La morada del Espiritu Santo

Se habla mucho sobre la mora­da del Espíritu San­to y algunos se escan­dl­izan. Nece­si­ta­mos hac­er una limpieza de nues­tras nociones pre­con­ce­bidas y per­mi­tir sim­ple­mente que las Escrit­uras hablen en este asun­to. Entonces podemos hac­er una eval­u­ación hon­es­ta sobre la obra del Espíritu San­to que mora en el cris­tiano. En nues­tra últi­ma lec­ción nota­mos la enseñan­za de las Escrit­uras sobre la obra del Espíritu San­to en la rev­elación de la vol­un­tad de Dios. Jesús hace una prome­sa a los após­toles de que Él enviaría al Espíritu San­to, el cual guiaría a los após­toles a toda la ver­dad. Pedro dice que ellos no escri­bieron sus propias pal­abras, sino las mis­mas pal­abras de Dios, en tan­to que ellos esta­ban sien­do guia­dos por el Espíritu San­to. Además, Pablo diría que cuan­do las per­sonas ley­er­an lo que escri­bieron los após­toles, ellos enten­derían el alcance de los após­toles en el mis­te­rio de Cristo. Las Escrit­uras además argu­men­tan que están com­ple­tas y equipadas para toda bue­na obra por medio de la per­sona de Dios. ¿Pero qué es la mora­da del Espíritu San­to? La mora­da es común­mente expli­ca­da como la incitación inte­ri­or del Espíritu San­to. Hemos dicho que nece­si­ta­mos escuchar a Dios hablán­donos por medio del Espíritu San­to el cual nos ayu­dará y nos dirá lo que debe­mos hac­er. ¿Es esto cor­rec­to?

El Espíritu San­to Mora en el Cris­tiano

Lo primero que nece­si­ta­mos hac­er es mostrar que las Escrit­uras hablan del Espíritu San­to que mora en el cris­tiano.

 

Lo primero que nece­si­ta­mos hac­er es mostrar que las Escrit­uras hablan del Espíritu San­to que mora en el cris­tiano.

Romanos 8:9. “Mas vosotros no vivís según la carne, sino según el Espíritu de Dios que mora en vosotros. Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de Él.”

1 Cor­in­tios 6:19. “¿O ignoráis que vue­stro cuer­po es tem­p­lo del Espíritu San­to, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vue­stros?”  Lo que nece­si­ta­mos hac­er es explicar lo que sig­nifi­ca el por qué el Espíritu San­to mora en nosotros. Podríamos sor­pren­der­nos de encon­trar que las Escrit­uras rev­e­lan que hay muchas cosas que moran en nosotros.

¿Qué Más Mora en el Cris­tiano?

Dios el Padre mora en nosotros.  “¿Y qué acuer­do hay entre el tem­p­lo de Dios y los ído­los? Porque vosotros sois el tem­p­lo del Dios viviente, como Dios dijo: Habitaré y andaré entre ellos, Y seré Su Dios, Y ellos serán mi pueblo” (2 Cor­in­tios 6:16; ESV). Note­mos que Dios dice que Él mora den­tro de Sus dis­cípu­los. Yo todavía no he oído que alguien argu­mente que Dios el Padre habite en per­sona den­tro del alma de cada creyente.

Romanos 8:10. “Pero si Cristo está en vosotros, el cuer­po en ver­dad está muer­to a causa del peca­do, más el espíritu vive a causa de la jus­ti­cia.” No solo Dios habi­ta en nosotros, tam­bién Cristo habi­ta en nosotros. Pablo dice esto de nue­vo a los gálatas:

Cristo mora en nosotros.  “Con Cristo estoy jun­ta­mente cru­ci­fi­ca­do, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mi, y lo que aho­ra vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a si mis­mo por mí”  (Gálatas 2:20; ESV). De Nue­vo; nun­ca he oído ningún argu­men­to pre­sen­ta­do de que Cristo lit­er­al y per­sonal­mente habite den­tro del alma de cada creyente, dicien­do al creyente lo que tiene que hac­er. No, estos argu­men­tos están reser­va­dos para el Espíritu San­to. Sin embar­go, es usa­do el mis­mo lengua­je para describir la obra del Padre y la obra de Cristo.

El peca­do puede morar en nosotros. “De man­era que no soy yo quien hace aque­l­lo, sino el peca­do que mora en mí” (Romanos 7:17; NKJV).

Y si hago lo que no quiero, ya no lo hago yo, sino el peca­do que mora en mi” (Romanos 7:20; NKJV). Pablo dice que el peca­do puede morar den­tro de nosotros. ¿Da a enten­der Pablo que el peca­do lit­er­al y físi­ca­mente mora den­tro del cris­tiano, cau­san­do que seamos inca­paces de hac­er lo que es jus­to? Nun­ca he oído tal argu­men­to. Así que nece­si­ta­mos hac­er una pre­gun­ta impor­tante: ¿Qué sig­nifi­ca que el peca­do habi­ta en nosotros? Cuan­do respon­demos esto, sabre­mos la respues­ta a la que el Espíritu San­to mora den­tro de nosotros debido a que estos dos con­cep­tos están en el mis­mo con­cep­to en Romanos. El peca­do mora en nosotros cuan­do nos per­miti­mos a nosotros mis­mos ser con­tro­la­dos por la carne. El peca­do gob­ier­na nues­tras vidas. No esta­mos sigu­ien­do los man­damien­tos de Dios, sino que esta­mos sigu­ien­do nue­stros pro­pios caminos, nue­stros pro­pios deseos y nues­tras propias cod­i­cias. Esto es exac­ta­mente como expli­ca Pablo estos con­cep­tos un poco después en Romanos.

Romanos 8:5–11. “5 Porque los que son de la carne pien­san en las cosas de la carne; pero los que son del Espíritu, en las cosas del Espíritu. 6 Porque el ocu­parse de la carne es muerte, pero el ocu­parse del Espíritu es vida y paz. 7 Por cuan­to los designios de la carne son ene­mis­tad con­tra Dios, porque no se suje­tan a la ley de Dios, ni tam­poco pueden; 8 y los que viv­en según la carne no pueden agradar a Dios. 9 Mas vosotros no vivís según la carne, sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios mora en vosotros. Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él. 10 Pero si Cristo está en vosotros, el cuer­po en ver­dad está muer­to a causa del peca­do, mas el Espíritu vive a causa de la jus­ti­cia. 11 Y si el Espíritu de aquel que lev­an­tó de los muer­tos a Jesús mora en vosotros, el que lev­an­tó de los muer­tos a Cristo Jesús viv­i­fi­cará tam­bién vue­stros cuer­pos mor­tales por su Espíritu que mora en vosotros. ”

Note que el ver­sícu­lo 5 dice lo que sig­nifi­ca que el peca­do more den­tro de una per­sona: ellos “ponen sus mentes en las cosas de la carne.” En el ver­sícu­lo 6 Pablo dice que tal per­sona es de “mente car­nal.” La per­sona tiene sus pen­samien­tos en el mun­do. Él es car­nal, mun­dano y su mente está en lo físi­co. Entonces, el peca­do mora den­tro de la per­sona. ¿Qué sig­nifi­ca para el Padre morar den­tro del cris­tiano? ¿Qué sig­nifi­ca que Cristo habite den­tro del creyente? ¿Qué sig­nifi­ca que el Espíritu San­to habi­ta den­tro del cris­tiano? Pablo expli­ca que los que viv­en de acuer­do pone su mente en las cosas espir­i­tuales (ver­sícu­lo. 5). En vez de ser de mente mun­dana y car­nal, la per­sona que tiene el Espíritu de Dios es de mente espir­i­tu­al (ver­sícu­lo. 6).

Note por favor que el ver­sícu­lo 9 dice que esta­mos en el Espíritu. ¿Sig­nifi­ca que moramos lit­eral­mente en el Espíritu San­to? No, esta­mos hablan­do sobre una relación que existe entre el Espíritu San­to y nosotros.

Con fre­cuen­cia, la per­sona usa Romanos 8 para mostrar una mora­da per­son­al y lit­er­al del Espíritu San­to en el cris­tiano. Pero el con­tex­to es con fre­cuen­cia des­cuida­do. Romanos 7 y Romanos 8 no son car­tas sep­a­radas. Pablo está descri­bi­en­do un con­traste entre la per­sona cuya mente está pues­ta en la carne y la que está pues­ta en lo espir­i­tu­al. La per­sona cuya mente está n la carne no pien­sa que son hos­tiles hacia Dios. Entonces, el peca­do habi­ta en esa per­sona. Sin embar­go, la per­sona cuya mente está en las cosas espir­i­tuales hace cosas que son del agra­do de Dios. Entonces, el Espíritu mora en esa per­sona. Pablo está hacien­do un sim­ple con­traste, y no está enseñan­do que el Espíritu San­to vive en nosotros y hace deci­siones por nosotros.

Si podemos enten­der como Cristo mora en el cris­tiano, entonces podemos enten­der como el Espíritu San­to mora en el cris­tiano.

Juan 15:5–7. “5 Yo soy la vid, vosotros los pám­panos; el que per­manece en mi, y Yo en él, éste lle­va mucho fru­to; porque sep­a­ra­dos de mi nada podéis hac­er. 6 “El que en mi no per­manece. Sera echa­do fuera como pám­pano, y se secará; y los reco­gen, y los echan en el fuego, y arden. 7 “Si per­manecéis en mi, y mis pal­abras per­manecen en vosotros, pedid todo lo que queráis, y os será hecho.”

Note que si nosotros moramos en Cristo las pal­abras de Cristo moran en nosotros. Esto es como moramos en Cristo y como Cristo mora en nosotros. Las Escrit­uras están hablan­do sobre la relación que existe entre nosotros y Dios cuan­do per­miti­mos que Dios gob­ierne nues­tras vidas en lugar de que el peca­do gob­ierne nues­tras vidas. Note estas declara­ciones para­le­las por parte de Pablo, el cual expli­ca estos tér­mi­nos:

Efe­sios 5:18–19. “No os embriaguéis con vino, en el cual hay dis­olu­ción; antes bien sed llenos del Espíritu, hablan­do entre vosotros con salmos, , con him­nos, y con cán­ti­cos espir­i­tuales, can­tan­do y ala­ban­do al Señor en vue­stros cora­zones.”

Colosens­es 3:16. “La pal­abra de Cristo more en abun­dan­cia en vosotros, enseñán­doos y exhortán­doos unos a otros con toda sabiduría, can­tan­do con gra­cia en vue­stros cora­zones al Señor con salmos e him­nos y cán­ti­cos espir­i­tuales.”

Note que en una instan­cia Pablo habla de nues­tra necesi­dad de “ser llenos con el Espíritu” y en otra instan­cia lla­ma a que per­mi­tan que “la pal­abra de Cristo more en ust­edes rica­mente.” ¿Cómo es que alguien es lleno del Espíritu? Per­mi­tien­do que la pal­abra de Cristo more en cada uno de nosotros rica­mente. ¿Cómo mora el Espíritu San­to en nosotros? Por medio de ten­er la pal­abra de Cristo en nosotros y que gob­ierne nues­tras vidas.

No hay nada mís­ti­co sobre lo que Pablo está dicien­do en relación al Espíritu San­to, a Cristo, o al Padre que mora en nosotros. Nosotros no argu­men­ta­mos que la pres­en­cia de Cristo reside lit­eral­mente en nosotros, cau­san­do que conoz­camos la vol­un­tad de Dios y tomar deci­siones. ¿Por qué debe­mos cam­biar las reglas y decir tales cosas sobre el Espíritu San­to? Yo creo que la úni­ca razón por lo que lo hace­mos así es debido al nom­bre del Espíritu San­to. La pal­abra “espíritu” o “fan­tas­ma” causa que hable­mos del Espíritu San­to en ter­mines mís­ti­cos. Pero el Espíritu San­to es una per­sona como lo es el Padre y el Hijo.

El Espíritu San­to es dei­dad, no una fuerza active. El Espíritu San­to puede ser creí­do o puede ser agravi­a­do. El Espíritu San­to no es un vapor mís­ti­co. “Y dijo Pedro: Ananías, ¿por qué lleno Satanás tu corazón para que mintieras al Espíritu San­to, y sus­tra­je­ses del pre­cio de la heredad? Retenién­dola, ¿no se te qued­a­ba a ti? y, ¿no esta­ba en tu poder? ¿Por qué pusiste esto en tu corazón? No has men­ti­do a los hom­bres, sino a Dios” (Hechos 5:3–4; HCSB). Yo creo que cuan­do bor­ramos de nues­tras mentes algún tipo de nat­u­raleza mís­ti­ca del Espíritu San­to y con­sid­er­ar­lo en los mis­mos tér­mi­nos que pen­samos del Padre y del Hijo, podemos enten­der que el Espíritu San­to no puede morar físi­ca y lit­eral­mente den­tro de nosotros. Los tér­mi­nos son usa­dos para referir al Espíritu San­to jus­to como el Padre y el Hijo que moran en nosotros.

Con­clusión

El Espíritu mora en nosotros cuan­do per­miti­mos que la pal­abra de Dios gob­ierne nues­tras vidas. El Espíritu de Dios mora en nosotros cuan­do some­te­mos nues­tras vidas al gob­ier­no de Jesu­cristo. Pablo no está dicien­do algo mís­ti­co. Si el Espíritu San­to opera en nues­tras deci­siones más allá de las Escrit­uras, entonces no nece­si­ta­mos las Escrit­uras para cono­cer la vol­un­tad de Dios. Si el Espíritu nos dice que hac­er, entonces las Escrit­uras no son capaces de hac­er­nos com­pletes y total­mente equipa­dos para toda Bue­na obra, en tan­to que Pablo argu­men­ta en 2 Tim­o­teo 3:16–17. Las Escrit­uras nun­ca enseñan al creyente escuchar hacia el inte­ri­or invo­can­do el Espíritu San­to. Las Escrit­uras no enseñan que los cris­tianos busquen den­tro de ellos mis­mos por las respues­tas. En tan­to que todo sue­na muy espir­i­tu­al, las Escrit­uras no enseñan estas cosas.

 

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