“EL LIBRO DE ISAIAS”

PARTE UNO

  • El Periodo Asirio: Conflicto y Victoria (1-39)
  • Discursos y Profecías Centradas en Jerusalén y en Judá (1-12)

CAPÍTULO 5

La Viñay Sus Frutos

El viñedo del Señor todopoderoso, su sembrado preferido,es el país de Israel,
el pueblo de Judá. El Señor esperaba de ellos respeto a su ley,
y sólo encuentra asesinatos; esperaba justicia, y sólo escucha gritos de dolor. (Is. 5:7)

Se desconoce el tiempo exacto de la profecía en este capítulo; se considera que se habló ya sea en los días de Jotam o en el periodo más cercano del reino de Acaz. El capítulo presenta un cuadro oscuro y desagradable de un pueblo que ha sembrado la semilla de la disolución y de la lujuria y que estaban ahora segando los frutos del pecado y las consecuencias de sus acciones. Para un pueblo que se jactó de su favor especial a los ojos de Jehová y que vio por ellos en su prosperidad material bajo el reino de Uzías y de Jotam como una expresión de ese favor, las palabras de Isaías debieron haber aparecido como el grado más alto de herejía. El capítulo no contiene promesas o expresiones de la gracia divina de Dios excepto el favor que el presentó en la siembra de la viña.

La profecía cae dentro de tres secciones: (1) La canción del amado y de Su viña (vers 1-7); (2) la vendimia -uvas silvestres o malas (vers 8-23); y (3) un juicio aterrador (vers 24-30).

La Canción del Amado y de Su Viña (vers 1-7)

1 Aquí el profeta cambia su punto de vista del problema de la nación y de sus pecados; asume el papel de un poeta o cantante; enseñado por medio de una parábola poética que él canta. Presenta una bella, tierna y pintoresca escena de un amante labrador que con manos cariñosas prepara y planta una viña. Ahora cantaré (de, o sobre) por mi amado el cantar de mi amado a su viña. Tenía mi amado una viña en una ladera fértil. Imagínese a usted mismo parado mirando hacia abajo en una colina hermosamente floreada, rica y fértil abierta al sol por todos los lados – un sueño idílico. El profeta debía tener a sus oyentes imaginándose una viña exactamente sobre un sitio así. Sin embargo cualquiera que ha visitado la tierra de Palestina está consciente que muchas rocas cubren el paisaje montuoso. Requería una cantidad prodigiosa de trabajo crear allí una viña. Además de la viña misma, el énfasis parece estar sobre el Amado, Jehová, el amigo del profeta.

2 La había cercado y despedregado y plantado de vides escogidas; había edificado (con las piedras) en medio de ella una torre desde la cual la vigilaba. Anticipando una cosecha abundante, el labrador talló un lagar de una roca en la que pisaría la vendimia. Entonces esperó una rica cosecha de uvas exquisitas y deliciosas; pero, en lugar de eso, la viña trajo más adelante uvas silvestres, agrias y ásperas. ¡Qué decepción tan grande!

3 Isaías se vuelve ahora de la escena anterior de belleza a una canción de lamento y finalmente de juicio. El se dirige primero a los habitantes de Jerusalén porque, como la capital de la nación, era también el líder en la apostasía. En seguida se dirige a los hombres de Judá, porque la gente de la nación era igualmente culpable. Hablando por Jehová, el profeta llama a la gente a juzgar…entre mí y mi viña.

4 ¿Qué más podría haber hecho el Amado para realzar la belleza y productividad de la viña que El había hecho? ¿Y por qué, cuando buscó una rica cosecha, a la que ciertamente tenía derecho, encontró solo uvas silvestres y despreciables? Algo se había hecho mal.

5 El esposo procede ahora a decirle a los oyentes lo que el hará con la viña. Puesto que Él había hecho la labor de hacerla fértil, removiendo las piedras, excavando la tierra, plantando las vides y cuidando de ellas, Él tiene el justo derecho de abandonarla a la destrucción que Él considerara adecuada. El quitará el cerco y derribará la pared que protegió a la viña. ¡Permite que sea comida y pisoteada por las bestias!

6 Abandonado a si misma, sin podar y sin cavar, la viña será rápidamente invadida con cardos y espinos. Además, el Amado mandará a las nubes que no vengan, dejando a la viña sin lluvia. Aquí el juicio es ejercido a través del control divino sobre los elementos; ellos están sujetos a la voluntad de su Creador.

7 En este punto el poeta abandona el artificio poético por el hablar directo de Jehová. Isaías dice sin rodeos a sus oyentes que ha estado hablando acerca de ellos. Ciertamente la viña de Jehová de los ejércitos es la casa de Israel, y los hombres de Jehová planta deliciosa suya. Él entonces hace un juego de palabras (paronomasia) la cual pierde su significado en la traducción: Esperaba juicio (“mishpat,” hebreo), y he aquí vileza (o derramamiento de sangre) (“mispah,” hebreo); justicia (“sedakah”, hebreo), y he aquí clamor (“seakah,” hebreo). Plantada y cuidada por Jehová el pueblo disfrutó de un lugar especial en Su propósito y providencia; pero debido a que fallaron totalmente en la misión para la cual habían sido llamados, perderían ese lugar favorable. Así Job dijo, “Jehová dio, y Jehová quitó; sea el nombre de Jehová bendito” (Job 1:21).

La Cosecha: ¡Uvas Silvestres! ¡Seis Ayes! (versículos 8-23)

Con el pronunciamiento de seis ayes y una descripción vivida y severa, el profeta expone las características de una civilización corrupta. Las naciones modernas que han alcanzado un alto grado de la así llamada civilización pueden leer este capítulo y ver reflejada su propia imagen. La codicia y la avaricia así como también el alcoholismo y las diversiones sensuales características de un pueblo tan abrumado con la iniquidad que ya no pueden discernir entre lo bueno y lo malo. Se han vuelto tan sabios en su propia opinión que sienten que no tienen ninguna dependencia con respecto a Dios. Pero Dios no es burlado; tal comportamiento los lleva hacia su propio juicio y destrucción.

Ay para el terrateniente codicioso (versículos 8-10)

8 El primer ay es pronunciado contra la codicia, la avaricia, la ambición desmedida de tierras. El ay a los ricos terratenientes que compran más o adquieren de otra manera la tierra de los menos afortunados hasta que los propietarios originales las abandonan. En la ciudad, juntan casa a casa; todo lo de ellos es ahora apropiado por el rico, que sujeta al pobre a condiciones escuálidas. En el país el rico habita solo en medio de sus vastas posesiones de tierra. Miqueas, contemporáneo de Isaías, es aun más vivido en la descripción de estas condiciones: “Codician las heredades, y las roban; y casas, y las toman; oprimen al hombre y a su casa, al hombre y a su heredad” (2:2). Smith sugiere que Isaías no está tratando con problemas causados por las regulaciones del estado de la tierra, sino con los pecados del hombre, su codicia y avaricia (I. 41).

9 Jehová revela al profeta que deberá haber juicio. A mis oídos, los oídos de Isaías, Jehová revela lo que seguirá a tal codicia y opresión al prójimo, alguien cercano. Las casas así adquiridas deberán quedar asoladas, sin habitantes, cayendo dentro de un estado de decadencia.

10 Y de manera semejante la tierra, ya sea raptada por la guerra o por el hambre, o no labrada porque los habitantes se han trasladado a las ciudades, serán improductivas. Moisés le había asegurado al pueblo que el rechazo de las leyes de Dios traería una maldición sobre la tierra. No producirían su producto, y los árboles no producirían fruto (Lev 26:20; Deut 28:16-19). Este juicio divino acontecerá. La frase diez yugadas de viña es con el fin de indicar el área que una yunta de bueyes podrían arar en diez días. Esta gran área producirá una cantidad de vino ligeramente superior a ocho galones; y un homer de semilla producirá un efa, lo cual es una décima de la cantidad sembrada (una efa es un décimo de un homer). La codicia fracasa al cosechar el fruto de la expectación, por alguna razón Dios tiene una manera de llevar las ambiciones impías a la nada.

Ay para los bebedores fuertes (versículos 11-17)

11 Generalmente el hombre se levanta temprano en la mañana para dedicarse a ocupaciones útiles, pero no así el pueblo de Judá. Ellos se levantan de mañana para seguir la embriaguez. Esto no es algo ocasional, sino una practica diaria; la bebida se ha vuelto una forma de vida en el pueblo. La bebida fuerte incluye no solamente el vino de la uva sino también bebidas intoxicantes de otras fuentes diversas, especialmente “vinos hechos artificialmente de frutas, miel, pasas, dátiles, etc., incluyendo vino de cebada o de cerveza” (Delitzsch). Además, la bebida continúa hasta la noche, hasta que el vino los enciende.

12 La bebida parece haber sido siempre la maldición del opulento y del prospero. Cada nación así llamada civilizada de hoy tiene sus problemas de crimen relacionados con el alcohol, accidentes, hogares rotos, niños lisiados, y almas tan marchitadas por su uso que los espirituales que apelan al Señor son ignorados y ridiculizados (ver capítulo 28). Las juergas y el libertinaje son compañeros para la bebida –Y en sus banquetes hay arpas, vihuelas, tamboriles, flautas y vino (“en sus fiestas,” Delitzsch). Mientras que el pueblo de Judá anda en banquetes y en juergas, la estimulación encendida por el vino y la música provocativa despierta excesos sensuales. Tenemos en mente nuestra propia generación, la cual es maldecida por la misma plaga de la bebida, frecuentemente en exceso. La diferencia hoy es que agregado al consumo del alcohol, la juventud de la nación está sumida en las drogas y los narcóticos. Y los abominables “conciertos de rock,” los cuales personifican la moralidad hedonística de una nación socialmente depravada, han convertido los banquetes actuales de miles de hombres y mujeres jóvenes que son los padres y líderes del mañana.

Y no miran la obra de Jehová, ni consideran la obra de sus manos. El pueblo de ese momento, que había sucumbido a los pecados de la bebida fuerte, no estaba interesado en el propósito en el que estaba trabajando Dios todo el tiempo con Su pueblo elegido, ni estaba preocupado acerca del juicio consecuente que estaba destinado a venir. Tan poco aprenden que ellos segarán los torbellinos (Oseas 8:7) – el torbellino de la ira divina, la obra de las manos de Dios. “No mires el vino cuando rojea, /Cuando resplandece su color en la copa, /Se entra suavemente; /Mas al fin como serpiente morderá, /Y cómo áspid dará dolor” (Prov 23:31-32).

13. Por tanto (la palabra introduce una conclusión, en este caso la consecuencia de la conducta de Judá), mi pueblo fue llevado cautivo, porque no tuvo conocimiento. La cautividad es tan cierta que el profeta puede hablar de ella como si ya se estuviera llevando a cabo. En realidad las personas están en cautividad en sus propios pecados y pasiones, el resultado de apartar a Dios de sus pensamientos: “Israel no entiende, mi pueblo no tiene conocimiento” (1:3); como sus hermanos en el norte, ellos “fueron destruidos, porque le faltó conocimiento” (Oseas 4:6). Ellos están inconcientes del juicio que se ejecutará en ellos. Sus hombres ricos y honorables – hombres ricos y honorables – hombres de posición que se han celebrado en la gratificación de los deseos carnales – y la multitud que ha saciado sus deseos por el vino y la bebida fuerte al extender sus largas jornadas para beber hasta la noche, se encontrarán a si mismos hambrientos de comida y secos de sed.

14. Otro por eso indica que el juicio aun no está completo. Ensanchó su interior el Seol, y sin medida extendió su boca. El Seol, traducido “sepulcro”, “pozo”, o “infierno” en la King James, probablemente significa el sepulcro o tumba que recibe al final a todos los muertos: “Los malos serán trasladados al Seol [en este caso, el sepulcro o lo no visto],/Todas las gentes que se olvidan de Dios” (Sal 9:17); y “El Seol y el Abadón nunca se sacian [nunca se llenan]” (Prov 27:20). El Seol abre su boca con avidez como una bestia hambrienta, devorando una multitud de gente que desciende, junto con su gloria, pompa, y deleites. Todas las cosas en las que las personas se glorían serán destruidas; la nación será llevada a la cautividad, su Seol, o sepultura, donde mora lo no visto hasta el grado que sus tierras y bendiciones son afectadas.[1]

15-16. En vista de que el hombre promedio y los grandes hombres serán abatidos y humillados (ver 2:9,11,17), Jehová será exaltado en la ejecución de la justicia de Su juicio. En contraste al poco aprecio en que la gente Lo ha mantenido ahora, Él será santificado, reconocido como Santo, porque la justicia y el juicio son el cimiento de Su trono (Sal 89:14; 97:2).

17. Y cuando Jehová sea exaltado, en lugar de las fiestas voluptuosas y de las juergas de bebedores del periodo anterior, los corderos encontrarán pastura, y los maduros encontrarán alimento en medio del escombro de la ciudad y del país devastado. La tierra que una vez fue codiciada y tomada por el rico será lugar desolado para los corderos de los nómadas errantes.

Ay para los que están esclavizados al pecado (versículos 18-19)

18. En una descripción gráfica y vívida el profeta presenta el tercer ay, que describe a los hombres tirando (arrastrando) la iniquidad con cuerdas de engaño. Vemos hombres equipados en el engaño de su idolatría y de su concepto equivocado de Jehová, arrastrando sus pecados ante ellos (algunos piensan que “en” ellos) como vagones con carga muy pesada. Ellos empujarán sus pecados ante ellos, al igual que con una cuerda pesada con la que podrían estirar un vagón o una carreta pesada. Su enredo en el pecado y en la iniquidad los ha esclavizado.

19. Pero la disposición y la actitud que estos hombres demuestran hacia el Señor es aun más terrible que el enredo descrito en el vers 18. Se burlan de la advertencia de juicio de Isaías al decir, Venga ya (el Señor), apresúrese su obra, y veamos. Al hablar en un tono ligero y burlón, ellos caminarían por vista y no por fe. Pero cuando venga el juicio, “será ciertamente espanto al entender lo oído” (28:19). Entonces en una devoción burlona usan a la ligera el nombre usado con frecuencia por Isaías: y venga el consejo del Santo de Israel, para que lo sepamos! Es tan fácil actuar a la ligera e irrespetuosa cuando son cosas normales; pero cuando la tierra tiembla, los relámpagos alumbran, y el trueno terrible se pone en movimiento, es una historia diferente. Aterrorizados, buscarán cavernas y aberturas en las cuales esconderse (2:19).

Ay para los que confunden las distinciones morales (versículo 20)

20. ¡Ay de los que a lo malo dicen bueno, y a lo bueno malo; que hacen de la luz tinieblas, y de las tinieblas luz; que ponen lo amargo por luz, y lo dulce por amargo! El espíritu que ridiculiza a Dios y a Su palabra guía a una confusión de las distinciones morales en las que las personas no pueden discernir entre los valores verdaderos y falsos. Los efectos dañinos del pecado sobre el corazón y el alma encuentra la expresión total en los pensamientos y en la vida de la sociedad actual. El cuarto ay es pronunciado contra esta perversidad moral causada por la ceguera y la sordera espiritual.

La distinción entre lo bueno y lo malo es claramente establecido en el carácter moral de Dios y es dado a conocer en Su revelación al hombre; entonces, llamar a lo bueno malo, y a lo malo bueno, no lo hace así ni altera los principios eternos. La confusión de la luz y de las tinieblas en la mente del hombre lo lleva al caos moral; al final las tinieblas no pueden vencer a la luz; la luz será la victoriosa (Jn 1:5). Sin embargo el hombre endurecido podría intentar evitar las consecuencias, la dulzura momentánea del pecado debe traer inevitablemente el fruto amargo del remordimiento y de la aflicción.

Hoy la reacción general de los pecados morales ha sido tan atenuado que no hay distinción entre lo bueno y lo malo en la mente promedio. Las condiciones condenadas por el cuarto ay de Isaías parece ser la expresión de nuestra sociedad actual. El tomar es comparado con un buen momento; como en las culturas paganas el adulterio y la fornicación son considerados simplemente la gratificación de una urgencia natural o normal; la rebelión en contra de la autoridad constituida (incluyendo la destrucción de la propiedad) es considerada como una fase normal por la que pasa alguien. Pero es siempre verdad que el pecado es un desafío contra Dios, rebelión contra Su voluntad, y un esfuerzo por derribar sus estándares morales; es la sustitución de la voluntad del hombre, motivada por la lujuria, los deseos de la carne y de la mente.

Ay para los que se engañan a si mismos (versículo 21)

21. Cuando el hombre ridiculiza la palabra de Dios y de Sus profetas (vers 19), y confunde los principios de lo bueno y de lo malo (vers 20), se vuelve dependiente de su propia sabiduría falible, y ya que está apartada de Dios, es fatal en sus consecuencias. Se profeta se dirige a si mismo a un estado tal de tal acontecimiento: ¡Ay de los sabios en sus propios ojos, y de los que son prudentes delante de si mismos!. En esta búsqueda de la fuente de la sabiduría verdadera, Job concluye, “He aquí que el temor de Dios es la sabiduría, Y el apartarse del mal, la inteligencia” (Job 28:28). Tanto el pueblo como los gobernantes de la nación han caído en una penosa trampa; han abandonado a Jehová, la fuente de la verdadera sabiduría, y han creído en si mismos.

Ay para los pervertidores de la justicia (versículos 22-23)

22-23. El sexto ay es pronunciado en contra de los gobernantes cuya adicción a la bebida fuerte les evitaron gobernar con mentes claras. El profeta vuelve aquí al principio del segundo ay (vers 11-17): ¡Ay de los que son valientes para beber vino, y hombres fuertes para mezclar bebida. Lo que sigue en el vers 23 que aquellos que estaban bajo consideración fueron jueces que, en vez de ser adeptos a pronunciar juicios justos, eran expertos en mezclar bebidas fuertes; esta era su demanda a la buena reputación.

Estos jueces aceptaron el cohecho y arrebataron la justicia que era del justo; no reconocieron ni trataron justamente con los que eran rectos delante de Dios. La palabra de Oseas al Israel del norte era también aplicable a sus hermanos en el sur: “Fornicación, vino y mosto quitan el juicio.” Abandonando la verdadera sabiduría y confiando en la suya propia, “Mi pueblo a su ídolo de madera pregunta, y el leño le responde; porque espíritu de fornicación lo hizo errar, y dejaron a su Dios para fornicar” (Oseas 4:11-12).

Un Juicio Aterrador (vers 24-30)

24. En lugar de pronunciar un séptimo ay, el profeta prorrumpe con una declaración explosiva de juicio. Por tanto introduce una consecuencia basada en condiciones previamente discutidas. Con esta palabra el profeta ha introducido juicios en los vers 13 y 14; ahora dos “por tanto” (vers 24 y 25) introduce una descripción adicional de juicio. Al usar dos analogías de la naturaleza Isaías describe los juicios catastróficos: Un fuego rugiente, ya sea un fuego de pradera (como en la historia americana inicial) o un gran fuego forestal (como es experimentado hoy), y un terremoto devastador que deja las calles consteladas con cadáveres.

Como un fuego devora el rastrojo de un campo o de un bosque seco, el material quemado funde a la tierra. La raíz, que da humedad y por ello vida a la planta, deberá ser como podredumbre (en este caso, no tendrá vida); y la flor que produce el fruto se desvanecerá como polvo, las cenizas llevadas lejos con el viento ascendente. Toda esta destrucción es trazada por una causa final: porque desecharon la ley de Jehová de los ejércitos, y abominaron la palabra del Santo de Israel. Solo Israel tenía la ley y la palabra de Jehová; por tanto, se esperaba mucho de ellos. Habiendo observado con repugnancia y con desprecio a Su palabra, habían rechazado esa ley. La severidad del juicio sería igual a la de sus pecados.

25. Este cuadro de destrucción por fuego es seguida por un segundo por esta causa, que del mismo modo regresa a la causa del juicio, el abandono y el desprecio de la ley y de la palabra de Jehová. El castigo divino es visto ahora en un terrible terremoto. Su furor encendido, Jehová extendió Su mano contra Su pueblo y los castigó con tal poderío que sus montes se estremecieron o se sacudieron. En consecuencia, en lugar de la inmundicia usual acumulada en la basura de las ciudades orientales, los cuerpos muertos llenan las calles. A pesar de eso, a pesar de estos juicios destructores, el pueblo no se había arrepentido. Con todo esto no ha cesado su furor, sino que todavía su mano está extendida. ¡Hay más juicios por venir!

¿Qué había en la mente del profeta, y qué estaba ante él mientras pronunciaba esta profecía? ¿Está diciendo que el fuego de los propios deseos de la gente, su propia podredumbre de carácter moral, los destruiría? ¿Es el terremoto del cual habla Isaías aquel mencionado por Amos y por Zacarías (Amos 1:1; Zac 14:5); o se está refiriendo el profeta a las calamidades como aquellas descritas por Amos cuando habló del “diente limpio”, a la pestilencia y a la espada por la que las ciudades de Israel habían sido derribadas (Amos 4:6-11)? Tal vez Isaías estaba hablando figuradamente de la destrucción forjada en Judá por los reyes de Siria y de Israel en los días de Acaz cuando miles perecieron y otros miles fueron llevados en cautividad por Israel (2 Crón 28:5-8). Todos estas son posibilidades; alguien no puede estar seguro con exactitud de lo que estaba en la mente de Isaías. Pero independientemente de lo que el profeta tiene en mente, él enfatiza el principio básico que debido a que no había arrepentimiento, la mano de Dios está aun extendida en juicio contra Su pueblo.

26. Un juicio más terrible está en su camino. Jehová alzará un pendón – una bandera, una tela, o algún otro símbolo – en una pértiga a las naciones lejanas, y les silbará o les chiflará para que vengan pronto y velozmente. Este ejército estará bien preparado, fresco y fuerte.

27. En respuesta al llamado de Jehová, las naciones vendrán de prisa, sin dormir ni somnolientos (sin cabecear). Su atavío para la batalla estará completo, cuidadosamente ensamblado, sin que le falte nada.

28-30. Las naciones tendrán sus saetas afiladas, y todos sus arcos entesados; los cascos de sus caballos parecerán como de pedernal, y las ruedas de sus carros como torbellinos. Ellas están listas para el conflicto inmediato. Los cascos de acero de los caballos eran desconocidos en ese tiempo, así que la referencia a los cascos como de pedernal podría ser una raza especial de caballos cuya rapidez no podría ser detenida por pies delicados. Las ruedas de los carros podrían provocar un remolino de polvo mientras ellos vinieran rugiendo como leones o como cachorros doblados sobre la presa. Ellos rugirán como un león que se dobla sobre la presa y la lleva fuera del sitio para ser consumida a una distancia segura donde no hay otra bestia que la tome fuera. El total de la terrible escena es culminada con este ejército invasor semejante al bramido de un mar desbordado que traga a una tierra, como en un huracán o en una ola de la marea que deja destrucción absoluta en su estela (ver 8:5-8). Mientras la tierra es desbordada en forma semejante por un mar, uno contempla solo tinieblas y tribulación; mientras las nubes de juicio se aproximan, la luz se extinguió gradualmente hasta que las tinieblas totales abarcaron a la tierra.

Algunos setecientos años antes del periodo de Isaías, Moisés había prevenido a Israel que si ellos no ponían atención a la voz de Jehová y si ellos se volvían a los dioses de las naciones, “Jehová traerá contra ti una nación de lejos, del extremo de la tierra, que vuele como águila, nación cuya lengua no entiendas; gente fiera de rostro, que no tendrá respeto al anciano, ni perdonará al niño…[una nación que] pondrá sitio en todas tus ciudades, hasta que caigan tus muros altos y fortificados” (Deum 28:49-52). La profecía iba a ser totalmente cumplida ahora. Aun cuando en este punto Isaías no nombra a los invasores llamados por Jehová para ejecutar Su ira, él más tarde los identifica como Asiria (7:17; 8:7; 10:5, etc.). Sin embargo, debido a los esfuerzos diligentes de Isaías y de Miqueas, y a la influencia del buen rey Exequias, cuando los asirios vinieron a atacar en realidad, Jehová guardó a Judá y de Jerusalén de la destrucción, volteando al ejército asirio que venía contra Jerusalén a un mar de la muerte (37:36-38). Sin embargo Judá y Jerusalén fueron guardados en ese tiempo, Jehová dijo por medio de Isaías que vendría el día cuando el pueblo sería llevado a Babilonia (cap 39). Habacuc describe el rápido y terrible acercamiento de los caldeos en lenguaje igualmente tan gráfico como el usado por Isaías en la descripción de la venida de los asirios (Hab 1:5-11). A través de las campañas de los invasores extranjeros en contra de Israel, de Judá, y de Jerusalén, Jehová cumplió totalmente las predicciones de Moisés en Lev 26 y en Deut 28, en donde la consecuencia terrible del pecado y de la idolatría es claramente afirmado con fuerza como una advertencia a todas las naciones de todos los tiempos.

Tres profecías distintas están ahora ante nosotros: (1) La corrupción y la enfermedad del pecado desde la cabeza hasta los pies traería sobre el pueblo el juicio de la ira divina. Pero fuera de este juicio de Dios, a través de Su gracia, guardaría un remanente (cap 1). (2) Sin embargo la Sion real en el tiempo de Isaías era rebelde y maldecido por el pecado, la Sion ideal aparecería en los postreros días por medio de la corrección, el lavamiento, y la purificación en el fuego de la aflicción (caps 2-4). (3) La viña del amado había producido solo el fruto agrio del pecado, ocasionando la aproximación de las tinieblas y del juicio terrible (cap 5). Sin embargo este juicio no traería a la nación al arrepentimiento, fuera de él vendría un remanente corregido y libre de impurezas. Una y otra vez leemos de la gracia de Dios: ¡No será consumido del todo! Estas tres profecías establecen el modelo del resto del libro, y sirven como una introducción al trabajo total de Isaías.

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1. Para una discusión de la palabra Seol ver Theological Wordbook of the Old Testament, ed. R. Laird Harris (Chicago; Moody, 1980), vol. 2, p. 892; y Zondervan Pictorial Enciclopedia of the Bible, ed. Merril C. Tenney (Grand Rapids: Zondervan, 1975), vol. 5, p- 395.

Aquel día el Renuevo del SEÑOR será hermoso y lleno de gloria, y el fruto de la tierra será el orgullo y adorno de los sobrevivientes de Israel. (Is. 4:2)

“EL LIBRO DE ISAIAS”

PARTE UNO

  • El Periodo Asirio: Conflicto y Victoria (1-39)
  • Discursos y Profecías Centradas en Jerusalén y en Judá (1-12)

CAPÍTULO 4

Jerusalén la Redimida

1 El primer versículo del capítulo 4 es en realidad una continuación del mensaje del capítulo 3. En medio de la desolación las mujeres de Judá harán lo que es contrario a los estándares de las éticas sociales; siete mujeres, el número de consumación o perfección, echarán mano de un hombre siete mujeres en aquel tiempo, diciendo: Nosotras comeremos de nuestro pan, y nos vestiremos de nuestras ropas; solamente permítenos llevar tu nombre, quita nuestro oprobio. El hombre habrá sido tan diezmado por la guerra que las mujeres, en un esfuerzo por escapar de la vergüenza de no haber tenido marido y de vivir sin hijos, estarán en la buena disposición de compartir un esposo con otras mujeres de tal manera que podrían ser quitados sus reproches, sustituyendo entonces una vergüenza con otra. Ellas estarán en la buena voluntad de tomar la responsabilidad normal del esposo de proveer su comida y vestido tan solo si ellas pueden ser llamadas por el nombre de él. ¡Ah, el fruto malo del pecado! Este es el destino de Jerusalén el cual surgió tan vívidamente ante el profeta.

El Renuevo de Jehová (vers. 2)

Hemos alcanzado el final del ciclo que inicio en el capítulo 2 – desde Jerusalén la ideal a Jerusalén la real y hasta Jerusalén la redimida. El profeta inició con un cuadro de Jerusalén-Sion como Jehová se lo había propuesto (2:2-4). El entonces describe a la Jerusalén que vio en su propio tiempo, con su pecado, decadencia y corrupción. El distinguió a los gobernadores y a las mujeres altivas (2:5-4:1). Y ahora, más allá del juicio inevitable que deberá venir, el mira a Jerusalén la redimida, limpiada y purificada (4:2-6). En la primera sección Jerusalén-Sion es colocada como el centro del reino de Dios, la capital de Su reino espiritual, desde la cual partirá Su palabra y Su ley y a la que vendrán las naciones (los gentiles). La naturaleza de su reino y de su pueblo es declarado para ser no militar, y entonces diferente de las naciones de la tierra. La segunda sección expone las fallas del pueblo bajo su orden presente; son orgullosos y ponen su confianza en las armas carnales. Sus maldades deberán ser purgadas por el juicio. En la tercera sección el énfasis es sobre la nueva Jerusalén-Sion hecha gloriosa por la presencia del Renuevo y de Jehová. El nuevo orden será creado divinamente; será llevada a cabo una limpieza por Jehová. Así como el capítulo 1 sirvió como una introducción al total del libro, los capítulos 2-4 sirven como preliminar del resto del libro – el ideal, la realidad, y la redención. Jehová está trabajando en Su propósito eterno.

2 La frase en aquel tiempo siempre se refiere al tiempo indicado por el contexto. En 2:2 “lo postrero de los tiempos” apunta al tiempo del monte de Jehová en la era mesiánica, a lo que debería seguir el juicio de Judá y la devastación de la inmundicia de Sión. Por lo tanto, en aquel tiempo debe de ser entendido como lo postrero de los tiempos cuando el juicio habrá sido ejecutado y Jerusalén-Sion redimido. En ese tiempo el renuevo de Jehová será para hermosura y gloria. Isaías introduce la palabra renuevo; su significado especial es desarrollado aquí más tarde tanto por Isaías como por dos de los profetas que le siguieron. Con respecto de la lectura al margen, “retoño o brote,” Leupold comenta: “‘brote,’ o ‘retoño’ son del todo inadecuadas (traducción de la palabra hebrea). No es solo una parte de un árbol (renuevo). Es más que un pequeño inicio de brote (retoño o brote). Es la ‘cosa brotando,’ con la connotación de vitalidad abundante y vida fresca…Es mejor entendido en esta conexión como efectuando el gran trabajo de salvación que Yavé ha prometido para el bien del género humano” (I. 102). El pueblo de Dios no debía de perder de vista la promesa hecha por Jehová a la serpiente (Gén 3:15), a Abraham (Gén 12:3; 22:18), a Isaac y a Jacob, a Judá (Gén 49:9-10), y a David (2 Sam 7:11-16). David dijo que su propia salvación dependía de la promesa: Dios “ha hecho conmigo pacto perpetuo,/Ordenado en todas las cosas, y será guardado,/Aunque todavía no haga él florecer Toda mi salvación y mi deseo” (2 Sam 23:5). La promesa no es olvidada; permanece viva, y cuando el renuevo venga, será para hermosura y gloria – caracterizado por la belleza verdadera y la gloria divina, en contraste con la falsa belleza y gloria mundana descrita en el capítulo 3.

La idea del renuevo es de nuevo desarrollado por Isaías en 11:1, donde lo identifica como saliendo del linaje de Isaí, el padre de David, y en 11:10, donde lo refiere como el pendón alrededor del cual las naciones se reunirán. Cerca de unos cien años después de Isaías, Jeremías dijo, “He aquí que vienen días, dice Jehová, en que levantaré a David renuevo justo, y reinará como Rey, el cual será dichoso, y hará juicio y justicia en la tierra” (Jer 23:5). Jeremías repitió esta promesa de una forma ligeramente diferente: Jehová “haré brotar a David un Renuevo de justicia” (Jer 33:15). Y Zacarías, uno de los últimos profetas, proclamó, “He aquí, yo (Jehová) traigo a mi siervo el Renuevo” (Zac 3:8). Zacarías aún adelanta otro paso, haciendo de “Renuevo” un nombre personal: “He aquí el varón cuyo nombre es el Renuevo, el cual…se sentará y dominará en su trono, y habrá sacerdote a su lado” (Zac 6:12-13). Aquí están combinados los oficios de Rey y de Sacerdote.

Y el fruto de la tierra para grandeza y honra, majestuoso y bello, agradable a los ojos. Aunque si bien son dadas otras explicaciones del fruto de la tierra gobernada por el Renuevo, parece fuera de contexto interpretar cualquier otra manera que no sea como fruto espiritual. Hemos visto que la montaña de Jehová y de Sion-Jerusalén son actualmente el reino espiritual bajo el Mesías, y el Renuevo es el Mesías que vino a Sión en los postreros días; de esta manera, ¿por qué no podría el fruto de la tierra, la montaña a la cual viene la gente, ser de una naturaleza espiritual? Jeremías dijo que el Renuevo “hará juicio y justicia en la tierra”; por lo tanto el fruto de la tierra será el fruto espiritual de aquellos a los cuales sometieron a su reino de justicia. Este fruto será a los sobrevivientes de Israel, esto es, el remanente.

Los Sobrevivientes de Israel – El Remanente (versículos 3-4)

3 Y acontecerá que el que quedare en Sión, y el que fuere dejado en Jerusalén, será llamado santo. Aquí Isaías tiene a la vista el remanente “escogido por gracia” (Rom 11:5). El énfasis primario está en la palabra santo; mientras que en la vieja Jerusalén el énfasis ha sido sobre la jerarquía (3:2-3, 14), en la nueva Jerusalén estará sobre la santidad de vida. El hecho de que el remanente será llamado santo al Señor, lo coloca aparte y consagrado a Él, presupone que tienen un carácter personal de santidad y rectitud. Son colocados fuera de lo común o lo profano; pertenecen a la esfera de lo sagrado. Son aquellos encontrados en el registro de Dios, Su libro de la vida.

4 El remanente deberá ser llamado santo cuando el Señor lave las inmundicias de las hijas de Sión. Los adornos tan altamente estimados por las mujeres de Sión (3:16-23) son llamados inmundicias por el Señor. En lugar de ser santos, están cubiertos con la contaminación y corrupción de la cual serán lavados más adelante por el juicio de Jehová. Al mismo tiempo el Señor limpia la sangre de Jerusalén en medio de ella. Esto se refiere a la sangre derramada por asesinos (1:15), o a aquellos que murieron debido a que los gobernantes los privaron de las necesidades de la vida (3:14-15). Tanto la inmundicia de las mujeres como la sangre derramada por la nobleza deberán ser limpiadas. Esto deberá ser hecho con espíritu de juicio y con espíritu de devastación – por una ráfaga emanando del trono de Jehová. Un salmista anónimo escribió, “Justicia y juicio son el cimiento de su trono./Fuego irá delante de él, Y abrasará a sus enemigos alrededor” (Sal 97:2-3). Este espíritu o aliento de Jehová, el fuego que va adelante de Su trono, limpiará a la ciudad de su inmundicia y de su sangre.

Protección y Guía para la Nueva Sion (versículos 5-6)

5 Para ilustrar la protección a ser concedida a la nueva Sion, el profeta conduce la experiencia de Israel a su salida de Egipto y su vagabundeo por la región sin cultivar, cuando Jehová los guío y los protegió por la nube y por el fuego. Y creará Jehová sobre toda la morada del monte de Sion, y sobre los lugares de sus convocaciones, nube y obscuridad de día, y de noche resplandor de fuego que eche llamas. La palabra creará en este verso es la palabra usada en Génesis de la creación original de los cielos y de la tierra; por lo tanto se refiere a una nueva creación. En Isa 65:17-18 la misma palabra es usada tres veces. Jehová dice, “Porque he aquí yo crearé nuevos cielos y nueva tierra…Más os gozaréis y alegraréis para siempre en las cosas que yo he creado; porque he aquí que yo traigo a Jerusalén alegría, y a su pueblo gozo. Un salmista anónimo dijo, “Y el pueblo que está por nacer alabará a JAH” (Sal 102:18). El nuevo orden vendrá rodeado por una creación divina de algo que no existió antes. Esta manifestación de la presencia de Jehová estará no solamente sobre el monte de Sion en si mismo, sino también sobre la habitación total y sobre sus asambleas, dondequiera que el pueblo pudiera estar cuando vengan juntos para adorar. Esto no obstante presagia la idea de congregaciones independientes del pueblo del Señor, todas las cuales están entregadas en parte integral de la nueva Sion espiritual. Parece que la nube de humo y el fuego cubren toda la gloria de la nueva Sion, indicando la constante presencia de Jehová, tanto para dirigir como para proteger (ver Heb 13:5-6; Fil 4:5).

6 En contraste a la enramada o cabaña abandonada y desolada (1:8), deberá estar en la nueva Sion un abrigo para sombra contra el calor del día, para refugio y escondedero contra el turbión y contra el aguacero. Aquí es un lugar para protección del calor abrasante y de las tormentas de la vida, el calor abrasante de la persecución y la lluvia arrojada de las fuerzas del pecado del mundo. Dios ha provisto un escudo de protección, un lugar donde cada uno de Sus niños pudiera estar cerca de El.

Los postreros días han venido, el monte de la casa de Jehová ha sido establecido sobre los montes, y todas las naciones han venido a él por cerca de dos mil años. Dios juzga como traslada a los salvos al reino de Su amado Hijo. La maldad de Sion y los frutos de su idolatría han sido juzgados por Jehová y purgados y limpiados por un fuego desde Su presencia, saliendo su provisión redimida y hecha como un lugar de morada por Jehová. Y el bello Renuevo ha aparecido, trayendo gloria a la ciudad de la Jerusalén espiritual. Es el único reino en la tierra sostenido y extendido por una espada espiritual en vez de física; es el único lugar donde la verdadera paz puede ser encontrada.

Capítulo 04. Jerusalén la Redimida

“EL LIBRO DE ISAIAS”

PARTE UNO

  • El Periodo Asirio: Conflicto y Victoria (1-39)
  • Discursos y Profecías Centradas en Jerusalén y en Judá (1-12)

CAPITULO 3

Confusión Política y Social

La exhortación con que cierra Isaías en el segundo capítulo fue: “Dejaos del hombre, cuyo aliento está en su nariz; porque ¿de qué es él estimado?” (vers 22). Su respiración puede ser cortada en cualquier momento. En el capítulo 3 Isaías procede a mostrar la tontería de depender del hombre, y la confusión absoluta que resulta de tal confianza, porque el destino del hombre y de las naciones descansa en las manos de Dios. Tanto Jerusalén – el centro político, económico y social de la nación – y la misma nación de Judá, están en un estado cercano al colapso total, porque han dependido del hombre, y Jehová está en pie para quitar todo aquello en lo cual ellos han puesto su confianza.

Los Frutos del Pecado (versículos 1-12)

1 La proclamación de juicio rompe de nuevo sobre Jerusalén y Judá, porque el Señor Jehová de los ejércitos está en el control. El nombre Señor (adonai) indica propiedad, posesión completa; El es el dueño y señor de todo. Jehová (Yavé) es el nombre personal del Dios supremo, el nombre por el cual era conocido por Israel; El es el único eternamente existente. La frase de los ejércitos en ocasiones significa los cuerpos y seres celestiales; en otras ocasiones indica multitudes que Dios controla y dirige para llevar a cabo Su propósito. El título Jehová de los ejércitos nos dice que El es el comandante supremo de todas las fuerzas. A esto sigue una lista de doce cosas específicas sobre las que depende el pueblo y las cuales quitará el Señor (vers 1-3). (1) Quitará al sustentador y al fuerte de comida y agua, el soporte para la vida sobre lo que depende el pueblo y sin lo cual no pueden sobrevivir. Estos deberán ser quitados por el Señor, porque ellos son Suyos.

2-3 El Señor también declara que el quitará los diferentes tipos de hombres sobre los que depende Judá, los que constituían el apoyo y soporte de la nación. (2) el valiente, los héroes del pueblo, hombres de hazañas que ellos alabaron; (3) el hombre de guerra, aquellos de los que depende la nación para su defensa; (4) el juez, el gobernador o legislador del que depende el pueblo para la justicia; (5) el profeta, el vocero que tiene la representación de Jehová aunque había también falsos profetas; (6) el adivino, uno que practicaba hechicería o brujería, las formas del arte oculto; (7) el anciano, una persona mayor o miembro del consejo de la ciudad; (8) el capitán de cincuenta, un líder militar; (9) el hombre de respeto, alguien que tiene tal carácter meritorio que está colocado muy alto, posiblemente alguien cercano al rey; (10) el consejero, alguien al que el pueblo pone muy en alto para obtener una guía juiciosa y un buen consejo; (11) el artífice excelente, alguien experimentado en el arte del grabado, ya sea en metal o madera; (12) el hábil orador, un profesional que práctica la magia y la adivinación. Todos estos, que fueron considerados como un sostén para la nación, protegiéndola y sosteniéndola, serán quitados.

4 En lugar de gobernantes sabios, Jehová dará a la nación gobernantes que son jóvenes irracionales, inmaduros, e irresponsables que son en su momento dominados por una aristocracia que se sirve a si misma.

5 El pueblo se volverá como sus líderes, cada uno oprimiendo a su vecino y siendo oprimido por su vecino. Todo sentimiento de preocupación y de interés en los otros desaparecerá. Contrario a la ley de Dios (Lev 19:32), el joven deshonrará al anciano, y el hombre vil no tendrá aprecio por el hombre honorable.

6 La nación alcanzará un estado tal de opresión y de degradación general que ninguno deseará ser gobernador. Un hombre reunirá a su hermano en la casa de su padre y, sobre la base de que su hermano tiene un vestido para usarlo, insistirá en que el se convierta en príncipe, diciendo, toma en tus manos esta ruina. (Que la posesión de un vestido distinga a un hombre de los otros y lo califique para el cargo indica lo desesperante de la situación.)

7 Pero el hermano rehusará, diciendo, No tomaré ese cuidado, esto es, un cirujano o atador de heridas (recordar la condición descrita en 1:6). Dirá que no tiene los medios con los cuales hacer frente a las necesidades de la gente, rehusando que tiene ya sea pan o vestido, aún el vestido el cual su hermano reclama que él tiene. Probablemente demostró una sabiduría inusual cuando el rehúsa ser hecho príncipe.

8-9 El profeta declara ahora que arruinada está Jerusalén (ha tropezado), y Judá ha caído (moral y espiritualmente); pero de hecho el colapso total vendrá más tarde. La razón de está condición es que sus palabras (su lengua), y sus actos (sus obras) son contra Jehová; ellos rehúsan totalmente escucharlo y obedecerlo. Por su conducta irritan los ojos de su majestad. Dios mira lo que el hombre hace, y lo que ve lo provoca a la acción. La imprudencia de los habitantes de Jerusalén y de Judá está marcada sobre sus rostros, testificando contra ellos. Como hicieron los sodomitas (Gén 19), este pueblo declaró abierta y descaradamente sus pecados; no hay ningún esfuerzo en ocultarlo. Entonces, ¡Ay del alma de ellos! Ay de sus vidas, de su total existencia, porque ellos se han envilecido a si mismos pecando contra Dios.

10-11 Un principio divino observado a través de toda la Biblia es ahora anunciado: Como un hombre siembre, así deberá cosechar. Los rectos deberán comer o participar de los frutos de su rectitud, pero ¡Ay del impío! Así como él hizo le será hecho a él. Abdías expresa el mismo principio (Abd 15), como lo hace Pablo (Gál. 6:7-8). Para cosechar las bendiciones de la rectitud, el hombre deberá actuar rectamente; si él prefiere vivir malvadamente, deberá estar preparado para llevar la consecuencia. Es siempre así de simple.

12 El profeta retorna para una consideración de los gobernantes y de su influencia sobre el pueblo: Los opresores de mi pueblo son muchachos, y mujeres se enseñorean de ellos. Los gobernadores sin experiencia e inmaduros que actúan como muchachos y son controlados por mujeres dominantes no pueden dar un liderazgo sin defecto al pueblo. Mejor dicho, ellos se vuelven opresores del pueblo, llevándolos a errar y a extraviarse de la senda de Dios. Aquí el Señor tiene en la vista a los líderes políticos, pero no excluye a los falsos profetas los cuales guían al pueblo al error. Miqueas bien describe como es de fácil para un falso profeta liderar al pueblo extraviado: “Si alguno andando con espíritu de falsedad mintiere diciendo: Yo te profetizaré de vino y de sidra; este tal será el profeta de este pueblo” (Miq 2:11). El mismo principio puede ser observado hoy. Nuestro país está en el límite de la ruina política y económica debido al liderazgo defectuoso; y la iglesia ha experimentado apostasía y caos espiritual debido al liderazgo de los ancianos, predicadores, y maestros los cuales no aprecian el camino del Señor sino que siguen los suyos propios. Sin embargo, esto no excusa al pueblo, porque ellos han escogido seguirlos.

El Juicio de los Gobernantes (versículos 13-15)

13 Jehová, que está de pie listo para juzgar a los pueblos (las naciones), está también listo para entrar en una corte de juicio con los gobernantes de Su propio pueblo. En el uso del plural (pueblos) el profeta no está enfocando su atención sobre un juicio universal de las naciones. Mejor dicho, él está diciendo que así como Jehová es el Juez de las naciones, así es también el Juez de Su propia nación.

14 El juicio es dirigido directamente a los ancianos y a los príncipes -la clase gobernante. Son acusados de haber consumido la viña de Dios, esto es, Su pueblo (ver cap 5). Los botines de los pobres son encontradas en las casas de los gobernantes, testificando que han sido corruptos en sus juicios y han robado al pueblo.

15 En un tono de acalorada indignación Jehová pregunta por medio del profeta, “¿Qué pensáis vosotros que majáis mi pueblo y moléis las caras de los pobres?” El entonces usa dos palabras fuertes: los gobernantes majáis al pueblo como con una carga pesada o martillo, y los moléis como grano bajo una piedra de molino. Este es el pueblo de Dios a los cuales los gobernantes así maltrataron; su conducta está en pie condenada por el Señor, Jehová de los ejércitos (versículo 1). Ellos deberán contestarle a El.

La Acusación contra las Mujeres Vanas y Mundanas (versículos 3:16-4:1)

16-17 Repentinamente el profeta suspende la censura a los gobernantes para lanzar un rayo relampagueante contra las mujeres soberbias y altivas de Jerusalén. El considera a estas mujeres vanas y sensuales como un factor de contribución en la corrupción y caída de Judá, porque la mujer ejerce una fuerza tremenda en la formación o destrucción de una nación. Jehová acusa a estas mujeres de ser altivas, orgullosas, y arrogantes. Estas características son reveladas por su cuello erguido y sus ojos desvergonzados, su postura soberbia y su mirada seductiva. Buscan la atención por la forma en que caminan, aparentando una apariencia más delicada o juvenil danzando con los pies y usando tobilleras con campanas que tintinean. Por lo tanto – siempre considera un por lo tanto para enfocar la atención sobre las consecuencias o lo que le sigue – Por lo tanto el Señor raerá la cabeza de las hijas de Sión, y Jehová descubrirá sus vergüenzas. Para su vergüenza y humillación, las características sexuales por las cuales ellas podrían llamar la atención serán desnudadas en las manos de captores ordinarios, brutos y bárbaros.

18-23 Aquel día – el día en que el Señor destruya a las mujeres altivas (vers 17) – El quitará sus ornamentos de belleza y de vanidad; esto es, sus adornos serán tomados como botín por los conquistadores. El profeta enumera veintiún artículos apreciados por la mujer del momento, desde el atavío del calzado hasta los partidores del pelo (cintas), desde las cajas de perfume hasta los espejos, desde las ropas de gala hasta los tocados. Ni el profeta ni Pedro (1 Ped 3:1-5) condenan a los adornos de la mujer por ellos mismos. De lo que hace condena es lo que esta detrás de toda la vanidad y de la presentación externa, el carácter que la ropa y ornamento no pueden ocultar. Por debajo del destello y del oropel, de la ostentación mundana, él mira egoísmo, orgullo y la modelación de vidas sensuales delante del mundo con sus caminos de lujuria y lascivia. El cuadro es uno de conducta y carácter que son contrarios a la santidad y rectitud de Jehová. En su orgullo y lujuria estas mujeres están guiando a la nación a la ruina por medio de ejercer una gran influencia sobre su vida y su destino. ¿Por qué no pueden las mujeres cristianas de hoy, con el ideal del estándar de Cristo delante de ellas, ver la inconsistencia de la modelación de su conducta y vestido delante del mundo?

24 El carácter y conducta de las mujeres altivas de Judá llevará a un cambio completo en su fortuna. En lugar de perfumes aromáticos vendrá hediondez, el olor de descomposición; y cuerda en lugar de cinturón sobre la cintura por la cual serán guiados a la cautividad; en lugar de compostura del cabello, la corona de la belleza y gloria de la mujer, allí estará rapada, una manifestación de degradación; en lugar de ropa de gala, la ropa de gala del festival (vers. 22) uno de evento a la moda y de gala, allí será un ceñimiento de cilicio, un vestido gastado áspero y tosco pegado al cuerpo como un símbolo de angustia y de pena; y quemadura en vez de hermosura, esto es una quemadura como una esclava o cautiva. Todo esto acontecerá debido a que las mujeres de Judá se han volteado hacia el camino del mundo de la idolatría, dejando a Jehová, el Dios de sus padres, el Dios de misericordia y de amor, el que los había redimido y bendecido tan ricamente.

25-26 El juicio de Dios sobre Judá es culminado con un oscuro cuadro de muerte y de destrucción: el hombre de Judá caerá a espada; los valientes y poderosos serán destruidos en la guerra. La puerta de la ciudad, donde el pueblo se congregaba en tiempos pasados, será desocupada – un símbolo de desgracia y de lamentación. La ciudad será desolada y vacía, y la una vez orgullosa Sión se sentará sobre la tierra en postración y humillación, recibiendo entonces los frutos del pecado.

Capítulo 3 Confusión Política y Social

“EL LIBRO DE ISAIAS”

PARTE UNO

  • El Periodo Asirio: Conflicto y Victoria (1-39)
  • Discursos y Profecías Centradas en Jerusalén y en Judá (1-12)

CAPITULO 2

En los últimos tiempos quedará afirmado el monte donde se halla el templo del Señor. Será el monte más alto, más alto que cualquier otro monte. Todas las naciones vendrán a él;

Desde el oscuro cuadro de Sión como una enramada abandonada en medio de la desolación (1:8) y como una esposa infiel que ha venido a ser como una ramera (1:21), el profeta vuelve ahora al futuro y mira a Sión glorificada sobre todas las ciudades y naciones (2:1-4). Entonces él es llamado a la realidad una vez más y mira a la ciudad en su condición presente, contaminada con el pecado, el fruto de la idolatría (2:5-4:1). El ideal glorioso puede ser alcanzado solamente a través del juicio y de la limpieza por Jehová (4:2-6). Smith bien describe el cuadro en esta sección como “las tres Jerusalén”: Jerusalén la ideal (2:1-4); Jerusalén la real (2:5-4:1); y Jerusalén la redimida (4:2-6).

Aunque el Mesías por si mismo no es mencionado en el primero de estos pasajes (2:1-4), claramente pertenece al periodo mesiánico. El Mesías, referido como el renuevo de Jehová, aparece en el capítulo 4. En los capítulos 2 y 3 el énfasis está sobre Jerusalén (el monte de Sión), el centro del gobierno divino, tanto su gloria futura y su vergüenza presente. Es para esta capital divinamente señalada del reino espiritual de Dios a la cual el Mesías está para venir.

1 Isaías se introduce de nuevo a si mismo. A diferencia de 1:1, sin embargo, donde habló de la visión que vio en relación a Judá y a Jerusalén, aquí es la palabra que el vio. En cada una, la visión y la palabra, Judá y Jerusalén están en el primer plano. Ver la palabra es comprender y entender su mensaje. Cuando Juan oyó en Patmos una voz como de trompeta, él “volvió para ver la voz que hablaba con [él]” (Apoc 1:12); y al voltear, vio la fuente de ella. Así Isaías vio la visión, la palabra, y entendió ambas y su fuente; la visión y la palabra vinieron de Dios.

Jerusalén la Ideal (versículos 2-4)

2 Delitzsch dice que la expresión lo postrero de los tiempos “nunca se refiere en el curso de la historia inmediatamente enseguida al tiempo que está aconteciendo, sino que invariablemente indica el punto más lejano en la historia de esta vida – el punto que estará en los límites más lejanos del horizonte del que habla” (I.113). Esto plantea la cuestión de cual es el punto más alejado en la historia de esta vida – el punto en el que estarán los límites más alejados del horizonte del que habla.

Aproximadamente 150 años después de Isaías, Daniel usó la misma frase, los postreros días, en referencia al mismo periodo futuro: Dios a través de un sueño “ha hecho saber al rey Nabucodonosor lo que ha de acontecer en los postreros días” (Dan 2:28). El profeta procede entonces a interpretar la imagen en el sueño del rey como una pintura de cuatro imperios mundiales y los eventos a revelarse durante el final de ellos. Los cuatro imperios mundiales fueron el Babilonio, el Medo-Persa, el Macedonio y el Romano. El Imperio Romano, entonces, representaba el punto más lejano, “el punto en el cual yacerá sobre los límites más alejados del horizonte del que habla.” Entonces, los eventos de los postreros días fueron eventos que deberían ocurrir durante el periodo del Imperio Romano.

En el Nuevo Testamento hay confirmación de este entendimiento de la frase “los postreros días.” Pedro interpretó la palabra “después” en Joel 2:28 como el equivalente de “los postreros días” (Hech 2:17). El continuó entonces, “Y de cierto sobre mis siervos y sobre mis siervas en aquellos días [los días postreros] derramaré de mí Espíritu, y profetizarán” (Hech 2:18). En su siguiente sermón Pedro dijo, “Y todos los profetas desde Samuel en adelante, cuantos han hablado, también han anunciado estos días” (Hech 3:24). Pedro obviamente se refirió a su propio tiempo como “los postreros días” de los cuales los profetas hablaron. Entonces, los postreros días hablados por el profeta Isaías (los “estos días” de Pedro) son un hecho en la presente dispensación.

Además, leemos en el Nuevo Testamento que Cristo fue manifestado “en los postreros tiempos” (1 Ped 1:20 -literalmente, “en los postreros tiempos”), y que a través de Él Dios nos ha hablado (Heb 1:2, King James). Entonces, los postreros días hablados por Isaías deben ser entendidos como el periodo en el que Dios debería dar a conocer Su ley a través de Cristo Jesús y enviarla desde Jerusalén y desde Sión. Isaías estaba hablando de aquella que inició en el Pentecostés y continúa ahora. Estamos viviendo en “los postreros días”; estos son los postreros días.

Esto que debería acontecer en los postreros días fue el establecimiento de la casa de Jehová como cabeza de los montes; debería ser exaltada sobre los collados y ser universal en alcance –y correrán a él todas las naciones. El Espíritu Santo no nos ha abandonado para admirar o especular sobre el significado de la expresión el monte de la casa de Jehová, porque leemos en Zac 8:3: “Así dice Jehová: Yo he restaurado a Sión, y moraré en medio de Jerusalén; y Jerusalén se llamará Ciudad de la Verdad, y el monte de Jehová de los ejércitos, Monte de Santidad.” La gloria de este monte sobrepasaría y excedería a todos los demás.

La Sión física era la colina inclinada en la sección sudeste de Jerusalén sobre la que David construyó su fortaleza y sobre la que Salomón construyó posteriormente el templo. Vino a ser un símbolo de una fortaleza inexpugnable contra los enemigos y el lugar de la morada de Dios entre Su pueblo. La palabra Sión vino a ser usada en la profecía para referirse a la Sión espiritual por venir, esto es, la morada de Dios entre Su pueblo redimido donde encontraron seguridad y paz. Posteriormente en el libro de Isaías este punto será enfatizado y se aclarará. Sión, como el monte de la casa de Dios y del pueblo, era el lugar desde el que la ley saldría adelante y desde el cual el pueblo sería gobernado por Su palabra.

Desde el lamento de Jehová contra Babilonia en Jer 51:25 es evidente que el “monte” significa un gobierno o un asiento de gobierno: “He aquí yo estoy contra ti, oh monte destruidor, dice Jehová, que destruiste toda la tierra; y extenderé mi mano contra ti, y te haré rodar de las peñas, y te reduciré a monte quemado.” Babilonia era un monte (nación) de destrucción la cual debería ser un monte quemado; el monte de Dios, por el contrario, debería ser un gobierno o nación de refugio, paz y salvación – un monte santo exaltado sobre los otros, o, como alguien tradujo, “a la cabeza de” todos los otros.

Es bajo este monte que los cristianos señalados en el libro a los Hebreos han venido: “Porque no os habéis acercado al monte que se podía palpar [Sinaí]… sino que os habéis acercado al monte de Sión, a la ciudad del Dios vivo, Jerusalén la celestial… [la] congregación de los primogénitos que están inscritos en los cielos” (Heb 12:18-23), la cual es “la casa de Dios” (1 Tim 3:15). Delitzsch bien dice, “Lo que Dios comenzó en el Sinaí para Israel, debería ser completado en Sión [Jerusalén] para todo el mundo” (I. 116). Considerar contra las palabras de Zacarías: “Jerusalén se llamará Ciudad de la Verdad, y el monte de Jehová de los ejércitos, Monte de Santidad.” Era este santo monte el que Jehová dijo que debería ser establecido en los postreros días, y era bajo este monte y ciudad a la que vinieron los cristianos hebreos. Por esto, el monte de Isaías es el reino, la iglesia de Dios del nuevo pacto, por lo que el escritor de Hebreos concluye su argumento, “Así que, recibiendo nosotros un reino inconmovible, tengamos gratitud, y mediante ella sirvamos a Dios” (12:28).

Este monte debería ser establecido y exaltado sobre todos los otros montes; debería trascender a todos los reinos del mundo en magnificencia y grandeza. En una visión llevó a Ezequiel a la tierra de Israel y la sitúa “sobre un monte muy alto, sobre el cual había un edificio parecido a una gran ciudad, hacia la parte sur” (Eze 40:2). La piedra que fue cortada sin manos e hirió a la imagen en el sueño de Nabucodonosor se convirtió en un gran monte que hirió a toda la tierra (Dan 2:35). Los tres pasajes están hablando del mismo monte -el reino del nuevo pacto. Y correrán a él todas las naciones. En esta ciudad ideal de Dios, no solamente la nación de los judíos, sino todas las naciones (plural), todas las razas de entre los gentiles, serían incluidas. El cuadro es la de un gran torrente de pueblos fluyendo a la ciudad.

3 Y vendrán muchos pueblos, y dirán: Venid, y subamos al monte de Jehová, a la casa del Dios de Jacob; y nos enseñará sus caminos, y caminaremos por sus sendas. Porque de Sión saldrá la ley (la enseñanza o instrucción), y de Jerusalén la palabra de Jehová. Los muchos pueblos de este versículo son equivalentes a todas las naciones del versículo 2. No solamente es una gran multitud, sino que incluye individuos de entre todas las razas y tribus de los gentiles. Así como este flujo o torrente entra a la ciudad, ellos invitan a otros a unírseles, diciendo, y nos enseñará sus caminos, y caminaremos por sus sendas. En lugar de sordera y rebelión como en los días de Isaías, habrá una buena disposición para oír y una buena voluntad para caminar por sus sendas. La enseñanza siempre procede de una conducta adecuada. Isaías más tarde dijo, “Y todos tus hijos serán enseñados por Jehová; y se multiplicará la paz de tus hijos” (54:13). Jesús repetidamente enfatizó este punto (Jn 6:44-45; Mt 28:18-20). Así desde el centro espiritual del gobierno divino la ley y la palabra de Dios irán adelante a todo el mundo.

4 Y juzgará entre las naciones, y reprenderá a muchos pueblos: Dios será el árbitro o juez final en todos los asuntos. Puesto que las naciones vendrán a Sión para aprender Su ley y para caminar en Sus sendas, la palabra de Dios será el estándar sobre la cual todos los asuntos serán juzgados. Este principio es claramente tomado a través de todo el Nuevo Testamento. También, Dios seguirá adelante para juzgar y ejecutar venganza sobre las naciones terrenales que no escucharon a Su palabra ni a Su gobernante divinamente señalado (Sal 2; Miq 5:15). Dios juzgará quien está y quien no está en el reino (ver también Heb 12:23). El profeta señala las características de los ciudadanos: y volverán sus espadas en rejas de arado, y sus lanzas en hoces; no alzará espada nación contra nación, ni se adiestrarán más para la guerra. Aquí el profeta ciertamente no está hablando del mundo, porque su gente peleará de continuo, sino que de todas las naciones y muchos pueblos que vendrán al monte de la casa de Jehová. Está describiendo el carácter de los ciudadanos del nuevo reino. En el monte santo ellos no se adiestrarán más para la guerra. “No harán mal ni dañarán en todo mi santo monte” (11:9). Isaías no está describiendo una situación futura en la cual las naciones del mundo no pelearán guerras; las guerras siempre serán libradas. Él está describiendo el carácter del reino de los postreros días, al cuales habían llegado los santos hebreos (Heb 12:18-29), y al que los hombres de todas las naciones pueden y deben venir hoy.

Por medio de Zacarías, un profeta cerca de dos siglos después de Isaías, Dios dijo: “Alégrate mucho, hija de Sión; da voces de júbilo, hija de Jerusalén; he aquí un rey vendrá a ti.” En esta profecía vemos al Rey, al que deberemos considerar más tarde, viniendo a la ciudad descrita por Isaías. “Él es justo y salvador, humilde, y cabalgando sobre un asno, sobre un pollino hijo de asna. Y de Efraín destruiré los carros, y los caballos de Jerusalén y los arcos de guerra serán quebrados; y hablará paz a las naciones, y se señorío será de mar a mar, y desde el río hasta los fines de la tierra” (Zac 9:9-10; Ose 2:18). Zac 9:9 es citado por Mateo (21:5) y aplicado a la entrada triunfal de Cristo a la ciudad de Jerusalén. Era, entonces, en Su reino que los implementos de guerra serían quitados; Él hablaría de paz a las naciones. Esto lo dijo, como es registrado en los evangelios y por Pablo: “Y vino y anunció las buenas nuevas de paz a vosotros los que estabais lejos, y a los que estaban cerca” (Ef 2:17). Tanto Isaías como Zacarías describen el carácter del reino de Dios bajo Cristo, contrastándolo contra el reino de la vieja economía. El nuevo reino no debería ser extendido o defendido por armas de guerra carnales; sus armas son espirituales (2 Cor 10:3-5; 6:10-17).

La Corrupción: El Pueblo ha dejado a Jehová (versículos 5-11)

5 Como si fuera golpeado por el duro puño de la realidad, el profeta observa desde el ideal de la gloria futura de Israel a la corrupción de sus días. Puesto que en la era ideal de los gentiles deberá decir, “Venid, y subamos al monte de Jehová… [y] caminemos en sus sendas” (vers 3), es del todo apropiado decir ahora, Venid, oh casa de Jacob, y caminaremos a la luz de Jehová. Solamente de esta manera el ideal podría aún ser alcanzado.

6 Con un cambio abrupto en la persona (s) a las que se dirige – de los judíos a Dios – Isaías señala que Dios ha abandonado a Su pueblo, arrojados y dejados a sus propios consejos. Isaías declara entonces que la razón de este rechazo es la corrupción encontrada en la tierra. El más adelante expone este estado de decadencia mediante el uso de la palabra lleno (o llenados) cuatro veces: (1) El pueblo de Jacob está lleno de costumbres paganas traídas del oriente, desde el Eufrates a través de Arabia a Elam, el puerto marítimo sobre el Golfo de Aqaba. Abandonando a Jehová y Su palabra, el pueblo escogido de Dios se volvió a los agoreros -una palabra de significado incierto, pero asociada con alguna forma de idolatría prohibida por el Señor (Lev 18:26; Deut 18:10-12) – como los filisteos, sus vecinos paganos del sudoeste. Y Pactan con (“se complacen en ellos mismos,” King James) hijos de extranjeros indica que ellos encuentran placer en la asociación con los extranjeros y disfrutan con las formas paganas en lugar de en su propia separación divinamente señalada.

7 (2) Su tierra está llena de plata y oro y los tesoros que estos pueden comprar. (3) Está llena de caballos y carros, que habían sido prohibidos en la ley (Deut 17:16). El total de esta acumulación de riqueza material y de poder guiaron a los judíos a olvidar su dependencia de Dios.

8 (4) Lo más trágico de todo, su tierra está llena de ídolos; adoraron la creación de sus propias manos (para la tontería de esto, ver el comentario sobre 44:9-20). El total de estas cuatro condiciones estaban en violación directa de la ley; por esta razón Jehová desechó a Su pueblo.

9 Los pecados que los guiaban a estas condiciones traerían juicios sobre ellos; tanto el hombre ordinario de bajo rango y el hombre de alto grado deberían ser postrados, rebajados, humillados grandemente. La situación estaba tan mala que los profetas clamaron, no los perdones, porque él no puede ver ninguna esperanza de cambio.

10 En vista del juicio inminente, el profeta urge al pueblo a buscar refugio en cuevas entre las rocas, o a ir debajo de la tierra, de tal manera que pudieran escapar del terror de la presencia de Dios y el resplandor o excelencia de Su majestad.

11 Debido a su idolatría, su orgullo y arrogancia, su acumulación de riqueza, y el consecuente alejamiento de Dios de sus pensamientos, la gente deberá ser abatida, la nación deberá ser humillada. En la humillación de ésta gente vana y altiva, Jehová solo será exaltado en aquel día. ¡Esto debería ser una lección para los ateos, el mundo materialista de hoy!

El Juicio: Un Día de Jehová (versículos 12-22)

12 El orgullo y la arrogancia podrán existir, pero tomará un día de Jehová derribarlas. Será un día escogido por el Señor, un día de juicio, la ejecución de la ira de Dios sobre el malvado y la liberación de los rectos de aquellos que destruyen el camino del Señor. Cuando ese día venga, sobre todo enaltecido, y será abatido, derrumbado.

13-16 El profeta procede a enumerar cuatro pares de cosas encumbradas que serán abatidas cuando venga el día del Señor: (1) los cedros del Líbano y las encinas de Basán; (2) los montes altos y los collados elevados; (3) toda torre alta y todo muro fuerte; (4) todas las naves de Tarsis y todas las pinturas preciadas (o artículos de arte traídos de países lejanos). Los comentaristas están indecisos sobre como deben ser interpretados estos objetos a ser abatidos. ¿Son figuras simbólicas del lenguaje (metonimias), o deben ser tomadas literalmente? Es plausible interpretar las primeras dos parejas como símbolos de hombres grandes y de reinos altos, pero los segundos dos pares son difíciles para interpretarlos figuradamente. En consecuencia, la mayoría de los comentaristas interpretan estos objetos literalmente: los cedros del Líbano y las Encinas de Basán, muy apreciadas por los antiguos, sufrirán destrucción en el juicio; las montañas y los collados serán desnudados en el proceso. Las torres altas y las ciudades fortificadas serán literalmente destruidas, como lo serán las poderosas naves que se desplazan en el mar a partes tan lejanas del occidente como Tarsis en España. Leupold sugiere que pudiera ser que no estuviera tan fuera de orden: “Podríamos tener aquí un tipo de descripción figurada a medias en la cual la parte literal y figurada se entremezclan indivisiblamente” (I. 83).

17-18 Las cuatro pares de cosas que hemos estado discutiendo podrían bien estar apuntando a un quinto par para ser abatido por el juicio de Dios: La altivez del hombre será abatida, y la soberbia de los hombres será humillada. Todo lo que el hombre ha apreciado como soberbio y altivo, junto con su propio orgullo y altivez, serán humillados. Por segunda vez el profeta dice, y solo Jehová será exaltado en aquel día (ver vers 11) – el día de Jehová. Cuando cada cosa que exalta el hombre, incluido el mismo, es traído a juicio, Dios, y solamente la verdad eterna y permanente, y Su palabra, la verdad absoluta, deberá resaltar claramente. Y quitará totalmente los ídolos; los dioses que ellos representan son entonces exhibidos como ficciones inexistentes de la imaginación, incapaces de salvar.

19 En el terror del “día de Jehová” el hombre buscará meterse en las cavernas de las peñas y en las aberturas de la tierra – cualquier lugar que ofrezca refugio de la ira de Dios (ver. Ose 10:8; Luc 23:30; Apoc 6:16-17). Lo que está a la vista aquí son juicios temporales. El temblor de la tierra se refiere a un sacudimiento del mundo de los malvados, no a un temblor literal.

20-21 Cuando Dios sacuda la tierra, el pueblo arrojará a sus ídolos más costosos a los topos y murciélagos que se ocultan en madrigueras debajo de la tierra o en cavernas. Aquellos ídolos serán un impedimento para los pecadores asustados mientras que ellos buscan refugio del terror de Jehová y su exaltada majestuosidad.

22 Hay una exhortación final: Dejaos del hombre y de la creación de sus manos, porque él es mortal y sus trabajos son vanidad. ¿Qué forma de salvación puede él ofrecer? El deberá mirar por ayuda a uno más alto que el mismo – y ese único es Jehová Dios.

Capítulo 02. Jerusalén. El Ideal y lo Real

Si Jehová de los ejércitos
no nos hubiera dejado un resto pequeño,
seríamos como Sodoma, semejantes a Gomorra.
(Is. 1:9)

“EL LIBRO DE ISAIAS”

PARTE UNO

El Periodo Asirio: Conflicto y Victoria (1-39)

Discursos y Profecías Centradas en Jerusalén y en Judá (1-12)

Oráculos de Juicio Contra Naciones Individuales (13-23)

El Juicio Mundial y la Liberación del Pueblo de Dios (24-27)

Jerusalén – Sión: Advertencias y Promesas (28-35)

Enlace Histórico (36-39)

Discursos y Profecías Centradas Sobre Jerusalén y Judá (1-12)

1. Introducción Personal de Isaías a Su Libro

2. Jerusalén: Lo Ideal y lo Real

3. Confusión Política y Social

4. Jerusalén la Redimida

5. La Viña y Sus Frutos

6. La Visión y el Llamado de Isaías

7. La Insurrección Sirio-Efraínitica

8. Asiria el Torrente Arrollador

9. La Luz Amaneciendo

10. La Utilidad y la Perdición de Asiria

11. El Rey, Su Súbdito y el Remanente

12. Regocijo y Acción de Gracias por el Remanente

CAPITULO 1

Introducción Personal de Isaías a Su Libro

Ya sea que veamos el capítulo 1 como una escena de tribunal en la cual Jehová llama a la nación a juicio (Leupold, Smith, Robinson, y otros), o lo veamos de otra manera (Young), parece claro que Jehová está llamando a su nación y a sus hijos a hacer un recuento de su conducta y comportamiento hacia El, señalando las consecuencias del curso de su vida. Aunque podría no haber sido la primera parte del libro la que ha sido escrita, el contenido del cap 1 sirve también como una introducción al libro. Las condiciones expuestas describen bien el estado de los acontecimientos sociales en el tiempo de la invasión de Senaquerib de la tierra (701 A.C.). El capítulo podría haber sido escrito entonces y puesto al inicio del libro cuando el profeta trajo sus profecías juntas en un libro. Si esto es así, nos ayuda a entender el porque el relato del llamado de Isaías no ocurre al inicio del libro (es registrado en el cap 6).

El capítulo podría ser dividido como sigue:

1. La nación pecadora y rebelde (2-9).

2. La corrupción y la adoración hipócrita (10-15).

3. El llamado de Dios a un cambio de vida (16-20).

4. El lamento sobre Jerusalén (21-23).

5. Redención por medio de la depuración (24-31).

Aquí el profeta señala sobre los pecados del pueblo, llamándolos a la reformación, declara juicios y revela a Jehová como la única esperanza de salvación. La salvación, ya sea en ese tiempo o en el futuro, deberá venir de Dios; tan solo El puede hacer la provisión.

1. El profeta se introduce a si mismo como Isaías, lo cual significa “Jehová salva” o “Jehová es salvación.” Su nombre es la inspiración de su mensaje total a la gente. El es el hijo de Amoz (no el profeta Amoz), un hombre de otra forma desconocido. La visión que él vio es equivalente a la palabra que él vio (2:1). Es el mensaje que Dios le reveló o dio; es de origen divino. La visión concierne no solamente al capítulo 1 sino a todo el libro; un profeta de Dios habló la palabra que Dios le dio (Deut 18:18-19).

Aunque la visión era acerca de Judá y de Jerusalén, incluye las tribus al norte de Israel (9:1-10:9) y a las naciones paganas de esos días y como ellas afectaron la fortuna y el bienestar del pueblo de Dios (caps. 13-23; 24-27, etc.). El enfoque de la profecía es indicado por la frecuente mención de los nombres Judá y Jerusalén. Judá se encuentra veintinueve veces en el libro, veinticinco veces en la Parte Uno (caps. 1-39) y cuatro en la Parte Dos (caps. 40-66); Jerusalén se menciona cuarenta y nueve veces, treinta en la primera sección y diecinueve en la segunda. Por lo tanto Jerusalén ocupa el lugar más importante en la visión.

En los días de Uzías – Uzías, que también fue conocido como Azarías (2 Rey 15), fue uno de los reyes destacados de Judá; su muerte es usualmente fijada en el 740 a.C.1 Jotam, hijo de Uzías, reinó junto con su padre desde el tiempo en que le vino a Uzías una lepra hasta su muerte. Jotam siguió la política de su padre, esforzándose en llevar a cabo sus proyectos y enfrentándose con casi los mismos sucesos. Acaz, con el cual deberemos tratar posteriormente, fue un hombre malvado con muy poca, si es que ninguna, fe en Dios. Y Ezequías, uno de los mejores reyes que Judá haya tenido, jugó un mejor papel en la historia y salvación de la nación. La Parte Uno del libro de Isaías cierra con la derrota de Senaquerib en las manos de Jehová (701 A.C.), la enfermedad y recuperación de Ezequías y la visita de los embajadores de Merodac-Baladán, cuando Jehová predijo la cautividad en Babilonia.

Ya que el profeta dice que su visión incluye el periodo de Uzías, pero más tarde dice que el recibió el llamado del oficio profético en el año que el Rey Uzías murió (capítulo 6), deberá ser concluido que el inició su trabajo en el periodo cercano de la vida del rey. No aseguramos que Isaías vivió en el reino de Manasés; pero si lo hizo, fue probablemente un periodo de retiro en el cual el dirigió sus energías hacia otros trabajos, tal vez para escribir, pues a él se le acreditan los escritos “los demás hechos de Uzías, primeros y postreros” (2 Crón 26:22), y “los demás hechos de Ezequías, y sus misericordias…en el libro de los reyes de Judá y de Israel” (2 Crón 32:32).

La Nación Pecadora y Rebelde (vers. 2-9)

2 Como Moisés, en el discurso de despedida a la nación justo antes de su muerte (Deut 32:1), él llamó a los cielos para oír y a la tierra para escuchar sus palabras, así Isaías, permaneciendo a medio camino entre Moisés y el Cristo, ahora llama sobre estas dos partes permanentes de la creación de Dios para dar oído. En Deut 31:28-29 Moisés explica el significado de su llamado al cielo y a la tierra para atestiguar: “Porque yo sé que después de mi muerte, ciertamente os corromperéis y os apartaréis del camino que os he mandado”. Lo que Moisés dijo debería venir a acontecer siendo cumplido en los días de Isaías. De acuerdo a esto, Isaías ahora llama a los mismos cielos y tierra a permanecer como testigos de la corrupción de la nación. Dios crió hijos, pero ellos se rebelaron contra Él. La palabra hebrea empleada aquí indica una ruptura de relación.

3 Para ilustrar la insensatez de la nación, Isaías introduce como metáforas al buey y al asno, ninguno de los cuales se distingue por la amplitud de su inteligencia. Sin embargo, el buey conoce a su dueño y el asno conoce su pesebre; ellos conocen que tanto su alimento como su refugio son ambos provistos por su señor. Pero el pueblo de Dios ni recordó ni consideró estos asuntos.

4 El pueblo de Dios está abrumado con la iniquidad; como la semilla de la maldad, engendraron maldad dondequiera que fueron; se condujeron corruptamente. Ellos dejaron y despreciaron (estimaron en poco) a Jehová el Santo de Israel. Él no los dejó a ellos, pero ellos sí a Él, y aún ahora Él está intentando llegar a ellos y regresarlos a Él mismo. Ellos se han vuelto atrás, degenerando en una nación pecadora, distanciándose ellos mismos de Jehová.

5 La nación está enferma con una enfermedad repugnante que creció de mal en peor. Toda cabeza, el asiento de la inteligencia y del conocimiento, está enferma; todo corazón, la fuente de afecto y amor, está doliente, no teniendo ánimo ni convicción. Cuando la mente está corrupta, es imposible restaurar el corazón a la salud, pues la cura de la afección es por medio del conocimiento de la bondad y la verdad.

6 La nación es pecadora de la cabeza a los pies; no hay sensatez o salud espiritual en ellos. Las viejas heridas están llenas de pus, las magulladuras están claramente visibles, y los verdugones de las llagas resaltan. La gente no ha hecho nada para sanarse a ellos mismos regresando a Jehová, sino que su condición sigue supurando y se pudre cada vez más. ¡Qué terrible espectáculo de la condición espiritual de la nación!

7-9 El profeta entonces se vuelve de la metonimia a la realidad. El país estaba desolado; las ciudades eran quemadas con fuego; los extranjeros habían consumido el producto de la tierra en la presencia de la población indefensa. En lugar de estar la fortaleza de Dios en medio de una tierra fluyendo leche y miel, el pueblo de Sión permaneció desolado como un puesto frágil en medio de la viña, débil y sacudido por el viento, como una choza temporal en un melonar -¡Como una ciudad sitiada! Esta descripción armoniza con la de Miq 6:13-16, y corresponde con la maldición de Lev 26 y Deut 28. Si Jehová de los ejércitos no nos hubiese dejado un resto pequeño, como Sodoma fuéremos -tan completamente destruida que no había trazas de su pasada existencia- o como Gomorra, semejante a basura y desolada y destruida por el fuego. Pero aún en medio de la desolación espiritual semejante a Sodoma y Gomorra la merced de Dios tuvo preparado un remanente. Aunque si bien Judá debería ir a la cautividad, un remanente debería retornar (10:20-21); de la misma manera bajo el Mesías un remanente será salvo (Rom 9:29) de acuerdo a la elección de la gracia divina (Rom 11:5). Jehová traerá con respecto a la salvación de los redimidos y los rescatará de cada época. Note, sin embargo, que ellos siempre incluyeron un remanente -una pequeña porción- nunca el total.

La Corrupción Escondida Detrás de la Adoración Hipócrita (versículos 10-15)

10-13 El profeta apela ahora a los príncipes de esta inmoral Sodoma y a la gente de esta Gomorra no espiritual a oír la palabra de Jehová. No es Isaías el hombre quien está hablando, sino que es Dios hablando por medio de él: Oíd la palabra de Jehová…escuchad la ley -la enseñanza- de nuestro Dios. Aunque si bien la nación podría replicar que ellos son el pueblo de Dios y que los sacrificios y la adoración están en abundancia en el templo, tales hechos no son nada para Dios si ellos son hipócritas, representando solamente un acto formal y vacío. Jehová usa lenguaje fuerte cuando dice que tales ofrecimientos son vanos y una abominación, los que Él aborrece o abomina. Los sacrificios de la gente eran solamente intentos para ocultarse detrás de la falsedad de los formalismos. Esto siempre ha sido y continúa siendo un refugio favorito para aquellos que son incapaces de venir antes a Jehová en espíritu y en verdad y que no conocen el carácter verdadero de Dios. ¿Quién ha demandado tales cosas de ustedes? Yo no, dice el Señor; pero Yo no puedo tolerar tales cosas. Así como nosotros podríamos decir, “Yo no puedo aguantarlo”.

14 Jehová también repudia la forma en la que la gente observa las festividades: el Sábado semanalmente, las Lunas Nuevas mensualmente y las tres asambleas solemnes anuales (Pascua, Pentecostés, y la Fiesta de los Tabernáculos). Cansado estoy de soportarlas, aguantarlas o tolerarlas, dice el Señor. Él aborrece tales farsas hipócritas. Esto no es para decir que Dios ha repudiado las festividades por ellas mismas, ya que El las había instituido a través de Moisés. El se deleitó en su adoración divinamente señalada, pero solamente cuando era ofrecida en el espíritu apropiado para el propósito señalado. Lo que El aborreció y despreció fue la hipocresía de los adoradores (ver también Amós 5:21-23, donde es hecha la misma acusación contra Israel).

15 Dios ocultaría Sus ojos cuando el pueblo extendiera o alzara sus manos hacia Él en lugar de ser llenados de Su generosidad en respuesta a sus oraciones, o cuando ellos alzaran sus manos como si estuvieran llenas con el ofrecimientos de las oraciones. ¿Por qué? Sus manos estaban llenas de sangre – la sangre de los hombres asesinados por los adoradores, o la sangre de aquellos que murieron debido a que ellos habían sido robados de su sostenimiento por la codicia de los nobles. En uno u otro caso, los adoradores fueron culpados de crímenes sociales. Los adoradores vanos, vacíos e hipócritas no pueden ocultar los crímenes de una nación, ni entonces ni ahora.

El Llamado de Dios a un Cambio de Vida (versículos 16-20)

16 Jehová llama ahora al cambio de vida, lo que deberá proceder de un arrepentimiento genuino, un cambio de voluntad. Los adoradores aceptables y la comunión con Dios solamente pueden venir de un corazón y una vida limpia; son entonces emitidos tres mandamientos que tienen que ver con los pecados: (1) Lavaos y limpiaos; esto deberá ser tomado en el sentido espiritual, porque las limpiezas ceremoniales que no involucran el corazón no puede beneficiar. Este es un mandamiento que el pueblo debería obedecer. Si el hombre se arrepiente y cambia su vida, Dios perdona y borra sus pecados. (2) Quitad la iniquidad de vuestras obras de delante de mis ojos; eliminar la idolatría y la falsa adoración y todas las tendencias pecaminosas que acompañan tales prácticas. (3) Dejad de hacer lo malo. Con el alejamiento de las iniquidades de la falsa adoración, Dios mandó un alejamiento de toda iniquidad moral, en la adoración y hacia el prójimo. Los tres mandamientos en total son esenciales.

17 El profeta ahora enumera cinco demandas positivas, todas esenciales para la aceptación de Dios. Hay directrices éticas o sociales: (1) Aprended a hacer el bien. Esta demanda indica que el hombre no puede conocer inherentemente lo que es correcto; deberá ser enseñado. Isaías está diciendo que por sus prácticas inicuas, el pueblo ha confundido su conocimiento de lo que es correcto, así que ahora deberán ser enseñados de lo que está bien y es bueno a la vista de Dios. (2) Buscad el juicio en todas las cosas, especialmente en el trato ante los tribunales, siempre. (3) Restituid al agraviado, por la opresión que ha crecido por el sistema judicial corrupto; la indiferencia era mostrada hacia los derechos de los demás. (4) Haced justicia al huérfano. (5) Amparad a la viuda. Aquellos que no tenían padre o esposo para salvaguardar sus derechos deberían ser protegidos por los jueces. Estos grupos habían sido descuidados por los gobernantes y por los jueces, debido a que no se obtenían beneficios en el tiempo empleado en su favor. Tales reformas prácticas deberían seguir a la limpieza demandada por Dios.

18 Los versículos 18-20 han sido durante mucho tiempo una cita favorita entre los estudiantes de la Biblia, pero hay diversos puntos de vista de su significado. ¿Es un llamado a un juicio del tribunal, o es un llamado a traer la controversia a un fin? Thomas Cheyne traduce, “Permítanos traer nuestra disputa a un fin” (citado por Rawlinson). Smith acepta esta interpretación, tomando la aceptación que Cheyne retiró posteriormente (I.13). Smith dice que aunque él llama a este capítulo “un juicio en ley”, está “más allá de una controversia personal, una controversia legal…no es Judá y la ley los que son confrontados; es Judá y Jehová” (I. 8-9). Delitzsch dice, “Jehová reta aquí a Israel a un juicio formal”. Pero Young replica, “No es un juicio legal el que está siendo aquí descrito. En lugar de eso es mejor decir un mandamiento para ser juzgados a la luz de la ley de Dios (en este caso, para razonar juntos) y arrepentirse.” Barnes dice, “Aquí [la frase “Estemos a cuentas”] denota el tipo de contención, o argumentación, que ocurre en una corte de justicia, donde las partes recíprocamente establecen el motivo de sus causas, “Dios establece primero los cargos y entonces las bases sobre los cuales El perdonará (I. 71-72). Leupold sugiere que el reproche mordaz de Isaías en los primeros versículos trajo una reacción de los oyentes que los guía a Jehová para ablandar Su actitud y decir, “Lleguemos a un arreglo,” o “Arreglemos nuestras diferencias,” o aún “Arreglemos nuestros malentendidos” (I. 64). Leupold apoya la traducción de Smith (“Llevemos nuestros argumentos a un acuerdo”) sobre el tema de que después de que se ha estado razonando un punto por algún tiempo él no agrega “Ven, razonemos juntos”; sin embargo, uno podría decir, “Arreglemos el asunto” (I. 66).

Sin tomar en cuenta el como alguien traduce el pasaje, la exhortación venid implicada con la fuerza de un mandamiento: estemos a cuentas, o lleguemos a un arreglo, o arreglemos nuestra diferencia. Dios está en forma muy definitiva ofreciendo perdón a Su pueblo: Si vuestros pecados fueran como la grana, como la nieve serán emblanquecidos; si fueren rojos como el carmesí, vendrán a ser como blanca lana. Los dos colores, escarlata y carmesí, son prácticamente lo mismo, se refiere al teñido profundo o a la condición de doble teñido labrada por el pecado. El escarlata es el color de la sangre, el vestido de la ramera (Apoc 17:4), y la bestia sobre la cual viaja (vers. 3). Aquí describe la naturaleza profundamente arraigada de los pecados de Judá. Pero aunque la nación esté tan profundamente manchada con los pecados, Jehová promete que ellos deberán llegar a ser blancos como la nieve o lana, completamente perdonados y limpiados.

19-20 Pero la promesa es condicional: Si quisiereis y oyereis (¡él que esté dispuesto debe ser obediente!), comeréis el bien de la tierra, el regalo de su producto. Pero si no quisiereis y fuereis rebeldes, seréis consumidos a espada. Se obediente y come; se rebelde y serás comido (la espada es un instrumento de destrucción). Esta promesa es absolutamente segura, porque es la palabra de Dios – porque la boca de Jehová lo ha dicho. Así como en el inicio de la historia de la nación (Deut 30:15,19), la vida y la muerte están una vez más delante del pueblo.

El Lamento sobre Jerusalén (versículos 21-23)

21El profeta contrasta ahora la ciudad de sus días con la que fue alguna vez: ¡Como está la ciudad fiel convertida en una ramera! El cuadro es el de una esposa que en su juventud fue devota a su esposo, fiel a él en todas las formas; pero ahora se está vendiendo a otros como una ramera. Jehová reaccionó hacia ella de la misma manera. Los mismos cargos fueron dirigidos contra Israel por Oseas: “No te alegres, oh Israel, hasta saltar de gozo como los pueblos, pues has fornicado apartándote de tu Dios; amaste salario de ramera en todas las eras de trigo” (Ose 9:1). Dios predijo esto cuando dijo a Moisés, “Y este pueblo se levantará y fornicará (ir a prostituirse, King James) tras los dioses ajenos de la tierra…y me dejara (Deut 31:16). Mientras que Judá había estado llena de justicia, y la equidad estuvo morando en ella, ahora era una tierra de homicidas. Las palabras justicia y equidad se mencionan muchas veces en el libro de Isaías. Aunque si bien una distinción clara entre las dos es algunas veces difícil, la idea básica de justicia son decisiones y acciones imparciales e igualitarias por la rama judicial de gobierno; la idea de equidad es conformidad a un estándar ético o moral. Ambas estaban siendo muy pervertidas.

22 Aunque si bien nuestra propia nación no es la elegida de Jehová como lo fue Israel, el mismo cargo podría ser hecha hoy contra ella. La plata de Israel, un símbolo de pureza, se ha vuelto como la escoria desechada del metal fundido. Su vino que alegraba los oídos fue diluido con agua, y entonces debilitado grandemente.

23 De la metonimia el profeta vuelve de nuevo a la realidad. Los príncipes o líderes se rebelaron contra Dios y su equidad, en lugar de la asociación con Jehová y el fiel, fueron compañeros de ladrones. Cada uno amó el soborno y buscó la recompensa: No hacen justicia al huérfano, ni llega a ellos la causa de la viuda. No tenían tiempo de ayudar al indefenso, debido a que no había pagos derivados de tales servicios.

La Redención por Medio de la Limpieza (versículos 24-31)

24 Jehová ha llamado al pueblo a razonar con Él, a resolver la diferencia, y ha prometido limpiarlos (vers. 18-20); pero han rehusado poner atención. Él ahora habla como el Señor, Jehová de los ejércitos, el Señor de todas las fuerzas celestiales y terrenales, Él es el Fuerte de Israel, ante el cual ellos son responsables. Él se desahogara por sí mismo de Sus Adversarios que lo han afligido o apenado. Y se vengará por si mismo de Sus enemigos por la reivindicación de Su propia santidad y la equidad de su ley rechazada. Esto lo llevará a cabo por los juicios traídos sobre aquellos que le son hostiles.

25 Como un metal purificado en el horno abrasador, así en el horno de juicio Jehová volverá Sus manos sobre la gente apostata para limpiar hasta lo más puro la escoria, el herrumbre, todas las impurezas que contaminan el metal puro o verdadero.

26 Cuando esto es hecho, Él restaurará jueces y consejeros que darán una guía y consejo justo. Jerusalén será llamada de nuevo la Ciudad de Justicia, Ciudad Fiel.

27 Por medio de Su juicio divino habrá una limpieza y una restauración de una relación correcta con Jehová, trayendo adelante un nuevo Israel Espiritual. Ellos serán redimidos por la mucha justicia y equidad que han rechazado, porque Sión será rescatada con juicio – con justicia divina – y los convertidos (“Los que retornen a Ella,” los marginados) con justicia. Esta justicia divina ejercerá juicio sobre el pecado y los pecadores, y la equidad de Dios se aplicará equitativamente en los convertidos.

28 El Señor se vuelve ahora a los idolatras que rehusaron volverse o cambiar. Aquellos que dejaron a Jehová, los rebeldes y pecadores juntos, deberán ser destruidos –consumidos en el fuego del juicio.

29 Aquellos que confiaron en sus ídolos serán avergonzados cuando se den cuenta de la insensatez de tal confianza. Aparentemente las encinas (o huertos) representan la madera de la que son hechos los ídolos o el bosquecillo en el cual es adorado, probablemente en este último. Y los huertos que prefirieron los enemigos de Dios, aparentemente los lugares especialmente desarrollados para la devoción y adoración idolatra (ver Isa 65:3; 66:17), algún día traerán confusión y vergüenza a aquellos que los escogieron.

30 Los idolatras se volverán como el huerto y el jardín en los cuales adoran. Serán como una encina que está muerta y que abandonada está seca, o como huerto que por carecer de agua se reseca por el sol; ambos se encienden rápidamente y se queman sirviendo de estopa.

31 Es agregada una tercera figura. Los hombres fuertes serán como la estopa, seca e incendiable como una centella. El trabajo del hombre fuerte – el ídolo – será la chispa de encendido; tanto el hombre fuerte como el ídolo, que es el trabajo de sus manos, se quemarán juntos. Puesto que Jehová ha emitido este decreto, no hay poder para impedir que se queme o para apagar el fuego una vez que es encendido.

Como sugerimos anteriormente, la fecha de este capítulo es incierta. Los únicos dos eventos registrados durante el tiempo de la profecía de Isaías que sitúa las condiciones descritas son la guerra Sirio-Efrainítica de los días de Acaz (cap. 7) y la invasión de Asiria bajo Senaquerib (701 A.C.) en los días de Ezequías (caps. 36-37). Ninguna de estas sugerencias parecen completamente satisfactorias, pero a pesar de nuestra incertidumbre acerca de la fecha exacta, el capítulo ciertamente hace presente un excelente resumen del total del libro. Los temas de la idolatría, los pecados de los príncipes y del pueblo, la corrupción en todos los aspectos de la vida social, y la respuesta de Jehová – condenación, juicio y destrucción, así como la exhortación y la provisión de la redención y la salvación – se repiten a través del gran Libro de Isaías.



1 Para una discusión de las fechas de estos reyes ver Edwin R. Thiele, A Chronology of the Hebrew Kings (Grand Rapids: Zondervan, 1978), pp. 40-42, 77-78. De acuerdo a Thiele, el reino de Uzías de 52 años (2 Rey 15:2) incluyó un coreinado con su padre; el coreinado terminó en 767 con la muerte posterior y Uzías continuo reinando hasta su propia muerte en el 740. Jotam estuvo coreinando con Uzías desde el 750 al 740 y entonces reinó solo el 735. Acaz reinó desde el 735 hasta el 715 y Ezequías desde el 715 al 686. Para un punto de vista diferente, ver Edward J. Young, The Book of Isaiah (Grand Rapids: Eerdmans, 1972), vol. 2, pp. 540-542.

Capítulo 01. Introducción personal de Isaías a su libro

Por el momento tenemos permiso para publicar este comentario. Sepan que sólo será por un tiempo muy limitado por respeto a los derechos del autor.

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Introducción

Israel y Judá

En muchos aspectos las condiciones características de Israel y Judá en el siglo octavo A.C. eran similares a las que caracterizan a nuestra sociedad en el siglo veinte. En su prosperidad, Israel y Judá se olvidaron de Dios y cayeron en la corrupción y decadencia. Bajo el mando de Jeroboam II (782-753 A.C.) las fronteras de Israel habían sido restauradas en gran parte y el periodo se caracterizó por una prosperidad desconocida allí desde los días de Salomón. En Judá, el hábil y diestro Uzías (767-740 A.C.) restauró en gran medida las fronteras de ese país y la prosperidad alcanzó allí alturas no disfrutadas desde los días de Salomón. En ambas naciones esta afluencia material produjo las enfermedades que tan frecuentemente acompañan a la abundancia. La gente olvidó a Dios y atribuyó su prosperidad y bienestar a los ídolos a los cuales ellos habían vuelto.

La idolatría imperó en Israel. Desde la muerte de Salomón (931 A.C.), cuando el reino del norte se separó de Judá, Israel adoró a Jehová por medio del símbolo de los dos becerros dorados, los cuales habían sido levantados en Bet-el y Dan por su primer rey, Jeroboam I. Todos los reyes que siguieron lo imitaron a él en la honra a estos dos becerros. Agregado a esta forma de idolatría estaba el culto a Baal, un culto nacional establecido por medio de la influencia de Jezabel, la esposa de Acab, el cual reinó de 874 a 853 A.C. Maldecidos de esta manera con dos formas de idolatría – el culto a Jehová bajo el símbolo de los borregos y el culto a Baal, un culto meramente pagano – la nación se sumergió en los abismos de la apostasía de la cual nunca se recobraría. Este rechazo de Jehová por el reino del norte fue acompañado de la corrupción política, la decadencia social, y la depravación moral, todo lo cual traía el juicio de Dios sobre la nación.

Sin embargo, antes de que este juicio fuera llevado a cabo por el Señor, Dios levantó dos profetas, a quienes envió a denunciar los pecados de ese tiempo y suplicar a la gente el retorno a Jehová. Amós, un pastor atrevido, áspero y valeroso de la árida región de Tecoa, al sur de Jerusalén, fue el primero (755 A.C.). El describió la condición corrupta de Israel en un lenguaje vivido, gráfico y a menudo pintoresco. El juicio, dijo, estaba en su camino, y como Isaías describió más tarde, el peligro representado por Asiria, “Será ciertamente espanto el entender lo oído” (28:19). Amós advirtió que los palacios serían saqueados (3:11) y que la gente amante del lujo que se apoyaría en los cojines de seda de sus divanes o camas, serían tan arruinados que los que permanecieran podrían ser comparados con dos piernas (de una oveja) o de un pedazo de oreja rescatada por un pastor de la boca del león (3:12). Sus casas de invierno y verano, junto con sus muebles incrustados de marfil, todos perecerían (3:15). Las mujeres de Samaria, esposas de los señores, descritas como “vacas (ganado vacuno) de Basán”, engordadas como para una carnicería, serían rebajadas y arrojadas fuera de la tierra, conducidas lejos a la cautividad con ganchos (4:1-3). El lujo y la extravagancia, ganado a expensas de los pobres (6:1-6), sería todo reducido a la nada y los que más se deleitaron serían llevados cautivos (6:7-11). “Por tanto, de esta manera te haré a ti, Oh Israel; y porque te he de hacer esto, prepárate para venir al encuentro de tu Dios, Oh Israel” (4-12).

Contemporáneo de Amós, pero profetizando unos pocos años más tarde, fue Oseas (750-725 A.C.). Al igual que Amós, Oseas era aparentemente un nativo de Israel, la tierra a la cual él fue enviado. Aunque Oseas presenta un sentimiento delicado y compasivo hacia la nación malvada y pecaminosa – palabras tales como “misericordia” se mencionan una y otra vez mientras él apela a la gente para que vuelva a Jehová – de ninguna manera es severo en su denuncia de la idolatría de Israel, los frutos malvados que fueron tan evidentes en la vida diaria.

Oseas usó la palabra fornicación para describir la apostasía de Israel frente a Jehová y a la adoración de los dioses paganos. Esta palabra y la frase “recrearse con la ramera”, se mencionan una y otra vez. Para Oseas, toda adoración falsa era fornicación espiritual; compara a la gente que servía a los ídolos con una ramera que sirve a los deseos de los hombres por el pago que recibe.

Oseas llamó también a la nación a un tribunal de justicia para ser probados ante Jehová, “Porque no hay verdad, ni misericordia, ni conocimiento de Dios en la tierra” (4:1). En contraste con lo que él no encontró, el profeta señala lo que la nación mostró en todas las formas: “Perjurar, mentir, matar y adulterar prevalecen, y homicidio tras homicidio se suceden” (4:2). ¡Esto se oye notablemente como los encabezados de un periódico moderno! Debido a estas condiciones de pecado, “Se enlutará la tierra, y se extenuará todo morador de ella, con las bestias del campo y las aves del cielo (4:3).

Los ídolos de Israel, hechos de plata y oro a los cuales Dios los había entregado, serían cortados junto con los borregos los cuales ellos forjaron y adoraron en Bet-el y Dan (Ose 8:4,5). “Porque sembraron viento, y torbellino segarán” (Ose 8:7). Jehová había escrito para Efraín, el cual representa aquí a Israel, “Le escribí las grandezas de mi ley, y fueron tenidas por cosa extraña” (8:12). Israel había olvidado a su Creador y construyó palacios, y Judá multiplicó sus ciudades fortificadas – actividades contrarias a la fe y a la vida sencilla fidelidad en Dios. Pero Dios enviaría un fuego sobre Sus ciudades para devorar sus palacios (8:14). La razón real del castigo impuesto por Dios fue claramente resumido por el profeta Oseas cuando dijo, “Pues has fornicado apartándote de tú Dios; amaste salario de ramera en todas las eras de trigo” (9:1); esto era fornicación espiritual.

Debido a la culpabilidad de Israel en la rebelión contra Dios, Oseas dijo, “Caerán a espada; sus niños serán estrellados, y sus mujeres encinta serán abiertas” (13:16). ¿De donde vendría tal juicio? Jehová no dejó a la gente sin respuesta: El lo haría conocido. Este fue el día amargo guardado para ellos, pero habría un día mejor más allá de este juicio cuando ellos volverían a Jehová y dejarían su iniquidad (Cap 14).

Isaías y Miqueas presentan claramente que las condiciones morales y espirituales en Judá fueron un poco mejor que las que tenían en Israel. Observaremos aquellas condiciones en nuestro estudio de Isaías.

Mientras que Israel y Judá estaban consumiéndose en el lujo y prosperidad recientemente adquirida, había estruendo de invasión así como los nubarrones de guerra asomaban amenazadoramente en el norte y en el este. Una vez más Asiria tenía sus ojos sobre el este en tanto que flexionaba sus músculos militares y hacía amenazas de conquista mundial. Amós había sido especifico más de una vez al decir, “Un enemigo vendrá por todos lados de la tierra” (3:11) y “Una nación…que os oprimirá desde la entrada de Hamat hasta el arroyo de Araba” (6:14), indicando solamente la dirección desde la cual vendría la aflicción y los limites hasta los cuales se extendería. Unos pocos años más tarde Oseas identificó específicamente al adversario, diciendo, “Ellos [la gente de Israel] comerán vianda inmunda en Asiria” (9:3). Hablando del becerro de Bet-el dijo, “Aún será llevado a Asiria como un presente al rey Jareb” (10:6). En resumen, puesto que Israel había rechazado a Jehová como su Dios y Rey, “Ellos no volverán a la tierra de Egipto, sino que el asirio mismo será su rey, porque no se quisieron convertir” (11:5). La misma palabra “Asiria” produjo terror en los corazones de aquellos que lo oyeron, llevando la mente a la naturaleza terrible de los juicios descritos por Oseas (13:16).

AsiriaMapa que corresponde a los tiempos de Isaias

Un breve resumen del surgimiento de Asiria al poder servirá como un fondo al libro de Isaías. Poco se conoce del periodo primitivo de la historia de Asiria, excepto aquellos datos posteriores a la mitad del tercer milenio A.C. Su población más antigua era culturalmente inferior a la de Babilonia, pero superior en energía y espíritu militar. La historia más antigua de Asiria ya revela su interés e influencia comercial. Fueron establecidas colonias comerciales por dondequiera que la gente se sentía lo suficientemente fuerte debido a la protección de ellos. Estas colonias florecieron en el primer cuarto del segundo milenio antes de Cristo, y durante este tiempo varios gobiernos fortalecieron a la floreciente nación.[1] Parecía sin embargo, que los asirios fueron llevados bajo el poder de la babilonia de Hamurabi, el cual gobernó de 1728 a 1686 A.C.[2]

Durante el periodo de quinientos años, de 1500-1000 A.C., varios gobiernos poderosos contribuyeron grandemente al desarrollo de la floreciente nación. El primero en importancia entre estos reyes y el que particularmente nos interesa, es Tiglath-pileser I (1116-1078 A.C.), el cual guió a la nación a nuevas alturas de poder y conquista militar. Su política era no mostrar misericordia a sus enemigos; las noticias de su crueldad produjo terror en los corazones de aquellos a los cuales conquistó. Esta política fue también adoptada por sus sucesores, y la crueldad de Asiria llegó a ser el castigo del mundo hasta que su capital, Nínive, cayó en el 612 A.C. Pero Tiglath-pileser no era solamente un gran guerrero; era también un gran constructor de palacios, ciudades, y de fuertes plazas.

Con la muerte de Tiglath-pileser el poder de Asiria empezó a declinar, pero fue restaurado por Ashur-dan II (932-910 A.C.) y su hijo Adad-nirari II (909-889 A.C.). Bajo el reinado de este último fueron conquistadas numerosas potencias. Adad-nirari continuó la política de crueldad excesiva, no presentando misericordia a los pueblos conquistados, incendiando sus ciudades, decapitando a miles, y desollando vivos a muchos. Conocer esto acerca de los asirios nos ayuda a entender el terror con el cual la profecía de Oseas de los juicios inminentes (13:16) deben haber afectado los corazones del pueblo de Israel.

El siguiente gobernador asirio de interés a nuestro estudio es Ashur-nasir-pal II (883-859 A.C.), el cual convirtió a la armada asiria en la máquina de guerra mas grande conocida en ese tiempo. Si bien era también un gobernador sabio de su pueblo, era un guerrero y un conquistador excesivamente cruel, sobrepasando aún a su antecesor. Su crueldad es repugnante al corazón; es denunciado por haber formado una torre cubierta con la piel de los enemigos desollados, tener emparedados a sus oponentes abandonándolos a la muerte, y tener empalados a otro número incontable en postes alrededor de la ciudad. Su conquista se detuvo en el Mar Mediterráneo, en el cual ceremoniosamente lavó sus armas como conquistador de todo. Esto lo llevó cerca de la tierra de los hebreos, pero no hay registro de su entrada en ella.

Su sucesor, Shalmaneser III (859-824 A.C.), no solamente enfrentó la tarea de emprender conquistas más lejanas, sino también retener el territorio conquistado por su padre, Ashur-nasir-pal. Sus conquistas lo llevaron más cerca de Israel que lo que cualquiera de sus predecesores había estado; en su propio relato de la lucha en Qargar sobre el Río Orontes justo al noreste de Hamat, proclamaba tener derrotados a veinte reyes. Entre ellos se contaban Acab de Israel y Benhadad de Damasco.[3] El hecho es que Shalmaneser no siguió adelante en esta victoria, y que abandonó su minuciosidad en cuestión. La batalla era probablemente una atracción.

Escribiendo de un periodo posterior (781-746 A.C.), Schwantes dice, “Asiria sufrió otro periodo de debilidad…una causa que contribuyó a la impotencia asiria esta vez era una plaga terrible la cual devastó al país.”[4] Fue también durante esta época que Dios envió a Jonas a Nínive para predicar a esa ciudad pagana. Nadie duda de este periodo de debilidad asiria, unida con la plaga, contribuyeron a la buena disposición con la cual tanto el rey como el pueblo de Nínive atendiera el mensaje de Jonas.

En 745 A.C. un general asirio se sublevó y usurpó el trono, llamándose a si mismo Tiglat-pileser III, según el nombre de uno de los primeros grandes gobernantes. El reinó de 745 a 727 A.C., y es en este punto de la historia de Israel y de Judá que tiene contacto con Asiria, con una consecuencia más significativa para el pueblo de Dios. Durante su reinado, Tiglat-pileser III empezó la conquista del norte de Israel y de Samaria. El juicio anunciado por los profetas estaba ahora en su camino.

La gente de Israel había escuchado a los profetas, los cuales envió Dios, la destrucción podría haber sido evitada. De hecho, en Judá un número suficiente escuchó a los profetas Isaías y Miqueas. Atendiendo a sus mensajes e influenciados por el buen rey Ezequías, Judá evitó la cautividad en este tiempo.

Ahora parece evidente que Tiglat-pileser III es el Pul de la historia bíblica – “Pul el rey de Asiria” a quien Manahem pagó tributo (2 Rey 15:19). Sin embargo se suscita una duda por la observación de los cronistas de que “El Dios de Israel excitó el espíritu de Pul rey de los asirios, y el espíritu de Tiglat-pileser rey de los asirios” (1 Crón 5:26). ¿O eran estos dos reyes diferentes, o son dos nombres para el mismo rey? Kraeling dice que la identidad de Pul como Tiglat-pileser fue establecida hace mucho tiempo por las inscripciones cuneiformes “las cuales mostraban que Pul (Pulu) era el nombre que se le dio como rey de Babilonia”.[5] Las anotaciones libres de la traducción de Joseph Horner, “Y el Dios de Israel excitó el espíritu del rey Pul de Asiria, al igual que a Tiglat-pileser rey de Asiria, y los llevó (singular) lejos”, indicando entonces que los dos nombres se refieren a un solo rey.[6]

Tiglat-pileser y los tres reyes que lo sucedieron afectaron grandemente la historia de Israel y de Judá. Estos reyes y su relación con Israel y Judá serán detallados en forma más amplia en el conjunto de este libro. Los cuatro reyes asirios y los años de su gobierno son:

Tiglat-pileser III, 745-727 A.C.

Shalmaneser V, 727-722 A.C.

Sargón II, 721-705 A.C.

Senaquerib, 705-681 A.C.

Tiglat-pileser III empezó la conquista de Israel llevando en cautividad parte de las tribus del norte de Zabulón y de Neftalí (Isa 9:1,2). Cuando fue sitiado por las fuerzas combinadas de los Reyes de Peka de Israel y del rey Rezin de Siria, el rey Acaz de Judá “envió embajadores a Tiglat-pileser rey de Asiria, diciendo: Yo soy tu siervo y tu hijo; sube, y defiéndeme de la mano del rey de Siria, y de la mano del rey de Israel” (2 Rey 16:7). El rey de Asiria respondió de buena gana a esta petición, aunque a un alto costo para Judá y Acaz.

Shalmaneser V, otro general militar, sucedió a su padre Tiglat-pileser en el trono de Asiria y empezó el asedio contra Samaria lo cual resultó en la caída de la ciudad. Hay sin embargo una pregunta, y consiste en si la ciudad cayó bajo su dirección en el asedio y antes de su muerte, o bajo la dirección de su sucesor, Sargón II. Esta pregunta levanta una segunda: ¿Samaria cayó bajo los asirios en 722 o 721 A.C.? En un relato de sus crónicas, Sargón reclama que él destruyó la ciudad. También de acuerdo a su registro, 27290 israelitas fueron deportados a Asiria, mientras que los cautivos de otras ciudades fueron llevados a la tierra conquistada de Israel. Estos recién llegados y los israelitas que permanecieron allí se casaron entre ellos; los samaritanos de los días de Jesús fueron sus descendientes. Se ha sugerido que Sargón pudo haber sido el general que dirigió el asedio en los últimos días del sitio. El entonces clamó el honor de su conquista cuando Shalmaneser murió. De cualquier forma podemos concluir que Samaria cayó cerca de finalizar el 722 o al empezar el 721. La profecía de Oseas fue entonces dramáticamente cumplida.

A la muerte de Sargón (705 A.C.), su hijo Senaquerib heredó el trono. Es descrito por los historiadores como un talentoso comandante militar pero de un carácter arrogante, lo cual inspiró el odio de todos. Realmente, así llevó a sus hijos a que lo mataran mientras que estaba adorando en la casa de su dios (Isa 37:38). Fue Senaquerib el que sitió a Jerusalén (701 A.C.) solamente para tener 185,000 de sus hombres destruidos por Jehová a las puertas de la ciudad (Isa 37:36).

Antes de la invasión de cualquiera de estos reyes, Dios levantó a Amós y a Oseas a predicar en Israel, y a Isaías (740-700 A.C.) y a Miqueas (735-700 A.C.) para procurar regresar a Judá hacia El mismo. Isaías pareció haber hecho su predicación en Jerusalén, mientras que Miqueas, algunas veces llamado el profeta de la villa o del campo, confinaba sus esfuerzos en gran parte de las ciudades más pequeñas al noreste y sudeste de Jerusalén.

En el 612 A.C. la capital asiria de Nínive cayó ante los babilonios, los cuales fueron ayudados por los medos. La batalla final entre los asirios y los babilonios fue disputada en Harán (609 A.C.), llevando al fin de una de las naciones más crueles de la historia. La caída de Nínive es gráficamente descrita en la profecía de Nahum. Se reconocen sin embargo las aportaciones de los asirios, ya que ellos sirvieron como un Estado más pulido a las de la amenaza de invasión de las hordas bárbaras del norte y que ellos fomentaron el desarrollo de la arquitectura, de ciertas ciencias, la literatura y la escultura. La tragedia de su civilización era que sus avances más grandes fueron en las artes militares, las cuales fueron usadas para la conquista y la destrucción despiadada de los pueblos cercanos.

Isaías, el hombre

Fue en el centro de esta experiencia de tiempos inciertos y de disturbio internacional en el cual creció Isaías. El rey Uzías, uno de los mejores gobernantes que reinó en Judá, dio una dirección hábil al pueblo, impulsando el comercio, la agricultura, la explotación de los recursos naturales de la tierra y programas de construcción. Sin embargo, como se indicó anteriormente, su prosperidad lo llevó a la corrupción que acompaña a una ciudad prospera. La aspostasia religiosa y la adoración de ídolos fueron acompañados por una corrupción política, codicia, relajamiento social y decadencia moral. Isaías, un hombre de carácter fuerte, con profunda fe en Dios, coraje y convicción, fue el hombre al cual escogió en ese momento para llevar la antorcha de la verdad en medio de la oscuridad espiritual. Hábil para tratar en cualquier clase, Isaías era efectivo en los círculos de sociedad, entre falsos ídolos religiosos y entre la gente común. El tuvo la misión de hacer volver a la gente hacia Jehová, advirtiendo de ese modo la cautividad en manos de los asirios. El demostró la verdad de este llamado. Jan Valeton, el más joven, dice de él: “Tal vez nunca ha habido otro profeta como Isaías, el cual se pararía con su cabeza en las nubes y sus pies en la tierra sólida, con su corazón en las cosas de la eternidad y su boca y sus manos en las cosas del tiempo, con su espíritu en el consejo eterno de Dios y su cuerpo en el muy definido momento de la historia”.[7]Verdaderamente, Isaías puede ser llamado el decano de los profetas.

Poco se conoce de la vida personal de Isaías. Lo que conocemos se deriva del libro el cual lleva su nombre y una pocas referencias en los libros históricos de la Biblia. Su nombre significa “la salvación del Señor”, e indica que su misión era dirigir a la gente al Señor, la única fuente de salvación. Sabemos que estaba casado y que su mujer era profetiza (Isa 8:3). Tuvo los menos dos hijos los cuales tenían nombres proféticos. Sear-Jasub (“un remanente volverá”), el mayor tenía la suficiente edad para acompañar a su padre cuando se reunió con el rey Acaz al extremo del acueducto del estanque de arriba (7:3). El nombre del segundo hijo de Isaías era Maher-Salal-Hasbaz (“El despojo se apresura, la presa se precipita”, 8:3).

Todos los profetas de Dios hablarían en relación con sus tiempos; ellos no hablaron o escribieron en forma abstracta. Ellos tratarían con situaciones de la vida real y escribieron antes que nada, de su propia generación, pero también a las generaciones que los sucedieron, la gente de todas las épocas las cuales pueden encarar situaciones económicas, políticas y morales similares. Aunque se dirigió a sí mismo a los judíos de ese momento, Isaías puede ser llamado el profeta del futuro, porque constantemente apunta los eventos que vendrían. El tenso futuro y el perfecto profético, a los que se refieren como eventos que vendrían como si hubieran ya ocurrido, caracterizando sus escritos desde el principio hasta el fin. El vio claramente el futuro de Judá, la destrucción de las naciones paganas, y el advenimiento de un Rey, el Mesías, el cual gobernaría con rectitud.

Del mismo libro aprendemos que Isaías no era solamente un profeta sino también un gran estadista de una aguda comprensión de los asuntos del mundo de sus días. Se dice que Edmund Burke, el gran estadista inglés del siglo dieciocho, habitualmente leía sobre Isaías antes de asistir al Parlamento y tuvo al profeta en la más alta estimación. El profeta fue consejero de reyes, poniéndose en un nivel igual antes Dios y no temiendo condenar los errores y señalar lo correcto. No solamente fueron tratadas estas condiciones internas, junto con el poder creciente de Asiria, sino que estaba también el problema de Egipto, el gran cocodrilo del sudeste, el cual estaba determinado a no renunciar a su pasada dominación mundial sin esforzarse. Esto llevó al desarrollo de tres partes políticas en Judá durante el tiempo de Isaías: la parte egipcia, la cual abogaba por una alianza con Egipto en contra de Asiria; una parte asiria, la cual podría capitular a Asiria; y una parte de “Jehová” o nacionalista guiada por Isaías, el cual dirigió la lealtad hacia el Señor como el único camino a la salvación.

Isaías fue asimismo un gran reformador el cual condenó los errores de la gente y apuntó a Jehová como la fuente de toda conducta correcta. Era solamente retornando a Jehová, rechazando toda idolatría, y construyendo sobre la roca sólida de la verdad tal y como fue revelada por Dios, que Judá podría evitar la destrucción. Los ídolos, la corrupción en el dominio político, y la inmoralidad de todo tipo debía alejarse. La gente debería aprender a “esperar en Jehová”, permitiéndole a El dirigirlos en lugar de escuchar las voces de sus falsos líderes.

Como teólogo (si pudiéramos usar la palabra con respecto a su estudio y comprensión de la naturaleza verdadera y del carácter de Dios), Isaías fue sin igual. El vio al Señor como a un Rey, alto y exaltado sobre toda creación y absoluto en santidad y rectitud, y constantemente enfatizó el control de Jehová sobre las naciones y su destino. Las palabras rectitud y justicia, los principios sobre los cuales Dios actúa siempre, ocurren repetidamente en el mensaje de Isaías. El carácter verdadero y la naturaleza de Dios serían revelados en la venida de Emmanuel (“Dios con nosotros”). Los conceptos exaltado y sublime de Jehová los cuales serían revelados en el que vendría es el pensamiento predominante y lo que se enfatiza en el libro. Si bien todo lo de los profetas, los cuales escribieron en los días posteriores y de los eventos de ese período dijeron y presentaron ciertos aspectos del Mesías que vendría, Isaías tuvo con mucho una visión más profunda y un concepto más claro del Redentor. Este concepto no significa que no este de acuerdo con los otros profetas, sino simplemente se hace notar que Dios distinguió a Isaías para ese propósito y así lo inspiró (1 Ped 1:10-12; 2 Ped 1:21).

Por 2a. de Crónicas sabemos que en forma adicional a su profecía, Isaías escribió un relato de los hechos de Uzías; aparentemente estos hechos no se relatan de nuevo en los libros históricos de la Biblia ni en el libro relacionado con los nombres de los profetas (2 Crón 26:22). También sabemos que Isaías recordó una “visión” en la cual detalló “el resto de los hechos de Ezequías, y sus buenas acciones” (2 Crón 32:32). No tenemos un relato de la muerte de Isaías; ninguno de nosotros sabemos si vivió más allá del tiempo de Ezequías y dentro del período del reinado de Manasés. Hay una tradición que dice que fue aserrado bajo la orden de Manasés. Esto se basa principalmente sobre un libro apócrifo, La Ascensión de Isaías. Además, Justino Mártir en su diálogo con Trifo censura a los judíos con la acusación “a quien [a Isaías] ustedes aserraron en una sierra de madera”.[8] Pero no hay una evidencia sólida de esto. Aún cuando nos gustaría conocer más detalles de la vida personal de Isaías, ellos no han sido revelados. En lugar de ello, el profeta puso su atención sobre “El Santo de Israel” y Su control del destino de los hombres y de las naciones. Por lo menos sabemos que muerte de Isaías fue más feliz que las de la mayoría de los profetas, pues vivió para ver el fruto de sus labores – la mano de Dios evitó a Su pueblo ser derrotados por los asirios.

Isaías, el libro

Debido al número de capítulos, el libro de Isaías es generalmente considerado el más largo de todos los libros proféticos; pero página por página (en la ASV), es ligeramente más corto que Jeremías y aproximadamente equivalente a Ezequiel. El contenido del libro no está siempre en orden cronológico, algo que en ocasiones presenta dificultades al estudiante. Por ejemplo, el llamado del profeta a su trabajo aparece en el capítulo 6 en lugar de hacerlo al inicio del libro. Una explicación adecuada para esto podría no ser posible, pero en el momento adecuado haremos lo posible por explicarlo. Es bastante posible que los temas en el libro podrían haber sido escritos en secciones de acuerdo al asunto tratado y reunidos más tarde dentro del todo. Hay que recordar que el profeta profetizó sobre circunstancias variables alrededor de un periodo de cuarenta años.

Uno de los puntos fuertes del libro es su énfasis sobre la salvación por fe, pero era sobre las bases de la fe en Dios que la gente sería salvada de sus delitos y de sus consecuencias. George L. Robinson llamó al libro la Epístola de los Romanos del Antiguo Testamento,[9] y esto bien describe su mensaje. El pueblo era urgido y animado a esperar por el Señor, a esperar fervientemente, a esperar, a esperar con fe.

El libro énfatiza también que el Mesías traería a los Gentiles junto con los Judíos. La venida de alguien que sería una luz, trayendo salvación a los pueblos de todas las naciones. Tanto Judíos como Gentiles serían parte de un gran reino espiritual, universal en su alcance, gobernado por un Rey de rectitud. El por que los Judíos no podrían ver y aceptar este gran propósito de Jehová tal y como es asentado más adelante por Isaías y cumplido en el Cristo que vendría ha sido un gran misterio. El profeta sin embargo, tuvo una explicación para ello: los Judíos cerraron sus ojos, taparon sus oídos, y endurecieron sus corazones de tal manera que ellos no pudieron aceptar la verdad.

La paternidad única del libro de Isaías ha sido poco atacada por los críticos a través de un siglo; algunos exclaman que fueron dos Isaías (el escritor de los capítulos 1-39 y el escritor de los capítulos 40-66), algunos que tres, y otros dicen que el libro es una composición de numerosos escritores desconocidos. No está dentro del alcance o de la naturaleza de este volumen entrar en una discusión de esta cuestión, pero basta decir que todos los eruditos conservadores y que la evidencia de los críticos no es conclusiva. Robinson apunta el hecho de que la expresión “el Santo de Israel” se menciona veinticinco veces (actualmente veintiséis) en Isaías, doce veces en los capítulos 1-39, trece (actualmente catorce) veces en los capítulos 40-66, y solamente seis veces en otras partes.[10] En ninguno de los veintiún pasajes del Nuevo Testamento donde el escritor o comentarista cita a Isaías y apela al profeta por nombre, no hay ninguna diferencia o sospecha de que más de un Isaías haya escrito el libro relacionado con ese título. Que las citas del Nuevo Testamento son sacadas de ambas divisiones del libro es un testimonio efectivo de su unidad. En resumen, el manuscrito completo de Isaías descubierto en Qumran en 1947 y aceptado por todos los eruditos (hasta donde sé), y que data del segundo siglo antes de Cristo, no hace división entre los capítulos 39 y 40. Esta es una fuerte evidencia de que los que transcribieron tuvieron conocimiento de un solo autor del libro. La sección histórica, capítulos 36-39, sirve como una conclusión de la primera sección del libro y como introducción a la segunda, uniendo de esta manera a las dos. Acepto y defiendo la unidad del autor de Isaías.

Alcance del Libro

Isaías fue el hombre del momento. Educado en la ciudad de Jerusalén durante el próspero reinado de Uzías, estaba completamente familiarizado con las condiciones políticas y sociales de su tiempo. No solamente tenía una profundidad espiritual y una comprensión del carácter verdadero de Jehová como muy pocos hombres han llegado a poseer, sino que también tuvo una comprensión amplia del movimiento histórico de su tiempo. El profeta observó como el poderoso imperio asirio, destinado a convertirse en el azote de la tierra, se extendía a través del mundo de aquellos días y arrojaría su amenazadora sombra sobre las naciones.

Dentro de su propio reino, Isaías vio los resultados de la apostasía ante Dios: la decadencia política, moral y social. El vio a Asiria, una nación lejana, como el instrumento de la mano de Dios para purificar a su pueblo en un intento de salvar un remanente. Isaías empezó su profecía con una descripción de la apostasía de Judá, el llamado de Dios a venir y a razonar juntos, y Su ofrecimiento de perdón (capítulo 1). Esto fue seguido por una visión de los días posteriores en los cuales el ideal de Dios para Su ciudad de Sion sería realizado (2:1-4). Inmediatamente volvería a trazar la condición presente de Judá, el profeta denunció a los gobernantes y a los jueces impíos, a los falsos profetas y a las mujeres ataviadas, los cuales contribuyeron con su parte a la inmoralidad de la nación (2:5-4:1). Pero no siempre sería de esta manera; a través de los efectos de purificación del juicio de Dios eventualmente habría un remanente purificado el cual se regocijaría en El (4:2-6). Isaías procedió entonces a pronunciar ayes sobre varios segmentos de la sociedad y a advertir sobre el juicio inminente (capítulo 5). En este punto leemos sobre la muerte de Uzías, el profeta recibió su llamado de Jehová para llevar el mensaje de Dios de ruina y de esperanza a la gente (capítulo 6).

Hubo en Judá tanto buenos como malos gobernantes, pero aún entre los mejores hubo serias faltas. David cometió adulterio, y entonces fue llevado a cubrir su pecado por el asesinato. Salomón, el rey sabio que gobernó en paz, había introducido a la nación a la idolatría y a levantar altares a los dioses de sus diferentes esposas. Uzías, uno de los mejores reyes de Judá, había sido inducido por orgullo a entrar al santuario y a quemar incienso a Jehová, un acto limitado por la ley solamente a los sacerdotes.

Aún Ezequías, en algunas cosas uno de los mejores reyes, era atraído a apoyarse en Egipto en lugar de hacerlo en Jehová para ayudarse contra Asiria. Posteriormente se permitió a sí mismo ser llevado por la soberbia a presentar sus tesoros a los embajadores enviados para congratularse sobre su recuperación de la enfermedad. Por este pecado de Ezequías, Judá sería llevada a la cautividad en Babilonia en alguna fecha futura (Isaías 39).

A la luz de estos errores por parte de los reyes que gobernaron sobre la gente de Dios, Isaías anunció que el Señor elevaría un Rey el cual gobernaría con rectitud. Esto llega a ser el mejor tema de Isaías (capítulos 7-12). El Rey nacería de una virgen, una señal para la casa de David (capítulo 7); este evento sería precedido por el castigo de los asirios (capítulo 8), trayendo tinieblas a Israel. Pero eventualmente a aquellos a los cuales colocó en las tinieblas verían la luz, la luz de un nuevo Rey, reino y gloria (9:1-7). Juicios severos son entonces pronunciados acerca de Efraín y de Judá (9:8-10:4); Estos son seguidos por el anuncio de que Asiria invadirá la tierra y la destruirá (10:5-34). El profeta alcanza el clímax con las profecías de la venida del Vástago de la raíz de Isaí y Su reinado (capítulo 11) y una canción de acción de gracias (capítulo 12).

Antes de la venida de este Rey espiritual y Su reino, todas las naciones paganas de ese tiempo, desde la más grande hasta la más pequeña, deberían ser juzgadas y llevadas a un fin (capítulo 13-23). Con su destrucción el reino de Dios sobresaldría de todos como el más glorioso. Esta proclamación del juicio de las naciones paganas es seguido por una profecía de juicio mundial; Jehová es de nuevo revelado como Juez de las naciones y especialmente de la gran ciudad mundial, la cual sería abandonada a la ruina y a la desolación. Esto delinea la caída de la Babilonia de Apocalipsis 17 y 18. En este juicio mundial Jehová protegería a aquellos los cuales pusieron su confianza en El (capítulos 24-27). A Efraín, a Judá y a Jerusalén son dadas más advertencias y amenazas de Jehová, con énfasis especial sobre el peligro de alianzas con Egipto. Hay protección sin embargo, de la gracia eventual de Jehová reinando sobre Su pueblo (capítulos 28-33). Los futuros de Edom (símbolo del mundo) y de Sion (símbolo del pueblo espiritual) son entonces contrastados (capítulos 34 y 35). La primera de las dos partes mayores de Isaías cierra con una sección histórica. La intervención divina frustra los esfuerzos de Asiria para tomar Jerusalén. ¡ La fe gana la batalla ! Esto es seguido por el relato de la enfermedad de Ezequías y su recuperación y la presentación de los tesoros del reino a los mensajeros de Merodac-baladán con lo cual Jehová pronuncia que Judá será llevada a Babilonia (capítulos 36-39).

Con la victoria sobre Asiria y el aseguramiento por Jehová de la cautividad en Babilonia en una fecha futura, el trabajo del profeta era ahora preparar al pueblo para la cautividad y asegurarles el retorno de un remanente. La segunda parte mayor del libro es el registro de esta fase del trabajo de Isaías. El profeta entra dentro de una guerra con tesón contra los ídolos, fijando en adelante al Señor como una sola deidad (capítulos 40-48). El nombró a Ciro el libertador por medio del cual Dios los levantaría (44:28-45:7). En medio de las palabras de aliento, el aseguramiento de liberación, las indicaciones de la inclusión de los Gentiles en el Plan de Dios, y las canciones del Mesías-Siervo el cual estaba por venir, Isaías dio garantías a las consecuencias de los pecados más lejanos contra Jehová. Con la venida del Siervo aparecería también Su glorioso reino, el cual se extendería mucho más allá de las fronteras del primero (capítulos 49-57). De nuevo la Sion gloriosa es descrita y la salvación es asegurada. El viejo orden pasaría y habría buenas nuevas y una nueva tierra donde, después de una victoria completa, los santos contemplarían los cuerpos muertos de sus enemigos (capítulos 58-66).

Entonces fue dado a Isaías ver la tierra de Dios en la cuestión de su día y contemplarlo resolviendo su propósito en la historia. A través de juicio sobre juicio, como una onda sigue a otra onda, el profeta fue capaz de ver un remanente de santos fieles emergiendo, purificados, a través de los cuales Jehová traería adelante a Su Rey justo, Emmanuel (“Dios con nosotros”), y Su Reino indestructible el cual llenaría la tierra de mar a mar. La venida del Siervo-Rey y Su reino, un evento el cual llenaría perfectamente la profecía de Isaías, manteniéndose como un Gibraltar de evidencia sosteniendo la Palabra de Dios y como una condenación eterna de los judíos que rehusaron creer, y de los Gentiles que rehusaron escuchar.


[1] Siegfried J. Schwantes, A Short History of the Ancient Near East (Grand Rapids: Baker, 1965), chs. 18-20.

[2] Joseph P. Free, Archaeology and Bible History (Wheaton, Ill.: Van Kampen, 1950), p. 33, n. 54, ver también pág. 81.

[3] George A. Barton, Archaeology and the Bible History, 7th. Ed. (Philadelphia: American Sunday-School, 1937),

pág. 458.

[4] Schwantes, Short History, p. 122.

[5] Emil G. H. Krealing, Rand McNally Bible Atlas (Chicago: Rand McNally, 1957), pág. 294.

 

[6] Free, Archaeology, pág. 196.

 

[7] Citado en George L. Robinson, The Book of Isaiah (Grand Rapids: Baker, 1954 reprint), pág. 22.

[8] Justino Mártir Dialogue with Trypho 120, en Ante Nicene Fathers (New York: Scribner, 1903), vol. 1, p. 259.

[9] Robinson, Isaiah, p. 14.

[10] Ibid. Sobre este punto de la unidad el estudiante debe estudiar introducciones conservadoras. Son sugeridos dos libros cortos: Oswald T. Allis, The Unity of Isaiah (Philadelphia: Presbyterian and Reformed, 1950); Edward J. Young, Who Wrote Isaiah? (Grand Rapids: Eerdmans, 1958).

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