El Espíritu Santo y la Santificación

El Espíritu San­to y la San­tifi­cación

Intro­duc­ción:

  1. Des­de el Pen­te­costés el Espíritu San­to ha esta­do tra­ba­jan­do en la vida de los cris­tianos en una for­ma grande y mar­avil­losa.
    1. Él obra en traer el men­saje del Evan­ge­lio al per­di­do.
    2. Él obra en el pro­ce­so de con­ver­sión, la regen­eración del corazón.
  1. ¿Qué hace el Espíritu San­to por nosotros aho­ra, después de que hemos lle­ga­do a ser cris­tianos?
    1. ¡PODER! El Espíritu San­to es dado a nosotros en dos difer­entes tipos de poder:
      1. El poder min­istra­do en la for­ma de dones espir­i­tuales. Estos son apti­tudes y habil­i­dades que nos capac­i­tan a servirnos los unos a los otros den­tro del cuer­po de Cristo.
      2. El poder moral, “capac­itán­donos a guardar los man­damien­tos de Dios y vive una vida pia­dosa. Él nos da poder para vivir una vida san­ta.”
    2. El poder moral es en lo que nos ocu­pare­mos en esta lec­ción.
  1. La mora­da del Espíritu San­to
  1. Hechos 2:38 dice que cuan­do un pic­a­dor es bau­ti­za­do él recibe el Espíritu San­to como un don. Esto sig­nifi­ca que en el momen­to del bautismo el Espíritu San­to. Dios mis­mo, entre en nues­tra vida en una for­ma espe­cial y per­manece allí, usan­do a cada cris­tiano como un lugar de mora­da.
  2. ¡El Espíritu San­to mora en real­i­dad en nosotros!
      1. Eze­quiel 36:27 Y pon­dré den­tro de vosotros mi Espíritu, y haré que andéis en mis estatu­tos, y guardaréis mis pre­cep­tos, y los pongáis por obra.
      2. Juan 7:38 El que cree en mí, como dice la Escrit­u­ra, ‘de su inte­ri­or cor­rerán ríos de agua viva.’”
      3. El após­tol Pablo habla de la mora­da del Espíritu descri­bi­en­do como el Espíritu está rela­ciona­do con nosotros:
        1. 1 Cor­in­tios 6:19 ¿O ignoráis que vue­stro cuer­po es tem­p­lo (naos un tem­p­lo, altar, san­tu­ario) del Espíritu San­to, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vue­stros? – Cuan­do nosotros recibi­mos el Espíritu San­to Él empieza a usar nue­stros cuer­pos como una mora­da.
        2. Romanos 8:9–11 Y los que viv­en según la carne no pueden agradar a Dios. Mas vosotros no vivís según la carne, sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios mora (oikeos está rela­ciona­do a oikos que sig­nifi­ca casa) en vosotros. Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él. (10) Pero si Cristo está en vosotros, el cuer­po en ver­dad está muer­to a causa del peca­do, más el espíritu vive a causa de la jus­ti­cia (11) Y si el Espíritu de aquel que lev­an­tó de los muer­tos a Jesús mora en vosotros, el que lev­an­tó de los muer­tos a Cristo Jesús viv­i­fi­cará tam­bién vue­stros cuer­pos mor­tales por su Espíritu que mora en vosotros. – El Espíritu no está solo de visi­ta sino que en real­i­dad mora en ust­edes.
        3. 2 Tim­o­teo 1:14 Guar­da el buen depósi­to por el Espíritu San­to que mora en vosotros.
        4. El Espíritu habi­ta tam­bién en nue­stros cora­zones (mente): 2 Co 1:21–22 Y el que nos con­fir­ma con vosotros en Cristo, y el que ungió, es Dios, (22) el cual tam­bién nos ha sel­l­a­do, y nos ha dado las arras del Espíritu en nue­stros corazón.
        5. Gál 4:6 Y por cuan­to sois hijos, Dios envió a vue­stros cora­zones el Espíritu de su Hijo, el cual cla­ma: ¡Abba, Padre!
      4. La mora­da del Espíritu solo acon­tece a los cris­tianos.
      5. La mora­da del Espíritu no es proba­da por el hablar en lenguas, sino que es ase­gu­ra­da por la mis­ma prome­sa de la Pal­abra de Dios. Él dijo que Espíritu mora en nosotros y el Espíritu habi­ta en nosotros y los cris­tianos deben acep­tar­lo por fe.
  1. El propósi­to de la mora­da del Espíritu
    1. ¿Por qué Dios nos da la mora­da del Espíritu San­to? La úni­ca pal­abra de respues­ta es la “San­tifi­cación”. San­tifi­cación sig­nifi­ca pon­er aparte, con­sagrar. Hay dos usos de la pal­abra:
      1. El poder Sal­vador ini­cial que alguien recibe cuan­do lle­ga a ser un cris­tiano, el añadirse a la igle­sia (Hechos 2; Gálatas 1:4; 1 Cor­in­tios 6:11; Hechos 9:13, 32; Romanos 1:7; 15:25–26; 1 Cor­in­tios 1:2; Fil­ipens­es 1:1 – cada creyente sal­va­do es un san­to).
      2. La san­tifi­cación pro­gre­si­va.
        1. Esto es lo que nos ayu­da a cre­cer en la “gra­cia y en el conocimien­to de nue­stro Señor…” (2 Pedro 3:18).
        2. Esto es lo que nos per­mite “ocu­parnos de nues­tra sal­vación con temor y tem­blor…” (Fil­ipens­es 2:12).
        3. Esto es como lleg­amos a ser más y más como Dios en jus­ti­cia y en san­ti­dad (Efe­sios 4:22–24).
        4. Esto es como Dios nos ayu­da a ser san­tos como Dios es san­to (1 Pedro 1:15–16).
        5. Esto es como lleg­amos a ser (hablan­do pro­gre­si­va­mente) per­fec­tos como Dios es per­fec­to (Mateo 5:48).
        6. Debe­mos com­par­tir la san­ti­dad de Dios como “par­tic­i­pantes de la nat­u­raleza div­ina” (2 Pedro 1:4)
        7. Esto es como podemos purifi­carnos a nosotros mis­mos, así como Él es puro (1 Juan 3:3; ver Lucas 1:75; Romanos 6:19, 22; 2 Cor­in­tios 6:14–7:1; 1 Tesa­loni­cens­es 3:13; 4:7).
        8. 1 Tesa­loni­cens­es 5:23 Y el mis­mo Dios de paz os san­tifique por com­plete; y todo vue­stro ser, espíritu, alma y cuer­po, sea guarda­do irrepren­si­ble para la veni­da de nue­stro Señor Jesu­cristo.
    2. ¿Cómo nos san­tifi­ca el Espíritu San­to?
      1. Después de la con­ver­sión la respon­s­abil­i­dad del cris­tiano es desar­rol­lar el carác­ter san­to y la con­duc­ta san­ta. Esto es el por qué y el cómo el Espíritu San­to nos san­tifi­ca. El Espíritu San­to hace esto por lo menos de dos for­mas: por el conocimien­to de la san­tifi­cación y por el poder de la san­tifi­cación.
      2. El conocimien­to de la san­tifi­cación: Ya hemos estu­di­a­do que el Espíritu San­to nos da conocimien­to por medio de la Pal­abra, de la Bib­lia. Esta Pal­abra nos da el conocimien­to de lo que es el peca­do y como vencer­lo. Sin este conocimien­to no podemos ser salvos y mucho menos per­manecer fieles a Dios (2 Tim­o­teo 3:16–17).
      3. El poder de la san­tifi­cación: El Espíritu San­to nos da el poder para vivir en san­ti­dad. Nue­stro más grande prob­le­ma no es la fal­ta de conocimien­to (sabe­mos lo que es jus­to e injus­to) sino es una fal­ta de poder.
        1. Pablo nos dice que él sabía lo que esta­ba bien y lo que esta­ba mal (ROM 7:19 Porque no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero, eso hago.)
          1. Nues­tras mentes están infor­madas, pero nues­tra vol­un­tad es débil. Nece­si­ta­mos poder moral (espir­i­tu­al) de tal for­ma que llegue­mos a ser “per­fec­tos” como Dios es per­fec­to.
          2. El Espíritu San­to no habi­ta en nosotros con el propósi­to de darnos más int­elec­to, sino para darnos poder y For­t­aleza en nues­tra vol­un­tad de tal for­ma que podamos vencer la tentación y el peca­do, obe­de­cer a Dios y hac­er bue­nas obras.
        2. San­tifi­cación sig­nifi­ca que debe­mos ser “pon­er a la muerte la simiente del cuer­po.”
          1. Romanos 8:13 Porque si vivís con­forme a la carne, moriréis; mas si por el Espíritu hacéis morir las obras de la carne, viviréis. – La simiente que debe­mos pon­er a la muerte son aque­l­las que prac­ticábamos antes de lle­gar a ser cris­tianos (Romanos 6:6; 7:18, 23–25).
          2. Estos peca­dos deben estar muer­tos, aniquila­dos, errad­i­ca­dos, echa­dos fuera, arro­ja­dos fuera de nues­tra vida. Esta es la respon­s­abil­i­dad del cris­tiano, no de Dios. Esto es algo que nece­si­ta­mos hac­er, con la ayu­da del Espíritu.
          3. Fil­ipens­es 2:12–13 Por tan­to, ama­dos míos, como siem­pre habéis obe­de­ci­do, no como en mi pres­en­cia sola­mente, sino mucho más aho­ra en mi ausen­cia,  ocu­paos en vues­tra sal­vación con temor y tem­blor, (13) porque Dios es el que en vosotros pro­duce así el quer­er como el hac­er por su bue­na vol­un­tad. – Dios nos ha man­da­do ser san­tos bus­car la san­tifi­cación (Hebre­os 12:14), pero Él no nos ha deja­do hac­er esto solo por nue­stros recur­sos. Él, por Si mis­mo, en la per­sona del Espíritu San­to, está obran­do en nosotros, “para ayu­darnos tan­to en desear hac­er lo que es jus­to (“estar dis­puesto”) y ayu­darnos real­mente a hac­er­lo  (“obrar”).
          4. Pablo oró a Dios para que “con­forme a las riquezas de Su Glo­ria, el ser for­t­ale­ci­dos con poder en el hom­bre inte­ri­or por su Espíritu.” (Efe­sios 3:16).
          5. Cuan­do somos for­t­ale­ci­dos con el poder del Espíritu, entonces pro­duci­mos el fru­to del Espíritu (Gálatas 5:22–24 Más el fru­to del Espíritu es amor, gozo, paz, pacien­cia, bon­dad, fe, (23) manse­dum­bre, tem­plan­za, con­tra tales cosas no hay ley. (24) Pero los que son de Cristo han cru­ci­fi­ca­do la carne con sus pasiones y deseos.)
      4. Guía y plen­i­tud. Las Escrit­uras describen el poder de san­tifi­cación del Espíritu como “guía” y “plen­i­tud”.
        1. Romanos 8:14; Gálatas 5:16; Romanos 8:4; Gálatas 5:26.
        2. El Espíritu nos guía y nos llena no por un even­to INVOLUNTARIO, en este caso, ser poseí­do por el Espíritu para decir y para hac­er cosas (hablar en lenguas), sino debido a que nosotros Le per­miti­mos obrar en nosotros.

Con­clusión: 

  1. Podría decirse mucho más sobre la guía y la plen­i­tud del Espíritu pero es sufi­ciente enten­der que Dios nos da el poder de pon­er a muerte la simiente del peca­do que algu­na vez prac­ti­camos, y que Él hace esto al dar la mora­da del Espíritu, ese poder que acusa a nues­tra con­cien­cia cuan­do pecamos.
  2. Hay una trayec­to­ria que nos guía a “cla­mar por el poder del Espíritu San­to”:
    1. Infor­ma­ción. Las Escrit­uras nos enseñan lo que es el peca­do y lo que no es (Salmo 119:105).
    2. Adver­ten­cia. Debe­mos estar con­sientes por las Escrit­uras de que el Espíritu San­to está den­tro de nosotros, y el por qué está en nosotros.
    3. Deseo. Debe­mos ten­er un deseo sin­cero de huir del peca­do. ¡Debe­mos real­mente desear, no sim­ple­mente decir­lo sino desear­lo!
    4. Oración.
    5. Ren­di­ción. Debe­mos rendirnos al poder del Espíritu. La man­era en que cono­cer­e­mos que nues­tra propia fuerza de vol­un­tad no es sufi­ciente. Esto deman­da una con­fe­sión de debil­i­dad y necesi­dad de ayu­da per­son­al, y una total con­fi­an­za en el Espíritu.
    6. Con­fi­an­za. Debe­mos creer real­mente (ten­er fe) que el Espíritu nos ayu­dará, y de que proveerá el poder nece­sario para hac­er lo que es jus­to. En ver­dad somos san­tifi­ca­dos POR FE (Hechos 26:18).
    7. Acción. No debe­mos creer que el Espíritu San­to nos poseerá y nos con­for­t­ará más allá de nues­tra vol­un­tad como algu­nas denom­i­na­ciones enseñan. Ten­emos libre albedrío y debe­mos tomar las deci­siones cor­rec­tas y obe­de­cer (Fil­ipens­es 2:12–13).
    8. Acción de gra­cias. “Debe­mos agrade­cer a Dios por el don mar­avil­loso y el poder spir­i­tu­al y dar­le la ala­ban­za y el crédi­to por cada vic­to­ria sobre el peca­do y cada avance en la san­ti­dad.”
 

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