Sermones

Dos casas en Filipos (Acts 16:6–34)

Nicolás Hernán­dez, June 14, 2012
Part of the Las con­ver­siones en el libro de los Hechos por Mark Copeland series, preached at a domin­go ser­vice

Tags: Dos casas en Fil­i­pos

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« Los Cor­in­tios None Cor­ne­lio y su casa »

Acts 16:6–34

6Y pasan­do á Phry­gia y la provin­cia de Gala­cia, les fué pro­hibido por el Espíritu San­to hablar la pal­abra en Asia. 7Y como vinieron á Misia, ten­taron de ir á Bithy­nia; mas el Espíritu no les dejó. 8Y pasan­do á Misia, descendieron á Troas. 9Y fué mostra­da á Pablo de noche una visión: Un varón Mace­do­nio se puso delante, rogán­dole, y dicien­do: Pasa á Mace­do­nia, y ayú­danos. 10Y como vió la visión, luego procu­ramos par­tir á Mace­do­nia, dan­do por cier­to que Dios nos llam­a­ba para que les anun­ciáse­mos el evan­ge­lio. 11Par­tidos pues de Troas, vin­i­mos camino dere­cho á Samo­tra­cia, y el día sigu­iente á Neápo­lis; 12Y de allí á Fil­i­pos, que es la primera ciu­dad de la parte de Mace­do­nia, y una colo­nia; y estu­vi­mos en aque­l­la ciu­dad algunos días. 13Y un día de sába­do sal­imos de la puer­ta jun­to al río, donde solía ser la oración; y sen­tán­donos, hablam­os á las mujeres que se habían jun­ta­do. 14Entonces una mujer lla­ma­da Lidia, que vendía púr­pu­ra en la ciu­dad de Tiati­ra, temerosa de Dios, esta­ba oyen­do; el corazón de la cual abrió el Señor para que estu­viese aten­ta á lo que Pablo decía. 15Y cuan­do fué bau­ti­za­da, y su famil­ia, nos rogó, dicien­do: Si habéis juz­ga­do que yo sea fiel al Señor, entrad en mi casa, y posad: y con­striñónos. 16Y acon­te­ció, que yen­do nosotros á la oración, una muchacha que tenía espíritu pitóni­co, nos sal­ió al encuen­tro, la cual daba grande ganan­cia á sus amos adiv­inan­do. 17Esta, sigu­ien­do á Pablo y á nosotros, daba voces, dicien­do: Estos hom­bres son sier­vos del Dios Alto, los cuales os anun­cian el camino de salud. 18Y esto hacía por muchos días; mas desagradan­do á Pablo, se volvió y dijo al espíritu: Te man­do en el nom­bre de Jesu­cristo, que sal­gas de ella. Y sal­ió en la mis­ma hora. 19Y vien­do sus amos que había sali­do la esper­an­za de su ganan­cia, prendieron á Pablo y á Silas, y los tra­jeron al foro, al mag­istra­do; 20Y pre­sen­tán­do­los á los mag­istra­dos, dijeron: Estos hom­bres, sien­do Judíos, alborotan nues­tra ciu­dad, 21Y pred­i­can ritos, los cuales no nos es líc­i­to recibir ni hac­er, pues somos Romanos. 22Y agolpóse el pueblo con­tra ellos: y los mag­istra­dos rompién­doles sus ropas, les man­daron azo­tar con varas. 23Y después que los hubieron heri­do de muchos azotes, los echaron en la cár­cel, man­dan­do al carcelero que los guardase con dili­gen­cia: 24El cual, recibido este man­damien­to, los metió en la cár­cel de más aden­tro; y les apretó los pies en el cepo. 25Mas á media noche, oran­do Pablo y Silas, canta­ban him­nos á Dios: y los que esta­ban pre­sos los oían. 26Entonces fué hecho de repente un gran ter­re­mo­to, de tal man­era que los cimien­tos de la cár­cel se movían; y luego todas las puer­tas se abrieron, y las pri­siones de todos soltaron. 27Y des­per­ta­do el carcelero, como vió abier­tas las puer­tas de la cár­cel, sacan­do la espa­da se quería matar, pen­san­do que los pre­sos se habían huí­do. 28Mas Pablo clamó á gran voz, dicien­do: No te hagas ningún mal; que todos esta­mos aquí. 29El entonces pidi­en­do luz, entró den­tro, y tem­b­lan­do, der­ribóse á los pies de Pablo y de Silas; 30Y sacán­do­los fuera, le dice: Señores, ¿qué es men­ester que yo haga para ser sal­vo? 31Y ellos dijeron: Cree en el Señor Jesu­cristo, y serás sal­vo tú, y tu casa. 32Y le hablaron la pal­abra del Señor, y á todos los que estan en su casa. 33Y tomán­do­los en aque­l­la mis­ma hora de la noche, les lavó los azotes; y se bau­tizó luego él, y todos los suyos. 34Y lleván­do­los á su casa, les puso la mesa: y se gozó de que con toda su casa había creí­do á Dios. (RV1909)

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13 Thoughts on “Sermones

  1. Francisco Pablo Lucas on October 21, 2013 at 8:33 pm said:

    Dios los bendi­ga me gus­ta los men­sajes

  2. Los estu­dios de Colosens­es (Ser­mones y comen­tario), estan muy edi­fica­tivos. Los he descar­ga­do. Gra­cias

  3. Benancio Borja on February 22, 2015 at 5:26 pm said:

    Dios lev­endi­ga Her­mano

  4. Héctor Rosado Viñegas on May 17, 2015 at 10:22 am said:

    Exce­lentes estu­dios her­mano, ayu­dan mucho. Dios le guarde y le bendi­ga rica­mente. Salu­dos con afec­to

  5. nelson e vanegas on June 3, 2015 at 7:04 pm said:

    Recién he baja­do el estu­dio de Gálatas… lo he hojea­do y me ha intere­sa­do grande­mente… espe­cial­mente las pre­gun­tas que ha desar­rol­la­do que segu­ra­mente me serán de invalu­able util­i­dad en mi com­par­tir! Más tarde le com­par­tiré mi expe­ri­en­cia de “mas­ticar” su estu­dio! Defin­i­ti­va­mente, gra­cias y será una ben­di­ción!

    • admin on June 9, 2015 at 3:49 pm said:

      Dios lo bendi­ga her­mano Nel­son. Gra­cias a ust­ed por vis­i­tar y ben­e­fi­cia­rse del mate­r­i­al. El estu­dio de Gálatas es una obra de mucho interés para mi por el hecho que los her­manos esta­ba insat­is­fe­chos con la ley de Cristo y desea­ban enyu­garse con la ley que mata. (2 Cor. 3:6; “el cual tam­bién nos hizo sufi­cientes como min­istros (servi­dores) de un nue­vo pacto, no de la letra, sino del Espíritu. Porque la letra mata, pero el Espíritu da vida.”

  6. Jesus Alvarez Rodriguez on October 24, 2015 at 7:21 pm said:

    Gra­cias her­mano por este mate­r­i­al , es muy edi­f­i­cante vis­i­tar estos sitios. Dios le Bendi­ga .

    • Muchas gra­cias a ust­ed. Dios lo bendi­ga en todo.

    • LE agradez­co mucho su comen­tario. Deseo que regrese con fre­cuen­cia y que com­par­ta este sitio con todos sus ami­gos. Si no encuen­tra lo que bus­ca­ba, avíseme y haré todo lo posi­ble de elab­o­rar un estu­dio.

      Me puede escribir a rangel­la­lo aro­ba (@) gmail pun­to (.) com

      Ten­go que escribir mi correo de esta for­ma porque hay robots que se roban los corre­os. De esta man­era ust­ed sabe que se unen todas las pal­abras de esta for­ma: nombre@gmail.com.

      Gra­cias y que Dios lo bendi­ga.

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