Con­tento de Ser un Cris­tiano de Mente Estrecha

Intro­duc­ción:

I.        Leer Mt. 7:13, 14.

Una cosa que encon­tramos mien­tras via­jamos en el camino de la vida es que hay muchas elec­ciones que se ponen frente a nosotros. Jesús, en este tex­to tan famil­iar, expone una serie de con­trastes que nos deja una clara impre­sión de que todos debe­mos hac­er una elec­ción. Hay de acuer­do a Jesús, dos puer­tas y dos des­ti­nos. Hay una puer­ta ancha y una puer­ta estrecha. Hay un camino ancho y un camino angos­to. Hay un des­ti­no al cual muchos lle­garán (infier­no), y hay un des­ti­no al cual muchos lle­garán (el cielo).. Aho­ra, la pre­gun­ta es, cuál puer­ta, cuál camino y a cual des­ti­no ust­ed y yo esco­ge­mos para sí mis­mos. Nosotros gen­eral­mente vemos que éste pasaje es uno de los más tristes en toda la Pal­abra de Dios. La mis­ma idea de que la may­oría de las per­sonas en el mun­do de hoy están yen­do a la perdi­ción debido a que el camino más tran­si­ta­do es el camino que lle­va a la destruc­ción es en ver­dad desco­ra­zon­ador. Pero hay algu­nas cosas pos­i­ti­vas que podemos recoger de estas pal­abras de Cristo. En primer lugar, debe­mos hac­er una elec­ción. Nada está pre­des­ti­na­do. Si Dios nos hubiera hecho como un puña­do de de robot, sin libre albedrío, Jesús no habría usa­do este tipo de lengua­je. En segun­do lugar, en tan­to que la puer­ta que guía al cielo es estrecha, en este caso, es pequeña y angos­ta, o podríamos decir que es una algo ajus­ta­da, es al menos una puer­ta abier­ta a la que podemos entrar si lo esco­ge­mos.

II.         En esta lec­ción deseamos enfo­carnos en la pal­abra estrecha. Como miem­bros de la igle­sia de Cristo, hemos sido lla­ma­dos per­sonas de mente estrecha. Debe­mos lle­gar a recono­cer que esto es algo que no va a cam­biar mien­tras per­manez­camos en la ver­dad. Es triste que haya muchos her­manos en difer­entes lugares que han deci­di­do que ellos están cansa­dos de ser vis­tos como per­sonas de mente estrecha y así ellos han adap­ta­do sus prác­ti­cas y su doc­t­ri­na para estar más en línea con la cor­ri­ente prin­ci­pal del denom­i­na­cional­is­mo. Entonces, ellos mis­mos se han quita­do del camino angos­to que los guía a la vida y aho­ra cam­i­nan en el camino ancho que lle­va a la destruc­ción. Y el pun­to que deseo estable­cer esta mañana es que nun­ca debe­mos cansarnos de estar en el camino angos­to y aun de ser lla­ma­dos per­sonas de mente estrecha. Es algo bueno ten­er una mente abier­ta. Pero en oca­siones no es tan bueno. Algu­nas veces nece­si­ta­mos ser muy angos­tos en nue­stros pen­samien­tos y no debe­mos estar aver­gon­za­dos de ello. Esta mañana deseo decir­les que soy un pred­i­cador de mente angos­ta y no me avergüen­zo de ello. No estoy aver­gon­za­do de ser un cris­tiano de mente angos­ta; de hecho, me agra­da de ser un cris­tiano de mente estrecha y deseo decir­les cin­co razones del por qué todos debe­mos sen­tir de esa man­era.

 

Lec­ción:

I.        ¡Ten­emos un Padre de mente angos­ta!

Escuchen aho­ra: Dios es amplio en algu­nas for­mas. Él es cier­ta­mente amplio en Su conocimien­to, en que Él sabe todo. Cuan­do lleg­amos a asun­tos como el amor y la mis­eri­cor­dia, cuan­do lleg­amos a la gra­cia y a la com­pasión y a este tipo de cosas, nosotros recono­ce­mos el hecho de que servi­mos a un Dios amplio. Recono­ce­mos tam­bién, de hecho, que Dios es amplio en poder. El ángel Gabriel una vez declaró que “con Dios nada es imposi­ble.”

Pero hay un sen­ti­do en el que nue­stro Padre es muy angos­to (Ex. 20:3–5). Lo oigo como que Dios es muy estre­cho de mente cuan­do se viene a ado­rar­le y a servir­le. Dios desea ser servi­do y Él desea ser servi­do en exclu­si­va. Muchos en el cuer­po de Cristo tienen una ten­den­cia a servir a Dios el domin­go, pero no durante la sem­ana. Dios es servi­do por algunos en el día del Señor, pero del lunes al sába­do solo hay algo que es servi­do. Durante la sem­ana ten­emos una ten­den­cia a doble­gar­nos a cosas como la tele­visión, al entreten­imien­to, a la recreación y al ejer­ci­cio cor­po­ral, mien­tras que Dios es tem­po­ral­mente exclu­i­do de nues­tras vidas has­ta el sigu­iente día del Señor. En domin­go ado­ramos a Dios de todo corazón, pero el lunes empezamos a rendir hom­e­na­je a cosas como el orgul­lo, la auto sat­is­fac­ción y el mate­ri­al­is­mo. La Bib­lia, damas y caballeros, tiene un nom­bre para esto. Se lla­ma idol­a­tría, ¡y Dios no lo tol­er­aría! ¿Por qué? Porque cuan­do viene a ser un obje­to de ado­ración, servi­mos a un Padre de mente angos­ta. Un Dios que es celoso con mucha facil­i­dad. Jesús en una ocasión dijo a Satanás, “Vete, Satanás, porque escrito está: Al Señor tu Dios ado­rarás, y a él solo servirás” (Mt. 4:10). En otro lugar Jesús dijo, “Pero bus­cad primera­mente el reino de Dios y Su jus­ti­cia, y todas estas cosas os serán aña­di­das.” Esto lo oigo como que Jesús entendía la estrechez de nue­stro Padre y así debe­mos oír­lo.

Per­mí­tan­me decir­les otra man­era en la que nue­stro Padre es estre­cho. Cuan­do ven­i­mos a ado­rar a Dios, debe­mos ado­rar­lo a Su man­era. Pablo dijo, “Y todo lo que hacéis, sea de pal­abra o de hecho, haced­lo todo en el nom­bre del Señor Jesús, dan­do gra­cias a Dios Padre por medio de Él” (Col. 3:17). Debe­mos can­tar de la man­era en que Dios nos ha man­da­do can­tar, en este caso, con el fru­to de nue­stros labios, hacien­da melodía con nue­stro corazón al Señor, y no con instru­men­tos musi­cales. ¿Por qué? Porque servi­mos a un Padre de mente estrecha. Cuan­do se viene alrede­dor de la mesa de nue­stro Señor y recor­damos el sac­ri­fi­cio de Jesu­cristo, debe­mos hac­er­lo de la man­era en que Dios ha man­da­do que sea hecho, en este caso, debe­mos obser­var la cena del Señor en el primer día de la sem­ana usan­do los ele­men­tos cor­rec­tos y tenien­do el mar­co cor­rec­to de mente. ¿Por qué? Porque servi­mos a un Padre de mente angos­ta. Debe­mos orar de la for­ma en que el Padre nos man­da orar, en este caso, en el nom­bre de nue­stro Señor Jesu­cristo. Debe­mos dar de la for­ma en que Dios nos ha man­da­do dar, en este caso, con un corazón ale­gre ate­során­do­lo y guardán­do­lo para el primer día de la sem­ana, y no que­ján­dose o por necesi­dad. Debe­mos enseñar y predicar al Dios que nos ha man­da­do hac­er­lo así, en este caso, no agre­gan­do o qui­tan­do a la Pal­abra de Dios. ¿Por qué? Porque esa es la for­ma en que Dios lo desea, y cuan­do ven­i­mos a ado­rar y a servir a Dios, servi­mos a un Padre de mente estrecha. Alguien dice, “Oh, tú debes ser de mente más abier­ta en la for­ma en que sirves y ado­ras a Dios.” “Debes pon­er­lo en el pro­gra­ma y agre­gar más músi­ca con­tem­poránea a tus ser­vi­cios de ado­ración y agre­ga algunos jue­gos y pro­duc­tos opor­tunos que atraigan a las masas.”  “Debes estar dis­puesto a cam­biar con los tiem­pos.” Bien, mi respues­ta a eso es que Dios no está dis­puesto a cam­biar. En Mal. 3:6, Dios dijo, “Porque yo Jehová no cam­bio…”  Si, servi­mos a un Padre de mente estrecha. Y si mi Padre en el cielo es estre­cho, deseo que ust­ed conoz­ca aho­ra lo rec­to y estoy con­tento de ten­er una mente estrecha.

II.       ¡Ten­emos un Sal­vador de Mente Estrecha!

Escuche a Jesús en Juan 14:6.

Yo soy el camino, y la ver­dad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí.”

Ust­ed ve, cuan­do viene a la sal­vación y entra a una relación jus­ta con Dios, obser­va que Jesús era y es de mente muy estrecha. Yo estoy en lo que Jesús dijo: Yo soy la úni­ca opor­tu­nidad que ust­ed tiene para procu­rarse la vida eter­na. Yo soy la úni­ca esper­an­za para la sal­vación. Yo soy el camino, la ver­dad, y la vida. Pedro obtu­vo el men­saje y lo rela­cionó a otros en su pred­i­cación. En Hechos 4:12 encon­tramos estas pal­abras famosas del após­tol.

Y en ningún otro hay sal­vación; porque no hay otro nom­bre bajo el cielo, dado a los hom­bres, en que podamos ser salvos.”

Esto es una mente estrecha, damas y caballeros, pero es ver­dad. No ten­emos una elec­ción en esto. Si ust­ed desea ser sal­vo, hay solo un lugar a donde vol­tear y ese es Jesús. Deseo que en esta sociedad actu­al de plu­ral­is­mo, que el men­saje de no ser uno de tan­tos, en espe­cial alguien con con­no­tación reli­giosa a ello, es vis­to como algo deplorable. Un escritor sugir­ió: “Sobre la úni­ca cosa no tol­er­a­ble en el mun­do reli­gioso es que un sis­tema no debería ser cor­rec­to y todos los otros incor­rec­tos.” Pero nos agrade o no hay solo un camino para ser sal­vo y Jesu­cristo es ese camino. Pedro deja claro que la impor­tan­cia de Cristo es glob­al. Jesús es el autor de toda la vida y el Señor sobre todo el uni­ver­so. “No hay sal­vación en ningún otro” dijo Él, y es vital que todos capte­mos el men­saje esta mañana. ¿Dónde aprendió Pedro por primera vez esta gran ver­dad? Él aprendió del mis­mo Jesús. Jesús no le dijo a Pedro y a los otros após­toles que Él era uno de los muchos caminos. Él les dijo que Él era EL camino.

Aho­ra, ¿sobre qué camino está hablan­do Jesús? Él no está hablan­do sobre el camino de la paz y la pros­peri­dad des­de un pun­to de vista físi­co, aunque podríamos encon­trar estas cosas en Él. Él no está hablan­do sobre el camino a una exis­ten­cia libre de prob­le­mas aquí en la tier­ra, aunque Él puede sin que se le pida ayu­darnos en nue­stros prob­le­mas. Jesús no está hablan­do sobre un camino al poder y a la pros­peri­dad; Él no está hablan­do sobre un camino que guía a la como­di­dad abso­lu­ta; Él está hablan­do sobre un camino que lle­va a la total sat­is­fac­ción en cada camino de la vida. Jesús está hablan­do sobre un camino que es mucho más impor­tante que todas las cosas com­bi­nadas. Jesús está hablan­do sobre un camino que lle­va a Dios, el Padre. “Yo soy el camino” Jesús dijo, “Y nadie viene al Padre, sino por mí.”

Jesús nun­ca ofre­ció una plu­ral­i­dad de caminos para venir a Dios. Jesús no dijo que la ver­dad es sub­je­ti­va y ya sea que quer­amos creer­lo o no está bien. Jesús nun­ca afir­mó que la vida, que es la vida eter­na, pue­da ser encon­tra­da por seguir muchos grandes líderes difer­entes de nue­stro tiem­po. Jesús, en tér­mi­nos muy estre­chos, nos dice, ust­ed tiene solo una opor­tu­nidad, y esa opor­tu­nidad soy yo. Aho­ra, ¿por qué el hom­bre nece­si­ta un camino a Dios? La respues­ta es debido al peca­do. Cuan­do ust­ed nace, ust­ed es inocente ante los ojos de Dios, y ust­ed per­manece de tal man­era has­ta que ust­ed trans­grede la ley de Dios. Una vez que ust­ed peca hay sep­a­ración.

Isa. 59:1, 2 — “He aquí que no se ha acor­ta­do la mano de Jehová para sal­var; ni se ha agrava­do su oído para oír; pero vues­tras iniq­uidades han hecho división entre vosotros y vue­stro Dios, y vue­stros peca­dos han hecho ocul­tar de vosotros su ros­tro para no oír.”

Dios no tol­era el peca­do y Él no habi­ta en su pres­en­cia. Cuan­do, por ejem­p­lo, Dios con­de­scendió a habitar en medio de los hijos de Israel, Él habitó en lo que fue lla­ma­do el “Lugar San­tísi­mo” el cual era el com­par­timien­to más inter­no del tabernácu­lo judío. Pero este Lugar San­tísi­mo esta­ba sep­a­ra­do del lugar san­to por una corti­na o velo, y al hom­bre no le era per­mi­ti­do pasar ese velo; a menos que él muri­era, excep­to el Sumo Sac­er­dote, quien entra­ba en él, una vez al año, no sin san­gre. Aho­ra, ningu­na descrip­ción podría expre­sar con más sen­cillez que el camino a lo más san­to no se había man­i­fes­ta­do. – ningún pecador tiene algún camino para venir a la pres­en­cia de Dios. ¿Por qué? Porque Dios no puede per­manecer en medio del peca­do. Y así el hom­bre nece­si­ta un camino para escapar de su vida pecaminosa de tal for­ma que pue­da cam­i­nar ese camino que guía a una relación con Dios, y Jesús está sal­van­do a Sus dis­cípu­los en Jn. 14:6 Yo soy el camino en el que ust­ed nece­si­ta via­jar; Yo soy la trayec­to­ria que lo puede guiar fuera del peca­do y a la pres­en­cia del Padre. Y advier­ta por favor que no hay veredas, no hay puer­tas traseras, no hay caminos secre­tos, solo hay un camino a una relación con el Padre, y es por medio del Hijo (Rom. 5:1–2, 18; Ef. 2:13; Heb. 7:23–25).

III.      Ten­emos un Plan de Sal­vación de Mente Angos­ta

Hay solo un lugar donde alguien puede encon­trar sal­vación. Ese lugar está en Cristo. Pablo dijo, “Ben­di­to sea el Dios y Padre de nue­stro Señor Jesu­cristo, que nos bendi­jo con toda ben­di­ción espir­i­tu­al en los lugares celes­tiales en Cristo (Ef. 1:3). Aho­ra, como lo hemos señal­a­do con fre­cuen­cia, si todas las ben­di­ciones espir­i­tuales son encon­tradas en Cristo, entonces ningu­na ben­di­ción espir­i­tu­al puede ser encon­tra­da fuera de Cristo. Todos en el mun­do, sin impor­tar que tan hon­esto, sin impor­tar que tan bueno, sin impor­tar que tan reli­giosa pue­da ser ese per­sona, no está en una relación con Dios y entonces está per­di­da. Aho­ra, algunos dicen que es hor­ri­ble­mente angos­to. Sí, estoy de acuer­do en esto. Pero ese es el plan de sal­vación de Dios. Ust­ed tiene que ten­er a Cristo con el propósi­to de ser sal­vo. Aho­ra escuchen cris­tianos: Ust­edes no deben estar aver­gon­za­dos de esto. No podemos decir, “No deseo ofend­er a nadie o hac­er algo tan loco, yo no deseo enseñar lo que la Bib­lia enseña sobre esto.” Eso no hace bien a nadie. Sí, soy una per­sona de mente estrecha cuan­do he venido al plan de sal­vación de Dios, y yo estoy sat­is­fe­cho de ser así. ¿Por qué? Porque Dios tiene un plan de sal­vación de mente estrecha. Recuerde aho­ra, fue Jesús quien dijo, “…estrecha es la puer­ta y ancho el camino que lle­va a la vida, y pocos son los que lo encuen­tran.”

IV.      Ten­emos un Libro de Mente Estrecha

El libro que seguimos, esto es, la Bib­lia, no está abier­ta a las doc­tri­nas de los hom­bres. No podemos hac­er cosas a medi­da que avan­zamos a través de ella. La Bib­lia es un libro estre­cho que con­tiene la Pal­abra inspi­ra­da de Dios y solo la Pal­abra de Dios. Aho­ra, cuan­do añadi­mos o quita­mos del con­tenido de este libro, nos encon­tramos en prob­le­mas con Dios (Apoc. 22:18–19; Gál. 1:6–9; 1 Ped. 4:12; 1 Cor. 4:6).

V.       Esta­mos Dirigién­donos a un Lugar Estre­cho

El lugar final de des­can­so para aque­l­los que entrarían por la puer­ta angos­ta es el cielo. Y la grandeza, la belleza y la dicha es, sin duda, más allá de toda com­para­ción. Pero el cielo va a ser un lugar estre­cho en la medi­da en que sus habi­tantes estén intere­sa­dos. No va a haber mucha diver­si­dad en el cielo. Todas las dis­tin­ciones étni­cas y sociales que pare­cen ser tan impor­tantes para nosotros en nue­stro mun­do actu­al, serán insignif­i­cantes en el cielo. Allí no habrá ricos y pobres en el cielo. Todos serán ricos. No habrá ham­bre en todo el cielo. Todos estarán sat­is­fe­chos. Allí no habrá felices y tristes en el cielo. Todos serán felices. Y aquí está lo que hace que el cielo sea un lugar extra espe­cial. Allí no estará lo bueno y lo malo en el cielo. Todo será bueno. El cielo va a ser un lugar moral­mente estre­cho (Apoc. 21:27).

Pero hay jus­ta­mente aho­ra un men­saje para nosotros. Debe­mos ser moral­mente supe­ri­ores aho­ra si deseamos lle­gar al cielo con el tiem­po. No estoy dicien­do que ten­emos que ser per­fec­tos aho­ra, porque tal no es el caso con ninguno de nosotros. La per­fec­ción moral es algo que exper­i­menta­re­mos en la vida que está por venir. Pero lo que no podemos hac­er aho­ra es vivir en el peca­do (1 Cor. 6:9, 10). No hay un espa­cio en el cielo para los que vol­un­taria y reg­u­lar­mente violan la vol­un­tad de Dios. Si ust­ed está en peca­do, ust­ed debe arrepen­tirse de ese peca­do si quiere hac­er del cielo su casa.

Con­clusión:

Con todas estas cosas en mente, no se moleste ni se eno­je la sigu­iente vez que alguien le diga que ust­ed tiene una mente estrecha. Estoy con­tento de ser de la mente estrecha del Padre, de la mente estrecha del Sal­vador, Quien tiene que estable­cer una sal­vación de mente estrecha, que leemos sobre un libro de mente estrecha, el cual nos enseña sobre un lugar de mente estrecha. Sí, estoy con­tento de ser de mente estrecha.

Hacien­do ora­ciones peli­grosas

Hacien­do ora­ciones peli­grosas

Habakuk 1:2–4

Tema: Oración

Títu­lo: Hacien­do ora­ciones peli­grosas

Proposi­ción: En esta lec­ción estu­di­are­mos algu­nas ver­dades sobre nues­tras ora­ciones y cómo, cuan­do Dios con­tes­ta, ser­e­mos proba­dos, trans­for­ma­dos y traí­dos bajo la sum­isión de la vol­un­tad de Dios.

Obje­ti­vo:  Que todos entien­dan la seriedad de nues­tras ora­ciones al Señor.

Intro­duc­ción: Hay ora­ciones peli­grosas y ora­ciones no peli­grosas

  1. Ora­ciones no peli­grosas:
    1. Ora­ciones de acción de gra­cias: “Señor, te doy gra­cias por este día, por la comi­da, etc.”
      1. Este tipo de oración no requiere nada de mi parte.  Sim­ple­mente le estoy dan­do gra­cias a Dios por Su bon­dad y las ben­di­ciones hacia la humanidad en gen­er­al.
      2. La oración de acción de gra­cias solo expre­sa nues­tra grat­i­tud, pero no deman­da un cam­bio de nues­tra parte.
    2. Ora­ciones de ben­di­ciones: “Señor, ben­dice la comi­da que vamos a com­er, etc.”
      1. De nue­vo, esta oración no requiere nada de mi parte, no hay ningún com­pro­miso de mi parte.  Sim­ple­mente, esta­mos pidién­dole a Dios que haga algo por nosotros.
      2. Este es un tipo de oración que nues­tra zona de con­fort no es molesta­da en lo abso­lu­to.  Esta es una oración sim­ple que reconoce el poder de Dios, pero eso es todo.
    3. Ora­ciones recitadas (rezos): Estas son las ora­ciones que común­mente se cono­cen como los rezos.  Ora­ciones repeti­das, sin pen­samien­to-ora­ciones genéri­c­as.
      1. Señor Jesús cuan­do el día ya ter­mi­na, y lle­ga la noche, te doy gra­cias por las ale­grías que he tenido hoy; y te pido perdón por las veces que he hecho sufrir a los demás.  Señor Jesu­cristo, guár­dame durante esta noche, guar­da a mis padres y her­manos, guar­da a mis famil­iares y ami­gos.  Y enséñame a quer­erte cada día más.
      2. Este tipo de oración es una sin esfuer­zo y no requiere un com­pro­miso de nues­tra parte.  Es sim­ple­mente una recitación.
      3. Alguien escribió pidi­en­do ayu­da para hac­er una oración: “So nue­va al cris­tian­is­mo y pre­fiero una oración sin esfuer­zo para recitar cada noche antes de dormirme.  Por favor, ¿pueden mis com­pañeros cris­tianos ayu­darme con esto, o infor­marme de algu­na oración?  ¿Quizás el Padre Nue­stro?  Gra­cias”
  2. Ora­ciones peli­grosas: Esta es una oración donde nos ponemos en las manos de Dios y dec­i­mos, “Úsame como quieras, soy Tuyo.”
    1. Esta oración requiere que cam­bie, que me someta a la vol­un­tad de Dios y que cam­bie, y que acepte cualquier cam­bio nece­sario.
    2. La oración es el yunque sobre el cual for­jamos nues­tra vol­un­tad en la vol­un­tad de Dios.”
  3. En esta lec­ción hablare­mos de ora­ciones peli­grosas, ¡extremada­mente peli­grosas!
  4. Tema: Oración

Títu­lo: Hacien­do ora­ciones peli­grosas

Proposi­ción: En esta lec­ción estu­di­are­mos algu­nas ver­dades sobre nues­tras ora­ciones y cómo, cuan­do Dios con­tes­ta, ser­e­mos proba­dos, trans­for­ma­dos y traí­dos bajo la sum­isión de la vol­un­tad de Dios.

Obje­ti­vo:  Que todos entien­dan la seriedad de nues­tras ora­ciones al Señor.

Cuer­po:

  1. La primer oración peli­grosa es una que no se habla, pero se “dice” cuan­do somos bau­ti­za­dos (Mateo 28:18–20)
    1. Cuan­do uno está en las aguas del bautismo, ¿qué esta­mos comu­nicán­doles a Dios y al mun­do?
      1. Te doy mi vida…”
      2. Cam­bio mi vida por la Tuya…”
      3. Te doy mi vida.  No sé lo que eso sig­nifi­ca, pero con­forme vaya apren­di­en­do más te daré más de mi vida.”
    2. Sim­bolis­mo del bautismo.  El bautismo sim­boliza nues­tra muerte, sepul­tura y res­ur­rec­ción jun­ta­mente con la muerte, sepul­tura y res­ur­rec­ción de Cristo.
      1. Esta­mos situ­a­dos en Cristo porque es un acto de ren­di­ción.
      2. Este es el primer niv­el de peli­gro, porque todo va a cam­biar.
      3. 2 Cor­in­tios 5:17 Si alguien está en Cristo nue­va criatu­ra es.  Esto es peli­groso para nues­tras rela­ciones, nue­stros empleos, y peli­groso hacia muchas otras cosas porque ya no cam­i­namos al mis­mo son del resto del mun­do.
  1. …no se haga mi vol­un­tad, sino la Tuya…” (Lucas 22:42)
    1. Uno a menudo igno­ra el impacto de esta frase.  Los reto a que digan esta frase con­mi­go, y que la digan de todo corazón.
      1. Cuan­do el Señor Jesús hizo esta oración, Él se resignó a cualquier cosa que le resul­tara del plan de Dios.  Esto sig­nifi­ca­ba sufrim­ien­tos y murien­do en la cruz.
      2. Cuan­do dec­i­mos estas pal­abras, “no se haga mi vol­un­tad, sino la Tuya…”
        1. Cosas van a cam­biar en nues­tras vidas.
        2. Le tra­jo dolor y sufrim­ien­to a Jesús, y lo mis­mo suced­erá con nosotros.
        3. El cam­bio es difí­cil, sin embar­go nece­sario.
        4. Todas nues­tras deci­siones aho­ra son basadas en la vol­un­tad de Dios y no la nues­tra.
        5. Nece­si­to hac­er todo lo que Dios me pide.
    2. …no se haga mi vol­un­tad, sino la Tuya…” es peli­groso porque requiere mucho de mi parte.
  1. Las cosas que me eran como ganan­cias aho­ra las con­sidero como basura…” (Fil­ip. 3:7–9)
    1. Vs. 7, Con­sid­eré todas las cosas que me eran cer­canas y ate­so­radas, las he cam­bi­a­do por cono­cer a Jesu­cristo.
      1. La nat­u­raleza del ver­sícu­lo deman­da que reconoz­camos que habrán muchas cosas que ten­dré que dejar para ser más como Cristo.
      2. Todo, cuan­do es puesto en la hoja de ganan­cias y pér­di­das, todo es basura, en com­para­ción a cono­cer a Jesús.
      3. Señor, haz lo que ten­gas que hac­er para hac­erme como Jesús, porque val­oro más el cono­cer a Jesús y ser más como Él que cualquier otra cosa.” (Vs. 9)
    2. El hac­er esta oración no ver­bal sig­nifi­ca que ten­dremos el carác­ter de Jesús.
      1. Cuan­do Jesús dice que amem­os a nue­stros ene­mi­gos, esto inher­ente­mente sig­nifi­ca que ten­demos ene­mi­gos tal como los tuvo Jesús.
      2. Hazme más como Jesús”  Esto sig­nifi­ca que ser­e­mos mas paciente y, ¿cómo nos enseña Dios la pacien­cia?
        1. Romanos 5:3–4.
        2. 1 Pedro 2:20.
      3. For­ma en mi lo que sea nece­sario para ten­er el carác­ter de Dios en mi.”
      4. Debe­mos esper­ar la resisten­cia del ene­mi­go, así como lo hicieron con Jesús.
  2. Gálatas 6:13–14.  “…por el cual el mun­do ha sido cru­ci­fi­ca­do para mí y yo para el mun­do.”
    1. ¿Por qué fue cru­ci­fi­ca­do Jesús?  Para per­donar nue­stros peca­dos.  Por medio de Su muerte alcanzó a la humanidad entera con la esper­an­za de sal­vación.
      1. Haré lo que ten­ga que hac­er, aun si ten­go que morir, para lle­var el evan­ge­lio a la humanidad-hazme más efec­ti­vo.”
      2. Nue­stro com­pro­miso en alcan­zar a la humanidad con el evan­ge­lio es a tal gra­do.
    2. Esta es la razón de por qué muchos arries­gan sus vidas cuan­do van a predicar el evan­ge­lio en lugares peli­grosos.

Con­clusión:

  1. Nues­tras ora­ciones son peli­grosas cuan­do oramos como Dios nos man­da.  Debe­mos estar con­scientes de nues­tras acciones y ora­ciones, y estar dis­puestos y deseosos para cuan­do Dios nos trans­forme.
  2. Si ust­ed no es cris­tiano, ¿por qué no ini­cia con la primera oración peli­grosa y rín­dase al Señor Jesús obe­de­cien­do el evan­ge­lio.

 

Intro­duc­ción:

  1. En tiem­po de cri­sis cuidemos nues­tras deci­siones. Lo que muchos lla­man mala suerte, puede ser el resul­ta­do de haber hecho una mala elec­ción ante­ri­or­mente. Este fue el caso de Lot.
  2. Para evi­tar alter­ca­dos con Lot, Abra­ham, (el dueño de la prome­sa y de todo el valle a la vista) se acer­ca a Lot y le ofrece la opor­tu­nidad de ele­gir.
  3. Fue entonces cuan­do Lot comen­zó a cam­i­nar hacia el fra­ca­so.
  4. Ver­e­mos hoy tres deci­siones que causaron el fra­ca­so de Lot (Gén .13 y 19 )

I.         LOT, FRACASÓ IMPULSADO POR UN ESPÍRITU DE EGOÍSMO

  1. Se dejó lle­var por la cod­i­cia cuan­do “vio la lla­nu­ra del Jordán ” (Gén. 13:10–11)
  2. No le importó que los habi­tantes de Sodoma fuer­an “…mal­os y pecadores en gran man­era” (Gén. 13:13).
  3. Man­i­festó una pro­fun­da ingrat­i­tud ali­men­ta­da por su egoís­mo. No tomó en cuen­ta la gen­erosi­dad de Abra­ham al dejar­le escoger. Sólo vio la opor­tu­nidad de sacar ven­ta­jas sobre Abra­ham (Gén. 13: 8–12).

II.     LOT, FRACASÓ PORQUE SÓLO BUSCÓ BENEFICIOS MATERIALES

  1. Creyó que hacía un buen nego­cio, ¡Cuan feliz se sen­tiría “…ponien­do sus tien­das has­ta Sodoma” (Gén. 13:12).
  2. Sus cál­cu­los mate­ri­ales sólo le hicieron ver una mejor tier­ra y más rica. Eso le haría más próspero, más poderoso.
  3. ¿Cuan­tos cris­tianos están hacien­do lo mis­mo hoy cuan­do bus­can nuevos hor­i­zontes sin pen­sar en su bien­es­tar espir­i­tu­al? Se ale­jan de la igle­sia para luego morir espir­i­tual­mente.
  4. ¡Her­mano! Todo lo que nos haga ale­jarnos del estu­dio de la Pal­abra de Dios, de la oración, de las activi­dades de la igle­sia; aunque nos prometa más riqueza mate­r­i­al nos lle­vará a la ruina espir­i­tu­al y al final no ten­dremos nada.

III.    LOT, PENSÓ VIVIR EN SODOMA SIN CONTAMINARSE

  1. El sabía que la gente de Sodoma era per­ver­sa, pero su espíritu mate­ri­al­ista y la avari­cia lo con­ven­ció que sería capaz de librar a su famil­ia de la influ­en­cia de Sodoma.
    1. Cuán a menudo se repite esta his­to­ria en la cris­tian­dad (I Tim. 6:9–10).
    2. Cuan­do Abra­ham supo que Dios destru­iría a Sodoma, pen­só en Lot y creyó hal­lar diez jus­tos entre su famil­ia y sirvientes.
      1. Pero no lo había (Gén.18:32).
      2. Aunque Lot “…afligía cada día su alma jus­ta, vien­do y oyen­do los hechos inic­u­os de ellos” (II Ped. 2:8).
      3. Su influ­en­cia no pudo con la cor­rup­ción de Sodoma.
    3. Géne­sis 19 nos mues­tra a Lot huyen­do de Sodoma sólo con lo que vestía, segui­do por su mujer, quien luego quedaría con­ver­ti­da en una estat­ua de sal (Gén. 19:26; Luc. 17:32).
    4. Lot tam­poco pudo librar a sus dos hijas de la influ­en­cia de Sodoma (Gén. 19:32–36).
    5.    III.         Nos pre­gun­ta­mos ¿QUÉ GANÓ LOT AL SEPARARSE DE ABRAHAM?
    6. Es triste pen­sar que ninguno de los inte­grante de la famil­ia de Lot escapó de la influ­en­cia de Sodoma (Gén. 19:30–38).
    7. Todo cris­tiano debe­mos de huir de la tentación, no bus­car­la (Gén. 39:12; II Tim. 2:22; Tito 2:12; II Ped. 1:4).
    8. Debe­mos ten­er en cuen­ta a Dios en todas nues­tras deci­siones de la vida, siem­pre ele­gir lo que nos ayude en nues­tra vida espir­i­tu­al.

Con­clusión:

  1. 1.     Muchos cris­tianos lamen­tan la pér­di­da de su famil­ia y su viene, por que como Lot “…fueron ponien­do sus tien­das has­ta Sodoma”

 

 

 

Oración por la Pres­en­cia y Acción de Jehová (vers 1–7)

 

      1 La oración que empezó en 63:15 con­tinúa a través de este capí­tu­lo. Abrió con la súpli­ca, “Mira des­de el cielo, y con­tem­pla” (vers 15), la cual es aho­ra repeti­da y ampli­a­da: ¡Oh, sí romp­ieses los cie­los, y descendieras! Mira y obser­va, entonces actúa. El pro­fe­ta con­tin­ua hablan­do por la nación; es su oración por que Jehová des­menuza, o ras­ga, los cie­los bajo los cuales Él se esta­ba ocul­tan­do a Si mis­mo de ellos. La supli­ca es para que Él descien­da como en el Sinaí cuan­do la tier­ra tem­bló ante Su pres­en­cia (Éxo­do 19:11, 18–20). ¿Debe­mos tra­ducir aquí el ver­bo tiem­bla, fluye hacia aba­jo (al mar­gen; King James), o ablan­da en tu pres­en­cia? La respues­ta puede ser encon­tra­da en el ver­sícu­lo 3. Al hac­er esta supli­ca el pueblo parece haber olvi­da­do el ter­ror del Sinaí (Éxo­do 20:18–21; Deut 5:25–27), porque piden a Jehová que aparez­ca de nue­vo en medio de ellos. Ellos habían rehu­sa­do oír­lo entonces; ¿lo oirán aho­ra?

      2 La inten­si­dad del calor de la pres­en­cia de Jehová en el juicio es como fuego que enciende el mator­ral seco o provo­ca que el agua hier­va; sin embar­go, algunos comen­taris­tas pre­fieren fundir o escur­rir a tem­blar (vers 1). En tal demostración de poder Él provo­caría que Su nom­bre fuera recono­ci­do en medio de Sus adver­sar­ios por su ver­dadera grandeza (ver 63:12); las naciones tem­blarían a tu (de Él) pres­en­cia. Ellos lle­garán a estar total­mente enter­a­dos de Su ser y poder.

      3 Las cosas ter­ri­bles que Jehová había hecho podrían mejor ser lla­madas “tremen­das” o “impre­sio­n­antes”; sin embar­go, en oca­siones algunos de sus actos fueron cier­ta­mente ater­radores, mucho más allá de la imag­i­nación o expec­ta­ti­va del pueblo. Al hac­er­lo Él había “descen­di­do” de los cie­los (Neh 9:13–15). Aho­ra el pueblo ora por una demostración sim­i­lar (vers 1). Cuan­do Él descendió en el Sinaí, la tier­ra tem­bló. Nahum usa lengua­je sim­i­lar en una descrip­ción grá­fi­ca de los car­gos for­ja­dos por la pres­en­cia de Jehová: “Los montes tiem­blan delante de él, y los col­la­dos se der­riten; la tier­ra se con­mueve a su pres­en­cia, y el mun­do, y todos los que en él habi­tan” (Nah 1:5). La idea enfáti­ca aquí debe ser encon­tra­da en la con­clusión de cada uno de los primeros tres ver­sícu­los, tu pres­en­cia, esto es por lo que el pueblo está oran­do.

      4 Jehová había desafi­a­do a los ído­los a hablar o actu­ar – a hac­er algo (41:21–24) – pero ellos solo tra­jeron vergüen­za a sus seguidores por su incom­pe­ten­cia (44:9). Isaías dice aho­ra, Ni nun­ca, des­de el prin­ci­pio del tiem­po, los hom­bres no han oído ningún men­saje ni vis­to ningu­na acción de un ído­lo. Solo Jehová ha obra­do a favor del que en él espera. Esper­ar con­ll­e­va “una acti­tud de expectación fer­vorosa y de esper­an­za con­fi­a­da” (ver 40:31).[1]

      5 De este ver­sícu­lo, Alexan­der dice, “Tal vez no hay ningu­na sen­ten­cia en Isaías, o cier­ta­mente en el Antiguo Tes­ta­men­to, que haya divi­di­do y descon­cer­ta­do más a inter­pretes, o sobre el que el inge­nio y el conocimien­to de los escritores mod­er­nos han arro­ja­do menos luz” (II. 431). Para una lista bas­tante exten­sa de los difer­entes pun­tos de vista, ver los comen­tar­ios de Alexan­der y de Barnes. En tan­to que el tex­to es oscuro, el sig­nifi­ca­do del ver­sícu­lo parece ser que Jehová se reúne con los que se rego­ci­jan en Él y obran con jus­ti­cia. La pal­abra hebrea tra­duci­da sal­iste al encuen­tro es tra­duci­da como “ora­do” en 53:12 e “inter­pusiese” en 59:16; entonces Jehová habla o inter­cede por los que obran con jus­ti­cia, a los que recuer­dan, a los que prestan aten­ción men­tal, a Sus caminos (ver Prov 3:5–8), y actúan en armonía con ellos. Aunque Jehová ha tenido tan­ta gra­cia y ha pro­te­gi­do con­tra la iniq­uidad por Su ira con­tra el peca­do, aun pecamos. En este esta­do, ¿podremos aca­so ser salvos? La respues­ta es que la sal­vación viene solo por bus­car a Jehová y pon­er aten­ción a Él y a Sus caminos (55:6–7).

      7 El pro­fe­ta está hablan­do de la nación en gen­er­al cuan­do dice que no hay nadie que invoque el nom­bre de Dios. Aunque hubo siem­pre unos pocos fieles, es posi­ble que aun ellos hayan deja­do de orar. Ya sea que la nación haya per­di­do la fe en la vol­un­tad de Jehová para respon­der a las ora­ciones, o, en su inmundi­cia, ellos se con­sid­er­a­ban a sí mis­mos indig­nos de acer­carse a Él. Tal vez exis­ten ambas condi­ciones, pero en algu­na pro­por­ción, la oración ha cesa­do entre el pueblo. En su iner­cia espir­i­tu­al ellos han igno­ra­do este gran priv­i­le­gio de la oración, fal­lan­do en usar su poder y en asirse de Jehová por medio de ella. En con­se­cuen­cia, Él ha ocul­ta­do Su ros­to de ellos y los ha mar­chi­ta­do por medio de (de la mano de) sus iniq­uidades. El sig­nifi­ca­do bási­co de la pal­abra mar­chi­tar es “der­re­tir,” cómo en “Mi corazón fue como cera,/Derritiéndose en medio de mis entrañas” (Sal 22:14), y “los montes se der­ri­tieron como cera delante de Jehová” (Sal 97:5; ver Miq 1:4). Cualquiera que sea la tra­duc­ción, la for­t­aleza de la nación se fue; porque sin la ayu­da de Jehová están débiles e inde­fen­sos, tan­to como la cera sin for­ma y der­reti­da, en sus iniq­uidades.

Un Lamen­to Ren­o­va­do por Mis­eri­cor­dia (vers 8–12)

 

      8 Las pal­abras Aho­ra pues intro­duce un nue­vo argu­men­to o un aspec­to fres­co de la ple­garia. Es repeti­do el lamen­to de 63:16 excep­to que allí al se diri­gen a Él como Padre, aquí se diri­gen a Él como Creador, el Mod­e­lador de Israel: tú eres nue­stro padre; nosotros bar­ro, él úni­co que nos ha for­ma­do como un pueblo (ver 29:16). Aunque Jehová es el Creador de toda la humanidad, Él solo es el Padre de Su pueblo espir­i­tu­al. Debe recor­darse que un alfarero puede mold­ear un recip­i­ente solo mien­tras el bar­ro pro­ducirse a sí mis­mo en sus manos; sí él es inca­paz de hac­er un recip­i­ente para hon­or, entonces él hará uno para el deshon­or (Jer 18:1–4). Él bus­ca hac­er lo mejor pero podría ten­er un arreg­lo para algo infe­ri­or. El pueblo no se ha pro­duci­do a sí mis­mo: entonces, Jehová hará de ellos un vaso de deshon­or.

      9 Como el Dios de la nación, Jehová ha prometi­do por Si mis­mo bor­rar las trans­gre­siones y olvi­dar sus peca­dos (43:25). Sobre esa base el pueblo hace aho­ra su ple­garia, no que no sea juz­ga­do, sino que Él no recuerde sus peca­dos per­pet­u­a­mente. Ellos cla­man, pueblo tuyo somos (ver vers 8). Dicho de otro modo por Habacuc, su peti­ción es, “En la ira acuér­date de la mis­eri­cor­dia” (Hab 3:2). En la respues­ta de Jehová (cap 65) Él sep­a­ra a los fieles de los infieles, declaran­do el des­ti­no de cada uno.

      10 Algunos comen­taris­tas pien­san que Tus san­tas ciu­dades son Sion y Jerusalén. Sin embar­go, es mucho más prob­a­ble que el pro­fe­ta esté refir­ién­dose a las ciu­dades de Judá, porque de Judá se habla como “la tier­ra san­ta” (Zac 2:12). La tier­ra y su pueblo eran san­tos ante Dios. Las ciu­dades de Judá y de Sion es un desier­to, inhab­it­able, un desier­to, y Jerusalén una soledad, una pér­di­da.

      11 En medio de la des­o­lación y de la pér­di­da, La casa de nue­stro san­tu­ario y de nues­tra glo­ria, en la cual le alabaron nue­stros padres, fue con­sum­i­da al fuego. Los comen­taris­tas creen que allí hubo un segun­do (Deutero-), y en algunos casos, aun un ter­cero (Tri­to-) Isaías a los que se les atribuye el escrito de esta descrip­ción para los días del exilio o al peri­o­do inmedi­a­to que le sigu­ió. Sin embar­go, tal con­clusión no es nece­sari­a­mente; porque la Bib­lia abun­da en declaración de even­tos mucho antes de que ocur­ran, hablan­do de ellos como si ya hubier­an acon­te­ci­do. Jesús dijo a los judíos de su tiem­po, “Abra­ham vue­stro padre se gozo de que había de ver mi día; y lo vio, y se gozó” (Juan 8:56, con itáli­cas agre­gadas). David (Sal 22) e Isaías (cap 53) habían pre­vis­to con clar­i­dad sobre aspec­tos indis­cutibles de las prue­bas y de la cru­ci­fix­ión de Jesús. En el ini­cio de la his­to­ria de Israel, Jehová dijo al pueblo que si ellos no Lo escuch­a­ban, “Haré desier­tas vues­tras ciu­dades, y aso­laré vue­stros san­tu­ar­ios” (Lev 26:31). En la ded­i­cación del tem­p­lo de Salomón Jehová advir­tió que si ellos daban la espal­da a Su ado­ración y a guardar Sus man­damien­tos, “yo cor­taré a Israel de sobre la faz de la tier­ra que les he entre­ga­do; y esta casa que he san­tifi­ca­do a mi nom­bre, yo la echaré de delante de mí” (1 Rey 9:6–7, itáli­cas aña­di­das). Y por medio de Isaías Jehová declaró a Eze­quías que todo en su casa, y que lo que había sido ate­so­ra­do por sus padres, “será lle­va­do a Babilo­nia todo lo que hay en tu casa” (39:6). A la luz de la mal­dad de su tiem­po y de estas adver­ten­cias de Dios, Isaías habría vis­to fácil­mente el tem­p­lo en ruinas como un hecho con­suma­do. Recuerde tam­bién que Jehová había reta­do a los ído­los a declarar even­tos por venir y por con­se­cuen­cia demostrar su dei­dad (41:23), y entonces había reposa­do Su declaración a Su dei­dad úni­ca sobre la capaci­dad para declarar el futuro (42:9) – “Yo soy Dios…que anun­ció lo por venir des­de el prin­ci­pio” (46:9–10). Pablo en for­ma sim­i­lar afir­ma que Dios “lla­ma las cosas que no son, como si fuer­an” (Rom 4:17). Fue tan fácil para Jehová describir la destruc­ción del tem­p­lo como procla­mar por antic­i­pa­do la cau­tivi­dad y la veni­da de Ciro para lib­er­ar al pueblo (44:28–45:7,13). Es la con­vic­ción de este escritor que el mis­mo Isaías, sien­do movi­do por el Espíritu (ver 2 Ped 1:21), le fue dado el entendimien­to que el tem­p­lo sería destru­i­do ráp­i­da­mente como un resul­ta­do de los peca­dos del pueblo. Las cosas pre­ciosas a ser destru­idas incluyen las ciu­dades, las casas, y los jar­dines que el pueblo esti­ma. Todo, incluyen­do el tem­p­lo y su recin­to, estarían en ruinas.

      12 La oración se cier­ra con dos pre­gun­tas a Jehová. A la vista de las condi­ciones así descritas, ¿Puedes Él estarse qui­eto? ¿Afli­girá Él sobre­man­era? No obstante que las pre­gun­tas no son con­tes­tadas explíci­ta­mente, parece ser impli­ca­da una respues­ta neg­a­ti­va (ver cap 65).

Capí­tu­lo 64. Una Oración Fer­viente

[1]  The­o­log­i­cal Word­book of the Old Tes­ta­ment, vol. 1, p. 282.

CAPÍTULO 63

Ven­gan­za, Mis­eri­cor­dia, y una Oración

En la antigüedad, el Israel nacional per­manecía como el sím­bo­lo de la ado­ración de Jehová, rep­re­sen­tan­do al úni­co Dios ver­dadero. Edom, la nación her­mana, per­manecía como un sím­bo­lo de oposi­ción a Jehová y a la religión ver­dadera, porque así como se oponía y odi­a­ba a Israel, así tam­bién odi­a­ba a Jehová. Su ene­mis­tad en con­tra de Jacob es mostra­da a lo largo de toda la his­to­ria de las dos naciones; Edom per­maneció siem­pre del lado con­trario, el lado de los opo­nentes y destruc­tores de Israel. Por este odio per­petuo de su nación her­mana y de Jehová, Edom debe ser juz­ga­da y traí­da a un fin (ver la intro­duc­ción para el capí­tu­lo 34; Abdías; Mal 1:2–5). No se indi­ca ningún tiem­po especí­fi­co para este juicio; la visión rev­ela sim­ple­mente que Jehová hará final­mente a la nación. (A difer­en­cia de Edom, cuyo odio esta­ba reser­va­do para Israel, Babilo­nia buscó traer a todas las naciones bajo su dominio; solo a este respec­to estu­vo intere­sa­do con forzar a Israel a some­terse. Sin embar­go, habría de ser tam­bién destru­i­da. [cap 47].)

La Ven­gan­za de Jehová sobre Sus Ene­mi­gos (vers 1–6)

 

      1 En una visión el pro­fe­ta ve a un guer­rero fuerte y poderoso que viene de Bosra, una ciu­dad prin­ci­pal y prob­a­ble­mente por algún tiem­po cap­i­tal de Edom (aunque esto no es una certeza).[1] El pro­fe­ta pre­gun­ta, ¿Quién es este? y entonces describe al guer­rero con vesti­dos rojos (enro­je­ci­dos, al mar­gen). Él es her­moso en su vesti­do, que refle­ja la dig­nidad de Su propia per­sona. Él mar­cha orgul­losa­mente hacia ade­lante con el paso con­fi­a­do de un con­quis­ta­dor, en la grandeza de su for­t­aleza. La respues­ta al úni­co poderoso no deja ningu­na duda sobre Su iden­ti­dad: Yo, el que hablo en jus­ti­cia, grande para sal­var. Es Jehová, quien habla ver­dad y declara “jus­ti­cia, que anun­cia rec­ti­tud” (45:19). Al sal­var a Su pueblo Él actúa con­sis­ten­te­mente con Su están­dar de jus­ti­cia.

      2 El pro­fe­ta responde con una segun­da pre­gun­ta, ¿Por qué es rojo tu vesti­do? La impli­cación es que los vesti­dos han sido teñi­dos. ¿Por qué los vesti­dos de Jehová están salpic­a­dos con un col­or rojo, como si Él hubiera esta­do pisan­do uvas en un lagar? En tiem­pos antigu­os los fab­ri­cantes de vino reco­lec­taban uvas en una piedra que había sido cor­ta­da a hac­ha­zos o tal­la­da en madera, y entonces la pis­a­ban. En el pro­ce­so las vestiduras usadas por los que pis­a­ban las uvas eran man­chadas por el jugo que salía a chor­ros.

      3 Jehová responde a la pre­gun­ta del pro­fe­ta con una metá­fo­ra. Así como alguien pisa las uvas en el recip­i­ente del vino, así Él piso a Sus ene­mi­gos en el lagar de Su ira, man­chan­do Sus vestiduras con su san­gre. Él ha actu­a­do solo, porque de los pueb­los (plur­al) nadie había con­mi­go; los (plur­al) pise con mi ira. Él ha eje­cu­ta­do juicio sin ayu­da, no solo con­tra Edom, sino con­tra las naciones (paganas) en gen­er­al. Al obrar por la sal­vación de Su pueblo (ver 59:16) y al juz­gar a Sus ene­mi­gos, Él actúa solo. El eno­jo y la ira de Jehová es Su indi­gnación jus­ta en respues­ta a los peca­dos de los hom­bres. La jus­ti­cia debe ser reivin­di­ca­da y el juicio eje­cu­ta­do. En la eje­cu­ción del juicio en el lagar de Su ira, el alma de los paganos ha sido salpic­a­da sobre Sus vestiduras (ver Lam 1:15; Joel 3:13; Apoc 14:19–20). Que todas mis ropas han sido salpic­a­das indi­ca el gran alcance del juicio. El equiv­a­lente Nue­vo Tes­ta­men­to es encon­tra­do en Apoc­alip­sis 19:13–15: La Pal­abra de Dios pisa el lagar de la ira de Dios mien­tras Él trae a los paganos a su fin.

      4 La ven­gan­za es el vín­cu­lo de la san­ti­dad del Señor cuya rec­ti­tud y jus­ti­cia deman­da­da es evi­dente a lo largo de la total­i­dad del pasaje (vers 1–6). Esta­ba en Su corazón pis­ar al mal­va­do. Delitzsch y Leupold sostienen que es sig­ni­fica­ti­vo en la pro­por­ción sug­eri­da por las pal­abras día y año: un día de ven­gan­za a un año de sal­vación; Willis y Young, sin embar­go, pien­san que las dos pal­abras sig­nif­i­can sim­ple­mente “tiem­po” (ver los comen­tar­ios sobre 61:2).

      5 Jehová miró con aten­ción y fija­mente, esperan­do y dese­an­do (ver 5:2) que entre todos los pueb­los hubiera un indi­vid­uo o una nación de Su lado; pero no hubo ninguno, lo mis­mo que Él no había encon­tra­do con­se­jero en Sion (41:28; 59:16). Y me mar­avil­lé, per­maneció pas­ma­do, en la des­o­lación espir­i­tu­al. No hubo respues­ta. Entonces, el mis­mo bra­zo poderoso de Jehová tenía que sal­var­lo en la batal­la, y Su ira san­ta tenía que respal­dar­lo en Su eje­cu­ción de juicio.

      6 Al no encon­trar quien Lo ayu­dara, el mis­mo Jehová piso a los pueb­los (naciones) bajo Su pie en Su eno­jo y los embriagué en mi (Su) furor, reducién­do­los a un esta­do de desam­paro total. Entonces cam­i­naron hacia aba­jo, su “alma” (lit­eral­mente, “vig­or”) fue der­ra­ma­da sobre la tier­ra y traí­da a un fin.

El Amor Per­durable de Jehová por Su Pueblo (vers 7–9)

Jehová ha ase­gu­ra­do al pueblo de la sal­vación por medio del Sier­vo (52:13–53:12). Él ha urgi­do a Sion para a prepararse para un gran influ­jo de nuevos ciu­dadanos (54:1–3); la glo­ria de Sion ha sido pro­fe­ti­za­da (caps. 60–62); y el juicio de los paganos ha sido garan­ti­za­do (63:1–6). Es tiem­po aho­ra de enu­mer­ar las ben­di­ciones y ofre­cer ala­ban­za a Jehová (vers 7–9), para recor­dar las mis­eri­cor­dias de Jehová des­de la antigüedad (vers 10–14), y para orar (63:15–64:12).

      7 No obstante que el pro­fe­ta usa el pronom­bre per­son­al Yo, él está hablan­do prob­a­ble­mente por los pocos fieles de su tiem­po, pero no hay una certeza. Él men­ciona las mis­eri­cor­dias de Jehová, Sus actos de ter­nu­ra basa­dos en Su amor eter­no. Esta bon­dad es una base para alabar al Señor, con­forme a todo lo que Jehová nos ha dado. Una segun­da car­ac­terís­ti­ca de Jehová es la grandeza de sus ben­efi­cios hacia la casa de Israel, la belleza por la que ellos pueden apelar por el perdón. Una ter­cera con­sid­eración a ser declar­a­da es Sus mis­eri­cor­dias, que son según la mul­ti­tud de sus piedades. Las mis­eri­cor­dias del Señor resumen Su sim­patía por Su pueblo, Su pro­fun­do amor por ellos.

      8 Cuan­do Jehová tra­jo a Israel fuera de Egip­to, Él los reclamó como Su pueblo, en medio de los que Él cam­inó como Su Dios (Lev 26:12; Deut 29:13). Había la condi­ción, sin embar­go, que si Él iba a habitar en medio de ellos, ellos deberían oír Su voz (Deut 6:3; Jer 7:23; Ezeq 11:20). A la luz de la bon­dad, la gran benev­o­len­cia, y las abun­dantes mis­eri­cor­dias mostradas a Su pueblo (vers 7), Ciertamente…son, hijos que no mien­ten, sino que son fieles a Él. Esto es lo que Jehová tiene dere­cho a esper­ar, porque Él los ha escogi­do como Su pueblo. Además, Él fue su sal­vador (ver Sal 106:21–22) y siem­pre estaría allí para ayu­dar cuan­do lo nece­si­taran. Pero Él esta­ba defrau­da­do de ellos.

      9 En toda angus­tia de ellos él fue angus­ti­a­do – la angus­tia es una estrechez, una condi­ción apre­ta­da acor­ral­a­da con “agitación inte­ri­or inten­sa.” Si es adop­ta­da la lec­tura al mar­gen, “En toda su adver­si­dad Él no era adver­sario,” la idea es, como es expre­sa­do por Alexan­der, “en todas sus dis­cor­dias (hacia él), él no era un ene­mi­go (para ellos) (II.419); Él no los afligió para herir­los sino para hac­er­los buenos. Si, de otra for­ma, es acep­ta­da la tra­duc­ción bási­ca, la idea parece ser que Él com­par­tió con ellos el sufrim­ien­to y la heri­da de sus aflic­ciones, como se indi­ca tam­bién en Jue­ces 10:16: “y él [Jehová] fue angus­ti­a­do a causa de la aflic­ción de Israel.” A lo largo de toda la his­to­ria de Israel el Señor estu­vo pre­ocu­pa­do y com­par­tió el sufrim­ien­to del pueblo, así como el Sal­vador se “com­padece con nues­tras debil­i­dades” (Heb 4:15). La empatía es una car­ac­terís­ti­ca tan­to de Jehová como del Mesías.

      Y el ángel de su faz (la frase el ángel de su faz solo se pre­sen­ta aquí) los red­im­ió – la pal­abra tra­duci­da ángel podría ser tam­bién pues­ta como “men­sajero” o “comi­sion­a­do”; la pal­abra tra­duci­da de su faz sig­nifi­ca lit­eral­mente “ros­tro.” Jehová prometió a Moisés, “Mi pres­en­cia [ros­tro] irá con­ti­go” (Éxo­do 33:14). Entonces el ángel es el ros­tro o pres­en­cia rep­re­sen­ta­ti­va de Jehová que iba con Israel. Puesto que Cristo acom­pañó a Israel en el desier­to (1 Cor 10:4), y es “la ima­gen de Dios” (2 Cor 11:4, 6; Col 1:15) y “el res­p­lan­dor de su glo­ria” (Heb 1:3), esta pres­en­cia rep­re­sen­ta­ti­va de Jehová prob­a­ble­mente es el Ver­bo de Dios hecho carne (Juan 1:14), el Mesías pre encar­na­do. Movi­do por la com­pasión por medio de Él, Jehová los red­im­ió, y los tra­jo, y los lev­an­tó todos los días de la antigüedad. Isaías atribuye a Jehová la ala­ban­za y la glo­ria por la reden­ción y el cuida­do prov­i­den­cial de Israel a través de la his­to­ria.

La Respues­ta del Pueblo: Rebe­lión (vers 10–14)

 

      10 Aunque Jehová había sido amable con Israel, habién­doles urgi­do a oír la voz del men­sajero que Él les enviaría, y habién­doles adver­tido que no se rebe­laran con­tra Él (Éxo­do 23:21), sin embar­go ellos no pusieron aten­ción, sino que se rebe­laron des­de el prin­ci­pio (Deut 9:7). Ellos hicieron eno­jar su san­to espíritu, trayen­do aflic­ción y dolor sobre Él (ver Sal 78:40; 106:43). Entonces, en lugar de ser lo que Él desea­ba ser hacia, Jehová se con­vir­tió en su ene­mi­go, aban­donán­do­los o aban­donán­do­los final­mente como lo hizo en el mun­do ante­dilu­viano (Gén 6:6–7). Él peleó con­tra Israel-Judá como peleó con­tra otros ene­mi­gos de la jus­ti­cia.

      En este pun­to una pre­gun­ta exegéti­ca es lev­an­ta­da: ¿El san­to espíritu se refiere al mis­mo Jehová, a Su carác­ter y dis­posi­ción, o al Espíritu San­to como una per­sona? Hay difer­entes pun­tos de vista en este pun­to. El ángel o comi­sion­a­do de Jehová (vers 9) es un ser per­son­al difer­en­ci­a­do de Él; asimis­mo, el san­to espíritu es aquí difer­en­ci­a­do de Jehová. Él puede exper­i­men­tar tris­teza (ver Ef 4:30), una car­ac­terís­ti­ca pecu­liar de una per­sona. Esto guía a la con­clusión que el pro­fe­ta está hablan­do del Espíritu San­to como una per­sona. Si es así, en estos ver­sícu­los ten­emos a Jehová; el ángel (comi­sion­a­do) de Jehová, esto es, el Hijo; y el Espíritu San­to – las tres per­sonas del Dios Tri­no todas tra­ba­jan­do a favor de Israel. La rebe­lión del pueblo es entonces con­tra la Dei­dad total.

      11 Otra cuestión de exé­ge­sis es lev­an­ta­da aquí. ¿Debe­mos acep­tar el tex­to, Pero se acordó de los días antigu­os, de Moisés y de su pueblo, o la lec­tura alter­na, “Pero su pueblo se acordó de los días antigu­os de Moisés” (al mar­gen)? Siguen cin­co pre­gun­tas. La primera, ¿Dónde está el que les hizo subir del mar con el pas­tor de su rebaño? Parece con­fir­mar la lec­tura al mar­gen. ¿Está sien­do con­tes­ta­da la pre­gun­ta por los pocos fieles o por la total­i­dad del pueblo? Parece estar más en armonía con el con­tex­to ver a la nación como el inter­ro­gador, aunque algunos eru­di­tos pien­san que el pro­fe­ta está hablan­do por los pocos fieles. Subir del mar se refiere al cruce del Mar Rojo (ver Sal 106:9); el pas­tor de su rebaño son Moisés y Aarón. Pero si la for­ma sin­gu­lar pas­tor (al mar­gen), que se pre­sen­ta en algunos man­u­scritos antigu­os, es adop­ta­do, el pas­tor es Moisés. A la luz de la frase de Moisés y de su pueblo, es preferi­ble el sin­gu­lar.

      La segun­da pre­gun­ta, ¿dónde el que puso en medio de él su san­to espíritu? prob­a­ble­mente se refiere al otorgamien­to de Jehová de Su Espíritu a los seten­ta ancianos en el desier­to (ver Núm 11:17, 25, 29; Hageo 2:5). El Espíritu aquí, como en el ver­sícu­lo 10, es la ter­cera per­sona de la Trinidad.

      12 La ter­cera pre­gun­ta, ¿dónde el que los guió por la dies­tra de Moisés con el bra­zo de su glo­ria? apun­ta de regre­so a la guía y for­t­alec­imien­to de Moisés por parte de Jehová des­de el tiem­po de la lib­eración fuera de Egip­to a la lle­ga­da en la fron­tera de Canaán. El bra­zo de su glo­ria es la poten­cia poderosa (ver los comen­tar­ios sobre 40:10; 51:5; 52:10; 59:16; 63:5) que Dios mostró en la lib­eración de Egip­to y en el cuida­do de Su pueblo en el desier­to mien­tras él sos­tu­vo por medio de Moisés des­de el prin­ci­pio has­ta el fin.

      La cuar­ta pre­gun­ta pertenece al poder mostra­do al dividir las aguas del Mar Rojo. ¿Dónde está aho­ra Él que en otros tiem­pos ejer­ció ese poder cuan­do Él guió a Israel fuera de Egip­to, hacien­do entonces para Él mis­mo un nom­bre per­petuo tan­to entre las naciones de ese tiem­po como entre todos los pueb­los des­de entonces?

      13 La quin­ta pre­gun­ta, ¿Dónde está Él que los con­du­jo (a los pueb­los) por los abis­mos, a través de las aguas en las que ellos se habrían ahoga­do, excep­to por el ejer­ci­cio de Su glo­rioso poder? Al cruzar el mar, Israel fue como un cabal­lo de pie firme via­jan­do sobre un desier­to suave donde no tropezó – el cruce fue sin con­tratiem­pos para el pueblo y sus bienes.

      14 Una ilus­tración final o símil com­ple­ta la ilus­tración. Como gana­do que ha esta­do pas­tan­do en la ladera pedregosa de una mon­taña baja al valle por agua y des­cansa, así el Espíritu de Jehová los pas­toreó en Canaán en su via­je final. Por Su gran fuerza y poten­cia poderosa Jehová guió a Su pueblo a través de todas estas prue­bas, hacien­do Su nom­bre más glo­rioso. Leupold bien ha resum­i­do el pun­to com­ple­to de los ver­sícu­los 11–14, “¿Por qué ‘entonces” y ‘aho­ra’? Jehová desplegó Su infini­to poder en el ini­cio de la his­to­ria de la nación; ¿Por qué, entonces, esta­mos aban­don­a­dos como lo esta­mos en el tiem­po pre­sente?

Una Oración Fer­viente por Mis­eri­cor­dia y Ayu­da (vers 15–19; cap. 64)

 

      15 La nación ha mira­do hacia atrás al amor, a la mis­eri­cor­dia, y a la poten­cia poderosa mostra­da en la lib­eración bajo Moisés. Ellos han com­para­do esa demostración de Su pres­en­cia con su condi­ción actu­al y aho­ra cla­man a Él en oración por ayu­da. Su trono está en los cie­los (Sal 11:4) donde el pueblo ha obser­va­do por ben­di­ciones en el pasa­do (Deut 26:15) y han bus­ca­do ayu­da en tiem­po de necesi­dad (Sal 80:14). Allí habi­tan la plen­i­tud de Su glo­ria y san­ti­dad, y la nación apela aho­ra a estos atrib­u­tos. Ellos cla­man, Mira des­de el cielo con una acti­tud favor­able hacia nosotros, y con­tem­pla, con­sid­era y ten cuida­do por nues­tra condi­ción. ¿Dónde está el celo con­tra nue­stros ene­mi­gos y el poderoso poder acom­pañán­do­lo que fue una vez prometi­do (ver 26:11; 42:13; 59:17)? Jehová parece haberse quita­do a Si mis­mo, porque ellos pre­gun­tan además, ¿Por qué ten­emos la año­ran­za de Sus entrañas y Su piedad ha sido reti­ra­da de la nación? Aunque nosotros, como la nación que está aquí en oración, podríamos no percibir­lo en este momen­to, hay siem­pre un propósi­to atrás del cas­ti­go.

      16 La base de la apelación de Israel por ayu­da es que Jehová es su Padre, él úni­co que tra­jo a la nación a la exis­ten­cia (ver Deut 32:6). Aunque Él los había cri­a­do como Sus hijos, ellos se habían rebe­la­do con­tra Él (1:2); esta es la respues­ta a la pre­gun­ta del ver­sícu­lo 15. Que Abra­ham e Israel no cono­cen a la nación no sig­nifi­ca que ellos rec­haz­an aho­ra al pueblo, o que recla­man no ten­er relación con ellos, sino que la descen­den­cia de los patri­ar­cas no puede ayu­dar­los aho­ra. Porque no obstante que Abra­ham y Jacob fueron los prog­en­i­tores físi­cos de la nación, Jehová es su Padre espir­i­tu­al y el Reden­tor ver­dadero. Ellos deben apelar a Él.

      17 La lec­tura ini­cial de este ver­sícu­lo parece ser, como sug­iere Rawl­in­son, un “reproche que raya en la irrev­er­en­cia” (II. 444); pero Dios no puede ser car­ga­do con la respon­s­abil­i­dad por los peca­dos del hom­bre – solo el hom­bre es respon­s­able. La expli­cación de este difí­cil ver­sícu­lo parece ser encon­tra­do en el encar­go dado a Isaías en su lla­ma­do. Si el pueblo escucha a Jehová, estará bien; pero si no lo hacen, se serían total­mente endure­ci­dos (ver los comen­tar­ios sobre 6:10). Ellos no habían escucha­do; entonces, fueron endure­ci­dos porque ellos debían haber vis­to hacia Jehová. La ple­garia es para que Dios regrese por el bien de Israel, que ha sido escogi­do para ser Su sier­vo, no sea que las tribus se extin­gan en la tier­ra.

      18–19 Las muchas expli­ca­ciones y las lec­turas tex­tuales alter­na­ti­vas sug­eri­das por los comen­taris­tas y críti­cos es evi­dente que somos enfrenta­dos aquí con otro pasaje difí­cil. En el orig­i­nal, no hay un propósi­to direc­to para el ver­bo poseyó, así que, ¿qué poseyó el pueblo? ¿Fue la tier­ra, el monte (como algunos pro­po­nen), o el san­tu­ario? Cualquiera de estos es posi­ble. Lo sigu­iente es una expli­cación ofre­ci­da como prob­a­ble. En el ini­cio de la his­to­ria de Israel, Jehová había dicho que cuan­do ellos “hayan enve­je­ci­do en la tier­ra” y se hayan cor­rompi­do ellos mis­mos con la idol­a­tría, “pron­to pere­ceréis total­mente de la tier­ra” hacia la cual pasáis el Jordán para tomar pos­esión de ella (Deut 4:25–26). La tier­ra fue tris­te­mente cor­romp­i­da por Man­as­es (2 Rey 21:1–18); después de él solo hubo un rey bueno, Josías, que inten­tó pero fal­ló en refor­mar a Judá. Él fue suce­di­do por cua­tro reyes mal­va­dos, la destruc­ción de Jerusalén, y el exilio en Babilo­nia. ¿No podría ser esto el cumplim­ien­to de las pal­abras de Isaías que Por poco tiem­po lo poseyó (la tier­ra) tu san­to pueblo? Después de aban­donarse a sí mis­mos a la idol­a­tría, ellos perecieron así como Jehová había pro­fe­ti­za­do en Deuteronomio. Los que han hol­la­do tu san­tu­ario podrían ser los babilo­nios (ver el comen­tario sobre 64:11), o los idol­a­tras de los días antes del exilio quienes, des­pre­cian­do la fe estable­ci­da, pro­fa­naron el san­tu­ario de Jehová. En esta condi­ción ellos esta­ban como extran­jeros que nun­ca se habían someti­do a Jehová ni lo habían lla­ma­do por Su nom­bre.

Capí­tu­lo 63. Ven­gan­za, Mis­eri­cor­dia, y una Oración

[1]  Zon­der­van Pic­to­r­i­al Ency­clo­pe­dia of the Bible, ed. Mer­rill C. Ten­ney (Grand Rapids: Zon­der­van, 1975), vol. 1, pág. 645.

EL LIBRO DE APOCALIPSIS

 Capí­tu­lo Dos

Apoc­alip­sisLec­ción 03. Capí­tu­lo Dos

OBJETIVOS EN EL ESTUDIO DE ESTE CAPÍTULO

 1) Exam­i­nar las primeras cua­tro de las siete car­tas a las igle­sias en Asia

2) Recoger lo que podamos sobre la condi­ción de cada igle­sia: sus for­t­alezas y debil­i­dades, las adver­ten­cias y prome­sas dadas

3) Notar que la may­oría de las prome­sas serán descritas pos­te­ri­or­mente en las visiones por venir

RESÚMEN

En este capí­tu­lo Juan es instru­i­do a escribir a cua­tro igle­sias en Asia: Éfeso, Esmir­na, Pérg­amo, y Tiati­ra. El Señor por lo gen­er­al sigue el sigu­iente for­ma­to: Su des­i­gnación de Si mis­mo, man­damien­to, con­de­nación y adver­ten­cia rela­ciona­da, exhortación y prome­sa. Cada car­ta cier­ra con la amon­estación, “El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las igle­sias.” Esto sug­iere que las car­tas no solo fueron para el ben­efi­cio per­son­al de las igle­sias a las se dirigieron.

La igle­sia en Éfeso es alaba­da por firmeza, espe­cial­mente en con­tra de los fal­sos após­toles. Pero mien­tras per­manecían en la ver­dad, habían per­di­do su primer amor. Los exhortó a arrepen­tirse y a ser restau­ra­dos hacien­do las “primeras obras”, eran adver­tidos de que su “can­delero” podría ser quita­do si no se arrepen­tían (1–7). La igle­sia en Esmir­na es alaba­da por ser “rica” a pesar de su tribu­lación y pobreza. A difer­en­cia de la may­oría de las igle­sias, no hay pal­abras de con­de­nación dirigi­das con­tra ella. En tan­to que ellos exper­i­men­ta­rían una pequeña per­se­cu­ción, son exhor­ta­do a per­manecer fieles has­ta la muerte (8–11). La igle­sia en Pérg­amo es tam­bién alaba­da por su firmeza, pero fal­ló al admi­tir a fal­sos mae­stros entre ellos. El Señor advierte de venir y pelear con la espa­da de Su boca si no se arrepi­en­ten (12–17). La igle­sia en Tiati­ra es tam­bién

Alaba­da, porque sus obras postr­eras son más que sus primeras. Pero tam­bién tienen un fal­so mae­stro que pone en ries­go la condi­ción de la igle­sia. A pesar de dar a esta “Jez­abel” tiem­po para que se arrepi­en­ta, ella no lo ha hecho entonces el Señor se pro­pone hac­er de ella y de sus seguidores un ejem­p­lo frente a las otras igle­sias (18–29).

Encuen­tro notable la conex­ión entre estas car­tas con las que fueron vis­tas en el capí­tu­lo uno, y lo que será vis­to en los capí­tu­los suce­sivos. En la may­oría de los casos la des­i­gnación de Si mis­mo por parte del Señor adop­ta algu­nas cosas de la visión del Hijo del Hom­bre en el capí­tu­lo uno, lo que rela­ciona de algún modo con el men­saje par­tic­u­lar en el que es encon­tra­do. Tam­bién, ver­e­mos como la may­oría de las prome­sas a aque­l­los que vencier­an serían cumpl­i­das en el despliegue de las visiones que ini­cian en el capí­tu­lo cua­tro.

BOSQUEJO

I. LA CARTA A LA IGLESIA EN EFESO (1–7)

   A. LA IDENTIFICACIÓN DEL SEÑOR DE SI MISMO (1)

1. “El que tiene las siete estrel­las en Su dies­tra”

2. “El que anda en medio de los siete can­deleros de oro”

B. ALABANZA (2–3,6)

1. Por sus obras, tra­ba­jo y pacien­cia

a. No pueden sopor­tar a los mal­os, y han proba­do a los que dicen

ser após­toles, y no lo son, y los han hal­la­do men­tirosos

b. Su per­se­ver­an­cia, pacien­cia y tra­ba­jo por amor a Su nom­bre, no des­mayan­do

2. Ellos abor­recían las obras de los nico­laitas, como lo hacía el Señor

C. CONDENACIÓN Y ADVERTENCIA (4–5)

1. Con­de­nación

a. El Señor tiene algo con­tra ellos

b. Ellos dejaron su primer amor

2. Adver­ten­cia

a. Les recuer­da de donde han caí­do

b. Que se arrepi­en­tan y hagan las primeras obras

c. O el Señor ven­drá pron­to a quitar el can­delero de su lugar

D. EXHORTACIÓN Y PROMESA (7)

1. Oír lo que el Espíritu dice a las igle­sias

2. Al que venciere, Él dará a com­er del árbol de la vida, el cual está en medio del paraí­so de Dios

II. LA CARTA A LA IGLESIA EN ESMIRNA (8–11)

    A. LA IDENTIFICACIÓN DEL SEÑOR DE SI MISMO (8)

1. “El primero y el postrero”

2. “El que estu­vo muer­to y vivió”

B. ALABANZA (9a)

1. Por las obras, tribu­lación y pobreza

2. Pero ellos son ricos

C. EXHORTACIÓN Y PROMESA (9b-11)

1. El Señor conoce que declar­an ser judíos pero son una sin­a­goga de Satanás

2. No temer lo que ellos van a pade­cer

a. El dia­blo echará a algunos en la cár­cel, para que pudier­an ser proba­dos

b. Y ten­drán tribu­lación por diez días

3. Ser fieles has­ta la muerte, y Él dará la coro­na de la vida

4. Oír lo que el Espíritu dice a las igle­sias

5. El que venciere, no sufrirá daño de la segun­da muerte

III. LA CARTA A LA IGLESIA EN PÉRGAMO (12–17)

     A. LA IDENTIFICACIÓN DEL SEÑOR DE SI MISMO (12)

1. “El que tiene la espa­da agu­da de dos filos”

B. ALABANZA (13)

1. Él conoce sus obras, y dónde moran, dónde está el trono de Satanás

2. Pero han retenido Su nom­bre

3. Y no han nega­do Su fe, ni aun en los días en que Antipas fue muer­to entre ellos

C. CONDENACIÓN Y ADVERTENCIAS (14–16)

1. Con­de­nación

a. Tienen a los que retienen la doc­t­ri­na de Bal­aam

1) Que enseña­ba a Bal­ac a pon­er tropiezo ante los hijos de Israel

2) A com­er de cosas sac­ri­fi­cadas a los ído­los, y a come­ter for­ni­cación

b. Y tam­bién tienen a los que retienen la doc­t­ri­na de los nico­laí­tas, la que Él abor­rece

2. Adver­ten­cia

a. Arrepen­tirse o Él ven­drá a ellos pron­to

b. Él peleará con­tra ellos con la espa­da de Su boca

D. EXHORTACIÓN Y PROMESA (17)

1. Oír lo que el Espíritu dice a las igle­sias

2. Al que venciere, Él le dará…

a. Com­er del maná escon­di­do

b. Una piedrecil­la blan­ca, y en la piedrecil­la un nom­bre nue­vo, el cual ninguno conoce sino aquel que lo recibe

IV. LA CARTA A LA IGLESIA EN TIATIRA (18–29)

    A. LA IDENTIFICACIÓN DEL SEÑOR DE SI MISMO (18)

1. “El Hijo de Dios”

2. “El que tiene ojos como lla­ma de fuego, y pies seme­jantes al bronce bruñi­do”

B. CONDENACIÓN (19)

1. Por sus obras, amor, ser­vi­cio, fe y pacien­cia

2. Sus obras postr­eras son mejores que las primeras

C. CONDENACIÓN Y ADVERTENCIA (20–24)

1. Con­de­nación

a. Ellos per­miten que la mujer Jez­abel

1) Que se lla­ma a si mis­ma pro­fe­ti­za

2) Que enseña y seduce a Sus sier­vos a for­nicar y a com­er cosas sac­ri­fi­cadas a los ído­los

b. A la que el Señor le ha dado tiem­po para que se arrepi­en­ta, pero no quiere arrepen­tirse de su for­ni­cación

2. Adver­ten­cia

a. Él la arro­jará en cama

b. Y en gran tribu­lación a los que con ella adul­ter­an, si no se arrepi­entes de las obras de ella

c. Y a sus hijos herirá de muerte, y todas las igle­sias sabrán que Él escu­d­riña la mente y el corazón

d. Él dará a cada uno según Sus obras

e. Pero a los que están en Tiati­ra que no siguen su doc­t­ri­na, y no han cono­ci­do lo que ellos lla­man las pro­fun­di­dades de Satanás, Él les dice: No os impon­dré otra car­ga

D. EXHORTACIÓN Y PROMESA (25–29)

1. Lo que tienen, reten­er­lo has­ta que Él ven­ga

2. Al que venciere y guardaré Sus obras has­ta el fin…

a. Él les dará autori­dad sobre las naciones, como Él la ha recibido del Padre

b. Él le dará la estrel­la de la mañana

3. Oír lo que el Espíritu dice a las igle­sias

PREGUNTAS DE REVISIÓN PARA EL CAPÍTULO

1) ¿Cuál es el pun­to prin­ci­pal de este capí­tu­lo?

- La car­ta a la igle­sia en Efe­so (1–7)

- La car­ta a la igle­sia en Esmir­na (8–11)

- La car­ta a la igle­sia en Pérg­amo (12–17)

- La car­ta a la igle­sia en Tiati­ra (18–29)

2) ¿Qué mod­e­lo es gen­eral­mente segui­do en estas car­tas a las igle­sias?

- La iden­ti­fi­cación de Si mis­mo, la ala­ban­za, la con­de­nación y

adver­ten­cia, la exhortación y prome­sa

3) ¿Cuál es gen­eral­mente la base para la iden­ti­fi­cación del Señor en

   estas car­tas? (1,8,12,18)

- La descrip­ción de la visión del Hijo del Hom­bre en el capí­tu­lo uno

4) ¿Por qué ala­ba el Señor a la igle­sia en Efe­so? (2–3,6)

- Por sus obras, su tra­ba­jo y pacien­cia

- Por haber proba­do a los que reclam­a­ban ser após­toles, y los había

hal­la­do men­tirosos

- Por haber tenido pacien­cia y lab­o­rar ard­u­a­mente por amor a Su

nom­bre, y no haber des­maya­do

- Por abor­recer las obras de los nico­laitas

5) ¿Por qué el Señor los con­de­na? (4)

- Por perder su primer amor

6) ¿Qué solu­ción da Jesús para restau­rar su primer amor? (5)

- Recor­dar de donde han caí­do

- Arrepen­tirse y hac­er las primeras obras

7) ¿Qué adver­ten­cia da Jesús a la igle­sia en Efe­so? (5)

- Arrepién­tete o Él ven­drá pron­to y quitará el can­delero de su lugar

8) ¿Por qué ala­ba el Señor a la igle­sia en Esmir­na? (9)

- Por sus obras, tribu­lación, y pobreza (pero ellos eran ricos)

9) ¿Quiénes eran cul­pa­bles de blas­femia en Esmir­na? (9)

- Aque­l­los que decían que eran judíos, pero son una sin­a­goga de Satanás

10) ¿Por qué ellos no debían ten­er temor de lo que iban a sufrir?(10)

- Su tribu­lación sería cor­ta (diez días)

- Si ellos son fieles has­ta la muerte, Jesús les dará la coro­na de la vida

11) ¿Por qué el Señor ala­ba a la igle­sia en Perg­amo? (13)

- Por sus obras, por reten­er Su nom­bre, por no negar Su fe aun cuan­do Antipas fue muer­to

12) ¿Qué se dice sobre donde ellos mora­ban? (13)

- Que es dónde está el trono de Satanás, dónde Satanás mora

13) ¿Por qué los con­de­na el Señor? (14–15)

- Porque tienen a los que retienen la doc­t­ri­na de Bal­aam

- Porque tienen a los que retienen la doc­t­ri­na de los nico­laitas

14) ¿Qué adver­ten­cia da Jesús a la igle­sia en Pérg­amo? (16)

- Arrepen­tirse o si no Él ven­drá pron­to y peleará con­tra ellos con la espa­da de Su boca

15) ¿Por qué ala­ba el Señor a la igle­sia en Tiati­ra? (19)

- Por sus obras, amor, ser­vi­cio, fe y pacien­cia

- Porque sus obras postr­eras son más que las primeras

16) ¿Por qué los con­de­na al Señor? (20)

- Por per­mi­tir a Jez­abel enseñar y seducir a Sus sier­vos a for­nicar y a com­er cosas sac­ri­fi­cadas a los ído­los

17) ¿Qué dice el Señor en relación a la mujer que se lla­ma a sí mis­ma una pro­fe­ti­za? (21–23)

- Le dio tiem­po de arrepen­tirse, pero ella no lo hizo

- La arro­jó en cama, y en gran tribu­lación a los que con ella adul­ter­a­ban, si no se arrepi­en­ten de las obras de ella

- Él herirá a sus hijos de muerte

18) ¿Qué exhortación da a la igle­sia en Tiáti­ra? (25)

- Que reten­gan lo que ellos tienen has­ta que Él ven­ga

19) ¿Qué exhortación es dada al final de cada car­ta? (7,11,17,29)

- El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las igle­sias

20) Enu­mere las prome­sas dadas en este capí­tu­lo a aque­l­los que ven­zan

    (7,11,17,26–28)

- Com­er del árbol de la vida, el cual está en medio del paraí­so de Dios

- No sufrir daño de la segun­da muerte

- Com­er del maná escon­di­do

- Una piedrecita blan­ca, y en la piedrecita escrito un nom­bre nue­vo, el cual ninguno conoce, sino aquel que lo recibe

- Autori­dad sobre las naciones, como Él la recibió de Su Padre

- La estrel­la de la mañana

 

Las Respon­s­abil­i­dades de los Ciu­dadanos

Intro­duc­ción:

  1. Si hay gob­ier­no, como fue dis­cu­ti­do en la sec­ción ante­ri­or, entonces debe ser el que gob­ierne. La Bib­lia nos da instruc­ciones sobre las respon­s­abil­i­dades si él nos gob­ier­na y nos da instruc­ciones sobre las respon­s­abil­i­dades del gob­er­na­do.
  2. Casi ninguno de los que cono­ce­mos lle­gan a ser pres­i­dentes de un país, alcalde, etc., pero la may­oría de nosotros será ciu­dadano de un país.
  3. Los ciu­dadanos deben estar suje­tos al gob­ier­no y, en esta lec­ción ver­e­mos lo que la Bib­lia sobre las respon­s­abil­i­dades de los ciu­dadanos.
  1. La obe­di­en­cia civ­il
    1. ¿Qué sig­nifi­ca vivir bajo la autori­dad civ­il? ¿Cómo debe respon­der el ciu­dadano cris­tiano a las leyes, reg­u­la­ciones y juicios? La Bib­lia nos da un man­damien­to sen­cil­lo: obe­de­cer la ley ter­re­nal.
      1. Romanos 13:1, 2, 5; la obe­di­en­cia civ­il es una respon­s­abil­i­dad clara de un ciu­dadano.
      2. 1 de Pedro 2:13–14; “Por causa del Señor…someteos a toda insti­tu­ción humana…”
      3. No hay lugar para que yo o ust­ed podamos decidir si debe­mos o no debe­mos obe­de­cer la ley ter­re­nal. La Pal­abra de Dios lo deja claro, innegable y direc­ta­mente que debe­mos some­ter­nos a la autori­dad del­e­ga­da del gob­ier­no civ­il. Las deci­siones del gob­ier­no civ­il se lla­man leyes, y Dios nos dice que obe­dez­camos esas leyes.
  2. ¿Por qué obe­de­cer? Romanos 13:5 nos da dos razones: el cas­ti­go y la con­cien­cia.
    1. El cas­ti­go: Romanos 13:4 se refiere a la capaci­dad de gob­ier­no para cas­ti­gar a los infrac­tores.
      1. La obe­di­en­cia “debido al cas­ti­go” es más que la capaci­dad del gob­ier­no para cas­ti­gar. Es debido a que cuan­do des­obe­de­ce­mos las leyes ter­re­nales esta­mos des­obe­de­cien­do a la ley de Dios.
      2. Dios ordenó la obe­di­en­cia al gob­ier­no (Rom. 13:2). “De modo que quien se opone a la autori­dad, a lo estable­ci­do por Dios resiste; y los que resisten, acar­rean con­de­nación para sí mis­mos.
      3. ¡Es posi­ble Pablo ten­ga en mente el cas­ti­go eter­no y el juicio final de Dios! Esto es el por qué la obe­di­en­cia a las leyes ter­re­nales es tan impor­tante y debe ser toma­do con seriedad.
      4. Cuan­do alguien se ríe y des­obe­dece abier­ta­mente la ley ter­re­nal él se está rien­do de Dios y des­obe­de­cién­do­lo.
      5. Cuan­do no nos some­te­mos a la autori­dad civ­il no nos esta­mos some­tien­do a la autori­dad de Dios. Nues­tra propia burla de la ley es el por qué somos con­de­na­dos por Dios.
      6. Entonces debe­mos hac­er todo lo que podemos para estar en suje­ción “debido al cas­ti­go”.
      7. Nota: La obe­di­en­cia solo porque temem­os una mul­ta, una sen­ten­cia de cár­cel y el infier­no no es una razón muy noble, ¡pero fun­ciona! Sin embar­go, hay sin embar­go del por qué debe­mos esforzarnos en obe­de­cer a las autori­dades civiles: a causa de la con­cien­cia.
      8. A causa de la con­cien­cia: sig­nifi­ca hac­er­lo sim­ple­mente debido a que es algo jus­to por hac­er, y debido a que Dios desea que hag­amos.
        1. Debido a que amamos a Dios y deseamos agradar­le.
        2. Si sabe­mos que esto es lo que agra­da a Dios entonces debe­mos hac­er todo el esfuer­zo para obe­de­cer y some­ter­nos nosotros mis­mos como buenos ciu­dadanos al gob­ier­no ter­re­nal y al celes­tial (Fil­ipens­es 3:20).
        3. Por causa del Señor…” (1 de Pedro 2:13)
          1. La obe­di­en­cia por nue­stro pro­pio bien es obvia, pero Pedro nos dice que debe­mos hac­er­lo a causa del Señor.
          2. Debido a que es algo jus­to para hac­er.
          3. ¿Sig­nifi­ca esto que debe­mos obe­de­cer toda ley y orde­nan­za del hom­bre aun cuan­do no hay policía alrede­dor para hac­er cumplir la ley.
            1. La may­or parte de las per­sonas no vio­larán la ley cuan­do los policías están pre­sentes, pero romperán la ley cuan­do el policía no está pre­sente.
            2. Los cris­tianos no deben hac­er esto. Los cris­tianos deben desear obe­de­cer debido a que es algo jus­to, esto es lo que Dios desea.
              1. IRS (Amer­i­can tex revene sis­tema). No debe­mos hac­er tram­pas sobre nue­stros impuestos aun si sabe­mos que hay una gran opor­tu­nidad de que no seamos cap­tura­dos. No debe­mos tomar deduc­ciones que no son legí­ti­mas. Por ejem­p­lo, recla­mar a las mas­co­tas como depen­di­entes.
              2. En una ocasión usé un detec­tor de policía debido a que “yo desea­ba cono­cer donde esta­ba el policía en todo momen­to”. Pero la ver­dad era que yo con fre­cuen­cia excedía el límite de veloci­dad y recibiría mul­tas por hac­er­lo así. El detec­tor de radar era tal que yo podría ase­gu­rarme y bajar la veloci­dad si había un car­ro de la policía en el área. Fui cues­tion­a­do por un pred­i­cador fiel y él dijo, “Si ust­ed obe­dece la ley ust­ed no nece­si­ta saber dónde está el policía, Dios está en todos lados. ¡Buen pun­to!
            3. Si nos hemos someti­do al Señor entonces debe­mos recono­cer que debe­mos hac­er bien las cosas debido a que son las cosas cor­rec­tas a hac­er.
            4. Pal­abra de pre­cau­ción: La may­oría de las veces juzg­amos a la per­sona porque creemos que ellos no están obe­de­cien­do a la ley. Debe­mos ser cuida­dosos ya que hay oca­siones cuan­do las cir­cun­stan­cias espe­ciales y las condi­ciones espe­ciales han sido hechas por la ley mis­ma para algunos indi­vid­u­os. Un caso en con­cre­to: Un cris­tiano no usa­ba su cin­turón de seguri­dad y esta­ba sen­ten­ci­a­do a nun­ca estar al frente, sino en la parte de atrás. Lo qué la per­sona no sabía era que su her­mano tenía una condi­ción médi­ca por la que él no debería usar un cin­turón de seguri­dad y había recibido un per­miso espe­cial. Esta pobre alma había sido con­de­na­da al infier­no por otro her­mano sin saber aún las ver­daderas cir­cun­stan­cias. Ase­guré­monos que esta­mos obe­de­cien­do nosotros mis­mos la ley.
  3. Los impuestos y la oración: Puesto que la Bib­lia men­ciona esto especí­fi­ca­mente, debe­mos pon­er espe­cial aten­ción al área de este tema.
    1. Romanos 13:6–7: Después de bosque­jar la respon­s­abil­i­dad del gob­ier­no Pablo men­ciona los cos­tos de operación. “Pues por esto pagáis tam­bién los trib­utes, porque son servi­dores de Dios que atien­den con­tin­u­a­mente a esto mis­mo. Pagad a todos lo que debéis: al que trib­u­to, trib­u­to; al que impuesto, impuesto; al que respeto, respeto; al que hon­ra, hon­ra.
      1. Jesús fue desafi­a­do por Sus ene­mi­gos y Él les dijo “Dad, pues, a César lo que es de César…” (Mateo 22:21)
        1. Jesús san­ciona la jus­ti­cia de un gob­ier­no para grabar impuestos sobre sus ciu­dadanos, ¡y Él man­da a los ciu­dadanos que los paguen!
        2. Pagar impuestos nun­ca es pla­cen­tero, y podríamos no estar siem­pre de acuer­do sobre como gas­ta el gob­ier­no el dinero de los impuestos, pero aun somos man­da­dos a pagar­los.
        3. Nadie odi­a­ba más pagar los impuestos que los judíos que paga­ban impuestos a Roma. Y, el gob­ier­no romano gasta­ba el dinero en for­ma impru­dente e impía:
          1. can­ti­dades mon­stru­osas des­perdi­ci­adas en deprava­ciones
          2. exce­sos
          3. destruc­ción.
          4. Al men­tir sobre nue­stros ingre­sos, eva­di­en­do los impuestos y ocul­tan­do los ingre­sos no es algo cor­rec­to a hac­er.
            1. ¡Al hac­er­lo así de todas for­mas está equiv­o­ca­do!
            2. Muchos pred­i­cadores han deci­di­do no pagar un cier­to impuesto que el resto de los ciu­dadanos tienen que pagar, “obje­ción a con­cien­cia”. Aun y cuan­do la ley lo per­mite, una obser­vación de más cer­cana a la “exon­eración” debe hac­er­nos recon­sid­er­ar nues­tra posi­ción.[1]  (IRS Pub­li­ca­tion) (great blog arti­cle on this top­ic of preach­ers opt­ing out of pay­ing Social Secu­ri­ty)
            3. No hay jus­ti­fi­cación, en un caso u otro, para reten­er una parte de nue­stro de nue­stro pago de impuestos porque ten­emos una obje­ción de con­cien­cia a la for­ma en que algo de esto es gas­ta­do. Esto es el espíritu de la anar­quía. ¿Pen­samos que el impe­rio romano nun­ca gastó sus impuestos recau­da­dos de man­era impru­dente o inmoral? De hecho ellos lo hicieron.…Si no nos gus­ta la for­ma en que el gob­ier­no está usan­do nue­stro dinero de los impuestos, ¡tra­ba­je­mos para refor­mar la for­ma en que es gas­ta­do! Reten­er o evadir los impuestos es peca­do.”[2]
        4. 1 Tim­o­teo 2:1–2, la oración es otra área donde los ciu­dadanos tienen una respon­s­abil­i­dad.
          1. Nues­tra oración bási­ca debe ser que aque­l­los que están en el poder pudier­an gob­ernar en una for­ma tal que la jus­ti­cia sea servi­da, nue­stros dere­chos pro­te­gi­dos y que el evan­ge­lio no pudiera ser estor­ba­do.
          2. El sim­ple hecho de que se nos mande orar por nue­stros gob­er­nantes es un recorda­to­rio de que Dios al final está al cuida­do de los asun­tos de este mun­do. Se nos ha per­mi­ti­do escoger con lib­er­tad si los obe­de­ce­mos o no, pero final­mente Dios está aun a car­go.
            1. ¡Si nos escab­ul­limos violan­do las leyes en este tiem­po de vida, en el juicio no nos escab­ul­lire­mos!
            2. Romanos 13:5.
        5. La des­obe­di­en­cia civ­il
          1. Con la obe­di­en­cia civ­il hay tam­bién la des­obe­di­en­cia civ­il. La des­obe­di­en­cia civ­il: hay sola­mente un prin­ci­pio sobre el que un ciu­dadano DEBE des­obe­de­cer la ley civ­il.
            1. Los gob­er­nadores civiles son humanos, y aun no obstante que ellos son min­istros de Dios ellos pueden pro­mul­gar leyes que no son autor­izadas por Dios. En este caso uno debe des­obe­de­cer la ley del hom­bre y obe­de­cer la ley de Dios.
            2. Ejem­p­los bíbli­cos:
              1. El sane­drín judío: En un inten­to de dis­minuir el crec­imien­to de la igle­sia los gob­er­nadores judíos le man­daron a Pedro, a Juan y a los otros após­toles no enseñar en el nom­bre de Jesús (Mateo 28:18–20; Hechos 1:8). Los após­toles no tuvieron que escoger sino que des­obe­decieron la ley civ­il en vez de obe­de­cer­la (Hechos 4:18–19; 5:17–29).
              2. Daniel 6: A Daniel y sus ami­gos se les dijo que no oraran más a Dios sino al mis­mo rey. Daniel y sus ami­gos tuvieron que des­obe­de­cer al Rey aun y cuan­do podría costar­les su vida, y obe­decieron la Ley de Dios.
              3. Si un cris­tiano es enfrenta­do con tal elec­ción el debe escoger obe­de­cer a Dios y des­obe­de­cer las leyes civiles.
                1. Algunos país­es comu­nistas tienen una ley sev­era para que el evan­ge­lio sea pre­ci­a­do. Muchos cris­tianos han des­obe­de­ci­do esta ley han pasa­do Bib­lias de con­tra­ban­do al país y pred­i­ca­do el evan­ge­lio de todas man­eras.
                2. Es mi con­vic­ción que en este caso el prin­ci­pio de la excep­ción es apli­ca­do apropi­ada­mente.
            3. ¿Cuán­do la des­obe­di­en­cia civ­il no es jus­ta?
              1. Hay oca­siones cuan­do nos sen­ti­mos muy firme­mente con­tra una ley civ­il par­tic­u­lar y sen­ti­mos que ten­emos el dere­cho de des­obe­de­cer la ley civ­il.
              2. Ejem­p­los:
                1. Los cin­tur­ones de seguri­dad
                2. Los límites de veloci­dad
                3. Los límites de cac­ería: un cazador podría sen­tir que es injus­to que él solo pue­da matar dos vena­dos en una tem­po­ra­da y decir “Es mi dere­cho matar y proveer de comi­da a mi famil­ia así que mataré tan­tos vena­dos como yo con­sidere que nece­si­to.”
                4. La con­t­a­m­i­nación
                5. El desmonte de la tier­ra
                6. La protes­ta: En algunos casos podríamos sen­tir que nece­si­ta­mos protes­tar con­tra una ley especí­fi­ca y huel­ga, orga­ni­zación ile­gal, mar­cha ile­gal, o reten­er nue­stros impuestos ile­gal­mente. Pero esto no es lo en lo que los cris­tianos deben estar empeña­dos.
                7. ¿Cómo sabe­mos si podemos vio­lar una ley civ­il?
                  1. Si algu­na ley civ­il vio­la la ley de Dios entonces podemos ser des­obe­di­ente.
                  2. Si solo no nos gus­ta la ley y no vio­la la ley de Dios entonces no podemos des­obe­de­cer las leyes civiles.

 

Con­clusión:

  1. La con­clusión es que hay solo una situación vál­i­da en la que Dios nos per­mite vio­lar una ley civ­il, esto es, donde la obe­di­en­cia a la ley podría en sí mis­ma causar que pecáramos con­tra una ley de Dios. En otro caso, la des­obe­di­en­cia a la ley civ­il es en sí mis­ma un peca­do con­tra Dios, y es el tiem­po para que los cris­tianos empiecen a tomar esto con seriedad.”[3]

 


[1] I cer­ti­fy that I am con­sci­en­tious­ly opposed to, or because of my reli­gious prin­ci­ples I am opposed to, the accep­tance (for ser­vices I per­form as a min­is­ter, mem­ber of a reli­gious order not under a vow of pover­ty, or Chris­t­ian Sci­ence prac­ti­tion­er) of any pub­lic insur­ance that makes pay­ments in the event of death, dis­abil­i­ty, old age, or retire­ment; or that makes pay­ments toward the cost of, or pro­vides ser­vices for, med­ical care. (Pub­lic insur­ance includes insur­ance sys­tems estab­lished by the Social Secu­ri­ty Act.) IRS Pub­li­ca­tion 4361

[2] Cot­trell, Tough Ques­tions, 32

[3] Cot­trell, Tough Ques­tions, 35

Como en los últi­mos dos capí­tu­los, nos enfrenta­mos de nue­vo con la pre­gun­ta si el pro­fe­ta está hablan­do del regre­so de Israel del exilio de Babilo­nia o miran­do más allá del retorno hacia la glo­ria de la Sion espir­i­tu­al, la Sion de Dios. La con­sid­eración cuida­dosa del con­tenido de los tres capí­tu­los indi­ca que ellos son inter­pre­ta­dos mejor como una pro­fecía de la posi­ción de Sion en la pro­fecía mesiáni­ca en lugar del pos­te­ri­or al peri­o­do del exilio.

 

El Nom­bre Nue­vo y la Glo­ria de Sion (vers 1–5)

 

      1 Es difí­cil deter­mi­nar si el que habla en estos ver­sícu­los es Jehová (Delitzsch, Leupold, Young), el Sier­vo (Rawl­in­son), o el mis­mo pro­fe­ta (Alexan­der, Calvin, Smith, Why­bray, Willis). Barnes sug­iere que la iden­ti­dad del que habla es incier­ta. Pueden hac­erse argu­men­tos para los difer­entes pun­tos de vista; sin embar­go, el ver­sícu­lo 6 dan crédi­to al pun­to de vista que el que habla es Jehová. La cuestión no es demasi­a­do sig­ni­fica­ti­va, porque lo que ten­emos aquí es la pal­abra de Jehová dada a cono­cer por medio del pro­fe­ta y rev­e­lando la obra del Sier­vo.

La luz de Sion y de Jerusalén (los dos tér­mi­nos son usa­dos en for­ma sinón­i­ma) ha sido opaca­da a la som­bra de una larga noche. Pero aho­ra por su bien, esto es, para su cuen­ta o ben­efi­cio, la noche será ven­ci­da por la bril­lantez de su glo­ria. Jehová nun­ca callará (guardará silen­cio, se abs­ten­drá de hablar) ni des­cansará (quedarse qui­eto, inac­ti­vo), has­ta que sal­ga como res­p­lan­dor su jus­ti­cia, y su sal­vación se extien­da como una antor­cha. Su jus­ti­cia es su vin­di­cación o jus­ti­fi­cación; des­cansa sobre su sal­vación por medio de un Sal­vador (el Sier­vo). Su jus­ti­cia y sal­vación, la obra de Jehová sobre Sion, será vis­to como una luz des­de una lám­para bril­lan­do de con­tin­uo (o antor­cha) que no se extin­guirá. (Para jus­ti­cia y sal­vación, ver los comen­tar­ios sobre 61:10.)

2 El nue­vo están­dar de jus­ti­cia y la nue­va glo­ria de Sion se unirán en un severo con­traste a las tinieblas ter­re­nales y la pre­sun­ta glo­ria de esas naciones (gen­tiles) y reyes se verán con clar­i­dad y se asom­brarán (ver 49:7; 52:15; 60:1–3). No es del todo claro que lo que es el nom­bre nue­vo, que la boca de Jehová nom­brará (ver los comen­tar­ios sobre el vers 4); pero posi­ble­mente el nom­bre nue­vo es como el cán­ti­co nue­vo que solo los 144,000 pueden apren­der y can­tar (Apoc 14:3). Un nom­bre sig­nifi­ca y rep­re­sen­ta todo lo que es el indi­vid­uo que lo con­ll­e­va. En con­se­cuen­cia, el nom­bre nue­vo de Sion podría ser un nom­bre cono­ci­do solo para Jehová y para Sion, porque solo sus ciu­dadanos cono­cen la real­i­dad de la nue­va relación y vida (ver Apoc 2:17; 3:12; 19:12).

3 Debe ser obser­va­do que Sion será una coro­na de glo­ria y una diade­ma de reino no en la cabeza de Jehová sino en Su mano. Fue declar­a­do ante­ri­or­mente que en un pun­to en el tiem­po Jehová que “será por coro­na de glo­ria y diade­ma de her­mo­sura” al rema­nente de Su pueblo (28:5), pero tam­poco allí se lle­va el reg­istro de Su uso. Una coro­na de glo­ria indi­ca hon­or y glo­ria, y una diade­ma de reino sig­nifi­ca una tiara o tur­bante (ver Job 29:14; Zac 3:5) como el de un rey o una reina. La frase en la mano de Jehová sug­iere prob­a­ble­mente que Sion fue for­ma­da por Él de acuer­do a Su vol­un­tad; pro­te­gi­da por Él, Su belleza y glo­ria son un lugar clara­mente vis­i­ble donde deben ser vis­tas y admi­radas por todos.

4 Nun­ca más te (Sion) lla­marán Desam­para­da – El pueblo de Sion había deja­do a Jehová; entonces, Él la había desam­para­do (ver Deut 28:15; 2 Crón 15:2; Isa 51:19–20), aunque solo “por un breve momen­to” (54:7). Jehová no desam­para­ría nun­ca más a su pueblo, porque la nue­va Sion será “Ciu­dad de jus­ti­cia, Ciu­dad fiel” (1:26), fiel a Él en jus­ti­cia (62:1–2). Entonces ella será hecha “una glo­ria eter­na, el gozo de todos los sig­los” (60:15). Ni tu tier­ra se dirá más Des­o­la­da. Note la dis­tin­ción traza­da ente Sion y la tier­ra. La Des­o­lación y la dev­astación han sido el resul­ta­do de los peca­dos cometi­dos en la tier­ra; un juicio divi­no ha sido traí­do sobre ellos (ver Lev 26:23–24, 31–33; Jer 12:7–13). Pero Sion será lla­ma­da aho­ra Hefzi-bá (“Mi deli­cia está en ella”), y la tier­ra Beu­la (“Casa­da”); porque el amor de Jehová estará en ti. Tan­to Desam­para­da (“del hebreo “Azu­ba,”) y Hefzi-bá son nom­bres de mujeres que fueron madres de reyes de Judá (1 Rey 22:42; 2 Rey 21:1). Y tu tier­ra será desposa­da – habrá una relación de pos­esión cer­cana y per­ma­nente entre Sion y la tier­ra, porque “el que en mí [Jehová] con­fía ten­drá la tier­ra por heredad” (57:13).

5 Pues como el joven se desposa con la vir­gen, se despo­jarán con­ti­go tus hijos – la pre­gun­ta que se ha lev­an­ta­do es si esto sig­nifi­ca que los hijos de Sion se casan con los de Sion o si los hijos de la tier­ra se casan con los de la tier­ra. Ni lo uno ni lo otro; los hijos de Sion se casan con los de la tier­ra, esto es, lle­garán a estar rela­ciona­dos ínti­ma­mente con ella. Leemos de “los hijos de Sion” (Sal 149:2), “la hija de Sion” (1:8; 62:11); los hijos y las hijas de Sion (49:22; 60:4), y los “hijos de Sion, pre­ci­a­dos y esti­ma­dos” (Lam 4:2); Jehová tam­bién “dice a Sion: Pueblo mío eres tú” (51:16). Pero nun­ca leemos de “los hijos de la tier­ra.” El énfa­sis aquí es la gozosa relación ínti­ma entre los hijos de Sion, que son el pueblo de Jehová, y la tier­ra, que es Su san­to monte (57:13; ver 60:21; 61:7). Como un hom­bre joven se casa con una vir­gen y se ded­i­ca él mis­mo a pro­te­gerla y cui­da de su hon­or, así los hijos de Sion se ded­i­can ellos mis­mos a hon­rar la tier­ra y el pueblo de Jehová – Su reino. La relación será pura y cas­ta. Y como el gozo del esposo con la esposa, sobre su amor puro, divi­no, así se gozará con­ti­go el Dios tuyo – sobre el mat­ri­mo­nio de Sion con la tier­ra, Su monte San­to.

 

La Pro­tec­ción y la Pro­visión de Jehová por Sion (vers 6–9)

 

      6–7 La frase sobre tus muros, oh Jerusalén, he puesto guardas no puede referirse a la Jerusalén caí­da mien­tras el pueblo esta­ba en Babilo­nia, ni al retorno del exilio, porque fueron cien años antes de que Nehemías com­ple­tara la recon­struc­ción de los muros. Es mucho más prob­a­ble que Jehová esté hablan­do de la Sion espir­i­tu­al de los ver­sícu­los 1–6, los muros que serán lla­ma­dos “Sal­vación” y sus puer­tas “Ala­ban­za” (ver los comen­tar­ios sobre 26:1; 49:16; 60:18). Si esto es cor­rec­to, entonces los guardas no son los pro­fe­tas del Antiguo Tes­ta­men­to, los sac­er­dotes y pro­fe­tas, o ánge­les, como se pien­sa por algunos, sino los “apóstoles…profetas [del Nue­vo Testamento]…evangelistas…pastores y mae­stros,” cuya obra es el per­fec­cionamien­to de los san­tos (Ef 4:11–12). Ellos todo el día y toda la noche no callarán jamás, sino que velan con­stan­te­mente en bien de sus almas (Heb 13:17). Los que os acordáis de Jehová, no des­cansarán, sino que siem­pre mantienen peti­ciones ante Jehová en medio de los ciu­dadanos de Sion. No estarán en silen­cio ante el Señor has­ta que Él establez­ca Su pal­abra en relación a Jerusalén, al pon­er­la por ala­ban­za en la tier­ra, lo cual es una obra con­tin­ua.

8–9 Ante­ri­or­mente Jehová juró que Él no se eno­jaría con Sion, que Su mis­eri­cor­dia no se apartaría de ella, y que el pacto de paz no se que­bran­taría (54:9–10). Aho­ra Él agre­ga a ese jura­men­to. Por Su mano lev­an­ta­da (un gesto que sig­nifi­ca un jura­men­to) y por la fuerza del poderoso bra­zo, Él jura que nun­ca más le dará a los ene­mi­gos de Sion el tri­go ni el vino que es fru­to de tu tra­ba­jo, y que existe para ser su sus­ten­to. El tri­go y el vino mate­r­i­al ni pueden sosten­er la parte incor­pórea del hom­bre ni sosten­er una ciu­dad inma­te­r­i­al; la comi­da de Sion será espir­i­tu­al. Jesús dijo, “Tra­ba­jad, no por la comi­da que perece, sino por la que a vida eter­na per­manece, la cual el Hijo del Hom­bre os dará” (Juan 6:27); este es el ali­men­to en el que Sion sobre­vive. Los ene­mi­gos nun­ca podrán quitárse­lo a ella. Ellos que tra­ba­jan por su comi­da y su bebi­da deberán en todo momen­to com­par­tir­lo para la ala­ban­za de Jehová en los patios de Su san­tu­ario, esto es, ante Él, en Su pres­en­cia. El mun­do ni puede apre­ciar este ali­men­to ni despo­jar a Sion de él.

 

La Sal­vación de la Hija de Sion (vers 10–12)

 

      10 Hay una diver­si­dad de opin­iones sobre estos ver­sícu­los, espe­cial­mente sobre el manda­to Pasad, pasad por las puer­tas. El doble encar­go podría ser para dar énfa­sis, o podría haberse inten­ta­do un manda­to doble: sal­gan, ven­gan. La may­oría de los comen­taris­tas pien­san que el retorno del exilio está en la mente del pro­fe­ta, pero esta inter­pretación no está en armonía con el resto del capí­tu­lo. La glo­ria de Sion ha sido estable­ci­da (vers 1–5), y el cuida­do de Jehová garan­ti­za­do por un jura­men­to (vers 6–9); entonces, parece que Jehová se está rego­ci­jan­do en Sion para preparar a las naciones por venir. Aque­l­los que están den­tro deben ir hacia ade­lante y bar­rer el camino al pueblo; alla­nar, alla­nar la calza­da, quitar las piedras ‚esto es, ellos deben limpiar el camino a Sion. Entonces ellos deben alzar pendón a (“por enci­ma de,” al mar­gen) los pueb­los (plur­al). El pendón o estandarte podría ser un pun­to de reunión para un ejérci­to en el cam­po o para un pueblo dis­per­so. Isaías dijo antes que la Raíz de Isaí (en este caso, el Mesías) “estará por pendón a los pueb­los, será bus­ca­da por las gentes (11:10); y Jehová prometió que Él lev­an­taría Su mano a las naciones y “a los pueb­los lev­an­taré mi [Su] ban­dera,” después de lo cual ellos traerían a los hijos y a las hijas de Sion a ella (49:22). Al pare­cer, entonces, esos ciu­dadanos de Sion van hacia ade­lante qui­tan­do obstácu­los, aclaran­do el camino, y lev­an­tan­do en alto la ban­dera de tal for­ma que los de las naciones (los gen­tiles) puedan encon­trar su camino a Sion y pasar por medio de las puer­tas a la ciu­dad.

11 Cuan­do el Sier­vo ven­ga, Él no ven­drá solo a Jacob, sino que Jehová lo pon­drá a Él “por luz de las naciones, para que seas mi sal­vación has­ta lo postrero de la tier­ra” (49:6). Jehová hace esta declaración a Su pueblo, que están dis­per­sos en los con­fines de la tier­ra: Decid a la hija de Sion (a los ciu­dadanos”): He aquí viene tu Sal­vador. El pro­fe­ta está miran­do al tiem­po cuan­do la glo­ria de Sion estará com­ple­ta por medio del Sal­vador; entonces la rec­om­pen­sa de Jehová a las naciones será una mora­da en Su pres­en­cia, la paga por su espera y labor paciente (ver 40:10).

12 Delitzsch tra­duce las pal­abras de aper­tu­ra de este ver­sícu­lo, “Y los hom­bres les lla­ma­ran…”; Young tra­duce el ver­bo en el pasi­vo, “Ellos serán lla­ma­dos…” En todo caso el pun­to es que aque­l­los para los que viene la sal­vación serán lla­ma­dos Pueblo San­to, Red­imi­dos de Jehová. Ellos serán recono­ci­dos como un pueblo sep­a­ra­do de los otros debido a que su reden­ción es de Jehová, no de hom­bre. El reclamo que Jehová ha aban­don­a­do a Sion (49:14), que ella ha sido repu­di­a­da como Su esposa (54:6), aban­don­a­da y abor­reci­da (60:15), no será ya más oído. En lugar de esto, a ti te lla­marán Ciu­dad Desea­da, porque el Señor la habrá bus­ca­do y lla­ma­do fuera del mun­do, y no desam­para­da (ver vers 4), con­stan­te­mente bajo Su cuida­do y pro­tec­ción div­ina. Pero si los ciu­dadanos de Sion perdier­an de vista esta relación sagra­da, con­vir­tién­dola en una relación de “club social” rela­ciona­da en primer lugar con asun­tos y com­pañías de nego­cios, ellos dejarán de ser Pueblo San­to, sep­a­ra­dos y difer­entes del mun­do. Ellos se con­ver­tirán sim­ple­mente en otro cuer­po reli­gioso.

Capí­tu­lo 62. La Sal­vación está Cer­ca

Se ha sug­eri­do por var­ios escritores que el capí­tu­lo 60 rev­ela la grandeza exter­na de Sion, en tan­to que el capí­tu­lo 61 enfa­ti­za su glo­ria inter­na. En el capí­tu­lo 60 Jehová es el que habla, ensalzan­do la glo­ria exter­na de Sion, que es Su propia creación: “y glo­ri­fi­caré la casa de mi glo­ria” (vers 7). En nue­stro actu­al capí­tu­lo el Sier­vo es el que habla. Por medio de Él Jehová traerá la belleza inte­ri­or a Su glo­riosa ciu­dad.

El Her­al­do de Bue­nas Nuevas (vers 1–3)

 

      1 Aunque si bien la pal­abra Sier­vo no aparece en estos ver­sícu­los, uno se siente oblig­a­do por el con­tex­to y por la seme­jan­za de los cua­tro Cán­ti­cos del Sier­vo con­sid­er­a­dos pre­vi­a­mente para iden­ti­ficar al que habla como el Sier­vo-Mesías, el Señor Jesús. Algunos comen­taris­tas iden­ti­f­i­can al que habla como el pro­fe­ta Isaías, pero el men­saje y la obra del que habla tra­sciende más allá de un pro­fe­ta, aun del de alguien de la estatu­ra de Isaías, ellos son car­ac­terís­ti­cos de la dei­dad. La pre­gun­ta es estable­ci­da por el mis­mo Jesús. Al ini­cio de Su min­is­te­rio, Él leyó estos ver­sícu­los en la sin­a­goga y entonces dijo, “Hoy se ha cumpli­do esta Escrit­u­ra delante de vosotros” (Lucas 4:16–21). De hecho, no esta­ba cumpl­i­da total­mente, pero esta­ba empezan­do a ser cumpl­i­da.

      El que habla empieza declaran­do que el Espíritu del Señor está sobre Él (ver 42:1 [Isaías ve el Espíritu como alguien que tiene un papel impor­tante en la obra de alguien por venir – 11:2; 42:1; 48:16b; 49:8; 50:4]). Sig­ni­fica­ti­va­mente, Pedro declara que Dios ungió a Jesu­cristo “con el Espíritu San­to y con poder” (Hechos 10:38). Con el ungimien­to y poder divi­no, el que habla con­tin­ua, Él predi­cará las bue­nas noti­cias o ale­gres nuevas (ver 40:9; 41:27; 52:7) de vic­to­ria y de lib­er­tad a los man­sos, esto es, a los humildes, a los des­pre­ci­a­dos, y a los gen­tiles, que están dis­puestos a oír. Su mis­ión no solo será predicar, sino tam­bién proveer ben­di­ciones. Las ale­gres nuevas son acom­pañadas por la acción div­ina: (1) Él ven­da con un ven­da­je a los que­bran­ta­dos, aque­l­los cuya vida inter­na está aplas­ta­da por el peca­do; (2) Él pub­li­cará lib­er­tad a los cau­tivoslib­er­tad es un tér­mi­no téc­ni­co para la lib­eración de deu­dores y esclavos en el cin­cuen­ta­vo año, el año del jubileo (Lev 25:10; Jer 34:8,15) Él anun­cia­rá a los pre­sos aper­tu­ra de la cár­cel, que ellos serían traí­dos a la luz de la lib­er­tad. Aunque el retorno del exilio pre­sagia­ba la obra del Sier­vo, la pro­fecía no fue total­mente cumpl­i­da entonces, sino en Él. La apli­cación de Jesús de este pasaje a Si mis­mo indi­ca que esto mira­ba a un cumplim­ien­to espir­i­tu­al.

      2 Además, el Sier­vo va a procla­mar a gran voz el año de la bue­na vol­un­tad (gra­cia) de Jehová, y el día de ven­gan­za. Delitzsch lla­ma la aten­ción a la dis­tan­cia rel­a­ti­va de los dos even­tos – “una prome­sa que asigna la dis­tan­cia de un año para el cumplim­ien­to total de la obra de gra­cia, y solo la lon­gi­tud de un día para la obra de la ven­gan­za” (II.427). Sin embar­go, año y día en este caso podrían ser usa­dos sim­ple­mente como una expre­sión gen­er­al sig­nif­i­can­do “tiem­po” (ver 63:4). La ven­gan­za está sobre cualquiera sin impor­tar que el pueblo de Dios per­manez­ca en prisión. En adi­ción a la procla­mación del año de la bue­na vol­un­tad  y del día de ven­gan­za, el Sier­vo con­so­lará a todos los enlu­ta­dos. La pal­abra tra­duci­da enlu­ta­dos se pre­sen­ta con más fre­cuen­cia en ref­er­en­cia al afligi­do por la muerte, aunque podría ser usa­do en for­ma fig­u­ra­da, como en “se enlu­to, se enfer­mó la tier­ra” (33:9). Los afligi­dos por la muerte serán con­so­la­dos, porque en el Sier­vo la vida más allá de la muerte es garan­ti­za­da (53:10–12).

      3 Los afligi­dos en Sion han dado a enten­der su aflic­ción al der­ra­mar ceniza sobre su cabeza. El Señor les dará aho­ra en vez de esto glo­ria. Por su luto, Él les dará tam­bién el óleo de gozo, usa­do por los ancianos como un sím­bo­lo de ale­gría y fes­tivi­dad (Sal 45:7; Ecl 9:8; Cantares 4:10). Y para aliviar el pesar de su espíritu angus­ti­a­do, Él los vestirá con un man­to de ale­gría, porque ellos han esta­do ala­ban­do a Dios en todo momen­to. Ellos serán lla­ma­dos árboles de jus­ti­cia, sien­do los árboles un sím­bo­lo de fuerza y resisten­cia, de belleza, y de fer­til­i­dad. Ellos son plan­ta­dos por Jehová (ver 60:21) de tal for­ma que Él podría ser glo­ri­fi­ca­do. Lea la bel­la descrip­ción de Jere­mías del hom­bre cuya con­fi­an­za es Jehová: “será como el árbol plan­ta­do jun­to a las aguas” (Jer 17:7–8).

La Mis­ión y la Ben­di­ción del Reden­tor (vers 4–9)

 

      4 A los que han sido ben­de­ci­dos por la obra del Sier­vo se les ha dado una triple tarea: (1) Reed­i­fi­carán las ruinas antiguas (los lugares en ruina), (2) lev­an­tarán los aso­lamien­tos primeros, y (3) restau­rarán las ciu­dades arru­inadas (ver los comen­tar­ios sobre 49:8; 54:3; 58:12). Estas des­o­la­ciones no han ocur­ri­do de la noche a la mañana, sino que se han desar­rol­la­do a lo largo de muchas gen­era­ciones. Las antiguas fron­teras son demasi­a­do pequeñas, demasi­a­do restringi­das para la nue­va Sion; el pro­fe­ta tiene una per­spec­ti­va glob­al del mun­do frente a él (ver los comen­tar­ios sobre 49:19–20).

      5 Los extran­jeros, las per­sonas que no esta­ban rela­cionadas con los ciu­dadanos orig­i­nales de Sion y que no habían sido parte de los pactos de la prome­sa (Ef 2:12), foras­teros o extran­jeros, con­tribuirían con su par­tic­i­pación en la edi­fi­cación de Sion (ver los comen­tar­ios sobre 56:6–8; ver Zac 6:15). Es evi­dente que el Señor habla metafóri­ca­mente, porque no hay reg­istro que después del retorno de Babilo­nia los extran­jeros ali­men­ta­ran las ove­jas, labraran los cam­pos, y embel­lecier­an las viñas de los judíos. El Israel espir­i­tu­al no está rela­ciona­do con rebaños o labradores o viñas. Y aunque los cris­tianos judíos ayu­daron a aliviar las necesi­dades físi­cas de los san­tos judíos y que los san­tos judíos min­is­traron para las necesi­dades espir­i­tuales de los gen­tiles (Rom 15:25–27; 1 Cor 16:1–3; 2 Cor 8:13–15; 9:12–15), es poco prob­a­ble que estos ser­vi­cios fuer­an tan amplios que abar­caran para que fuer­an los vis­lum­bra­dos en este ver­sícu­lo. Más prob­a­ble­mente la idea es que los judíos y los gen­tiles tra­ba­jaron jun­tos en la con­struc­ción de la nue­va Sion.

      6 Cuan­do los gen­tiles y los judíos ven­gan a Sion, allí no habrá dis­tin­ción entre ellos; todos seréis lla­ma­dos sac­er­dotes de Jehová. Allí no habrá sac­er­do­cio espe­cial aparte de los ciu­dadanos de la nue­va ciu­dad, porque cada uno es un sac­er­dote (1 Ped 2:5,9; Apoc 5:9–10). Ni habrá allí dis­tin­ción entre el clero y el laico, porque todos serán lla­ma­dos min­istros de nue­stro Dios, ofre­cien­do cada uno un ser­vi­cio “a Dios agradán­dole con temor y rev­er­en­cia” (Heb 12:28), y ofre­cien­do cada uno “siem­pre a Dios, por medio de él, ser­vi­cio de ala­ban­za” (Heb 13:15). Como sac­er­dotes y min­istros bajo el Mesías, com­eréis las riquezas de las naciones (ver los comen­tar­ios sobre 60:5–11) que serán pro­vis­tas por Él; porque todo es de Él y le pertenece a Él (1 Cor 3:21–23). En tan­to que el mun­do provee para las necesi­dades mate­ri­ales, los san­tos proveerán para lo espir­i­tu­al. La cláusu­la y con su glo­ria seréis sub­limes es difi­cul­tosa. Podría sig­nificar que la glo­ria ver­dadera, que las naciones una vez traí­das como suyas, aho­ra pertenecería a los red­imi­dos. Esto es una causa de orgul­lo (en un buen sen­ti­do) para los ciu­dadanos de Sion.

      7 En lugar de vues­tra doble con­fusión (para el sig­nifi­ca­do de doble ver los comen­tar­ios sobre 40:2).El peca­do sobre el úni­co lado de la bal­an­za han sido bal­ancea­do por el juicio sobre los otros. Aho­ra, en lugar de la vergüen­za y el deshon­or (ver 54:4), la bal­an­za ha sido bal­ancea­da con el gozo eter­no. Este gozo eter­no es la par­tic­i­pación de la heren­cia en sus tier­ras, que no es Canaán sino el reino de las ben­di­ciones espir­i­tuales, el “san­to monte” de Jehová (ver 57:13b).

      8 Sin impor­tar lo que Jehová haga, ya sea que Él haga juicio o gozo, lo hace debido a que ama la jus­ti­cia, lo que es jus­to, una cual­i­dad inher­ente en Dios, porque “Jehová es Dios jus­to” (30:18). Por otro lado, Él abor­rece el latrocinio, la expropiación vio­len­ta de algo que le pertenece a otro, con iniq­uidad, fal­ta de hon­radez o desviación de lo jus­to. La esen­cia mis­ma o nat­u­raleza de Dios deman­da que Él afirme en ver­dad, que Él destruya a Sus ene­mi­gos y rec­om­pense al jus­to. En ver­dad indi­ca la certeza y la fidel­i­dad de Su pro­pio carác­ter, las bases de Sus acciones. Él hará con ellos pacto eter­no (ver Ez 37:26), que trae con­si­go seguri­dad de rec­om­pen­sa para el fiel y adver­ten­cia de juicio y cas­ti­go para el des­obe­di­ente.

      9 La descen­den­cia del pia­doso, del jus­to, será recono­ci­da entre las naciones debido a que son difer­entes. No obstante que los paganos podrían no acep­tar la ver­dad en la que viv­en los descen­di­entes de los pia­dosos, ellos recono­cerán la rec­ti­tud de sus vidas y el espíritu de gozo y de paz que poseen. Estas son ben­di­ciones que vienen solo de lo alto.

¡Estal­li­do de Ala­ban­za! (vers 10–11)

 

      10 Sion, no el Mesías ni el pro­fe­ta, estal­la en un cán­ti­co de ala­ban­za y de rego­ci­jo a su Dios. Ella es el recip­i­ente de las ben­di­ciones enu­mer­adas en los vers 1–3, Jehová la ha vesti­do con vestiduras de sal­vación y la rodeó de man­to de jus­ti­cia, ha sido quita­da la vestidu­ra inmun­da del pasa­do. Para impul­sar­la describe la belleza de la glo­ria de Sion, Isaías uti­liza la figu­ra del atavío dec­o­ra­ti­vo tan­to de un novio como de una novia. Como un novio, Sion se embel­lece a sí mis­mo con man­to de ale­gría o tur­bante (ver vers 3); y como una novia, se adornará a sí mis­mo con joyas.

      11 Lo que se lle­vará a cabo en Sin por medio del Sier­vo será obra de Jehová. Así como Él provo­ca que las plan­tas de la tier­ra broten y crez­can y aparez­ca la semi­l­la en el jardín, así Él hará bro­tar jus­ti­cia y ala­ban­za delante de todas las naciones. A pesar de toda la oposi­ción de los paganos, Jehová ungirá al Sier­vo con Su Espíritu, red­imirá y glo­ri­fi­cará a Sion, estable­cerá Su pacto eter­no, y hará que Su pueblo sea cono­ci­do entre las naciones. ¡A Él sea la glo­ria y la ala­ban­za para siem­pre!

Capí­tu­lo 61. Sion la Glo­riosa (2)

EL LIBRO DE APOCALIPSIS

Capí­tu­lo Uno 

Apoc­alip­sisLec­ción 02. Capí­tu­lo Uno

OBJETIVOS EN EL ESTUDIO DE ESTE CAPÍTULO

1) Notar que el Apoc­alip­sis fue escrito a las igle­sias sobre cosas que debían suced­er pron­to

2) Apre­ciar las impli­ca­ciones de lo que se dice sobre Jesús, tan­to en el  salu­do de Juan como en las pal­abras del mis­mo Jesús

RESUMEN

La Rev­elación de Jesu­cristo ini­cia con una clara declaración de ori­gen y de propósi­to. Dado a Jesús por Dios para mostrar a sus sier­vos las cosas que debían pasar pron­to, está dis­eña­do para aque­l­los que leen, oyen y guardan las pal­abras de la pro­fecía (1–3). Juan se dirige entonces a las siete igle­sias de Asía (al oeste de Turquía), ofre­cien­do la gra­cia y la paz de cada uno de los miem­bros de la Dei­dad con tér­mi­nos descrip­tivos que se vuel­ven más sig­ni­fica­tivos más ade­lante en la epís­to­la (4–6). Su salu­do es segui­do con una declaración rela­ciona­da a la veni­da del Señor, y a una des­i­gnación de Si mis­mo expre­sa­da por el mis­mo Señor (7–8).

En este pun­to Juan expli­ca como fue él comi­sion­a­do para reg­is­trar la Rev­elación. Mien­tras esta­ba en la isla de Pat­mos (prob­a­ble­mente en el exilio por predicar la Pal­abra de Dios), él esta­ba en el Espíritu en el día del Señor cuan­do oyó una gran voz detrás de él. La voz se iden­ti­ficó a si mis­ma como “el Alfa y la Omega, el Primero y el Últi­mo”, y le encar­gó escribir lo que él vio a las siete igle­sias en Asia (9–11). Al vol­tear a ver la voz, Juan vio siete can­deleros de oro y en medio de ellos al Hijo del Hom­bre. Al describir la apari­en­cia impo­nente del Hijo del Hom­bre y su propia reac­ción, Juan reg­is­tra entonces como Jesús lo con­soló y le encar­ga escribir lo que él ha vis­to y verá (12–19). El capí­tu­lo final­iza con la expli­cación del Señor de lo que rep­re­sen­tan las siete estrel­las en Su mano derecha y las siete lám­paras sig­nif­i­can las mis­mas siete igle­sias (20).

BOSQUEJO

I. INTRODUCCIÓN (1–8)

   A. INTRODUCCIÓN Y BIENAVENTURANZA (1–3)

1. Intro­duc­ción a la rev­elación de Jesu­cristo (1–2)

a. La cual Dios le dio para man­i­fes­tar­la a Sus sier­vos

b. En relación a las cosas que deben suced­er pron­to

c. Envi­a­da y sig­nifi­ca­da por Su ángel

d. A Su sier­vo Juan, el cual ha dado tes­ti­mo­nio…

1) De la pal­abra de Dios

2) Del tes­ti­mo­nio de Jesu­cristo

3) De todas las cosas que ha vis­to

2. La bien­aven­tu­ran­za (3)

a. Bien­aven­tu­ra­do el que lee, y los que oyen las pal­abras de esta pro­fecía

b. Bien­aven­tu­ra­dos los que guardan las cosas en ella escritas; porque el tiem­po está cer­ca

B. SALUDOS A LAS SIETE IGLESIAS (4–6)

1. De Juan, a las siete igle­sias que están en Asia (4a)

2. Con gra­cia y paz (4b-6)

a. Del que es y que era y que ha de venir

b. De los siete espíri­tus que están delante de Su trono

c. De Jesu­cristo

1) El tes­ti­go fiel

2) El pri­mogéni­to de los muer­tos

3) El sober­a­no de los reyes de la tier­ra

4) Al que nos amó, y nos lavó de nue­stros peca­dos con Su san­gre

5) El que nos hizo reyes y sac­er­dotes para Dios, Su Padre

– ¡A Él sea glo­ria e impe­rio por los sig­los de los sig­los. Amén! (Así sea)

C. EL ANUNCIO DE LA VENIDA DE CRISTO (7)

1. El viene con las nubes

2. Todo ojo Le verá, y los que Lo traspasaron

3. Todos los lina­jes de la tier­ra harán lamentación por Él

– Sí, Amén (así sea)

D. LA DESIGNACIÓN DE SI MISMO (8)

1. “Yo soy el Alfa y la Omega, Prin­ci­pio y Fin

2. “El que es y que era y que ha de venir, el Todopoderoso”

II. LA VISIÓN DEL HIJO DEL HOMBRE (9–20)

    A. LAS CIRCUNSTANCIAS DE JUAN QUE LO GUIARON A LA VISIÓN (9–10a)

1. Su her­mano y copar­ticipe (9a)

a. En la tribu­lación

b. En el reino y en la pacien­cia de Jesu­cristo

2. En la isla de Pat­mos (9b)

a. Por causa de la pal­abra de Dios

b. Por el tes­ti­mo­nio de Jesu­cristo

3. En el Espíritu en el día del Señor (10a)

B. LO QUE ÉL OYÓ EN EL DÍA DEL SEÑOR (10b-11)

1. Una gran voz, como de trompe­ta (10b)

2. Que decía… (11)

a. “Yo soy el Alfa y la Omega, el primero y el últi­mo”

b. “Escribe en un libro lo que ves”

c. Envía­lo a las siete igle­sias que están en Asia…”

C. LO QUE ÉL VIO, Y SU REACCIÓN (12–17a)

1. Se volvió para ver la voz, él vio… (12–16)

a. Siete can­deleros de oro

b. En medio de los siete can­deleros, a uno seme­jante al Hijo  del Hom­bre

1) Vesti­do con una ropa que lle­ga­ba has­ta los pies, y ceñi­do por el pecho con un cin­to de oro

2) Su cabeza y sus cabel­los eran blan­cos como blan­ca lana, como nieve

3) Sus ojos como lla­ma de fuego

4) Sus pies seme­jantes al bronce bruñi­do

5) Su voz como estru­en­do de muchas aguas

6) En Su dies­tra siete estrel­las

7) De Su boca salía una espa­da agu­da de dos filos

8) Su ros­tro era como el sol cuan­do res­p­lan­dece

2. Cuan­do Lo vio, Juan cayó como muer­to a Sus pies (17)

D. LAS PALABRAS DEL SEÑOR A JUAN (17b-20)

1. “No temas” (17b-18)

a. “Yo soy el primero y el últi­mo”

b. “Y el que vivo, y estuve muer­to; más he aquí que vivo por  los sig­los de los sig­los, amén.”

c. Y ten­go las llaves de la muerte y del Hades.”

2. “Escribe…” (19)

a. “Las cosas que has vis­to”

b. “Y las que son”

c. “Y las que han de ser después de estas”

3. “El mis­te­rio de las siete estrellas…y de los siete can­deleros  de oro”

a. “Las siete estrel­las son los ánge­les de las siete igle­sias”

b. “Los siete candeleros…son las siete igle­sias”

REVISIÓN DE PREGUNTAS PARA EL CAPÍTULO

1) ¿Cuáles son los pun­tos prin­ci­pales de este capí­tu­lo?

- La Intro­duc­ción (1–8)

- La visión del Hijo del Hom­bre (9–20)

 

2) ¿Qué esta­ba inten­tan­do Jesús mostrar a Sus sier­vos? (1)

- Las cosas que deben suced­er pron­to (ver 1:3; 22:6–10)

 

3) ¿Cómo se está descri­bi­en­do Juan en el ver­sícu­lo 2?

- Como alguien que ha dado tes­ti­mo­nio de la pal­abra de Dios, y del

tes­ti­mo­nio de Jesu­cristo, y de todas las cosas que ha vis­to

 

4) ¿A quienes está des­ig­na­do para ben­de­cir este libro? ¿Por qué? (3)

- A aque­l­los que leen y oyen las pal­abras de esta pro­fecía, y guardan

las cosas en ella escritas

- Porque el tiem­po está cer­ca

 

5) ¿A quienes está dirigi­do el libro? (4,11)

- A las siete igle­sias en Asia

- A las igle­sias en Efe­so, Esmir­na, Perg­amo, Tiati­ra, Sardis,

Filadelfia, Laodicea

 

6) ¿Cómo es descrito Dios en el salu­do de Juan? ¿Espíritu San­to? (4)

- El que es y que era y que ha de venir

- Los siete espíri­tus que están delante de Su trono (ver 4:5;

Zac 4:1–6)

 

7) ¿Cómo es Jesu­cristo descrito por Juan en este salu­do? (5–6)

- El tes­ti­go fiel

- El pri­mogéni­to de los muer­tos

- El sober­a­no de los reyes de la tier­ra

- El que nos amó

- El que nos lavó de nue­stros peca­dos son Su san­gre

- El que nos hizo reyes y sac­er­dotes para Dios, Su Padre

 

8) ¿Qué es dicho sobre la veni­da de Cristo? (7)

- Que viene con las nubes

- Que todo ojo Le verá, y los que Le traspasaron

- Y todos los lina­jes de la tier­ra harán lamentación por Él

 

9) ¿Cómo se des­igna a Si mis­mo el Señor? (8)

- “Yo soy el Alfa y la Omega, Prin­ci­pio y Fin”

- “El que es y que era y que ha de venir, el Todopoderoso”

 

10) ¿Cómo se iden­ti­fi­ca Juan a si mis­mo ante Sus lec­tores? (9a)

- Vue­stro her­mano, y copartícipe en la tribu­lación

- En el reino y en la pacien­cia de Jesu­cristo

 

11) ¿Dónde y cuan­do recibió Juan la Rev­elación? (9b-10)

- En la isla de Pat­mos, por causa de la pal­abra de Dios y el

tes­ti­mo­nio de Jesu­cristo

- Cuan­do esta­ba en el Espíritu en el día del Señor

 

12) ¿Qué oyó que decía una gran voz? (11)

- “Yo soy el Alfa y la Omega, el primero y el últi­mo”

- “Escribe en un libro lo que ves, y envía­lo a las siete igle­sias que

están en Asia…”

 

13) Cuán­do él volteó para ver la voz, ¿qué vio? (12–13)

- Siete can­deleros de oro, y en medio de los siete can­deleros, a uno

seme­jante al Hijo del Hom­bre

 

14) ¿Cómo describe Juan al Hijo del Hom­bre? (13–16)

- Vesti­do de una ropa que lle­ga­ba has­ta los pies

- Ceñi­do por el pecho con un cin­to de oro

- Su cabeza y sus cabel­los eran blan­cos como blan­ca lana, como nieve

- Sus ojos como lla­ma de fuego

- Sus pies seme­jantes al bronce bruñi­do, reful­gente, como en un horno

- Su voz como estru­en­do de muchas aguas

- Tenía en Su dies­tra siete estrel­las

- De Su boca salía una espa­da agu­da de dos filos

- Su ros­tro era como el sol cuan­do res­p­lan­dece en su fuerza

 

15) ¿Cuál fue la reac­ción de Juan cuan­do Lo vio? ¿Qué fue lo primero que

    se le dijo? (17)

- Cayó como muer­to a Sus pies

- “No temas”

 

16) ¿Cómo se iden­ti­ficó el Hijo del Hom­bre a Si mis­mo? (17–18)

- “Yo soy el primero y el últi­mo”

- “Y el que vivo, y estuve muer­to; más he aquí que vivo por los

sig­los de los sig­los”

- “Y ten­go las llaves de la muerte y del Hades”

 

17) ¿Qué se le dijo a Juan que escri­biera? (19)

- “Las cosas que has vis­to”

- “Y las que son”

- “Y las que han de ser después de estas”

 

18) ¿Cuál es la expli­cación de las siete estrel­las y de los siete

    can­deleros de oro? (20)

- Las siete estrel­las son los siete ánge­les (¿men­sajeros?) de las

siete igle­sias

- Las siete lám­paras son las siete igle­sias (en Asia)