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Jerusalén-Sión: Adver­ten­cias y Prome­sas (28–35)

La influ­en­cia y el efec­to noci­vo de los pro­fe­tas, sac­er­dotes, y gob­er­nadores ebrios en Jerusalén tuvieron un cos­to grave y amar­go en la vida espir­i­tu­al del pueblo en Sion. Después del juicio de Jehová sobre los burladores que gob­ern­a­ban el pueblo (cap 28), el tema del capí­tu­lo 29 es la condi­ción espir­i­tu­al enfer­miza en Ariel (Jerusalén-Sion), lo bajo a lo que cayó el pueblo, y el juicio de Jehová en con­tra de los ene­mi­gos de la fe espir­i­tu­al ver­dadera. Muchos comen­taris­tas ven en este capí­tu­lo el sitio de Jerusalén por Sena­que­rib (701 A.C.); recono­ci­da­mente, hay fun­da­men­to para este pun­to de vista. Pero a este escritor le parece que hay evi­den­cia que el capí­tu­lo se cen­tra en un con­flic­to espir­i­tu­al pro­fun­do sim­boliza­do por la embesti­da asiria. Lo pro­fun­do a lo que ha caí­do la nación (vers 1–4), la descrip­ción de los ene­mi­gos de Jehová como “la mul­ti­tud de todas las naciones” (vers 5–8), la embriaguez del pueblo, pero no con vino, y en su oscuri­dad describen a Jehová con la boca pero no con el corazón (vers 9–15), todo apun­ta a la con­clusión de que esta­mos tratan­do con con­flic­tos espir­i­tuales y sus con­se­cuen­cias. Este pun­to de vista parece con­fir­mar el segun­do ay del capí­tu­lo, que es dirigi­do en con­tra del esfuer­zo para ocul­tar el con­se­jo de Jehová (vers 15–16), y por los cam­bios sub­se­cuentes en el entendimien­to, y su san­tifi­cación al nom­bre y per­sona de Jehová (vers 17–24).

Aunque es creí­do por muchos que ha sido pro­nun­ci­a­do en el peri­o­do 705–701 A.C., las pro­fecías de Isaías en los capí­tu­los 29–33 no puede dárse­le una fecha ter­mi­nante. Aun si él las dijo en este peri­o­do, no nece­si­ta con­cluirse que lo que dijo perteneció solo al sitio de Jerusalén por parte de Sena­que­rib y las condi­ciones que la rode­a­ban. Las visiones de Isaías involu­cran un pun­to de vista mundi­al e incluyen la veni­da del Mesías y el establec­imien­to de Su reino. Ellas toman en cuen­ta las diver­sas naciones paganas del peri­o­do total, su oposi­ción al propósi­to de Jehová, el uso de Jehová de ellas, y Su juicio con­tra ellos, y su destruc­ción en Su mano. Las visiones de Isaías incluyen tam­bién el juicio de Jehová de la idol­a­tría en gen­er­al, la condi­ción espir­i­tu­al y los fru­tos de Su propia ciu­dad y reino infiel, y Su juicio con­tra ellos. A la luz del pun­to de vista a largo pla­zo del libro de Isaías y su énfa­sis en el propósi­to eter­no de Dios, algu­nas de las declara­ciones que podrían ser con­stru­idas como ref­er­en­cia a la sie­ga especí­fi­ca podría real­mente ser una descrip­ción metafóri­ca de las condi­ciones morales y espir­i­tuales en Judá y la obra prov­i­den­cial del Señor sobre un peri­o­do muy largo. Esto no sig­nifi­ca, sin embar­go, que la invasión asiria y el juicio de Jehová de la nación no están aquí a la vista. Por supuesto, ellas son dos veces referi­das especí­fi­ca­mente en estos capí­tu­los (30:31; 31:8). El Señor está enseñan­do que el hom­bre debe obser­var no solo Su pal­abra, sino tam­bién a Sus hechos, y para Ver­lo obran­do en los even­tos de la his­to­ria. Sion será ame­naza­da y abati­da, pero no destru­i­da; Jehová está en el con­trol mien­tras Él tra­ba­ja en Su propósi­to eter­no y por medio del hom­bre.

 

Ay para Ariel (vers 1–4)

 

     1 ¡Ay de Ariel, ciu­dad donde habitó David! Después de haber crit­i­ca­do y denun­ci­a­do a los pro­fe­tas, sac­er­dotes, y gob­er­nadores de Jerusalén ebrios que se burla­ban de la pal­abra de Jehová, el pro­fe­ta aho­ra un ay sobre la ciu­dad infiel, recrim­i­nan­do la vacía vida reli­giosa en Sion. Por la ref­er­en­cia a la ciu­dad donde habitó David y el monte Sion (vers 8), sabe­mos que Ariel es un nom­bre sim­bóli­co para Jerusalén-Sion. Sin embar­go, el sig­nifi­ca­do exac­to de Ariel no está claro. Como indi­ca el mar­gen, podría sig­nificar “el león de Dios” o “el corazón de Dios.” Como la for­t­aleza del pueblo de Jehová, Jerusalén había resis­ti­do has­ta aquí todos los ayes. Por con­tin­uar resistien­do todos los ayes y la fiera con­tien­da por la fe ver­dadera, traería ade­lante al Mesías, podría ser al final un “león de Dios.” Sin embar­go, la evi­den­cia es más fuerte hacia “el corazón de Dios.” La pal­abra Ariel se pre­sen­ta en Eze­quiel 43:15, donde es tra­duci­da “altar” (King James) y “fogón de altar” (Amer­i­can Están­dar, New Amer­i­can Stan­dard, New Inter­na­cional Ver­sion). Por medio de Moisés Jehová había dicho que en el lugar donde Él esco­giera pon­er Su nom­bre, allí el pueblo iba a ofre­cer sac­ri­fi­cios y a guardar las fies­tas (Deut 12:5, 11–13; 16:2). Él escogió Sion por Su habitación y lugar de des­can­so entre el pueblo (Sal 132:13–14), y Jerusalén como la ciu­dad en donde Su casa debía ser con­stru­i­da y colo­ca­do Su nom­bre (2 Rey 21:7; 2 Crón 33:4, 7). Fue allí en donde el Señor habitó entre Su pueblo, donde los sac­ri­fi­cios fueron ofre­ci­dos, y guardadas las fies­tas. Su “fuego está en Sion, y su horno en Jerusalén” (31:9). Bajo esta luz, “el corazón de Dios” parece ser la mejor expli­cación.

Otro prob­le­ma se pre­sen­ta en si mis­mo: ¿Debe­mos inter­pre­tar aña­did un año a otro, las fies­tas sigan su cur­so que a la vuelta de un año agre­ga­do al pre­sente año, mien­tras el ciclo de las fies­tas cobraran nue­vo vig­or, los asirios ase­di­arían la ciu­dad? ¿O el con­tenido del capí­tu­lo jus­ti­fi­ca un sig­nifi­ca­do más amplio, sugirien­do que así como un año es agre­ga­do a un año y el ciclo de las fies­tas giran en cir­cu­lo (no una vez, sino cualquier número de veces), Jehová abatirá a Ariel, pero con el tiem­po la ben­de­cirá? Si, como muchos comen­taris­tas pien­san, Isaías tiene en mente la invasión de Sena­que­rib, lo primero es mejor. Este escritor encuen­tra difí­cil restringir el peri­o­do de tiem­po a menos de dos años. La inter­pretación más amplia no limi­ta la obra total de Jehová que involu­cra a los asirios a su invasión de la tier­ra y al sitio de Jerusalén.

2 David había siti­a­do y toma­do Jerusalén, hacién­dola su for­t­aleza; él había traí­do el arca del pacto a la ciu­dad y la había hecho un corazón de Dios – Ariel. Pero en ese tiem­po la tier­ra se había llena­do con ído­los (2:8); Acaz había pro­fana­do el tem­p­lo, colo­can­do un altar dis­eña­do a su gus­to en Dam­as­co (2 Rey 16:10–11), y había que­ma­do a sus hijos en el fuego como sac­ri­fi­cios (2 Crón 28:3). A pesar de las grandes refor­mas de Eze­quias, las condi­ciones esta­ban aun en un esta­do deprava­do (ver cap 28). En el tiem­po apropi­a­do – indi­ca­do por las pal­abras “aña­did un año a otro, las fies­tas sigan su cur­so” – Jehová acam­paría alrede­dor de la ciu­dad y la afli­giría, cau­san­do luto y lamentación. Antes que ella pue­da ser de nue­vo un ver­dadero corazón de Dios, debe ser abati­da de su condi­ción pre­sente de orgul­lo y for­mal­is­mo vacío. Por medio de esta Sion afligi­da será limpia­da de su esco­ria moral e inmundi­cia espir­i­tu­al, volvien­do a ser ante Jehová una ver­dadera Ariel – un corazón de altar dig­no; y será a mi como Ariel

3 Jehová planea que la angus­tia que acon­te­cerá a la ciu­dad infiel sea Su obra. Note el triple suce­so del pronom­bre per­son­al: Más yo pon­dré a Ariel en apre­tu­ra (vers 2); acam­paré con­tra ti alrede­dor, y te sitiaré con cam­pa­men­tos, y lev­an­taré con­tra ti balu­artes. En una pro­fecía ante­ri­or el Señor había dicho que Él usaría a los asirios en con­tra de Sion y de Jerusalén (10:5–12); más tarde dijo que traería a los caldeos con­tra la ciu­dad (Hab 1:5–11). La mano de Jehová está defin­i­ti­va­mente en la his­to­ria de las naciones y de Su pro­pio pueblo, con­trolan­do sus des­ti­nos.

4 En el sitio traí­do con­tra la ciu­dad por parte de Jehová cam­pa­men­tos (vers 3), el pueblo será humil­la­do des­de su posi­ción vana­glo­riosa. Hablarán des­de la tier­ra, susurrará des­de el pol­vo, jade­an­do como una per­sona mori­bun­da o gor­je­an­do como alguien con un demo­nio famil­iar. Lo últi­mo es un medio que recla­ma con­vo­car y con­sul­tar con la muerte. Los médi­um engañan a sus clientes al hablar con voz débil, tenue, o en oca­siones por ven­trílocu­os, como si las pal­abras vinier­an del pol­vo. Jerusalén caería tan bajo que su habla sería un que­ji­do. El cer­co de Sena­que­rib no tra­jo a Jerusalén a este esta­do, sin embar­go con­tribuyó a la even­tu­al caí­da de Judá. Un siglo más tarde la invasión y la dev­astación de la tier­ra por Asiria, Babilo­nia destruyó a la ciu­dad y cap­turó al pueblo. Esto fue segui­do por el reina­do de Per­sia, la aflic­ción por los seleu­ci­dos de Siria, y final­mente la humil­lación por parte de Roma. La may­oría de estas opre­siones resultó del esta­do de impo­ten­cia espir­i­tu­al del pueblo; si hubier­an con­tin­u­a­do fuertes en el Señor, estas opre­siones nun­ca hubier­an ocur­ri­do. Fue la baja condi­ción espir­i­tu­al que tra­jo la destruc­ción sobre Judá y no lo que pasa­ba alrede­dor.

5 Solo hemos estu­di­a­do un anun­cio ame­nazante del mis­mo Jehová de lo que guar­da el futuro para el pueblo de Jerusalén. Los sigu­ientes cua­tro ver­sícu­los (5–8) pre­sen­tan un con­traste: Jehová abatirá a las naciones idol­a­tras paganas y a las fuerzas espir­i­tuales que pelean con­tra Ariel, Su altar ter­re­nal. El uso de la pal­abra mul­ti­tud cua­tro veces en este pasaje es sig­ni­fica­ti­vo. Y la muchedum­bre de tus ene­mi­gos (“extran­jeros,” hebreo) será como pol­vo menudo que for­ma remoli­nos antes de la tor­men­ta (ver 17:13), arrastra­do por Jehová. Serán como menudo pol­vo en las bal­an­zas (40:15), serán sopladas por un pequeño trapo para limpiar. La mul­ti­tud de los fuertes fenecerá como el tamo de la era. El tamo es usa­do metafóri­ca­mente para algu­nas cosas que son sin val­or, débiles e inde­fen­sas frente al vien­to, lle­vadas por él, des­pare­cien­do para siem­pre. Y será repenti­na­mente, en un momen­to, jus­to como el pro­fe­ta lo había indi­ca­do ante­ri­or­mente, “Al tiem­po de la tarde, he aquí la tur­bación, pero antes de la mañana el ene­mi­go ya no existe” (17:14). La capaci­dad de Dios para cas­ti­gar repenti­na­mente fue demostra­da en la destruc­ción de esa por­ción del ejérci­to de Sena­que­rib envi­a­da con­tra Jerusalén (2 Rey 19:35–37). Esto no agotó la acción de Jehová con­tra la mul­ti­tud de los ene­mi­gos y de los fuertes. Cuan­do Él lo deter­minó así, las naciones físi­cas y los engaños espir­i­tuales todas se desvanecieron frente a Él.

6 Este ver­sícu­lo con­tin­ua la descrip­ción de la destruc­ción intro­duci­da en el vers 5. ¿Pero quién será vis­i­ta­da, Jerusalén o los ene­mi­gos? La difi­cul­tad del tex­to es indi­ca­da por las difer­entes tra­duc­ciones: “Ella” (Amer­i­can Stan­dard); “Tú” (King James); “Tú” (Leupold); “Tú” (Young). Prob­a­ble­mente el mar­gen de la Amer­i­can Stan­ta­nd sug­iere mejor el pen­samien­to de Isaías: Por Jehová de los ejérci­tos serás vis­i­ta­da. Esta podría ser una vis­itación de juicio o de ben­di­ción, el sig­nifi­ca­do debe ser deter­mi­na­do por el con­tex­to. La vis­itación parece no ser sobre Jerusalén sino sobre las mul­ti­tudes, porque la muchedum­bre de tus ene­mi­gos, los fuertes, es el tema del ver­sícu­lo ante­ri­or. El pro­fe­ta emplea los ele­men­tos ater­radores de la nat­u­raleza para describir el poder y la fuerza destruc­to­ra del manda­to de Jehová (ver 50:3; Jer 4:23–26). El cuadro es vivi­do: con ter­re­mo­tos y gran rui­do, con tor­belli­no y tem­pes­tad, y lla­ma de fuego con­sum­i­dor. ¿Quién o qué puede estar de pie ante la fiereza de tales fuerzas cuan­do estal­lan? Nadie puede estar de pie ante los fero­ces juicios de Jehová cuan­do exploten como un vol­cán en erup­ción.

7 El pro­fe­ta con­tinúa con el juicio de Jehová con­tra los ene­mi­gos de Sion: Y será como sueño de visión noc­tur­na la mul­ti­tud de todas las naciones que pelean con­tra Ariel, y todos los que pelean con­tra ella y su for­t­aleza, y los que la ponen en apre­tu­ra. La pro­fecía no está lim­i­ta­da a una nación (por ejem­p­lo, Asiria), sino que incluye a todas las naciones que pelean con­tra Ariel. Los que afli­gen a Sion, bus­can­do su destruc­ción, serán como un sueño o una ilusión que se extin­guirá. Ten­drán visiones de grandeza, pen­san­do con­quis­tar, pero no ten­drán éxi­to. Un sueño o una visión de la noche que se desvanece al des­per­tarse o al lle­gar el día; así se desvanecerán los sueños de con­quista o destruc­ción del Ariel de Jehová.

8 Este ver­sícu­lo con­tinúa la metá­fo­ra, al hablar especí­fi­ca­mente de un soñador. Quien­quiera (sea un indi­vid­uo, una nación, o un eru­di­to de la filosofía) que se com­pro­m­ete en com­bat­ir el propósi­to de Dios al destru­ir a Su pueblo y Su vol­un­tad ver­dadera, como un hom­bre ham­bri­en­to que sueña la comi­da, con sueños de vic­to­ria y de botín, solo des­per­tará con el entendimien­to que su alma está vacía; estará decep­ciona­do y aun con ham­bre. Una figu­ra sim­i­lar es la de un hom­bre sedi­en­to que sueña que está toman­do has­ta el fon­do, sofo­can­do su sed en una fuente fría, solo para des­cubrir al des­per­tar que era solo un sueño; está aun ator­men­ta­do con una sed ardi­ente. La apli­cación de la metá­fo­ra no está restringi­da a una nación; se apli­ca a todos los ene­mi­gos de Dios, Así será la mul­ti­tud de todas las naciones que pelearán con­tra el monte de Sion; todas son con­de­nadas.

9 El pro­fe­ta ha habla­do al pueblo de la destruc­ción de los ene­mi­gos de Sion, pero no están impre­sion­a­dos. En su espíritu necio de apatía insul­sa lo miran con atur­dimien­to. Ya que han rec­haz­a­do a Jehová y a Su pal­abra, el pro­fe­ta les orde­na aho­ra con­tin­uar en esa condi­ción. Él ha cono­ci­do des­de el prin­ci­pio que esto es lo que ellos harán (ver 6:9–10). Smith señala que este ver­sícu­lo está com­puesto de cua­tro imper­a­tivos, que él tra­duce, “¡Dete­neos y mar­avil­laos! ¡Ofus­caos y cegaos! ¡Embria­gaos, y no de vino! ¡Tam­balead, y no de sidra!” (I. 220). Sin embar­go el pueblo no está físi­ca­mente embria­ga­do como esta­ban los gob­er­nantes de Efraín y los pro­fe­tas y sac­er­dotes de Jerusalén (28:1, 7), su condi­ción de embriaguez espir­i­tu­al es igual­mente tan mala, si no es que peor. Seguir ade­lante y asom­brarse; en su ceguera siguen ade­lante para dar plac­er a si mis­mos; estar embria­ga­dos y no ver con clar­i­dad; tam­balearse alrede­dor de una man­era descon­tro­la­da. Esto es lo que ust­ed desea; esto hace.

10 El pro­fe­ta declara la causa inmedi­a­ta de la condi­ción del pueblo (la causa fun­da­men­tal es estable­ci­da más ade­lante en el vers 13); Porque Jehová der­ramó sobre vosotros espíritu de sueño. Este espíritu de sueño y de condi­ción de embriaguez es lo mis­mo. El pueblo era respon­s­able de su embriaguez, pero Jehová había envi­a­do el espíritu de sueño. Estos dos fac­tores se con­fun­den pau­lati­na­mente en uno. En tan­to que Jehová puede dar vida, y entendimien­to, así puede venir de Él un espíritu malig­no que aflige al hom­bre y lo hace malo (1 Sam 16:14–15; 18:10–11; 19:9), o un espíritu men­tiroso que lo seduce a la destruc­ción (1 Rey 22:20–23). Esto sig­nifi­ca que cuan­do rec­haz­amos a Dios y a Su ver­dad, Dios no tiene alter­na­ti­va sino darnos al límite del error y el peca­do. Esta doc­t­ri­na es clara­mente enun­ci­a­da en el Nue­vo Tes­ta­men­to. Pablo dijo a los gen­tiles, “Y como ellos no apro­baron ten­er en cuen­ta a Dios, Dios los entregó a una mente reproba­da, para hac­er cosas que no con­vienen” (Rom 1:28). Y a los que se engañan por la iniq­uidad, dijo, “por cuan­to no reci­bieron el amor de la ver­dad para ser salvos. Por esto Dios les envía un poder engañoso, para que cre­an la men­ti­ra, a fin de que sean con­de­na­dos todos los que no creyeron a la ver­dad, sino que se com­plac­i­eron en la injus­ti­cia” (2 Tes 2:10–12). Los judíos de la pro­fecía de Isaías se han dado a si mis­mos a un estu­por espir­i­tu­al de embriaguez; por lo tan­to, Dios les envió un espíritu de sueño.

El pro­fe­ta se ale­ja del pueblo para regre­sar a los pro­fe­tas de nue­vo: Dios cer­ró los ojos de vue­stros pro­fe­tas, y puso velo sobre las cabezas de vue­stros videntes. Como una man­cha sobre los ojos para pre­venir que ellos vier­an algo, Jehová ha cer­ra­do los ojos de los que debían haber sido los ojos del pueblo para guiar­los a Su pal­abra. El Señor ha cubier­to las cabezas de vue­stros videntes (otro nom­bre para los pro­fe­tas; ver 1 Sam 9:9), quienes deberían haber dirigi­do sus pen­samien­tos. Así el pueblo es aban­don­a­do para tropezar en las tinieblas espir­i­tuales, el ciego guian­do al ciego.

11–12 La ceguera espir­i­tu­al resul­tante en la inca­paci­dad para ver y enten­der la rev­elación ver­dadera es com­para­da a la inca­paci­dad para leer. Los libros de aquel tiem­po eran pergaminos enrol­la­dos en largas piezas de mate­r­i­al enrol­la­do de una vara a otra. Cuan­do los pergaminos eran enrol­la­dos y sel­l­a­dos, nadie podría leer su con­tenido. La visión espir­i­tu­al del pueblo del tiem­po de Isaías es com­pa­ra­ble a un libro o escrito sel­l­a­do entre­ga­do a ellos con instruc­ciones de leer. (Es intrascen­dente si está a la vista un escrito lit­er­al como el de 8:16–18, o ya sea que ten­emos aquí una meton­imia para la pal­abra declar­a­da por el pro­fe­ta.) Cuan­do el libro es ofre­ci­do a un hom­bre instru­i­do y edu­ca­do, él lo dec­li­na, dicien­do, No puedo, porque está sel­l­a­do. Cualquier pal­abra de Dios es, para el pueblo de Judá, como este libro sel­l­a­do, porque en su ceguera espir­i­tu­al y dureza de corazón ellos no pueden com­pren­der­la. Cuan­do el libro es entre­ga­do a un hom­bre incul­to con instruc­ciones para leer, él asimis­mo dec­li­na, dicien­do, No sé leer, esto es, “No se como leer.” En esta descrip­ción trág­i­ca, el instru­i­do y el que no sabe leer son traí­dos todos a con­de­nación debido a sus cora­zones emb­o­ta­dos y embrute­ci­dos, cega­dos y endure­ci­dos para lo que Dios dice. Esta condi­ción se ha desar­rol­la­do den­tro de ellos a pesar de lo que Dios ha hecho por ellos. Young recal­ca acer­tada­mente, “Esto es quizá una descrip­ción tan triste cual no podría ser encon­tra­da en ningu­na otra parte del Antiguo Tes­ta­men­to” (II. 318). ¡Qué trági­co!

13 La pal­abra Dice, pues intro­duce una situación que es con­tes­ta­da por el por tan­to del vers 14. La hipocre­sía fue un fru­to de las tinieblas y del sueño espir­i­tu­al del pueblo; pusieron el for­mal­is­mo vacío en su ado­ración públi­ca en vez del ver­dadero ser­vi­cio del corazón. En la ley esta­ba escrito, “Y amarás a Jehová tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y con todas tus fuerzas” (Deut 6:5); y además, “A Jehová tu Dios temerás, y a él solo servirás” (Deut 6:13). Pero aho­ra, en lugar de la ado­ración y del ser­vi­cio de corazón, el hon­or que el pueblo ofrece es con la boca y con los labios; el corazón es lle­va­do lejos de Él. En con­se­cuen­cia, no pueden leer el libro; no tienen per­cep­ción espir­i­tu­al.

La idol­a­tría de Samaria había sido abier­ta y man­i­fi­es­ta (2 Rey 17:7–18); en Judá la idol­a­tría esta­ba ocul­ta bajo un man­to de hipocre­sía. Eze­quias había destru­i­do los obje­tos exter­nos de la ado­ración pagana (2 Rey 18:3–4), pero era aun aho­ra como lo fue pos­te­ri­or­mente cuan­do, después de la refor­ma­ción de Josías, que Eze­quiel acusó, “estos hom­bres han puesto sus ído­los en su corazón” (Ezeq 14:3). Su temor era un temor enseña­do por el hom­bre, en tan­to que el ver­dadero temor es de Dios. Como dijo el hom­bre sabio, “Cuan­do fueres a la casa de Dios, guar­da tu pie; y acér­cate más para oír que para ofre­cer el sac­ri­fi­cio de los necios” (Ecl 5:1); y de nue­vo, “Teme a Dios, y guar­da sus man­damien­tos [no de los hom­bres]; porque esto es el todo del hom­bre” (Ecl 12:13).

La ado­ración hipócri­ta prevale­ció de nue­vo en los días de Jesús; entonces, Él aplicó Isaías 29:13 al pueblo que esta­ba frente a Él: “Pues en vano me hon­ran, Enseñan­do como doc­tri­nas, man­damien­tos de hom­bres” (Mt 15:9). Fue entonces, y lo será siem­pre, el pre­cio de la hipocre­sía y de la necedad para hon­rar a Dios con los labios, en tan­to que el corazón esta lejos de Él, susti­tuyen­do la ver­dad por pre­cep­tos de hom­bres.

14 El pro­fe­ta con­tin­ua con el pen­samien­to del vers 13 (intro­duci­do por dice, pues) con la con­se­cuen­cia de la hipocre­sía fla­grante. Por tan­to, Jehová añadirá una obra mar­avil­losa a todo lo que Él ha hecho (ver los comen­tar­ios en 28:21), una obra que causará admiración entre los espec­ta­dores. En medio de esta obra mar­avil­losa de Jehová y el estu­por del pueblo, pere­cerá la sabiduría de sus sabios, y se desvanecerá la inteligen­cia de sus enten­di­dos. Así como Jehová mez­cló un espíritu de per­ver­si­dad en medio de los con­se­jeros del Faraón (19:14), así quitará aho­ra la sabiduría de los líderes judíos. No solo con la fal­sa sabiduría que los ani­mará a ocul­tarse de Dios (28:14–15) será quita­da, sino que tam­bién todos los for­mal­is­mos y pre­cep­tos susti­tu­tos del hom­bre de la ado­ración ver­dadera (vers 13), o que bus­can escon­der los planes de Dios (vers 15). Pablo apli­ca los pen­samien­tos de este pasaje a toda la sabiduría humana que omite a Dios y a Su camino (1 Cor 1:19). En su propia sabiduría aparte de la sabiduría de Dios, el hom­bre está des­ti­na­do a fra­casar; este fra­ca­so será expuesto.

 

Ay de los Que se Escon­den de los Planes de Dios (vers 15–24)

 

15 Isaías establece aquí un prin­ci­pio gen­er­al que más tarde apli­ca especí­fi­ca­mente para el tema de la alian­za con Egip­to (caps 30). Podría ser que en ese tiem­po era fragua­da una alian­za. El pro­fe­ta se había opuesto a todas las alian­zas, ya sea con Asiria en el tiem­po de Acaz o con Egip­to en el tiem­po de Eze­quias. El con­se­jo del pro­fe­ta era esper­ar en Jehová y con­fi­ar en Jehová; Él está en con­trol. Como necios para pen­sar los hom­bres pueden ocul­tar sus con­se­jos de Dios, ¡el Úni­co omni­sciente! En sus necios razon­amien­tos y fal­ta de sabiduría de Dios, pre­gun­tan, ¿Quién nos ve, y quién nos conoce? ¿Sabían lo que esta­ban hacien­do? Este es siem­pre el razon­amien­to del impío: “Y dicen: ¿Cómo sabe Dios? ¿Y hay conocimien­to en el Altísi­mo?” (Sal 73:11; ver tam­bién Prov 10:11; 94:7). Son deshon­estos en sus planes, actúan en la oscuri­dad mien­tras lle­van a cabo sus proyec­tos. Cualquier nación que piense que puede plan­ear y actu­ar aparta­do de Dios está con­de­na­da al fra­ca­so debido a que Él sabe y con­tro­la.

16 Vues­tra per­ver­si­dad cier­ta­mente será rep­uta­da. Sus cosas per­ver­tidas, o actos per­ver­sos, sin sen­ti­do. Su per­ver­sión de la ver­dad pone al revés el orden real de las cosas. Ust­ed prob­a­ble­mente diría que el alfarero no es más que el bar­ro que él mold­ea con sus manos. ¿Pero puede una cosa que ha sido hecha decir que no tiene hace­dor — ¿No me hizo? ¿Puede una cosa decir que la per­sona que lo for­mó no ha enten­di­do lo que él esta­ba hacien­do o por qué lo esta­ba hacien­do? Aque­l­los que encubren su con­se­jo de Dios están en efec­to acu­san­do que Dios no tiene más entendimien­to del que ellos tienen; esto es blas­femia. Hacien­do eco de Isaías, Pablo pre­gun­tó a los judíos de su tiem­po, “Más antes, oh hom­bre, ¿quién eres tú, para que alterques con Dios? ¿Dirá el vaso de bar­ro al que lo for­mó: ¿Por qué me has hecho así?” (Rom 9:20). Si Dios es infini­to, entonces el hom­bre no tiene fun­da­men­tos en los que ya sea que pla­neen aparte de Dios o para argüir con Él y Su camino. El razon­amien­to de los judíos auto sufi­cientes se oye como la filosofía volátil de los evolu­cionistas mod­er­nos que dicen, No hemos sido hechos, solo pasó. (Isaías regre­sará más tarde a su pen­samien­to del alfarero y del bar­ro [45:9; 64:8]).

17 Como los que inten­taron ocul­tar su con­se­jo de Dios han pen­sa­do rever­tir el orden de lo crea­do y del Creador, así Jehová rever­tirá real­mente las condi­ciones. Barnes pien­sa que este ver­sícu­lo cita una expre­sión prover­bial; ponién­dola en la for­ma de una pre­gun­ta pre­supone una respues­ta afir­ma­ti­va. La frase de aquí a muy poco es, de hecho, expre­sa­do des­de el pun­to de vista del tiem­po de Dios; por lo tan­to des­de nue­stro pun­to de vista es indefinido y podría ser largo o cor­to. Al con­ver­tir el Líbano en un cam­po fruc­tífero y apre­cian­do el cam­po fruc­tífero como un bosque parece ser una com­para­ción no entre lo ele­va­do y lo bajo, esto es, entre Asiria y Judá, sino entre lo que es sil­vestre y lo que es cul­ti­va­do. La com­para­ción parece ser entre el Israel Nacional y el Israel espir­i­tu­al; el Israel nacional se con­ver­tirá en una tier­ra sal­va­je sin cul­ti­var, pero el Israel espir­i­tu­al se con­vir­tió en un cam­po pro­duc­ti­vo.

18 La frase En aquel tiem­po indi­ca que el pro­fe­ta está acer­cán­dose a describir es simultá­neo con los even­tos del vers 17, el día cuan­do Líbano se con­ver­tirá en un cam­po fruc­tífero. En con­traste con aque­l­los que no podrían leer y en con­se­cuen­cia no podrían enten­der las pal­abras del libro o los escritos mane­ja­dos por ellos (vers 11–12), el pueblo aho­ra a la vista será capaz de leer, de enten­der la pal­abra del Señor. Y los ojos de los cie­gos verán en medio de la oscuri­dad y de las tinieblas; los que habían sido cie­gos a la ver­dad, a la sal­vación, y a la obra de Dios serán capaces de ver y enten­der (ver 35:5; 42:7). Este es un cam­bio de rum­bo de las condi­ciones ante­ri­ores.

19 Los humildes son los que están oprim­i­dos o afligi­dos, los que sufren. La pal­abra es por lo gen­er­al aso­ci­a­da con la resisten­cia a la opre­sión y un espíritu o acti­tud de sum­isión paciente a la vol­un­tad de Dios. La resisten­cia a la aflic­ción será con­ver­ti­da en un aumen­to con­stante del gozo en el Señor. Y aun los más pobres de los hom­bres se gozarán en el San­to de Israel. Sin impor­tar ya sea que estos pobres sean pobres de los bienes de este mun­do, de los que el Señor dijo, “A sus pobres [de Sion] sacia­ré de pan” (Sal 132:15; ver Mt 6:33), o al pobre en espíritu, al que le pertenece el reino de los cie­los (Mt 5:3). Ambos se rego­ci­jarán en su Dios. Este gozo no será total­mente alcan­za­do has­ta la veni­da del Mesías.

20 La pal­abra Porque intro­duce una cláusu­la que expli­ca el por qué el cam­po debe ser fruc­tífero (vers 17), porque el sor­do oirá y el ciego verá (vers 18), y el por qué el humilde y el pobre se rego­ci­jarán (vers 19). Tres ene­mi­gos de la ver­dad y de la jus­ti­cia, tres obstácu­los para el desar­rol­lo espir­i­tu­al, son quita­dos, si no que ven­ci­dos. El vio­len­to, el tira­no o el opre­sor que acometió para destru­ir al pueblo de Dios por la fuerza, es acaba­do. El escarnece­dor, que ridi­culizó y se burló de la pal­abra de Dios (ver 28:14), será con­sum­i­do. Todos los que se desve­lan para hac­er iniq­uidad, que bus­can una ocasión para acusar a la gente jus­ta, serán destru­i­dos. La jus­ti­cia y la ver­dad sal­drán tri­un­fantes; Jehová será la causa de la vic­to­ria.

21 La obra de estas tres clases de opo­nentes es com­para­da a la de un abo­ga­do acu­sador que bus­ca la con­de­nación, y cier­ta­mente la destruc­ción, de la per­sona que es juz­ga­da. Son segui­dos tres pro­ced­imien­tos por estos acu­sadores. Los que hacen pecar al hom­bre en pal­abra; inten­tan atra­parlo ya sea por la acusación direc­ta o por el inter­roga­to­rio rig­uroso. Los que arman lazo al que reprendía en la puer­ta; inten­tan atra­par al hom­bre que reprue­ba la mal­dad, bus­can­do su destruc­ción. Como dijo el hom­bre sabio, “El que cor­rige al escarnece­dor, se acar­rea afrenta” (Prov 9:7). Y los que per­vierten la causa del jus­to con vanidad; difi­cul­tan la jus­ti­cia legal por un tec­ni­cis­mo o pre­ten­sión. No bus­can la jus­ti­cia y la causa del jus­to o del inocente, sino una sen­ten­cia para con­denar al jus­to.

22 Por tan­to, Jehová, que red­im­ió a Abra­ham, dice: los pen­samien­tos de los oyentes son dirigi­dos a una con­clusión que des­cansa jus­to sobre lo que ha sido dicho (vers 17–21). Como el Reden­tor de Abra­ham, Jehová habla aho­ra a la casa de Jacob (los descen­di­entes de Abra­ham). El Señor había red­imi­do a Abra­ham al lib­er­ar­lo del ser­vi­cio de los dios­es paganos y de la influ­en­cia de su famil­ia y de su ambi­ente, que podrían haber­lo induci­do a volver a esos ído­los (Jos 24:2; Hech 7:2–3). Jehová había hecho a Abra­ham Su ami­go (41:8). Y aho­ra, Jacob, quien así deseo y buscó con ahín­co la pri­mo­gen­i­tu­ra, no será exclu­i­do de ser ver­dadero hijo de Abra­ham (con­se­cuente­mente él tam­poco), quien ha hereda­do esa pri­mo­gen­i­tu­ra. Él los verá como cam­po fruc­tífero, pueblo que ve y oye la rev­elación de Dios (vers 17–18). Su ros­tro no palide­cerá ya sea por haber decep­ción en ellos o por el temor de que la prome­sa no será cumpl­i­da.

23 Porque verá a sus hijos, sus ver­daderos descen­di­entes espir­i­tuales, Jacob los recono­cerá como obra de mis (de Dios) manos. Aunque Jacob había bus­ca­do ayu­dar a Dios a lle­var a cabo Su propósi­to, había fal­la­do; su veni­da al padre de los herederos de los pri­mogéni­tos fue la obra de Dios. De igual modo el cumplim­ien­to de sus descen­di­entes fue la obra de Dios (44:24; 60:21); fueron su hechu­ra, crea­d­os de nue­vo a Su ima­gen (Ef 2:10; 4:24). Los hijos de Jacob ven en medio de ellos (Jacob) que son sus hijos espir­i­tuales, el rema­nente, en medio de la nación físi­ca. No obstante que la nación físi­ca ha fal­la­do en hac­er­lo así, el rema­nente san­tifi­cará el nom­bre y el ser de Dios, recono­cien­do el poder tan­to de Su nom­bre, que sim­boliza todo lo que Él es, y Su per­sona – el San­to de Jacob. Por Él fueron for­ma­dos; al recono­cer el fra­ca­so de la idol­a­tría y la abso­lu­ta impo­ten­cia de los ído­los, se unirán al temor del Dios de Israel, el úni­co Dios (ver 44:6).

24 Como sug­iere Delitzsch, aunque la “nue­va igle­sia” no es ni per­fec­ta ni sin peca­do, su pueblo apren­derá inteligen­cia. Los una vez extravi­a­dos en espíritu, sien­do cie­gos y sor­dos, aho­ra entien­den la pal­abra y la vol­un­tad de Dios y lo que Él bus­ca en ellos y a través de ellos. Y los que mur­mu­raron recibirán aho­ra instruc­ción. Hay dos pal­abras hebreas para mur­mu­radores. Una es usa­da común­mente de los que se que­ja­ban de los hebre­os en sus his­to­rias antiguas; la otra, que se encuen­tra aquí, “sug­iere el cuchicheo mali­cioso de la calum­nia.”[1] El pro­fe­ta podría ten­er en mente al pueblo que algu­na vez ocul­to su con­se­jo de Dios, hacien­do su obra en la oscuri­dad, despres­ti­gian­do mali­ciosa­mente a Él y pre­gun­ta­do, “¿Quién nos ve, y quién nos conoce?” (vers 15). En cualquier caso, este pueblo aho­ra entiende por qué reci­bieron instruc­ción. Como Isaías dice más tarde, “Y todos tus hijos serán enseña­dos por Jehová; y se mul­ti­pli­cará la paz de tus hijos” (54:13).



[1]  Inter­na­tion­al Están­dard Bible Enci­clo­pe­dia, ed. James Orr (Chica­go: Howard-Sev­er­ance, 1937), vol. 3, pág. 2094.

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4 Thoughts on “CAPÍTULO 29 Ay para Israel – y para Aquellos Que Ocultan Su Consejo de Dios

  1. claudia analia carballo on July 8, 2014 at 7:53 am said:

    les muy bue­na este pasaje nece­si­to este estu­dio

  2. Buenos días. Muchas gra­cias por vis­i­tar el sitio http://www.edrangel.com, y por bus­car estu­dios. Claro que le enviaré los estu­dios que bus­ca. –Ed Rangel

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