EL LIBRO DE APOCALIPSIS

 

Capí­tu­lo Vein­ti­dos

 

OBJETIVOS EN EL ESTUDIO DE ESTE CAPÍTULO

 

1) Con­sid­er­ar el des­ti­no eter­no de los red­imi­dos, en tér­mi­nos

descrip­tivos de la pro­visión de Dios

 

2) Notar que las cosas rev­e­ladas en este libro iban a pasar pron­to

 

3) Pon­er aten­ción a las prome­sas y adver­ten­cias dadas en cuan­to con­cluye

el libro

 

RESUMEN

 

En el capí­tu­lo pre­vio Juan describió la glo­ria de la nue­va Jerusalén mien­tras el des­ti­no eter­no de los red­imi­dos era rev­e­la­da. En los primeros seis ver­sícu­los de este capí­tu­lo, es com­ple­ta­da la visión de Juan del futuro glo­rioso para el pueblo de Dios con una breve descrip­ción de el río de la vida, y el trono de Dios y del Cordero. Con el río de la vida salien­do des­de el trono, y el árbol de la vida dan­do fru­to cada mes jun­to con sus hojas para sanidad, el cuadro es uno de pro­visión por parte de Dios. La comu­nión eter­na con Dios, enfa­ti­za­da en el capí­tu­lo ante­ri­or (ver 21:3–4,7), es enfa­ti­za­da de nue­vo con la prome­sa de ver Su ros­tro y de ten­er Su nom­bre en la frente. Ya sin ningu­na maldición (ver Gén 3:17–19), el red­imi­do servirá a Dios y al Cordero en el trono. No hay noche ni necesi­dad de sol, porque el Señor Dios les dará luz (ver 21:23). El red­imi­do reinará tam­bién para siem­pre (1–5).

 

El resto de este capí­tu­lo con­tiene la gran con­clusión de este libro mar­avil­loso. El ángel que mostró a Juan la san­ta ciu­dad enfa­tizó que los even­tos descritos en este libro iban a suced­er pron­to, de tal for­ma que Juan no debe sel­l­ar el libro (ver 22:6,10; esto con­trasta con Dan 8:26). El mis­mo Jesús establece tres veces que Él ven­drá pron­to (ver 22:7, 12, 20), la que yo asumo que se refiere a Su veni­da en juicio, el cual es descrito a lo largo de todo este libro (ver 3:10–11). Con un recorda­to­rio de las ben­di­ciones para aque­l­los que hacen Sus man­damien­tos, Jesús, quien es el Alfa y la Omega, el prin­ci­pio y el fin, el primero y el últi­mo, la raíz y el lina­je de David, la estrel­la res­p­lan­de­ciente de la mañana, declara que Él envió a Su ángel para tes­ti­ficar de estas cosas a las igle­sias. El Espíritu y la esposa se jun­tan en una invitación hacia los sedi­en­tos para que ven­gan a tomar del agua de la vida gra­tuita­mente. El libro final­iza con una adver­ten­cia ter­ri­ble de no añadir ni quitar nada del libro, una prome­sa final de la veni­da del Señor, y una doble oración cla­man­do por la veni­da del Señor Jesús, y para que Su gra­cia sea con todos los her­manos (6–22).

 

BOSQUEJO

 

I. EL RÍO, EL ÁRBOL, Y EL TRONO

 

   A. EL RÍO DE LA VIDA (1)

1. Juan mira un río limpio de agua de vida, res­p­lan­de­ciente como

cristal

2. Sale del trono de Dios y del Cordero

 

   B. EL ÁRBOL DE LA VIDA (2)

1. El árbol de la vida esta­ba a uno y otro lado del río

2. El árbol daba doce fru­tos dan­do fru­to cada mes

3. Las hojas eran para la sanidad de las naciones

 

C. EL TRONO DE DIOS Y DEL CORDERO (3–5)

1. Allí no habrá ya maldición, sino que el trono de Dios y del

Cordero estará en ella

2. Sus sier­vos le servirán

a. Verán Su ros­tro

b. Su nom­bre estará en sus frentes

3. Allí ya no habrá noche

a. No nece­si­tan de lám­para o de luz del sol

b. Porque el Señor Dios los ilu­mi­na

4. Reinarán para siem­pre

 

II. LA GRAN CONCLUSIÓN (6–21)

 

    A. EL TIEMPO ESTÁ CERCA, NO SELLAR EL LIBRO (6–11)

1. El ángel le dice a Juan que estas pal­abras son fieles y

ver­daderas

a. El Señor Dios ha envi­a­do a Su ángel para mostrar a Sus

sier­vos las cosas que deberán pasar pron­to

b. El Cordero procla­ma: “¡He aquí, ven­go pron­to! Bien­aven­tu­ra­do

el que guar­da las pal­abras de la pro­fecía de este libro.”

2. Juan inten­ta ado­rar al ángel

a. Él se pos­tra a los pies del ángel que le mostró estas cosas

b. El ángel se lo pro­híbe

1) El ángel es su con­sier­vo, y de sus her­manos los pro­fe­tas

y de aque­l­los que guardan las pal­abras de este libro

2. Juan debe ado­rar a Dios

3. Se le dice a Juan que selle las pal­abras de la pro­fecía de este

Libro

a. Porque el tiem­po está cer­ca

b. El que es injus­to sea injus­to todavía, y el que es inmun­do

sea inmun­do todavía

c. Y el que es jus­to, prac­tique la jus­ti­cia todavía, y el que

es san­to, san­tifíquese cada día

 

B. EL TESTIMONIO DE JESÚS (12–17)

1. Su primera declaración:

a. “He aquí Yo ven­go pron­to”

b. Y mi galardón con­mi­go, para rec­om­pen­sar a cada uno según sea

su obra”

c. “Yo soy el Alfa y la Omega

d. “El prin­ci­pio y el fin, el primero y el últi­mo”

2. La prome­sa:

a. Bien­aven­tu­ra­dos los que guardan Sus man­damien­tos (o lavan

sus ropas)

1) Porque tienen dere­cho al árbol de la vida

2) Porque podrán entrar por las puer­tas a la ciu­dad

b. Los que están fuera de la ciu­dad

1) Son los per­ros, los hechiceros, los for­ni­car­ios, los

homi­ci­das, y los idóla­tras

2) Todo aquel que ama y hace men­ti­ra

3. La segun­da declaración:

a. “Yo Jesús he envi­a­do Mi ángel para daros tes­ti­mo­nio de estas

cosas en las igle­sias”

b. “Yo soy la raíz y el lina­je de David, la estrel­la

res­p­lan­de­ciente de la mañana.”

4. La invitación:

a. El Espíritu y la esposa dicen “Ven”

b. Y el que oye diga “Ven”

– Cualquiera que lo desee, toma del agua de la vida

gra­tuita­mente

 

C. UNA PALABRA DE ADVERTENCIA (18–19)

1. No añadir a las pal­abras de este libro, o Dios traerá sobre él

las pla­gas escritas en él

2. No quitar de las pal­abras de este libro, Dios quitará su parte

de:

a. El libro (o el árbol) de la vida

b. La san­ta ciu­dad

c. Las cosas escritas en este libro

 

D. LA PROMESA CERRADA, LAS ORACIONES FINALES (20–21)

1. La prome­sa de Aquel que tes­ti­fi­ca estas cosas: “Cier­ta­mente

ven­go en breve.”

2. Las dos ora­ciones de Juan:

a. En relación a su Señor: “Amén; si, ven, Señor Jesús”

b. En relación a sus her­manos: “La gra­cia de nue­stro Señor

Jesu­cristo sea con todos vosotros. Amén.”

 

PREGUNTAS DE REVISIÓN DEL CAPÍTULO

 

1) ¿Cuáles son los pun­tos prin­ci­pales de este capí­tu­lo?

- El río, el árbol, y el trono (1–5)

- La gran con­clusión (6–21)

 

2) ¿Qué ve Juan que sale del trono de Dios y del Cordero? (1)

- Un río limpio de agua de vida, res­p­lan­de­ciente como cristal

 

3) ¿Qué está en un lado y el otro del río? (2)

- El árbol de la vida

 

4) ¿Cuán­tos fru­tos dio el árbol y cuan­do? ¿Para qué eran? (2)

- Doce fru­tos, dan­do cada mes su fru­to

- Para la sanidad de las naciones

 

5) ¿Qué no exis­tió ya más? ¿Qué esta­ba en lugar de la ciu­dad? (3)

- No hubo más maldición

- El trono de Dios y del Cordero

 

6) ¿Qué se dijo en relación a los sier­vos de Dios y del Cordero? (3–5)

- Sus sier­vos Le servirían

- Ellos verán Su ros­tro

- Su nom­bre estará en sus frentes

- Ellos reinarán por los sig­los de los sig­los

 

7) ¿Qué se dijo de la noche y de la luz del sol? (5)

- No habrá allí más noche

- No tienen necesi­dad de la luz de lám­para, ni de la luz del sol,

porque Dios el Señor los ilu­mi­nará

 

8) ¿Qué se le dijo a Juan sobre las cosas que ha vis­to? (6)

- “Estas pal­abras son fieles y ver­daderas”

- “Y el Señor, el Dios de los espíri­tus de los pro­fe­tas, ha envi­a­do Su

ángel, para mostrar a Sus sier­vos las cosas que deben suced­er

pron­to.

 

9) ¿Qué prome­sa y con­fi­an­za le es dada en el ver­sícu­lo 7?

- “¡He aquí, ven­go pron­to!”

- “Bien­aven­tu­ra­do el que guar­da las pal­abras de la pro­fecía de este

Libro.”

 

10) ¿Qué inten­tó Juan hac­er cuan­do oyó y vio estas cosas? (8)

- Se postró para ado­rar a los pies del ángel que le mostra­ba estas

cosas

 

11) ¿Qué le dijo el ángel a Juan? (9)

- “Mira, no lo hagas.”

- “Yo soy con­sier­vo tuyo, de tus her­manos los pro­fe­tas, y de los que

guardan las pal­abras de este libro.”

- “Ado­ra a Dios.”

 

12) ¿Qué se le dice a Juan en relación a la pro­fecía de este libro? ¿Por

    qué? (10)

- Que no selle las pal­abras de la pro­fecía de este libro

- Porque el tiem­po está cer­ca

 

13) ¿Qué se le dice del injus­to y del inmun­do? ¿Del jus­to y del san­to?

    (11)

- Que el injus­to sea injus­to todavía

- Que el jus­to sea san­to todavía

 

14) ¿Qué prome­sa y que seguri­dad es dada en el ver­sícu­lo 12?

- “He aquí yo ven­go pron­to”

- “Mi galardón con­mi­go, para rec­om­pen­sar a cada uno según sea su

obra”

 

15) ¿Cómo se describe Jesús a Si mis­mo? (13)

- “Yo soy el Alfa y la Omega, el prin­ci­pio y el fin, el primero y el

últi­mo.”

 

16) ¿Qué ben­di­ción se prom­ete a aque­l­los que hacen Sus man­damien­tos

    (algunos man­u­scritos dicen “los que lavan sus ropas”)? (14)

- Ten­drán dere­cho al árbol de la vida

- Entrarán por las puer­tas de la ciu­dad

 

17) ¿Quiénes estarán fuera de la ciu­dad? (15)

- Los per­ros, los hechiceros, los for­ni­car­ios, los homi­ci­das y los

idol­a­tras

- Todo aquel que ama y hace men­ti­ra

 

18) ¿Por qué Jesús envió a Su ángel? (16)

- Para tes­ti­ficar estas cosas en las igle­sias

 

19) ¿Cómo se describe Jesús a Si mis­mo? (16)

- “Yo soy la raíz y el lina­je de David, la estrel­la res­p­lan­de­ciente

de la mañana.”

 

20) ¿Quién extendió esta invitación? ¿Qué se ofre­ció? (17)

- El Espíritu y la esposa

- A todo aquel que oye

 

21) ¿A quién se extendió esta invitación? ¿Qué se ofre­ció? (17)

- Al que tiene sed

- Tomar del agua de la vida gra­tuita­mente

 

22) ¿Qué adver­ten­cia se da a los que oyen las pal­abras de la pro­fecía de

    este libro? (18–19)

- Si alguno añadiere a estas cosas, Dios traerá sobre él las pla­gas

que están escritas en este libro

- Si alguno quitare de las pal­abras del libro de esta pro­fecía, Dios

quitará su parte del libro (o del árbol) de la vida, y de la san­ta

ciu­dad y de las cosas que están escritas en este libro

 

23) ¿Qué prome­sa es dada por Aquel que tes­ti­fi­ca estas cosas? (20)

- “Cier­ta­mente ven­go en breve.”

 

24) ¿Cuáles dos ora­ciones expre­sa Juan mien­tras él cier­ra el libro?

    (20–21)

- “Amén; si, ven, Señor Jesús”

- “La gra­cia de nue­stro Señor Jesu­cristo sea con todos vosotros.

Amén.”

 

Apoc­alip­sisLec­ción 23. Capí­tu­lo Vein­ti­dos

Vayamos hacia la per­fec­ción”

 

Intro­duc­ción:  La fal­ta de pro­gre­so.

  1. ¿Cuán­tas veces a desea­do “saber” mucha Bib­lia como otros cris­tianos?
  2. ¿Cómo hemos apren­di­do lo nece­sario para hac­er lo que nos gus­ta?
  3. Dios quiere que crez­camos en lo espir­i­tu­al, y debe­mos hac­er­lo.
  4. Varias exhorta­ciones en el NT para madu­rar en conocimiento/fe
    1. Col. 1:28; “A El nosotros procla­mamos (anun­ci­amos), amon­e­s­tando a todos los hom­bres, y enseñan­do a todos los hom­bres con toda sabiduría, a fin de poder pre­sen­tar a todo hom­bre per­fec­to en Cristo.”
    2. Efe­sios 4:12–15; “a fin de per­fec­cionar a los san­tos para la obra del min­is­te­rio, para la edi­fi­cación del cuer­po de Cristo,13 has­ta que todos llegue­mos a la unidad de la fe y del conocimien­to del Hijo de Dios, a un varón per­fec­to, a la medi­da de la estatu­ra de la plen­i­tud de Cristo; 14 para que ya no seamos niños fluc­tu­antes, lle­va­dos por doquiera de todo vien­to de doc­t­ri­na, por estrat­a­ge­ma de hom­bres que para engañar emplean con astu­cia las arti­mañas del error, 15 sino que sigu­ien­do la ver­dad en amor, crez­camos en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo,”
    3. La pal­abra “per­fec­to” (teleios) no sig­nifi­ca “sin man­cha”, pero sug­iere desar­rol­lo con­tin­uo según nues­tras capaci­dades.
    4. ¿Por qué algunos Cris­tianos se quedan como infantes espir­i­tuales?
      1. Algunos son de doble áni­mo e irres­o­lu­tos.  Nun­ca han estable­ci­do ple­na­mente su leal­tad a Cristo.  Jesús advir­tió, “nadie puede servir a dos mae­stros…” (Mat. 6:24).  Estas per­sonas siem­pre miden la obe­di­en­cia con  los deseos y opor­tu­nidades que com­piten en con­tra de ella.
      2. Algunos basan sus vidas en la emo­ción y cir­cun­stan­cia.  Aque­l­los que fal­lan en desar­rol­las son indis­ci­plina­dos y miden todo por el aquí y hoy, y con sus sen­timien­tos.  Tal cris­tiano es “inestable en todos sus caminos.”  (San­ti­a­go 1:8)
      3. Les fal­ta la ver­dadera fe.  Su ser­vi­cio es sola­mente de labios y ofre­ci­do solo por motivos de hábito, intere­ses sociales, cul­pa­bil­i­dad y otros motives menos nobles.  Esto pro­mueve la vul­ner­a­bil­i­dad a la astu­cia y engaño de los hom­bres (Efe­sios 4:14).
  5. Si no somos capaces de cre­cer vamos a retro­ced­er espir­i­tual­mente (Hebre­os 5:12).  La nat­u­raleza del mun­do y la vida es cor­ro­si­vo.  Lo que no se ejerci­ta se dete­ri­o­ra, incluyen­do la mente.
  6. Cosas que pro­mueven el crec­imien­to espir­i­tu­al
    1. Acti­tud: El cris­tiano debe ten­er ham­bre para cre­cer.  “Bien­aven­tu­ra­dos los que tienen ham­bre y sed de jus­ti­cia, pues ellos serán saci­a­dos.” (Matthew 5:6)  “deseen como niños recién naci­dos, la leche pura de la pal­abra, para que por ella crez­can para sal­vación,”  (1 Peter 2:2).
    2. Estu­di­ar:  No hay sub­sti­tu­to para estu­dio enér­gi­co e indus­tri­al de la Bib­lia (2 Tim. 2:15; Hechos 17:11).  La Bib­lia sí es com­pren­si­ble.  Los que ridi­culizan la Bib­lia son aque­l­los que real­mente no la han estu­di­a­do y sim­ple­mente la hacen a un lado.  Y hay aque­l­los que “siem­pre están apren­di­en­do y nun­ca pueden lle­gar al conocimien­to de la ver­dad.”  (2 Tim. 3:7)
      1. Muchas cosas com­piten por nue­stro tiem­po ded­i­ca­do al estu­dio.  Si dedicamos una hora por sem­ana estu­dian­do la Bib­lia, dedicamos más tiem­po arreglán­donos el cabel­lo, cam­i­nan­do al per­ro, escri­bi­en­do car­tas, hacien­do el aseo de la casa, hablan­do por telé­fono y escri­bi­en­do men­sajes de tex­to, ¡y sin men­cionar vien­do la tele!
      2. El apren­diza­je es un pro­ce­so inher­ente­mente incó­mo­do.  Nues­tras nociones erróneas pueden ser des­cu­bier­tas; ten­dremos que hac­er cam­bios.  Debe­mos dejar “las enseñan­zas ele­men­tales acer­ca de Cristo (el Mesías), avance­mos hacia la madurez (per­fec­ción), no echan­do otra vez el fun­da­men­to del arrepen­timien­to de obras muer­tas y de la fe en Dios,” (Hebre­os 6:1)
      3. El aspec­to más difí­cil de apren­der las escrit­uras es el aplicar los prin­ci­p­ios a situa­ciones de la vida real.  A esto se le lla­ma sabiduría.  Tal sabiduría viene de Dios por medio de la oración (San­ti­a­go 1:5).
  7. La prue­ba: Jamás podremos pro­gre­sar si no somos proba­dos (San­ti­a­go 1:2–4; 2 Cor­in­tios 12:10).
  8. Meta: “Cristo for­ma­do en ust­edes…” (Gal. 4:19).  Ilus­tración:  Apara­to que cues­ta miles de dólares para armo­nizar los col­ores.  Iguala los col­ores a per­fec­ción.  Nues­tra meta debe ser de estu­di­ar la Bib­lia has­ta que nues­tras vidas estén en per­fec­ta armonía a la de Cristo.  Nue­stro deseo debe ser de emu­lar a Cristo, exac­ta­mente.
  9. Coop­er­ar con los ancianos, pred­i­cadores, etc. (Efe­sios 4:11).  Nece­si­ta­mos ayu­da de otros cris­tianos para el crec­imien­to per­son­al.

Con­clusión:  Dios nos conoce mejor que nos cono­ce­mos a sí mis­mos.  Él sabe lo que podemos sopor­tar y que nos puede destru­ir.  Pero debe­mos coop­er­ar con Él y con­fi­ar en Él para que podamos aprovechar de cualquier opor­tu­nidad de crec­imien­to.

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El aba­timien­to de Elías

1 Reyes 18–19

Intro­duc­ción:  La emo­ción de la vic­to­ria-1 Reyes 18:41–46

  1. Elías acaba­ba de andar como fugi­ti­vo por tres años y aho­ra re-surge vic­to­rioso ante la gente.Elijah-1
    1. Los pro­fe­tas de Baal habían sido der­ro­ta­dos
    2. La exis­ten­cia de Dios ha sido demostra­da de for­ma dramáti­ca ante la gente
    3. Dios con­testó la oración de que lloviera de nue­vo (San­ti­a­go 5:18)
    4. Dios lo infunde con energía mila­grosa para cor­rer más que Acab, y aun lle­ga antes a Jezreel.
  2. La vida nos enseña que el bril­lo de la vic­to­ria suele de ser de cor­ta duración.  Elías esta­ba muy emo­ciona­do por las vic­to­rias que Dios le había dado, pero aho­ra se encuen­tra en una depre­sión demasi­a­da baja.  Debe­mos ten­er mucho cuida­do con las vic­to­rias porque es cuan­do somos los más vul­ner­a­bles.
  3. La agonía de la der­ro­ta-1 Reyes 19:1–10
    1. La ira de Jezabel-19:1–2.  Tal como le sucedió a Faraón, lo mis­mo le ha suce­di­do a Jez­abel, su corazón ha sido endure­ci­do con la demostración de la obra mila­grosa de Dios.  Aun tiene sufi­ciente recur­sos y fuerzas para ame­nazar a Elías.
    2. La solu­ción de Elías: ¡Cor­rer!  No de miedo, pero por estar abati­do.
      1. Se fue a Beerse­ba, deja su sier­vo, luego un día en el desier­to (3–4).  Su oración: “Bas­ta ya, Señor, toma mi vida porque yo no soy mejor que mis padres.”  Después de todo lo que ha hecho Elías, él se siente como un gran fra­ca­so.  La vida a veces nos hace esto.  ¡Elías esta­ba tan abati­do que no podía antic­i­par que un día estu­viera en el Monte de Trans­fig­u­ración con Moisés y Jesús!
      2. Dos veces fue ali­men­ta­do por un ángel/durmió-19:5–7.  El ángel le dijo, “Lev­án­tate, come, porque es muy largo el camino para ti.”  Dios conoce nue­stros límites and nos dará todo lo que nece­si­ta­mos para sopor­tar todos los desafíos grandes de la vida.  En Horeb, el Monte de Sinaí-vs. 8.  Andu­vo de aquí y para allá por el mis­mo desier­to como Moisés/Israel, por 40 días en vez de 40 años.  Dios cui­da de él.
      3. En la cue­va; Dios le pre­gun­ta a Elías sus propósi­tos de por qué a lle­ga­do a la cue­va.  O sea, de por qué está deprim­i­do.  El esta­do de áni­mo de Elías es aba­timien­to, frustra­do, soli­tario e indig­na­do acer­ca de los peca­dos de Israel.  Se siente como un fra­ca­so total.
      4. Todos ten­emos momen­tos de frus­tración y vacío.  Quizás nue­stros hijos nos han decep­ciona­do.  Quizás sen­ti­mos que otros no les impor­ta de Dios.  Quizás sen­ti­mos que la mal­dad e iniq­uidad son demasi­adas fuertes para nosotros poder hac­er una difer­en­cia.  Podemos lle­gar al esta­do de ago­tamien­to y ¡quer­e­mos huir de todo!
      5. La repues­ta medi­da de Dios-1 Reyes 19:11–18
        1. El susurro del­i­ca­do y suave (11–12)
          1. Note que ambos Elías y Moisés esta­ban sobre la mis­ma mon­taña obser­van­do la glo­ria de Dios (Sinaí); después los dos estarán jun­tos en el Monte de Trans­fig­u­ración
          2. Dios mues­tra las mar­avil­las de la nat­u­raleza: vien­to, ter­re­mo­to y fuego-pero Dios no está en ellos.  Luego, un vien­to suave, y susurro del­i­ca­do.
          3. EL PUNTO:  Dios no siem­pre obra por medio de una gran demostración o pro­duc­ción glo­riosa.  Elías pens­a­ba que una vic­to­ria públi­ca lo vin­di­caría a él y a Dios.  Pero no fue así.  Jamás debe­mos olvi­dar esto.  Dios logra la may­oría de Sus dis­eños por medio de gente vivien­do una vida tran­quila en el ser­vi­cio de Dios.
      6. Elías con­tinúa su que­ja (13–14).  Noten el ego de Elías.  Él está muy ensimis­ma­do (absorto en sí mis­mo).  Se le ha olvi­da­do que Dios está en con­trol de todo, que Dios está en el volante.  Se siente que Dios no se ha vin­di­ca­do a Él mis­mo y, que Dios no ha apoy­a­do los esfuer­zos de Elías.  Tam­bién se ha olvi­da­do de Abdías, quien ha escon­di­do fiel­mente a los 100 pro­fe­tas.  (18:3–4)
      7. El tiem­po de tra­ba­jar (15–18).  Dios le ha dado a Elías tiem­po, comi­da y tiem­po de desa­hog­a­rse, pero aho­ra nece­si­ta dis­traerse de sí mis­mo por medio de tra­ba­jo y propósi­to.
        1. Con el hecho de ungir a Haz­a­el y Jehú, Dios está preparan­do para el cas­ti­go de israel, espe­cial­mente la casa de Acab.
        2. Con el hecho de ungir a Eliseo (16) Dios está recono­cien­do que la vida de Elías se está ter­mi­nan­do y que Dios se lo lle­vará en Su pro­pio tiem­po.  Pero no dejará a Su gente sin un líder espir­i­tu­al.
        3. Una nota final:  “No obstante, yo dejaré en Israel siete mil per­sonas que no se han arrodil­la­do ante Baal ni lo han besa­do.” (18)  Dios está en con­trol, nosotros no.  Dios no nos nece­si­ta, sola­mente tra­ba­jamos con Él.  Este sen­tir de soledad espir­i­tu­al fácil­mente puede con­ver­tirse en orgul­lo y san­tur­ronería.  Pen­san­do que, “Nadie sirve a Dios como yo lo hago.”  Debe­mos ten­er cuida­do de no lle­gar a estar abati­do.

Con­clusión:  Ver­dadera­mente Elías “era un hom­bre como nosotros”.  Se dio cuen­ta que no siem­pre es fácil servir a Dios, pero se dedicó a hac­er el tra­ba­jo que Dios le asignó.  Se enfren­tó a los reyes, rec­hazó a la idol­a­tría, alabó y hon­ró a Dios en todo.  Y Dios cuidó de él, y hará lo mis­mo con nosotros.

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EL LIBRO DE APOCALIPSIS

 

Capí­tu­lo Vein­tiuno

 

OBJETIVOS EN EL ESTUDIO DE ESTE CAPÍTULO

 

1) Con­sid­er­ar el des­ti­no eter­no de los red­imi­dos, en tér­mi­nos

descrip­tivos de la comu­nión con Dios y de la pro­tec­ción de Dios

 

2) Asom­bra­dos con la glo­ria de la san­ta ciu­dad, la nue­va Jerusalén, la

esposa del Cordero, como es rev­e­la­do a Juan

 

RESUMEN

 

Ensegui­da de la esce­na del Juicio al final del capí­tu­lo ante­ri­or, el des­ti­no eter­no de los red­imi­dos es rev­e­la­do aho­ra. El moti­vo de un cielo nue­vo y una tier­ra nue­va, jun­to con la nue­va Jerusalén, es usa­da para dar gran esper­an­za y con­sue­lo a los cris­tianos. Esto no es cier­ta­mente nada nue­vo, porque tan­ta el Antiguo como el Nue­vo Tes­ta­men­to dan descrip­ciones sim­i­lares para aumen­tar la expectación del futuro (ver Isa 65:17–25; 66:22–24; Heb 11:10,13–16; 13:14; 2 Ped 3:13). En cada caso, el des­ti­no eter­no de la fidel­i­dad de Dios es descrito en tér­mi­nos que daban el sig­nifi­ca­do y áni­mo más grande al pueblo de esa dis­pen­sación. Aquí vemos el des­ti­no de los red­imi­dos en tér­mi­nos que describen la comu­nión con Dios y la pro­tec­ción de Dios.

 

Juan ve primero todas las cosas hechas nuevas. Hay un cielo nue­vo y una tier­ra nue­va, porque el primer cielo y la primera tier­ra ya no existían más (ver 20:11). Él ve la san­ta ciu­dad, la nue­va Jerusalén, descen­di­en­do del cielo de Dios. Una gran voz del cielo declara que Dios habitará con Su pueblo y será Su Dios. Dios, quien es el Alfa y el Omega, el prin­ci­pio y el fin, con­so­lará a Su pueblo qui­tan­do todo lo que cause dolor, y dará la fuente del agua de la vida gra­tuita­mente a todo el que ten­ga sed. En tan­to que los que ven­cen heredan todas las cosas y dis­fru­tan de las ben­di­ciones de ser hijos de Dios, el pecador y el infiel tienen su parte en el lago de fuego y azufre (ver 19:20; 20:10,14–15) lo cual es definido como la muerte segun­da (1–8).

 

Uno de los siete ánge­les que tenían las siete copas (ver 15:7; 16:1) lle­va entonces a Juan a un monte grande y alto, para mostrar­le a “la desposa­da, la esposa del Cordero”. Esto no es nada menos que la gran ciu­dad, la nue­va Jerusalén”, la que es vista descen­di­en­do del cielo, de Dios. Es una ciu­dad que tiene la glo­ria de Dios, y la may­or parte del capí­tu­lo describe sus ras­gos promi­nentes. Un muro grande y alto rodea a la ciu­dad. Esperan­do de pie 72 yardas de alto y hechas de jaspe, la pared tiene puer­tas celes­tiales sobre las que están los nom­bres de las doce tribus de Israel, con un ángel en cada puer­ta. La pared tiene doce cimien­tos, hechas de piedras pre­ciosas, en las cuales están los nom­bres de los doce após­toles. La ciu­dad mis­ma, hecha de oro puro seme­jante al vidrio limpio, es de 1500 mil­las de largo en su lon­gi­tud, de anchu­ra, y de altura. La calle de la ciu­dad es tam­bién de oro puro, trans­par­ente como vidrio (9–21).

 

La glo­ria de la san­ta ciu­dad es descri­ta más al notar que no hay tem­p­lo, porque el Señor Dios Todopoderoso y el Cordero son su tem­p­lo. No hay necesi­dad del sol ni de la luna, porque la glo­ria de Dios y del Cordero ilu­mi­nan la ciu­dad. Sus puer­tas nun­ca son cer­radas, allí no hay noche, y las naciones de los salvos jun­to con los reyes de la tier­ra traen su hon­or y glo­ria den­tro a ella. Solo aque­l­los escritos en el libro de la vida del Cordero entran a esta ciu­dad glo­riosa, ase­gu­ran­do que per­manece libre de cualquier abom­i­nación e inmundi­cia (22–27).

 

BOSQUEJO

 

I. TODAS LAS COSAS HECHAS NUEVAS (1–8)

 

   A. EL CIELO NUEVO Y LA TIERRA NUEVA (1)

1. Juan ve un cielo nue­vo y una tier­ra nue­va

2. El primer cielo y la nue­va tier­ra pasaron, y el mar ya no

existía más

 

B. LA NUEVA JERUSALÉN (2)

1. Juan vio a la san­ta ciu­dad descen­der del cielo

2. Esta­ba prepara­da como una esposa ador­na­da para su mari­do

 

C. LA PROCLAMACIÓN DESDE EL CIELO (3–4)

1. “El tabernácu­lo de Dios con los hom­bres”

a. “Él morará con ellos; y ellos serán Su pueblo”

b. “Dios mis­mo estará con ellos como su Dios”

2. “Enju­gará Dios toda lágri­ma de los ojos de ellos”

a. “Ya no habrá muerte, ni habrá más llan­to, ni clam­or”

b. Ya no habrá dolor; porque las primeras cosas pasaron”

 

D. LA PROCLAMACIÓN DEL QUE ESTÁ SENTADO EN EL TRONO (5–8)

1. “He aquí, Yo hago nuevas todas las cosas”

a. “Escribe; porque estas pal­abras son fieles y ver­daderas”

b. “Hecho está”

2. “Yo soy el Alfa y la Omega, el prin­ci­pio y el fin”

a. “Al que tuviere sed, yo le daré gra­tuita­mente de la fuente

del agua de la vida”

b. “El que venciere heredará todas las cosas”

1) “Yo seré su Dios”

2) “Él será Mi hijo”

3. “Pero los cobardes e incré­du­los, los abom­inables y homi­ci­das,

los for­ni­car­ios y hechiceros, los idol­a­tras y todos los

men­tirosos…”

a. “Ten­drán su parte en el lago que arde con fuego y azufre”

b. “Que es la muerte segun­da”

 

II. LA NUEVA JERUSALÉN (9–21)

 

    A. SE LE MUESTRA A JUAN LA SANTA CIUDAD (9–11)

1. Porque uno de los siete ánge­les que tenía las siete copas

llenas con las pla­gas postr­eras

a. El cual ofrece mostrar a Juan a “la desposa­da, la esposa del

Cordero”

b. El cual lo llevó en el Espíritu a un monte grande y alto

2. El ve a la gran ciu­dad, la nue­va Jerusalén

a. Descen­der del cielo, de Dios

b. Tenien­do la glo­ria de Dios

 

B. LA CONSTRUCCIÓN DE LA CIUDAD Y DE SU MURO (12–21)

1. Tenía una pared grande y alta con doce puer­tas

a. Con doce ánge­les en las puer­tas

b. Con los nom­bres de las doce tribus de Israel

c. Con tres puer­tas en el ori­ente, norte, sur, y poniente

d. Con doce cimien­tos, en los que esta­ban los nom­bres de los

doce após­toles del Cordero

2. Las medi­das de la ciu­dad, de las puer­tas, y del muro

a. El ángel tenía una caña medir­los

b. La ciu­dad esta estable­ci­da en cuadro, su lon­gi­tud, altura y

anchu­ra son doce mil esta­dios

c. El muro es de cien­to cuarenta y cua­tro mil codos

3. La con­struc­ción de la ciu­dad, del muro, sus cimien­tos, y las

Puer­tas

a. El muro era de jaspe; la ciu­dad era de oro puro, seme­jante

al vidrio limpio

b. Los doce cimien­tos del muro esta­ban ador­na­dos con piedras

pre­ciosas:

1) Jaspe         5) Ónice          9) Topa­cio

2) Zafiro        6) Cor­nali­na      10) Crisopa­so

3) Ága­ta         7) Crisól­i­to      11) Jac­in­to

4) Esmer­al­da     8) Beri­lo         12) Ama­tista

c. Las doce puer­tas eran doce per­las, cada puer­ta una per­la

d. La calle de la ciu­dad era de oro puro, seme­jante a vidrio

trans­par­ente

 

III. LA GLORIA DE LA SANTA CIUDAD (22–27)

 

     A. ILUMINADA POR LA PRESENCIA DE DIOS Y DEL CORDERO (22–23)

1. Su tem­p­lo son el Señor Dios Todopoderoso y el Cordero

2. Es ilu­mi­na­da por la glo­ria de Dios y del Cordero

 

B. RESALTADAS POR LOS QUE ENTRAN (24–27)

1. Las naciones que hubier­an sido sal­vas andarán a la luz de ella

2. Los reyes de la tier­ra traerán su glo­ria y hon­or a ella

3. Sus puer­tas nun­ca serán cer­radas de día, pues allí no habrá

Noche

4. Las naciones lle­varán la glo­ria y la hon­ra a ella

a. No entrará a ella ningu­na cosa inmun­da, o que hace

abom­i­nación y men­ti­ra

b. Solo los que están escritos en el libro de la vida del

Cordero

 

PREGUNTAS DE REVISIÓN PARA EL CAPÍTULO

 

1) ¿Cuáles son los pun­tos prin­ci­pales de este capí­tu­lo?

- Todas las cosas hechas nuevas (1–8)

- La nue­va Jerusalén (9–21)

- La glo­ria de la san­ta ciu­dad (22–27)

 

2) ¿Qué vio Juan? (1)

- Un Nue­vo cielo y una nue­va tier­ra

 

3) ¿Qué le pasó al primer cielo y a la primera tier­ra? ¿Qué del mar? (1)

- Pasaron

- No existía más

 

4) ¿Qué vio Juan descen­der del cielo de Dios? (2)

- La san­ta ciu­dad, la nue­va Jerusalén, descen­der del cielo, de Dios,

dis­pues­ta como una esposa atavi­a­da para su mari­do

 

5) ¿Qué se dijo sobre la mora­da de Dios? (3)

- He aquí el tabernácu­lo de Dios con los hom­bres

- Él morará con ellos; y ellos serán Su pueblo

- Dios mis­mo estará con ellos como Su Dios

 

6) ¿Qué hizo Dios? ¿Qué no habrá más? (4)

- Enju­gará toda lágri­ma de los ojos de ellos

- Muerte, llan­to, clam­or ni dolor

 

7) ¿Qué dijo a Juan en el ver­sícu­lo 5 Él que está en el trono?

- “He aquí, Yo hago nuevas todas las cosas”

- “Escribe; porque estas pal­abras son fieles y ver­daderas”

 

8) ¿Qué dijo Él en el ver­sícu­lo 6?

- “Hecho está”

- “Yo soy el Alfa y la Omega, el prin­ci­pio y el fin”

- “Al que tuviere sed, Yo le daré gra­tuita­mente de la fuente del agua

de la vida”

 

9) ¿Qué se les prom­ete a los vence­dores? (7)

- “Heredará todas las cosas”

- “Yo seré su Dios, y él será Mi hijo”

 

10) ¿Quiénes ten­drán su parte en el lago que arde con fuego y azufre?

    ¿Cómo es lla­ma­do este? (8)

- Los cobardes e incré­du­los, los abom­inables y homi­ci­das, los

for­ni­car­ios y hechiceros, los idóla­tras y todos los men­tirosos

- La muerte segun­da

 

11) ¿Quién ofre­ció mostrar a Juan la desposa­da, la esposa del Cordero?

    (9)

- Uno de los siete ánge­les que tenían las siete copas

 

12) ¿A dónde es lle­va­do Juan, y qué ve? (10)

- A un monte grande y alto

- La gran ciu­dad san­ta de Jerusalén, que descendía del cielo, de Dios

 

13) ¿Cuál era la descrip­ción gen­er­al de la ciu­dad? (11)

- Tiene la glo­ria de Dios

- Su ful­gor era seme­jante al de una piedra pre­ciosísi­ma, como piedra

de jaspe, diá­fana como el cristal

 

14) ¿Qué rode­a­ba a la ciu­dad? (12)

- Un muro alto y grande con doce puer­tas

 

15) ¿Qué per­manecía en cada puer­ta? ¿Qué esta­ba escrito en las puer­tas?

    (12)

- Un ángel

- Los nom­bres de las doce tribus de Israel

 

16) ¿Cuán­tos cimien­tos tenía el muro? ¿Qué esta­ba escrito en los

    cimien­tos? (14)

- Doce

- Los nom­bres de los doce após­toles del Cordero

 

17) ¿Cuál era la lon­gi­tud, la altura, y la anchu­ra de la ciu­dad? (16)

- Doce mil esta­dios (alrede­dor de 1500 mil­las)

 

18) ¿Qué alto tenía el muro? (17)

- 144 codos (alrede­dor de 72 yardas)

 

19) ¿De qué esta­ba con­stru­i­da la pared? ¿De qué la ciu­dad? (18)

- El muro era de jaspe

- La ciu­dad era de oro puro, seme­jante al vidrio limpio

 

20) ¿De qué esta­ban ador­na­dos los cimien­tos de la ciu­dad? (19)

- Con toda piedra pre­ciosa

 

21) ¿De qué eran las doce puer­tas? ¿De qué era la calle de la ciu­dad?

    (21)

- Doce per­las, cada una de las puer­tas era una per­la

- De oro puro, trans­par­ente como vidrio

 

22) ¿Por qué no había tem­p­lo en la ciu­dad? (22)

- El Señor Dios Todopoderoso es el tem­p­lo de ella, y el Cordero

 

23) ¿Por qué no es nece­sario que el sol o la luna la alum­bren? (23)

- La glo­ria de Dios la ilu­mi­na, y el Cordero es su lum­br­era

 

24) ¿Quién cam­i­nará en su luz? ¿Quién le traerá su glo­ria y hon­or? (24)

- Las naciones que hubieren sido sal­vas

- Los reyes de la tier­ra

 

25) ¿Qué nun­ca serán cer­radas de día? ¿Qué acer­ca de la noche? (25)

- Las puer­tas de la ciu­dad

- Allí no habrá noche

 

26) ¿Quién no entrará por ningún moti­vo a la ciu­dad? ¿Quién entrará a la

    ciu­dad? (27)

- Ningu­na cosa inmun­da, o que hace abom­i­nación y men­ti­ra

- Solo los que están inscritos en el libro de la vida del Cordero

Apoc­alip­sisLec­ción 22. Capí­tu­lo Vein­tiuno

EL LIBRO DE APOCALIPSIS

 

Capí­tu­lo Veinte

 

OBJETIVOS EN EL ESTUDIO DE ESTE CAPÍTULO

 

1) Con­sid­er­ar la atadu­ra, la lib­eración y la der­ro­ta final de Satanás

 

2) Exam­i­nar “el reino de mil años” descrito en este capí­tu­lo, y aque­l­los

que reinarán con Cristo durante este tiem­po

 

3) Notar el cri­te­rio del juicio final, y la impor­tan­cia del Libro de la

Vida

 

RESUMEN

 

Los capí­tu­los pre­vios han ilustra­do la der­ro­ta de los agentes usa­dos por Satanás para perseguir al pueblo de Dios. Uno por uno hemos vis­to la caí­da de Babilo­nia, de la bes­tia, del fal­so pro­fe­ta, y de los ejérci­tos que ellos han reunido. ¿Qué acer­ca de Satanás, el dragón que le dio autori­dad a la bes­tia en su esfuer­zo de empren­der la guer­ra con­tra los san­tos (12:17–13:7)? ¿Y qué de aque­l­los muer­tos por los agentes de Satanás?

 

Este capí­tu­lo rev­ela el atamien­to de Satanás por “unos mil años”. Más prob­a­ble­mente describe un largo peri­o­do de tiem­po en el cual Satanás ya no es más capaz de engañar a las naciones como lo hizo durante el tiem­po del impe­rio romano (ver 13:14; 20:3). Ini­ció ensegui­da del fin de la per­se­cu­ción romana y con­tin­uaría por algún tiem­po en el futuro. Durante este perío­do, Juan ve a las almas reinan­do con Cristo, los que fueron decap­i­ta­dos por su fidel­i­dad a Jesús y a la Pal­abra de Dios. No se hace ningu­na men­ción del reina­do sobre la tier­ra, así que mi con­clusión es que ellos reinarán con Cristo en los cie­los durante este perío­do (ver 2:26–27; 3:21). Esta “primera res­ur­rec­ción” podría ser una ben­di­ción espe­cial para los már­tires de Cristo durante el esta­do inter­me­dio (entre la muerte y la res­ur­rec­ción cor­po­ral al final del tiem­po), en tan­to que 7:9–17 podría describir el esta­do inter­me­dio para el cris­tiano prome­dio. ¡En ver­dad aque­l­los que han sido decap­i­ta­dos por el tes­ti­mo­nio de Cristo son “bien­aven­tu­ra­dos y san­tos” (1–6)!

 

Después de los “1000 años” men­ciona­dos arri­ba, Satanás es lib­er­a­do por un cor­to tiem­po donde él bus­ca una vez más “engañar a las naciones” para perseguir al pueblo de Dios (ver 13:14; 20:3,8,10). La men­ción de “Gog y Magog” es seme­jante a una ref­er­en­cia apoc­alíp­ti­ca a las fuerzas del mal a las órdenes de Satanás durante ese tiem­po, no a una nación o a naciones en par­tic­u­lar. Pero el inten­to final de Satanás es ráp­i­da­mente frustra­do por el Señor, y el dia­blo es lan­za­do al lago de fuego, donde esta­ban la bes­tia y el fal­so pro­fe­ta (ver 19:20). Si hay algu­na sec­ción de Apoc­alip­sis que pertenez­ca al tiem­po jus­to antes de la veni­da final del Señor, creo que esta es una de ellas. La descrip­ción es breve, pero el libro fue escrito para el ben­efi­cio de los cris­tianos en Asia Menor sobre las cosas que pasarían en breve (ver 1:1–4; 22:6,10). Estos cris­tianos no exper­i­men­ta­rían este últi­mo inten­to de Satanás. Pero para ase­gu­rar­los (¡y a nosotros!) que Satanás sería der­ro­ta­do al final, ten­emos la descrip­ción encon­tra­da en estos pocos ver­sícu­los (7–10).

 

Este capí­tu­lo cier­ra con la descrip­ción del juicio final. Ante el gran trono blan­co y Él que está sen­ta­do en él, son juz­ga­dos todos los muer­tos. Los libros son abier­tos, incluyen­do el Libro de la Vida, y el juicio es en basa a sus obras. Nadie escapa del juicio, porque el mar, la muerte y el Hades entre­gan a todos los muer­tos que están en ellos. La muerte y el Hades son arro­ja­dos al lago de fuego, descrito como la “muerte segun­da”. El mis­mo fin es dado a aque­l­los cuyos nom­bres no están escritos en el Libro de la Vida (11–15).

 

BOSQUEJO

 

I. EL REINO DE MIL AÑOS (1–6)

 

   A. SATANÁS ATADO POR 1000 AÑOS (1–3)

1. Juan ve a un ángel descen­der del cielo

a. Con la llave del abis­mo

b. Con una gran cade­na en su mano

2. El ángel ata a Satanás por mil años

a. Lo arro­ja al abis­mo, lo encier­ra, pone su sel­lo sobre él

b. Así que él no engañaría más a las naciones por mil años

– Pero después él será lib­er­a­do por un poco de tiem­po

 

B. LOS SANTOS REINAN CON CRISTO POR 1000 AÑOS (4–6)

1. Juan ve las almas sobre tronos, con fac­ul­tad de juz­gar

a. Los que habían sido decap­i­ta­dos por su tes­ti­mo­nio de Jesús y

por la pal­abra de Dios

b. Los que no ado­raron a la bes­tia ni a su ima­gen

c. Los que no habían recibido su mar­ca en sus frentes o en sus

manos

2. Estas almas vivieron y reinaron con Cristo mil años

a. El resto de los muer­tos no volvieron a vivir has­ta que se

cumpli­eron mil años

b. Esta es la primera res­ur­rec­ción

1) Bien­aven­tu­ra­dos y san­tos son aque­l­los el que tiene parte

en la primera res­ur­rec­ción

2) La segun­da muerte no tiene potes­tad sobre ellos

3) Ellos serán sac­er­dotes de Dios y de Cristo

4) Ellos reinarán con Cristo mil años

 

II. EL INTENTO FINAL DE SATANÁS Y SU DERROTA (7–10)

 

    A. SU LIBERACIÓN DE LA PRISIÓN (7–8)

1. Después de que los mil años se com­ple­taron

2. Él sal­drá a engañar a las naciones

a. A los de las cua­tro esquinas de la tier­ra, a Gog y a Magog

b. A reunir­los para la batal­la

 

B. EL INTENTO FINAL Y LA DERROTA (9)

1. Tiene a las naciones rode­an­do el cam­pa­men­to de los san­tos y de

la ciu­dad ama­da

2. De Dios descendió fuego del cielo que devoró a los que Satanás

engañó

 

C. SU TORMENTO ETERNO (10)

1. El Dia­blo que engañó a las naciones fue lan­za­do al lago de

fuego y azufre

2. Al mis­mo lugar donde están la bes­tia y el fal­so pro­fe­ta

3. Ellos serán ator­men­ta­dos día y noche por los sig­los de los

sig­los

 

III. EL JUICIO FINAL (11–15)

 

     A. EL QUE ESTÁ SENTADO EN EL GRAN TRONO BLANCO (11)

1. Juan ve un gran trono blan­co y Él que está sen­ta­do en él

2. Delante del cual huyeron la tier­ra y el cielo, y ningún lugar

se encon­tró para ellos

 

B. EL JUICIO DE LOS MUERTOS(12–13)

1. Juan ve a los muer­tos, grandes y pequeños, de pie ante Dios

2. Los libros fueron abier­tos, incluyen­do el Libro de la Vida

a. Los muer­tos fueron juz­ga­dos de acuer­do a sus obras

b. Los muer­tos fueron juz­ga­dos por las cosas escritas en los

libros

3. Todos los muer­tos fueron juz­ga­dos, cada uno de acuer­do a sus

obras

a. Porque el mar dio a los muer­tos que había en él

b. Porque la muerte y el Hades entre­garon los muer­tos que

había en ellos

 

C. EL LAGO DE FUEGO (14–15)

1. La muerte y el Hades fueron lan­za­dos al lago de fuego (que es

la muerte segun­da)

2. El que no se hal­ló inscrito en el Libro de la Vida fue lan­za­do

al lago de fuego

 

PREGUNTAS DE REVISIÓN PARA EL CAPÍTULO

 

1) ¿Cuáles son los prin­ci­pales pun­tos de este capí­tu­lo?

- El reino de mil años (1–6)

- El inten­to final de Satanás y su der­ro­ta (7–10)

 

2) ¿Qué vio Juan caer del cielo? (1)

- Un ángel, que tiene la llave del abis­mo y una gran cade­na en su mano

 

3) ¿Qué le hizo el ángel a Satanás? (2–3)

- Lo prendió y lo ató por mil años

- Lo arro­jó al abis­mo, y lo encer­ró, y puso su sel­lo sobre él

 

4) ¿Por qué hizo el ángel esto a Satanás? (3)

- Para que no engañase más a las naciones, has­ta que fue­sen cumpli­dos

mil años

 

5) ¿A qué almas vio Juan sen­tadas en tronos? (4)

- A los que habían sido decap­i­ta­dos por causa del tes­ti­mo­nio de Jesús

y por la pal­abra de Dios

- Los que no habían ado­ra­do a la bes­tia ni a su ima­gen

- Los que no reci­bieron la mar­ca en sus frentes ni en sus manos

 

6) ¿Cuán­to tiem­po vivieron ellos? ¿Con quién reinaron ellos? (4)

- Mil años

- Con Cristo

 

7) ¿Cómo es lla­ma­do este reina­do con Cristo? ¿Por qué los que tienen

   parte son con­sid­er­a­dos bien­aven­tu­ra­dos y san­tos? (5–6)

- La primera res­ur­rec­ción

- Sobre los tales la segun­da muerte no tiene potes­tad, y ellos serán

sac­er­dotes de Dios y de Cristo, y reinarán con Él mil años

 

8) ¿Qué pasa cuan­do ter­mi­nan los mil años? (7)

- Satanás será suel­to

 

9) ¿Qué hará él? (8–9)

- Engaña a las naciones que están en los cua­tro ángu­los de la tier­ra a

fin de reunir­los para la batal­la

- Rodearon el cam­pa­men­to de los san­tos y la ciu­dad ama­da

 

10) ¿Qué pasará antes que ellos tri­un­fen? (9)

- Desciende fuego del cielo y los con­sume

 

11) ¿Qué le pasará al dia­blo? (10)

- Será lan­za­do en el lago de fuego y azufre, donde esta­ban la bes­tia

y el fal­so pro­fe­ta

- Serán ator­men­ta­dos día y noche por los sig­los de los sig­los

 

12) ¿Qué vio Juan ensegui­da? ¿Qué acer­ca de la tier­ra y el cielo? (11)

- Un gran trono blan­co y Él que esta­ba sen­ta­do en él

- Huyeron; ningún lugar se encon­tró para ellos

 

13) ¿Qué vio Juan de pie delante del trono? ¿Qué fue abier­to? (12)

- Los muer­tos, grandes y pequeños

- Los libros, incluyen­do el libro de la vida

 

14) ¿Cómo fueron juz­ga­dos los muer­tos? (12)

- Según sus obras

- Por las cosas que esta­ban escritas en los libros

 

15) ¿Quién entregó los muer­tos? (13)

- El mar, la muerte y el Hades

 

16) ¿Cómo es lla­ma­do el lago de fuego? ¿Quiénes fueron lan­za­dos en él?

    (14–15)

- La muerte segun­da

- La muerte y el Hades, y el que no se hal­ló inscrito en el libro de

la vida

 

Apoc­alip­sisLec­ción 21. Capí­tu­lo Veinte

Salmos 19:1; “Los cie­los procla­man la glo­ria de Dios, Y el fir­ma­men­to anun­cia la obra de Sus manos.”

Mateo reta los pre­juicios en con­tra de los paganos.  La primer his­to­ria después del nacimien­to de Jesús ini­cia con los magos quienes han via­ja­do una dis­tan­cia muy larga para ofre­cer­le hom­e­na­je al nue­vo Rey naci­do en Judea.  Entran a Jerusalén con una car­a­vana sufi­cien­te­mente grande para atraer la aten­ción de la ciu­dad (2:3); segu­ra­mente habían asum­i­do que encon­trarían un rey recién naci­do en el pala­cio de Herodes en Jerusalén.

Los magos eran astról­o­gos de la corte real del rey de Per­sa.  Parte de su tra­ba­jo era de hac­er que el rey luciera bien ante la gente, pero en esta ocasión venían a pro­mover a otro Rey.  Era común que los reyes enviaran sus buenos deseos a nuevos gob­er­nantes en otros reinos, pero el rey de Per­sa se llam­a­ba él mis­mo el “Reye de reyes,” o sea el altísi­mo de todos los reyes (e.g., Esdras 7:12; Daniel 2:37).  Tal vez no esper­amos a los magos a que vinier­an a ado­rar a Jesús, espe­cial­mente a uno que no se encon­tra­ba en un pala­cio real pero lo hal­laron en una cue­va humilde.

Más ines­per­ada­mente, estos mago eran astról­o­gos, por lo cual se expli­ca por qué se fijaron en la estrel­la que anun­cia­ba la lle­ga­da del Mesías, el real Rey de reyes.  Muchas fuentes de este peri­o­do comen­tan sobre la habil­i­dad de los magos en la adiv­inación, pero la audi­en­cia de Mateo prob­a­ble­mente recor­darían primero los magos men­ciona­dos en su tra­duc­ción grie­ga del Antiguo Tes­ta­men­to: los ene­mi­gos de Daniel, quien en el nar­ra­ti­vo de Daniel los pre­sen­tan en una luz negativa—como paganos egoís­tas, incom­pe­tentes y bru­tal (Daniel 2:2, 10).

Aunque la Bib­lia pro­hibía la adiv­inación que incluye la astrología  (Deut. 18:9–13; Is. 47:13; Deut. 4:19), pero por un even­to espe­cial en la his­to­ria El Dios que gob­ier­nan en los cie­los escogió rev­e­larse en donde los paganos esta­ban miran­do (e.g., Hechos 19:12, 15–20).  Sin apro­bar la astrología, la nar­ra­ti­va de Mateo reta nue­stros pre­juicios en con­tra de los que tienen un fe con­traria a la nues­tra (Hechos 8:5–13; 15:21–28): aun los más paganos de los paganos pueden respon­der a Jesús si se les da la opor­tu­nidad (e.g., Jonás 1:13–16; 3:6–10).  ¡Qué lla­ma­da tan rotun­da para la igle­sia de hoy para bus­car y ofre­cer­les el evan­ge­lio a aque­l­los que tienen creen­cias muy dis­tin­tas a las nues­tras!

Sin embar­go, aun una guía sobre­nat­ur­al como la estrel­la puede lle­var a los astról­o­gos sólo has­ta cier­to pun­to; para direc­ción más especí­fi­ca deben pre­gun­tar a los líderes de Jerusalén en dónde ha naci­do el rey (2:2).  Es decir, su rev­elación celes­tial era sola­mente par­cial; y final­mente deberían some­terse a la rev­elación div­ina de las escrit­uras, per­se­ver­a­da por la gente judía de ese día y aho­ra por medio de los cris­tianos.  (Hebre­os 1:1–2).

 

 

84
EL LIBRO DE APOCALIPSIS
Capí­tu­lo Diecin­ueve
OBJETIVOS EN EL ESTUDIO DE ESTE CAPÍTULO
1) Notar el gran gozo en el cielo sobre la caí­da de Babilo­nia, y la
emo­ción sobre la preparación del mat­ri­mo­nio entre el Cordero y Su
esposa
2) Ver la gran vic­to­ria que Cristo ten­dría sobre la bes­tia, el fal­so
pro­fe­ta, y sus ejérci­tos
RESUMEN
Este capí­tu­lo ilus­tra la der­ro­ta final de los ene­mi­gos del pueblo de
Dios. Juan oye a una gran mul­ti­tud en los cie­los rego­ci­ján­dose por la
caí­da de Babilo­nia. La mul­ti­tud está gozosa por los vein­tic­u­a­tro ancianos
y las cua­tro criat­uras vivientes, y una voz des­de el trono hizo un
lla­ma­do a todos los sier­vos de Dios a que Lo ado­raran (1–5).
Juan oye entonces a los cie­los rego­ci­ján­dose en preparación para la boda
del Cordero. Su esposa ya esta­ba lista, y está ador­na­da con lino fino,
que sim­bolizan las acciones jus­tas de los san­tos. Entonces se le dice a
Juan que aque­l­los que están invi­ta­dos a la cena del Cordero son en ver­dad
ben­de­ci­dos. Juan se pos­tra para ado­rar al que le está hablan­do, pero es
repren­di­do de inmedi­a­to y se le dice que adore a Dios (6–10).
La esce­na cam­bia ráp­i­da­mente mien­tras Juan ve el cielo abier­to y ve a
Cristo, el rey guer­rero sobre un cabal­lo blan­co, segui­do por los
ejérci­tos celes­tiales en cabal­los blan­cos. Descrito en tér­mi­nos llenos de
recuer­dos sobre Su apari­en­cia en los primeros tres capí­tu­los, Él está
lis­to para herir a las naciones y a sus gob­er­nantes con una vara de
hier­ro, mien­tras que Él pisa el lagar del vino del furor del Dios
Todopoderoso. Así está inscrito en Su vestidu­ra y en Su mus­lo, Jesús es
ver­dadera­mente “Rey de reyes y Señor de señores” (11–16).
Con un ángel que esta­ba en pie en el sol e invi­tan­do a las aves a
jun­tarse para la cena del gran Dios, Juan ve entonces a la bes­tia y a sus
fuerzas reunidas para hac­er la guer­ra con­tra Cristo y Su ejérci­to. Pero
de inmedi­a­to la bes­tia y el fal­so pro­fe­ta (la bes­tia ter­re­nal de 13:11-
18) son cap­tura­dos y lan­za­dos al lago de fuego. Sus ejérci­tos fueron
muer­tos con la espa­da que sale de la boca de Cristo, y todas las aves se
sacia­ron con sus carnes (17–21).
Este capí­tu­lo parece dis­eña­do para reforzar la idea de que Cristo es el
gob­er­nador reinante que der­ro­tará a los que han esta­do per­sigu­ien­do a Su
pueblo. Así como Babilo­nia la ram­era sería destroza­da, así la bes­tia y el
fal­so pro­fe­ta serían ven­ci­dos. Si lo últi­mo rep­re­sen­ta al impe­rio romano
en su per­se­cu­ción en con­tra de la igle­sia, esta sec­ción con sus imá­genes
vivi­das serían cumpl­i­das alrede­dor del 313 d.C. con Con­stan­ti­no
ter­mi­nan­do con la per­se­cu­ción romana.
BOSQUEJO
I. EL REGOCIJO EN EL CIELO POR LA CAÍDA DE BABILONIA (1–5)
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A. UNA GRAN MULTITUD EN EL CIELO (1–3)
1. La ala­ban­za a Dios, atribuyén­dole la sal­vación, la glo­ria, la
hon­ra, y el poder
2. La declaración de Sus juicios sobre la gran ram­era como
ver­daderos y jus­tos
a. Porque ella cor­rompió a la tier­ra con su for­ni­cación
b. Él ha ven­ga­do la san­gre de Sus sier­vos que ella der­ramó
3. La ala­ban­za a Dios, porque el humo de ella sube por los sig­los
de los sig­los
B. LOS VEINTICUATRO ANCIANOS Y LOS CUATRO SERES VIVIENTES (4)
1. Se pos­tran y ado­ran a Dios que está sen­ta­do en el trono
2. Dicien­do: “¡Amén! ¡Aleluya!”
C. UNA VOZ DESDE EL TRONO (5)
1. Hacien­do un lla­ma­do a todos los sier­vos de Dios y a los que Le
temen
2. Hacien­do un lla­ma­do tan­to a pequeños como a grandes a alabar a
Dios
II. EL CIELO SE REGOCIJA EN LA PREPARACIÓN PARA LAS BODAS DEL CORDERO
(6–10)
A. UNA GRAN MULTITUD EN EL CIELO (6–8)
1. Que se oye como muchas aguas y como grandes truenos
a. Ala­ban­do al Señor Dios Omnipo­tente por Su reino
b. Dicien­do que se ale­gren y se rego­ci­jen y den glo­ria a Dios
2. Porque han lle­ga­do las bodas del Cordero
a. Su esposa se ha prepara­do
b. Ella se ha vesti­do con lino fino, que son las acciones
jus­tas de los san­tos
B. UN CONSIERVO FIEL (9–10)
1. Le dice a Juan que escri­ba: “Bien­aven­tu­ra­dos los que son
lla­ma­dos a la cena de las bodas del Cordero”
2. Dicien­do: “Estas son pal­abras ver­daderas de Dios.”
3. Cuan­do Juan se pos­tra a sus pies para ado­rar­lo, es repren­di­do
a. “Mira, no lo hagas”
b. “Yo soy con­sier­vo tuyo, y de tus her­manos que retienen el
tes­ti­mo­nio de Jesús.”
c. “Ado­ra a Dios: porque el tes­ti­mo­nio de Jesús es el espíritu
de la pro­fecía.”
III. CRISTO EL REY GUERRERO SOBRE UN CABALLO BLANCO (11–16)
A. SU TERRIBLE DESCRIPCIÓN (11–13)
1. Cuan­do los cie­los son abier­tos, Juan Lo ve sen­ta­do sobre un
cabal­lo blan­co
a. Él es lla­ma­do Fiel y Ver­dadero
b. Con jus­ti­cia juz­ga y pelea
2. Como es vis­to por Juan:
a. Sus ojos eran como lla­ma de fuego
b. Había en Su cabeza muchas diade­mas
c. Tenía un nom­bre escrito que ninguno conocía sino Él mis­mo
d. Vesti­do de una ropa teñi­da en san­gre
e. Su nom­bre es: El Ver­bo de Dios
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B. SU GRAN GOBERNADOR Y REINO (14–16)
1. Segui­do por los ejérci­tos celes­tiales
a. Vesti­do en lino fino, blan­co y limpio
b. Sen­ta­dos en cabal­los blan­cos
2. De Su boca sale una espa­da agua para herir a las naciones
a. Él regirá a las naciones con una bar­ra de hier­ro
b. El pis­ará el lagar del vino del furor y de la ira del Dios
Todopoderoso
3. En Su vestidu­ra y en Su mus­lo tiene escrito este nom­bre: “Rey
de reyes y Señor de señores”
IV. LA CAÍDA DE LA BESTIA, DEL FALSO PROFETA, Y DE SUS FUERZAS (17–21)
A. LA DECLARACIÓN DE UN ÁNGEL (17–18)
1. Juan ve a un ángel de pie en el sol, que cla­ma a gran voz
2. Dicien­do a todas las aves que vue­lan en medio del cielo:
a. “Venid, y con­gre­gaos a la gran cena de Dios.”
b. “…para que comáis carnes de reyes y de cap­i­tanes, y carnes
de fuertes, carnes de cabal­los y de sus jinetes, y carnes de
todos, libres y esclavos, pequeños y grandes”
B. EL FIN DE LA BESTIA Y DEL FALSO PROFETA (19–21)
1. Juan vio a la bes­tia, a los reyes de la tier­ra y a sus
ejérci­tos, reunidos para hac­er la guer­ra con Él que esta­ba
sen­ta­do sobre el cabal­lo y sobre Sus ejérci­tos
2. Juan vio a la bes­tia y al fal­so pro­fe­ta apre­sa­da
a. El fal­so pro­fe­ta que hacia señales en la pres­en­cia de la
bes­tia
b. Con las que había engaña­do a los que reci­bieron la mar­ca de
la bes­tia, y habían ado­ra­do su ima­gen
— Los dos fueron lan­za­dos vivos den­tro de un lago de fuego que
arde con azufre
3. El resto de sus fuerzas fueron muer­tos
a. Con la espa­da que salía de la boca del que monta­ba el
cabal­lo
b. Todas las aves se sacia­ron de las carnes de ellos
PREGUNTAS DE REVISIÓN DEL CAPÍTULO
1) ¿Cuáles son los prin­ci­pales pun­tos de este capí­tu­lo?
— Los cie­los se rego­ci­jan por la caí­da de Babilo­nia (1–5)
— Los cie­los se rego­ci­jan por la preparación de las bodas del Cordero
(6–10)
— Cristo el rey guer­rero sobre un cabal­lo blan­co (11–16)
— La caí­da de la bes­tia, del fal­so pro­fe­ta, y de sus fuerzas (17–21)
2) ¿Qué oyó Juan de una gran mul­ti­tud que exclam­a­ba en el cielo? (1)
— “¡Aleluya! Sal­vación y hon­ra y glo­ria y poder son del Señor Dios
nue­stro”
3) ¿Por qué son procla­ma­dos los juicios de Dios sobre la ram­era como
ver­daderos y jus­to? (2)
— Ella ha cor­rompi­do a los reyes de la tier­ra con su for­ni­cación
— Ella ha der­ra­ma­do la san­gre de Sus sier­vos
4) ¿Qué más dijo esta gran mul­ti­tud en los cie­los? (3)
— “¡Aleluya! Y el humo de ella sube por los sig­los de los sig­los
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5) ¿Quién más se rego­ci­jo y clamó “¡Amén! ¡Aleluya!”? (4)
— Los vein­tic­u­a­tro ancianos y los cua­tro seres vivientes
6) ¿Qué procla­ma una voz des­de el trono? (5)
— “Alabad a nue­stro Dios todos sus sier­vos, y los que le teméis, así
pequeños como grandes”
7) ¿Qué clamó ensegui­da la voz de una gran mul­ti­tud? (6–7)
— “¡Aleluya, porque el Señor nue­stro Dios Todopoderoso reina”
— “Gocé­monos y ale­gré­monos y démosle glo­ria; porque han lle­ga­do las
bodas del Cordero, y su esposa se ha prepara­do”
8) ¿En qué fue ador­na­da la esposa del Cordero? (8)
— En lino fino, limpio y res­p­lan­de­ciente (las acciones jus­tas de los
san­tos)
9) ¿Qué se le dijo entonces a Juan? (9)
— “Escribe: ‘Bien­aven­tu­ra­dos los que son lla­ma­dos a la cena de las
bodas del Cordero’”
— “Estas son pal­abras ver­dadera de Dios.”
10) Cuan­do Juan se postró para ado­rar al que esta­ba con él, ¿qué le dijo
él? ¿Por qué? (10)
— “Mira, no lo hagas”
— “Yo soy con­sier­vo tuyo, y de tus her­manos que retienen el
tes­ti­mo­nio de Jesús.”
— “Ado­ra a Dios; porque el tes­ti­mo­nio de Jesús es el espíritu de la
pro­fecía.”
11) Enliste las car­ac­terís­ti­cas descrip­ti­vas del que está sen­ta­do en el
cabal­lo blan­co (11–16)
— Se llam­a­ba Fiel y Ver­dadero, y con jus­ti­cia juz­ga y pelea
— Sus ojos eran como lla­ma de fuego, y había en Su cabeza muchas
diade­mas
— Tenía un nom­bre escrito que ninguno conocía sino Él mis­mo
— Esta­ba vesti­do de una ropa teñi­da en san­gre
— Su nom­bre es: El Ver­bo de Dios
— Los ejérci­tos celes­tiales, vesti­dos de lino finísi­mo, blan­co y
limpio, le seguían en cabal­los blan­cos
— De su boca sale una espa­da agu­da, para herir con ella a las
naciones
— Él regirá a las naciones con una vara de hier­ro
— Él pisa el lagar del vino del furor y de la ira del Dios
Todopoderoso
— En Su vestidu­ra y en Su mus­lo tiene escrito este nom­bre: Rey de
reyes y Señor de señores
12) ¿Qué dijo a las aves un ángel que esta­ba en pie en el sol? (17–18)
— “Venid, y con­gre­gaos a la gran cena de Dios”
— “Para que comáis carnes de reyes y de cap­i­tanes, y carnes de
fuertes, carnes de cabal­los y de sus jinetes, y carnes de todos,
libres y esclavos, pequeños y grandes.”
13) ¿Qué vio Juan ensegui­da? (19)
— A la bes­tia, a los reyes de la tier­ra y a sus ejérci­tos, reunidos
para hac­er la guer­ra con­tra Él que está sen­ta­do sobre el cabal­lo
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blan­co y con­tra Su ejérci­to
14) ¿Qué le pasó a la bes­tia y al fal­so pro­fe­ta? (20)
— Fueron apre­sa­dos y lan­za­dos vivos den­tro de un lago de fuego que
arde con azufre
15) ¿Qué le pasó al resto de sus ejérci­tos? (21)
— Fueron muer­tos con la espa­da que salía de la boca de Cristo
— Todas las aves se sacia­ron de las carnes de ellos.

 

Apoc­alip­sisLec­ción 20. Capí­tu­lo Diecin­ueve (1)

Recien­te­mente he tenido ocasión de oír per­sonas que yo esti­mo con­fe­sar que se sien­ten indig­nos.  Y en ver­dad, ha habido oca­siones que tam­bién yo he sen­ti­do eso de mi mis­mo.  Si soy hon­esto, libre­mente con­fieso que fal­to muy lejos en ser la per­sona que anh­elo ser.  Con el após­tol Pablo en Romanos 7, yo tam­bién declaro que muchas veces hago el mal que no quiero hac­er, y el bien que quiero, no lo hago.  Eso me hace un pecador repet­i­ti­vo y en las pal­abras del após­tol Pablo, una per­sona “mis­er­able.”

 

Yo sospe­cho que muchos luchamos o hemos lucha­do con este sen­timien­to.  Algunos luchamos con este sen­timien­to todas nues­tras vidas.  Como padres, a menudo sen­ti­mos que no hemos hecho buen tra­ba­jo – sen­ti­mos que no hemos hecho lo sufi­ciente.  Y como mari­dos o esposas, tam­bién suf­rimos esta tor­tu­ra.  Hace­mos algo necio o las­ti­mamos a nue­stro cónyuge de algu­na man­era, y sen­ti­mos que nue­stro mejor sim­ple­mente no es sufi­ciente.

 

La indig­nidad tam­bién nos afec­ta en nue­stro ser­vi­cio espir­i­tu­al.  Cuan­do las cosas no resul­tan como esperábamos o queríamos, sen­ti­mos que nun­ca podremos ser bas­tante com­pe­tentes.  Hay mucha gente que se ha descal­i­fi­ca­do de servir a Dios porque pien­san que no son sufi­ciente buenos; por algo que han hecho en el pre­sente o en el pasa­do.

 

Los psicól­o­gos prob­a­ble­mente le dirían que sen­timien­tos de desmerec­imien­to no son salud­ables.  Los hom­bres a menudo gas­tan mucho esfuer­zo en tratar de con­vencer­nos de echar fuera sen­timien­tos de despres­ti­gio – que esos sen­timien­tos nos detienen de max­i­mizar nue­stro poten­cial humano.  Pero mi propósi­to en este estu­dio no es max­i­mizar su poten­cial humano.

 

La Bib­lia clara­mente enseña que el poten­cial humano es pecaminoso y cor­rup­to, por cuan­to los designios de la carne son ene­mis­tad con­tra Dios, porque no se suje­tan a la Ley de Dios, ni tam­poco pueden; y los que viv­en según la carne no pueden agradar a Dios.” (Romanos 8:7–8).  La real­i­dad del asun­to es que ten­emos bue­na razón por sen­tirnos indig­nos.  Cubrien­do nue­stros peca­dos e imper­fec­ciones con una capa fini­ta de autoes­ti­ma sim­ple­mente no cor­rige el prob­le­ma.

 

La úni­ca man­era de poder enten­der nue­stro con­flic­to a fon­do nece­si­ta­mos primero enten­der que hay una base bíbli­ca por nue­stros sen­timien­tos de indig­nidad.  El após­tol Pablo escribió, por cuan­to todos pecaron y no alcan­zan la glo­ria de Dios.” (Romanos 3:23).  El pasaje dice “no alcanzan la glo­ria de Dios” en ten­so pre­sente.  No es algo que era ver­dad en un tiem­po y después se cor­rigió, sino es algo que sigue sien­do ver­dad.  Por más que hag­amos siem­pre cae­mos cor­tos de la expec­ta­ti­va – eso es ser humano.

 

Todo el mun­do es cul­pa­ble de no ser per­fec­to.  Job era un hom­bre intach­able, rec­to, temeroso de Dios y aparta­do del mal, sin embar­go declaro, “¿Qué es el hom­bre para que sea puro, o el naci­do de mujer para que sea jus­to?  He aquí, Dios no con­fía en sus san­tos, y ni los cie­los son puros ante sus ojos; ¡cuán­to menos el hom­bre, un ser abom­inable y cor­rompi­do, que bebe como agua la iniq­uidad!” (Job 15:14–16). 

 

San­ti­a­go, que era medio her­mano del Señor, escribió, Porque todos tropezamos de muchas man­eras…” (San­ti­a­go 3:2).  Y el após­tol Juan dijo, Si dec­i­mos que no ten­emos peca­do, nos engañamos a nosotros mis­mos…” (1 Juan 1:8).  Y nosotros no somos mejores que ellos.  Todos hemos men­ti­do.  Todos hemos tenido mal­os pen­samien­tos.  Hemos roba­do, engaña­do, sido infieles, ingratos y…pues, imper­fec­tos por todo el tiem­po que hemos vivi­do.  No podemos evi­tar­lo – es parte de lo que somos. 

 

Para algunos es una parte más grande que otros; pero el pun­to es que todos somos per­sonas caí­das.  Y no impor­ta que tan fuerte trate­mos de hac­er el bien, de ser buenos y de influir a otros a hac­er y ser lo mis­mo, sim­ple­mente no hay man­era de vivir sin hac­er errores.

 

Las acciones más san­tas del san­to más con­sagra­do que haya vivi­do están todas más o menos llenas de defec­tos e imper­fec­ciones.  Las obras más con­sagradas del ser humano son o mal en su moti­vo o defec­tu­osas en su prác­ti­ca.  Las obras más esplen­di­das del hom­bre en sí mis­mas no son más que imper­fec­ciones esplen­di­das, que mere­cen la ira de Dios y la con­de­nación, Todos nosotros somos como el inmun­do, y como trapo de inmundi­cia todas nues­tras obras jus­tas…” (Isaías 64:6).

 

Este es un men­saje muy nece­sario para una gen­eración de cris­tianos que tienen una idea exager­a­da de su propia impor­tan­cia.  Aparte de la gra­cia de Dios, aun nue­stros mejores esfuer­zos son nada más que peca­dos esplen­di­dos.  En mis mejores momen­tos, que son muy pocos, me doy cuen­ta que aun mis mejores esfuer­zos caen den­tro la cat­e­goría de insu­fi­cien­cias esplen­di­das.  Este lado del cielo, todos somos un rau­dal demasi­a­do triste, pero ahí es donde entra la gra­cia de Dios.

 

Nadie se sal­vara por sus obras, no impor­ta cuán esplen­di­das sean.  Nues­tra úni­ca esper­an­za del cielo es de cor­rer hacia la cruz y echar mano de Cristo Jesús.  Todos nece­si­ta­mos la ayu­da div­ina.  Todos nece­si­ta­mos la omnipo­ten­cia de la Dei­dad uni­da para sus­ten­tarnos en nue­stro crec­imien­to espir­i­tu­al.  Aun así, Dios nece­si­ta darnos fuerza para seguir ade­lante y ser fieles.

 

Todos somos pecadores esplen­di­dos, perde­dores adorables, desajus­ta­dos mis­er­ables, y fra­ca­sos fan­tás­ti­cos.  Eso es todo lo que hay en la tier­ra – todos los per­fec­tos están en el cielo.  Los úni­cos en la tier­ra son las per­sonas con defi­cien­cias graves.  El tal­en­to siem­pre ha sido muy esca­so cuan­do se tra­ta de la per­fec­ción moral.  Todo lo que Dios tiene para uti­lizar aquí en la tier­ra somos los imper­fec­tos.

 

En el cielo todos ser­e­mos enorme­mente mejo­ra­dos, pero por lo pron­to somos obras en pro­gre­so.  Todos esta­mos sien­do tra­ba­ja­dos para ser pre­sen­ta­dos sin man­cha delante del trono de Dios (Efe­sios 5:27).  Dios, como un arte­sano, comien­za con una pieza sin for­ma y sin val­or, con una nat­u­raleza débil y pecaminosa, y con labor de amor la trans­for­mara en algo más pre­cioso que el oro.  Pero has­ta entonces, Dios tiene que usar per­sonas muy desagrad­ables que caen cor­tos en muchas man­eras – y Él hace algu­nas cosas increíbles por medio de ellos.

 

Con­sidere la lista de los héroes imper­fec­tos de Dios.  Noé se embor­ra­cho.  Abra­ham mintió en cuan­to a su mujer.  Jacob era un engañador.  Moisés asesino un egip­cio y huyo al desier­to.  Rahab era pros­ti­tu­ta.  San­són tenía prob­le­mas graves con la las­civia y el eno­jo.  David adul­tero y asesino para cubrir su mal.  Pablo perseguía a los cris­tianos.  Pedro negó a Cristo públi­ca­mente.

 

Si Dios esco­giera sólo gente bien ajus­ta­da sin defec­tos de carác­ter, inevitable­mente parte del crédi­to iría a la gente y no a Dios.  Por escoger gente defec­tu­osa con un pasa­do malo, un pre­sente fluc­tu­ante, y un futuro inse­guro, Dios ase­gu­ra que nadie pue­da jac­tarse de sus haz­a­ñas, porque es Él quien hace la obra por ellos.  Dios no tol­era el orgul­lo humano, así que escoge per­sonas que no tienen nada de que jac­tarse.

 

El após­tol Pablo hace esto abun­dan­te­mente claro en 1 Cor­in­tios 1:26–30, Pues con­sid­er­ad, her­manos, vue­stro lla­mamien­to; no hubo muchos sabios con­forme a la carne, ni muchos poderosos, ni muchos nobles; sino que Dios ha escogi­do lo necio del mun­do, para aver­gon­zar a los sabios; y Dios ha escogi­do lo débil del mun­do, para aver­gon­zar a lo que es fuerte; y lo vil y des­pre­ci­a­do del mun­do ha escogi­do Dios; lo que no es, para anu­lar lo que es; para que nadie se jacte delante de Dios.  Mas por obra suya estáis vosotros en Cristo Jesús, el cual se hizo para nosotros sabiduría de Dios, y jus­ti­fi­cación, y san­tifi­cación, y reden­ción, para que, tal como está escrito: EL QUE SE GLORIA, QUE SE GLORIE EN EL SEÑOR.”

 

Pablo comien­za con recor­dar­les lo que eran cuan­do Dios los sal­vo.  La pal­abra “lla­mamien­to” se refiere a cuan­do vinieron a Cristo.  No muchos de ellos vinieron de las cat­e­gorías cul­tas o supe­ri­ores de la sociedad.  No muchos de ellos tenían lo que el mun­do lla­ma “bue­na edu­cación.”  El tér­mi­no “nobles” se tra­duce en el griego como, hon­or­able, moral­mente rec­to, per­sona jus­ta, aristócra­ta.  Por lo gen­er­al, los cor­in­tios no venían de buen nacimien­to o de lina­je “san­gre azul.”

 

En efec­to, Pablo pone un espe­jo enfrente de ellos y dice, “Fíjense bien.  ¿Qué es lo que ven?”  Si eran hon­estos, no veían mucha gente impre­sio­n­ante.  La ver­dad es que la may­oría de ellos eran hom­bres y mujeres comunes, de orí­genes medioc­res, cuya vida había sido com­ple­ta­mente trans­for­ma­da por Jesu­cristo.

Una ver­dad fun­da­men­tal de la Bib­lia es que Dios escoge la gente muy difer­ente que el mun­do.  Dios pre­fiere escoger los débiles en lugar de los fuertes.  Nun­ca ha sido ver­dad que la igle­sia es pobla­da de las cat­e­gorías altas, y aquí y allá incluye unos cuan­tos de las cat­e­gorías bajas.  Lo opuesto es más cer­ca de la ver­dad.  La igle­sia del Señor siem­pre ha con­sis­ti­do de los rec­haz­a­dos del mun­do y incluye  algunos cuan­tos de entre los ricos y poderosos.  Los ricos, poderosos y nobles por lo gen­er­al no creen que nece­si­tan a Dios, pero los rec­haz­a­dos, los viles, los fra­casa­dos, los que­bran­ta­dos sí.

 

Es ele­men­tal que ust­ed reconoz­ca que, “Dios ha escogi­do lo débil del mun­do, para aver­gon­zar a lo que es fuerte; y lo vil y des­pre­ci­a­do del mun­do ha escogi­do Dios; lo que no es para anu­lar lo que es…” (1 Cor­in­tios 1:27–28).  Dios pla­neo el reino de esa man­era.  Y ¿por qué hizo Dios esto?  ¿Con que propósi­to puebla Dios Su igle­sia con lo peor de la humanidad?

 

Clara­mente, “…para que nadie se jacte delante de Dios.” (1 Cor­in­tios 1:29).  Dios quiere que todos los salvos reconoz­can que no por sus propias obras son salvos, “Mas por obra suya estáis vosotros en Cristo Jesús, el cual se hizo para nosotros sabiduría de Dios, y jus­ti­fi­cación, y san­tifi­cación, y reden­ción…” (1 Cor­in­tios 1:30).

 

Nosotros nos sen­ti­mos indig­nos porque somos indig­nos.  Dios nos saco de entre la suciedad y la cor­rup­ción, Y El os dio vida a vosotros, que estabais muer­tos en vue­stros deli­tos y peca­dos, en los cuales andu­vis­teis en otro tiem­po según la cor­ri­ente de este mun­do, con­forme al príncipe de la potes­tad del aire, el espíritu que aho­ra opera en los hijos de des­obe­di­en­cia, entre los cuales tam­bién todos nosotros en otro tiem­po vivíamos en las pasiones de nues­tra carne, sat­is­fa­cien­do los deseos de la carne y de la mente, y éramos por nat­u­raleza hijos de ira, lo mis­mo que los demás.” (Efe­sios 2:1–3).

 

Nosotros somos salvos, no porque somos buenos o mere­ce­dores, sino por el amor de Dios, Pero Dios, que es rico en mis­eri­cor­dia, por causa del gran amor con que nos amó, aun cuan­do estábamos muer­tos en nue­stros deli­tos, nos dio vida jun­ta­mente con Cristo (por gra­cia habéis sido sal­va­dos), y con El nos resucitó, y con El nos sen­tó en los lugares celes­tiales en Cristo Jesús, a fin de poder mostrar en los sig­los venideros las sobre­abun­dantes riquezas de su gra­cia por su bon­dad para con nosotros en Cristo Jesús. Porque por gra­cia habéis sido sal­va­dos por medio de la fe, y esto no de vosotros, sino que es don de Dios; no por obras, para que nadie se glo­ríe.” (Efe­sios 2:4–9).

 

Nosotros somos pecadores a quienes se les ha hecho un favor tremen­do de ser cat­e­go­riza­dos entre los jus­tos sin mere­cer­lo.  Somos trata­dos como hijos de Dios, sin ten­er las cual­i­fi­ca­ciones para ser hijos de Dios.  Es car­di­nal que nun­ca olvide esta ver­dad div­ina.  En la vida espir­i­tu­al, es muy salud­able recor­dar cómo era la vida antes de cono­cer a Cristo.  Si puede recor­dar de donde comen­zó, apre­cia­ra mucho más la gra­cia de Dios que le ha traí­do a donde está hoy.

 

Nosotros somos esen­cial­mente gente car­nal – la nue­va creación es un cam­bio espir­i­tu­al úni­ca­mente, no físi­co o men­tal.  Dios limpio nue­stro espíritu de la cul­pa­bil­i­dad y con­de­nación, pero no la nat­u­raleza físi­ca.  Esta­mos en el pro­ce­so de trasfor­ma­ción, pero la obra no está com­ple­ta todavía, estando per­sua­di­do de esto, que el que comen­zó en vosotros la bue­na obra la per­fec­cionaráhas­ta el día de Jesu­cristo.”  (Fil­ipens­es 1:6).

 

Cuan­do la Bib­lia dice que somos “nuevas criat­uras” no quiere decir que somos hechos nuevos físi­ca­mente, men­tal­mente o emo­cional­mente.  Todavía ten­emos el mis­mo col­or de cabel­lo, la mis­ma estatu­ra, el mis­mo col­or de piel, etc.  Algunos somos calvos, gor­dos, fla­cos, mus­cu­losos, débiles, etc., y esto no cam­bia con el nue­vo nacimien­to.  Y lo mis­mo es ver­dad en cuan­to nues­tra mente – todavía ten­emos los mis­mos temores, malas acti­tudes, dudas, deseos y pen­samien­tos.

 

Es muy impor­tante recono­cer esta ver­dad, porque es donde muchos fra­casan y nun­ca se desar­rol­lan en la vida abun­dante.  ¡El nacimien­to nue­vo es espir­i­tu­al sola­mente, y no físi­co o men­tal!  Eso quiere decir que el peca­do todavía existe en nue­stros cuer­pos y nues­tras mentes.  Nosotros ten­emos que luchar y dom­i­nar el peca­do en nue­stros cuer­pos y mentes todos los días.

Y esa lucha incluye tropiezos y caí­das de muchas man­eras; incluye adver­si­dad y tenta­ciones que nos pro­baran has­ta lo últi­mo.   Todavía hay mucho mal en cada uno de nosotros, nadie ha lle­ga­do al niv­el que puede sen­tirse com­ple­ta­mente sin cul­pa.  Todos ten­emos cosas en nues­tras vidas de que nos aver­gon­zamos y que nos debil­i­tan (las­civia, avari­cia, glo­ton­ería), y es a esas cosas que Satanás apela para hac­er­nos sen­tir indig­nos con el propósi­to de desco­ra­zonarnos y no sig­amos tratan­do.  Satanás usa nues­tras propias debil­i­dades e igno­ran­cias para desan­i­marnos.

 

Todos nosotros hemos fal­la­do en una man­era u otra, “Si dec­i­mos que no ten­emos peca­do, nos engañamos a nosotros mis­mos…”  Todos calle­mos cor­tos de las expecta­ciones de Dios en el pro­ce­so de vivir.  Todos exper­i­men­ta­mos tenta­ciones en una for­ma u otra, y la may­oría de la veces – ¡ojalá! – ten­emos bas­tante pres­en­cia men­tal para huir, pero en vez y en cuan­do cae­mos víc­ti­mas al engaño sutil de la tentación.  Eso es cuan­do Satanás nos acusa y nos hace sen­tir cul­pa­bles y indig­nos.

 

Satanás sig­nifi­ca adver­sario y dia­blo sig­nifi­ca fal­so acu­sador, y esa es su tarea prin­ci­pal, Entonces me mostró al sumo sac­er­dote Josué, que esta­ba delante del ángel del SEÑOR; y Satanás esta­ba a su derecha para acusar­lo.” (Zacarías 3:1).  Esto tam­bién es con­fir­ma­do en el Nue­vo Tes­ta­men­to, “Y oí una gran voz en el cielo, que decía: Aho­ra ha venido la sal­vación, el poder y el reino de nue­stro Dios y la autori­dad de su Cristo, porque el acu­sador de nue­stros her­manos, el que los acusa delante de nue­stro Dios día y noche, ha sido arro­ja­do.” (Apoc. 12:10).

 

Cristo dijo que Satanás es men­tiroso y padre de la men­ti­ra, …Cuan­do habla men­ti­ra, habla de su propia nat­u­raleza, porque es men­tiroso y el padre de la men­ti­ra.” (Juan 8:44).  Y una de sus men­ti­ras más destruc­ti­vas es que no servi­mos para nada porque somos indig­nos, a pesar de lo que Dios haya hecho o dicho.  Así que aho­ra nos diri­gire­mos a esta men­ti­ra.

 

Si esta men­ti­ra le está afectan­do a ust­ed entonces está impi­di­en­do que ust­ed haga la vol­un­tad de Dios.  Le está impi­di­en­do ser la per­sona que Dios quiere que ust­ed sea.  Cuan­do nosotros acep­ta­mos algo que sabe­mos que es con­trario a la vol­un­tad de Dios, Satanás usa eso para estable­cer sus for­t­alezas en nosotros, “Para que no seamos engaña­dos de Satanás: pues no igno­ramos sus maquina­ciones.” (2 Cor­in­tios 2:11).  Es vital para su salud espir­i­tu­al que ven­za esa men­ti­ra con la ver­dad de Dios.

 

A pesar de todo lo que ust­ed sien­ta, a pesar de lo que exper­i­mente en la vida, a pesar de lo que otros le digan, a pesar de que en vez y en cuan­do su con­duc­ta refle­je más la vida vie­ja que la vida nue­va en Cristo, Dios ha dicho que ust­ed pertenece a Él, Pues no habéis recibido un espíritu de esclav­i­tud para volver otra vez al temor, sino que habéis recibido un espíritu de adop­ción como hijos, por el cual cla­mamos: ¡Abba, Padre!  El Espíritu mis­mo da tes­ti­mo­nio a nue­stro espíritu de que somos hijos de Dios, y si hijos, tam­bién herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si en ver­dad pade­ce­mos con El a fin de que tam­bién seamos glo­ri­fi­ca­dos con El.” (Romanos 8:15–17).

 

En los ojos de Dios, su vida vie­ja ya murió – ust­ed es una nue­va creación, tiene un corazón nue­vo.  Ust­ed tiene un nue­vo Espíritu – el Espíritu de Dios.  Para Dios ust­ed es una per­sona nue­va.  Así que deje que su mente sea ren­o­va­da por la ver­dad de Dios.  Nosotros sacamos nue­stro mer­i­to y val­or de lo que Dios dice de nosotros, y de nadie más.  ¡Nosotros somos valiosos porque Dios dice que somos!

 

Satanás usara sus pro­pios pen­samien­tos y sen­timien­tos, usara su padre y madre y her­manos y mari­do y esposa y ami­gos, así como ene­mi­gos, para hac­er­le creer la men­ti­ra que es inservi­ble, ¡pero no se crea!  Ni Satanás, ni su padre o madre o her­manos, ni su mari­do o esposa, ni sus ami­gos murieron en la cruz por ust­ed más que Cristo.

 

Es Él a quien debe ust­ed agradar y acud­ir y con­fe­sar sus peca­dos, y nadie más, Entonces, ¿qué dire­mos a esto?  Si Dios está por nosotros, ¿quién estará con­tra nosotros?  El que no exim­ió ni a su pro­pio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos con­ced­erá tam­bién con El todas las cosas?  ¿Quién acusará a los escogi­dos de Dios?  Dios es el que jus­ti­fi­ca.  ¿Quién es el que con­de­na?  Cristo Jesús es el que murió, sí, más aún, el que resucitó, el que además está a la dies­tra de Dios, el que tam­bién inter­cede por nosotros.” (Romanos 8:31–34).

 

Cuan­do ust­ed tro­piece, porque de cier­to tropezara.  Cuan­do diga o haga algo que ust­ed sabe que es mal; o cuan­do falte en hac­er el bien que debe hac­er.  Cuan­do por razón bue­na se sien­ta indig­no o indigna, cuan­do sien­ta que no merece ser un sier­vo o sier­va de Dios.  Cuan­do se sien­ta inútil, vil, cul­pa­ble, y des­pre­cia­ble, y esté ple­na­mente con­sciente de mal que hizo para sen­tirse así, arrepién­tase de pron­to – inmedi­ata­mente.

 

No lo niegue, nun­ca se encapriche, no pre­ten­da igno­ran­cia – con­fiese su mala con­duc­ta al Señor.  Éch­ese de rodil­las en oración y ruego, y pida perdón y limpieza de su peca­do.  Hable con su Dios como hablaría con su pro­pio padre.  No trate de ser afec­ta­do o políti­co con Él, desen­vuel­va su corazón delante de Él.

 

No se defien­da, no se jus­ti­fique, no pon­ga escusas, sólo exp­rese su corazón ante su Padre celes­tial.  Admi­ta su indig­nidad, ruegue por mis­eri­cor­dia, no por jus­ti­fi­cación.  Recuerde tam­bién que el Espíritu de Dios no acusa sino per­suade y con­vence por Escrit­u­ra y con manse­dum­bre, pero Satanás sólo acusa mali­ciosa­mente sin sal­i­da o aliv­io.

 

Apren­da del rey David, Ten piedad de mí, oh Dios, con­forme a tu mis­eri­cor­dia; con­forme a lo inmen­so de tu com­pasión, bor­ra mis trans­gre­siones.  Lávame por com­ple­to de mi mal­dad, y límpiame de mi peca­do.  Porque yo reconoz­co mis trans­gre­siones, y mi peca­do está siem­pre delante de mí.  Con­tra ti, con­tra ti sólo he peca­do, y he hecho lo malo delante de tus ojos, de man­era que eres jus­to cuan­do hablas, y sin reproche cuan­do juz­gas.  He aquí, yo nací en iniq­uidad, y en peca­do me con­cibió mi madre.  He aquí, tú deseas la ver­dad en lo más ínti­mo, y en lo secre­to me harás cono­cer sabiduría.  Purifí­came con hisopo, y seré limpio; lávame, y seré más blan­co que la nieve.  Hazme oír gozo y ale­gría; que se rego­ci­jen los hue­sos que has que­bran­ta­do.  Esconde tu ros­tro de mis peca­dos, y bor­ra todas mis iniq­uidades.  Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, y renue­va un espíritu rec­to den­tro de mí.  No me ech­es de tu pres­en­cia, y no quites de mí tu san­to Espíritu.  Restitúyeme el gozo de tu sal­vación, y sosten­me con un espíritu de poder.” (Salmos 51:1–12).

 

Es impor­tante que ten­ga en mente que Dios sabe quién es ust­ed.  Él sabe que ust­ed es débil, y que la tentación es agu­da a veces, porque Cristo exper­i­men­to lo mis­mo.  Él entiende que todos somos propen­sos al peca­do.  Dios sólo quiere que seamos sin­ceros y ver­daderos, que no nos escon­damos de Él como Adán y Eva, que no pre­tendamos igno­ran­cia como Caín.

 

Él quiere saber que ver­dadera­mente odi­amos el mal que hace­mos, que no amamos las tinieblas más que la luz, que ver­dadera­mente quer­e­mos cam­i­nar con Él en la luz, pero que a veces somos muy débiles.  Dios quiere saber qué deplo­ramos el mal; que lamen­ta­mos nue­stro esta­do car­nal; que odi­amos las cosas mun­danas.  Dios quiere que busque­mos Su ros­tro y Su pres­en­cia – eso Dios no rec­haza, Los sac­ri­fi­cios de Dios son el espíritu con­tri­to; al corazón con­tri­to y humil­la­do, oh Dios, no des­pre­cia­rás.” Salmos 51:17).

 

Y habi­en­do hecho todo lo que la pal­abra de Dios le dice que haga; cuan­do haya hecho todo lo que está de su parte para rec­on­cil­iarse con su Dios, entonces ten­ga la fe para creer que Él ha oído y per­don­a­do su peca­do.  Deje de sen­tirse indig­no o indigna – perdó­nese a sí mis­mo.  No se con­suma por demasi­a­da tris­teza y así deje que Satanás saque ven­ta­ja algu­na de ust­ed (2 Cor­in­tios 2:7).

 

Per­donarse a sí mis­mo es muy impor­tante en poder influ­en­ciar a otros para el bien.  Es un hecho bien doc­u­men­ta­do que gente que duele hacen a otros dol­er.  Cuan­to más tiem­po evite per­donarse a sí, cuan­to más tiem­po per­mi­tirá sen­timien­tos que ust­ed merece sufrir por lo que hizo, lo más explo­si­vo o explo­si­va se volverá y, por lo tan­to, más capaz es de las­ti­mar a otros.

 

La real­i­dad es que ust­ed no puede cam­biar lo que sucedió.  Ust­ed no puede restau­rar las vidas a donde esta­ban antes que sucediera el even­to.  No obstante, ust­ed si puede hac­er una difer­en­cia en la vida de otros.  Ust­ed puede devolver algo de lo que les quito por hal­lar un lugar difer­ente en donde inver­tir su tiem­po y com­pasión.  ¡Perdó­nese a sí y deje que comience la curación!  Per­donarse a si cam­biara la direc­ción de su vida.

 

Deje de creer que los sen­timien­tos de Dios para ust­ed están basa­dos en que tan bueno o bue­na ha sido.  La real­i­dad es que, por causa de Cristo, nues­tra con­duc­ta pasa­da no tiene base en como Dios nos tra­ta.  Dios acep­ta per­sonas, no por el tamaño de sus peca­dos o por la can­ti­dad de sus bue­nas obras, pero por la grandeza del sac­ri­fi­cio de Cristo.

 

Cristo sufrió para que nues­tras fal­tas pudier­an desa­pare­cerse en un instante.  Todo lo que impor­ta es que seamos hon­estos y abier­tos con Él, y que nun­ca nos rindamos.  A un cos­to inde­scriptible a Si mis­mo, nue­stro Señor ha hecho tan fácil para nosotros que tropezamos para rec­on­cil­iarnos con Él, que muchos lo ven como demasi­a­do bueno para que sea ver­dad.

 

¡Pero Dios es bueno! – mucho más de lo que nosotros podemos com­pren­der.  Muchos nos pre­gun­ta­mos si aca­so estare­mos soñan­do, porque nues­tra ver­sión de la real­i­dad es la pesadil­la de vivir con los humanos, quienes son todos con­t­a­m­i­na­dos por motivos egoís­tas e impuros, y se tratan uno a otro cor­re­spon­di­en­te­mente.

 

Pero Dios es espan­tosa­mente supe­ri­or a nosotros – san­ta­mente difer­ente – no sólo en poder pero en cualquier otro aspec­to de per­fec­ción moral.  Eso quiere decir que Su gen­erosi­dad, desin­terés pro­pio, bon­dad, perdón, y cual­i­dades sim­i­lares, son sor­pren­den­te­mente supe­ri­ores a todo lo que hemos encon­tra­do en esta vida.

 

Y porque Dios es san­ta­mente benig­no y san­ta­mente mag­nán­i­mo ha elegi­do limpiar de nue­stro reg­istro celes­tial cada res­balón moral, si lo admiti­mos y nos arrepen­ti­mos, ¿Qué Dios hay como tú, que per­dona la mal­dad del rema­nent­ede su heredad?  No retu­vo para siem­pre su eno­jo, porque se delei­ta en la mis­eri­cor­dia.” (Miqueas 7:18).  Todo lo que nece­si­ta es que use­mos nue­stro libre albedrio para dar­le per­miso.  Dios requiere nue­stro per­miso porque Él ha estable­ci­do no ser un tira­no temi­ble, sino un Padre que hon­ra nue­stros deseos.

 

Dios sólo quiere que nos pong­amos de acuer­do con Él de que nece­si­ta­mos que nue­stros defec­tos morales sean elim­i­na­dos de los archivos celes­tiales, “Yo, yo soy quien bor­ro tus rebe­liones por amor de mí mis­mo, y no me acor­daré de tus peca­dos.  Hazme recor­dar, entremos jun­tos a juicio.  ¡Habla tú para jus­ti­fi­carte!” (Is. 43:25–26).   

 

Si con­cor­damos con Dios que hici­mos mal y que mere­ce­mos cas­ti­go, “…he hecho lo malo delante de tus ojos, de man­era que eres jus­to cuan­do hablas, y sin reproche cuan­do juz­gas.”  (Salmos 51:4).  Entonces Él se deleitara en per­donarnos, Si con­fe­samos nue­stros pecados,él es fiel y jus­to para per­donar nue­stros peca­dos y limpiarnos de toda mal­dad.”  Esto Cristo logro por nosotros cuan­do sufrió el cas­ti­go com­ple­to que nue­stros peca­dos merecían (1 Juan 1:9).

 

Es de impor­tan­cia vital que hag­amos la Pal­abra de Dios nues­tra autori­dad final por lo que creemos en lugar de deter­mi­nar la ver­dad por nue­stros sen­timien­tos o expe­ri­en­cias.   Esta­mos en una lucha de vida y muerte por nues­tras almas y las de los que nos rodean, por lo tan­to, no deje que el ene­mi­go le engañe que no sirve para nada porque es indig­no.

 

Aunque es ver­dad que cae­mos y hace­mos cosas indig­nas, Dios como­quiera sigue tra­ba­jan­do con nosotros y nos cuen­ta como dig­nos, aunque no le seamos, sólo por recono­cer nues­tra indig­nidad y acep­tar la dig­nidad de Su Hijo unigéni­to que murió en la cruz por ust­ed y yo.  No deje que la muerte de Cristo sea en vano, no deje que el dia­blo gane en su caso.  Nun­ca se quede caí­do o caí­da, lev­án­tese; man­ten­ga su cam­i­na­ta y nun­ca deje de hac­er su parte.

 

Aunque todos le digan que se rin­da, ¡no se rin­da!  Aunque le digan que es inútil, ¡No se crea!  Aunque se sien­ta indig­no, ¡Recuerde que Jesús murió por los indig­nos!  Recuerde, tam­bién, que todos los esfuer­zos de val­or y exce­len­cia son difí­ciles, siga arre­pin­tién­dose, siga con­fe­san­do sus peca­dos y acu­d­i­en­do al Reden­tor de los debil­i­ta­dos, siga arro­ján­dose sobre la mis­eri­cor­dia del Inter­ce­sor de los mor­tales, has­ta el últi­mo sus­piro de su vida.  Sobre todo, recuerde que nadie ha cam­i­na­do en sus zap­atos, más que Jesús, el Cristo, y no hay ningún otro.

 

 “Cuan­do pequen con­tra ti (pues no hay hom­bre que no peque) y estés aira­do con­tra ellos, y los entregues delante del ene­mi­go, y éstos los lleven cau­tivos a una tier­ra, lejana o cer­cana; si reca­pac­i­tan en la tier­ra adonde hayan sido lle­va­dos cau­tivos, y se arrepi­en­ten y te supli­can en la tier­ra de su cau­tive­rio, dicien­do: ‘Hemos peca­do, hemos cometi­do iniq­uidad y hemos obra­do per­ver­sa­mente’; si se vuel­ven a ti con todo su corazón y con toda su alma en la tier­ra de su cau­tive­rio adonde hayan sido lle­va­dos cau­tivos, y oran vuel­tos hacia la tier­ra que diste a sus padres, hacia la ciu­dad que has escogi­do y hacia la casa que he edi­fi­ca­do a tu nom­bre, escucha tú des­de los cie­los, des­de el lugar de tu mora­da, su oración y sus súpli­cas, hazles jus­ti­cia y per­dona a tu pueblo que ha peca­do con­tra ti.  Aho­ra, oh Dios mío, te ruego que tus ojos estén abier­tos y tus oídos aten­tos a la oración ele­va­da en este lugar.”  (2 Cróni­cas 6:36–40)

 

Entonces dijo el Seño­ra Satanás: ¡El Señorte reprenda,Satanás!  ¡El Señor, que ha escogi­do a Jerusalén, te repren­da!  ¿No es este un tizón arrebata­do del incen­dio?  Josué, que esta­ba cubier­to de vestiduras viles, per­manecía en pie delante del ángel.  Habló el ángel y ordenó a los que esta­ban delante de él: Quitadle esas vestiduras viles.  Y a él dijo: Mira que he quita­do de ti tu peca­do y te he hecho vestir de ropas de gala.”  (Zacarías 3:2–4).

EL LIBRO DE APOCALIPSIS

 

Capí­tu­lo Diecio­cho

 

OBJETIVOS EN EL ESTUDIO DE ESTE CAPÍTULO

 

1) Notar la declaración y la descrip­ción de la caí­da de Babilo­nia, la

gran ciu­dad

 

2. Obser­var las razones por las que Babilo­nia recibiría tan ter­ri­ble

juicio

 

3) Averiguar la iden­ti­dad de Babilo­nia, la gran ram­era

 

RESÚMEN

 

En este capí­tu­lo encon­tramos la caí­da de “la gran Babilo­nia” procla­ma­da, y el gran lamen­to del mun­do por ella. La caí­da de Babilo­nia es procla­ma­da por un ángel con gran autori­dad, que ilu­minó la tier­ra con su glo­ria. Las razones de su caí­da incluye como las naciones y los reyes de la tier­ra han for­ni­ca­do con ella, y como los mer­caderes se han enrique­ci­do por medio de su abun­dan­cia. Mien­tras tan­to, una voz des­de el cielo cla­ma al pueblo de Dios que sal­gan de ella para que no reciban las pla­gas que vienen sobre ella. Su juicio involu­crará muerte, llan­to, ham­bre, y destruc­ción com­ple­ta por fuego, porque es Dios el Señor quien la juz­ga (1–8).

 

La caí­da de Babilo­nia es llo­ra­da por los reyes de la tier­ra que han for­ni­ca­do con ella, y los mer­caderes y los que tra­ba­jan en el mar que se volvieron ricos por ella. Todos ellos cla­marán “¡Ay, ay, de la gran ciu­dad…” cuan­do ven su juicio. Se lamen­tan que en solo una hora sus riquezas se con­sum­ieron y ella quedó aso­la­da. Por otra parte, los mis­mos cie­los, jun­to con los após­toles y los pro­fe­tas, son lla­ma­dos para rego­ci­jarse, porque Dios los ha ven­ga­do de ella (9–20).

 

Final­mente, un ángel poderoso arro­ja una gran piedra al mar para describir con que gran vio­len­cia Babilo­nia será der­rib­a­da. Los sonidos y las señales de músi­ca, flau­tas, y de trompetas, ni aun en bodas serán hechas. La caí­da de Babilo­nia es jus­ti­fi­ca­da, porque su mer­cadería fue grande, por sus hechicerías fueron engañadas las naciones, y en ella fue encon­tra­da la san­gre de los pro­fe­tas, de los san­tos, y de todos los que han sido muer­tos en la tier­ra (21–24).

 

¿Qué está descri­bi­en­do este capí­tu­lo? Si es cor­rec­ta la fecha de la intro­duc­ción sug­eri­da en el libro (pri­mav­era, 70 d.C.), y Jerusalén es en ver­dad la “ram­era”, entonces este capí­tu­lo se refiere prob­a­ble­mente a la destruc­ción por los romanos en Agos­to, 70 d.C. Esto estaría en armonía con 17:16, donde los que apo­yaron primero a la ram­era se volverán con­tra ella. Así fue con Jerusalén, que dependía de la aprobación de las autori­dades romanas para perseguir a la igle­sia, y más tarde llegó a ser ella mis­ma el obje­to de la per­se­cu­ción romana. Muy ade­cua­da es la descrip­ción de Jerusalén como una ram­era, porque ella que podría haber sido una gran ciu­dad espir­i­tu­al se había con­ver­tido en un gran cen­tro com­er­cial debido a las rutas que pasa­ban por ella hacia Europa, Asia y África. Su adul­te­rio espir­i­tu­al fue tam­bién man­i­fes­ta­do al rec­haz­ar a muchos pro­fe­tas y após­toles envi­a­dos a ella (com­parar Mt 23:31–39 con Apoc 17:6; 18:20,24; 19:2).

 

BOSQUEJO

 

I. LA CAÍDA DE BABILONIA PROCLAMADA (1–8)

 

   A. POR UN ÁNGEL DEL CIELO (1–3)

1. Juan ve a un ángel descen­der del cielo

a. Con gran autori­dad

b. Ilu­mi­nan­do la tier­ra con su glo­ria

2. Él ángel cla­ma poderosa­mente con una gran voz

a. Ha caí­do, ha caí­do la gran Babilo­nia

b. Ella se ha hecho…

1) Una habitación de demo­ni­os

2) Una guar­i­da de todo espíritu inmun­do

3) Un alber­gue de toda ave inmun­do y abor­reci­ble

c. Con ella…

1) Las naciones han bebido del vino de su for­ni­cación

2) Los reyes de la tier­ra han for­ni­ca­do con ella

3) Los mer­caderes de la tier­ra se han enrique­ci­do

 

B. POR UNA VOZ DESDE EL CIELO (4–8)

1. El lla­ma­do al pueblo de Dios a salir de ella

a. Para no ser par­ticipe de sus peca­dos ni de sus pla­gas

b. Porque sus peca­dos han lle­ga­do has­ta el cielo, y Dios se ha

acor­da­do de sus mal­dades

2. Lla­man­do a juicio para pagar­le

a. Pagar­le jus­to como ella les pagó

b. Pagar­le el doble según sus obras

c. En el cál­iz que ella preparó bebi­da, preparar­le a ella el

doble

d. En el gra­do que ella se ha glo­ri­fi­ca­do a si mis­ma y vivió

luju­riosa­mente…

1) Se le da tor­men­to y llan­to

2) Porque dice en su corazón que es una reina y que no verá

llan­to como una viu­da

e. Sus pla­gas ven­drán en un solo día…

1) Muerte, llan­to y ham­bre

2) Será total­mente que­ma­da con fuego

– Porque poderosos es Dios el Señor, que la juz­ga

 

II. LA CAÍDA DE BABILONIA LAMENTADA (9–20)

 

    A. POR LOS REYES DE LA TIERRA (9–10)

1. Los que han for­ni­ca­do y vivi­do en la lujuria con ella

2. Ellos llo­rarán y lamen­tarán cuan­do vean el humo de su incen­dio

3. Pasarán lejos de ella por el temor de su tor­men­to, dicien­do…

a. “¡Ay, ay, de la gran ciu­dad de Babilo­nia, la ciu­dad fuerte!”

b. “Porque en una hora vino tu juicio.”

 

B. POR LOS MERCADERES DE LA TIERRA (11–17a)

1. Ellos llo­rarán y lamen­tarán sobre ella

2. Porque ninguno com­pra más sus mer­caderías

3. Todo lo que ellos cod­i­cia­ban, tan ric­as y esplén­di­das, no las

ten­drán más

4. Los mer­caderes se pararán lejos por temor de su tor­men­to,

llo­ran­do y lamen­tán­dose…

a. “¡Ay, ay, de la gran ciu­dad, que esta­ba vesti­da de lino

       fino, de púr­pu­ra y de escar­la­ta, y esta­ba ador­na­da de oro,

       de piedras pre­ciosas y de per­las!”

b. “Porque en una hora han sido con­sum­i­das tan­tas riquezas.”

 

C. POR TODOS LOS QUE COMERCIAN Y VIAJAN EN EL MAR (17b-19)

1. Ellos se pararon lejos, cla­man­do cuan­do vieron el humo de su

incen­dio, “¿Qué ciu­dad era seme­jante a esta gran ciu­dad?”

2. Echaron pol­vo sobre sus cabezas, y dieron voces, llo­ran­do y

lamen­tan­do…

a. “Ay, ay de la gran ciu­dad, en la cual todos los que tenían

 naves en el mar se habían enrique­ci­do de sus riquezas!”

b. “Pues en una hora ha sido des­o­la­da.”

 

D. AUN POR LOS APÓSTOLES Y PROFETAS (20)

1. Ellos se ale­grarán sobre ella

2. Porque Dios los ha ven­ga­do de ella

 

III. LA CAÍDA DE BABILONIA JUSTIFICADA (21–24)

 

     A. LA CAÍDA DE UNA GRAN CIUDAD ILUSTRADA (21–23a)

1. Por un ángel poderoso…

a. Que tomó una piedra, como una gran piedra de moli­no, y la

arro­jó en el mar

b. El cual declara “Con el mis­mo ímpetu será der­rib­a­da

  Babilo­nia, la gran ciu­dad, y nun­ca más será hal­la­da.”

2. No se oirá más en ella…

a. La voz de arpis­tas, de músi­cos, de flautis­tas y de

trompeteros

b. Un artí­fice de ofi­cio

c. El rui­do de moli­no

d. La luz de una lám­para

e. La voz de esposo y de esposa

 

B. LA CAÍDA DE UNA GRAN CIUDAD JUSTIFICADA (23b-24)

1. Porque sus mer­caderes eran los más grandes de la tier­ra

2. Porque por sus hechicerías fueron engañadas todas las naciones

3. Porque en ella se hal­ló la san­gre de los pro­fe­tas y de los

san­tos, y de todos los que han sido muer­tos en la tier­ra

 

PREGUNTAS DE REVISIÓN PARA EL CAPÍTULO

 

1) ¿Cuáles son los pun­tos prin­ci­pales de este capí­tu­lo?

- La caí­da de Babilo­nia procla­ma­da (1–8)

- La caí­da de Babilo­nia lamen­ta­da (9–20)

- La caí­da de Babilo­nia jus­ti­fi­ca­da (21–24)

 

2) ¿Quién procla­ma la caí­da de Babilo­nia? (1–2)

- Un ángel con gran autori­dad, cuya glo­ria ilu­mi­na la tier­ra

 

3) ¿Qué se dijo en relación a las naciones, a los reyes y a los

   mer­caderes con respec­to a Babilo­nia? (3)

- Las naciones han bebido del vino del furor de su for­ni­cación

- Los reyes de la tier­ra han for­ni­ca­do con ella

- Los mer­caderes de la tier­ra se han enrique­ci­do de la poten­cia de sus

Deleites

 

4) ¿Qué implo­ra una voz des­de el cielo al pueblo de Dios? ¿Por qué? (4–5)

- Salid de ella, pueblo mío, para que no seáis par­ticipes de sus

peca­dos, ni recibáis parte de sus pla­gas

- Porque sus peca­dos han lle­ga­do has­ta el cielo, y Dios se ha acor­da­do

de sus mal­dades

 

5) ¿A qué gra­do será juz­ga­da Babilo­nia? (6–7)

- Como ella dio a otros

- El doble de acuer­do a sus obras

- Al gra­do que vivió en glo­ria y deleites, sufrirá tor­men­to y dolor

 

6) ¿Qué pla­gas ven­drán sobre ella en un día? ¿Su últi­mo fin? (8)

- Muerte, llan­to y ham­bre

- Será que­ma­da con fuego

 

7) ¿Qué primer grupo es descrito llo­ran­do la caí­da de Babilo­nia? (9)

- Los reyes de la tier­ra que han for­ni­ca­do con ella, y con ella han

vivi­do en deleites

 

8) ¿Qué dirán ellos mien­tras ven el humo de su fuego a lo lejos? (10)

- “¡Ay, ay, de la gran ciu­dad de Babilo­nia, la ciu­dad fuerte; porque

en una hora vino tu juicio!”

 

9) ¿Qué segun­do grupo es descrito lamen­tán­dose de la caí­da de

   Babilo­nia? ¿Por qué? (11)

- Los mer­caderes de la tier­ra

- Porque ninguno com­pra más sus mer­cancías

 

10) ¿Qué dirán ellos mien­tras se paran lejos, llo­ran­do y lamen­tán­dose?

    (16–17a)

- “¡Ay, ay, de la gran ciu­dad, que esta­ba vesti­da de lino fino, de

púr­pu­ra y de escar­la­ta, y esta­ba ador­na­da de oro, de piedras

pre­ciosas y de per­las!”

- “Porque en una hora han sido con­sum­i­das tan­tas riquezas.”

 

11) ¿Qué ter­cer grupo es descrito lamen­tán­dose de la caí­da de Babilo­nia?

    (17b)

- Todo pilo­to, y todos los que via­jan en naves, y marineros, y todos

los que tra­ba­jan en el mar

 

12) ¿Qué dicen los que ven el humo de su incen­dio? (18–19)

- “¿Qué ciu­dad era seme­jante a esta gran ciu­dad?”

- “¡Ay, ay de la gran ciu­dad, en la cual todos los que tenían naves

en el mar se habían enrique­ci­do de sus riquezas!”

- “Pues en una hora ha sido des­o­la­da.”

 

13) ¿A quién dice que se rego­ci­jen sobre la caí­da de Babilo­nia? ¿Por qué?

    (20)

- Al cielo, y a los san­tos, após­toles y pro­fe­tas

- Porque Dios ha hecho jus­ti­cia en ella

 

14) ¿Qué hizo un ángel poderoso y que dijo? (21)

- Arro­jó una gran piedra de Moli­no en el mar

- Con el mis­mo ímpetu será der­rib­a­da Babilo­nia, la gran ciu­dad, y

nun­ca más será hal­la­da

 

15) ¿Qué dijo el ángel que nun­ca más se hal­laría u oiría en Babilo­nia?

    (22–23a)

- La voz de arpis­tas, de músi­cos, de flautis­tas y de trompeteros

- Ningún artí­fice de ofi­cio, o el rui­do de un moli­no

- La luz de una lám­para, o la voz de esposa y de esposa

 

16) ¿Cuáles dos razones se dan por su caí­da? (23a-24)

- Porque por sus hechicerías fueron engañadas todas las naciones

- En ella se hal­ló la san­gre de los pro­fe­tas y de los san­tos, y de

todos los que han sido muer­tos en la tier­ra

 

Apoc­alip­sisLec­ción 19. Capí­tu­lo Diecio­cho

 

EL LIBRO DE APOCALIPSIS

 

Capí­tu­lo Diecisi­ete

 

OBJETIVOS EN EL ESTUDIO DE ESTE CAPÍTULO

 

1) Apre­ciar la impor­tan­cia de este capí­tu­lo en la inter­pretación del

libro de Apoc­alip­sis

 

2) Notar la impor­tan­cia del hecho de que “no es” cuan­do fue dado el

Apoc­alip­sis

 

3) Averiguar la iden­ti­dad de la gran ram­era y de la bes­tia escar­la­ta

 

RESÚMEN

 

Este es el capí­tu­lo clave, porque es expli­ca­do el mis­te­rio de la gran ram­era y de la bes­tia, y el entendimien­to de alguien sobre este capí­tu­lo afec­tará su inter­pretación del resto del libro.

 

Juan es lle­va­do al desier­to donde se le mues­tra a “Babilo­nia” la gran ram­era, con la que han for­ni­ca­do los reyes de la tier­ra y los moradores de la tier­ra han sido embria­ga­dos con el vino de su for­ni­cación. Ella está sen­ta­da sobre una bes­tia escar­la­ta con siete cabezas y diez cuer­nos. Está vesti­da de púr­pu­ra y escar­la­ta, ador­na­da con oro, piedras pre­ciosas y per­las. En su mano está un cál­iz de oro lleno de la abom­i­na­ciones y de la inmundi­cia de su for­ni­cación. En su frente está escrito:

 

MISTERIO:

BABILONIA LA GRANDE,

LA MADRE DE LAS RAMERAS

Y DE LAS ABOMINACIONES DE LA TIERRA

Se ve a la mujer ebria de la san­gre de los san­tos (¿los san­tos del Antiguo Tes­ta­men­to?) y de la san­gre de los már­tires de Jesús, Juan quedó asom­bra­do con gran asom­bro (1-6).

 

El ángel pro­cede entonces a decir a Juan el mis­te­rio de la mujer y de la bes­tia que la lle­va. Empieza primero con la bes­tia, descri­ta como una que “era, y no es; y está para subir” (NASB). Esta bes­tia subirá del abis­mo (ver Apoc 11:7) y va a perdi­ción (ver Apoc 19:20). Las siete cabezas de la bes­tia rep­re­sen­tan siete montes sobre los cuales se sien­ta la mujer. Hay siete reyes, cin­co de los cuales han caí­do, uno es, y el otro aún no ha venido. La bes­tia es descri­ta entonces como el octa­vo rey, es de entre los siete. Los diez cuer­nos rep­re­sen­tan diez reyes que dan su poder y autori­dad a la bes­tia, hacien­do guer­ra con­tra el Cordero, y even­tual­mente se vuel­ven con­tra la ram­era. La ram­era es descri­ta al final como la “gran ciu­dad” (ver Apoc 11:8; 14:8; 16:19) que reina sobre los reyes de la tier­ra (7-18).

 

Como es indi­ca­do en la intro­duc­ción, mi entendimien­to de este libro pone aten­ción al hecho de que a Juan le es dada esta rev­elación en un tiem­po cuan­do la bes­tia “no es” (Apoc 17:8,11). Ya sea una u otra expli­cación que alguien de sobre la bes­tia, ¡esta no existía en el tiem­po del Apoc­alip­sis! Había exis­ti­do, y esta­ba por venir, pero en el tiem­po de Juan fue mostra­da la visión, “no es”.

 

Una expli­cación plau­si­ble es que los siete (en ese momen­to ocho) reyes, rep­re­sen­tan a los emper­adores romanos, empezan­do con Augus­to. Esto haría de Nerón el quin­to rey, quien murió en el 68 d.C. dejan­do al impe­rio en el dis­tur­bio y podría ser la “heri­da mor­tal” referi­da en Apoc 13:3,12,14. Descar­tan­do a Gal­ba, Otto, y Vitelius cuyos reinos insignif­i­cantes fueron de cor­ta duración durante el dis­tur­bio, el sex­to rey (“el que es”) sería Ves­pasiano quien restau­ró el orden al impe­rio. Esto haría de Tito el sép­ti­mo emper­ador y a Domi­ciano el Octa­vo. La bes­tia que “era, y no es; y está para subir” describe entonces a la per­se­cu­ción del emper­ador romano, vis­to primero en la per­sona de Nerón (la bes­tia que “era”) y más tarde en la per­sona de Domi­ciano (la bes­tia que “subirá”). Los “diez reyes” que dieron su poder y autori­dad a la bes­tia pare­cen ser los reyes vasal­los que sos­tu­vieron al emper­ador en tiem­pos de per­se­cu­ción.

 

La iden­ti­fi­cación de la ram­era es aun una pre­gun­ta abier­ta en mi propia mente. Podríamos enten­der­la como la rep­re­sentación de el espíritu com­er­cial e inmoral de Roma (no la ciu­dad lit­er­al por si mis­ma, porque nun­ca fue destru­i­da como es descrito en los capí­tu­los pos­te­ri­ores) la que fue instru­men­to en la oposi­ción al pueblo de Dios. Hay mucho que decir sobre este pun­to de vista. Apoc 17:2,18; 18:3,9,11 parece ser ajus­ta­da por cier­to a Roma.

 

Sin embar­go, yo me incli­no hacia el pun­to de vista de que la ram­era rep­re­sen­ta a Jerusalén, con fre­cuen­cia apoyan­do al impe­rio romano en la per­se­cu­ción de la igle­sia, pero después destru­i­da ella mis­ma por Roma en el 70 d.C. Es intere­sante com­parar ver­sícu­los tales como Apoc 17:6; 18:20,24; 19:2 con las declara­ciones de Jesús en Mt 23:31–39. Como fue pro­fe­ti­za­do por Jesús tan­to en Mateo como en Apoc­alip­sis, Dios iba a ven­gar a Sus após­toles y a Sus pro­fe­tas en esta ciu­dad “que matas a los pro­fe­tas, y ape­dreas a los que te son envi­a­dos” (Apoc 18:20; Mt 23:37).

 

En tan­to que la iden­ti­dad de la bes­tia, de los reyes, y de la ram­era pudiera no estar clara en la mente de algunos, el resul­ta­do del con­flic­to descrito en este capí­tu­lo es cier­to. ¿En qué for­ma podría ser descrito el tema del libro? Hemos dicho que:

 

Pelearán con­tra el Cordero, y el Cordero los vencerá, porque Él es

   Señor de señores y Rey de reyes; y los que están con Él son lla­ma­dos y

   elegi­dos y fieles.” (Apoc 17:14)

 

¡Son por cier­to pal­abras de con­sue­lo para los cris­tianos de la igle­sia prim­i­ti­va que fueron persegui­dos tan­to por el emper­ador romano y por la Jerusalén incré­du­la!

 

BOSQUEJO

 

I. LA MUJER ESCARLATA Y LA BESTIA ESCARLATA (1–6)

 

   A. JUAN ES ABORDADO POR UN ÁNGEL (1–2)

1. Uno de los siete ánge­les que tenían las siete copas

2. Se ofrece al mostrar­le el juicio de la gran ram­era

a. La cual está sen­ta­da sobre muchas aguas

b. Con la cual han for­ni­ca­do los reyes de la tier­ra

c. Con la cual los moradores de la tier­ra se han embria­ga­do con

el vino de su for­ni­cación

 

 

B. SE LE MUESTRA A JUAN LA MUJER ESCARLATA SOBRE LA BESTIA ESCARLATA

(3–6)

1. Es lle­va­do por el ángel en el Espíritu al desier­to

2. Allí ve a una mujer sen­ta­da sobre una bes­tia escar­la­ta

a. La bes­tia escar­la­ta

1) Llena de nom­bres de blas­femia

2) Que tiene siete cabezas y diez cuer­nos

b. La mujer

1) Vesti­da de púr­pu­ra y escar­la­ta

2) Ador­na­da de oro de piedras pre­ciosas y de per­las

3) En su mano un cál­iz de oro lleno de abom­i­na­ciones y de la

inmundi­cia de su for­ni­cación

4) En su frente un nom­bre escrito:

a) MISTERIO

b) BABILONIA LA GRANDE

c) LA MADRE DE LAS RAMERAS Y DE LAS ABOMINACIONES DE LA

TIERRA

5) Ebria de:

a) La san­gre de los san­tos

b) La san­gre de los már­tires de Jesús

3. Él quedó asom­bra­do con gran asom­bro

 

II. EL MISTERIO DE LA MUJER Y DE LA BESTIA EXPLICADO (7–18)

 

A. EL ÁNGEL OFRECE EXPLICAR EL MISTERIO (7)

1. Le pre­gun­ta a Juan por qué está asom­bra­do

2. Le dice que le dirá el mis­te­rio

a. De la mujer

b. De la bes­tia con las siete cabezas y los diez cuer­nos que la

trae

 

B. LA BESTIA EXPLICADA (8–14)

1. La bes­tia que vio Juan:

a. Era, y no es; y está para subir del abis­mo e ir a perdi­ción

b. Y los moradores de la tier­ra, aque­l­los cuyos nom­bres no

están escritos des­de la fun­dación del mun­do en el libro de

la vida, se asom­brarán vien­do a la bes­tia

2. Para la mente que ten­ga sabiduría:

a. Las siete cabezas son siete montes sobre los cuales se

sien­ta la mujer

b. Tam­bién hay siete reyes

1) Cin­co han caí­do, uno es, y el otro aun no ha venido

2) Cuan­do ven­ga el sép­ti­mo, es nece­sario que dure breve

tiem­po

c. La bes­tia que era, y no es, es tam­bién el octa­vo

1) Es de entre los siete

2) Va a la perdi­ción (destruc­ción)

d. Los diez cuer­nos son diez reyes

1) Que aún no han recibido reino

2) Pero por una hora recibirán autori­dad jun­ta­mente con la

bes­tia

3) Tienen un mis­mo propósi­to, y entre­garán su poder y

autori­dad a la bes­tia

e. Estos pelearán con el Cordero, y el Cordero los vencerá

1) Porque Él es Señor de señores y Rey de reyes

2) Los que están con Él son lla­ma­dos y elegi­dos y fieles

 

C. LA MUJER EXPLICADA (15–18)

1. Las aguas donde la ram­era se sien­ta, son pueb­los, muchedum­bres,

naciones y lenguas

2. Los diez cuer­nos (diez reyes) en la bes­tia

a. Abor­recerán a la ram­era

1) La dejarán des­o­la­da y desnu­da

2) Devo­rarán sus carnes y la que­marán con fuego

b. Porque Dios ha puesto en sus cora­zones el eje­cu­tar lo que Él

quiso

1) Pon­erse de acuer­do

2) Dar su reino a la bes­tia

– Has­ta que se cum­plan las pal­abras de Dios

3. La mujer que vio Juan es la gran ciu­dad que reina sobre los

reyes de la tier­ra

 

PREGUNTAS DE REVISIÓN PARA EL CAPÍTULO

 

1) ¿Cuáles son los pun­tos prin­ci­pales de este capí­tu­lo?

- La mujer escar­la­ta y la bes­tia escar­la­ta (1–6)

- El mis­te­rio de la mujer y de la bes­tia expli­ca­da (7–18)

 

2) ¿Qué le dijo el ángel a Juan que le sería mostra­do? (1)

- El juicio de la gran ram­era que está sen­ta­da sobre muchas aguas

 

3) ¿Cómo describe el ángel a esta mujer? (2)

- Con la cual han for­ni­ca­do los reyes de la tier­ra

- Los moradores de la tier­ra se han embria­ga­do con el vino de su

for­ni­cación

 

4) De la descrip­ción de la mujer como es vista por Juan (3–6)

- Sen­ta­da sobre una bes­tia escar­la­ta llena de nom­bres de blas­femia,

que tenía siete cabezas y diez cuer­nos

- Vesti­da de púr­pu­ra y escar­la­ta, y ador­na­da de oro de piedras

pre­ciosas y de per­las

- Tenía en las manos un cál­iz de oro lleno de abom­i­na­ciones y de la

inmundi­cia de su for­ni­cación

- En su frente un nom­bre escrito: “Un mis­te­rio: BABILONIA LA GRANDE,

LA MADRE DE LAS RAMERAS Y DE LAS ABOMINACIONES DE LA TIERRA

- Ebria de la san­gre de los san­tos, y de la san­gre de los már­tires de

Jesús

 

5) ¿Cuál fue la reac­ción de Juan al ver a la mujer? (6)

- Quedó asom­bra­do con gran asom­bro

 

6) ¿Qué ofrece decir­le el ángel a Juan? (7)

- El mis­te­rio de la mujer y de la bes­tia que la trae

 

7) ¿Cómo es descri­ta la bes­tia? (8)

- La que era, y no es; y está para subir

- Está para subir del abis­mo e ir a la perdi­ción

- Los moradores de la tier­ra, aque­l­los cuyos nom­bres no están escritos

des­de la fun­dación del mun­do en el libro de la vida, se asom­brarán

vien­do la bes­tia

 

8) ¿Qué rep­re­sen­tan las siete cabezas de la bes­tia? (9–10)

- Siete montes, sobre los cuales se sien­ta la mujer

 

9) ¿Qué se dijo de los siete reyes? (10)

- Cin­co de ellos han caí­do; uno es, y el otro aún no ha venido

- Cuan­do ven­ga el sép­ti­mo rey, es nece­sario que dure breve tiem­po

 

10) ¿Qué es dicho de la bes­tia que era, y no es? (11)

- Que será el octa­vo rey

- Que es de entre los siete

- Que va a la perdi­ción

 

11) ¿Qué rep­re­sen­tan los diez cuer­nos? (12)

- Diez reyes que aún no han recibido reino

- Los cuales recibirán autori­dad por una hora como reyes jun­ta­mente

con la bes­tia

 

12) ¿Qué más es dicho de los diez reyes y de la bes­tia? (13–14)

- Los reyes tienen un mis­mo propósi­to, y entre­garán su poder y su

autori­dad a la bes­tia

- Pelearán con­tra el Cordero

 

13) ¿Por qué el Cordero vencerá a la bes­tia y a los diez reyes? (14)

- Porque Él es el Señor de Señores y el Rey de reyes

- Los que están con Él son lla­ma­dos y elegi­dos y fieles

 

14) ¿Qué rep­re­sen­tan las aguas sobre los que la ram­era se sien­ta? (15)

- Son pueb­los, muchedum­bres, naciones y lenguas

 

15) ¿Qué hacen los diez cuer­nos a la ram­era? (16)

- Abor­recen a la ram­era, y la dejan des­o­la­da y desnu­da; y devo­ran sus

carnes, y las que­man con fuego

 

16) ¿Por qué hacen ellos esto? (17)

- Porque Dios ha puesto en sus cora­zones el eje­cu­tar lo que Él quiso,

has­ta que cum­plan las pal­abras de Dios

 

17) ¿Cómo es descri­ta final­mente la mujer? (18)

- Es la gran ciu­dad que reina sobre los reyes de la tier­ra

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