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Jerusalén-Sión: Adver­ten­cias y Prome­sas (28–35)

Isaías ha anun­ci­a­do un ay gen­er­al sobre los que ocul­tan su con­se­jo de Dios (29:15), y aho­ra hace una apli­cación especí­fi­ca del prin­ci­pio mien­tras pro­nun­cia un ay sobre el par­tido políti­co pro-egip­cio que envía pre­sentes a Egip­to en un inten­to de ganar la ayu­da de la nación con­tra Asiria. Jehová ya ha anun­ci­a­do la debil­i­dad y la caí­da final de Etiopía y de Egip­to (caps 18–20), ha adver­tido en con­tra de bus­car refu­gio en cualquier lugar excep­to en la piedra aparta­da en Sion (28:14–22), y ha declar­a­do que la mul­ti­tud de las naciones que pelean con­tra Su altar ter­re­nal serán echa­dos fuera (29:5–8). Entonces, bus­car ayu­da de Egip­to es igno­rar a Dios y lo que Él ha dicho. Aunque el men­saje del pro­fe­ta está dirigi­do a la situación de aquel momen­to, el prin­ci­pio involu­cra­do es de todos los tiem­pos: es siem­pre un error fatal para el pueblo de Dios con­fi­ar en el mun­do de los impíos en vez de con­fi­ar en el Señor por la ayu­da en la emer­gen­cia. Debido a que Judá igno­ra a Dios, el juicio acon­te­cerá a la nación (vers 1–17).

El pro­fe­ta pre­sen­ta ensegui­da las bases en las que Judá debe pro­ced­er: esper­ar por Jehová. La nación será lib­er­a­da y ben­de­ci­da no debido a la ayu­da de Egip­to, sino a través de la gra­cia y de la mis­eri­cor­dia de Jehová. La ben­di­ción será alcan­za­da total­mente en la era mesiáni­ca (vers 18–26).

Entre tan­to Asiria será destru­i­da, pero no por una coali­ción políti­ca de Judá y Egip­to, sino por la vara de Jehová. Un lugar de abrasamien­to, pro­fun­do y largo, será pro­vis­to para el rey asirio (vers 27–33)

 

Cualquier Alian­za con Egip­to está Des­ti­na­da a Fra­casar (vers 1–17)

 

      1 El ter­cer ay es pro­nun­ci­a­do sobre los hijos que toman con­se­jo, pero no de Jehová; estos hijos son des­obe­di­entes per­sis­ten­te­mente. En su tra­to con Jehová, actúan como hijos necios, rebeldes que se nie­gan a obe­de­cer a sus padres, por con­sigu­iente lle­gan­do a ser dig­nos de muerte (Deut 21:18–21). La primera acusación que hace Jehová con­tra el pueblo por medio de Isaías fue, “Crié hijos, y los engrandecí, y ellos se rebe­laron con­tra mi” (1:2); una segun­da acusación fue, “Tus príncipes, pre­var­i­cadores y com­pañeros de ladrones” (1:23). Y aho­ra, la nación entera, guia­da por los príncipes, es involu­cra­da en el plan de apelar a Egip­to, y así es cul­pa­ble de rebe­lión con­tra Jehová. Están hacien­do acuer­dos o pactos (lit­eral­mente, “tejien­do una red” [Young]) sin con­sul­tar al Señor o con­sid­er­ar a Su pro­fe­ta, que habla por Su Espíritu. La frase tomar con­se­jo puede ser tra­duci­da “der­ra­mar una ofren­da de bebi­da” (al mar­gen). Esto se refiere a la libación ofre­ci­da cuan­do se com­pro­m­ete un acuer­do; pero la tra­duc­ción en el tex­to, al referirse al pacto mis­mo, es preferi­ble. Al hac­er esto los hijos rebeldes añaden peca­do a peca­do api­lan­do peca­dos adi­cionales enci­ma de todos los peca­dos ante­ri­ores (ver Jer 2:13).

2 Los hijos de Judá se apartan para descen­der a Egip­to, y no han pre­gun­ta­do de mi boca. Pre­gun­tar a la boca de Jehová es con­sul­tar­le antes de tomar deci­siones (ver Num 27:21). A lo largo de toda su his­to­ria habían se habían acar­rea­do difi­cul­tades al fal­lar en pre­gun­tar a Jehová antes de actu­ar (por ejem­p­lo, Jos 9:14). Su propósi­to en apelar a Egip­to fue para tomar for­t­aleza en ellos mis­mo con el Faraón, que prometió mucho pero proveyó poco. Tomar refu­gio en su som­bra era bus­car­lo para pro­tec­ción; pero el Espíritu de Jehová había dicho, “El que habi­ta al abri­go del Altísimo/Morará bajo la som­bra del Omnipo­tente (Sal 91:1). Los líderes de Judá esta­ban des­cuidan­do este prin­ci­pio mien­tras vol­te­a­ban a Egip­to por ayu­da. Años antes de esto, Isaías había demostra­do su oposi­ción a cualquier depen­den­cia sobre Egip­to o Etiopía por cam­i­nar descal­zos y usar solo ropa inte­ri­or por tres años (cap 20).

3 La pal­abra Pero intro­duce la con­se­cuen­cia de bus­car a Egip­to en vez de a Jehová por ayu­da. En vez de encon­trar for­t­aleza en el Faraón y en Egip­to, Judá encon­trará vergüen­za, un sen­ti­do de peca­do y de cul­pa con la tur­bación adi­cional del fra­ca­so. Tomar refu­gio en la som­bra del Faraón los guiará a la con­fusión (futil­i­dad y pér­di­da) en lugar de pro­tec­ción sól­i­da. La nación está con­de­na­da a la decep­ción total.

4 Aun aho­ra el pro­fe­ta vis­lum­bra a los príncipes en su comisión. Aunque son hom­bres de dig­nidad y posi­ción real, no son nece­sari­a­mente hom­bres de san­gre real. Él los ve arriban­do a Zoán, una ciu­dad local­iza­da en la parte noreste del Delta (ver 19:11). Y sus emba­jadores lleguen a Hanes. Estas son rep­re­sen­ta­ti­vas del gob­er­nador o del gob­ier­no. Hanes, men­ciona­da solo aquí en las Escrit­uras, aunque para algunos ha sido la Her­a­cleopo­lis Magna en el Alto Egip­to. Para otros ha sido Tafnes (Jer 43:7), local­iza­da no lejos de Zoán. Actual­mente, la iden­ti­dad y la local­ización son descono­ci­das. No está estable­ci­do especí­fi­ca­mente si Eze­quias esta­ba involu­cra­do en este acuer­do ver­gonzoso, pero es difí­cil pen­sar que los emba­jadores pudier­an haberse aven­tu­ra­do en tal comisión sin el conocimien­to y ben­di­ción del rey (ver 36:4–6).

5 El resul­ta­do de apelar a Egip­to será mas que una ofus­cación a la nación; el pro­fe­ta repite que pro­bará ser una vergüen­za y un opro­bio, una des­gra­cia. En la depen­den­cia final sobre Egip­to probó estar total­mente sin fru­to.

6 Pro­fecía sobre (en relación a la pro­fecía) las bes­tias del Neguev – para la pal­abra pro­fecía ver el comen­tario en 13:1. Delitzsch pien­sa que las bes­tias del Neguev se refiere a los hipopó­ta­mos, un sím­bo­lo de Egip­to; pero es muy dudoso. El pro­fe­ta prob­a­ble­mente tiene en mente a las bes­tias que pasa­ban a través del Neguev (“Sur”) al desier­to de Zin y de Shur lle­van­do los rega­los a Egip­to. Esto podría indicar que en este tiem­po la ruta costera había sido cor­ta­da por los asirios. En lengua­je poéti­co el pro­fe­ta describe la tier­ra ter­ri­ble a través de la que las bes­tias deben via­jar, descri­bi­en­do los peli­gros incur­ri­dos en este via­je inútil y des­perdi­ci­a­do.

Isaías usa tres pare­jas de pal­abras para describir la aus­teri­dad de la tier­ra y los peli­gros encon­tra­dos: (1) tier­ra de tribu­lación y de angus­tia, prob­a­ble­mente una ref­er­en­cia a la intran­quil­i­dad y a la agitación, a la angus­tia y a la deses­per­an­za, exper­i­men­ta­da por los que pasan por el área; (2) donde sale la leona y el león, impli­can­do ries­go para el hom­bre y para la bes­tia; (3) la víb­o­ra y la ser­pi­ente que vuela, ser­pi­entes muy venenosas, que se añadía a los ries­gos de esa tier­ra des­o­la­da. No sabe­mos con exac­ti­tud lo que Isaías quiere dar a enten­der por ser­pi­ente que vuela.

Los ricos rega­los y los tesoros sobre los hom­bros de asnos y sobre las jorobas de los camel­los sug­iere más bien una larga car­a­vana que lle­va la riqueza de Judá a Egip­to. Fue a través de este mis­mo “desier­to grande y espan­toso, lleno de ser­pi­entes ardi­entes, y de escor­pi­ones, y de sed, donde no había agua” (Deut 8:15), que Jehová guió a los israeli­tas muchos años antes, librán­do­los de los mis­mos opre­sores cuya som­bra bus­can aho­ra. Pero están hacien­do su apelación a un pueblo que no les será de prove­cho. Una descrip­ción triste, por cier­to.

7 Cier­ta­mente Egip­to en vano e inútil­mente dará ayu­da; ofrece algu­na expre­sión de ayu­da, pero no es val­i­da. No está claro si el nom­bre su for­t­aleza es estarse qui­eta es dada por Jehová o por el pro­fe­ta, pero es suma­mente apropi­a­do. La pal­abra sig­nifi­ca “tor­men­ta, arro­gan­cia,” un emble­ma apropi­a­do de Egip­to, “el fan­far­rón que se está qui­eto.” Leupold lo tra­duce, “un bocón que está cruza­do de bra­zos.” Cua­tro veces en los libros o pasajes poéti­cos la pal­abra es usa­da de un mon­struo (arro­gan­cia, orgul­lo, o poder) con el que Jehová está en con­flic­to (Job 9:13; 26:12; Sal 89:10; Isa 51:9). Ocurre en dos oca­siones donde Egip­to está clara­mente a la vista (Sal 87:4; Isa 30:7). Como la Esfin­ge, Egip­to buscó for­t­aleza pero fue inútil para actu­ar. Era una nación que no podría vivir en base a su glo­ria y poder pasa­do; se jac­tó en su glo­ria pasa­da pero no tenía nada.

8 El pro­fe­ta recibe un man­damien­to del Señor. Ve, pues, aho­ra, y escribe esta visión en una tabla delante de ellos, y regís­trala en un libro. El pro­fe­ta había sido instru­i­do antes a escribir un men­saje para el tes­ti­mo­nio futuro (8:1, 16), y aho­ra debe escribir de nue­vo. ¿Es lo que está escrito en los vers 6–7, en los vers 1–7, o en todo el capí­tu­lo? Con prob­a­bil­i­dad la instruc­ción inclu­i­da solo en los vers 6–7, que serviría como un recuer­do de la ton­tería del pueblo de Dios en descen­der a Egip­to en vez de con­fi­ar en Él. Algunos pien­san que Isaías escribió tan­to una tabla como un libro; otros creen que los dos tér­mi­nos se refieren a un solo escrito. Parece, sin embar­go, que con prob­a­bil­i­dad había una tabla para que el públi­co viera y ley­era, y un libro para preser­var el men­saje para todo el tiem­po por venir, eter­na­mente y para siem­pre. Todavía cuan­do lo leemos hoy, nos impre­sion­amos con la seguri­dad abso­lu­ta del camino y de la pal­abra de Jehová. Sirve entonces “por un tes­ti­mo­nio eter­no” (al mar­gen).

9 Jehová hace tres acusa­ciones con­tra el pueblo: Porque este pueblo es rebelde, una acusación que Él había puesto sobre ellos des­de el ini­cio (vers 1); hijos men­tirosos – sus mis­mas vidas son una men­ti­ra, su refu­gio es una men­ti­ra (28:15), su ado­ración es hipócri­ta (29:13); hijos que no quisieron oír la ley (o la enseñan­za) de Jehová. Rehusaron oír lo que Él está dicien­do por medio de Sus pro­fe­tas.

10–11 Isaías rev­ela el ver­dadero espíritu del pueblo hacia las pal­abras pro­nun­ci­adas por Jehová por medio de Sus pro­fe­tas. Los hijos rebeldes dicen a los videntes: No veáis; y a los pro­fe­tas: No nos pro­fet­icéis lo rec­to, decid­nos cosas halagüeñas, pro­fe­ti­zad men­ti­ras. Con seguri­dad no eran tan hon­estos como para venir sin rodeos y decir estas cosas; pero este ver­sícu­lo solo rev­ela grá­fi­ca­mente sus ver­daderos sen­timien­tos. (Para videntes y pro­fe­tas ver los comen­tar­ios en 29:10.) No hablar cosas rec­tas, esto es, cosas de la ver­dad y de la jus­ti­cia, porque ellas con­de­nan nue­stros caminos impíos. Cosas halagüeñas, cosas gus­tosas y agrad­ables al oído – cosas que nos entre­tienen. Pro­fe­ti­zar men­ti­ras, esto es, darnos esper­an­za fal­sa, hac­er­nos creer que todo está bien aún cuan­do no lo está. Una ver­sión mod­er­na ser, Danos religión pero no la ver­dad del evan­ge­lio. Al ver­dadero pro­fe­ta el pueblo dice, dejad el camino; no nos deten­emos en lo que hemos deter­mi­na­do hac­er. Apartaos de la sen­da, la sen­da de la rec­ti­tud y de la rev­elación ver­dadera. Quitad de nues­tra pres­en­cia al San­to de Israel. Sin duda está es una ironía de uso con­stante por Isaías del glo­rioso títu­lo San­to de Israel, que se men­ciona alrede­dor  de trein­ta veces en este libro. Cada vez que el pro­fe­ta men­ciona ese nom­bre, cor­taría pro­fun­da­mente a sus almas pecado­ras y rebeldes.

12 Por tan­to – frente a tal rebe­lión con­tra Dios y Su pal­abra hay una con­se­cuen­cia inevitable que el Señor está aho­ra lis­to a anun­ciar. El San­to de Israel, que el pueblo ha trata­do de echar fuera de sus vidas, pero que no será arro­ja­do, aho­ra habla. Porque dese­chasteis esta pal­abra – porque te detienes en desafi­ar la pal­abra del San­to de Israel que está sien­do habla­da por los pro­fe­tas actuales – el juicio está en camino. Otra razón para el juicio es que el pueblo con­fió en vio­len­cia y en iniq­uidad. Hay tres ideas en el sig­nifi­ca­do de la vio­len­cia aquí. Algunos la ven como una ref­er­en­cia a los méto­dos de opre­sión usa­dos para finan­ciar los rega­los o sobor­nos que esta­ban sien­do envi­a­dos a Egip­to. Otros la ven como los méto­dos opre­sivos a los que recur­ría el pueblo para silen­ciar a los pro­fe­tas, sofo­can­do sus voces. El ter­cer pun­to de vista es que el pro­fe­ta se está refirien­do a una dis­posi­ción de carác­ter que se man­i­festó en ellos en ambas cosas. Parece preferi­ble este ter­cer pun­to de vista. La per­ver­si­dad es una desviación de la jus­ti­cia o del camino ver­dadero, la demostración de una vol­un­tad obsti­na­da. Se man­i­fi­es­ta a si mis­ma en prác­ti­cas tor­ci­das en los nego­cios y en las políti­cas. El pueblo depende de la falsedad en vez de en la ver­dad y en la hon­esti­dad.

13 La pal­abra por tan­to intro­duce el cas­ti­go por los cora­zones rebeldes y las prác­ti­cas pecaminosas del pueblo. Jehová usa dos analogías para resaltar la nat­u­raleza de este juicio inmi­nente: una pared agri­eta­da y el rompimien­to de un vaso de bar­ro. Os será este peca­do como gri­eta que ame­naza ruina, extendién­dose en una pared ele­va­da. Una grie­ga o rajadu­ra podría causar que una pared se abul­tara hacia fuera y se colap­sara even­tual­mente. El prob­le­ma podría deberse a una fal­la en la pared, un desplaza­mien­to del cimien­to, o una fal­la del cimien­to. En este caso el prob­le­ma prob­a­ble­mente es que en lugar de con­stru­ir sobre el fun­da­men­to seguro de Jehová y Su pal­abra, el pueblo había con­stru­i­do en un fun­da­men­to fal­so (28:15–16). Además, ellos habían usa­do sus pro­pios están­dares al con­stru­ir sus muros de seguri­dad nacional. El colap­so ven­dría súbita­mente, sin adver­ten­cia.

14 Y (Jehová) se que­brará como se quiebra un vaso de alfarero – una indi­cación de total destruc­ción – que sin mis­eri­cor­dia lo hacen peda­zos. La descrip­ción es clara: tan­to, que entre los peda­zos no se hal­la tiesto para traer fuego del hog­ar, o para sacar agua del pozo. La demoli­ción del pueblo judío sería como el rompimien­to de una vasi­ja de bar­ro con una vara de hier­ro. La vasi­ja está tan rota que no hay una pieza sufi­cien­te­mente grande para lle­var un peda­zo de car­bón ardi­en­do del fogón o una olla para sacar agua de una cis­ter­na. La destruc­ción fue evi­ta­da en el tiem­po de Isaías debido a que Eze­quías imploró a Jehová y porque el hon­or de Jehová esta­ba de por medio (37:14–29). Tam­bién, sin duda la pred­i­cación de Isaías y de Miqueas y la influ­en­cia de sus vidas regre­saron los cora­zones al Señor lo sufi­ciente para que Él guardara a la ciu­dad de sus saque­adores. La destruc­ción no vino, sino un tiem­po después.

15 Smith tit­u­la los vers 15–17 “No Alian­zas, sino Con­fi­an­za” (I. 233), que bien resume el men­saje del pro­fe­ta. El Señor extiende un medio de escapar de la destruc­ción ter­ri­ble así descri­ta. Porque así dijo el Señor, el San­to de Israel, el mis­mo que sostiene ese nom­bre majes­tu­oso del que se apartaría el pueblo (vers 11), pero que da autori­dad a lo que se prom­ete. En des­can­so y en reposo seréis salvos – esto es sim­i­lar a las exhorta­ciones dadas a Acaz (7:4) y a Jerusalén (28:12). En lugar de descen­der a Egip­to para hac­er una alian­za con ese pueblo idol­a­tra, volverían a Jehová que es sal­vación, porque solo en los viejos caminos, el buen camino, que Él ha orde­na­do puede alguien encon­trar des­can­so para su alma (Jer 6:16). En vez de esa infi­del­i­dad que orig­inó a Judá recur­rir a Egip­to, debían ten­er la tran­quil­i­dad de la ver­dad y la con­fi­an­za por medio de la fe en Dios y Su poder. En este camino Judá encon­trará la for­t­aleza nece­saria para enfrentar la emer­gen­cia. Estas habían sido las bases del poder hebreo a lo largo de toda su his­to­ria, sin embar­go fal­laron con fre­cuen­cia en con­fi­ar en el Señor: Y no qui­sis­teis. Los que han apren­di­do esta lec­ción han sido y siem­pre serán las rocas impo­nentes que fac­ul­ta a la sociedad y a la igle­sia a sosten­er las are­nas movedi­zas de la destruc­ción int­elec­tu­al y de los movimien­tos sociales.

16 Sino que dijis­teis: No, antes huire­mos en cabal­los. Smith acer­tada­mente comen­ta, “Si deseas refor­mar las políti­cas, primero debes regener­ar el pueblo” (I. 230). La ten­den­cia de seguir los dic­ta­dos de sus pro­pios caminos rebeldes, el pueblo y sus gob­er­nantes están en una pro­fun­da necesi­dad de regen­eración espir­i­tu­al. Se deseo de escapar en cabal­los prob­a­ble­mente se refiere para acosar a los ene­mi­gos en car­ros de guer­ra obtenidos de Egip­to. En la ley Jehová había pro­hibido regre­sar a Egip­to para adquirir cabal­los (Deut 17:16), pero Judá está igno­ran­do del todo este man­damien­to. Ya que desean huir en cabal­los, por tan­to, vosotros huiréis; y puesto que ust­ed dice, Sobre corce­les velo­ces cabal­gar­e­mos; por tan­to, serán velo­ces vue­stros perseguidores. Jehová con­ced­erá su deseo, pero no en la for­ma que ellos pre­tenden. Cier­ta­mente huirán – pero como el persegui­do en lugar de ser el perseguidor.

17 En la ley Jehová había ase­gu­ra­do a Su pueblo que si per­manecían fieles a Él, “Cin­co de vosotros perseguirán a cien­to, y cien­to de vosotros perseguiréis a diez mil” (Lev 26:1, 8). El orden de esta prome­sa es aho­ra inver­tido; porque en lugar de cin­co per­sigu­ien­do un cien­to, Un mil­lar (de ust­edes) huirá a la ame­naza de uno; a la ame­naza de cin­co huiréis vosotros todos. De hecho, como es fre­cuente el caso en la Escrit­u­ra, esta es una hipér­bole fuerte. Indi­ca la com­ple­ta debil­i­dad y la der­ro­ta inevitable de cualquier que actúa en con­tra de la vol­un­tad y del propósi­to de Dios. En la der­ro­ta, en vez de la nación fuerte que podría y debería ser, Judá será como un árbol o mástil en la cum­bre de una col­i­na, pela­da de sus ramas y aban­don­a­da. Los super­vivientes estarán solos y serán pocos en número. Pero como una ban­dera este rema­nente será el pun­to de reunión alrede­dor del que una nue­va nación emerg­erá (1:9; 10:21–22).

 

La Properi­dad por Medio de la Gra­cia de Dios (Mesiáni­ca) (vers 18–26)

 

      18 En medio de este panora­ma pes­imista de juicio, der­ro­ta, y soledad, Jehová ani­ma al pueblo con una pal­abra de esper­an­za y de con­fi­an­za, basa­do en Su gra­cia y mis­eri­cor­dia. La pal­abra Y conec­ta la idea del sigu­iente pasaje con el juicio prece­dente (vers 1–17), y la pal­abra por tan­to intro­duce lo que Jehová hará y las bases de Su acción. El Seño esper­ará has­ta que el juicio sea eje­cu­ta­do; por medio de él el pueblo será meti­do en un mar­co de mente y de dis­posi­ción de corazón que podría haber gra­cia hacia ellos. Y por tan­to, será exal­ta­do, lev­an­ta­do ante los ojos del pueblo y recono­ci­do como Jehová Dios, tenien­do de vosotros mis­eri­cor­dia (ver 2:11, 17). La mis­eri­cor­dia es la expre­sión del carác­ter de Su gra­cia (ver Sal 103:8). Pero, como lo mues­tra el juicio, tam­bién Jehová es Dios jus­to, jus­to y rec­to en todos Sus caminos. Que jus­ti­cia es parte de nat­u­raleza esen­cial es con clar­i­dad expre­sa­do por dos salmis­tas: “Jus­ti­cia y juicio son el cimien­to de tu trono;/Misericordia y ver­dad van delante de tu ros­tro” (Sal 89:14); y “Jus­ti­cia y juicio son e cimien­to de su trono./Fuego irá delante de él,/Y abrasará a sus ene­mi­gos alrede­dor” (Sal 97:2–3). Así entonces, la bon­dad y la mis­eri­cor­dia de Dios así como el fuego de juicio refle­jan la nat­u­raleza inher­ente de Dios y el mis­mo fun­da­men­to de Su trono y gob­ier­no. Es tan con­sis­tente con Su carác­ter divi­no cas­ti­gar la mal­dad como mostrar mis­eri­cor­dia al pen­i­tente. Entonces, bien­aven­tu­ra­dos todos los que con­fían en él; en lugar de tomar los asun­tos en sus propias manos, per­miten actu­ar a Jehová sobre la base de Su infini­ta rec­ti­tud y jus­ti­cia. Isaías expresó bel­la­mente esto en una pro­fecía pos­te­ri­or, “Pero los que esper­an a Jehová ten­drán nuevas fuerzas; lev­an­tarán alas como las águilas; cor­rerán, y no se cansarán; cam­i­narán, y no se fati­garán” (40:31).

19 El pueblo, esto es, los que esper­an por Jehová, dis­fru­tarán la mis­eri­cor­dia de Su gra­cia (vers 18) y el pueblo morará en Sion, en Jerusalén. Por el bien del énfa­sis, esta frase es algu­nas veces tra­duci­da “Sion, aun Jerusalén.” Ambas lec­turas dan el mis­mo sen­ti­do. Sion-Jerusalén es el lugar de la habitación de Dios entre Su pueblo; allí estarán con Él. Él es sin­gu­lar; el pro­fe­ta ya sea que se está dirigien­do al pueblo como un todo o se está dirigien­do a cada miem­bro de su audi­en­cia como un indi­vid­uo, para los que esper­an y reciben las ben­di­ciones dadas como indi­vid­u­os. Para ellos los días de llan­to han pasa­do; dis­fru­tan aho­ra la gra­cia de la pres­en­cia de Jehová y la respues­ta a su clam­or. Al oír la voz de tu clam­or, te respon­derá – para recibir una respues­ta debe­mos cla­mar al Señor ardi­en­te­mente, en fe y con con­fi­an­za; cuan­do lo hace­mos así, Dios responde.

20 Pero antes que ven­gan las ben­di­ciones, habrá un tiem­po de aflic­ción, el juicio men­ciona­do arri­ba. Muchos comen­taris­tas omiten la pal­abra bien, y tra­ducen, “Os dará el Señor pan de con­go­ja y pan de angus­tia.” Esta es ali­mentación pro­vista en tiem­po de extrema necesi­dad y pobreza, lo opuesto de comi­da y bebi­da en abun­dan­cia. Al lle­var a cabo Su plan divi­no, el Señor no per­mi­tirá que Su pueblo perez­ca del todo. En el tiem­po de extrema opre­sión y pobreza Él proveerá para la preser­vación de un rema­nente. Un salmista anón­i­mo dijo, “Pasamos por el fuego y por el agua,/Y nos sacaste a abun­dan­cia [‘abun­dan­cia,’ del hebreo]” (Sal 66:12). Antes de la abun­dan­cia viene el fuego y el agua.

La últi­ma mitad de este ver­sícu­lo es difí­cil de tra­ducir; ¿es mae­stros (plur­al) o mae­stro (sin­gu­lar)? Smith opta por “Mae­stro,” aplicán­do­lo a Dios, que por un tiem­po había ocul­ta­do Su ros­tro de Su pueblo, pero que aho­ra los instruye. La may­oría de los comen­taris­tas por­tan por “mae­stros,” y lo apli­can a los pro­fe­tas y a los instruc­tores lev­i­tas que se ocul­taron durante el tiem­po de opre­sión sev­era. La declaración de los pro­fe­tas, sino que tus ojos verán a tus mae­stros, sug­iere mae­stros humanos que el pueblo puede ver, sin embar­go esto no es con­cluyente.

21 Entonces tus oídos oirán a tus espal­das pal­abras que diga – aquí está una difi­cul­tad adi­cional. Si los ojos de los que han esper­a­do por Jehová ve a los mae­stros, ¿cómo puede la pal­abra ser oída des­de las espal­das de ellos? Han sido dadas numerosas expli­ca­ciones. Note, por ejem­p­lo, que los mae­stros están dicien­do, Este es el camino, andad por él; y no echéis a la mano derecha, ni tam­poco torzáis a la mano izquier­da. Es posi­ble que los mae­stros y los direc­tores del pueblo los desviaron del camino rec­to. Al haber gira­do a la derecha o a la izquier­da, sus espal­das están aho­ra hacia los mae­stros. El soporte para esta inter­pretación puede ser encon­tra­da en la ley que dice, “No os apartéis ni a dies­tra ni a sinies­tra” (Deut 5:32), y tam­bién en la pal­abra del hom­bre sabio, “No te desvíes a la derecha ni a la izquierda;/Aparta tu pie del mal” (Prov 4:27). Así, con ojos para ver y oídos para oír, el pueblo será instru­i­do en el camino rec­to; y cuan­do es señal­a­do que han erra­do de ese camino, oirán y regre­sarán.

22 Los que habi­tan aho­ra en Sion, al haber venido por medio de la tribu­lación, recono­cerán la con­t­a­m­i­nación y la influ­en­cia destruc­to­ra de los ído­los, con­sid­erán­do­los como inmun­dos. Las imá­genes eran mold­eadas de un met­al infe­ri­or o tal­ladas en madera, y entonces recu­bier­ta con pla­ta u oro (ver 40:19; 44:9–20). Entonces pro­fa­narás la cubier­ta de tus escul­turas de pla­ta, y la vestidu­ra de tus imá­genes fun­di­das de oro; las apartarás como trapo asqueroso; ¡Sal fuera! les dirás — ¡Vete! ¡Fuera de mi vista! Prob­a­ble­mente los ído­los son puestos en la tier­ra para reducir­los a pol­vo y entonces dis­per­sar­los. Después de la destruc­ción de Jerusalén y la cau­tivi­dad de Babilo­nia el pueblo aparente­mente esta­ba cura­do de la idol­a­tría, porque nun­ca más oíos que hicier­an o sirvier­an a imá­genes.

23 Los vers 23–26 están llenos de la prome­sa de rega­los ricos y abun­dantes de Dios. El da tan­ta llu­via que la sementera que ha sido sem­bra­da bro­tará. De ella ven­drá pan, nutri­ti­vo y en gran medi­da. En el día de esta gen­erosi­dad el gana­do encon­trará abun­dan­cia de pas­to en las grandes praderas, un gran con­traste a su estrechez ante­ri­or y a las áreas estre­chas.

24 Los ani­males domes­ti­ca­dos – los bueyes y los asnos usa­dos para el ara­do del sue­lo – com­erán gra­no (o con sal) limpio. La pal­abra gra­no podría indicar amasi­jo o una mez­cla fer­men­ta­da como nue­stro ensi­la­je. Su comi­da sería de una cal­i­dad no usu­al y exce­lente, mez­cla­dos y con sal. Que el gra­no limpio ha sido aven­ta­do con pala y cri­ba sug­iere que, como el gra­no desea­do por los humanos, es limpia­do de la paja des­menuza­da y pur­ga­da de sus­tan­cias extrañas.

25 Y en lugar de montes altos y col­la­dos ele­va­dos al ser desnuda­dos, habrá ríos y cor­ri­entes. Proveerán además ben­di­ciones para los hom­bres y para las bes­tias, dan­do agua para praderas fron­dosas, para la irri­gación, y para el uso domés­ti­co. ¡Que gran ben­efi­cio en una tier­ra donde las cor­ri­entes son escasas y pre­ciosas (ver 41:18)! En una for­ma bas­tante sor­pren­dente el pro­fe­ta inyec­ta una idea con­trastante: el día de la gran matan­za, cuan­do caerán las tor­res. Hay al menos dos posi­bles expli­ca­ciones del pasaje: (1) La gran matan­za cuan­do las tor­res caen pre­ced­erán a estas ben­di­ciones (ver vers 13, 18); o (2) Habrá matan­za y las tor­res se colap­sarán en el mun­do de la impiedad aun mien­tras los que están en Sion-Jerusalén dis­fru­tan rega­los abun­dantes de Dios. A la luz del con­tex­to, y en espe­cial el ver­sícu­lo sigu­iente, parece preferi­ble la segun­da.

26 Al haber descrito la abun­dan­cia de las pro­vi­siones físi­cas para el hom­bre y la bes­tia, el pro­fe­ta habla aho­ra de la luz glo­riosa de ese peri­o­do. Y la luz de la luna será como la luz del sol, y la luz del sol siete veces may­or, como la luz de siete días (ver 24:23; 60:19–20). En tal luz todas las cosas serán claras, vis­tas como son. Este ver­sícu­lo provee la clave para enten­der todo el pasaje. La luz del sol como la luz de siete días es la luz de una sem­ana con­cen­tra­da en un día bril­lante. Tal bril­lantez en el mun­do físi­co sería desas­trosa para la vida, tan­to para las plan­tas como para los ani­males. Pero en ese día ven­dará Jehová la heri­da de su pueblo, y curará la lla­ga que él causó. En ese día Sus ben­di­ciones de abun­dan­cia serán pro­vis­tas.

Allí no puede haber duda que Dios inten­tó ben­de­cir rica­mente al pueblo sobre su retorno de la cau­tivi­dad cuan­do Él recogería el rema­nente de vuelta a su propia tier­ra. Él había prometi­do que sobre este retorno, Él “te hará bien, y te mul­ti­pli­cará más que a tus padres” (Deut 30:5); pero esto era condi­cional en base a que retornaran a Él con todo su corazón y guardan­do Sus man­damien­tos (Deut 30:8–10). Él les haría “may­or bien que en vue­stros prin­ci­p­ios” (Ezeq 36:11). Aun tan tarde como en los días de Malaquías, Dios dijo que Él “abriría las ven­tanas de los cie­los, y der­ra­maría sobre vosotros ben­di­ción has­ta que sobre­abunde” (Mal 3:10). Pero en cada ocasión estas ben­di­ciones eran con­tin­gentes sobre la fidel­i­dad del pueblo al Señor (ver la con­struc­ción “si” en Jer 18:7–10). Si el pueblo no cumplía las condi­ciones, Dios no haría por ellos lo que Él podría ten­er. Las ben­di­ciones no serían dadas con plen­i­tud, con todo, has­ta la era mesiáni­ca cuan­do Dios der­ra­mará Sus ben­di­ciones espir­i­tuales en rica abun­dan­cia. Debe­mos enten­der que el lengua­je de Isaías anun­cia con antelación las glo­riosas ben­di­ciones en Cristo (ver Ef 3:19; Col 2:8–10).

 

La Ven­gan­za de Jehová sobre Asiria (vers 27–33)

 

En un lengua­je de imá­genes bril­lantes y encen­di­das, Isaías describe el crib­a­do de las naciones y la destruc­ción de Asiria por la fuerza de Su bra­zo. El pro­fe­ta ya ha intro­duci­do el juicio de los ebrios de Efraín (28:1–2), el tor­rente des­bor­dante con­tra Jerusalén (28:15; 29:13–14), y la destruc­ción de los adver­sar­ios de Jerusalén por fuerzas poderosas dirigi­das por el mis­mo Jehová (29:6). Aho­ra tra­ta en espe­cial con la destruc­ción de Asiria, com­bi­nan­do dos metá­foras que describen la veni­da de Jehová como una tor­men­ta poderosa, fer­oz y ardi­ente en su fuerza destruc­to­ra, y como un hom­bre lleno de ira e indi­gnación.

27 He aquí el nom­bre de Jehová viene de lejos. El nom­bre de Jehová sim­boliza todo lo que Él es – Su ser, rev­elación, y acción. Aparente­mente el Señor ha aban­don­a­do al pueblo a ellos mis­mos, pero aho­ra como una tor­men­ta alum­bran­do el cielo viene a lib­er­ar­los. Él viene en eno­jo ardi­ente de indi­gnación e ira jus­ta, su ros­tro encen­di­do, como nubes ardi­entes en una tor­men­ta ter­ri­ble. Sus labios llenos de ira con­tra Sus ene­mi­gos; su lengua como fuego que con­sume, que va delante de Él, que­man­do a Sus adver­sar­ios alrede­dor (ver Sal 97:2–3).

28 Su alien­to, cual tor­rente que inun­da; lle­gará has­ta el cuel­lo. Como las aguas tor­ren­ciales del Río (Asiria) han bar­ri­do sobre Judá, lle­gan­do has­ta la gar­gan­ta (8:8), así aho­ra el tor­rente de la ira de Dios alcan­za la gar­gan­ta de Asiria. El pro­fe­ta usa tres metá­foras describe los rep­re­sen­tantes de este juicio: un tor­rente abru­mador, una cri­ba de destruc­ción, y un freno que se dirige en el camino que Jehová deter­mi­na. A difer­en­cia del crib­a­do de Israel, en donde ningún gra­no cae a la tier­ra, sino que todo es sal­vo (Amos 9:9), en el crib­a­do de las naciones todas son pues­tas en con­fusión y destru­idas (ver Jer 30:11). El freno que los hace errar los lle­va a la destruc­ción. Mien­tras Jehová entremez­cló un espíritu de per­ver­si­dad entre los egip­cios, cau­san­do que tomaran el mal camino a su ruina (19:14), así Él guiará a las naciones.

29 En con­traste, a los que hiere Jehová los ha aumen­ta­do ráp­i­da­mente y los las­ti­ma­dos por Él los ha sana­do, vosotros ten­dréis un cán­ti­co como de noche en que se cel­e­bra pas­cua. Aunque no se especi­fi­ca, la pas­cua se refiere prob­a­ble­mente a – “esta noche deben guardar­la para Jehová” (Exo 12:42; ver Mt 26:30). Así mien­tras las naciones paganas y la poten­cia asiria están sien­do destru­idas, habrá una can­ción entre los red­imi­dos como cuan­do una fies­ta san­ta está sien­do guarda­da. Allí no habrá rego­ci­jo sólo en el cán­ti­co, sino que será tam­bién ale­gría de corazón, como cuan­do, con instru­men­tos musi­cales, el pueblo fluye a Jerusalén, el monte de Jehová, donde hay pro­tec­ción en la Roca de Israel (ver el comen­tario en 26:4). El red­imi­do alabará al que ha pro­vis­to por su pro­tec­ción y cuida­do.

30 A causa de Su glo­riosa y majes­tu­osa voz debe ser oída, Jehová cumplirá Su pal­abra y entonces hará valer Su jus­ti­cia. Al descen­so de su bra­zo Él man­i­fes­tará en acción el juicio que Él ha anun­ci­a­do. En un lengua­je alta­mente fig­u­ra­do y sim­bóli­co, el mis­mo Señor es el cen­tro de la descrip­ción, el eje­cu­tor de Su vol­un­tad. La grandeza de la pro­fecía tra­sciende al lengua­je; para describir lo que Jehová está hacien­do, el pro­fe­ta extrae toda la furia de la nat­u­raleza. El descen­so de Su bra­zo es con furor de ros­tro y lla­ma de fuego con­sum­i­dor. Es como un estal­li­do (o impacto) con una llu­via ter­ri­ble y grani­zo trit­u­rador. Con estas imá­genes cen­tel­le­an­do ante sus ojos, Isaías vis­lum­bra la ter­ri­ble destruc­ción del mun­do pagano.

31 El obje­to espe­cial de la ira de Dios es aho­ra especi­fi­ca­do: Porque Asiria que hir­ió con vara, con la voz de Jehová será que­bran­ta­da. Por el decre­to de Dios que tan­to sal­va como destruye, el opre­sor será juz­ga­do y traí­do a un fin. Así como Jehová había usa­do a Asiria como la vara y bácu­lo de Su eno­jo y juicio (10:5), así Él aho­ra usará una vara para cas­ti­gar a Asiria (ver 10:25). Babilo­nia fue esa vara con la que Asiria fue cas­ti­ga­da.

32 Con cada golpe que cae sobre la cru­el nación por la vara señal­a­da por el Señor (Babilo­nia), será con pan­deros y con arpas, instru­men­tos musi­cales aso­ci­a­dos con el gozo y con la fes­tivi­dad. Y en batal­la tumul­tu­osa peleará (Jehová) con­tra ellos; con la vara de Su escogi­do Jehová peleará con­tra el obje­to de Su indi­gnación. No hay rego­ci­jo porque las naciones están sien­do destru­idas y los pueb­los están sufrien­do, sino porque la idol­a­tría, la iniq­uidad, y la cru­el­dad están sien­do juz­gadas y la jus­ti­cia lib­er­a­da (ver Apoc 19:1–2). Como fue en ese tiem­po, lo será siem­pre.

33 Porque Tofet ya de tiem­po está dis­puesto; tal lugar ha sido pro­vis­to por largo tiem­po tan­to por reyes como por naciones como Asiria. Tofet es ese sitio en el Valle de Hinon donde los niños habían sido que­ma­dos como ofren­da a Moloc, un cliente de los Canani­tas que apos­tataron del Judá adop­ta­do (2 Rey 23:10). Tofet es men­ciona­do tam­bién por Jere­mías, tres veces en el capí­tu­lo 7 y cin­co veces en el capí­tu­lo 19. Después de ser pro­fana­do por Josías, llegó a ser un lugar para el que­ma­do de basura. La pal­abra del Nue­vo Tes­ta­men­to Gehena, el lugar que arde siem­pre, es deriva­da del hebreo “Valle de Hinon”.” Jehová había hecho a Tofet lo sufi­ciente pro­fun­da y tan grande para la destruc­ción de una nación tan grande como Asiria. Hay mucha madera, y el sop­lo de Jehová, como tor­rente de azúfre, lo enciende. Jehová surge en for­ma desta­ca­da en esta sec­ción como Juez y destruc­tor de lo mal­va­do.

 CAPÍTULO 30 Ay para la Políti­ca Pro-Egip­cia

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