia sabiduría humana, los príncipes de Men­fis han guia­do aho­ra a Egip­to por el mal camino. Aque­l­los que son la piedra angu­lar de sus famil­ias (“cas­tas,” Young; “clases,” Rawl­in­son), los líderes fuertes de la gente, en lugar de diri­gir­los apropi­ada­mente, los han guia­do por un camino de destruc­ción.

14 Sin impor­tar lo que la situación inmedi­a­ta podría pare­cer ser, el Señor está en con­trol; Jehová mez­cló espíritu de vér­ti­go en medio de él (ver el comen­tario sobre el vers 3); e hicieron errar a Egip­to en toda su obra, tam­baleán­dose como un bor­ra­cho. Los planes de los príncipes con­ce­bidos cuida­dosa­mente han guia­do a acciones com­pa­ra­bles a un hom­bre intox­i­ca­do que cae y se revuel­ca en su pro­pio vómi­to.

15 Ningu­na obra será real­iza­da ya sea por los líderes o por los obreros comunes, por la cabeza o la cola, la rama o el jun­co (ver 9:14). Cuan­do Jehová qui­ta la sabiduría de los líderes, los planes humanos no pueden sal­var a los indi­vid­u­os o a las naciones. Esto es por cier­to una pal­abra de adver­ten­cia al mun­do de hoy.

Antes de dejar el tema del gob­ier­no de Jehová sobre las naciones y Su fac­ul­tad de con­ver­tir la sabiduría de los hom­bres en locu­ra, es nece­sario con­sid­er­ar la necesi­dad de gob­er­nadores sabios en cada nación. El Pred­i­cador dijo, “¡Ay de ti, tier­ra, cuan­do tu rey es mucha­cho, y tus príncipes ban­quetean de mañana!” (Ecl 10:16). El asun­to no es que “mucha­cho” se refiera a la edad cronológ­i­ca o a inmadurez men­tal o moral. El escritor tiene en mente a un rey que puede ser per­sua­di­do por con­se­jeros y príncipes mal­os que están más rela­ciona­dos con fes­te­jos y por obten­er bebidas que en el gob­ier­no sabio de súb­di­tos (ver vers 17; Isa 3:4,12; 5:11). Cier­ta­mente, “Donde no hay direc­ción sabia, caerá el pueblo;/Más en la mul­ti­tud de con­se­jeros hay seguri­dad” (Prov 11:14). De hecho, está máx­i­ma asume que los con­se­jeros son hom­bres sabios, rela­ciona­dos con los asun­tos de esta­do. En con­traste, “los con­se­jos de los impíos, engaño” (Prov 12:5). Job dice, “Él [Dios] hace andar despo­ja­dos de con­se­jo a los consejeros,/Y enton­tece a los jue­ces” (Job 12:17). La sabiduría dice, “Por mi reinan los reyes,/Y los príncipes deter­mi­nan jus­ti­cia” (Prov 8:15). A aque­l­los que rec­haz­an la ver­dadera Sabiduría y estable­cen en la nada su con­se­jo, “Tam­bién yo me reiré en vues­tra calamidad,/Y me burlaré cuan­do os viniere lo que teméis…/Entonces me lla­marán, y no responderé;/Me bus­carán de mañana, y no me hal­larán” (Prov 1:26–28). Esta es la suerte de todo aquel que con­fía en su propia sabiduría, rec­hazan­do la sabiduría que viene de arri­ba; debido a su rec­ha­zo de la sabiduría de Jehová, Él trae su con­se­jo a la nada (Sal 33:10). Has­ta el momen­to la his­to­ria debe ten­er claro que los prob­le­mas del mun­do no pueden ser resuel­tos dejan­do a un lado a Dios.

No espíritu – solo temor y espan­to (vers 16–17)

 

      16 Delitzsch mira los vers 16 y 17 como una conex­ión entre los vers 1–15 y 18–25- Leupold y Young admiten que estos ver­sícu­los podrían ser una tran­si­ción entre las adver­ten­cias y las prome­sas. Sin embar­go, el vers 18 es un can­dida­to más prob­a­ble para ese papel. En aquel día apun­ta hacia el peri­o­do que jus­to ha sido dis­cu­ti­do. La frase como mujeres sug­iere un espíritu de de suavi­dad y de timidez en con­traste a la fiera deter­mi­nación de los guer­reros varones para pelear y defend­er. Las mujeres han mostra­do ser por si mis­mas ani­mosas y de fuerte vol­un­tad, pero típi­ca­mente no han sido guer­reros bru­tos agre­sivos. Nahum describe entonces a Nínive en sus días de declive (3:13); Jere­mías usó una ima­gen sim­i­lar al escribir sobre Babilo­nia (50:37; 51:30). Este espíritu de debil­i­dad y de ter­ror viene de la mano de Jehová, que Él sacud­ió sobre Egip­to, tratan­do a la nación con juicio y rec­om­pen­sa. No es especi­fi­ca­do ningún juicio especi­fi­co, pero son impli­ca­dos juicios colec­tivos.

17 La relación con Israel durante el tiem­po de Abra­ham, en él éxo­do, y en los días de David y de Salomón, cier­ta­mente debían haber famil­iar­iza­do a Egip­to con Jehová, el Dios de Israel. En ningún momen­to de la his­to­ria la nación de Judá ha sido un ter­ror para Egip­to; es el Dios de Judá el que inspi­ra ter­ror. El Dio que puede con­fundir el con­se­jo de los con­se­jeros políti­cos puede tam­bién ate­morizar y ater­rorizar los cora­zones de la gente. Por medio de Moisés Jehová había dicho a los israeli­tas, “Hoy comen­zaré a pon­er tu temor y tu espan­to sobre los pueb­los deba­jo de todo el cielo” (Deum 2:25). En for­ma sim­i­lar, Isaías iden­ti­fi­ca la causa del temor de Egip­to: Egip­to temerá por causa del con­se­jo que Jehová de los ejérci­tos acordó sobre aquel. Ese propósi­to ha sido aho­ra clara­mente anun­ci­a­do.

Prome­sas (vers 18–25)

 

La tran­si­ción de las adver­ten­cias a las prome­sas (vers 18)

 

      18 Hay un gran repar­to de con­fusión y desacuer­do en cuan­to al sig­nifi­ca­do del vers 18; entonces, no podemos ser dog­máti­cos aquí. La frase en aquel tiem­po vin­cu­la la pro­fecía de las ben­di­ciones al peri­o­do de tiem­po en que las pro­fecías de juicio serán cumpl­i­das. Fuera de los días de juicio vienen expe­ri­en­cias de ben­di­ciones. La ref­er­en­cia de cin­co ciu­dades en la tier­ra de Egip­to no debe ser toma­da lit­eral­mente. Aque­l­los que toman en número lit­eral­mente, no están de acuer­do en el tiem­po y en las cin­co ciu­dades a la vista. Es mejor enten­der la pal­abra cin­co como sim­ple­mente sig­nif­i­can­do un número pequeño. Las pal­abras, que hablen la lengua (“labio,” en hebreo) de Canaán, y que juren por Jehová de los ejérci­tos, pre­sen­tan un prob­le­ma may­or. Casi todos los comen­taris­tas asumen que la lengua de Canaán, es la lengua de Israel – el hebreo – que llegó a suplan­tar la lengua de Canaán. Ellos inten­tan con­seguir los nom­bres de los líderes judíos que, ensegui­da del tiem­po de Isaías, podrían haber intro­duci­do la ado­ración a las ciu­dades de Egip­to. Otros ven la frase como una ref­er­en­cia al tiem­po de la unidad espir­i­tu­al bajo el Mesías. Sin embar­go, no hay indi­cación en la Escrit­u­ra que “la lengua de Canaán” haya lle­ga­do a ser algu­na vez el lengua­je del Israel nacional o espir­i­tu­al. J. Arthur Thomp­son reconoce un par­entesco entre los canani­tas y los hebre­os – “En tér­mi­nos amplios el NO semíti­co incluyó a los canani­tas (hebreo, moabi­ta, etc.), el canani­ta del N (ugariti­co) y aram­i­co” – pero él dice entonces, “En Palesti­na los canani­tas sobre­vivientes fueron absorbidos por los israeli­tas.”[2]

Parece más razon­able pen­sar en la lengua de Canaán como la lengua de “los com­er­ciantes” (Isa 23:11, al mar­gen), de los mer­caderes (Ose 12:7) – la lengua de una “tier­ra de mercaderes…una ciu­dad de com­er­ciantes” (Eze 17:4; ver al mar­gen). Estos com­er­ciantes o mer­caderes eran un pueblo “que traían dinero” y que iban a ser destru­i­dos (Sof 1:11; ver al mar­gen); porque en el día del reina­do uni­ver­sal de Jehová bajo el Mesías “no habrá más mer­cad­er en la casa de Jehová de los ejérci­tos” (Zac 14:21). El mis­mo Jehová procla­ma, “En aquel tiem­po [en este caso, ensegui­da de Su juicio uni­ver­sal de las naciones paganas] devolveré yo a los pueb­los [plur­al] pureza de labios [‘labios’ (sin­gu­lar), del hebreo], para que todos invo­quen el nom­bre de Jehová, para que le sir­van de común con­sen­timien­to” (Sof 3:9; ver 1 Cor 1:10; 1 Ped 4:11). ¡Con seguri­dad esta lengua uni­ver­sal de fe nun­ca sería des­ig­na­da como “la lengua de Canaán”! Si nues­tra línea de razon­amien­to tiene algún mer­i­to, Isaías tiene a la vista a los judíos o a los egip­cios que juran o por Jehová pero retienen la lengua de Canaán, los mer­caderes idol­a­tras; es un habla hib­ri­da, la expre­sión de una religión mez­cla­da o impu­ra.

La sigu­iente frase en el vers 18 es igual­mente difí­cil para inter­pre­tar y está suje­ta a inter­preta­ciones vari­adas: de las cin­co ciu­dades una será lla­ma­da la ciu­dad de Herez. Leupold dice, “Ningu­na expli­cación sat­is­fac­to­ria de esta declaración ha sido aun ofre­ci­da” (I. 319). Podría ser sig­ni­fica­ti­vo, sin embar­go, con un ligero cam­bio de una con­so­nante la pal­abra podría ser tra­duci­da, “Ciu­dad del Sol” (Heliopo­lis), cen­tro de la ado­ración del dios del sol Ra. Una posi­ble inter­pretación es que es que ten­emos aquí un juego de pal­abras – el cen­tro de la ado­ración del ído­lo egip­cio será com­ple­ta­mente destru­i­do, Jer 41:13 parece ofre­cer apoyo para esta expli­cación. Al hablar sobre la invasión de Egip­to por Nabu­codonosor, al que Jehová lla­ma “mi sier­vo” (vers 10), Jere­mías dice, “que­brará las estat­uas [obelis­cos] de Bet-semes [al mar­gen: la ciu­dad del sol. Prob­a­ble­mente, Heliopo­lis, esto es, On], que está en la tier­ra de Egip­to, y los tem­p­los de los dios­es de Egip­to que­maré a fuego.” Y así Isaías parece estar dicien­do en el vers 18 que en medio de la idol­a­tría y de la con­fusión habrá alguien que tes­ti­fi­cará de Jehová mien­tras ellos siguen hablan­do la lengua hib­ri­da del error y la ver­dad – la lengua de Canaán – has­ta que la lengua espir­i­tu­al pura de Jehová ven­ga. Mien­tras ellos lo hacen así, el cen­tro de idol­a­tría egip­cia que está en medio de ellos será destruí­da.

Jehová será cono­ci­do por Egip­to (vers 19–22)

 

      19 La frase en aquel tiem­po se refiere de nue­vo al peri­o­do gen­er­al que está sien­do con­sid­er­a­do en este capí­tu­lo. Que allí habrá altar para Jehová en tier­ra de Egip­to indi­ca que la ado­ración ver­dadera de Jehová será estable­ci­da en medio de esa tier­ra idol­a­tra. Un altar es lev­an­ta­do en el lugar donde son ofre­ci­dos los sac­ri­fi­cios; esa pal­abra podría ser usa­da lit­er­al o metafóri­ca­mente de un altar espir­i­tu­al (Heb 13:10). Noé fue el primero en con­stru­ir un altar a Jehová (Gén 8:20); a él le sigu­ieron Abra­ham, Isaac, y Jacob, quienes con­struyeron altares en la Tier­ra Prometi­da. Moisés con­struyó altares fuera de Palesti­na – en Refidim y en Sinaí. Cuan­do Israel entró a Canaán, fueron a destru­ir todos los altares, las estat­uas y las imá­genes encon­tradas allí (Deut 7:5; 12:3), y no con­stru­ir san­tu­ar­ios locales a Jehová (Deut 12:4). El pueblo iba a traer sus sac­ri­fi­cios y ofren­das solo al lugar donde Jehová reg­is­traría Su nom­bre; solo había altares que iban a ser lev­an­ta­dos (Exo 20:24; Deut 12:5,11,14). Aque­l­los que ofrecieron sac­ri­fi­cios en algún sitio que no fuera la puer­ta del tabernácu­lo de reunión serían cor­ta­dos (Lev 17:8–9). Aparte del altar lev­an­ta­do por Noé y los dos erigi­dos por Moisés, no hay reg­istro de un altar sien­do lev­an­ta­do a Jehová afuera de la tier­ra de Ísrael. Esto clara­mente nos pro­híbe inter­pre­tar el vers 19 como un indi­cador de que un altar lit­er­al será lev­an­ta­do en Egip­to.

Además del “altar” en Egip­to, debe haber mon­u­men­to a Jehová jun­to a su fron­tera. Era legí­ti­mo lev­an­tar mon­u­men­tos como memo­ri­ales pero no como sím­bo­los reli­giosos, porque Dios dijo, “ni te lev­an­tarás estat­ua, lo cual abor­rece Jehová tu Dios” (Deut 16:22). Note que mien­tras que el altar iba a estar en medio de Egip­to, el mon­u­men­to iba a estar en la fron­tera.

20 Y (el mon­u­men­to) será por señal y por tes­ti­mo­nio a Jehová de los ejérci­tos en la tier­ra de Egip­to. El mon­u­men­to es prob­a­ble­mente un memo­r­i­al de la prome­sa de Jehová a Abra­ham, “y serán ben­di­tas en ti todas las naciones de la tier­ra” (Gén 12:3; 22:18). Porque cla­marán a Jehová a causa de sus opre­sores, y él les enviará sal­vador y príncipe que los libre. Egip­to había sido el opre­sor del pueblo de Dios, pero aho­ra Egip­to sería el oprim­i­do, Israel se había lamen­ta­do ante Jehová, y Él les lev­an­tó un lib­er­ta­dor, un sal­vador. Aho­ra Egip­to cla­mará a Jehová, y Él les lev­an­tará un sal­vador y defen­sor. Él (Dios) los librará.

Es ver­dad que entre el tiem­po de Isaías y de la era del Nue­vo Tes­ta­men­to los judíos cier­ta­mente inten­taron lev­an­tar lugares de ado­ración en Egip­to; pero en vista de la pro­hibi­ción referi­da arri­ba, cualquier altar lev­an­ta­do no sería acept­able ante Jehová. Además, es ver­dad que después de la cau­tivi­dad de Babilo­nia y después del tiem­po de Ale­jan­dro de Mace­do­nia, muchos judíos vinieron a Egip­to, estable­cien­do sin­a­gogas por medio de las cuales Egip­to podría apren­der del úni­co Dios ver­dadero, Jehová. Tam­bién es ver­dad que la sep­tu­aguin­ta (la tra­duc­ción del Antiguo Tes­ta­men­to del hebreo al griego) fue pro­duci­da en Ale­jan­dría. Ninguno de estos even­tos, sin embar­go, pare­cen cumplir las pal­abras del pro­fe­ta.

21 El pro­fe­ta con­tin­ua: Y aho­ra será cono­ci­do (“darse a cono­cer por si mis­mo,” al mar­gen) a Egip­to, y los de Egip­to cono­cerán a Jehová en aquel día. Pero Él solo puede ser cono­ci­do por medio de la enseñan­za y de la instruc­ción, porque Isaías dice, “Y todos tus hijos serán enseña­dos por Jehová; y se mul­ti­pli­cará la paz de tus hijos” (54:13). Y harán sac­ri­fi­cio y oblación; y harán votos a Jehová, y los cumplirán. Estas pal­abras indi­can un apego fiel a la vol­un­tad de Jehová y un reconocimien­to de obligación hacia Él. En vez de mirar por un altar y un mon­u­men­to lit­er­al en Egip­to o algu­na obra que los judíos lle­varan a cabo en el peri­o­do entre los pactos, debe­mos inter­pre­tar los vers 19–22 a la luz de las otras enseñan­zas de Isaías. Él ya había habla­do de un tiem­po cuan­do “cor­rerán todas las naciones” al monte espir­i­tu­al de Dios, cuan­do muchas naciones se acer­carán a apren­der de Jehová y de Su camino (2:2–4). Isaías hablo tam­bién del tiem­po cuan­do Jehová lev­an­taría a la raíz de Isaí será un pendón a los pueb­los y a las naciones que lo bus­carán (11:10). Pos­te­ri­or­mente en el libro, Jehová dice, “Yo Jehová te [al sier­vo] he lla­ma­do en jus­ti­cia, y te sos­ten­dré por la mano; te guardaré y te pon­dré por pacto al pueblo, por luz de las naciones” (42:6); y “te di por luz de las naciones, para que seas mi sal­vación has­ta lo postrero de la tier­ra” (49:6). Con­cerniente a Su relación con los extran­jeros red­imi­dos, el Señor dice, “Yo los lle­varé a mi san­to monte, y los recrearé en mi casa de oración; sus holo­caus­tos y sac­ri­fi­cios serán acep­tos sobre mi altar; porque mi casa será lla­ma­da casa de oración para todos los pueb­los” (56:7; ver Mr 11:17). La pro­fecía parece estar bus­can­do su cumplim­ien­to en el Mesías. Esto es con­fir­ma­do en los sigu­ientes ver­sícu­los.

22 En la sal­vación que Dios provee, Él herirá y sanará. En medio del cas­ti­go, que los egip­cios, como todos los otros que son red­imi­dos, exper­i­men­ta­rán (ver Heb 12:4–8), el Señor quitará impurezas y limpiará. Cuan­do ellos cla­men a Jehová en medio de la aflic­ción y del cas­ti­go, Él respon­derá sanán­do­los. No solo el herir y sanar ase­gu­ra a los egip­cios que Jehová es el Dios ver­dadero, trayén­do­los así al arrepen­timien­to, sino que para que el Señor usa tam­bién el cas­ti­go para traer­los de regre­so a Él, ellos deben errar del camino ver­dadero después de que ellos hayan regre­sa­do a Él.

Ado­ración uni­ver­sal de Jehová (vers 23–25)

 

      23 En el peri­o­do gen­er­al que Isaías ha esta­do dis­cutien­do – en aquel tiem­po – habrá tam­bién una calza­da de Egip­to a Asiria, y asirios entrarán en Egip­to, y egip­cios en Asiria. Por sig­los los egip­cios y los asirios habían pasa­do a través de la tier­ra de Israel para el propósi­to de empren­der la guer­ra el uno con­tra el otro. Pero aho­ra el camino a través de Israel será usa­do para un propósi­to difer­ente: y los egip­cios servirán con los asirios a Jehová. El pro­fe­ta ante­ri­or­mente habló de este camino en conex­ión con el rema­nente de Israel que retornaría a Jehová des­de Asiria (11:16). Él aho­ra avan­za un paso más: Asiria y Egip­to via­jarán sobre este camino para poder ado­rar jun­tos, habi­en­do sido rec­on­cil­i­a­dos en una común fe. La rev­elación avan­za otro paso cuan­do Isaías describe al camino como “El Camino de San­ti­dad” para los red­imi­dos (35:8). La cúspi­de de esta glo­ria sin embar­go es alcan­za­da cuan­do, por medio del pro­fe­ta, Jehová dice, “Pasad, pasad por las puer­tas; barred el camino al pueblo; allanad, allanad la calza­da, quitad las piedras, alzad pendón a los pueb­los [plur­al]” (62:10; ver 11:10). El plan de Jehová hac­er más y más claro. La idol­a­tría fra­casa; la ver­dad de Jehová tri­un­fa. El espíritu ani­mal car­nal que ha dom­i­na­do y con­tro­la­do todas las acciones de Asiria y de Egip­to serán traí­das bajo el poder del Espíritu de Dios (ver 11:1–9).

24 En aquel tiem­po Israel será ter­cero con Egip­to y con Asiria – no ter­cero en ran­go, sino uno de tres unido en espíritu y lugar ante Dios – un trío for­man­do un cuer­po espir­i­tu­al, para ben­di­ción en medio de la tier­ra. Israel logrará su ver­dadero des­ti­no al unirse en un cuer­po de ado­radores los destruc­tores y los opre­sores de la tier­ra. Este cuer­po, las naciones e Israel, bajo el Sier­vo serán el ver­dadero Israel de Dios (Gál 6:16). Miqueas, un con­tem­porá­neo de Isaías, describe que el Israel ben­de­ci­do será para el mun­do: “El rema­nente de Jacob será en medio de muchos pueb­los como el rocío de Jehová, como las llu­vias sobre la hier­ba” (5:7), un sus­ten­ta­dor de la vida y una fuerza refres­cante de vida en medio de una tier­ra espir­i­tual­mente seca y ári­da.

25 Esta ben­di­ción es la gra­cia y la obra de Jehová. Con­sidere Su declaración: Porque Jehová de los ejérci­tos los ben­de­cirá dicien­do: Ben­di­to el pueblo mío Egip­to, y el asirio obra de mis manos, e Israel mi heredad. Egip­to es aho­ra lla­ma­do pueblo mío, una expre­sión que en un tiem­po esta­ba reser­va­da para Israel (Deut 7:6), pero puede aho­ra ser usa­do para todos los red­imi­dos de cada nación (1 Ped 2:9). Asiria es lla­ma­da obra de mis manos, porque es Dios quien, La creo según Él ”en la jus­ti­cia y san­ti­dad de la ver­dad” (Ef 4:24); e Israel es lla­ma­do mi heredad, porque en Cristo “tuvi­mos heren­cia” (Ef 1:11) – la heren­cia de Dios, Su heren­cia espir­i­tu­al. ¡Que glo­riosa obra ha for­ja­do Dios al red­imir a Sus ene­mi­gos, trayén­do­los jun­tos a un cuer­po con Su pueblo! Como clara­mente fue visu­al­iza­do por el gran pro­fe­ta de Dios.

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[1]  Zon­der­val Pic­to­r­i­al Enci­clo­pe­dia of the Bible, ed. Mer­rill C. Ten­ney (Grand Rapids: Zon­der­van, 1975), vol. 2, p. 244.

[2]  Zon­der­van Pic­to­r­i­al Enci­clo­pe­dia of the Bible, vol. 1, p. 705.

  • El Peri­o­do Asirio: Con­flic­to y Vic­to­ria (1–39)

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  • Pro­fecías de Juicio en Con­tra de Naciones Indi­vid­uales

(13–23)

La Etiopía bíbli­ca, la antigua tier­ra de Cush, situ­a­da al sur de Egip­to. Se extendió al sur de la inmediación de la primera catara­ta (la mod­er­na Aswan). Si bien man­tenía un área desér­ti­ca grande e indefini­da, su cuer­da de sal­va­men­to se situ­a­ba en una fran­ja fér­til y angos­ta a lo largo del río Nilo. El antiguo país es con fre­cuen­cia rela­ciona­do con Egip­to (ver, por ejem­p­lo, cap 20; 2 Crón 12:3). Los sol­da­dos mer­ce­nar­ios de Etiopía esta­ban en el ejérci­to egip­cio cuan­do Sisak asaltó Jerusalén (2 Crón 12:2–3). Un ejérci­to guia­do por Zera el etiope fue der­ro­ta­do por Asa rey de Judá (2 Crón 14:9–15). Isaías men­ciona a Tirha­ca rey de Etiopía y su esfuer­zo por deten­er a Sena­que­rib en Judá (37:9). La fecha prob­a­ble de los even­tos de este capí­tu­lo es el peri­o­do en que los asirios ame­nazaron a Judá (720–702 A.C.).

Sin duda el capí­tu­lo 16 es el capí­tu­lo más difí­cil encon­tra­do has­ta aquí. ¿De dónde vinieron los emba­jadores, y a quien fueron envi­a­dos? ¿Cuál es el sig­nifi­ca­do de sus seres de ele­va­da estatu­ra y tez bril­lante? ¿Y cuál es el sig­nifi­ca­do de que ellos envían o traen un pre­sente a Jehová? Los comen­taris­tas dan numerosas y vari­adas respues­tas a estas pre­gun­tas.

 

Los Emba­jadores y la Pal­abra del Pro­fe­ta a Ellos (vers 1–3)

 

1 La pal­abra Ay enfo­ca la aten­ción en la dis­tan­cia y en la nat­u­raleza de la nación con­sid­er­a­da. Es la tier­ra que hace som­bra con las alas, el zumbido de las alas, o “oscure­cer con las alas” (al mar­gen); esto es, una tier­ra de insec­tos, sin embar­go no está estable­ci­do si eran las moscas tsé-tsé, la lan­gos­ta, o cualquiera de las otras numerosas posi­bil­i­dades. Ellas prob­a­ble­mente sim­bolizan el numeroso ejérci­to que Etiopía podría mov­i­lizar. Los ríos son sin duda el Nilo Blan­co y el Nilo Azul con sus sub­aflu­entes.

2 Parece claro que los emba­jadores son de Etiopía, pero ¿a quién fueron envi­a­dos estos emba­jadores que via­jaron por el mar, y en naves jun­co sobre las aguas? (las naves de jun­co eran hechas a mano ade­cua­dos para ríos y canales pero no para grandes cuer­pos de agua.) ¿Son envi­a­dos a Jerusalén para inci­tar la rebe­lión categóri­ca en con­tra de Asiria, o para for­mar una alian­za con Judá en con­tra de esa poten­cia (Clements), o por lo menos agi­tar a Judá en algu­na for­ma en con­tra del ene­mi­go común (Leupold); o, como Barnes supone, son envi­a­dos a for­mar una alian­za con los asirios en con­tra de Judá (p. 324)? La teoría de Barnes es muy improb­a­ble ya que Sena­que­rib “oyó decir que Tirha­ca rey de Etiopía había sali­do para hac­er­le guer­ra” (2 Rey 19:9). Otros sug­ieren que estos son men­sajeros envi­a­dos por el rey de Etiopía a sus propias tribus, incitán­do­los a prepararse con­tra la invasión de los asirios (Delitzsch, Rawl­in­son, Young). Young ve en este capí­tu­lo un anun­cio a Etiopía de la der­ro­ta del ejérci­to de Sena­que­rib por Dios. Calvin no está seguro.

La pal­abra Andad es una inter­po­lación, dejan­do la pre­gun­ta abier­ta acer­ca de quien está hablan­do. ¿Son los emba­jadores pidi­en­do ayu­da? ¿O es el pro­fe­ta hablán­doles, instruyén­doles a volver a su casa y a estar qui­etos, porque Dios está alrede­dor para ten­er cuida­do de la situación y no hay necesi­dad de lle­gar a exci­tarse (Barnes, Rawl­in­son)? A la luz de 2 Rey 19:9, esta inter­pretación parece ase­gu­rar que es el mejor sig­nifi­ca­do. El pro­fe­ta dice a los emba­jadores que regre­sen a su pro­pio pueblo alto, de tez bril­lante, cuya his­to­ria de 1000 A.C. al 663 A.C., era una de guer­ras exi­tosas con Egip­to. Los emba­jadores deben regre­sar al pueblo temi­ble des­de su prin­ci­pio y después, gente fuerte y con­quis­ta­do­ra, o a su propia nación “que reparte y pisotea” (al mar­gen). ¿No repar­tió y pisoteó Etiopía, o es ella repar­ti­da y pisotea­da? Ambas son ver­dad. Por algunos cin­co sig­los Etiopía había sido gob­er­na­da por Egip­to, pero a par­tir del 1000 A.C. se había man­tenido inde­pen­di­ente y por algún tiem­po había gob­er­na­do a Egip­to.[1] Era una país cuya tier­ra es sur­ca­da por los ríos – o se “había dev­as­ta­do” (al mar­gen), porque la erosión de los ban­cos del río cier­ta­mente dev­as­taron a Etiopía y enriquecieron a Egip­to mien­tras el limo era lle­va­do cor­ri­ente aba­jo a esa tier­ra.

3 El pro­fe­ta apela aho­ra a todo el mun­do a tomar nota de un suce­so inmi­nente. Como en 11:10,12, el lengua­je es metafóri­co: una ban­dera será lev­an­ta­da en los montes de Judá, y una trompe­ta anun­cia­rá la veni­da del juicio. Vean y oigan los pueb­los de las naciones. Des­de los montes y de las col­i­nas en la tier­ra de Judá Jehová va a actu­ar, y Su acción servirá como un pun­to de reunión para los que Lo ado­ran y una adver­ten­cia de juicio para los que no Lo ado­ran. El lla­ma­do del pro­fe­ta al mun­do intro­duce la pal­abra de Jehová que sigue.

 

Jehová está en el Con­trol (vers 4–6)

 

4 En medio del mun­do avi­va­do y agi­ta­do, Jehová habla por medio del pro­fe­ta, declaran­do Su dominio tran­qui­lo de los acon­tec­imien­tos del mun­do. Él estará qui­eto, al pare­cer indifer­ente, mien­tras Él con­tem­pla des­de Su mora­da celes­tial lo que está acon­te­cien­do. Pero no es así; Él está aten­ta­mente intere­sa­do, Como el claro calor del ver­a­no y el refres­cante rocío de la noche, que madu­ra grad­ual­mente las uvas y el gra­no para la cosecha, el Señor está per­mi­tien­do el tiem­po de juicio para madu­rar.

5 Antes de que los asirios hayan alma­ce­na­do el gra­no de la cosecha de su invasión o que hayan recogi­do jun­tos el botín de su con­quista, con todo, Jehová actu­ará. Antes de la cosecha, cuan­do el fru­to sea per­fec­to, y pasa­da la flor se maduren los fru­tos, entonces podará con podaderas las rami­tas, y cor­tará y quitará las ramas. El pro­fe­ta usa repeti­da­mente la metá­fo­ra de las vides y los viñe­dos, de tal for­ma que la gente entendiera. Cuan­do el tiem­po esté lis­to, Jehová destru­irá por com­ple­to a los ene­mi­gos que ame­nazan el mun­do.

6 Evo­can­do la figu­ra de un viñe­do, el pro­fe­ta describe la destruc­ción de la poten­cia de los asirios por parte de Jehová: será tan com­ple­ta que arma­zones del ejérci­to será comi­da para las aves de los montes y para las bes­tias de la tier­ra. Tan­to las aves como las bes­tias se deleitarán de ellos en el ver­a­no y en el invier­no. Asiria se jac­tó de esta grandeza – que ella tomaría a Jerusalén tan fácil como había toma­do a otras ciu­dades, incluyen­do a Samaria (10:8–11); pero ella había fal­la­do en darse cuen­ta de que esta­ba tratan­do con Jehová y no con un ído­lo. Aho­ra Jehová mane­jará el asun­to de acuer­do a Su vol­un­tad, no a la de los asirios.

 

El Trib­u­to de Etiopía al Señor (vers 7)

 

      7 En el tiem­po de la destruc­ción de Asiria será traí­da ofren­da a Jehová de los ejérci­tos, del pueblo de ele­va­da estatu­ra y tez bril­lante, el pueblo descrito en el ver­sícu­lo 2. Aunque Jehová no nece­si­ta su ayu­da y el pro­fe­ta envía a sus emba­jadores de regre­so a casa, los etíopes serán ate­moriza­dos por el gran poder de Jehová y tan agrade­ci­dos por su lib­eración cuan­do Asiria es destru­i­da a las puer­tas de Jerusalén (37:36–37) que Le enviarán un pre­sente. No hay un reg­istro de que Tirha­ca haya envi­a­do un pre­sente, pero es entera­mente posi­ble. Habría sido traí­do al lugar del nom­bre de Jehová de los ejérci­tos, al monte de Sion. Ante­ri­or­mente, cuan­do el Señor había destru­i­do a Sus ene­mi­gos y había dis­per­sa­do a los pueb­los que se deleita­ban en la guer­ra, David dijo, “Ven­drán príncipes de Egipto;/ Etiopía se apresurará a exten­der sus manos hacia Dios (Sal 68:31). Y hablan­do del tiem­po cuan­do los hom­bres servirán a Jehová con un con­sen­timien­to, un pro­fe­ta dice más tarde, “De la región más allá de los ríos de Etiopía me supli­carán; la hija de mis espar­ci­das traerá mi ofren­da” (Sof 3:10). La destruc­ción de Jehová del mal­va­do y su gra­ciosa benev­o­len­cia para Si mis­mo impre­sion­arán tan­to a aque­l­los de los más remo­tos lugares que traerán sus pre­sentes ante Su trono. La glo­ria, el hon­or y el poder pertenecen a nue­stro Dios, pero la vergüen­za y la destruc­ción ven­drán sobre los que con­fían en sus propias vanidades.

 
 
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[1]  Inter­na­tion­al Stan­dard Bible Enci­clo­pe­dia, ed. James Orr (Chica­go: Howard-Sev­er­ance, 1937), vol. 2, p. 1032.

La car­ta a los Fil­ipens­es es mate­ria digna de un estu­dio cuida­doso y detal­la­do para poder lle­gar a cono­cer los motivos que movieron al após­tol a enviar­les estas enseñan­zas.
Esta car­ta la podemos ver des­de tres per­spec­ti­vas: primero, la del após­tol como un recip­i­ente agrade­ci­do de las dádi­vas de los fil­ipens­es; la segun­da, la de los fil­ipens­es que nos enseñan las car­ac­terís­ti­cas de una igle­sia local con un gra­do de crec­imien­to en conocimien­to, esfuer­zo, obras, fe y temor de Dios, los cuales son dig­nos de ser imi­ta­dos por todo cris­tiano y toda igle­sia local; y la ter­cera, la de Dios, que ve una relación entre cada miem­bro de la igle­sia local y su comu­nión con aque­l­los que se esfuerzan por lle­var el evan­ge­lio a todo el mun­do, ya sea cris­tiano o incré­du­lo.

Esta obra fue real­iza­da con el fin de ser pre­sen­ta­do en for­ma de clases en la igle­sia local y bus­can­do que todos, en con­jun­to, apren­damos de estos ejem­p­los para poder imi­tar­los y ser acep­tos ante los ojos de Dios.

El for­ma­to que se sigue es el de “que­brar” cada pasaje para estu­di­ar la pal­abra o frase que más con­tenido y enseñan­za pre­sen­tan. Es recomend­able estu­di­ar a la par otras obras de con­sul­ta como dic­cionar­ios, léx­i­cos, mapas, libros de his­to­ria bíbli­ca y otros para ampli­ar los comen­tar­ios. Además se dan otras ayu­das como los bosque­jos, pre­gun­tas y pre­senta­ciones para facil­i­tar el estu­dio de la mis­ma.

Es una obligación que cada cris­tiano, ya sea hom­bre o mujer, joven o viejo, pred­i­cador o neó­fi­to se esfuerce en el estu­dio con­stante y escu­d­riñe las Escrit­uras, para lle­gar a ten­er un conocimien­to que nos lleve a un crec­imien­to espir­i­tu­al dig­no de un hijo de Dios, y a la vez ayu­dar al crec­imien­to de la igle­sia local en la cual cada uno es miem­bro.

A los sigu­ientes her­manos que han colab­o­ra­do en esta obra mis más sin­ceras gra­cias: a mi famil­ia, Rubén Rio­jas, Ale­jan­dro Martell, pero sobre todo a Dios por darnos la opor­tu­nidad de ser lla­ma­dos hijos suyos. Con la coop­eración de ellos esta obra está aho­ra en sus manos.

Jorge Mal­don­a­do

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