Capítulo 57 Una Amonestación a la Maldad de los Días de Isaías

“Bienaventurados Son los Muertos que Mueren en el Señor” (vers 1-2)

      1 En contraste a los atalayas y a los pastores indiferentes e infieles que se dan al sueño y a la bebida (56:9-12), Perece el justo, y no hay quien piense en ello. La palabra perece puede indicar ya sea una muerte violenta o natural. El hombre justo perece sin ser observado, y su influencia sobre el mundo impío se pierde. Cuando el hombre misericordioso o piadoso es arrebatado, nadie considera que su existencia que es quitada de delante de la aflicción que viene sobre la nación es en realidad una bendición para él: él será guardado de la calamidad. La descripción paralela de Míqueas del pueblo antes del período del exilio (Mi 7:2; ver 2 Rey 22:20) confirma que este pasaje no se refiere a las condiciones posteriores al exilio.

      2 Entrará en la paz; no solo el justo escapará a la aflicción que está por venir sobre el pueblo, sino que también participará del bienestar, de la integridad, y de la plenitud por la que el alma del justo está ansioso. Descansarán en sus lechos – esto no es para decir que el justo dejará de laborar, sino que experimentará el descanso eterno de la victoria y la redención que el Señor pretende para Su pueblo (Heb 4:9; ver Sal 95:11). A la luz del contexto, lechos aparentemente significa el lugar de descanso de los que fallecen, como cuando David dijo, “Y si en el Seol hiciere mi estrado, he aquí, allí tú estás” (Sal 139:8). El descanso eterno en Jehová es la recompensa del hombre que camina delante de Dios, o “lisa y llanamente,” el hombre que “ha caminado una trayectoria recta a través de su vida” en conformidad con el estándar ético y moral de Jehová.[1] Su futuro será de paz y reposo. Este concepto del futuro del justo vislumbra la revelación total en el Nuevo Testamento.

La Idolatría y la Infidelidad Amonestadas Severamente (vers 3-13)

 

      3 La palabra Mas introduce un contraste entre el justo y el impío de los versículos 1-2 y los idolatras de los versículos 3-13. Los hijos de la hechicera, generación del adultero y de la fornicaria, son instruidos a acercarse y oír lo que Jehová tiene que decir por medio de Su profeta. Aquí tenemos una descripción del carácter espiritual de la nación, una recapitulación de los cargos hechos en los capítulos 1 y 2. Los ciudadanos de Judá son hijos de la idolatría, los descendientes del pueblo que dio la espalda a Jehová por la hechicería de los paganos, y la posteridad de los adúlteros espirituales que fueron a prostituirse ante los dioses falsos. El rechazo de Jehová y la adoración verdadera ha resultado en la apostasía y en la maldad excesiva (ver 1:4, 21: 2:6).

      4 El mostrar el desprecio por alguna persona justa entre ellos mostrando la lengua por la gran abertura de la boca, ambas muestras de mofa (Sal 22:7), el pueblo de Jehová está en realidad despreciando a Jehová. Al trasgredir la ley de Dios y servir a los ídolos, no a la justicia, ellos son los despreciables: ¿No sois vosotros hijos rebeldes, generación mentirosa? Ellos son la descendencia espiritual de la idolatría, que es una mentira (44:20), y de la imagen fundida del orfebre (Jer 10:14). Nosotros somos los hijos y los siervos de aquello que hacemos y servimos (Juan 8:44; Rom 6:16).

      5 Los siguientes versículos son una descripción gráfica de la idolatría que fue fuertemente condenada antes del exilio. No hay registro de tales prácticas después del retorno de Babilonia. La adoración idolatra fue llevada a cabo debajo de todo árbol frondoso (ver 1:29); estos altares paganos deberían haber sido destruidos (Deut 12:2), pero no lo fueron. En tales lugares Israel “fornicó” (Jer 3:6; Os 4:13-14); Judá y su rey Acaz lo hicieron del mismo modo (1 Reyes 14:23; 2 Reyes 16:4). Los altares fueron levantados “sobre todo collado alto, en todas las cumbres de los montes, debajo de todo árbol frondoso y debajo de toda encina espesa, lugares donde ofrecieron incienso a todos sus ídolos” (Ez 6:13). Aquí los idolatras están exaltados, encendidos emocional y sexualmente, porque las perversiones sexuales fueron una parte de la adoración de Canaán adoptada por el pueblo (ver Amos 2:7). La abominación de un hijo sacrificado a Moloc, que fue condenado por Moisés (Lev 18:21; 20:1-5), fue practicado por los reyes de Israel (2 Reyes 17:17), por Acaz y Manasés, reyes de Judá (2 Reyes 16:3; 21:6), y también por el pueblo. Ellos practicaron esta abominación en los valles, especialmente en el valle de Hinom, que Jehová dejaría totalmente desolado (Jer 7:31-34), y debajo de los peñascos, probablemente en lugares ocultos o lugares difíciles de encontrar.

      6 La frase En las piedras lisas del valle presenta dificultades, porque la palabra piedras, porque la palabra piedras no está en el texto original. La referencia podría ser a las piedras lisas de las que fueron construidos los altares de Moloc o los mismos ídolos. Puesto que la palabra hebrea traducida lisas puede significar también “resbaloso,” la referencia podría ser a un lugar donde alguien podría resbalarse y caer, las piedras falsas del error. De todas maneras, los idolatras encontrarán aquí su porción, su parte, una herencia o recompensa árida e improductiva; porque aquí ellos han estado tomando – y ofreciendo viandas a los ídolos. Jehová tomará venganza sobre los que hicieron tales ofrendas; ellos serán abandonados a la falsedad de sus dioses falsos. Esta será su porción.

      7 El profeta cambia su atención de los valles a las alturas – el monte alto y empinado donde fueron levantados los altares. Esto sugiere que la idolatría era practicada en todo lugar en aquellos días – en los valles, en los montes, y en medio de ellos. Los idolatras rebeldes no buscaban la cama de descanso y de paz encontrada por los justos (vers 2), sino la cama de la idolatría  sobre un monte alto: allí también subiste a hacer sacrificio. La naturaleza accidentada del terreno indica que Isaías está hablando de la tierra de Judá, no de Babilonia; la condenación de la idolatría indica ese periodo antes del exilio, no después, está a su vista.

      8 Detrás de las puertas o pilares de su casa los idolatras han colocado un recuerdo, probablemente una imagen que le recuerda la deidad a la que sirve e invoca en voz alta. Porque a otro, y no a mí, te descubriste; Judá se está comportando como una esposa infiel y adultera que traiciona su pacto con su esposo y abraza a otro hombre. Judá se ha quitado de encima su fidelidad a Jehová, al darse a si misma a la idolatría y cometiendo adulterio espiritual. Como una mujer de carácter indecoroso hace preparativos para su amor ilícito, así Judá ha tomado la iniciativa al ensanchar su cama para su pecado. Mientras que ella aún estaba casada con Jehová (50:1), ella ha entrado en un pacto con otros; ella ama la cama de los paganos donde sea que ella la ve. En esto, Judá ha seguido el ejemplo de su hermana perversa Israel, que “adulteró con la piedra y con el leño” (Jer 3:9). En vez de rechazar aborreciendo dondequiera que ella viera dioses extranjeros y costumbres paganas, ella las ama y las acepta, estrechando la mano con los extranjeros (ver 2:6-8).

      9 Cualquier forma de idolatría erosiona la fe en Dios; entonces, es solo natural que la idolatría descrita por el profeta haya llevado a Judá a buscar por la ayuda de alguien más que Jehová. Algunos comentaristas describen al pueblo de Judá como ungiéndose a ellos mismos con aceite. Parece más probable, sin embargo, que ellos están llevando aceite como un presente a un rey no mencionado y están haciéndolo con ellos mismos más que apelando a perfumarse ellos mismos. No es especificado ningún rey en particular, pero tenemos un mensaje enviado por cuenta de Acaz a Tiglat-pileser, rey de Asiria: “Yo soy tu siervo y tu hijo: sube, y defiéndeme de la mano del rey de Siria, y de la mano del rey de Israel” (2 Reyes 16:7). Y en los días de Ezequías fueron enviados a Egipto embajadores llevando tesoros para formar una alianza con el faraón (30:1-6). La declaración del profeta que el pueblo de esta forma se ha corrompido a si mismo hasta la profundidad del Seol indica la profundidad a la que ellos han inclinado en su desviación de Dios.

      10 Aunque ella llegará a cansarse en el camino que ha escogido y en su búsqueda por ayuda, Judá nunca había reconocido o admitido, No hay remedio – no hay beneficio. En lugar de renovar sus fuerzas en Jehová (40:31), el pueblo había encontrado un avivamiento momentáneo falso de fortaleza en sus ídolos. Por tanto, no te desalentaste (enfermaste), no se rindió totalmente. La naturaleza humana no cambia; hoy, en lugar de encontrar satisfacción para las necesidades espirituales y fortaleza en el Señor, multitudes están buscando ayuda en los cultos y en las falsas religiones. Tales recursos podrían servir por el momento, pero al final están condenados al fracaso.

      11 ¿Y de quién te asustaste y temiste? – la palabra asustaste denota ansiedad y zozobra; temiste sugiere terror o temor reverencial de los dioses ídolos. Si alguien tiene una actitud apropiada hacia Jehová, no hay lugar para la ansiedad, por el temor a los ídolos o de los reyes extranjeros, por la reverencia de los dioses paganos. Pero la actitud del pueblo hacia el Señor ha sido una de negligencia e indiferencia, si bien no una rebelión flagrante real. Ellos han vivido una mentira delante de Él, practicando una justicia falsa; no se han acordado de Él en tiempos de crisis; y no han expuesto el corazón al poder de Dios para liberarlo, la grandeza de su pecado contra Él, y el terror de Sus juicios. Por un largo tiempo, se habían sujetado a Su paz, frenando los juicios contra ellos; pero Su paciencia en nada había aprovechado. Ellos se han rehusado a oírlo y a rendir ese temor de reverencia que merece Su santo nombre.

      12 Yo publicaré tu justicia – Jehová dirá o hará conocer a todos lo que no es justo. La justicia de Judá es “como trapo de inmundicia (sucio)” (64:6), y Jehová expondrá lo que ellos son realmente. Todo el celo de Judá en hacer y servir ídolos y su ferviente apelación a los reyes será inútil; estas actividades solo traerán juicio y destrucción sobre ellos.

      13 Vendrá el tiempo cuando la nación clamará por ayuda a Jehová, pero será demasiado tarde. Clamarán a los ídolos que han reunido y servido, y a los reyes a los que han apelado; permitirán que los dioses y reyes extranjeros los ayuden. Pero tanto los reyes como los ídolos son impotentes ante Jehová, porque ellos son vanidad y confusión (41:29), serán llevados por el viento y traídos a la nada por el aliento de la boca de Jehová (ver 11:4; 40:24). Más el que en mi confía tendrá la tierra por heredad, y poseerá mi santo monte (ver Nahúm 1:7). ¡Qué contraste al destino de los idolatras (vers 6)! La posesión original de Israel de la tierra fue incondicional; fue dada a Israel en cumplimiento a la promesa hecha a Abraham (Gén 12:7, etc.), y se pretendió que fuera suya permanentemente, “para siempre” (Éxodo 32:13). Pero el retener la tierra fue condicional (Lev 26:14-45); si ellos se alejaban de Jehová y no guardaban Su pacto, sino que sirvieran a los ídolos, les sería arrancada la tierra y dispersados (Deut 28:63-64). Cuando profetizó Isaías, había sin embargo una posibilidad de escapar de la cautividad. Si el pueblo renunciaba a los ídolos y confiaba en Jehová en vez de algún poder extranjero o en ellos mismos, poseerían la tierra perpetuamente y mantendrían su santo monte como una herencia.

El Amor Condescendiente de Dios (vers 14-21)

 

      14 Las palabras abiertas de este párrafo, Y dirá (“será dicho,” al margen), deja a la voz celestial sin identificar; pero la frase mi pueblo aclara que Jehová es el vocero. El Señor requiere de un camino real: barred el camino del pueblo de Dios para que retorne a Él (ver 11:16; 35:8). Quitad los tropiezos del camino de mi pueblo; quiten del camino por las que el pueblo volverá, todo lo que les causó tropiezo – el pecado de la idolatría y de la incredulidad, los corazones duros y cerrados, los facinerosos que dan ocasión de tropiezo. Quitar estos obstáculos y  moldear el camino para el viaje.

      15 Habiendo pronunciado este llamado, Jehová se identifica a Si mismo  como el Alto y Sublime, el único ser que tiene el derecho de emitir tal mandamiento y la capacidad de garantizar la promesa que sigue. En capítulos anteriores Jehová ha apelado repetidamente a Su pueblo sobre la base de Su grandeza y la grandeza de Su nombre. Él es el Alto y Sublime, el que habita la eternidad – Él trasciende Su creación y es eterno en Su ser. El nombre de alguien resume todo lo que él es; el nombre de Jehová Santo resume la perfección de Su ser y lo pone aparte de todo lo que es profano. Él habita en habita en la altura y la santidad, en el mismo cielo (ver 1 Reyes 8:27; Hab 2:20; Zac 2:13). No obstante que Él es tan infinitamente grande y sublime, Él condesciende a habitar con el quebrantado y humilde de espíritu. El espíritu quebrantado es la persona con el corazón partido que está aplastada bajo el peso del pecado; el espíritu humilde es la persona que se inclina ante Jehová, reconociendo su pecado y total dependencia del Señor. Jehová condescenderá en habitar con tal persona; Su presencia reanimar el espíritu contrito y el corazón humillado. El espíritu es la conciencia espiritual del hombre, el asiento de su conciencia, de las emociones, y de la voluntad. Esta es la gracia que Jehová ofrece a aquellos que aceptarían la corrección por el pecado y se someterían a Su voluntad.

      16 Jehová no seguirá reprobando y contendiendo por siempre, ni para siempre me (Él) enojaré; porque si Él no pusiera restricciones a Su ira, todos serían consumidos completamente. Entonces, “por amor de mi nombre diferiré mi ira…para no destruirte” (48:9). Si esto no fuera hecho, la vida interior total del hombre sería exterminada por la desesperación sin remedio, y el propósito de Dios para lo que creó al hombre fracasaría. Por consecuencia, entiéndase “que la paciencia de nuestro Señor es para salvación” (2 Ped 3:15), tanto entonces como ahora.

      17 A los pecados de la idolatría (vers 3-8), la infidelidad mostrada al apelar a reyes extranjeros (vers 9-10), mintiendo y olvidando a Dios (vers 11), es ahora agregado el pecado de la codicia: Por la iniquidad de su codicia me enojé. La palabra traducida codicia significa literalmente “cortar lo que no es de uno,”[2] ambición y deseo por la ganancia personal. Los opresores ambiciosos de los días de Isaías son descritos por Miqueas como caníbales desuellan personas vivas y se los comen; ellos gastan su tiempo pensando la forma de obtener lo que pertenece a otro (Mi 2:1-2; 3:1-4). La ambición tomó la forma de usura incluso en los días después del retorno del exilio (Neh 5:8-11). El espíritu general de la codicia hizo bajar la ira y los juicios de Dios sobre la nación: Él le hirió. El singular usado aquí probablemente se refiere a la nación colectivamente. Al ocultar Su rostro, Jehová retiró Su presencia y refrenó Sus bendiciones del pueblo (ver 8:17; 54:8). A pesar de los juicios de Jehová, la nación siguió rebelde por el camino de su corazón, andando en el camino de un apostata.

      18 A pesar de todo los caminos de la nación que Jehová ha visto, porque los pecados del pueblo han sido cometidos en forma flagrante ante Él, Él le sanará, a Israel. Sanará indica una acción futura, que hará después del día de Su ira. Primero, Jehová promete sanar – el perdón de los pecados y la restauración a una relación apropiada con Él (ver 43:25). Segundo, Él guiará al pueblo, dirigiendo su trayectoria correctamente (40:11; 52:12). Y tercero, Él restaurará el bienestar espiritual que ha sido retirado a causa de los pecados, bienestar que resulta de Su presencia (Sal 23:4). El luto es con frecuencia asociado con la muerte, pero aquí es probablemente una expresión de tristeza sobre la condición de la nación (ver Ez 9:4) – ellos se lamentan de sus caminos pecaminosos (ver 22:12). Ellos serán consolados, porque el enojo de Jehová no es para siempre – “Por la noche durará el lloro,/ Y a la mañana vendrá la alegría (Sal 30:5).

      19 Produciré fruto de labios – la palabra produciré enfatiza comienzo, traer algo nuevo a la existencia. El Señor hará posible que se diga, Paz, paz (ver 26:3: “completa paz”; “paz, paz,” del hebreo), al que está lejos y al cercano. Los términos lejos y cercano podría referirse a los hebreos en su tierra y en el exilio, pero a la luz de la predicación del Nuevo Testamento, ellos podrían también designar a los gentiles y a los judíos (Ef 2:17). Los falsos profetas habían predicado paz cuando no había paz (Jer 6:14; 8:11; Ez 13:10); pero Jehová ahora producirá un nuevo fruto de labios, el mensaje y el estribillo gozoso de paz que seguirá a la sanidad de Jehová a la nación.

      20 En contraste a la serenidad de mente y de corazón de los que son sanados, los impíos son como el mar en tempestad, que no puede estarse quieto. En su estado delirante, sus aguas arrojan cieno y lodo, solo inmundicia, nada que sea bueno. Probablemente solo están en la mente del profeta los judíos impíos, pero sus palabras son una descripción excelente de todos los impíos. Porque en su condición inquieta y no renovada espiritualmente ellos no contribuyen en nada a la vida moral y espiritual. Ellos son evidencias de la declaración del Señor, “El que no es conmigo, contra mí es” (Mt 12:30).

      21 La segunda sección mayor de la Parte 2 cierra con la misma nota que termino la primera: No hay paz, dijo mi Dios, para los impíos (ver 48:22). Ellos no encuentran ni paz ni descanso en su separación de Dios, sino “fieras ondas [espuma] del mar, que espuman su propia vergüenza” (Judas 13).

Capítulo 57. Una Amonestación a la Maldad de los Días de Isaías


[1]  Theological Wordbook of the Old Testament, vol. 2, pág. 579.

[2]  Theological Wordbook of the Old Testament, vol. 1, pág. 122.

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