Recientemente he tenido ocasión de oír personas que yo estimo confesar que se sienten indignos.  Y en verdad, ha habido ocasiones que también yo he sentido eso de mi mismo.  Si soy honesto, libremente confieso que falto muy lejos en ser la persona que anhelo ser.  Con el apóstol Pablo en Romanos 7, yo también declaro que muchas veces hago el mal que no quiero hacer, y el bien que quiero, no lo hago.  Eso me hace un pecador repetitivo y en las palabras del apóstol Pablo, una persona “miserable.”

 

Yo sospecho que muchos luchamos o hemos luchado con este sentimiento.  Algunos luchamos con este sentimiento todas nuestras vidas.  Como padres, a menudo sentimos que no hemos hecho buen trabajo – sentimos que no hemos hecho lo suficiente.  Y como maridos o esposas, también sufrimos esta tortura.  Hacemos algo necio o lastimamos a nuestro cónyuge de alguna manera, y sentimos que nuestro mejor simplemente no es suficiente.

 

La indignidad también nos afecta en nuestro servicio espiritual.  Cuando las cosas no resultan como esperábamos o queríamos, sentimos que nunca podremos ser bastante competentes.  Hay mucha gente que se ha descalificado de servir a Dios porque piensan que no son suficiente buenos; por algo que han hecho en el presente o en el pasado.

 

Los psicólogos probablemente le dirían que sentimientos de desmerecimiento no son saludables.  Los hombres a menudo gastan mucho esfuerzo en tratar de convencernos de echar fuera sentimientos de desprestigio – que esos sentimientos nos detienen de maximizar nuestro potencial humano.  Pero mi propósito en este estudio no es maximizar su potencial humano.

 

La Biblia claramente enseña que el potencial humano es pecaminoso y corrupto, por cuanto los designios de la carne son enemistad contra Dios, porque no se sujetan a la Ley de Dios, ni tampoco pueden; y los que viven según la carne no pueden agradar a Dios.” (Romanos 8:7-8).  La realidad del asunto es que tenemos buena razón por sentirnos indignos.  Cubriendo nuestros pecados e imperfecciones con una capa finita de autoestima simplemente no corrige el problema.

 

La única manera de poder entender nuestro conflicto a fondo necesitamos primero entender que hay una base bíblica por nuestros sentimientos de indignidad.  El apóstol Pablo escribió, por cuanto todos pecaron y no alcanzan la gloria de Dios.” (Romanos 3:23).  El pasaje dice “no alcanzan la gloria de Dios” en tenso presente.  No es algo que era verdad en un tiempo y después se corrigió, sino es algo que sigue siendo verdad.  Por más que hagamos siempre caemos cortos de la expectativa – eso es ser humano.

 

Todo el mundo es culpable de no ser perfecto.  Job era un hombre intachable, recto, temeroso de Dios y apartado del mal, sin embargo declaro, “¿Qué es el hombre para que sea puro, o el nacido de mujer para que sea justo?  He aquí, Dios no confía en sus santos, y ni los cielos son puros ante sus ojos; ¡cuánto menos el hombre, un ser abominable y corrompido, que bebe como agua la iniquidad!” (Job 15:14-16). 

 

Santiago, que era medio hermano del Señor, escribió, Porque todos tropezamos de muchas maneras…” (Santiago 3:2).  Y el apóstol Juan dijo, Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos…” (1 Juan 1:8).  Y nosotros no somos mejores que ellos.  Todos hemos mentido.  Todos hemos tenido malos pensamientos.  Hemos robado, engañado, sido infieles, ingratos y…pues, imperfectos por todo el tiempo que hemos vivido.  No podemos evitarlo – es parte de lo que somos. 

 

Para algunos es una parte más grande que otros; pero el punto es que todos somos personas caídas.  Y no importa que tan fuerte tratemos de hacer el bien, de ser buenos y de influir a otros a hacer y ser lo mismo, simplemente no hay manera de vivir sin hacer errores.

 

Las acciones más santas del santo más consagrado que haya vivido están todas más o menos llenas de defectos e imperfecciones.  Las obras más consagradas del ser humano son o mal en su motivo o defectuosas en su práctica.  Las obras más esplendidas del hombre en sí mismas no son más que imperfecciones esplendidas, que merecen la ira de Dios y la condenación, Todos nosotros somos como el inmundo, y como trapo de inmundicia todas nuestras obras justas…” (Isaías 64:6).

 

Este es un mensaje muy necesario para una generación de cristianos que tienen una idea exagerada de su propia importancia.  Aparte de la gracia de Dios, aun nuestros mejores esfuerzos son nada más que pecados esplendidos.  En mis mejores momentos, que son muy pocos, me doy cuenta que aun mis mejores esfuerzos caen dentro la categoría de insuficiencias esplendidas.  Este lado del cielo, todos somos un raudal demasiado triste, pero ahí es donde entra la gracia de Dios.

 

Nadie se salvara por sus obras, no importa cuán esplendidas sean.  Nuestra única esperanza del cielo es de correr hacia la cruz y echar mano de Cristo Jesús.  Todos necesitamos la ayuda divina.  Todos necesitamos la omnipotencia de la Deidad unida para sustentarnos en nuestro crecimiento espiritual.  Aun así, Dios necesita darnos fuerza para seguir adelante y ser fieles.

 

Todos somos pecadores esplendidos, perdedores adorables, desajustados miserables, y fracasos fantásticos.  Eso es todo lo que hay en la tierra – todos los perfectos están en el cielo.  Los únicos en la tierra son las personas con deficiencias graves.  El talento siempre ha sido muy escaso cuando se trata de la perfección moral.  Todo lo que Dios tiene para utilizar aquí en la tierra somos los imperfectos.

 

En el cielo todos seremos enormemente mejorados, pero por lo pronto somos obras en progreso.  Todos estamos siendo trabajados para ser presentados sin mancha delante del trono de Dios (Efesios 5:27).  Dios, como un artesano, comienza con una pieza sin forma y sin valor, con una naturaleza débil y pecaminosa, y con labor de amor la transformara en algo más precioso que el oro.  Pero hasta entonces, Dios tiene que usar personas muy desagradables que caen cortos en muchas maneras – y Él hace algunas cosas increíbles por medio de ellos.

 

Considere la lista de los héroes imperfectos de Dios.  Noé se emborracho.  Abraham mintió en cuanto a su mujer.  Jacob era un engañador.  Moisés asesino un egipcio y huyo al desierto.  Rahab era prostituta.  Sansón tenía problemas graves con la lascivia y el enojo.  David adultero y asesino para cubrir su mal.  Pablo perseguía a los cristianos.  Pedro negó a Cristo públicamente.

 

Si Dios escogiera sólo gente bien ajustada sin defectos de carácter, inevitablemente parte del crédito iría a la gente y no a Dios.  Por escoger gente defectuosa con un pasado malo, un presente fluctuante, y un futuro inseguro, Dios asegura que nadie pueda jactarse de sus hazañas, porque es Él quien hace la obra por ellos.  Dios no tolera el orgullo humano, así que escoge personas que no tienen nada de que jactarse.

 

El apóstol Pablo hace esto abundantemente claro en 1 Corintios 1:26-30, Pues considerad, hermanos, vuestro llamamiento; no hubo muchos sabios conforme a la carne, ni muchos poderosos, ni muchos nobles; sino que Dios ha escogido lo necio del mundo, para avergonzar a los sabios; y Dios ha escogido lo débil del mundo, para avergonzar a lo que es fuerte; y lo vil y despreciado del mundo ha escogido Dios; lo que no es, para anular lo que es; para que nadie se jacte delante de Dios.  Mas por obra suya estáis vosotros en Cristo Jesús, el cual se hizo para nosotros sabiduría de Dios, y justificación, y santificación, y redención, para que, tal como está escrito: EL QUE SE GLORIA, QUE SE GLORIE EN EL SEÑOR.”

 

Pablo comienza con recordarles lo que eran cuando Dios los salvo.  La palabra “llamamiento” se refiere a cuando vinieron a Cristo.  No muchos de ellos vinieron de las categorías cultas o superiores de la sociedad.  No muchos de ellos tenían lo que el mundo llama “buena educación.”  El término “nobles” se traduce en el griego como, honorable, moralmente recto, persona justa, aristócrata.  Por lo general, los corintios no venían de buen nacimiento o de linaje “sangre azul.”

 

En efecto, Pablo pone un espejo enfrente de ellos y dice, “Fíjense bien.  ¿Qué es lo que ven?”  Si eran honestos, no veían mucha gente impresionante.  La verdad es que la mayoría de ellos eran hombres y mujeres comunes, de orígenes mediocres, cuya vida había sido completamente transformada por Jesucristo.

Una verdad fundamental de la Biblia es que Dios escoge la gente muy diferente que el mundo.  Dios prefiere escoger los débiles en lugar de los fuertes.  Nunca ha sido verdad que la iglesia es poblada de las categorías altas, y aquí y allá incluye unos cuantos de las categorías bajas.  Lo opuesto es más cerca de la verdad.  La iglesia del Señor siempre ha consistido de los rechazados del mundo y incluye  algunos cuantos de entre los ricos y poderosos.  Los ricos, poderosos y nobles por lo general no creen que necesitan a Dios, pero los rechazados, los viles, los fracasados, los quebrantados sí.

 

Es elemental que usted reconozca que, “Dios ha escogido lo débil del mundo, para avergonzar a lo que es fuerte; y lo vil y despreciado del mundo ha escogido Dios; lo que no es para anular lo que es…” (1 Corintios 1:27-28).  Dios planeo el reino de esa manera.  Y ¿por qué hizo Dios esto?  ¿Con que propósito puebla Dios Su iglesia con lo peor de la humanidad?

 

Claramente, “…para que nadie se jacte delante de Dios.” (1 Corintios 1:29).  Dios quiere que todos los salvos reconozcan que no por sus propias obras son salvos, “Mas por obra suya estáis vosotros en Cristo Jesús, el cual se hizo para nosotros sabiduría de Dios, y justificación, y santificación, y redención…” (1 Corintios 1:30).

 

Nosotros nos sentimos indignos porque somos indignos.  Dios nos saco de entre la suciedad y la corrupción, Y El os dio vida a vosotros, que estabais muertos en vuestros delitos y pecados, en los cuales anduvisteis en otro tiempo según la corriente de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia, entre los cuales también todos nosotros en otro tiempo vivíamos en las pasiones de nuestra carne, satisfaciendo los deseos de la carne y de la mente, y éramos por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás.” (Efesios 2:1-3).

 

Nosotros somos salvos, no porque somos buenos o merecedores, sino por el amor de Dios, Pero Dios, que es rico en misericordia, por causa del gran amor con que nos amó, aun cuando estábamos muertos en nuestros delitos, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia habéis sido salvados), y con El nos resucitó, y con El nos sentó en los lugares celestiales en Cristo Jesús, a fin de poder mostrar en los siglos venideros las sobreabundantes riquezas de su gracia por su bondad para con nosotros en Cristo Jesús. Porque por gracia habéis sido salvados por medio de la fe, y esto no de vosotros, sino que es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe.” (Efesios 2:4-9).

 

Nosotros somos pecadores a quienes se les ha hecho un favor tremendo de ser categorizados entre los justos sin merecerlo.  Somos tratados como hijos de Dios, sin tener las cualificaciones para ser hijos de Dios.  Es cardinal que nunca olvide esta verdad divina.  En la vida espiritual, es muy saludable recordar cómo era la vida antes de conocer a Cristo.  Si puede recordar de donde comenzó, apreciara mucho más la gracia de Dios que le ha traído a donde está hoy.

 

Nosotros somos esencialmente gente carnal – la nueva creación es un cambio espiritual únicamente, no físico o mental.  Dios limpio nuestro espíritu de la culpabilidad y condenación, pero no la naturaleza física.  Estamos en el proceso de trasformación, pero la obra no está completa todavía, estando persuadido de esto, que el que comenzó en vosotros la buena obra la perfeccionaráhasta el día de Jesucristo.”  (Filipenses 1:6).

 

Cuando la Biblia dice que somos “nuevas criaturas” no quiere decir que somos hechos nuevos físicamente, mentalmente o emocionalmente.  Todavía tenemos el mismo color de cabello, la misma estatura, el mismo color de piel, etc.  Algunos somos calvos, gordos, flacos, musculosos, débiles, etc., y esto no cambia con el nuevo nacimiento.  Y lo mismo es verdad en cuanto nuestra mente – todavía tenemos los mismos temores, malas actitudes, dudas, deseos y pensamientos.

 

Es muy importante reconocer esta verdad, porque es donde muchos fracasan y nunca se desarrollan en la vida abundante.  ¡El nacimiento nuevo es espiritual solamente, y no físico o mental!  Eso quiere decir que el pecado todavía existe en nuestros cuerpos y nuestras mentes.  Nosotros tenemos que luchar y dominar el pecado en nuestros cuerpos y mentes todos los días.

Y esa lucha incluye tropiezos y caídas de muchas maneras; incluye adversidad y tentaciones que nos probaran hasta lo último.   Todavía hay mucho mal en cada uno de nosotros, nadie ha llegado al nivel que puede sentirse completamente sin culpa.  Todos tenemos cosas en nuestras vidas de que nos avergonzamos y que nos debilitan (lascivia, avaricia, glotonería), y es a esas cosas que Satanás apela para hacernos sentir indignos con el propósito de descorazonarnos y no sigamos tratando.  Satanás usa nuestras propias debilidades e ignorancias para desanimarnos.

 

Todos nosotros hemos fallado en una manera u otra, “Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos…”  Todos callemos cortos de las expectaciones de Dios en el proceso de vivir.  Todos experimentamos tentaciones en una forma u otra, y la mayoría de la veces – ¡ojalá! – tenemos bastante presencia mental para huir, pero en vez y en cuando caemos víctimas al engaño sutil de la tentación.  Eso es cuando Satanás nos acusa y nos hace sentir culpables y indignos.

 

Satanás significa adversario y diablo significa falso acusador, y esa es su tarea principal, Entonces me mostró al sumo sacerdote Josué, que estaba delante del ángel del SEÑOR; y Satanás estaba a su derecha para acusarlo.” (Zacarías 3:1).  Esto también es confirmado en el Nuevo Testamento, “Y oí una gran voz en el cielo, que decía: Ahora ha venido la salvación, el poder y el reino de nuestro Dios y la autoridad de su Cristo, porque el acusador de nuestros hermanos, el que los acusa delante de nuestro Dios día y noche, ha sido arrojado.” (Apoc. 12:10).

 

Cristo dijo que Satanás es mentiroso y padre de la mentira, …Cuando habla mentira, habla de su propia naturaleza, porque es mentiroso y el padre de la mentira.” (Juan 8:44).  Y una de sus mentiras más destructivas es que no servimos para nada porque somos indignos, a pesar de lo que Dios haya hecho o dicho.  Así que ahora nos dirigiremos a esta mentira.

 

Si esta mentira le está afectando a usted entonces está impidiendo que usted haga la voluntad de Dios.  Le está impidiendo ser la persona que Dios quiere que usted sea.  Cuando nosotros aceptamos algo que sabemos que es contrario a la voluntad de Dios, Satanás usa eso para establecer sus fortalezas en nosotros, “Para que no seamos engañados de Satanás: pues no ignoramos sus maquinaciones.” (2 Corintios 2:11).  Es vital para su salud espiritual que venza esa mentira con la verdad de Dios.

 

A pesar de todo lo que usted sienta, a pesar de lo que experimente en la vida, a pesar de lo que otros le digan, a pesar de que en vez y en cuando su conducta refleje más la vida vieja que la vida nueva en Cristo, Dios ha dicho que usted pertenece a Él, Pues no habéis recibido un espíritu de esclavitud para volver otra vez al temor, sino que habéis recibido un espíritu de adopción como hijos, por el cual clamamos: ¡Abba, Padre!  El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu de que somos hijos de Dios, y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si en verdad padecemos con El a fin de que también seamos glorificados con El.” (Romanos 8:15-17).

 

En los ojos de Dios, su vida vieja ya murió – usted es una nueva creación, tiene un corazón nuevo.  Usted tiene un nuevo Espíritu – el Espíritu de Dios.  Para Dios usted es una persona nueva.  Así que deje que su mente sea renovada por la verdad de Dios.  Nosotros sacamos nuestro merito y valor de lo que Dios dice de nosotros, y de nadie más.  ¡Nosotros somos valiosos porque Dios dice que somos!

 

Satanás usara sus propios pensamientos y sentimientos, usara su padre y madre y hermanos y marido y esposa y amigos, así como enemigos, para hacerle creer la mentira que es inservible, ¡pero no se crea!  Ni Satanás, ni su padre o madre o hermanos, ni su marido o esposa, ni sus amigos murieron en la cruz por usted más que Cristo.

 

Es Él a quien debe usted agradar y acudir y confesar sus pecados, y nadie más, Entonces, ¿qué diremos a esto?  Si Dios está por nosotros, ¿quién estará contra nosotros?  El que no eximió ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos concederá también con El todas las cosas?  ¿Quién acusará a los escogidos de Dios?  Dios es el que justifica.  ¿Quién es el que condena?  Cristo Jesús es el que murió, sí, más aún, el que resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros.” (Romanos 8:31-34).

 

Cuando usted tropiece, porque de cierto tropezara.  Cuando diga o haga algo que usted sabe que es mal; o cuando falte en hacer el bien que debe hacer.  Cuando por razón buena se sienta indigno o indigna, cuando sienta que no merece ser un siervo o sierva de Dios.  Cuando se sienta inútil, vil, culpable, y despreciable, y esté plenamente consciente de mal que hizo para sentirse así, arrepiéntase de pronto – inmediatamente.

 

No lo niegue, nunca se encapriche, no pretenda ignorancia – confiese su mala conducta al Señor.  Échese de rodillas en oración y ruego, y pida perdón y limpieza de su pecado.  Hable con su Dios como hablaría con su propio padre.  No trate de ser afectado o político con Él, desenvuelva su corazón delante de Él.

 

No se defienda, no se justifique, no ponga escusas, sólo exprese su corazón ante su Padre celestial.  Admita su indignidad, ruegue por misericordia, no por justificación.  Recuerde también que el Espíritu de Dios no acusa sino persuade y convence por Escritura y con mansedumbre, pero Satanás sólo acusa maliciosamente sin salida o alivio.

 

Aprenda del rey David, Ten piedad de mí, oh Dios, conforme a tu misericordia; conforme a lo inmenso de tu compasión, borra mis transgresiones.  Lávame por completo de mi maldad, y límpiame de mi pecado.  Porque yo reconozco mis transgresiones, y mi pecado está siempre delante de mí.  Contra ti, contra ti sólo he pecado, y he hecho lo malo delante de tus ojos, de manera que eres justo cuando hablas, y sin reproche cuando juzgas.  He aquí, yo nací en iniquidad, y en pecado me concibió mi madre.  He aquí, tú deseas la verdad en lo más íntimo, y en lo secreto me harás conocer sabiduría.  Purifícame con hisopo, y seré limpio; lávame, y seré más blanco que la nieve.  Hazme oír gozo y alegría; que se regocijen los huesos que has quebrantado.  Esconde tu rostro de mis pecados, y borra todas mis iniquidades.  Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, y renueva un espíritu recto dentro de mí.  No me eches de tu presencia, y no quites de mí tu santo Espíritu.  Restitúyeme el gozo de tu salvación, y sostenme con un espíritu de poder.” (Salmos 51:1-12).

 

Es importante que tenga en mente que Dios sabe quién es usted.  Él sabe que usted es débil, y que la tentación es aguda a veces, porque Cristo experimento lo mismo.  Él entiende que todos somos propensos al pecado.  Dios sólo quiere que seamos sinceros y verdaderos, que no nos escondamos de Él como Adán y Eva, que no pretendamos ignorancia como Caín.

 

Él quiere saber que verdaderamente odiamos el mal que hacemos, que no amamos las tinieblas más que la luz, que verdaderamente queremos caminar con Él en la luz, pero que a veces somos muy débiles.  Dios quiere saber qué deploramos el mal; que lamentamos nuestro estado carnal; que odiamos las cosas mundanas.  Dios quiere que busquemos Su rostro y Su presencia – eso Dios no rechaza, Los sacrificios de Dios son el espíritu contrito; al corazón contrito y humillado, oh Dios, no despreciarás.” Salmos 51:17).

 

Y habiendo hecho todo lo que la palabra de Dios le dice que haga; cuando haya hecho todo lo que está de su parte para reconciliarse con su Dios, entonces tenga la fe para creer que Él ha oído y perdonado su pecado.  Deje de sentirse indigno o indigna – perdónese a sí mismo.  No se consuma por demasiada tristeza y así deje que Satanás saque ventaja alguna de usted (2 Corintios 2:7).

 

Perdonarse a sí mismo es muy importante en poder influenciar a otros para el bien.  Es un hecho bien documentado que gente que duele hacen a otros doler.  Cuanto más tiempo evite perdonarse a sí, cuanto más tiempo permitirá sentimientos que usted merece sufrir por lo que hizo, lo más explosivo o explosiva se volverá y, por lo tanto, más capaz es de lastimar a otros.

 

La realidad es que usted no puede cambiar lo que sucedió.  Usted no puede restaurar las vidas a donde estaban antes que sucediera el evento.  No obstante, usted si puede hacer una diferencia en la vida de otros.  Usted puede devolver algo de lo que les quito por hallar un lugar diferente en donde invertir su tiempo y compasión.  ¡Perdónese a sí y deje que comience la curación!  Perdonarse a si cambiara la dirección de su vida.

 

Deje de creer que los sentimientos de Dios para usted están basados en que tan bueno o buena ha sido.  La realidad es que, por causa de Cristo, nuestra conducta pasada no tiene base en como Dios nos trata.  Dios acepta personas, no por el tamaño de sus pecados o por la cantidad de sus buenas obras, pero por la grandeza del sacrificio de Cristo.

 

Cristo sufrió para que nuestras faltas pudieran desaparecerse en un instante.  Todo lo que importa es que seamos honestos y abiertos con Él, y que nunca nos rindamos.  A un costo indescriptible a Si mismo, nuestro Señor ha hecho tan fácil para nosotros que tropezamos para reconciliarnos con Él, que muchos lo ven como demasiado bueno para que sea verdad.

 

¡Pero Dios es bueno! – mucho más de lo que nosotros podemos comprender.  Muchos nos preguntamos si acaso estaremos soñando, porque nuestra versión de la realidad es la pesadilla de vivir con los humanos, quienes son todos contaminados por motivos egoístas e impuros, y se tratan uno a otro correspondientemente.

 

Pero Dios es espantosamente superior a nosotros – santamente diferente – no sólo en poder pero en cualquier otro aspecto de perfección moral.  Eso quiere decir que Su generosidad, desinterés propio, bondad, perdón, y cualidades similares, son sorprendentemente superiores a todo lo que hemos encontrado en esta vida.

 

Y porque Dios es santamente benigno y santamente magnánimo ha elegido limpiar de nuestro registro celestial cada resbalón moral, si lo admitimos y nos arrepentimos, ¿Qué Dios hay como tú, que perdona la maldad del remanentede su heredad?  No retuvo para siempre su enojo, porque se deleita en la misericordia.” (Miqueas 7:18).  Todo lo que necesita es que usemos nuestro libre albedrio para darle permiso.  Dios requiere nuestro permiso porque Él ha establecido no ser un tirano temible, sino un Padre que honra nuestros deseos.

 

Dios sólo quiere que nos pongamos de acuerdo con Él de que necesitamos que nuestros defectos morales sean eliminados de los archivos celestiales, “Yo, yo soy quien borro tus rebeliones por amor de mí mismo, y no me acordaré de tus pecados.  Hazme recordar, entremos juntos a juicio.  ¡Habla tú para justificarte!” (Is. 43:25-26).   

 

Si concordamos con Dios que hicimos mal y que merecemos castigo, “…he hecho lo malo delante de tus ojos, de manera que eres justo cuando hablas, y sin reproche cuando juzgas.”  (Salmos 51:4).  Entonces Él se deleitara en perdonarnos, Si confesamos nuestros pecados,él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad.”  Esto Cristo logro por nosotros cuando sufrió el castigo completo que nuestros pecados merecían (1 Juan 1:9).

 

Es de importancia vital que hagamos la Palabra de Dios nuestra autoridad final por lo que creemos en lugar de determinar la verdad por nuestros sentimientos o experiencias.   Estamos en una lucha de vida y muerte por nuestras almas y las de los que nos rodean, por lo tanto, no deje que el enemigo le engañe que no sirve para nada porque es indigno.

 

Aunque es verdad que caemos y hacemos cosas indignas, Dios comoquiera sigue trabajando con nosotros y nos cuenta como dignos, aunque no le seamos, sólo por reconocer nuestra indignidad y aceptar la dignidad de Su Hijo unigénito que murió en la cruz por usted y yo.  No deje que la muerte de Cristo sea en vano, no deje que el diablo gane en su caso.  Nunca se quede caído o caída, levántese; mantenga su caminata y nunca deje de hacer su parte.

 

Aunque todos le digan que se rinda, ¡no se rinda!  Aunque le digan que es inútil, ¡No se crea!  Aunque se sienta indigno, ¡Recuerde que Jesús murió por los indignos!  Recuerde, también, que todos los esfuerzos de valor y excelencia son difíciles, siga arrepintiéndose, siga confesando sus pecados y acudiendo al Redentor de los debilitados, siga arrojándose sobre la misericordia del Intercesor de los mortales, hasta el último suspiro de su vida.  Sobre todo, recuerde que nadie ha caminado en sus zapatos, más que Jesús, el Cristo, y no hay ningún otro.

 

 “Cuando pequen contra ti (pues no hay hombre que no peque) y estés airado contra ellos, y los entregues delante del enemigo, y éstos los lleven cautivos a una tierra, lejana o cercana; si recapacitan en la tierra adonde hayan sido llevados cautivos, y se arrepienten y te suplican en la tierra de su cautiverio, diciendo: ‘Hemos pecado, hemos cometido iniquidad y hemos obrado perversamente’; si se vuelven a ti con todo su corazón y con toda su alma en la tierra de su cautiverio adonde hayan sido llevados cautivos, y oran vueltos hacia la tierra que diste a sus padres, hacia la ciudad que has escogido y hacia la casa que he edificado a tu nombre, escucha tú desde los cielos, desde el lugar de tu morada, su oración y sus súplicas, hazles justicia y perdona a tu pueblo que ha pecado contra ti.  Ahora, oh Dios mío, te ruego que tus ojos estén abiertos y tus oídos atentos a la oración elevada en este lugar.”  (2 Crónicas 6:36-40)

 

“Entonces dijo el Señora Satanás: ¡El Señorte reprenda,Satanás!  ¡El Señor, que ha escogido a Jerusalén, te reprenda!  ¿No es este un tizón arrebatado del incendio?  Josué, que estaba cubierto de vestiduras viles, permanecía en pie delante del ángel.  Habló el ángel y ordenó a los que estaban delante de él: Quitadle esas vestiduras viles.  Y a él dijo: Mira que he quitado de ti tu pecado y te he hecho vestir de ropas de gala.”  (Zacarías 3:2-4).

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