Enlace Histórico (36-39)

 

Capítulo 39

No Asiria, sino Babilonia

 

Este capítulo podría llevar varios títulos, por ejemplo, “El Embajador de Merodac-baladan,” “El Orgullo que Lleva a un Ocaso,” o “El Castigo del Orgullo.” Pero como quiera que sea el capítulo sirve como una transición de la amenaza asiria a la preparación para la cautividad babilónica, el título seleccionado parece ser el más apropiado.

      La dificultad más severa que enfrentan los comentaristas en este punto es poner fecha al pasaje. Es imposible precisar el tiempo exacto del mensajero y de las cartas del rey de Babilonia. Para una breve discusión del reinado de Merodac-baladan ver la introducción al capítulo 21, y para el tiempo de la enfermedad de Ezequías ver la introducción al capítulo 38. Es posible que la enfermedad de Ezequías ocurrió antes de lo que hemos sugerido en el capítulo anterior, pero esto levanta otros problemas. En este punto, la determinación de las fechas con certidumbre está más allá de nuestra capacidad.

 

El Profeta Contra el Rey (vers 1-4)

 

      1 En aquel tiempo, el tiempo de la recuperación de Ezequías, o un poco tiempo después, Merodac-baladán hijo de Baladán, de la casa de Yakin (aparentemente el fundador de la dinastía), envió cartas y un presente a Ezequías. Merodac-baladán es recordado como un rey astuto y ambicioso y un acerbo enemigo de los reyes Sargón y Senaquerib de Asiria. No era usual enviar embajadores de un país a otro por razones políticas (ver 18:1-3; 30:1-7). Sin embargo, este lo era. Era más inusual para un rey enviar cartas de congratulación y un presente a un rey tan distante en la recuperación de su enfermedad. También, había la diferencia en estatura y rango mundial entre el rey de Babilonia y Ezequías de Judá. Hay dos razones probables para lo del embajador. Una era investigar el milagro del reloj de sol, porque vinieron “para saber del prodigio que había acontecido en el país” (2 Crón 32:31); la otra razón, que es generalmente asumida por los estudiantes de la Biblia, fue que el rey de Babilonia necesitaba todo el apoyo que pudiera obtener contra Asiria.

      2No hay ninguna duda que Ezequías halagado por esta atención, porque se dice, “se enalteció su corazón” (2 Crón 32:25), y se regocijó con (K.: “los oyó” ) ellos. Al parecer había olvidado que era a Jehová el que le había conservado la vida y la ciudad, y al que le había prometido andar humildemente todos los días de su vida (38:15). Como su antepasado David había sucumbido a los deseos de la carne, y Salomón se había rendido a la adulación y al orgullo. ¡La carne es terriblemente débil! En apariencia, desde el pago del fuerte tributo a Senaquerib, había acumulado considerables riquezas, la magnitud de tales riquezas es indicada en 2 Crónicas 32:27-29. Muchas de estas podrían haber sido regalos que le enviaron después de su enfermedad (2 Crón 32:23). Al mostrar a los hombres de Babilonia toda su riqueza, plata, oro, especies aromáticas, aceites preciosos (usados como ungüentos), y las armaduras entre sus tesoros, parece que estaba intentando darles la impresión que era un rey digno de alta estima. Sus dominios, significa “autoridad” o “reino,” probablemente se refiere a su gobierno. Es dudoso que los llevara en un recorrido a Judá, sino que probablemente les mostró la obra de su sistema de gobierno. Es difícil imaginar a un rey mostrando con gozo a un enemigo potencial todo su arsenal y riqueza, pero tal es el poder de la adulación.

      3 El énfasis del profeta Isaías y del rey Ezequías enfoca la atención en las posiciones de los dos hombres: uno es el vocero de Jehová, el otro Su subgerente en asuntos políticos. Cualesquiera que pudieran haber sido los sentimientos o consideraciones personales que cada uno tuviera del otro, el profeta no está en ningún modo atemorizado o intimidado por el rey o atemorizado de los posibles resultados. Él pregunta tres cuestiones: (1) ¿Qué dicen estos hombres? – Ezequías no responde; (2) ¿y de dónde han venido? – La respuesta de Ezequías da indicios de orgullo mundano. Vinieron de un país lejano, aun desde Babilonia, a mí. Esta última palabra es un alarde obvio.

      4 El profeta profiere la tercer pregunta: (3) ¿Qué han visto en tu casa? El rey responde con honestidad admirable; no oculta nada: Todo lo que hay en mi casa han visto. Admite sin reservas haber mostrado a los babilonios todos sus tesoros. Tenemos aquí otra tragedia del actuar irresponsable sobre la intuición humana y motivación carnal sin buscar la guía de Jehová (ver Jos 9:14).

 

La Palabra de Condena (vers 5-8)

 

      5 Aparentemente el profeta había sido comisionado con el mensaje divino antes de venir al rey; porque enseguida dijo, Oye palabra de Jehová de los ejércitos. Isaías había denunciado las alianzas de Acaz con Asiria y de los políticos de Judá con Egipto, y ahora está listo para denunciar cualquier alianza o relación de Ezequías con Babilonia. En la mente del profeta todas estas asociaciones del pueblo de Dios con el mundo son un rechazo de la dependencia sobre el Señor y, de esta forma, es pecado. Tales relaciones claman la muerte de los fallecidos por la verdad y la justicia.

      6 El profeta inicia su mensaje con su acostumbrado llamado a la atención, He aquí. Continua, vienen días (no da intimación como a cuándo), en que será llevado a Babilonia todo lo que hay en tu casa – todo lo que Ezequías ha adquirido a acumulado. Esta es la primera referencia inconfundible a Babilonia como la tierra de la cautividad. Ninguna cosa quedará; esto está garantizado, porque lo dice Jehová. De nuevo la lección enseñada es que cuando miramos los frutos de nuestra labor, estamos obligados a decir, “y he aquí, todo [es] vanidad y aflicción de espíritu, y sin provecho debajo del sol” (Ecl 2:11); y también, “el mundo pasa, y sus deseos (1 Jn 2:17). ¡En Ezequías es ilustrada la vanidad de todas las cosas terrenales!

      7 No solo las posesiones atesoradas de Ezequías serían llevadas a Babilonia, sino que también sus descendientes serían tomados allí y servirían como eunucos en la casa del rey. Es incierto ya sea que eunucos se refiera solamente a individuos mutilados o a funcionarios en posiciones clave de gobierno (ver Dan 1:3). Es más probable que en este caso lo último sea el significado.

      8 Ezequías se somete humildemente a la voluntad de Dios, agradecido por cualquier misericordia hacia él por el Señor: La palabra de Dios que has hablado es buena. El profeta ha sido genuino en su misión, Jehová ha mostrado misericordia, y ahora el rey muestra su sentimiento de gratitud y agradecimiento: A lo menos haya paz y seguridad en mis días. Aunque podría ser un elemento de egoísmo en su respuesta, el rey podría estar dando crédito por su gratitud a que puede finalizar su reinado en tranquilidad. Note que la nación no es nombrada en la profecía de deportación y cautividad de Isaías; solo la casa del rey es seleccionada. Pero debido a los pecados de Manasés y su influencia en la nación para pecar más allá que las naciones terrenales (2 Rey 21:9-15), Judá llegó a ser peor que Israel y que Sodoma (Jer 3:11; Ezeq 16:46-47). Consecuentemente, fue declarado que la nación sería llevada fuera por cincuenta años, después de los cuales un remanente regresaría (Miq 4:10). (Usamos la figura de cincuenta años puesto que las deportaciones cubrieron un periodo de veinte años. La cautividad duró setenta años, pero Jerusalén estuvo sin judíos por solo cincuenta).

Capítulo 39. No Asiria, sino Babilonia

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  • El Periodo Asirio: Conflicto y Victoria (1-39)
  • Profecías de Juicio en Contra de Naciones Individuales

(13-23)

El profeta terminó de  declarar las cargas sobre las tres naciones paganas: Babilonia, Edom, y Arabia (cap 21). ¿Por qué debe ahora incluir una relacionada con Jerusalén, la ciudad donde él y su pueblo residen? La relación entre las cuatro es una de carácter en vez de parentesco físico. Si el pueblo de Dios está comportándose como las naciones paganas, deben sufrir las mismas consecuencias por su comportamiento. Se punto se aclara mientras consideramos la profecía.

      La profecía cae en dos partes distintas: en la primera, la ciudad de Jerusalén está bajo la ira de Dios (vers 1-14); la segunda trata con un tesorero individual (vers 15-25). La fecha del juicio al que apunta la profecía es muy indefinida e incierta. La gran mayoría sostiene está a la vista que Senaquerib (701 A.C.) atacó la ciudad (Barnes, Erdman, Leupold, Rawlinson, Smith, y Driver, quienes dicen “probablemente”). Alexander ofrece una opción entre el evento concreto de la captura de Manasés por los asirios (2 Crón 33:11) y el deterioro general de Jerusalén. Delitzsch piensa que la profecía señala a un periodo intermedio cuando Judá esperaba librarse de Asiria por medio de una alianza con Egipto. Calvin define el cumplimiento de la profecía en la destrucción de Jerusalén (586 A.C.). En una forma típica de los eruditos liberales, Clements cree que parte del pasaje apunta al701 A.C. y fue escrito por Isaías, y otra parte pertenece a la caída de Jerusalén en el586 A.C. y fue agregado por un redactor que vivió después de ese tiempo. Young piensa que Isaías está describiendo la debacle general de la nación hasta que esta cae en las manos de Babilonia. A la luz de tales diferencias, es imprudente ser dogmático.

      Cuando consideramos la preparación de Exequias para el cerco por parte de Senaquerib, tal como su provisión de agua en la ciudad y en su reparación de los muros (2 Crón 32:1-5,30), los eventos del 701 A.C. parecen estar a la vista de Isaías. Sin embargo, cuando son examinados otros asuntos, la conclusión de Young es que el cap 22 que describe la debacle general y la destrucción final de la ciudad es igualmente atractivo. La selección parece yacer entre el cerco de Senaquerib (701 A.C.) y el periodo total del cerco de Senaquerib hasta la caída de la ciudad a manos de Nabucodonosor (586 A.C.).

      Las dos invasiones extranjeras tienen algunos aspectos en Común. En tanto que Senaquerib estaba cercando Laquis, Ezequias le envió un gran tributo de plata y de oro, disculpándose por haberlo ofendido al rebelarse contra él (2 Rey 19:9; Isa 37:9), mientras que esto podría haber levantado falsas esperanzas y regocijo entre los judíos,él redobló su esfuerzo para persuadir a Ezequias a someterse (2 Rey 19:10-13). Tirhaca demostró ser tener una amenaza no efectiva; fue Jehová quien le dio a Judá la victoria (2 Rey 19:35-37).

      En el cerco caldeo del 587-586 A.C., Nabucodonosor estaba peleando contra Jerusalén, Laquis, y Azeca, las únicas ciudades de Judá que permanecían fortificadas (Jer 34:6-7). A la palabra de Jehová por medio de Jeremías, el rey Sedequías proclamó la libertad a todos los siervos y siervas; pero más tarde el dio marcha atrás al decreto y causó que los siervos liberados fueran sujetos de nuevo a sus amos (Jer 34:8-11). Este cambio de corazón podría haber sido ocasionado por el levantamiento del cerco de los caldeos. ¿Por qué fue levantado el cerco? Jeremías dice, “Y cuando el ejército de faraón había salido de Egipto, y llegó noticia de ello a oídos de los caldeos que tenían sitiada a Jerusalén, se retiraron de Jerusalén” (Jer 37:5). Como en el caso de Senaquerib, las noticias de la aproximación del ejército egipcio dio entrada una falsa esperanza y una ocasión para el regocijo. Pero también como en los días del cerco de Senaquerib, Egipto no estaba para ayudar en contra de Nabucodonosor, sino, como Jehová dijo, aquellos que subieron fuera de Egipto para ayudar regresaron a Egipto a su propia tierra (Jer 37:7). Este tiempo, en lugar de la liberación de la ciudad, como en los días de Senaquerib, Jehová la entregó en las manos de los babilonios. Que Isaías 22 puede referirse a los eventos ya sea del 701 o del 586 hace plausible el punto de vista que el profeta está realmente hablando de la debacle de Jerusalén durante el periodo general total.

Reprensión del Espíritu de Frivolidad del Pueblo (vers 1-14)

1 La expresión el valle de la visión no parece indicar una localización geográfica en particular, sino más bien un pueblo cortado del mundo (ver Jer 21:13), rodeada y protegida por las montañas y por Jehová (Sal 125:1-2). Como la morada de Jehová, de la que emanan todas las profecías, Jerusalén era el valle de la visión, la sede de la profecía. Los tejados eran terrados donde el pueblo podría retirarse para relajarse (2 Sam 11:2), para la adoración idolatra (Jer 19:13; Sof 1:5), o para lamentarse (Jer 48:38). Ninguna de estas posibilidades parece estar de acuerdo con la acusación del profeta; la adoración hipócrita podría ser parte de lo que ve Isaías, pero las otras parecen no serlo. ¿Es posible que en esta ocasión el pueblo tenga, en un espíritu de falsa confianza, estarse subiendo a sus terrados para observar la llegada del ejército? Tal vez tenemos aquí una descripción del espíritu del pueblo – un espíritu de confianza imprudente frente a la espada de Damocles. Este espíritu los caracterizó a lo largo del periodo total desde Senaquerib hasta Nabucodonosor, así como caracterizó a Nínive justo antes de la destrucción que cayó sobre la ciudad.

      2 El pueblo de esta ciudad turbulenta será esclavizado, no en una batalla o con la espada, sino por la holladura del Señor (vers 5), la consecuencia de su rechazo de Jehová. Smith dijo también bien, “Jerusalén parece agobiado al anticipar su liberación por el suicidio moral” (I. 323).

      3 Los gobernadores y los jueces que podrían haber defendido y guiado al pueblo les fallarán y serán capturados, amarrados, y llevados lejos. Esto fue finalmente cumplido en la persona de Sedequías cuando la nación cayó ante Nabucodonosor (Jer 52:7-11). La palabra de Jehová hablada en el inicio de la historia judía fue cumplida (Lev 26:14-45; Deut 28:15-68).

      4 El profeta aparta la mirada de esta terrible visión y revela las emociones de su corazón. Él llorará afligidamente, aun al punto del cansancio, no en secreto, sin que la gente abiertamente podría darse cuenta de la gravedad de la profecía. No hay remedio para intentar consolarlo; él no puede ser consolado. La causa: la destrucción de la hija de mi pueblo – el pueblo mismo. Lo que el profeta describe no iba a ser cumplido en los días de Senaquerib, sino que parece ser un punto de vista amplio del espíritu del pueblo que lo llevó finalmente a la destrucción bajo Nabucodonosor.

      5 Frente al espíritu descrito en los vers 1-4, el Señor tiene en reserva un día en el que habrá alboroto y derrota, una holladura que es grande (ver 2:11-12), y perplejidad – el pueblo no sabe que hacer en medio de su confusión. Su regocijo, ya sea la expresión de un espíritu general a lo largo de todo el periodo (701-586 A.C.) o la reacción a un ataque específico, debe terminar en juicio por parte del Señor; la visión y las profecías del Señor deben ser cumplidas. En el derrumbamiento de las paredes del muro, el pueblo llorará, no a Jehová, su única fuente de ayuda, sino a las montañas, las fuerzas naturales que no pueden ayudar.

      6 Isaías ya ha profetizado que Elam, un pueblo guerrero del oriente de Babilonia que era notable por su uso del arco (Jer 49:34-39), junto con Media, traerán la caída sobre Babilonia (21:2,9). Ellos proveerán también arqueros, conductores de cuadrigas, y caballerías en contra de Jerusalén. Kir (no debe ser confundido con el Kir de 15:1),significa “muro,” parece haber estado localizado en algún lugar del norte de Elam. Amos habla de Kir como la casa original de los sirios (Amos 9:7), y el lugar a donde Siria sería llevada cautiva (Amos 1:5; 2 Rey 16:9). El pueblo de Elam y de Kir podría haber estado tanto en el ejército de Asiria como de Babilonia. Lo que el profeta busca enfatizar, no son las naciones específicas, sino la gran distancia de donde vendrían los fieros guerreros. La revelación del escudo simplemente indica la cobertura protectora del escudo en preparación para la batalla.

      7 El profeta habla en tiempo pasado, esto es, el profético perfecto, como si el evento hubiera sido ya cumplido; porque si Dios decreta una cosa, es tan cierto que va a ser hecho como si ya hubiera sido ejecutado. Isaías mira los valles escogidos y sobre la ciudad llena con cuadrigas. Los jinetes están ante la puerta, listos para entrar. Que los valles están llenos indica que las fuerzas tienden a la conquista y a la destrucción constituyen una hueste numerosa.

      8 Y desnudó la cubierta de Judá. Está cláusula ha sido interpretada de diferentes formas: “la desnudez que hizo que Judá se cegara a la espada de Democles” (Delitzsch); “el velo de la ignorancia (ver 25:7)” (Leupold); “todo lo que protegía a la nación de la vergüenza y de la desgracia ha sido quitado, así que Jerusalén se mantiene en pie ante el deshonor” (Young); “la referencia es a Dios que había apartado su protección de Jerusalén así que no existía defensa adecuada para impedi a las fuerzas babilónicas de llevar a cabo su voluntad de destrucción” (Clements). Yo me inclino a estar de acuerdo con Clements, porque en lugar de guiar a Su pueblo, Jehová “Extendió una nube por cubierta,/ Y fuego para alumbrar la noche” (Sal 105:39). Esto era un símbolo de Su presencia (Sal 78:14; Exo 13:21), lo que Él restauraría en la Sion redimida (4:5). Esta protección por parte de Jehová salvó a la ciudad del cerco de Senaquerib, pero eventualmente fue quitada cuando Nabucodonosor destruyó la ciudad (ver el retiro de la presencia y de la gloria de Jehová en Eze 11:22-25). Con el retiro de la presencia de Jehová como una cubierta, el pueblo fue dejado solo con sus propios medios – ellos miraron hacia la casa de armas del bosque, el arsenal levantado por Salomón (1 Rey 7:2; 10:17) donde fueron almacenadas las armas.

      9-11 Las brechas desarrolladas en la ciudad de David – tanto debilidades literales en las mismas paredes  como el decaimiento del carácter moral del pueblo, que habían permitido la gloria espiritual de Sion para debilitar y manchar. En conjunto demasiado tarde ellos empezaron a hacer esfuerzos para mantener el cerco construyendo tanques de almacenamiento de agua entre los muros y contando las casas, derribando lo que podría ser guardado y usando las piedras para reparar los muros. Pero esto no era toda la ganancia. El error de los pueblos estaba en su falla de mirar hacia Jehová, la fuente de protección y de liberación, el único que había determinado su destrucción si ellos le volteaban la espalda a Él (ver Deut 28:15-68).

      12 Al continuar con el perfecto profético, el profeta dice, en este día – el “día de turbación” de los vers 5-11 – Jehová llamó al pueblo al arrepentimiento. Este arrepentimiento iba a encontrar expresión en el llanto, en las endechas, en la desvinculación del pelo o raparse el cabello, y en vestirse con cilicio; todas estas acciones demuestran contrición del espíritu.

      13 Pero en lugar de arrepentimiento, el Señor mira gozo y alegría, matando vacas y degollando ovejas, comiendo carne y bebiendo vino. El llamado produjo un efecto opuesto que reflejó el verdadero carácter del pueblo. Su actitud total era, Comamos y bebamos, porque mañana moriremos. Delitzsch observa, “Esto no implica que ellos sintieran algún placer con la idea de la muerte, sino que indica un amor de la vida que se burla de la muerte” (I. 396). Smith dice, “Por la mitad de una centuria [durante la profecía de los profetas] este pueblo había adorado a Dios, pero ellos nunca habían confiado en Él más allá de los límites de su pacto y de su salvaguardia” (I. 329). De esta manera cuando eso en lo que ellos creyeron se derrumbó, su religión también se derrumbó; ellos ahora dieron cabida a la disipación sensual y a la rebeldía.

      14 La mofa que atenta contra el castigo y la apelación de Dios será perdonado; trae la muerte. El Señor Jehová de los ejércitos reveló a los oídos del profeta, este pecado no os será perdonado hasta que muráis. El pueblo había cometido un pecado imperdonable que podría ser expiado solo por la muerte de la nación.

      Como sugerimos en la introducción de este capítulo, el profeta no está describiendo el cerco de Jerusalén por ya sea Senaquerib o por Nacubodonosor, sino la condición general del corazón del pueblo entre aquellos dos sitios, la apelación urgente de Jehová, y la destrucción final de la nación por parte de Babilonia.

La Falta de los Mayordomos (vers 15-25)

15 Como ha sido observado por numerosos comentaristas, esta profecía en contra de Sebna es la profecía solo de Isaías contra un individuo (a menos que consideremos la parte anterior de esta sección una profecía contra Eliaquim). Driver sugiere que Sebna era probablemente un sirio (p. 102). El ejemplifica el espíritu carnal del periodo: lujuria, ostentación, y el deseo de gloria personal. Aun cuando él tuvo un carácter histórico, también personifica el espíritu general de la ambición política de ese tiempo (el espíritu del pueblo durante este período ya ha sido expuesto en los vers 1-14). Sebna es descrito como el tesorero o mayordomo que está sobre la casa, aparentemente un oficio de gran importancia y envergadura, que es originado con la organización de Salomón de su gabinete político y continuó en lo sucesivo (1 Rey 4:6; 2 Rey 15:5). La destitución de Sebna es aparente en Isa 36:3 y en 37:2, donde él habló de cómo el “escriba” o cronista, segundo de Eliaquim. Si Eliaquim, que sucedió a Sebna, no fue de hecho culpable de nepotismo, él fue por lo menos fuertemente advertido en contra de ello. El nepotismo involucra ya sea mirar solo por la familia inmediata de alguien y no por el bienestar de la misma nación, o permitir que los miembros de una familia asciendan por el camino de una posición.

      16 El lenguaje de Isaías indica fuerte oposición mientras él viene osadamente a Sebna y pregunta tajantemente, ¿Qué tienes tú aquí, o a quién tienes aquí, que labraste aquí sepulcro para ti, como el que en lugar alto labra su sepultura, o el que esculpe para sí morada en una peña? El lenguaje parece retar al derecho de Sebna a mantener en alto el oficio. Al esculpir un memorial para si mismo, una tumba elaborada en lugar alto, en un lugar más prominente, él ha usado extremadamente mal su oficio. El que se cree que es el dintel de la tumba de Sebna contiene “la tercera inscripción monumental más grande en el hebreo arcaico.”[1]

      17 El viejo dicho, “El hombre propone, pero Dios dispone,” es verdad en el caso de Sebna. Él había pensado ser enterrado en Jerusalén en el esplendor; Jehová tenía otros planes. La palabra de introducción He aquí enfatiza la importancia de lo que sigue. Como un hombre fuerte, Jehová se mantendrá firme contra él y se lo lanzará.

      18 Como un viento podría enrollar un objeto en una bola que puede ser asida, Jehová enrollará a Sebna y lo echará fuera de la tierra a una tierra extensa, un país extranjero, un país en el que rodará como una bola y morirá. La cláusula y allá estarán los carros de tu gloria se refiere a la ostentación a las maneras lujosas de Sebna de manejar en la ciudad y en el país en carros ostentosos, así hoy uno podría dar más importancia a los automóviles lujosos que a hacer su trabajo. Él se ha gloriado en los carros, pero la vergüenza vendrá a él como él ha sido la vergüenza de la casa de su señor. Aun cuando no hay registro de cuando o a que país fue llevado, sabemos que a menos que él se arrepintiera, evitando entonces el castigo, él fue seguramente desterrado.

      19 Una vez más Jehová enfatiza lo que significa que Él arroja a Signa: Y te arrojaré de tu lugar, y de tu puesto te empujaré. Repetidamente es demostrado enla Escritura que Jehová levantará y envilece a los hombres; todos están en Su mano.

      20-21 Cuando Jehová destituya a Sebna, Él tendrá a un hombre listo para tomar el papel que Sebna debería haber cumplido. Al continuar dirigiéndose a Sebna, el Señor habla de Eliaquim, el hijo de Hilcías, como mi siervo, un título de honor que designa a alguien que ya era siervo de Jehová, habitualmente llevando a cabo la voluntad del Maestro. Cuando el comisionado del rey Eliaquim se reúne más tarde con Rabsaces (un oficial de alto rango en el ejército de Senaquerib), él está hablando de cómo alguien “sobre la casa” mientras que Sebna es referido como el “escriba” (36:3; 37:2). Es incierto si la expresión, y lo vestiré de tus vestiduras, y lo ceñiré de tu talabarte, que es dirigido a Sebna, se refiere a un tipo particular de vestidura usada por alguien de su rango o es una metáfora – Dios vestirá a Eliaquim con la posición de nobleza de Sebna. El cinturón sugiere que Eliaquim será afirmado (o ceñido) en el oficio; Jehová dará el poderoso gobierno ejercido por Sebna en las manos de Eliaquim. Además de esto el Señor dice, y será padre al morador de Jerusalén, y a la casa de Judá. Ser un padre al pueblo sugiere un cuidado protector ejercido por amor y tienen que ver con aquellos confiados en mantener a alguien. Como José fue un padre para el faraón (Gén 45:8), y Job “a los menesterosos era padre” (Job 29:16), así Eliaquim lo era para el pueblo y para la nación.

      22 Es dudoso si la expresión, Y pondré la llave de la casa de David sobre su hombro, tiene referencia a una llave literal para el palacio del rey o para la ciudad; más probablemente se refiere a las responsabilidad para ejercer el poder del oficio confiado a él. Su ordenamiento será final; cuando él abre nadie cierra, y cuando él cierra, nadie abre – una indicación del poder de su oficio para hacer decisiones definitivas. La profecía no parece ser mesiánica, aunque si bien Jesús usó la frase relacionandola con Él mismo (Apoc 3:7). Tanto Jesús como Eliaquim tienen autoridad para atar o desatar a lo cual nadie tiene el derecho de alterar. La autoridad de Jesús es absoluta; Eliaquim, sin embargo, está sujeto al rey.

     23-24 Eliaquim fue el escogido de Jehová para el oficio. Su siervo al que Él vestiría con poder y al que Él consignaría la llave de David. En este punto Jehová parece estar hablando a Sebna; el resto del capitulo podría estar hablando también a él, pero está definitivamente hablando para el beneficio de Eliaquim. Es una advertencia del riesgo que él encontrará de su familia. Y lo hincaré como clavo (o clavija) en lugar firme (seguro). Las clavijas son manejadas en paredes macizas para agarraderas de vestidos o recipientes. Eliaquim ocupará un lugar importante y tiene responsabilidad de que el pueblo se apoye fuertemente. Y será por asiento de honra a la casa de su padre. El honor de la casa de su padre, que hasta la fecha parece haber sido insignificante, será reflejado en él y atraerá a muchos parientes a él. Contra esto él está advertido de ser un guarda en todo momento. Debido a la gloria para él y para la casa de su padre, los hijos y los nietos, lo digno y lo indigno, todos los vasos menores, desde las tazas hasta toda clase de jarros, desde las pequeñas copas hasta las grandes botellas de vino o las jarras, buscarán juntarse ellos mismos a él. Ellos buscarán participar y sacar provecho de su honor y de su gloria colgándose ellos mismos sobre él.

      25 Parece del todo improbable que el profeta tenga a Sebna en mente (como algunos sugieren), porque Eliaquim es el clavo sujeto en un lugar seguro. No es seguro que Eliaquim se rindió a la presión de los esfuerzos de su familia de encumbrarse a la distinción sobre las bases de su posición. Él es simplemente advertido del riesgo del nepotismo. Es más probable que lo que Jehová está acentuando aquí es que el sistema total del que Sebna y Eliaquim son parte (algunos sirven en este sistema honorablemente y otros deshonrosamente) eventualmente vendrán a un fin. Y la carga (ver vers 1) que sobre él se puso se echará a perder; porque Jehová habló. Con la venida del Mesías, que reclamará lo que se le fue dado a Eliaquim (Apoc 3:7), lo antiguo será quitado y da forma a lo nuevo. El Mesías asegurará el reino y todas las cosas de él para Jehová.

      Entonces parece que la carga del capítulo 22 es genérico: se ocupa de la nación y de la ciudad como un todo. Describe el juicio final de Jerusalén (vers 1-14) y el final de todos sus gobernantes, los que no lo consideraron y que no son honorables. Cuando el propósito de Jehová es cumplido en su siervo por venir, todo pasará.



[1]  Zondervan Pictorial Enciclopedia of the bible, vol. 5, p. 381.

Capítulo 22 El Valle de la Visión, Jerusalén

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La Profecía en Contra de Babilonia

CAPÍTULO 13

  • El Periodo Asirio: Conflicto y Victoria (1-39)
  • Profecías de Juicio en Contra de Naciones Individuales (13-23)

El Llamado a las Armas (vers 1-5)

            1 Profecía sobre Babilonia, revelada a Isaías hijo de Amoz. La palabra traducida profecía (en el hebreo massa) significa literalmente “una acusación”. Delitzsch prefiere “profecía” (al margen), indicando un “veredicto de Dios…la sentencia judicial de Dios” (I. 285). Podríamos concluir que la palabra lleva la idea de una declaración de condena grave o de peso por parte de Jehová. La palabra profecía es aplicada a nueve de las diez naciones que cayeron bajo la condena de Jehová en esta sección, incluyendo a Judá y excluyendo a Etiopía. Por otro lado, ocurre en conexión con el pronunciamiento de la condena de Judá o de Jerusalén (22:15).

      2 Aun cuando Él no es específicamente nombrado, el mandamiento del versículo 2 es emitido por Jehová; es un emplazamiento para proveer un ejército. Hay tres mandamientos: (1) levantar una insignia o bandera, un lugar de reunión, sobre un monte raso donde pueda ser visto claramente; (2) clamar, alzar la voz, que pudiera ser oído lejos; (3) agitar o mover la mano, denotando un llamado urgente. Aquellos llamados deben entrar a las puertas de los nobles, ya sea a Babilonia, la ciudad de los nobles, o a la ciudad gobernada por los nobles.

      3 Aquellos consagrados por Jehová son llamados a llevar adelante la misión de la guerra. Ellos son descritos como valientes, los que se alegran con mi gloria, aquellos que ejecutarán Su ira contra Babilonia. Ellos son más tarde identificados como los medos. Note que el llamado y la ejecución son en su totalidad por parte de Jehová; el ejército será un instrumento en Su mano.

      4 El ritmo de la profecía se eleva; los montes se conmocionan. Estruendo de multitud de los montes, como de mucho pueblo. La respuesta al llamado es instantáneo; Isaías mira un grupo tumultuoso: estruendo de ruido de reinos, de naciones reunidas. El grupo es una multitud heterogénea de varias nacionalidades colocadas juntas para la guerra. Toda duda sobre quien está al mando es quitada ahora; Jehová de los ejércitos pasa revista a las tropas para la batalla.

      5 Jehová mezclará rápidamente este grupo mixto a una fuerza conquistadora. Sin nombrar aun el nombre de los países que vendrán, el profeta continúa: Vienen de lejana tierra, de lo postrero de los cielos. Jehová los usará como los instrumentos de su ira, para destruir toda la tierra. Babilonia, la nación que se levantaría para dominar al mundo y para llevar a Judá a la cautividad (Miq 4:10), a su vez sería derribada por la mano poderosa de Jehová de los ejércitos.

El Terror del Día de Jehová (vers 6-16)

      6 El profeta describe el día de Jehová que está por venir sobre Babilonia. El día estaba cercano, pero no desde el punto de vista de Isaías, porque Babilonia no había alcanzado la cima de su poder; no estaba lista para la destrucción. Nabopolassar y Nabucodonosor no habían construido aún la ciudad y el imperio al punto en que Nabucodonosor pudiera decir, ¿No es ésta la gran Babilonia que yo edifiqué para casa real con la fuerza de mi poder, y para gloria de mi majestad?” (Dan 4:30). El día de Jehová vendrá cuando Babilonia está en su mayor poder. El día de Jehová (el día del Señor) es siempre un día de juicio y de ira aguda de Jehová. Como tal, es un día de destrucción para aquellos sobre los que cae, si bien podría ser un día de liberación para los fieles; vendrá como asolamiento del Todopoderoso.

      7-8 Los hombres tendrán un sentido de impotencia absoluta; sus manos serán débiles y sus corazones desfallecerán dentro de ellos. En su abatimiento el condenado sentirá angustias y dolores, angustia como los dolores terribles de una mujer en parto. Mientras ellos se miraban uno al otro, sus rostros, rostros de llamas. Mientras ellos vieron el estallido de la Babilonia encendida en un rojo brillante y entonces menguar a una futilidad pálida, sus caras serán semejantes alternativamente al florecimiento y a la caída.

      9 El día es descrito ahora por si mismo. He aquí el día de Jehová viene, terrible, y de indignación y ardor de ira, para convertir la tierra en soledad, y raer de ella a sus pecadores. Esta es el asolamiento del Todopoderoso (vers. 6). La tierra es dejada en desolación, y los pecadores son destruidos fuera de ella, El pecado trae sus consecuencias terribles y aterradoras sobre el hombre y sobre todas las cosas que son tocadas por él y por su pecado. Aun cuando la descripción que sigue podría presagiar el juicio final y último, el profeta no tiene eso en mente. Más bien, él está hablando de Babilonia y de su destrucción, el final del mundo babilónico.

      10 Por lo cual las estrellas de los cielos y sus luceros no darán su luz; y el sol se oscurecerá al nacer, y la luna no dará su resplandor. Todo es oscuro – sin estrellas y sin luz – no físicamente, sino sicológicamente. Isaías ya ha introducido tal pensamiento (5:30). Nos recuerda de la descripción de Joel de la visitación del Señor y de los juicios en contra de las naciones (Joel 2:10; 3:15-16). Jeremías (4:24-28) y Ezequiel (30:3,18) hablan de los juicios inminentes en términos similares. Jesús usa el mismo tipo de lenguaje al describir la destrucción de Jerusalén y el fin de la nación judía y su religión (Mt 24:29).

      11-12 Erdman describe a Babilonia como “el tipo y símbolo del imperialismo cruel y despiadado” (pág. 49); y Smith dice, “Babilonia representa la civilización; ella es la frente del orgullo humano y la enemistad a Dios” (I. 427). La profecía va ahora más allá de Babilonia para incluir a todas aquellas naciones que ella simboliza, aquellas naciones que son impulsadas por el orgullo y la arrogancia para conquistar y destruir. Y castigaré al mundo por su maldad, y a los impíos por su iniquidad; y haré que cese la arrogancia de los soberbios, y abatiré la altivez de los fuertes. Los tiranos son abatidos, y los hombres, ya sean grandes o insignificantes, llegarán a ser más escasos que el oro fino de Ofir. La localización de Ofir es incierta; han sido sugeridas tres posibilidades por los eruditos: India, la costa este de África, y el sureste de Arabia. El sureste de Arabia es la localización más aceptada generalmente.

      13-14 El profeta continúa su descripción del día de Jehová como el fin de Babilonia. Porque haré estremecer los cielos, y la tierra se moverá de su lugar, en la indignación de Jehová de los ejércitos, y en el día del ardor de su ira. Es el fin del mundo, el juicio final, para Babilonia. Como tímida gacela de los campos huye frente al peligro, y como la oveja, animal incapaz de reagruparse por si mismo, dispersada de tal forma que ningún hombre puede reunirlas, así cada hombre huirá a su propia tierra, porque Babilonia era adoptada de muchos pueblos. Cada una mirará por si mismo.

      15-16 Si hubiera muchos pueblos remanentes, caerá a espada; y aquellos tomados serían asesinados. ¡La crueldad de la guerra no sabe de ataduras! Los hombres se vuelven despiadados, sin sentimientos ni sensibilidad. El profeta concluye: Sus niños serán estrellados delante de ellos – ¡que horror! –; sus casas serán saqueadas – asoladas –, y sus posesiones arrebatadas, y violadas sus mujeres – golpeadas o raptadas de sus familias.

La Plenitud de la Destrucción (vers. 17-22)

      17 El ejército que fue llamado previamente en conjunto para destruir Babilonia (vers. 2-5) es designado claramente ahora por nombre: He aquí yo despierto contra ellos a los medos. Media se ubica al sur y al sureste del Mar Caspio, al norte del Monte Zagros. Ciro, de la provincia Elamita de Ansan, llegó al trono alrededor del 559 A.C. y derrotó al ejército de Media por el año 549 A.C., uniendo entonces a los medos y a los persas. En el 539 A.C., Ciro y su ejército tomaron la ciudad de Babilonia, cuyos ciudadanos lo recibieron como a un libertador. La construcción de la ciudad fue dejada intacta, pero el poder político y militar fue llevado a su final. Isaías nota que los medos no se ocuparán de la plata, ni codiciarán oro. Esto no significa que fueran un pueblo rudo o bárbaro, sino que ellos no podrían ser conseguidos; ellos fueron motivados por el poder y por la venganza, no por el botín.

      18 Los niños serían estrellados en el suelo, asesinados por flechas de arcos de los medos. La crueldad implacable y el espíritu despiadado de los babilonios sería igualado por los medos, porque no tendrán misericordia del fruto del vientre, ni su ojo perdonará a los hijos (ver vers 16).

      19 ¡Observe el contraste! Por una parte, hay Babilonia, hermosura de reinos y ornamento de la grandeza de los caldeos, pero por otra parte, será como Sodoma y Gomorra. Hamurabi, quien reinó sobre Babilonia y el antiguo imperio babilónico (1728-1686 A.C.), embelleció a la ciudad hasta el punto que fue el orgullo del imperio. Entonces su gloria se deterioró hasta los días de Nabopolassar y su hijo Nabucodonosor II (coronado en el 605 A.C.), quien restauró la gloria de la ciudad. Desde el estado de gloria y de orgullo, es convertida como Sodoma y Gomorra, las cuales fueron derribadas por Dios; Jehová en forma similar obraría para el derrocamiento y la destrucción de Babilonia por medio de los medos y de los persas (ver 44:28-45:7). Uno podría inferir de esto que la destrucción sería inmediata, pero este no fue el caso. Delitzsch dice que Ciro dejó aun a la ciudad aun protegida con un doble anillo de murallas. “Dario Histaspis, quien había de conquistar a Babilonia en una segunda ocasión en 518 A.C., tuvo las paredes totalmente destruidas, con la excepción del cincuenta codos. Habiendo sido conquistada por Seleucus Nicator (312), declinó justo en la proporción en que Seleucia ascendió… En el tiempo de Strabo (nacido en el 60 A.C.) Babilonia era un perfecto desierto” (I. 304). Alejandro de Macedonia había deseado restaurar la ciudad, pero murió (323 A.C.) antes de obtener el proyecto en construcción. Si bien no de inmediato, la profecía fue cumplida totalmente.

      20 La destrucción de la ciudad sería completa y final; Babilonia nunca sería reconstruida. Nunca más será habitada, ni se morará en ella de generación en generación; ni levantará allí tienda el árabe, ni pastores tendrán allí majada. En este punto Leupold observa, “De alguna forma aun los árabes salvajes evitarían el lugar y rehusarían levantar sus tiendas allí. Ningún pastor de ningún fondo racial harían que su manada reposara en esta tierra maldecida” (I. 249).

      21-22 En vez de ser una habitación humana, Babilonia sería desolada. El profeta describe un cuadro melancólico de criaturas salvajes y dolientes habitando las ruinas de la una vez orgullosa ciudad. Poco de esto puede ser identificado con certeza; la traducción en la American Standard Version – cabras salvajes saltando aquí y allá, gañidos de hienas, aullidos de chacales clamando en noches lúgubres, y otras criaturas reptando en medio de los escombros – el hacerlo, sin embargo, nos da un cuadro bastante gráfico. Isaías concluye, y sus días no se alargarán. Note sin embargo arriba (vers 6), desde el punto de Isaías en tiempo la destrucción no estaba cerca; pero desde el punto de vista de la gloria de Babilonia y de la cúspide de su poder, no estaba tan distante.

Descargue en formato WORD el Capítulo 13 La Profecía en Contra de Babilonia

La Luz que Alumbra

CAPÍTULO 9


  • El Periodo Asirio: Conflicto y Victoria (1-39)  

    El pueblo que andaba en tinieblas ha visto gran luz; a los que habitaban en tierra de sombra de muerte, La luz ha resplandecido sobre ellos. (Is. 9Ñ2)

  • Discursos y Profecías Centradas en Jerusalén y en Judá (1-12)

Días de oscuridad siguieron a las profecías habladas a Acaz (capítulo 7) y al pueblo (capítulo 8), los días cuando el rey de Asiria desoló a la tierra. La invasión de Tiglat-Pileser (734-732) trajo desastre y hambre, oscuridad, y las tinieblas de la angustia. Pero el juicio no siempre trae arrepentimiento o los efectos de la conversión; con frecuencia tan solo endurece (ver 8:19-22). La oscuridad que experimentó el pueblo consistió no tan solo de la desesperación de su condición física, sino también de la oscuridad del pecado y de la ignorancia, porque ellos habían rechazado a Jehová y estaban sirviendo a dioses de madera y de piedra. Esta oscuridad era mucho peor que la perdida material o la incertidumbre; había venido sobre Israel justo como Isaías más tarde dijo que vendría sobre las naciones: “Porque he aquí que tinieblas cubrirán la tierra, y oscuridad las naciones” (60:2). El pecado era la causa de su amarga suerte.

La Luz Brilla en la Oscuridad (versículos 1-3)

1-2 Sin embargo no sería siempre de esta manera. Porque aunque las tinieblas y la angustia, el desastre, y las densas tinieblas llenarían la tierra de Zabulón y de Neftalí, estas pruebas terminarían. Estas dos tribus del norte fueron las primeras en llevar el impacto de la cruel invasión y destrucción de Asiria. Localizados como estaban ellos en el territorio que mas tarde fue conocido como la Galilea “superior” e “inferior”, ellos también serían los primeros en ver una gran luz romper hacia adelante para disipar la larga noche de amarga postración: Más no habrá siempre oscuridad para la que está ahora en angustia. El profeta se proyecta a sí mismo en el futuro – más allá del tiempo cuando los asirios infringieron el desastre y la oscuridad, y en el período cuando se quitaría la vergüenza de las tribus desaparecidas. La aflicción que le vino en el tiempo que livianamente tocaron la primera vez a la tierra de Zabulón y a la tierra de Neftalí; pues al fin llenará la gloria el camino del mar, de aquel lado del Jordán, en Galilea de los gentiles. Desde el lugar ventajoso del futuro, el profeta ve su propio presente que ya ha pasado. El usa el perfecto profético hebreo, “que anuncio lo por venir desde el principio, y desde la antigüedad lo que aún no era hecho” (46:10), para describir eventos por venir como si ya estuvieran cumplidos.

En lugar de la oscuridad y la muerte, aparecen la luz y la vida. A través del Espíritu de la profecía Isaías ve lo que aún está por venir casi tan claro como lo vio Mateo cuando fue cumplido en Jesús (Mt 4:12-16). Después de que Juan el Bautista fue entregado, Jesús se apartó a Galilea para iniciar su obra en las fronteras de Zabulón y de Neftalí. Jesús, “la luz del mundo” (Jn 8:12), era “la luz verdadera, que alumbra a todo hombre, venía a este mundo” (Jn 1:9). Su vida era “la luz de los hombres” (Jn 1:4), y en El nacerá el Sol de justicia “y en sus alas traerá salvación (Mal 4:2, al margen). Esta luz vino a alumbrar en la tierra de Zabulón y de Neftalí donde las tinieblas se habían establecido en siglos anteriores. El pueblo de la nación de Dios que una vez había caminado en la oscuridad tenía una gran luz surgiendo sobre ellos. Sin embargo como Delitzsch bien lo establece, “la gran luz no vendría hasta que Israel alcanzara su noche más negra.”

3 Multiplicaste la gente, y aumentaste la alegría. Se alegrarán delante de ti como se alegran en la siega, como se gozan cuando reparten despojos. La nación fue multiplicada, la nueva Israel se extendió, mientras que los gentiles fueron traídos, porque, como Isaías profetizó, “correrán a él todas las naciones” (2:2), y Jehová lo dio “por luz a las naciones” (42:6). Con las naciones multiplicadas, la alegría aumentaría, porque todos en las nuevas naciones santas se regocijarían en la alegría de su salvación. El profeta usa dos figuras para ilustrar este punto: los hombres regocijándose en la siega cuando los graneros están llenos y las tinas se derraman, y los victoriosos alegrándose cuando dividen los despojos de la guerra. La abundancia de la vida espiritual pertenecería a la nación, y ellos tendrían parte en la victoria y en el triunfo total sobre el adversario.

Las Causas de Esta Alegría (versículos 4-7)

4 En la separación de las razones por la alegría el profeta introduce cada uno de los siguientes tres versículos con la palabra porque. Porque tú quebraste su pesado yugo, y la vara de su hombro, y el cetro de su opresor, como en el día de Madián. ¡Aquí está la causa de la alegría! El agobio de la esclavitud, el bastón aplicado sobre la espalda o el hombro, y la vara del conductor de esclavos había sido arrebatada del opresor. Este alivio es ofrecido a la totalidad de las naciones, aunque solo la aceptó un remanente. Aquellos que se alegran en la luz serán liberados de la esclavitud del pecado, del yugo de la ley, y de la esclavitud de la idolatría. Ellos caminarán en la gloriosa luz de su libertad (Jn 8:31-36; Gál 4:8-9; 5:1), como en el día de Madián. Israel había servido a Madián por siete años. Finalmente, el opresor extranjero fue derrotado en forma completa y expulsado fuera de la tierra. La liberación no fue lograda por la mano del hombre, ni fue Madián derrocado por la fuerza de un ejército. Por medio del poder de Dios obrando a través de un puñado de hombres de fe, Madián había sido derrotada y destruida (Jue 7-8). De una manera semejante ahora Jehová derrotaría al enemigo.

5 Porque todo calzado que lleva el guerrero en el tumulto de la batalla, y todo manto revolcado en sangre, serán quemados, pasto del fuego. “Cada bota de el guerrero calzado con botas” (al margen), y cada manto manchado con sangre de los ejércitos invasores, serán quemados, destruidos. Los adornos militares serán una parte de la fortaleza del nuevo Israel; mejor dicho, ellos deberán hacerse hacia el lado de Israel (Isa 2:2-4; Ose 2:18; Zac 9:10). El nuevo Israel será un reino espiritual, cada ciudadano vestido en una armadura espiritual propia de la naturaleza de los nuevos conflictos (Ef 6:10-20).

6 El tercer porque trae a los oyentes del profeta a las causas y causas reales de su alegría: Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado. El Niño nacido, el Hijo dado, es el Emanuel, “Dios con nosotros,” de 7:14. Allí El fue una señal dada por el Señor; aquí El es un Soberano que trae salvación y libertad a Su pueblo. El profeta continua hablando de los eventos por venir como si ellos ya hubieran ocurrido – un niño nos es nacido, hijo nos es dado – tan seguro está Isaías de que la promesa será cumplida. Y el principado sobre su hombro – Él debe reinar. El principado, el asiento de la autoridad, es a menudo comparado a una llave – tiene el poder de atar o de desatar, de abrir o de cerrar. Después, Jehová le dice a Sebna el mayordomo, “y entregaré en sus manos tu potestad [de Eliaquim]…Y pondré la llave de la casa de David sobre su hombro; y abrirá, y nadie cerrará; cerrará, y nadie abrirá” (Isa 22:21-22). El principado y la llave le pertenecen ahora al Niño, al Hijo. El mismo Jesús declara tener las llaves de David (Apoc 3:7).

La gloria real de aquel que iba a nacer y Su relación con la deidad son reveladas en los nombres por los que Él será llamado. En el mundo antiguo el nombre de alguien era visto como un reflejo de lo que era alguien, incluyendo las cualidades del carácter, ya sean buenas o malas, fuertes o débiles. Y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios fuerte, Padre eterno, Príncipe de paz. En Isa 7:14 la madre nombra al Niño, pero aquí otros lo nombran a Él. Aquí Él es nombrado por Jehová, porque solamente Dios podría designar los nombres que reflejan el carácter y la existencia verdadera del Niño. ¿Está dando Él aquí cuatro o cinco títulos descriptivos? Leupold y Young hacen una lista de cuatro, uniendo los primeros dos en uno, “Admirable-Consejero,” mientras que Alexander, Delitzsch, y Rawlinson sostienen que son cinco, siguiendo la redacción en la American Standard Version. El profeta no tiene la intención de decir que el Niño llevaría estos cinco títulos o nombres, sino que ellos están describiendo quién o que es Él. De hecho, solo el mismo Jesús conoce totalmente todo lo que Su nombre implica.

El primer título, Maravilloso o Admirable, describe al Niño como la maravilla de los tiempos, la revelación total del Padre. Él era el poder fuerte sobre Satanás y el pecado; Su misión es una de redención y una expresión de amor infinito; el resumen de toda la verdad espiritual y moral se encuentra en Él. La maravilla de Su persona y obra asombraría a muchas naciones (52:15). Él provoca la admiración en el corazón del observador honesto.

Como un Rey sobre Su reino y como director de su propia guerra de conquista, El es el Consejero de todos Sus súbditos. Los ángeles y los espíritus ministradores podrían servir, pero el consejo de paz le correspondería a Él y solo a Él. En Él están los dos oficios tanto de Sacerdote y de Rey en los que Él administra estos consejos (Zac 6:13). En El están resumidos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento (Col 2:3). Él es el verdadero Consejero en el que todos podrían encontrar palabras de sabiduría por las que serían guiados y por las que resolverían los problemas de la vida y para entender sus principios.

El nombre Dios fuerte identifica al Niño con la Divinidad, tanto en deidad y en poder. Él es igual a Dios. En verdad, este mismo título es aplicado a Jehová en Isa 10:21: “El remanente volverá, el remanente de Jacob volverá al Dios fuerte.” El salmista había escrito del Hijo de Dios: “Tu trono, oh Dios, es eterno y para siempre; Cetro de justicia es el cetro de tu reino” (Sal 45:6); Jeremías dijo de Él, “Y este será su nombre con el cual le llamarán: Jehová, justicia nuestra” (Jer 23:6). En Su obra Él ejerció el poder del Dios todopoderoso.

El título Padre Eterno o “Padre Sempiterno” en forma clara coloca al Niño fuera del límite de los seres creados; así como Dios, Él es eterno. Él ya existía en el principio: “En el principio era el Verbo” (Jn 1:1); “Porque en él fueron creadas todas las cosas… y él es antes de todas las cosas” (Col 1:16-17). Así como el Padre, El no solo es el Creador, sino que es también el Protector y Sustentador de la nueva creación. José había sido puesto “por padre de faraón” (Gén 45:8), un protector y sustentador del gobernador y de su imperio; de la misma manera Eliaquim fue hecho “padre… a la casa de Judá” (Isa 22:21). Pero debido a que el Niño es eterno, allí nunca habrá un tiempo cuando Él no sea un Padre en el sentido de Protector.

Como un Príncipe de paz el niño viene como un Príncipe fuerte que conquista no por la espada, sino por el mensaje de paz dirigido a los corazones de los hombres. Él establece y mantiene la paz verdadera, no la paz que el mundo da, sino la paz que es un resultado de la plenitud espiritual, del compañerismo con Dios, y de una justa relación con el hombre. Esta paz viene cuando el pecado, la causa de la disensión, es echado fuera de la vida de un individuo; el pecado deberá ser removido, perdonado, borrado. Miqueas llama al Niño “nuestra paz” (5:5). “El hablará paz a las naciones” (Zac 9:10). Pablo dice, “Y vino y  anunció las buenas nuevas de paz a vosotros que estabais lejos, y a los que estaban cerca” (Ef 2:17). Young ha dicho exactamente, “en la fortaleza activo Él es el verdadero David y en el rey de Paz el auténtico Salomón.”

7 Lo dilatado de su imperio y la paz no tendrán límite. El imperio político usualmente crece por medio de la guerra y de la intriga, solo para corrupción en medio de la debilidad, la deuda, y la decadencia interna hasta que ellos sucumben y caen víctimas en la mano de otro. Pero el imperio de este Príncipe crecería para incluir gentes de todas las naciones, porque “su señorío será de mar a mar, y desde el río hasta los fines de la tierra” (Zac 9:10). Todo esto será cumplido por medio del poder de la paz. Miqueas agrega su testimonio, “Y él estará, y apacentará con poder de Jehová, con grandeza del nombre de Jehová su Dios; y morarán seguros, porque ahora será engrandecido hasta los fines de la tierra. Y éste será nuestra paz” (5:4-5). Este reino crecerá por siempre, porque Su mensaje se extenderá para traer hombres de todo el mundo bajo Su reino.

Este Hijo se sentará sobre el trono de David y sobre su reino, disponiéndolo. Estamos diciendo que Salomón “se sentó en el trono de David su padre” (1 Rey 2:12), que él “se sentó por rey en el trono de Jehová en lugar de David su padre” (1 Crón 29:23),  y que él se sentará sobre “su [propio] trono” (1 Rey 1:37,47). Evidentemente, no obstante allí estaba un trono; el trono de Jehová, el trono de David, el trono de Salomón son todos uno. David y Salomón reinaron sobre el reino temporal de Dios. No obstante allí está un trono, el trono de David, que es, el trono de Jehová; y Cristo se sienta sobre él.

El Niño sostiene y sustenta Su reino en juicio y en justicia desde ahora y para siempre. El juicio y la justicia son los cimientos del trono de Dios (Sal 89:14; 97:2). Las palabras justicia y juicio suceden una y otra vez en el Libro de Isaías. La justicia es lo correcto y la imparcialidad en las decisiones que se hacen. Está arraigada en el carácter de Dios. El juicio es básicamente la conformidad a un criterio ético o moral establecido por el Señor. Es por medio de estos atributos que el Niño sostiene ahora el reino y lo sostendrá hasta el final del tiempo.

El celo de Jehová de los ejércitos hará esto. El celo de Jehová es Su celo por Su nombre y por Su pueblo. Delitzsch sugiere que es “un fuego ardiente,” el fuego del amor de Dios y el fuego de Su ira, el celo del amor absoluto. Pero antes de Su trono de juicio y de justicia van por delante la “misericordia y verdad” (Sal 89:14), no obstante al mismo tiempo “El fuego irá delante de él,/Y abrazará a sus enemigos alrededor” (Sal 97:3).

La noche vino, la cautividad rodeo a ambas naciones, y el trono de David cayó en el desprestigio (Amós 9:11). Entonces el Niño fue nacido, el Hijo fue dado; Él vino irradiando una luz divina. Le fue dado a Él sentarse sobre el trono de David, estableciendo el reino de paz, y sosteniéndolo con justicia y juicio desde ahora y para siempre. El ángel Gabriel (Luc 1:26-38), Mateo (Mat 4:12-16), Pedro (Hech 2:29-36), y Pablo (Hech 13:32-39) claramente declaran que Cristo cumplió esta profecía. Reconozca esto hoy toda la gente y entre la paz de Su glorioso reino espiritual.

La Arrogancia de Efraín (versículos 8-12)

En 9:8-10:4 el profeta una vez más regresa al tema del enojo de Jehová y la venida del juicio. El modelo básico en esta sección ha sido ya establecido en 5:24-30. Después de una descripción de la destrucción por fuego y por terremotos el profeta declaró, “Por esta causa se encendió el furor de Jehová contra su pueblo, y extendió contra él su mano y le hirió” (vers 25). De allí siguió un relato de lo las cosas traídas por una nación de lejos, que no sería ninguna otra más que la terrible invasión por parte de Asiria (vers 26-30).

En la presente sección, después de una descripción bella y gloriosa de la luz, de la redención, y del reino por parte del Mesías, una descripción de esperanza (9:1-7), el profeta entrega cuatro estrofas o estancias de juicio. Cada estrofa cierra con el estribillo del 5:25, “Con todo esto no ha cesado su furor, sino que todavía su mano está extendida” (9:12, 17 ,21; 10:4). Estas cuatro estrofas declaran que debido al rechazo de Jehová por parte del pueblo, Su mano está aún extendida contra ellos en juicio, y esto es seguido por una descripción de la venida de la invasión Asiria y de la destrucción subsiguiente de la nación por la mano de Jehová (10:5-34). No puede ser determinado con exactitud cuanto del juicio de Dios ha sido ya enviado por Dios en este tiempo sobre Israel y Judá. Sí hay alguna conexión entre las declaraciones del juicio de Dios y si continuó Su enojo y el juicio del capítulo 5, no es revelado. Smith considera que el presente pasaje está fuera de lugar y debería insertarse en el todo, 9:8-10:4, entre los vers 25 y 26 del capítulo 5 (I. 47). Sin embargo, aparte de la similitud del modelo y la semejanza del contenido de las dos secciones, esto parece no ser una base para tal arreglo, especialmente no de bases textuales.

8 Aunque si bien el nombre Jacob en ocasiones se refiere tanto a Efraín como a Judá y en otras ocasiones solo a uno de ellos, parece que cuando el profeta dice, El Señor envió palabra a Jacob, y cayó en Israel, él tiene a Efraín en mente. La palabra envió adelante es lo que le sigue. Cuando alumbra, será como una bomba de tiempo explotando (Leupold) o un rayo (Young). La palabra de Dios trae Sus hechos para que pasen (ver Jn 14:10).

9-10 Cuando la palabra sea cumplida, el pueblo entenderá que Dios está ejecutando juicio contra la jactancia de Efraín hecha en el orgullo y la determinación del corazón: Los ladrillos cayeron, pero edificaremos de cantería; cortaron los cabrahigos, pero en su lugar pondremos cedros. No se sabe si esta jactancia siguió de una catástrofe natural, tal como un terremoto, o vino después de la destrucción parcial por parte de algún enemigo de guerra. Ni tampoco puede ser determinado si esto era una jactancia real o simplemente el resumen del profeta de las ideas arrogantes y orgullosas del pueblo, pero el significado es claro. Cualquiera que haya sido la calamidad, el pueblo no aprendió de ella. Las casas que habían sido construidas de ladrillo secado al sol serían reconstruidas con piedras talladas, que eran más costosas y lujosas. Los valiosos árboles cabrahigos que florecían en el área serían reemplazados con árboles de cedro, que eran más preciosos y de más estima. En  años posteriores Edom tuvo una jactancia similar (Mal 1:4). Los hombres siempre han sido lentos para aprender, especialmente cuando pelean contra Dios.

11-12 Jehová responde a su espíritu arrogante y jactancioso: Pero Jehová levantará los enemigos de Rezín contra él, que no pueden ser ningún otro que los Asirios. La siguiente frase, y juntará a sus enemigos, es más difícil de interpretar. ¿Isaías se está refiriendo a los enemigos de Israel o a los de Rezín? La estructura de la frase parece indicar los enemigos de Rezín, los sirios delante (“del oriente,” al margen), y los filisteos atras (“en el poniente,” al margen). Sin embargo, esta interpretación presenta un problema. ¿Quienes son los sirios en el oriente que sería el enemigo de Rezín, el rey de Siria? Tendrían que ser sirios que fueron tomados por los asirios, volverse enemigos de Rezín, y ahora amenazando a Efraín. De la otra manera, si “sus enemigos” es interpretado como los enemigos de Efraín, la referencia a los filisteos presenta un problema. En 2 Crón 28:18-19 hay un relato de los filisteos viniendo contra Judá en los días de Acaz, pero no hay un registro de su venida contra Efraín. De hecho, es posible que la victoria en el sur haya animado a los filisteos a continuar hacia el norte introduciéndose en el territorio de Efraín. Pero ya sea que los sirios o los filisteos sean los enemigos de Efraín o de Rezín, el resultado del ataque es claro: Y a boca llena devorarán a Israel, en forma cruel y completa. Es lamentable decir, sin embargo, que la crueldad de los enemigos ni movió a Efraín al arrepentimiento ni a Jehová a retractarse: Ni con todo eso ha cesado su furor, sino que todavía su mano está extendida. Hay más por venir.

Israel Será Cortada, la Cabeza y la Cola (versículos 13-17)

13 Aunque la mano de Dios está extendida en juicio, el pueblo no se convirtió al que lo castigaba, ni buscó a Jehová de los ejércitos. Jehová había sido el que castigó al pueblo, castigándolos en un esfuerzo de regresarlos a Si mismo, pero fue en vano. Ellos no miraron hacia El; no Lo buscaron como su Dios y su única fuente de ayuda. Volverse al Señor indica una conversión verdadera, un cambio completo del corazón y una absoluta confianza en El.

14 Y Jehová cortará de Israel cabeza y cola, rama y caña en un mismo día. El profeta usa dos figuras: una del reino animal (cabeza y cola) y la otra del mundo vegetal (rama y caña). La cabeza dirige mientras que la cola simplemente se menea; la rama es la parte superior de la majestuosa palmera, mientras que la caña es una hierba de pantano, baja y humillada. Cortarlos en un día indica lo repentino de su destrucción.

15 El profeta explica la primera de las dos metáforas, pero deja al pueblo hacer su propia interpretación de la segunda. El anciano y venerable de rostro, los líderes y los guías del pueblo es la cabeza; y el profeta que enseña mentira, el que habla en el nombre de Jehová, pero no habla de parte de El, es la cola. La frase precisa “falso profeta” no se encuentra en el Antiguo Testamento, sino que es un término del Nuevo Testamento. No obstante, esta idea del falso profeta se encuentra una y otra vez en el Antiguo Testamento. Así como la cola de un perro se menea ante la aprobación servil de su amo, así el profeta de mentiras aprueba hipócritamente las decisiones y acciones piadosas de los líderes. Tanto el profeta como los líderes perecerán: ambos serán cortados.

16 Porque los gobernadores de este pueblo son engañadores, y sus gobernados se pierden. Tanto los líderes políticos y los maestros religiosos llevan una tremenda responsabilidad, porque los pensamientos y conducta de un pueblo son en gran parte moldeadas por estos dos grupos. No hay indicación de que el falso profeta comparta con los ancianos la dirección del pueblo excepto por sus sanciones y sostenimiento de falsos criterios por sus falsas declaraciones. Repitiendo el juicio de Isaías en relación a los líderes políticos, Jesús dijo con respecto a los fariseos de Sus días: “Dejadlos; son ciegos guías de ciegos; y si el ciego guiare al ciego, ambos caerán en el hoyo” (Mt 15:14).

17 Por tanto, el Señor no tomará contentamiento en sus jóvenes, a los que Él usualmente usó en la guerra para destruir a Sus enemigos; sino que usaría extranjeros para destruir a los hombres jóvenes de Israel. Ni de sus huérfanos y viudas tendrá compasión, a los que Él antes había protegido – ”Él [Dios] hace justicia al huérfano y a la viuda” (Deut 10:18). Pero como a las naciones que Jehová había echado fuera, destruyendo a jóvenes y a viejos, Su propio pueblo había ahora rechazado al punto donde ya no estaban de acuerdo para vivir. La causa de este rechazo por parte de Jehová es mencionado enseguida en tres cargos contra el pueblo: (1) todos son falsos, contaminados por la conducta falsa e hipócrita – una persona impía; (2) todos son malignos, alguien que deja a Jehová y hace maldad a su prójimo (cf. 1:4); y (3) toda boca habla despropósitos – abandono de los valores morales y espirituales, todo el pueblo habla de cosas vergonzosas y pecaminosas. Fueron culpables tanto de hacer como de hablar maldades – expresiones de un corazón malvado. A través de Sus profetas Dios siguió llamando, pero en la testarudez de sus corazones el pueblo rehusó oír. Entonces, la estrofa mortal se encuentra de nuevo: Ni con todo esto ha cesado su furor, sino que todavía su mano está extendida. A través de estas experiencias de Israel y la reacción de Dios para el pueblo, podemos aprender algo de la naturaleza y del carácter de Dios. Su enojo y juicio son tan absolutos y tanto como una expresión de Él mismo así son Su amor y su misericordia.

El Fuego Devorando: La Maldad y la Guerra Civil (versículos 18-21)

18 La maldad estaba alumbrando la flama de la destrucción en el reino del norte, y se encendió como fuego; iniciando en el pasto, cardos y espinos devorará, lo que es quemado con más facilidad. De allí viene el fuego a los materiales combustibles más grandes: y se encenderá en lo espeso del bosque, y serán alzados como remolinos de humo. El fuego inicia con la maldad de los individuos; pronto el bosque o la nación total es destruida. Cualquiera que esté familiarizado con los grandes fuegos forestales del Oeste siente el terror de la descripción.

19 La destrucción de la tierra por la maldad del pueblo es una expresión de la ira de Jehová – Por la ira de Jehová de los ejércitos se oscureció la tierra, y será el pueblo como pasto del fuego. La maldad lleva dentro de su seno el fuego de su propia destrucción. Jehová había advertido de esto cuando habló del hombre que camina en la obstinación de corazón, “No querrá Jehová perdonarlo, sino que entonces humeará la ira de Jehová y su celo sobre el tal hombre” (Deut 29:20). De la liberación de Dios de sus enemigos, David dice, “Humo subió de su nariz, /Y de su boca fuego consumidor; /Carbones  fueron por él encendidos” (Sal 18:8). Además, “Fuego irá delante de él, /Y abrasará a sus enemigos alrededor” (Sal 97:3). Lo que ahora estaba aconteciendo no vendría como una sorpresa, porque Dios había dado advertencias. El hombre no tendrá piedad de su hermano, porque la maldad vuelve al hombre aún en contra de su hermano al que ellos deberían intentar ayudar.

20-21 Allí no solo estaba la amenaza de la destrucción por parte de los extranjeros – Asiria, Siria, y Filistea – sino que también las tribus del norte estaban siendo angustiadas por la destrucción de la guerra civil. Cada uno estaba arrebatando lo que pudiera de su vecino de un lado y del otro; cada cual comerá la carne de su brazo, consumiéndose ellos mismos. Pero aún en ese momento no estarán satisfechos; cada uno experimentará el roer de un hambre insatisfecha. Esta desagradable indiferencia para el sentimiento más sutil de la hermandad y el sostenimiento del uno por el otro los llevó a la guerra civil entre dos tribus que deberían estar muy allegadas – Efraín y Manasés eran los hijos de José. Pero no era así; cada uno estaba contra el otro, devorando y siendo devorado con una enemistad y resentimiento mutuo que solo era sobrepasado por su odio hacia Judá, su hermano del sur. Y ni con todo esto – su maldad, odio entre ellos mismos, y rechazo de Jehová – ha cesado su furor, sino que todavía su mano está extendida. Hay aún más por venir.

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La Visión y el Llamado de Isaías

CAPÍTULO 6

  • El Periodo Asirio: Conflicto y Victoria (1-39) 
  •  Discursos y Profecías Centradas en Jerusalén y en Judá (1-12)

    “Santo, Santo, Santo, es el Señor de los ejércitos, Llena está toda la tierra de Su gloria.” (Is. 6:3)

Después de haber leído muchas exposiciones de Isaías, uno es dejado con la sensación de que no está clara la explicación del por qué el capítulo 6 aparece donde está en lugar de que esté al inicio del libro. Las opiniones de varios escritores nos dejan la impresión de que sus esfuerzos son básicamente suposiciones, con ninguna base firme en hechos o revelaciones. Young sugiere que en forma diferente a Jeremías, cuya personalidad se destaca a través de todo su libro, Isaías el hombre retrocede hacia el entorno aunque si bien mantiene el mensaje como predominante. Lo que sabemos acerca de Isaías por sí mismo es aprendido en primer lugar a través de su predicación y mensaje. El inicia con una introducción a su mensaje (capítulos 1-5). El primer capítulo surge en el lugar lógico a iniciar. Allí nombra todos los reyes en cuyo reino profetizó e introdujo los temas de los pecados de Judá y el mensaje fundamental de Dios para la nación. Cuando Isaías viene a su propio llamado trabaja en él sin interrupción, haciéndolo coincidir con el capítulo 1, un efectivo artificio literario. Introduce a sí mismo el derecho a hablar, habiendo sido llamado por Jehová al oficio de profeta. Puesto que el llamado de Isaías es encontrado a estas alturas, seguimos con nuestro estudio en la certeza de que su posición no es fortuita o accidental, sino de acuerdo al propósito de Dios y Su profeta. Estamos satisfechos con la confianza de que no necesitamos conocer la respuesta final, porque ella descansa en la mente de Dios.

El capítulo 6 cae dentro de tres divisiones: (1) La visión de Isaías del poderoso Jehová (vers 1-5); (2) La consagración del profeta a su misión (vers 6-7); (3) su comisión por parte de Jehová (vers 8-13).

La Visión de Isaías del Señor (versículos 1-5)

1 El año de la muerte del Rey Uzías es usualmente colocado en algún punto  del período 748-734 A.C.; 740-739 A.C.; 740-739 (Thiele) es la fecha más comúnmente aceptada. La muerte de este gran rey trae fin a una era en la historia de Judá. Como es mencionado con anterioridad, el reino de Uzías había sido uno de prosperidad y afluencia no experimentada desde los días de Salomón; sin embargo, con él vinieron los pecados que hemos descrito. Aunque Judá tuvo la experiencia de tres buenos reyes más, Jotam, Ezequías y Josías, la historia de la nación durante este período era una de decadencia; sus días de gloria se estaban yendo. Esta decadencia, conflicto y última cautividad, el retorno de un remanente, y el advenimiento del Siervo de Jehová el cual debería redimir al pueblo de una esclavitud más grande, constituyen los temas del mensaje del profeta.

Fue en el decisivo año de la muerte del Rey Uzías que Jehová se reveló a Sí mismo en una visión a Isaías. El profeta declara, yo vi al Señor sentado sobre un trono alto y sublime, y sus faldas llenaban el templo. No estamos diciendo en donde estaba el profeta cuando vio la visión; pero es fácil imaginarlo adorando en el templo cuando la totalidad del templo se desvaneció y en su lugar él se encontró a sí mismo en el cielo, el templo verdadero de Jehová, mirando al Señor de gloria. Citando de este capítulo, Juan dice, “Isaías dijo esto cuando vio su gloria, y habló acerca de él (Jesús)” (Jn 12:41), el cual es el “resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia” (Heb 1:3). Aparentemente este es el Señor que vio el profeta, ya que “A Dios nadie le vio jamás” (Jn 1:18), ninguno de los hombres lo pudo haber visto (1 Tim 6:16). La cola o falda majestuosa, la vestidura gloriosa de su ropa, llenó el templo, llenando el área total del piso alrededor de El.

2 Encima del trono están los serafines, los cuales parecen estar volando por encima del que está sentado sobre el trono, sus pies no están tocando el piso, el cual está cubierto por la falda de Su vestidura. Los serafines solamente aparecen aquí. La palabra (que es la forma plural de “serafín”), parece significar “existencia abrasadora”, una clase especial de ángeles que no deben ser identificados o confundidos con los querubines de Ezequiel. Tienen alas, caras, pies y voces con las que alaban a Aquel que está sentado sobre el trono – una indicación de que son entidades o personalidades espirituales. Cada serafín tiene seis alas: dos cubriendo sus pies, dos son usadas para volar, y dos cubren su cara debido a que está en la presencia del Señor majestuoso del universo. El número de estas existencias gloriosas parece indicar que es una multitud.

3 Mientras cada serafín da voces, Santo, santo, santo, parece que aquí hay una exclamación de respuesta uno al otro. Puesto que tres es el número de la divinidad, el triple recital de “santo” probablemente indica la santidad absoluta del que está sentado en el trono; El está absolutamente separado de todo pecado o inmundicia. Contrario al panteísmo, el cual sostiene que Dios es idéntico con el universo, Isaías lo mira como separado y por encima de Su creación (ver Ef 4:6). Toda la tierra está llena de su gloria; toda la creación revela y expresa la gloria de su Creador. Ver también el Salmo 19.

4 En tanto que él serafín clamaba, el tronido de su voz provocó que los quiciales de las puertas en las cuales estaba el profeta en pie se estremecieran, y la casa se llenó de humo. La fuente del humo es incierta. ¿Vino por la canción de los serafines mientras que oraban al Señor, del altar del incienso que está siempre delante del trono, o desde el humo de la ira del Señor contra el pecado (Sal 18:8; 2 Sam 22:9), ira que estaba pronta para salir a raudales sobre el malvado? En una visión similar, Juan vio a los siete ángeles con las siete plagas próximas a ser vertidas sobre un mundo malvado. Entonces “el templo se llenó de humo por la gloria de Dios, y por su poder; y nadie podía entrar en el templo hasta que se hubiesen cumplido las siete plagas de los siete ángeles” (Apoc 15:8). Parece probable, entonces, que el humo debería ser identificado con la ira de Dios, pero se permite que el lector haga su propia decisión con respecto a la fuente.

5 En la presencia de tal gloria y absoluta santidad, y posiblemente el humo de la santa ira de Dios, el profeta se vuelve consciente de su propia inmundicia y exclama, ¡Ay de mí! que soy muerto. Está perdido, arruinado, condenado a morir. En el capítulo 5 el profeta había pronunciado seis ayes sobre el mundo malvado e impío. Este, el séptimo ay, él lo pronuncia sobre sí mismo, por un mundo de pecado “No hay justo, ni aun uno” (Rom 3:10, citando Sal 14:1). El profeta ofrece dos razones para su condena: Porque siendo hombre inmundo de labios, y habitando en medio de pueblo que tiene labios inmundos. Habiendo sido traído cara a cara con el Rey, Jehová de los ejércitos, el cual es absoluto en santidad, el profeta concluyó que aún la persona más pura es inmunda cuando es medida por el patrón divino. En resumen, no intencionalmente, y posiblemente inconscientemente, uno se contamina con lo sucio cuando está rodeado por la inmundicia; invariablemente toma algo de las impurezas del entorno.

La Consagración del Profeta (versículos 6-7)

6 Sobre este lamento del profeta, el cual reconoce su propia inmundicia en la presencia de Dios, uno de los serafines se separa por sí mismo del resto. Tomando un carbón o piedra encendida del altar, voló al profeta, tocando sus labios con el carbón. Ya sea que el serafín tomó el carbón del altar con las tenazas y entonces lo transfirió a sus manos, o continuó sosteniéndolos con las tenazas, lo cual parece inconsecuente. El altar es sin duda el altar del incienso, no el altar de las ofrendas; porque el primero es el altar localizado delante del trono (Éxo 30:1-10; Apoc 8:3).

7 Tocando la boca del profeta con el carbón, el serafín dijo: He aquí que esto tocó tus labios, y es quitada tu culpa, y limpio tu pecado. El pecado y la culpa del pecado deberán ser removidos – borrados – si uno existe para ser un siervo aceptable al Señor (ver las palabras de David en Sal 51:10,14); y puesto que todo pecado es finalmente contra Dios (Sal 51:4), solamente Dios puede perdonarlo. No es el carbón caliente o el serafín que perdona y absuelve el pecado; tenemos en la visión una descripción simbólica del reconocimiento y admisión de Isaías de su propio pecado y el perdón de Dios de aquellos pecados. En verdad, ningún sacrifico es indicado o referido; pero ya que mientras Juan reconoció al Cristo en esta escena de gloria divina (Jn 12:41), no está fuera de razón concluir que es a través de Él y de Su futuro sacrificio que los pecados de Isaías fueron perdonados. El profeta estaba ahora listo para responder a la necesidad del Señor de alguien al cual El pudiera enviar y por medio del cual el podría revelar en visiones y revelaciones futuras al Siervo de Jehová, por medio del cual todo el perdón y la redención podría ser llevada a cabo.

La Comisión del Profeta por parte de Jehová (versículos 8-13)

8 Habiendo sido limpiado de su pecado y habiendo sido quitada su iniquidad, Isaías está ahora en la posición de oír y responder al llamado del Señor. Él oye la voz del Señor, contestando, ¿A quién enviaré, y quién irá por nosotros? En el uso del plural “nosotros”, el Señor se está refiriendo probablemente a Su corte, no a la Trinidad, no obstante, esto es posible. El propósito de la visión era preparar a alguien para ser enviado al pueblo. El profeta está listo con una buena voluntad y una respuesta inmediata, Heme aquí, envíame a mí.

9 El profeta es ahora comisionado para ir, con instrucciones para predicar un mensaje a este pueblo, no más “mi pueblo” (3:12; 5:13) o “su pueblo” (5:25), el cual rehusará a oír o hacer caso. No obstante, el pueblo oirá las palabras del profeta, en su estado de ánimo ni entenderán ni percibirán la verdad ni la aplicación de su mensaje.

10 En la predicación, Isaías engrosará el corazón de este pueblo, agravará sus oídos, y cegará sus ojos, para que no vea con sus ojos, ni oiga con sus oídos, ni su corazón entienda, ni se convierta, y haya para él sanidad. El Señor está diciendo al profeta lo que acontecerá como resultado de su predicación: sus palabras, las cuales deberían lograr un fin, de hecho, resultarán en otro. Lo que podría y debería producir arrepentimiento y salvación terminará en una apostasía total. Pensar que Dios está aquí anunciando que Su palabra será rechazada independientemente de la voluntad de la gente, por si misma es contraria tanto a la naturaleza de Dios como a Sus propios mandamientos. Su invitación es, “Venid luego, dice Jehová, y estemos a cuenta: si vuestros pecados fueren como la grana, como la nieve serán emblanquecidos; si fueren rojos como el carmesí, vendrán a ser como blanca lana. Si quisiereis y oyereis, comeréis del bien de la tierra; si no quisiereis y fuereis rebeldes, seréis consumidos a espada (1:18-20). El propósito de la palabra del Señor al profeta es que la predicación es puesta por el Señor para endurecer completamente al pueblo si ellos no escuchan. Las consecuencias descansan ahora en el pueblo mismo. Pero por Su conocimiento de la historia del pueblo y su revelación divina, el Señor conoce cual será la reacción. El endurecimiento será completo; y la voluntad, de hecho, será lograda por la predicación que realmente está destinada para salvar.

La pregunta que podría ser dirigida al Señor es por que, sabiendo que el resultado debería ser el endurecimiento al podría predicar al pueblo del todo. Note lo que es la nación, “este pueblo”,  que rechazará completamente el mensaje. Pero fuera de la nación Dios había dicho que salvará a un remanente (1:9); los individuos que forman este remanente oirán, Jehová nunca perderá de vista a los individuos que oirán Su voz y harán Su voluntad.

11-12 El profeta responde con una pregunta, ¿Hasta cuándo, Señor? ¿Está Isaías preguntando cuanto es el tiempo en que la nación esté completamente endurecida, o cuanto tiempo deberá continuar predicando, viendo que el pueblo no escuchará? Probablemente está preguntando cuando será completo el endurecimiento. Pero cualquiera que hubiese sido el significado exacto de la pregunta, la respuesta debería ser la misma, para Isaías es continuar predicando hasta que el endurecimiento sea total. La respuesta de Jehová es desgarradora. El endurecimiento del corazón, el embotamiento de los oídos, y la ceguera de los ojos los guiará a la total destrucción. Isaías debería continuar predicando , entonces, hasta que las ciudades estén asoladas y sin morador, destruidas por los invasores hasta que no haya hombre en las casas, vacía, habiendo sido conducido el pueblo fuera de sus casas; hasta que la tierra esté hecha un desierto, sin cultivar y pisoteada bajo sus pies, no siendo ya productiva; hasta que Jehová haya echado lejos a los hombres, llevándolos cautivos a una tierra extraña, trasladados lejos de su patria querida, y hasta haya multiplicado los lugares abandonados en medio de la tierra – un total cumplimiento de las predicciones de Moisés (Lev 26; Deut 28) y por el mismo profeta (1:7-8).

13 Oscuro y poco prometedor como que podría ser la descripción, el Señor permite un rayo para consolar en medio de estas nubes amenazadoras de tormenta, estará allí un remanente que escapará. No obstante un décimo, un pequeño remanente, escapa, aún al dar la vuelta serán destruidos hasta que aquellos que permanezcan sean un remanente del remanente. Así como es cortado un roble o un encino, quedando solamente un tronco o empalizada, así será el tronco, la simiente santa (o sustancia, vida). El propósito de esto es que aparte del pequeño remanente que está escapando vendrá un remanente más pequeño; así también no deberá resistir la totalidad del remanente. Este remanente más pequeño, es el que Pablo tuvo a la vista cuando dijo: “Así  también aún en este tiempo ha quedado un remanente escogido por gracia” (Rom 11:5; ver también 9:27-28). Este es el remanente del remanente; lo pequeño de su número es también mencionado por la ilustración de Ezequiel de los pocos cabellos atados a sus faldas (ver Eze 5:1-4).

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