EL LIBRO DE APOCALIPSIS

 

Capí­tu­lo Dieciséis

 

OBJETIVOS EN EL ESTUDIO DE ESTE CAPÍTULO

 

1) Obser­var que pasa cuan­do son der­ra­madas las siete copas de la ira

 

2) Notar sobre quienes son der­ra­madas las copas, y por qué

 

RESUMEN

 

En este capí­tu­lo es descrito el der­ra­mamien­to total de la ira sobre los ene­mi­gos de Dios. Los siete ánge­les con las siete copas der­ra­man “las siete pla­gas postr­eras” (15:1). Note que estos no son juicios par­ciales, como con las siete trompetas descritas ante­ri­or­mente (caps. 8–11). En el der­ra­mamien­to de estas pla­gas “la ira de Dios se con­suma” (15:1).

 

En las primeras cua­tro copas, la ira de Dios es der­ra­ma­da sobre la tier­ra, el mar, los ríos y las fuentes de las aguas, y el sol. Son afec­ta­dos por estas pla­gas los que tenían la mar­ca de la bes­tia y los que ado­raron su ima­gen. El juicio de Dios sobre ellos es procla­ma­do hon­esto y jus­to, porque ellos han sido cul­pa­dos de der­ra­mar la san­gre de los san­tos y de los pro­fe­tas. Asom­brosa­mente su respues­ta es blas­fe­mar con­tra Dios, y rehusar a arrepen­tirse y dar­le glo­ria (1–9).

 

La quin­ta copa es der­ra­ma­da sobre el trono de la bes­tia y su reino, resul­tan­do en tinieblas. El sufrim­ien­to doloroso del mal­va­do con­tinúa, en tan­to que con­tinúan sus blas­femias y rec­haz­an arrepen­tirse de sus obras (10–11). La sex­ta copa es der­ra­ma­da sobre el río Eufrates, preparan­do el camino a los reyes del ori­ente. Juan vio entonces a tres espíri­tus inmun­dos como ranas salien­do de la boca del dragón, de la bes­tia, y del fal­so pro­fe­ta. Descrito como los espíri­tus de los demo­ni­os, ellos hacen señales y jun­tan a los reyes de la tier­ra al lugar lla­ma­do Armagedón, para la batal­la del gran día de Dios. En este pun­to Jesús habla tan­to de una adver­ten­cia como de una ben­di­ción, porque los que velan y guardan sus ropas serán ben­de­ci­dos, en tan­to que Él viene como un ladrón (12–16).

 

El sép­ti­mo sel­lo es der­ra­ma­do y sal­ió una gran voz del tem­p­lo del cielo, dicien­do, “¡Hecho está!” La declaración es segui­da por relám­pa­gos y voces y truenos, y un gran tem­blor de tier­ra. La gran ciu­dad fue divi­di­da, y las ciu­dades de las naciones cayeron. La gran Babilo­nia vino en memo­ria delante de Dios, y le dio la copa del vino de Su ira. Y toda isla huyó, y los montes no fueron hal­la­dos, y cayeron sobre los hom­bres un enorme grani­zo. Esto últi­mo provocó que los hom­bres blas­fe­maran con­tra Dios (17–21).

 

Los capí­tu­los 17–19 desar­rol­larán el juicio sobre la bes­tia, el fal­so pro­fe­ta, y Babilo­nia, iden­ti­ficán­do­los con más detalle, y descri­bi­en­do su caí­da final. La impor­tan­cia del capí­tu­lo 16 parece ser que el juicio sobre ellos será final y jus­to, ¡porque aún con este der­ra­mamien­to de ira no hay dis­posi­ción por parte de la bes­tia y de aque­l­los que la ado­ran de arrepen­tirse de sus malas obras!

 

BOSQUEJO

 

I. LA PROCLAMACIÓN (1)

 

   A. POR UNA GRAN VOZ DESDE EL TEMPLO (1a)

 

   B. A LOS SIETE ÁNGELES PARA DERRAMAR LAS COPAS DE LA IRA (1b)

 

II. LAS SIETE COPAS DE LA IRA (2–21)

 

    A. LA PRIMERA COPA: ÚLCERA TERRIBLE (2)

1. La copa es der­ra­ma­da sobre la tier­ra

2. Vino una úlcera maligna y pesti­lente sobre los que tenían la

mar­ca de la bes­tia y los que ado­ran su ima­gen

 

B. LA SEGUNDA COPA: EL MAR DE SANGRE (3)

1. La copa es der­ra­ma­da sobre el mar, con­vir­tién­dola en san­gre

como de muer­to

2. Murió todo ser vivo que había en el mar

 

C. LA TERCERA COPA: LOS RÍOS Y LAS FUENTES DE LAS AGUAS DE SANGRE

 (4–7)

1. La copa es der­ra­ma­da sobre los ríos y las fuentes de las aguas,

con­vir­tién­dolas en san­gre

2. El ángel de las aguas declara la jus­ti­cia de Dios

a. Sus juicios son jus­tos

b. Es jus­to porque cae sobre los que der­ra­maron la san­gre de

los san­tos y de los pro­fe­tas

3. Otra voz des­de el altar tam­bién procla­ma los juicios de Dios

como ver­daderos y jus­tos

 

D. LA CUARTA COPA: LOS HOMBRES QUEMADOS (8–9)

1. La copa es der­ra­ma­da sobre el sol, dan­do poder al cuar­to ángel

para que­mar a los hom­bres con fuego

2. Los hom­bres fueron que­ma­dos con gran calor

a. Ellos blas­fe­maron el nom­bre de Dios que tiene poder sobre

estas pla­gas

b. Ellos no se arre­pin­tieron ni dieron glo­ria a Dios

 

E. LA QUINTA COPA: DOLOR Y TINIEBLAS (10–11)

1. La copa es der­ra­ma­da sobre el trono de la bes­tia, su reino se

cubrió de tinieblas

2. Los hom­bres mordieron sus lenguas debido al dolor

a. Blas­fe­maron de Dios

b. No se arre­pin­tieron

 

F. LA SEXTA COPA: LOS REINOS REUNIDOS EN ARMAGEDÓN (12–16)

1. La copa es der­ra­ma­da sobre el gran río Eufrates

a. Es agua que se secó

b. Preparan­do el camino a los reyes del ori­ente

2. Apare­cen tres espíri­tus inmun­dos como ranas

a. Que salen de la boca del dragón, de la bes­tia, y del fal­so

pro­fe­ta

b. Los cuales son espíritu de demo­ni­os, hacien­do señales

c. Que reú­nen a los reyes de la tier­ra para la batal­la de aquel

gran día del Dios Todopoderoso

3. Jesús ofrece tan­to una adver­ten­cia como una ben­di­ción

a. Él va a venir como un ladrón

b. Bien­aven­tu­ra­do el que vela, y guar­da sus ropas, para que no

ande desnudo, y vean su vergüen­za

4. Los espíri­tus inmun­dos jun­tan a los reyes de la tier­ra en el

lugar que se lla­ma Armagedón

 

G. LA SÉPTIMA COPA: EL GRAN TERREMOTO; LA GRAN CIUDAD DIVIDIDA Y

 BABILONIA RECORDADA; EVENTOS CATASTRÓFICOS (17–21)

1. La copa es der­ra­ma­da por el aire

a. Segui­da por una gran voz que salía des­de el tem­p­lo del

cielo, del trono, declaran­do: “¡Hecho está!”

b. Hubo relám­pa­gos y voces y truenos, y un gran tem­blor de

tier­ra cual no lo hubo jamás

2. La gran ciu­dad fue divi­di­da en tres partes, y las ciu­dades de

las naciones cayeron

3. La gran Babilo­nia vino en memo­ria, para dar­le el cál­iz del vino

del ardor de la ira de Dios

4. Ocur­ren grandes even­tos cat­a­stró­fi­cos

a. Toda isla huyó, y los montes no fueron hal­la­dos

b. Cayó del cielo sobre los hom­bres un enorme grani­zo, y ellos

blas­fe­maron con­tra Dios por la pla­ga del grani­zo

 

PREGUNTAS DE REVISIÓN PARA EL CAPÍTULO

 

1) ¿Cuáles son los pun­tos prin­ci­pales de este capí­tu­lo?

- La declaración (1)

- Las siete copas de la ira (2–21)

 

2) ¿Qué dijo una gran des­de el tem­p­lo a los siete ánge­les? (1)

- “Id y der­ra­mad sobre la tier­ra las siete copas de la ira de Dios”

 

3) ¿Sobre qué fue der­ra­ma­da la primera copa? ¿Qué pasó? (2)

- Sobre la tier­ra

- Vino una úlcera maligna y pesti­lente sobre los hom­bres que tenían la

mar­ca de la bes­tia, y que adora­ban su ima­gen

 

4) ¿Sobre qué fue der­ra­ma­da la segun­da copa? ¿Qué pasó? (3)

- Sobre el mar

- Se con­vir­tió en san­gre como de muer­to; murió todo ser vivo que había

en el mar

 

5) ¿Sobre qué fue der­ra­ma­da la ter­cera copa? ¿Qué pasó? (4)

- Sobre los ríos, y sobre las fuentes de las aguas

- Se con­virtieron en san­gre

 

6) ¿Por qué proclamó el ángel de las aguas el juicio de Dios como jus­to?

   (5–6)

- Porque ellos habían der­ra­ma­do la san­gre de los san­tos y de los

Pro­fe­tas

 

7) ¿Sobre qué fue der­ra­ma­da la cuar­ta copa? ¿Qué pasó? (8–9)

- Sobre el sol

- Los hom­bres fueron que­ma­dos con el gran calor

 

8) A pesar de estos juicios, ¿cómo respondieron los hom­bres? (9)

- Ellos blas­fe­maron el nom­bre de Dios, y no se arre­pin­tieron ni dieron

glo­ria a Dios

 

9) ¿Sobre qué fue der­ra­ma­da la quin­ta copa? ¿Qué pasó? (10)

- Sobre el trono de la bes­tia

- Su reino se cubrió de tinieblas, y las gentes mordían de dolor sus

Lenguas

 

10) ¿Qué se dice de nue­vo sobre la respues­ta de estos juicios? (11)

    - Que ellos blas­fe­maron de Dios por sus dolores y por sus úlceras, y

no se arre­pin­tieron de sus obras

 

11) ¿Sobre qué fue der­ra­ma­da la sex­ta copa? ¿Qué pasó?

- Sobre el río Eufrates

- Fue seca­do, para que estu­viese prepara­do el camino a los reyes del

Ori­ente

 

12) ¿Qué vio Juan ensegui­da? (13)

- A tres espíri­tus inmun­dos a man­era de ranas salien­do de la boca del

dragón, de la bes­tia, y del fal­so pro­fe­ta

 

13) ¿Qué son estos, y cual era su mis­ión? (14)

- Espíri­tus de demo­ni­os, hacien­do grandes señales

- Jun­tar a los reyes de la tier­ra para la batal­la de aquel gran día

del Dios Todopoderoso

 

14) ¿Qué adver­ten­cia y bien­aven­tu­ran­za da Jesús en este pun­to? (15)

- Velad, Yo ven­go como un ladrón

- Bien­aven­tu­ra­do el que vela, y guar­da sus ropas, para que no ande

desnudo, y vean su desvergüen­za

 

15) ¿Dónde fueron reunidos los reyes de la tier­ra? (16)

- En el lugar que en hebreo se lla­ma Armagedón

 

16) ¿Sobre que fue der­ra­ma­da la sép­ti­ma copa? ¿Qué pasó? (17)

- Sobre el aire

- Sal­ió una gran voz del tem­p­lo del cielo, del trono, dicien­do:

Hecho está”

 

17) ¿Qué pasó entonces? (18–21)

- Hubo relám­pa­gos y voces y truenos, y un gran tem­blor de tier­ra

- La gran ciu­dad fue divi­di­da en tres partes, y las ciu­dades de las

naciones cayeron

- La gran Babilo­nia vino en memo­ria delante de Dios, para dar­le el

cál­iz del vino del ardor de Su ira

- Toda isla huyó, y los montes no fueron hal­la­dos

- Cayó del cielo sobre los hom­bres un enorme grani­zo

 

18) ¿Cómo respondió la gente a la pla­ga del grani­zo? (21)

- Blas­fe­maron de Dios, porque la pla­ga fue sobre­man­era grande

 

Apoc­alip­sisLec­ción 17. Capí­tu­lo Dieciséis

EL LIBRO DE APOCALIPSIS

 

Capí­tu­lo Quince

 

OBJETIVOS EN EL ESTUDIO DE ESTE CAPÍTULO

 

1) Ver como el esce­nario es estable­ci­do para el der­ra­mamien­to final de la

ira de Dios sobre la bes­tia y sobre los que la siguen

 

2) Notar la esce­na recon­for­t­ante de aque­l­los que son vic­to­riosos sobre la

bes­tia y ado­ran a Dios por Su jus­to juicio

 

RESUMEN

 

Con los prin­ci­pales adver­sar­ios iden­ti­fi­ca­dos (el dragón, la bes­tia del mar, la bes­tia de la tier­ra, y Babilo­nia) y el pueblo de Dios recon­for­t­a­do de la vic­to­ria final (capí­tu­los 12–14), la total man­i­festación de la ira de Dios está a pun­to de ser mostra­da. El capí­tu­lo quince es un “pre­lu­dio” a las siete copas de la ira descritas en el sigu­iente capí­tu­lo.

 

Somos intro­duci­dos a los siete ánge­les que tenían las siete pla­gas en las que la ira de Dios está con­suma­da (1). Antes que a los siete ánge­les se les de sus copas, sin embar­go, Juan ve a los que habían alcan­za­do la vic­to­ria de la bes­tia en pie sobre el mar de vidrio, tenien­do las arpas de Dios. Can­tan­do la can­ción de Moisés y la can­ción del Cordero, oran a Dios por sus juicios jus­tos (2–4). Está esce­na es un recuer­do de la oración de los israeli­tas a Dios por su vic­to­ria sobre los egip­cios después de cruzar el Mar Rojo (ver Exo 14:30–15-21).

 

Los siete ánge­les con las siete pla­gas proce­den del tem­p­lo del tabernácu­lo del tes­ti­mo­nio en el cielo, vesti­dos de un lino limpio y blan­co, y ceñi­dos alrede­dor de los pechos con ban­das de oro. Una de las cua­tro criat­uras vivientes les dio siete copas de oro llenas de la ira de Dios. En ese momen­to el tem­p­lo fue lleno con humo de la glo­ria de Dios y de Su poten­cia, has­ta que fue­sen con­sumadas las siete pla­gas de los siete ánge­les (5–8). Tal vez esta esce­na fue dis­eña­da para dar a cono­cer que el tiem­po de la pacien­cia de Dios esta­ba ter­mi­nan­do, y que el der­ra­mamien­to de Su ira fue el resul­ta­do del total cumplim­ien­to del pacto que Él tuvo con Su pueblo. ¡Dios está ven­gan­do a Sus san­tos!

 

BOSQUEJO

 

I. EL PRELUDIO A LAS SIETE COPAS DE LA IRA (1–4)

 

   A. UNA SEÑAL GRANDE Y ADMIRABLE EN EL CIELO (1–2)

1. Juan ve a siete ánge­les

a. Que tienen las siete pla­gas postr­eras

b. En las que es con­suma­da la ira de Dios

2. Juan ve un mar de vidrio mez­cla­do con fuego, y una gran mul­ti­tud

a. Son los que habían alcan­za­do la vic­to­ria sobre la bes­tia, y

de su ima­gen, y de su señal, y del número de su nom­bre

b. Están de pie sobre el mar de vidrio, con las arpas de Dios

 

B. CANTANDO EL CÁNTICO DE MOISÉS Y DEL CORDERO (3–4)

1. La mul­ti­tud está can­tan­do el cán­ti­co de Moisés, y el cán­ti­co del

Cordero

2. La can­ción que ala­ba al Señor Dios Todopoderoso, Rey de los

San­tos

a. Por Sus grandes y mar­avil­losas obras

b. Por lo jus­to y ver­dadero de Sus caminos

c. Porque Él es dig­no de rev­er­en­cia y glo­ria

d. Porque todas las naciones ven­drán y Lo ado­rarán, por la

man­i­festación de Sus juicios

 

II. LOS SIETE ÁNGELES Y LAS SIETE COPAS DE IRA (5–8)

 

    A. LOS SIETE ÁNGELES (5–6)

1. Es abier­to en el cielo el tem­p­lo del tabernácu­lo del tes­ti­mo­nio

2. Salieron los siete ánge­les que tienen las siete pla­gas

a. Vesti­dos de vino limpio y res­p­lan­de­ciente

b. Ceñi­dos alrede­dor del pecho con cin­tos de oro

 

B. LAS SIETE COPAS DE ORO (7–8)

1. Uno de los cua­tro seres vivientes le dio a los siete ánge­les:

a. Siete copas de oro

b. Llenas de la ira de Dios, que vive por los sig­los de los

sig­los

2. El tem­p­lo se llenó de humo

a. Por la glo­ria de Dios, y por Su poder

b. Nadie podía entrar en el tem­p­lo has­ta que se hubiesen

cumpli­do las siete pla­gas

 

PREGUNTAS DE REVISIÓN DEL CAPÍTULO

 

1) ¿Cuáles son los pun­tos prin­ci­pales de este capí­tu­lo?

- El pre­lu­dio a las siete copas de la ira (1–4)

- Los siete ánge­les y las siete copas de la ira (5–8)

 

2) ¿Qué grande y admirable señal vio Juan en el cielo? (1)

- Siete ánge­les que tienen las siete pla­gas postr­eras, en las que la

ira de Dios se con­suman

 

3) ¿Quiénes esta­ban en pie sobre un mar de vidrio mez­cla­do con fuego?

   ¿Qué esta­ban hacien­do? (2–3)

- Son los que han alcan­za­do la vic­to­ria sobre la bes­tia y su ima­gen, y

su mar­ca y el número de su nom­bre

- Can­tan el cán­ti­co de Moisés y el cán­ti­co del Cordero

 

4) ¿Por qué esta­ban ala­ban­do al Señor Dios Todopoderoso? (3–4)

- Por Sus grandes y mar­avil­losas obras

- Por Sus caminos jus­tos y ver­daderos

- Por Su san­ti­dad

- Por la man­i­festación de Sus juicios

 

5) ¿Qué vio Juan después de estas cosas? (5–6)

- El tem­p­lo del tabernácu­lo del tes­ti­mo­nio abier­to en el cielo

- Salir a los siete ánge­les con las siete pla­gas

 

6) ¿Qué le dio a los siete ánge­les uno de los cua­tro seres vivientes? (7)

- Siete copas de oro llenas de la ira de Dios

 

7) ¿Qué le pasó al tem­p­lo en ese momen­to? (8)

- Se llenó con el humo de la glo­ria de Dios, y por Su poder

- Previnien­do que nadie podía entrar al tem­p­lo has­ta que se hubiesen

cumpli­do las siete pla­gas.

Apoc­alip­sisLec­ción 16. Capí­tu­lo Quince

EL LIBRO DE APOCALIPSIS

 

Capí­tu­lo Catorce

 

OBJETIVOS EN EL ESTUDIO DE ESTE CAPÍTULO

 

1) Exam­i­nar la secuen­cia de las esce­nas descritas en este capí­tu­lo

 

2) Apre­ciar como estas podrían dar con­sue­lo a los cris­tianos del tiem­po

de Juan

 

RESUMEN

 

Ensegui­da de la descrip­ción de la tribu­lación de las bes­tias en el capí­tu­lo ante­ri­or, este capí­tu­lo provee esce­nas que pare­cen dis­eñadas para recon­for­t­ar a los san­tos que per­manecen fieles a Dios.

 

Primero están el Cordero y los 144,000 que tienen el nom­bre del Padre escrito en su frente, en pie sobre el monte de Sion. Canta­ban un cán­ti­co nue­vo delante del trono, de los cua­tro seres vivientes, y de los ancianos, la gran com­pañía está descri­ta como hom­bres vír­genes, red­imi­dos de entre los de la tier­ra como prim­i­cias para Dios y para el Cordero. Ellos siguen al Cordero don­d­e­quiera que Él va, y son sin man­cha delante del trono de Dios (1–5). Yo sug­iero que esto es una descrip­ción de los san­tos tri­un­fantes en el cielo. Tan­to el número como los tér­mi­nos descrip­tivos son sim­bóli­cos, ilus­tran­do las bien­aven­tu­ran­zas prometi­das para aque­l­los que per­se­ver­arán en su fidel­i­dad a Dios.

 

Ensegui­da vienen tres ánge­les y sus procla­ma­ciones. El primer ángel y su procla­mación podría indicar que el evan­ge­lio con­tin­uará sien­do difun­di­do (a pesar de los esfuer­zos del dragón y de las bes­tias). El pueblo deberá entonces temer a Dios y ado­rar­lo (no a Cesar), porque la hora del juicio de Dios ha lle­ga­do (6–7). La procla­mación del segun­do ángel anun­cia la caí­da de Babilo­nia, descri­ta pos­te­ri­or­mente en gran detalle (8). El ter­cer ángel procla­ma el ter­ri­ble juicio y el tor­men­to eter­no que acon­te­cerá a aque­l­los que ado­ran a la bes­tia y a su ima­gen, y reciben su mar­ca (9–11). Las tres procla­ma­ciones son seguidas entonces por una expli­cación  de que la pacien­cia de los san­tos con­siste en guardar los man­damien­tos de Dios y la fe de Jesús, con una voz de los cie­los que le dice a Juan que escri­ba sobre las bien­aven­tu­ran­zas de aque­l­los que mueren en el Señor (12–13).

 

El capí­tu­lo con­cluye con una descrip­ción de las dos mies. La primera mues­tra al Hijo del Hom­bre sobre una nube blan­ca segan­do la mies de la tier­ra (14–16). La segun­da describe a un ángel segan­do las uvas del vino de la tier­ra, las que son entonces echadas en el gran lagar de la ira de Dios, pro­ducien­do un río de san­gre por aprox­i­mada­mente doscien­tas mil­las de largo (17–20). Estas dos cose­chas podrían ser for­mas difer­entes de describir el mis­mo juicio sobre lo que acon­te­cerá a aque­l­los que siguen a la bes­tia, o la primera podría describir lo que Jesús segu­ra­mente segará por Si mis­mo mien­tras que la ira de Dios está sien­do der­ra­ma­da sobre Sus ene­mi­gos. No creo tam­poco que rep­re­sen­ta lo que ocur­rirá cuan­do Jesús ven­ga al en el fin del tiem­po (sin embar­go ellos podrían cier­ta­mente vis­lum­brar ese gran even­to). En lugar de eso, como las visiones angel­i­cales ellos recon­for­t­aron a los cris­tianos del tiem­po de Juan que la hora del juicio de Dios iba a venir rápi­do sobre sus ene­mi­gos (en este caso, sobre el impe­rio romano).

 

BOSQUEJO

 

I. LOS 144,000 SOBRE EL MONTE DE SION (1–5)

 

   A. EN PIE CON EL CORDERO (1)

1. 144,000 jun­tos con el Cordero sobre el Monte de Sion

2. Con el nom­bre del Padre escrito en su frente

 

B. CANTANDO UN CÁNTICO NUEVO (2–3)

1. Juan oyó una voz del cielo

a. Como la voz de muchas aguas

b. Como el sonido de un gran trueno

2. Juan oyó el sonido de los arpis­tas tocan­do sus arpas

3. Los 144,000 canta­ban un cán­ti­co nue­vo

a. Delante del trono, de los cua­tro seres vivientes y de los

ancianos

b. El cual nadie podría apren­der excep­to los 144,000 red­imi­dos

de la tier­ra

 

C. UNA DESCRIPCIÓN MÁS COMPLETA (4–5)

1. Son vír­genes, que no se con­t­a­m­i­naron con mujeres

2. Son los que siguen al Cordero don­d­e­quiera que Él va

3. Fueron red­imi­dos de entre los hom­bres, las prim­i­cias para Dios y

para el Cordero

4. Están sin man­cha delante del trono de Dios, sin men­ti­ra en sus

bocas

 

II. TRES DECLARACIONES ANGELICALES (6–13)

 

    A. SU PRIMERA PROCLAMACIÓN (6–7)

1. Por un ángel volan­do en medio del cielo, tenien­do el evan­ge­lio

eter­no

a. Predicar a los que moran en la tier­ra

b. A toda nación, tribu, lengua y pueblo

2. Dicien­do a gran voz…

a. “Temed a Dios, y dadle glo­ria, porque la hora de Su juicio

ha lle­ga­do”

b. “Ado­rad a Aquel que hizo el cielo y la tier­ra, el mar y las

fuentes de las aguas”

 

B. LA SEGUNDA DECLARACIÓN (8)

1. Por otro ángel que sigu­ió al primero

2. Dicien­do…

a. “Ha caí­do, ha caí­do Babilo­nia, la gran ciu­dad”

b. “Porque ha hecho beber a todas las naciones del vino del

furor de su for­ni­cación”

 

C. LA TERCERA DECLARACIÓN (9–11)

1. Por un ter­cer ángel que sigu­ió a los primeros dos

2. Dicien­do con una gran voz…

a. “Si alguno ado­ra a la bes­tia y a su ima­gen, y recibe la

mar­ca en su frente o en su mano…”

b. “Él tam­bién beberá de la ira de Dios, que ha sido vaci­a­do

puro en el cál­iz de su ira”

c. “Él será ator­men­ta­do con fuego y azufre…”

1) “Delante de los san­tos ánge­les y del Cordero”

2) “El humo de su tor­men­to sube por los sig­los de los

sig­los”

3) “No tienen reposo de día ni de noche”

– “Los que ado­ran a la bes­tia y a su ima­gen, ni nadie que

reci­ba la mar­ca de su nom­bre”

 

D. UNA PALABRA DE SABIDURÍA Y UNA BIENAVENTURANZA (12–13)

1. Aquí está la pacien­cia de los san­tos: Los que guardan…

a. Los man­damien­tos de Dios

b. La fe de Jesús

2. Una voz de los cie­los que le decía:

a. “Escribe: Bien­aven­tu­ra­dos de aquí en ade­lante los muer­tos

que mueren en el Señor.”

b. “Si, dice el Espíritu, des­cansarán de sus tra­ba­jos, porque

sus obras con ellos siguen.”

 

III. LAS DOS COSECHAS (14–20)

 

     A. LA SIEGA DE LA MIES DE LA TIERRA (14–16)

1. El Hijo del Hom­bre sen­ta­do sobre una nube blan­ca

a. Con una coro­na de oro en Su cabeza

b. Y una hoz agu­da en Su mano

2. Y un ángel sal­ió del tem­p­lo, cla­man­do a gran voz…

a. “Mete tu hoz, y sie­ga”

b. “Porque la hora de segar ha lle­ga­do, pues la mies de la

tier­ra está madu­ra”

3. El que esta­ba sen­ta­do sobre la nube metió Su hoz en la tier­ra,

y la tier­ra fue sega­da

 

B. LA SIEGA DE LAS UVAS DE LA IRA (17–20)

1. Sal­ió otro ángel del tem­p­lo que está en el cielo, tenien­do

tam­bién una hoz agu­da

2. Y sal­ió del altar otro ángel, que tenía poder sobre el fuego,

y llamó a gran voz al que tenía la hoz agu­da dicien­do…

a. “Mete tu hoz agu­da, y vendimia los raci­mos de la tier­ra”

b. “Porque sus uvas están maduras”

3. Y el ángel…

a. Arro­jó su hoz en la tier­ra

b. Vendim­ió la viña de la tier­ra

c. Echó las uvas en el gran lagar de la ira de Dios

4. Fue pisa­do el lagar fuera de la ciu­dad

a. Sal­ió san­gre del lagar

b. Has­ta los frenos de los cabal­los, por 1600 esta­dios

 

PREGUNTAS DE REVISIÓN DEL CAPÍTULO

 

1) ¿Cuáles son los pun­tos prin­ci­pales de este capí­tu­lo?

- Los 144,000 sobre el monte de Sion (1–5)

- Las tres procla­ma­ciones angel­i­cales (6–13)

- Las dos mieses (14–20)

 

2) ¿Qué vio Juan de pie sobre el monte de Sión? (1)

- El Cordero y a 144,000 con el nom­bre de Su Padre en su frente

 

3) ¿Qué oyó Juan? (2)

- Una voz del cielo como estru­en­do de muchas aguas, y como sonido de

un gran trueno.

- El sonido de arpis­tas que toca­ban sus arpas

 

4) ¿Qué canta­ban los 144,000, y donde canta­ban?

- Un nue­vo cán­ti­co

- Delante del trono, de los cua­tro seres vivientes y de los ancianos

 

5) ¿Quiénes podían apren­der el cán­ti­co? (3)

- Solo los 144,000 que fueron red­imi­dos de entre los de la tier­ra

 

6) ¿Cómo son descritos los 144,000? (4–5)

- Ellos no se con­t­a­m­i­naron con mujeres, en este caso, eran vír­genes

- Ellos son los que siguen al Cordero don­d­e­quiera que Él va

- Ellos fueron red­imi­dos de entre los hom­bres como prim­i­cias para Dios

y para el Cordero

- En sus bocas no fue hal­la­da men­ti­ra, pues son sin man­cha delante del

trono de Dios

 

7) ¿Qué tenía el primero de los tres ánge­les? ¿Qué dijo? (6–7)

- El evan­ge­lio eter­no para predi­car­lo a los moradores de la tier­ra

- Temed a Dios, y dadle glo­ria, porque la hora de Su juicio ha

lle­ga­do; Adóren­lo

 

8) ¿Qué dijo el segun­do ángel? (8)

- Ha caí­do Babilo­nia, la gran ciu­dad, porque ha hecho beber a todas

las naciones del vino del furor de su for­ni­cación

 

9) ¿Qué dijo el ter­cer ángel? (9–11)

- Si alguno ado­ra a la bes­tia y a su ima­gen, y recibe la mar­ca en su

frente o en su mano, él tam­bién beberá del vino de la ira de Dios,

que ha sido vaci­a­do puro en el cál­iz de Su ira; y será ator­men­ta­do

con fuego y azufre delante de los san­tos ánge­les y del Cordero

 

10) ¿Qué dice Juan que es la pacien­cia de los san­tos? (12)

- Los que guardan los man­damien­tos de Dios y la de Jesús

 

11) ¿Qué dijo una voz des­de el cielo? ¿Qué dijo el Espíritu? (13)

- “Escribe: ‘bien­aven­tu­ra­dos de aquí en ade­lante los muer­tos que

mueren en el Señor.’”

- “Si, dice el Espíritu, des­cansarán de sus tra­ba­jos, porque sus

obras con ellos siguen.”

 

12) En la primera de las dos mies, ¿quién era el segador y que esta­ba

    segan­do? (14–16)

- Uno seme­jante al Hijo del Hom­bre sen­ta­do en una nube blan­ca, con

una coro­na de oro en Su cabeza y una hoz agu­da en Su mano

- La tier­ra

 

13) En la segun­da mies, ¿quién era el segador y que esta­ba segan­do?

    (17–18)

- Un ángel del tem­p­lo que está en el cielo

- Las uvas de la tier­ra

 

14) ¿Qué esta­ba hacien­da con las uvas? ¿Qué esta­ba pro­ducien­do? (19–20)

- Esta­ba vendimian­do la viña de la tier­ra, y echó las uvas en el gran

lagar de la ira de Dios

- Fue pisa­do el lagar fuera de la ciu­dad, y del lagar sal­ió san­gre

has­ta los frenos de los cabal­los, por mil sei­scien­tos esta­dios

 

Apoc­alip­sisLec­ción 15. Capí­tu­lo Catorce

EL LIBRO DE APOCALIPSIS

 

Capí­tu­lo Trece

 

OBJETIVOS EN EL ESTUDIO DE ESTE CAPÍTULO

 

1) Notar las dos “bes­tias” que Satán usaría en hac­er la guer­ra con­tra los

San­tos

 

2) Ofre­cer una expli­cación con­sis­tente con el con­tex­to en el que fue

escrito Apoc­alip­sis en lo que se refiere a la iden­ti­fi­cación de las

dos bes­tias

 

RESUMEN

 

Este capí­tu­lo rev­ela a dos rep­re­sen­tantes del dragón (Satanás) que usaría en la real­ización de su guer­ra con­tra el pueblo de Dios.

 

La primera es la bes­tia del mar. Descri­ta por Juan como tenien­do siete cabezas y diez cuer­nos, había diez diade­mas sobre sus cabezas y sobre sus cabezas un nom­bre blas­femo. La bes­tia era como un leop­ar­do, con pies como de oso y una boca como de león. Una de las cabezas de la bes­tia apare­ció con una heri­da mor­tal, pero fue sana­da. El dragón dio su poder a esta bes­tia, su trono, y gran autori­dad, y todo el mun­do se mar­avil­ló y adoró a la bes­tia. Se le dio una boca que habla­ba grandes cosas y blas­femias con­tra Dios, de Su nom­bre, de Su tabernácu­lo, y de los que moran en el cielo, a la bes­tia tam­bién se le fue dado hac­er guer­ra con­tra los san­tos por cuarenta y dos meses. Todos los moradores de la tier­ra la ado­raron, excep­to aque­l­los cuyos nom­bres esta­ban escritos en el libro de la vida del Cordero. Con esta descrip­ción de la bes­tia y de sus activi­dades, Juan da una pal­abra de pre­cau­ción a los san­tos (1–10).

 

Juan vio entonces a la bes­tia de la tier­ra, la cual tenía dos cuer­nos seme­jantes a los de un cordero y que habla­ba como un dragón. Con la mis­ma autori­dad como la primera bes­tia, esta segun­da bes­tia hace que la tier­ra y los moradores de ella adoren a la primera bes­tia hacién­doles grandes señales. Les dice que hagan una ima­gen a la primera bes­tia, y se le per­mite dar poder para hac­er que la ima­gen hable e hiciese matar a todo el que no la ado­rase. Esta segun­da bes­tia tam­bién hace que todos reciban una mar­ca en su mano derecha o en sus frentes, sin la cual ellos no podían com­prar o vender. Juan agre­ga entonces una pal­abra de sabiduría, en la cual les dice a aque­l­los con entendimien­to que cal­culen el número de la bes­tia, el cual es un número de hom­bre: 666 (11–18).

 

La iden­ti­dad de la primera bes­tia del mar se hace más clara cuan­do lleg­amos al capí­tu­lo diecisi­ete. Estoy de acuer­do con aque­l­los que dicen que esta bes­tia del mar es el Impe­rio Romano, espe­cial­mente como es per­son­ifi­ca­do en sus emper­adores perseguidores. La bes­tia de la tier­ra podría rep­re­sen­tar el Con­cilio Romano, una del­e­gación que esta­ba estable­ci­da en Asia Menor en donde las siete igle­sias esta­ban local­izadas para hac­er cumplir la ado­ración al emper­ador en el tiem­po en que fue dado el Apoc­alip­sis (Sum­mers).

 

El sig­nifi­ca­do del 666 no debería ser deses­ti­ma­do, mien­tras Juan ani­ma a aque­l­los con entendimien­to a cal­cu­lar el número.

Por des­gra­cia, a través de muchas for­mas inge­niosas y capri­chosas las per­sonas han surgi­do con el número para rep­re­sen­tar­lo jus­to sobre cualquiera (por ejem­p­lo, Nerón, el Papa, Hitler). Man­te­nien­do a la vista el con­tex­to del Apoc­alip­sis y su tiem­po, el número 666 podría referirse a “Lateinos” (que en el griego puede ser cal­cu­la­do a 555); y a su vez apun­ta al gob­ier­no Latín o del impe­rio Romano (SCAF, His­to­ry Of The Chris­t­ian Church, Vol. 1, pág. 177). Toma­do más sim­bóli­ca­mente, el número podría sim­ple­mente sig­nificar el mal ele­va­do a su más alto poder (Hai­ley, Sum­mers) como fue el caso en emper­adores como Nerón y Domi­ciano.

 

BOSQUEJO

 

I. LA BESTIA DEL MAR (1–10)

 

   A. LA BESTIA DESCRITA (1 -3a)

1. Vista por Juan como subi­en­do del mar

2. Tenía siete cabezas, diez cuer­nos, con diez coro­nas en sus

Cuer­nos

3. Como un leop­ar­do con los pies como de un oso y una boca como la

de un león

4. El dragón le dio su poder, trono, y gran autori­dad

5. Una de sus cabezas fue mor­tal­mente heri­da, pero sanó

 

B. LA ACTIVIDAD INVOLUCRADA CON LA BESTIA (3b-8)

1. Todo el mun­do se mar­avil­ló y sigu­ió a la bes­tia

a. Ado­ran­do al dragón que le dio la autori­dad a la bes­tia

b. Ado­ran­do a la bes­tia debido a su aparente inven­ci­bil­i­dad

2. Lo que se le dio a la bes­tia

a. Una boca que habla grandes cosas y blas­femias

b. Autori­dad para seguir (hac­er la guer­ra) por cuarenta y dos

meses

3. Con esta autori­dad:

a. Blas­femó con­tra Dios, de Su nom­bre, de Su tabernácu­lo, y de

los que moran en el cielo

b. Se le per­mi­tió hac­er la guer­ra con­tra los san­tos y vencer­los

c. Se le fue dada autori­dad sobre toda tribu, lengua, y nación

d. Todos los moradores de la tier­ra lo ado­rarían, cuyos nom­bres

no esta­ban escritos en el libro de la vida del Cordero

 

C. UNA NOTA DE PRECAUCIÓN (9–10)

1. Si alguno tiene oído, oiga

2. Si alguno lle­va en cau­tivi­dad, va en cau­tivi­dad; si alguno mata

a espa­da, a espa­da debe ser muer­to

3. Aquí está la pacien­cia y la fe de los san­tos

 

II. LA BESTIA DE LA TIERRA (11–18)

 

    A. ESTA BESTIA DESCRITA (11)

1. Vista por Juan como subi­en­do de la tier­ra

2. Con dos cuer­nos como un cordero, pero hablan­do como un dragón

 

B. LA ACTIVIDAD DE ESTA BESTIA (12–17)

1. Ejerce toda la autori­dad de la primera bes­tia en pres­en­cia de

ella

2. Ella hace que la tier­ra y los que habi­tan en ella adoren a la

primera bes­tia

a. Lle­van­do a cabo grandes señales, hacien­da aun descen­der

fuego del cielo

b. Engañan­do al mun­do por medio de las señales

3. Le dice al mun­do que haga una ima­gen de la primera bes­tia

a. A la que se le dio poder para dar alien­to

b. De tal for­ma que la ima­gen podría tan­to hablar como matar a

los que no la ado­rasen

4. Hacía que todos reci­bier­an una mar­ca en la mano derecha o en su

frente

a. Sin la cual nadie podría com­prar o vender

b. La cual es el número de la bes­tia, o el número de su nom­bre

 

C. UNA NOTA DE SABIDURIA (18)

1. El que tiene entendimien­to, cuente el número de la bes­tia

2. Pues es el número de hom­bre: Su número es 666

 

PREGUNTAS DE REVISIÓN PARA EL CAPÍTULO

 

1) ¿Cuál es el pun­to prin­ci­pal de este capí­tu­lo?

- La bes­tia del mar (1–10)

- La bes­tia de la tier­ra (11–18)

 

2) ¿Qué car­ac­terís­ti­cas físi­cas de la bes­tia del mar son men­cionadas por

   Juan? (1–3)

- Tenía siete cabezas, diez cuer­nos en los cuales están diez diade­mas

- En sus cabezas un nom­bre blas­femo

- Como un leop­ar­do, con pies como un oso y una boca como un león

- Una de las cabezas con una heri­da mor­tal que había sido sana­da

 

3) ¿Qué le dio el dragón a la bes­tia del mar? (2)

- Su poder, su trono, y gran autori­dad

 

4) ¿Cómo respondió el mun­do a la bes­tia del mar? (3–4)

- Se mar­avil­laron y sigu­ieron a la bes­tia

- Ado­raron a la bes­tia

 

5) ¿Qué más se le dio a la bes­tia del mar? (5)

- Una boca que habla­ba grandes cosas y blas­femias

- Autori­dad para con­tin­uar (hac­er la guer­ra por cuarenta y dos meses)

 

6) Cuán­do abrió su boca, ¿qué blas­femó la bes­tia? (6)

- El nom­bre de Dios, Su tabernácu­lo, y los que habi­tan en el cielo

 

7) ¿Qué se le per­mi­tió a la bes­tia del mar? (7)

- Hac­er la guer­ra a los san­tos y vencer­los

- Autori­dad sobre toda tribu, lengua y nación

 

8) ¿Quién adoró a esta bes­tia del mar? (8)

- A todos los que moran en la tier­ra, con excep­ción de aque­l­los cuyos

nom­bres están escritos en el libro de la vida del Cordero

 

9) ¿Qué nota de pre­cau­ción es dada en este pun­to? (9–10)

- Si alguno tiene oído, oiga

- Si alguno lle­va en cau­tivi­dad, va en cau­tivi­dad

- Si alguno mata a espa­da, a espa­da debe ser muer­to

- Aquí está la pacien­cia y la fe de los san­tos

 

10) ¿Cuáles son las car­ac­terís­ti­cas físi­cas de la bes­tia de la tier­ra?

    (11)

- Tenía dos cuer­nos como un cordero, y habla­ba como un dragón

 

11) ¿Qué hizo la bes­tia de la tier­ra? (12–14)

- Ejer­ció toda la autori­dad de la primera bes­tia en su pres­en­cia

- Causó que la tier­ra y los moradores de ella ado­raran a la primera

bes­tia

- Real­izó grandes señales, aun hizo que descendiera fuego del cielo

- Engañó a los moradores de la tier­ra por las señales, dicién­doles

que hagan una ima­gen de la primera bes­tia

 

12) ¿Qué se le per­mi­tió a la bes­tia de la tier­ra? (15)

- Poder para dar alien­to a la ima­gen de la primera bes­tia

- Así que la ima­gen podría tan­to hablar como causar que aque­l­los que

no la ado­raran fuer­an asesina­dos

 

13) ¿Qué requir­ió la bes­tia de la tier­ra de todos los que la reci­bieron?

    ¿Por qué? (16–17)

- Una mar­ca en su mano derecha o en su frente

- Así que nadie podría com­prar o vender a menos que tuvier­an la mar­ca

o el hom­bre de la bes­tia, o el número de su nom­bre

 

14) ¿Qué nota de sabiduría es dada en este pun­to? (18)

- El que tiene entendimien­to, cuente el número de la bes­tia

- Es el número de hom­bre; su número es 666

Apoc­alip­sisLec­ción 14. Capí­tu­lo Trece

EL LIBRO DE APOCALIPSIS

 

Capí­tu­lo Doce

 

OBJETIVOS EN EL ESTUDIO DE ESTE CAPÍTULO

 

1) Notar la fuerza dom­i­nante atrás de la per­se­cu­ción que esta­ba por venir

sobre los cris­tianos prim­i­tivos

 

2) Apre­ciar por qué la per­se­cu­ción de la igle­sia prim­i­ti­va fue tan

inten­sa

 

RESUMEN

 

Con este capí­tu­lo podemos apren­der que Satanás fue la fuerza dom­i­nante detrás de la per­se­cu­ción que esta­ba por venir sobre el pueblo de Dios.

 

Hemos dicho de su inten­to fal­li­do para evi­tar el nacimien­to del niño y que tome Su jus­to lugar de autori­dad como gob­er­nador de las naciones (1-6). Un esfuer­zo de usurpar esa autori­dad empren­di­en­do la guer­ra en el cielo es frustra­da, resul­tan­do en que el Dia­blo y sus ánge­les son arro­ja­dos a la tier­ra. Eso impul­sa una gran voz en el cielo para procla­mar que la sal­vación, la for­t­aleza, el reino de Dios y el poder de Su Cristo ha venido. Debido a que el acu­sador (en este caso, el Dia­blo), ha sido abati­do, aque­l­los en el cielo que vencieron por la san­gre de Jesús, podrían rego­ci­jarse. Pero el ay es procla­ma­do a aque­l­los que están en la tier­ra, porque aho­ra el Dia­blo ha sido arro­ja­do a ellos y él sabe que su tiem­po es cor­to (7-12). Al prin­ci­pio el esfuer­zo del dragón es dirigi­do hacia la mujer que dio a luz al niño. Sin embar­go, a ella se le ha dado alas para volar a su lugar en el desier­to donde ella es sus­ten­ta­da por un tiem­po, tiem­pos y medio tiem­po (1260 días, ver ver­sícu­lo 6). Aun la tier­ra ayudó a la mujer, enfure­cien­do así al dragón el cual fue a hac­er la guer­ra con el resto de la descen­den­cia de ella, iden­ti­fi­ca­dos como aque­l­los que guardan los man­damien­tos de Dios y tienen el tes­ti­mo­nio de Jesu­cristo (13-17).

 

Mien­tras que las iden­ti­dades del niño y del dragón son bas­tante evi­dentes, ¿quién es la mujer y el resto de su descen­den­cia? Sug­iero que la mujer rep­re­sen­ta el espíritu de fidel­i­dad de la comu­nidad mesiáni­ca de Dios (tal vez mejor ejem­pli­fi­ca­do por María) que man­tu­vo el pacto con Dios. Lla­ma­da “la hija de Sion” en la pro­fecía (ver Miq 4:10; 5:2; Isa 66:7), ella pro­du­jo no solo a Cristo, sino tam­bién a Sus dis­cípu­los (su descen­den­cia, 12:17). Como el tem­p­lo de Dios rep­re­sen­ta el espíritu inte­ri­or de la igle­sia que no puede ser daña­da (ver 11:1), el espíritu de fidel­i­dad no puede ser destru­i­do por Satanás. Pero tal como la ciu­dad san­ta al ser hol­la­da por cuarenta y dos meses rep­re­senta­ba la per­se­cu­ción exte­ri­or de la igle­sia (ver 11:2), así el Dia­blo perseguiría a la descen­den­cia de la mujer, en este caso, a los dis­cípu­los que esta­ban aun en la tier­ra.

 

Entonces el capí­tu­lo rev­ela por qué esta­ba por venir un peri­o­do de gran tribu­lación sobre los cris­tianos (ver 2:10). Satanás esta­ba frustra­do por ser der­ro­ta­do en cada ocasión. Arro­ja­do a la tier­ra, él inten­taría destru­ir a los dis­cípu­los de Jesús. Los instru­men­tos que usaría son intro­duci­dos en el sigu­iente capí­tu­lo.

 

 

BOSQUEJO

 

I. LA MUJER, EL NIÑO, Y EL DRAGÓN (1–6)

 

   A. LA MUJER ENCINTA (1–2)

1. Una gran señal apare­ció en el cielo, en la cual la mujer está

vesti­da:

a. Con el sol

b. Con la luna deba­jo de sus pies

c. Una coro­na de doce estrel­las sobre su cabeza

2. Estando enc­in­ta, clam­a­ba con dolores de par­to

 

B. EL DRAGÓN LISTO PARA DEVORAR AL NIÑO (3–4)

1. Otra gran señal apare­ció en el cielo: Un gran dragón escar­la­ta

a. Con siete cabezas, diez cuer­nos, siete diade­mas sobre las

cabezas

b. Con su cola arras­tra­ba la ter­cera parte de las estrel­las del

cielo, y las arro­ja­ba a la tier­ra

2. Se paró frente a la mujer, lis­to para devo­rar al niño tan pron­to

Naciera

 

C. LA VICTORIA DEL NIÑO Y DE LA MUJER (5–6)

1. Nace el niño

a. El cual regiría a todas las naciones con vara de hier­ro

b. El cual fue arrebata­do para Dios y para Su trono

2. La mujer huyó al desier­to

a. Donde tenía un lugar prepara­do por Dios

b. Donde es sus­ten­ta­da por 1260 días

 

II. SATANÁS ES ARROJADO DEL CIELO (7–12)

 

    A. UNA GUERRA EN EL CIELO (7–9)

1. Entre Miguel y sus ánge­les, y el dragón y sus ánge­les

2. El dragón y sus ánge­les no prevalecieron

a. No se hal­ló lugar para ellos en el cielo

b. El dragón y sus ánge­les fueron arro­ja­dos a la tier­ra

c. El dragón iden­ti­fi­ca­do

1) La ser­pi­ente antigua, que se lla­ma dia­blo y Satanás

2) La cual engaña al mun­do entero

 

B. UNA GRAN VOZ EN EL CIELO (10–12)

1. Procla­man­do la vic­to­ria para Cristo y Sus her­manos

a. Ha venido la sal­vación, el poder, y el reino de nue­stro

Dios, y la autori­dad de Su Cristo

1) Porque ha sido lan­za­do fuera el acu­sador de nue­stros

Her­manos

2) El que los acus­a­ba delante de nue­stro Dios día y noche

b. Como fue que los her­manos lograron vencer al acu­sador:

1) Por medio de la san­gre del Cordero

2) Por la pal­abra del tes­ti­mo­nio de ellos

3) Ellos menos­pre­cia­ron su vida has­ta la muerte

2. Un lla­ma­do a ale­grarse jun­to con una adver­ten­cia

a. Rego­ci­jarse por aque­l­los que están en el cielo

b. Por los moradores de la tier­ra y del mar

1) Porque el Dia­blo ha descen­di­do a ellos con gran ira

2) Sabi­en­do que tiene poco tiem­po

 

III. EL INTENTO FALLIDO DE PERSEGUIR A LA MUJER (13–17)

 

     A. EL INTENTO DEL DRAGÓN DE PERSEGUIR A LA MUJER (13–16)

1. Al ser arro­ja­do a la tier­ra, él per­sigu­ió a la mujer que había

dado a luz un hijo varón

2. Pero a la mujer se le dieron las dos alas de la gran águila

a. Para que ella pudiera volar al desier­to, a su lugar

b. Donde es sus­ten­ta­da por un tiem­po, y tiem­pos, y la mitad de

un tiem­po

c. A sal­vo de la pres­en­cia de la ser­pi­ente

3. La ser­pi­ente arro­jó agua de su boca como un río tras la mujer

a. Esperan­do que fuera arrastra­da por el río

b. Pero la tier­ra ayudó a la mujer abrien­do su boca y tra­gan­do

el río que el dragón había echa­do

 

B. EL INTENTO DEL DRAGÓN DE PERSEGUIR A SU DESCENDENCIA (17)

1. Lleno de ira con­tra la mujer que no pudo alcan­zar, el dragón

se fue a hac­er guer­ra con­tra el resto de su descen­den­cia

2. El resto de su descen­den­cia iden­ti­fi­ca­da:

a. Los que guardan los man­damien­tos de Dios

b. Los que tienen el tes­ti­mo­nio de Jesu­cristo

 

PREGUNTAS DE REVISIÓN PARA EL CAPÍTULO

 

1) ¿Cuáles son los prin­ci­pales pun­tos de este capí­tu­lo?

- La mujer, el niño, y el dragón (1–6)

- Satanás arro­ja­do del cielo (7–12)

- El inten­to fal­li­do de perseguir a la mujer (13–17)

 

2) ¿Qué gran señal apare­ció en el cielo? (1–2)

- Una mujer vesti­da del sol, con la luna bajo sus pies, y sobre su

cabeza una coro­na de doce estrel­las

- Estando enc­in­ta, clam­a­ba con dolores de par­to en la angus­tia del

alum­bramien­to

 

3) ¿Qué otra señal apare­ció en el cielo? (3–4)

- Un gran dragón escar­la­ta, con siete cabezas, diez cuer­nos, y siete

diade­mas en sus cabezas

- Cuya cola arras­tra­ba la ter­cera parte de las estrel­las del cielo y

las arro­jó sobre la tier­ra

- El cual se paró frente a la mujer, lis­to para devo­rar a su hijo tan

pron­to como naciera

 

4) ¿Qué niño nació? ¿Qué le pasó al niño? (5)

- Un niño que regirá con vara de hier­ro a todas las naciones

- Fue arrebata­do para Dios y para Su trono

 

5) ¿Qué le pasó a la mujer? (6)

- Ella huyó al desier­to, donde tiene lugar prepara­do por Dios

- Fue sus­ten­ta­da por 1260 días

 

6) ¿Qué pasó en el cielo? ¿Quién no prevale­ció? (7–8)

- Hubo una gran batal­la entre Miguel y sus ánge­les y el dragón y sus

Ánge­les

- El dragón y sus ánge­les

 

7) ¿Quién era el dragón? ¿Qué se hizo con él y sus ánge­les? (9)

- La ser­pi­ente antigua, que se lla­ma dia­blo y Satanás, el cual engaña

al mun­do entero

- Fueron arro­ja­dos del cielo

 

8) ¿Qué proclamó una gran voz en el cielo sobre Cristo y sobre el dragón?

   (10)

- Aho­ra ha venido la sal­vación, el poder, y el reino de nue­stro Dios,

y la autori­dad de Su Cristo

- El acu­sador de nue­stros her­manos, el que los acus­a­ba delante de

nue­stro Dios día y noche

 

9) ¿Cómo vencieron los her­manos al dragón? (11)

- Por medio de la san­gre del Cordero

- Por la pal­abra de su tes­ti­mo­nio

- Porque menos­pre­cia­ron sus vidas has­ta la muerte

 

10) ¿Qué decían aque­l­los que habi­tan en el cielo? (12)

- Ale­graos

 

11) ¿Por qué fue procla­ma­do un ay a los moradores de la tier­ra y del mar?

    (12)

- Porque el dia­blo con gran ira ha descen­di­do sobre ellos

- Porque él sabe que tiene poco tiem­po

 

12) Al ser arro­ja­do a la tier­ra, ¿a quién per­sigu­ió el dragón ensegui­da?

    (13)

- A la mujer que había dado a luz al niño

 

13) ¿Qué le fue dado a la mujer? ¿Por qué? (14)

- Las alas de la gran águila

- Para volar de delante de la ser­pi­ente al desier­to, a su lugar

 

14) ¿Cuán­to tiem­po fue sus­ten­ta­da? (14)

- Por un tiem­po, y tiem­pos, y la mitad de un tiem­po

 

15) ¿Cómo inten­tó la ser­pi­ente perseguir a la mujer? ¿Quién le ayudó a

    ella? (15–16)

- Arro­jan­do de su boca, tras la mujer, agua como un río, para que

fuese arrastra­da por el río

- La tier­ra, al abrir su boca y tra­gar el río

 

16) Lleno de ira por su inca­paci­dad para perseguir a la mujer, ¿con­tra

    quién fue el dragón a hac­er la guer­ra? (17)

- Con­tra el resto de su descen­den­cia

- Con­tra aque­l­los que guardan los man­damien­tos de Dios y tienen el

tes­ti­mo­nio de Jesu­cristo

Apoc­alip­sisLec­ción 13. Capí­tu­lo Doce

EL LIBRO DE APOCALIPSIS

 

Capí­tu­lo Once

 

OBJETIVOS EN EL ESTUDIO DE ESTE CAPÍTULO

 

1) Exam­i­nar las visiones restantes en el inter­lu­dio entre el sonido de la

sex­ta y sép­ti­ma trompetas, y qué pasa cuan­do se toca la sép­ti­ma

trompe­ta

 

2) Ofre­cer expli­ca­ciones en relación al sig­nifi­ca­do de estas visiones y

resumir lo que hemos vis­to en la primera mitad del libro de

Apoc­alip­sis

 

RESUMEN

 

Tan pron­to con­tinúa el inter­lu­dio entre la sex­ta y sép­ti­ma trompe­ta, son vis­tas dos visiones más. La primera involu­cra al mis­mo Juan mien­tras le es dada una caña y se le dijo medir el tem­p­lo de Dios, el altar, y a los que ado­ran en él. Se le instruyó, sin embar­go, no medir el patio que está afuera del tem­p­lo, porque ha sido dado a los gen­tiles loa cuales hol­larán la ciu­dad san­ta por cuarenta y dos meses (1–2). Esta visión podría ilus­trar que a pesar que la igle­sia sufriría gran per­se­cu­ción, y pareciera ser pisotea­da del exte­ri­or, su espíritu inte­ri­or no sería daña­do.

 

Entonces se pre­sen­ta la visión de los dos tes­ti­gos, la cual cae en tres sec­ciones. Con poder pro­fe­ti­zan 1260 días, vesti­dos de cili­cio. Iden­ti­fi­ca­dos como los árboles de dos olivos y los dos can­deleros delante del trono de Dios, tienen el poder de devo­rar con el fuego de sus bocas a aque­l­los que desean dañar­los. Tienen tam­bién el poder de deten­er la llu­via durante los días de su pro­fecía, con­ver­tir el agua en san­gre, y  herir la tier­ra con pla­gas (3–6). Pero cuan­do su tes­ti­mo­nio esté com­ple­to, la bes­tia que sube del abis­mo hará guer­ra con­tra ellos y los matará. Por tres días y medio sus cuer­pos estarán en la plaza de la gran ciu­dad que es lla­ma­da espir­i­tual­mente Sodoma y Egip­to (donde Jesús fue cru­ci­fi­ca­do). Aque­l­los que no han sido ator­men­ta­dos por los dos pro­fe­tas se rego­ci­jarán, se ale­grarán e inter­cam­biarán rega­los (7–10). Sin embar­go, después de tres días y medio serían lev­an­ta­dos para vivir y ascen­der a los cie­los, trayen­do gran temor sobre aque­l­los que los vieron. En la mis­ma hora ocur­riría un gran ter­re­mo­to en la cual una déci­ma parte de la ciu­dad caería y 7000 hom­bres murieron. El resto se ate­morizaron y dieron glo­ria a Dios (11–13).

 

Los dos tes­ti­gos son cier­ta­mente un recuer­do de Moisés y de Elías, pero no creo que ellos auguren a dos per­sonas lit­erales. En lugar de eso, rep­re­sen­tan los tes­ti­gos de la igle­sia, sig­nif­i­can­do con el número dos la for­t­aleza de su tes­ti­mo­nio (en este caso, “dos o más tes­ti­gos”). Como es sug­eri­do por Hai­ley, el primer peri­o­do podría ser la era apos­tóli­ca durante la cual el tes­ti­mo­nio no podría ser destru­i­do. Cuan­do su tes­ti­mo­nio esté com­ple­to, habrá un tiem­po de per­se­cu­ción por parte de “la bes­tia” y por aque­l­los de “la gran ciu­dad” (los cuales serán iden­ti­fi­ca­dos más tarde). Final­mente, sin embar­go, los tes­ti­gos (en este caso, la igle­sia) sal­drán vic­to­riosos, sim­boliza­do por su res­ur­rec­ción y ascen­sión al cielo.

 

El inter­lu­dio final­izó, es tiem­po para el ter­cer ay, y la trompe­ta final. En cuan­to el sép­ti­mo ángel tocó la trompe­ta, grandes voces en el cielo decían “Los reinos del mun­do han venido a ser de nue­stro Señor y de Su cristo, y Él reinará por los sig­los de los sig­los” Los vein­tic­u­a­tro ancianos pos­traron entonces sus ros­tros y ado­raron a Dios, dán­dole gra­cias por haber toma­do Su gran poder y reina­do. En tan­to que las naciones esta­ban airadas, Su ira viene. Así tiene el tiem­po de juz­gar a los muer­tos, para dar galardón a Sus sier­vos los pro­fe­tas y a los san­tos, y para la destruc­ción de aque­l­los que destruyen la tier­ra. Entonces el tem­p­lo de Dios fue abier­to en el cielo, con el arca del pacto en el tem­p­lo, acom­paña­do por relám­pa­gos, voces, truenos, un ter­re­mo­to y grande grani­zo (15–19).

 

Con la sép­ti­ma trompe­ta alcan­zamos el pun­to cul­mi­nante de la primera mitad del Apoc­alip­sis, en el cual ha sido mostra­do una vista gen­er­al del con­flic­to. En tér­mi­nos gen­erales, el con­flic­to entre el Cordero y Sus ene­mi­gos ha sido descrito, sin men­cionar real­mente quienes son aque­l­los ene­mi­gos. ¡Lo que ha sido acen­tu­a­do es que la ira de Dios y de Su cordero está por venir! Por medio de las visiones de los siete sel­l­os y de las siete trompetas apren­demos del arse­nal en la dis­posi­ción de Dios: La con­quista mil­i­tar, la guer­ra civ­il, el ham­bre, la pesti­len­cia, las calami­dades nat­u­rales, la deca­den­cia inter­na y moral, la invasión exter­na. Así como Dios usó tales instru­men­tos en Su tra­to con las naciones en el Antiguo Tes­ta­men­to, así Su Hijo usaría Su poder para reinar sobre las naciones con una vara de hier­ro (ver 1:5; 2:27; 3:21).

 

Hemos vis­to tam­bién visiones dis­eñadas para con­so­lar a los san­tos que están sien­do oprim­i­dos por sus ene­mi­gos. Dios ha toma­do nota de su sufrim­ien­to, y en tan­to que la per­se­cu­ción podría ser su des­ti­no tem­po­ral­mente, ¡la vic­to­ria será final­mente de ellos! Aun aque­l­los que sufren la muerte en manos de sus ene­mi­gos se les prometió la sal­vación y la ben­di­ción de estar en la pres­en­cia y al cuida­do del Señor. Pero nada puede deten­er total­mente su tes­ti­mo­nio, ¡y nada puede deten­er a Dios de la ver­dad rela­ciona­da a Su pacto con ellos!

 

BOSQUEJO

 

I. LA MEDICIÓN DEL TEMPLO DE DIOS (1–2)

 

   A. EL MANDAMIENTO DE MEDIR EL TEMPLO Y A SUS OCUPANTES (1)

1. A Juan le fue dada una caña seme­jante a una vara de medir

2. Se le dijo que midiera el tem­p­lo de Dios, el altar, y a los que

ado­ran allí

 

B. EL MANDAMIENTO DE NO MEDIR EL PATIO QUE ESTÁ FUERA DEL TEMPLO (2)

1. Se le dijo no medir el patio que está fuera del tem­p­lo

2. Porque ha sido dado a los gen­tiles, y ellos hol­larán la ciu­dad

san­ta por cuarenta y dos meses

 

II. LOS DOS TESTIGOS (3–14)

 

    A. PROFETIZANDO POR 1260 DÍAS (3–6)

1. A los dos tes­ti­gos se les dio el poder de pro­fe­ti­zar, vesti­dos

de cili­cio

2. Iden­ti­fi­ca­dos como los dos olivos y los dos can­deleros que

per­manecen delante de Dios

3. Aque­l­los que inten­tan dañar­los son devo­ra­dos por el fuego de

sus bocas

4. Tienen poder:

a. Para cer­rar el cielo y que no caiga llu­via en los días de su

pro­fecía

b. Para con­ver­tir el agua en san­gre

c. Para herir la tier­ra con pla­gas como ellos lo deseen

 

B. MATARON Y MURIERON POR TRES DÍAS Y MEDIO (7–10)

1. Su tes­ti­mo­nio ter­minó, la bes­tia los matará

a. La bes­tia que sube del abis­mo

b. La cual hará la guer­ra con­tra ellos, y los vencerá

2. Sus cadáveres estarán en la plaza de grande ciu­dad

a. Espir­i­tual­mente lla­ma­da Sodoma y Egip­to

b. Donde fue cru­ci­fi­ca­do nue­stro Señor

3. Los pueb­los, tribus, lenguas y naciones que moran en la tier­ra

a. Verán sus cuer­pos tres días y medio

b. No se les per­mi­tirá que sean sepul­ta­dos

c. Se rego­ci­jarán sobre ellos, se ale­grarán, e inter­cam­biarán

rega­los, porque los dos pro­fe­tas habían ator­men­ta­do a

aque­l­los que habi­tan en la tier­ra

 

C. LEVANTADOS Y ASCENDIDOS A LOS CIELOS (11–14)

1. Después de tres días y medio, el espíritu de vida envi­a­do por

Dios entró en ellos

2. Se lev­an­taron sobre sus pies, y cayó gran temor sobre los que

los vieron

3. Una gran voz del cielo les dijo “Subid acá”

4. Ellos subieron al cielo en una nube mien­tras sus ene­mi­gos los

Veían

5. En esa mis­ma hora hubo un ter­re­mo­to

a. Una déci­ma parte de la ciu­dad se der­rum­bó

b. Siete mil hom­bres murieron

c. El resto se ate­morizó y dieron glo­ria al Dios del cielo

6. El segun­do ay pasó; el ter­cer ay viene pron­to

 

III. LA SÉPTIMA TROMPETA: EL REINO PROCLAMADO (15–19)

 

     A. LA VICTORIA PROCLAMADA (15)

1. El sép­ti­mo ángel tocó su trompe­ta y hubo grandes voces en el

Cielo

2. Que decían: “Los reinos del mun­do han venido a ser de nue­stro

     Señor y de Su Cristo; y Él reinará por los sig­los de los

     sig­los”

 

     B. LOS VEINTICUATRO ANCIANOS ADORAN A DIOS (16–18)

1. Los ancianos pos­traron sus ros­tros y ado­raron a Dios

2. Dan­do gra­cias al Señor Dios Todopoderoso, El que es, y que era

y que ha de venir

3. Porque Él ha toma­do Su gran poder, y ha reina­do

4. Las naciones esta­ban airadas, y su ira ha venido

5. El tiem­po ha lle­ga­do

a. De juz­gar a los muer­tos

b. De dar galardón a Sus sier­vos los pro­fe­tas, a los san­tos, y

a los que tienen Su nom­bre

c. En que Él destru­irá a los que destruyen la tier­ra

 

C. EL TEMPLO DE DIOS ABIERTO EN LA TIERRA (19)

1. El tem­p­lo de Dios fue abier­to en el cielo, y el arca de Su

pacto fue vis­to en Su tem­p­lo

2. Hubo relám­pa­gos, voces, truenos, un ter­re­mo­to y grande grani­zo

 

PREGUNTAS DE REVISIÓN PARA EL CAPÍTULO

 

1) ¿Cuáles son los pun­tos prin­ci­pales de este capí­tu­lo?

- La medición del tem­p­lo de Dios (1–2)

- Los dos tes­ti­gos (3–14)

- La sép­ti­ma trompe­ta: el reino procla­ma­do (15–19)

 

2) ¿Qué le fue dado a Juan y que le dijo que midiera? (1)

- Una caña seme­jante a una vara de medir; el tem­p­lo de Dios, el altar,

y a los que ado­ran en él

 

3) ¿Qué se le dijo que dejara aparte? ¿Por qué? (2)

- El patio que está fuera del tem­p­lo

- Ha sido entre­ga­do a los gen­tiles, y ellos hol­larían la ciu­dad san­ta

cuarenta y dos meses

 

4) ¿Qué iban a hac­er los dos tes­ti­gos? (3)

- Pro­fe­ti­zar por 1260 días, vesti­dos de sili­cio

 

5) ¿Cómo son iden­ti­fi­ca­dos? (4)

- Como los dos olivos y los dos can­deleros que están en pie delante de

Dios

 

6) ¿Qué les pasa a aque­l­los que inten­tan dañar­los durante este tiem­po de

   pro­fecía? (5)

- Son devo­ra­dos por el fuego de sus bocas

 

7) ¿Qué poder tienen estos dos tes­ti­gos? (6)

- Cer­rar el cielo, a fin de que no llue­va en los días de su pro­fecía

- Con­ver­tir el agua en san­gre

- Herir la tier­ra con toda pla­ga, cuan­tas veces quier­an

 

8) ¿Qué pasará cuan­do ellos ter­mi­nen su tes­ti­mo­nio? (7)

- La bes­tia que sube del abis­mo hará guer­ra con­tra ellos, y los

vencerá y los matará

 

9) ¿Dónde yac­erán sus cadáveres? (8)

- En la plaza de la grande ciu­dad espir­i­tual­mente lla­ma­da Sodoma y

Egip­to, donde Jesús fue cru­ci­fi­ca­do

 

10) ¿Qué tan­to tiem­po verán las gentes sus cadáveres?

- Tres y medio días

 

11) ¿Cómo reac­cionarán los de la tier­ra a sus muertes? ¿Por qué?

- Se rego­ci­jarán, se ale­grarán, y se enviarán rega­los

- Porque los dos pro­fe­tas los han ator­men­ta­do

 

12) ¿Qué pasó a los tes­ti­gos después de los tres días y medio? (11–12)

- El espíritu de vida entró en ellos, y se lev­an­taron sobre sus pies

- Una gran voz del cielo los llamó a subir y subieron a los cie­los en

una nube

 

13) ¿Qué pasó en esa mis­ma hora? (13)

- Un gran ter­re­mo­to, en el que una déci­ma parte de la ciu­dad se

der­rum­bó y siete mil hom­bres murieron

- El resto se ater­ror­izó y dieron glo­ria a Dios

 

14) ¿Qué se oyó cuan­do el sép­ti­mo ángel sonó su trompe­ta? (15)

- Grandes voces en el cielo, que decían: “Los reinos del cielo han

venido a ser de nue­stro Señor y de Su Cristo; y Él reinará por los

sig­los de los sig­los”

 

15) ¿Qué hicieron los vein­tic­u­a­tro ancianos? (16)

- Pos­traron sus ros­tros y ado­raron a Dios

 

16) ¿Por qué dieron gra­cias? (17)

- El Señor Dios Todopoderoso ha toma­do Su gran poder y ha reina­do

 

17) Mien­tras se expresa­ban en su oración, ¿qué vino? (18)

- Su ira

- El tiem­po de juz­gar a los muer­tos

- En el que Él da galardón a Sus Sier­vos los pro­fe­tas y a los san­tos

- En el que Él destruye a los que destruyen la tier­ra

 

18) ¿Qué fue abier­to en el cielo, y qué fue vis­to en Él? (19)

- El tem­p­lo de Dios; el arca del pacto

 

19) ¿Qué sigu­ió entonces? (19)

- Relám­pa­gos, voces, truenos, un ter­re­mo­to y grande grani­zo

Apoc­alip­sisLec­ción 12. Capí­tu­lo Once

OBJETIVOS EN EL ESTUDIO DE ESTE CAPÍTULO
1) Exam­i­nar la primera visión en el inter­va­lo entre el sonido de la sex­ta y el de la sép­ti­ma trompe­ta
2) Ofre­cer una expli­cación en relación al sig­nifi­ca­do de esta visión
RESUMEN
Así como se pre­sen­tó un inter­va­lo entre el sex­to y el sép­ti­mo sel­lo que incluyó dos visiones dis­eñadas para con­so­lar a los san­tos, así tam­bién encon­tramos un inter­va­lo entre la sex­ta y la sép­ti­ma trompe­ta con tres visiones que ten­drían un efec­to sim­i­lar. El capí­tu­lo diez con­tiene la primera visión en este segun­do inter­va­lo, en el cual Juan describe a un ángel poderoso bajan­do del cielo y apoyan­do su pie dere­cho en el mar y su pie izquier­do en la tier­ra. Dig­no de notarse en par­tic­u­lar es un lib­ri­to en la mano del ángel. Cuan­do el ángel clamó con voz como de león, siete truenos emi­tieron sus voces, pero Juan es detenido por una voz des­de los cie­los para escribir las cosas que los truenos emitían. En este momen­to el ángel fuerte juró por Dios que el tiem­po no sería más, porque cuan­do el sép­ti­mo ángel tocará su trompe­ta el mis­te­rio de Dios se ter­mi­naría, así como Dios lo declaró a Sus sier­vos los pro­fe­tas (1–7). Entonces la voz del cielo le dijo a Juan que tomara el libro de la mano del ángel. Mien­tras lo hizo así, el ángel le dijo que comiera el libro, con una adver­ten­cia de que mien­tras la comiera sería dulce como miel en su boca, y se haría amar­ga en su estó­ma­go. Cuan­do Juan comió el libro, se le dijo que él debería pro­fe­ti­zar de nue­vo sobre muchos pueb­los, naciones, lenguas y reyes (8–11). El sig­nifi­ca­do de com­er el libro es bas­tante claro, porque sim­boliza que Juan dom­i­na el con­tenido del men­saje (ver Ezeq 2:1–3:11). De acuer­do a su con­tenido, podría pertenecer a las pro­fecías de los capí­tu­los 12–22, los cuales cier­ta­mente con­tienen pro­fecías de pueb­los, de naciones, de reyes, etc. En cuan­do al sonido de la sép­ti­ma trompe­ta podría indicar el mis­te­rio de Dios que fue ter­mi­na­do como fue declar­a­do a los pro­fe­tas del Antiguo Tes­ta­men­to (ver “Mis sier­vos los pro­fe­tas”, Zac 1:6), Juan se ampli­aría sobre la rev­elación de ese mis­te­rio al reg­is­trar lo que sería vis­to empezan­do en el capí­tu­lo 12. La impor­tan­cia de los siete truenos podría per­manecer para siem­pre como un enig­ma. Sum­mers cree que a Juan le fue pro­hibido reg­is­trar sus declara­ciones debido a que no podrían ya ser retrasadas y el tiem­po para la adver­ten­cia esta­ba enci­ma. Hai­ley sug­iere que podría indicar que Dios tiene en Su arse­nal de juicios armas no rev­e­ladas a ser usa­dos a Su dis­cre­ción, y que el hom­bre no puede cono­cer todos los designios de Dios. Esta visión parece dis­eña­da para dejar la impre­sión en Juan de que con el sonido de la sép­ti­ma trompe­ta su tra­ba­jo acabaría. En ver­dad, en los capí­tu­los 12–22 ver­e­mos un acer­camien­to más cer­cano al con­flic­to.
BOSQUEJO
I. EL ÁNGEL FUERTE CON EL LIBRITO (1–7)
A. EL ÁNGEL, EL LIBRO, Y LOS SIETE TRUENOS (1–4)
      1. Juan describe a otro ángel fuerte descen­di­en­do del cielo
           a. Envuel­to en una nube
           b. Con un arco iris en su cabeza
           c. Su cara como el sol
          d. Sus pies como colum­nas de fuego
          e. Un lib­ri­to en su mano
          f. Su pie dere­cho en el mar, su pie izquier­do en la tier­ra
         g. El cual clamó a gran voz, como cuan­do ruge un león
     2. Cuan­do el ángel clamó, siete truenos emi­tieron sus voces
        a. Juan se preparó a escribir lo que él oyó
        b. Pero una voz del cielo lo instruyó a sel­l­ar las cosas emi­ti­das por los siete truenos, y a no escribir­las
B. EL ÁNGEL Y SU JURAMENTO (5–7)
     1. Juan ve al ángel lev­an­tar su mano al cielo
     2. El ángel jura por Dios que el tiem­po no sería más
        a. Porque en los días en que toque la trompe­ta el sép­ti­mo ángel, el mis­te­rio de Dios será con­suma­do
        b. Como Dios lo declaró a Sus sier­vos los pro­fe­tas
II. JUAN COME EL LIBRITO (8–11)
A. JUAN ES INSTRUIDO A COMER EL LIBRO (8–9)
     1. La mis­ma voz del cielo que lo instruyó a tomar el libro de la mano del ángel
     2. Le dijo que comiera el libro, el cual sería dulce como miel en su boca, pero sería amar­go en su estó­ma­go
B. JUAN COME EL LIBRO (10–11)
     1. Al tomar­lo de la mano del ángel, él lo come
     2. Era dulce como la miel en su boca, pero se volvió amar­go en su Estó­ma­go
     3. Le dijo: “Es nece­sario que pro­fet­ices otra vez sobre muchos pueb­los, naciones, lenguas y reyes.”
PREGUNTAS DE REVISIÓN PARA EL CAPÍTULO
1) ¿Cuáles son los pun­tos prin­ci­pales de este capí­tu­lo?
- El ángel fuerte con el lib­ri­to (1–7)
- Juan come el lib­ri­to (8–11)
2) ¿Cómo describe Juan al ángel fuerte que desciende del cielo? (1–2)
- Envuel­to en una nube
- Un arco iris en su cabeza
- Su cara como el sol
- Sus pies como colum­nas de fuego
- Un lib­ri­to en su mano
- Su pie dere­cho en el mar, su pie izquier­do en la tier­ra
- El cual clamó a gran voz, como cuan­do ruge un león
3) Cuan­do el ángel clamó, ¿qué pasó? (3)
- Siete truenos emi­tieron sus voces
4) ¿Qué iba a empezar a hac­er Juan? ¿Qué se le dijo? (4)
- A escribir lo que él oyó
- Sel­l­ar y no escribir lo que los siete truenos emi­tieron
5) ¿Qué hizo el ángel fuerte juran­do por Dios? (5–7)
- Que el tiem­po no sería más
- Que en los días de la voz del sép­ti­mo ángel, el mis­te­rio de Dios se con­sumaría, así como Dios lo declaró a Sus sier­vos los pro­fe­tas
6) ¿Qué se le dijo entonces a Juan que hiciera?
- Que tomara el libro del ángel fuerte
7) ¿Qué se le dijo que hiciera con el libro? ¿Qué hizo él con el libro? (9–10)
- Que comiera el libro
- Él comió el libro, el cual fue dulce como la miel en su boca, pero amar­go en su estó­ma­go
8) ¿Qué se le dijo entonces? (11)
- Que él debía pro­fe­ti­zar otra vez sobre muchos pueb­los, naciones, lenguas y reyes

En la mitología grie­ga hay el cuen­to de un cazador lla­ma­do Nar­ciso que era afama­do por su belleza.  Nar­ciso era muy orgul­loso, tan­to que des­deña­ba a aque­l­los que lo ama­ban.  Había una joven bel­la que lo ama­ba pro­fun­da­mente y él la des­pre­ció.  Para cas­ti­gar­lo, la diosa de la ven­gan­za lo atra­jo a una pisci­na donde podía ver su pro­pio refle­jo.  Él se quedó sor­pren­di­do por la belleza de su refle­jo, y no dis­cernió que su refle­jo era sólo una ima­gen y se enam­oró de ella.  No pudio dejar la belleza de su refle­jo y se quedó fijo en ese lugar admi­ran­do su propia belleza.  Con el tiem­po des­cubrió que no podía ten­er el obje­to de su deseo y murió de tris­teza.  El cuen­to de Nar­ciso es el ori­gen del tér­mi­no nar­ci­sis­mo, una fijación con sí mis­mo.

El nom­bre del míti­co Nar­ciso es usa­do para cap­turar el atrib­u­to de la per­son­al­i­dad del nar­ci­sis­mo.  El trastorno nar­ci­sista de la per­son­al­i­dad se car­ac­ter­i­za fun­da­men­tal­mente por un estar com­ple­ta­mente enfo­ca­do en sí mis­mo, con una acti­tud en la que se enfa­ti­za la auto impor­tan­cia, el cul­to a sí mis­mo.  Se tra­ta de per­sonas con grandes deseos de orig­i­nal­i­dad, que viv­en pen­di­entes de man­ten­er y ofre­cer a los demás una ima­gen irre­al e ide­al­iza­da de sí mis­mos con el fin de fasci­narles y obten­er su admiración.  Todo lo que a ellos se refiere está fuera de lo común, y has­ta cuan­do hablan de sus prob­le­mas pre­tenden que éstos son “espe­ciales”.  Es una con­tin­ua necesi­dad de sor­pren­der a otros para lograr fasci­narles.

Cuan­do están solos, se escapan a un mun­do de fan­tasía en el cual todo son tri­un­fos, éxi­tos y glo­ria, vivien­do ple­na­mente a través de la imag­i­nación estas situa­ciones, como un modo com­pen­sato­rio de lle­var a cabo los deseos que la vida real no es capaz de sat­is­fac­er­les.  Sue­len ser per­sonas con una gran ten­den­cia a com­para­rse con los demás y son muy envidiosas.  Les molestan los tri­un­fos ajenos como si éstos deslu­ciesen su ima­gen, difi­cul­tan­do el poder ejercer su fasci­nación sobre los otros.

Exager­an ante los demás los logros y hon­ores que han obtenido en los diver­sos cam­pos, inten­tan­do de este modo rodearse de un halo de genial­i­dad que despier­ta la admiración de quienes les rodean.  Esto es muy car­ac­terís­ti­co, ya que nece­si­tan ser con­stan­te­mente admi­ra­dos, para de este modo reafir­mar la ima­gen ide­al­iza­da que tienen de sí mis­mos.  Por esto, están siem­pre muy pen­di­entes de las apari­en­cias, de su ima­gen, de la impre­sión que cau­san en los otros y de las opin­iones que los demás expre­san de ellos.

Per­sonas con altos nive­les de nar­ci­sis­mo – nar­ci­sis­tas – pien­san que son mejor que otros en posi­ción social, bue­na apari­en­cia, inteligen­cia y cre­ativi­dad.  Sin embar­go, no lo son.  Medi­dos obje­ti­va­mente, son igual que todos los demás.  No obstante, los nar­ci­sis­tas se ven a sí mis­mos como fun­da­men­tal­mente supe­ri­or – espe­cial, inti­t­u­la­dos, y úni­cos.

Según un libro tit­u­la­do “La Epi­demia del Nar­ci­sis­mo,” escrito por dos psicól­o­gos, ha habido un ince­sante aumen­to del trastorno men­tal del nar­ci­sis­mo en nues­tra cul­tura.  Según ellos, este país está sufrien­do una epi­demia del nar­ci­sis­mo.  El dic­cionario define una epi­demia como una aflic­ción “que afec­ta a… un número despro­por­cionada­mente grande de indi­vid­u­os den­tro de una población” y el nar­ci­sis­mo más que enca­ja esa defini­ción.

En datos de 37,000 estu­di­antes uni­ver­si­tar­ios, los atrib­u­tos de la per­son­al­i­dad nar­ci­sista se elevó tan rápi­do como la obesi­dad des­de el perío­do de 1980 has­ta hoy, con el cam­bio espe­cial­mente pro­nun­ci­a­do en las mujeres.  El aumen­to del nar­ci­sis­mo se está aceleran­do, con el número aumen­tan­do más ráp­i­da­mente en año 2000 que los años ante­ri­ores.  Para el año 2006, 1 de cada 4 estu­di­antes de la uni­ver­si­dad con­cord­a­ban con la may­oría de las clasi­fi­ca­ciones de una medi­da están­dar de los atrib­u­tos nar­ci­sis­tas.

El Trastorno Nar­ci­sista de la Per­son­al­i­dad (TNP), la más grave ver­sión, clíni­ca­mente diag­nos­ti­ca­da de la car­ac­terís­ti­ca, tam­bién es más común de lo que se pens­a­ba.  Casi 1 de cada 10 per­sonas en los vientes, y 1 de 16 de todas las edades, han exper­i­men­ta­do los sín­tomas del TNP.  Aun estos números impac­tantes son sólo la pun­ta del tém­pano; escon­di­do deba­jo está la cul­tura nar­ci­sista que ha atraí­do a muchos más.  La epi­demia nar­ci­sista se ha exten­di­do a la cul­tura en lo entero, afectan­do tan­to per­sonas nar­ci­sis­tas como per­sonas menos egocén­tri­c­as.

Según la inves­ti­gación de los autores, todo comen­zó con el esfuer­zo para desar­rol­lar la autoes­ti­ma de algunos.  Aunque todo comen­zó con bue­nas inten­ciones, aho­ra se ha ido al otro extremo.  Muchos han sido seduci­dos por el cre­ciente énfa­sis en la riqueza mate­r­i­al, el aspec­to físi­co, cul­to a las cele­bri­dades, y búsque­da de aten­ción.

Aho­ra el autoes­ti­ma es con­sid­er­a­do la “mar­avil­losa dro­ga nacional,” como que el amor pro­pio es la solu­ción a todos los prob­le­mas del áni­mo decaí­do.  La frase, “No puedes amar a otros si no te amas a ti mis­mo” se ha hecho una expre­sión de moda.  Desafor­tu­nada­mente, las bue­nas inten­ciones detrás de la admiración propia resultó con­trapro­du­cente y aho­ra muchos están crian­do una gen­eración de amadores de sí mis­mos egoís­tas, ensimis­ma­dos y mal­cri­a­dos que creen que tienen más dere­chos que los demás, que se ven a sí mis­mos como el don más grande de Dios a la humanidad.

Las San­tas Escrit­uras nos han adver­tido por los sig­los que los seres humanos se apartarían de los val­ores de Dios y estable­cerían sus pro­pios val­ores.  Según el Espíritu de Dios esos días serían peli­grosos, Tam­bién debes saber que en los últi­mos días ven­drán tiem­pos peli­grosos.  Porque los hom­bres serán amadores de sí mis­mos, avaros, jac­tan­ciosos, sober­bios…”  (2 Tim­o­teo 3:1–2).

Hoy en día hay pocos val­ores más fer­oz­mente cel­e­bra­dos que la impor­tan­cia de la auto-admiración.  La cul­tura de hoy es impul­sa­da no sólo por la cod­i­cia, pero sobre todo por el amor a sí mis­mo.  La tele­visión fes­te­ja las estrel­las mal­cri­adas.  La cirugía plás­ti­ca ha descen­di­do de la alta sociedad al ado­les­cente común, que quiere pare­cerse a las estrel­las de Hol­ly­wood.  Una can­ción pop­u­lar declara, sin aparente sar­cas­mo, “!Creo que el mun­do debe girar alrede­dor de mí!”  Per­sonas com­pran casas osten­tosas con prés­ta­mos más allá de su capaci­dad de pagar.

El foco de la cul­tura en la auto-admiración ha cau­sa­do una fuga de la real­i­dad al mun­do de fan­tasía grandiosa.  Ten­emos ricos fal­sos (con hipote­cas de puro interés y mon­tones de deu­da), la belleza fal­sa (con la cirugía plás­ti­ca y pro­ced­imien­tos cos­méti­cos), atle­tas fal­sos (con sus­tan­cias dopantes), cele­bri­dades fal­sas (a través de pro­gra­mas de real­i­dad en la tele y YouTube), estu­di­antes genios fal­sos (con una inflación de gra­dos), una economía nacional fal­sa (con 16 tril­lones de dólares de deu­da públi­ca), sen­timien­tos fal­sos de ser espe­cial entre los niños (con la cri­an­za y la edu­cación cen­tra­da en la autoes­ti­ma), y ami­gos imag­i­nar­ios (con la explosión de las redes sociales en el inter­net) . Toda esta fan­tasía quizá cría un sen­timien­to bueno, pero, des­gra­ci­ada­mente, la real­i­dad siem­pre gana.  El colap­so de las hipote­cas y la cri­sis financiera resul­tante son sólo una mues­tra de cómo los deseos exager­a­dos final­mente se estrel­lan a la tier­ra.

Pero el mal que el amor pro­pio ha pro­duci­do es más sinie­stro que todo eso.  La acti­tud del amor pro­pio ha pro­duci­do una gen­eración de ado­les­centes obse­sion­a­dos con su propia impor­tan­cia.  Esta acti­tud ha gen­er­a­do un alto gra­do de com­por­tamien­to vio­len­to y agre­si­vo en los jóvenes de hoy.  Estu­di­antes de secun­daria gol­pean a sus com­pañeros y luego bus­can aten­ción por su vio­len­cia medi­ante la pub­li­cación de videos de las golpizas en YouTube.  Muchos viv­en pre­ocu­pa­dos con fan­tasías de éxi­to y pop­u­lar­i­dad y poder ilim­i­ta­do, en lugar de ser obe­di­entes, respon­s­ables y entre­ga­dos.

Varias encues­tas se han lle­va­do a cabo que sopor­tan el sen­timien­to que muchos tienen acer­ca de la cri­an­za mod­er­na, que hemos lle­ga­do a ser demasi­a­do indul­gentes, que alabamos a los niños demasi­a­do, que trata­mos a nue­stros hijos casi como la realeza.  Muchos padres mod­er­nos han inocen­te­mente cometi­do el error de ide­alizar a sus hijos en lugar de ver­dadera­mente amar­los.   Aunque es bueno que no siem­pre esper­e­mos obe­di­en­cia cie­ga, pero creo que nos hemos desvi­a­do demasi­a­do hacia la ten­den­cia de obe­de­cer a nue­stros hijos en lugar de ellos obe­de­cer­nos a nosotros.

Y es esto lo que ha cri­a­do un com­por­tamien­to nar­ci­sista y destruc­ti­vo en nues­tra sociedad.  Muchos cul­pan este fra­ca­so a otras cosas, como demasi­adas armas, y cosas seme­jantes, pero la real­i­dad es que el mal ver­dadero es la condi­ción ególa­tra, envaneci­da e orgul­losa del corazón humano que se ha queda­do sin las restric­ciones de las leyes morales de Dios.  Cuan­do se rela­jan las restric­ciones morales sobre la nat­u­raleza cor­romp­i­da del ser humano, siem­pre bus­cara su pro­pio niv­el nar­ci­sista – ¡todo el tiem­po!

Y el com­por­tamien­to nar­ci­sista es la influ­en­cia más destruc­ti­va en las rela­ciones inter­per­son­ales imag­in­able.  Esa acti­tud elim­i­na la pre­ocu­pación por el bien­es­tar de las otras per­sonas y chu­pa la vida de cualquier comu­ni­cación sig­ni­fica­ti­va.  Ese fue el primer peca­do del uni­ver­so, cuan­do Adán y Eva se esco­gieron a sí mis­mos en lugar de a Dios, y encabeza la lista de peca­dos que Dios odia, “Abom­i­nación al SEÑOR es todo el que es alti­vo de corazón; cier­ta­mente no quedará sin cas­ti­go.” (Prover­bios 16:5; 6:16–17).

El amor pro­pio es el pozo negro de donde escurre toda otra per­ver­sión del corazón humano, porque últi­ma­mente todo el mun­do y todo lo demás se con­vierte en cosa innece­saria y reem­plaz­able en la búsque­da de su insa­cia­ble lujuria.  Sin embar­go, lo que es más ele­va­do en nues­tra sociedad hoy es el “yo.”  La autor­re­al­ización y el auto-deter­min­is­mo y la ima­gen propia son muy apre­ci­a­dos como la esen­cia de la vida por nues­tra cul­tura con­cu­pis­cente.

El após­tol Pablo advir­tió en su car­ta a Tim­o­teo que la cul­tura de los últi­mos días seria iden­ti­fi­ca­da por el peli­gro debido a la per­di­da de la inte­gri­dad moral.  La lista de diecio­cho atrib­u­tos sór­di­dos y deshu­man­izantes de esta cul­tura se comien­za con, “amadores de sí mis­mos”.  Actual­mente, “amadores de sí mis­mos” es sólo una pal­abra en el tex­to griego – phi­lau­tos.  Esta pal­abra com­bi­na­da es con­stru­i­da alrede­dor del pronom­bre inten­si­vo autos que sig­nifi­ca “yo”, y se tra­duce de diver­sas man­eras – él mis­mo, ella mis­ma, nosotros mis­mos, ellos mis­mos.

Esta pal­abra ha inva­di­do nue­stro vocab­u­lario en una mul­ti­tud de pal­abras com­bi­nadas – autó­grafo, auto­bi­ografía, automóvil, autocráti­co, automáti­ca, etc.  En todas estas pal­abras, la idea del “yo” o “por sí mis­mo” es dom­i­nante.  Por ejem­p­lo, “auto­bi­ografía” es la biografía de uno mis­mo – y “automóvil” es la idea de ser móvil en sí mis­mo.

En la pal­abra grie­ga phi­lau­tos, la pal­abra phi­los es aña­di­da a la noción de sí mis­mo (autos).  Phi­los es la pal­abra grie­ga común para amor y sig­nifi­ca el tipo de amor de viene de las emo­ciones del corazón.  Phi­los es mejor definido como un amor car­iñoso, una afi­ción.  Cuan­do somos atraí­dos a algo o nos sen­ti­mos emo­cional­mente cau­ti­va­dos por alguien, esta­mos exper­i­men­tan­do phi­los.  Cuan­do esta pal­abra es aña­di­da a la pal­abra autos, la pal­abra com­bi­na­da indi­ca que la cosa que nos emo­ciona y a que esta­mos afi­ciona­dos; la cosa que nos avi­va y nos da gus­to es nosotros mis­mos – phi­lau­tos.

Esto, según el após­tol Pablo, será el ele­men­to más demostra­ti­vo de la cul­tura de los últi­mos días – per­sonas serán amadores de sí mis­mos (phi­lau­tos).  Más que cualquier otra cosa, esta es la razón porque esta­mos vien­do una dec­li­nación may­or en el bien y una aumentación drás­ti­ca de la mal­dad.  Per­sonas están com­portán­dose egoís­ta­mente.  Están ponien­do sus pro­pios intere­ses delante de las necesi­dades y cuida­dos de otros.  Cada quien bus­ca lo suyo pro­pio.

Cuan­do un joven apri­eta el gatil­lo y mata a sus com­pañeros de escuela, esa per­sona está actuan­do de una man­era phi­lau­tos.  Cuan­do alguien roba de otra per­sona, ese es un acto phi­lau­tos.  De la mis­ma man­era, cuan­do un hom­bre deja a su esposa y famil­ia por otros intere­ses, demues­tra que él es un indi­vid­uo phi­lau­tos.  Aún las pequeñas cosas que hace­mos todos los días en pon­er nue­stros pro­pios intere­ses delante de los demás, o en con­traste de la vol­un­tad de Dios para nues­tras vidas, indi­ca que hay un alto gra­do de phi­lau­tos en todos nosotros.

Estos son tiem­pos peli­grosos, difí­cil para sopor­tar, tiem­pos de gran ansiedad.   La razón es porque el amor pro­pio es la cual­i­dad dom­i­nante en nues­tra sociedad.  Esto pro­duce la acti­tud avara, egoís­ta y arro­gante que se ve tan preva­lente en nues­tra sociedad hoy.  El afec­to ver­dadero se ha casi desa­pare­ci­do y afec­to innat­ur­al aho­ra prevalece.  Vivi­mos en una edad temer­aria y exce­si­va, ya sea la veloci­dad de via­jar, o el des­perdi­cio del dinero, o el des­cuida­do de vidas humanas.  Nues­tra sociedad es una cul­tura auto-destruc­ti­va de muerte, y Satanás dom­i­na todo alrede­dor.

¡El peca­do es el más estre­sante de todas las cosas!  Y esta­mos rodea­d­os de peca­do.  Un fac­tor impor­tante en enfrentarnos a estos tiem­pos de peli­gro está en enfrentar, y resi­s­tir y vencer, la propen­sión humana hacia ser “amadores de sí mis­mos” en una sociedad total­mente nar­ci­sista.  Vamos vien­do las car­ac­terís­ti­cas de estos amadores de sí mis­mo.

Cua­tro de las expre­siones que Pablo usa para describir las car­ac­terís­ti­cas de los tiem­pos peli­grosos están com­bi­nadas con el “amor” (phi­lo), sugirien­do que la cosa fun­da­men­tal­mente mal con esta gente es que su amor está mal dirigi­do.  En lugar de ser amadores de Dios, son amadores de sí mis­mos, amadores del dinero y amadores de los deleites.  Entre medio de esas cua­tro expre­siones vienen las otras expre­siones que son entera­mente descrip­ti­vas de la rotu­ra de las rela­ciones de per­sonas con una y otra.

Las primeras tres elab­o­ran sobre el sig­nifi­ca­do del amor pro­pio.  Per­sonas que se aman a si más que a todos los demás se hacen vanidosos, sober­bios, blas­femos.”  La pal­abra vanidosos tam­bién sig­nifi­ca pre­sum­i­dos, afec­ta­dos, pre­ten­ciosos.  La pal­abra sober­bios sig­nifi­ca jac­tan­ciosos, orgul­losos, arro­gantes.  Y esas dos acti­tudes nat­u­ral­mente nos lle­van a la sigu­iente, blas­femos, que tam­bién se tra­duce detrac­tores, groseros, maldicientes porque inevitable­mente los que tienen una opinión exager­a­da de sí mis­mos siem­pre miran con des­dén a otros y hablan mal de ellos.

Las otras cin­co expre­siones se pueden agru­par jun­tas porque se refieren a la vida famil­iar, y espe­cial­mente a la acti­tud que algunos jóvenes adop­tan hacia sus padres – des­obe­di­entes a los padres, ingratos, impíos, sin afec­to nat­ur­al, implaca­bles.  Las pal­abras grie­gas todas son neg­a­ti­vas en for­ma y comien­zan con el pre­fi­jo a-, como usamos des- o sin en el castel­lano, para enfa­ti­zar la fal­ta ter­ri­ble de bue­nas cual­i­dades que la ego­la­tría despo­ja del corazón.

Las primeras dos expre­siones son des­obe­di­entes a los padres, a quienes las escrit­uras dice que los niños deben hon­rar y obe­de­cer, y la pal­abra ingratos que sig­nifi­ca mala­grade­ci­dos, que están aún car­entes de la apre­ciación bási­ca.  La sigu­iente pal­abra es tra­duci­da impíos, que es lo opuesto a la san­ti­dad, devo­ción y piedad hacia Dios.  Sig­nifi­ca la fal­ta de respeto para cosas sagradas – irrev­er­entes.  La ter­cera pal­abra es sin amor o sin afec­to nat­ur­al, tam­bién sig­nifi­ca total­mente car­ente de afec­tos nor­males, o sin corazón.

La últi­ma pal­abra de este grupo es implaca­ble, que tam­bién sig­nifi­ca irrec­on­cil­i­able o que no per­dona.  Esta pal­abra describe las per­sonas que están tan rebeldes, tan irrec­on­cil­i­ables que ni siquiera están dis­puestos a venir a la mesa para nego­ciar.  En una sociedad ide­al, la relación de los hijos hacia sus padres debe car­ac­teri­zarse por la obe­di­en­cia, grat­i­tud, respeto, car­iño y razon­abil­i­dad.  En tiem­pos de estrés, tiem­pos difí­ciles y peli­grosos, cuan­do el nar­ci­sis­mo está desen­fre­na­do estas cual­i­dades fal­tan, o están total­mente ausentes.

Las otras siete pal­abras de la lista son obvi­a­mente un ámbito más amplio que sólo la famil­ia.  Pero tam­bién brotan del amor mal dirigi­do, un afec­to dirigi­do hacia aden­tro, hacia sí mis­mos.  La primera es calum­ni­adores (en el idioma griego dia­boloi, que lit­eral­mente sig­nifi­ca ‘demo­ni­os’), y es tam­bién tra­duci­do mur­mu­radores o chis­mosos.  Estos son cul­pa­bles del peca­do de hablar mal de los demás, espe­cial­mente a sus espal­das. Per­sonas nar­ci­sis­tas no pueden pen­sar o decir nada bueno de sus próji­mos porque para ellos nadie tiene val­or más que ellos mis­mos – miran a todos con des­dén.

Tam­bién son desen­fre­na­dos o sin tem­plan­za que sig­nifi­ca inmod­er­a­dos, mal­gas­ta­dores e inmorales, o ingob­ern­ables, des­or­de­na­dos.  La sigu­iente pal­abra es cru­eles, que sig­nifi­ca bru­tal o sal­va­jes – bes­tiales.  La otra pal­abra es abor­rece­dores de lo bueno, que sig­nifi­ca ene­mi­gos de lo bueno o extraños a todo lo que es bueno.  Son gente que odi­an y detes­tan toda regla moral y rec­ta.

La sigu­iente expre­sión tocante estas per­sonas en los tiem­pos peli­grosos es que son traidores que tam­bién sig­nifi­ca traicioneros o engañosos (esto se usa en Lucas 6:16, del traidor Judas).   La sigu­iente pal­abra es impetu­osos y tam­bién sig­nifi­ca temer­ar­ios o arrebata­dos, impul­sivos (total­mente descon­sid­er­a­dos en pal­abra y acción) y después engreí­dos, que sig­nifi­ca hin­cha­do con vanidad o envaneci­dos (impli­ca: pre­sun­tu­oso, obsti­na­do).

Así que volve­mos a la mal­dad bási­ca con la que se comen­zó la lista repul­si­va, y ese es el orgul­lo.  Y todo este com­por­tamien­to inso­cial y anti­so­cial – estos des­obe­di­entes, ingratos, irre­spetu­osos, inhu­manos a los padres, jun­to con la ausen­cia de las restric­ciones, la leal­tad, la pru­den­cia y la humil­dad – es la con­se­cuen­cia inevitable de un egoís­mo irre­li­gioso – ¡es la con­se­cuen­cia de un esti­lo de vida y men­tal­i­dad nar­ci­sista!

El hom­bre o la mujer egoís­ta es como el puer­coespín cuan­do se enrol­la en una bola, y sólo pre­sen­ta espinas afi­ladas a los que están fuera de su bola, man­te­nien­do al mis­mo tiem­po toda la piel suave y caliente para sí mis­mo den­tro de su zona.  Si una per­sona es orgul­losa, arro­gante y alti­va, por supuesto que nun­ca se sac­ri­ficara a sí mis­mo para servir a los demás.

El orden de Dios, clara­mente expre­sa­da en Su ley inmutable, es que lo amamos a Él primera­mente, con todo nue­stro corazón, cuer­po, mente y fuerza, en segui­da a nue­stro veci­no y ulti­mo a nue­stros mis­mos, Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con toda tu mente;y a tu próji­mo como a ti mis­mo.” (Lucas 10:27); y tam­bién, Nada hagáis por rival­i­dad o por vanidad; antes bien, con humil­dad, esti­man­do cada uno a los demás como supe­ri­ores a él mis­mo.  No busquéis vue­stro pro­pio prove­cho, sino el de los demás.” (Fil­ipens­es 2:3–4).

Si inver­ti­mos el orden del primero y el ter­cero, ponién­donos nosotros primero y a Dios últi­mo, nue­stro próji­mo, que está en el medio, está des­ti­na­do a sufrir.  Podemos ver cuán impor­tante es que pong­amos el “yo” en su pro­pio lugar, y a Dios en su sitio cor­rec­to, siem­pre en primer lugar.  Por lo tan­to, la raíz del prob­le­ma de los tiem­pos peli­grosos y difí­ciles es que la gente está total­mente cen­tra­da en sí mis­ma, amadores de sí mis­mos.

Sólo la escri­ta pal­abra inspi­ra­da de Dios ofrece una solu­ción rad­i­cal a este prob­le­ma – porque sólo Dios prom­ete una nue­va creación y un nue­vo nacimien­to, que impli­ca ser total­mente trans­for­ma­dos.  Se requiere una reori­entación total de la mente y de la con­duc­ta que nos hace fun­da­men­tal­mente cen­tra­dos en Dios en lugar de ser cen­tra­dos en sí mis­mos.

La per­sona que ama a Dios será siem­pre aspi­rante de un may­or gra­do de san­ti­dad, porque así se hace más como Dios.  El amor a Dios es un prin­ci­pio asim­i­lador, tra­ba­ja más y más, has­ta que seamos trans­for­ma­dos poco a poco a Su ima­gen, Pero nosotros todos, con el ros­tro des­cu­bier­to, con­tem­p­lan­do como en un espe­jo la glo­ria del Señor, esta­mos sien­do trans­for­ma­dos en la mis­ma ima­gen de glo­ria en glo­ria, como por el Señor, el Espíritu.” (2 Cor­in­tios 3:18).

Y cuan­do somos amadores de Dios, nun­ca estare­mos per­fec­ta­mente sat­is­fe­chos con nosotros mis­mos, has­ta que seamos lib­er­a­dos de la esclav­i­tud de la carne pecaminosa, has­ta que des­perte­mos de este esta­do atur­di­do y estúpi­do, al mun­do de los espíri­tus hechos per­fec­tos, y seamos sat­is­fe­chos con la seme­jan­za de Dios.

Es sólo cuan­do Dios es primero y el “yo” es el últi­mo – que amare­mos a la humanidad como Dios la ama, y tratare­mos de dar y servir como Él, como nue­stro Señor y Sal­vador Jesu­cristo y nue­stro Padre celes­tial.  Para sopor­tar estos tiem­pos de peli­gro ten­emos que resi­s­tir y vencer nues­tra ten­den­cia humana de ser “amadores de sí mis­mos”.   Ten­emos que reem­plazar el amor dirigi­do cen­tra­do en nosotros con el amor dirigi­do y cen­tra­do en Dios.  Debe­mos, ante todo, ser ¡amadores de Dios!

Entonces Él se sen­tó, llamó a los doce y les dijo: ‘Si alguno quiere ser el primero, será el últi­mo de todos y el servi­dor de todos. (Mar­cos 9:35)

Respondió Juan…Es nece­sario que Él crez­ca, y que yo dis­min­uya.” (Juan 3:30)

El que se cree ser algo, no sien­do nada, a sí mis­mo se engaña.” (Gálatas 6:3)

El hom­bre arro­gante sus­ci­ta con­tien­das, mas el que con­fía en el SEÑOR pros­per­ará.” (Prov. 28:25)

Jesús es el gran mae­stro de la humil­dad del corazón.  Nece­si­ta­mos diari­a­mente apren­der de Él.  ¡Mire al Mae­stro toman­do una toal­la y lavan­do los pies de Sus dis­cípu­los!  Seguidor de Cristo, ¿no se humil­lara ust­ed?  Míralo como el Sier­vo de sier­vos, ¡y segu­ra­mente no puedes tú ser orgul­loso!  ¿No es esta frase el resumen de Su biografía, “se humil­ló a sí mis­mo”?  ¿No estu­vo Él en la tier­ra siem­pre quitán­dose primero un man­to de hon­or y luego otro, has­ta que, desnudo, fue clava­do en la cruz, y allí no se vacío de Su ser más ínti­mo, der­ra­man­do Su san­gre vital, renun­cian­do todo por nosotros, has­ta que lo pusieron sin un cen­ta­vo en una tum­ba presta­da?  ¡Cuán bajo fue nue­stro queri­do Reden­tor traí­do!  Entonces, ¿cómo podemos ser orgul­losos?” (Car­los Spur­geon)

Amadores De Si Mis­mos

EL LIBRO DE APOCALIPSIS

Capí­tu­lo Nueve 

OBJETIVOS EN EL ESTUDIO DE ESTE CAPÍTULO

1) Revis­ar el sonido de la quin­ta y sex­ta trompetas

2) Ofre­cer una expli­cación en relación al sig­nifi­ca­do de estas visiones

RESUMEN

Ensegui­da de la inqui­etante adver­ten­cia del ángel (águila) en el capí­tu­lo ante­ri­or, el quin­to ángel toca la trompe­ta. Juan ve a una estrel­la cayen­do del cielo, a la que se le dio la llave del pozo del abis­mo. En cuan­to es abier­to el pozo, subió humo que oscure­ció el sol y el aire. Entonces salieron del humo lan­gostas con poder como escor­pi­ones, a las que se les dio poder para dañar solo a aque­l­los que no tuvier­an el sel­lo de Dios en sus frentes. Su poder fue lim­i­ta­do solo a ator­men­tar, no a matar, y solo por cin­co meses. Aun así, los hom­bres desearían morir. Juan describe la apari­en­cia de las lan­gostas, e iden­ti­fi­ca a su rey como el ángel del abis­mo cuyo nom­bre en hebreo es Abadón, y en griego, Apolión, que en griego sig­nifi­ca “destruc­tor”. Final­iza entonces el primer “ay”, con dos cosas más por venir (1–12).

Cuan­do el sex­to ángel toca su trompe­ta, Juan oye una voz de los cua­tro cuer­nos del altar de oro que esta­ba delante de Dios. Le dice al sex­to ángel que libere a los cua­tro ánge­les que han sido ata­dos jun­to al río Eufrates. Estos ánge­les han sido prepara­dos para la hora, día, mes y año, para matar a la ter­cera parte de la humanidad. En este momen­to Juan oye que el número de los ejérci­tos de los jinetes era doscien­tos mil­lones. Al describir las corazas llenas de col­ori­do de los jinetes, tam­bién describe que las cabezas de los cabal­los eran como de leones, y de su boca salían fuego, humo y azufre que mataron a la ter­cera parte de los hom­bres. Ellos tam­bién hacían mucho daño con sus colas seme­jantes a ser­pi­entes. A pesar de estos dos “ayes”, el resto de la humanidad no se arre­pin­tió de su idol­a­tría, de sus homi­cidios, de sus hechicerías, de sus inmoral­i­dades sex­u­ales. ni de sus hur­tos (13–21).

Como uno podría imag­i­nar, los inten­tos de inter­pre­tar estas visiones han sido muchos y algu­nas bas­tante fan­ta­siosas. Jun­to con las dos primeras trompetas, sug­iero que la quin­ta y sex­ta trompe­ta sim­bolizan las her­ramien­tas de la vol­un­tad de Dios para traer la ira sobre los perseguidores de su pueblo. Sin embar­go per­mi­tió ir solo has­ta este pun­to, la influ­en­cia de Satanás puede afec­tar la debil­i­dad de una nación des­de den­tro de ella. Hay tam­bién la ame­naza de una invasión exter­na por fuerzas ene­mi­gas. Así con­cuer­do con Sum­mers y con otros que la visión de las lan­gostas del abis­mo sim­bolizan la podredum­bre dia­bóli­ca y la deca­den­cia inter­na que debil­i­taría al impe­rio romano des­de den­tro. Los doscien­tos mil­lones de jinetes sim­bolizan la invasión exter­na como los otros instru­men­tos que Dios usaría. Jun­to con las calami­dades nat­u­rales, (descritas en las primeras cua­tro trompetas), estos tres instru­men­tos com­bi­na­dos traen la caí­da del impe­rio romano.

Mien­tras los cris­tianos del tiem­po de Juan eran oprim­i­dos por lo que parecían ser opo­nentes inven­ci­bles, visiones como estas les recor­daría que aque­l­los “que no tuvier­an el sel­lo de Dios en sus frentes” serían afec­ta­dos por la ira de Dios

BOSQUEJO

I. LA QUINTA TROMPETA: LAS LANGOSTAS DEL POZO DEL ABISMO (1–12)

   A. LAESTRELLAQUE CAYÓ DEL CIELO (1–2)

1. Con el sonido de la quin­ta trompe­ta…

a. Juan vio una estrel­la que cayó del cielo a la tier­ra

b. A la que se le dio la llave del pozo del abis­mo

2. Cuan­do fue abier­to el pozo del abis­mo…

a. Subió humo del pozo como humo de un gran horno

b. Y se oscure­ció el sol y el aire por el humo del pozo

B. LASLANGOSTAS” Y SU PODER (3–10)

1. Del humo salieron lan­gostas sobre la tier­ra, y se les dio poder

a. Poder como de escor­pi­ones

b. Se les mandó que no dañasen a la hier­ba, ni a cosa verde algu­na, ni a ningún árbol

2. El alcance y nat­u­raleza de su poder

a. Podría dañar solo a aque­l­los que no tuvier­an el sel­lo de Dios en sus frentes

b. No podría matar, sino solo ator­men­tar­los por cin­co meses

c. Los hom­bres bus­carán la muerte, pero la muerte huirá de ellos

3. Las lan­gostas descritas

a. Su aspec­to como de cabal­los prepara­dos para la batal­la

b. En las tenían como coro­nas de oro

c. Sus ros­tros eran como caras humanas

d. Sus cabel­los como cabel­los de mujer

e. Sus dientes eran como de leones

f. Con corazas como corazas de hier­ro

g. El rui­do de sus alas como el estru­en­do de muchos car­ros de cabal­los cor­rien­do a la batal­la

h. Con colas como de escor­pi­ones, y tam­bién agui­jones (sin embar­go lim­i­ta­dos en poder)

C. ELREYSOBRE ELLOS (11–12)

1. El ángel del abis­mo

2. Cuyo nom­bre en hebreo es Abadón, y en griego, Apolión

– El primer ay pasó; vienen dos ayes más

II. LA SEXTA TROMPETA: EL EJÉRCITO DE DOSCIENTOS MILLONES (13–21)

    A. LOS CUATRO ÁNGELES ATADOS EN EL EUFRATES (13–15)

1. Con el sonido de la sex­ta trompe­ta…

a. Juan oyó una voz de entre los cua­tro cuer­nos del altar de oro que esta­ba delante de Dios

b. Hablán­dole al sex­to ángel que tenía la trompe­ta

c. Dicién­dole que lib­er­ara a los cua­tro ánge­les ata­dos jun­to al gran río Eufrates

2. Los cua­tro ánge­les lib­er­aron…

a. A los cua­tro ánge­les que esta­ban prepara­dos para la hora, día, mes y año

b. Los cuales iban a matar a la ter­cera parte de los hom­bres

B. EL EJÉRCITO DE LOS DOSCIENTOS MILLONES DE JINETES (16–19)

1. Juan oyó el número de ellos

2. A los que vio en visión…

a. Los cuales tenían corazas de fuego, de zafiro y de azufre

b. Las cabezas de los cabal­los eran como cabezas de leones

c. De su boca salían fuego, humo y azufre

3. El poder de este gran ejérci­to…

a. Una ter­cera parte de los hom­bres murió por el fuego, el humo y el azufre que salían de su boca

b. El poder para herir está en su boca y en sus colas  seme­jantes a cabezas de ser­pi­entes

C. LA FALTA DE ARREPENTIMIENTO DE LOS SOBREVIVIENTES (20–21)

1. Los que no murieron no se arre­pin­tieron de su idol­a­tría

2. Ni se arre­pin­tieron de sus homi­cidios, ni de sus hechicerías, ni de su for­ni­cación, ni de sus hur­tos

PREGUNTAS DE REVISIÓN DEL CAPÍTULO

1) ¿Cuáles son los pun­tos prin­ci­pales de este capí­tu­lo?

- La quin­ta trompe­ta: Las lan­gostas del pozo del abis­mo (1–12)

- La sex­ta trompe­ta: El ejérci­to de los doscien­tos mil­lones (13–21)

2) Cuán­do el quin­to ángel tocó su trompe­ta, ¿qué vio Juan? (1)

- Una estrel­la que cayó del cielo a la tier­ra, a la que se le dio la llave del pozo del abis­mo

3) ¿Qué subió del pozo del abis­mo cuan­do fue abier­to? (2–3)

- Humo que oscure­ció el sol y el aire; lan­gostas con poder como escor­pi­ones

4) ¿Qué se les per­mi­tió herir a las lan­gostas? (4)

- Solo a aque­l­los hom­bres que no tuvier­an el sel­lo de Dios en sus Frentes

5) ¿Qué otras lim­ita­ciones puso a su poder? (5–6)

- No podría matar, solo ator­men­tar por cin­co meses

6) ¿Cómo son descritas las lan­gostas? (7–10)

- Su aspec­to como cabal­los prepara­dos para la guer­ra

- En las cabezas tenían como coro­nas de oro

- Sus caras eran como caras de hom­bres

- Su cabel­lo como cabel­lo de mujer

- Sus dientes eran como de leones

- Con corazas como corazas de hier­ro

- El rui­do de sus alas era como el estru­en­do de muchos car­ros de cabal­los cor­rien­do a la batal­la

- Con colas como de escor­pi­ones, y tam­bién agui­jones en sus colas (sin embar­go lim­i­ta­dos en poder)

7) ¿Quién era su rey? ¿Cuál era su nom­bre en hebreo y en griego? (11)

- El ángel del abis­mo

- En hebreo, Abadón; en griego, Apolión

8) ¿Qué oyó Juan cuan­do el sex­to ángel tocó la trompe­ta? (13–14)

- Una voz de entre los cua­tro hornos del altar de oro que esta­ba delante de Dios

- Dicien­do al sex­to ángel que lib­er­ara a los cua­tro ánge­les ata­dos jun­to al gran río Eufrates

9) ¿Qué se les dijo a los cua­tro ánge­les lib­er­a­dos que hicier­an? (15)

- Matar a la ter­cera parte de los hom­bres

10) ¿Qué oyó Juan ensegui­da? (16)

- El número del ejérci­to de los jinetes: Doscien­tos mil­lones

11) ¿Cuáles son los col­ores de las corazas de los jinetes? (17)

-De fuego (rojo), de zafiro (azul jac­in­to), y de azufre (amar­il­lo)

12) ¿Cuál es la apari­en­cia de las cabezas de los cabal­los? ¿Qué salía de sus bocas? (17)

- Como cabezas de leones

- Fuego, humo y azufre

13) ¿Quiénes fueron muer­tos con el fuego, el humo y el azufre? (18)

- Una ter­cera parte de los hom­bres

14) ¿Dónde esta­ba el poder de los cabal­los para hac­er daño? (19)

- En sus bocas y en sus colas

15) ¿Qué hicieron aque­l­los que no murieron ni se arre­pin­tieron? (20–21)

- Idol­a­tría, homi­cidios, hechicerías, for­ni­cación, hur­tos

Apoc­alip­sis Lec­ción 10. Capí­tu­lo Nueve

Intro­duc­ción:

  1. Soy ten­ta­do…”
    1. Nue­stro cuer­po es el gran cam­po de batal­la en donde luchamos en con­tra del Ten­ta­dor (Efe­sios 6:10–17; 2 Cor­in­tios 10:3–5).
      1. Satanás tra­ta de apelar a nue­stros deseos por medio de uno de tres avenidas de la tentación (1 Juan 2:16).
        1. Los deseos de los ojos”
        2. Los deseos de la carne”
        3. la arro­gan­cia de la vida”
      2. Siem­pre tiene la mis­ma estrate­gia.
        1. Así es como se le acer­có a Eva (Géne­sis 3:1–6).Tentación
        2. Así es como se le acer­có a David (2 Samuel 11:1–17).
        3. Así es como se le acer­có a Jesús ( Mateo 4:1–11)
    2. Todo ser humano está involu­cra­do en esta guer­ra de la carne (San­ti­a­go 1:14).
      1. Todos son ten­ta­dos (1 Cor­in­tios 10:13)
      2. Es más, no hay quien no haya sido heri­do (Romanos 2:23; Ecle­si­astés 7:20).
      3. La muerte espir­i­tu­al resultó porque el humano cedió a la tentación (Romanos 8:5–6; San­ti­a­go 1:15; Eze­quiel 18:4, 20; 1 Tim­o­teo 5:6).
      4. Y como resul­ta­do esta­mos en necesi­dad de un Sal­vador (Romanos 7:5, 9, 14–17, 24–25)
    3. Este con­flic­to no se aca­ba cuan­do somos red­imi­dos (San­ti­a­go 1:2, 12–13).
      1. El Cris­tiano es sev­era­mente proba­do por Satanás (1 Pedro 5:1–8)
      2. Jesús fue un hom­bre jus­to y ten­ta­do (1 Pedro 1:22).
  1. ¿Cómo resis­to la tentación?
    1. Aunque es cier­to que todos somos ten­ta­dos, no es nece­sario que resulte en peca­do (San­ti­a­go 1:15; 1 John 3:4; 2:1, 16–17; 1 Cor­in­tios 10:12).
      1. Hay man­era de escapar la tentación (1 Cor­in­tios 10:13).
      2. Jesús nos man­da a que resista la tentación y que no peque­mos (1 Juan 2:1).
    2. Lo que nece­si­ta­mos apren­der es cómo resi­s­tir la tentación y no pecar (1 Juan 2:1).
      1. Algunos tienen la noción de que el peca­do es inevitable en nues­tras vidas.
      2. No se dis­cute que ser­e­mos per­fec­tos, es decir, sin peca­dos (1 Juan 1:8, 10).
      3. Sin embar­go, lo que sí mantiene en esta lec­ción es que no ten­emos que rendirnos a la tentación, y adop­tar la acti­tud que “Dios me hizo débil y, ¿qué espera de mi?”

Dis­cusión:

(Cuan­do soy ten­ta­do…)

  1. Recuer­do que el dia­blo puede ser resis­ti­do
    1. El dia­blo no es un “Dios” mal­va­do.
      1. Él no es omni­sciente.
      2. Él no es omnipresente.
      3. Él no es omnipo­tente.
      4. Él no es eter­no.
    2. El dia­blo puede ser resis­ti­do (San­ti­a­go 4:7; Efe­sios 4:27; 6:11; 1 Pedro 5:8–9).
    3. Sus artilu­gios inge­niosos no son un secre­to (2 Cor­in­tios 2:11; 11:13–15).
  2. Recuer­do que soy un hom­bre crea­do en la ima­gen de Dios
    1. Según Géne­sis 1:26 esa ima­gen es en el hom­bre inte­ri­or
    2. ¿Qué impli­ca eso?
      1. Int­elec­to o razón
      2. Vol­un­tad o libre albedrío
      3. Moral­i­dad, el conocimien­to entre e bien y el mal
    3. Mi nat­u­raleza no es cor­rup­ta (Ecle­si­astés 7:29; 1 Juan 2:1; 1 Cor­in­tios 15:34).
    4. La vol­un­tad de Dios no está más allá de mi capaci­dad hac­er­la
      1. Podemos enten­der­la (Efe­sios 3:4; 5:17; Juan 7:17).
      2. Podemos hac­er­la (1 Juan 5:3).
      3. El asun­to es, ¿Lo hare­mos? (Juan 7:17)
  1. Recuer­do escrit­uras bíbli­cas rela­cionadas con la tentación en par­tic­u­lar
    1. El ejem­p­lo de Cristo (Mateo 4:4, 7, 10).
      1. Jesús es mi ejem­p­lo cuan­do soy ten­ta­do (1 Pedro 2:21–22; 1 Juan 2:6).
      2. Sus méto­dos han sido proba­dos (1 Pedro 2:22; Hebre­os 4:15).
    2. El secre­to a este éxi­to es el estu­dio bíbli­co (Salmos 119:11).
      1. Estu­dio  bíbli­co elim­i­na la igno­ran­cia (Juan 8:32).
      2. Estu­dio bíbli­co nos trae sabiduría (Prover­bios 1:1–4).
      3. Estu­dio bíbli­co for­ja el carác­ter (Hebre­os 4:12).
    3. Escrit­u­ra rela­ciona­da a las tenta­ciones comunes.
      1. Hac­er una lista de ref­er­en­cias bíbli­cas que se apli­can a su gran peca­do y comé­ta­las a la memo­ria.
      2. Aplíque­los a diario en su vida, expe­ri­en­cias, recíte­los, etc.
  1. Reflex­iono en la ofren­da que hizo Jesús
    1. Lo recuer­do en la últi­ma cena (Juan 13:1–38; Mateo 26:20–35).
    2. Lo recuer­do en Get­se­maní (Mateo 26:36–56; Mar­cos 14:32–50).
    3. Lo recuer­do cuan­do los fal­sos lo acusaron en el tri­bunal (Mateo 26:57–68; Mark 15:1ff; Lucas 23:6–12)
    4. Lo recuer­do en la cruz (Mateo 27:32–38; Mar­cos 15:21–41; Lucas 23:38).
  1. Oro por rescate
    1. Cuan­do Jesús fue ten­ta­do Él oró (Lucas 6:11–12; Mateo 26:36–44).
    2. Jesús nos enseñó como orar para ser rescata­dos (Mateo 6:13).
    3. Dios respon­derá a nues­tras peti­ciones (1 Cor­in­tios 10:13; San­ti­a­go 1:13).
  2. Re-evalúo el patrón en mi vida (cómo vivo mi vida)
    1. Muchas veces las tenta­ciones nos vienen porque no cam­i­namos cir­cun­spec­tos.
      1. Andamos con mala gente (Prover­bios 1:10).
      2. Nue­stros ojos ven cosas inapropi­adas (Job 31:1).
        1. Pelícu­las mar­cadas “R”.
        2. Pornografía.
        3. Leyen­do libros, nov­e­las, revis­tas con men­sajes pecaminosos.
        4. Los deseos de los ojos…
      3. Nues­tras pri­or­i­dades están des­or­de­nadas (Mateo 6:33)
      4. No esta­mos en donde debe­mos estar (2 Samuel 11:2).
    2. Jesús nos enseñó a velar y orar.
      1. Unos oran después que han cor­ri­do hacia la tentación y la han abraza­do.
      2. Ejem­p­los bíbli­cos de velar:
        1. José huyó (Géne­sis 39:12).
        2. A Tim­o­teo se le dijo a que huy­era (2 Tim­o­teo 2:22).
        3. A los cor­in­tios tam­bién se les amon­estó lo mis­mo (1 Cor­in­tios 6:18).
        4. Lo mis­mo a los Romanos (Romanos 13:14).
    3. Muchos de nue­stros prob­le­mas sur­gen porque nun­ca apren­demos cómo romper esas tenta­ciones, aso­cia­ciones, activi­dades y pasatiem­pos que dan lugar a la tentación.

Con­clusión:

  1. La tentación es es una expe­ri­en­cia común del hom­bre.
    1. Pero no nece­si­ta resul­tar en peca­do.
    2. Pero, nece­si­ta­mos enfrentar­la y resi­s­tir­la.
  2. ¿Cómo lograr esto?
    1. Recuer­do que el dia­blo puede ser resis­ti­do.
    2. Recuer­do que he sido crea­do en la ima­gen de Dios.
    3. Trai­go a mente escrit­uras bíbli­cas rela­cionadas con las tenta­ciones en par­tic­u­lar.
    4. Reflex­iono en la ofren­da que hizo Jesús.
    5. Oro para que Dios me rescate de la tentación.
    6. Re-evalúo el patrón en mi vida.

 

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