CAPÍTULO 63

Venganza, Misericordia, y una Oración

En la antigüedad, el Israel nacional permanecía como el símbolo de la adoración de Jehová, representando al único Dios verdadero. Edom, la nación hermana, permanecía como un símbolo de oposición a Jehová y a la religión verdadera, porque así como se oponía y odiaba a Israel, así también odiaba a Jehová. Su enemistad en contra de Jacob es mostrada a lo largo de toda la historia de las dos naciones; Edom permaneció siempre del lado contrario, el lado de los oponentes y destructores de Israel. Por este odio perpetuo de su nación hermana y de Jehová, Edom debe ser juzgada y traída a un fin (ver la introducción para el capítulo 34; Abdías; Mal 1:2-5). No se indica ningún tiempo específico para este juicio; la visión revela simplemente que Jehová hará finalmente a la nación. (A diferencia de Edom, cuyo odio estaba reservado para Israel, Babilonia buscó traer a todas las naciones bajo su dominio; solo a este respecto estuvo interesado con forzar a Israel a someterse. Sin embargo, habría de ser también destruida. [cap 47].)

La Venganza de Jehová sobre Sus Enemigos (vers 1-6)

 

      1 En una visión el profeta ve a un guerrero fuerte y poderoso que viene de Bosra, una ciudad principal y probablemente por algún tiempo capital de Edom (aunque esto no es una certeza).[1] El profeta pregunta, ¿Quién es este? y entonces describe al guerrero con vestidos rojos (enrojecidos, al margen). Él es hermoso en su vestido, que refleja la dignidad de Su propia persona. Él marcha orgullosamente hacia adelante con el paso confiado de un conquistador, en la grandeza de su fortaleza. La respuesta al único poderoso no deja ninguna duda sobre Su identidad: Yo, el que hablo en justicia, grande para salvar. Es Jehová, quien habla verdad y declara “justicia, que anuncia rectitud” (45:19). Al salvar a Su pueblo Él actúa consistentemente con Su estándar de justicia.

      2 El profeta responde con una segunda pregunta, ¿Por qué es rojo tu vestido? La implicación es que los vestidos han sido teñidos. ¿Por qué los vestidos de Jehová están salpicados con un color rojo, como si Él hubiera estado pisando uvas en un lagar? En tiempos antiguos los fabricantes de vino recolectaban uvas en una piedra que había sido cortada a hachazos o tallada en madera, y entonces la pisaban. En el proceso las vestiduras usadas por los que pisaban las uvas eran manchadas por el jugo que salía a chorros.

      3 Jehová responde a la pregunta del profeta con una metáfora. Así como alguien pisa las uvas en el recipiente del vino, así Él piso a Sus enemigos en el lagar de Su ira, manchando Sus vestiduras con su sangre. Él ha actuado solo, porque de los pueblos (plural) nadie había conmigo; los (plural) pise con mi ira. Él ha ejecutado juicio sin ayuda, no solo contra Edom, sino contra las naciones (paganas) en general. Al obrar por la salvación de Su pueblo (ver 59:16) y al juzgar a Sus enemigos, Él actúa solo. El enojo y la ira de Jehová es Su indignación justa en respuesta a los pecados de los hombres. La justicia debe ser reivindicada y el juicio ejecutado. En la ejecución del juicio en el lagar de Su ira, el alma de los paganos ha sido salpicada sobre Sus vestiduras (ver Lam 1:15; Joel 3:13; Apoc 14:19-20). Que todas mis ropas han sido salpicadas indica el gran alcance del juicio. El equivalente Nuevo Testamento es encontrado en Apocalipsis 19:13-15: La Palabra de Dios pisa el lagar de la ira de Dios mientras Él trae a los paganos a su fin.

      4 La venganza es el vínculo de la santidad del Señor cuya rectitud y justicia demandada es evidente a lo largo de la totalidad del pasaje (vers 1-6). Estaba en Su corazón pisar al malvado. Delitzsch y Leupold sostienen que es significativo en la proporción sugerida por las palabras día y año: un día de venganza a un año de salvación; Willis y Young, sin embargo, piensan que las dos palabras significan simplemente “tiempo” (ver los comentarios sobre 61:2).

      5 Jehová miró con atención y fijamente, esperando y deseando (ver 5:2) que entre todos los pueblos hubiera un individuo o una nación de Su lado; pero no hubo ninguno, lo mismo que Él no había encontrado consejero en Sion (41:28; 59:16). Y me maravillé, permaneció pasmado, en la desolación espiritual. No hubo respuesta. Entonces, el mismo brazo poderoso de Jehová tenía que salvarlo en la batalla, y Su ira santa tenía que respaldarlo en Su ejecución de juicio.

      6 Al no encontrar quien Lo ayudara, el mismo Jehová piso a los pueblos (naciones) bajo Su pie en Su enojo y los embriagué en mi (Su) furor, reduciéndolos a un estado de desamparo total. Entonces caminaron hacia abajo, su “alma” (literalmente, “vigor”) fue derramada sobre la tierra y traída a un fin.

El Amor Perdurable de Jehová por Su Pueblo (vers 7-9)

Jehová ha asegurado al pueblo de la salvación por medio del Siervo (52:13-53:12). Él ha urgido a Sion para a prepararse para un gran influjo de nuevos ciudadanos (54:1-3); la gloria de Sion ha sido profetizada (caps. 60-62); y el juicio de los paganos ha sido garantizado (63:1-6). Es tiempo ahora de enumerar las bendiciones y ofrecer alabanza a Jehová (vers 7-9), para recordar las misericordias de Jehová desde la antigüedad (vers 10-14), y para orar (63:15-64:12).

      7 No obstante que el profeta usa el pronombre personal Yo, él está hablando probablemente por los pocos fieles de su tiempo, pero no hay una certeza. Él menciona las misericordias de Jehová, Sus actos de ternura basados en Su amor eterno. Esta bondad es una base para alabar al Señor, conforme a todo lo que Jehová nos ha dado. Una segunda característica de Jehová es la grandeza de sus beneficios hacia la casa de Israel, la belleza por la que ellos pueden apelar por el perdón. Una tercera consideración a ser declarada es Sus misericordias, que son según la multitud de sus piedades. Las misericordias del Señor resumen Su simpatía por Su pueblo, Su profundo amor por ellos.

      8 Cuando Jehová trajo a Israel fuera de Egipto, Él los reclamó como Su pueblo, en medio de los que Él caminó como Su Dios (Lev 26:12; Deut 29:13). Había la condición, sin embargo, que si Él iba a habitar en medio de ellos, ellos deberían oír Su voz (Deut 6:3; Jer 7:23; Ezeq 11:20). A la luz de la bondad, la gran benevolencia, y las abundantes misericordias mostradas a Su pueblo (vers 7), Ciertamente…son, hijos que no mienten, sino que son fieles a Él. Esto es lo que Jehová tiene derecho a esperar, porque Él los ha escogido como Su pueblo. Además, Él fue su salvador (ver Sal 106:21-22) y siempre estaría allí para ayudar cuando lo necesitaran. Pero Él estaba defraudado de ellos.

      9 En toda angustia de ellos él fue angustiado – la angustia es una estrechez, una condición apretada acorralada con “agitación interior intensa.” Si es adoptada la lectura al margen, “En toda su adversidad Él no era adversario,” la idea es, como es expresado por Alexander, “en todas sus discordias (hacia él), él no era un enemigo (para ellos) (II.419); Él no los afligió para herirlos sino para hacerlos buenos. Si, de otra forma, es aceptada la traducción básica, la idea parece ser que Él compartió con ellos el sufrimiento y la herida de sus aflicciones, como se indica también en Jueces 10:16: “y él [Jehová] fue angustiado a causa de la aflicción de Israel.” A lo largo de toda la historia de Israel el Señor estuvo preocupado y compartió el sufrimiento del pueblo, así como el Salvador se “compadece con nuestras debilidades” (Heb 4:15). La empatía es una característica tanto de Jehová como del Mesías.

      Y el ángel de su faz (la frase el ángel de su faz solo se presenta aquí) los redimió – la palabra traducida ángel podría ser también puesta como “mensajero” o “comisionado”; la palabra traducida de su faz significa literalmente “rostro.” Jehová prometió a Moisés, “Mi presencia [rostro] irá contigo” (Éxodo 33:14). Entonces el ángel es el rostro o presencia representativa de Jehová que iba con Israel. Puesto que Cristo acompañó a Israel en el desierto (1 Cor 10:4), y es “la imagen de Dios” (2 Cor 11:4, 6; Col 1:15) y “el resplandor de su gloria” (Heb 1:3), esta presencia representativa de Jehová probablemente es el Verbo de Dios hecho carne (Juan 1:14), el Mesías pre encarnado. Movido por la compasión por medio de Él, Jehová los redimió, y los trajo, y los levantó todos los días de la antigüedad. Isaías atribuye a Jehová la alabanza y la gloria por la redención y el cuidado providencial de Israel a través de la historia.

La Respuesta del Pueblo: Rebelión (vers 10-14)

 

      10 Aunque Jehová había sido amable con Israel, habiéndoles urgido a oír la voz del mensajero que Él les enviaría, y habiéndoles advertido que no se rebelaran contra Él (Éxodo 23:21), sin embargo ellos no pusieron atención, sino que se rebelaron desde el principio (Deut 9:7). Ellos hicieron enojar su santo espíritu, trayendo aflicción y dolor sobre Él (ver Sal 78:40; 106:43). Entonces, en lugar de ser lo que Él deseaba ser hacia, Jehová se convirtió en su enemigo, abandonándolos o abandonándolos finalmente como lo hizo en el mundo antediluviano (Gén 6:6-7). Él peleó contra Israel-Judá como peleó contra otros enemigos de la justicia.

      En este punto una pregunta exegética es levantada: ¿El santo espíritu se refiere al mismo Jehová, a Su carácter y disposición, o al Espíritu Santo como una persona? Hay diferentes puntos de vista en este punto. El ángel o comisionado de Jehová (vers 9) es un ser personal diferenciado de Él; asimismo, el santo espíritu es aquí diferenciado de Jehová. Él puede experimentar tristeza (ver Ef 4:30), una característica peculiar de una persona. Esto guía a la conclusión que el profeta está hablando del Espíritu Santo como una persona. Si es así, en estos versículos tenemos a Jehová; el ángel (comisionado) de Jehová, esto es, el Hijo; y el Espíritu Santo – las tres personas del Dios Trino todas trabajando a favor de Israel. La rebelión del pueblo es entonces contra la Deidad total.

      11 Otra cuestión de exégesis es levantada aquí. ¿Debemos aceptar el texto, Pero se acordó de los días antiguos, de Moisés y de su pueblo, o la lectura alterna, “Pero su pueblo se acordó de los días antiguos de Moisés” (al margen)? Siguen cinco preguntas. La primera, ¿Dónde está el que les hizo subir del mar con el pastor de su rebaño? Parece confirmar la lectura al margen. ¿Está siendo contestada la pregunta por los pocos fieles o por la totalidad del pueblo? Parece estar más en armonía con el contexto ver a la nación como el interrogador, aunque algunos eruditos piensan que el profeta está hablando por los pocos fieles. Subir del mar se refiere al cruce del Mar Rojo (ver Sal 106:9); el pastor de su rebaño son Moisés y Aarón. Pero si la forma singular pastor (al margen), que se presenta en algunos manuscritos antiguos, es adoptado, el pastor es Moisés. A la luz de la frase de Moisés y de su pueblo, es preferible el singular.

      La segunda pregunta, ¿dónde el que puso en medio de él su santo espíritu? probablemente se refiere al otorgamiento de Jehová de Su Espíritu a los setenta ancianos en el desierto (ver Núm 11:17, 25, 29; Hageo 2:5). El Espíritu aquí, como en el versículo 10, es la tercera persona de la Trinidad.

      12 La tercera pregunta, ¿dónde el que los guió por la diestra de Moisés con el brazo de su gloria? apunta de regreso a la guía y fortalecimiento de Moisés por parte de Jehová desde el tiempo de la liberación fuera de Egipto a la llegada en la frontera de Canaán. El brazo de su gloria es la potencia poderosa (ver los comentarios sobre 40:10; 51:5; 52:10; 59:16; 63:5) que Dios mostró en la liberación de Egipto y en el cuidado de Su pueblo en el desierto mientras él sostuvo por medio de Moisés desde el principio hasta el fin.

      La cuarta pregunta pertenece al poder mostrado al dividir las aguas del Mar Rojo. ¿Dónde está ahora Él que en otros tiempos ejerció ese poder cuando Él guió a Israel fuera de Egipto, haciendo entonces para Él mismo un nombre perpetuo tanto entre las naciones de ese tiempo como entre todos los pueblos desde entonces?

      13 La quinta pregunta, ¿Dónde está Él que los condujo (a los pueblos) por los abismos, a través de las aguas en las que ellos se habrían ahogado, excepto por el ejercicio de Su glorioso poder? Al cruzar el mar, Israel fue como un caballo de pie firme viajando sobre un desierto suave donde no tropezó – el cruce fue sin contratiempos para el pueblo y sus bienes.

      14 Una ilustración final o símil completa la ilustración. Como ganado que ha estado pastando en la ladera pedregosa de una montaña baja al valle por agua y descansa, así el Espíritu de Jehová los pastoreó en Canaán en su viaje final. Por Su gran fuerza y potencia poderosa Jehová guió a Su pueblo a través de todas estas pruebas, haciendo Su nombre más glorioso. Leupold bien ha resumido el punto completo de los versículos 11-14, “¿Por qué ‘entonces” y ‘ahora’? Jehová desplegó Su infinito poder en el inicio de la historia de la nación; ¿Por qué, entonces, estamos abandonados como lo estamos en el tiempo presente?

Una Oración Ferviente por Misericordia y Ayuda (vers 15-19; cap. 64)

 

      15 La nación ha mirado hacia atrás al amor, a la misericordia, y a la potencia poderosa mostrada en la liberación bajo Moisés. Ellos han comparado esa demostración de Su presencia con su condición actual y ahora claman a Él en oración por ayuda. Su trono está en los cielos (Sal 11:4) donde el pueblo ha observado por bendiciones en el pasado (Deut 26:15) y han buscado ayuda en tiempo de necesidad (Sal 80:14). Allí habitan la plenitud de Su gloria y santidad, y la nación apela ahora a estos atributos. Ellos claman, Mira desde el cielo con una actitud favorable hacia nosotros, y contempla, considera y ten cuidado por nuestra condición. ¿Dónde está el celo contra nuestros enemigos y el poderoso poder acompañándolo que fue una vez prometido (ver 26:11; 42:13; 59:17)? Jehová parece haberse quitado a Si mismo, porque ellos preguntan además, ¿Por qué tenemos la añoranza de Sus entrañas y Su piedad ha sido retirada de la nación? Aunque nosotros, como la nación que está aquí en oración, podríamos no percibirlo en este momento, hay siempre un propósito atrás del castigo.

      16 La base de la apelación de Israel por ayuda es que Jehová es su Padre, él único que trajo a la nación a la existencia (ver Deut 32:6). Aunque Él los había criado como Sus hijos, ellos se habían rebelado contra Él (1:2); esta es la respuesta a la pregunta del versículo 15. Que Abraham e Israel no conocen a la nación no significa que ellos rechazan ahora al pueblo, o que reclaman no tener relación con ellos, sino que la descendencia de los patriarcas no puede ayudarlos ahora. Porque no obstante que Abraham y Jacob fueron los progenitores físicos de la nación, Jehová es su Padre espiritual y el Redentor verdadero. Ellos deben apelar a Él.

      17 La lectura inicial de este versículo parece ser, como sugiere Rawlinson, un “reproche que raya en la irreverencia” (II. 444); pero Dios no puede ser cargado con la responsabilidad por los pecados del hombre – solo el hombre es responsable. La explicación de este difícil versículo parece ser encontrado en el encargo dado a Isaías en su llamado. Si el pueblo escucha a Jehová, estará bien; pero si no lo hacen, se serían totalmente endurecidos (ver los comentarios sobre 6:10). Ellos no habían escuchado; entonces, fueron endurecidos porque ellos debían haber visto hacia Jehová. La plegaria es para que Dios regrese por el bien de Israel, que ha sido escogido para ser Su siervo, no sea que las tribus se extingan en la tierra.

      18-19 Las muchas explicaciones y las lecturas textuales alternativas sugeridas por los comentaristas y críticos es evidente que somos enfrentados aquí con otro pasaje difícil. En el original, no hay un propósito directo para el verbo poseyó, así que, ¿qué poseyó el pueblo? ¿Fue la tierra, el monte (como algunos proponen), o el santuario? Cualquiera de estos es posible. Lo siguiente es una explicación ofrecida como probable. En el inicio de la historia de Israel, Jehová había dicho que cuando ellos “hayan envejecido en la tierra” y se hayan corrompido ellos mismos con la idolatría, “pronto pereceréis totalmente de la tierra” hacia la cual pasáis el Jordán para tomar posesión de ella (Deut 4:25-26). La tierra fue tristemente corrompida por Manases (2 Rey 21:1-18); después de él solo hubo un rey bueno, Josías, que intentó pero falló en reformar a Judá. Él fue sucedido por cuatro reyes malvados, la destrucción de Jerusalén, y el exilio en Babilonia. ¿No podría ser esto el cumplimiento de las palabras de Isaías que Por poco tiempo lo poseyó (la tierra) tu santo pueblo? Después de abandonarse a sí mismos a la idolatría, ellos perecieron así como Jehová había profetizado en Deuteronomio. Los que han hollado tu santuario podrían ser los babilonios (ver el comentario sobre 64:11), o los idolatras de los días antes del exilio quienes, despreciando la fe establecida, profanaron el santuario de Jehová. En esta condición ellos estaban como extranjeros que nunca se habían sometido a Jehová ni lo habían llamado por Su nombre.

Capítulo 63. Venganza, Misericordia, y una Oración


[1]  Zondervan Pictorial Encyclopedia of the Bible, ed. Merrill C. Tenney (Grand Rapids: Zondervan, 1975), vol. 1, pág. 645.

Una Promesa Renovada de Liberación y Protección a Israel (vers 1-7)

      1 La palabra ahora introduce un contraste; cambia el tono de reproche reprensión al del ánimo y consolación. Previamente Jehová había dicho, “No temas, porque yo estoy contigo” (41:10), y “No temas, yo te ayudo” (41:13); ahora Él agrega, No temas, porque yo te redimí. Él ha pagado el precio por la redención de Israel (ver vers 3). Él les da cuatro razones por las que no deben temer: (1) Jehová había creado a Jacob, esto es, Él había puesto de manifiesto algo nuevo – una nueva creación – en Sinaí. (2) Él había formado a Israel, modelando el pueblo principesco fuera de Jacob, un sustituto. ¡Que contraste entre los materiales insensatos modelados por los paganos en ídolos que no podrían rendir ningún servicio y el Israel modelado por Dios en una nación que podría servirle! (3) Jehová había redimido o rescatado al pueblo de Egipto, y cuando sufrieron en Babilonia, Él actuó como su vengador. Y (4) Él había puesto nombre por su nombre “Israel” para ser Su propio pueblo y nación particular (Éxodo 19:5-6), dándoles una obra especial a Su siervo y mensajero (41:9).

      2 Debido a que mío eres tú, debido a que Israel ha sido llamado y redimido por Jehová (ver vers 1), Él los protegerá y los cuidará. Hay sin embargo muchas pruebas ante el pueblo; sin embargo ellos podrían pasar en medio de los torrentes de aflicción y los ríos de la adversidad, no serán sobrecogidos porque Jehová estará con ellos. Y cuando caminen en medio del fuego de la tribulación, de pruebas, y juicios, no se quemarán (ver Sal 66:12; también Dan 3:27, donde Dios da una demostración literal de esta lección), porque Jehová los sostendrá y protegerá.

      3 La garantía estampada en estas promesas es el nombre del Señor mismo; Porque yo Jehová – el nombre personal por el que Él es conocido por el pueblo del pacto – Dios tuyo – el Dios del poder y de la fuerza, el único Dios – el Santo de Israel – aparte de los pecados de Israel, absoluto en santidad – tu Salvador – el Señor libra a Su pueblo del desastre y la opresión para seguridad y paz. Rescate es el pago o redención de alguien o de algo que ha sido capturado. Israel era de Jehová y Él la entregaría al resto de las naciones, incluyendo a Egipto, a Etiopía, y a Seba, lo cual incluye a todas las naciones conocidas de África de ese tiempo. Ya sea que, como piensan algunos eruditos, esto tiene referencia a la conquista de Egipto en el 525-522 A.C. por Cambiases, hijo de Ciro, esto es incierto.

      4 La primera palabra en este versículo (Porque) da problemas a varios comentaristas. Es traducido de diferentes formas: “de la época” (Alexander); “debido a” (Delitzsch, Leupold); “debido al hecho que” (Young); “puesto que” podría ser la traducción más representativa. A mis ojos fuiste de gran estima, de gran valor; entonces Jehová redimirá a Israel a gran costo. Hay también varias traducciones para la palabra hebrea que la Versión American Standard traduce honorable: “has sido honorable” (Alexander, Young); “[eres] honorable” (Leupold); “de alta estima” (Delitzsch). A pesar de las incertidumbres en estos versículos, sin embargo, la idea es clara. La posición especial de Israel ante Dios y la responsabilidad que lleva esa posición ha hecho honorable a la nación, digna de honor. (Para recibir ese honor, deben, de hecho, vivir en una relación apropiada ante Él.) La cláusula yo te amé traza el favor de Dios “hasta su raíz más profunda – el amor de Dios” (Leupold). Debido a que el pueblo de Israel es honorable y precioso ante Él, Jehová, en Su amor por ellos, los pone por arriba de todas las naciones, da a otros a cambio por ellos.

      5-6 El Señor reitera las palabras con las que introdujo esta profecía: No temas, porque yo estoy contigo (ver vers 1; 41:10,13,14) porque el agua y el fuego (ver vers 2) están por venir. Él está mirando adelante hacia el tiempo cuando el pueblo será dispersado a las cuatro esquinas de la tierra. Alexander observa que Dios no dice, “Yo los traeré de regreso,” en el tiempo de la restauración, sino traeré tu generación, linaje o descendientes, de las cuatro direcciones – oriente, poniente, norte, y sur. Es Dios el que los traerá, juntándolos en uno. Al norte, dice, Da acá; y al sur: No detengas; trae de lejos mis hijos, y mis hijas de los confines de la tierra. Todos sus hijos son incluidos. No es dirigido a ningún individuo o grupo particular ni es mandado traer juntos al pueblo de Dios. En vez de eso, la idea es, “Sufra todo mi pueblo para regresar a mí; nadie ni nada lo impida.” El remanente que retornará de Babilonia o vendrán juntos bajo el Siervo serán aquellos que “volverán a mi de todo su corazón” (Jer 24:7).

      7 Incluidos entre los que van a ser traídos y reunidos están todos los llamados de mi nombre, los hijos y las hijas de Dios, el Israel espiritual. Ellos fueron creados – traídos a la existencia – por la propia gloria de Jehová, que es el objetivo final de toda la obra de Dios. Para ser reunidos juntos están todos los que formé – los que sobre Dios obró en la historia para que Él pudiera poner de manifiesto una nación peculiar – los formé y los hice. Dios formó o hizo a Israel como un reflejo especial de Su gloria (ver vers 1). Si bien este pasaje habla del retorno del remanente desde el exilio, ciertamente observa también más allá de la reunión de todo el pueblo llamado por el nombre de Dios. Esto solo fue cumplido bajo el Siervo Jesucristo, que Dios señaló para la obra.

Un Nuevo Desafío para Israel y para las Naciones (vers 8-13)

 

      8 Jehová llamó previamente a los dioses a una corte de inquisición para examinar sus declaraciones de ser deidad (41:1-7,21-24). Él ahora llama al siervo Israel ciego y sordo a reunirse con Él en una corte de inquisición semejante. No obstante ciego y sordo, Israel tiene ojos y oídos con los que puede ver y oír si solamente lo quisieran; el Señor busca abrir sus ojos y sus oídos por medio de señalar las obras maravillosas que ha hecho en y por medio de ellos.

      9 Jehová llama también a las naciones paganas a asistir a la sesión, retándolos como lo hizo con sus ídolos (41:21-24) para declarar algo que fue profetizado y que ha sido cumplido entre ellos. Presenten sus testigos, y justifíquense, para que su confianza y adoración de los ídolos pudiera ser defendida. Dios desafía a las naciones a que nos dé nuevas de esto, y que nos haga oír las cosas primeras, esto es, que señale los diferentes eventos que sus dioses profetizaron y como se llevaron a cabo. Si las naciones no pueden juntarse para este desafío, oigan (lo que Jehová tiene que decir), y digan: Verdad es. Cuando una persona honesta examina sus suposiciones y no encuentra evidencias sobre las cuales aceptarlas, debería estar dispuesto a oír la otra parte. Cuando se presenta suficiente evidencia a favor de la otra parte, podría decir, “es verdad.” Hoy como entonces, este principio necesita ser reconocido en la investigación de todas las religiones.

      10 El Señor se dirige ahora a Israel: Vosotros sois mis testigos, dice Jehová, y mi siervo que yo escogí. Como pueblo especial de Dios, Israel es Su siervo y su mensajero (42:19), y ahora es también Su testigo. La palabra testigo es común en los medios de los tribunales; un testigo es alguien que ha conocido de primera mano sobre un evento y puede dar un testimonio preciso sobre eso. El pueblo de Israel puede dar testimonio que Jehová es Dios, no solo a las naciones, sino también a sus propios escépticos. Al comparar la obra de Jehová con la de los ídolos, y el testimonio de los páganos con sus propios ídolos, Israel puede distinguir con claridad el poder de Jehová y la impotencia de los ídolos. Entonces pueden venir para que me conozcáis y creáis; llegarían a estar firmemente establecidos en su fe, no fluctuando ya más en una cosa y otra. Ellos entenderán que yo mismo soy; esto es, reconocerán a Jehová como el único Dios. Porque antes de mí no fue formado Dios, ni lo será después de mí. En tanto que se ha estado enfatizando sobre los paganos la vanidad de sus dioses, Jehová enfatiza aquí sobre Su propio pueblo vacilante la verdad que solo Él es el Dios eterno.

      11 Jehová continua enfatizando Su punto: Yo, yo Jehová, el “Yo soy,” el eternamente existente y el único todo providente; y fuera de mí no hay quien salve. Cuando el pueblo se encuentra a si mismo en el exilio en Babilonia, se darán cuenta que no hay salvación en ningún otro. Jonás aprendió esta lección en el vientre del pez; él clamó, “la salvación es de Jehová (Jonás 2:9). Cuando el hombre rechaza a Dios, cualquier esperanza de encontrar la liberación de la esclavitud es castigada; no hay ninguna otra fuente de salvación.

      12 Jehová declara que Él mismo ha cumplido lo que Él desafió a las naciones que hicieran (vers 9): Él ha anunciado, ha dado a conocer lo que hará en el futuro; Él ha salvado, esto es, ha liberado a Su pueblo de Egipto y de Senaquerib, y Él los liberará de Babilonia, y Él ha hecho oír, ha reportado en una forma clara e inequívoca el cumplimiento de lo que profetizó con anterioridad. Cuando Él dice, y no hubo entre vosotros dios ajeno, Él no está dando a entender que no había idolatría en medio del pueblo, sino que no había otro dios con el que Jehová colaboró o que hubiera profetizado todas las cosas que serían hechas; Jehová se sostuvo y actuó solo. Vosotros, pues, sois mis testigos, testificando la deidad absoluta de Jehová. Él ha mostrado con claridad que es capaz de mostrar el fin y el inicio y hacer que suceda, lo cual no puede ser negado. Como Jehová y Dios, Él es tanto el único que existe eternamente, el Dios del pacto, y el Señor de poder y fortaleza que es capaz de llevar a cabo Su propósito. (Varios siglos más tarde, Israel sería similarmente un testigo de la deidad de Cristo.)

      13 Al seguir el texto, Aun antes que hubiera día, yo era; o la lectura al margen, ¿“Desde este día en adelante Yo era”?  No obstante que algunos comentaristas están divididos en que aceptar, es preferible seguir el texto; porque desde el inicio del tiempo, Dios ha estado presente en Su creación y en la historia. Él estuvo presente con la primera generación y estará presente con la última (41:4). Nadie puede quitar de un tirón a una persona o a una nación que está en Su mano. Y cuando Él propone una obra, ningún dios puede impedirla.

El Poder de Jehová para Quitar Obstáculos en la Redención de Su Pueblo (vers 14-21)

 

      14 Como Redentor Jehová actúa de una forma consistente con Su propia santidad, que es enfatizada constantemente en la frase el Santo de Israel. Él había creado a Israel para Su gloria (vers 7), y ahora actúa hacia esa nueva creación en tal forma que “mis alabanzas publicara” (vers 21). Por vosotros envié a Babilonia, una aparente referencia a Ciro, al que levantaría y enviaría contra Babilonia (41:1-7; 44:28-45:7; 48:14; ver 13:17; 21:2). Note que en una vez más Jehová habla de una acción futura como si ya estuviera hecha. El pueblo de esa orgullosa y poderosa nación los haría descender como fugitivos, esto es, como un pueblo que huye de un enemigo. Descendería en las naves de que se gloriaban, las naves de comercio que habían traído gran regocijo por medio de los tesoros que habían enriquecido la ciudad. Las naves de las que Babilonia estaba tan orgullosa se convertirían en el pendón de su humillación descendiendo ante sus enemigos. Jehová está declarando por este medio Su control sobre las naciones, tanto en la poderosa Babilonia como en el que Él envía contra ella.

      15 Jehová no solo controla las potencias paganas, al enviar a Ciro contra Babilonia; sino también, como el Creador de Israel, ejerce control sobre su destino. La nación podría estar en el exilio en Babilonia, pero Él es aún su Rey y no lo olvidará; Él los liberará por Su propia complacencia.

      16-17 El Señor no solo determina el destino de las naciones y moldea y da forma a Israel hacia un fin, también ejerce Su poder creativo y controlador sobre la naturaleza. Abrió un camino en el Mar Rojo y una senda en las aguas fieras e impetuosas para que Su pueblo pudiera pasar en medio de ellas. Además, es solo por Su decreto absoluto y el ejercicio de Su poder divino que los ejércitos pueden actuar. Los carros y los caballos, los ejércitos y los hombres poderosos son destruidos por Su voluntad, como cuando las fuerzas del Faraón intentaron perseguir a Israel y perecieron cuando las aguas regresaron a su posición original (ver Sal 76:5-6). Todas estas poderosas fuerzas humanas caen juntamente para no levantarse; fenecen, como pábilo quedan apagados. Son como una lámpara cuya luz está extinguiéndose. El verbo usado aquí siempre se relaciona al hecho de apagar un fuego, ya sea en forma figurada o literal;[1] desaparece de la vista.

      18-19 El pueblo es urgido a dejar de mirar y apelar al pasado (excepto para aprender de sus ejemplos y advertencias), y mirar en lugar de eso al futuro. Jehová promete que Él hará cosa nueva que ellos verían y sabrían. Al señalar lo que Él hará por medio de Su Siervo ideal, Jehová ya había dicho, “yo anuncio cosas nuevas; antes que salgan [broten] a luz, yo os las haré notorias” (42:9); estas cosas están en el futuro lejano. Pero la cosa nueva frente a Él está más inmediata: pronto saldrá a luz; la generación a quien se dirigió participará en ella. Como el Redentor de Israel de los egipcios, así Él abrirá camino en el desierto, y ríos en la soledad para un nuevo éxodo. Por Su providencia y poder proveerá un camino para el viaje de retorno del exilio y proporcionará agua para su sed. Aunque Él probablemente no produjo ríos literales para que brotaran milagrosamente a la existencia, Él proveyó para las necesidades del pueblo.

      20-21 En lenguaje altamente profético similar al usado por Job, “Cuando alababan todas las estrellas del alba” (38:7), y por un salmista, “los árboles del bosque rebosarán de contento,/Delante de Jehová” (Sal 96:12-13; ver Isa 55:12 – “los árboles del campo darán palmadas de aplauso”), el profeta dice que los animales del campo y las criaturas silvestres de las áreas desérticas honrarán a Jehová. Como el mundo animal sufrió debido al juicio sobre los hombres por sus pecados (ver, por ejemplo, Jer 14:6; Ose 4:3; Joel 1:18), así ahora en alguna forma ellos comparten las bendiciones otorgadas por Dios sobre un pueblo redimido. El pueblo formado por Jehová para Si mismo será dado a luz de tal forma que puedan alabarlo; esto será la meta de Su pueblo.

La Indiferencia de Israel – La Gracia de Jehová (vers 22-28)

 

      22 A pesar de la preocupación de Jehová por Israel y Su deseo de influir en su representación, el pueblo ha sido indiferente a Él y a Su bondad. Él tiene el poder para liberar y proveer para sus necesidades, pero ellos no han acudido a Él. En lugar de eso se cansaron de Sus caminos y del ejercicio necesario para Servirle.

      23 La segunda acusación directa contra el pueblo se relaciona con el ritual del sacrificio: No me trajiste a mí los animales del holocausto; ni a mí me honraste con tus sacrificios. ¿Qué significa esto, la naturaleza precisa de la ofensa? ¿La nación ha fallado al sacrificar debido a que se ha vuelto a la idolatría? ¿Es un asunto de indiferencia al ritual mosaico? ¿O Dios está enojado debido a que los cautivos en Babilonia no llevan a cabo los ritos? Las primeras dos posibilidades son descartadas; porque no obstante que el pueblo podría servir a ídolos, no son indiferentes a ofrecer el sacrificio; como una práctica, son abundantes en ello (ver 1:10-16). La tercera posibilidad se descarta sobre la base que todos los sacrificios debían ser ofrecidos en Jerusalén; Jehová no haría responsable al pueblo por no ofrecer sacrificios si estaban en Babilonia. La explicación más plausible es que su ofrecimiento no era de corazón; la ceremonia está allí pero falta el verdadero espíritu y el sentido. Ellos ofrecen sacrificios para asegurar la protección del Señor y para intentar por medio de ceremonias formales escapar de Su ira. El pueblo había equivocado el motivo del sacrificio. No se intentó ser una carga por parte del Señor, sino un medio de comunión gozosa con Él.

      24 La caña aromática que el pueblo no ha traído para Jehová es considerada por la mayoría de los comentaristas para ser una planta aromática importada de otro país en vez de la caña aromática con la que estamos familiarizados. Era probablemente usada en incienso o en aceite para untar. Este punto es incierto. De todos modos, en vez de traer la caña aromática y que satisfacía a Dios con la ofrenda conciente de la grosura que Le pertenecía, el pueblo Lo agobió con sus pecados y Lo cansó con sus iniquidades. Esta actitud, que fue la característica de sus vidas en general, nulificó cualquier merito posible de sus ofrendas. No parece haber estado restringido a un período específico sino a un problema persistente en la historia de la nación.

      25 No obstante que es omnipotente, como es demostrado en Su poder sobre Babilonia, sobre Ciro y sobre los medos que Él usó para destruir a Babilonia, y tanto sobre la naturaleza animada como la inanimada (vers 14-21), Jehová solo podría hacer lo bueno por Israel si el pueblo se volvía de sus pecados. Yo, yo soy el que borró tus rebeliones; este es un acto de gracia pura de Su parte y no el resultado de ningún merito de parte de ellos. El perdón viene por medio de la fe en Él y no por medio de sacrificios ceremoniales realizados como mera formalidad. Dios dice que él borra las trasgresiones por amor de mí mismo, esto es, de tal forma que Él pudiera demostrar la combinación apropiada de la misericordia divina y la justicia, expresada en amor, juicio, y gracia. Cuando son borrados, los pecados ya no son recordados – “Cuanto está lejos el oriente del occidente,/Hizo alejar de nosotros nuestras rebeliones” (Sal 103:12).

      26 El Señor urge ahora a Israel a que Lo hagan recordar, a traer a la mente Su infinito ser y carácter santo (como se expuso en el cap 40), Su ley santa que les fue dada para su bien. Su cuidadoso amor y misericordia compasiva, y Su disposición para perdonar y recibir de vuelta en Su seno a los que Lo escuchan. Él hace ahora una petición llena de recuerdos tanto de la invitación que Él emitió al comienzo del libro (1:18) y Su llamado a las naciones (41:21-24): entremos en juicio juntamente; habla tú para justificarte. Si hay alguna base o merito en ustedes para garantizar su liberación, tráiganla al frente; Jehová está listo para escuchar. Si no hay base en ustedes que amerite la liberación por parte de Dios, entonces la liberación estará basada en Su amor y favor no merecido.

      27 Israel no podía presentar la excelencia en los fundamentos de sus antepasados, porque Tu primer padre pecó, Los eruditos han interpretado en diversas maneras esta referencia: Adán, Abraham, Jacob, y aún David; pero parece que Jacob es el padre considerado aquí, porque él había ganado la bendición y la primogenitura por medio del engaño y de una compra no hermanable. Y tus enseñadores (“interpretes,” del hebreo) prevaricaron contra mí; esto es, los profetas, los sacerdotes, y otros que debían haber dado una instrucción apropiada en la ley pecaron al dar en su lugar enseñanza falsa. Así, desde su padre Jacob hasta el presente el pueblo ha sido animado por el ejemplo y el precepto a transgredir la ley divina.

      28 Sin embargo, el pueblo es aún responsable por su alejamiento de Dios; porque así como había habido maestros infieles, también había habido profetas y maestros fieles entre ellos. Por tanto, consecuentemente o a la luz de esto, Jehová profanó los príncipes del santuario. La palabra príncipes, que podría referirse a gobernadores de la realeza, denota también caudillos o líderes en el santuario; deberían haber sido santos, consagrados a su ministerio. El Señor los profanará al enviarlos a Babilonia, una tierra y reino profano e impuro. Eventualmente pondrá por anatema a Jehová, esto es, lo consignará a la destrucción, y por oprobio a Israel, un objeto de lenguaje abusivo. Aunque este juicio fue en parte totalmente cumplido por la cautividad de Babilonia, el curso y la denigración ha continuado a lo largo de toda la historia de Israel; ellos continúan viviendo censura.


[1]  Theological Wordbook of the Old Testament, vol. 1, pág. 428.

LA CONTIENDA ENTRE DIOS Y LOS ÍDOLOS (41-48)

 

41. La Confrontación de Jehová con los Ídolos

42. El Siervo de Jehová y el Castigo de Israel

43. “Ustedes son Mis Téstigos…Fuera de Mi no hay Salvación

44. La Locura de la Idolatría

45. “Ante Mi Toda Rodilla se Doblará”

46. Jehová y los Dioses de Babilonia

47. El Juicio de Jehová Pronunciado en Babilonia

48. La Confianza de la Liberación

 

Una Palabra de Introducción

En los capítulos 41-48 Jehová introduce tres personajes a los que llamará a Su servicio: Ciro, Su pastor, que Él levantará del oriente para liberar a Su pueblo de Babilonia; Israel, Su siervo ciego y sordo; y el Siervo ideal, aquel en el que Su propósito será cumplido. La palabra siervo no es usada en un sentido despectivo, sino que se refiere a alguien a quien se le ha confiado una responsabilidad solemne. Smith comenta, “La palabra hebrea para siervo significa una persona a la disposición de otra – para llevar a cabo su voluntad, su obra, para representar sus intereses” (II. 272). La cautividad y el retorno de Judá, el levantamiento de Ciro alrededor de unos cien años después de esto, y la aparición del Siervo mesiánico varios cientos de años en el futuro serán la prueba de la Divinidad y deidad de Jehová; solo un ser infinito puede predecir y traer tales cosas por venir. La impotencia absoluta de los dioses paganos será también probada, porque serán incapaces para ayudar a las naciones o para detener a Jehová en Su propósito.

      Jehová empieza revelando Su propósito al introducir a Ciro, por medio del cual Él liberará a Su pueblo de Babilonia (41:2-7,25; 44:26-45:7; 46:11; 48:15). Enseguida Israel es introducido como el siervo escogido de Jehová, que aunque ciego y sordo, Él no desechará (41:8-10; 42:18-25; 43:8-13; 44:1-5, 21-28; 45:4; 48:20-22). El tercero, y por mucho el más grande, es el Siervo ideal, que tendrá un lugar prominente en el resto del libro (42:1-9; 49:1-13; 50:4-11; 52:13-53:12). Y finalmente, están los “siervos” (plural), el redimido de Jehová, que son de gran significado en la última parte de la profecía (54:17; 56:6; 63:17; 65:8-15; 66:14, etc.).

      Los nombres hebreos de Dios en esta sección confirman Su singularidad. Tres nombres en particular declaran su deidad soberana. Él (que es usado quince veces) significa “el único poderoso,” la personificación de la fortaleza y del poder. Aunque ocasionalmente es usado de los dioses paganos, la palabra se refiere también al Dios personal verdadero. Eloa (usado una vez en Isaías), que toma lugar en pocas ocasiones exclusivamente en los libros poéticos (cuarenta y una veces en Job), es una palabra antigua por la que Dios aparece en ocasiones en construcciones paralelas con Roca (44:8; ver Deut 32:15; Sal 18:31). Mientras que la apelación a Roca, que indica permanencia, atestigua la habilidad de Dios para proteger a Su pueblo, Eloa en Isaías 44:8 Lo establece aparte como la única Roca de refugio para Israel. Como tal Jehová es un terror para el malvado y un consuelo para Su pueblo (Sal 50:22; 114:7; 139:19). Eloim (que se presenta veintiún ocasiones) es traducido en varios pasajes como “dioses,” “jueces,” “ángeles.” “La terminación plural es usualmente descrita como un plural de majestuosidad y no se intenta como un plural verdadero cuando es usado de Dios.” Transmite “la unidad del Dios único [a la vez que] permitido para una pluralidad de personas.”[1] El plural indica la plenitud y suficiencia de fortaleza.

      Entre los otros nombres encontrados en los capítulos 40-48 está, de hecho, Jehová (Javéh – se presenta sesenta y seis veces), que Lo designa como el Dios del pacto de Israel, el “Yo soy,” el único eternamente existente – “antes de mí no fue formado dios, ni lo será después de mí” (43:10). El término Señor (Adonai40:10; 48:16) enfatiza Su reinado sobre todo (la traducción King James de Javéh como “Señor” es confuso). El Santo (de Israel) (que se menciona diez veces) lo coloca en contraste a los pecados de Israel; Él está absolutamente separado de ellos. Como el Santo de Israel, es el Creador y el Rey de Israel (43:15), su Formador (45:11), que lo formó como Su siervo (44:21). Él es el Redentor de Israel (se menciona 6 en ocasiones), un Dios justo y Salvador (43:3; 45:21) que borró tus rebeliones, sin acordarse de los pecados nunca más (43:25; 44:22). Estos nombres, que expresan Su esencia, ponen claramente a Jehová apartado de los ídolos; sólo Él puede hacer una declaración genuina de estos títulos y lo que ellos significan.

CAPÍTULO 41

La Confrontación de Jehová con los Ídolos

 

Jehová se Dirige a las Naciones (vers 1-7)

 

      1 El capítulo 40 abrió con un discurso de Jehová a Israel; en contraste, el capítulo presente inicia con un discurso a las naciones. Los pueblos de las costas, las zonas costeras distantes que rodean el Mar Mediterráneo, se les encarga estar en silencio ante Jehová, y que escuchen. En palabras que recuerdan el último versículo del capítulo 40, donde se les dijo que los que esperan por Jehová renovarán sus fuerzas, y se les encarga a las naciones que renueven su fuerza para volver sin importar el objeto que pudiera ser su confianza, de tal forma que pudieran venir ante Jehová en un tribunal. Después que Lo han oído, entonces hablan, teniendo su dicho. El juicio al que están por venir podría referirse a la decisión en un caso de litigio o para el establecimiento de la justa reclamación de Dios.[2] Young explica como “la transición de una frase.” Posiblemente hay un elemento de los tres en la palabra – la decisión de un tribunal en el que la declaración justa de Dios son establecidas y sentenciadas es decidida sobre las naciones y sus dioses.

      2 Jehová desafía a las naciones y a sus ídolos: ¿Quién despertó del oriente al justo? Él habla como si estuviera ya hecho, sin embargo pasarán en ciento cincuenta años en el futuro antes de su cumplimiento. Si bien el libertador no será nombrado hasta más tarde (44:28; 45:1), parece poco menos que cierto que Ciro está aquí a la vista. Él fue estimulado para permitir el retorno judío (ver 2 Crón 36:22). Persia estaba al oriente de Babilonia, consecuentemente, del oriente. La frase en justicia, que la King James traduce mal “al justo,” es truculento. De acuerdo con Su estándar de justicia, Dios levantará un libertador; Él levantará a Ciro para servir a Su causa justa. Young tiene que Dios levantará a alguien cuya “justicia llama a su pie.” Sin embargo, Smith traduce la frase, “el que espera en pasos justos [en este caso, el éxito o la victoria]” (II. 120, 238). Jehová le dará a reinar sobre reyes, derribándolos al polvo con su espada y arrebatándolos con su arco como hojarasca indefensa. (Para más sobre Ciro ver 44:28-45:6.)

      3 El libertador estaría sin obstáculos mientras él persigue a sus enemigos; él los siguió, pasó en paz por camino por donde sus pies nunca habían entrado. En su conquista ininterrumpida siguió un curso que nunca antes había sido tomado. Actuará con una velocidad y plenitud tal que no habrá necesidad de regresar.

      4 La liberación será el cumplimiento de Jehová, que determina el destino de las generaciones. Este destino determinado es de acuerdo a la elección de la gente de la fe y la obediencia o de la incredulidad y la desobediencia. Jehová estuvo con la primera generación y estará con la última; Él es el eterno absoluto, el único eternamente existente.

      5 La rapidez y la victoria del conquistador que Jehová levantará lanzará a las naciones a un estado de temor y terror. Los confines de la tierra se espantarán – aquellos de las áreas más remotas del mundo entonces conocido. Ellos responden al llamado de Jehová (vers 1), acercándose para poner atención.

      6-7 En lo que parece ser una total confusión, cada uno intenta animar a su vecino. Debe hacerse algo para preparar la defensa, ¿pero qué? La respuesta es construir ídolos más grandes y más elaborados, de tal manera que cada artífice anima al otro. Al trabajar frenéticamente juntos el carpintero y el platero, el hombre que alisa con el martillo, ayuda al que bate en el yunque, y todos animan al soldador. Cuando terminaron, el ídolo es rápidamente clavado de tal forma que ni pueda moverse por si mismo ni ser movido. Tal fervor nos recuerda las carreras armamentistas de nuestro tiempo – armas más y más grandes, ojivas, y barcos, más sin embargo Dios aún controla. Así cómo Él estuvo con la primera generación, así Él estará con la última y con todas las que están entre las dos.

Jehová se Dirige a Israel: Lo que Él Hará (vers 8-20)

 

      8 En esta palabra de ánimo Jehová le recuerda al pueblo el gran honor que ha sido otorgado a la nación. Este honor es indicado en los nombres que llevaron de su Padre. Como los descendientes de su ilustre padre Israel, usted tiene poder; porque de él fue dicho, “has luchado con Dios y con los hombres, y has vencido” (Gén 32:28), y así usted puede. Como Jacob, el “tomado por el talón” o el “suplantador,” él había ganado la primogenitura de su hermano; y Jehová escogió hacer el pacto con Jacob (Éxodo 19:3-5). Por medio de su famoso y distinguido padre el pueblo es la simiente de Abraham, mi amigo y también “mi siervo” (Gén 26:24), al que Dios hizo la promesa de una gran nación, tanto física como espiritual (Gén 12:1-3). Por medio de ellos somos ahora abatidos, esta promesa es su herencia. Como el pueblo a quien yo escogí, no fallarán.

      9 Jehová había llamado a Abraham fuera de Ur de los caldeos (Gén 11:31; 12:1), y en Abraham Él había escogido a Su nación. Desde el punto de vista judío, Abraham fue llamado de los confines de la tierra. Desde entonces son selección divina de Jehová, Él no los desechará. La selección de Ciro como libertador (él nunca es llamado “siervo” de Dios, aunque sirvió como tal, sino que es referido como el pastor de Jehová y Su ungido [44:28; 45:1]) no alterará la relación de Dios con Israel, Su siervo; porque el Señor tiene diferentes propósitos en mente para cada uno.

      10 A la luz de la elección y el propósito de Jehová, Él anima a Su pueblo con la riqueza de las promesas. Como Su nación escogida se les dijo no temas, porque yo estoy contigo – con esta confianza, ¿qué hay que temer? – y no desmayes (“no mires alrededor de ti [con ansiedad],” al margen), porque yo soy tu Dios. Jehová hace tres promesas: (1) te esfuerzo; (2) te ayudaré; (3) te sustentaré con la diestra de mi justicia. La diestra ha sido considerada desde largo tiempo un símbolo de fortaleza y poder y la fuente de bendiciones. En Su justicia Jehová llamará a Ciro a hacer Su licitación; Él también sostendrá a Israel, esto es, hará que la nación permanezca en la fuerza y en el poder de esa misma justicia, cumpliendo Su propósito por medio de ellos.

      11-13 Con la confianza del poder en la justicia de Dios, no hay razón para estar desanimado. He aquí, escucha, presta atención a la palabra del Señor. Jehová resume en tres categorías a las naciones paganas que se oponen a Israel: (1) los que se enojan contra ti; (2) los que contienden contigo; y (3) aquellos que te hacen la guerra. Enojan indica una cólera ardiente que buscaría consumir a Israel; contienden usualmente indica combate físico, pero aquí probablemente se refiere a confrontación verbal, discusión; y aquellos que te hacen la guerra indica encuentros militares. Los que se oponen a Israel serán avergonzados, caerán en la desgracia, serán confundidos, turbados, y humillados; serán frustrados en sus planes. Se volverán como la nada, pereciendo como si nunca hubieran existido; y cuando sean buscados, no serán encontrados. La garantía de estas promesas es el hecho que Jehová es el Dios de Israel. Él los sostendrá en su diestra, guiándolos y dirigiéndolos en medio de la oposición de sus enemigos. Él dice, no temas, yo te ayudo.

      14 Por tercera ocasión Jehová urge a Israel, no temas (ver vers 10, 13); no estar temeroso o asustado. Gusano de Jacob, oh vosotros los pocos de Israel, no permitas que el espanto de tus enemigos esté sobre ti. Gusano significa humildad e impotencia, la condición actual de Judá y la condición que experimentarán en Babilonia y después de su retorno. Pero aunque es abatido y reducido a solo un puñado, son aun pocos de Israel, herederos de las promesas hechas a su padre Jacob. La promesa, Yo soy tu socorro, se repite (ver vers 10), con un énfasis adicional, dice Jehová; el Santo de Israel es tu redentor (él único que te redimirá). Bajo la ley del Antiguo Testamento lo más cercano del parentesco debía servir como “redentor”; esto es, estaba obligado a vengar un asesinato, a liberar de la esclavitud, y a restaurar al propietario original la propiedad que había caído en las manos de los acreedores. El Santo de Israel actuaría como el Redentor de Su pueblo, vengando agravios hechos contra ellos, liberándolos de sus raptores, y regresándoles su herencia.

      15 Desde su despreciable estado como un gusano y el horno de la aflicción por en medio del cual deberán pasar, Jehová traerá la nación como un trillo nuevo, lleno de dientes. Los dientes son las herramientas punzantes debajo del trineo o borde pesado que es empujado sobre los montones de grano para separar el trigo de la paja desmenuzada. Judá trillará montes (naciones fuertes), reduciéndolas a polvo, y los collados (las pequeñas naciones) reducirás a tamo. El Señor no está hablando de conquistas físicas por parte de la nación judía, sino de una conquista espiritual por parte de los fieles. Por medio de Jehová y de la fuerza de Su justicia sobrevivirán y triunfarán mientras todas las potencias mundiales son traídas a la nada.

      16 Como paja aventada y llevada por un viento fuerte, las naciones paganas serán dispersadas a lo largo de toda la tierra a pesar de lo grandes y poderosas que pudieran haber sido. En contraste a las naciones trilladas, aventadas, y dispersadas, el Israel triunfante se regocijará en Jehová su Dios y te gloriarás en el Santo de Israel. De nuevo, el profeta sigue para enfatizar el poder superior y el triunfo perdurable del espíritu y la justicia sobre la debilidad de la carne, un principio tan eterno como lo es Dios mismo.

      17 El lenguaje de los siguientes párrafos (vers 17-20) es altamente figurado; cualquier esfuerzo por interpretarlo literalmente falla en el punto. Hay algo en el pasaje que podría limitar las promesas al periodo de la cautividad y al retorno del remanente de Babilonia. Dios está enfatizando Su preocupación, cuidado, y provisión constante para los Suyos; Su propósito no fallará. Habiendo asegurado a Israel del poder para derrotar y conquistar a sus enemigos, el Señor promete ahora que además de Su amor por gracia proveerá para sus necesidades personales. Debido a que están afligidos y menesterosos, tanto en deseos físicos como espirituales, el Señor hará las debidas provisiones para las necesidades. Debido a que están en un peligro de perecer por la sed física y espiritual, Jehová proveerá agua para sustentar la vida. Él proveyó en el desierto mientras Su pueblo viajó a Canaán, y continuará proveyendo hasta el final. Él no abandonará a los Suyos.

      18 En las escuetas alturas donde no es encontrada el agua ordinariamente (ver 30:25), serán hechos ríos que fluyan, y en los valles serán abundantes las fuentes. Si bien la palabra desierto podría referirse a una región de pastizal o no habitada, en este punto probablemente se refiere a un área desértica. Jehová hará el baldío desolado estanques de agua, y los lugares secos producirán primaveras a florecer (ver 35:6-7). Aparte de Jehová y Su provisión espiritual, toda la vida es un desierto. No obstante que el lenguaje aquí ciertamente tiene referencia a la cautividad babilónica y al retorno, también mira más allá.

      19 Junto al agua apreciada que Jehová proporcionará en abundancia, también proveerá árboles tanto de sombra como de construcción. Hay siete (el número de la plenitud) variedades nombradas. El cedro, la acacia, y el abeto (posiblemente el ciprés) son tres árboles bien conocidos por nosotros. El arrayán, un árbol perenne que crece a una altura de treinta pies, es encontrado en abundancia en Palestina. El boje, un árbol de madera dura, alcanza una altura por encima de los treinta y cinco pies. El olivo (árbol del Paraíso) y el pino son imprecisos.

      20 Cuatro verbos identifican el propósito de Dios al proveer agua y árboles: (1) para que vean – consideren y disciernan en consecuencia, comprendan; y (2) conozcan – por medio del conocimiento de Jehová el pueblo se dará cuenta y reconocerá la verdad; y (3) adviertan – la palabra hebrea usada aquí significa en ocasiones “asignar algo a alguien”; por lo tanto, asignarán a Jehová una nueva posición en sus pensamientos; y (4) entiendan – se darán cuenta quién es su benefactor. El propósito supremo de Dios es que todos, unidos como uno solo, pudieran darse cuenta que la mano de Jehová hace esto, y que el logro final de sus objetivos será Su obra.

      La nación iba a enfrentar pronto un periodo de exilio de su tierra, el resultado de su pobre condición espiritual y moral. Y el retorno de la cautividad a su vez sería seguido por un largo periodo de sujeción a potencias extranjeras. Parece, entonces, a este escritor que el Señor estaba preparando a Su pueblo para la dura experiencia por venir para asegurarles que Él cuidaría de ellos a través de todo esto. Como dijimos arriba, dar a este pasaje una interpretación literal falla sobre el asunto. Las referencias físicas y materiales (agua y árboles) son solamente incidentales; el abastecimiento de Dios de las necesidades espirituales y Su garantía de victoria son los temas básicos aquí.

Jehová Reta a los Ídolos: ¿Qué Puede Usted Hacer? (vers 21-29)

      Jehová ha declarado lo que hará; reta ahora a los ídolos a probarse a ellos mismos. El descansa Su declaración por ser el único Dios en Su conocimiento del futuro. Si ellos son Dioses (con una “D” mayúscula), la declaración del futuro debería ser también fácil para ellos.

      21 Jehová había desafiado primero a las naciones, llamándolas a presentarse con Él en un tribunal para determinar quién es Dios. Atemorizados por la información que “alguien del oriente” invadiría todo en su camino, se habían vuelto a fabricar ídolos que pensaban que los protegerían (vers 1-7). En la segunda etapa de una corte de juicio, Jehová reta ahora a los mismos ídolos. Alegad por vuestra causa, su caso frente a una corte legal, presentad vuestras pruebas, una defensa por su existencia o ser, dice el Rey de Jacob – que Jehová era visto como el Rey verdadero de Israel es evidente en el hecho que los gobernantes humanos de la nación habían dicho que se habían sentado en Su trono (ver, por ejemplo, 1 Crónicas 29:23).

      22 Al traer adelante su causa y sus pruebas, los ídolos anúnciennos lo que ha de venir…y hacednos entender. El plural anúnciennos y hacednos probablemente se refieren a Jehová y su corte celestial. Jehová había declarado que Él traería en adelante alguien del oriente; ahora permitan que los dioses declaren lo que ha pasado desde el principio y lo que ha de venir. Los ídolos no están necesariamente siendo retados para hacer algún pronunciamiento con respecto a Ciro; más bien, están siendo retados a dar cuenta de algún propósito que pudieran haber tenido (o que pudieran tener ahora) para sus súbditos. Seguramente, los ídolos deben tener algún propósito que ya han revelado y que puede ahora ser evaluado como algo que ha sido cumplido. Si no, deberían dar a conocer en el tiempo presente cualquier propósito de los suyos que tendrán algún fruto en el futuro.

      23 Ciertamente, si los ídolos son dioses, pueden declarar lo que pasará a las naciones que les sirven, ya sea que la liberación o el juicio están reservados. Haced bien, o mal – revelar lo que se proponen hacer por sus adoradores y que mal acontecerá a las otras naciones. Díganos del mal que le acontecerá a Israel para que podamos considerarlo y estar pasmados. Seguramente cualquier deidad verdadera puede revelar sus planes y llevarlos de un lugar a otro.

      24 Sigue una pausa al desafío en el versículo 23 – los ídolos permanecen mudos. Jehová rompe el silencio por una acusación despreciativa de desdén: He aquí que vosotros sois nada; ni su origen ni naturaleza es divina. Y vuestras obras vanidad, totalmente inútiles, no sirviendo a un buen propósito. Aquellos que los escogieron como sus objetos de adoración son abominables, despreciables ante los ojos de Dios.

      25 Jehová regresa al hombre del oriente que fue introducido en el vers 2. Pero ahora Jehová lo llama del norte levanté uno, y habla como si ya hubiera venido. (Anteriormente hemos observado que cuando Jehová determina hacer algo, puede ser dicho como si ya se hubiera cumplido, porque ciertamente será cumplido.) Él entonces añade, del nacimiento del sol. Ciro era de Ansan, una región del oriente de Elam, que estaba al oriente de Babilonia. Después de llegar a ser rey de Persia, conquisto Media al norte; al unir de los medios y de los persas, atacó Babilonia. Así era tanto del oriente como del norte. Qué es caracterizado como uno que invocará mi nombre no implica que era un convertido al monoteísmo judío. Más bien, él reconoció que fue Jehová quien le dio todos los reinos de la tierra y que él debería reconstruir el templo de Jerusalén (Esdras 1:2). En contraste al silencio de los ídolos, Jehová declara que uno que Él levantará pisoteará príncipes – príncipes comisionados o subordinados, “probablemente un extranjerismo de Acadia.”[3] En aquel día él los pisoteará como alguien que pisotea en un mortero y la arcilla que pisa el alfarero.

      26 Como si estuviera presente durante la cautividad por venir, Isaías pregunta la interrogante, ¿Quién te anunció desde el principio? ¿Quién nos habló desde tiempo atrás, y diremos: Es justo? (correcto) Ningún ídolo ha hablado así; no se ha oído ninguna palabra de ellos. Solo Jehová había hablado, y tan claramente que todos podría oír y conocer.

      27 Jehová había sido el primero en decir a Sión, He aquí, he aquí, refiriéndose evidentemente a las palabras que Él había hablado en relación a la liberación de Sión. Él había hablado antes de la cautividad. Y a la vista de Su propósito y promesa, Él dará un mensajero de alegres nuevas. El referido es ya sea Isaías, el mensajero de las buenas nuevas con más de una centuria de anticipación, o Ciro, que anunciaría las buenas nuevas que los judíos podrían regresar a Sión.

      28 De nuevo allí parece estar un silencio bajo la sala de tribunal. No hay nadie que acepte el desafío, ningún hombre para responder, y ningún profeta de los ídolos para ofrecer consejo. No responden ninguna palabra.

      29 Es declarado el veredicto: He aquí, considerar lo que ha sucedido; todos, los dioses ídolos y sus adoradores, son vanidad, vacíos, nada, sin importancia, nulidades. Además, viento y vanidad son sus imágenes fundidas, futilidad moral y espiritual. La victoria de Jehová es total; la derrota de la idolatría es aplastante.


[1]  Theological Wordbook of the Old Testament, ed. R. Laird Harris (Chicago: Moody, 1980), vol. 1, p. 44.

[2]  Hay dos de trece posibles significados de la palabra hebrea Mishpat (Theological Wordbook of the Old Testament, vol. 2, pp. 948-49).

[3]  Theological Wordbook of the Old Testament, vol. 2, pág. 617.

Introducción

Israel y Judá

En muchos aspectos las condiciones características de Israel y Judá en el siglo octavo A.C. eran similares a las que caracterizan a nuestra sociedad en el siglo veinte. En su prosperidad, Israel y Judá se olvidaron de Dios y cayeron en la corrupción y decadencia. Bajo el mando de Jeroboam II (782-753 A.C.) las fronteras de Israel habían sido restauradas en gran parte y el periodo se caracterizó por una prosperidad desconocida allí desde los días de Salomón. En Judá, el hábil y diestro Uzías (767-740 A.C.) restauró en gran medida las fronteras de ese país y la prosperidad alcanzó allí alturas no disfrutadas desde los días de Salomón. En ambas naciones esta afluencia material produjo las enfermedades que tan frecuentemente acompañan a la abundancia. La gente olvidó a Dios y atribuyó su prosperidad y bienestar a los ídolos a los cuales ellos habían vuelto.

La idolatría imperó en Israel. Desde la muerte de Salomón (931 A.C.), cuando el reino del norte se separó de Judá, Israel adoró a Jehová por medio del símbolo de los dos becerros dorados, los cuales habían sido levantados en Bet-el y Dan por su primer rey, Jeroboam I. Todos los reyes que siguieron lo imitaron a él en la honra a estos dos becerros. Agregado a esta forma de idolatría estaba el culto a Baal, un culto nacional establecido por medio de la influencia de Jezabel, la esposa de Acab, el cual reinó de 874 a 853 A.C. Maldecidos de esta manera con dos formas de idolatría – el culto a Jehová bajo el símbolo de los borregos y el culto a Baal, un culto meramente pagano – la nación se sumergió en los abismos de la apostasía de la cual nunca se recobraría. Este rechazo de Jehová por el reino del norte fue acompañado de la corrupción política, la decadencia social, y la depravación moral, todo lo cual traía el juicio de Dios sobre la nación.

Sin embargo, antes de que este juicio fuera llevado a cabo por el Señor, Dios levantó dos profetas, a quienes envió a denunciar los pecados de ese tiempo y suplicar a la gente el retorno a Jehová. Amós, un pastor atrevido, áspero y valeroso de la árida región de Tecoa, al sur de Jerusalén, fue el primero (755 A.C.). El describió la condición corrupta de Israel en un lenguaje vivido, gráfico y a menudo pintoresco. El juicio, dijo, estaba en su camino, y como Isaías describió más tarde, el peligro representado por Asiria, “Será ciertamente espanto el entender lo oído” (28:19). Amós advirtió que los palacios serían saqueados (3:11) y que la gente amante del lujo que se apoyaría en los cojines de seda de sus divanes o camas, serían tan arruinados que los que permanecieran podrían ser comparados con dos piernas (de una oveja) o de un pedazo de oreja rescatada por un pastor de la boca del león (3:12). Sus casas de invierno y verano, junto con sus muebles incrustados de marfil, todos perecerían (3:15). Las mujeres de Samaria, esposas de los señores, descritas como “vacas (ganado vacuno) de Basán”, engordadas como para una carnicería, serían rebajadas y arrojadas fuera de la tierra, conducidas lejos a la cautividad con ganchos (4:1-3). El lujo y la extravagancia, ganado a expensas de los pobres (6:1-6), sería todo reducido a la nada y los que más se deleitaron serían llevados cautivos (6:7-11). “Por tanto, de esta manera te haré a ti, Oh Israel; y porque te he de hacer esto, prepárate para venir al encuentro de tu Dios, Oh Israel” (4-12).

Contemporáneo de Amós, pero profetizando unos pocos años más tarde, fue Oseas (750-725 A.C.). Al igual que Amós, Oseas era aparentemente un nativo de Israel, la tierra a la cual él fue enviado. Aunque Oseas presenta un sentimiento delicado y compasivo hacia la nación malvada y pecaminosa – palabras tales como “misericordia” se mencionan una y otra vez mientras él apela a la gente para que vuelva a Jehová – de ninguna manera es severo en su denuncia de la idolatría de Israel, los frutos malvados que fueron tan evidentes en la vida diaria.

Oseas usó la palabra fornicación para describir la apostasía de Israel frente a Jehová y a la adoración de los dioses paganos. Esta palabra y la frase “recrearse con la ramera”, se mencionan una y otra vez. Para Oseas, toda adoración falsa era fornicación espiritual; compara a la gente que servía a los ídolos con una ramera que sirve a los deseos de los hombres por el pago que recibe.

Oseas llamó también a la nación a un tribunal de justicia para ser probados ante Jehová, “Porque no hay verdad, ni misericordia, ni conocimiento de Dios en la tierra” (4:1). En contraste con lo que él no encontró, el profeta señala lo que la nación mostró en todas las formas: “Perjurar, mentir, matar y adulterar prevalecen, y homicidio tras homicidio se suceden” (4:2). ¡Esto se oye notablemente como los encabezados de un periódico moderno! Debido a estas condiciones de pecado, “Se enlutará la tierra, y se extenuará todo morador de ella, con las bestias del campo y las aves del cielo (4:3).

Los ídolos de Israel, hechos de plata y oro a los cuales Dios los había entregado, serían cortados junto con los borregos los cuales ellos forjaron y adoraron en Bet-el y Dan (Ose 8:4,5). “Porque sembraron viento, y torbellino segarán” (Ose 8:7). Jehová había escrito para Efraín, el cual representa aquí a Israel, “Le escribí las grandezas de mi ley, y fueron tenidas por cosa extraña” (8:12). Israel había olvidado a su Creador y construyó palacios, y Judá multiplicó sus ciudades fortificadas – actividades contrarias a la fe y a la vida sencilla fidelidad en Dios. Pero Dios enviaría un fuego sobre Sus ciudades para devorar sus palacios (8:14). La razón real del castigo impuesto por Dios fue claramente resumido por el profeta Oseas cuando dijo, “Pues has fornicado apartándote de tú Dios; amaste salario de ramera en todas las eras de trigo” (9:1); esto era fornicación espiritual.

Debido a la culpabilidad de Israel en la rebelión contra Dios, Oseas dijo, “Caerán a espada; sus niños serán estrellados, y sus mujeres encinta serán abiertas” (13:16). ¿De donde vendría tal juicio? Jehová no dejó a la gente sin respuesta: El lo haría conocido. Este fue el día amargo guardado para ellos, pero habría un día mejor más allá de este juicio cuando ellos volverían a Jehová y dejarían su iniquidad (Cap 14).

Isaías y Miqueas presentan claramente que las condiciones morales y espirituales en Judá fueron un poco mejor que las que tenían en Israel. Observaremos aquellas condiciones en nuestro estudio de Isaías.

Mientras que Israel y Judá estaban consumiéndose en el lujo y prosperidad recientemente adquirida, había estruendo de invasión así como los nubarrones de guerra asomaban amenazadoramente en el norte y en el este. Una vez más Asiria tenía sus ojos sobre el este en tanto que flexionaba sus músculos militares y hacía amenazas de conquista mundial. Amós había sido especifico más de una vez al decir, “Un enemigo vendrá por todos lados de la tierra” (3:11) y “Una nación…que os oprimirá desde la entrada de Hamat hasta el arroyo de Araba” (6:14), indicando solamente la dirección desde la cual vendría la aflicción y los limites hasta los cuales se extendería. Unos pocos años más tarde Oseas identificó específicamente al adversario, diciendo, “Ellos [la gente de Israel] comerán vianda inmunda en Asiria” (9:3). Hablando del becerro de Bet-el dijo, “Aún será llevado a Asiria como un presente al rey Jareb” (10:6). En resumen, puesto que Israel había rechazado a Jehová como su Dios y Rey, “Ellos no volverán a la tierra de Egipto, sino que el asirio mismo será su rey, porque no se quisieron convertir” (11:5). La misma palabra “Asiria” produjo terror en los corazones de aquellos que lo oyeron, llevando la mente a la naturaleza terrible de los juicios descritos por Oseas (13:16).

AsiriaMapa que corresponde a los tiempos de Isaias

Un breve resumen del surgimiento de Asiria al poder servirá como un fondo al libro de Isaías. Poco se conoce del periodo primitivo de la historia de Asiria, excepto aquellos datos posteriores a la mitad del tercer milenio A.C. Su población más antigua era culturalmente inferior a la de Babilonia, pero superior en energía y espíritu militar. La historia más antigua de Asiria ya revela su interés e influencia comercial. Fueron establecidas colonias comerciales por dondequiera que la gente se sentía lo suficientemente fuerte debido a la protección de ellos. Estas colonias florecieron en el primer cuarto del segundo milenio antes de Cristo, y durante este tiempo varios gobiernos fortalecieron a la floreciente nación.[1] Parecía sin embargo, que los asirios fueron llevados bajo el poder de la babilonia de Hamurabi, el cual gobernó de 1728 a 1686 A.C.[2]

Durante el periodo de quinientos años, de 1500-1000 A.C., varios gobiernos poderosos contribuyeron grandemente al desarrollo de la floreciente nación. El primero en importancia entre estos reyes y el que particularmente nos interesa, es Tiglath-pileser I (1116-1078 A.C.), el cual guió a la nación a nuevas alturas de poder y conquista militar. Su política era no mostrar misericordia a sus enemigos; las noticias de su crueldad produjo terror en los corazones de aquellos a los cuales conquistó. Esta política fue también adoptada por sus sucesores, y la crueldad de Asiria llegó a ser el castigo del mundo hasta que su capital, Nínive, cayó en el 612 A.C. Pero Tiglath-pileser no era solamente un gran guerrero; era también un gran constructor de palacios, ciudades, y de fuertes plazas.

Con la muerte de Tiglath-pileser el poder de Asiria empezó a declinar, pero fue restaurado por Ashur-dan II (932-910 A.C.) y su hijo Adad-nirari II (909-889 A.C.). Bajo el reinado de este último fueron conquistadas numerosas potencias. Adad-nirari continuó la política de crueldad excesiva, no presentando misericordia a los pueblos conquistados, incendiando sus ciudades, decapitando a miles, y desollando vivos a muchos. Conocer esto acerca de los asirios nos ayuda a entender el terror con el cual la profecía de Oseas de los juicios inminentes (13:16) deben haber afectado los corazones del pueblo de Israel.

El siguiente gobernador asirio de interés a nuestro estudio es Ashur-nasir-pal II (883-859 A.C.), el cual convirtió a la armada asiria en la máquina de guerra mas grande conocida en ese tiempo. Si bien era también un gobernador sabio de su pueblo, era un guerrero y un conquistador excesivamente cruel, sobrepasando aún a su antecesor. Su crueldad es repugnante al corazón; es denunciado por haber formado una torre cubierta con la piel de los enemigos desollados, tener emparedados a sus oponentes abandonándolos a la muerte, y tener empalados a otro número incontable en postes alrededor de la ciudad. Su conquista se detuvo en el Mar Mediterráneo, en el cual ceremoniosamente lavó sus armas como conquistador de todo. Esto lo llevó cerca de la tierra de los hebreos, pero no hay registro de su entrada en ella.

Su sucesor, Shalmaneser III (859-824 A.C.), no solamente enfrentó la tarea de emprender conquistas más lejanas, sino también retener el territorio conquistado por su padre, Ashur-nasir-pal. Sus conquistas lo llevaron más cerca de Israel que lo que cualquiera de sus predecesores había estado; en su propio relato de la lucha en Qargar sobre el Río Orontes justo al noreste de Hamat, proclamaba tener derrotados a veinte reyes. Entre ellos se contaban Acab de Israel y Benhadad de Damasco.[3] El hecho es que Shalmaneser no siguió adelante en esta victoria, y que abandonó su minuciosidad en cuestión. La batalla era probablemente una atracción.

Escribiendo de un periodo posterior (781-746 A.C.), Schwantes dice, “Asiria sufrió otro periodo de debilidad…una causa que contribuyó a la impotencia asiria esta vez era una plaga terrible la cual devastó al país.”[4] Fue también durante esta época que Dios envió a Jonas a Nínive para predicar a esa ciudad pagana. Nadie duda de este periodo de debilidad asiria, unida con la plaga, contribuyeron a la buena disposición con la cual tanto el rey como el pueblo de Nínive atendiera el mensaje de Jonas.

En 745 A.C. un general asirio se sublevó y usurpó el trono, llamándose a si mismo Tiglat-pileser III, según el nombre de uno de los primeros grandes gobernantes. El reinó de 745 a 727 A.C., y es en este punto de la historia de Israel y de Judá que tiene contacto con Asiria, con una consecuencia más significativa para el pueblo de Dios. Durante su reinado, Tiglat-pileser III empezó la conquista del norte de Israel y de Samaria. El juicio anunciado por los profetas estaba ahora en su camino.

La gente de Israel había escuchado a los profetas, los cuales envió Dios, la destrucción podría haber sido evitada. De hecho, en Judá un número suficiente escuchó a los profetas Isaías y Miqueas. Atendiendo a sus mensajes e influenciados por el buen rey Ezequías, Judá evitó la cautividad en este tiempo.

Ahora parece evidente que Tiglat-pileser III es el Pul de la historia bíblica – “Pul el rey de Asiria” a quien Manahem pagó tributo (2 Rey 15:19). Sin embargo se suscita una duda por la observación de los cronistas de que “El Dios de Israel excitó el espíritu de Pul rey de los asirios, y el espíritu de Tiglat-pileser rey de los asirios” (1 Crón 5:26). ¿O eran estos dos reyes diferentes, o son dos nombres para el mismo rey? Kraeling dice que la identidad de Pul como Tiglat-pileser fue establecida hace mucho tiempo por las inscripciones cuneiformes “las cuales mostraban que Pul (Pulu) era el nombre que se le dio como rey de Babilonia”.[5] Las anotaciones libres de la traducción de Joseph Horner, “Y el Dios de Israel excitó el espíritu del rey Pul de Asiria, al igual que a Tiglat-pileser rey de Asiria, y los llevó (singular) lejos”, indicando entonces que los dos nombres se refieren a un solo rey.[6]

Tiglat-pileser y los tres reyes que lo sucedieron afectaron grandemente la historia de Israel y de Judá. Estos reyes y su relación con Israel y Judá serán detallados en forma más amplia en el conjunto de este libro. Los cuatro reyes asirios y los años de su gobierno son:

Tiglat-pileser III, 745-727 A.C.

Shalmaneser V, 727-722 A.C.

Sargón II, 721-705 A.C.

Senaquerib, 705-681 A.C.

Tiglat-pileser III empezó la conquista de Israel llevando en cautividad parte de las tribus del norte de Zabulón y de Neftalí (Isa 9:1,2). Cuando fue sitiado por las fuerzas combinadas de los Reyes de Peka de Israel y del rey Rezin de Siria, el rey Acaz de Judá “envió embajadores a Tiglat-pileser rey de Asiria, diciendo: Yo soy tu siervo y tu hijo; sube, y defiéndeme de la mano del rey de Siria, y de la mano del rey de Israel” (2 Rey 16:7). El rey de Asiria respondió de buena gana a esta petición, aunque a un alto costo para Judá y Acaz.

Shalmaneser V, otro general militar, sucedió a su padre Tiglat-pileser en el trono de Asiria y empezó el asedio contra Samaria lo cual resultó en la caída de la ciudad. Hay sin embargo una pregunta, y consiste en si la ciudad cayó bajo su dirección en el asedio y antes de su muerte, o bajo la dirección de su sucesor, Sargón II. Esta pregunta levanta una segunda: ¿Samaria cayó bajo los asirios en 722 o 721 A.C.? En un relato de sus crónicas, Sargón reclama que él destruyó la ciudad. También de acuerdo a su registro, 27290 israelitas fueron deportados a Asiria, mientras que los cautivos de otras ciudades fueron llevados a la tierra conquistada de Israel. Estos recién llegados y los israelitas que permanecieron allí se casaron entre ellos; los samaritanos de los días de Jesús fueron sus descendientes. Se ha sugerido que Sargón pudo haber sido el general que dirigió el asedio en los últimos días del sitio. El entonces clamó el honor de su conquista cuando Shalmaneser murió. De cualquier forma podemos concluir que Samaria cayó cerca de finalizar el 722 o al empezar el 721. La profecía de Oseas fue entonces dramáticamente cumplida.

A la muerte de Sargón (705 A.C.), su hijo Senaquerib heredó el trono. Es descrito por los historiadores como un talentoso comandante militar pero de un carácter arrogante, lo cual inspiró el odio de todos. Realmente, así llevó a sus hijos a que lo mataran mientras que estaba adorando en la casa de su dios (Isa 37:38). Fue Senaquerib el que sitió a Jerusalén (701 A.C.) solamente para tener 185,000 de sus hombres destruidos por Jehová a las puertas de la ciudad (Isa 37:36).

Antes de la invasión de cualquiera de estos reyes, Dios levantó a Amós y a Oseas a predicar en Israel, y a Isaías (740-700 A.C.) y a Miqueas (735-700 A.C.) para procurar regresar a Judá hacia El mismo. Isaías pareció haber hecho su predicación en Jerusalén, mientras que Miqueas, algunas veces llamado el profeta de la villa o del campo, confinaba sus esfuerzos en gran parte de las ciudades más pequeñas al noreste y sudeste de Jerusalén.

En el 612 A.C. la capital asiria de Nínive cayó ante los babilonios, los cuales fueron ayudados por los medos. La batalla final entre los asirios y los babilonios fue disputada en Harán (609 A.C.), llevando al fin de una de las naciones más crueles de la historia. La caída de Nínive es gráficamente descrita en la profecía de Nahum. Se reconocen sin embargo las aportaciones de los asirios, ya que ellos sirvieron como un Estado más pulido a las de la amenaza de invasión de las hordas bárbaras del norte y que ellos fomentaron el desarrollo de la arquitectura, de ciertas ciencias, la literatura y la escultura. La tragedia de su civilización era que sus avances más grandes fueron en las artes militares, las cuales fueron usadas para la conquista y la destrucción despiadada de los pueblos cercanos.

Isaías, el hombre

Fue en el centro de esta experiencia de tiempos inciertos y de disturbio internacional en el cual creció Isaías. El rey Uzías, uno de los mejores gobernantes que reinó en Judá, dio una dirección hábil al pueblo, impulsando el comercio, la agricultura, la explotación de los recursos naturales de la tierra y programas de construcción. Sin embargo, como se indicó anteriormente, su prosperidad lo llevó a la corrupción que acompaña a una ciudad prospera. La aspostasia religiosa y la adoración de ídolos fueron acompañados por una corrupción política, codicia, relajamiento social y decadencia moral. Isaías, un hombre de carácter fuerte, con profunda fe en Dios, coraje y convicción, fue el hombre al cual escogió en ese momento para llevar la antorcha de la verdad en medio de la oscuridad espiritual. Hábil para tratar en cualquier clase, Isaías era efectivo en los círculos de sociedad, entre falsos ídolos religiosos y entre la gente común. El tuvo la misión de hacer volver a la gente hacia Jehová, advirtiendo de ese modo la cautividad en manos de los asirios. El demostró la verdad de este llamado. Jan Valeton, el más joven, dice de él: “Tal vez nunca ha habido otro profeta como Isaías, el cual se pararía con su cabeza en las nubes y sus pies en la tierra sólida, con su corazón en las cosas de la eternidad y su boca y sus manos en las cosas del tiempo, con su espíritu en el consejo eterno de Dios y su cuerpo en el muy definido momento de la historia”.[7]Verdaderamente, Isaías puede ser llamado el decano de los profetas.

Poco se conoce de la vida personal de Isaías. Lo que conocemos se deriva del libro el cual lleva su nombre y una pocas referencias en los libros históricos de la Biblia. Su nombre significa “la salvación del Señor”, e indica que su misión era dirigir a la gente al Señor, la única fuente de salvación. Sabemos que estaba casado y que su mujer era profetiza (Isa 8:3). Tuvo los menos dos hijos los cuales tenían nombres proféticos. Sear-Jasub (“un remanente volverá”), el mayor tenía la suficiente edad para acompañar a su padre cuando se reunió con el rey Acaz al extremo del acueducto del estanque de arriba (7:3). El nombre del segundo hijo de Isaías era Maher-Salal-Hasbaz (“El despojo se apresura, la presa se precipita”, 8:3).

Todos los profetas de Dios hablarían en relación con sus tiempos; ellos no hablaron o escribieron en forma abstracta. Ellos tratarían con situaciones de la vida real y escribieron antes que nada, de su propia generación, pero también a las generaciones que los sucedieron, la gente de todas las épocas las cuales pueden encarar situaciones económicas, políticas y morales similares. Aunque se dirigió a sí mismo a los judíos de ese momento, Isaías puede ser llamado el profeta del futuro, porque constantemente apunta los eventos que vendrían. El tenso futuro y el perfecto profético, a los que se refieren como eventos que vendrían como si hubieran ya ocurrido, caracterizando sus escritos desde el principio hasta el fin. El vio claramente el futuro de Judá, la destrucción de las naciones paganas, y el advenimiento de un Rey, el Mesías, el cual gobernaría con rectitud.

Del mismo libro aprendemos que Isaías no era solamente un profeta sino también un gran estadista de una aguda comprensión de los asuntos del mundo de sus días. Se dice que Edmund Burke, el gran estadista inglés del siglo dieciocho, habitualmente leía sobre Isaías antes de asistir al Parlamento y tuvo al profeta en la más alta estimación. El profeta fue consejero de reyes, poniéndose en un nivel igual antes Dios y no temiendo condenar los errores y señalar lo correcto. No solamente fueron tratadas estas condiciones internas, junto con el poder creciente de Asiria, sino que estaba también el problema de Egipto, el gran cocodrilo del sudeste, el cual estaba determinado a no renunciar a su pasada dominación mundial sin esforzarse. Esto llevó al desarrollo de tres partes políticas en Judá durante el tiempo de Isaías: la parte egipcia, la cual abogaba por una alianza con Egipto en contra de Asiria; una parte asiria, la cual podría capitular a Asiria; y una parte de “Jehová” o nacionalista guiada por Isaías, el cual dirigió la lealtad hacia el Señor como el único camino a la salvación.

Isaías fue asimismo un gran reformador el cual condenó los errores de la gente y apuntó a Jehová como la fuente de toda conducta correcta. Era solamente retornando a Jehová, rechazando toda idolatría, y construyendo sobre la roca sólida de la verdad tal y como fue revelada por Dios, que Judá podría evitar la destrucción. Los ídolos, la corrupción en el dominio político, y la inmoralidad de todo tipo debía alejarse. La gente debería aprender a “esperar en Jehová”, permitiéndole a El dirigirlos en lugar de escuchar las voces de sus falsos líderes.

Como teólogo (si pudiéramos usar la palabra con respecto a su estudio y comprensión de la naturaleza verdadera y del carácter de Dios), Isaías fue sin igual. El vio al Señor como a un Rey, alto y exaltado sobre toda creación y absoluto en santidad y rectitud, y constantemente enfatizó el control de Jehová sobre las naciones y su destino. Las palabras rectitud y justicia, los principios sobre los cuales Dios actúa siempre, ocurren repetidamente en el mensaje de Isaías. El carácter verdadero y la naturaleza de Dios serían revelados en la venida de Emmanuel (“Dios con nosotros”). Los conceptos exaltado y sublime de Jehová los cuales serían revelados en el que vendría es el pensamiento predominante y lo que se enfatiza en el libro. Si bien todo lo de los profetas, los cuales escribieron en los días posteriores y de los eventos de ese período dijeron y presentaron ciertos aspectos del Mesías que vendría, Isaías tuvo con mucho una visión más profunda y un concepto más claro del Redentor. Este concepto no significa que no este de acuerdo con los otros profetas, sino simplemente se hace notar que Dios distinguió a Isaías para ese propósito y así lo inspiró (1 Ped 1:10-12; 2 Ped 1:21).

Por 2a. de Crónicas sabemos que en forma adicional a su profecía, Isaías escribió un relato de los hechos de Uzías; aparentemente estos hechos no se relatan de nuevo en los libros históricos de la Biblia ni en el libro relacionado con los nombres de los profetas (2 Crón 26:22). También sabemos que Isaías recordó una “visión” en la cual detalló “el resto de los hechos de Ezequías, y sus buenas acciones” (2 Crón 32:32). No tenemos un relato de la muerte de Isaías; ninguno de nosotros sabemos si vivió más allá del tiempo de Ezequías y dentro del período del reinado de Manasés. Hay una tradición que dice que fue aserrado bajo la orden de Manasés. Esto se basa principalmente sobre un libro apócrifo, La Ascensión de Isaías. Además, Justino Mártir en su diálogo con Trifo censura a los judíos con la acusación “a quien [a Isaías] ustedes aserraron en una sierra de madera”.[8] Pero no hay una evidencia sólida de esto. Aún cuando nos gustaría conocer más detalles de la vida personal de Isaías, ellos no han sido revelados. En lugar de ello, el profeta puso su atención sobre “El Santo de Israel” y Su control del destino de los hombres y de las naciones. Por lo menos sabemos que muerte de Isaías fue más feliz que las de la mayoría de los profetas, pues vivió para ver el fruto de sus labores – la mano de Dios evitó a Su pueblo ser derrotados por los asirios.

Isaías, el libro

Debido al número de capítulos, el libro de Isaías es generalmente considerado el más largo de todos los libros proféticos; pero página por página (en la ASV), es ligeramente más corto que Jeremías y aproximadamente equivalente a Ezequiel. El contenido del libro no está siempre en orden cronológico, algo que en ocasiones presenta dificultades al estudiante. Por ejemplo, el llamado del profeta a su trabajo aparece en el capítulo 6 en lugar de hacerlo al inicio del libro. Una explicación adecuada para esto podría no ser posible, pero en el momento adecuado haremos lo posible por explicarlo. Es bastante posible que los temas en el libro podrían haber sido escritos en secciones de acuerdo al asunto tratado y reunidos más tarde dentro del todo. Hay que recordar que el profeta profetizó sobre circunstancias variables alrededor de un periodo de cuarenta años.

Uno de los puntos fuertes del libro es su énfasis sobre la salvación por fe, pero era sobre las bases de la fe en Dios que la gente sería salvada de sus delitos y de sus consecuencias. George L. Robinson llamó al libro la Epístola de los Romanos del Antiguo Testamento,[9] y esto bien describe su mensaje. El pueblo era urgido y animado a esperar por el Señor, a esperar fervientemente, a esperar, a esperar con fe.

El libro énfatiza también que el Mesías traería a los Gentiles junto con los Judíos. La venida de alguien que sería una luz, trayendo salvación a los pueblos de todas las naciones. Tanto Judíos como Gentiles serían parte de un gran reino espiritual, universal en su alcance, gobernado por un Rey de rectitud. El por que los Judíos no podrían ver y aceptar este gran propósito de Jehová tal y como es asentado más adelante por Isaías y cumplido en el Cristo que vendría ha sido un gran misterio. El profeta sin embargo, tuvo una explicación para ello: los Judíos cerraron sus ojos, taparon sus oídos, y endurecieron sus corazones de tal manera que ellos no pudieron aceptar la verdad.

La paternidad única del libro de Isaías ha sido poco atacada por los críticos a través de un siglo; algunos exclaman que fueron dos Isaías (el escritor de los capítulos 1-39 y el escritor de los capítulos 40-66), algunos que tres, y otros dicen que el libro es una composición de numerosos escritores desconocidos. No está dentro del alcance o de la naturaleza de este volumen entrar en una discusión de esta cuestión, pero basta decir que todos los eruditos conservadores y que la evidencia de los críticos no es conclusiva. Robinson apunta el hecho de que la expresión “el Santo de Israel” se menciona veinticinco veces (actualmente veintiséis) en Isaías, doce veces en los capítulos 1-39, trece (actualmente catorce) veces en los capítulos 40-66, y solamente seis veces en otras partes.[10] En ninguno de los veintiún pasajes del Nuevo Testamento donde el escritor o comentarista cita a Isaías y apela al profeta por nombre, no hay ninguna diferencia o sospecha de que más de un Isaías haya escrito el libro relacionado con ese título. Que las citas del Nuevo Testamento son sacadas de ambas divisiones del libro es un testimonio efectivo de su unidad. En resumen, el manuscrito completo de Isaías descubierto en Qumran en 1947 y aceptado por todos los eruditos (hasta donde sé), y que data del segundo siglo antes de Cristo, no hace división entre los capítulos 39 y 40. Esta es una fuerte evidencia de que los que transcribieron tuvieron conocimiento de un solo autor del libro. La sección histórica, capítulos 36-39, sirve como una conclusión de la primera sección del libro y como introducción a la segunda, uniendo de esta manera a las dos. Acepto y defiendo la unidad del autor de Isaías.

Alcance del Libro

Isaías fue el hombre del momento. Educado en la ciudad de Jerusalén durante el próspero reinado de Uzías, estaba completamente familiarizado con las condiciones políticas y sociales de su tiempo. No solamente tenía una profundidad espiritual y una comprensión del carácter verdadero de Jehová como muy pocos hombres han llegado a poseer, sino que también tuvo una comprensión amplia del movimiento histórico de su tiempo. El profeta observó como el poderoso imperio asirio, destinado a convertirse en el azote de la tierra, se extendía a través del mundo de aquellos días y arrojaría su amenazadora sombra sobre las naciones.

Dentro de su propio reino, Isaías vio los resultados de la apostasía ante Dios: la decadencia política, moral y social. El vio a Asiria, una nación lejana, como el instrumento de la mano de Dios para purificar a su pueblo en un intento de salvar un remanente. Isaías empezó su profecía con una descripción de la apostasía de Judá, el llamado de Dios a venir y a razonar juntos, y Su ofrecimiento de perdón (capítulo 1). Esto fue seguido por una visión de los días posteriores en los cuales el ideal de Dios para Su ciudad de Sion sería realizado (2:1-4). Inmediatamente volvería a trazar la condición presente de Judá, el profeta denunció a los gobernantes y a los jueces impíos, a los falsos profetas y a las mujeres ataviadas, los cuales contribuyeron con su parte a la inmoralidad de la nación (2:5-4:1). Pero no siempre sería de esta manera; a través de los efectos de purificación del juicio de Dios eventualmente habría un remanente purificado el cual se regocijaría en El (4:2-6). Isaías procedió entonces a pronunciar ayes sobre varios segmentos de la sociedad y a advertir sobre el juicio inminente (capítulo 5). En este punto leemos sobre la muerte de Uzías, el profeta recibió su llamado de Jehová para llevar el mensaje de Dios de ruina y de esperanza a la gente (capítulo 6).

Hubo en Judá tanto buenos como malos gobernantes, pero aún entre los mejores hubo serias faltas. David cometió adulterio, y entonces fue llevado a cubrir su pecado por el asesinato. Salomón, el rey sabio que gobernó en paz, había introducido a la nación a la idolatría y a levantar altares a los dioses de sus diferentes esposas. Uzías, uno de los mejores reyes de Judá, había sido inducido por orgullo a entrar al santuario y a quemar incienso a Jehová, un acto limitado por la ley solamente a los sacerdotes.

Aún Ezequías, en algunas cosas uno de los mejores reyes, era atraído a apoyarse en Egipto en lugar de hacerlo en Jehová para ayudarse contra Asiria. Posteriormente se permitió a sí mismo ser llevado por la soberbia a presentar sus tesoros a los embajadores enviados para congratularse sobre su recuperación de la enfermedad. Por este pecado de Ezequías, Judá sería llevada a la cautividad en Babilonia en alguna fecha futura (Isaías 39).

A la luz de estos errores por parte de los reyes que gobernaron sobre la gente de Dios, Isaías anunció que el Señor elevaría un Rey el cual gobernaría con rectitud. Esto llega a ser el mejor tema de Isaías (capítulos 7-12). El Rey nacería de una virgen, una señal para la casa de David (capítulo 7); este evento sería precedido por el castigo de los asirios (capítulo 8), trayendo tinieblas a Israel. Pero eventualmente a aquellos a los cuales colocó en las tinieblas verían la luz, la luz de un nuevo Rey, reino y gloria (9:1-7). Juicios severos son entonces pronunciados acerca de Efraín y de Judá (9:8-10:4); Estos son seguidos por el anuncio de que Asiria invadirá la tierra y la destruirá (10:5-34). El profeta alcanza el clímax con las profecías de la venida del Vástago de la raíz de Isaí y Su reinado (capítulo 11) y una canción de acción de gracias (capítulo 12).

Antes de la venida de este Rey espiritual y Su reino, todas las naciones paganas de ese tiempo, desde la más grande hasta la más pequeña, deberían ser juzgadas y llevadas a un fin (capítulo 13-23). Con su destrucción el reino de Dios sobresaldría de todos como el más glorioso. Esta proclamación del juicio de las naciones paganas es seguido por una profecía de juicio mundial; Jehová es de nuevo revelado como Juez de las naciones y especialmente de la gran ciudad mundial, la cual sería abandonada a la ruina y a la desolación. Esto delinea la caída de la Babilonia de Apocalipsis 17 y 18. En este juicio mundial Jehová protegería a aquellos los cuales pusieron su confianza en El (capítulos 24-27). A Efraín, a Judá y a Jerusalén son dadas más advertencias y amenazas de Jehová, con énfasis especial sobre el peligro de alianzas con Egipto. Hay protección sin embargo, de la gracia eventual de Jehová reinando sobre Su pueblo (capítulos 28-33). Los futuros de Edom (símbolo del mundo) y de Sion (símbolo del pueblo espiritual) son entonces contrastados (capítulos 34 y 35). La primera de las dos partes mayores de Isaías cierra con una sección histórica. La intervención divina frustra los esfuerzos de Asiria para tomar Jerusalén. ¡ La fe gana la batalla ! Esto es seguido por el relato de la enfermedad de Ezequías y su recuperación y la presentación de los tesoros del reino a los mensajeros de Merodac-baladán con lo cual Jehová pronuncia que Judá será llevada a Babilonia (capítulos 36-39).

Con la victoria sobre Asiria y el aseguramiento por Jehová de la cautividad en Babilonia en una fecha futura, el trabajo del profeta era ahora preparar al pueblo para la cautividad y asegurarles el retorno de un remanente. La segunda parte mayor del libro es el registro de esta fase del trabajo de Isaías. El profeta entra dentro de una guerra con tesón contra los ídolos, fijando en adelante al Señor como una sola deidad (capítulos 40-48). El nombró a Ciro el libertador por medio del cual Dios los levantaría (44:28-45:7). En medio de las palabras de aliento, el aseguramiento de liberación, las indicaciones de la inclusión de los Gentiles en el Plan de Dios, y las canciones del Mesías-Siervo el cual estaba por venir, Isaías dio garantías a las consecuencias de los pecados más lejanos contra Jehová. Con la venida del Siervo aparecería también Su glorioso reino, el cual se extendería mucho más allá de las fronteras del primero (capítulos 49-57). De nuevo la Sion gloriosa es descrita y la salvación es asegurada. El viejo orden pasaría y habría buenas nuevas y una nueva tierra donde, después de una victoria completa, los santos contemplarían los cuerpos muertos de sus enemigos (capítulos 58-66).

Entonces fue dado a Isaías ver la tierra de Dios en la cuestión de su día y contemplarlo resolviendo su propósito en la historia. A través de juicio sobre juicio, como una onda sigue a otra onda, el profeta fue capaz de ver un remanente de santos fieles emergiendo, purificados, a través de los cuales Jehová traería adelante a Su Rey justo, Emmanuel (“Dios con nosotros”), y Su Reino indestructible el cual llenaría la tierra de mar a mar. La venida del Siervo-Rey y Su reino, un evento el cual llenaría perfectamente la profecía de Isaías, manteniéndose como un Gibraltar de evidencia sosteniendo la Palabra de Dios y como una condenación eterna de los judíos que rehusaron creer, y de los Gentiles que rehusaron escuchar.


[1] Siegfried J. Schwantes, A Short History of the Ancient Near East (Grand Rapids: Baker, 1965), chs. 18-20.

[2] Joseph P. Free, Archaeology and Bible History (Wheaton, Ill.: Van Kampen, 1950), p. 33, n. 54, ver también pág. 81.

[3] George A. Barton, Archaeology and the Bible History, 7th. Ed. (Philadelphia: American Sunday-School, 1937),

pág. 458.

[4] Schwantes, Short History, p. 122.

[5] Emil G. H. Krealing, Rand McNally Bible Atlas (Chicago: Rand McNally, 1957), pág. 294.

 

[6] Free, Archaeology, pág. 196.

 

[7] Citado en George L. Robinson, The Book of Isaiah (Grand Rapids: Baker, 1954 reprint), pág. 22.

[8] Justino Mártir Dialogue with Trypho 120, en Ante Nicene Fathers (New York: Scribner, 1903), vol. 1, p. 259.

[9] Robinson, Isaiah, p. 14.

[10] Ibid. Sobre este punto de la unidad el estudiante debe estudiar introducciones conservadoras. Son sugeridos dos libros cortos: Oswald T. Allis, The Unity of Isaiah (Philadelphia: Presbyterian and Reformed, 1950); Edward J. Young, Who Wrote Isaiah? (Grand Rapids: Eerdmans, 1958).

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