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¿A Dónde Fue El Señor Al Morir? Al morir, Cristo fue sepul­ta­do, y mien­tras su cuer­po per­manecía en el sepul­cro por tres días, su espíritu había ascen­di­do a la región del Hades que El lla­ma “Paraí­so” (Luc. 23:43; Hch. 2:27–31). Cristo estu­vo en el Hades pero no en el infier­no. Las ver­siones que digan que Cristo estu­vo en el “infier­no” son tra­duc­ciones incor­rec­tas (la pal­abra que aparece en el tex­to orig­i­nal es “Hades” y así se debe tra­ducir). Al ladrón que se había arrepen­ti­do, el Señor Jesús le dice, “De cier­to te digo que hoy estarás con­mi­go en el Paraí­so”. En el Hades hay un lugar de reposo que el Señor le lla­ma “Paraí­so”. En el rela­to del rico y Lázaro, a este mis­mo lugar Lucas le lla­ma “el seno de Abra­ham” donde Lázaro era “con­so­la­do” mien­tras que el rico era “ator­men­ta­do” (Luc. 16:25). El alma de Cristo no per­maneció en el Hades como tam­poco su cuer­po per­maneció en el sepul­cro porque resucitó de entre los muer­tos (Hch. 2:31,32). “Era imposi­ble que fuese retenido por ella” (2:24). El poder del Hades no pudo deten­er­le. “Y ten­go las llaves de la muerte y del Hades” (Apoc. 1:18). Si el Hades hubiera detenido a Cristo, El no hubiera cumpli­do el plan de reden­ción. Pero resucitó, el Hades no prevale­ció, estable­ció Su igle­sia, y por estos salvos algún día ven­drá por segun­da vez.

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