Capítulo 43 Ustedes Son Mis Testigos…Fuera De Mi No Hay Salvador

Una Prome­sa Ren­o­va­da de Lib­eración y Pro­tec­ción a Israel (vers 1–7)

      1 La pal­abra aho­ra intro­duce un con­traste; cam­bia el tono de reproche repren­sión al del áni­mo y con­so­lación. Pre­vi­a­mente Jehová había dicho, “No temas, porque yo estoy con­ti­go” (41:10), y “No temas, yo te ayu­do” (41:13); aho­ra Él agre­ga, No temas, porque yo te red­imí. Él ha paga­do el pre­cio por la reden­ción de Israel (ver vers 3). Él les da cua­tro razones por las que no deben temer: (1) Jehová había crea­do a Jacob, esto es, Él había puesto de man­i­fiesto algo nue­vo – una nue­va creación – en Sinaí. (2) Él había for­ma­do a Israel, mod­e­lando el pueblo principesco fuera de Jacob, un susti­tu­to. ¡Que con­traste entre los mate­ri­ales insen­satos mod­e­la­dos por los paganos en ído­los que no podrían rendir ningún ser­vi­cio y el Israel mod­e­la­do por Dios en una nación que podría servir­le! (3) Jehová había red­imi­do o rescata­do al pueblo de Egip­to, y cuan­do sufrieron en Babilo­nia, Él actuó como su ven­gador. Y (4) Él había puesto nom­bre por su nom­bre “Israel” para ser Su pro­pio pueblo y nación par­tic­u­lar (Éxo­do 19:5–6), dán­doles una obra espe­cial a Su sier­vo y men­sajero (41:9).

      2 Debido a que mío eres tú, debido a que Israel ha sido lla­ma­do y red­imi­do por Jehová (ver vers 1), Él los pro­te­gerá y los cuidará. Hay sin embar­go muchas prue­bas ante el pueblo; sin embar­go ellos podrían pasar en medio de los tor­rentes de aflic­ción y los ríos de la adver­si­dad, no serán sobrecogi­dos porque Jehová estará con ellos. Y cuan­do cami­nen en medio del fuego de la tribu­lación, de prue­bas, y juicios, no se que­marán (ver Sal 66:12; tam­bién Dan 3:27, donde Dios da una demostración lit­er­al de esta lec­ción), porque Jehová los sos­ten­drá y pro­te­gerá.

      3 La garan­tía estam­pa­da en estas prome­sas es el nom­bre del Señor mis­mo; Porque yo Jehová – el nom­bre per­son­al por el que Él es cono­ci­do por el pueblo del pacto – Dios tuyo – el Dios del poder y de la fuerza, el úni­co Dios – el San­to de Israel – aparte de los peca­dos de Israel, abso­lu­to en san­ti­dad – tu Sal­vador – el Señor libra a Su pueblo del desas­tre y la opre­sión para seguri­dad y paz. Rescate es el pago o reden­ción de alguien o de algo que ha sido cap­tura­do. Israel era de Jehová y Él la entre­garía al resto de las naciones, incluyen­do a Egip­to, a Etiopía, y a Seba, lo cual incluye a todas las naciones cono­ci­das de África de ese tiem­po. Ya sea que, como pien­san algunos eru­di­tos, esto tiene ref­er­en­cia a la con­quista de Egip­to en el 525–522 A.C. por Cam­bi­as­es, hijo de Ciro, esto es incier­to.

      4 La primera pal­abra en este ver­sícu­lo (Porque) da prob­le­mas a var­ios comen­taris­tas. Es tra­duci­do de difer­entes for­mas: “de la época” (Alexan­der); “debido a” (Delitzsch, Leupold); “debido al hecho que” (Young); “puesto que” podría ser la tra­duc­ción más rep­re­sen­ta­ti­va. A mis ojos fuiste de gran esti­ma, de gran val­or; entonces Jehová red­imirá a Israel a gran cos­to. Hay tam­bién varias tra­duc­ciones para la pal­abra hebrea que la Ver­sión Amer­i­can Stan­dard tra­duce hon­or­able: “has sido hon­or­able” (Alexan­der, Young); “[eres] hon­or­able” (Leupold); “de alta esti­ma” (Delitzsch). A pesar de las incer­tidum­bres en estos ver­sícu­los, sin embar­go, la idea es clara. La posi­ción espe­cial de Israel ante Dios y la respon­s­abil­i­dad que lle­va esa posi­ción ha hecho hon­or­able a la nación, digna de hon­or. (Para recibir ese hon­or, deben, de hecho, vivir en una relación apropi­a­da ante Él.) La cláusu­la yo te amé traza el favor de Dios “has­ta su raíz más pro­fun­da – el amor de Dios” (Leupold). Debido a que el pueblo de Israel es hon­or­able y pre­cioso ante Él, Jehová, en Su amor por ellos, los pone por arri­ba de todas las naciones, da a otros a cam­bio por ellos.

      5–6 El Señor reit­era las pal­abras con las que intro­du­jo esta pro­fecía: No temas, porque yo estoy con­ti­go (ver vers 1; 41:10,13,14) porque el agua y el fuego (ver vers 2) están por venir. Él está miran­do ade­lante hacia el tiem­po cuan­do el pueblo será dis­per­sa­do a las cua­tro esquinas de la tier­ra. Alexan­der obser­va que Dios no dice, “Yo los traeré de regre­so,” en el tiem­po de la restau­ración, sino traeré tu gen­eración, lina­je o descen­di­entes, de las cua­tro direc­ciones – ori­ente, poniente, norte, y sur. Es Dios el que los traerá, jun­tán­do­los en uno. Al norte, dice, Da acá; y al sur: No deten­gas; trae de lejos mis hijos, y mis hijas de los con­fines de la tier­ra. Todos sus hijos son inclu­i­dos. No es dirigi­do a ningún indi­vid­uo o grupo par­tic­u­lar ni es man­da­do traer jun­tos al pueblo de Dios. En vez de eso, la idea es, “Sufra todo mi pueblo para regre­sar a mí; nadie ni nada lo imp­i­da.” El rema­nente que retornará de Babilo­nia o ven­drán jun­tos bajo el Sier­vo serán aque­l­los que “volverán a mi de todo su corazón” (Jer 24:7).

      7 Inclu­i­dos entre los que van a ser traí­dos y reunidos están todos los lla­ma­dos de mi nom­bre, los hijos y las hijas de Dios, el Israel espir­i­tu­al. Ellos fueron crea­d­os – traí­dos a la exis­ten­cia – por la propia glo­ria de Jehová, que es el obje­ti­vo final de toda la obra de Dios. Para ser reunidos jun­tos están todos los que for­mé – los que sobre Dios obró en la his­to­ria para que Él pudiera pon­er de man­i­fiesto una nación pecu­liar – los for­mé y los hice. Dios for­mó o hizo a Israel como un refle­jo espe­cial de Su glo­ria (ver vers 1). Si bien este pasaje habla del retorno del rema­nente des­de el exilio, cier­ta­mente obser­va tam­bién más allá de la reunión de todo el pueblo lla­ma­do por el nom­bre de Dios. Esto solo fue cumpli­do bajo el Sier­vo Jesu­cristo, que Dios señaló para la obra.

Un Nue­vo Desafío para Israel y para las Naciones (vers 8–13)

 

      8 Jehová llamó pre­vi­a­mente a los dios­es a una corte de inquisi­ción para exam­i­nar sus declara­ciones de ser dei­dad (41:1–7,21–24). Él aho­ra lla­ma al sier­vo Israel ciego y sor­do a reunirse con Él en una corte de inquisi­ción seme­jante. No obstante ciego y sor­do, Israel tiene ojos y oídos con los que puede ver y oír si sola­mente lo quisier­an; el Señor bus­ca abrir sus ojos y sus oídos por medio de señalar las obras mar­avil­losas que ha hecho en y por medio de ellos.

      9 Jehová lla­ma tam­bién a las naciones paganas a asi­s­tir a la sesión, retán­do­los como lo hizo con sus ído­los (41:21–24) para declarar algo que fue pro­fe­ti­za­do y que ha sido cumpli­do entre ellos. Pre­sen­ten sus tes­ti­gos, y jus­tifíquense, para que su con­fi­an­za y ado­ración de los ído­los pudiera ser defen­di­da. Dios desafía a las naciones a que nos dé nuevas de esto, y que nos haga oír las cosas primeras, esto es, que señale los difer­entes even­tos que sus dios­es pro­fe­ti­zaron y como se lle­varon a cabo. Si las naciones no pueden jun­tarse para este desafío, oigan (lo que Jehová tiene que decir), y digan: Ver­dad es. Cuan­do una per­sona hon­es­ta exam­i­na sus suposi­ciones y no encuen­tra evi­den­cias sobre las cuales acep­tar­las, debería estar dis­puesto a oír la otra parte. Cuan­do se pre­sen­ta sufi­ciente evi­den­cia a favor de la otra parte, podría decir, “es ver­dad.” Hoy como entonces, este prin­ci­pio nece­si­ta ser recono­ci­do en la inves­ti­gación de todas las reli­giones.

      10 El Señor se dirige aho­ra a Israel: Vosotros sois mis tes­ti­gos, dice Jehová, y mi sier­vo que yo escogí. Como pueblo espe­cial de Dios, Israel es Su sier­vo y su men­sajero (42:19), y aho­ra es tam­bién Su tes­ti­go. La pal­abra tes­ti­go es común en los medios de los tri­bunales; un tes­ti­go es alguien que ha cono­ci­do de primera mano sobre un even­to y puede dar un tes­ti­mo­nio pre­ciso sobre eso. El pueblo de Israel puede dar tes­ti­mo­nio que Jehová es Dios, no solo a las naciones, sino tam­bién a sus pro­pios escép­ti­cos. Al com­parar la obra de Jehová con la de los ído­los, y el tes­ti­mo­nio de los páganos con sus pro­pios ído­los, Israel puede dis­tin­guir con clar­i­dad el poder de Jehová y la impo­ten­cia de los ído­los. Entonces pueden venir para que me conozcáis y creáis; lle­garían a estar firme­mente estable­ci­dos en su fe, no fluc­tuan­do ya más en una cosa y otra. Ellos enten­derán que yo mis­mo soy; esto es, recono­cerán a Jehová como el úni­co Dios. Porque antes de mí no fue for­ma­do Dios, ni lo será después de mí. En tan­to que se ha esta­do enfa­ti­zan­do sobre los paganos la vanidad de sus dios­es, Jehová enfa­ti­za aquí sobre Su pro­pio pueblo vac­ilante la ver­dad que solo Él es el Dios eter­no.

      11 Jehová con­tin­ua enfa­ti­zan­do Su pun­to: Yo, yo Jehová, el “Yo soy,” el eter­na­mente exis­tente y el úni­co todo prov­i­dente; y fuera de mí no hay quien salve. Cuan­do el pueblo se encuen­tra a si mis­mo en el exilio en Babilo­nia, se darán cuen­ta que no hay sal­vación en ningún otro. Jonás aprendió esta lec­ción en el vien­tre del pez; él clamó, “la sal­vación es de Jehová (Jonás 2:9). Cuan­do el hom­bre rec­haza a Dios, cualquier esper­an­za de encon­trar la lib­eración de la esclav­i­tud es cas­ti­ga­da; no hay ningu­na otra fuente de sal­vación.

      12 Jehová declara que Él mis­mo ha cumpli­do lo que Él desafió a las naciones que hicier­an (vers 9): Él ha anun­ci­a­do, ha dado a cono­cer lo que hará en el futuro; Él ha sal­va­do, esto es, ha lib­er­a­do a Su pueblo de Egip­to y de Sena­que­rib, y Él los lib­er­ará de Babilo­nia, y Él ha hecho oír, ha repor­ta­do en una for­ma clara e inequívo­ca el cumplim­ien­to de lo que pro­fe­tizó con ante­ri­or­i­dad. Cuan­do Él dice, y no hubo entre vosotros dios ajeno, Él no está dan­do a enten­der que no había idol­a­tría en medio del pueblo, sino que no había otro dios con el que Jehová colaboró o que hubiera pro­fe­ti­za­do todas las cosas que serían hechas; Jehová se sos­tu­vo y actuó solo. Vosotros, pues, sois mis tes­ti­gos, tes­ti­f­i­can­do la dei­dad abso­lu­ta de Jehová. Él ha mostra­do con clar­i­dad que es capaz de mostrar el fin y el ini­cio y hac­er que suce­da, lo cual no puede ser nega­do. Como Jehová y Dios, Él es tan­to el úni­co que existe eter­na­mente, el Dios del pacto, y el Señor de poder y for­t­aleza que es capaz de lle­var a cabo Su propósi­to. (Var­ios sig­los más tarde, Israel sería sim­i­lar­mente un tes­ti­go de la dei­dad de Cristo.)

      13 Al seguir el tex­to, Aun antes que hubiera día, yo era; o la lec­tura al mar­gen, ¿“Des­de este día en ade­lante Yo era”?  No obstante que algunos comen­taris­tas están divi­di­dos en que acep­tar, es preferi­ble seguir el tex­to; porque des­de el ini­cio del tiem­po, Dios ha esta­do pre­sente en Su creación y en la his­to­ria. Él estu­vo pre­sente con la primera gen­eración y estará pre­sente con la últi­ma (41:4). Nadie puede quitar de un tirón a una per­sona o a una nación que está en Su mano. Y cuan­do Él pro­pone una obra, ningún dios puede impedirla.

El Poder de Jehová para Quitar Obstácu­los en la Reden­ción de Su Pueblo (vers 14–21)

 

      14 Como Reden­tor Jehová actúa de una for­ma con­sis­tente con Su propia san­ti­dad, que es enfa­ti­za­da con­stan­te­mente en la frase el San­to de Israel. Él había crea­do a Israel para Su glo­ria (vers 7), y aho­ra actúa hacia esa nue­va creación en tal for­ma que “mis ala­ban­zas pub­licara” (vers 21). Por vosotros envié a Babilo­nia, una aparente ref­er­en­cia a Ciro, al que lev­an­taría y enviaría con­tra Babilo­nia (41:1–7; 44:28–45:7; 48:14; ver 13:17; 21:2). Note que en una vez más Jehová habla de una acción futu­ra como si ya estu­viera hecha. El pueblo de esa orgul­losa y poderosa nación los haría descen­der como fugi­tivos, esto es, como un pueblo que huye de un ene­mi­go. Descen­dería en las naves de que se glo­ri­a­ban, las naves de com­er­cio que habían traí­do gran rego­ci­jo por medio de los tesoros que habían enrique­ci­do la ciu­dad. Las naves de las que Babilo­nia esta­ba tan orgul­losa se con­ver­tirían en el pendón de su humil­lación descen­di­en­do ante sus ene­mi­gos. Jehová está declaran­do por este medio Su con­trol sobre las naciones, tan­to en la poderosa Babilo­nia como en el que Él envía con­tra ella.

      15 Jehová no solo con­tro­la las poten­cias paganas, al enviar a Ciro con­tra Babilo­nia; sino tam­bién, como el Creador de Israel, ejerce con­trol sobre su des­ti­no. La nación podría estar en el exilio en Babilo­nia, pero Él es aún su Rey y no lo olvi­dará; Él los lib­er­ará por Su propia com­pla­cen­cia.

      16–17 El Señor no solo deter­mi­na el des­ti­no de las naciones y mold­ea y da for­ma a Israel hacia un fin, tam­bién ejerce Su poder cre­ati­vo y con­tro­lador sobre la nat­u­raleza. Abrió un camino en el Mar Rojo y una sen­da en las aguas fieras e impetu­osas para que Su pueblo pudiera pasar en medio de ellas. Además, es solo por Su decre­to abso­lu­to y el ejer­ci­cio de Su poder divi­no que los ejérci­tos pueden actu­ar. Los car­ros y los cabal­los, los ejérci­tos y los hom­bres poderosos son destru­i­dos por Su vol­un­tad, como cuan­do las fuerzas del Faraón inten­taron perseguir a Israel y perecieron cuan­do las aguas regre­saron a su posi­ción orig­i­nal (ver Sal 76:5–6). Todas estas poderosas fuerzas humanas caen jun­ta­mente para no lev­an­tarse; fenecen, como pábi­lo quedan apa­ga­dos. Son como una lám­para cuya luz está extin­guién­dose. El ver­bo usa­do aquí siem­pre se rela­ciona al hecho de apa­gar un fuego, ya sea en for­ma fig­u­ra­da o lit­er­al;[1] desa­parece de la vista.

      18–19 El pueblo es urgi­do a dejar de mirar y apelar al pasa­do (excep­to para apren­der de sus ejem­p­los y adver­ten­cias), y mirar en lugar de eso al futuro. Jehová prom­ete que Él hará cosa nue­va que ellos verían y sabrían. Al señalar lo que Él hará por medio de Su Sier­vo ide­al, Jehová ya había dicho, “yo anun­cio cosas nuevas; antes que sal­gan [broten] a luz, yo os las haré noto­rias” (42:9); estas cosas están en el futuro lejano. Pero la cosa nue­va frente a Él está más inmedi­a­ta: pron­to sal­drá a luz; la gen­eración a quien se dirigió par­tic­i­pará en ella. Como el Reden­tor de Israel de los egip­cios, así Él abrirá camino en el desier­to, y ríos en la soledad para un nue­vo éxo­do. Por Su prov­i­den­cia y poder proveerá un camino para el via­je de retorno del exilio y pro­por­cionará agua para su sed. Aunque Él prob­a­ble­mente no pro­du­jo ríos lit­erales para que bro­taran mila­grosa­mente a la exis­ten­cia, Él proveyó para las necesi­dades del pueblo.

      20–21 En lengua­je alta­mente proféti­co sim­i­lar al usa­do por Job, “Cuan­do alaba­ban todas las estrel­las del alba” (38:7), y por un salmista, “los árboles del bosque rebosarán de contento,/Delante de Jehová” (Sal 96:12–13; ver Isa 55:12 – “los árboles del cam­po darán pal­madas de aplau­so”), el pro­fe­ta dice que los ani­males del cam­po y las criat­uras sil­vestres de las áreas desér­ti­cas hon­rarán a Jehová. Como el mun­do ani­mal sufrió debido al juicio sobre los hom­bres por sus peca­dos (ver, por ejem­p­lo, Jer 14:6; Ose 4:3; Joel 1:18), así aho­ra en algu­na for­ma ellos com­parten las ben­di­ciones otor­gadas por Dios sobre un pueblo red­imi­do. El pueblo for­ma­do por Jehová para Si mis­mo será dado a luz de tal for­ma que puedan alabar­lo; esto será la meta de Su pueblo.

La Indifer­en­cia de Israel – La Gra­cia de Jehová (vers 22–28)

 

      22 A pesar de la pre­ocu­pación de Jehová por Israel y Su deseo de influir en su rep­re­sentación, el pueblo ha sido indifer­ente a Él y a Su bon­dad. Él tiene el poder para lib­er­ar y proveer para sus necesi­dades, pero ellos no han acu­d­i­do a Él. En lugar de eso se cansaron de Sus caminos y del ejer­ci­cio nece­sario para Servir­le.

      23 La segun­da acusación direc­ta con­tra el pueblo se rela­ciona con el rit­u­al del sac­ri­fi­cio: No me tra­jiste a mí los ani­males del holo­caus­to; ni a mí me hon­raste con tus sac­ri­fi­cios. ¿Qué sig­nifi­ca esto, la nat­u­raleza pre­cisa de la ofen­sa? ¿La nación ha fal­la­do al sac­ri­ficar debido a que se ha vuel­to a la idol­a­tría? ¿Es un asun­to de indifer­en­cia al rit­u­al mosaico? ¿O Dios está eno­ja­do debido a que los cau­tivos en Babilo­nia no lle­van a cabo los ritos? Las primeras dos posi­bil­i­dades son descar­tadas; porque no obstante que el pueblo podría servir a ído­los, no son indifer­entes a ofre­cer el sac­ri­fi­cio; como una prác­ti­ca, son abun­dantes en ello (ver 1:10–16). La ter­cera posi­bil­i­dad se descar­ta sobre la base que todos los sac­ri­fi­cios debían ser ofre­ci­dos en Jerusalén; Jehová no haría respon­s­able al pueblo por no ofre­cer sac­ri­fi­cios si esta­ban en Babilo­nia. La expli­cación más plau­si­ble es que su ofrec­imien­to no era de corazón; la cer­e­mo­nia está allí pero fal­ta el ver­dadero espíritu y el sen­ti­do. Ellos ofre­cen sac­ri­fi­cios para ase­gu­rar la pro­tec­ción del Señor y para inten­tar por medio de cer­e­mo­nias for­males escapar de Su ira. El pueblo había equiv­o­ca­do el moti­vo del sac­ri­fi­cio. No se inten­tó ser una car­ga por parte del Señor, sino un medio de comu­nión gozosa con Él.

      24 La caña aromáti­ca que el pueblo no ha traí­do para Jehová es con­sid­er­a­da por la may­oría de los comen­taris­tas para ser una plan­ta aromáti­ca impor­ta­da de otro país en vez de la caña aromáti­ca con la que esta­mos famil­iar­iza­dos. Era prob­a­ble­mente usa­da en incien­so o en aceite para untar. Este pun­to es incier­to. De todos mod­os, en vez de traer la caña aromáti­ca y que sat­is­facía a Dios con la ofren­da con­ciente de la gro­sura que Le pertenecía, el pueblo Lo ago­b­ió con sus peca­dos y Lo can­só con sus iniq­uidades. Esta acti­tud, que fue la car­ac­terís­ti­ca de sus vidas en gen­er­al, nuli­ficó cualquier mer­i­to posi­ble de sus ofren­das. No parece haber esta­do restringi­do a un perío­do especí­fi­co sino a un prob­le­ma per­sis­tente en la his­to­ria de la nación.

      25 No obstante que es omnipo­tente, como es demostra­do en Su poder sobre Babilo­nia, sobre Ciro y sobre los medos que Él usó para destru­ir a Babilo­nia, y tan­to sobre la nat­u­raleza ani­ma­da como la inan­i­ma­da (vers 14–21), Jehová solo podría hac­er lo bueno por Israel si el pueblo se volvía de sus peca­dos. Yo, yo soy el que bor­ró tus rebe­liones; este es un acto de gra­cia pura de Su parte y no el resul­ta­do de ningún mer­i­to de parte de ellos. El perdón viene por medio de la fe en Él y no por medio de sac­ri­fi­cios cer­e­mo­ni­ales real­iza­dos como mera for­mal­i­dad. Dios dice que él bor­ra las trasgre­siones por amor de mí mis­mo, esto es, de tal for­ma que Él pudiera demostrar la com­bi­nación apropi­a­da de la mis­eri­cor­dia div­ina y la jus­ti­cia, expre­sa­da en amor, juicio, y gra­cia. Cuan­do son bor­ra­dos, los peca­dos ya no son recor­da­dos – “Cuan­to está lejos el ori­ente del occidente,/Hizo ale­jar de nosotros nues­tras rebe­liones” (Sal 103:12).

      26 El Señor urge aho­ra a Israel a que Lo hagan recor­dar, a traer a la mente Su infini­to ser y carác­ter san­to (como se expu­so en el cap 40), Su ley san­ta que les fue dada para su bien. Su cuida­doso amor y mis­eri­cor­dia com­pa­si­va, y Su dis­posi­ción para per­donar y recibir de vuelta en Su seno a los que Lo escuchan. Él hace aho­ra una peti­ción llena de recuer­dos tan­to de la invitación que Él emi­tió al comien­zo del libro (1:18) y Su lla­ma­do a las naciones (41:21–24): entremos en juicio jun­ta­mente; habla tú para jus­ti­fi­carte. Si hay algu­na base o mer­i­to en ust­edes para garan­ti­zar su lib­eración, trái­gan­la al frente; Jehová está lis­to para escuchar. Si no hay base en ust­edes que amerite la lib­eración por parte de Dios, entonces la lib­eración estará basa­da en Su amor y favor no mere­ci­do.

      27 Israel no podía pre­sen­tar la exce­len­cia en los fun­da­men­tos de sus antepasa­dos, porque Tu primer padre pecó, Los eru­di­tos han inter­pre­ta­do en diver­sas man­eras esta ref­er­en­cia: Adán, Abra­ham, Jacob, y aún David; pero parece que Jacob es el padre con­sid­er­a­do aquí, porque él había gana­do la ben­di­ción y la pri­mo­gen­i­tu­ra por medio del engaño y de una com­pra no her­man­able. Y tus enseñadores (“inter­pretes,” del hebreo) pre­vari­caron con­tra mí; esto es, los pro­fe­tas, los sac­er­dotes, y otros que debían haber dado una instruc­ción apropi­a­da en la ley pecaron al dar en su lugar enseñan­za fal­sa. Así, des­de su padre Jacob has­ta el pre­sente el pueblo ha sido ani­ma­do por el ejem­p­lo y el pre­cep­to a trans­gredir la ley div­ina.

      28 Sin embar­go, el pueblo es aún respon­s­able por su ale­jamien­to de Dios; porque así como había habido mae­stros infieles, tam­bién había habido pro­fe­tas y mae­stros fieles entre ellos. Por tan­to, con­se­cuente­mente o a la luz de esto, Jehová pro­fanó los príncipes del san­tu­ario. La pal­abra príncipes, que podría referirse a gob­er­nadores de la realeza, deno­ta tam­bién caudil­los o líderes en el san­tu­ario; deberían haber sido san­tos, con­sagra­dos a su min­is­te­rio. El Señor los pro­fa­nará al enviar­los a Babilo­nia, una tier­ra y reino pro­fano e impuro. Even­tual­mente pon­drá por anatema a Jehová, esto es, lo consignará a la destruc­ción, y por opro­bio a Israel, un obje­to de lengua­je abu­si­vo. Aunque este juicio fue en parte total­mente cumpli­do por la cau­tivi­dad de Babilo­nia, el cur­so y la den­i­gración ha con­tin­u­a­do a lo largo de toda la his­to­ria de Israel; ellos con­tinúan vivien­do cen­sura.


[1]  The­o­log­i­cal Word­book of the Old Tes­ta­ment, vol. 1, pág. 428.

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