INTRODUCCIÓN A LA BIBLIA

Lec­ción 4

 

Bien­venidos al Evan­ge­lio de Cristo. Esta es la últi­ma lec­ción en nues­tra serie sobre la intro­duc­ción a la Bib­lia. En esta sec­ción estare­mos respon­di­en­do la pre­gun­ta, “¿Cómo sabe­mos que la Bib­lia es de Dios?” L Bib­lia es el libro más leí­do, estu­di­a­do y anal­iza­do en el mun­do. De hecho, se mantiene como el número uno, el libro mejor ven­di­do en el mun­do, y siem­pre lo es. Aun fue el primer libro del mun­do en imprim­irse en una imprenta en los 1450. ¿Pero por qué es tan pop­u­lar la Bib­lia? ¿Por qué hace que muchas per­sonas cada año la lean y la estu­di­en? ¿Por qué las per­sonas que son ene­mi­gos de la Bib­lia esco­jan a través de ella y la estu­di­en? ¿Cuál es la respues­ta a tales pre­gun­tas? La Bib­lia declara que es de Dios. ¡Que declaración tan fuerte! En 2 Tim­o­teo 3:16–17 leemos,

 

Toda la Escrit­u­ra es inspi­ra­da por Dios, y es útil para enseñar, para redargüir, para cor­re­gir, para instru­ir en jus­ti­cia, a fin de que el hom­bre de Dios sea per­fec­to, entera­mente prepara­do para toda bue­na obra.”

Arri­ba de 2,700 veces la Bib­lia declara ser inspi­ra­da. Por ejem­p­lo, dice, “el Señor dice,” o “la pal­abra del Señor vino, dicien­do ….” Con el con­tenido prome­dio de la Bib­lia de alrede­dor de 1,300 pági­nas, lo que sig­nifi­ca que la Bib­lia declara ser la Pal­abra de Dios un poco más de dos veces por pági­na. Eso es el por qué es leí­da, estu­di­a­da, y crit­i­ca­da. La Bib­lia hace la declaración de que es en ver­dad la Pal­abra de Dios.

 

Pero solo debido a que un libro declara ser de Dios no hace que lo sea. Yo podría venir a ust­ed y decir que escribí un libro, que es de Dios, y que ust­ed debería leer­lo. Pero solo el hac­er tal declaración no lo hace ver­dad. De hecho, un libro debe declarar ser de Dios con el propósi­to de ser de Dios. Pero solo porque un libro declara ser de Dios no sig­nifi­ca que lo es. En esta lec­ción esta­mos exam­i­nan­do la Pal­abra de Dios, y vemos que lo que hace es cier­ta­mente pro­bar su declaración por la inspiración de Dios.

 

¿Cómo podemos saber que la Bib­lia es de Dios? Esta­mos obser­van­do los cin­co pun­tos en esta lec­ción. El primer pun­to que deseo hac­er es que podemos saber que la Bib­lia es de Dios debido al conocimien­to médi­co que existe den­tro de ella. Exam­inare­mos var­ios ver­sícu­los difer­entes que tratan con el conocimien­to médi­co. Mien­tras obser­va­mos en estos, nece­si­ta­mos enten­der que aun no obstante el conocimien­to medico que ten­emos hoy, cuan­do fue escri­ta la Bib­lia, el tipo de tec­nología que ten­emos hoy no existía. Sin embar­go hoy cuan­do obser­va­mos en la Bib­lia, vemos que ella tiene el conocimien­to medico que nadie podría haber cono­ci­do en el tiem­po en que fue escri­ta la Bib­lia. La úni­ca for­ma en que tal conocimien­to podría haber sido inclu­i­do sería si dios fuera Aquel que hubiera pro­vis­to la infor­ma­ción.

 

En Lev­íti­co 17:11 la Bib­lia dice, “La vida de la carne en la san­gre está, y yo os la he dado para hac­er expiación sobre el altar por vues­tras almas, y la mis­ma san­gre hará expiación de la per­sona.” Otros pasajes (como Géne­sis 9:6) enseña tam­bién la impor­tan­cia de la san­gre. La san­gre es el ingre­di­ente clave de la vida, lo cual es por lo que Lev­íti­co 17:11 lo dice. Pero has­ta entra­do el siglo diecin­ueve, los doc­tores no man­tenían tal creen­cia. En lugar de eso, ellos creían que un “vapor” dañi­no entra­ba a la san­gre y caus­a­ba que la per­sona se enfer­mara. Debido a tal creen­cia, fue emplea­da una prác­ti­ca cono­ci­da como “san­gría.” La san­gría es el drene de algu­na can­ti­dad con­sid­er­able de san­gre de un paciente. Los doc­tores hacían esto debido a que creían que tal pro­ced­imien­to curaría o pre­ven­dría las enfer­medades y/o infec­ciones. La san­gría tenía su base en sis­temas antigu­os de med­i­c­i­na que con­cluían que la san­gre y otros flu­i­dos cor­po­rales eran con­sid­er­a­dos como “humores,” cuyo bal­ance apropi­a­do ayud­a­ban a man­ten­er la salud. El san­gra­do era la prác­ti­ca med­i­c­i­nal más común lle­va­da a cabo por los doc­tores des­de la antigüedad has­ta el siglo diecin­ueve – un lap­so de tiem­po de casi 2,000 años. Al final, sin embar­go, los doc­tores se dieron cuen­ta que al usar la san­gría, ellos esta­ban dañan­do o matan­do pacientes. Ellos tam­bién se dieron cuen­ta que las per­sonas nece­sita­ban la san­gre con el propósi­to de vivir. George Wash­ing­ton fue uno de muchas per­sonas que murieron como un resul­ta­do de esta prác­ti­ca, Sin embar­go casi 3,500 años antes, Moisés escribió que “la carne con su vida, que es su san­gre.” Tomó al mun­do de la comu­nidad médi­ca miles de años (¡y vidas!) com­pren­der esta sim­ple ver­dad. ¿Cómo supo Moisés que la vida de la carne está en la san­gre? Él lo sabía debido a que Dios, el Autor de la Bib­lia, se lo había rev­e­la­do.

 

Encon­tramos conocimien­to medico adi­cional en Números 19, el cual dis­cute el agua de la purifi­cación usa­da bajo la Ley de Moisés. Cuan­do alguno de los judíos toca­ba algo impuro, entonces él o ella y tenía que usar el agua de la purifi­cación, Números 19 nos dice lo que esta­ba involu­cra­do en este pro­ce­so.

 

Luego tomará el sac­er­dote Madera de cedro, e hisopo, y escar­la­ta, y lo echará en medio del fuego en que arde la vaca.… Y un hom­bre limpio recogerá las cenizas y las pon­drá fuera del cam­pa­men­to, en lugar limpio, y las guardará la con­gre­gación de los hijos de Israel para el agua de purifi­cación; es una expiación.”

Aquí encon­tramos un recip­i­ente para el agua de la purifi­cación – el que es nada menos que un pro­ced­imien­to que puede ser usa­do para pro­ducir un jabón antibac­te­r­i­al, años antes de que los gérmenes se supier­an que existían. Observe los ingre­di­entes. Primero, las aguas de la purifi­cación con­te­nien­do las cenizas de un vaca alazana y las cenizas de una madera de cedro. ¿Por qué son estas cosas impor­tantes? Cuan­do el agua es der­ra­ma­da a través de las cenizas, resul­ta una con­cen­tración de lejía. El jabón de lejía es usa­do aún hoy para elim­i­nar gérmenes. El hisopo es una plan­ta que con­tiene el anti­sép­ti­co, fenol, el cual es el mis­mo ingre­di­ente encon­tra­do en los enjuagues bucales actuales. El fenol sirvió como un anti­sép­ti­co. El últi­mo ingre­di­ente era la madera. ¿Por qué sería impor­tante eso? Si ust­ed tiene un suéter de lana dete­ri­o­ra­do y empieza a calen­tar­lo un poco, entonces, ust­ed empezaría a dar­le comezón, lo cual provo­caría que ust­ed se ras­case. Esto equiv­al­dría a lo que hoy cono­ce­mos como jabón Lava ®. Serviría como un agente depu­rador. Así ten­dríamos aquí una mez­cla que ten­dría inclu­i­da la lejía inclu­i­da en un agente depu­rador, lo cual era una mez­cla per­fec­ta de una solu­ción desin­fec­tante. Dios esta­ba pro­te­gien­do a Su pueblo. Cuan­do ellos toca­ban algo impuro o cuer­pos muer­tos, entonces ellos posi­ble­mente lev­an­tarían cuer­pos patogéni­cos. Las per­sonas de antes no conocían nada sobre los gérmenes. Pero Dios esta­ba pro­te­gién­do­los al mostrar­les una for­ma de limpiarse ellos mis­mos de tal for­ma que ellos no se enfer­maran o muri­er­an como los cuer­pos que ellos habían toca­do. Aquí vemos el conocimien­to medico con­tenido en la pre­scien­cia bíbli­ca que la comu­nidad médi­ca no poseía en ese tiem­po.

 

Vemos tam­bién los ejem­p­los de cuar­ente­na en la Bib­lia. En Lev­íti­co 13 la Bib­lia habla sobre los que tenían lep­ra. Y lo que debería ser hecho en tales casos. En Lev­íti­co 13:45 y sigu­ientes leemos,

 

Y el lep­roso en quien hubiere lla­ga, lle­vará vesti­dos ras­ga­dos y su cabeza des­cu­bier­ta, y emboza­do preg­o­nará: ¡Inmun­do! ¡Inmun­do! Todo el tiem­po que la lla­ga estu­viere en él, será inmun­do; estará impuro, y habitará solo, fuera del cam­pa­men­to será su mora­da.”

 

Las medi­das detal­ladas con­tenidas en la Bib­lia para pre­venir la pro­lif­eración de la lep­ra fueron enten­di­das y pre­scritas mucho antes que la med­i­c­i­na mod­er­na supiera que existía. ¿Qué debían hac­er las per­sonas si ellos con­traían la lep­ra? Ellos debían cubrir su boca y gri­tar, “¡Inmun­do! ¡Inmun­do!,” con el propósi­to de adver­tir a las per­sonas que esta­ban alrede­dor de ellos. ¿Por qué debían ellos cubrir su boca? Nosotros enseñamos a los niños que cuan­do ellos estor­nudan o tosan, ellos deben cubrir su boca para no dis­em­i­nar los gérmenes. Pero los lep­rosos tam­bién, de acuer­do a Lev­íti­co 13:46, debían estar en cuar­ente­na fuera del cam­pa­men­to. ¿Desea ust­ed estar cer­ca de alguien que está muy enfer­mo? No. Ust­ed podría amar a la per­sona. Pero ust­ed no desearía estar demasi­a­do cer­ca de ellos, menos con­traer la enfer­medad que ellos tienen. Aquí en Lev­íti­co 13:45–46 vemos pre­scri­ta la cuar­ente­na.

 

El últi­mo ejem­p­lo de conocimien­to médi­co que exam­inare­mos aquí es encon­tra­do en nesis 17:12–14, la cual tiene que ver con la cir­cun­cisión que se llev­a­ba a cabo en el octa­vo día.

 

Y de edad de ocho días será cir­cun­ci­da­do todo varón entre vosotros por vues­tras gen­era­ciones; el naci­do en casa, y el com­prador por dinero a cualquier extran­jero, que no fuere de tu lina­je. Debe ser cir­cun­ci­da­do el naci­do en tu casa, y el com­pra­do por dinero; y estará mi pacto en vues­tra carne por pacto per­petuo. Y el varón incir­cun­ciso, el que no hubiere cir­cun­ci­da­do la carne de su pre­pu­cio, aque­l­la per­sona será cor­ta­da de Su pueblo; ha vio­la­do mi pacto.”

El Señor pre­scribió que esa cir­cun­cisión sería lle­va­da ade­lante, no en el ter­cer día, el sép­ti­mo día, el noveno día, o el déci­mo día sino en el octa­vo día. ¿Por qué Dios escogió el octa­vo día? Si ust­ed hubiera pre­gun­ta­do a las per­sonas de antes esa cuestión, la úni­ca respues­ta que ellos podrían haber ofre­ci­do habría sido que Dios lo mandó. Eso sería cor­rec­to. Pero hoy enten­demos por qué Dios daría tal man­damien­to. El san­gra­do exce­si­vo puede ser cau­sa­do por un niv­el decre­ciente de pro­trom­bi­na, lo que en su momen­to es cau­sa­do por nive­les insu­fi­cientes de vit­a­m­i­na K. El por­centa­je de pro­trom­bi­na en un recién naci­do (com­para­do a un adul­to) cae alrede­dor del 90% de lo nor­mal en su día de nacimien­to, a casi el 30% deba­jo de lo nor­mal en el ter­cer día de vida – fuera del vien­tre. Para el octa­vo día de vida, sin embar­go, el niv­el de pro­trom­bi­na es aprox­i­mada­mente 110% — el cual es el úni­co día que la pro­trom­bi­na será por mucho un niv­el alto. Entonces, el octa­vo día es el día per­fec­to para cir­cun­ci­dar a un varón recién naci­do.

 

¿Cómo expli­caría alguien su asom­broso conocimien­to medico? Si la respues­ta es, bien, fue solo una ocasión afor­tu­na­da,” se nece­si­ta pre­gun­tar a la per­sona, “¿cuán­tas veces puede ust­ed decir eso?” una per­sona ten­dría que decir que cada vez que haya un avance en el conocimien­to médi­co apare­cería en la Bib­lia – y hay bas­tantes oca­siones en las que ten­dría que ser dicho. Even­tual­mente el pun­to ven­drá cuan­do una per­sona n puede decir sim­ple­mente, una “ocasión afor­tu­na­da” más. En lugar de eso, una per­sona ten­dría que com­pren­der que el conocimien­to medico de la Bib­lia es tan detal­la­do y especí­fi­co que debe­mos lle­gar a la con­clusión de que Dios es el autor de la Bib­lia.

 

Sin embar­go, la Bib­lia no solo con­tiene el conocimien­to medico que ningún humano podría haber cono­ci­do en ese pun­to del tiem­po cuan­do la Bib­lia esta­ba sien­do escri­ta, sino que su éxi­to no es insti­tuyen­do pro­ced­imien­tos médi­cos impro­pios habla­dos tam­bién en voz alta de su pre­cisión. El pun­to que estoy hacien­do aquí es que había una gran can­ti­dad de per­sonas en la his­to­ria sec­u­lar que inten­taron venir a la Bib­lia en for­mas difer­entes para deten­er las enfer­medades de la gente. Muchos de estos pro­ced­imien­tos, aho­ra lo sabe­mos, eran muy peli­grosos (y con fre­cuen­cia caus­a­ban enfer­medades). Nosotros no encon­tramos tales errores de infor­ma­ción en la Bib­lia – debido a que Dios, el Creador, es Aquel que nos dio la infor­ma­ción en la Bib­lia, y Él sabía que nece­si­taríamos cono­cer­lo. Entonces, la primera razón por la que sabe­mos que la Bib­lia proviene de Dios es debido a al conocimien­to médi­co que con­tiene.

 

La segun­da razón por la que sabe­mos que la Bib­lia es de Dios es debido a que establece el están­dar final para la moral­i­dad humana. La Bib­lia nos enseña cómo vivir la mejor vida en esta tier­ra. Es el mejor “libro para ayu­darse a sí mis­mo” que se haya escrito. No solo bus­ca por nue­stros pro­pios intere­ses sino que tam­bién es un libro que nos enseña a ten­er el mejor interés tam­bién por los demás (Fil 2:4).

 

Esto incluiría nues­tra vida indi­vid­ual en el mat­ri­mo­nio, y como debe­mos tratar a nues­tra cónyuge. Tam­bién incluiría nues­tra salud físi­ca y men­tal. La Bib­lia nos enseña cómo ser estable en nues­tra vida, como ten­er dominio pro­pio, como cri­ar a los hijos, como super­ar la pre­ocu­pación y el miedo, etc. Pero la Bib­lia expone el mejor están­dar moral. Hace algunos años estuve hablan­do a una universalista/Unitaria y le pre­gun­té si la igle­sia a la que ella asistía eran acep­ta­dos los homo­sex­u­ales. Ella dijo que sí, que lo hacían. Le pre­gun­té por qué lo hacían. Ella dijo que era debido a que no había nada malo en la homo­sex­u­al­i­dad. Si esta­mos usan­do la Bib­lia como nue­stro están­dar, entonces ten­emos que admi­tir que hay algo equiv­o­ca­do con la homo­sex­u­al­i­dad debido a que 1 Cor­in­tios 6:9–11 y Romanos 1 enseña que la homo­sex­u­al­i­dad es un peca­do. Yo entonces le pre­gun­té si ella creía que era acept­able para una per­sona ser un vio­lador o un ped­eras­ta o un asesino. Ella dijo, “No, esas cosas están equivocadas.”Le pre­gun­té, “¿De acuer­do a quién?” Ella nun­ca me dio en real­i­dad una respues­ta. Pero al final ella admi­tió, “de acuer­do a Dios y a la Bib­lia, esas cosas están equiv­o­cadas.” Le dije, “Ust­ed no puede decir en for­ma con­sciente tal cosa debido a que ust­ed para demostrar que está equiv­o­ca­do ser un vio­lador, un ped­eras­ta o un asesino, o si ser vio­lador con­de­na tam­bién la homo­sex­u­al­i­dad.” Si ust­ed qui­ta a la Bib­lia como algo que es de Dios, entonces no existe ningún están­dar obje­ti­vo para las cosas morales.. Entonces, ningu­na per­sona podría ocu­par un plano moral más alto que cualquier otra per­sona. Ust­ed podría creer que algo está cor­rec­to o equiv­o­ca­do, pero que no me apli­caría debido a que yo me guío por un están­dar total­mente dis­tin­to. Pero ese no es el caso debido a que exis­ten los obje­tivos de los están­dares morales, y son encon­tra­dos en la Pal­abra de Dios.

 

La Bib­lia tam­bién nos dice en pasajes tales como Hechos 20:35 que es más ben­de­ci­do dar que recibir. En Mateo 7:12 la Bib­lia nos enseña que debe­mos ayu­dar a otras per­sonas. Debe­mos hac­er a los demás como quisiéramos que ellos lo hicier­an con nosotros. Romanos 12:21 dice que no debe­mos der­ro­tar el mal con el mal (lo cual es lo que el mun­do enseñaría), sino que debe­mos der­ro­tar el mal con el bien. 1 Cor­in­tios 6:18 nos enseña que cuan­do nos involu­cramos en la inmoral­i­dad sex­u­al, esta­mos pecan­do con­tra nue­stro pro­pio cuer­po. Efe­sios 5 y 6 habla sobre la relación mar­i­tal, y como cri­ar a los hijos de la for­ma cor­rec­ta. Colosens­es 3:23 enseña que todo lo que hace­mos, nece­si­ta­mos hac­er­lo de todo corazón. La Bib­lia nos enseña como ten­er la mejor vida debido a que establece un están­dar un alto están­dar moral para nosotros. Muchos otros libros que enseñan sobre tales asun­tos van a la Bib­lia. Si deseamos saber cómo ser feliz, entonces nece­si­ta­mos ir al Libro que el Creador nos dio debido a que Él sabe como fun­cionamos. La Bib­lia es el libro que nece­si­ta­mos estu­di­ar. Sabe­mos que la Bib­lia es de Dios debido a que establece un están­dar moral obje­ti­vo.

 

La ter­cera for­ma en que podamos saber que la Bib­lia es de Dios es debido a las leyes dietéti­cas que con­tiene. Las reg­u­la­ciones vis­tas en el Antiguo Tes­ta­men­to sobre estos pun­tos han proba­do coin­cidir per­fec­ta­mente con el entendimien­to médi­co enten­di­dos de var­ios aspec­tos de la salud y de la pre­ven­ción de las enfer­medades. Por ejem­p­lo, en Lev­íti­co 11 y en Deuteronomio 14 encon­tramos infor­ma­ción que tra­ta con cier­tos ani­males que los israeli­tas podrían com­er (“ani­males limpios”) y aque­l­los ani­males que ellos no podrían com­er (“ani­males inmun­dos”). Los estu­dios han sido con­duci­dos sobre la tox­i­ci­dad de com­er tales ani­males. La división bíbli­ca entre lo limpio y lo no limpio está rela­ciona­da a la tox­i­ci­dad de com­er tales ani­males. En Lev­íti­co 11:1 la Bib­lia dice,

 

Habló Jehová a Moisés y a Aarón, dicién­doles: Hablad a los hijos de Israel y deci­dles: Estos son los ani­males que com­eréis de entre todos los ani­males que hay sobre la tier­ra. De entre los ani­males, todo el que tiene pezuña hen­di­da o que rumia, éste com­eréis.”

La difer­en­cia tiene que ver con la tox­i­ci­dad. Pero los israeli­tas no tenían ningu­na for­ma de mon­i­tore­ar la tox­i­ci­dad. Nosotros lo hace­mos hoy, sin embar­go lo que nos ayu­da es el están­dar del por qué Dios hizo la dis­tin­ción entre los ani­males limpios y los ani­males impuros.

 

Cuan­do se iba a com­er pesca­do, las reg­u­la­ciones bíbli­cas establecían que los israeli­tas podrían com­er cualquier pesca­do que tuviera ale­ta y esca­ma (Deut. 14:9). Pero las criat­uras de agua que no tuvier­an ale­ta y pesca­do no debían ser comi­dos (Deut. 14:10) debido a que los extrac­tos de los mús­cu­los que poseen ale­ta y esca­ma no son tóx­i­cos. Esto expli­ca el por qué tales criat­uras eran con­sid­er­adas como limpias y podrían ser comi­das. Pero los extrac­tos del mús­cu­lo de las criat­uras sin ale­ta y esca­ma eran alta­mente tóx­i­cas, lo cual es el por qué los israeli­tas debían absten­erse de com­er­los.

 

La Bib­lia mandó tam­bién que los israeli­tas se abstu­vier­an de mur­ciéla­gos (Lev. 11:19). La sabiduría de esta instruc­ción es demostra­da por el hecho de que los mur­ciéla­gos lle­van la rabia. Final­mente, cuan­do ven­i­mos a las leyes dietéti­cas de la Bib­lia, vemos que el cer­do no debía ser con­sum­i­do en lo abso­lu­to (Lev. 11:7) debido a que durante esos tiem­pos la preparación apropi­a­da y las condi­ciones de preparación para coci­narlo no existían. No fue sino has­ta cien­tos de años después has­ta que las per­sonas des­cubrieron como alma­ce­nar y coci­nar el cer­do. Hoy, bajo la Nue­va Ley, podemos com­er el cer­do (1 Tim. 4:1–4). Hoy sabe­mos cómo alma­ce­nar y coci­nar los ali­men­tos apropi­ada­mente. Las leyes dietéti­cas dadas bajo el Antiguo Tes­ta­men­to nos ayu­daron a enten­der que la Bib­lia proviene de Dios. Aque­l­las leyes coin­ci­den con el conocimien­to y la tec­nología que poseemos actual­mente.

 

La cuar­ta razón por la que sabe­mos que la Bib­lia proviene de Dios es debido a lo que me gus­ta referirme como la “pre­scien­cia gen­er­al.” Este es el conocimien­to que nadie en ese pun­to habría poseí­do. Las dimen­siones del arca de Noé son solo un ejem­p­lo. En Génesis 6:15 Dios dijo a Noé que con­struy­era un arca, y le dio la pro­por­ción de la dimen­sión del arca: 30 por 5 por 3 (lon­gi­tud por anchu­ra por altura). Este es el tamaño per­fec­to para los grandes recip­i­entes de alma­ce­na­je que deben via­jar por el mar o por los océanos. Noé no esta­ba plane­an­do ningún recor­ri­do. En lugar de eso, su embar­cación esta­ba dis­eña­da para lle­var en for­ma segu­ra una gran car­ga sobre el mar por un largo peri­o­do de tiem­po. Las pro­por­ciones de la embar­cación eran las mis­mas pro­por­ciones que son usadas con fre­cuen­cia para recip­i­entes marí­ti­mas actuales para con­stru­ir embar­ca­ciones que están dis­eñadas para flotar en vez de ir en for­ma ráp­i­da. Géne­sis 6 con­tiene la infor­ma­ción cor­rec­ta que usamos aún hoy, a pesar de toda la tec­nología que poseemos aho­ra.

 

La “pre­scien­cia gen­er­al” adi­cional es encon­tra­da en Job 26:7. Por miles de años las per­sonas tenían teorías sobre la Tier­ra. Si aque­l­las per­sonas solo hubier­an exam­i­na­do las Escrit­uras, ellos habrían sabido que lo que Job sabía – que la Tier­ra está sus­pendi­da abso­lu­ta­mente sobre la nada. Hubo muchas teorías de como la tier­ra esta­ba sus­pendi­da en el espa­cio.. Pero la Bib­lia dice que la Tier­ra está sus­pendi­da en el vacío.

 

En Ecle­si­astés 1:7 leemos sobre el ciclo del agua: “Los ríos todos van al mar, y el mar no se llena; al lugar de donde los ríos vinieron, allí vuel­ven para cor­rer de nue­vo.” Aquí vemos una descrip­ción del ciclo del agua de la Tier­ra – cien­tos de años antes que fuera des­cu­bier­to cien­tí­fi­ca­mente.

 

En Isaías 40:22 la Bib­lia nos enseña que la for­ma de la tier­ra es una esfera. De hecho, hoy sabe­mos sobre eso, Pero cuan­do Isaías escribió sobre ello, no había for­ma que las per­sonas tuvier­an como saber — que la Tier­ra era redon­da – a no ser que Dios se los hubiera dicho. Has­ta hace algunos pocos cien­tos de años, las per­sonas aún creían que la tier­ra era plana, y que si ust­ed iba demasi­a­do lejos en una direc­ción ust­ed podría caerse. Si ellos solo hubier­an revisa­do Isaías 40:22, ellos hubier­an cono­ci­do que no era ver­dad debido a que la Tier­ra es redon­da.

 

En Jeremías 33:22 leemos sobre como las estrel­las no pueden ser con­tadas. Si observáramos el cielo con los ojos abier­tos, cier­ta­mente no podríamos con­tar todas las estrel­las. Pero con todos los tele­sco­pios y la tec­nología que ten­emos hoy, cuan­do obser­va­mos el cielo segu­ra­mente debe­mos ser capaces de con­tar las estrel­las, ¿no lo pen­saría ust­ed? No. Ese no es el caso. Cada vez que alguien pien­sa que él ha con­ta­do el número de las estrel­las, son des­cu­bier­tas más estrel­las.

 

Ten­emos mucha pre­scien­cia gen­er­al que Dios nos proveyó en Su Pal­abra para serv­er como evi­den­cia de que la Bib­lia es ver­dadera­mente de Él.

 

El quin­to pun­to en esta lec­ción es que podemos saber que la Bib­lia es de Dios debido a su pro­fecía. La Bib­lia que es úni­ca entre todos los libros que han sido escritos – predi­jo even­tos con exac­ti­tud muchos años (o sig­los) antes de que ellos real­mente ocur­ri­er­an. Aprox­i­mada­mente 2,000 pro­fecías en las pági­nas de la Bib­lia, las cuales fueron cumpl­i­das “al pie de la letra” con abso­lu­ta­mente ningún error. Estas pro­fecías no fueron cosas que alguien podría haber “obtenido solo por adiv­inación,” En vez de eso, ellas fueron pro­fecías que fueron estable­ci­das en detalles especí­fi­cos y en un tiem­po definido. Nadie podría haber hecho muchas predic­ciones cor­rec­ta­mente a menos que Dios, Quien conoce el futuro hubiera pro­vis­to la infor­ma­ción respal­dan­do las pro­fecías.

 

Hay una pro­fecía tal en Eze­quiel 26:1–14 sobre la ciu­dad de Tiro, la cual era rica y segu­ra en ese tiem­po en que Eze­quiel pro­fe­tizó sobre ella. Sin embar­go Eze­quiel pro­fe­tizó en detalle pre­ciso y grá­fi­co que la ciu­dad sería destru­i­da. Él dijo que un rey de Babilo­nia (Nabu­codonosor) pelearía con­tra la ciu­dad. Él dijo entonces que muchas otras naciones pelearían tam­bién con­tra la ciu­dad, y que even­tual­mente la ciu­dad sería nive­la­da, y el sitio en el que esta­ba asen­ta­da sería arrasa­do como una peña desnu­da. Eze­quiel tam­bién predi­jo que las piedras de la ciu­dad ras­padas limpia­mente como una peña desnu­da. Eze­quiel tam­bién predi­jo que las rocas de la ciu­dad, los reg­istros, y el sue­lo serían lan­za­dos al mar. Él entonces dijo que el área alrede­dor de la ciu­dad se volvería un lugar donde los Pescadores ten­derían sus redes. Por últi­mo, él dijo que la ciu­dad nun­ca se recon­stru­iría a su Glo­ria ante­ri­or. La total­i­dad de estas predic­ciones se hicieron real­i­dad, jus­to como Eze­quiel lo había predi­cho. . Como ust­ed puede ver, las pro­fecías de Eze­quiel no fueron el tipo de cosas donde alguien sim­ple­mente aven­tó una mon­e­da en el aire e inten­tó pre­de­cir si caía águila o sol. Nadie podría haber obtenido tan­tas predic­ciones cor­rec­tas a menos que Dios se lo hubiera dicho.

 

Piense, tam­bién, sobre las pro­fecías de la veni­da de Cristo. En el Antiguo Tes­ta­men­to hay más de 300 pro­fecías sobre Jesús que fueron cumpl­i­das even­tual­mente. Nadie sino el Dios ver­dadero puede decir el futuro y estar en lo cor­rec­to en cada ocasión. Si alguien puede pre­de­cir el futuro, y estar en lo cor­rec­to en el 100% de las veces, entonces esa per­sona debe ser Dios.

 

En esta lec­ción hemos exam­i­na­do cin­co pun­tos. Obser­va­mos el conocimien­to medico de la Bib­lia. Vemos como la Bib­lia establece un están­dar moral obje­ti­vo. Vimos la ley dietéti­ca per­fec­ta que coin­cide con nue­stro conocimien­to actu­al. Vimos la pre­scien­cia gen­er­al. Y vimos el cumplim­ien­to de la pro­fecía. Aun con estas cosas, hemos ape­nas araña­do la super­fi­cie rela­cionadas con las prue­bas de la inspiración de la Bib­lia. Hay muchos más detalles que podríamos pro­por­cionar sobre los asun­tos que ya hemos dis­cu­ti­do. Podríamos hac­er una lec­ción entero o series de lec­ciones sobre cada uno de los cin­co pun­tos men­ciona­dos aquí. Y eso ni aún tomaría en cuen­ta otros asun­tos que prue­ban más allá de cualquier som­bra de duda que la Bib­lia proviene de Dios (tal como la unidad de la Bib­lia, la his­to­ria de la Bib­lia que cor­rob­o­ra sus hechos, la arque­ología de la Bib­lia, la geografía de la Bib­lia).

 

Es impor­tante que enten­damos la inspiración de la Bib­lia debido a que las per­sonas están ale­ján­dose de ella. Debe­mos regre­sar a la Pal­abra de Dios. Obe­dez­camos la Pal­abra de Dios y sigá­mosla. En Lucas 6:46 Jesu­cristo dijo, “¿Por qué me llamáis Señor, Señor, y no hacéis lo que Yo digo? Debe­mos escuchar lo que nue­stro Creador tiene que decir. Debe­mos estar seguros de que esta­mos sigu­ien­do al Señor. En 2 Tesa­loni­cens­es 1:7–9 se nos está dicien­do que debe­mos obe­de­cer el Evan­ge­lio. Si no lo hace­mos, estare­mos per­di­dos en el peca­do. ¿Qué es el evan­ge­lio? Es la muerte, la sepul­tura, y la res­ur­rec­ción de Jesu­cristo (1 Cor. 15:1–4). La for­ma en que debe­mos obe­de­cer es encon­tra­da en Romanos 6:3–4. Mori­mos a nue­stros peca­dos pasa­dos y somos sepul­ta­dos con Cristo en el bautismo para que podamos ser lev­an­ta­dos a cam­i­nar en novedad de vida. Si ust­ed no ha lle­ga­do a ser un cris­tiano, oramos para que ust­ed llegue a obe­de­cer el Evan­ge­lio de Cristo.

 

PREGUNTAS DE ESTUDIO PARA LAINTRODUCCIÓN A LA BIBLIA” (LECCIÓN 4)

 

  1. ¿Cuál, de acuer­do a 2 Tim­o­teo 3:16–17, es la declaración encon­tra­da

den­tro de la Bib­lia que, si es ver­dad, lo hace el libro sin igual en

el mun­do?

 

  1. Esta lec­ción dis­cu­tió cin­co difer­entes tipos de infor­ma­ción con­tenidas

en la Bib­lia que prue­ban que es inspi­ra­da por Dios. Enu­mere estos cin­co

temas.

 

  1. Una parte de las prue­bas de la inspiración de la Bib­lia es el avan­za­do

conocimien­to médi­co que con­tiene. ¿Cuál pieza de tal infor­ma­ción es

encon­tra­da en Lev­íti­co 17:11?

 

  1. Explique breve­mente la infor­ma­ción médi­ca avan­za­da encon­tra­da

en Números 19:6,9.

 

  1. ¿Qué tipo de infor­ma­ción médi­ca avan­za­da es encon­tra­da en

Lev­íti­co 13:45 y sigu­ientes?

 

  1. Explique breve­mente la infor­ma­ción médi­ca avan­za­da que es encon­tra­da en

Géne­sis 17:12–14 en relación a la cir­cun­cisión de los niños recién

naci­dos.

 

  1. Enu­mere algunos ejem­p­los, como son pre­sen­ta­dos en esta lec­ción, que

mues­tran que la Bib­lia establece el están­dar final para la moral­i­dad

humana.

 

  1. De acuer­do al mate­r­i­al pre­sen­ta­do en esta lec­ción, ¿cuál es una de las

posi­bles razones por las que Dios designó cier­tos tipos de comi­da como

sien­do “inmundas,” y pro­hibi­da a los israeli­tas com­er­las?

 

  1. De acuer­do al mate­r­i­al pre­sen­ta­do en esta lec­ción, ¿cuál es una de las

posi­bles razones por las que Dios designó que cier­tos tipos de pesca­do

como sien­do “impuros,” y pro­hibido a los israeli­tas que lo comier­an?

 

  1. Cuan­do ven­i­mos a la “pre­scien­cia gen­er­al” de la Bib­lia, ¿qué es

impre­sio­n­ante sobre las dimen­siones que Dios dio a Noé para usar­las en la

con­struc­ción del arca que sería usa­da para sal­var­lo a él, a su famil­ia

direc­ta y a los ani­males de la Tier­ra del dilu­vio uni­ver­sal por venir?

 

  1. ¿Cuál es la pieza intere­sante de la “pre­scien­cia gen­er­al” que es

encon­tra­da en Job 26:7?

 

  1. ¿Cuál es la pieza intere­sante de la “pre­scien­cia gen­er­al” que es

encon­tra­da en Ecle­si­astés 1:7?

 

  1. ¿Cuál es la pieza intere­sante de la “pre­scien­cia gen­er­al” que es

encon­tra­da en Isaías 40:22?

 

  1. ¿Cuál ejem­p­lo fue usa­do en esta lec­ción (de Eze­quiel 26:1–14) para

mostrar que la Bib­lia con­tiene una pro­fecía pre­dic­ti­vas y cumpl­i­das?

 

  1. De acuer­do al mate­r­i­al pre­sen­ta­do en esta lec­ción, ¿cuán­tas pro­fecías

mesiáni­cas están con­tenidas den­tro del Antiguo Tes­ta­men­to?

 

  1. De acuer­do a 1 Cor­in­tios 15:1–4, ¿cuál es el men­saje cen­tral del

Evan­ge­lio de Cristo?

 

  1. ¿Qué tenía que decir Pedro sobre la inspiración de la Bib­lia en

2 Pedro 1:20–21?

 

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INTRODUCCIÓN A LA BIBLIA

Lec­ción 3

Toda la Escrit­u­ra es inspi­ra­da por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para cor­re­gir, para instru­ir en jus­ti­cia, a fin de que el hom­bre de Dios sea per­fec­to, entera­mente prepara­do para toda bue­na obra” (2 Tim. 3:16–17). Bien­venido al Evan­ge­lio de Cristo. Esta es la ter­cera lec­ción de una intro­duc­ción a la Bib­lia. En esta lec­ción estare­mos exam­i­nan­do como obtu­vi­mos el Nue­vo Tes­ta­men­to. . En nues­tra últi­ma lec­ción, exam­i­namos como obtu­vi­mos el Nue­vo Tes­ta­men­to. Obser­va­mos tres pun­tos. Estare­mos usan­do estos mis­mos tres pun­tos en esta lec­ción, pero estare­mos obser­van­do en difer­entes prin­ci­p­ios y difer­entes ver­sícu­los bíbli­cos para pro­bar estos pun­tos.

 

El primer pun­to es la fuente de la inspiración. ¿Cuál es la fuente del Nue­vo Tes­ta­men­to? La respues­ta es Dios. Como veíamos 2 Tim­o­teo 3:16–17, Dios es la fuente de toda la Bib­lia, que incluiría el Nue­vo Tes­ta­men­to. Dios inspiró a hom­bres a hablar, y a escribir y a reg­is­trar, lo que ten­emos en el Nue­vo Tes­ta­men­to. Jesús habló sobre como esto sería hecho. Deseo que lean de Juan 16 que Jesús nos enseñó sobre cómo y cuán­do el Nue­vo Tes­ta­men­to sería escrito y ter­mi­na­do. En los ver­sícu­los 5–7 Jesús dijo,

 

Pero aho­ra voy al que me envío, y ninguno de vosotros me pre­gun­ta: ¿A dónde vas? Antes porque os he dicho estas cosas, tris­teza ha llena­do vue­stro corazón. Pero os digo la ver­dad: Os con­viene que yo me vaya; porque si no me fuese, el Con­so­lador no ven­dría a vosotros; mas si me fuere, os lo enviaré.”

Jesús men­cionó que Él estaría envian­do a alguien a ayu­dar a Sus após­toles y/o dis­cípu­los. ¿Quién era ese “alguien”? Como apren­der­e­mos, era el Espíritu San­to. En los ver­sícu­los 8–13 Jesús dijo,

 

Y cuan­do Él ven­ga, con­vencerá al mun­do de peca­do, de jus­ti­cia y de juicio. De peca­do, por cuan­to no creen en mí; de jus­ti­cia, por cuan­to voy al Padre, y no me veréis más; y de juicio, por cuan­to el príncipe de este mun­do ha sido juz­ga­do. Aún ten­go muchas cosas que deciros, pero aho­ra no las podéis sobrell­e­var. Pero cuan­do ven­ga el Espíritu de ver­dad, os guiará a toda la ver­dad, porque no hablará de su propia cuen­ta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir.”

Jesús no dijo que el Espíritu guiaría a los escritores del Nue­vo Tes­ta­men­to a “algu­na” ver­dad o a “la may­oría” de la ver­dad, sino a toda la ver­dad. Jesús dijo a aque­l­los hom­bres lo que pasaría. Jesús dijo que Él había habla­do que Él sabía que podían sobrell­e­var, pero que cuan­do Él ascendiera al Cielo, entonces el Espíritu San­to ven­dría a guiar a los hom­bres a “toda ver­dad” así que ellos podrían com­ple­tar la Bib­lia y podrían ten­er el Nue­vo Tes­ta­men­to. Esto es exac­ta­mente lo que pasó. En Efe­sios 3 Pablo habló sobre la Pal­abra de Dios, y aho­ra cada uno de los hom­bres inspi­ra­dos esta­ba escribién­do­lo y como esta­ban jun­tán­dose pieza por pieza.

 

Por esta causa yo Pablo, pri­sionero de Cristo Jesús por vosotros los gen­tiles; si es habéis oído de la admin­is­tración de la gra­cia de Dios que me fue dada para con vosotros; que por rev­elación me fue dado el mis­te­rio, como antes lo he escrito breve­mente, leyen­do lo cual podéis enten­der cuál sea mi conocimien­to en el mis­te­rio de Cristo” [vers. 1–4].

 

En el ver­sícu­lo 4 Pablo no sola­mente explicó que las cosas que él escribió eran de Dios debido a que él era inspi­ra­do, pero él tam­bién explicó que cuan­do las per­sonas ley­er­an lo que él escribió, ellos serían capaces de enten­der­las. Algu­nas per­sonas dicen que no hay for­ma de que nosotros real­mente enten­damos el Nue­vo Tes­ta­men­to debido a que es demasi­a­do com­pli­ca­do o demasi­a­do difí­cil, y enten­demos el Nue­vo Tes­ta­men­to y entonces nece­si­ta­mos a alguien para inter­pre­tar­lo por nosotros y decirnos lo que sig­nifi­ca. Pero esto no es lo que nos dice Efe­sios 3. Pablo nos dice que cuan­do leemos las cosas que él ha escrito, seríamos capaces de enten­der­las. Podemos cono­cer la Nue­va Ley. El ver­sícu­lo 5 dice, “mis­te­rio que en otras gen­era­ciones no se dio a cono­cer a los hijos a los hijos de los hom­bres, como aho­ra es rev­e­la­do a Sus san­tos após­toles y pro­fe­tas por el Espíritu,” lo cual lle­va de regre­so a Juan 16 — refirien­do al hecho que los escritores del Nue­vo Tes­ta­men­to serían guia­dos por el Espíritu a “toda ver­dad.” Pablo lo con­fir­mó aquí. Dios inspiró a los hom­bres a escribir el Nue­vo Tes­ta­men­to. En 1 Cor­in­tios 14:37 Pablo escribió tam­bién, “Si alguno se cree pro­fe­ta, o spir­i­tu­al, reconoz­ca que lo que os escri­bo son man­damien­tos del Señor.” ¿Dijo Pablo que las cosas que él escribió eran su opinión? No. Yo oí a una per­sona que dijo en una ocasión, “Las cosas que dijo Pablo no eran tan impor­tantes como las cosas que dijo Jesús, las que fueron escritas en col­or rojo.” Bien, toda la Bib­lia podría ser escri­ta en rojo debido a que todo es de Dios. Pablo lo con­fir­mó en 1 Cor­in­tios 14:37 cuan­do dijo, “Lo que os escri­bo son man­damien­tos del Señor.” En 1 Cor­in­tios 2:6–8 Pablo escribió,

 

Sin embar­go, hablam­os sabiduría entre los que han alcan­za­do madurez; y sabiduría, no de este siglo, ni de los príncipes de este siglo que pere­cen. Mas hablam­os sabiduría de Dios en mis­te­rio [lo que nos lle­va de regre­so a Efe­sios 3, que establece que lo que los hom­bres escri­bieron era la Pal­abra de Dios], la sabiduría ocul­ta, la cual Dios pre­des­tinó antes de los sig­los para nues­tra Glo­ria, la cual ningu­na de los príncipes de este siglo cono­ció; porque si la hubiera cono­ci­do, nun­ca habrían cru­ci­fi­ca­do al Señor de glo­ria.”

 

Los ver­sícu­los 10–12 estable­cen entonces,

 

Pero Dios nos las rev­eló a nosotros por el Espíritu; porque el Espíritu todo lo escu­d­riña, aun lo pro­fun­do de Dios. Porque ¿quién de los hom­bres sabe las cosas del hom­bre, sino el espíritu del hom­bre que está en él? Así tam­poco nadie cono­ció las cosas de Dios, sino el Espíritu de Dios. Y nosotros no hemos recibido el espíritu del mun­do, sino el Espíritu que proviene de Dios, para que sep­a­mos lo que Dios nos ha con­ce­di­do.”

El pun­to de Pablo era que los hom­bres que escri­bieron el Nue­vo Tes­ta­men­to no escri­bieron en su pro­pio nom­bre, sino que en lugar de eso esta­ban pre­sen­tan­do la Pal­abra de Dios, la cual esta­ba, de hecho, sien­do recibi­da como la Pal­abra de Dios. En 1 Tesa­loni­cens­es 2:13 vemos que los cris­tianos que los cris­tianos en Tesalóni­ca entendieron que lo que estos hom­bres dijeron o escri­bieron era de Dios. Pablo escribió, “Por lo cual tam­bién nosotros sin cesar damos gra­cias a Dios, de que cuan­do recibis­teis la Pal­abra de Dios que oísteis de nosotros, la recibis­teis no como pal­abra de hom­bres, sino según es en ver­dad, la Pal­abra de Dios, la cual actúa en vosotros los creyentes.”Pablo hace notar que los cris­tianos en Tesalóni­ca no fue como alguien que dice, “Esto no es lo que pien­so” o “Esto no es lo que pien­so.”

 

En oca­siones las per­sonas inten­tan usar estos pasajes para pro­bar que el Espíritu les habla direc­ta­mente a ellos. Eso no es como el Espíritu nos habla hoy.. El Espíritu nos habla por medio de la Pal­abra de Dios. En Juan 6:63 Jesús dijo, “El Espíritu es lo que da vida; la carne para nada aprovecha; las pal­abras que yo os he habla­do son espíritu y son vida.” Las pal­abras que escri­bieron los hom­bres inspi­ra­dos fueron del Espíritu. Alguien dice que el Espíritu habla nos habla por medio de la Pal­abra de Dios, eso es cor­rec­to. Pero eso es la úni­ca for­ma en que el Espíritu nos habla hoy. Cuan­do leemos pasajes como Apoc­alip­sis 2 y 3, vemos que después de cada una de las car­tas escritas a las siete Igle­sias de Cristo en Asia Menor, leemos, “El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice.” ¿Cómo debían escuchar las per­sonas lo que el Espíritu esta­ba dicien­do? ¿Era algún tipo de sen­timien­to? No, ellos debían escuchar lo que el Espíritu decía por medio de leer las Pal­abras de Dios. De la mis­ma for­ma nosotros hoy nos dirigi­mos a la Pal­abra de Dios (la Bib­lia), lo cual es como el Espíritu nos habla. En 1 Tim­o­teo 4:1 leemos, “Pero el Espíritu dice clara­mente ….” ¿Cómo esta­ba hablan­do el Espíritu? En esa instan­cia Él esta­ba dicien­do cosas por medio del após­tol Pablo. Así, el primer pun­to en relación a la fuente de inspiración es que Dios inspiró a los hom­bres para escribir cor­rec­ta­mente Su pal­abra.

 

El segun­do pun­to en esta sec­ción tiene que ver con el reconocimien­to de la inspiración. ¿Cómo sabían otros si alguien esta­ba hablan­do en real­i­dad en nom­bre de Dios? Las per­sonas reconocieron la inspiración ver­dadera debido a que lo que ellos habla­ban por medio de la inspiración de Dios eran capaces de con­fir­mar con mila­gros lo que ellos decían. Jesús dijo que Él daría a Sus sier­vos el poder de lle­var a cabo tales Mila­gros mien­tras ellos iban pred­i­can­do el evan­ge­lio. Esto per­mi­tiría saber a las per­sonas que las cosas que decían los hom­bres venían de la Autori­dad más Alta (Dios). En Mar­cos 16:19–20 (lo cual es cor­rec­to después de que Jesús dio la Gran Comisión) leemos, “Y el Señor, después que les habló, fue recibido arri­ba en el cielo, y se sen­tó a la dies­tra de Dios. Y ellos, salien­do, predi­caron en todas partes, ayudán­do­los el Señor y con­fir­maron la pal­abra con las señales que la seguían.” Cuan­do habla­ban los hom­bres inspi­ra­dos, ellos con­fir­maron lo que decían por medio de Mila­gros de tal for­ma que sabían que ellos esta­ban hablan­do en el nom­bre de Dios. En 2 Cor­in­tios 12:12 Pablo escribió, “Con todo, las señales de após­tol han sido hechas entre vosotros en toda pacien­cia, por señales, prodi­gios y mila­gros.” Otro pasaje que enseña como las per­sonas sabían que eso que ellos esta­ban enseñan­do era ver­dad es encon­tra­do en Hebre­os 2:1–4.

 

Por tan­to, es nece­sario que con más dili­gen­cia aten­damos a las cosas que hemos oído, no sea que nos deslice­mos. Porque si la pal­abra dicha por medio de los ánge­les fue firme y toda trans­gre­sión y des­obe­di­en­cia recibió jus­ta ret­ribu­ción, ¿cómo escapare­mos nosotros si des­cuidamos una sal­vación tan grande? La cual, habi­en­do sido anun­ci­a­da primera­mente por el Señor, nos fue con­fir­ma­da por los que oyeron, tes­ti­f­i­can­do Dios jun­ta­mente con ellos, con señales y prodi­gios y diver­sos mila­gros y repar­timien­tos del Espíritu según Su vol­un­tad.”

Veamos aho­ra algunos de los mila­gros que fueron lle­va­dos a cabo en el primer siglo de tal for­ma que podamos com­pren­der que estos fueron reales, mila­gros autén­ti­cos. En Hechos 2 los judíos esta­ban jun­tos para el Día del Pen­te­costés. Ellos aún esta­ban vivien­do y sigu­ien­do bajo la Ley de Moisés. En Hechos 2 Pedro pre­sen­tó un gran ser­món del Evan­ge­lio. Y al final de ese ser­món los judíos pre­gun­taron, “¿qué hare­mos?” Alrede­dor de 3,000 per­sonas fueron salvos ese día (Hechos 2:40–47). ¿Qué causó que estos judíos escucha­ran a lo que Pedro tenía que decir, y entonces a ser con­ver­tidos? ¿Por qué ellos escucharon a lo que Pedro tenía que decir? Después de todo, ellos habían cru­ci­fi­ca­do a Jesús, el cual había esta­do enseñan­do el mis­mo tipo de cosas en todo Su min­is­te­rio ter­re­nal. ¿Así por qué todos estos judíos estu­vieron dis­puestos a escuchar lo que Pedro tenía que decir? En Hechos 2:1 y sigu­ientes vemos que ocur­rió un mila­gro para pro­bar que lo que dijo Pedro venía de Dios. Eso real­mente atra­jo la aten­ción de los judíos, lo que causó que ellos escucha­ran lo que Pedro tenía que decir. ¿Ust­ed pien­sa que ellos hubier­an escucha­do sin tal mila­gro? ¡De hecho no! Pero el mila­gro obtu­vo su aten­ción, y provocó que ellos escucha­ran lo que Pedro tenía que decir.

 

Vemos otro mila­gro en Hechos 3:1 y sigu­ientes, en donde vemos a un cojo sien­do sana­do.

 

Pedro y Juan sub­ían jun­tos al tem­p­lo a la hora nove­na, la de la oración, Y era traí­do un hom­bre cojo de nacimien­to, a quien ponían cada día a la puer­ta del tem­p­lo que se lla­ma la Her­mosa, para que pidiese limosna de los que entra­ban en el tem­p­lo. Este, cuan­do vio a Pedro y a Juan que iban a entrar en el tem­p­lo, les roga­ba que le diesen limosna.”

¿Había esta­do este hom­bre cojo solo por una sem­ana o por unos pocos meses? No, Él había esta­do cojo des­de el vien­tre de su madre. En otras pal­abras, él era cojo de nacimien­to. El tex­to con­tin­ua,

 

Pedro, con Juan, fijan­do en él los ojos, le dijo: Míra­nos. Entonces él les estu­vo aten­to, esperan­do recibir de ellos algo. Mas Pedro dijo: No ten­go pla­ta ni oro, pero lo que ten­go te doy; en el nom­bre de Jesu­cristo de Nazaret, lev­án­tate y anda. Y tomán­dole por la mano derecha le lev­an­tó; y al momen­to se le afir­maron los pies y los tobil­los; y saltan­do, se puso en pie y andu­vo; y entró con ellos en el tem­p­lo, andan­do, y saltan­do, y ala­ban­do a Dios. Y le reconocían que era el que se senta­ba a pedir limosna a la puer­ta del tem­p­lo, la Her­mosa; y se llenaron de asom­bro y espan­to por lo que le había suce­di­do.”

Aquí vemos a un hom­bre que había sido cojo des­de el vien­tre de su madre, al cual todos conocían. Pedro y Juan no tra­jeron jun­to con ellos a un indi­vid­uo que al que nadie conocía y al que ellos podrían “pon­er­lo en un espec­tácu­lo para engañar a todos.” Todos sabían que el hom­bre, del cual el tex­to dice que fue sana­do de inmedi­a­to al pun­to que él en donde él podría pon­erse real­mente de pie, cam­i­nar y saltar. Este fue un mila­gro gen­uino, el cual logró la aten­ción de todos (como lo deja claro el ver­sícu­lo 10). Las per­sonas no dijeron, “Esto es un hechizo tru­cu­len­to o engañoso.” Ellos reconocieron el mila­gro autén­ti­co que había sido real­iza­do.

 

Otro ejem­p­lo de un mila­gro autén­ti­co es encon­tra­do en Hechos 19:11 y sigu­ientes, donde encon­tramos que Dios esta­ba obran­do “mila­gros inusuales” por la mano de Pablo. Vemos tal mila­gro en el ver­sícu­lo 12, el cual involu­cra la enfer­medad de los paños y de o delan­tales que fueron quita­dos del cuer­po por Pablo a los que esta­ban enfer­mos, y “las enfer­medades se iban de ellos, y los espíri­tus mal­os salían.” Entonces el tex­to hace notar que algunos de los mis­mos exorcis­tas judíos invo­caron el nom­bre del Señor Jesús sobre aque­l­los que tenían espíri­tus inmun­dos, dicien­do, “Os con­juro por Jesús, el que pred­i­ca Pablo.” Pero en el ver­sícu­lo 15 leemos que “respon­di­en­do el espíritu malo dijo: A Jesús conoz­co, y sé quién es Pablo; pero vosotros, ¿quiénes sois?’” Aún los demo­ni­os sabían de Jesús y de Sus hom­bres inspi­ra­dos. Pero aque­l­los mis­mos espíri­tus reconocieron a los que esta­ban usan­do Mila­gros fraud­u­len­tos, y de que aque­l­los Mila­gros no venían de Dios. El ver­sícu­lo 16 dice, “Y él dom­inán­do­los, pudo más que ellos, de tal man­era que huyeron de aque­l­la casa desnudos y heri­dos.” Los ver­sícu­los 17–19 habla entonces sobre como muchas per­sonas fueron con­ver­tidas debido a esto. Las per­sonas vieron la difer­en­cia entre un pro­fe­ta ver­dadero y un pro­fe­ta fal­so. En los sigu­ientes pocos min­u­tos, deseo real­mente enfa­ti­zarles el pun­to de estos mila­gros de tal nat­u­raleza que ni aún los ene­mi­gos de Jesús y de la cris­tian­dad los negarían. Ellos podrían no seguir a Jesús, pero ellos no podrían negar lo que ellos habían vis­to. En Hechos 3 vimos al cojo sana­do. Vimos como las per­sonas esta­ban atóni­tas de lo que ellos vieron. ¿Pero que tuvieron que decir los ene­mi­gos de Cristo sobre aque­l­los even­tos? Si los ene­mi­gos de Cristo enseñaran sobre si lo que había pasa­do eran tru­cos o falsedades, entonces ellos habrían dicho, “Esto no es una fal­si­fi­cación real. No escuchen lo que están dicien­do estos hom­bres.” ¿Pero es eso lo que pasó? ¡Abso­lu­ta­mente no! Hechos 4:16 mues­tra a ust­ed la reac­ción de los ene­mi­gos de Cristo: “¿Qué hare­mos con estos hom­bres? Porque de cier­to, señal man­i­fi­es­ta ha sido hecha por ellos, noto­ria a todos los que moran en Jerusalén, y no lo podían negar.” Los ene­mi­gos de Cristo eran con­trar­ios a los após­toles. Ellos no les agrad­a­ban. Pero ellos podrían negar que ellos habían vis­to hac­er­lo a los após­toles. Esta fue la mis­ma respues­ta que Jesús recibió en los relatos bíbli­cos. Cuan­do él hacía Mila­gros, las per­sonas no podrían negar lo que ellos esta­ban vien­do. Ellos podrían decir que ellos no desea­ban seguir a Jesús. O ellos podrían inten­tar dar crédi­to a otras fuentes de los mila­gros. En Mar­cos 3:20–27 leemos sobre tales cosas en un even­to. Las per­sonas inten­taron dar el crédi­to de los mila­gros que Jesús esta­ba lle­van­do a cabo a Satanás. Jesús había esta­do hacien­do grandes mila­gros para pro­bar que Él venía de Dios.

 

Cuan­do lo oyeron los suyos, vinieron para pren­der­le; porque decían: está fuera de sí. Pero los escribas que habían venido de Jerusalén decían que tenía a Beelze­bú, y que por el príncipe de los demo­ni­os ech­a­ba fuera los demo­ni­os”

¿Esta­ban los ene­mi­gos de Cristo negan­do el hecho de que Él era capaz de echar fuera demo­ni­os? No. En lugar de eso ellos dijeron que Él real­iz­a­ba tales haz­a­ñas por el poder de Satanás. Jesús entonces pre­gun­tó, “¿Cómo puede Satanás echar fuera a Satanás? Si un reino está divi­di­do con­tra sí mis­mo, tal reino no puede per­manecer.” Jesús entonces les mostró que tan ridícu­lo era su argu­men­to. Pero el pun­to que deseo hac­er aquí es que los ene­mi­gos de Jesús no podrían negar Sus mila­gros. Esto es el por qué las per­sonas acep­taron el Nue­vo Tes­ta­men­to como algo ver­dadero.

 

En Juan 9:20-23 leemos sobre un hom­bre que fue sana­do y que había naci­do ciego. Sus padres admi­tieron que su hijo había sido sana­do, pero esta­ban demasi­a­do temerosos para decir que fue Jesús quien lo había sana­do – debido a que ellos no desea­ban ser expul­sa­dos de la sin­a­goga. La Bib­lia dice en Juan 12:42, “Con todo eso, aun de los gob­er­nantes, muchos creyeron en Él; pero a causa de los fariseos no lo con­fesa­ban, para no ser expul­sa­dos de la sin­a­goga.”

 

Antes de mover­nos a nue­stro sigu­iente pun­to, deseo que obser­ven un ejem­p­lo más. Es muy poderoso y muy fuerte, y es uno muy bueno para mostrar a las per­sonas que había una difer­en­cia entre el fal­so pro­fe­ta que clam­a­ba usar la magia, y un pro­fe­ta gen­uino que podría pro­ducir mila­gros gen­uinos. En Hechos 8 encon­tramos la his­to­ria de Simón el cual defrau­dar a mucha gente y usan­do eso nosotros hoy prob­a­ble­mente podríamos callar los “tru­cos de magia.” Las per­sonas pens­a­ban, sin duda, que lo que él esta­ba hacien­do era legí­ti­mo. Pero Simón recono­ció que cuan­do los pro­fe­tas hacían Mila­gros, era com­ple­ta­mente difer­ente que lo que él esta­ba hacien­do. En Hechos 8:9 y sigu­ientes, leemos,

 

Había un hom­bre lla­ma­do Simón, que antes ejer­cía la magia en aque­l­la ciu­dad, y había engaña­do a la gente de Samaria, hacién­dose pasar por algún grande. A éste oían aten­ta­mente todos, des­de el más pequeño has­ta el más grande„ dicien­do: Éste es el gran poder de Dios. Y le esta­ban aten­tos, porque con sus artes mág­i­cas les había engaña­do mucho tiem­po. Pero cuan­do creyeron a Felipe que anun­cia­ba el evan­ge­lio del reino de Dios y el nom­bre de Jesu­cristo, se bau­ti­z­a­ban hom­bres y mujeres. Tam­bién creyó Simón mis­mo, y habién­dose bau­ti­za­do esta­ba siem­pre con Felipe; y vien­do las señales y grandes mila­gros que se hacían, esta­ba atóni­to.”

Si cualquiera pudiera haber man­cha­do con mila­gros fraud­u­len­tos, cier­ta­mente habría sido Simón el mago. Sin embar­go él sabía que los Mila­gros de los após­toles eran reales. Así que, el Segun­do pun­to tiene que ver con el reconocimien­to de la inspiración. Las per­sonas reconocieron que lo que dijeron los hom­bres inspi­ra­dos era ver­dad debido a que las cosas que ellos hablaron eran acom­pañadas por mila­gros gen­uinos. Sin embar­go, la rev­elación de Dios no con­tinúa has­ta hoy. Judas 3 dice que “la fe” que ha sido dada “una vez dada a los san­tos.” Juan 16:13 dice que los escritores inspi­ra­dos serían guia­dos a “toda ver­dad.” Y eso es lo que pasó exac­ta­mente. “La fe” ha sido reg­istra­da en el Nue­vo Tes­ta­men­to. Podemos estar com­ple­tos por medio de las Escrit­uras (2 Tim. 3:16–17). En 1 Cor­in­tios 13:9–10 se nos enseña que el propósi­to de los Mila­gros era con­fir­mar la Pal­abra. Una vez que la Pal­abra fuera escri­ta en su total­i­dad, entonces no habría más necesi­dad de mila­gros. La Bib­lia nos enseña que aho­ra ten­emos la Pal­abra de Dios com­ple­ta. No debe­mos agre­gar o quitar de ella.

 

Aho­ra ven­i­mos a al ter­cer y últi­mo pun­to en esta lec­ción – la preser­vación del Nue­vo Tes­ta­men­to. En la pan­talla ust­ed está vien­do una grá­fi­ca que mues­tra escritos sec­u­lares. Ust­ed ve al autor de los escritos, la fecha en que fueron escritos, la copia más antigua que ten­emos, y el número de copias que ten­emos. Estoy pre­sen­tan­do esta infor­ma­ción de tal for­ma que ust­ed pue­da com­parar el Nue­vo Tes­ta­men­to con estos otros escritos antigu­os. Cuan­do ust­ed lo hace, ust­ed no hará una gran difer­en­cia entre ellos. Por ejem­p­lo, con­sidere a Plinio. Nadie nie­ga que él exis­tió. Ellos no nie­gan sus escritos. Él vivió alrede­dor del 61 al 113 D.C. Pero la copia más Antigua de sus escritos existe des­de el 850 D.C. – un espa­cio de casi 700 años. Además, ten­emos solo siete copias de sus escritos. Con­sidere tam­bién a Platón, quien vivió alrede­dor del 427 al 347 A.C. Las copias más antiguas que ten­emos de su mate­r­i­al son del 900 D.C., y ten­emos solo siete copias de sus escritos. Con­sidere a César, quien vivió alrede­dor del 100 al 44 A.C. Sin embar­go las copias más antiguas que ten­emos de su infor­ma­ción son del 900 D.C. Al menos unos 900 años más tarde. Y ten­emos sola­mente diez copias de su infor­ma­ción. Con­sidere a Tác­i­to, quien vivió aprox­i­mada­mente en el 100 D.C.. Sin embar­go las copias más antiguas de sus escritos son del 1100 A.C. – aprox­i­mada­mente 1100 años más tarde.. Y tiene sola­mente veinte copias. Con­sidere a Aristóte­les, quien vivió alrede­dor del 384 al 322 A.C. Las copias más antiguas que poseemos de sus escritos son del 1100 D.C. Y ten­emos solo cuarenta y nueve copias de sus escritos. Con­sidere la Ilía­da de Home­ro escri­ta alrede­dor del 900 A.C., sin embar­go la copia más antigua que ten­emos es del 400 A.C. – 500 años más tarde. Ten­emos 643 copias de la Ilía­da.

 

Entonces lleg­amos al Nue­vo Tes­ta­men­to, que fue escrito aprox­i­mada­mente del 48 al 100 D.C. Las copias más antiguas que ten­emos de los libros del Nue­vo Tes­ta­men­to son del 130 D.C. – que son solo trein­ta años después de que el Nue­vo Tes­ta­men­to fue com­ple­ta­do. Cuan­do ven­i­mos a los escritos sec­u­lares, las copias más antiguas son en oca­siones mil años después que fueron pro­duci­dos por sus autores orig­i­nales.. El número de copias del Nue­vo Tes­ta­men­to (en su total­i­dad o en partes) es de 5,600. Podemos des­cansar seguros de que el Antiguo Tes­ta­men­to ha sido reser­va­do para nosotros. Esto ten­dría que ser una bue­na razón (es) para sug­erir que no ha sido preser­va­do, en espe­cial cuan­do com­para­mos el Nue­vo Tes­ta­men­to con los escritos sec­u­lares. Es algo asom­broso obser­var esta infor­ma­ción, y com­pren­der jus­to todo lo que Dios ha pro­vis­to para nosotros para que podamos cono­cer que el Nue­vo Tes­ta­men­to viene de Él, y como vino a exi­s­tir.

 

¿Así que todo esto es sig­ni­fica­ti­vo hoy para nosotros? Vamos a ser juz­ga­dos por el Nue­vo Tes­ta­men­to (Jn. 12:48). Nece­si­ta­mos entonces estar seguros que esta­mos vivien­do nues­tras vidas de acuer­do con la vol­un­tad de Dios. Vivi­mos hoy bajo el Nue­vo Tes­ta­men­to. Hebre­os 7–10 entra en grandes detalles sobre eso. Gálatas 6:1–2 nos dice que esta­mos bajo la Ley de Cristo. San­ti­a­go 1:25 habla sobre “la per­fec­ta ley de la lib­er­tad.” El Nue­vo Tes­ta­men­to es nue­stro están­dar de vida. Romanos 10:17 dice que “la fe viene por el oír, y el oír por la pal­abra de Dios.” Debe­mos ir a la ley de Dios para ver lo que ten­emos que hac­er para ser sal­vo. Debe­mos creer que Jesús es Aquel que dijo que Él era. Jesús dijo en Juan 8:24, “Porque si no creéis que Yo soy, en vue­stros peca­dos moriréis.” Debe­mos arrepen­tirnos de nue­stros peca­dos pasa­dos (Hechos 3:19). Debe­mos con­fe­sar que Jesu­cristo es el Señor (Rom. 10:10). Y debe­mos ser bau­ti­za­dos en agua para el perdón de nue­stros peca­dos (Hechos 2:38). Si ust­ed aún no obe­dece a la ver­dad, oramos hoy para que ust­ed obe­dez­ca el evan­ge­lio de Cristo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

PREGUNTAS DE ESTUDIO PARA LAINTRODUCCIÓN A LA BIBLIA” (LECCIÓN 3)

 

 

  1. De acuer­do a 2 Tim­o­teo 3:16–17, ¿quién o cuál es la fuente del mate­r­i­al

que ten­emos en la Bib­lia?

 

  1. De acuer­do a Juan 16:8–13, ¿a quién prometió Jesús enviar a los

após­toles para guiar­los a “toda ver­dad”?

 

  1. De acuer­do a lo que Pablo escribió en Efe­sios 3:1–4, ¿quién o cuál

era la fuente de la infor­ma­ción que él enseña­ba (y que incluía él en los

libros encon­tra­dos en el Nue­vo Tes­ta­men­to)?

 

  1. De acuer­do a Efe­sios 3:4, ¿Podemos enten­der hoy la Pal­abra de Dios?

 

  1. De acuer­do a 1 Cor­in­tios 14:37, ¿quién o cual fue la fuente de la

infor­ma­ción que él enseña­ba (y que él incluía en los libros que él escribió

en el Nue­vo Tes­ta­men­to)?

 

  1. De acuer­do a 1 Cor­in­tios 2:10, quién o cuál era la fuente de la

infor­ma­ción de la infor­ma­ción que él enseña­ba (y que él incluía en los

libros que él escribió en el Nue­vo Tes­ta­men­to)?

 

  1. De acuer­do a 1 Cor­in­tios 2:13, ¿quién o cuál no era la fuente de

la infor­ma­ción que él enseñó (y que él incluía en los libros que

él escribió en el Nue­vo Tes­ta­men­to)?

 

  1. De acuer­do a 2 Cor­in­tios 12:12, ¿cuál era una man­era de que los

após­toles con­fir­maron a los que los oyeron hablar que las cosas

que ellos decían eran “de Dios”?

 

  1. De acuer­do a Hebre­os 2:1–4, ¿cuál era una for­ma de que los após­toles

con­fir­maron a los que los oían hablar que lo que ellos dijeron era

de Dios?”?

 

  1. En Hechos 3:1 y sigu­ientes Pedro y Juan realizaron un mila­gros para

con­fir­mar que lo que ellos decían y hacían era de Dios. ¿Cuál fue ese

mila­gro?

 

  1. ¿Qué cosa inusu­al pasó en Hechos 19:1–6, proban­do “ningún injus­to”

tenía el poder de lle­var a cabo mila­gros gen­uinos?

 

  1. En Hechos 4:16 vemos la reac­ción de algunos de los ene­mi­gos del

cris­tian­is­mo a los mila­gros gen­uinos que ellos habían ates­tigua­do que

fueron lle­va­dos a cabo alrede­dor de ellos. ¿Cuál fue su reac­ción?

 

  1. En Mar­cos 3:20–27, ¿a quién inten­taron los ene­mi­gos de Cristo atribuir

los mila­gros que Él había lle­va­do a cabo en medio de ellos?

 

  1. ¿Cómo respondió Cristo a la acusación hecha por Sus ene­mi­gos (en

Mar­cos 3:20–27), sugirien­do que Sus mila­gros eran de algu­na otra

fuente que del cielo?

 

  1. De acuer­do a 1 Cor­in­tios 13:9–10, ¿cuál fue el propósi­to de los mila­gros

que Jesús y algunos de Sus seguidores eran capaces de realizar?

 

  1. Hebre­os 7–10 expli­ca en gran detalle que hoy vivi­mos bajo el Nue­vo Tes­ta­men­to. De acuer­do a Juan 12:48, ¿qué, entonces, nos juz­gará un día?

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INTRODUCCIÓN A LA BIBLIA

 Lec­ción 2

Toda la Escrit­u­ra es inspi­ra­da por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para cor­re­gir, para instru­ir en jus­ti­cia, a fin de que el hom­bre de Dios sea per­fec­to, entera­mente prepara­do para toda bue­na obra” (2 Tim. 3:16–17). Bien­venido al Evan­ge­lio de Cristo. Esta es la segun­da lec­ción en nue­stro estu­dio de una intro­duc­ción a la Bib­lia. En esta lec­ción estare­mos obser­van­do a cómo se obtu­vo el Antiguo Tes­ta­men­to. Si alguien viniera a ust­ed y le pre­gun­ta, ¿cómo puede ust­ed enten­der el Antiguo Tes­ta­men­to?,” ust­ed podría respon­der que fue a la libr­ería y com­pró uno. Eso podría ser ver­dad, pero eso obvi­a­mente no es la respues­ta que la per­sona está bus­can­do. La per­sona está pre­gun­tan­do cómo es que la Bib­lia actu­al llegó a exi­s­tir. Si es de Dios, ¿entonces cómo vino de Dios a nosotros?

 

Empezamos por la fuente de inspiración. Todo empieza con Dios debido a que Él es el escribió el Antiguo Tes­ta­men­to. Él comu­nicó por inspiración a cier­tos hom­bres durante el tiem­po del Antiguo Tes­ta­men­to para lle­var ade­lante Su men­saje. En 2 Pedro 1:19–21 Pedro explicó como obró este pro­ce­so:

 

Ten­emos tam­bién la pal­abra proféti­ca más segu­ra, a la cual hacéis bien en estar aten­tos como a una antor­cha que alum­bra en lugar oscuro, has­ta que el día esclarez­ca y el lucero de la mañana sal­ga en vue­stros cora­zones; enten­di­en­do primero esto, que ningu­na pro­fecía de la Escrit­u­ra es de inter­pretación pri­va­da, porque nun­ca la pro­fecía fue traí­da por vol­un­tad humana, sino que los san­tos hom­bres de Dios hablaron sien­do inspi­ra­dos por el Espíritu San­to.”

En el Antiguo Tes­ta­men­to empezamos con Moisés escri­bi­en­do div­ina­mente los primeros cin­co libros – Géne­sis, Éxo­do, Lev­íti­co, Números, y Deuteronomio. Estos libros son cono­ci­dos como “la Ley.” Cuan­do obser­va­mos otros libros de la Bib­lia que se refieren a la Ley de Moisés, vemos ref­er­en­cias con­stantes a estos cin­co libros en la may­oría de los otros libros del Antiguo Tes­ta­men­to. Esto demues­tra que los primeros cin­co libros del Antiguo Tes­ta­men­to (los cuales con­tienen la Ley de Moisés) fueron recibidos de inmedi­a­to como autori­dad, y fueron recono­ci­dos con­tin­u­a­mente como tales. Hay numerosos pasajes que enseñan eso, unos pocos de ellos son: Josué 1:7–8; 1 Reyes 2:3;

2 Reyes 14:6; 2 Cróni­cas 14:4; Daniel 9:11; y Malaquías 4:4. Estos ver­sícu­los nos mues­tran que cuan­do Moisés habló, él esta­ba hablan­do en nom­bre de Dios, quien lo esta­ba usan­do como un vocero.

 

La des­i­gnación más común para el resto del Antiguo Tes­ta­men­to es “los pro­fe­tas.” Mateo 11:13, Mateo 22:40, Lucas 16:16, y Lucas 24:24 usan tal des­i­gnación. Hay pasajes en los que Jesús esta­ba hablan­do sobre el Antiguo Tes­ta­men­to, en los que Él iden­ti­ficó la Ley y los pro­fe­tas como refir­ién­dose al Antiguo Tes­ta­men­to. En Mateo 5:17 Jesús dijo, “No pen­séis que he venido para abrog­ar a la ley o los pro­fe­tas, no he venido para abrog­ar, sino para cumplir.” Aquí vemos que el Antiguo Tes­ta­men­to esta­ba com­puesto de la Ley y los pro­fe­tas. Nece­si­ta­mos notar que en el sen­ti­do escrit­ur­al del tér­mi­no, cada escritor inspi­ra­do era un pro­fe­ta de Dios. Esto incluiría a indi­vid­u­os tales como Moisés, José, Samuel, Daniel, David, y Salomón (ver Josué 24:26; 1 Samuel 10:25; Daniel 18:15; Hechos 2:30). Podríamos no pen­sar de estos hom­bres, en oca­siones, como sien­do todos pro­fe­tas de Dios tales como Daniel o Isaías. Pero la Bib­lia se refiere a ellos como tales. Cuan­do obser­va­mos la pal­abra “inspiración,” es impor­tante que enten­damos lo que sig­nifi­ca. Cuan­do hablam­os sobre la “inspiración” de Dios estos hom­bres hablaron en Su nom­bre, no esta­mos usan­do la pal­abra “inspi­ra­do” en la mis­ma man­era que pudiéramos usar­la en el habla nor­mal, diaria. Podríamos estar mane­jan­do cues­ta aba­jo en una car­retera y ver algo trotan­do hacia aba­jo en la acera. Entonces podría decir, “eso me inspi­ra el deseo de empezar a tro­tar.” Ese no es el mis­mo tipo de inspiración de la que habla la Bib­lia. Cuan­do dec­i­mos que “toda la Escrit­u­ra es inspi­ra­da por Dios,” esta­mos hablan­do sobre el hablar de Dios por medio de hom­bres que escri­bieron las Escrit­uras de tal for­ma que lo ellos escri­bieron son lit­eral­mente las pal­abras de Dios. La primera cosa que nece­si­ta­mos recor­dar en relación a como obtu­vi­mos el Antiguo Tes­ta­men­to es el hecho de que los hom­bres que fueron inspi­ra­dos por Dios hablaron y escri­bieron lo que Dios desea­ba que ellos dijer­an y escri­bier­an.

 

La segun­da cosa que nece­si­ta­mos enten­der tiene que ver con la aceptación de la inspiración. ¿Cómo saben otras per­sonas que deben acep­tar que haya per­sonas que cla­maron ser inspi­ra­dos de Dios? Solo porque una per­sona diga que él está dicien­do algo de parte de Dios no sig­nifi­ca que él lo sea. Enten­demos eso hoy. Yo podría decir, “Mi nom­bre es Kevin, y Dios me ha inspi­ra­do a decirte que me envíes un mil­lón de dólares. Si lo hicieras, Dios te ben­de­cirá.” Alguien podría decirme cosas como esta, ¿pero eso sig­nifi­ca que es un men­saje que Dios le envió a ust­ed? Declarar que algu­na es ver­dad no sig­nifi­ca que es ver­dad. ¿Cómo recono­cen las per­sonas que algo está sien­do inspi­ra­do por Dios? Habría al menos dos for­mas de que esto pasara. Cuan­do alguien habla­ba en nom­bre de Dios, hubo siem­pre lo que me gus­ta lla­mar una “con­fir­ma­ción sin duda.” Esto sig­nifi­ca que cuan­do alguien oía que un habla­ban los hom­bres inspi­ra­dos, él sabía sin una som­bra de duda que los hom­bres esta­ban dicien­do lo que era en ver­dad el men­saje de Dios. Una for­ma en que podría ser cumpl­i­da tenía que hac­erse con un pro­fe­ta que dice algo, y que pasa en la real­i­dad.. Si esto se cumplía, entonces las per­sonas sabían que ellos nece­sita­ban escuchar lo que el pro­fe­ta tenía que decir. De hecho en Deuteronomio 18:19–22, esta era la prue­ba de que Dios con­firma­ba a los legí­ti­mos pro­fe­tas.

 

Mas a cualquiera que no oyere mis pal­abras que él hablase en mi nom­bre, yo le pediré cuen­ta. El pro­fe­ta que tuviere la pre­sun­ción de hablar pal­abra en mi nom­bre, a quien yo no haya man­da­do hablar, o que hablase en nom­bre de dios­es ajenos, el tal pro­fe­ta morirá. Y si dijeres en tu corazón: ¿Cómo cono­cer­e­mos la pal­abra que Jehová no ha habla­do?; si el pro­fe­ta hablare en nom­bre de Jehová, y no se cumpli­ere lo que dijo, ni acon­teciere, es pal­abra que Jehová no ha habla­do; con pre­sun­ción la habló el tal pro­fe­ta; no ten­gas temor de él.”

Los hom­bres inspi­ra­dos que fueron capaces de decir pro­fecías dijeron a las per­sonas que ellos esta­ban hablan­do en nom­bre de Dios. Ellos declar­a­ban una pro­fecía, y esa pro­fecía sería cumpl­i­da. Entonces, todos sabrían que ellos nece­sita­ban escuchar lo que el pro­fe­ta esta­ba dicien­do. El propósi­to de eso era que cuan­do alguien decía que esta­ba hablan­do en nom­bre de Dios y pre­senta­ba una pro­fecía, y la pro­fecía no se cumplía, Deuteronomio 18:19–22 decía que las per­sonas no deberían escuchar a tal per­sona. Cuan­do los pro­fe­tas pre­senta­ban una pro­fecía, y la pro­fecía era cumpl­i­da, todos sabrían que la pro­fecía y el pro­fe­ta eran gen­uinos. Eze­quiel 33:33 lo ponen de esta for­ma: “Pero cuan­do ello viniere (y y viene ya) sabrán que hubo pro­fe­ta entre ellos.” Las per­sonas podrían saber cuan­do un pro­fe­ta de Dios había esta­do entre ellos. Entonces, una for­ma de saber si un hom­bre era un pro­fe­ta legí­ti­mo de Dios era ver si acon­tecía lo que ellos dijeron. Tales pro­fecías eran dadas con detalles especí­fi­cos, al min­u­to.

 

Otra man­era por la que los pro­fe­tas le dirían si un vocero era inspi­ra­do fue por los Mila­gros. Dios en oca­siones llevó a cabo Mila­gros por medio de tales pro­fe­tas. En Éxo­do 4 leemos sobre la comu­ni­cación de Moisés con Dios. Dios había man­da­do a Moisés hablar a faraón y le man­do lle­var fuera de Egip­to a los israeli­tas. En Éxo­do 4:1 Moisés dijo, “Entonces Moisés respondió dicien­do: He aquí que ellos no me creerán, ni oirán mi voz; porque dirán: No te ha apare­ci­do Jehová” Eso es una bue­na pre­gun­ta. El pun­to de Moisés era, “Tú, Dios, me están man­dan­do ir a hac­er esto y hablar en Tú nom­bre. Pero que si las per­sonas dicen que en real­i­dad no te me apare­ciste? ¿Qué si ellos están con­ven­ci­dos de que se lleve a cabo todo lo que digo?” He aquí como respondió el Señor:

 

Y Jehová dijo: ¿Qué es eso que tienes en tu mano? Y él respondió: Una vara. Él le dijo: Écha­la en tier­ra, y se hizo una cule­bra; y Moisés huía de ella. Entonces dijo Jehová a Moisés: Extiende tu mano, y tómala por la cola. Y él extendió la mano, y la tomó. Y se volvió vara en su mano. Por esto creerán que se te ha apare­ci­do Jehová el Dios de tus padres, el Dios de Abra­ham, Dios de Isaac y Dios de Jacob. Le dijo además Jehová: Mete tu mano en tu seno. Y él metió la mano en su seno; y cuan­do la sacó, he aquí que su mano esta­ba lep­rosa como la nieve.. Y dijo: Vuelve a meter tu mano en tu seno. Y él volvió a met5er su mano en su seno, he aquí que se había vuel­to como la otra carne.

Si acon­teciere que no te crey­eren ni obe­decieres a la voz de la primera señal, creerán a la voz de la postr­era. Y si aún no crey­eren a estas dos señales, ni oyeren tu voz, tomarás de las aguas del río y las der­ra­marás en tier­ra; y se cam­biarán aque­l­las aguas que tomarás del río y se harán san­gre en la tier­ra” (Éxo­do 4:2–9).

Aquí vemos que Dios dio a Moisés el poder para hac­er cosas mila­grosas. ¿Por qué? Fue para pro­bar que habla­ba en nom­bre de Dios. En Números 16 y 17 y Daniel 3:19–30 leemos de los otros Mila­gros que fueron lle­va­dos a cabo tam­bién para tal propósi­to. Los mila­gros con­fir­maron lo que dijeron e hicieron los pro­fe­tas era de Dios. Aun las naciones paganas oyeron sobre tales mila­gros. En Josué 2:10–11 encon­tramos a Rahab (en la ciu­dad de Jer­icó) dicien­do,

 

Porque hemos oído que Jehová hizo secar las aguas del Mar Rojo delante de vosotros cuan­do sal­is­teis de Egip­to, y lo que habéis hecho a los dos reyes de los amorre­os que esta­ban al otro lado del Jordán, a Sehón y a Og, a los cuales habéis destru­i­do. Oyen­do esto, ha des­maya­do nue­stros corazón; ni ha queda­do más alien­to en hom­bre alguno por causa de vosotros, porque Jehová vue­stro Dios es Dios arri­ba en los cie­los y aba­jo en la tier­ra.”

Aquí vemos que aún los paganos habían oído sobre los Mila­gros de Dios. Ni aun Dios esper­a­ba que Su pueblo acep­tara lo que Él decía por lo que podría ser lla­ma­da “una fe cie­ga.” Hebre­os 11:1–6 enseña que esa fe es “la certeza de lo que se espera, la con­vic­ción de lo que no se ve. ”Ningún hom­bre ha vis­to a Dios cara a cara. Pero Él ha dado evi­den­cia para doc­u­men­tar Su evi­den­cia. En la mis­ma for­ma, a lo largo de toda la Bib­lia vemos a Dios dan­do evi­den­cia tal que podemos creer en Él en for­ma razon­able y lóg­i­ca. Él no espera que nosotros teng­amos una “fe cie­ga.” Pero no es cor­rec­to que no teng­amos una fe cie­ga. Si, “por fe andamos, no por vista” (2 Cor. 5:7). Pero cuan­do andamos por fe, esta­mos cam­i­nan­do de acuer­do a la vol­un­tad de Dios (Rom. 10:17).

 

Pudiéramos exam­i­nar una gran can­ti­dad de pasajes que mues­tran como Dios con­fir­ma que Él pro­fe­ta de Jehová; esta­ba hablan­do por medio de los pro­fe­tas, uno de los pasajes más claros es encon­tra­do en 1 Reyes 18:20–22, que tiene que ver con el pro­fe­ta Elías.

 

Entonces Acab con­vocó a todos los hijos de Israel, y reunió a los pro­fe­tas en el Monte Carme­lo. Y acechán­dose Elías a todo el pueblo, dijo: ¿Has­ta cuán­do clau­di­caréis vosotros entre dos pen­samien­tos? Si Jehová es Dios, segui­dle; y si Baal, id en pos de él. Y el pueblo no respondió pal­abra.”

Aquí vemos per­sonas “clau­di­can­do entre dos opin­iones.” ¿Debían ellos seguir a Baal, o a Dios? Elías le dijo que detu­vier­an sus clau­di­ca­ciones, y que esco­gier­an a quien servir. Ellos no iban a ser “pol­los miedosos.” Ni nosotros somos aho­ra “pol­los miedosos.” En Apoc­alip­sis 3 se nos dijo que las per­sonas tib­ias hacen que el Señor desee vom­i­tar­las de Su boca. El ver­sícu­lo 21 dice, “El pueblo no respondió pal­abra.“ Ellos no tuvieron cuida­do. Ellos aún no esta­ban con­ven­ci­dos. Así leemos “Y Elías volvió a decir al pueblo: Sólo yo he queda­do pro­fe­ta de Jehová; mas de los pro­fe­tas de Baal hay cua­tro­cien­tos cin­cuen­ta hom­bres. Dénsenos, pues, dos bueyes y esco­jan ellos uno, y córten­lo en peda­zos, y pón­gan­lo sobre leña pero no pon­gan fuego deba­jo; y yo prepararé el otro buey, y lo pon­dré sobre leña, y ningún fuego pon­dré deba­jo. Invo­cad fuego vosotros en nom­bre de vue­stros dios­es, y yo invo­caré en nom­bre de Jehová; y el Dios que respondiere por medio de fuego, ese sea Dios. Y todo el pueblo respondió, dicien­do: Bien dicho” (vers. 22–24).

Elías dijo a los israeli­tas que ellos esta­ban aún cav­i­lan­do entre dos opciones. Él entonces les dijo que él era el úni­co pro­fe­ta de Dios que esta­ba pre­sente, pero que ellos eran 450 pro­fe­tas de Baal. Elías entonces sugir­ió que con el propósi­to de deter­mi­nar quién era el Dios ver­dadero y viviente, los altares debían ser con­stru­i­dos, y la ofren­da debía colo­ca­da sobre los altares. Entonces, la dei­dad que hiciera llover sobre el fuego para con­sumir la ofren­da es el Dios ver­dadero y viviente. El pueblo respondió dicien­do, “Bien dicho.” Ellos estu­vieron de acuer­do en que la sug­eren­cia de Elías era una Bue­na for­ma de deter­mi­nar cual dei­dad era el Dios ver­dadero. En los ver­sícu­los 25–27 leemos

 

Entonces Elías dijo a los pro­fe­tas de Baal: Esco­geos un buey y preparad­lo vosotros primero, pues que sois los mas; e invo­cad el nom­bre de vue­stros dios­es, mas no pongáis fuego deba­jo. Y ellos tomaron el buey que les fue dado y lo prepararon e invo­caron el nom­bre de Baal des­de la mañana has­ta el mediodía, dicien­do: ¡Baal respón­denos! Pero no había voz ni quien respondiese; entre tan­to, ellos and­a­ban saltan­do cer­ca del altar que habían hecho. Y acon­te­ció al mediodía, que Elías se burla­ba de ellos, dicien­do: Gri­tad en alta voz, porque dios es; quizá está med­i­tan­do, o tiene algún tra­ba­jo, o va de camino; tal vez duerme, y haya que des­per­tar­le.”

Cuan­do los 450 pro­fe­tas de Baal lo invo­caron para que hiciera algo, no pasó nada. Elías usó de la burla y del sar­cas­mo para pro­bar su unto. Algo que hoy es autor­iza­do para nosotros. En oca­siones, la burla y el sar­cas­mo usa­dos a lo largo de un pun­to por el cual mostramos la incon­sis­ten­cia de la per­sona y la exposi­ción de su error. Efe­sios 5:11 dice que “no par­ticipéis en las obras infruc­tu­osas de las tinieblas, sino más bien reprend­ed­las.” Elías esta­ba exponien­do la nat­u­raleza fraud­u­len­ta de Baal y de sus pro­fe­tas. Elías dijo a los pro­fe­tas que cla­ma­ran en for­ma rui­dosa porque tal vez Baal esta­ba de via­je, dur­mien­do, o med­i­tan­do. Los ver­sícu­los 28–29 van más allá para decirnos,

 

Y ellos clam­a­ban a grandes voces, a grandes voces, y se saja­ban con cuchil­los y con lanc­etas con­forme a su cos­tum­bre, has­ta chor­rear la san­gre sobre ellos. Pasó el mediodía y ellos sigu­ieron gri­tan­do frenéti­ca­mente has­ta la hora de ofre­cerse el sac­ri­fi­cio, pero no hubo ningu­na voz, ni quien respondiese ni escuchase.”

Los pro­fe­tas de Baal inten­taron invo­car el nom­bre de su dios. Pero no hubo con­fir­ma­ción de Baal de que él esta­ba vivo o era gen­uino. No hubo nada para pro­bar que los pro­fe­tas de Baal real­mente hablaran en nom­bre de un dios legí­ti­mo. Com­pare lo que pasó ensegui­da.

 

Entonces dijo Elías a todo el pueblo: Acer­caos a mí. Y todo el pueblo se le acer­có; y él arregló el altar de Jehová que esta­ba arru­ina­do. Y toman­do Elías doce piedras, con­forme al número de las tribus de los hijos de Jacob, al cual habían sido dadas pal­abras de Jehová dicien­do, Israel será tu nom­bre, edi­ficó con las piedras un altar en el nom­bre de Jehová; después hizo una zan­ja alrede­dor del altar, en que cupieron dos medi­das de gra­no. Preparó luego la leña, y cortó el buey en peda­zos, y lo puso sobre la leña. Y dijo: Llenad cua­tro cán­taros de agua, , y der­ra­ma­dle sobre el holo­caus­to y sobre la leña. Y dijo: Haced­lo otra vez; y otra vez lo hicieron. Dijo aún: Haced­lo la ter­cera vez; y lo hicieron la ter­cera vez, de man­era que el agua cor­ría alrede­dor del altar, y tam­bién se había llena­do de agua la zan­ja.” (Ver­sícu­los 30–35).

 

No había fuego sobre el altar. Pero Elías desea­ba estar seguro que lo que fuera a pasar no fuera cau­sa­do por la magia o el engaño. Así, él aún puso a las per­sonas a der­ra­mar agua sobre el altar y el sac­ri­fi­cio, y entonces cavaron una zan­ja alrede­dor del altar y se ase­guró que tam­bién fuera llena­da con agua. En el ver­sícu­lo 36 el tex­to dice,

 

Cuan­do llegó la hora de ofre­cerse el holo­caus­to, se acer­có el pro­fe­ta Elías y dijo: Jehová Dios de Abra­ham, de Isaac y de Israel, sea hoy man­i­fes­ta­do que Tú eres Dios en Israel, y que yo soy Tú sier­vo, y que por manda­to tuyo he hecho todas estas cosas. Respón­deme, Jehová, respón­deme, para que conoz­ca este pueblo que Tú, oh Jehová, eres el Dios, y que tú vuelves a tí el corazón de ellos. Entonces cayó fuego de Jehová, y con­sum­ió el holo­caus­to, la leña, las piedras y el pol­vo, y aun lamió el agua que esta­ba en la zan­ja. Vien­do todo el pueblo, se pos­traron y dijeron: ¡Jehová es el Dios, Jehová es el Dios!” (ver­sícu­los 36–39)

Cuan­do Dios guió a los san­tos hom­bres a hablar en Su nom­bre, Él lo hizo de tal for­ma que nadie podría negar que Él existiera. Esto es el por qué la Ley y los pro­fe­tas (el Antiguo Tes­ta­men­to) fue tan ráp­i­da­mente acep­ta­do como ver­dadero. Si, per­sonas como el faraón no podrían escoger las obras de Dios. Pero las pla­gas vinieron sobre él y su pueblo debido a sus acciones. Él supo entonces que existía un Dios, y él supo que tan poderoso era Dios. Sin embar­go el faraón endure­ció con­tin­u­a­mente su corazón. Hebre­os 3:16–19 habla sobre como aun los israeli­tas, a los que Dios había guia­do fuera de Egip­to, finalizaron rebelán­dose con­tra Él. En tan­to que una per­sona no podría negar en for­ma legí­ti­ma los mila­gros, él podría no escoger no obe­de­cer las pal­abras de Dios. Entonces, el segun­do pun­to que hemos esta­do dis­cutien­do tiene que ver con el reconocimien­to de la inspiración. Los hom­bres inspi­ra­dos por Dios hablaron de cosas que se con­virtieron en real­i­dad. Y entonces con­fir­maron lo que ellos dijeron por medio de Mila­gros. Entonces, las per­sonas podrían saber que lo que esta­ba sien­do dicho y hecho era en el nom­bre de Dios.

 

El últi­mo pun­to en esta lec­ción tiene que ver con la preser­vación de la inspiración. ¿Cómo saber que ten­emos hoy el mis­mo Antiguo Tes­ta­men­to que el que tenían entonces las per­sonas? ¿Cómo podemos saber que el tex­to del Antiguo Tes­ta­men­to ha sido fiel­mente preser­va­do? De hecho, esto ten­dría que ser algu­na razón no creíble por la que el tex­to ha sido fiable. Si el Dios que creó el uni­ver­so desea­ba que nosotros tuviéramos Sus pal­abras, entonces podemos estar seguros de que ten­dríamos eso que Él desea­ba que tuviéramos. Si alguien pre­gun­ta, “¿cómo sabe que ha sido fiel­mente preser­va­da??”, nece­si­ta­mos pre­gun­tar a tal per­sona que razones tiene él para pro­bar que no ha sido fiel­mente preser­va­do. Esto pone la car­ga de la prue­ba en tal indi­vid­uo.

 

Tam­bién, debe­mos enten­der como tra­ba­ja­ban los escribas que hacían las copias de los man­u­scritos del Antiguo Tes­ta­men­to. Los escribas en ese tiem­po usa­ban un tipo espe­cial de tin­ta, y se ase­gura­ban que cada letra de una pal­abra fuera espa­ci­a­da exac­ta­mente a una anchu­ra de un cabel­lo el uno del otro de sus letras veci­nas. Los escribas tam­bién nun­ca escri­bieron ni aun la letra más pequeña de memo­ria. Un grupo de escribas aun hizo reglas de escrit­u­ra. Cuan­do ellos pro­ducían copias de man­u­scritos, ellos con­tarían aun las letras en for­ma indi­vid­ual, las pal­abras, y los ver­sícu­los de los libros del Antiguo Tes­ta­men­to que ellos copi­aron. Ellos con­ta­ban tam­bién tan­tas veces era usa­da una car­ta, y cuales letras, pal­abras, y ver­sícu­los debían apare­cer en medio del man­u­scrito. En adi­ción a esto, eran tan par­tic­u­lares sobre sus copias de los libros del Antiguo Tes­ta­men­to que si una de sus copias empez­a­ba a apare­cer mal­trata­do o en mal esta­do, ellos entonces lo enter­rarían o lo que­marían de tal for­ma que nadie podría leer o copi­ar mal la copia en mal esta­do. Cualquier doc­u­men­to que tuviera el nom­bre de Dios en él era con­sid­er­a­do san­to por los judíos. Debido a eso, ellos creían que tales doc­u­men­tos tenían que ser man­tenidos en la mejor for­ma posi­ble. Enten­demos que las pági­nas mis­mas no son san­tas, de hecho. En lugar de eso, es el con­tenido de las pal­abras en sus pági­nas lo que es san­to. Pero los escribas creían que si un doc­u­men­to san­to se hacía viejo, mal­trata­do, o se daña­ba, entonces tenía que ser enter­ra­do o que­ma­do.

 

Hoy se esti­ma (de acuer­do a A Gen­er­al Intro­duc­tion to the Bible by Geisler and Nix) que hay dece­nas de miles de man­u­scritos hebre­os del Antiguo Tes­ta­men­to en exis­ten­cia (com­ple­tos o en partes). Cuan­do con­sid­er­amos otros libros antigu­os, sec­u­lares, habría solo unos pocos en exis­ten­cia. Y si tuviéramos solo unas copias de ellos, podríamos ten­er solo un poco. Dios, sin embar­go, desea­ba ase­gu­rar que la Bib­lia fuera preser­va­da.

 

Tal vez ust­ed ha oído acer­ca de los Rol­los del Mar Muer­to. Las copias más antiguas del Antiguo Tes­ta­men­to que estu­vieron disponibles antes de 1947 fueron copias de alrede­dor del 900 D.C. o pos­te­ri­ores. Pero en 1947 fue hecho un des­cubrim­ien­to. Un mucha­cho árabe esta­ba bus­can­do una cabra per­di­da. Él aven­tó una piedra en una pequeña cue­va, y oyó un sonido como de una vasi­ja de bar­ro rota. Él tenía curiosi­dad, así que él fue a la cue­va en donde encon­tró rol­los de piel (con escritos en ellos) den­tro de jar­ras de bar­ro. Estos antigu­os escritos eran cien­tos de rol­los del Antiguo Tes­ta­men­to, que habían esta­do ocul­tos en cuevas alrede­dor del Mar Muer­to. Estas copias fueron pro­duci­das entre el 200 A.C. y el 100 D.C., lo que sig­nifi­ca que ellos eran por lo menos unos mil años más antigu­os que las copias ante­ri­ores que teníamos preser­vadas del Antiguo Tes­ta­men­to. Todos los libros del Antiguo Tes­ta­men­to fueron encon­tra­dos entre los rol­los del Mar Muer­to, a excep­ción del Libro de Esther. ¿Qué hace este doc­u­men­to? Des­de allí puede ser demostra­do que el tex­to del Antiguo Tes­ta­men­to ha sido trans­mi­ti­do con pre­cisión por los pasa­dos 2,000 años, entonces podemos razon­able­mente con­cluir que fue trans­mi­ti­do con pre­cisión des­de su creación. Esto nos mues­tra que tan especí­fi­ca, estric­ta y pre­cisa eran los escribas cuan­do copi­aron los man­u­scritos del Antiguo Tes­ta­men­to. Lo mis­mo puede ser dicho del Nue­vo Tes­ta­men­to. Los escribas se ase­gu­raron que lo que ellos esta­ban copiando era cier­ta­mente una copia tan per­fec­ta como fuera posi­ble debido a que era la Pal­abra de Dios. Es claro des­de la evi­den­cia enfa­ti­za­da, así como tam­bién por el número de man­u­scritos exis­tentes que poseemos que el Antiguo Tes­ta­men­to que Dios nos dio hace miles de años es el mis­mo Antiguo Tes­ta­men­to que poseemos hoy. No ten­emos la pre­ocu­pación de lo que ten­emos ha sido fal­si­fi­ca­do o manip­u­la­do. Podemos saber que lo que ten­emos hoy el mis­mo tex­to que Dios dio orig­i­nal­mente.

 

¿Cómo obtu­vi­mos la Bib­lia? Vino a nosotros de parte de Dios. Él inspire a hom­bres para escribir Su men­saje. La Pal­abra de Dios fue recono­ci­da como inspi­ra­da debido a que los pro­fe­tas hablaron cosas que lle­garon a con­ver­tirse en real­i­dad, y con­fir­maron sus pal­abras por medio de mila­gros. Tam­bién vieron el tes­ti­mo­nio en relación a la pre­cisión del Antiguo Tes­ta­men­to que viene de la madurez de la obra lle­va­da a cabo por los escribas que pro­du­jeron las copias de los man­u­scritos del Antiguo Tes­ta­men­to..

 

La Bib­lia es un libro mar­avil­loso. Y ten­emos que estar seguros que esta­mos vivien­do nues­tras vidas acom­pañadas de él. En nues­tra sigu­iente lec­ción, estare­mos exam­i­nan­do como obtu­vi­mos el Nue­vo Tes­ta­men­to. Debe­mos estu­di­ar el Antiguo Tes­ta­men­to debido a que, como dice Romanos 15:4, es “para nues­tra enseñan­za.” Una cosa que apren­demos en el Antiguo Tes­ta­men­to es que Dios deman­da obe­di­en­cia. Bajo el Nue­vo Tes­ta­men­to, ¿qué debe­mos obe­de­cer? Debe­mos obe­de­cer el Evan­ge­lio (2 Tes. 1:7–9). Debe­mos obe­de­cer el plan de sal­vación del Evan­ge­lio. Debe­mos oír la Pal­abra de Dios (Rom. 10:17). Debe­mos creer que Jesu­cristo es el Hijo de Dios (Jn. 3:16; Hechos 4:11–12). Debe­mos arrepen­tirnos de nue­stros peca­dos pasa­dos (Hechos 17:30). Debe­mos con­fe­sar que Jesu­cristo es el Señor (Rom. 10:10). Y debe­mos ser bau­ti­za­dos en agua para el perdón de nue­stros peca­dos (Hechos 2 2:16). Si ust­ed aún no obe­dece el evan­ge­lio, oramos para que ust­ed obe­dez­ca el evan­ge­lio de Cristo.

 

 

 

 

 

 

 

 

PREGUNTAS DE ESTUDIO PARA LAINTRODUCCIÓN A LA BIBLIA” (LECCIÓN 2)

 

 

  1. De acuer­do a 2 Pedro 1:20–21, ¿cuál es la fuente ini­cial del mate­r­i­al

con­tenido den­tro de la Bib­lia?

 

  1. ¿Qué declaración es hecha en 2 Tim­o­teo 3:16–17 en relación al con­tenido

mate­r­i­al con­tenido den­tro de la Bib­lia?

 

  1. ¿Qué des­i­gnación es dad con fre­cuen­cia a los primeros cin­co libros del

Antiguo Tes­ta­men­to?

 

  1. ¿Qué des­i­gnación es usual­mente dada al resto del Antiguo Tes­ta­men­to?

 

  1. De acuer­do a la defini­ción dada en esta lec­ción, ¿qué sig­nifi­ca la

pal­abra “pro­fe­ta” como es usa­da en la Bib­lia?

 

  1. De acuer­do a Deuteronomio 18:1 9–22, ¿cómo ve Dios a las per­sonas

que recla­maron ser “pro­fe­tas,” pero que no tenían Su autori­dad para

hablar en Su nom­bre?

 

  1. De acuer­do a Eze­quiel 33:33, ¿qué debía decir alguien si un pro­fe­ta está

real­mente hablan­do en nom­bre de Dios?

 

  1. En Éxo­do 4:2–9 Dios dio a Moisés el poder de realizar mila­gros cuan­do el

hablara al faraón de Egip­to. ¿Cuál era el propósi­to de aque­l­los mila­gros en

esa ocasión?

 

  1. De acuer­do a Josué 2:10–11, ¿había aun naciones paganas que oyeron sobre

los mila­gros que Dios lle­vo a cabo por Su pueblo?

 

  1. ¿Qué efec­to hizo en las naciones paganas el conocimien­to de los

mila­gros que Dios había lle­va­do a cabo por los judíos?

 

  1. Tan­to en el Antiguo como en el Nue­vo Tes­ta­men­to, ¿cuán­do alguien

real­iz­a­ba un mila­gro gen­uino, ¿cuál era el propósi­to de ese mila­gro?

 

  1. ¿Qué cosa inusu­al pasó en 1 Reyes 1 8:20–38 qué mostró que Elías era

un pro­fe­ta legí­ti­mo de Dios, y que los otros pro­fe­tas con los que él

esta­ba con­ten­di­en­do en esa ocasión no habían sido autor­iza­dos para

hablar en nom­bre de Dios?

 

  1. ¿Cómo respon­dería ust­ed si alguien le pre­gun­tara, “¿cómo sabe ust­ed

que el tex­to bíbli­co ha sido fiel­mente preser­va­do?”

 

  1. Nom­bre algu­nas de las cosas que los escribas del pasa­do hicieron para

ase­gu­rar que cuan­do ellos hacían copias de los man­u­scritos bíbli­cos,

aque­l­las copias eran tal como fuera humana­mente posi­ble.

 

  1. Explique qué era tan sig­ni­fica­ti­vo (en relación a la certeza y

preser­vación del tex­to bíbli­co) acer­ca de lo encon­tra­do en 1947 de los

rol­los del Mar Muer­to.

 

  1. Una de las cosas que provee la Bib­lia para nosotros es la

infor­ma­ción que una per­sona nece­si­ta para lle­gar a ser cris­tiano.

¿Cómo alguien lle­ga a ser un cris­tiano?

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INTRODUCCIÓN A LA BIBLIA

Lec­ción 1

 

Su divi­no poder medi­ante el conocimien­to de Aquel que nos llamó por Su glo­ria y “exce­len­cia” (2 Ped. 1:3). Bien­venido al evan­ge­lio de Cristo. Esta es la primera lec­ción de nues­tra serie sobre la intro­duc­ción a la Bib­lia. En esta lec­ción será pre­sen­ta­do un bosque­jo de la Bib­lia. En la segun­da lec­ción exam­inare­mos como exam­i­nar el Nue­vo Tes­ta­men­to. En la ter­cera lec­ción exam­inare­mos como cono­cer que la Bib­lia proviene de Dios.

 

En esta apre­ciación glob­al, obvi­a­mente no ser­e­mos capaces de obser­var ningún pun­to en demasi­a­do detalle. En vez de esto, exam­inare­mos vis­lum­bres de tal for­ma que podamos ver como con­cuer­dan las Escrit­uras. La Bib­lia responde algu­nas de las pre­gun­tas más críti­cas e impor­tantes que una per­sona pudiera pre­gun­tar. Entre ellas pudier­an ser pre­gun­tas tales como, “¿De dónde ven­go?,” “¿De dónde viene el universo?,”¿Por qué estoy aquí?,” “cuál es mi propósi­to?,” y ¿a dónde voy al final?” Pla­neo sec­cionar nues­tra dis­cusión en difer­entes sec­ciones mien­tras escu­d­riñamos el Antiguo y el Nue­vo Tes­ta­men­to, en un inten­to de ayu­darnos a enten­der­lo y recor­dar­lo mejor.

 

Estoy tit­u­lan­do la primera sec­ción, “pre-his­to­ria,” en la que dis­cu­tire­mos Géne­sis 1–11. Los even­tos en este capí­tu­lo no traen fechas, lo que es el por qué están clasi­fi­ca­dos como pre­his­to­ria. Durante este peri­o­do de tiem­po, ocur­rieron cua­tro even­tos impor­tantes. En Géne­sis 1–2 leemos sobre Dios cre­an­do el Uni­ver­so y todas las cosas que exis­ten en él. En Géne­sis 3 leemos sobre la caí­da de la humanidad. En Isaías 59:1–2 la Bib­lia nos enseña lo que es el peca­do que nos sep­a­ra de Dios. Y eso es lo que sobre lo que leemos en Géne­sis 3. A Adán y a Eva se les mandó no com­er del fru­to del árbol del conocimien­to del bien y del mal, sin embar­go ellos vio­laron ese man­damien­to. Y debido a eso fueron sep­a­ra­dos de Dios. Entonces, somos intro­duci­dos a como los humanos des­obe­decieron a Dios. En Géne­sis 6-9 leemos entonces sobre el dilu­vio uni­ver­sal. Apren­demos que el ser humano ha sido tan cor­rup­to que Dios decidió enviar un dilu­vio para destru­ir el mun­do. Los úni­cos que se sal­varon fueron Noé, su esposa, sus tres hijos, y sus esposas (1 Ped. 3:20–21). Vemos como Dios liberó a Noé debido a que él esta­ba en un lugar seguro en el arca, la que Dios le había man­da­do con­stru­ir. Final­mente, en Géne­sis 11 leemos sobre la torre de Babel. Los hom­bres habían deci­di­do inten­tar con­stru­ir una torre para alcan­zar la altura del cielo. Como resul­ta­do, Dios con­fundió las lenguas de las per­sonas con la final­i­dad de espar­cir­los alrede­dor de la Tier­ra. En la pre­his­to­ria, esos fueron los cua­tro even­tos impor­tantes que leemos.

 

Si resum­iéramos estos primeros once capí­tu­los de Géne­sis, podríamos ver lo que ellos nos enseñan acer­ca del blan­co y el peca­do de los errores humanos. Cuan­do vio­lam­os la ley de Dios y Lo des­obe­de­ce­mos, eso es con­sid­er­a­do peca­do. El peca­do es “errar al blan­co.” La Bib­lia enseña lo que todos con­sid­er­amos – la capaci­dad de las per­sonas de pecar, así como pecaron las per­sonas en Géne­sis 1–11. Pablo dijo en Romanos 1 que los gen­tiles habían peca­do. En el capí­tu­lo 2 hablam­os sobre como los judíos habían peca­do. Entonces, obser­ven como resume el asun­to en Romanos 3:23 — “Por cuan­to todos pecaron, y están des­ti­tu­i­dos de la glo­ria de Dios.” Pablo indicó que todos los indi­vid­u­os respon­s­ables han peca­do, y entonces él con­tin­ua hablan­do sobre el peca­do en Ro manos 6:23 cuan­do dijo, “Porque la paga del peca­do es muerte, mas la dadi­va de Dios es vida eter­na en Cristo Jesús Señor nue­stro.” Cuan­do una per­sona peca, Isaías 59:1–2 dice que él está sep­a­ra­do de Dios (así como fue en el caso de Adán y Eva). La paga del peca­do es la muerte espir­i­tu­al. Esto sig­nifi­ca que ten­emos que rec­on­cil­iarnos con Dios. La paga por el peca­do siem­pre será lo mis­mo. Y ese es el por qué el resto de la Bib­lia nos enseña como Dios provee para el ser humano a lo largo de sus vidas, y lo que es más impor­tante, como Él enseña a los humanos por medio de la Bib­lia lo que ellos deben hac­er con el propósi­to de ten­er de nue­vo la comu­nión con Él una vez más. Cuan­do Adán y Eva pecaron y su comu­nión con Dios había sido rota, Géne­sis 3:15 mues­tra que Dios puso un plan en el cual Jesu­cristo ven­dría, y la prome­sa de la simiente sería hecha de tal man­era que pudiera haber un Sal­vador. Ver­e­mos a través de todo el Antiguo Tes­ta­men­to que se apun­ta al Sal­vador y mues­tra como la humanidad puede estar de nue­vo uni­da con Dios.

Aho­ra nos move­mos a nues­tra segun­da sec­ción — los patri­ar­cas. Abra­ham era un patri­ar­ca, y fue el primer padre de la comu­nidad. Él y sus descen­di­entes (tales como Isaac y Jacob) son cono­ci­dos como los patri­ar­cas. “Patri­ar­ca” es del que no se hace uso actual­mente con mucha fre­cuen­cia. En el hebreo, sig­nifi­ca “primer padre” o “padre reinante.” Durante este peri­o­do de tiem­po, Dios se comu­nicó direc­ta­mente o padre reinante, lo cual es como Él dio a cono­cer Su vol­un­tad a las famil­ias. En Géne­sis 12 y sigu­ientes, leemos sobre como Dios tiene un pro­fun­do amor por los que Lo bus­can y Lo ponen en primer lugar. En Géne­sis 37–5 leemos sobre un hom­bre de nom­bre José que pasó a través de muchas prue­bas y tribu­la­ciones. Él fue arro­ja­do en un pozo por sus her­manos, y pos­te­ri­or­mente estu­vo en prisión. ¿Por qué le pasaron todas estas cosas? Era debido a los hom­bres pecadores actu­aron mal con él. Sin embar­go al final, José habló a sus her­manos y les dijo, “Vosotros pen­sasteis mal con­tra mí, mas Dios lo encam­inó a bien, para hac­er lo que vemos hoy, para man­ten­er en vida a mucho pueblo” (Gén. 50:20). Observe en la lec­ción sobre la prov­i­den­cia de Dios que podemos apren­der en el Libro de Géne­sis. Vemos como Dios tiene cuida­do de Su pueblo, y como Él puede lle­var ade­lante Sus planes aun a través de la mal­dad de los hom­bres. Dios no desea que las per­sonas sean pecado­ras. Pero Él siem­pre logrará lo que Él desea cuan­do Él ven­ga sobre lo bueno y sal­van­do a muchas per­sonas. Esto es lo que nos enseña Géne­sis 50:20.

El Libro de Géne­sis final­iza cuan­do Jacob (el padre de José) y su famil­ia ter­mi­nan su per­ma­nencía en Egip­to. Ellos vivieron allí por 430 años. Durante ese tiem­po, ellos empezaron a mul­ti­pli­carse en número, y even­tual­mente lle­garon a ser esclavos. Esto nos lle­va a la sigu­iente sec­ción, a la que estoy tit­u­lan­do, “El Éxo­do y la Ley.” El libro de Éxo­do   recoge la his­to­ria 430 años después, en cuyo tiem­po Israel es un escla­vo en Egip­to. Dios envía a Moisés a decir­le al faraón que per­mi­ta que el pueblo de Israel se vaya. Moisés ter­mi­na entonces guian­do a los israeli­tas fuera de Egip­to. Al final, de hecho, Dios fue el que lo hizo, pero Él usó a Moisés como el líder de Israel para lograr sacar­los fuera de Egip­to. Aun en esta eta­pa tem­prana, empezare­mos a ver para­le­los entre el Antiguo Tes­ta­men­to y el Nue­vo Tes­ta­men­to. Bajo la Ley Antigua, Israel fue el pueblo de Dios. Cuan­do ellos esta­ban en la esclav­i­tud egip­cia, Dios los liberó de la esclav­i­tud. Bajo la Nue­va Ley, apren­demos que “todos pecaron, y están des­ti­tu­i­dos de la glo­ria de Dios” (Rom. 3:23). Debido a eso, esta­mos no en la esclav­i­tud de Egip­to, sino del peca­do. Dios nos guía fuera de esa esclav­i­tud y nos lib­era cuan­do “obe­de­ce­mos de corazón a aque­l­la for­ma de doc­t­ri­na” (Rom. 6:17). Ya no somos esclavos del peca­do, sino que en su lugar somos esclavos de la jus­ti­cia. Cuan­do Dios liberó a los israeli­tas de su esclav­i­tud egip­cia, Él hizo un pacto con Israel para mostrar­les que Él sería Su Dios y que ellos serían Su pueblo. Encon­tramos el ini­cio de este pacto en Deuteronomio 5:1–5.

Llamó Moisés a todo Israel y les dijo: Israel, los estatu­tos y decre­tos que yo pro­nun­cio hoy en vue­stros oídos; aprend­ed­los y guardad­los, para pon­er­los por obra. Jehová vue­stro Dios hizo pacto con nosotros en Horeb. No con nue­stros padres hizo Jehová este pacto, sino con nosotros os los que esta­mos aquí hoy vivos. Cara a cara habló Jehová con vosotros en el monte de en medio del fuego. Yo esta­ba entonces entre Jehová y vosotros, para declararos la pal­abra de Jehová; porque vosotros tuvis­teis temor del fuego, y no subis­teis al monte.’”

 

 

Un pacto fue hecho por Dios – no con todos, sino solo con aque­l­los que eran parte de la nación de Israel. Esta fue la entre­ga de la ley de Dios.

 

La sigu­iente sec­ción es tit­u­la­da “La His­to­ria.” Nos trae al tiem­po de la muerte de Moisés. Israel tenía entonces un nue­vo líder – Josué. Bajo este lid­er­az­go, los israeli­tas entraron a la tier­ra prometi­da. Durante este tiem­po, leemos de los fra­ca­sos gen­erales de los israeli­tas para cumplir sus obliga­ciones del pacto hacia Dios. Su des­obe­di­en­cia al final los tra­jo al juicio de Dios mien­tras Él dis­per­só a Israel y entonces per­mi­tió que Judá fuera toma­do a la cau­tivi­dad babilóni­ca por seten­ta años (alrede­dor del 586 A.C.). De la his­to­ria de Israel podemos apren­der que debe­mos ser fieles a Dios o aun pagare­mos las con­se­cuen­cias. Hoy hay aque­l­los que enseñan que una vez que la per­sona es sal­va, siem­pre será sal­va, y que él no puede caer de la gra­cia de Dios. Pero la Bib­lia no enseña eso. En vez de esto, enseña que cier­ta­mente puede caer de la gra­cia. Gálatas 5:4 dice, “De Cristo os desli­gasteis , los que por la ley os jus­ti­ficáis, de la gra­cia habéis caí­do.” Los cris­tianos esta­ban inten­tan­do ser jus­ti­fi­ca­dos por la Ley Antigua, lo cual no era apropi­a­da. Apren­demos de las expe­ri­en­cias israeli­tas que ellos no esta­ban sigu­ien­do la ley que se les había dado, y no esta­ban obe­de­cien­do los man­damien­tos de Dios. Nece­si­ta­mos tomar este mis­mo prin­ci­pio y apli­car­los a nues­tras vidas hoy. Eso es lo que hizo Pablo en 1 Cor­in­tios 10 cuan­do él escribió que nece­sitábamos apren­der de los ejem­p­los pecaminosos de Israel de tal for­ma que no los sig­amos. Pablo dijo,

 

Porque no quiero, her­manos, que ignoréis que nue­stros padres todos estu­vieron bajo la nube, y todos pasaron el mar; y todos en Moisés fueron bau­ti­za­dos en la nube y en el mar, y todos comieron el mis­mo ali­men­to spir­i­tu­al, y todos bebieron la mis­ma bebi­da spir­i­tu­al; porque bebían de la roca spir­i­tu­al que los seguía y la roca era Cristo. Pero de los más de ellos no se agradó Dios; por lo cual quedaron postra­dos en el desier­to. Más estas cosas sucedieron como ejem­p­los para nosotros, para que no cod­i­ciemos cosas malas, como ellos cod­i­cia­ron” (vers. 1–6).

No obstante que los israeli­tas eran el pueblo de Dios, ellos cayeron de la gra­cia de Dios – así como podemos caer nosotros hoy. Pablo con­tinúa dicien­do,

 

Ni seáis idol­a­tras, como algunos de ellos según está escrito: Se sen­tó el pueblo a com­er y a beber y se lev­an­tó a jugar. Ni fornique­mos, como algunos de ellos for­ni­caron, y cayeron en un día vein­titrés mil. Ni ten­te­mos al Señor, como tam­bién algunos de ellos lo ten­taron, y perecieron por las ser­pi­entes. Ni mur­muréis, como algunos de ellos mur­mu­raron, y perecieron por el destruc­tor. Y estas cosas les acon­tecieron como ejem­p­lo, y están escritas para amon­es­tarnos, a quienes hemos alcan­za­do los fines de los sig­los. Así que, el que pien­sa estar firme, mire que no caiga” (vers 7–11).

Estas cosas fueron reg­istradas “para nue­stro ejem­p­lo” así que podemos estar seguros de que no seguire­mos después los peca­dos de los israeli­tas, sino en su lugar per­manecer obe­di­entes a Dios. Esto com­ple­ta nues­tra sec­ción sobre la his­to­ria.

 

Entonces lleg­amos a los libros de poesía, los cuales tratan con una var­iedad de asun­tos de la vida. Por ejem­p­lo, el Libro de Salmos es un gran libro de oración y de ala­ban­za. Uno de mis Salmos favoritos es encon­tra­do en Salmos 37:5–8, el que real­mente resume lo que son todos los Salmos.

 

Encomien­da a Jehová tu camino, Y con­fía en Él, y Él hará. Exhibirá tu jus­ti­cia como la ley, Y tú dere­cho como el mediodía. Guar­da silen­cio ante Jehová, y espera en Él. No te alteres por moti­vo del que pros­pera en su camino, Por el hom­bre que hace mal­dades. Deja ira, y desecha el eno­jo; No te excites en man­era algu­na a hac­er lo malo.”

Aquí encon­tramos un bel­lo pasaje sobre la impor­tan­cia de pon­er nues­tra con­fi­an­za en Dios. El Libro de Salmos es un libro al que vuel­vo cuan­do estoy tenien­do un día difí­cil o algo malo ha venido a mi camino. Volteo a los Salmos, med­i­to sobre ellos, y los estu­dio. El Libro de Prover­bios es otro libro de poesía que tra­ta sobre como vivir la vida con habil­i­dad y como hac­er deci­siones y elec­ciones sabi­as. Prover­bios 1:7 nos dice que “el prin­ci­pio de la sabiduría es el temor de Jehová; los insen­satos des­pre­cian la sabiduría y la enseñan­za.” Proverbios 1:7 podría ser el tema de todo el Libro de Prover­bios. Si deseamos ten­er enseñan­za y sabiduría, entonces debe­mos ten­er temor y rev­er­en­cia a Dios. Fil­ipens­es 2:12 nos enseña que debe­mos ocu­parnos en nues­tra sal­vación contemor y tem­blor.” El Libro de Job es un libro de poesía que tra­ta con los prob­le­mas del peca­do, el dolor, y el sufrim­ien­to. Ecle­si­astés es un libro de poesía que habla sobre los prob­le­mas del plac­er y como este mun­do en real­i­dad no tiene nada “Nue­vo bajo el sol” para ofre­cer. Si no esta­mos vivien­do nues­tras vidas para Dios, entonces podríamos tam­bién “com­er, beber, y ser felices – porque mañana morire­mos.” Ecle­si­astés nos enseña que hay un Dios. La con­clusión debida­mente inspi­ra­da que Salomón ofre­ció fue que debe­mos “temer a Dios y guardar Sus man­damien­tos, porque esto es el todo del hom­bre.” El Can­tar de los Cantares de Salomón es un libro de poesía que es una rep­re­sentación del amor en el mat­ri­mo­nio.

 

Después de los libros de poesía, lleg­amos entonces a la sec­ción que tit­u­lam­os los “Pro­fe­tas May­ores.” Esto involu­cra los libros de Isaías, Jere­mías, Eze­quiel, y Daniel. Estos libros con­tienen pro­fecías que se enfo­can en los peca­dos del pueblo de Dios. Ellos hablan sobre el juicio de Dios y las futuras prome­sas del Nue­vo Pacto y la obra reden­to­ra de Jesu­cristo. La razón por las que lla­mamos a estos “pro­fe­tas may­ores” no es debido a que los libros son algo mejor, sino que en lugar de esto se debe a que los mis­mos libros son bas­tante lar­gos y exhaus­tivos en su con­tenido.

 

La últi­ma sec­ción del Antiguo Tes­ta­men­to es tit­u­la­do los “Pro­fe­tas menores.” Ellos no son menores debido a que son de menor impor­tan­cia, sino debido a que los libros son libros cor­tos. Des­de Oseas has­ta Malaquías son los libros de los pro­fe­tas menores. En estos libros vemos como los pro­fe­tas denun­cia­ron los peca­dos del pueblo de Dios. Vemos tam­bién el sig­nifi­ca­do del juicio de Dios, y la esper­an­za final (dada por medio de las pro­fecías) de la veni­da de Cristo y la obra reden­do­ra que proveerá. Estos libros apun­tan hacia la obra de la veni­da de Jesu­cristo y Su reino.

 

Una man­era en que fui capaz de apren­der las sec­ciones del Antiguo Tes­ta­men­to fue:: 5/12/5/5/12. Ten­emos 5 libros de la ley, 12 libros de his­to­ria, 5 libros de poesía, 5 pro­fe­tas may­ores, y 12 de pro­fe­tas menores. Esta es una bue­na man­era de recor­dar como el Antiguo Tes­ta­men­to se enlazan jun­tos.

 

He allí el Antiguo Tes­ta­men­to. Aho­ra ven­i­mos al Nue­vo Tes­ta­men­to. El propósi­to del Antiguo Tes­ta­men­to fue en real­i­dad lle­varnos al Nue­vo Tes­ta­men­to, como lo dis­cu­tió Pablo en latas 3:19 y sigu­ientes. Los cris­tianos de ese tiem­po esta­ban mar­avil­la­dos sobre el propósi­to del Antiguo Tes­ta­men­to. Pablo dijo,

 

Entonces, ¿para qué sirve la ley? Fue aña­di­da a causa de las trans­gre­siones, has­ta que viniese la simiente a quien fue hecha la prome­sa; y fue orde­na­da por medio de ánge­les en mano de un medi­ador. Y el medi­ador no lo es de uno solo; pero Dios es uno. ¿Luego la ley es con­traria a las prome­sas de Dios? En ningu­na man­era; porque si la ley dada pudiera viv­i­ficar, la jus­ti­cia fuera ver­dadera­mente por la ley. Mas la Escrit­u­ra lo encer­ró todo bajo peca­do, para que la prome­sa que es por la fe en Jesu­cristo fuese dada a los creyentes. Pero antes que viniese la fe, estábamos con­fi­na­dos bajo la ley, encer­ra­dos para aque­l­la fe que iba a ser rev­e­la­da. De man­era que la ley ha sido nue­stro ayo, para lle­varnos a Cristo, a fin de que fuése­mos jus­ti­fi­ca­dos por la fe” (vers. 19–24).

Aho­ra esta­mos bajo la ley de la fe (Rom. 3:27) y la ley de Cristo (Gál. 6:1–2). El pun­to de la veni­da de Jesús a esta Tier­ra fue quitar la Ley Antigua y traer­nos la Nue­va Ley. Hebre­os 10:9 dice, “Y dicien­do luego: He aquí que ven­go, oh Dios, para hac­er tu vol­un­tad; qui­ta lo primero para estable­cer esto últi­mo.” Entonces aho­ra esta­mos bajo el Nue­vo Pacto.

 

La primera sec­ción son los relatos del Evan­ge­lio, los cuales están dis­eña­dos para hablarnos sobre el min­is­te­rio ter­re­nal de Cristo, con un enfoque espe­cial sobre Su vida, muerte, y res­ur­rec­ción. De hecho, note como se ded­i­ca mucho espa­cio en los relatos del Evan­ge­lio la últi­ma sem­ana de la vida de Cristo. Algunos han cues­tion­a­do el por qué son cua­tro evan­ge­lios. Cada escritor tiene una audi­en­cia difer­ente con una per­spec­ti­va difer­ente que requiere un énfa­sis úni­co. Con todos los relatos de los cua­tro evan­ge­lios, obten­emos la descrip­ción total. Supon­ga que alguien ha esta­do en un car­ro choca­do, y alguien lo de frente des­de la parte trasera, alguien lo vio des­de el lado dere­cho, y alguien lo vio des­de el lado izquier­do. Si ust­ed desea­ba saber todo lo posi­ble sobre el acci­dente, ¿iría solo con uno de estos indi­vid­u­os si ust­ed pudiera ten­er el rela­to de los cua­tro? No, ust­ed desearía ir con cada tes­ti­go debido a que ust­ed desearía cono­cer todas las per­spec­ti­vas difer­entes. Los relatos del evan­ge­lio nos proveen con cua­tro per­spec­ti­vas div­ina­mente inspi­radas en Mateo, Mar­cos, Lucas, y Juan.

 

La sigu­iente sec­ción del Nue­vo Tes­ta­men­to es el Libro de los Hechos. Jesús había man­da­do a Sus após­toles y dis­cípu­los ir a todo el mun­do a predicar el Evan­ge­lio y a bau­ti­zar a los que esta­ban per­di­dos en el peca­do. En Mar­cos 16:16 Jesús dijo, “El que creyere y fuere bau­ti­za­do será sal­vo.” En Mateo 28:19–20 Jesús mandó a Sus dis­cípu­los ir y enseñar el Evan­ge­lio y bau­ti­zar a los indi­vid­u­os. En el Libro de los Hechos vimos como ocur­rieron estas cosas. Hechos es un libro de his­to­ria mision­era que pre­sen­ta como se espació el evan­ge­lio des­de Jerusalén a todos los caminos de Roma. Tam­bién provee infor­ma­ción de tras­fon­do impor­tante para los prin­ci­pales escritores de las epís­to­las en el Nue­vo Tes­ta­men­to para las difer­entes igle­sias y/o indi­vid­u­os. Por ejem­p­lo, si deseábamos estu­di­ar Primera y Segun­da de Cor­in­tios, podríamos ir primero a Hechos 18 debido a que allí habla cuan­do fue estable­ci­da la igle­sia del Señor en Cor­in­to. Podemos leer sobre ese tras­fon­do históri­co, lo que nos ayu­da a enten­der la Primera y Segun­da de Cor­in­tios. El Libro de los Hechos nos enseña tam­bién sobre el establec­imien­to del reino (la igle­sia). En Hechos 2:47 leemos sobre los cris­tianos que esta­ban “ala­ban­do a Dios, y tenien­do favor con todo el pueblo Y el Señor añadía cada día a la igle­sia a los que habían de ser salvos.” Las pro­fecías del Antiguo Tes­ta­men­to habían habla­do sobre la veni­da del reino. Juan el bau­ti­zador, en Mateo 3:2, dijo, “Arrepen­tíos, porque el reino de los cie­los se ha acer­ca­do.” El reino y la igle­sia son uno y lo mis­mo (Mt. 16:18–19). Jesús enseñó en Mar­cos 9:1 que había algunos que esta­ban escuchán­do­lo que estarían vivos cuan­do el reino fuera estable­ci­do. En Hechos 2 vemos el reino/la igle­sia sien­do estable­ci­da. El Libro de los Hechos pone mucho énfa­sis en las con­ver­siones, y la impor­tan­cia de como el bautismo es esen­cial para la sal­vación. Pedro ya había pre­sen­ta­do el primer ser­món del Evan­ge­lio en Hechos 2, y la reac­ción de los judíos a esto fe, “Varones her­manos, ¿qué hare­mos?” (vers. 37). Pedro les dijo entonces, “Arrepen­tíos y bautícese cada uno de vosotros en el nom­bre de Jesu­cristo para perdón de peca­dos; y recibiréis el don del Espíritu San­to” (vers. 38). Vemos los bautismos que ocur­ren en Hechos 2, 8, 10 y 22. Cuan­do obser­va­mos en estos difer­entes relatos, vemos que el bautismo es esen­cial para la sal­vación, lo cual es exac­ta­mente lo que Jesús enseñó que debía pasar cuan­do las per­sonas obe­decieron el Evan­ge­lio (ver 2 Tes. 1:7–9).

 

La sigu­iente sec­ción del Nue­vo Tes­ta­men­to es las epís­to­las o car­tas. Esto incluye las car­tas de Pablo, así como las car­tas de Pedro, de Juan, de San­ti­a­go, de Judas, y del escritor de Hebre­os. La may­oría de estas car­tas fueron escru­tas a igle­sias, pero unas pocas fueron escritas a indi­vid­u­os. Las epís­to­las son donde las grandes doc­tri­nas de la fe son expli­cadas en detalle, tan­to teológ­i­ca como prác­ti­ca­mente. Estos libros nos dicen lo que ten­emos que hac­er para ser cris­tianos fieles. En 1 Juan 1:7–9 se nos dijo que debe­mos cam­i­nar a la luz como Dios está en la luz. La Bib­lia nos enseña como ten­er vidas bue­nas, puras y morales como cris­tianos (1 Jn. 2:

15–17). Nos enseña a hac­er lo bueno a todos (Gál. 6:10). Nos enseña sobre la impor­tan­cia de la ado­ración de Dios (1 Cor. 11:

16). Tam­bién nos enseña lo que esperábamos hac­er como cris­tianos en lo indi­vid­ual, y como debe­mos cre­cer “en la gra­cia y en el conocimien­to de nue­stro Señor y Sal­vador, Jesu­cristo” (2 Ped. 3:16–19). Vamos a las epís­to­las para ver, como cris­tianos, que tipo de vida se man­da vivir.

 

Final­mente, la últi­ma sec­ción del Nue­vo Tes­ta­men­to es el Libro de Apoc­alip­sis. No son Los Libros de Apoc­alip­sis (plur­al), sino El Libro de Apoc­alip­sis (sin­gu­lar). Juan recibió solo una rev­elación, lo que está con­tenido en el libro. Es un libro de sím­bo­los, de fig­uras, y de extraña imag­i­nación. En Apoc­alip­sis 1:3 se nos dijo, “Bien­aven­tu­ra­do el que lee, y los que oyen la pal­abra de esta pro­fecía, y guardan las cosas en ella escritas; porque el tiem­po está cer­ca.” Esto nos dice que este es un libro sobre sím­bo­los, muchos de los cuales no deben tomarse lit­eral­mente. Fue escrito para ani­mar a la igle­sia en un tiem­po de cri­sis. Pero su áni­mo, adver­ten­cias, y prome­sas son tam­bién de gran val­or para el pueblo de Dios de cada gen­eración. El camino de Dios de ver­dad y de luz tri­un­fará sobre todos sus temores. De hecho, la Vic­to­ria pertenece a los cris­tianos y a los que per­manecen fieles.

 

Ust­ed nece­si­ta estar seguro que está bien con Dios. El Antiguo Tes­ta­men­to señala hacia Jesu­cristo y la sal­vación. Aho­ra miramos hacia atrás a la cruz. Vemos al pasa­do a ver lo que Jesús hizo. Debe­mos ase­gu­rarnos que esta­mos sigu­ien­do Sus man­damien­tos. En Juan 14:15 Jesús dijo, “Sí me amáis, guardad mis man­damien­tos.” La Bib­lia es un gran libro. Es un libro san­to que nos dice lo que ten­emos que hac­er con el propósi­to de estar de nue­vo bien con Dios. Romanos 10:17 nos dice que “la fe s por el oír, y el oír por la pal­abra de Dios.” Ten­emos que ir a la fuente cor­rec­ta. Debe­mos creer que Jesu­cristo es el Hijo de Dios (Jn. 8:24; 3:16). Debe­mos arrepen­tirnos de nue­stros peca­dos pasa­dos. En Lucas 13:3 La Bib­lia dice, “Os digo: No; antes si no os arrepen­tís, todos pere­ceréis igual­mente.” Debe­mos con­fe­sar que Jesu­cristo es el Señor (Rom. 10:10). Y debe­mos ser bau­ti­za­dos en agua para el perdón de nue­stros peca­dos (Hechos 2:38). Si ust­ed aún no ha obe­de­ci­do la ver­dad, oramos para que ust­ed obe­dez­ca el Evan­ge­lio de Cristo.

 

 

PREGUNTAS DE ESTUDIO PARA LAINTRODUCCIÓN A LA BIBLIA” (LECCIÓN 1)

 

 

  1. De acuer­do a 2 Pedro 1:3, ¿qué nos ha dado Dios en la Bib­lia?

 

  1. ¿Qué even­to impor­tante es dis­cu­ti­do en Géne­sis 1–2?

 

  1. ¿Qué even­to impor­tante es dis­cu­ti­do en Géne­sis 3?

 

  1. ¿Qué even­to impor­tante es dis­cu­ti­do en Géne­sis 6–9?

 

  1. ¿Qué declaración hizo el após­tol Pablo en Romanos 3:23 que se enlaza

con los even­tos de Géne­sis 3?

 

  1. ¿Qué sig­nifi­ca el tér­mi­no “patri­ar­ca”?

 

  1. Durante la era patri­ar­cal del Antiguo Tes­ta­men­to, ¿cómo se comu­ni­ca­ba

Dios con los seres humanos?

 

  1. Algu­nas veces vemos la prov­i­den­cia div­ina de Dios en obra en las

vidas de las per­sonas en la Bib­lia. ¿Qué ejem­p­lo per­fec­to de esa

prov­i­den­cia es encon­tra­da en Géne­sis 50:20?

 

  1. De acuer­do al Libro de Éxo­do, ¿dónde esta­ban vivien­do los israeli­tas

en ese tiem­po, cuál era su condi­ción especí­fi­ca, y a quien envió Dios

a ayu­dar­los?

 

  1. De acuer­do al mate­r­i­al pre­sen­ta­do en esta lec­ción, ¿qué encon­tramos en

Deuteronomio 5:1–5?

 

  1. En for­ma breve, ¿qué se dis­cute en la sec­ción tit­u­la­da “his­to­ria” en el

Antiguo Tes­ta­men­to?

 

  1. De acuer­do a las declara­ciones de Pablo en 1 Cor­in­tios 10:11, ¿por

qué fueron preser­vadas las cosas para nosotros que encon­tramos

en el Antiguo Tes­ta­men­to?

 

  1. El Libro de Salmos es uno de los libros de poesía. De acuer­do a

Salmos 37:5–8, ¿cuál es la con­fi­an­za del Libro de Salmos?

 

  1. ¿Cuál men­saje impor­tante es encon­tra­do en Prover­bios 1:7?

 

  1. ¿De qué libros se com­pone la sec­ción del Antiguo Tes­ta­men­to cono­ci­do

como los “Pro­fe­tas May­ores”?

 

  1. ¿Por qué son cier­tos libros del Antiguo Tes­ta­men­to cono­ci­do como los

Pro­fe­tas Menores”?

 

  1. En el Nue­vo Tes­ta­men­to, ¿cuáles cua­tro libros com­po­nen el Evan­ge­lio?

 

  1. ¿Qué dis­cute el Libro de Los Hechos en el Nue­vo Tes­ta­men­to?

 

  1. ¿Cuál es el propósi­to prin­ci­pal de las “epís­to­las” del Nue­vo Tes­ta­men­to?

 

  1. ¿Por qué propósi­to fue escrito el Libro de Apoc­alip­sis?

 

  1. ¿Qué debe hac­er una per­sona para lle­gar a ser cris­tiano?

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