(Aquí está el comentario completo)

Una de las cartas del apóstol Pablo en las que es presentado el evangelio de Jesucristo con una dignidad mucho muy superior a la ley de Moisés es la que escribe a los hermanos de diferentes regiones que se encontraban en Galacia, además de señalar claramente cuáles son las características que distinguen al falso maestro y su doctrina.

En esta carta busca presentar ante el cristiano las enormes diferencias que existen entre el evangelio de Jesucristo y la ley de Moisés, usando a personajes y figuras que el maestro judío podía fácilmente entender para señalar sus errores y la ineficacia de su doctrina. Es de gran ayuda para el cristiano de hoy en día estudiar de una manera cuidadosa y detallada esta epístola, pues nos da las herramientas necesarias para fortalecer nuestra fe en el que en verdad nos puede dar la salvación y además nos capacita para poder demostrar los errores en las diferentes religiones que basan su doctrina en la creencia de la salvación por la fe sola.

Esta carta fue presentada en la iglesia local en la cual soy miembro hace poco más de un año y seguí el formato que a mi criterio es más efectivo, el ir analizando texto por texto y palabra por palabra según sea necesario. Se recomienda al estudiante hacer uso de otras ayudas como diccionarios, comentarios, mapas, léxicos, etc.

para aumentar el entendimiento acerca de esta carta y en general de todo el consejo de Dios.

Agradezco a Dios sobre todas las cosas por haberme dado la oportunidad de conocerle y de poder enseñar su palabra a todo el que está deseoso de aumentar su saber. También a mi familia por su apoyo y animo, a los hermanos de la iglesia local de New Braunfels, Tx., y a los hermanos Rubén Riojas y Alejandro Pérez que han colaborado grandemente en la preparación de este material. No es mi deseo el comparar estos escritos con los ya existentes de otros hermanos, solamente busco ayudar en poco o mucho a quien tenga la disposición de estudiarlo.

Jorge Maldonado

Enhanced by Zemanta

(para descargar el sermón vaya aquí)

Religiosos, Pero Perdidos

 Hay en el mundo mucha gente, de una especie de religión muy variada. Seguramente, la mayoría piensa que se va a salvar por el mero hecho de ser religiosos.  Lamentablemente, esto no es cierto.  El creer que la religiosidad  equivale a salvación es una gran mentira, un engaño muy astuto de parte de Satanás.  Tal fue el caso de estos judíos a quienes el apóstol Pablo se dirige en Romanos capítulo diez.  Pensaban, entre otras cosas, que eran salvos solamente por tener “celo de Dios”.  Pero, no era así, estaban perdidos, les faltaba el conocimiento verdadero, (v. 2).  Ignoraban la “justicia de Dios” (v. 3).  En pocas palabras, aunque religiosos (en otro tiempo, fueron el pueblo escogido de Dios y fue a ellos a quienes se les encomendó la ley, Romanos 3:2), pero estaban perdidos por no haber obedecido al evangelio de Cristo.  ¿Cuántos religiosos hoy en día no sufren del mismo engaño?

10:1  El Deseo De Salvación

   Pablo deseaba y oraba a Dios por la salvación de sus  hermanos de raza, los judíos.  Esto enseña que estaban perdidos, y como todo ser perdido, necesitaban la salvación.  La insistencia de predicar el evangelio es con esta finalidad, la de desear de corazón la salvación de nuestros semejantes.  Así como el apóstol, todo fiel predicador del evangelio tiene el deseo sincero, el anhelo de corazón de que todo ser, religioso o no, reconozca que sin el evangelio está eterna-mente perdido y necesita del evangelio para su salvación.

10:2  Celo Sin Ciencia

Fuera del mundo “cristiano” hay otras “religiones” y  todas ellas excluyen a las Sagradas Escrituras y a Jesucristo de su doctrina, en su totalidad. La verdad es que “ellos” como “nosotros” todos, necesitamos del mismo evangelio.  Nadie será salvo sin obedecer al evangelio de Jesucristo.   El Judaísmo es nombrado entre las cinco religiones más importantes del mundo.  Pablo dice que aunque tienen “celo” no son salvos sin el

 

evangelio de Cristo.   El Islam, otra religión principal cuyos seguidores son gente muy celosa de su creencia. Basan su fe en la doctrina del Corán y en Mahoma como el enviado de Alá.  Son muy religiosos, oran cinco veces al día, dan limosnas, adoran en sus mezquitas, las mujeres se cubren bien y hasta con velo en sus cabezas, pero les falta lo principal.  Sus escrituras no son las Sagradas Escrituras que inspiró  el Espíritu Santo, pues no le tienen por Dios, como tampoco a Jesucristo. Aunque religiosos, están perdidos por no obedecer al evangelio de Jesucristo.  El Budismo, también cuenta con muchos seguidores fieles y fervientes.  Se basan en las enseñanzas de   Siddharta Gautama quien es el “Buda”.  Es curioso, pero en esta religión no basan su fe en un dios o dioses.  Son por lo tanto, “ateos”.  Buda no es un dios, sino un representante, uno que les guía a la perfección.  ¿Están perdidos? Sí están perdidos, y esto por no obedecer al evangelio de Jesucristo.  El Hinduismo, la quinta mayor religión cuenta con millones de  seguidores que veneran a múltiples dioses, son idolatras.  Sus escrituras son las “Vedas”. Igualmente, carecen del conocimiento verdadero del evangelio, y sin el están perdidos.  No seamos tan prontos en apuntar el dedo a los de “otras” religiones. Dentro del llamado “cristianismo” hay quienes también excluyen al evangelio de Cristo de su doctrina. Llamándose “cristianos,” también estos están perdidos, por pervertir el evangelio (Gál.1:6-9). Lo que el mundo más necesita, no es “religión” sino el “poder de Dios para salvación,” el evangelio puro.

10:3-5  Perdidos Por No Obedecer A Cristo

        Tenían celo, pero no el conocimiento del evangelio.  Por lo tanto, estaban perdidos por ignorar el plan de Dios de salvación.  Igualmente, ignoraban la “justicia de Dios”.  El punto no se hace para probarles que Dios es justo, el judío bien sabía esto. Aquí, la justicia de Dios es el plan de Dios para hacer justo al hombre pecador.  Ignorar la “justicia de Dios” es ignorar el plan de salvación, y esta es la razón de su estado perdido.  El evangelio de Cristo nos dice a todos cómo salvarnos.  ¿Cuántos religiosos están en la misma

 

condición perdida de estos judíos por ignorar o aún rechazar el plan sencillo de salvación?  El judío no podía ser salvo por la ley de Moisés, pues la ley no era para el perdón de los pecados.  Pero, esa misma ley apuntaba a Cristo, al Salvador, al “cordero de Dios que quita el pecado del mundo” (Juan 1:12).  La salvación es imposible lograrla sin Jesucristo.  El mismo dice, “Yo soy el camino, la verdad, y la vida; nadie viene al Padre sino por mí” (Juan 14:6).

10:6-15  El Evangelio Al Alcance De Todos

    Pablo cita las palabras de Moisés (Deut. 30:11-14) quien exhorta al pueblo a que sean obedientes en guardar los mandamientos del Señor.  Moisés, en la etapa final de su vida les anima a ser obedientes ya que el mandamiento de Dios está al alcance de todos, bien accesible.  No hay excusa para no obedecer a Dios.  Que no digan, “es muy difícil”.  Les exhorta, “No está en el cielo para que digas: “¿Quién subirá por nosotros….Ni está más allá del mar, para que digas: “¿Quién cruzará el mar por nosotros….Pues la palabra está muy cerca de ti, en tu boca y en tu corazón, para que la guardes”.  Dios quiere obediencia, ¡no excusas!  Para algunos, el evangelio es tan conocido y tan familiar que lo tienen tan cerca como en su boca por haberlo oído tanto al grado de poderlo ellos mismos predicar.  Pero, no lo hacen por no obedecerlo.  No hay lugar para excusas.

10:9-15 La Obediencia Para Salvación

     Muchos “evangélicos” simplifican la salvación al enseñar que lo “único” que se debe hacer es “aceptar a Jesucristo en el corazón, y “orar” por la salvación”. Algunos le llaman a esto, “la oración del pecador”.  Pero, no hay pasaje en la Biblia que le diga al pecador que “ore” por su salvación. No lo hay. No basta con implorarle a Dios que nos salve.  Al contrario, Jesucristo dice, “no todo el que me dice Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos” (Mateo 7:21,22)  Podemos suplicarle y rogarle a Dios por nuestra salvación, pero lo que El quiere es que cumplamos con las condiciones del evangelio (hacer su voluntad), y así ser salvos.  Comenzando de atrás con el verso 15 hacia delante al verso 9, el evangelio es predicado.  Sin la predicación del evangelio, las buenas nuevas no son oídas.  Si no oyen el evangelio predicado, ¿Cómo pueden creer en Jesucristo?  Si no creen en El, ¿Cómo pueden invocar su nombre?  El evangelio (las buenas nuevas) cambia vidas cuando se obedece, y es con esa finalidad que se predica el mensaje de salvación.

10:16-21 La Desobediencia Para Perdición

Algo muy ajeno a las Escrituras es la doctrina de “la fe sola”.  Es una doctrina que si se acepta, causa mucho daño por fomentar la desobediencia.  Esto conduce a la perdición.  Al aceptar una “fe sola” es admitir que no hay nada más qué hacer para ser salvos.                                                                           El pasaje aquí es claro.  “Creer” es “obedecer”.  La fe que salva es la fe obediente, la que no salva es la que no obedece, a esto se refiere el pasaje cuando dice, “no todos obedecieron al evangelio, porque Isaías dice: “Señor, ¿quién ha creído a nuestro anuncio?”  Y ¿Cómo llega la persona a creer?  El verso 17 dice, “Así que la fe viene del oír, y el oír, por la palabra de Cristo.”  El evangelio se predica, se oye, se cree (se obedece, V. 16).  El judío (como cualquier otra persona) podría decir, “tenemos excusa por no obedecer, pues nunca hemos oído el mensaje de salvación”. Pero no, el mensaje fue anunciado a todo el mundo, “por toda la tierra ha salido su voz, y hasta los confines del mundo sus palabras”.  El judío no tenía excusa,  pudo haber oído el evangelio, pero lo rechazó.  Por su evangelio, Dios llama a gente obediente, sean judíos o gentiles.  Las buenas nuevas de salvación son para todos (Romanos 1:16).   ¿Por qué está perdida tanta gente religiosa?  Por la misma razón que aquel pueblo judío estaba perdido, por no hacer caso al evangelio, por ser “desobediente y rebelde” (Verso 21).

Enhanced by Zemanta

El libro de Eclesiastés es uno de los escritos más excelentes en donde se presenta de una manera clara y simple lo que en realidad es la vida de todo hombre cuando vaga sin Dios.

El autor, el sabio más grande y reconocido de su época hace un análisis de cómo es que la humanidad pretende encontrar la satisfacción a sus vidas, siendo el mismo el principal sujeto de estudio, pues indago de manera profunda cada cosa en la que el mismo consideraba el propósito de la vida.

El tiempo ha causado infinidad de cambios, las sociedades se han modernizado; pero el hombre sigue siendo el mismo, sigue teniendo los mismos deseos, los mismos problemas, pero sobre todo, las mismas necesidades.

Todo aquel que quiera entender a detalle una investigación de lo que es el hombre, solo basta estudiar de manera cuidadosa este libro, pues nos da las respuestas más exactas y simples, llegando a conclusiones y aplicaciones que siguen teniendo el mismo valor y provecho para nosotros hoy en día.

El predicador invierte tiempo, esfuerzo y recursos para declararnos una verdad que nadie puede negar: la indiscutible superioridad de Dios sobre la creación, incluyendo al hombre, y como es que el hombre puede encontrar la verdadera esencia de la vida, al disfrutar de todas las bendiciones de Dios, reconociéndolo como el Dador, pero sobre todo, como Aquel a quien se le debe de respetar, obedecer y temer por toda la vida, pues para esto Dios nos puso en este mundo.

Este escrito fue presentado en la iglesia local hace poco menos de un año y seguí el formato que a mi criterio es más efectivo: el ir analizando texto por texto y palabra por palabra según sea necesario. Se recomienda al estudiante hacer uso de otras ayudas como diccionarios, comentarios, mapas, léxicos, etc. para aumentar el entendimiento acerca de este libro y en general de todo el consejo de Dios. Además he formulado una serie de preguntas que sirven de guía al estudiante para llevar una idea más enfocada en el contexto correspondiente.

Agradezco a Dios sobre todas las cosas por haberme dado la oportunidad de conocerle y de poder enseñar su palabra a todo el que está deseoso de aumentar su saber. También a mi familia por su apoyo y animo, a los hermanos de la iglesia local de New Braunfels, Tx. y a los hermanos Jorge Luis Maldonado y Rubén Riojas que han colaborado grandemente en la preparación de este material.

No es mi deseo el comparar estos escritos con los ya existentes de otros hermanos, solamente busco ayudar en poco o mucho a quien tenga la disposición de estudiarlo.

 

-Jorge Maldonado-

Vaya a descargar el comentario completo

Enhanced by Zemanta

Desde la muerte de Abel hasta el tiempo presente, se ha calculado que han muerto más de 100 billones de personas durante este estrecho de historia humana. La muerte es común, y alcanza a todos. Nadie escapará de ella (solo los que estén vivos al regreso del Señor). No hay hombre que tenga potestad sobre el día de la muerte (Ec. 8:8). Esta es una realidad y es una ley universal de Dios, “Y así como está decretado que los hombres mueran una sola vez, y después de esto, el juicio” (Heb. 9:27). Muchos piensan que la muerte física es el fin de todo. Cuando la persona termina aquí su vida, el cuerpo muere, pero su espíritu regresa a Dios quien lo dio (Ecl. 12:7). Aquí no termina todo, al contrario, por el hecho de haber muerto, la persona (su espíritu) empieza ahora una nueva etapa. El obediente que muere en el Señor, será bienaventurado (Apoc. 14:13). Todos los demás que mueren en desobediencia, serán castigados (Apoc. 20:8). Para ambos, el morir es el comienzo de la eternidad.

(Vaya a la serie de la escatología)

Enhanced by Zemanta