Enlace Históri­co (36–39)

 

Capí­tu­lo 39

No Asiria, sino Babilo­nia

 

Este capí­tu­lo podría lle­var var­ios títu­los, por ejem­p­lo, “El Emba­jador de Mero­dac-bal­adan,” “El Orgul­lo que Lle­va a un Oca­so,” o “El Cas­ti­go del Orgul­lo.” Pero como quiera que sea el capí­tu­lo sirve como una tran­si­ción de la ame­naza asiria a la preparación para la cau­tivi­dad babilóni­ca, el títu­lo selec­ciona­do parece ser el más apropi­a­do.

      La difi­cul­tad más sev­era que enfrentan los comen­taris­tas en este pun­to es pon­er fecha al pasaje. Es imposi­ble pre­cis­ar el tiem­po exac­to del men­sajero y de las car­tas del rey de Babilo­nia. Para una breve dis­cusión del reina­do de Mero­dac-bal­adan ver la intro­duc­ción al capí­tu­lo 21, y para el tiem­po de la enfer­medad de Eze­quías ver la intro­duc­ción al capí­tu­lo 38. Es posi­ble que la enfer­medad de Eze­quías ocur­rió antes de lo que hemos sug­eri­do en el capí­tu­lo ante­ri­or, pero esto lev­an­ta otros prob­le­mas. En este pun­to, la deter­mi­nación de las fechas con cer­tidum­bre está más allá de nues­tra capaci­dad.

 

El Pro­fe­ta Con­tra el Rey (vers 1–4)

 

      1 En aquel tiem­po, el tiem­po de la recu­peración de Eze­quías, o un poco tiem­po después, Mero­dac-bal­adán hijo de Bal­adán, de la casa de Yakin (aparente­mente el fun­dador de la dinastía), envió car­tas y un pre­sente a Eze­quías. Mero­dac-bal­adán es recor­da­do como un rey astu­to y ambi­cioso y un acer­bo ene­mi­go de los reyes Sargón y Sena­que­rib de Asiria. No era usu­al enviar emba­jadores de un país a otro por razones políti­cas (ver 18:1–3; 30:1–7). Sin embar­go, este lo era. Era más inusu­al para un rey enviar car­tas de con­grat­u­lación y un pre­sente a un rey tan dis­tante en la recu­peración de su enfer­medad. Tam­bién, había la difer­en­cia en estatu­ra y ran­go mundi­al entre el rey de Babilo­nia y Eze­quías de Judá. Hay dos razones prob­a­bles para lo del emba­jador. Una era inves­ti­gar el mila­gro del reloj de sol, porque vinieron “para saber del prodi­gio que había acon­te­ci­do en el país” (2 Crón 32:31); la otra razón, que es gen­eral­mente asum­i­da por los estu­di­antes de la Bib­lia, fue que el rey de Babilo­nia nece­sita­ba todo el apoyo que pudiera obten­er con­tra Asiria.

      2No hay ningu­na duda que Eze­quías hala­ga­do por esta aten­ción, porque se dice, “se enal­te­ció su corazón” (2 Crón 32:25), y se rego­ci­jó con (K.: “los oyó” ) ellos. Al pare­cer había olvi­da­do que era a Jehová el que le había con­ser­va­do la vida y la ciu­dad, y al que le había prometi­do andar humilde­mente todos los días de su vida (38:15). Como su antepasa­do David había sucumbido a los deseos de la carne, y Salomón se había ren­di­do a la adu­lación y al orgul­lo. ¡La carne es ter­ri­ble­mente débil! En apari­en­cia, des­de el pago del fuerte trib­u­to a Sena­que­rib, había acu­mu­la­do con­sid­er­ables riquezas, la mag­ni­tud de tales riquezas es indi­ca­da en 2 Cróni­cas 32:27–29. Muchas de estas podrían haber sido rega­los que le enviaron después de su enfer­medad (2 Crón 32:23). Al mostrar a los hom­bres de Babilo­nia toda su riqueza, pla­ta, oro, especies aromáti­cas, aceites pre­ciosos (usa­dos como ungüen­tos), y las armaduras entre sus tesoros, parece que esta­ba inten­tan­do dar­les la impre­sión que era un rey dig­no de alta esti­ma. Sus domin­ios, sig­nifi­ca “autori­dad” o “reino,” prob­a­ble­mente se refiere a su gob­ier­no. Es dudoso que los lle­vara en un recor­ri­do a Judá, sino que prob­a­ble­mente les mostró la obra de su sis­tema de gob­ier­no. Es difí­cil imag­i­nar a un rey mostran­do con gozo a un ene­mi­go poten­cial todo su arse­nal y riqueza, pero tal es el poder de la adu­lación.

      3 El énfa­sis del pro­fe­ta Isaías y del rey Eze­quías enfo­ca la aten­ción en las posi­ciones de los dos hom­bres: uno es el vocero de Jehová, el otro Su sub­ger­ente en asun­tos políti­cos. Cua­lesquiera que pudier­an haber sido los sen­timien­tos o con­sid­era­ciones per­son­ales que cada uno tuviera del otro, el pro­fe­ta no está en ningún modo ate­moriza­do o intim­i­da­do por el rey o ate­moriza­do de los posi­bles resul­ta­dos. Él pre­gun­ta tres cues­tiones: (1) ¿Qué dicen estos hom­bres? – Eze­quías no responde; (2) ¿y de dónde han venido? – La respues­ta de Eze­quías da indi­cios de orgul­lo mun­dano. Vinieron de un país lejano, aun des­de Babilo­nia, a mí. Esta últi­ma pal­abra es un alarde obvio.

      4 El pro­fe­ta profiere la ter­cer pre­gun­ta: (3) ¿Qué han vis­to en tu casa? El rey responde con hon­esti­dad admirable; no ocul­ta nada: Todo lo que hay en mi casa han vis­to. Admite sin reser­vas haber mostra­do a los babilo­nios todos sus tesoros. Ten­emos aquí otra trage­dia del actu­ar irre­spon­s­able sobre la intu­ición humana y moti­vación car­nal sin bus­car la guía de Jehová (ver Jos 9:14).

 

La Pal­abra de Con­de­na (vers 5–8)

 

      5 Aparente­mente el pro­fe­ta había sido comi­sion­a­do con el men­saje divi­no antes de venir al rey; porque ensegui­da dijo, Oye pal­abra de Jehová de los ejérci­tos. Isaías había denun­ci­a­do las alian­zas de Acaz con Asiria y de los políti­cos de Judá con Egip­to, y aho­ra está lis­to para denun­ciar cualquier alian­za o relación de Eze­quías con Babilo­nia. En la mente del pro­fe­ta todas estas aso­cia­ciones del pueblo de Dios con el mun­do son un rec­ha­zo de la depen­den­cia sobre el Señor y, de esta for­ma, es peca­do. Tales rela­ciones cla­man la muerte de los fal­l­e­ci­dos por la ver­dad y la jus­ti­cia.

      6 El pro­fe­ta ini­cia su men­saje con su acos­tum­bra­do lla­ma­do a la aten­ción, He aquí. Con­tin­ua, vienen días (no da inti­mación como a cuán­do), en que será lle­va­do a Babilo­nia todo lo que hay en tu casa – todo lo que Eze­quías ha adquiri­do a acu­mu­la­do. Esta es la primera ref­er­en­cia incon­fundible a Babilo­nia como la tier­ra de la cau­tivi­dad. Ningu­na cosa quedará; esto está garan­ti­za­do, porque lo dice Jehová. De nue­vo la lec­ción enseña­da es que cuan­do miramos los fru­tos de nues­tra labor, esta­mos oblig­a­dos a decir, “y he aquí, todo [es] vanidad y aflic­ción de espíritu, y sin prove­cho deba­jo del sol” (Ecl 2:11); y tam­bién, “el mun­do pasa, y sus deseos (1 Jn 2:17). ¡En Eze­quías es ilustra­da la vanidad de todas las cosas ter­re­nales!

      7 No solo las pos­e­siones ate­so­radas de Eze­quías serían lle­vadas a Babilo­nia, sino que tam­bién sus descen­di­entes serían toma­dos allí y servirían como eunucos en la casa del rey. Es incier­to ya sea que eunucos se refiera sola­mente a indi­vid­u­os muti­la­dos o a fun­cionar­ios en posi­ciones clave de gob­ier­no (ver Dan 1:3). Es más prob­a­ble que en este caso lo últi­mo sea el sig­nifi­ca­do.

      8 Eze­quías se somete humilde­mente a la vol­un­tad de Dios, agrade­ci­do por cualquier mis­eri­cor­dia hacia él por el Señor: La pal­abra de Dios que has habla­do es bue­na. El pro­fe­ta ha sido gen­uino en su mis­ión, Jehová ha mostra­do mis­eri­cor­dia, y aho­ra el rey mues­tra su sen­timien­to de grat­i­tud y agradec­imien­to: A lo menos haya paz y seguri­dad en mis días. Aunque podría ser un ele­men­to de egoís­mo en su respues­ta, el rey podría estar dan­do crédi­to por su grat­i­tud a que puede finalizar su reina­do en tran­quil­i­dad. Note que la nación no es nom­bra­da en la pro­fecía de deportación y cau­tivi­dad de Isaías; solo la casa del rey es selec­ciona­da. Pero debido a los peca­dos de Man­asés y su influ­en­cia en la nación para pecar más allá que las naciones ter­re­nales (2 Rey 21:9–15), Judá llegó a ser peor que Israel y que Sodoma (Jer 3:11; Ezeq 16:46–47). Con­se­cuente­mente, fue declar­a­do que la nación sería lle­va­da fuera por cin­cuen­ta años, después de los cuales un rema­nente regre­saría (Miq 4:10). (Usamos la figu­ra de cin­cuen­ta años puesto que las deporta­ciones cubrieron un peri­o­do de veinte años. La cau­tivi­dad duró seten­ta años, pero Jerusalén estu­vo sin judíos por solo cin­cuen­ta).

Capí­tu­lo 39. No Asiria, sino Babilo­nia

  • El Peri­o­do Asirio: Con­flic­to y Vic­to­ria (1–39)
  • Pro­fecías de Juicio en Con­tra de Naciones Indi­vid­uales

(13–23)

El pro­fe­ta ya ha declar­a­do el des­ti­no de Etiopía, la tier­ra al sur de Egip­to (cap 18), y el juicio de Dios y las prome­sas a Egip­to (cap 19). En el 715 A.C. Egip­to fue der­ro­ta­do por Shabako, gob­er­nador de Etiopía, que unió a los dos bajo una sober­anía feu­dal etiope que prevale­ció has­ta el 664 A.C. Este gen­er­al parece ser sobre el que el pro­fe­ta está argu­men­tan­do en el cap 20.

La Con­fi­an­za Que Fra­casó (vers 1–6)

      1 En el año que vino el Tartán a Asdod era el 713 A.C. Tartán no es el nom­bre de un indi­vid­uo sino el títu­lo del coman­dante en jefe asirio. Asdod, que esta­ba bajo la suje­ción de Asiria, era una cap­i­tal de Fil­is­tea, con prob­a­bil­i­dad la más fuerte­mente for­ti­fi­ca­da de todas las ciu­dades. Este es el úni­co lugar en la Bib­lia donde aparece el nom­bre Sargón. El suce­sor de Salmaneser V, ascendió al trono ya sea en el 722 o en el721 A.C., reinan­do has­ta el705 A.C. Aunque solo es men­ciona­do aquí en las Escrit­uras, Sargón jugó un papel impor­tante en la his­to­ria de Israel y de Judá. En apari­en­cia inter­pre­tan­do como debil­i­dad el hecho que él con­du­jo una cam­paña no muy grande en Palenti­na después del720 A.C., Asdod se rebeló en el713 A.C., con­ducien­do a otros a la rebe­lión; Judá, sin embar­go, parece no haber com­par­tido en ella. Tartán peleó con­tra Asdod y tomó la ciu­dad. El mis­mo Sargón dirigió una cam­paña con­tra las ciu­dades del área en el711 A.C. En apari­en­cia, Egip­to y Etiopía prometieron ayu­da que nun­ca llegó.

      2 Isaías fue instru­i­do por Jehová para rep­re­sen­tar un men­saje sim­bóli­co a Judá, mostran­do la ton­tería de con­fi­ar en Egip­to. Young obser­va que este es el úni­co acto sim­bóli­co reg­istra­do en Isaías. Se le dijo al pro­fe­ta qui­ta el cili­cio de tus lomos, y descalza las san­dalias de tus pies. Y lo hizo así, andan­do desnudo y descal­zo. Como hemos nota­do antes, el cili­cio era un vesti­do tosco, vel­lu­do usa­do usual­mente en tiem­po de aflic­ción y de luto; no esta­mos dicien­do solo el por qué Isaías esta­ba usan­do el vesti­do. La expre­sión andan­do desnudo ha oca­sion­a­do una dis­cusión entre los estu­di­antes dela Bib­lia. ¿Fue él “desnudo total,” como podríamos decir, o pone a un lado toda su ves­ti­men­ta exte­ri­or, usan­do sólo una túni­ca cor­ta o una tela pos­te­ri­or cuan­do iba de un sitio a otro como estadista y pro­fe­ta? Sea lo que sea él esta­ba fuera de lo ordi­nario e intenta­ba con­seguir la aten­ción de la gente de tal for­ma que la lec­ción pudiera ser enseña­da. Es dudoso que él fuera de un lado a otro total­mente desnudo; Delitzsch parece haber expre­sa­do bien el asun­to cuan­do dijo, “Lo que Isaías esta­ba dirigi­do a hac­er, entonces, era sim­ple­mente opuesto a la cos­tum­bre común, y no a la decen­cia moral (I. 372). Prob­a­ble­mente él usó la túni­ca cor­ta que, de acuer­do a las ilus­tra­ciones de los antigu­os mon­u­men­tos, era usa­do usual­mente por los cau­tivos.

      3–4 El acto sim­bóli­co de Isaías iba a con­tin­uar por tres años, por señal y pronós­ti­co sobre Egip­to y sobre Etiopía. La impor­tan­cia de esta señal es expli­ca­da aho­ra: como Isaías, el sier­vo de Jehová, ha cam­i­na­do por tres años desnudo y descal­zo, así el rey de Asiria lle­vará al exilio a los cau­tivos de Egip­to y de Etiopía, a jóvenes y a viejos, desnudos y descal­zos, y des­cu­bier­tas sus nal­gas para vergüen­za de Egip­to. Con­tin­uó la guer­ra inter­mi­tente entre Asiria y Egip­to; un golpe deci­si­vo fue hir­ió a Egip­to en el 663 A.C. cuan­do Asur­ba­n­i­pal invadió la tier­ra y saqueó a Tebas (No-amon, Neh 3:8), lle­van­do cau­tivos y un gran botín.

      5 Aque­l­los que con­fían en Egip­to y en Etiopía para ayu­da en el tiem­po de la invasión de Asiria se ator­men­tarán y aver­gon­zarán de Etiopía su esper­an­za, y de Egip­to su glo­ria. El acto sim­bóli­co de Isaías es pre­tendi­do para pre­venir a la gente de con­fi­ar en Egip­to, al que el rey de Asiria lla­ma “bácu­lo de caña cas­ca­da, en el cual si alguno se apo­yare, se le entrará por la mano y la traspasará” (2 Rey 18:21). El pueblo de Dios apren­dería a pon­er su con­fi­an­za solo en Jehová y no recli­narse en el hom­bre débil e impo­tente.

      6 El morador de esta cos­ta, prob­a­ble­mente la total­i­dad de Palesti­na, incluyen­do Feni­cia, Fil­is­tea, y Judá, lamen­tarán su expectación por ayu­da de los reinos mud­ables de Egip­to y de Etiopía. Al haber vol­tea­do hacia estas dos naciones por ayu­da en con­tra de Asiria, solo serán decep­ciona­dos. Y entonces la pre­gun­ta será, ¿Y cómo escapare­mos nosotros? Al haber fal­la­do en depen­der de Jehová, mien­tras eran urgi­dos por el pro­fe­ta, y al haber fal­la­do en obten­er ayu­da de las armas de la carne, no sabrán a donde vol­tear. Por medio del juicio sobre las antiguas naciones paganas y sobre Su pro­pio pueblo por haber con­fi­a­do en aque­l­las naciones, Jehová está enseñan­do a los hom­bres de todas las gen­era­ciones a darse cuen­ta que Él con­tro­la el des­ti­no de todo. El mal­va­do que olvi­da a Jehová debe ser traslada­do al Seol (Sal 9:17); Su pueblo que Lo olvidó deberá sufrir un des­ti­no sim­i­lar. Este men­saje debe impre­sion­arnos a todos hoy, tan­to al mun­do como a la igle­sia.

Capí­tu­lo 20 Egip­to y Etiopía

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  • El Peri­o­do Asirio: Con­flic­to y Vic­to­ria (1–39)

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  • Pro­fecías de Juicio en Con­tra de Naciones Indi­vid­uales

(13–23)

La Etiopía bíbli­ca, la antigua tier­ra de Cush, situ­a­da al sur de Egip­to. Se extendió al sur de la inmediación de la primera catara­ta (la mod­er­na Aswan). Si bien man­tenía un área desér­ti­ca grande e indefini­da, su cuer­da de sal­va­men­to se situ­a­ba en una fran­ja fér­til y angos­ta a lo largo del río Nilo. El antiguo país es con fre­cuen­cia rela­ciona­do con Egip­to (ver, por ejem­p­lo, cap 20; 2 Crón 12:3). Los sol­da­dos mer­ce­nar­ios de Etiopía esta­ban en el ejérci­to egip­cio cuan­do Sisak asaltó Jerusalén (2 Crón 12:2–3). Un ejérci­to guia­do por Zera el etiope fue der­ro­ta­do por Asa rey de Judá (2 Crón 14:9–15). Isaías men­ciona a Tirha­ca rey de Etiopía y su esfuer­zo por deten­er a Sena­que­rib en Judá (37:9). La fecha prob­a­ble de los even­tos de este capí­tu­lo es el peri­o­do en que los asirios ame­nazaron a Judá (720–702 A.C.).

Sin duda el capí­tu­lo 16 es el capí­tu­lo más difí­cil encon­tra­do has­ta aquí. ¿De dónde vinieron los emba­jadores, y a quien fueron envi­a­dos? ¿Cuál es el sig­nifi­ca­do de sus seres de ele­va­da estatu­ra y tez bril­lante? ¿Y cuál es el sig­nifi­ca­do de que ellos envían o traen un pre­sente a Jehová? Los comen­taris­tas dan numerosas y vari­adas respues­tas a estas pre­gun­tas.

 

Los Emba­jadores y la Pal­abra del Pro­fe­ta a Ellos (vers 1–3)

 

1 La pal­abra Ay enfo­ca la aten­ción en la dis­tan­cia y en la nat­u­raleza de la nación con­sid­er­a­da. Es la tier­ra que hace som­bra con las alas, el zumbido de las alas, o “oscure­cer con las alas” (al mar­gen); esto es, una tier­ra de insec­tos, sin embar­go no está estable­ci­do si eran las moscas tsé-tsé, la lan­gos­ta, o cualquiera de las otras numerosas posi­bil­i­dades. Ellas prob­a­ble­mente sim­bolizan el numeroso ejérci­to que Etiopía podría mov­i­lizar. Los ríos son sin duda el Nilo Blan­co y el Nilo Azul con sus sub­aflu­entes.

2 Parece claro que los emba­jadores son de Etiopía, pero ¿a quién fueron envi­a­dos estos emba­jadores que via­jaron por el mar, y en naves jun­co sobre las aguas? (las naves de jun­co eran hechas a mano ade­cua­dos para ríos y canales pero no para grandes cuer­pos de agua.) ¿Son envi­a­dos a Jerusalén para inci­tar la rebe­lión categóri­ca en con­tra de Asiria, o para for­mar una alian­za con Judá en con­tra de esa poten­cia (Clements), o por lo menos agi­tar a Judá en algu­na for­ma en con­tra del ene­mi­go común (Leupold); o, como Barnes supone, son envi­a­dos a for­mar una alian­za con los asirios en con­tra de Judá (p. 324)? La teoría de Barnes es muy improb­a­ble ya que Sena­que­rib “oyó decir que Tirha­ca rey de Etiopía había sali­do para hac­er­le guer­ra” (2 Rey 19:9). Otros sug­ieren que estos son men­sajeros envi­a­dos por el rey de Etiopía a sus propias tribus, incitán­do­los a prepararse con­tra la invasión de los asirios (Delitzsch, Rawl­in­son, Young). Young ve en este capí­tu­lo un anun­cio a Etiopía de la der­ro­ta del ejérci­to de Sena­que­rib por Dios. Calvin no está seguro.

La pal­abra Andad es una inter­po­lación, dejan­do la pre­gun­ta abier­ta acer­ca de quien está hablan­do. ¿Son los emba­jadores pidi­en­do ayu­da? ¿O es el pro­fe­ta hablán­doles, instruyén­doles a volver a su casa y a estar qui­etos, porque Dios está alrede­dor para ten­er cuida­do de la situación y no hay necesi­dad de lle­gar a exci­tarse (Barnes, Rawl­in­son)? A la luz de 2 Rey 19:9, esta inter­pretación parece ase­gu­rar que es el mejor sig­nifi­ca­do. El pro­fe­ta dice a los emba­jadores que regre­sen a su pro­pio pueblo alto, de tez bril­lante, cuya his­to­ria de 1000 A.C. al 663 A.C., era una de guer­ras exi­tosas con Egip­to. Los emba­jadores deben regre­sar al pueblo temi­ble des­de su prin­ci­pio y después, gente fuerte y con­quis­ta­do­ra, o a su propia nación “que reparte y pisotea” (al mar­gen). ¿No repar­tió y pisoteó Etiopía, o es ella repar­ti­da y pisotea­da? Ambas son ver­dad. Por algunos cin­co sig­los Etiopía había sido gob­er­na­da por Egip­to, pero a par­tir del 1000 A.C. se había man­tenido inde­pen­di­ente y por algún tiem­po había gob­er­na­do a Egip­to.[1] Era una país cuya tier­ra es sur­ca­da por los ríos – o se “había dev­as­ta­do” (al mar­gen), porque la erosión de los ban­cos del río cier­ta­mente dev­as­taron a Etiopía y enriquecieron a Egip­to mien­tras el limo era lle­va­do cor­ri­ente aba­jo a esa tier­ra.

3 El pro­fe­ta apela aho­ra a todo el mun­do a tomar nota de un suce­so inmi­nente. Como en 11:10,12, el lengua­je es metafóri­co: una ban­dera será lev­an­ta­da en los montes de Judá, y una trompe­ta anun­cia­rá la veni­da del juicio. Vean y oigan los pueb­los de las naciones. Des­de los montes y de las col­i­nas en la tier­ra de Judá Jehová va a actu­ar, y Su acción servirá como un pun­to de reunión para los que Lo ado­ran y una adver­ten­cia de juicio para los que no Lo ado­ran. El lla­ma­do del pro­fe­ta al mun­do intro­duce la pal­abra de Jehová que sigue.

 

Jehová está en el Con­trol (vers 4–6)

 

4 En medio del mun­do avi­va­do y agi­ta­do, Jehová habla por medio del pro­fe­ta, declaran­do Su dominio tran­qui­lo de los acon­tec­imien­tos del mun­do. Él estará qui­eto, al pare­cer indifer­ente, mien­tras Él con­tem­pla des­de Su mora­da celes­tial lo que está acon­te­cien­do. Pero no es así; Él está aten­ta­mente intere­sa­do, Como el claro calor del ver­a­no y el refres­cante rocío de la noche, que madu­ra grad­ual­mente las uvas y el gra­no para la cosecha, el Señor está per­mi­tien­do el tiem­po de juicio para madu­rar.

5 Antes de que los asirios hayan alma­ce­na­do el gra­no de la cosecha de su invasión o que hayan recogi­do jun­tos el botín de su con­quista, con todo, Jehová actu­ará. Antes de la cosecha, cuan­do el fru­to sea per­fec­to, y pasa­da la flor se maduren los fru­tos, entonces podará con podaderas las rami­tas, y cor­tará y quitará las ramas. El pro­fe­ta usa repeti­da­mente la metá­fo­ra de las vides y los viñe­dos, de tal for­ma que la gente entendiera. Cuan­do el tiem­po esté lis­to, Jehová destru­irá por com­ple­to a los ene­mi­gos que ame­nazan el mun­do.

6 Evo­can­do la figu­ra de un viñe­do, el pro­fe­ta describe la destruc­ción de la poten­cia de los asirios por parte de Jehová: será tan com­ple­ta que arma­zones del ejérci­to será comi­da para las aves de los montes y para las bes­tias de la tier­ra. Tan­to las aves como las bes­tias se deleitarán de ellos en el ver­a­no y en el invier­no. Asiria se jac­tó de esta grandeza – que ella tomaría a Jerusalén tan fácil como había toma­do a otras ciu­dades, incluyen­do a Samaria (10:8–11); pero ella había fal­la­do en darse cuen­ta de que esta­ba tratan­do con Jehová y no con un ído­lo. Aho­ra Jehová mane­jará el asun­to de acuer­do a Su vol­un­tad, no a la de los asirios.

 

El Trib­u­to de Etiopía al Señor (vers 7)

 

      7 En el tiem­po de la destruc­ción de Asiria será traí­da ofren­da a Jehová de los ejérci­tos, del pueblo de ele­va­da estatu­ra y tez bril­lante, el pueblo descrito en el ver­sícu­lo 2. Aunque Jehová no nece­si­ta su ayu­da y el pro­fe­ta envía a sus emba­jadores de regre­so a casa, los etíopes serán ate­moriza­dos por el gran poder de Jehová y tan agrade­ci­dos por su lib­eración cuan­do Asiria es destru­i­da a las puer­tas de Jerusalén (37:36–37) que Le enviarán un pre­sente. No hay un reg­istro de que Tirha­ca haya envi­a­do un pre­sente, pero es entera­mente posi­ble. Habría sido traí­do al lugar del nom­bre de Jehová de los ejérci­tos, al monte de Sion. Ante­ri­or­mente, cuan­do el Señor había destru­i­do a Sus ene­mi­gos y había dis­per­sa­do a los pueb­los que se deleita­ban en la guer­ra, David dijo, “Ven­drán príncipes de Egipto;/ Etiopía se apresurará a exten­der sus manos hacia Dios (Sal 68:31). Y hablan­do del tiem­po cuan­do los hom­bres servirán a Jehová con un con­sen­timien­to, un pro­fe­ta dice más tarde, “De la región más allá de los ríos de Etiopía me supli­carán; la hija de mis espar­ci­das traerá mi ofren­da” (Sof 3:10). La destruc­ción de Jehová del mal­va­do y su gra­ciosa benev­o­len­cia para Si mis­mo impre­sion­arán tan­to a aque­l­los de los más remo­tos lugares que traerán sus pre­sentes ante Su trono. La glo­ria, el hon­or y el poder pertenecen a nue­stro Dios, pero la vergüen­za y la destruc­ción ven­drán sobre los que con­fían en sus propias vanidades.

 
 
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[1]  Inter­na­tion­al Stan­dard Bible Enci­clo­pe­dia, ed. James Orr (Chica­go: Howard-Sev­er­ance, 1937), vol. 2, p. 1032.