¿Cómo cayó Jer­icó?

Intro­duc­ción:

  1. El reg­istro de la caí­da de Jer­icó es muy famil­iar a mucha gente (Josué 6:6–20).
  2. Fue fue una vic­to­ria impre­sio­n­ante para los Israeli­tas que recien­te­mente habían entra­do a la tier­ra de Canaan.
  3. A pesar de que la ciu­dad esta­ba muy for­ti­fi­ca­da, fue com­ple­ta­mente destruí­da (Josué 6:1, 21)
  1. ¿Cómo se cayeron las pare­des?
    1. Jer­icó cayó por la gra­cia de Dios.
      1. Dios dio Jer­icó los Israeli­tas (6:2)
      2. Aunque la gente de Israel era grande y fuete, no era una poten­cia que podía destru­ir la ciu­dad amu­ral­la­da, espe­cial­mente sin sufrir muchas pér­di­das.  Sin embar­go, con la ayu­da de Dios, era una tarea triv­ial.
    2. Jer­icó cayó por fe.
      1.   Dios demandó que Israel mar­chara alrede­dor de la ciu­dad por seis días.  En el sép­ti­mo día deberían mar­char siete veces alrede­dor de la ciu­dad.  
      2. Has­ta no hac­er todo lo que Dios les mandó y de la man­era que se los mandó, no había evi­den­cia que las pare­des iban a caer.
      3. Fue por su con­fi­an­za en Dios que las pare­des caerían (Hebre­os 11:30)
    3. ¿El hecho de que Israel tuviera que con­fi­ar en Dios anu­lara la gra­cia de Dios al dar­les la ciu­dad?
      1. ¿El hecho de que tenían que obe­de­cer los man­damien­tos de Dios impli­ca que los israeli­tas se ganaron el dere­cho de tomar Jer­icó?
      2. ¡Claro que no!  Cuan­do el hom­bre cumplió con las condi­ciones que Dios le dio para tomar la ciu­dad, no había glo­ria en la capaci­dad del hom­bre, pero en la glo­ria de la fuerza de Dios (Josué 6:16).
      3. Los Israeli­tas com­prendían que la vic­to­ria era UN REGALO DE DIOS.
      4. Si uno elim­i­na la gra­cia de Dios, las mural­las de Jer­icó no hubier­an caí­do.  Si uno elim­i­na la obe­di­en­cia a la pal­abra de Dios, no hubier­an gus­ta­do de la vic­to­ria.  
  2. Nues­tra com­pren­sión de la sal­vación
    1. Somos salvos por la gra­cia de Dios.
      1. La humanidad ha demostra­do que no puede rescatarse de si mis­mo (Salmo 14:1–3) 
      2. Lleg­amos a ser por nues­tra nat­u­raleza hijos des­ti­na­dos a la ira (Efe­sios 2:1–3).
      3. No poseemos la capaci­dad para rescatarnos (Romanos 3:9–11, 23).
      4. Sin embar­go Dios escogió rescatarnos (Romanos 5:6–11).
      5. Fue el don (rega­lo) de Dios para nosotros (Efe­sios 2:4–7).
    2. Sin embar­go, como los israeli­tas, Dios espera que teng­amos fe en su obra antes de que veamos el resul­ta­do.
      1. Es imposi­ble ser sal­vo sin fe (Hebre­os 11:6).
      2. Nues­tra fe es demostra­da con nues­tra obe­di­en­cia a la vol­un­tad de Dios (San­ti­a­go 2:14–17).
    3. El req­ui­si­to de fe no anu­la el rega­lo que Dios nos ha ofre­ci­do (Efe­sios 2:8–10).
      1. Nues­tra con­fi­an­za y obe­di­en­cia demues­tra el poder de la benig­nidad de Dios.
      2. Esa gra­cia fue hecha man­i­fi­es­ta a los de Éfe­so por medio  del evan­ge­lio (Efe­sios 3:1–10).
      3. A respues­ta a este men­saje, los efe­sios obe­decieron los man­damien­tos de Dios (Hechos 19:1–5).
    4. ¿Hubier­an sido salvos sin la gra­cia de Dios?  ¿Hubiera lle­ga­do la la sal­vación sin creer en el men­saje del evan­ge­lio?  ¿Podrían real­mente haber creí­do sin haber obe­de­ci­do los man­damien­tos de Dios?
    5. ¿Ve que uno no es sal­vo por la gra­cia sola­mente?  Tam­poco es uno sal­vo por la fe sola­mente (San­ti­a­go 2:24).  Mucho menos somos salvos por hechos sola­mente.

Con­clusión:

  1. Las defens­es de Satanás no pueden pon­er un alto al ejérci­to de Dios (Mateo 16:18).
  2. Es el men­saje de Dios que debe ser lle­va­do a un mun­do per­di­do y murien­do (Romanos 10:12–15).  
  3. Sin embar­go, no todos van a escuchar (Romans 10:16–17).
  4. ¿Qué de ust­ed?

¿Qué es lo que el Señor requiere?

(Miqueas 6:6–8)

Intro­duc­ción:

  1. Creo que todos quisiéramos saber exac­ta­mente lo que el Ser requiere de nosotros para lle­gar al cielo.
  2. Sin embar­go, la respues­ta a esa pre­gun­ta no es tan fácil como dán­donos una lista de reglas tal como, “no robarás, no matarás…”
  3. Miqueas nos da una respues­ta inspi­ra­da a esa respues­ta muy impor­tante.

Cuer­po

  1. Dios deman­da más que exter­nos
    1. Miqueas 6:6–7
    2. Isaías 1:13–15; Amós 5:21–24
    3. Acciones exter­nas sin involu­crar el hom­bre inter­no es inútil (Mateo 15:8–9; 1 Cor­in­tios 13:1–3).
  2. Dios quiere que prac­tique­mos la jus­ti­cia
    1. Miqueas 6:8
    2. Hac­er la jus­ti­cia es actu­ar jus­ta­mente hacia todo hom­bre-no sola­mente hacia algunos.
    3. ¿Cómo tra­ta a los ene­mi­gos, a los pobres, a los enfer­mos?
    4. Romanos 12:17
  3. Dios que amem­os la mis­eri­cor­dia (leal­tad)
    1. Miqueas 6:8
    2. No sola­mente mostrar la mis­eri­cor­dia; pero amar­la.
    3. Mateo 23:23
    4. ¿Qué tan difer­ente será nue­stro panora­ma de la vida se buscáramos opor­tu­nidades para ser mis­eri­cor­diosos?
    5. Mateo 18:21–35; 7:1–2; San­ti­a­go 2:13
  4. Dios que caminemos humilde­mente con Él
    1. Miqueas 6:8
    2. Amós 3:3
    3. San­ti­a­go 4:10; Humíl­late ante la pres­en­cia de Dios…
    4. Mateo 5:3; Bien­aven­tu­ra­do los pobres en espíritu…

Con­clusión:

    1. ¿Algu­nas de las cua­tro cual­i­dades ya men­cionadas le lla­man la aten­ción?
    2. ¿Si su veci­no resum­iera su vida, qué diría de ust­ed?
    3. ¿Si Dios resum­iera su vida, qué diría de ust­ed?