Algunos escritores sien­ten que este capí­tu­lo es inde­pen­di­ente del capí­tu­lo 64, pero parece obvio que es la respues­ta de Jehová a la oración de la nación. Debido a su rebe­lión e idol­a­tría Él no puede hac­er lo que ellos están implo­ran­do. Él arro­jará lejos la nación car­nal, pero red­imirá o sal­vará un rema­nente. El orden pre­sente dejará de exi­s­tir, y Él creará uno nue­vo.

 

La Destruc­ción de los Apos­tatas: Una Rec­om­pen­sa Jus­ta (vers 1–7)

 

1 Numerosos comen­taris­tas creen que en este ver­sícu­lo Jehová está hablan­do de Su relación con Israel (por ejem­p­lo, Erd­man, p. 155; Leupold, II. 358). De acuer­do al uso de Pablo del pasaje, sin embar­go, esto no es lo que está a la vista de Jehová. La nación de Israel ha ora­do a Dios por ayu­da sobre la base que ellos son Su pueblo. La respues­ta de Jehová es que Él está rec­hazán­do­los y que Él será encon­tra­do por un pueblo que no Lo había bus­ca­do. Pablo apli­ca el ver­sícu­lo 1 a los gen­tiles y el ver­sícu­lo 2 a Israel (Rom 10:21–22). Los gen­tiles no habían bus­ca­do a Dios, ni ellos habían esta­do lla­man­do por Su nom­bre, pero Él hace un lla­ma­do al pueblo de una nación no inclu­i­do has­ta aho­ra (55:5), invitán­do­los por medio del evan­ge­lio (Mt 28:18–19; Mr 16:15–16), como Isaías ha pro­fe­ti­za­do antes (49:6). Aunque Pablo prob­a­ble­mente citó de la ver­sión Sep­tu­aquin­ta y omi­tió parte del pasaje, su apli­cación de él es sin duda el comen­tario que ten­emos.

2 Jehová aho­ra se dirige Él mis­mo a Israel. Exten­der las manos es un gesto de apelación; como alguien en oración lev­an­ta sus manos hacia Jehová, así Él ha alarga­do o exten­di­do sus manos implo­ran­do que la gente Lo oiga. Él ha hecho esto todo el día, de con­tin­uo; Él no los aban­donará has­ta que Él sea forza­do por su obsti­nación. Pero ellos han segui­do sien­do un pueblo rebelde, el cual anda (el ver­bo deno­ta una for­ma de vida) por camino no bueno, sino malo, en pos de sus pen­samien­tos, mecan­is­mos, o planes – ellos hacen lo que desean hac­er (ver 63:10). Esta acti­tud rebelde con­tin­uó aun en la era del Nue­vo Tes­ta­men­to (Hech 7:51). Jehová aho­ra dice con clar­i­dad que es lo que ellos tienen que hac­er en pos de sus pen­samien­tos, y que Su reac­ción es:

3 El pueblo provocó el eno­jo de Jehová por sus insul­tos con­tin­u­os ante Su mis­mo ros­tro, abier­ta­mente, en desafío de Su Dei­dad eter­na; no se esfuerzan en ocul­tar sus actos blas­femos (ver 3:9). Ellos son cul­pa­bles de sac­ri­ficar en huer­tos, una causa de vergüen­za (ver 1:29). Esto es una ref­er­en­cia a las parce­las cer­radas que ellos han con­ver­tido en lugares de ado­ración idol­a­tra (66:17). El sig­nifi­ca­do de que­mar incien­so sobre ladril­los es incier­to. Alexan­der pien­sa que los ladril­los son “altares con­stru­i­dos en for­ma lig­era y pre­cip­i­ta­da.” La ref­er­en­cia podría ser tam­bién a altares que eran con­stru­i­dos en las azoteas de las casas (2 Reyes 23:12), o a los teja­dos en el techo cuan­do el incien­so era que­ma­do al ejérci­to de los cie­los (Jer 19:13; Sof 1:5).

4 Las gentes tam­bién se quedan en los sepul­cros o tum­bas. Aunque es incier­to, esto podría ser una alusión a la nigro­man­cia – con­sul­ta con los muer­tos, bus­can­do el men­saje de ellos en vez del de Dios (ver Lev 19:31; Deut 18:11–12). El aco­mo­do lugares escon­di­dos “podría referirse a los mis­te­rios cel­e­bra­dos en cav­er­nas nat­u­rales y en crip­tas arti­fi­ciales” (Delitzsch). La comi­da de carne de cer­do esta­ba pro­hibi­da por la ley (Lev 11:7; Deut 14:8); esta clausu­la está sien­do aho­ra vio­la­da de man­era noto­ria. El cal­do de cosas inmundas podría haber sido un bre­ba­je con­ce­bido para proveer algún poder mági­co o para rela­cionar a alguien con algu­na dei­dad fal­sa.

5 Los indi­vid­u­os prac­ti­can­do tales abom­i­na­ciones se con­sid­er­an a si mis­mos más san­tos que los ver­daderos ado­radores de Dios. Young pien­sa que el man­damien­to, Estate en tu lugar, no te acerques a mí, porque soy más san­to que tú, es dicho a Dios mis­mo. Esta inter­pretación es dudosa; pero si es cor­rec­ta, rev­ela la pro­fun­di­dad a la que la idol­a­tría puede lle­var a alguien. Aque­l­los que prac­ti­can la idol­a­tría son humo en mi (de Jehová) furor, una causa para el eno­jo pro­fun­do y para un fuego de celosa­mente divi­no que que­ma de man­era con­tin­ua. Los ver­sícu­los 3–5 expo­nen bien la idol­a­tría ter­ri­ble del pueblo (ver Ez 8, la visión del pro­fe­ta de la idol­a­tría sien­do prac­ti­ca­da en Jerusalén).

6 Así como Jehová lle­va la cuen­ta de los jus­tos y de sus acciones (4:3), recor­dan­do las lágri­mas de Sus san­tos (Sal 56:8), y mantiene un reg­istro de los que le temen y pien­san en Su nom­bre (Mal 3:16), así Él lle­va la cuen­ta de los mal­va­dos. En con­se­cuen­cia, no callaré – Él no per­manecerá inac­ti­vo hacia los idol­a­tras rebeldes. La vio­lación del pueblo de Sus leyes está siem­pre ante Él. Él les pagará en su total­i­dad por su con­tin­uo des­cui­do hacia Él y Su ley: Rec­om­pen­saré, y daré el pago en su seno. Seno es un pliegue en un mandil o vesti­do en el que pueden ser lle­va­dos los bienes (ver Rut 3:15), o un sobor­no encu­bier­to (Prov 17:23). En una metá­fo­ra ante­ri­or Jehová dio la pal­abra de que los hijos de Sion serían traí­dos a ella en el seno de los pueb­los (49:22).

7 El peca­do en medio del pueblo, que debe ser rec­om­pen­sa­do en su total­i­dad, había con­tin­u­a­do des­de sus padres (Amos 2:4). Los montes y las col­i­nas habían sido los lugares favoritos para lev­an­tar altares sobre los cuales ofre­cer sac­ri­fi­cios a los ído­los. Estos sac­ri­fi­cios, acom­paña­dos con prác­ti­cas inmorales, habían blas­fe­ma­do a Dios trayen­do reproches sobre Su san­to nom­bre (ver 57:7; Os 4:13). Así en lugar de ben­de­cir al pueblo como ellos lo requerían, Jehová medirá su obra antigua en su seno; Él bal­anceará las escalas para desechar a la nación pecado­ra así como ellos Lo han desecha­do.

 

La Sal­vación de un Rema­nente – La Destruc­ción de los Infieles (vers 8–12)

 

      8 Aunque los impíos serán destru­i­dos, a pesar de eso no la total­i­dad de Israel será desecha­do, porque Jehová guardará un rema­nente. Nadie destruye un raci­mo de uvas bue­nas que desta­ca entre los raci­mos de algu­nas agrias o des­pre­cia­bles (ver 5:4); pero es guarda­do, porque ben­di­ción hay en él, esto es, la ben­di­ción que Dios ha pro­vis­to en las uvas para ali­men­to del hom­bre. Así haré yo por mis sier­vos, los que han escogi­do servirme, que no lo destru­iré todo. Dios prometió una ben­di­ción a todas las naciones en la simiente de Abra­ham (Gén 12:3; 22:18; ver tam­bién la prome­sa a Isaac y a Jacob en Gén 26:2–5; 28:14), y por el bien de Su nom­bre será total­mente cumpli­do. Nadie será cor­ta­do (48:9; ver Jer 24, la visión del pro­fe­ta de las canas­tas de los higos buenos y mal­os).

9 Con el propósi­to de cumplir Su propósi­to, Jehová sacará una descen­den­cia de Jacob, y de Judá heredero de mis montes. Jacob y Judá rep­re­sen­tan al pueblo como un todo. Tan­to Israel como Judá fueron envi­a­dos a la cau­tivi­dad, ambos dejaron de exi­s­tir como reinos políti­cos, y Jehová red­imirá Su rema­nente de ambos. Esta descen­den­cia heredará, ven­drá a poseer, mis montes, lo que equiv­ale a “mi tier­ra” (14:25), “los montes de Sion” (Sal 133:3), Su “monte san­to” (Sal 87:1). El con­tex­to de este capí­tu­lo deja claro que no es una ref­er­en­cia al retorno de Babilo­nia, sino a los que toman refu­gio en Dios (57:13). Siem­pre ha habido condi­ciones morales sobre una pos­esión del pueblo de la tier­ra. Los cananeí­tas fueron arro­ja­dos de su tier­ra debido a la cor­rup­ción moral (Deut 9:3–5); Israel iba la retu­vo bajo la condi­ción de fidel­i­dad al están­dar de Dios (Lev 18:24–30; Deut 4:37–40), Si ellos per­manecían fieles a Jehová, la tier­ra iba a ser por heren­cia a sus hijos para siem­pre (1 Crón 28:8). Además, el retorno del rema­nente esta­ba condi­ciona­do a un cam­bio de corazón (Deut 30:8–10), y la recon­struc­ción de la nación des­can­só sobre condi­ciones (Jer 18:7–10). Parece que después de su retorno el pueblo nun­ca cumplió estas condi­ciones para las ben­di­ciones de Dios, sino la nue­va descen­den­cia, mis escogi­dos, los renuevos del plan­tío de Dios, heredarían Sus montes (ver 60:21); y mis sier­vos (la frase es para­lela con mis escogi­dos) habitarán allí. La prome­sa de que ellos heredarán la tier­ra que la nación de Israel fal­ló en poseer fue cumpl­i­da espir­i­tual­mente bajo el Sier­vo.

10 Este ver­sícu­lo es una ampliación de la prome­sa en el ver­sícu­lo 9: los valles entre los que yacen los montes que son hereda­dos por el pueblo que me buscó serán flo­re­cientes. Sarón es la plani­cie noroeste  entre el monte Carme­lo y Jopa en la cos­ta mediter­ránea. Acor es un valle al noroeste del Mar Muer­to; fue el lugar donde Acán fue ape­drea­do por tomar el man­to y el lin­gote de oro babilóni­co (Jos 7:24–26). Jehová dará “el valle de Acor [el valle de la Aflic­ción] por puer­ta de esper­an­za” (Os 2:15). Y será Sarón para habitación de ove­jas, un cer­co o pradera que ofrece pro­tec­ción y seguri­dad; Acor será para maja­da de vacas, un lugar de abun­dan­cia y serenidad. El nue­vo esta­do red­imi­do y la tier­ra del Israel espir­i­tu­al será car­ac­ter­i­za­da por la abun­dan­cia, la seguri­dad, y las ben­di­ciones.

11 El Señor vuelve Su aten­ción fuera de Su descen­den­cia escogi­da, el pueblo que Lo ha bus­ca­do (vers 10), a los que olvi­daron Su san­to monte y Lo olvi­daron para servir a ído­los. Las tra­duc­ciones For­tu­na (“Gad,” del hebreo) y Des­ti­no (“Meni,” del hebreo) son preferi­bles a la tra­duc­ción King James esa hueste y ese número. Evi­den­te­mente estas eran dei­dades cananeí­tas ante­ri­ores, porque cuan­do Israel vino a la tier­ra, al menos dos pueb­los lle­varon el nom­bre de Gad, Baal-gad (Jos 11:17), y Migdal-gad (Jos 15:37). Delitzsch ded­i­ca cua­tro pági­nas a una dis­cusión bien infor­ma­da de estos dos nom­bres (II. 482–85). Para nue­stros propósi­tos nece­si­ta­mos solo men­cionar que For­tu­na y Des­ti­no son dei­dades paganas ante la cual Israel había exten­di­do mesas (ver Sal 23:5; 69:22; 78:18–19) de comi­da y ofre­ci­do ofren­das de bebi­da. De hecho, no hay cosas tales como la suerte (For­tu­na) o la fatal­i­dad (Des­ti­no), porque “los jus­tos y los sabios, y sus obras, están en la mano de Dios” (Ecl 9:1). Su prov­i­den­cia deter­mi­na el des­ti­no de todo.

12 Con un juego sobre la pal­abra des­ti­no Jehová con­tin­ua, Yo tam­bién os des­ti­naré a la espa­da, y todos vosotros os arrodil­laréis al degol­ladero. El des­ti­no y la fatal­i­dad del pueblo no des­cansa en las manos de los ído­los, sino en el con­se­jo deter­mi­na­do y la prov­i­den­cia gob­er­nante de Dios; Él numer­ará una por una sus matan­zas. La razón para su destruc­ción es doble: por cuan­to llamé, y no respondis­teis; hablé, y no oísteis, no atendiste a lo que Yo dije. Jehová desea mis­eri­cor­dia de Su pueblo, conocimien­to de Él, y un corazón con­tri­to en vez de holo­caus­to (Os 6:6; Sal 51:16–17). Pero en lugar de Su camino, ellos han escogi­do su pro­pio camino, un camino en el que Él se desagra­da y por lo que ellos deben sufrir la con­se­cuen­cia.

 

Ben­di­ciones y Juicios (vers 13–16)

 

      13–14 La pal­abra Por tan­to intro­duce con­clu­siones basadas en las prome­sas de ben­di­ciones y en serias adver­ten­cias de juicio ante­ri­ores. La clausu­la así dijo Jehová el Señor enfa­ti­za el señorío de Jehová y, por tan­to, Su poder para lle­var a cabo lo que Él plantea. Sus sier­vos son los que han sido guarda­dos (vers 8), los “escogi­dos” que heredarán y habitarán en Sus montes (vers 9). Dios se dirige a los que escaparán de la espa­da del degol­ladero (vers 12) pero cuyo des­ti­no, estando aparta­dos de Él, no obstante se endure­cerán. Son expuestos cua­tro con­trastes: (1) He aquí que mis sier­vos com­erán, y vosotros ten­dréis ham­bre; (2) he aquí que mis sier­vos beberán, y vosotros ten­dréis sed. En vista del con­tenido del capí­tu­lo, es claro que el Señor está hablan­do de la comi­da y la bebi­da espir­i­tu­al que ten­drán Sus sier­vos, pero que no ten­drán los que se olvi­daron de Él (ver 62:8–9). El Sier­vo vino ofre­cien­do el pan del cielo y el agua de la vida; los que han par­tic­i­pa­do no ten­drán ham­bre ni sed (Juan 6:35). Porque en Él está “toda ben­di­ción espir­i­tu­al” (Ef 1:3), y en Él habi­ta toda la plen­i­tud de la Dei­dad. Los que están en Él, entonces, están com­ple­tos (Col 2:9–10) “llenos de toda la plen­i­tud de Dios” (Ef 3:19). Los que Lo rec­haz­an se quedarán con ham­bre y con sed. (3) He aquí que mis sier­vos se ale­grarán, y vosotros seréis aver­gon­za­dos; y (4) he aquí que mis sier­vos can­tarán por júbi­lo del corazón, y vosotros cla­maréis (gri­tar en ansiedad y angus­tia - por el dolor del corazón, y por el que­bran­tamien­to (“rotu­ra,” del hebreo) de espíritu aullaréis. Aparta­do de Dios y de Sus ben­di­ciones espir­i­tuales no hay plen­i­tud, ni gozo, ni can­to.

15 El nom­bre de alguien sim­boliza todo lo que él es – su ser, carác­ter, y ras­gos per­son­ales. Todo lo que es y ha sido la Israel nacional car­nal y rebelde será deja­do por maldición. No sería pro­nun­ci­a­do ningún juicio más grande que este des­ti­no mere­ci­do que acon­te­cería a la nación (ver Jer 24:9). Y Jehová el Señor te matará, trayen­do a un fin a la nación idol­a­tra que había sido; Él hizo esto, echán­dola fuera (Gál 4:30). Debido a la nota de infamia atribui­da al nom­bre Israel, Jehová a sus sier­vos lla­mará por otro nom­bre (ver 62:2), esto es, “el amor de Jehová estará en ti” (62:4, al mar­gen). En el Nue­vo Tes­ta­men­to el nom­bre cris­tiano resume todo lo que es nue­vo sobre el nue­vo pueblo de Dios.

16 Ben­de­cir sig­nifi­ca “inve­stir con poder para el éxi­to, la pros­peri­dad, la fecun­di­dad, la longev­i­dad, etc.”[1]. Alguien solo puede ser ben­de­ci­do en el Señor, porque aparte de Él no hay ben­di­ciones. No deben ser bus­cadas en la For­tu­na y el Des­ti­no. En con­traste, el propósi­to de el Dios de ver­dad (“el Dios del Amén,” al mar­gen) es man­ten­er firme (2 Cor 1:20); Él es “el Amén, el tes­ti­go fiel y ver­dadero” (Apoc 3:14). Además, todos los jura­men­tos serán jura­dos en el nom­bre del Dios de ver­dad (“Amén”) y no de un ído­lo. Tales jura­men­tos están tan ata­dos como lo es el carác­ter de Dios en cuyo nom­bre ellos serán toma­dos. Las angus­tias primeras son olvi­dadas; las aflic­ciones traí­das por la infi­del­i­dad son total­mente removi­das, bor­radas. Serán cubier­tas de mis (de Jehová) ojos, no serán traí­das de nue­vo con­tra Su pueblo. El viejo orden con sus cie­los “serán dese­chos como humo” y su “tier­ra se enve­je­cerá como ropa de vestir” para ser desecha­da (51:6). En ese tiem­po Jehová plan­tará cie­los espir­i­tuales nuevos y pon­drá los cimien­tos de una tier­ra nue­va.

 

Los Nuevos Cie­los y la Tier­ra Nue­va (vers 17–25)

 

      17 La veni­da del Mesías intro­ducirá un nue­vo orden o dis­posi­ción espir­i­tu­al y moral. Pablo lla­ma a este nue­vo orden “la dis­pen­sación [dis­posi­ción] del cumplim­ien­to de los tiem­pos,” cuan­do todas las cosas serán reunidas (traí­das jun­tas bajo una cabeza) en Cristo (Ef 1:10). Los nuevos cie­los y la nue­va tier­ra de Isaías son la nue­va dis­posi­ción a la que se refiere Pablo, y ante la que todas las antiguas dis­pen­sa­ciones deben pere­cer (leer de nue­vo los comen­tar­ios sobre 34:3–4; 51:6, 16). Porque he aquí – la aten­ción se enfo­ca en Jehová y lo que Él está por hac­er – Yo crearé. La pal­abra crearé (bara, del hebreo), que fue usa­da por Moisés para referirse a la creación orig­i­nal (Gén 1:1), enfa­ti­za la inten­ción de Jehová de traer algo nue­vo a la exis­ten­cia. Un nue­vo orden com­ple­to será crea­do por Dios, y de lo primero no habrá memo­ria, ni más ven­drá al pen­samien­to. Este lengua­je fuerte enfa­ti­za el sis­tema ini­cial total, que incluía una nación físi­ca espe­cial y un área geográ­fi­ca, sac­ri­fi­cios de ani­males, y ritos cer­e­mo­ni­ales, serían total­mente quita­dos y aboli­dos para siem­pre. Como lo describe Pablo, “Las cosas vie­jas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas” (2 Cor 5:17).

18–19 El pueblo se gozará y ale­grará para siem­pre, tan largo como dure el peri­o­do, en las cosas que yo he crea­do, los nuevos cie­los y la nue­va tier­ra – el nue­vo orden espir­i­tu­al. Esta nue­va dis­posi­ción requiere una nue­va ciu­dad cen­tral para el pueblo crea­do recien­te­mente. Por tan­to, he aquí yo trai­go (bara) a Jerusalén ale­gría, un obje­to y lugar de rego­ci­jo, y a su pueblo gozo (ver 35:10; 51:11). Así como Jehová había com­par­tido la aflic­ción de Su pueblo (63:9), así aho­ra Él com­parte su gozo. El rego­ci­jo en Jerusalén y en Su pueblo (ver 62:5), Jerusalén y mi pueblo son equiv­a­lentes. Con los prob­le­mas ante­ri­ores olvi­da­dos y con el gozo y el rego­ci­jo en la nue­va creación, las lágri­mas y el llan­to están en el pasa­do (ver los comen­tar­ios sobre 25:9).

20 Las difer­entes expli­ca­ciones poco sat­is­fac­to­rias hechas por los comen­taris­tas indi­ca la difi­cul­tad de este ver­sícu­lo. La sigu­iente podría ser tam­bién poco sat­is­fac­to­ria, pero parece plau­si­ble. En la nat­u­raleza eter­na de Jehová, el tiem­po no es un ele­men­to a afrontar, porque con Él mil años son como un día, y vicev­er­sa (ver Sal 90:4; 2 Ped 3:8). Él mide Sus activi­dades por el cumplim­ien­to de los difer­entes aspec­tos de Su propósi­to, no por años. En el nue­vo orden cada ciu­dadano, ya sea por un breve momen­to (por ejem­p­lo, Este­ban – Hechos 7), o por un peri­o­do largo (por ejem­p­lo, Pablo, Juan), cumplirán su mis­ión en el propósi­to de Dios. No es lo largo sino el cumplim­ien­to de los días de alguien que son con­ta­dos. Y el pecador, a pesar de lo largo de sus días, es malde­ci­do. Él sufrirá la con­se­cuen­cia de sus acciones y morirá en sus peca­dos, sin con­sid­er­ar lo que hayan logra­do.

21–22 La seguri­dad y la per­ma­nen­cia, jun­to con el cuida­do y el sum­in­istro prov­i­den­cial de Dios para todas las necesi­dades, son indi­cadas aquí (ver vers 10, donde es usa­da una figu­ra difer­ente para expre­sar la mis­ma idea). Jehová jura que el pueblo del nue­vo orden no será roba­do de su heren­cia y el fru­to de su labor (62:8–9) será com­ple­to. Los días del pueblo de Jehová, Su escogi­do, será según los días de los árboles, un sím­bo­lo de longev­i­dad, per­ma­nen­cia, belleza, y pro­duc­tivi­dad (ver 61:3; Jer 17:8). Dis­fru­tarán por largo tiem­po las obras fruc­tíferas de sus manos.

23 En años pasa­dos el pueblo laboró para lo que no sat­is­facía (55:2) y se can­só a sí mis­mo en seguir sus pro­pios caminos (57:10), pero aho­ra será difer­ente. Su labor en el nue­vo orden no será en vano (1 Cor 15:58), ni traerá maldición, el ter­ror súbito de la muerte y la destruc­ción como cas­ti­go del Señor, como lo hizo la idol­a­tría y la infi­del­i­dad de la antigua nación. La razón es que ellos son lina­je de los ben­di­tos de Jehová (ver 53:10; 61:9). Una parte adi­cional de las prome­sas de Dios aquí es que su descen­den­cia espir­i­tu­al com­par­tirá asimis­mo la ben­di­ción.

24 En la prome­sa de respon­der a la oración, Jehová va más allá de lo que es garan­ti­za­do en 58:9 y en Sal 145:18–19; antes que Sus san­tos acu­d­an a Él, Jehová sabrá sus necesi­dades (Mt 6:8), y proveerá para ellos. Esta con­fi­an­za no sig­nifi­ca que allí no habrá necesi­dad de orar, sino que “Los ojos de Jehová están sobre los jus­tos, /Y aten­tos sus oídos al clam­or de ellos” (Sal 34:15; ver 1 Ped 3:12). Sus sier­vos escogi­dos nun­ca están ansiosos, porque el Señor está siem­pre a la mano; así en todo ellos Le darán a cono­cer sus peti­ciones (Fil 4:4–7).

25 Este ver­sícu­lo con­fir­ma nues­tra posi­ción que el pre­sente pasaje (vers 17–25) pertenece al peri­o­do mesiáni­co. El pro­fe­ta con­den­sa lo que él dijo en 11:6–9 – los ani­males sal­va­jes y los domes­ti­ca­dos com­erán jun­tos – y agre­ga la nota que la ser­pi­ente com­erá el pol­vo. (Ver los comen­tar­ios sobre 11:6–9, donde es mostra­da la base del con­tex­to de todo el capí­tu­lo en el que Isaías está escri­bi­en­do del peri­o­do mesiáni­co cuan­do la nat­u­raleza ani­mal del hom­bre estará bajo la suje­ción del Espíritu divi­no del Renue­vo o Raíz de Isaí.) La expre­sión No afli­girán, ni harán mal en todo mi san­to monte se men­ciona tan­to en 11:9 como aquí. El san­to monte de Dios es el monte de Su casa a la que irán todas las naciones (2:2–4), el monte al que los extran­jeros serán traí­dos cuan­do se unan ellos mis­mos a Jehová (56:6–7), y el monte que es la heren­cia de los que toman refu­gio en Él (57:13; 66:20). Ver tam­bién el Apéndice B, p. 538.) La clausu­la el pol­vo será el ali­men­to de la ser­pi­ente se rela­ciona a Géne­sis 3:14, donde Jehová dice a la ser­pi­ente, “pol­vo com­erás todos los días de tu vida.” “Com­er” o “lamer el pol­vo” es metafóri­co para una condi­ción humil­la­da o der­ro­ta­da (ver 49:23; Mi 7:17). En el gran con­flic­to espir­i­tu­al que ini­ció ya en el Edén entre Satanás y sus ánge­les por un lado y Jehová y Sus fuerzas de dere­cho por el otro lado, la ser­pi­ente fue arro­ja­da a la tier­ra, y una gran voz en el cielo declaró la veni­da de la sal­vación, del reino, y del poder de Dios, “y la autori­dad de su Cristo” (Apoc 12:9–10). Esta der­ro­ta de Satanás por Cristo (Heb 2:14; 1 Juan 3:8) garan­ti­za la vic­to­ria de los san­tos (Rom 16:20). Este es el san­to monte y la Jerusalén celes­tial a la que hemos venido y en la que exper­i­men­ta­mos ben­di­ciones espe­ciales (Heb 12:22).

Capí­tu­lo 65. La Respues­ta de Jehová a la Oración

[1]  The­o­log­i­cal Word­book of the Old Tes­ta­ment, vol. 1, p. 132.

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