Jeremías sufrió mucho odio y persecución en su vida, pero se mantuvo obediente.  Jeremías es de gran inspiración para nosotros hoy.  A pesar de todo el odio y las experiencias difíciles que tuvo, a pesar que Jeremías, por naturaleza, era manso, sensitivo y reservado, se mantuvo fiel a su tarea desagradable y es un ejemplo de un profeta obediente.

Él encontró su consuelo y fortaleza en la promesa que el Señor le dio en su llamada “No tengas temor ante ellos, porque contigo estoy para librarte.” (Jeremías 1:8); y más adelante, Pelearán contra ti, pero no te vencerán, porque Yo estoy contigo–declara el SEÑOR–para librarte.” (1:19)

El llamamiento de Jeremías fue el esfuerzo final de Dios para salvar a Jerusalén.  Jeremías vivió unos cien años después de Isaías.  Isaías había salvado a Jerusalén de Asiria.  Jeremías trató de salvarla de Babilonia, pero trágicamente no pudo.  Jeremías fue llamado al oficio profético en el año 626 aC.  Y profetizó durante los gobiernos de cinco de los reyes de Judá: Josías (639-608 aC) – 31 años; Joacaz (608 aC) – 3 meses; Joacim (608-597 aC) – 11 años; Joaquín (597 aC) – 3 meses; Sedequías (597-586 aC) – 11 años.

Jerusalén fue destruida en parte en 606 aC y devastada más 597 años antes de Cristo y finalmente quemada y desolada en el año 586 antes de Cristo.  Jeremías vivió durante esos terribles cuarenta años.  “El final de la monarquía’” o “La agonía de muerte de la nación” podrían ser títulos de su libro profético.

Cuando el buen rey Ezequías murió, fue sucedido por su hijo, Manasés.  Bajo Manasés, el país se sumergió en la idolatría.  Baal era adorado, se construyeron altares paganos, los niños eran sacrificados a Moloch, el culto a las estrellas fue instituido, etc.  Hombres y mujeres prostitutas, magos y brujas controlaban el Monte del Templo en Jerusalén.  Además de todo eso, los profetas fueron perseguidos.  La tradición dice que Isaías fue aserrado en esta época.  Fue un tiempo muy malo.

Estos fueron cincuenta y cinco años de oscuridad espiritual y moral en Judá.  2 Reyes 21:9,16 resume la situación en Judá, por el liderazgo horrible de Manasés, de la siguiente manera, “Manasés los hizo extraviar para que hicieran lo malo más que las naciones que el SEÑOR había destruido delante de los hijos de Israel…Además, Manasés derramó muchísima sangre inocente hasta llenar a Jerusalén de un extremo a otro, aparte de su pecado con el que hizo pecar a Judá para que hiciera lo malo ante los ojos del SEÑOR.”

Por causa de Manasés, Dios advirtió que traería calamidad sobre Jerusalén, Por cuanto Manasés, rey de Judá, ha hecho estas abominaciones, habiendo hecho lo malo más que todo lo que hicieron los amorreos antes de él, haciendo pecar también a Judá con sus ídolos; por tanto, así dice el SEÑOR, Dios de Israel: ‘He aquí, voy a traer tal calamidad sobre Jerusalén y Judá, que a todo el que oiga de ello le retiñirán ambos oídos.  Extenderé sobre Jerusalén el cordel de Samaria y la plomada de la casa de Acab, y limpiaré a Jerusalén como se limpia un plato, limpiándolo y volviéndolo boca abajo.  Abandonaré al remanente de Mi heredad y los entregaré en mano de sus enemigos, y serán para presa y despojo para todos sus enemigos.” (2 R. 21:11-14).

Manasés al fin fue llevado prisionero a Asiria, unos 24 años antes de Jeremías.  Allí volvió en sí y se arrepintió del mal que hizo.  Cuando regresó a Palestina, trató de deshacer el daño espiritual que había hecho, pero no pudo detener la marea de la idolatría.  Cuando Manasés murió, fue sucedido por su hijo Amón, que rápidamente re-instituyó las prácticas inicuas de los primeros días de su padre.

Amón fue seguido por su hijo Josías, el último rey bueno de Judá.  Josías comenzó a buscar a Jehová cuando él no era más que un muchacho de dieciséis años (2 Crón. 34:3).  Cuando tenía veinte años, trató de purgar la tierra de la idolatría.  Él inició una gran reforma, que, por más noble que fue, no era más que superficial y temporal.  La nación estaba en un curso precipitado a la destrucción, sólo era una cuestión de tiempo.  Fue durante esta época que Jeremías fue llamado a su ministerio profético – en el decimotercero año del rey Josias.

Jeremías era una figura solitaria y patética, el último intermedio de Dios para la Ciudad Santa, que se había hecho irremediablemente y fanáticamente unida a los ídolos.  El tema principal de Jeremías era un llanto abierto que si se arrepentían Dios los salvaría de Babilonia.  A fin de cuentas sus súplicas cayeron en oídos sordos, sólo para ser recordadas por otra generación.

El fondo de los tiempos en que Jeremías sirvió era este: Judá y Jerusalén habían perdido su día de gracia por el pecado vergonzoso y el desprecio de la Palabra de Dios y se apresuraban a su perdición.  De los cinco reyes bajo quien profetizó Jeremías sólo Josías fue un gobernante piadoso.  Después de su muerte, sus sucesores fueron muy malos.  Bajo el reinado de Sedequías el pueblo se fue de nuevo en grueso al paganismo y las prácticas inmorales.  La codicia, el asesinato, el adulterio, el robo y el perjurio estaban desenfrenados.  La corrupción moral contaminó aun a profeta y sacerdote (6:13; 8:10; 23:11-15).

Año tras año Jeremías llegó al pueblo con mensajes del Señor, pero ellos no quisieron escuchar y obedecer.  Jeremías fue maltratado por casi todos.  Sus hermanos lo traicionaron (12:6).  Fue confrontado por falsos profetas (14:13).  Era maldecido por todos (15:10).  El jefe del templo ordenó que lo azotaran y lo pusieran en un cepo (20:1-2).  Sus compatriotas trataron de matarlo (26:8-11).  El rey Joacim quemo el rollo que Jeremías le envió de parte de Dios (36:20-23).  Fue encarcelado (32:2,3).  Fue perseguido (36:26).  Fue azotado y aprisionado (37:15).  Fue arrojado a un pozo y dejado por muerto (38:5-6).  Fue atado en cadenas (40:1).  Fue acusado de mentir a los que le consultaban (43:2).  La gente prefería escuchar a los falsos profetas que estaban prediciendo la paz y la prosperidad (23:25-27).

Los Judíos se habían hecho necios, sin conocimiento de Dios; astutos para hacer el mal, pero incompetentes en hacer el bien, Porque Mi pueblo es necio, no Me conoce; hijos torpes son, no son inteligentes. Astutos son para hacer el mal, pero hacer el bien no saben.” (4:22).  Se habían hecho irreverentes, egoístas y ensimismados.  Literalmente se hicieron moralmente incompetentes.  Creían que ellos no podían caer.  Se les olvido que su misma existencia era por el favor que Dios tuvo por Abraham siglos atrás.  Ahora se miraban a si fundamentalmente superior a todos – especial, elegidos, indestructibles.

Por el pecado de Judá, Dios había retenido las lluvias y la cosecha del pueblo.  Y como animales sin algún sentido mental, ellos continuaron en rebelión.  Los ricos se compensaban por lo que Dios había retenido con robar a los pobres de lo poco que tenían.

El pueblo de Dios no recibió la instrucción ni la obedecieron.  Hicieron la decisión de caminar en sus propias ideas humanas y demostraron su terquedad.  Un estado de delirio regía en sus mentes, aún dices: ‘Soy inocente, ciertamente Su ira se ha apartado de mí.” (2:35).  Creían que Dios no los iba a llamar a cuentas.

Se engañaban a sí mismos con la creencia que la ira de Dios se había apartado de ellos, porque habían disfrutado la paz por mucho tiempo, y porque la devastación de la tierra por sus enemigos, advertido por los profetas anteriores, no se había cumplido inmediatamente.  Por esta confianza arrogante, Dios decidió contender con Su pueblo.

Ellos continuaron ofreciendo sacrificios a Dios, sin embargo, el Señor no los aceptaba.  Dios determino que Judá tendría que ser castigado.  Serían desolados, y nada podría detener el ejército destructivo.  Tendrían que pagar las consecuencias de su infidelidad hacia Dios.  No tenían un deseo verdadero por la verdad, y Dios le ordena a Jeremías que no ore por esta gente.

“En cuanto a ti, no ruegues por este pueblo, ni levantes por ellos clamor ni oración, ni intercedas ante Mí, porque no te oiré.” (7:16).  Y lo repite, “Pero tú no ruegues por este pueblo, ni levantes por ellos clamor ni oración; porque no escucharé cuando clamen a Mí a causa de su aflicción.” (11:14).  Otra vez, Y el SEÑOR me dijo: No ruegues por el bienestar de este pueblo.  Cuando ayunen, no escucharé su clamor; cuando ofrezcan holocausto y ofrenda de cereal, no los aceptaré; sino que con espada, con hambre y con pestilencia los destruiré.” (14:11-12).  Y todavía más, “Entonces el SEÑOR me dijo: Aunque Moisés y Samuel se presentaran ante Mí, Mi corazón no estaría con este pueblo; échalos de Mi presencia, y que se vayan.” (15:1).

La razón era que no tenían temor de Dios, no tenían vergüenza por sus pecados, eran rebeldes, siguieron su propio camino en lugar de los caminos de Dios, no tenían conocimiento de las leyes de Dios, se fueron a la avaricia y la falsa enseñanza, eran mentirosos, eran engañosos y fueron engañados por su propia razón, fuerza y ​​riquezas.  En resumen, un corazón endurecido por el orgullo eliminó toda esperanza de su arrepentimiento.

El pueblo de Dios había llegado al punto donde ya no podían arrepentirse – el punto de no volver.  Ya no tenían esperanza más que rendirse e irse cautivos a Babilonia (21:4-7).   Aunque ellos todavía esperaban que Dios vendría a su rescate como había hecho en tiempos pasados, la verdad era que serían derrotados, Así dice el SEÑOR: He aquí, pongo delante de vosotros el camino de la vida y el camino de la muerte. El que se quede en esta ciudad morirá a espada, de hambre y de pestilencia; pero el que salga y se entregue a los caldeos que os sitian, vivirá, y tendrá su propia vida como botín.” (21:5-10; 27:12).  Jeremías tuvo la tarea impopular de decirles al rey y al pueblo que debían rendirse a los caldeos.

Para los judíos, Jeremías se veía como un traidor y cobarde porque les decía que se rindieran a Babilonia.  No creían que era un profeta de Dios.  Dios era un Dios de poder, y esperaban oír palabras poderosas, de valor y coraje, no palabras débiles y cobardes de derroto.  Las palabras de Jeremías eran negativas y negras.  Ellos querían luchar por la ciudad, y temían que algunos que lo oyeran no estarían dispuestos a luchar.  Ellos querían oír palabras luchistas, triunfadoras.

Los falsos profetas consentían esos deseos y hacían a la gente olvidarse de Dios (23:27).  Peor que esto, les ofrecían esperanzas vanas de sus propias fantasías, y les daban seguridad falsa, “Y curan a la ligera el quebranto de mi pueblo, diciendo: ‘Paz, paz’, pero no hay paz.” (6:14; 8:11).  Todos estaban impenitentes y en negación de la realidad y creían en promesas vacías.

Jeremías era el único que les decía que un perdón barato y un escape fácil del ejército de Nabucodonosor no era palabra de Dios.  La única manera de salvarse era con aceptar la cautividad por los babilonios.  De esta manera les estaba diciendo, “Acepten que han pecado, y acepten su castigo.”  Entonces, Dios no destruiría totalmente este lugar.

El punto era que tenían que pagar las consecuencias de su infidelidad.  Tenían que aceptar el castigo por sus violaciones contra pacto de Dios. No iban a escaparse sin consecuencias; no podían ser restaurados sin aceptar su castigo.  Habían llegado al punto que ya no podía Dios aceptarlos sin que fueran responsables por sus hechos, por sus acciones.  La justicia de Dios estaba en la balanza.

Como hijos desobedientes, tendrían que ser escarmentados para que nunca se olvidaran que Dios no puede ser burlado. No os engañéis; Dios no puede ser burlado, pues todo lo que el hombre siembre, eso también segará.”  (Gálatas 6:7).  Ellos habían sembrado la codicia, homicidio, adulterio, robo, mentira, engaño y el libertinaje, ahora tenían que segar las consecuencias.

Y de nada les servía llorar y rogar, gemir y gritar, o aun arrepentirse, “Porque así dice el SEÑOR: Incurable es tu quebranto,  y grave tu herida.  No hay quien defienda tu causa para sanarte; no hay para ti medicina eficaz.  Todos tus enamoradoste olvidaron; no te buscan, porque te herí como hiere un enemigo, con azote de adversario cruel, a causa de la magnitud de tu maldad y de tus muchos pecados.  ¿Por qué gritas a causa de tu quebranto?  Incurable es tu dolor, porque por la grandeza de tu iniquidad y por tus muchos pecados te he hecho esto.” (Jeremías 30:12-15).

Esta lección es dura.  Esta es una medicina amarga para tragar, pero está bien establecida en las Escrituras.  Las acciones tienen consecuencias.  Esaú vendió su herencia por un plato de comida, y aunque se arrepintió y lloro amargamente, nunca jamás pudo recuperar la herencia perdida (Gén. 27:34).  David cometió adulterio y trato de taparlo con homicidio, y aunque fue perdonado, tuvo que pagar las consecuencias por el resto de su vida (2 Sam. 12).  Ananías y Safira mintieron por avaricia y fueron castigados con muerte inmediatamente (Hechos 5).

Este lado de Dios no es muy popular, ni muy anunciado.  Hoy mejor queremos saber del Dios que hace todo bien por nosotros.  El Dios que todos queremos es un Dios benevolente que es una fuerza para el bien que se preocupa por todas las personas, que llora en todos los conflictos, y que consuela a todos.  Nadie quiere un Dios que castiga.

Muchos razonan que si creemos que Dios castiga no podemos, al mismo tiempo, creer que es un Dios que ama.  Y si creemos que Dios es amor, no podemos al mismo tiempo creer que castiga.  ¿En serio?  ¿Es el castigo necesariamente opuesto al amor?  ¿Un padre no puede ser cariñoso, bueno, benévolo, y a la vez ser estricto, exigente y serio?  ¿De dónde hemos aprendido esas ideas, sino de una cultura que fomenta la indulgencia?

La severidad de Dios se volteó contra Adán y Eva cuando pecaron en el Jardín del Edén.  El apóstol Pedro usa tres ilustraciones para acentuar la severidad de Dios en 2 Pedro 2:4-6.  Dice lo siguiente: (1) Dios no perdonó a los ángeles que pecaron, sino que los arrojo al infierno, (2) Dios no perdonó al mundo antiguo, pero salvo a Noé, y (3) Dios se apartó de las ciudades de Sodoma y Gomorra, reduciéndolas a ceniza.  En el desierto, cuando el pueblo de Dios pecó, cayeron, y muchas veces fueron destruidos (1 Cor. 10:8-10).

Es esencial que reconozcamos que la bondad y la severidad de Dios son condicionales. porque si Dios no perdonó a las ramas naturales, a ti tampoco te perdonará.  Mira, pues, la bondad y la severidad de Dios: la severidad ciertamente para con los que cayeron, pero la bondad para contigo, si permaneces en esa bondad, pues de otra manera tú también serás eliminado.” (Romanos 11:21-22).

La misericordia de Dios siempre, sin excepción, incluye el reconocimiento del pecado, el cambio de mente y corazón y la aspiración de una buena conciencia hacia Dios (1 Pedro 3:21).  Dios es bueno para con todos los que aceptan Su bondad y severo para con los que la rechazan.  Debido a la libre voluntad del hombre, no hay mucho que Dios puede hacer por aquellos que lo niegan.  El libre albedrío fue dado a nosotros como un don y podemos utilizarlo para propósitos justos o podemos abusarlo para propósitos malos.  Depende de nosotros como individuos de elegir las causas y los efectos, las acciones y los resultados, las obras y las consecuencias.

Usted nunca conocerá al Dios verdadero si sólo piensa en Su bondad.  Y nunca conocerá al Dios verdadero si sólo mora en Su severidad.  Si quiere saber quién es Dios, no simplemente proyecte su propia imaginación o intuición en Él, necesita tomar en cuenta Su bondad y Su severidad, Su misericordia y Su juicio, Su amor y Su ira.  Dios presionó estas verdades en las mentes y los corazones de Su pueblo por la cautividad Babilónica.

Una de las realidades más difíciles para algunos de nosotros de aprender es que nuestras acciones tienen consecuencias.  Todo lo que hacemos nos afecta a nosotros o a otros, y por lo general a ambos.  Les enseñamos a nuestros hijos a una edad temprana “¡No pegues!” y “¡No muerdas!” y una serie de otros “¡No hagas!” porque nuestras acciones pueden herir a otras personas.  Les estamos enseñando que nuestras acciones traen consecuencias.  Les enseñamos a evitar la lumbre y las superficies calientes y jugando en la calle, porque las consecuencias pueden ser extremadamente dañosas.

Algunos, sin embargo, son lentos para aprender esas lecciones.  Muchos, aparentemente, tienen que aprender “por las malas” a través del sufrimiento de las consecuencias de sus acciones.  ¡Las consecuencias!  Con demasiada frecuencia, tenemos la tendencia de culpar a otros por algo que es el resultado de nuestras propias decisiones o acciones.  Job dijo, “Por lo que yo he visto, los que aran iniquidad y los que siembran aflicción, eso siegan.” (Job 4:8).

Como sociedad, nosotros consentimos y hacemos excusas por la mala conducta.  La ignoramos y esperamos que el mal comportamiento se vaya.  Buscamos a quien culpar.  Construimos más cárceles.  Vemos el problema, pero no nos gusta lo que vemos, así que pretendemos que no está allí.  No obligamos a nadie que sea responsable por nada.  Pero eso sólo permite el mal que siga y se empeore, como vemos con el caso de los judíos.  Es muy importante aprender la lección que Dios duramente enseñó a los judíos.

Para Dios es mucho más importante el carácter de las personas que la incomodidad y el dolor que sentimos del castigo.  A veces la gente tiene que sufrir las consecuencias de su mal comportamiento, de hacer malas decisiones e ignorar las advertencias.  Todos tenemos que aprender a ser responsables por sí mismos.  Es mucho mejor aceptar las consecuencias valientemente que huirlas como niños.  Es más remediador aceptar el castigo sin quejarse que buscar maneras de escapar la obligación.  Es más curativo aceptar los golpes de nuestros errores y recibir escarmiento por nuestras malas decisiones que tratar de escapar la pena.  Aprendemos mucho más en el dolor del castigo que en la evasión de la responsabilidad.

Lo que necesitamos más que todo es el sentido de la responsabilidad.  Dios determino que Su pueblo necesitaba vivir bajo la mano dura de Nabucodonosor en Babilonia por setenta años para que aprendieran a ser responsables por sus hechos.  La contabilidad es de suma importancia para Dios.  Algunos oyeron el mensaje de Jeremías y obedecieron y se fueron a Babilonia.  Otros fueron rebeldes y se quedaron en Judá o huyeron a Egipto.

Pero, después del castigo, Dios promete la restauración y el alivio para todos aquellos que aceptaron su pecado y dócilmente se rindieron a la corrección del SEÑOR.  Jeremías les dice que el cautiverio no sería para siempre, “Pues así dice el SEÑOR: ‘Cuando en Babilonia se cumplan los setenta años, Yo os visitaré y cumpliré Mi buena palabra de haceros volver a este lugar.” (29:10).  Y más adelante dice, “Porque Yo te devolveré la salud, y te sanaré de tus heridas”–declara el SEÑOR…” (30:17).

En otras palabras, cuando haya producido el resultado apropiado vendría el alivio de la mano de Dios, “Porque no rechaza para siempre el Señor,antes bien, si aflige, también se compadecerá según Su gran misericordia.Porque El no castiga por gusto, ni aflige a los hijos de los hombres.” (Lamentaciones 3:31-33).  Ningún padre castiga para siempre, él odia la vara tanto como tu; solamente desea usarla para la razón que debe hacernos dispuestos a recibirla, es saber, lo que obra para nuestro bien duradero.

En Jeremías 24, Dios compara a los habitantes de Judá a dos canastas de higos.  Una canasta contenía higos muy buenos, mientras que la otra contenía higos muy malos y podridos.  Los higos malos representaban a aquellos que se rebelaron y no admitieron su falta ni aceptaron el castigo.  Ellos se quedarían en la tierra de Judá y serian sujetados a la ira de Dios.  Ellos se harían el oprobio y refrán de todos.  Serian la burla y maldición de las naciones, y serian dispersados por todas partes.

Los higos buenos representaban el remante obediente que se rindieron a Babilonia.  Esos serian incluidos en el plan misericordioso y perfecto de Dios.  Ellos serían los desterrados, pero favorecidos, Así dice el SEÑOR, Dios de Israel: ‘Como a estos higos buenos, así consideraré como buenos a los desterrados de Judá que yo he echado de este lugar a la tierra de los caldeos. Porque pondré mis ojos sobre ellos para bien, y los traeré de nuevo a esta tierra; los edificaré y no los derribaré, los plantaré y no los arrancaré. Y les daré un corazón para que me conozcan, porque yo soy el SEÑOR; y ellos serán mi pueblo y yo seré su Dios, pues volverán a mí de todo corazón.” (24:5-7).

La lección para nosotros es que nunca debemos huir del juicio divino.  El juicio divino es para nuestro bien.  No debemos tratar de evitar el castigo que merecemos.  Jonás aprendió esta lección de una manera muy extraordinaria cuando estuvo en el vientre de un gran pez hasta recapacitó.   Todos seremos expuestos a la disciplina del Señor, … ¿qué hijo es aquel a quien el padre no disciplina?” (Heb. 12:7).  Es mejor aceptar nuestra falta y rendirnos.  David dijo: “Bueno es para mí ser afligido, para que aprenda Tus estatutos.” (Salmos 119:71).  El castigo como disciplina es parte de nuestro crecimiento.

También aprendemos que Dios nunca nos azota más de lo que podemos soportar como Caín reclamo, Mi castigo es demasiado grande para soportarlo.” (Gen 4:13); sino es más como David dijo, Contra Ti, contra Ti sólo he pecado, y he hecho lo malo delante de Tus ojos, de manera que Eres justo cuando hablas, y sin reproche cuando juzgas.” (Sal. 51:4).  Los que le sacan al castigo de Dios nunca disfrutaran las caricias de restauración de Su mano aliviadora.

Otra lección es que Dios castiga, pero también alivia.  Para los judíos parecía que el cautiverio era malo para ellos, pero era para su bien perpetuo.  Aunque por lo pronto el castigo nunca parece bueno, a lo largo nos hace mejores personas, Al presente ninguna disciplina parece ser causa de gozo, sino de tristeza; sin embargo, a los que han sido ejercitados por medio de ella, les da después fruto apacible de justicia.” (Heb. 12:11).

Una lección muy importante es que los que sufren no necesariamente son los desafortunados.  Aunque muchos creyeron que los desterrados eran los arruinados y los que se quedaron en Judá los afortunados, Dios fue el proveedor y protector de los desterrados en la cautividad, como vemos en el caso de Daniel y sus amigos.  Dios estuvo con ellos y los puso en puestos honrados. Es una verdad histórica que cuando los judíos llegaron a Babilonia, fueron tratados razonablemente bien.

Cuando nosotros aceptamos la corrección, Dios nos favorece, “Si soportáis la disciplina, Dios os trata como a hijos…” (Heb. 12:7).  Cuando nos rebelamos contra la corrección, Dios nos repudia, “Pero si se os deja sin disciplina, de la cual todos han sido participantes, entonces sois bastardos, no hijos.” (Heb. 12:8).

Eso nos lleva a la siguiente lección, que el juicio no necesariamente quiere decir que Dios nos ha abandonado.  Mientras haya vida y aliento nunca debemos perder la esperanza de que Dios nos restaurara si nos rendimos a Sus azotes.  El castigo divino no destruye, sino sólo corrige.

Cada día que viene es la misericordia de Dios que nos da una oportunidad más para corregirnos, “Hijo mío, no menosprecies la disciplina del Señor ni desmayes cuando eres reprendido por Él, porque el Señor al que ama, disciplina, y azota a todo el que recibe por hijo.” (Heb. 12:5-6).

Piense en los que han muerto sin reconciliarse y están para siempre, eternamente y perpetuamente excluidos de la presencia de Dios, encerrados con los demonios y en la desesperación; designados a la negrura de oscuridad por toda la eternidad.  Contraste el destino de ellos con el castigo momentáneo de aquí.  Aun setenta años son cortos en comparación.

Los judíos en Babilonia no estaban en la tumba ni habían sido echados al infierno, por tanto tenían esperanza, “Si dejaran sus hijos Mi Ley y no anduvieran en Mis juicios, si profanaran Mis estatutos y no guardaran Mis mandamientos, entonces castigaré con vara su rebelión y con azotes sus maldades.  Pero no quitaré de él Mi misericordia ni faltaré a Mi fidelidad.  No olvidaré Mi pacto ni mudaré lo que ha salido de Mis labios.” (Salmos 89:30-33).

Dios siempre castiga a los que ama cuando se apartan de Su leyes, pero nunca los abandona por completo, “…Pero Tú eres un Dios de perdón, clemente y compasivo, lento para la ira y abundante en misericordia, y no los abandonaste.” (Nehemías 9:17).  Nosotros también hacemos errores hoy en día, y Dios también nos castiga, pero nunca nos abandona, si aceptamos el mal que hacemos y el castigo que viene en consecuencia.

Jeremías advirtió a la gente por muchos años que el juicio estaba llegando, basado en lo que Dios le había revelado.  Hoy tenemos otro día de juicio que viene.  Una gran separación se llevara a cabo.  El Señor Jesucristo dijo, Pero cuando el Hijo del Hombre venga en Su gloria, y todos los ángeles con El, entonces se sentará en el trono de Su gloria; y serán reunidas delante de Él todas las naciones; y separará a unos de otros, como el pastor separa las ovejas de los cabritos. Y pondrá las ovejas a Su derecha y los cabritos a Su izquierda. Entonces el Rey dirá a los de Su derecha: ‘Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo.” (Mateo 25:31-34).

En cuanto al juicio venidero y determinando donde pasara usted la eternidad, hay dos canastas – higos buenos e higos podridos, ovejas y cabras, salvados y perdidos – no hay terreno neutral, ningún punto medio.  No hay una tercera canasta para los que rehusaron obedecer la advertencia, y sin embargo fueron personas buenas o buenos ciudadanos.  Todavía hay tiempo.  Usted puede escoger en cual canasta pertenece.  El Señor Jesucristo puede tomar lo podrido y hacerlo limpio.  Pero, ¡tienes que rendirte!

“Un ser humano molda sus consecuencias tan cierto como cultiva sus bienes o su vivienda.  Nada de lo que dice, piensa o hace es sin consecuencias. (Norman Cousins​​)

“Aunque somos libres para elegir nuestras acciones, no somos libres para elegir las consecuencias de nuestras acciones.” (Stephen R. Covey)

“Recuerde una cosa de la democracia.  Podemos tener todo lo que queremos y, al mismo tiempo, siempre terminamos con exactamente lo que merecemos.” (Edward Albee)

“Todo el mundo, tarde o temprano, se sienta a un banquete de consecuencias.” (Robert Louis Stevenson)

¡Siembren para ustedes en justicia!  ¡Segad para ustedes en misericordia!  ¡Pónganse a labrar el barbecho!  ¡Ya es tiempo de buscar al Señor!, hasta que Él venga y les envíe lluvias de justicia.” (Oseas 10:12)

Acepta Tu Castigo

Acepta Tu Castigo

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Recientemente he tenido ocasión de oír personas que yo estimo confesar que se sienten indignos.  Y en verdad, ha habido ocasiones que también yo he sentido eso de mi mismo.  Si soy honesto, libremente confieso que falto muy lejos en ser la persona que anhelo ser.  Con el apóstol Pablo en Romanos 7, yo también declaro que muchas veces hago el mal que no quiero hacer, y el bien que quiero, no lo hago.  Eso me hace un pecador repetitivo y en las palabras del apóstol Pablo, una persona “miserable.”

 

Yo sospecho que muchos luchamos o hemos luchado con este sentimiento.  Algunos luchamos con este sentimiento todas nuestras vidas.  Como padres, a menudo sentimos que no hemos hecho buen trabajo – sentimos que no hemos hecho lo suficiente.  Y como maridos o esposas, también sufrimos esta tortura.  Hacemos algo necio o lastimamos a nuestro cónyuge de alguna manera, y sentimos que nuestro mejor simplemente no es suficiente.

 

La indignidad también nos afecta en nuestro servicio espiritual.  Cuando las cosas no resultan como esperábamos o queríamos, sentimos que nunca podremos ser bastante competentes.  Hay mucha gente que se ha descalificado de servir a Dios porque piensan que no son suficiente buenos; por algo que han hecho en el presente o en el pasado.

 

Los psicólogos probablemente le dirían que sentimientos de desmerecimiento no son saludables.  Los hombres a menudo gastan mucho esfuerzo en tratar de convencernos de echar fuera sentimientos de desprestigio – que esos sentimientos nos detienen de maximizar nuestro potencial humano.  Pero mi propósito en este estudio no es maximizar su potencial humano.

 

La Biblia claramente enseña que el potencial humano es pecaminoso y corrupto, por cuanto los designios de la carne son enemistad contra Dios, porque no se sujetan a la Ley de Dios, ni tampoco pueden; y los que viven según la carne no pueden agradar a Dios.” (Romanos 8:7-8).  La realidad del asunto es que tenemos buena razón por sentirnos indignos.  Cubriendo nuestros pecados e imperfecciones con una capa finita de autoestima simplemente no corrige el problema.

 

La única manera de poder entender nuestro conflicto a fondo necesitamos primero entender que hay una base bíblica por nuestros sentimientos de indignidad.  El apóstol Pablo escribió, por cuanto todos pecaron y no alcanzan la gloria de Dios.” (Romanos 3:23).  El pasaje dice “no alcanzan la gloria de Dios” en tenso presente.  No es algo que era verdad en un tiempo y después se corrigió, sino es algo que sigue siendo verdad.  Por más que hagamos siempre caemos cortos de la expectativa – eso es ser humano.

 

Todo el mundo es culpable de no ser perfecto.  Job era un hombre intachable, recto, temeroso de Dios y apartado del mal, sin embargo declaro, “¿Qué es el hombre para que sea puro, o el nacido de mujer para que sea justo?  He aquí, Dios no confía en sus santos, y ni los cielos son puros ante sus ojos; ¡cuánto menos el hombre, un ser abominable y corrompido, que bebe como agua la iniquidad!” (Job 15:14-16). 

 

Santiago, que era medio hermano del Señor, escribió, Porque todos tropezamos de muchas maneras…” (Santiago 3:2).  Y el apóstol Juan dijo, Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos…” (1 Juan 1:8).  Y nosotros no somos mejores que ellos.  Todos hemos mentido.  Todos hemos tenido malos pensamientos.  Hemos robado, engañado, sido infieles, ingratos y…pues, imperfectos por todo el tiempo que hemos vivido.  No podemos evitarlo – es parte de lo que somos. 

 

Para algunos es una parte más grande que otros; pero el punto es que todos somos personas caídas.  Y no importa que tan fuerte tratemos de hacer el bien, de ser buenos y de influir a otros a hacer y ser lo mismo, simplemente no hay manera de vivir sin hacer errores.

 

Las acciones más santas del santo más consagrado que haya vivido están todas más o menos llenas de defectos e imperfecciones.  Las obras más consagradas del ser humano son o mal en su motivo o defectuosas en su práctica.  Las obras más esplendidas del hombre en sí mismas no son más que imperfecciones esplendidas, que merecen la ira de Dios y la condenación, Todos nosotros somos como el inmundo, y como trapo de inmundicia todas nuestras obras justas…” (Isaías 64:6).

 

Este es un mensaje muy necesario para una generación de cristianos que tienen una idea exagerada de su propia importancia.  Aparte de la gracia de Dios, aun nuestros mejores esfuerzos son nada más que pecados esplendidos.  En mis mejores momentos, que son muy pocos, me doy cuenta que aun mis mejores esfuerzos caen dentro la categoría de insuficiencias esplendidas.  Este lado del cielo, todos somos un raudal demasiado triste, pero ahí es donde entra la gracia de Dios.

 

Nadie se salvara por sus obras, no importa cuán esplendidas sean.  Nuestra única esperanza del cielo es de correr hacia la cruz y echar mano de Cristo Jesús.  Todos necesitamos la ayuda divina.  Todos necesitamos la omnipotencia de la Deidad unida para sustentarnos en nuestro crecimiento espiritual.  Aun así, Dios necesita darnos fuerza para seguir adelante y ser fieles.

 

Todos somos pecadores esplendidos, perdedores adorables, desajustados miserables, y fracasos fantásticos.  Eso es todo lo que hay en la tierra – todos los perfectos están en el cielo.  Los únicos en la tierra son las personas con deficiencias graves.  El talento siempre ha sido muy escaso cuando se trata de la perfección moral.  Todo lo que Dios tiene para utilizar aquí en la tierra somos los imperfectos.

 

En el cielo todos seremos enormemente mejorados, pero por lo pronto somos obras en progreso.  Todos estamos siendo trabajados para ser presentados sin mancha delante del trono de Dios (Efesios 5:27).  Dios, como un artesano, comienza con una pieza sin forma y sin valor, con una naturaleza débil y pecaminosa, y con labor de amor la transformara en algo más precioso que el oro.  Pero hasta entonces, Dios tiene que usar personas muy desagradables que caen cortos en muchas maneras – y Él hace algunas cosas increíbles por medio de ellos.

 

Considere la lista de los héroes imperfectos de Dios.  Noé se emborracho.  Abraham mintió en cuanto a su mujer.  Jacob era un engañador.  Moisés asesino un egipcio y huyo al desierto.  Rahab era prostituta.  Sansón tenía problemas graves con la lascivia y el enojo.  David adultero y asesino para cubrir su mal.  Pablo perseguía a los cristianos.  Pedro negó a Cristo públicamente.

 

Si Dios escogiera sólo gente bien ajustada sin defectos de carácter, inevitablemente parte del crédito iría a la gente y no a Dios.  Por escoger gente defectuosa con un pasado malo, un presente fluctuante, y un futuro inseguro, Dios asegura que nadie pueda jactarse de sus hazañas, porque es Él quien hace la obra por ellos.  Dios no tolera el orgullo humano, así que escoge personas que no tienen nada de que jactarse.

 

El apóstol Pablo hace esto abundantemente claro en 1 Corintios 1:26-30, Pues considerad, hermanos, vuestro llamamiento; no hubo muchos sabios conforme a la carne, ni muchos poderosos, ni muchos nobles; sino que Dios ha escogido lo necio del mundo, para avergonzar a los sabios; y Dios ha escogido lo débil del mundo, para avergonzar a lo que es fuerte; y lo vil y despreciado del mundo ha escogido Dios; lo que no es, para anular lo que es; para que nadie se jacte delante de Dios.  Mas por obra suya estáis vosotros en Cristo Jesús, el cual se hizo para nosotros sabiduría de Dios, y justificación, y santificación, y redención, para que, tal como está escrito: EL QUE SE GLORIA, QUE SE GLORIE EN EL SEÑOR.”

 

Pablo comienza con recordarles lo que eran cuando Dios los salvo.  La palabra “llamamiento” se refiere a cuando vinieron a Cristo.  No muchos de ellos vinieron de las categorías cultas o superiores de la sociedad.  No muchos de ellos tenían lo que el mundo llama “buena educación.”  El término “nobles” se traduce en el griego como, honorable, moralmente recto, persona justa, aristócrata.  Por lo general, los corintios no venían de buen nacimiento o de linaje “sangre azul.”

 

En efecto, Pablo pone un espejo enfrente de ellos y dice, “Fíjense bien.  ¿Qué es lo que ven?”  Si eran honestos, no veían mucha gente impresionante.  La verdad es que la mayoría de ellos eran hombres y mujeres comunes, de orígenes mediocres, cuya vida había sido completamente transformada por Jesucristo.

Una verdad fundamental de la Biblia es que Dios escoge la gente muy diferente que el mundo.  Dios prefiere escoger los débiles en lugar de los fuertes.  Nunca ha sido verdad que la iglesia es poblada de las categorías altas, y aquí y allá incluye unos cuantos de las categorías bajas.  Lo opuesto es más cerca de la verdad.  La iglesia del Señor siempre ha consistido de los rechazados del mundo y incluye  algunos cuantos de entre los ricos y poderosos.  Los ricos, poderosos y nobles por lo general no creen que necesitan a Dios, pero los rechazados, los viles, los fracasados, los quebrantados sí.

 

Es elemental que usted reconozca que, “Dios ha escogido lo débil del mundo, para avergonzar a lo que es fuerte; y lo vil y despreciado del mundo ha escogido Dios; lo que no es para anular lo que es…” (1 Corintios 1:27-28).  Dios planeo el reino de esa manera.  Y ¿por qué hizo Dios esto?  ¿Con que propósito puebla Dios Su iglesia con lo peor de la humanidad?

 

Claramente, “…para que nadie se jacte delante de Dios.” (1 Corintios 1:29).  Dios quiere que todos los salvos reconozcan que no por sus propias obras son salvos, “Mas por obra suya estáis vosotros en Cristo Jesús, el cual se hizo para nosotros sabiduría de Dios, y justificación, y santificación, y redención…” (1 Corintios 1:30).

 

Nosotros nos sentimos indignos porque somos indignos.  Dios nos saco de entre la suciedad y la corrupción, Y El os dio vida a vosotros, que estabais muertos en vuestros delitos y pecados, en los cuales anduvisteis en otro tiempo según la corriente de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia, entre los cuales también todos nosotros en otro tiempo vivíamos en las pasiones de nuestra carne, satisfaciendo los deseos de la carne y de la mente, y éramos por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás.” (Efesios 2:1-3).

 

Nosotros somos salvos, no porque somos buenos o merecedores, sino por el amor de Dios, Pero Dios, que es rico en misericordia, por causa del gran amor con que nos amó, aun cuando estábamos muertos en nuestros delitos, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia habéis sido salvados), y con El nos resucitó, y con El nos sentó en los lugares celestiales en Cristo Jesús, a fin de poder mostrar en los siglos venideros las sobreabundantes riquezas de su gracia por su bondad para con nosotros en Cristo Jesús. Porque por gracia habéis sido salvados por medio de la fe, y esto no de vosotros, sino que es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe.” (Efesios 2:4-9).

 

Nosotros somos pecadores a quienes se les ha hecho un favor tremendo de ser categorizados entre los justos sin merecerlo.  Somos tratados como hijos de Dios, sin tener las cualificaciones para ser hijos de Dios.  Es cardinal que nunca olvide esta verdad divina.  En la vida espiritual, es muy saludable recordar cómo era la vida antes de conocer a Cristo.  Si puede recordar de donde comenzó, apreciara mucho más la gracia de Dios que le ha traído a donde está hoy.

 

Nosotros somos esencialmente gente carnal – la nueva creación es un cambio espiritual únicamente, no físico o mental.  Dios limpio nuestro espíritu de la culpabilidad y condenación, pero no la naturaleza física.  Estamos en el proceso de trasformación, pero la obra no está completa todavía, estando persuadido de esto, que el que comenzó en vosotros la buena obra la perfeccionaráhasta el día de Jesucristo.”  (Filipenses 1:6).

 

Cuando la Biblia dice que somos “nuevas criaturas” no quiere decir que somos hechos nuevos físicamente, mentalmente o emocionalmente.  Todavía tenemos el mismo color de cabello, la misma estatura, el mismo color de piel, etc.  Algunos somos calvos, gordos, flacos, musculosos, débiles, etc., y esto no cambia con el nuevo nacimiento.  Y lo mismo es verdad en cuanto nuestra mente – todavía tenemos los mismos temores, malas actitudes, dudas, deseos y pensamientos.

 

Es muy importante reconocer esta verdad, porque es donde muchos fracasan y nunca se desarrollan en la vida abundante.  ¡El nacimiento nuevo es espiritual solamente, y no físico o mental!  Eso quiere decir que el pecado todavía existe en nuestros cuerpos y nuestras mentes.  Nosotros tenemos que luchar y dominar el pecado en nuestros cuerpos y mentes todos los días.

Y esa lucha incluye tropiezos y caídas de muchas maneras; incluye adversidad y tentaciones que nos probaran hasta lo último.   Todavía hay mucho mal en cada uno de nosotros, nadie ha llegado al nivel que puede sentirse completamente sin culpa.  Todos tenemos cosas en nuestras vidas de que nos avergonzamos y que nos debilitan (lascivia, avaricia, glotonería), y es a esas cosas que Satanás apela para hacernos sentir indignos con el propósito de descorazonarnos y no sigamos tratando.  Satanás usa nuestras propias debilidades e ignorancias para desanimarnos.

 

Todos nosotros hemos fallado en una manera u otra, “Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos…”  Todos callemos cortos de las expectaciones de Dios en el proceso de vivir.  Todos experimentamos tentaciones en una forma u otra, y la mayoría de la veces – ¡ojalá! – tenemos bastante presencia mental para huir, pero en vez y en cuando caemos víctimas al engaño sutil de la tentación.  Eso es cuando Satanás nos acusa y nos hace sentir culpables y indignos.

 

Satanás significa adversario y diablo significa falso acusador, y esa es su tarea principal, Entonces me mostró al sumo sacerdote Josué, que estaba delante del ángel del SEÑOR; y Satanás estaba a su derecha para acusarlo.” (Zacarías 3:1).  Esto también es confirmado en el Nuevo Testamento, “Y oí una gran voz en el cielo, que decía: Ahora ha venido la salvación, el poder y el reino de nuestro Dios y la autoridad de su Cristo, porque el acusador de nuestros hermanos, el que los acusa delante de nuestro Dios día y noche, ha sido arrojado.” (Apoc. 12:10).

 

Cristo dijo que Satanás es mentiroso y padre de la mentira, …Cuando habla mentira, habla de su propia naturaleza, porque es mentiroso y el padre de la mentira.” (Juan 8:44).  Y una de sus mentiras más destructivas es que no servimos para nada porque somos indignos, a pesar de lo que Dios haya hecho o dicho.  Así que ahora nos dirigiremos a esta mentira.

 

Si esta mentira le está afectando a usted entonces está impidiendo que usted haga la voluntad de Dios.  Le está impidiendo ser la persona que Dios quiere que usted sea.  Cuando nosotros aceptamos algo que sabemos que es contrario a la voluntad de Dios, Satanás usa eso para establecer sus fortalezas en nosotros, “Para que no seamos engañados de Satanás: pues no ignoramos sus maquinaciones.” (2 Corintios 2:11).  Es vital para su salud espiritual que venza esa mentira con la verdad de Dios.

 

A pesar de todo lo que usted sienta, a pesar de lo que experimente en la vida, a pesar de lo que otros le digan, a pesar de que en vez y en cuando su conducta refleje más la vida vieja que la vida nueva en Cristo, Dios ha dicho que usted pertenece a Él, Pues no habéis recibido un espíritu de esclavitud para volver otra vez al temor, sino que habéis recibido un espíritu de adopción como hijos, por el cual clamamos: ¡Abba, Padre!  El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu de que somos hijos de Dios, y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si en verdad padecemos con El a fin de que también seamos glorificados con El.” (Romanos 8:15-17).

 

En los ojos de Dios, su vida vieja ya murió – usted es una nueva creación, tiene un corazón nuevo.  Usted tiene un nuevo Espíritu – el Espíritu de Dios.  Para Dios usted es una persona nueva.  Así que deje que su mente sea renovada por la verdad de Dios.  Nosotros sacamos nuestro merito y valor de lo que Dios dice de nosotros, y de nadie más.  ¡Nosotros somos valiosos porque Dios dice que somos!

 

Satanás usara sus propios pensamientos y sentimientos, usara su padre y madre y hermanos y marido y esposa y amigos, así como enemigos, para hacerle creer la mentira que es inservible, ¡pero no se crea!  Ni Satanás, ni su padre o madre o hermanos, ni su marido o esposa, ni sus amigos murieron en la cruz por usted más que Cristo.

 

Es Él a quien debe usted agradar y acudir y confesar sus pecados, y nadie más, Entonces, ¿qué diremos a esto?  Si Dios está por nosotros, ¿quién estará contra nosotros?  El que no eximió ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos concederá también con El todas las cosas?  ¿Quién acusará a los escogidos de Dios?  Dios es el que justifica.  ¿Quién es el que condena?  Cristo Jesús es el que murió, sí, más aún, el que resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros.” (Romanos 8:31-34).

 

Cuando usted tropiece, porque de cierto tropezara.  Cuando diga o haga algo que usted sabe que es mal; o cuando falte en hacer el bien que debe hacer.  Cuando por razón buena se sienta indigno o indigna, cuando sienta que no merece ser un siervo o sierva de Dios.  Cuando se sienta inútil, vil, culpable, y despreciable, y esté plenamente consciente de mal que hizo para sentirse así, arrepiéntase de pronto – inmediatamente.

 

No lo niegue, nunca se encapriche, no pretenda ignorancia – confiese su mala conducta al Señor.  Échese de rodillas en oración y ruego, y pida perdón y limpieza de su pecado.  Hable con su Dios como hablaría con su propio padre.  No trate de ser afectado o político con Él, desenvuelva su corazón delante de Él.

 

No se defienda, no se justifique, no ponga escusas, sólo exprese su corazón ante su Padre celestial.  Admita su indignidad, ruegue por misericordia, no por justificación.  Recuerde también que el Espíritu de Dios no acusa sino persuade y convence por Escritura y con mansedumbre, pero Satanás sólo acusa maliciosamente sin salida o alivio.

 

Aprenda del rey David, Ten piedad de mí, oh Dios, conforme a tu misericordia; conforme a lo inmenso de tu compasión, borra mis transgresiones.  Lávame por completo de mi maldad, y límpiame de mi pecado.  Porque yo reconozco mis transgresiones, y mi pecado está siempre delante de mí.  Contra ti, contra ti sólo he pecado, y he hecho lo malo delante de tus ojos, de manera que eres justo cuando hablas, y sin reproche cuando juzgas.  He aquí, yo nací en iniquidad, y en pecado me concibió mi madre.  He aquí, tú deseas la verdad en lo más íntimo, y en lo secreto me harás conocer sabiduría.  Purifícame con hisopo, y seré limpio; lávame, y seré más blanco que la nieve.  Hazme oír gozo y alegría; que se regocijen los huesos que has quebrantado.  Esconde tu rostro de mis pecados, y borra todas mis iniquidades.  Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, y renueva un espíritu recto dentro de mí.  No me eches de tu presencia, y no quites de mí tu santo Espíritu.  Restitúyeme el gozo de tu salvación, y sostenme con un espíritu de poder.” (Salmos 51:1-12).

 

Es importante que tenga en mente que Dios sabe quién es usted.  Él sabe que usted es débil, y que la tentación es aguda a veces, porque Cristo experimento lo mismo.  Él entiende que todos somos propensos al pecado.  Dios sólo quiere que seamos sinceros y verdaderos, que no nos escondamos de Él como Adán y Eva, que no pretendamos ignorancia como Caín.

 

Él quiere saber que verdaderamente odiamos el mal que hacemos, que no amamos las tinieblas más que la luz, que verdaderamente queremos caminar con Él en la luz, pero que a veces somos muy débiles.  Dios quiere saber qué deploramos el mal; que lamentamos nuestro estado carnal; que odiamos las cosas mundanas.  Dios quiere que busquemos Su rostro y Su presencia – eso Dios no rechaza, Los sacrificios de Dios son el espíritu contrito; al corazón contrito y humillado, oh Dios, no despreciarás.” Salmos 51:17).

 

Y habiendo hecho todo lo que la palabra de Dios le dice que haga; cuando haya hecho todo lo que está de su parte para reconciliarse con su Dios, entonces tenga la fe para creer que Él ha oído y perdonado su pecado.  Deje de sentirse indigno o indigna – perdónese a sí mismo.  No se consuma por demasiada tristeza y así deje que Satanás saque ventaja alguna de usted (2 Corintios 2:7).

 

Perdonarse a sí mismo es muy importante en poder influenciar a otros para el bien.  Es un hecho bien documentado que gente que duele hacen a otros doler.  Cuanto más tiempo evite perdonarse a sí, cuanto más tiempo permitirá sentimientos que usted merece sufrir por lo que hizo, lo más explosivo o explosiva se volverá y, por lo tanto, más capaz es de lastimar a otros.

 

La realidad es que usted no puede cambiar lo que sucedió.  Usted no puede restaurar las vidas a donde estaban antes que sucediera el evento.  No obstante, usted si puede hacer una diferencia en la vida de otros.  Usted puede devolver algo de lo que les quito por hallar un lugar diferente en donde invertir su tiempo y compasión.  ¡Perdónese a sí y deje que comience la curación!  Perdonarse a si cambiara la dirección de su vida.

 

Deje de creer que los sentimientos de Dios para usted están basados en que tan bueno o buena ha sido.  La realidad es que, por causa de Cristo, nuestra conducta pasada no tiene base en como Dios nos trata.  Dios acepta personas, no por el tamaño de sus pecados o por la cantidad de sus buenas obras, pero por la grandeza del sacrificio de Cristo.

 

Cristo sufrió para que nuestras faltas pudieran desaparecerse en un instante.  Todo lo que importa es que seamos honestos y abiertos con Él, y que nunca nos rindamos.  A un costo indescriptible a Si mismo, nuestro Señor ha hecho tan fácil para nosotros que tropezamos para reconciliarnos con Él, que muchos lo ven como demasiado bueno para que sea verdad.

 

¡Pero Dios es bueno! – mucho más de lo que nosotros podemos comprender.  Muchos nos preguntamos si acaso estaremos soñando, porque nuestra versión de la realidad es la pesadilla de vivir con los humanos, quienes son todos contaminados por motivos egoístas e impuros, y se tratan uno a otro correspondientemente.

 

Pero Dios es espantosamente superior a nosotros – santamente diferente – no sólo en poder pero en cualquier otro aspecto de perfección moral.  Eso quiere decir que Su generosidad, desinterés propio, bondad, perdón, y cualidades similares, son sorprendentemente superiores a todo lo que hemos encontrado en esta vida.

 

Y porque Dios es santamente benigno y santamente magnánimo ha elegido limpiar de nuestro registro celestial cada resbalón moral, si lo admitimos y nos arrepentimos, ¿Qué Dios hay como tú, que perdona la maldad del remanentede su heredad?  No retuvo para siempre su enojo, porque se deleita en la misericordia.” (Miqueas 7:18).  Todo lo que necesita es que usemos nuestro libre albedrio para darle permiso.  Dios requiere nuestro permiso porque Él ha establecido no ser un tirano temible, sino un Padre que honra nuestros deseos.

 

Dios sólo quiere que nos pongamos de acuerdo con Él de que necesitamos que nuestros defectos morales sean eliminados de los archivos celestiales, “Yo, yo soy quien borro tus rebeliones por amor de mí mismo, y no me acordaré de tus pecados.  Hazme recordar, entremos juntos a juicio.  ¡Habla tú para justificarte!” (Is. 43:25-26).   

 

Si concordamos con Dios que hicimos mal y que merecemos castigo, “…he hecho lo malo delante de tus ojos, de manera que eres justo cuando hablas, y sin reproche cuando juzgas.”  (Salmos 51:4).  Entonces Él se deleitara en perdonarnos, Si confesamos nuestros pecados,él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad.”  Esto Cristo logro por nosotros cuando sufrió el castigo completo que nuestros pecados merecían (1 Juan 1:9).

 

Es de importancia vital que hagamos la Palabra de Dios nuestra autoridad final por lo que creemos en lugar de determinar la verdad por nuestros sentimientos o experiencias.   Estamos en una lucha de vida y muerte por nuestras almas y las de los que nos rodean, por lo tanto, no deje que el enemigo le engañe que no sirve para nada porque es indigno.

 

Aunque es verdad que caemos y hacemos cosas indignas, Dios comoquiera sigue trabajando con nosotros y nos cuenta como dignos, aunque no le seamos, sólo por reconocer nuestra indignidad y aceptar la dignidad de Su Hijo unigénito que murió en la cruz por usted y yo.  No deje que la muerte de Cristo sea en vano, no deje que el diablo gane en su caso.  Nunca se quede caído o caída, levántese; mantenga su caminata y nunca deje de hacer su parte.

 

Aunque todos le digan que se rinda, ¡no se rinda!  Aunque le digan que es inútil, ¡No se crea!  Aunque se sienta indigno, ¡Recuerde que Jesús murió por los indignos!  Recuerde, también, que todos los esfuerzos de valor y excelencia son difíciles, siga arrepintiéndose, siga confesando sus pecados y acudiendo al Redentor de los debilitados, siga arrojándose sobre la misericordia del Intercesor de los mortales, hasta el último suspiro de su vida.  Sobre todo, recuerde que nadie ha caminado en sus zapatos, más que Jesús, el Cristo, y no hay ningún otro.

 

 “Cuando pequen contra ti (pues no hay hombre que no peque) y estés airado contra ellos, y los entregues delante del enemigo, y éstos los lleven cautivos a una tierra, lejana o cercana; si recapacitan en la tierra adonde hayan sido llevados cautivos, y se arrepienten y te suplican en la tierra de su cautiverio, diciendo: ‘Hemos pecado, hemos cometido iniquidad y hemos obrado perversamente’; si se vuelven a ti con todo su corazón y con toda su alma en la tierra de su cautiverio adonde hayan sido llevados cautivos, y oran vueltos hacia la tierra que diste a sus padres, hacia la ciudad que has escogido y hacia la casa que he edificado a tu nombre, escucha tú desde los cielos, desde el lugar de tu morada, su oración y sus súplicas, hazles justicia y perdona a tu pueblo que ha pecado contra ti.  Ahora, oh Dios mío, te ruego que tus ojos estén abiertos y tus oídos atentos a la oración elevada en este lugar.”  (2 Crónicas 6:36-40)

 

“Entonces dijo el Señora Satanás: ¡El Señorte reprenda,Satanás!  ¡El Señor, que ha escogido a Jerusalén, te reprenda!  ¿No es este un tizón arrebatado del incendio?  Josué, que estaba cubierto de vestiduras viles, permanecía en pie delante del ángel.  Habló el ángel y ordenó a los que estaban delante de él: Quitadle esas vestiduras viles.  Y a él dijo: Mira que he quitado de ti tu pecado y te he hecho vestir de ropas de gala.”  (Zacarías 3:2-4).

En la mitología griega hay el cuento de un cazador llamado Narciso que era afamado por su belleza.  Narciso era muy orgulloso, tanto que desdeñaba a aquellos que lo amaban.  Había una joven bella que lo amaba profundamente y él la despreció.  Para castigarlo, la diosa de la venganza lo atrajo a una piscina donde podía ver su propio reflejo.  Él se quedó sorprendido por la belleza de su reflejo, y no discernió que su reflejo era sólo una imagen y se enamoró de ella.  No pudio dejar la belleza de su reflejo y se quedó fijo en ese lugar admirando su propia belleza.  Con el tiempo descubrió que no podía tener el objeto de su deseo y murió de tristeza.  El cuento de Narciso es el origen del término narcisismo, una fijación con sí mismo.

El nombre del mítico Narciso es usado para capturar el atributo de la personalidad del narcisismo.  El trastorno narcisista de la personalidad se caracteriza fundamentalmente por un estar completamente enfocado en sí mismo, con una actitud en la que se enfatiza la auto importancia, el culto a sí mismo.  Se trata de personas con grandes deseos de originalidad, que viven pendientes de mantener y ofrecer a los demás una imagen irreal e idealizada de sí mismos con el fin de fascinarles y obtener su admiración.  Todo lo que a ellos se refiere está fuera de lo común, y hasta cuando hablan de sus problemas pretenden que éstos son “especiales”.  Es una continua necesidad de sorprender a otros para lograr fascinarles.

Cuando están solos, se escapan a un mundo de fantasía en el cual todo son triunfos, éxitos y gloria, viviendo plenamente a través de la imaginación estas situaciones, como un modo compensatorio de llevar a cabo los deseos que la vida real no es capaz de satisfacerles.  Suelen ser personas con una gran tendencia a compararse con los demás y son muy envidiosas.  Les molestan los triunfos ajenos como si éstos desluciesen su imagen, dificultando el poder ejercer su fascinación sobre los otros.

Exageran ante los demás los logros y honores que han obtenido en los diversos campos, intentando de este modo rodearse de un halo de genialidad que despierta la admiración de quienes les rodean.  Esto es muy característico, ya que necesitan ser constantemente admirados, para de este modo reafirmar la imagen idealizada que tienen de sí mismos.  Por esto, están siempre muy pendientes de las apariencias, de su imagen, de la impresión que causan en los otros y de las opiniones que los demás expresan de ellos.

Personas con altos niveles de narcisismo – narcisistas – piensan que son mejor que otros en posición social, buena apariencia, inteligencia y creatividad.  Sin embargo, no lo son.  Medidos objetivamente, son igual que todos los demás.  No obstante, los narcisistas se ven a sí mismos como fundamentalmente superior – especial, intitulados, y únicos.

Según un libro titulado “La Epidemia del Narcisismo,” escrito por dos psicólogos, ha habido un incesante aumento del trastorno mental del narcisismo en nuestra cultura.  Según ellos, este país está sufriendo una epidemia del narcisismo.  El diccionario define una epidemia como una aflicción “que afecta a… un número desproporcionadamente grande de individuos dentro de una población” y el narcisismo más que encaja esa definición.

En datos de 37,000 estudiantes universitarios, los atributos de la personalidad narcisista se elevó tan rápido como la obesidad desde el período de 1980 hasta hoy, con el cambio especialmente pronunciado en las mujeres.  El aumento del narcisismo se está acelerando, con el número aumentando más rápidamente en año 2000 que los años anteriores.  Para el año 2006, 1 de cada 4 estudiantes de la universidad concordaban con la mayoría de las clasificaciones de una medida estándar de los atributos narcisistas.

El Trastorno Narcisista de la Personalidad (TNP), la más grave versión, clínicamente diagnosticada de la característica, también es más común de lo que se pensaba.  Casi 1 de cada 10 personas en los vientes, y 1 de 16 de todas las edades, han experimentado los síntomas del TNP.  Aun estos números impactantes son sólo la punta del témpano; escondido debajo está la cultura narcisista que ha atraído a muchos más.  La epidemia narcisista se ha extendido a la cultura en lo entero, afectando tanto personas narcisistas como personas menos egocéntricas.

Según la investigación de los autores, todo comenzó con el esfuerzo para desarrollar la autoestima de algunos.  Aunque todo comenzó con buenas intenciones, ahora se ha ido al otro extremo.  Muchos han sido seducidos por el creciente énfasis en la riqueza material, el aspecto físico, culto a las celebridades, y búsqueda de atención.

Ahora el autoestima es considerado la “maravillosa droga nacional,” como que el amor propio es la solución a todos los problemas del ánimo decaído.  La frase, “No puedes amar a otros si no te amas a ti mismo” se ha hecho una expresión de moda.  Desafortunadamente, las buenas intenciones detrás de la admiración propia resultó contraproducente y ahora muchos están criando una generación de amadores de sí mismos egoístas, ensimismados y malcriados que creen que tienen más derechos que los demás, que se ven a sí mismos como el don más grande de Dios a la humanidad.

Las Santas Escrituras nos han advertido por los siglos que los seres humanos se apartarían de los valores de Dios y establecerían sus propios valores.  Según el Espíritu de Dios esos días serían peligrosos, También debes saber que en los últimos días vendrán tiempos peligrosos.  Porque los hombres serán amadores de sí mismos, avaros, jactanciosos, soberbios…”  (2 Timoteo 3:1-2).

Hoy en día hay pocos valores más ferozmente celebrados que la importancia de la auto-admiración.  La cultura de hoy es impulsada no sólo por la codicia, pero sobre todo por el amor a sí mismo.  La televisión festeja las estrellas malcriadas.  La cirugía plástica ha descendido de la alta sociedad al adolescente común, que quiere parecerse a las estrellas de Hollywood.  Una canción popular declara, sin aparente sarcasmo, “!Creo que el mundo debe girar alrededor de mí!”  Personas compran casas ostentosas con préstamos más allá de su capacidad de pagar.

El foco de la cultura en la auto-admiración ha causado una fuga de la realidad al mundo de fantasía grandiosa.  Tenemos ricos falsos (con hipotecas de puro interés y montones de deuda), la belleza falsa (con la cirugía plástica y procedimientos cosméticos), atletas falsos (con sustancias dopantes), celebridades falsas (a través de programas de realidad en la tele y YouTube), estudiantes genios falsos (con una inflación de grados), una economía nacional falsa (con 16 trillones de dólares de deuda pública), sentimientos falsos de ser especial entre los niños (con la crianza y la educación centrada en la autoestima), y amigos imaginarios (con la explosión de las redes sociales en el internet) . Toda esta fantasía quizá cría un sentimiento bueno, pero, desgraciadamente, la realidad siempre gana.  El colapso de las hipotecas y la crisis financiera resultante son sólo una muestra de cómo los deseos exagerados finalmente se estrellan a la tierra.

Pero el mal que el amor propio ha producido es más siniestro que todo eso.  La actitud del amor propio ha producido una generación de adolescentes obsesionados con su propia importancia.  Esta actitud ha generado un alto grado de comportamiento violento y agresivo en los jóvenes de hoy.  Estudiantes de secundaria golpean a sus compañeros y luego buscan atención por su violencia mediante la publicación de videos de las golpizas en YouTube.  Muchos viven preocupados con fantasías de éxito y popularidad y poder ilimitado, en lugar de ser obedientes, responsables y entregados.

Varias encuestas se han llevado a cabo que soportan el sentimiento que muchos tienen acerca de la crianza moderna, que hemos llegado a ser demasiado indulgentes, que alabamos a los niños demasiado, que tratamos a nuestros hijos casi como la realeza.  Muchos padres modernos han inocentemente cometido el error de idealizar a sus hijos en lugar de verdaderamente amarlos.   Aunque es bueno que no siempre esperemos obediencia ciega, pero creo que nos hemos desviado demasiado hacia la tendencia de obedecer a nuestros hijos en lugar de ellos obedecernos a nosotros.

Y es esto lo que ha criado un comportamiento narcisista y destructivo en nuestra sociedad.  Muchos culpan este fracaso a otras cosas, como demasiadas armas, y cosas semejantes, pero la realidad es que el mal verdadero es la condición ególatra, envanecida e orgullosa del corazón humano que se ha quedado sin las restricciones de las leyes morales de Dios.  Cuando se relajan las restricciones morales sobre la naturaleza corrompida del ser humano, siempre buscara su propio nivel narcisista – ¡todo el tiempo!

Y el comportamiento narcisista es la influencia más destructiva en las relaciones interpersonales imaginable.  Esa actitud elimina la preocupación por el bienestar de las otras personas y chupa la vida de cualquier comunicación significativa.  Ese fue el primer pecado del universo, cuando Adán y Eva se escogieron a sí mismos en lugar de a Dios, y encabeza la lista de pecados que Dios odia, “Abominación al SEÑOR es todo el que es altivo de corazón; ciertamente no quedará sin castigo.” (Proverbios 16:5; 6:16-17).

El amor propio es el pozo negro de donde escurre toda otra perversión del corazón humano, porque últimamente todo el mundo y todo lo demás se convierte en cosa innecesaria y reemplazable en la búsqueda de su insaciable lujuria.  Sin embargo, lo que es más elevado en nuestra sociedad hoy es el “yo.”  La autorrealización y el auto-determinismo y la imagen propia son muy apreciados como la esencia de la vida por nuestra cultura concupiscente.

El apóstol Pablo advirtió en su carta a Timoteo que la cultura de los últimos días seria identificada por el peligro debido a la perdida de la integridad moral.  La lista de dieciocho atributos sórdidos y deshumanizantes de esta cultura se comienza con, “amadores de sí mismos”.  Actualmente, “amadores de sí mismos” es sólo una palabra en el texto griego – philautos.  Esta palabra combinada es construida alrededor del pronombre intensivo autos que significa “yo”, y se traduce de diversas maneras – él mismo, ella misma, nosotros mismos, ellos mismos.

Esta palabra ha invadido nuestro vocabulario en una multitud de palabras combinadas – autógrafo, autobiografía, automóvil, autocrático, automática, etc.  En todas estas palabras, la idea del “yo” o “por sí mismo” es dominante.  Por ejemplo, “autobiografía” es la biografía de uno mismo – y “automóvil” es la idea de ser móvil en sí mismo.

En la palabra griega philautos, la palabra philos es añadida a la noción de sí mismo (autos).  Philos es la palabra griega común para amor y significa el tipo de amor de viene de las emociones del corazón.  Philos es mejor definido como un amor cariñoso, una afición.  Cuando somos atraídos a algo o nos sentimos emocionalmente cautivados por alguien, estamos experimentando philos.  Cuando esta palabra es añadida a la palabra autos, la palabra combinada indica que la cosa que nos emociona y a que estamos aficionados; la cosa que nos aviva y nos da gusto es nosotros mismos – philautos.

Esto, según el apóstol Pablo, será el elemento más demostrativo de la cultura de los últimos días – personas serán amadores de sí mismos (philautos).  Más que cualquier otra cosa, esta es la razón porque estamos viendo una declinación mayor en el bien y una aumentación drástica de la maldad.  Personas están comportándose egoístamente.  Están poniendo sus propios intereses delante de las necesidades y cuidados de otros.  Cada quien busca lo suyo propio.

Cuando un joven aprieta el gatillo y mata a sus compañeros de escuela, esa persona está actuando de una manera philautos.  Cuando alguien roba de otra persona, ese es un acto philautos.  De la misma manera, cuando un hombre deja a su esposa y familia por otros intereses, demuestra que él es un individuo philautos.  Aún las pequeñas cosas que hacemos todos los días en poner nuestros propios intereses delante de los demás, o en contraste de la voluntad de Dios para nuestras vidas, indica que hay un alto grado de philautos en todos nosotros.

Estos son tiempos peligrosos, difícil para soportar, tiempos de gran ansiedad.   La razón es porque el amor propio es la cualidad dominante en nuestra sociedad.  Esto produce la actitud avara, egoísta y arrogante que se ve tan prevalente en nuestra sociedad hoy.  El afecto verdadero se ha casi desaparecido y afecto innatural ahora prevalece.  Vivimos en una edad temeraria y excesiva, ya sea la velocidad de viajar, o el desperdicio del dinero, o el descuidado de vidas humanas.  Nuestra sociedad es una cultura auto-destructiva de muerte, y Satanás domina todo alrededor.

¡El pecado es el más estresante de todas las cosas!  Y estamos rodeados de pecado.  Un factor importante en enfrentarnos a estos tiempos de peligro está en enfrentar, y resistir y vencer, la propensión humana hacia ser “amadores de sí mismos” en una sociedad totalmente narcisista.  Vamos viendo las características de estos amadores de sí mismo.

Cuatro de las expresiones que Pablo usa para describir las características de los tiempos peligrosos están combinadas con el “amor” (philo), sugiriendo que la cosa fundamentalmente mal con esta gente es que su amor está mal dirigido.  En lugar de ser amadores de Dios, son amadores de sí mismos, amadores del dinero y amadores de los deleites.  Entre medio de esas cuatro expresiones vienen las otras expresiones que son enteramente descriptivas de la rotura de las relaciones de personas con una y otra.

Las primeras tres elaboran sobre el significado del amor propio.  Personas que se aman a si más que a todos los demás se hacen vanidosos, soberbios, blasfemos.”  La palabra vanidosos también significa presumidos, afectados, pretenciosos.  La palabra soberbios significa jactanciosos, orgullosos, arrogantes.  Y esas dos actitudes naturalmente nos llevan a la siguiente, blasfemos, que también se traduce detractores, groseros, maldicientes porque inevitablemente los que tienen una opinión exagerada de sí mismos siempre miran con desdén a otros y hablan mal de ellos.

Las otras cinco expresiones se pueden agrupar juntas porque se refieren a la vida familiar, y especialmente a la actitud que algunos jóvenes adoptan hacia sus padres – desobedientes a los padres, ingratos, impíos, sin afecto natural, implacables.  Las palabras griegas todas son negativas en forma y comienzan con el prefijo a-, como usamos des- o sin en el castellano, para enfatizar la falta terrible de buenas cualidades que la egolatría despoja del corazón.

Las primeras dos expresiones son desobedientes a los padres, a quienes las escrituras dice que los niños deben honrar y obedecer, y la palabra ingratos que significa malagradecidos, que están aún carentes de la apreciación básica.  La siguiente palabra es traducida impíos, que es lo opuesto a la santidad, devoción y piedad hacia Dios.  Significa la falta de respeto para cosas sagradas – irreverentes.  La tercera palabra es sin amor o sin afecto natural, también significa totalmente carente de afectos normales, o sin corazón.

La última palabra de este grupo es implacable, que también significa irreconciliable o que no perdona.  Esta palabra describe las personas que están tan rebeldes, tan irreconciliables que ni siquiera están dispuestos a venir a la mesa para negociar.  En una sociedad ideal, la relación de los hijos hacia sus padres debe caracterizarse por la obediencia, gratitud, respeto, cariño y razonabilidad.  En tiempos de estrés, tiempos difíciles y peligrosos, cuando el narcisismo está desenfrenado estas cualidades faltan, o están totalmente ausentes.

Las otras siete palabras de la lista son obviamente un ámbito más amplio que sólo la familia.  Pero también brotan del amor mal dirigido, un afecto dirigido hacia adentro, hacia sí mismos.  La primera es calumniadores (en el idioma griego diaboloi, que literalmente significa ‘demonios’), y es también traducido murmuradores o chismosos.  Estos son culpables del pecado de hablar mal de los demás, especialmente a sus espaldas. Personas narcisistas no pueden pensar o decir nada bueno de sus prójimos porque para ellos nadie tiene valor más que ellos mismos – miran a todos con desdén.

También son desenfrenados o sin templanza que significa inmoderados, malgastadores e inmorales, o ingobernables, desordenados.  La siguiente palabra es crueles, que significa brutal o salvajes – bestiales.  La otra palabra es aborrecedores de lo bueno, que significa enemigos de lo bueno o extraños a todo lo que es bueno.  Son gente que odian y detestan toda regla moral y recta.

La siguiente expresión tocante estas personas en los tiempos peligrosos es que son traidores que también significa traicioneros o engañosos (esto se usa en Lucas 6:16, del traidor Judas).   La siguiente palabra es impetuosos y también significa temerarios o arrebatados, impulsivos (totalmente desconsiderados en palabra y acción) y después engreídos, que significa hinchado con vanidad o envanecidos (implica: presuntuoso, obstinado).

Así que volvemos a la maldad básica con la que se comenzó la lista repulsiva, y ese es el orgullo.  Y todo este comportamiento insocial y antisocial – estos desobedientes, ingratos, irrespetuosos, inhumanos a los padres, junto con la ausencia de las restricciones, la lealtad, la prudencia y la humildad – es la consecuencia inevitable de un egoísmo irreligioso – ¡es la consecuencia de un estilo de vida y mentalidad narcisista!

El hombre o la mujer egoísta es como el puercoespín cuando se enrolla en una bola, y sólo presenta espinas afiladas a los que están fuera de su bola, manteniendo al mismo tiempo toda la piel suave y caliente para sí mismo dentro de su zona.  Si una persona es orgullosa, arrogante y altiva, por supuesto que nunca se sacrificara a sí mismo para servir a los demás.

El orden de Dios, claramente expresada en Su ley inmutable, es que lo amamos a Él primeramente, con todo nuestro corazón, cuerpo, mente y fuerza, en seguida a nuestro vecino y ultimo a nuestros mismos, Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con toda tu mente;y a tu prójimo como a ti mismo.” (Lucas 10:27); y también, Nada hagáis por rivalidad o por vanidad; antes bien, con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo.  No busquéis vuestro propio provecho, sino el de los demás.” (Filipenses 2:3-4).

Si invertimos el orden del primero y el tercero, poniéndonos nosotros primero y a Dios último, nuestro prójimo, que está en el medio, está destinado a sufrir.  Podemos ver cuán importante es que pongamos el “yo” en su propio lugar, y a Dios en su sitio correcto, siempre en primer lugar.  Por lo tanto, la raíz del problema de los tiempos peligrosos y difíciles es que la gente está totalmente centrada en sí misma, amadores de sí mismos.

Sólo la escrita palabra inspirada de Dios ofrece una solución radical a este problema – porque sólo Dios promete una nueva creación y un nuevo nacimiento, que implica ser totalmente transformados.  Se requiere una reorientación total de la mente y de la conducta que nos hace fundamentalmente centrados en Dios en lugar de ser centrados en sí mismos.

La persona que ama a Dios será siempre aspirante de un mayor grado de santidad, porque así se hace más como Dios.  El amor a Dios es un principio asimilador, trabaja más y más, hasta que seamos transformados poco a poco a Su imagen, Pero nosotros todos, con el rostro descubierto, contemplando como en un espejo la gloria del Señor, estamos siendo transformados en la misma imagen de gloria en gloria, como por el Señor, el Espíritu.” (2 Corintios 3:18).

Y cuando somos amadores de Dios, nunca estaremos perfectamente satisfechos con nosotros mismos, hasta que seamos liberados de la esclavitud de la carne pecaminosa, hasta que despertemos de este estado aturdido y estúpido, al mundo de los espíritus hechos perfectos, y seamos satisfechos con la semejanza de Dios.

Es sólo cuando Dios es primero y el “yo” es el último – que amaremos a la humanidad como Dios la ama, y trataremos de dar y servir como Él, como nuestro Señor y Salvador Jesucristo y nuestro Padre celestial.  Para soportar estos tiempos de peligro tenemos que resistir y vencer nuestra tendencia humana de ser “amadores de sí mismos”.   Tenemos que reemplazar el amor dirigido centrado en nosotros con el amor dirigido y centrado en Dios.  Debemos, ante todo, ser ¡amadores de Dios!

“Entonces Él se sentó, llamó a los doce y les dijo: ‘Si alguno quiere ser el primero, será el último de todos y el servidor de todos. (Marcos 9:35)

Respondió Juan…Es necesario que Él crezca, y que yo disminuya.” (Juan 3:30)

“El que se cree ser algo, no siendo nada, a sí mismo se engaña.” (Gálatas 6:3)

“El hombre arrogante suscita contiendas, mas el que confía en el SEÑOR prosperará.” (Prov. 28:25)

“Jesús es el gran maestro de la humildad del corazón.  Necesitamos diariamente aprender de Él.  ¡Mire al Maestro tomando una toalla y lavando los pies de Sus discípulos!  Seguidor de Cristo, ¿no se humillara usted?  Míralo como el Siervo de siervos, ¡y seguramente no puedes tú ser orgulloso!  ¿No es esta frase el resumen de Su biografía, “se humilló a sí mismo”?  ¿No estuvo Él en la tierra siempre quitándose primero un manto de honor y luego otro, hasta que, desnudo, fue clavado en la cruz, y allí no se vacío de Su ser más íntimo, derramando Su sangre vital, renunciando todo por nosotros, hasta que lo pusieron sin un centavo en una tumba prestada?  ¡Cuán bajo fue nuestro querido Redentor traído!  Entonces, ¿cómo podemos ser orgullosos?” (Carlos Spurgeon)

Amadores De Si Mismos

Recientemente he tenido ocasión de oír personas que yo estimo confesar que se sienten indignos.  Y en verdad, ha habido ocasiones que también yo he sentido eso de mi mismo.  Si soy honesto, libremente confieso que falto muy lejos en ser la persona que anhelo ser.  Con el apóstol Pablo en Romanos 7, yo también declaro que muchas veces hago el mal que no quiero hacer, y el bien que quiero, no lo hago.  Eso me hace un pecador repetitivo y en las palabras del apóstol Pablo, una persona “miserable.”

 

Yo sospecho que muchos luchamos o hemos luchado con este sentimiento.  Algunos luchamos con este sentimiento todas nuestras vidas.  Como padres, a menudo sentimos que no hemos hecho buen trabajo – sentimos que no hemos hecho lo suficiente.  Y como maridos o esposas, también sufrimos esta tortura.  Hacemos algo necio o lastimamos a nuestro cónyuge de alguna manera, y sentimos que nuestro mejor simplemente no es suficiente.

 

La indignidad también nos afecta en nuestro servicio espiritual.  Cuando las cosas no resultan como esperábamos o queríamos, sentimos que nunca podremos ser bastante competentes.  Hay mucha gente que se ha descalificado de servir a Dios porque piensan que no son suficiente buenos; por algo que han hecho en el presente o en el pasado.

 

Los psicólogos probablemente le dirían que sentimientos de desmerecimiento no son saludables.  Los hombres a menudo gastan mucho esfuerzo en tratar de convencernos de echar fuera sentimientos de desprestigio – que esos sentimientos nos detienen de maximizar nuestro potencial humano.  Pero mi propósito en este estudio no es maximizar su potencial humano.

 

La Biblia claramente enseña que el potencial humano es pecaminoso y corrupto, por cuanto los designios de la carne son enemistad contra Dios, porque no se sujetan a la Ley de Dios, ni tampoco pueden; y los que viven según la carne no pueden agradar a Dios.” (Romanos 8:7-8).  La realidad del asunto es que tenemos buena razón por sentirnos indignos.  Cubriendo nuestros pecados e imperfecciones con una capa finita de autoestima simplemente no corrige el problema.

 

La única manera de poder entender nuestro conflicto a fondo necesitamos primero entender que hay una base bíblica por nuestros sentimientos de indignidad.  El apóstol Pablo escribió, por cuanto todos pecaron y no alcanzan la gloria de Dios.” (Romanos 3:23).  El pasaje dice “no alcanzan la gloria de Dios” en tenso presente.  No es algo que era verdad en un tiempo y después se corrigió, sino es algo que sigue siendo verdad.  Por más que hagamos siempre caemos cortos de la expectativa – eso es ser humano.

 

Todo el mundo es culpable de no ser perfecto.  Job era un hombre intachable, recto, temeroso de Dios y apartado del mal, sin embargo declaro, “¿Qué es el hombre para que sea puro, o el nacido de mujer para que sea justo?  He aquí, Dios no confía en sus santos, y ni los cielos son puros ante sus ojos; ¡cuánto menos el hombre, un ser abominable y corrompido, que bebe como agua la iniquidad!” (Job 15:14-16). 

 

Santiago, que era medio hermano del Señor, escribió, Porque todos tropezamos de muchas maneras…” (Santiago 3:2).  Y el apóstol Juan dijo, Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos…” (1 Juan 1:8).  Y nosotros no somos mejores que ellos.  Todos hemos mentido.  Todos hemos tenido malos pensamientos.  Hemos robado, engañado, sido infieles, ingratos y…pues, imperfectos por todo el tiempo que hemos vivido.  No podemos evitarlo – es parte de lo que somos. 

 

Para algunos es una parte más grande que otros; pero el punto es que todos somos personas caídas.  Y no importa que tan fuerte tratemos de hacer el bien, de ser buenos y de influir a otros a hacer y ser lo mismo, simplemente no hay manera de vivir sin hacer errores.

 

Las acciones más santas del santo más consagrado que haya vivido están todas más o menos llenas de defectos e imperfecciones.  Las obras más consagradas del ser humano son o mal en su motivo o defectuosas en su práctica.  Las obras más esplendidas del hombre en sí mismas no son más que imperfecciones esplendidas, que merecen la ira de Dios y la condenación, Todos nosotros somos como el inmundo, y como trapo de inmundicia todas nuestras obras justas…” (Isaías 64:6).

 

Este es un mensaje muy necesario para una generación de cristianos que tienen una idea exagerada de su propia importancia.  Aparte de la gracia de Dios, aun nuestros mejores esfuerzos son nada más que pecados esplendidos.  En mis mejores momentos, que son muy pocos, me doy cuenta que aun mis mejores esfuerzos caen dentro la categoría de insuficiencias esplendidas.  Este lado del cielo, todos somos un raudal demasiado triste, pero ahí es donde entra la gracia de Dios.

 

Nadie se salvara por sus obras, no importa cuán esplendidas sean.  Nuestra única esperanza del cielo es de correr hacia la cruz y echar mano de Cristo Jesús.  Todos necesitamos la ayuda divina.  Todos necesitamos la omnipotencia de la Deidad unida para sustentarnos en nuestro crecimiento espiritual.  Aun así, Dios necesita darnos fuerza para seguir adelante y ser fieles.

 

Todos somos pecadores esplendidos, perdedores adorables, desajustados miserables, y fracasos fantásticos.  Eso es todo lo que hay en la tierra – todos los perfectos están en el cielo.  Los únicos en la tierra son las personas con deficiencias graves.  El talento siempre ha sido muy escaso cuando se trata de la perfección moral.  Todo lo que Dios tiene para utilizar aquí en la tierra somos los imperfectos.

 

En el cielo todos seremos enormemente mejorados, pero por lo pronto somos obras en progreso.  Todos estamos siendo trabajados para ser presentados sin mancha delante del trono de Dios (Efesios 5:27).  Dios, como un artesano, comienza con una pieza sin forma y sin valor, con una naturaleza débil y pecaminosa, y con labor de amor la transformara en algo más precioso que el oro.  Pero hasta entonces, Dios tiene que usar personas muy desagradables que caen cortos en muchas maneras – y Él hace algunas cosas increíbles por medio de ellos.

 

Considere la lista de los héroes imperfectos de Dios.  Noé se emborracho.  Abraham mintió en cuanto a su mujer.  Jacob era un engañador.  Moisés asesino un egipcio y huyo al desierto.  Rahab era prostituta.  Sansón tenía problemas graves con la lascivia y el enojo.  David adultero y asesino para cubrir su mal.  Pablo perseguía a los cristianos.  Pedro negó a Cristo públicamente.

 

Si Dios escogiera sólo gente bien ajustada sin defectos de carácter, inevitablemente parte del crédito iría a la gente y no a Dios.  Por escoger gente defectuosa con un pasado malo, un presente fluctuante, y un futuro inseguro, Dios asegura que nadie pueda jactarse de sus hazañas, porque es Él quien hace la obra por ellos.  Dios no tolera el orgullo humano, así que escoge personas que no tienen nada de que jactarse.

 

El apóstol Pablo hace esto abundantemente claro en 1 Corintios 1:26-30, Pues considerad, hermanos, vuestro llamamiento; no hubo muchos sabios conforme a la carne, ni muchos poderosos, ni muchos nobles; sino que Dios ha escogido lo necio del mundo, para avergonzar a los sabios; y Dios ha escogido lo débil del mundo, para avergonzar a lo que es fuerte; y lo vil y despreciado del mundo ha escogido Dios; lo que no es, para anular lo que es; para que nadie se jacte delante de Dios.  Mas por obra suya estáis vosotros en Cristo Jesús, el cual se hizo para nosotros sabiduría de Dios, y justificación, y santificación, y redención, para que, tal como está escrito: EL QUE SE GLORIA, QUE SE GLORIE EN EL SEÑOR.”

 

Pablo comienza con recordarles lo que eran cuando Dios los salvo.  La palabra “llamamiento” se refiere a cuando vinieron a Cristo.  No muchos de ellos vinieron de las categorías cultas o superiores de la sociedad.  No muchos de ellos tenían lo que el mundo llama “buena educación.”  El término “nobles” se traduce en el griego como, honorable, moralmente recto, persona justa, aristócrata.  Por lo general, los corintios no venían de buen nacimiento o de linaje “sangre azul.”

 

En efecto, Pablo pone un espejo enfrente de ellos y dice, “Fíjense bien.  ¿Qué es lo que ven?”  Si eran honestos, no veían mucha gente impresionante.  La verdad es que la mayoría de ellos eran hombres y mujeres comunes, de orígenes mediocres, cuya vida había sido completamente transformada por Jesucristo.

Una verdad fundamental de la Biblia es que Dios escoge la gente muy diferente que el mundo.  Dios prefiere escoger los débiles en lugar de los fuertes.  Nunca ha sido verdad que la iglesia es poblada de las categorías altas, y aquí y allá incluye unos cuantos de las categorías bajas.  Lo opuesto es más cerca de la verdad.  La iglesia del Señor siempre ha consistido de los rechazados del mundo y incluye  algunos cuantos de entre los ricos y poderosos.  Los ricos, poderosos y nobles por lo general no creen que necesitan a Dios, pero los rechazados, los viles, los fracasados, los quebrantados sí.

 

Es elemental que usted reconozca que, “Dios ha escogido lo débil del mundo, para avergonzar a lo que es fuerte; y lo vil y despreciado del mundo ha escogido Dios; lo que no es para anular lo que es…” (1 Corintios 1:27-28).  Dios planeo el reino de esa manera.  Y ¿por qué hizo Dios esto?  ¿Con que propósito puebla Dios Su iglesia con lo peor de la humanidad?

 

Claramente, “…para que nadie se jacte delante de Dios.” (1 Corintios 1:29).  Dios quiere que todos los salvos reconozcan que no por sus propias obras son salvos, “Mas por obra suya estáis vosotros en Cristo Jesús, el cual se hizo para nosotros sabiduría de Dios, y justificación, y santificación, y redención…” (1 Corintios 1:30).

 

Nosotros nos sentimos indignos porque somos indignos.  Dios nos saco de entre la suciedad y la corrupción, Y El os dio vida a vosotros, que estabais muertos en vuestros delitos y pecados, en los cuales anduvisteis en otro tiempo según la corriente de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia, entre los cuales también todos nosotros en otro tiempo vivíamos en las pasiones de nuestra carne, satisfaciendo los deseos de la carne y de la mente, y éramos por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás.” (Efesios 2:1-3).

 

Nosotros somos salvos, no porque somos buenos o merecedores, sino por el amor de Dios, Pero Dios, que es rico en misericordia, por causa del gran amor con que nos amó, aun cuando estábamos muertos en nuestros delitos, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia habéis sido salvados), y con El nos resucitó, y con El nos sentó en los lugares celestiales en Cristo Jesús, a fin de poder mostrar en los siglos venideros las sobreabundantes riquezas de su gracia por su bondad para con nosotros en Cristo Jesús. Porque por gracia habéis sido salvados por medio de la fe, y esto no de vosotros, sino que es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe.” (Efesios 2:4-9).

 

Nosotros somos pecadores a quienes se les ha hecho un favor tremendo de ser categorizados entre los justos sin merecerlo.  Somos tratados como hijos de Dios, sin tener las cualificaciones para ser hijos de Dios.  Es cardinal que nunca olvide esta verdad divina.  En la vida espiritual, es muy saludable recordar cómo era la vida antes de conocer a Cristo.  Si puede recordar de donde comenzó, apreciara mucho más la gracia de Dios que le ha traído a donde está hoy.

 

Nosotros somos esencialmente gente carnal – la nueva creación es un cambio espiritual únicamente, no físico o mental.  Dios limpio nuestro espíritu de la culpabilidad y condenación, pero no la naturaleza física.  Estamos en el proceso de trasformación, pero la obra no está completa todavía, estando persuadido de esto, que el que comenzó en vosotros la buena obra la perfeccionaráhasta el día de Jesucristo.”  (Filipenses 1:6).

 

Cuando la Biblia dice que somos “nuevas criaturas” no quiere decir que somos hechos nuevos físicamente, mentalmente o emocionalmente.  Todavía tenemos el mismo color de cabello, la misma estatura, el mismo color de piel, etc.  Algunos somos calvos, gordos, flacos, musculosos, débiles, etc., y esto no cambia con el nuevo nacimiento.  Y lo mismo es verdad en cuanto nuestra mente – todavía tenemos los mismos temores, malas actitudes, dudas, deseos y pensamientos.

 

Es muy importante reconocer esta verdad, porque es donde muchos fracasan y nunca se desarrollan en la vida abundante.  ¡El nacimiento nuevo es espiritual solamente, y no físico o mental!  Eso quiere decir que el pecado todavía existe en nuestros cuerpos y nuestras mentes.  Nosotros tenemos que luchar y dominar el pecado en nuestros cuerpos y mentes todos los días.

Y esa lucha incluye tropiezos y caídas de muchas maneras; incluye adversidad y tentaciones que nos probaran hasta lo último.   Todavía hay mucho mal en cada uno de nosotros, nadie ha llegado al nivel que puede sentirse completamente sin culpa.  Todos tenemos cosas en nuestras vidas de que nos avergonzamos y que nos debilitan (lascivia, avaricia, glotonería), y es a esas cosas que Satanás apela para hacernos sentir indignos con el propósito de descorazonarnos y no sigamos tratando.  Satanás usa nuestras propias debilidades e ignorancias para desanimarnos.

 

Todos nosotros hemos fallado en una manera u otra, “Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos…”  Todos callemos cortos de las expectaciones de Dios en el proceso de vivir.  Todos experimentamos tentaciones en una forma u otra, y la mayoría de la veces – ¡ojalá! – tenemos bastante presencia mental para huir, pero en vez y en cuando caemos víctimas al engaño sutil de la tentación.  Eso es cuando Satanás nos acusa y nos hace sentir culpables y indignos.

 

Satanás significa adversario y diablo significa falso acusador, y esa es su tarea principal, Entonces me mostró al sumo sacerdote Josué, que estaba delante del ángel del SEÑOR; y Satanás estaba a su derecha para acusarlo.” (Zacarías 3:1).  Esto también es confirmado en el Nuevo Testamento, “Y oí una gran voz en el cielo, que decía: Ahora ha venido la salvación, el poder y el reino de nuestro Dios y la autoridad de su Cristo, porque el acusador de nuestros hermanos, el que los acusa delante de nuestro Dios día y noche, ha sido arrojado.” (Apoc. 12:10).

 

Cristo dijo que Satanás es mentiroso y padre de la mentira, …Cuando habla mentira, habla de su propia naturaleza, porque es mentiroso y el padre de la mentira.” (Juan 8:44).  Y una de sus mentiras más destructivas es que no servimos para nada porque somos indignos, a pesar de lo que Dios haya hecho o dicho.  Así que ahora nos dirigiremos a esta mentira.

 

Si esta mentira le está afectando a usted entonces está impidiendo que usted haga la voluntad de Dios.  Le está impidiendo ser la persona que Dios quiere que usted sea.  Cuando nosotros aceptamos algo que sabemos que es contrario a la voluntad de Dios, Satanás usa eso para establecer sus fortalezas en nosotros, “Para que no seamos engañados de Satanás: pues no ignoramos sus maquinaciones.” (2 Corintios 2:11).  Es vital para su salud espiritual que venza esa mentira con la verdad de Dios.

 

A pesar de todo lo que usted sienta, a pesar de lo que experimente en la vida, a pesar de lo que otros le digan, a pesar de que en vez y en cuando su conducta refleje más la vida vieja que la vida nueva en Cristo, Dios ha dicho que usted pertenece a Él, Pues no habéis recibido un espíritu de esclavitud para volver otra vez al temor, sino que habéis recibido un espíritu de adopción como hijos, por el cual clamamos: ¡Abba, Padre!  El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu de que somos hijos de Dios, y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si en verdad padecemos con El a fin de que también seamos glorificados con El.” (Romanos 8:15-17).

 

En los ojos de Dios, su vida vieja ya murió – usted es una nueva creación, tiene un corazón nuevo.  Usted tiene un nuevo Espíritu – el Espíritu de Dios.  Para Dios usted es una persona nueva.  Así que deje que su mente sea renovada por la verdad de Dios.  Nosotros sacamos nuestro merito y valor de lo que Dios dice de nosotros, y de nadie más.  ¡Nosotros somos valiosos porque Dios dice que somos!

 

Satanás usara sus propios pensamientos y sentimientos, usara su padre y madre y hermanos y marido y esposa y amigos, así como enemigos, para hacerle creer la mentira que es inservible, ¡pero no se crea!  Ni Satanás, ni su padre o madre o hermanos, ni su marido o esposa, ni sus amigos murieron en la cruz por usted más que Cristo.

 

Es Él a quien debe usted agradar y acudir y confesar sus pecados, y nadie más, Entonces, ¿qué diremos a esto?  Si Dios está por nosotros, ¿quién estará contra nosotros?  El que no eximió ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos concederá también con El todas las cosas?  ¿Quién acusará a los escogidos de Dios?  Dios es el que justifica.  ¿Quién es el que condena?  Cristo Jesús es el que murió, sí, más aún, el que resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros.” (Romanos 8:31-34).

 

Cuando usted tropiece, porque de cierto tropezara.  Cuando diga o haga algo que usted sabe que es mal; o cuando falte en hacer el bien que debe hacer.  Cuando por razón buena se sienta indigno o indigna, cuando sienta que no merece ser un siervo o sierva de Dios.  Cuando se sienta inútil, vil, culpable, y despreciable, y esté plenamente consciente de mal que hizo para sentirse así, arrepiéntase de pronto – inmediatamente.

 

No lo niegue, nunca se encapriche, no pretenda ignorancia – confiese su mala conducta al Señor.  Échese de rodillas en oración y ruego, y pida perdón y limpieza de su pecado.  Hable con su Dios como hablaría con su propio padre.  No trate de ser afectado o político con Él, desenvuelva su corazón delante de Él.

 

No se defienda, no se justifique, no ponga escusas, sólo exprese su corazón ante su Padre celestial.  Admita su indignidad, ruegue por misericordia, no por justificación.  Recuerde también que el Espíritu de Dios no acusa sino persuade y convence por Escritura y con mansedumbre, pero Satanás sólo acusa maliciosamente sin salida o alivio.

 

Aprenda del rey David, Ten piedad de mí, oh Dios, conforme a tu misericordia; conforme a lo inmenso de tu compasión, borra mis transgresiones.  Lávame por completo de mi maldad, y límpiame de mi pecado.  Porque yo reconozco mis transgresiones, y mi pecado está siempre delante de mí.  Contra ti, contra ti sólo he pecado, y he hecho lo malo delante de tus ojos, de manera que eres justo cuando hablas, y sin reproche cuando juzgas.  He aquí, yo nací en iniquidad, y en pecado me concibió mi madre.  He aquí, tú deseas la verdad en lo más íntimo, y en lo secreto me harás conocer sabiduría.  Purifícame con hisopo, y seré limpio; lávame, y seré más blanco que la nieve.  Hazme oír gozo y alegría; que se regocijen los huesos que has quebrantado.  Esconde tu rostro de mis pecados, y borra todas mis iniquidades.  Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, y renueva un espíritu recto dentro de mí.  No me eches de tu presencia, y no quites de mí tu santo Espíritu.  Restitúyeme el gozo de tu salvación, y sostenme con un espíritu de poder.” (Salmos 51:1-12).

 

Es importante que tenga en mente que Dios sabe quién es usted.  Él sabe que usted es débil, y que la tentación es aguda a veces, porque Cristo experimento lo mismo.  Él entiende que todos somos propensos al pecado.  Dios sólo quiere que seamos sinceros y verdaderos, que no nos escondamos de Él como Adán y Eva, que no pretendamos ignorancia como Caín.

 

Él quiere saber que verdaderamente odiamos el mal que hacemos, que no amamos las tinieblas más que la luz, que verdaderamente queremos caminar con Él en la luz, pero que a veces somos muy débiles.  Dios quiere saber qué deploramos el mal; que lamentamos nuestro estado carnal; que odiamos las cosas mundanas.  Dios quiere que busquemos Su rostro y Su presencia – eso Dios no rechaza, Los sacrificios de Dios son el espíritu contrito; al corazón contrito y humillado, oh Dios, no despreciarás.” Salmos 51:17).

 

Y habiendo hecho todo lo que la palabra de Dios le dice que haga; cuando haya hecho todo lo que está de su parte para reconciliarse con su Dios, entonces tenga la fe para creer que Él ha oído y perdonado su pecado.  Deje de sentirse indigno o indigna – perdónese a sí mismo.  No se consuma por demasiada tristeza y así deje que Satanás saque ventaja alguna de usted (2 Corintios 2:7).

 

Perdonarse a sí mismo es muy importante en poder influenciar a otros para el bien.  Es un hecho bien documentado que gente que duele hacen a otros doler.  Cuanto más tiempo evite perdonarse a sí, cuanto más tiempo permitirá sentimientos que usted merece sufrir por lo que hizo, lo más explosivo o explosiva se volverá y, por lo tanto, más capaz es de lastimar a otros.

 

La realidad es que usted no puede cambiar lo que sucedió.  Usted no puede restaurar las vidas a donde estaban antes que sucediera el evento.  No obstante, usted si puede hacer una diferencia en la vida de otros.  Usted puede devolver algo de lo que les quito por hallar un lugar diferente en donde invertir su tiempo y compasión.  ¡Perdónese a sí y deje que comience la curación!  Perdonarse a si cambiara la dirección de su vida.

 

Deje de creer que los sentimientos de Dios para usted están basados en que tan bueno o buena ha sido.  La realidad es que, por causa de Cristo, nuestra conducta pasada no tiene base en como Dios nos trata.  Dios acepta personas, no por el tamaño de sus pecados o por la cantidad de sus buenas obras, pero por la grandeza del sacrificio de Cristo.

 

Cristo sufrió para que nuestras faltas pudieran desaparecerse en un instante.  Todo lo que importa es que seamos honestos y abiertos con Él, y que nunca nos rindamos.  A un costo indescriptible a Si mismo, nuestro Señor ha hecho tan fácil para nosotros que tropezamos para reconciliarnos con Él, que muchos lo ven como demasiado bueno para que sea verdad.

 

¡Pero Dios es bueno! – mucho más de lo que nosotros podemos comprender.  Muchos nos preguntamos si acaso estaremos soñando, porque nuestra versión de la realidad es la pesadilla de vivir con los humanos, quienes son todos contaminados por motivos egoístas e impuros, y se tratan uno a otro correspondientemente.

 

Pero Dios es espantosamente superior a nosotros – santamente diferente – no sólo en poder pero en cualquier otro aspecto de perfección moral.  Eso quiere decir que Su generosidad, desinterés propio, bondad, perdón, y cualidades similares, son sorprendentemente superiores a todo lo que hemos encontrado en esta vida.

 

Y porque Dios es santamente benigno y santamente magnánimo ha elegido limpiar de nuestro registro celestial cada resbalón moral, si lo admitimos y nos arrepentimos, ¿Qué Dios hay como tú, que perdona la maldad del remanentede su heredad?  No retuvo para siempre su enojo, porque se deleita en la misericordia.” (Miqueas 7:18).  Todo lo que necesita es que usemos nuestro libre albedrio para darle permiso.  Dios requiere nuestro permiso porque Él ha establecido no ser un tirano temible, sino un Padre que honra nuestros deseos.

 

Dios sólo quiere que nos pongamos de acuerdo con Él de que necesitamos que nuestros defectos morales sean eliminados de los archivos celestiales, “Yo, yo soy quien borro tus rebeliones por amor de mí mismo, y no me acordaré de tus pecados.  Hazme recordar, entremos juntos a juicio.  ¡Habla tú para justificarte!” (Is. 43:25-26).   

 

Si concordamos con Dios que hicimos mal y que merecemos castigo, “…he hecho lo malo delante de tus ojos, de manera que eres justo cuando hablas, y sin reproche cuando juzgas.”  (Salmos 51:4).  Entonces Él se deleitara en perdonarnos, Si confesamos nuestros pecados,él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad.”  Esto Cristo logro por nosotros cuando sufrió el castigo completo que nuestros pecados merecían (1 Juan 1:9).

 

Es de importancia vital que hagamos la Palabra de Dios nuestra autoridad final por lo que creemos en lugar de determinar la verdad por nuestros sentimientos o experiencias.   Estamos en una lucha de vida y muerte por nuestras almas y las de los que nos rodean, por lo tanto, no deje que el enemigo le engañe que no sirve para nada porque es indigno.

 

Aunque es verdad que caemos y hacemos cosas indignas, Dios comoquiera sigue trabajando con nosotros y nos cuenta como dignos, aunque no le seamos, sólo por reconocer nuestra indignidad y aceptar la dignidad de Su Hijo unigénito que murió en la cruz por usted y yo.  No deje que la muerte de Cristo sea en vano, no deje que el diablo gane en su caso.  Nunca se quede caído o caída, levántese; mantenga su caminata y nunca deje de hacer su parte.

 

Aunque todos le digan que se rinda, ¡no se rinda!  Aunque le digan que es inútil, ¡No se crea!  Aunque se sienta indigno, ¡Recuerde que Jesús murió por los indignos!  Recuerde, también, que todos los esfuerzos de valor y excelencia son difíciles, siga arrepintiéndose, siga confesando sus pecados y acudiendo al Redentor de los debilitados, siga arrojándose sobre la misericordia del Intercesor de los mortales, hasta el último suspiro de su vida.  Sobre todo, recuerde que nadie ha caminado en sus zapatos, más que Jesús, el Cristo, y no hay ningún otro.

 

 “Cuando pequen contra ti (pues no hay hombre que no peque) y estés airado contra ellos, y los entregues delante del enemigo, y éstos los lleven cautivos a una tierra, lejana o cercana; si recapacitan en la tierra adonde hayan sido llevados cautivos, y se arrepienten y te suplican en la tierra de su cautiverio, diciendo: ‘Hemos pecado, hemos cometido iniquidad y hemos obrado perversamente’; si se vuelven a ti con todo su corazón y con toda su alma en la tierra de su cautiverio adonde hayan sido llevados cautivos, y oran vueltos hacia la tierra que diste a sus padres, hacia la ciudad que has escogido y hacia la casa que he edificado a tu nombre, escucha tú desde los cielos, desde el lugar de tu morada, su oración y sus súplicas, hazles justicia y perdona a tu pueblo que ha pecado contra ti.  Ahora, oh Dios mío, te ruego que tus ojos estén abiertos y tus oídos atentos a la oración elevada en este lugar.”  (2 Crónicas 6:36-40)

 

“Entonces dijo el Señora Satanás: ¡El Señorte reprenda,Satanás!  ¡El Señor, que ha escogido a Jerusalén, te reprenda!  ¿No es este un tizón arrebatado del incendio?  Josué, que estaba cubierto de vestiduras viles, permanecía en pie delante del ángel.  Habló el ángel y ordenó a los que estaban delante de él: Quitadle esas vestiduras viles.  Y a él dijo: Mira que he quitado de ti tu pecado y te he hecho vestir de ropas de gala.”  (Zacarías 3:2-4).