• El Peri­o­do Asirio: Con­flic­to y Vic­to­ria (1–39)
  • Pro­fecías de Juicio en Con­tra de Naciones Indi­vid­uales

(13–23)

El capí­tu­lo 21 con­tiene tres gru­pos de car­gos respec­ti­va­mente con­tra Babilo­nia, Edom, y Ara­bia. Estos son segui­dos por un cuar­to, el car­go en con­tra de Judá (cap 22). La fecha de estos tres car­gos es incier­ta.

Babilo­nia, el desier­to del mar (vers 1–10)

Un breve resumen del tras­fon­do podría ayu­darnos en la inter­pretación de esta pro­fecía bas­tante inusu­al y difí­cil. A la muerte de Salmanas­er V (722 o 721 A.C.) Mero­dac-bal­adan declaró la inde­pen­den­cia de Babilo­nia de Asiria; pero en el 710 A.C. Sargón II guió a una cam­paña exi­tosa con­tra la ciu­dad, quien lo recibió como un lib­er­ta­dor. En el 703 A.C. Mero­dac-bal­adan hizo otra prop­ues­ta por el poder. Sus emba­jadores envi­a­dos para con­grat­u­lar a Eze­quias sobre la recu­peración de una seria enfer­medad podría haber sido un inten­to por ganar ese apoyo del rey (2 Rey 20:12–18; Isa 39) En el 700 A.C. Sena­que­rib armó una ofen­si­va may­or en con­tra de Babilo­nia. Una expe­di­ción más en el 700 A.C. llevó a un ase­dio de nueve meses que resultó en la con­quista y el saqueo de la ciu­dad. Ensegui­da del asesina­to de Sena­que­rib, su hijo Esaradon gob­ernó el impe­rio (681–669 A.C.). Él recon­struyó Babilo­nia y le dio un gob­ier­no algo estable. Pero de nue­vo bro­taron los prob­le­mas entre Asiria y Babilo­nia, cau­san­do que Asur­ba­n­i­pal avan­zará sobre Babilo­nia (651 A.C.) y la acosará por tres años. En la deses­peración el rey de Babilo­nia prendió fuego a su pala­cio y pere­ció en las fla­mas. En el 626 A.C. Nabopalasar, un caudil­lo en Caldea, limpio a Babilo­nia de los asirios y fue nom­bra­do rey. En el 612 A.C., Nínive fue toma­da y destru­i­da. A la muerte de Nabopalasar, su hijo Neb­u­cad­nezar subió al trono. Gob­ernó has­ta el 562 A.C., él hizo de Babilo­nia una de las bel­las ciu­dades del mun­do. Fue su últi­mo rey poderoso. En el 539 A.C. Ciro tomó la ciu­dad. Aunque él no destruyó la ciu­dad, él tra­jo al impe­rio a su fin. Babilo­nia sigu­ió sien­do una ciu­dad de algu­na impor­tan­cia, pero empezó a dec­li­nar lenta­mente. A la muerte de Ale­jan­dro el Grande, que había planea­do recon­stru­ir­la, la dec­li­nación se hizo más ráp­i­da. Nosotros sabe­mos, sin embar­go, que cuan­do el após­tol Pedro escribió su primera epís­to­la, Babilo­nia aun existía (5:13).

La Visión Dura (vers 1–5)

      1 Aunque no es extrav­a­gante en el uso de nom­bres sim­bóli­cos, Isaías los usa oca­sion­al­mente. Por ejem­p­lo, Etiopía es “la tier­ra que hace som­bras con las alas” (18:1); Edom es “Duma” (21:11), que en hebreo es “silen­cio” – el silen­cio de la muerte (Sal 94:17; 115:17); Jerusalén es “Ariel,” ciu­dad donde habitó David (29:1); y Egip­to es “Rahab,” tor­men­ta o arro­gan­cia (30:7). Así aquí Babilo­nia es el desier­to (o tier­ra incul­tivable) del mar. El des­ti­no de destruc­ción de Babilo­nia ha sido ya declar­a­do por el pro­fe­ta (13:20–22; 14:23) y será pos­te­ri­or­mente descri­ta en el capí­tu­lo 47. El sig­nifi­ca­do de la frase se hace algo más claro en el anun­cio de Jere­mías del juicio de Jehová sobre Babilo­nia: “Tú, la que moras sobre muchas aguas…ha venido tu fin” (51:13). Juan dice que las “muchas aguas” en las que la Babilo­nia de su pro­fecía se sien­tan son “pueb­los, muchedum­bres, naciones y lenguas” (Apoc 17:15), que parece ser el sig­nifi­ca­do en Jere­mías. Jere­mías dice más ade­lante “sequedad sobre sus aguas, y se secarán; porque es tier­ra de ído­los, y se enton­te­cen con imá­genes” (50:38), y “subió el mar sobre Babilo­nia; de la mul­ti­tud de sus olas fue cubier­ta. Sus ciu­dades fueron aso­ladas, la tier­ra seca y desier­ta, tier­ra en que no morará nadie, ni pasará por ella hijo de hom­bre” (51:42–43). Una tier­ra incul­tivable o un desier­to podría ser ya sea un lugar seco y des­o­la­do (27:10; Deut 32:10), o un lugar de dis­ci­plina (el desier­to de Sinaí). En este caso el desier­to que será el des­ti­no de Babilo­nia es un lugar baldío y des­o­la­do. Como tor­belli­no del Negueb (del sur), aque­l­los vien­tos fieros fuera de Palesti­na que traían are­na y destruc­ción y con la que los judíos esta­ban total­mente famil­iar­iza­dos, el ago­b­io de Babilo­nia ven­dría del desier­to, de la tier­ra hor­ren­da. Lo que esta­ba por venir era el cumplim­ien­to de las visiones dolorosas o duras del vers 2.

      2 La visión dura declar­a­da por Jehová al pro­fe­ta serán dolorosas en su cumplim­ien­to. Los pre­var­i­cadores que pre­var­i­can, el destruc­tor que destruye, es con prob­a­bil­i­dad Babilo­nia (ver cap 47; Hab 1:5–11; 2:4–19). El tor­belli­no que ven­gará la destruc­ción en ella es Elam y Media (ver 13:17), que esta­ba ya sea al ser­vi­cio de los asirios (ver arri­ba un breve resumen de la his­to­ria) o al ser­vi­cio de Ciro. Este juicio con­tra Babilo­nia causa que el gemi­do de los pueb­los oprim­i­dos, espe­cial­mente Judá, cese; el juicio en con­tra de Babilo­nia provee la lib­eración para el pueblo de Dios.

      3–4 Hay una pre­gun­ta sobre si los sigu­ientes dos ver­sícu­los describe la sim­patía que la visión des­pertó en el pro­fe­ta por el pueblo siti­a­do y destru­i­do o el efec­to físi­co actu­al de la visión sobre él. Sus lomos se han llena­do de dolor; angus­tias como de una mujer en par­to han caí­do sobre él; él está tan dolori­do que no puede oír y tan espan­ta­do que no puede ver. El hor­ror de la visión le ha intim­i­da­do tan­to que su corazón se pas­ma; la noche de su deseo (la pues­ta del sol, el final del día) que él había desea­do para Babilo­nia se le con­vir­tió en espan­to. El efec­to no había sido antic­i­pa­do así por él. Cier­ta­mente no había ale­gría por parte del pro­fe­ta en la antic­i­pa­da destruc­ción de Babilo­nia; él debería haber esta­do lleno con un sen­ti­do de com­pasión por el sufrim­ien­to del próji­mo. No obstante, puesto que otros hom­bres de Dios fueron afec­ta­dos físi­ca­mente por visiones que se les dieron – por ejem­p­lo, Eze­quiel (1:28; 3:23), Daniel (8:27; 10:8–9; 15–17); Saulo de Tar­so (Hech 9:3–9), y Juan (Apoc 1:17) – es del todo posi­ble que Isaías esté descri­bi­en­do los efec­tos físi­cos de la visión sobre él.

      5 El pro­fe­ta regre­sa al ase­dio intro­duci­do en el vers 2. La ciu­dad en ningún modo podría esper­ar un ase­dio o hac­er prepara­ciones para él. Ellos preparan mesas para ban­quete; “ellos extien­den tapices” (al mar­gen) para los ban­quetes para recli­narse; comen, beben en una fal­sa seguri­dad. Entonces viene el lamen­to: ¡Lev­an­taos, oh príncipes, ungid el escu­do!, porque la batal­la está cer­ca; ¡prepárate para el con­flic­to! ¿Isaías tiene a la vista un ase­dio en par­tic­u­lar o var­ios de los ase­dios men­ciona­dos en el resumen de arri­ba? ¿Es una descrip­ción de la caí­da de la ciu­dad a manos del ejérci­to de Ciro (Daniel 5)? ¿O es una descrip­ción gen­er­al que resume los muchos ataques que cul­mi­naron en la destruc­ción final de la ciu­dad? Segu­ra­mente es una descrip­ción vívi­da de la destruc­ción final que vino a la ciu­dad.

El cen­tinela y su mis­ión (vers 6–10)

 

      6 Algu­nas difi­cul­tades son elim­i­nadas si uno mantiene en mente que el con­tex­to es una visión rev­e­la­da al pro­fe­ta. El pro­fe­ta está estable­cien­do a un cen­tinela que, en la visión, puede ver los acon­tec­imien­tos de Caldea y de sus veci­nos aun des­de la fron­tera de Judá a través del desier­to de Ara­bia. El cen­tinela debe repor­tar lo que él ve, man­te­nien­do infor­ma­do al pueblo (o al pro­fe­ta) lo que se está desar­rol­lan­do.

      7 El cen­tinela se le dijo lo que el iba a obser­var: Y vio hom­bres mon­ta­dos, jinetes de dos en dos, cabal­gan­do dos, uno al lado del otro, mon­ta­dos sobre asnos, mon­ta­dos sobre cabal­los; y miró más aten­ta­mente. Estos ani­males no solo eran para cabal­gar y para trans­portar car­gas, eran tam­bién usa­dos para con­fundir a las tropas ene­mi­gas y lan­zar­los a un esta­do de des­or­den. Delitzsch dice, “Entonces Ciro ganó la vic­to­ria sobre los de Lidia por medio del gran número de sus camel­los (Herod. 1.80), y Dario His­taspis la vic­to­ria sobre los de Esci­ta por medio del número de asnos  que él usó (Herod. iv.129)” (I.381). El cen­tinela debe escuchar con aten­ción, esforzarse des­de tem­pra­no, luchar por oír. Pero parece que él ve solo un ejérci­to fan­tas­ma, silen­cioso como la muerte, qui­eto como la noche, movién­dose como som­bras a través del hor­i­zonte. Hay un aire de mis­te­rio alrede­dor de la esce­na; no hay una reseña de a donde van las tropas o de donde vinieron. Solo podemos deducir que es el ejérci­to en su camino para destru­ir Babilo­nia.

      8 Las pal­abras y gritó como un león pre­sen­ta muchas difi­cul­tades. ¿Cuál es su sig­nifi­ca­do? Algunos comen­taris­tas creen que el gri­to del vig­i­lante es como el de un pas­tor que ve a un león aprox­imán­dose. Otros sostienen que cuan­do el cen­tinela ve al ene­mi­go, él gri­ta con el rugi­do de un león como si lo fuera. Algunos pien­san que el cen­tinela está que­ján­dose ante Jehová al igual que con un pequeño gruñi­do: Señor, sobre la ata­laya estoy yo con­tin­u­a­mente de día, y las noches enteras sobre mi guar­da. Young (tam­bién Clements) señalan que la pal­abra león no está pre­sente en los man­u­scritos de los Rol­los del Mar Muer­to de Isaías; con­se­cuente­mente, Young lo omite de su tra­duc­ción. El gri­to, Señor, podría indicar que el cen­tinela es el pro­fe­ta mis­mo repor­tan­do. En cualquier for­ma que inter­prete­mos el ver­sícu­lo, la idea de que el cen­tinela está que­ján­dose ante Jehová es la menos atrac­ti­va.

      9 Al final la vig­ilia del cen­tinela es rec­om­pen­sa­da, porque él mira una tropa de hom­bres y de jinetes. ¿Es esto lo que él iba a bus­car, o es un segun­do con­tin­gente? Es prob­a­ble que está sea la tropa que él esta­ba bus­can­do (vers 6–7). Si es una segun­da tropa, es el ejérci­to vic­to­rioso regre­san­do después del ase­dio a la ciu­dad. De todos mod­os, él oye aque­l­lo por lo que él había esta­do esperan­do: Cayó, cayó Babilo­nia; y con ella caen todos los ído­los de sus dios­es que­bran­tó en tier­ra. Esto no indi­ca nece­sari­a­mente que el con­quis­ta­dor ha destru­i­do las imá­genes, sino que el poder de Jehová ha tri­un­fa­do y que los dios­es sin poder de los grandes reinos paganos han sido traí­dos a la nada – son der­rib­a­dos. Var­ios escritores han sug­eri­do que esta pro­fecía es una pre­moni­ción de los even­tos de los capí­tu­los 40–66 – la caí­da de los ído­los paganos, la lib­eración del pueblo de Dios, y el tri­un­fo de la causa de Jehová. Parece ser todo eso.

     10 Hay una pre­gun­ta sobre si pueblo mío, tril­la­do y aven­ta­do se refiere a Babilo­nia o a Israel. Aunque Jehová colo­ca la declara que toda la tier­ra le per­manece (Deut 10:14; Sal 24:1), y en este sen­ti­do Babilo­nia Le pertenece, y aunque Él habla de la reunión de las naciones (que incluiría a Babilo­nia) en la era (Miq 4:11–13), en este pasaje pueblo mío parece referirse a Judá. Porque Jehová dijo, “La hija de Babilo­nia es como una era cuan­do está de tril­lar; de aquí a poco le ven­drá el tiem­po de la sie­ga” (Jer 51:33). Después de que Jehová haya sido tril­la­da y aven­ta­da por Jehová, y así obten­ga Él su gra­no, el piso (Babilo­nia) será destru­i­da. El pro­fe­ta declara aho­ra que él ha sido autén­ti­co a su comisión; él ha declar­a­do el men­saje tan­to de Babilo­nia como de Judá.

El Ago­b­io de Edom (vers 11–12)

 

      11 Duma, que en hebreo es “silen­cio” (Sal 94:17; 115:17), el silen­cio de la muerte, se refiere a Edom, la tier­ra al sur del Mar Muer­to. Seir es en la opinión de algunos la región mon­tañosa al este de la Ara­bia Wadi y para otros podría ser, o podría incluir, el este mon­tañoso de Ara­bia. Lo últi­mo es prob­a­ble­mente cor­rec­to. Seir y “la tier­ra de Seir” lle­garon a describir la tier­ra de los edomi­tas. Seir, “el monte de Esaú” (Abd 8), parece haber sido para Edom lo que Sión fue para Israel (ver Abd 17). Des­de este monte alguien da voces, Guar­da, ¿qué de la noche? Guar­da, ¿qué de la noche? Ni aquel que da voces ni el guar­da es iden­ti­fi­ca­do; el dar voces sim­boliza la pro­fun­da ansiedad y la mis­e­ria de la nación, en tan­to que el guar­da es el rep­re­sen­tante de Jehová, , el úni­co que puede dar respues­ta a la pre­gun­ta. Recuerde que esto es una visión, no un even­to lit­er­al. Una tra­duc­ción que expre­sa mejor lo rela­ciona­do a esta pre­gun­ta es, “¿Has­ta cuán­do durará la noche? (Smith), o ¿Has­ta donde lle­gará la noche?” (Delitzsch). ¿Cuán­to per­manecerá la noche? Nos recuer­da de alguien que sufre o de una per­sona enfer­ma que, en la inqui­etud de la noche, pre­gun­ta con­tin­u­a­mente que hora es o cuan­to tiem­po fal­ta para que amanez­ca.

      12 La respues­ta es vaga, oscu­ra: La mañana viene, y después la noche – cuan­do viene la mañana, aun será de noche, o seguirá la noche. Cuan­do viene el amanecer, habrá unos pocos rayos de luz por solo un momen­to; seguirá la noche. Edom es un pueblo des­ti­na­do al silen­cio de la noche de la muerte. La sigu­iente fase de la respues­ta es igual­mente oscu­ra: pre­gun­tad si queréis, pre­gun­tad; volved, venid. Edom es una nación que está des­ti­na­da a ser “cor­ta­do para siem­pre” (Abd 10); solo aque­l­los que ten­gan refu­gio en el monte de Sión escaparán (Abd 17). La noche ven­dría después sobre la nación – Asiria, Babilo­nia, Roma – has­ta que final­mente, alrede­dor del tiem­po de la destruc­ción de Jerusalén en el 70 D.C., ellos ya sea que fueron lle­va­dos sin rum­bo o fueron con­duci­dos al desier­to donde se perdieron de vista por com­ple­to. Entonces, si el que pre­gun­ta desea regre­sar, ten­drá que hac­er­lo que hac­er­lo con un corazón cam­bi­a­do, bus­can­do a Jehová enla Sión espir­i­tu­al. De otra for­ma, el silen­cio de la muerte será para siem­pre.

El Ago­b­io sobre Ara­bia (vers 13–17)

 

      13 Ara­bia, que sig­nifi­ca “desier­to” o “estepa,” es el nom­bre dado a la penín­su­la que está al ori­ente de Palesti­na y del Mar Rojo. La penín­su­la más larga en el mun­do, cubre un área de aprox­i­mada­mente un mil­lón de mil­las cuadradas. El pueblo de Ara­bia era cono­ci­do como “los hijos del ori­ente” (Jue 6:3; 7:12), y eran recono­ci­dos por su sabiduría (1 Rey 4:30; Abd 8; Job y sus ami­gos). Es incier­to que tan­to del área es inclu­i­da en la pro­fecía de Isaías, él se está refirien­do prob­a­ble­mente al poniente inmedi­a­to y al área cen­tral y a la sec­ción del norte. El tiem­po fue tal que debido a la guer­ra, prob­a­ble­mente las inva­siones por parte de los asirios, los  cam­i­nantes de Dedán tuvieron que dejar sus rutas de via­je, replegán­dose por refu­gio al área de mator­rales por delante del camino. La local­ización exac­ta de Dedán es incier­ta, pero era prob­a­ble­mente un oasis en el ori­ente dela Ara­bia Cen­tral sobre las rutas com­er­ciales de los pueb­los de Seba, Tema, y Buz.

      14–15 Las condi­ciones eran tales que los con­duc­tores de car­a­vanas no podrían acam­par en lugares y de man­era clara­mente vis­i­bles, así que el pueblo de Tema, cautelosa­mente les traía agua para sus sedi­en­tos y pan para ten­er vida propia. Este era uno de los oasis más grandes en la comar­ca gen­er­al. La razón de la pre­cau­ción es clara­mente indi­ca­da: Porque ante la espa­da huye (plur­al, sugirien­do el flu­jo abru­mador de los inva­sores), ante la espa­da desnu­da, ante el arco ates­ta­do, ante el peso de la batal­la.

      16 Esta ayu­da a los fugi­tivos será cor­ta­da rápi­do. El Señor rev­ela que el tiem­po está cer­ca: De aquí a un año, seme­jante a años de jor­nalero. Esto indi­ca un peri­o­do defin­i­ti­vo, porque el patrón nun­ca deman­da menos, y el emplea­do nun­ca da más, que el tiem­po acor­da­do, un tiem­po exac­to. Toda la glo­ria de Cedar – el poder mil­i­tar, la riqueza, y la influ­en­cia – será desecha. Cedar es nom­bra­da alrede­dor de una doce­na de veces en el Antiguo Tes­ta­men­to. Un pueblo en el norte de Ara­bia, fue en un tiem­po una tribu poderosa, una fuerza a ser con­fronta­da; pero en los con­flic­tos con Asiria y con Babilo­nia fue muy debil­i­ta­da. Lo que el pro­fe­ta tiene a la vista prob­a­ble­mente ocur­rió durante una vez o más de las inva­siones asirias en el poniente.

      17 La glo­ria no será total­mente destru­i­da, sin embar­go, porque el pro­fe­ta pro­cede a decir que los flecheros y los hom­bres mil­i­tar­mente poderosos serán reduci­dos. El des­ti­no de Ara­bia esta­ba garan­ti­za­do, porque Jehová Dios de Israel lo ha dicho. Babilo­nia com­ple­taría lo que Asiria había ini­ci­a­do, porque Jehová diría más tarde a Nabu­codonosor y a su ejérci­to, “Lev­an­taos, sub con­tra Cedar, y destru­id a los hijos del ori­ente” (Jer 49:28). El silen­cio de la muerte descen­dería sobre Ara­bia como lo hizo sobre Edom; la noche ven­dría final­mente.

Capí­tu­lo 21. Babilo­nia, Duma, y Ara­bia

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  • El Peri­o­do Asirio: Con­flic­to y Vic­to­ria (1–39)
  • Pro­fecías de Juicio en Con­tra de Naciones Indi­vid­uales

(13–23)

El pro­fe­ta ya ha declar­a­do el des­ti­no de Etiopía, la tier­ra al sur de Egip­to (cap 18), y el juicio de Dios y las prome­sas a Egip­to (cap 19). En el 715 A.C. Egip­to fue der­ro­ta­do por Shabako, gob­er­nador de Etiopía, que unió a los dos bajo una sober­anía feu­dal etiope que prevale­ció has­ta el 664 A.C. Este gen­er­al parece ser sobre el que el pro­fe­ta está argu­men­tan­do en el cap 20.

La Con­fi­an­za Que Fra­casó (vers 1–6)

      1 En el año que vino el Tartán a Asdod era el 713 A.C. Tartán no es el nom­bre de un indi­vid­uo sino el títu­lo del coman­dante en jefe asirio. Asdod, que esta­ba bajo la suje­ción de Asiria, era una cap­i­tal de Fil­is­tea, con prob­a­bil­i­dad la más fuerte­mente for­ti­fi­ca­da de todas las ciu­dades. Este es el úni­co lugar en la Bib­lia donde aparece el nom­bre Sargón. El suce­sor de Salmaneser V, ascendió al trono ya sea en el 722 o en el721 A.C., reinan­do has­ta el705 A.C. Aunque solo es men­ciona­do aquí en las Escrit­uras, Sargón jugó un papel impor­tante en la his­to­ria de Israel y de Judá. En apari­en­cia inter­pre­tan­do como debil­i­dad el hecho que él con­du­jo una cam­paña no muy grande en Palenti­na después del720 A.C., Asdod se rebeló en el713 A.C., con­ducien­do a otros a la rebe­lión; Judá, sin embar­go, parece no haber com­par­tido en ella. Tartán peleó con­tra Asdod y tomó la ciu­dad. El mis­mo Sargón dirigió una cam­paña con­tra las ciu­dades del área en el711 A.C. En apari­en­cia, Egip­to y Etiopía prometieron ayu­da que nun­ca llegó.

      2 Isaías fue instru­i­do por Jehová para rep­re­sen­tar un men­saje sim­bóli­co a Judá, mostran­do la ton­tería de con­fi­ar en Egip­to. Young obser­va que este es el úni­co acto sim­bóli­co reg­istra­do en Isaías. Se le dijo al pro­fe­ta qui­ta el cili­cio de tus lomos, y descalza las san­dalias de tus pies. Y lo hizo así, andan­do desnudo y descal­zo. Como hemos nota­do antes, el cili­cio era un vesti­do tosco, vel­lu­do usa­do usual­mente en tiem­po de aflic­ción y de luto; no esta­mos dicien­do solo el por qué Isaías esta­ba usan­do el vesti­do. La expre­sión andan­do desnudo ha oca­sion­a­do una dis­cusión entre los estu­di­antes dela Bib­lia. ¿Fue él “desnudo total,” como podríamos decir, o pone a un lado toda su ves­ti­men­ta exte­ri­or, usan­do sólo una túni­ca cor­ta o una tela pos­te­ri­or cuan­do iba de un sitio a otro como estadista y pro­fe­ta? Sea lo que sea él esta­ba fuera de lo ordi­nario e intenta­ba con­seguir la aten­ción de la gente de tal for­ma que la lec­ción pudiera ser enseña­da. Es dudoso que él fuera de un lado a otro total­mente desnudo; Delitzsch parece haber expre­sa­do bien el asun­to cuan­do dijo, “Lo que Isaías esta­ba dirigi­do a hac­er, entonces, era sim­ple­mente opuesto a la cos­tum­bre común, y no a la decen­cia moral (I. 372). Prob­a­ble­mente él usó la túni­ca cor­ta que, de acuer­do a las ilus­tra­ciones de los antigu­os mon­u­men­tos, era usa­do usual­mente por los cau­tivos.

      3–4 El acto sim­bóli­co de Isaías iba a con­tin­uar por tres años, por señal y pronós­ti­co sobre Egip­to y sobre Etiopía. La impor­tan­cia de esta señal es expli­ca­da aho­ra: como Isaías, el sier­vo de Jehová, ha cam­i­na­do por tres años desnudo y descal­zo, así el rey de Asiria lle­vará al exilio a los cau­tivos de Egip­to y de Etiopía, a jóvenes y a viejos, desnudos y descal­zos, y des­cu­bier­tas sus nal­gas para vergüen­za de Egip­to. Con­tin­uó la guer­ra inter­mi­tente entre Asiria y Egip­to; un golpe deci­si­vo fue hir­ió a Egip­to en el 663 A.C. cuan­do Asur­ba­n­i­pal invadió la tier­ra y saqueó a Tebas (No-amon, Neh 3:8), lle­van­do cau­tivos y un gran botín.

      5 Aque­l­los que con­fían en Egip­to y en Etiopía para ayu­da en el tiem­po de la invasión de Asiria se ator­men­tarán y aver­gon­zarán de Etiopía su esper­an­za, y de Egip­to su glo­ria. El acto sim­bóli­co de Isaías es pre­tendi­do para pre­venir a la gente de con­fi­ar en Egip­to, al que el rey de Asiria lla­ma “bácu­lo de caña cas­ca­da, en el cual si alguno se apo­yare, se le entrará por la mano y la traspasará” (2 Rey 18:21). El pueblo de Dios apren­dería a pon­er su con­fi­an­za solo en Jehová y no recli­narse en el hom­bre débil e impo­tente.

      6 El morador de esta cos­ta, prob­a­ble­mente la total­i­dad de Palesti­na, incluyen­do Feni­cia, Fil­is­tea, y Judá, lamen­tarán su expectación por ayu­da de los reinos mud­ables de Egip­to y de Etiopía. Al haber vol­tea­do hacia estas dos naciones por ayu­da en con­tra de Asiria, solo serán decep­ciona­dos. Y entonces la pre­gun­ta será, ¿Y cómo escapare­mos nosotros? Al haber fal­la­do en depen­der de Jehová, mien­tras eran urgi­dos por el pro­fe­ta, y al haber fal­la­do en obten­er ayu­da de las armas de la carne, no sabrán a donde vol­tear. Por medio del juicio sobre las antiguas naciones paganas y sobre Su pro­pio pueblo por haber con­fi­a­do en aque­l­las naciones, Jehová está enseñan­do a los hom­bres de todas las gen­era­ciones a darse cuen­ta que Él con­tro­la el des­ti­no de todo. El mal­va­do que olvi­da a Jehová debe ser traslada­do al Seol (Sal 9:17); Su pueblo que Lo olvidó deberá sufrir un des­ti­no sim­i­lar. Este men­saje debe impre­sion­arnos a todos hoy, tan­to al mun­do como a la igle­sia.

Capí­tu­lo 20 Egip­to y Etiopía

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  • El Peri­o­do Asirio: Con­flic­to y Vic­to­ria (1–39)

    From http://www.historiacultural.com/2010/09/religion-del-antiguo-egipto.html

  • Pro­fecías de Juicio en Con­tra de Naciones Indi­vid­uales

(13–23)

 El Egip­to de los tiem­pos bíbli­cos exper­i­men­tó una larga y vari­a­da his­to­ria. Las cul­turas pre­históri­c­as existieron des­de alrede­dor de los 5000 A.C. has­ta el 3200 A.C. La escrit­u­ra fue intro­duci­da en la era pre­d­i­nas­ti­ca, y con el tiem­po fue desar­rol­la­do un cal­en­dario de notable pre­cisión. Los estu­di­antes de la Bib­liase intere­san en un peri­o­do de aprox­i­mada­mente dos mil años, des­de la estancia de Abra­ham en esa tier­ra (Gén 12:10–13) has­ta la con­ver­sión del eunuco etíope (Hech 8:26–40). A lo largo de todos estos sig­los las for­tu­nas del pueblo de Dios fueron influ­en­ci­adas grande­mente por la religión, la cul­tura y las condi­ciones económi­cas de los egip­cios. Aunque la his­to­ria total de ese país mar­avil­loso es fasci­nante, nues­tra aten­ción en este estu­dio es sola­mente con el peri­o­do de Isaías y lo que sigu­ió.

El capí­tu­lo 19 cae en dos divi­siones bas­tante bien definidas: Adver­ten­cias (vers 1–17) y prome­sas (vers 18–25). Si bien Egip­to había sido el gran opre­sor del pueblo de Dios en su antigua his­to­ria y había sido una espina pun­zante en su carne a lo largo de los años, el Señor cier­ra el capí­tu­lo con una prome­sa encen­di­da de ben­di­ciones y de esper­an­za tan­to para Egip­to como para Asiria (vers 25). En ver­dad, el Señor es lleno de gra­cia. (para pro­fecías adi­cionales rela­cionadas con Egip­to ver Jer 46; Eze 29–32; Joel 3:19.)

Adver­ten­cias (vers 1–17)

 

Dis­cor­dia inter­na: El fra­ca­so de la idol­a­tría (vers 1–4)

1 Para la pal­abra pro­fecía, ver los comen­tar­ios en 13:1, Jehová, el úni­co Dios, juz­gará a Egip­to, demostran­do Su poder sobre sus dios­es. Él ven­drá mon­ta­do sobre una nube lig­era (veloz), un sím­bo­lo de juicio. Jehová que pone “las nubes por su carroza,/[Él] que anda sobre las alas del vien­to” (Sal 104:3); “Porque vino a juz­gar la tierra./Juzgará al mun­do con justicia,/Y a los pueb­los con su ver­dad” (Sal 96:13). El día de Jehová es “día de tinieblas y de oscuri­dad, día de nube y de som­bra” (Joel 2:2); es un “día de ira aquel día, día de angus­tia y de apri­eto, día de alboro­to y de aso­lamien­to, día de tinieblas y de oscuri­dad, día de nubla­do y de entene­brec­imien­to” (Sof 1:15). En su pro­fecía de juicio con­tra Egip­to, Eze­quiel dice, “porque cer­ca está el día, cer­ca está el día de Jehová, día de nubla­do, día de cas­ti­go de las naciones” (30:3); y “tiniebla la cubrirá, y los moradores de sus aldeas irán en cau­tive­rio” (30:18; ver 32:7), Sus ído­los, “cosas sin val­or” (Lev 19:4, al mar­gen), tem­blarán ante Su pres­en­cia. Sin ningu­na fuente, el corazón – la vida, el alma, o el áni­mo – de Egip­to des­fal­l­e­cerá en el tiem­po de juicio.

2 La excitación de los egip­cios con­tra los egip­cios indi­ca un esta­do divi­di­do por la lucha y la anar­quía inter­na – indi­vid­u­os con­tra indi­vid­u­os, ciu­dades con­tra ciu­dades, y reinos con­tra reinos. No hay duda que esta es la obra de Jehová, que viene mon­ta­do sobre la nube de juicio. Tres veces Él declara que es Él quien actúa (“Yo agi­taré”; “Yo destru­iré”; “Yo entre­garé”); además, Él con­cluye con las pal­abras [Entonces] dice el Señor, Jehová de los ejérci­tos (vers 4). Cono­ce­mos de la his­to­ria que Piankhi, un príncipe de Nubia, invadió a Egip­to alrede­dor del 728 A.C.; su suce­sor, Shabako, invadió tam­bién esa tier­ra, con éxi­to unien­do a Etiopía y a Egip­to bajo el reino de Nubia (713–664 A.C.). Después de eso, Psam­metichus I, un príncipe de Sais en el Delta, se lev­an­tó para ganar el con­trol de todo Egip­to.[1]

     3 En medio de su lucha y con­fusión inter­na fal­tará el con­se­jo, porque Jehová traerá lo que no sirve. En la ala­ban­za al Creador y a Su poder con­tro­lador sobre Su creación, un salmista había dicho, “Jehová hace nulo el con­se­jo de las naciones,/Y frus­tra las maquina­ciones de los pueb­los” (Sal 33:10). Como en la may­oría de situa­ciones, los líderes recur­rirán a las imá­genes (que son nada) que abun­dan en la tier­ra (pero que son total­mente impo­tentes), y a sus hechiceros, a sus evo­cadores y a sus adi­vi­nos, per­sonas que recla­man ten­er poderes ocul­tos y una relación con fuerzas mis­te­riosas ocul­tas. En real­i­dad, ellos son tan vacíos y fal­sos como los mis­mos ído­los.

4 Jehová con­tin­ua el tra­to con­tra Egip­to: Y entre­garé a Egip­to en manos de Señor duro, y rey vio­len­to se enseñore­ará de ellos; ¿Está el Señor hablan­do aquí de un indi­vid­uo (Delitzsch sug­iere Psam­metichus), o está usan­do el sin­gu­lar para resaltar el espíritu cru­el de todos los jefes supre­mos que gob­ernarán a Egip­to? Después de der­ro­tar a Egip­to en varias oca­siones, los asirios bajo el man­do de Asur­ba­n­i­pal saque­aron Tebas (la No-amon de Nahum 3:8) en el 663 A.C. Más tarde, como fue predi­cho por Jere­mías (43:10–13; 46:13–26), Nabu­codonosor golpeó dura­mente la tier­ra de Egip­to. En el 525 A.C. Cam­bis­es guió al ejérci­to per­sa con­tra Egip­to, trayen­do al país bajo el gob­ier­no per­sa. Cuan­do se rebe­laron tra­jeron sobre ellos mis­mos la ira de Jer­jes I. Cuan­do Ale­jan­dro invadió a Egip­to (332 A.C.), fue con­sid­er­a­do como un lib­er­ta­dor de la tiranía Medo-Per­sa. En los tiem­pos del Nue­vo Tes­ta­men­to Roma gob­ernó la una vez orgul­losa y poderosa tier­ra de Egip­to, que había sido reduci­da a la situación de una provin­cia romana. Así que es posi­ble que en el vers 4 se esté hablan­do no solo de un indi­vid­uo, sino de la suma de los cru­eles reyes extran­jeros que iban a gob­ernar sobre la tier­ra.

Desas­tre nat­ur­al y económi­co (vers 5–10)

5 El mar men­ciona­do por el pro­fe­ta es el Nilo, el lazo sal­vavi­das de Egip­to (ver 18:2; Nah 3:8). El río se ago­tará y secará. Éste ver­sícu­lo no debe ser toma­do nece­sari­a­mente lit­er­al; podría ser un sím­bo­lo del ago­tamien­to y de la dec­li­nación de la nación, la muerte de su impe­rio.

6–7 Con el ago­tamien­to del Nilo los canales se volverán estanques y fal­tarán, y como con­se­cuen­cia las cañas y los car­ri­zos, incluyen­do las plan­tas de los pápiros, tan impor­tante en la vida de Egip­to, mar­chi­tas. Del mis­mo modo las praderas o áreas cubier­tas de hier­ba y todos los sem­bradíos, esen­ciales para la vida humana y ani­mal, sec­os.

8 No solo sufrirá la agri­cul­tura, sino tam­bién el pescador que depende del Nilo para su sub­sis­ten­cia lamen­tará la caí­da y la fal­ta de sus nego­cios. El pescador de aque­l­los días usa­ba gan­chos (anzue­lo [s]) y sabe­mos por las ilus­tra­ciones de los mon­u­men­tos egip­cios, tan­to de las grandes redes como de las redes de mano.

9 La economía total será afec­ta­da: Los que labran lino fino, lo que dis­tin­guía a Egip­to, y los que tejen redes (de algo­dón) serán con­fun­di­dos.

10 Porque todas sus redes serán rotas. ¿Son estos los obelis­cos y los ído­los de Egip­to (ver Jer 43:13, ASV), o son los fun­da­men­tos del esta­do – hon­esti­dad, vir­tud, piedad, per­sonas bue­nas? Rawl­in­son pien­sa que los mer­caderes ricos y los líderes políti­cos están en la mira. ¿O el pro­fe­ta tiene en la mente a la clase tra­ba­jado­ra, o en aque­l­los de los que depende el bien­es­tar de una nación? La sigu­iente frase, todos los que hacen viveros para peces, parece indicar que los pilares de Egip­to son la clase tra­ba­jado­ra. Sin embar­go, Isaías podría estarse refirien­do a la economía total, que es cier­ta­mente el fun­da­men­to de la exis­ten­cia de una nación.

El con­se­jo necio (vers 11–15)

 

      11 El pro­fe­ta vuelve al asun­to del vers 3 – el con­se­jo necio. Zoán (del griego, Tanis; antes Ramesés – Ex 1:11) esta­ba local­iza­da en la sec­ción noreste del Delta cer­ca de la fron­tera. Su his­to­ria antes al1300 A.C. es oscu­ra, pero durante el peri­o­do entre 1085 y715 A.C., era notable como una cap­i­tal de los faraones. Durante el peri­o­do 715–644 fue usa­da oca­sion­al­mente por los gob­er­nadores de Nubia como una res­i­den­cia real.

En tiem­pos más tem­pra­nos era céle­bre la sabiduría de Egip­to. “Y fue enseña­do Moisés en toda la sabiduría de los egip­cios, y era poderoso en sus pal­abras y obras” (Hech 7:22). Pero por el tiem­po en el que Isaías está hablan­do, son necios los príncipes de Zoán; el con­se­jo de los pru­dentes con­se­jeros de Faraón se ha desvaneci­do, fuera de la razón, irra­cional, necio. Ningún príncipe (cualquier hom­bre de la así lla­ma­da nobleza) puede recla­mar que es hijo del sabio, el hijo de los reyes antigu­os, por su con­se­jo y sus con­se­cuen­cias los traicionarán.

12 Así como el pro­fe­ta desafía más tarde a los ído­los a una con­tien­da con Jehová (41:21–29; capí­tu­los 42–48), así aho­ra él desafía la sabiduría entre los príncipes para declarar lo que Jehová ha prop­uesto en relación a Egip­to – Sus planes para la nación.

13 Pero se han desvaneci­do los príncipes de Zoán, se han engaña­do los príncipes de Men­fis, engañaron a Egip­to. De acuer­do a la leyen­da, Men­fis, local­iza­do en la rib­era oeste del Nilo alrede­dor de trein­ta mil­las al sur del Cairo, fue la primera cap­i­tal del Egip­to unido. Ocupó un lugar impor­tante en la his­to­ria reli­giosa de la nación. Pero sien­do engaña­do por su propia sabiduría humana, los príncipes de Men­fis han guia­do aho­ra a Egip­to por el mal camino. Aque­l­los que son la piedra angu­lar de sus famil­ias (“cas­tas,” Young; “clases,” Rawl­in­son), los líderes fuertes de la gente, en lugar de diri­gir­los apropi­ada­mente, los han guia­do por un camino de destruc­ción.

14 Sin impor­tar lo que la situación inmedi­a­ta podría pare­cer ser, el Señor está en con­trol; Jehová mez­cló espíritu de vér­ti­go en medio de él (ver el comen­tario sobre el vers 3); e hicieron errar a Egip­to en toda su obra, tam­baleán­dose como un bor­ra­cho. Los planes de los príncipes con­ce­bidos cuida­dosa­mente han guia­do a acciones com­pa­ra­bles a un hom­bre intox­i­ca­do que cae y se revuel­ca en su pro­pio vómi­to.

15 Ningu­na obra será real­iza­da ya sea por los líderes o por los obreros comunes, por la cabeza o la cola, la rama o el jun­co (ver 9:14). Cuan­do Jehová qui­ta la sabiduría de los líderes, los planes humanos no pueden sal­var a los indi­vid­u­os o a las naciones. Esto es por cier­to una pal­abra de adver­ten­cia al mun­do de hoy.

Antes de dejar el tema del gob­ier­no de Jehová sobre las naciones y Su fac­ul­tad de con­ver­tir la sabiduría de los hom­bres en locu­ra, es nece­sario con­sid­er­ar la necesi­dad de gob­er­nadores sabios en cada nación. El Pred­i­cador dijo, “¡Ay de ti, tier­ra, cuan­do tu rey es mucha­cho, y tus príncipes ban­quetean de mañana!” (Ecl 10:16). El asun­to no es que “mucha­cho” se refiera a la edad cronológ­i­ca o a inmadurez men­tal o moral. El escritor tiene en mente a un rey que puede ser per­sua­di­do por con­se­jeros y príncipes mal­os que están más rela­ciona­dos con fes­te­jos y por obten­er bebidas que en el gob­ier­no sabio de súb­di­tos (ver vers 17; Isa 3:4,12; 5:11). Cier­ta­mente, “Donde no hay direc­ción sabia, caerá el pueblo;/Más en la mul­ti­tud de con­se­jeros hay seguri­dad” (Prov 11:14). De hecho, está máx­i­ma asume que los con­se­jeros son hom­bres sabios, rela­ciona­dos con los asun­tos de esta­do. En con­traste, “los con­se­jos de los impíos, engaño” (Prov 12:5). Job dice, “Él [Dios] hace andar despo­ja­dos de con­se­jo a los consejeros,/Y enton­tece a los jue­ces” (Job 12:17). La sabiduría dice, “Por mi reinan los reyes,/Y los príncipes deter­mi­nan jus­ti­cia” (Prov 8:15). A aque­l­los que rec­haz­an la ver­dadera Sabiduría y estable­cen en la nada su con­se­jo, “Tam­bién yo me reiré en vues­tra calamidad,/Y me burlaré cuan­do os viniere lo que teméis…/Entonces me lla­marán, y no responderé;/Me bus­carán de mañana, y no me hal­larán” (Prov 1:26–28). Esta es la suerte de todo aquel que con­fía en su propia sabiduría, rec­hazan­do la sabiduría que viene de arri­ba; debido a su rec­ha­zo de la sabiduría de Jehová, Él trae su con­se­jo a la nada (Sal 33:10). Has­ta el momen­to la his­to­ria debe ten­er claro que los prob­le­mas del mun­do no pueden ser resuel­tos dejan­do a un lado a Dios.

No espíritu – solo temor y espan­to (vers 16–17)

 

      16 Delitzsch mira los vers 16 y 17 como una conex­ión entre los vers 1–15 y 18–25- Leupold y Young admiten que estos ver­sícu­los podrían ser una tran­si­ción entre las adver­ten­cias y las prome­sas. Sin embar­go, el vers 18 es un can­dida­to más prob­a­ble para ese papel. En aquel día apun­ta hacia el peri­o­do que jus­to ha sido dis­cu­ti­do. La frase como mujeres sug­iere un espíritu de de suavi­dad y de timidez en con­traste a la fiera deter­mi­nación de los guer­reros varones para pelear y defend­er. Las mujeres han mostra­do ser por si mis­mas ani­mosas y de fuerte vol­un­tad, pero típi­ca­mente no han sido guer­reros bru­tos agre­sivos. Nahum describe entonces a Nínive en sus días de declive (3:13); Jere­mías usó una ima­gen sim­i­lar al escribir sobre Babilo­nia (50:37; 51:30). Este espíritu de debil­i­dad y de ter­ror viene de la mano de Jehová, que Él sacud­ió sobre Egip­to, tratan­do a la nación con juicio y rec­om­pen­sa. No es especi­fi­ca­do ningún juicio especi­fi­co, pero son impli­ca­dos juicios colec­tivos.

17 La relación con Israel durante el tiem­po de Abra­ham, en él éxo­do, y en los días de David y de Salomón, cier­ta­mente debían haber famil­iar­iza­do a Egip­to con Jehová, el Dios de Israel. En ningún momen­to de la his­to­ria la nación de Judá ha sido un ter­ror para Egip­to; es el Dios de Judá el que inspi­ra ter­ror. El Dio que puede con­fundir el con­se­jo de los con­se­jeros políti­cos puede tam­bién ate­morizar y ater­rorizar los cora­zones de la gente. Por medio de Moisés Jehová había dicho a los israeli­tas, “Hoy comen­zaré a pon­er tu temor y tu espan­to sobre los pueb­los deba­jo de todo el cielo” (Deum 2:25). En for­ma sim­i­lar, Isaías iden­ti­fi­ca la causa del temor de Egip­to: Egip­to temerá por causa del con­se­jo que Jehová de los ejérci­tos acordó sobre aquel. Ese propósi­to ha sido aho­ra clara­mente anun­ci­a­do.

Prome­sas (vers 18–25)

 

La tran­si­ción de las adver­ten­cias a las prome­sas (vers 18)

 

      18 Hay un gran repar­to de con­fusión y desacuer­do en cuan­to al sig­nifi­ca­do del vers 18; entonces, no podemos ser dog­máti­cos aquí. La frase en aquel tiem­po vin­cu­la la pro­fecía de las ben­di­ciones al peri­o­do de tiem­po en que las pro­fecías de juicio serán cumpl­i­das. Fuera de los días de juicio vienen expe­ri­en­cias de ben­di­ciones. La ref­er­en­cia de cin­co ciu­dades en la tier­ra de Egip­to no debe ser toma­da lit­eral­mente. Aque­l­los que toman en número lit­eral­mente, no están de acuer­do en el tiem­po y en las cin­co ciu­dades a la vista. Es mejor enten­der la pal­abra cin­co como sim­ple­mente sig­nif­i­can­do un número pequeño. Las pal­abras, que hablen la lengua (“labio,” en hebreo) de Canaán, y que juren por Jehová de los ejérci­tos, pre­sen­tan un prob­le­ma may­or. Casi todos los comen­taris­tas asumen que la lengua de Canaán, es la lengua de Israel – el hebreo – que llegó a suplan­tar la lengua de Canaán. Ellos inten­tan con­seguir los nom­bres de los líderes judíos que, ensegui­da del tiem­po de Isaías, podrían haber intro­duci­do la ado­ración a las ciu­dades de Egip­to. Otros ven la frase como una ref­er­en­cia al tiem­po de la unidad espir­i­tu­al bajo el Mesías. Sin embar­go, no hay indi­cación en la Escrit­u­ra que “la lengua de Canaán” haya lle­ga­do a ser algu­na vez el lengua­je del Israel nacional o espir­i­tu­al. J. Arthur Thomp­son reconoce un par­entesco entre los canani­tas y los hebre­os – “En tér­mi­nos amplios el NO semíti­co incluyó a los canani­tas (hebreo, moabi­ta, etc.), el canani­ta del N (ugariti­co) y aram­i­co” – pero él dice entonces, “En Palesti­na los canani­tas sobre­vivientes fueron absorbidos por los israeli­tas.”[2]

Parece más razon­able pen­sar en la lengua de Canaán como la lengua de “los com­er­ciantes” (Isa 23:11, al mar­gen), de los mer­caderes (Ose 12:7) – la lengua de una “tier­ra de mercaderes…una ciu­dad de com­er­ciantes” (Eze 17:4; ver al mar­gen). Estos com­er­ciantes o mer­caderes eran un pueblo “que traían dinero” y que iban a ser destru­i­dos (Sof 1:11; ver al mar­gen); porque en el día del reina­do uni­ver­sal de Jehová bajo el Mesías “no habrá más mer­cad­er en la casa de Jehová de los ejérci­tos” (Zac 14:21). El mis­mo Jehová procla­ma, “En aquel tiem­po [en este caso, ensegui­da de Su juicio uni­ver­sal de las naciones paganas] devolveré yo a los pueb­los [plur­al] pureza de labios [‘labios’ (sin­gu­lar), del hebreo], para que todos invo­quen el nom­bre de Jehová, para que le sir­van de común con­sen­timien­to” (Sof 3:9; ver 1 Cor 1:10; 1 Ped 4:11). ¡Con seguri­dad esta lengua uni­ver­sal de fe nun­ca sería des­ig­na­da como “la lengua de Canaán”! Si nues­tra línea de razon­amien­to tiene algún mer­i­to, Isaías tiene a la vista a los judíos o a los egip­cios que juran o por Jehová pero retienen la lengua de Canaán, los mer­caderes idol­a­tras; es un habla hib­ri­da, la expre­sión de una religión mez­cla­da o impu­ra.

La sigu­iente frase en el vers 18 es igual­mente difí­cil para inter­pre­tar y está suje­ta a inter­preta­ciones vari­adas: de las cin­co ciu­dades una será lla­ma­da la ciu­dad de Herez. Leupold dice, “Ningu­na expli­cación sat­is­fac­to­ria de esta declaración ha sido aun ofre­ci­da” (I. 319). Podría ser sig­ni­fica­ti­vo, sin embar­go, con un ligero cam­bio de una con­so­nante la pal­abra podría ser tra­duci­da, “Ciu­dad del Sol” (Heliopo­lis), cen­tro de la ado­ración del dios del sol Ra. Una posi­ble inter­pretación es que es que ten­emos aquí un juego de pal­abras – el cen­tro de la ado­ración del ído­lo egip­cio será com­ple­ta­mente destru­i­do, Jer 41:13 parece ofre­cer apoyo para esta expli­cación. Al hablar sobre la invasión de Egip­to por Nabu­codonosor, al que Jehová lla­ma “mi sier­vo” (vers 10), Jere­mías dice, “que­brará las estat­uas [obelis­cos] de Bet-semes [al mar­gen: la ciu­dad del sol. Prob­a­ble­mente, Heliopo­lis, esto es, On], que está en la tier­ra de Egip­to, y los tem­p­los de los dios­es de Egip­to que­maré a fuego.” Y así Isaías parece estar dicien­do en el vers 18 que en medio de la idol­a­tría y de la con­fusión habrá alguien que tes­ti­fi­cará de Jehová mien­tras ellos siguen hablan­do la lengua hib­ri­da del error y la ver­dad – la lengua de Canaán – has­ta que la lengua espir­i­tu­al pura de Jehová ven­ga. Mien­tras ellos lo hacen así, el cen­tro de idol­a­tría egip­cia que está en medio de ellos será destruí­da.

Jehová será cono­ci­do por Egip­to (vers 19–22)

 

      19 La frase en aquel tiem­po se refiere de nue­vo al peri­o­do gen­er­al que está sien­do con­sid­er­a­do en este capí­tu­lo. Que allí habrá altar para Jehová en tier­ra de Egip­to indi­ca que la ado­ración ver­dadera de Jehová será estable­ci­da en medio de esa tier­ra idol­a­tra. Un altar es lev­an­ta­do en el lugar donde son ofre­ci­dos los sac­ri­fi­cios; esa pal­abra podría ser usa­da lit­er­al o metafóri­ca­mente de un altar espir­i­tu­al (Heb 13:10). Noé fue el primero en con­stru­ir un altar a Jehová (Gén 8:20); a él le sigu­ieron Abra­ham, Isaac, y Jacob, quienes con­struyeron altares en la Tier­ra Prometi­da. Moisés con­struyó altares fuera de Palesti­na – en Refidim y en Sinaí. Cuan­do Israel entró a Canaán, fueron a destru­ir todos los altares, las estat­uas y las imá­genes encon­tradas allí (Deut 7:5; 12:3), y no con­stru­ir san­tu­ar­ios locales a Jehová (Deut 12:4). El pueblo iba a traer sus sac­ri­fi­cios y ofren­das solo al lugar donde Jehová reg­is­traría Su nom­bre; solo había altares que iban a ser lev­an­ta­dos (Exo 20:24; Deut 12:5,11,14). Aque­l­los que ofrecieron sac­ri­fi­cios en algún sitio que no fuera la puer­ta del tabernácu­lo de reunión serían cor­ta­dos (Lev 17:8–9). Aparte del altar lev­an­ta­do por Noé y los dos erigi­dos por Moisés, no hay reg­istro de un altar sien­do lev­an­ta­do a Jehová afuera de la tier­ra de Ísrael. Esto clara­mente nos pro­híbe inter­pre­tar el vers 19 como un indi­cador de que un altar lit­er­al será lev­an­ta­do en Egip­to.

Además del “altar” en Egip­to, debe haber mon­u­men­to a Jehová jun­to a su fron­tera. Era legí­ti­mo lev­an­tar mon­u­men­tos como memo­ri­ales pero no como sím­bo­los reli­giosos, porque Dios dijo, “ni te lev­an­tarás estat­ua, lo cual abor­rece Jehová tu Dios” (Deut 16:22). Note que mien­tras que el altar iba a estar en medio de Egip­to, el mon­u­men­to iba a estar en la fron­tera.

20 Y (el mon­u­men­to) será por señal y por tes­ti­mo­nio a Jehová de los ejérci­tos en la tier­ra de Egip­to. El mon­u­men­to es prob­a­ble­mente un memo­r­i­al de la prome­sa de Jehová a Abra­ham, “y serán ben­di­tas en ti todas las naciones de la tier­ra” (Gén 12:3; 22:18). Porque cla­marán a Jehová a causa de sus opre­sores, y él les enviará sal­vador y príncipe que los libre. Egip­to había sido el opre­sor del pueblo de Dios, pero aho­ra Egip­to sería el oprim­i­do, Israel se había lamen­ta­do ante Jehová, y Él les lev­an­tó un lib­er­ta­dor, un sal­vador. Aho­ra Egip­to cla­mará a Jehová, y Él les lev­an­tará un sal­vador y defen­sor. Él (Dios) los librará.

Es ver­dad que entre el tiem­po de Isaías y de la era del Nue­vo Tes­ta­men­to los judíos cier­ta­mente inten­taron lev­an­tar lugares de ado­ración en Egip­to; pero en vista de la pro­hibi­ción referi­da arri­ba, cualquier altar lev­an­ta­do no sería acept­able ante Jehová. Además, es ver­dad que después de la cau­tivi­dad de Babilo­nia y después del tiem­po de Ale­jan­dro de Mace­do­nia, muchos judíos vinieron a Egip­to, estable­cien­do sin­a­gogas por medio de las cuales Egip­to podría apren­der del úni­co Dios ver­dadero, Jehová. Tam­bién es ver­dad que la sep­tu­aguin­ta (la tra­duc­ción del Antiguo Tes­ta­men­to del hebreo al griego) fue pro­duci­da en Ale­jan­dría. Ninguno de estos even­tos, sin embar­go, pare­cen cumplir las pal­abras del pro­fe­ta.

21 El pro­fe­ta con­tin­ua: Y aho­ra será cono­ci­do (“darse a cono­cer por si mis­mo,” al mar­gen) a Egip­to, y los de Egip­to cono­cerán a Jehová en aquel día. Pero Él solo puede ser cono­ci­do por medio de la enseñan­za y de la instruc­ción, porque Isaías dice, “Y todos tus hijos serán enseña­dos por Jehová; y se mul­ti­pli­cará la paz de tus hijos” (54:13). Y harán sac­ri­fi­cio y oblación; y harán votos a Jehová, y los cumplirán. Estas pal­abras indi­can un apego fiel a la vol­un­tad de Jehová y un reconocimien­to de obligación hacia Él. En vez de mirar por un altar y un mon­u­men­to lit­er­al en Egip­to o algu­na obra que los judíos lle­varan a cabo en el peri­o­do entre los pactos, debe­mos inter­pre­tar los vers 19–22 a la luz de las otras enseñan­zas de Isaías. Él ya había habla­do de un tiem­po cuan­do “cor­rerán todas las naciones” al monte espir­i­tu­al de Dios, cuan­do muchas naciones se acer­carán a apren­der de Jehová y de Su camino (2:2–4). Isaías hablo tam­bién del tiem­po cuan­do Jehová lev­an­taría a la raíz de Isaí será un pendón a los pueb­los y a las naciones que lo bus­carán (11:10). Pos­te­ri­or­mente en el libro, Jehová dice, “Yo Jehová te [al sier­vo] he lla­ma­do en jus­ti­cia, y te sos­ten­dré por la mano; te guardaré y te pon­dré por pacto al pueblo, por luz de las naciones” (42:6); y “te di por luz de las naciones, para que seas mi sal­vación has­ta lo postrero de la tier­ra” (49:6). Con­cerniente a Su relación con los extran­jeros red­imi­dos, el Señor dice, “Yo los lle­varé a mi san­to monte, y los recrearé en mi casa de oración; sus holo­caus­tos y sac­ri­fi­cios serán acep­tos sobre mi altar; porque mi casa será lla­ma­da casa de oración para todos los pueb­los” (56:7; ver Mr 11:17). La pro­fecía parece estar bus­can­do su cumplim­ien­to en el Mesías. Esto es con­fir­ma­do en los sigu­ientes ver­sícu­los.

22 En la sal­vación que Dios provee, Él herirá y sanará. En medio del cas­ti­go, que los egip­cios, como todos los otros que son red­imi­dos, exper­i­men­ta­rán (ver Heb 12:4–8), el Señor quitará impurezas y limpiará. Cuan­do ellos cla­men a Jehová en medio de la aflic­ción y del cas­ti­go, Él respon­derá sanán­do­los. No solo el herir y sanar ase­gu­ra a los egip­cios que Jehová es el Dios ver­dadero, trayén­do­los así al arrepen­timien­to, sino que para que el Señor usa tam­bién el cas­ti­go para traer­los de regre­so a Él, ellos deben errar del camino ver­dadero después de que ellos hayan regre­sa­do a Él.

Ado­ración uni­ver­sal de Jehová (vers 23–25)

 

      23 En el peri­o­do gen­er­al que Isaías ha esta­do dis­cutien­do – en aquel tiem­po – habrá tam­bién una calza­da de Egip­to a Asiria, y asirios entrarán en Egip­to, y egip­cios en Asiria. Por sig­los los egip­cios y los asirios habían pasa­do a través de la tier­ra de Israel para el propósi­to de empren­der la guer­ra el uno con­tra el otro. Pero aho­ra el camino a través de Israel será usa­do para un propósi­to difer­ente: y los egip­cios servirán con los asirios a Jehová. El pro­fe­ta ante­ri­or­mente habló de este camino en conex­ión con el rema­nente de Israel que retornaría a Jehová des­de Asiria (11:16). Él aho­ra avan­za un paso más: Asiria y Egip­to via­jarán sobre este camino para poder ado­rar jun­tos, habi­en­do sido rec­on­cil­i­a­dos en una común fe. La rev­elación avan­za otro paso cuan­do Isaías describe al camino como “El Camino de San­ti­dad” para los red­imi­dos (35:8). La cúspi­de de esta glo­ria sin embar­go es alcan­za­da cuan­do, por medio del pro­fe­ta, Jehová dice, “Pasad, pasad por las puer­tas; barred el camino al pueblo; allanad, allanad la calza­da, quitad las piedras, alzad pendón a los pueb­los [plur­al]” (62:10; ver 11:10). El plan de Jehová hac­er más y más claro. La idol­a­tría fra­casa; la ver­dad de Jehová tri­un­fa. El espíritu ani­mal car­nal que ha dom­i­na­do y con­tro­la­do todas las acciones de Asiria y de Egip­to serán traí­das bajo el poder del Espíritu de Dios (ver 11:1–9).

24 En aquel tiem­po Israel será ter­cero con Egip­to y con Asiria – no ter­cero en ran­go, sino uno de tres unido en espíritu y lugar ante Dios – un trío for­man­do un cuer­po espir­i­tu­al, para ben­di­ción en medio de la tier­ra. Israel logrará su ver­dadero des­ti­no al unirse en un cuer­po de ado­radores los destruc­tores y los opre­sores de la tier­ra. Este cuer­po, las naciones e Israel, bajo el Sier­vo serán el ver­dadero Israel de Dios (Gál 6:16). Miqueas, un con­tem­porá­neo de Isaías, describe que el Israel ben­de­ci­do será para el mun­do: “El rema­nente de Jacob será en medio de muchos pueb­los como el rocío de Jehová, como las llu­vias sobre la hier­ba” (5:7), un sus­ten­ta­dor de la vida y una fuerza refres­cante de vida en medio de una tier­ra espir­i­tual­mente seca y ári­da.

25 Esta ben­di­ción es la gra­cia y la obra de Jehová. Con­sidere Su declaración: Porque Jehová de los ejérci­tos los ben­de­cirá dicien­do: Ben­di­to el pueblo mío Egip­to, y el asirio obra de mis manos, e Israel mi heredad. Egip­to es aho­ra lla­ma­do pueblo mío, una expre­sión que en un tiem­po esta­ba reser­va­da para Israel (Deut 7:6), pero puede aho­ra ser usa­do para todos los red­imi­dos de cada nación (1 Ped 2:9). Asiria es lla­ma­da obra de mis manos, porque es Dios quien, La creo según Él ”en la jus­ti­cia y san­ti­dad de la ver­dad” (Ef 4:24); e Israel es lla­ma­do mi heredad, porque en Cristo “tuvi­mos heren­cia” (Ef 1:11) – la heren­cia de Dios, Su heren­cia espir­i­tu­al. ¡Que glo­riosa obra ha for­ja­do Dios al red­imir a Sus ene­mi­gos, trayén­do­los jun­tos a un cuer­po con Su pueblo! Como clara­mente fue visu­al­iza­do por el gran pro­fe­ta de Dios.

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[1]  Zon­der­val Pic­to­r­i­al Enci­clo­pe­dia of the Bible, ed. Mer­rill C. Ten­ney (Grand Rapids: Zon­der­van, 1975), vol. 2, p. 244.

[2]  Zon­der­van Pic­to­r­i­al Enci­clo­pe­dia of the Bible, vol. 1, p. 705.

La car­ta a los Fil­ipens­es es mate­ria digna de un estu­dio cuida­doso y detal­la­do para poder lle­gar a cono­cer los motivos que movieron al após­tol a enviar­les estas enseñan­zas.
Esta car­ta la podemos ver des­de tres per­spec­ti­vas: primero, la del após­tol como un recip­i­ente agrade­ci­do de las dádi­vas de los fil­ipens­es; la segun­da, la de los fil­ipens­es que nos enseñan las car­ac­terís­ti­cas de una igle­sia local con un gra­do de crec­imien­to en conocimien­to, esfuer­zo, obras, fe y temor de Dios, los cuales son dig­nos de ser imi­ta­dos por todo cris­tiano y toda igle­sia local; y la ter­cera, la de Dios, que ve una relación entre cada miem­bro de la igle­sia local y su comu­nión con aque­l­los que se esfuerzan por lle­var el evan­ge­lio a todo el mun­do, ya sea cris­tiano o incré­du­lo.

Esta obra fue real­iza­da con el fin de ser pre­sen­ta­do en for­ma de clases en la igle­sia local y bus­can­do que todos, en con­jun­to, apren­damos de estos ejem­p­los para poder imi­tar­los y ser acep­tos ante los ojos de Dios.

El for­ma­to que se sigue es el de “que­brar” cada pasaje para estu­di­ar la pal­abra o frase que más con­tenido y enseñan­za pre­sen­tan. Es recomend­able estu­di­ar a la par otras obras de con­sul­ta como dic­cionar­ios, léx­i­cos, mapas, libros de his­to­ria bíbli­ca y otros para ampli­ar los comen­tar­ios. Además se dan otras ayu­das como los bosque­jos, pre­gun­tas y pre­senta­ciones para facil­i­tar el estu­dio de la mis­ma.

Es una obligación que cada cris­tiano, ya sea hom­bre o mujer, joven o viejo, pred­i­cador o neó­fi­to se esfuerce en el estu­dio con­stante y escu­d­riñe las Escrit­uras, para lle­gar a ten­er un conocimien­to que nos lleve a un crec­imien­to espir­i­tu­al dig­no de un hijo de Dios, y a la vez ayu­dar al crec­imien­to de la igle­sia local en la cual cada uno es miem­bro.

A los sigu­ientes her­manos que han colab­o­ra­do en esta obra mis más sin­ceras gra­cias: a mi famil­ia, Rubén Rio­jas, Ale­jan­dro Martell, pero sobre todo a Dios por darnos la opor­tu­nidad de ser lla­ma­dos hijos suyos. Con la coop­eración de ellos esta obra está aho­ra en sus manos.

Jorge Mal­don­a­do

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Des­de el prin­ci­pio de la igle­sia en tiem­pos apos­toli­cos han exis­ti­do per­sonas que siguen una doc­t­ri­na con­traria a las enseñadas por Jesus y sus apos­toles. El gnos­ti­cis­mo esta­ba cobran­do fuerza con sus ideas bus­can­do devir­tu­ar la majes­tad y Dei­dad de Jesus, dicien­do que Cristo no podía ser el mis­mo Dios. Pablo, en cam­bio se esfuerza grande­mente para mostrar a los Colosens­es y a todo Cris­tiano la supe­ri­or­i­dad y Dei­dad de Jesus por enci­ma de los ange­les y todo lo crea­do, sien­do este el Creador y Sus­ten­ta­dor de toda la creación. Hoy en dia los prin­ci­p­ios gnos­ti­cos se hayan en difer­entes doc­tri­nas reli­giosas y por esta razón es nece­sario que todo cris­tiano con­sidere a fon­do esta epis­to­la para apren­der y dis­cernir al ver­dadero Jesus y cual es su obra y pon­er­lo en el lugar que se merece: el de Dios… leer mas
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Por el momen­to ten­emos per­miso para pub­licar este comen­tario. Sep­an que sólo será por un tiem­po muy lim­i­ta­do por respeto a los dere­chos del autor.

Ed

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Intro­duc­ción

Israel y Judá

En muchos aspec­tos las condi­ciones car­ac­terís­ti­cas de Israel y Judá en el siglo octa­vo A.C. eran sim­i­lares a las que car­ac­ter­i­zan a nues­tra sociedad en el siglo veinte. En su pros­peri­dad, Israel y Judá se olvi­daron de Dios y cayeron en la cor­rup­ción y deca­den­cia. Bajo el man­do de Jer­oboam II (782–753 A.C.) las fron­teras de Israel habían sido restau­radas en gran parte y el peri­o­do se car­ac­ter­izó por una pros­peri­dad descono­ci­da allí des­de los días de Salomón. En Judá, el hábil y die­stro Uzías (767–740 A.C.) restau­ró en gran medi­da las fron­teras de ese país y la pros­peri­dad alcanzó allí alturas no dis­fru­tadas des­de los días de Salomón. En ambas naciones esta aflu­en­cia mate­r­i­al pro­du­jo las enfer­medades que tan fre­cuente­mente acom­pañan a la abun­dan­cia. La gente olvidó a Dios y atribuyó su pros­peri­dad y bien­es­tar a los ído­los a los cuales ellos habían vuel­to.

La idol­a­tría imperó en Israel. Des­de la muerte de Salomón (931 A.C.), cuan­do el reino del norte se sep­a­ró de Judá, Israel adoró a Jehová por medio del sím­bo­lo de los dos becer­ros dora­dos, los cuales habían sido lev­an­ta­dos en Bet-el y Dan por su primer rey, Jer­oboam I. Todos los reyes que sigu­ieron lo imi­taron a él en la hon­ra a estos dos becer­ros. Agre­ga­do a esta for­ma de idol­a­tría esta­ba el cul­to a Baal, un cul­to nacional estable­ci­do por medio de la influ­en­cia de Jez­abel, la esposa de Acab, el cual reinó de 874 a 853 A.C. Malde­ci­dos de esta man­era con dos for­mas de idol­a­tría — el cul­to a Jehová bajo el sím­bo­lo de los bor­re­gos y el cul­to a Baal, un cul­to mera­mente pagano — la nación se sumergió en los abis­mos de la apos­tasía de la cual nun­ca se reco­braría. Este rec­ha­zo de Jehová por el reino del norte fue acom­paña­do de la cor­rup­ción políti­ca, la deca­den­cia social, y la depravación moral, todo lo cual traía el juicio de Dios sobre la nación.

Sin embar­go, antes de que este juicio fuera lle­va­do a cabo por el Señor, Dios lev­an­tó dos pro­fe­tas, a quienes envió a denun­ciar los peca­dos de ese tiem­po y suplicar a la gente el retorno a Jehová. Amós, un pas­tor atre­v­i­do, áspero y valeroso de la ári­da región de Tecoa, al sur de Jerusalén, fue el primero (755 A.C.). El describió la condi­ción cor­rup­ta de Israel en un lengua­je vivi­do, grá­fi­co y a menudo pin­toresco. El juicio, dijo, esta­ba en su camino, y como Isaías describió más tarde, el peli­gro rep­re­sen­ta­do por Asiria, “Será cier­ta­mente espan­to el enten­der lo oído” (28:19). Amós advir­tió que los pala­cios serían saque­a­d­os (3:11) y que la gente amante del lujo que se apo­yaría en los cojines de seda de sus divanes o camas, serían tan arru­ina­dos que los que per­manecier­an podrían ser com­para­dos con dos pier­nas (de una ove­ja) o de un peda­zo de ore­ja rescata­da por un pas­tor de la boca del león (3:12). Sus casas de invier­no y ver­a­no, jun­to con sus mue­bles incrus­ta­dos de marfil, todos pere­cerían (3:15). Las mujeres de Samaria, esposas de los señores, descritas como “vacas (gana­do vac­uno) de Basán”, engor­dadas como para una car­nicería, serían reba­jadas y arro­jadas fuera de la tier­ra, con­duci­das lejos a la cau­tivi­dad con gan­chos (4:1–3). El lujo y la extrav­a­gan­cia, gana­do a expen­sas de los pobres (6:1–6), sería todo reduci­do a la nada y los que más se deleitaron serían lle­va­dos cau­tivos (6:7–11). “Por tan­to, de esta man­era te haré a ti, Oh Israel; y porque te he de hac­er esto, prepárate para venir al encuen­tro de tu Dios, Oh Israel” (4–12).

Con­tem­porá­neo de Amós, pero pro­fe­ti­zan­do unos pocos años más tarde, fue Oseas (750–725 A.C.). Al igual que Amós, Oseas era aparente­mente un nati­vo de Israel, la tier­ra a la cual él fue envi­a­do. Aunque Oseas pre­sen­ta un sen­timien­to del­i­ca­do y com­pa­si­vo hacia la nación mal­va­da y pecaminosa — pal­abras tales como “mis­eri­cor­dia” se men­cio­nan una y otra vez mien­tras él apela a la gente para que vuel­va a Jehová — de ningu­na man­era es severo en su denun­cia de la idol­a­tría de Israel, los fru­tos mal­va­dos que fueron tan evi­dentes en la vida diaria.

Oseas usó la pal­abra for­ni­cación para describir la apos­tasía de Israel frente a Jehová y a la ado­ración de los dios­es paganos. Esta pal­abra y la frase “recrearse con la ram­era”, se men­cio­nan una y otra vez. Para Oseas, toda ado­ración fal­sa era for­ni­cación espir­i­tu­al; com­para a la gente que servía a los ído­los con una ram­era que sirve a los deseos de los hom­bres por el pago que recibe.

Oseas llamó tam­bién a la nación a un tri­bunal de jus­ti­cia para ser proba­dos ante Jehová, “Porque no hay ver­dad, ni mis­eri­cor­dia, ni conocimien­to de Dios en la tier­ra” (4:1). En con­traste con lo que él no encon­tró, el pro­fe­ta señala lo que la nación mostró en todas las for­mas: “Per­ju­rar, men­tir, matar y adul­ter­ar prevale­cen, y homi­cidio tras homi­cidio se suce­den” (4:2). ¡Esto se oye notable­mente como los encabeza­dos de un per­iódi­co mod­er­no! Debido a estas condi­ciones de peca­do, “Se enlu­tará la tier­ra, y se exten­uará todo morador de ella, con las bes­tias del cam­po y las aves del cielo (4:3).

Los ído­los de Israel, hechos de pla­ta y oro a los cuales Dios los había entre­ga­do, serían cor­ta­dos jun­to con los bor­re­gos los cuales ellos for­jaron y ado­raron en Bet-el y Dan (Ose 8:4,5). “Porque sem­braron vien­to, y tor­belli­no segarán” (Ose 8:7). Jehová había escrito para Efraín, el cual rep­re­sen­ta aquí a Israel, “Le escribí las grandezas de mi ley, y fueron tenidas por cosa extraña” (8:12). Israel había olvi­da­do a su Creador y con­struyó pala­cios, y Judá mul­ti­plicó sus ciu­dades for­ti­fi­cadas — activi­dades con­trarias a la fe y a la vida sen­cil­la fidel­i­dad en Dios. Pero Dios enviaría un fuego sobre Sus ciu­dades para devo­rar sus pala­cios (8:14). La razón real del cas­ti­go impuesto por Dios fue clara­mente resum­i­do por el pro­fe­ta Oseas cuan­do dijo, “Pues has for­ni­ca­do apartán­dote de tú Dios; amaste salario de ram­era en todas las eras de tri­go” (9:1); esto era for­ni­cación espir­i­tu­al.

Debido a la cul­pa­bil­i­dad de Israel en la rebe­lión con­tra Dios, Oseas dijo, “Caerán a espa­da; sus niños serán estrel­la­dos, y sus mujeres enc­in­ta serán abier­tas” (13:16). ¿De donde ven­dría tal juicio? Jehová no dejó a la gente sin respues­ta: El lo haría cono­ci­do. Este fue el día amar­go guarda­do para ellos, pero habría un día mejor más allá de este juicio cuan­do ellos volverían a Jehová y dejarían su iniq­uidad (Cap 14).

Isaías y Miqueas pre­sen­tan clara­mente que las condi­ciones morales y espir­i­tuales en Judá fueron un poco mejor que las que tenían en Israel. Obser­vare­mos aque­l­las condi­ciones en nue­stro estu­dio de Isaías.

Mien­tras que Israel y Judá esta­ban con­sum­ién­dose en el lujo y pros­peri­dad recien­te­mente adquiri­da, había estru­en­do de invasión así como los nubar­rones de guer­ra asoma­ban ame­nazado­ra­mente en el norte y en el este. Una vez más Asiria tenía sus ojos sobre el este en tan­to que flex­ion­a­ba sus mús­cu­los mil­itares y hacía ame­nazas de con­quista mundi­al. Amós había sido especi­fi­co más de una vez al decir, “Un ene­mi­go ven­drá por todos lados de la tier­ra” (3:11) y “Una nación…que os oprim­irá des­de la entra­da de Hamat has­ta el arroyo de Ara­ba” (6:14), indi­can­do sola­mente la direc­ción des­de la cual ven­dría la aflic­ción y los lim­ites has­ta los cuales se exten­dería. Unos pocos años más tarde Oseas iden­ti­ficó especí­fi­ca­mente al adver­sario, dicien­do, “Ellos [la gente de Israel] com­erán vian­da inmun­da en Asiria” (9:3). Hablan­do del becer­ro de Bet-el dijo, “Aún será lle­va­do a Asiria como un pre­sente al rey Jareb” (10:6). En resumen, puesto que Israel había rec­haz­a­do a Jehová como su Dios y Rey, “Ellos no volverán a la tier­ra de Egip­to, sino que el asirio mis­mo será su rey, porque no se quisieron con­ver­tir” (11:5). La mis­ma pal­abra “Asiria” pro­du­jo ter­ror en los cora­zones de aque­l­los que lo oyeron, lle­van­do la mente a la nat­u­raleza ter­ri­ble de los juicios descritos por Oseas (13:16).

AsiriaMapa que corresponde a los tiempos de Isaias

Un breve resumen del surgimien­to de Asiria al poder servirá como un fon­do al libro de Isaías. Poco se conoce del peri­o­do prim­i­ti­vo de la his­to­ria de Asiria, excep­to aque­l­los datos pos­te­ri­ores a la mitad del ter­cer mile­nio A.C. Su población más antigua era cul­tural­mente infe­ri­or a la de Babilo­nia, pero supe­ri­or en energía y espíritu mil­i­tar. La his­to­ria más antigua de Asiria ya rev­ela su interés e influ­en­cia com­er­cial. Fueron estable­ci­das colo­nias com­er­ciales por don­d­e­quiera que la gente se sen­tía lo sufi­cien­te­mente fuerte debido a la pro­tec­ción de ellos. Estas colo­nias flo­recieron en el primer cuar­to del segun­do mile­nio antes de Cristo, y durante este tiem­po var­ios gob­ier­nos for­t­alecieron a la flo­re­ciente nación.[1] Parecía sin embar­go, que los asirios fueron lle­va­dos bajo el poder de la babilo­nia de Hamura­bi, el cual gob­ernó de 1728 a 1686 A.C.[2]

Durante el peri­o­do de quinien­tos años, de 1500–1000 A.C., var­ios gob­ier­nos poderosos con­tribuyeron grande­mente al desar­rol­lo de la flo­re­ciente nación. El primero en impor­tan­cia entre estos reyes y el que par­tic­u­lar­mente nos intere­sa, es Tiglath-pileser I (1116–1078 A.C.), el cual guió a la nación a nuevas alturas de poder y con­quista mil­i­tar. Su políti­ca era no mostrar mis­eri­cor­dia a sus ene­mi­gos; las noti­cias de su cru­el­dad pro­du­jo ter­ror en los cora­zones de aque­l­los a los cuales con­quistó. Esta políti­ca fue tam­bién adop­ta­da por sus suce­sores, y la cru­el­dad de Asiria llegó a ser el cas­ti­go del mun­do has­ta que su cap­i­tal, Nínive, cayó en el 612 A.C. Pero Tiglath-pileser no era sola­mente un gran guer­rero; era tam­bién un gran con­struc­tor de pala­cios, ciu­dades, y de fuertes plazas.

Con la muerte de Tiglath-pileser el poder de Asiria empezó a dec­li­nar, pero fue restau­ra­do por Ashur-dan II (932–910 A.C.) y su hijo Adad-nirari II (909–889 A.C.). Bajo el reina­do de este últi­mo fueron con­quis­tadas numerosas poten­cias. Adad-nirari con­tin­uó la políti­ca de cru­el­dad exce­si­va, no pre­sen­tan­do mis­eri­cor­dia a los pueb­los con­quis­ta­dos, incen­dian­do sus ciu­dades, decap­i­tan­do a miles, y des­ol­lan­do vivos a muchos. Cono­cer esto acer­ca de los asirios nos ayu­da a enten­der el ter­ror con el cual la pro­fecía de Oseas de los juicios inmi­nentes (13:16) deben haber afec­ta­do los cora­zones del pueblo de Israel.

El sigu­iente gob­er­nador asirio de interés a nue­stro estu­dio es Ashur-nasir-pal II (883–859 A.C.), el cual con­vir­tió a la arma­da asiria en la máquina de guer­ra mas grande cono­ci­da en ese tiem­po. Si bien era tam­bién un gob­er­nador sabio de su pueblo, era un guer­rero y un con­quis­ta­dor exce­si­va­mente cru­el, sobrepasan­do aún a su ante­cesor. Su cru­el­dad es repug­nante al corazón; es denun­ci­a­do por haber for­ma­do una torre cubier­ta con la piel de los ene­mi­gos des­ol­la­dos, ten­er empareda­dos a sus opo­nentes aban­donán­do­los a la muerte, y ten­er empal­a­dos a otro número incon­table en postes alrede­dor de la ciu­dad. Su con­quista se detu­vo en el Mar Mediter­rá­neo, en el cual cer­e­mo­ni­osa­mente lavó sus armas como con­quis­ta­dor de todo. Esto lo llevó cer­ca de la tier­ra de los hebre­os, pero no hay reg­istro de su entra­da en ella.

Su suce­sor, Shal­maneser III (859–824 A.C.), no sola­mente enfren­tó la tarea de empren­der con­quis­tas más lejanas, sino tam­bién reten­er el ter­ri­to­rio con­quis­ta­do por su padre, Ashur-nasir-pal. Sus con­quis­tas lo lle­varon más cer­ca de Israel que lo que cualquiera de sus pre­de­ce­sores había esta­do; en su pro­pio rela­to de la lucha en Qar­gar sobre el Río Orontes jus­to al noreste de Hamat, proclam­a­ba ten­er der­ro­ta­dos a veinte reyes. Entre ellos se con­ta­ban Acab de Israel y Ben­hadad de Dam­as­co.[3] El hecho es que Shal­maneser no sigu­ió ade­lante en esta vic­to­ria, y que aban­donó su min­u­ciosi­dad en cuestión. La batal­la era prob­a­ble­mente una atrac­ción.

Escri­bi­en­do de un peri­o­do pos­te­ri­or (781–746 A.C.), Schwantes dice, “Asiria sufrió otro peri­o­do de debilidad…una causa que con­tribuyó a la impo­ten­cia asiria esta vez era una pla­ga ter­ri­ble la cual dev­astó al país.”[4] Fue tam­bién durante esta época que Dios envió a Jonas a Nínive para predicar a esa ciu­dad pagana. Nadie duda de este peri­o­do de debil­i­dad asiria, uni­da con la pla­ga, con­tribuyeron a la bue­na dis­posi­ción con la cual tan­to el rey como el pueblo de Nínive atendiera el men­saje de Jonas.

En 745 A.C. un gen­er­al asirio se sub­levó y usurpó el trono, llamán­dose a si mis­mo Tiglat-pileser III, según el nom­bre de uno de los primeros grandes gob­er­nantes. El reinó de 745 a 727 A.C., y es en este pun­to de la his­to­ria de Israel y de Judá que tiene con­tac­to con Asiria, con una con­se­cuen­cia más sig­ni­fica­ti­va para el pueblo de Dios. Durante su reina­do, Tiglat-pileser III empezó la con­quista del norte de Israel y de Samaria. El juicio anun­ci­a­do por los pro­fe­tas esta­ba aho­ra en su camino.

La gente de Israel había escucha­do a los pro­fe­tas, los cuales envió Dios, la destruc­ción podría haber sido evi­ta­da. De hecho, en Judá un número sufi­ciente escuchó a los pro­fe­tas Isaías y Miqueas. Aten­di­en­do a sus men­sajes e influ­en­ci­a­dos por el buen rey Eze­quías, Judá evitó la cau­tivi­dad en este tiem­po.

Aho­ra parece evi­dente que Tiglat-pileser III es el Pul de la his­to­ria bíbli­ca — “Pul el rey de Asiria” a quien Man­a­hem pagó trib­u­to (2 Rey 15:19). Sin embar­go se sus­ci­ta una duda por la obser­vación de los cro­nistas de que “El Dios de Israel excitó el espíritu de Pul rey de los asirios, y el espíritu de Tiglat-pileser rey de los asirios” (1 Crón 5:26). ¿O eran estos dos reyes difer­entes, o son dos nom­bres para el mis­mo rey? Krael­ing dice que la iden­ti­dad de Pul como Tiglat-pileser fue estable­ci­da hace mucho tiem­po por las inscrip­ciones cuneiformes “las cuales mostra­ban que Pul (Pulu) era el nom­bre que se le dio como rey de Babilo­nia”.[5] Las ano­ta­ciones libres de la tra­duc­ción de Joseph Horner, “Y el Dios de Israel excitó el espíritu del rey Pul de Asiria, al igual que a Tiglat-pileser rey de Asiria, y los llevó (sin­gu­lar) lejos”, indi­can­do entonces que los dos nom­bres se refieren a un solo rey.[6]

Tiglat-pileser y los tres reyes que lo sucedieron afec­taron grande­mente la his­to­ria de Israel y de Judá. Estos reyes y su relación con Israel y Judá serán detal­la­dos en for­ma más amplia en el con­jun­to de este libro. Los cua­tro reyes asirios y los años de su gob­ier­no son:

Tiglat-pileser III, 745–727 A.C.

Shal­maneser V, 727–722 A.C.

Sargón II, 721–705 A.C.

Sena­que­rib, 705–681 A.C.

Tiglat-pileser III empezó la con­quista de Israel lle­van­do en cau­tivi­dad parte de las tribus del norte de Zab­ulón y de Nef­talí (Isa 9:1,2). Cuan­do fue siti­a­do por las fuerzas com­bi­nadas de los Reyes de Peka de Israel y del rey Rezin de Siria, el rey Acaz de Judá “envió emba­jadores a Tiglat-pileser rey de Asiria, dicien­do: Yo soy tu sier­vo y tu hijo; sube, y defién­deme de la mano del rey de Siria, y de la mano del rey de Israel” (2 Rey 16:7). El rey de Asiria respondió de bue­na gana a esta peti­ción, aunque a un alto cos­to para Judá y Acaz.

Shal­maneser V, otro gen­er­al mil­i­tar, sucedió a su padre Tiglat-pileser en el trono de Asiria y empezó el ase­dio con­tra Samaria lo cual resultó en la caí­da de la ciu­dad. Hay sin embar­go una pre­gun­ta, y con­siste en si la ciu­dad cayó bajo su direc­ción en el ase­dio y antes de su muerte, o bajo la direc­ción de su suce­sor, Sargón II. Esta pre­gun­ta lev­an­ta una segun­da: ¿Samaria cayó bajo los asirios en 722 o 721 A.C.? En un rela­to de sus cróni­cas, Sargón recla­ma que él destruyó la ciu­dad. Tam­bién de acuer­do a su reg­istro, 27290 israeli­tas fueron depor­ta­dos a Asiria, mien­tras que los cau­tivos de otras ciu­dades fueron lle­va­dos a la tier­ra con­quis­ta­da de Israel. Estos recién lle­ga­dos y los israeli­tas que per­manecieron allí se casaron entre ellos; los samar­i­tanos de los días de Jesús fueron sus descen­di­entes. Se ha sug­eri­do que Sargón pudo haber sido el gen­er­al que dirigió el ase­dio en los últi­mos días del sitio. El entonces clamó el hon­or de su con­quista cuan­do Shal­maneser murió. De cualquier for­ma podemos con­cluir que Samaria cayó cer­ca de finalizar el 722 o al empezar el 721. La pro­fecía de Oseas fue entonces dramáti­ca­mente cumpl­i­da.

A la muerte de Sargón (705 A.C.), su hijo Sena­que­rib heredó el trono. Es descrito por los his­to­ri­adores como un tal­en­toso coman­dante mil­i­tar pero de un carác­ter arro­gante, lo cual inspiró el odio de todos. Real­mente, así llevó a sus hijos a que lo mataran mien­tras que esta­ba ado­ran­do en la casa de su dios (Isa 37:38). Fue Sena­que­rib el que sitió a Jerusalén (701 A.C.) sola­mente para ten­er 185,000 de sus hom­bres destru­i­dos por Jehová a las puer­tas de la ciu­dad (Isa 37:36).

Antes de la invasión de cualquiera de estos reyes, Dios lev­an­tó a Amós y a Oseas a predicar en Israel, y a Isaías (740–700 A.C.) y a Miqueas (735–700 A.C.) para procu­rar regre­sar a Judá hacia El mis­mo. Isaías pare­ció haber hecho su pred­i­cación en Jerusalén, mien­tras que Miqueas, algu­nas veces lla­ma­do el pro­fe­ta de la vil­la o del cam­po, con­fin­a­ba sus esfuer­zos en gran parte de las ciu­dades más pequeñas al noreste y sud­este de Jerusalén.

En el 612 A.C. la cap­i­tal asiria de Nínive cayó ante los babilo­nios, los cuales fueron ayu­da­dos por los medos. La batal­la final entre los asirios y los babilo­nios fue dis­puta­da en Harán (609 A.C.), lle­van­do al fin de una de las naciones más cru­eles de la his­to­ria. La caí­da de Nínive es grá­fi­ca­mente descri­ta en la pro­fecía de Nahum. Se recono­cen sin embar­go las aporta­ciones de los asirios, ya que ellos sirvieron como un Esta­do más puli­do a las de la ame­naza de invasión de las hor­das bár­baras del norte y que ellos fomen­taron el desar­rol­lo de la arqui­tec­tura, de cier­tas cien­cias, la lit­er­atu­ra y la escul­tura. La trage­dia de su civ­i­lización era que sus avances más grandes fueron en las artes mil­itares, las cuales fueron usadas para la con­quista y la destruc­ción despi­ada­da de los pueb­los cer­canos.

Isaías, el hom­bre

Fue en el cen­tro de esta expe­ri­en­cia de tiem­pos incier­tos y de dis­tur­bio inter­na­cional en el cual cre­ció Isaías. El rey Uzías, uno de los mejores gob­er­nantes que reinó en Judá, dio una direc­ción hábil al pueblo, impul­san­do el com­er­cio, la agri­cul­tura, la explotación de los recur­sos nat­u­rales de la tier­ra y pro­gra­mas de con­struc­ción. Sin embar­go, como se indicó ante­ri­or­mente, su pros­peri­dad lo llevó a la cor­rup­ción que acom­paña a una ciu­dad pros­pera. La asposta­sia reli­giosa y la ado­ración de ído­los fueron acom­paña­dos por una cor­rup­ción políti­ca, cod­i­cia, rela­jamien­to social y deca­den­cia moral. Isaías, un hom­bre de carác­ter fuerte, con pro­fun­da fe en Dios, cora­je y con­vic­ción, fue el hom­bre al cual escogió en ese momen­to para lle­var la antor­cha de la ver­dad en medio de la oscuri­dad espir­i­tu­al. Hábil para tratar en cualquier clase, Isaías era efec­ti­vo en los cír­cu­los de sociedad, entre fal­sos ído­los reli­giosos y entre la gente común. El tuvo la mis­ión de hac­er volver a la gente hacia Jehová, advir­tien­do de ese modo la cau­tivi­dad en manos de los asirios. El demostró la ver­dad de este lla­ma­do. Jan Vale­ton, el más joven, dice de él: “Tal vez nun­ca ha habido otro pro­fe­ta como Isaías, el cual se pararía con su cabeza en las nubes y sus pies en la tier­ra sól­i­da, con su corazón en las cosas de la eternidad y su boca y sus manos en las cosas del tiem­po, con su espíritu en el con­se­jo eter­no de Dios y su cuer­po en el muy definido momen­to de la his­to­ria”.[7]Ver­dadera­mente, Isaías puede ser lla­ma­do el decano de los pro­fe­tas.

Poco se conoce de la vida per­son­al de Isaías. Lo que cono­ce­mos se deri­va del libro el cual lle­va su nom­bre y una pocas ref­er­en­cias en los libros históri­cos de la Bib­lia. Su nom­bre sig­nifi­ca “la sal­vación del Señor”, e indi­ca que su mis­ión era diri­gir a la gente al Señor, la úni­ca fuente de sal­vación. Sabe­mos que esta­ba casa­do y que su mujer era pro­fe­ti­za (Isa 8:3). Tuvo los menos dos hijos los cuales tenían nom­bres proféti­cos. Sear-Jasub (“un rema­nente volverá”), el may­or tenía la sufi­ciente edad para acom­pañar a su padre cuan­do se reunió con el rey Acaz al extremo del acue­duc­to del estanque de arri­ba (7:3). El nom­bre del segun­do hijo de Isaías era Maher-Salal-Has­baz (“El despo­jo se apresura, la pre­sa se pre­cipi­ta”, 8:3).

Todos los pro­fe­tas de Dios hablarían en relación con sus tiem­pos; ellos no hablaron o escri­bieron en for­ma abstrac­ta. Ellos tratarían con situa­ciones de la vida real y escri­bieron antes que nada, de su propia gen­eración, pero tam­bién a las gen­era­ciones que los sucedieron, la gente de todas las épocas las cuales pueden encar­ar situa­ciones económi­cas, políti­cas y morales sim­i­lares. Aunque se dirigió a sí mis­mo a los judíos de ese momen­to, Isaías puede ser lla­ma­do el pro­fe­ta del futuro, porque con­stan­te­mente apun­ta los even­tos que ven­drían. El ten­so futuro y el per­fec­to proféti­co, a los que se refieren como even­tos que ven­drían como si hubier­an ya ocur­ri­do, car­ac­ter­i­zan­do sus escritos des­de el prin­ci­pio has­ta el fin. El vio clara­mente el futuro de Judá, la destruc­ción de las naciones paganas, y el adven­imien­to de un Rey, el Mesías, el cual gob­ernaría con rec­ti­tud.

Del mis­mo libro apren­demos que Isaías no era sola­mente un pro­fe­ta sino tam­bién un gran estadista de una agu­da com­pren­sión de los asun­tos del mun­do de sus días. Se dice que Edmund Burke, el gran estadista inglés del siglo diecio­cho, habit­ual­mente leía sobre Isaías antes de asi­s­tir al Par­la­men­to y tuvo al pro­fe­ta en la más alta esti­mación. El pro­fe­ta fue con­se­jero de reyes, ponién­dose en un niv­el igual antes Dios y no temien­do con­denar los errores y señalar lo cor­rec­to. No sola­mente fueron tratadas estas condi­ciones inter­nas, jun­to con el poder cre­ciente de Asiria, sino que esta­ba tam­bién el prob­le­ma de Egip­to, el gran coco­dri­lo del sud­este, el cual esta­ba deter­mi­na­do a no renun­ciar a su pasa­da dom­i­nación mundi­al sin esforzarse. Esto llevó al desar­rol­lo de tres partes políti­cas en Judá durante el tiem­po de Isaías: la parte egip­cia, la cual abo­ga­ba por una alian­za con Egip­to en con­tra de Asiria; una parte asiria, la cual podría capit­u­lar a Asiria; y una parte de “Jehová” o nacional­ista guia­da por Isaías, el cual dirigió la leal­tad hacia el Señor como el úni­co camino a la sal­vación.

Isaías fue asimis­mo un gran refor­mador el cual con­denó los errores de la gente y apun­tó a Jehová como la fuente de toda con­duc­ta cor­rec­ta. Era sola­mente retor­nan­do a Jehová, rec­hazan­do toda idol­a­tría, y con­struyen­do sobre la roca sól­i­da de la ver­dad tal y como fue rev­e­la­da por Dios, que Judá podría evi­tar la destruc­ción. Los ído­los, la cor­rup­ción en el dominio políti­co, y la inmoral­i­dad de todo tipo debía ale­jarse. La gente debería apren­der a “esper­ar en Jehová”, per­mi­tién­dole a El diri­gir­los en lugar de escuchar las voces de sus fal­sos líderes.

Como teól­o­go (si pudiéramos usar la pal­abra con respec­to a su estu­dio y com­pren­sión de la nat­u­raleza ver­dadera y del carác­ter de Dios), Isaías fue sin igual. El vio al Señor como a un Rey, alto y exal­ta­do sobre toda creación y abso­lu­to en san­ti­dad y rec­ti­tud, y con­stan­te­mente enfa­tizó el con­trol de Jehová sobre las naciones y su des­ti­no. Las pal­abras rec­ti­tud y jus­ti­cia, los prin­ci­p­ios sobre los cuales Dios actúa siem­pre, ocur­ren repeti­da­mente en el men­saje de Isaías. El carác­ter ver­dadero y la nat­u­raleza de Dios serían rev­e­la­dos en la veni­da de Emmanuel (“Dios con nosotros”). Los con­cep­tos exal­ta­do y sub­lime de Jehová los cuales serían rev­e­la­dos en el que ven­dría es el pen­samien­to pre­dom­i­nante y lo que se enfa­ti­za en el libro. Si bien todo lo de los pro­fe­tas, los cuales escri­bieron en los días pos­te­ri­ores y de los even­tos de ese perío­do dijeron y pre­sen­taron cier­tos aspec­tos del Mesías que ven­dría, Isaías tuvo con mucho una visión más pro­fun­da y un con­cep­to más claro del Reden­tor. Este con­cep­to no sig­nifi­ca que no este de acuer­do con los otros pro­fe­tas, sino sim­ple­mente se hace notar que Dios dis­tin­guió a Isaías para ese propósi­to y así lo inspiró (1 Ped 1:10–12; 2 Ped 1:21).

Por 2a. de Cróni­cas sabe­mos que en for­ma adi­cional a su pro­fecía, Isaías escribió un rela­to de los hechos de Uzías; aparente­mente estos hechos no se rela­tan de nue­vo en los libros históri­cos de la Bib­lia ni en el libro rela­ciona­do con los nom­bres de los pro­fe­tas (2 Crón 26:22). Tam­bién sabe­mos que Isaías recordó una “visión” en la cual detal­ló “el resto de los hechos de Eze­quías, y sus bue­nas acciones” (2 Crón 32:32). No ten­emos un rela­to de la muerte de Isaías; ninguno de nosotros sabe­mos si vivió más allá del tiem­po de Eze­quías y den­tro del perío­do del reina­do de Man­asés. Hay una tradi­ción que dice que fue aser­ra­do bajo la orden de Man­asés. Esto se basa prin­ci­pal­mente sobre un libro apócri­fo, La Ascen­sión de Isaías. Además, Justi­no Már­tir en su diál­o­go con Tri­fo cen­sura a los judíos con la acusación “a quien [a Isaías] ust­edes aser­raron en una sier­ra de madera”.[8] Pero no hay una evi­den­cia sól­i­da de esto. Aún cuan­do nos gus­taría cono­cer más detalles de la vida per­son­al de Isaías, ellos no han sido rev­e­la­dos. En lugar de ello, el pro­fe­ta puso su aten­ción sobre “El San­to de Israel” y Su con­trol del des­ti­no de los hom­bres y de las naciones. Por lo menos sabe­mos que muerte de Isaías fue más feliz que las de la may­oría de los pro­fe­tas, pues vivió para ver el fru­to de sus labores — la mano de Dios evitó a Su pueblo ser der­ro­ta­dos por los asirios.

Isaías, el libro

Debido al número de capí­tu­los, el libro de Isaías es gen­eral­mente con­sid­er­a­do el más largo de todos los libros proféti­cos; pero pági­na por pági­na (en la ASV), es lig­era­mente más cor­to que Jere­mías y aprox­i­mada­mente equiv­a­lente a Eze­quiel. El con­tenido del libro no está siem­pre en orden cronológi­co, algo que en oca­siones pre­sen­ta difi­cul­tades al estu­di­ante. Por ejem­p­lo, el lla­ma­do del pro­fe­ta a su tra­ba­jo aparece en el capí­tu­lo 6 en lugar de hac­er­lo al ini­cio del libro. Una expli­cación ade­cua­da para esto podría no ser posi­ble, pero en el momen­to ade­cua­do hare­mos lo posi­ble por expli­car­lo. Es bas­tante posi­ble que los temas en el libro podrían haber sido escritos en sec­ciones de acuer­do al asun­to trata­do y reunidos más tarde den­tro del todo. Hay que recor­dar que el pro­fe­ta pro­fe­tizó sobre cir­cun­stan­cias vari­ables alrede­dor de un peri­o­do de cuarenta años.

Uno de los pun­tos fuertes del libro es su énfa­sis sobre la sal­vación por fe, pero era sobre las bases de la fe en Dios que la gente sería sal­va­da de sus deli­tos y de sus con­se­cuen­cias. George L. Robin­son llamó al libro la Epís­to­la de los Romanos del Antiguo Tes­ta­men­to, y esto bien describe su men­saje. El pueblo era urgi­do y ani­ma­do a esper­ar por el Señor, a esper­ar fer­vien­te­mente, a esper­ar, a esper­ar con fe.

El libro énfa­ti­za tam­bién que el Mesías traería a los Gen­tiles jun­to con los Judíos. La veni­da de alguien que sería una luz, trayen­do sal­vación a los pueb­los de todas las naciones. Tan­to Judíos como Gen­tiles serían parte de un gran reino espir­i­tu­al, uni­ver­sal en su alcance, gob­er­na­do por un Rey de rec­ti­tud. El por que los Judíos no podrían ver y acep­tar este gran propósi­to de Jehová tal y como es asen­ta­do más ade­lante por Isaías y cumpli­do en el Cristo que ven­dría ha sido un gran mis­te­rio. El pro­fe­ta sin embar­go, tuvo una expli­cación para ello: los Judíos cer­raron sus ojos, taparon sus oídos, y endurecieron sus cora­zones de tal man­era que ellos no pudieron acep­tar la ver­dad.

La pater­nidad úni­ca del libro de Isaías ha sido poco ata­ca­da por los críti­cos a través de un siglo; algunos excla­man que fueron dos Isaías (el escritor de los capí­tu­los 1–39 y el escritor de los capí­tu­los 40–66), algunos que tres, y otros dicen que el libro es una com­posi­ción de numerosos escritores descono­ci­dos. No está den­tro del alcance o de la nat­u­raleza de este vol­u­men entrar en una dis­cusión de esta cuestión, pero bas­ta decir que todos los eru­di­tos con­ser­vadores y que la evi­den­cia de los críti­cos no es con­clu­si­va. Robin­son apun­ta el hecho de que la expre­sión “el San­to de Israel” se men­ciona vein­ticin­co veces (actual­mente vein­tiséis) en Isaías, doce veces en los capí­tu­los 1–39, trece (actual­mente catorce) veces en los capí­tu­los 40–66, y sola­mente seis veces en otras partes.[10] En ninguno de los vein­tiún pasajes del Nue­vo Tes­ta­men­to donde el escritor o comen­tarista cita a Isaías y apela al pro­fe­ta por nom­bre, no hay ningu­na difer­en­cia o sospecha de que más de un Isaías haya escrito el libro rela­ciona­do con ese títu­lo. Que las citas del Nue­vo Tes­ta­men­to son sacadas de ambas divi­siones del libro es un tes­ti­mo­nio efec­ti­vo de su unidad. En resumen, el man­u­scrito com­ple­to de Isaías des­cu­bier­to en Qum­ran en 1947 y acep­ta­do por todos los eru­di­tos (has­ta donde sé), y que data del segun­do siglo antes de Cristo, no hace división entre los capí­tu­los 39 y 40. Esta es una fuerte evi­den­cia de que los que tran­scri­bieron tuvieron conocimien­to de un solo autor del libro. La sec­ción históri­ca, capí­tu­los 36–39, sirve como una con­clusión de la primera sec­ción del libro y como intro­duc­ción a la segun­da, unien­do de esta man­era a las dos. Acep­to y defien­do la unidad del autor de Isaías.

Alcance del Libro

Isaías fue el hom­bre del momen­to. Edu­ca­do en la ciu­dad de Jerusalén durante el próspero reina­do de Uzías, esta­ba com­ple­ta­mente famil­iar­iza­do con las condi­ciones políti­cas y sociales de su tiem­po. No sola­mente tenía una pro­fun­di­dad espir­i­tu­al y una com­pren­sión del carác­ter ver­dadero de Jehová como muy pocos hom­bres han lle­ga­do a poseer, sino que tam­bién tuvo una com­pren­sión amplia del movimien­to históri­co de su tiem­po. El pro­fe­ta observó como el poderoso impe­rio asirio, des­ti­na­do a con­ver­tirse en el azote de la tier­ra, se extendía a través del mun­do de aque­l­los días y arro­jaría su ame­nazado­ra som­bra sobre las naciones.

Den­tro de su pro­pio reino, Isaías vio los resul­ta­dos de la apos­tasía ante Dios: la deca­den­cia políti­ca, moral y social. El vio a Asiria, una nación lejana, como el instru­men­to de la mano de Dios para purificar a su pueblo en un inten­to de sal­var un rema­nente. Isaías empezó su pro­fecía con una descrip­ción de la apos­tasía de Judá, el lla­ma­do de Dios a venir y a razonar jun­tos, y Su ofrec­imien­to de perdón (capí­tu­lo 1). Esto fue segui­do por una visión de los días pos­te­ri­ores en los cuales el ide­al de Dios para Su ciu­dad de Sion sería real­iza­do (2:1–4). Inmedi­ata­mente volvería a trazar la condi­ción pre­sente de Judá, el pro­fe­ta denun­ció a los gob­er­nantes y a los jue­ces impíos, a los fal­sos pro­fe­tas y a las mujeres atavi­adas, los cuales con­tribuyeron con su parte a la inmoral­i­dad de la nación (2:5–4:1). Pero no siem­pre sería de esta man­era; a través de los efec­tos de purifi­cación del juicio de Dios even­tual­mente habría un rema­nente purifi­ca­do el cual se rego­ci­jaría en El (4:2–6). Isaías pro­cedió entonces a pro­nun­ciar ayes sobre var­ios seg­men­tos de la sociedad y a adver­tir sobre el juicio inmi­nente (capí­tu­lo 5). En este pun­to leemos sobre la muerte de Uzías, el pro­fe­ta recibió su lla­ma­do de Jehová para lle­var el men­saje de Dios de ruina y de esper­an­za a la gente (capí­tu­lo 6).

Hubo en Judá tan­to buenos como mal­os gob­er­nantes, pero aún entre los mejores hubo serias fal­tas. David cometió adul­te­rio, y entonces fue lle­va­do a cubrir su peca­do por el asesina­to. Salomón, el rey sabio que gob­ernó en paz, había intro­duci­do a la nación a la idol­a­tría y a lev­an­tar altares a los dios­es de sus difer­entes esposas. Uzías, uno de los mejores reyes de Judá, había sido induci­do por orgul­lo a entrar al san­tu­ario y a que­mar incien­so a Jehová, un acto lim­i­ta­do por la ley sola­mente a los sac­er­dotes.

Aún Eze­quías, en algu­nas cosas uno de los mejores reyes, era atraí­do a apo­yarse en Egip­to en lugar de hac­er­lo en Jehová para ayu­darse con­tra Asiria. Pos­te­ri­or­mente se per­mi­tió a sí mis­mo ser lle­va­do por la sober­bia a pre­sen­tar sus tesoros a los emba­jadores envi­a­dos para con­grat­u­larse sobre su recu­peración de la enfer­medad. Por este peca­do de Eze­quías, Judá sería lle­va­da a la cau­tivi­dad en Babilo­nia en algu­na fecha futu­ra (Isaías 39).

A la luz de estos errores por parte de los reyes que gob­ernaron sobre la gente de Dios, Isaías anun­ció que el Señor ele­varía un Rey el cual gob­ernaría con rec­ti­tud. Esto lle­ga a ser el mejor tema de Isaías (capí­tu­los 7–12). El Rey nac­ería de una vir­gen, una señal para la casa de David (capí­tu­lo 7); este even­to sería pre­ce­di­do por el cas­ti­go de los asirios (capí­tu­lo 8), trayen­do tinieblas a Israel. Pero even­tual­mente a aque­l­los a los cuales colocó en las tinieblas verían la luz, la luz de un nue­vo Rey, reino y glo­ria (9:1–7). Juicios severos son entonces pro­nun­ci­a­dos acer­ca de Efraín y de Judá (9:8–10:4); Estos son segui­dos por el anun­cio de que Asiria invadirá la tier­ra y la destru­irá (10:5–34). El pro­fe­ta alcan­za el clí­max con las pro­fecías de la veni­da del Vásta­go de la raíz de Isaí y Su reina­do (capí­tu­lo 11) y una can­ción de acción de gra­cias (capí­tu­lo 12).

Antes de la veni­da de este Rey espir­i­tu­al y Su reino, todas las naciones paganas de ese tiem­po, des­de la más grande has­ta la más pequeña, deberían ser juz­gadas y lle­vadas a un fin (capí­tu­lo 13–23). Con su destruc­ción el reino de Dios sobre­sal­dría de todos como el más glo­rioso. Esta procla­mación del juicio de las naciones paganas es segui­do por una pro­fecía de juicio mundi­al; Jehová es de nue­vo rev­e­la­do como Juez de las naciones y espe­cial­mente de la gran ciu­dad mundi­al, la cual sería aban­don­a­da a la ruina y a la des­o­lación. Esto delin­ea la caí­da de la Babilo­nia de Apoc­alip­sis 17 y 18. En este juicio mundi­al Jehová pro­te­gería a aque­l­los los cuales pusieron su con­fi­an­za en El (capí­tu­los 24–27). A Efraín, a Judá y a Jerusalén son dadas más adver­ten­cias y ame­nazas de Jehová, con énfa­sis espe­cial sobre el peli­gro de alian­zas con Egip­to. Hay pro­tec­ción sin embar­go, de la gra­cia even­tu­al de Jehová reinan­do sobre Su pueblo (capí­tu­los 28–33). Los futur­os de Edom (sím­bo­lo del mun­do) y de Sion (sím­bo­lo del pueblo espir­i­tu­al) son entonces con­trasta­dos (capí­tu­los 34 y 35). La primera de las dos partes may­ores de Isaías cier­ra con una sec­ción históri­ca. La inter­ven­ción div­ina frus­tra los esfuer­zos de Asiria para tomar Jerusalén. ¡ La fe gana la batal­la ! Esto es segui­do por el rela­to de la enfer­medad de Eze­quías y su recu­peración y la pre­sentación de los tesoros del reino a los men­sajeros de Mero­dac-bal­adán con lo cual Jehová pro­nun­cia que Judá será lle­va­da a Babilo­nia (capí­tu­los 36–39).

Con la vic­to­ria sobre Asiria y el ase­gu­ramien­to por Jehová de la cau­tivi­dad en Babilo­nia en una fecha futu­ra, el tra­ba­jo del pro­fe­ta era aho­ra preparar al pueblo para la cau­tivi­dad y ase­gu­rar­les el retorno de un rema­nente. La segun­da parte may­or del libro es el reg­istro de esta fase del tra­ba­jo de Isaías. El pro­fe­ta entra den­tro de una guer­ra con tesón con­tra los ído­los, fijan­do en ade­lante al Señor como una sola dei­dad (capí­tu­los 40–48). El nom­bró a Ciro el lib­er­ta­dor por medio del cual Dios los lev­an­taría (44:28–45:7). En medio de las pal­abras de alien­to, el ase­gu­ramien­to de lib­eración, las indi­ca­ciones de la inclusión de los Gen­tiles en el Plan de Dios, y las can­ciones del Mesías-Sier­vo el cual esta­ba por venir, Isaías dio garan­tías a las con­se­cuen­cias de los peca­dos más lejanos con­tra Jehová. Con la veni­da del Sier­vo apare­cería tam­bién Su glo­rioso reino, el cual se exten­dería mucho más allá de las fron­teras del primero (capí­tu­los 49–57). De nue­vo la Sion glo­riosa es descri­ta y la sal­vación es ase­gu­ra­da. El viejo orden pasaría y habría bue­nas nuevas y una nue­va tier­ra donde, después de una vic­to­ria com­ple­ta, los san­tos con­tem­plarían los cuer­pos muer­tos de sus ene­mi­gos (capí­tu­los 58–66).

Entonces fue dado a Isaías ver la tier­ra de Dios en la cuestión de su día y con­tem­plar­lo resolvien­do su propósi­to en la his­to­ria. A través de juicio sobre juicio, como una onda sigue a otra onda, el pro­fe­ta fue capaz de ver un rema­nente de san­tos fieles emergien­do, purifi­ca­dos, a través de los cuales Jehová traería ade­lante a Su Rey jus­to, Emmanuel (“Dios con nosotros”), y Su Reino inde­struc­tible el cual llenaría la tier­ra de mar a mar. La veni­da del Sier­vo-Rey y Su reino, un even­to el cual llenaría per­fec­ta­mente la pro­fecía de Isaías, man­tenién­dose como un Gibral­tar de evi­den­cia soste­nien­do la Pal­abra de Dios y como una con­de­nación eter­na de los judíos que rehusaron creer, y de los Gen­tiles que rehusaron escuchar.


[1] Siegfried J. Schwantes, A Short His­to­ry of the Ancient Near East (Grand Rapids: Bak­er, 1965), chs. 18–20.

[2] Joseph P. Free, Archae­ol­o­gy and Bible His­to­ry (Wheaton, Ill.: Van Kam­p­en, 1950), p. 33, n. 54, ver tam­bién pág. 81.

[3] George A. Bar­ton, Archae­ol­o­gy and the Bible His­to­ry, 7th. Ed. (Philadel­phia: Amer­i­can Sun­day-School, 1937),

pág. 458.

[4] Schwantes, Short His­to­ry, p. 122.

[5] Emil G. H. Kre­al­ing, Rand McNal­ly Bible Atlas (Chica­go: Rand McNal­ly, 1957), pág. 294.

 

[6] Free, Archae­ol­o­gy, pág. 196.

 

[7] Cita­do en George L. Robin­son, The Book of Isa­iah (Grand Rapids: Bak­er, 1954 reprint), pág. 22.

[8] Justi­no Már­tir Dia­logue with Trypho 120, en Ante Nicene Fathers (New York: Scrib­n­er, 1903), vol. 1, p. 259.

[9] Robin­son, Isa­iah, p. 14.

[10] Ibid. Sobre este pun­to de la unidad el estu­di­ante debe estu­di­ar intro­duc­ciones con­ser­vado­ras. Son sug­eri­dos dos libros cor­tos: Oswald T. Allis, The Uni­ty of Isa­iah (Philadel­phia: Pres­by­ter­ian and Reformed, 1950); Edward J. Young, Who Wrote Isa­iah? (Grand Rapids: Eerd­mans, 1958).

Intro­duc­ción

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