CAPÍTULO 56

Con­so­lación para los Rec­haz­a­dos:

Una Amon­estación a los Ata­layas Cie­gos

Los pro­fe­tas han con­so­la­do al pueblo que se encon­trará a sí mis­mo en el exilio de Babilo­nia para ase­gu­rar­les la pre­ocu­pación y el cuida­do de Jehová por ellos. Por medio de Ciro Él los lib­er­ará de su cau­tivi­dad. Esta lib­eración pro­fe­ti­za una reden­ción y lib­eración más grande por parte del Sier­vo de una esclav­i­tud más sev­era. Tam­bién pro­fe­ti­za la glo­ri­fi­cación de la Sion red­im­i­da más allá de todo esplen­dor pre­vio. No obstante que los ver­sícu­los 1–8 son inter­pre­ta­dos de varias man­eras, parece que este pasaje mira hacia la elim­i­nación de restric­ciones que habían puesto obstácu­los a cier­tos gru­pos de las asam­bleas de Dios; mira a un tiem­po cuan­do Dios acep­tará a los pueb­los de todas las sociedades. Si esta inter­pretación es cor­rec­ta, estos ocho ver­sícu­los sir­ven como una con­clusión a los capí­tu­los prece­dentes y tratan de la tran­si­ción (por medio de las sin­a­gogas) de la dis­pen­sación antigua a la nue­va.

La Con­so­lación para los Extran­jeros y los Eunucos (vers 1–8)

 

      1 El man­damien­to de Jehová, Guardad dere­cho, y haced jus­ti­cia se pierde con la edad de Su pro­pio carác­ter y con­duc­ta, porque “Jus­ti­cia y juicio son el cimien­to de su trono” (Sal 97:2). El dere­cho deno­ta el tra­to equi­tati­vo y las deci­siones impar­ciales en el gob­ier­no civ­il y reli­gioso; el com­por­tamien­to de con­formi­dad con la éti­ca y el están­dar moral de Jehová. Las per­sonas deben guardar el dere­cho y hac­er la jus­ti­cia en preparación al total cumplim­ien­to de la prome­sa de Jehová que en jus­ti­cia Él lla­mará a Ciro el lib­er­ta­dor (41:2; 45:13) y entonces acer­car tan­to la lib­er­tad como la sal­vación (46:13). Y aho­ra Jehová pone en garan­tía, cer­cana está mi sal­vación para venir, y mi jus­ti­cia para man­i­fes­tarse. Des­de el pun­to de vista divi­no la lib­eración está acer­cán­dose, mien­tras que des­de el pun­to de vista humano, debe ser la preparación para par­tic­i­par en él.

      2 La pal­abra hebrea tra­duci­da Bien­aven­tu­ra­do puede ser tam­bién dada como “feliz” (1 Rey 10:8). Hom­bre e hijo de hom­bre son sinón­i­mos – el hom­bre y la descen­den­cia del hom­bre. Con el propósi­to de ser ben­de­ci­do, un hom­bre debe reunir tres condi­ciones: (1) debe prepararse para la sal­vación y la jus­ti­cia que están por apare­cer; esto es, debe man­ten­erse firme en los man­damien­tos del ver­sícu­lo 1. (2) Bien­aven­tu­ra­do el que guar­da el día de reposo para no pro­fa­narlo. En tan­to que en la cau­tivi­dad al pueblo no le podría ser posi­ble guardar algu­nas de sus leyes. Por ejem­p­lo, al estar sep­a­ra­dos del tem­p­lo y del altar en Jerusalén, no tenían la opor­tu­nidad de ofre­cer sac­ri­fi­cios apropi­a­dos. Pero en la medi­da que la sin­a­goga y su ser­vi­cio de ado­ración orig­i­na­do mien­tras esta­ban en Babilo­nia, es posi­ble que el sába­do pudiera ser guarda­do en un gra­do acept­able. Allí hubo tres razones bási­cas pon­er aparte el sép­ti­mo día: (a) el sába­do esta­ba sep­a­ra­do para Jehová, el Creador del uni­ver­so, porque Él mis­mo des­can­só el sép­ti­mo día ensegui­da de los seis días de la creación (Gén 2:2); (b) para los judíos el sába­do era un recorda­to­rio del gran poder por el que Jehová los había lib­er­a­do de la esclav­i­tud de la nación egip­cia (Deut 15:15); © el sába­do era una señal entre Jehová y los hijos de Israel que Él los había san­tifi­ca­do para Sí mis­mo como Su pos­esión espe­cial (Exo 31:12–17; Eze 20:12). Entonces la obser­van­cia del sába­do sig­nifi­ca­ba el reconocimien­to del poder de Jehová en la creación, en la lib­eración de los israeli­tas de Egip­to, y en su relación espe­cial con Él. (3) Con el propósi­to de dis­fru­tar las bien­aven­tu­ran­zas, un hom­bre debía guardar su mano (una meton­imia del todo del hom­bre) de hac­er cualquier cosa con­traria a la vol­un­tad de Dios.

      3 Las bar­reras que sep­a­ra­ban en otros tiem­pos a cier­tas clases de per­sonas de las asam­bleas de Jehová son aho­ra quitadas. El extran­jero (“el hijo del foras­tero,” King James) era uno no israeli­ta, uno de otra nacional­i­dad; el eunuco era un hom­bre que había sido muti­la­do. Bajo la ley de Moisés al extran­jero se le era per­mi­ti­do que “hiciere ofren­da encen­di­da de olor gra­to a Jehová” (Núm 15:14); y en la ded­i­cación del tem­p­lo de Salomón ora­ban para que Jehová oyera las pal­abras de cualquier extran­jero que pudiera venir al tem­p­lo a orar (1 Rey 8:41–43). El tem­p­lo de Herodes proveyó una Corte de los gen­tiles; se ellos se aven­tura­ban más allá de ella, sin embar­go, esta­ban suje­tos a la pena de muerte.[1]  Pero aquí Jehová da la instruc­ción que el extran­jero se reuniera por él mis­mo a Jehová y retornará con los exil­i­a­dos no debía decir, Me apartará total­mente Jehová de su pueblo. No hay evi­den­cia históri­ca que algún extran­jero se haya unido a Jehová y retor­na­do con los judíos, pero es evi­dente por el Nue­vo Tes­ta­men­to que en el peri­o­do intertes­ta­men­tario muchos de entre las naciones Lo bus­caron. Jehová incluye tam­bién al eunuco: Ni diga el eunuco: He aquí yo soy árbol seco. Jehová lo recibirá tam­bién. En la aceptación del eunuco está ya sea revisan­do la ley de Deuteronomio 23:1, donde al eunuco se le está pro­hibido entrar a la asam­blea, u obser­van­do al peri­o­do mesiáni­co cuan­do el eunuco recibirá aten­ción espe­cial (Hechos 8:26–39).

      4 La pal­abra de Jehová en los ver­sícu­los 4 y 5 indi­ca que Él aho­ra bus­ca la man­era de acep­tar a los eunucos bajo cier­tas condi­ciones. A los eunucos que (1) guarden mis días de reposo, y (2) esco­jan lo que yo quiero, y (3) abra­cen mi pacto (el pacto hecho en Sinaí, porque solo ese pacto par­tic­u­lar incluyó las reg­u­la­ciones del sába­do), recibirán las sigu­ientes ben­di­ciones:

      5 Yo les daré lugar en mi casa y den­tro de mis muros, y nom­bre mejor que el de hijos e hijas – la ref­er­en­cia a la casa y a los muros no sig­nifi­ca que sería acondi­ciona­da en el tem­p­lo una habitación de algún tipo, sino que den­tro de la famil­ia espir­i­tu­al se le dará al eunuco un memo­r­i­al y un nom­bre que per­pet­u­ará su memo­ria. La pal­abra hebrea dada como per­petuo es más fre­cuente­mente tra­duci­do “mano”; podría, entonces, ser una indi­cación de poder y poten­cia den­tro de la famil­ia de Dios. El nom­bre de alguien sig­nifi­ca todo lo que uno es. Debido a su dureza espir­i­tu­al y cal­i­dad moral, el poder de los eunucos (memo­r­i­al) y el nom­bre den­tro de la famil­ia de Jehová será mejor que el de hijos e hijas. La con­fi­an­za de Jehová en que un nom­bre per­petuo les daré, nom­bre que nun­ca pere­cerá, será la rec­om­pen­sa por el ser­vi­cio de los eunucos. Un nom­bre trans­mi­ti­do a los hijos y a las hijas puede ser cor­ta­do, pero un nom­bre que Jehová da a un miem­bro de Su famil­ia espir­i­tu­al no puede ser cor­ta­do, porque solo Él puede bor­rar­lo de Su libro. El rela­to del hom­bre noble etíope en Hechos 8 indi­ca que no era inusu­al para un eunuco respon­der a la invitación de Jehová a ado­rar en Jerusalén.

      6 Habi­en­do dado la certeza a los eunucos, Jehová se dirige a los extran­jeros con una pal­abra sim­i­lar. Su ben­di­ción será sobre aque­l­los que de su pro­pio deseo y vol­un­tad sigan a Jehová en una ver­dadera relación espir­i­tu­al (1) para servir­le, esto es, para rendir ser­vi­cio en Su casa; (2) que amen el nom­bre de Jehová, guardan­do rev­er­en­cia; y (3) para ser sus sier­vos, asum­ien­do y lle­van­do a cabo fiel­mente las respon­s­abil­i­dades con­fi­adas a ellos. Como en el caso de los eunucos, los extran­jeros deberán tam­bién guardar y respetar el sába­do, guardan­do con rapi­dez el pacto que los liga al Señor.

      7 No obstante que los extran­jeros y los eunucos eran rec­haz­a­dos en otro tiem­po, Jehová traerá aho­ra a Su monte espir­i­tu­al a todos los que se acerquen a Él. El Señor retornará a Jerusalén-Sion, Su san­to monte, y habitarán en medio de ella (Zac 8:1–3). Tam­bién nosotros hemos venido a este monte (Heb 12:22–24). Entonces la prome­sa encuen­tra cumplim­ien­to tan­to en el retorno de Babilo­nia y bajo el Mesías. Podría con­cluirse de la cita de Jesús a este ver­sícu­lo, “Mi casa será lla­ma­da casa de oración para todas las naciones” (Mr 11:17), que des­de el tiem­po del retorno de Babilo­nia fue dado un nue­vo énfa­sis a todos los que bus­caran a Jehová (ver Hechos 17:26–27). Jehová prom­ete aquí que ninguno que ven­ga de acuer­do a Su vol­un­tad será rec­haz­a­do (ver Juan 6:37). En esta relación espir­i­tu­al habrá un espíritu jubiloso, el priv­i­le­gio y el gozo del ado­rador, y el sac­ri­fi­cio a Jehová, que será acep­ta­do con gra­cia.

      8 El Señor tiene un interés espe­cial en los dis­per­sos de Israel, pero Su amor se extiende más allá de ellos para incluir tam­bién a los dis­per­sos de los gen­tiles. Es incier­to la exten­sión en que los dis­per­sos en que los dis­per­sos de las naciones vinieron a Él después del retorno de Israel de la cau­tivi­dad. Pero sabe­mos que cuan­do el Sier­vo vino, dijo, “Tam­bién ten­go otras ove­jas que no son de este redil; aquél­las tam­bién debo traer, y oirán mi voz; y habrá un rebaño, y un pas­tor” (Juan 10:16), y que los gen­tiles cier­ta­mente han respon­di­do en gran número a Su invitación.

Una Amon­estación a los Ata­layas Cie­gos (vers 9–12)

      Los comen­taris­tas sostienen dos opin­iones difer­entes sobre el pasaje 56:9–57:21. Algunos creen que la con­de­nación de Isaías a los ata­layas cie­gos y a la idol­a­tría galopante tiene a la vista las condi­ciones después del exilio; otros sostienen que él está hablan­do de su propia gen­eración. La teoría de que este pasaje describe las condi­ciones después del exilio es difí­cil de armo­nizar con el tex­to. Prob­a­ble­mente el argu­men­to más fuerte para este pun­to de vista es encon­tra­do en el carác­ter de los nobles y de los gob­er­nadores que fueron los líderes recono­ci­dos durante la recon­struc­ción de Jerusalén y sus muros. Al ten­er dinero para prestar ellos fueron dados a la cod­i­cia y a la usura (Neh 5;7); ellos fal­laron en pagar sus diez­mos, aban­donaron la casa de Dios, y pro­fa­naron el sába­do (Neh 13:10–18). Es muy sig­ni­fica­ti­vo, sin embar­go que ellos nun­ca están hablan­do como ata­layas o pas­tores.

      La evi­den­cia den­tro del pasaje es a la dis­tan­cia más fuerte por el pun­to de vista que Isaías se ha vuel­to de pro­fe­ti­zar de la cau­tivi­dad, el retorno bajo Ciro, a hablar sobre el pueblo de sus pro­pios días, resum­ien­do las causas que lo lle­varan a la cau­tivi­dad. La descrip­ción de los ata­layas y de los pas­tores de fal­tar a su respon­s­abil­i­dad, al darse a la bebi­da (56:9–12), se ajus­ta al peri­o­do antes de la cau­tivi­dad, mien­tras hace la acusación de que el pueblo son hijos de hechicera, del adul­tero, y de la for­ni­caria. Además de esto, no ten­emos reg­istro de una idol­a­tría gen­er­al (57:3–8) o del envío de emba­jadores (57:9) después del retorno. Por con­se­cuen­cia, inter­pretare­mos este pasaje como una condi­ción ante­ri­or antes de la cau­tivi­dad.

      9 Todas las bes­tias del campo…todas las fieras del bosque – esto es en apari­en­cia una expli­cación para­lela. Las bes­tias sal­va­jes del cam­po y del bosque están sien­do lla­madas a venir y devo­rar. ¿Pero a quién o qué deben devo­rar? Esta pal­abra proféti­ca de Isaías es ampli­a­da en Jere­mías. Al haber aban­don­a­do su heren­cia (casa, famil­ia), debido a que ellos han sido un león con­tra Él, Jehová dice, “Venid, reuníos, voso­tras todas las fieras del cam­po, venid a devo­rar­la” a Judá. Él entonces acusa que los pas­tores son respon­s­ables por la situación de desas­tre (Jer 12:7–10; ver Eze 34:5). Young señala (III. 395) otra posi­ble con­struc­ción de este ver­sícu­lo: “Todas las bes­tias del cam­po, ven­gan a devo­rar a todas las fieras del bosque”; esto es, las bes­tias del cam­po son los ene­mi­gos, y las bes­tias del bosque es Israel. Sin embar­go, es preferi­ble la lec­tura ante­ri­or.

      10 Sus ata­layas, los de Judá, son cie­gos. Los ata­layas, son los guardias colo­ca­dos en un muro para adver­tir del peli­gro que se aprox­i­ma. Ellos se mantienen ver­i­f­i­can­do lo que acon­tece (21:6–9) y en oca­siones anun­cian bue­nas noti­cias (52:7–8). Los pro­fe­tas son men­ciona­dos algu­nas veces como ata­layas, porque ellos daban adver­ten­cias al pueblo (Eze 3:17–21; 33:7–9; Jer 6:17). Estos ata­layas exis­ten para servir a Jehová como líderes; su pre­ocu­pación debe ser por el pueblo. Jehová ha puesto ata­layas, pero muchos de ellos están cie­gos a los peli­gros, están sin conocimien­to de Jehová y de sus respon­s­abil­i­dades hacia Él. Todos ellos per­ros mudos, no pueden ladrar; entonces ellos fal­lan en adver­tir al pueblo. Rehu­san­do encar­ar la real­i­dad, pre­fieren la hol­gazan­ería, dormir, soñar. Ellos están “cómo­d­os” en Sion, ponien­do el peca­do diario en un lugar ale­ja­do y vivien­do en la ton­tería de un paraí­so de rebeldía (Amos 6:1–7).

      11 Y esos per­ros – los ata­layas que son los pas­tores del rebaño de Dios – son insa­cia­bles (la pal­abra hebrea usa­da aquí es “fuertes de apeti­to”). Ellos nun­ca están sat­is­fe­chos de su posi­ción ante Dios y Su remu­neración, sino que se desvían para ganar. El ter­mi­no pas­tores se refiere con fre­cuen­cia a los gob­er­nadores o pro­tec­tores de una nación (Nah 3:18), a un rey como Ciro que sirvió al propósi­to de Jehová (44:28), o a los reyes de Judá (Jer 22:1–23:8; Eze 34:1–10). El pro­fe­ta Jere­mías se refiere en for­ma sim­i­lar a su exis­ten­cia como un pro­fe­ta ante Jehová (Jer 17:16), pero la pal­abra tiene ref­er­en­cia en primer lugar a los reyes. Al fal­tar entendimien­to de Jehová y al fal­lar en andar en Sus caminos, todos ellos siguen sus pro­pios caminos, cada uno bus­ca su pro­pio prove­cho, cada uno por su lado, esto es, se afer­ran con cod­i­cia a todo lo que está a su alcance. Este espíritu cod­i­cioso se extiende des­de los reyes hacia aba­jo al más ínfi­mo de sus súb­di­tos, y aún incluye a los pro­fe­tas y a los sac­er­dotes (Jer 6:13).

      12 En este pun­to el pro­fe­ta está hablan­do clara­mente a su propia gen­eración. Antes él pro­nun­ció un ay sobre todos los que son dados a la bebi­da (5:11), a los hom­bres de alta posi­ción (5:22–23), a los gob­er­nadores, a los pro­fe­tas, a los sac­er­dotes quienes, tam­baleán­dose sobre su influ­en­cia noci­va, erran en el juicio (28:7–8; ver Mi 2:11). Él aho­ra señala aho­ra a los que cubren sus ayes y estim­u­lan fal­sas esper­an­zas por medio de la bebi­da, vivien­do solo para el día a día, sin ningu­na pre­ocu­pación por el futuro.

Capí­tu­lo 56. Con­so­lación para los Rec­haz­a­dos; Una amon­estación para los Ata­layas Cie­gos

[1]  Zon­der­val Pic­to­r­i­al Ency­clo­pe­dia of the Bible, vol. 5, pág. 650.

Des­de el amanecer de la his­to­ria de la humanidad has­ta su oca­so, Babilo­nia ha sido y con­tin­uará sien­do un sím­bo­lo de orgul­lo y ene­mis­tad con­tra el Dios eter­no y Su están­dar de jus­ti­cia. La torre lev­an­ta­da en Babel (pre­cur­sor de Babilo­nia) después del dilu­vio (Gén 11:1–9) fue una expre­sión del deseo del hom­bre de ten­er su pro­pio dios y religión mold­ea­da por la imag­i­nación de su pro­pio corazón. La Babilo­nia de Caldea, car­ac­ter­i­za­da por el mis­mo espíritu, sim­boliz­a­ba la cru­el­dad y la sober­bia del hom­bre sin Dios, el orgul­lo del hom­bre cuan­do es deja­do a su pro­pio con­se­jo. La Babilo­nia de Apoc­alip­sis (capí­tu­los 17–18) rep­re­sen­ta­da por Roma, el cen­tro del poder, con­quista, com­er­cio, y riqueza mundi­al, con todos los vicios que la acom­paña­ban. La Babilo­nia de Juan llegó a ser entonces un sím­bo­lo per­ma­nente de todo lo que es sen­su­al, seduc­tor, y ten­ta­dor – todo lo que apela a la carne. Cada una de las Babilo­nias una y otra han sido o serán traí­das a un fin por el juicio divi­no. El gob­ier­no de Dios en la his­to­ria, y Sus caminos no pueden ser des­pre­ci­a­dos sin una con­se­cuen­cia ter­ri­ble.

      En el capí­tu­lo 14 Isaías se ocupó de la jac­tan­cia arro­gante y la caí­da del rey de Babilo­nia; en el capí­tu­lo 46 rev­eló el juicio divi­no con­tra los ído­los de Babilo­nia; aho­ra señala la caí­da de la mis­ma ciu­dad reina. Todas las ciu­dades arro­gantes, orgul­losas, cru­eles e inmorales que dejaron a Dios fuera de sus pen­samien­tos sufrirán un des­ti­no sim­i­lar.

La Humil­lación de Babilo­nia (vers 1–7)

 

      1 No obstante que se han hecho varias sug­eren­cias, parece que a excep­ción del ver­sícu­lo 4, Jehová es el que habla a lo largo de todo este capí­tu­lo. Ini­cia dirigién­dose a Babilo­nia como la reina for­mado­ra de un gran impe­rio. Des­de esta posi­ción de glo­ria y grandeza está por caer al lugar de una joven escla­va. Desciende…y sién­tate en el pol­vo — ¡Qué humil­lación y vergüen­za! La for­ma de diri­girse – vir­gen hija de Babilo­nia – no se refiere a la casti­dad moral, sino al hecho que puesto que Babilo­nia llegó a ser una poten­cia mundi­al, ni la ciu­dad ni la tier­ra ha sido humil­la­da; había sido invi­o­lable por largo tiem­po. El impe­rio caldeo se extendió des­de el noroeste del Gol­fo Pér­si­co has­ta el Mar Mediter­rá­neo. La ciu­dad reina no sería ya más lla­ma­da tier­na y del­i­ca­da (ver Deut 28:56), la con­se­cuen­cia de la vida disi­pa­da; el perío­do de lujuria ter­mi­naría.

      2 A Babilo­nia se le dice toma el moli­no, que eran dos piedras usadas para mol­er el gra­no. La piedra infe­ri­or era más larga y per­manecía fija; la piedra supe­ri­or era movi­da hacia atrás y hacia delante sobre el gra­no para mol­er­lo en hari­na. El gra­no moli­do era una tarea servil hecha usual­mente por mujeres; esto debía ser el des­ti­no de la volup­tu­osa Babilo­nia. Des­cubre tus guede­jas, descalza tus pies – lev­an­ta la fal­da, por con­sigu­iente deja sin cubrir la pier­na – una acción intro­duc­to­ria para cruzar un río. La desnudez de Babilo­nia y la exposi­ción del cuer­po de las orgul­losas mujeres, despo­jadas de su glo­ria y lle­vadas en cau­tivi­dad, así serán ellas humil­ladas en la pres­en­cia de los demás.

      3 Despo­ja­da de su poder, riquezas, y glo­ria, Babilo­nia pare­cerá ante las naciones en su desnudez y vergüen­za, para ser obser­va­da y burla­da por los hom­bres. La asev­eración haré ret­ribu­ción, y no se librará hom­bre alguno, debe ser enten­di­do a la luz de la san­ti­dad y jus­ti­cia de Jehová, el fun­da­men­to de Su trono – un fuego va delante de Él y devo­ra a Sus adver­sar­ios (Sal 97:2–3). Él había dicho mucho antes, “Mía es la ven­gan­za y la retribución…/Yo tomaré ven­gan­za de mis enemigos,/Y daré ret­ribu­ción a los que me abor­recen” (Deut 32:35,41). El mis­mo fun­da­men­to en el que des­cansa Su trono – el trono del uni­ver­so – deman­da una ven­gan­za de toda injus­ti­cia, una ven­gan­za de Su dei­dad y leyes jus­tas y san­tas. Él ni se retrac­tará esta declaración de juicio ni hará excep­ciones a esto.

      4 Es incier­to si esta excla­mación es expre­sa­da por el pro­fe­ta mien­tras él se rego­ci­ja en el poder y la vol­un­tad de Jehová para lle­var a cabo la caí­da de Babilo­nia, o por los cau­tivos que cla­marán ala­ban­zas a la con­fi­an­za del Señor por la caí­da de Babilo­nia. En un caso o en otro, puede ser dicho, “De parte de Jehová es esto,/Y es cosa mar­avil­losa a nue­stros ojos” (Sal 118:23).

      5 Humil­la­da por la vergüen­za de su caí­da, se le dice a la orgul­losa reina que se siente en el silen­cio de su aflic­ción, no más jac­tán­dose de su grandeza sino escab­ul­lén­dose en las tinieblas de la oscuri­dad y del olvi­do. Porque nun­ca más te lla­marán seño­ra de reinos, la dama diri­gente de las naciones. A pesar que Babilo­nia no es referi­da especí­fi­ca­mente como una ram­era, la com­para­ción de esta descrip­ción gen­er­al con la car­ac­ter­i­zación de Ninive por parte de Nahum, “la ram­era de her­mosa gra­cia, maes­tra en hechizos” (Nah 3:4), sug­iere que ella cae en la mis­ma cat­e­goría.

      6 El Señor expli­ca la razón por la sev­eri­dad de Su juicio con­tra Babilo­nia. Él esta­ba indig­na­do en con­tra de Israel debido a su des­cui­do por Él y por la dig­nidad de su lla­ma­do. Entonces, Él per­mi­tió que Su pueblo fuera pro­fana­do – con­t­a­m­i­na­do, con­sid­er­a­do impuro en lugar de san­to – con­signán­do­los en las manos de Babilo­nia para cas­ti­go y cor­rec­ción. Babilo­nia no mostró mis­eri­cor­dia, no hacien­do caso de todos los prin­ci­p­ios de con­sid­eración humana al colo­car con cru­el­dad car­gas pesadas sobre ellos, aun a los ancianos. Pero por el hecho que “a la ima­gen de Dios es hecho el hom­bre” (Gén 9:6), es oblig­a­to­rio prestar respeto por la dig­nidad de la vida y de los dere­chos humanos. Esta respon­s­abil­i­dad fue total­mente des­cuida­da por Babilo­nia.

      7 Con­fi­a­da en su poder de man­ten­erse en pie en for­ma per­ma­nente ante todos los opo­nentes, Babilo­nia había se había jac­ta­do en un orgul­lo jac­tan­cioso, para siem­pre seré seño­ra. Ella no reflex­ionó ni en sus acciones ni en la ley div­ina de la ret­ribu­ción. Ella se con­sid­eró a si mis­ma más allá del alcance de Dios; se puso a si mis­ma en la esfera de dei­dad.

Las Declara­ciones Blas­fe­mas de Babilo­nia y sus Con­se­cuen­cias (vers 8–11)

 

      8 Oye, pues, intro­duce una serie de declara­ciones hechas por Babilo­nia y los con­se­cuentes juicios deter­mi­na­dos por Jehová. La seño­ra esta­ba vivien­do con­fi­ada­mente (“impru­den­te­mente,” King James), en un esta­do de indifer­en­cia. En su corazón arro­gante dijo, Yo soy, y fuera de mi no hay más, una declaración que solo Jehová puede hac­er y que Él había hecho repeti­da­mente (por ejem­p­lo, 45:5–6,18; 46:9). Al hac­er esta declaración Babilo­nia se exaltó a si mis­ma a un lugar de dei­dad (ver la jac­tan­cia de Nínive en su perío­do de grandeza – Sof 2:15). Al igno­rar feliz­mente cualquier fuerza o poder exter­no a ella mis­ma, hace una adi­cional que ella no exper­i­men­ta­rá viudez o la per­di­da de sus hijos. Su des­ti­no está con seguri­dad en sus propias manos. La viudez y la per­di­da de hijos son grandes calami­dades en la vida de cualquier mujer. La expre­sión es usa­da metafóri­ca­mente de alguien que es deja­do sin ayu­da y solo, reduci­do al gra­do de un escla­vo.

      9 Pero ambas calami­dades de la que la reina se siente segu­ra ven­drán sobre ella en un mis­mo día, repenti­na­mente, en toda su fuerza, en gra­do pro­por­cional a su jac­tan­cia blas­fe­ma. Ellas ven­drán a pesar de la mul­ti­tud y la abun­dan­cia de sus artes mág­i­cas, que serán inca­paces de sal­var­la. Babilo­nia era notable por sus artes mág­i­cas: la astrología se orig­inó allí, y abund­a­ba la hechicería de todo tipo. Hechizos fue una for­ma de bru­jería, el lan­za­mien­to de un mal­efi­cio ya sea sobre un indi­vid­uo o sobre una nación. Encan­tamien­tos eran medios usa­dos para seducir e influ­en­ciar a las per­sonas en caminos tor­ci­dos.

      10 Babilo­nia ya ha sido cul­pa­da de cru­el­dad y arro­gan­cia; aho­ra un ter­cer peca­do puesto a sus pies: Porque te con­fi­aste en tu mal­dad. La mal­dad en que ella con­fía es prob­a­ble­mente una car­ac­ter­i­zación del cur­so total de su vida; sin embar­go, son especi­fi­ca­dos algunos aspec­tos de ella. Entre ellos están la ven­eración de si mis­ma, que hace sen­tir su cam­i­nar seguro e inde­struc­tible, y el uso de las artes ocul­tas para seducir a los demás. Y aho­ra es agre­ga­da la jac­tan­cia Nadie me ve. Que Babilo­nia se esti­mara con sabiduría y conocimien­to han cau­sa­do real­mente que su corazón de la espal­da a la ver­dadera sabiduría y conocimien­to. Ella declara con igno­ran­cia ser div­ina y de este modo respon­s­able no ser respon­s­able de nada. El orgul­lo y la arro­gan­cia son en ver­dad engañosos (ver Abd 3–4).

      11 La mal­dad de Babilo­nia trae sobre ella el mal de Dios, la aflic­ción y el desas­tre de juicio (para mal ver los comen­tar­ios sobre 45:7). Es difí­cil deter­mi­nar lo que es cor­rec­to: la lec­tura en el tex­to – el cual no podrás reme­di­ar, o la lec­tura al mar­gen – “como ale­jar­lo por encan­to.” Uno y otro se ajus­tan al con­tex­to. Si es primero el ante­ri­or, entonces el pro­fe­ta está dicien­do que todas las artes mág­i­cas de Babilo­nia son inca­paces de evi­tar el mal. En todo caso, ella no está vien­do lo que está por venir has­ta que esté sobre ella; y cuan­do lo vea, sus artes mág­i­cas son inca­paces ale­jar­lo por encan­to. Que­bran­tamien­to – calami­dades – que vienen sobre ella ines­per­ada­mente; des­o­lación, un día de ruina como el resul­ta­do de un des­perdi­cio vano – ven­drá de repente sobre ti. Como lo apli­ca Pablo, “cuan­do digan: Paz y seguri­dad, entonces ven­drá sobre ellos destruc­ción repenti­na” (1 Tes 5:3). Aquí está una lec­ción para toda época.

El Fra­ca­so de las Artes Ocul­tas de Babilo­nia (vers 12–15)

      12 El Señor ha declar­a­do que la destruc­ción está en su camino (vers 11), y aho­ra Él apela a la gran ciu­dad impe­r­i­al a apo­yarse en su mul­ti­tud de hechizos y encan­tamien­tos (ver vers 9), y pon­er­los a prue­ba. Sus sabios no habían acu­d­i­do a estos argu­men­tos como se había recrea­do en tiem­pos pasa­dos, sino que había tra­ba­ja­do tan seri­amente en apren­der sus secre­tos como lo hacen los estu­di­antes entre­ga­dos a una cien­cia. Una opor­tu­nidad para desafi­ar el sis­tema total está aho­ra a la mano. Aparente­mente en una vena sar­cás­ti­ca el Señor añade, quizá podrás mejo­rarte, quizá te for­t­ale­cerás (“gol­pear al ter­ror,” al mar­gen; por ejem­p­lo, en Jehová o en Su pueblo).

      13 A lo largo de toda la his­to­ria el hom­bre ha desea­do obser­var y cono­cer el futuro. Todos los sis­temas ocul­tos se esfuerzan hacia este fin, pero esta pre­rrog­a­ti­va le pertenece solo a Dios. Babilo­nia se ha cansa­do a si mis­ma en la mul­ti­tud de sus con­se­jos, con­sul­tan­do con los diver­sos tipos de artes mág­i­cas, reci­bi­en­do el con­se­jo y los difer­entes planes de ellos. Son nom­bra­dos tres tipos de con­se­jeros: los que con­tem­plan los cie­los (“los astról­o­gos,” del hebreo – la pal­abra solo se men­ciona aquí), los que hacen un esfuer­zo para deter­mi­nar los mis­te­rios ocul­tos; los que obser­van las estrel­las, los hom­bres que estu­di­an los movimien­tos de las estrel­las para des­cubrir men­sajes de ellas y la vol­un­tad de sus dios­es; y los que cuen­tan los meses, “los hom­bres que conocían los augu­rios de la luna nue­va.”[1] Estos gru­pos son lla­ma­dos a com­pare­cer (jun­to con los del vers 12), y te defien­dan (a Babilo­nia) de lo que ven­drá sobre ti.

      14 Inca­paces para defend­er a los demás, los ocultistas son tam­bién inca­paces de sal­varse a si mis­mos del fuego, y deberán pere­cer como hier­ba seca o tamo en una lla­ma­ra­da. El fuego será un fog­o­na­zo, quemán­dose en for­ma bril­lante por un instante y extin­guién­dose tan ráp­i­da­mente. No proveerá ningún ben­efi­cio, ni aun quedará brasa para calen­tarse, ni lum­bre a la cual se sien­ten.

      15 Este será el fin de aque­l­la búsque­da sobre la que Babilo­nia ha fati­ga­do su labor y en la que ha colo­ca­do su con­fi­an­za; fra­casarán en tiem­po de necesi­dad, porque todas las cosas ter­re­nales son vanas y pelean frente al vien­to. Tam­bién, los mer­caderes y los com­er­ciantes con quien ella ha hecho nego­cio des­de su ini­cio igual­mente le fal­larán en tiem­po de necesi­dad. Deberán ir cada uno a su pro­pio lugar en par­tic­u­lar. Cuan­do ven­ga el juicio, los dios­es de Babilo­nia se mostrarán impo­tentes, su sabiduría y sagaci­dad serán inefi­caces, su ejérci­to de espe­cial­is­tas en el cam­po de la magia se con­ver­tirá en nada, y le fal­larán todos sus con­tac­tos com­er­ciales. No habrá quien te salve. Des­de el día en que esta pro­fecía fue cumpl­i­da, la his­to­ria de Babilo­nia ha sido repeti­da una y otra vez en los anales de las naciones; ¡y sin embar­go los hom­bres fra­casan en apren­der!

Capí­tu­lo 47. El Juicio de Jehová Pro­nun­ci­a­do Sobre Babilo­nia

[1]  Inter­na­tion­al Stan­dard Bible Enci­clo­pe­dia, ed. James Orr (Chica­go: Howard-Sev­er­ance, 1937), vol. 1, p. 297.

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  • El Peri­o­do Asirio: Con­flic­to y Vic­to­ria (1–39)
  • Pro­fecías de Juicio en Con­tra de Naciones Indi­vid­uales

(13–23)

El pro­fe­ta ter­minó de  declarar las car­gas sobre las tres naciones paganas: Babilo­nia, Edom, y Ara­bia (cap 21). ¿Por qué debe aho­ra incluir una rela­ciona­da con Jerusalén, la ciu­dad donde él y su pueblo res­i­den? La relación entre las cua­tro es una de carác­ter en vez de par­entesco físi­co. Si el pueblo de Dios está com­portán­dose como las naciones paganas, deben sufrir las mis­mas con­se­cuen­cias por su com­por­tamien­to. Se pun­to se aclara mien­tras con­sid­er­amos la pro­fecía.

      La pro­fecía cae en dos partes dis­tin­tas: en la primera, la ciu­dad de Jerusalén está bajo la ira de Dios (vers 1–14); la segun­da tra­ta con un tesorero indi­vid­ual (vers 15–25). La fecha del juicio al que apun­ta la pro­fecía es muy indefini­da e incier­ta. La gran may­oría sostiene está a la vista que Sena­que­rib (701 A.C.) atacó la ciu­dad (Barnes, Erd­man, Leupold, Rawl­in­son, Smith, y Dri­ver, quienes dicen “prob­a­ble­mente”). Alexan­der ofrece una opción entre el even­to con­cre­to de la cap­tura de Man­asés por los asirios (2 Crón 33:11) y el dete­ri­oro gen­er­al de Jerusalén. Delitzsch pien­sa que la pro­fecía señala a un peri­o­do inter­me­dio cuan­do Judá esper­a­ba librarse de Asiria por medio de una alian­za con Egip­to. Calvin define el cumplim­ien­to de la pro­fecía en la destruc­ción de Jerusalén (586 A.C.). En una for­ma típi­ca de los eru­di­tos lib­erales, Clements cree que parte del pasaje apun­ta al701 A.C. y fue escrito por Isaías, y otra parte pertenece a la caí­da de Jerusalén en el586 A.C. y fue agre­ga­do por un redac­tor que vivió después de ese tiem­po. Young pien­sa que Isaías está descri­bi­en­do la deba­cle gen­er­al de la nación has­ta que esta cae en las manos de Babilo­nia. A la luz de tales difer­en­cias, es impru­dente ser dog­máti­co.

      Cuan­do con­sid­er­amos la preparación de Exe­quias para el cer­co por parte de Sena­que­rib, tal como su pro­visión de agua en la ciu­dad y en su reparación de los muros (2 Crón 32:1–5,30), los even­tos del 701 A.C. pare­cen estar a la vista de Isaías. Sin embar­go, cuan­do son exam­i­na­dos otros asun­tos, la con­clusión de Young es que el cap 22 que describe la deba­cle gen­er­al y la destruc­ción final de la ciu­dad es igual­mente atrac­ti­vo. La selec­ción parece yac­er entre el cer­co de Sena­que­rib (701 A.C.) y el peri­o­do total del cer­co de Sena­que­rib has­ta la caí­da de la ciu­dad a manos de Nabu­codonosor (586 A.C.).

      Las dos inva­siones extran­jeras tienen algunos aspec­tos en Común. En tan­to que Sena­que­rib esta­ba cer­can­do Laquis, Eze­quias le envió un gran trib­u­to de pla­ta y de oro, dis­culpán­dose por haber­lo ofen­di­do al rebe­larse con­tra él (2 Rey 19:9; Isa 37:9), mien­tras que esto podría haber lev­an­ta­do fal­sas esper­an­zas y rego­ci­jo entre los judíos,él redobló su esfuer­zo para per­suadir a Eze­quias a some­terse (2 Rey 19:10–13). Tirha­ca demostró ser ten­er una ame­naza no efec­ti­va; fue Jehová quien le dio a Judá la vic­to­ria (2 Rey 19:35–37).

      En el cer­co caldeo del 587–586 A.C., Nabu­codonosor esta­ba pele­an­do con­tra Jerusalén, Laquis, y Aze­ca, las úni­cas ciu­dades de Judá que per­manecían for­ti­fi­cadas (Jer 34:6–7). A la pal­abra de Jehová por medio de Jere­mías, el rey Sede­quías proclamó la lib­er­tad a todos los sier­vos y sier­vas; pero más tarde el dio mar­cha atrás al decre­to y causó que los sier­vos lib­er­a­dos fuer­an suje­tos de nue­vo a sus amos (Jer 34:8–11). Este cam­bio de corazón podría haber sido oca­sion­a­do por el lev­an­tamien­to del cer­co de los caldeos. ¿Por qué fue lev­an­ta­do el cer­co? Jere­mías dice, “Y cuan­do el ejérci­to de faraón había sali­do de Egip­to, y llegó noti­cia de ello a oídos de los caldeos que tenían siti­a­da a Jerusalén, se reti­raron de Jerusalén” (Jer 37:5). Como en el caso de Sena­que­rib, las noti­cias de la aprox­i­mación del ejérci­to egip­cio dio entra­da una fal­sa esper­an­za y una ocasión para el rego­ci­jo. Pero tam­bién como en los días del cer­co de Sena­que­rib, Egip­to no esta­ba para ayu­dar en con­tra de Nabu­codonosor, sino, como Jehová dijo, aque­l­los que subieron fuera de Egip­to para ayu­dar regre­saron a Egip­to a su propia tier­ra (Jer 37:7). Este tiem­po, en lugar de la lib­eración de la ciu­dad, como en los días de Sena­que­rib, Jehová la entregó en las manos de los babilo­nios. Que Isaías 22 puede referirse a los even­tos ya sea del 701 o del 586 hace plau­si­ble el pun­to de vista que el pro­fe­ta está real­mente hablan­do de la deba­cle de Jerusalén durante el peri­o­do gen­er­al total.

Repren­sión del Espíritu de Friv­o­l­i­dad del Pueblo (vers 1–14)

1 La expre­sión el valle de la visión no parece indicar una local­ización geográ­fi­ca en par­tic­u­lar, sino más bien un pueblo cor­ta­do del mun­do (ver Jer 21:13), rodea­da y pro­te­gi­da por las mon­tañas y por Jehová (Sal 125:1–2). Como la mora­da de Jehová, de la que emanan todas las pro­fecías, Jerusalén era el valle de la visión, la sede de la pro­fecía. Los teja­dos eran ter­ra­dos donde el pueblo podría reti­rarse para rela­jarse (2 Sam 11:2), para la ado­ración idol­a­tra (Jer 19:13; Sof 1:5), o para lamen­tarse (Jer 48:38). Ningu­na de estas posi­bil­i­dades parece estar de acuer­do con la acusación del pro­fe­ta; la ado­ración hipócri­ta podría ser parte de lo que ve Isaías, pero las otras pare­cen no ser­lo. ¿Es posi­ble que en esta ocasión el pueblo ten­ga, en un espíritu de fal­sa con­fi­an­za, estarse subi­en­do a sus ter­ra­dos para obser­var la lle­ga­da del ejérci­to? Tal vez ten­emos aquí una descrip­ción del espíritu del pueblo – un espíritu de con­fi­an­za impru­dente frente a la espa­da de Damo­cles. Este espíritu los car­ac­ter­izó a lo largo del peri­o­do total des­de Sena­que­rib has­ta Nabu­codonosor, así como car­ac­ter­izó a Nínive jus­to antes de la destruc­ción que cayó sobre la ciu­dad.

      2 El pueblo de esta ciu­dad tur­bu­len­ta será esclav­iza­do, no en una batal­la o con la espa­da, sino por la hol­ladu­ra del Señor (vers 5), la con­se­cuen­cia de su rec­ha­zo de Jehová. Smith dijo tam­bién bien, “Jerusalén parece ago­b­i­a­do al antic­i­par su lib­eración por el sui­cidio moral” (I. 323).

      3 Los gob­er­nadores y los jue­ces que podrían haber defen­di­do y guia­do al pueblo les fal­larán y serán cap­tura­dos, amar­ra­dos, y lle­va­dos lejos. Esto fue final­mente cumpli­do en la per­sona de Sede­quías cuan­do la nación cayó ante Nabu­codonosor (Jer 52:7–11). La pal­abra de Jehová habla­da en el ini­cio de la his­to­ria judía fue cumpl­i­da (Lev 26:14–45; Deut 28:15–68).

      4 El pro­fe­ta aparta la mira­da de esta ter­ri­ble visión y rev­ela las emo­ciones de su corazón. Él llo­rará afligi­da­mente, aun al pun­to del can­san­cio, no en secre­to, sin que la gente abier­ta­mente podría darse cuen­ta de la gravedad de la pro­fecía. No hay reme­dio para inten­tar con­so­lar­lo; él no puede ser con­so­la­do. La causa: la destruc­ción de la hija de mi pueblo – el pueblo mis­mo. Lo que el pro­fe­ta describe no iba a ser cumpli­do en los días de Sena­que­rib, sino que parece ser un pun­to de vista amplio del espíritu del pueblo que lo llevó final­mente a la destruc­ción bajo Nabu­codonosor.

      5 Frente al espíritu descrito en los vers 1–4, el Señor tiene en reser­va un día en el que habrá alboro­to y der­ro­ta, una hol­ladu­ra que es grande (ver 2:11–12), y per­ple­ji­dad – el pueblo no sabe que hac­er en medio de su con­fusión. Su rego­ci­jo, ya sea la expre­sión de un espíritu gen­er­al a lo largo de todo el peri­o­do (701–586 A.C.) o la reac­ción a un ataque especí­fi­co, debe ter­mi­nar en juicio por parte del Señor; la visión y las pro­fecías del Señor deben ser cumpl­i­das. En el der­rum­bamien­to de las pare­des del muro, el pueblo llo­rará, no a Jehová, su úni­ca fuente de ayu­da, sino a las mon­tañas, las fuerzas nat­u­rales que no pueden ayu­dar.

      6 Isaías ya ha pro­fe­ti­za­do que Elam, un pueblo guer­rero del ori­ente de Babilo­nia que era notable por su uso del arco (Jer 49:34–39), jun­to con Media, traerán la caí­da sobre Babilo­nia (21:2,9). Ellos proveerán tam­bién arqueros, con­duc­tores de cuadri­gas, y caballerías en con­tra de Jerusalén. Kir (no debe ser con­fun­di­do con el Kir de 15:1),sig­nifi­ca “muro,” parece haber esta­do local­iza­do en algún lugar del norte de Elam. Amos habla de Kir como la casa orig­i­nal de los sirios (Amos 9:7), y el lugar a donde Siria sería lle­va­da cau­ti­va (Amos 1:5; 2 Rey 16:9). El pueblo de Elam y de Kir podría haber esta­do tan­to en el ejérci­to de Asiria como de Babilo­nia. Lo que el pro­fe­ta bus­ca enfa­ti­zar, no son las naciones especí­fi­cas, sino la gran dis­tan­cia de donde ven­drían los fieros guer­reros. La rev­elación del escu­do sim­ple­mente indi­ca la cober­tu­ra pro­tec­to­ra del escu­do en preparación para la batal­la.

      7 El pro­fe­ta habla en tiem­po pasa­do, esto es, el proféti­co per­fec­to, como si el even­to hubiera sido ya cumpli­do; porque si Dios dec­re­ta una cosa, es tan cier­to que va a ser hecho como si ya hubiera sido eje­cu­ta­do. Isaías mira los valles escogi­dos y sobre la ciu­dad llena con cuadri­gas. Los jinetes están ante la puer­ta, lis­tos para entrar. Que los valles están llenos indi­ca que las fuerzas tien­den a la con­quista y a la destruc­ción con­sti­tuyen una hueste numerosa.

      8 Y desnudó la cubier­ta de Judá. Está cláusu­la ha sido inter­pre­ta­da de difer­entes for­mas: “la desnudez que hizo que Judá se cegara a la espa­da de Demo­cles” (Delitzsch); “el velo de la igno­ran­cia (ver 25:7)” (Leupold); “todo lo que pro­tegía a la nación de la vergüen­za y de la des­gra­cia ha sido quita­do, así que Jerusalén se mantiene en pie ante el deshon­or” (Young); “la ref­er­en­cia es a Dios que había aparta­do su pro­tec­ción de Jerusalén así que no existía defen­sa ade­cua­da para impe­di a las fuerzas babilóni­cas de lle­var a cabo su vol­un­tad de destruc­ción” (Clements). Yo me incli­no a estar de acuer­do con Clements, porque en lugar de guiar a Su pueblo, Jehová “Extendió una nube por cubierta,/ Y fuego para alum­brar la noche” (Sal 105:39). Esto era un sím­bo­lo de Su pres­en­cia (Sal 78:14; Exo 13:21), lo que Él restau­raría en la Sion red­im­i­da (4:5). Esta pro­tec­ción por parte de Jehová salvó a la ciu­dad del cer­co de Sena­que­rib, pero even­tual­mente fue quita­da cuan­do Nabu­codonosor destruyó la ciu­dad (ver el retiro de la pres­en­cia y de la glo­ria de Jehová en Eze 11:22–25). Con el retiro de la pres­en­cia de Jehová como una cubier­ta, el pueblo fue deja­do solo con sus pro­pios medios – ellos miraron hacia la casa de armas del bosque, el arse­nal lev­an­ta­do por Salomón (1 Rey 7:2; 10:17) donde fueron alma­ce­nadas las armas.

      9–11 Las bre­chas desar­rol­ladas en la ciu­dad de David – tan­to debil­i­dades lit­erales en las mis­mas pare­des  como el decaimien­to del carác­ter moral del pueblo, que habían per­mi­ti­do la glo­ria espir­i­tu­al de Sion para debil­i­tar y man­char. En con­jun­to demasi­a­do tarde ellos empezaron a hac­er esfuer­zos para man­ten­er el cer­co con­struyen­do tan­ques de alma­ce­namien­to de agua entre los muros y con­tan­do las casas, der­riban­do lo que podría ser guarda­do y usan­do las piedras para reparar los muros. Pero esto no era toda la ganan­cia. El error de los pueb­los esta­ba en su fal­la de mirar hacia Jehová, la fuente de pro­tec­ción y de lib­eración, el úni­co que había deter­mi­na­do su destruc­ción si ellos le vol­te­a­ban la espal­da a Él (ver Deut 28:15–68).

      12 Al con­tin­uar con el per­fec­to proféti­co, el pro­fe­ta dice, en este día – el “día de tur­bación” de los vers 5–11 – Jehová llamó al pueblo al arrepen­timien­to. Este arrepen­timien­to iba a encon­trar expre­sión en el llan­to, en las ende­chas, en la desvin­cu­lación del pelo o raparse el cabel­lo, y en vestirse con cili­cio; todas estas acciones demues­tran con­tri­ción del espíritu.

      13 Pero en lugar de arrepen­timien­to, el Señor mira gozo y ale­gría, matan­do vacas y degol­lan­do ove­jas, comien­do carne y bebi­en­do vino. El lla­ma­do pro­du­jo un efec­to opuesto que refle­jó el ver­dadero carác­ter del pueblo. Su acti­tud total era, Comamos y bebamos, porque mañana morire­mos. Delitzsch obser­va, “Esto no impli­ca que ellos sin­tier­an algún plac­er con la idea de la muerte, sino que indi­ca un amor de la vida que se burla de la muerte” (I. 396). Smith dice, “Por la mitad de una cen­turia [durante la pro­fecía de los pro­fe­tas] este pueblo había ado­ra­do a Dios, pero ellos nun­ca habían con­fi­a­do en Él más allá de los límites de su pacto y de su sal­va­guardia” (I. 329). De esta man­era cuan­do eso en lo que ellos creyeron se der­rum­bó, su religión tam­bién se der­rum­bó; ellos aho­ra dieron cabi­da a la disi­pación sen­su­al y a la rebeldía.

      14 La mofa que aten­ta con­tra el cas­ti­go y la apelación de Dios será per­don­a­do; trae la muerte. El Señor Jehová de los ejérci­tos rev­eló a los oídos del pro­fe­ta, este peca­do no os será per­don­a­do has­ta que muráis. El pueblo había cometi­do un peca­do imper­don­able que podría ser expi­a­do solo por la muerte de la nación.

      Como sug­e­r­i­mos en la intro­duc­ción de este capí­tu­lo, el pro­fe­ta no está descri­bi­en­do el cer­co de Jerusalén por ya sea Sena­que­rib o por Nacu­bodonosor, sino la condi­ción gen­er­al del corazón del pueblo entre aque­l­los dos sitios, la apelación urgente de Jehová, y la destruc­ción final de la nación por parte de Babilo­nia.

La Fal­ta de los May­or­do­mos (vers 15–25)

15 Como ha sido obser­va­do por numerosos comen­taris­tas, esta pro­fecía en con­tra de Seb­na es la pro­fecía solo de Isaías con­tra un indi­vid­uo (a menos que con­sid­er­e­mos la parte ante­ri­or de esta sec­ción una pro­fecía con­tra Eli­aquim). Dri­ver sug­iere que Seb­na era prob­a­ble­mente un sirio (p. 102). El ejem­pli­fi­ca el espíritu car­nal del peri­o­do: lujuria, ostentación, y el deseo de glo­ria per­son­al. Aun cuan­do él tuvo un carác­ter históri­co, tam­bién per­son­ifi­ca el espíritu gen­er­al de la ambi­ción políti­ca de ese tiem­po (el espíritu del pueblo durante este perío­do ya ha sido expuesto en los vers 1–14). Seb­na es descrito como el tesorero o may­or­do­mo que está sobre la casa, aparente­mente un ofi­cio de gran impor­tan­cia y enver­gadu­ra, que es orig­i­na­do con la orga­ni­zación de Salomón de su gabi­nete políti­co y con­tin­uó en lo suce­si­vo (1 Rey 4:6; 2 Rey 15:5). La des­ti­tu­ción de Seb­na es aparente en Isa 36:3 y en 37:2, donde él habló de cómo el “escri­ba” o cro­nista, segun­do de Eli­aquim. Si Eli­aquim, que sucedió a Seb­na, no fue de hecho cul­pa­ble de nepo­tismo, él fue por lo menos fuerte­mente adver­tido en con­tra de ello. El nepo­tismo involu­cra ya sea mirar solo por la famil­ia inmedi­a­ta de alguien y no por el bien­es­tar de la mis­ma nación, o per­mi­tir que los miem­bros de una famil­ia ascien­dan por el camino de una posi­ción.

      16 El lengua­je de Isaías indi­ca fuerte oposi­ción mien­tras él viene osada­mente a Seb­na y pre­gun­ta tajan­te­mente, ¿Qué tienes tú aquí, o a quién tienes aquí, que labraste aquí sepul­cro para ti, como el que en lugar alto labra su sepul­tura, o el que esculpe para sí mora­da en una peña? El lengua­je parece retar al dere­cho de Seb­na a man­ten­er en alto el ofi­cio. Al esculpir un memo­r­i­al para si mis­mo, una tum­ba elab­o­ra­da en lugar alto, en un lugar más promi­nente, él ha usa­do extremada­mente mal su ofi­cio. El que se cree que es el din­tel de la tum­ba de Seb­na con­tiene “la ter­cera inscrip­ción mon­u­men­tal más grande en el hebreo arcaico.”[1]

      17 El viejo dicho, “El hom­bre pro­pone, pero Dios dispone,” es ver­dad en el caso de Seb­na. Él había pen­sa­do ser enter­ra­do en Jerusalén en el esplen­dor; Jehová tenía otros planes. La pal­abra de intro­duc­ción He aquí enfa­ti­za la impor­tan­cia de lo que sigue. Como un hom­bre fuerte, Jehová se man­ten­drá firme con­tra él y se lo lan­zará.

      18 Como un vien­to podría enrol­lar un obje­to en una bola que puede ser asi­da, Jehová enrol­lará a Seb­na y lo echará fuera de la tier­ra a una tier­ra exten­sa, un país extran­jero, un país en el que rodará como una bola y morirá. La cláusu­la y allá estarán los car­ros de tu glo­ria se refiere a la ostentación a las man­eras lujosas de Seb­na de mane­jar en la ciu­dad y en el país en car­ros osten­tosos, así hoy uno podría dar más impor­tan­cia a los automóviles lujosos que a hac­er su tra­ba­jo. Él se ha glo­ri­a­do en los car­ros, pero la vergüen­za ven­drá a él como él ha sido la vergüen­za de la casa de su señor. Aun cuan­do no hay reg­istro de cuan­do o a que país fue lle­va­do, sabe­mos que a menos que él se arre­pin­tiera, evi­tan­do entonces el cas­ti­go, él fue segu­ra­mente dester­ra­do.

      19 Una vez más Jehová enfa­ti­za lo que sig­nifi­ca que Él arro­ja a Signa: Y te arro­jaré de tu lugar, y de tu puesto te empu­jaré. Repeti­da­mente es demostra­do enla Escrit­u­ra que Jehová lev­an­tará y envilece a los hom­bres; todos están en Su mano.

      20–21 Cuan­do Jehová des­ti­tuya a Seb­na, Él ten­drá a un hom­bre lis­to para tomar el papel que Seb­na debería haber cumpli­do. Al con­tin­uar dirigién­dose a Seb­na, el Señor habla de Eli­aquim, el hijo de Hilcías, como mi sier­vo, un títu­lo de hon­or que des­igna a alguien que ya era sier­vo de Jehová, habit­ual­mente lle­van­do a cabo la vol­un­tad del Mae­stro. Cuan­do el comi­sion­a­do del rey Eli­aquim se reúne más tarde con Rab­saces (un ofi­cial de alto ran­go en el ejérci­to de Sena­que­rib), él está hablan­do de cómo alguien “sobre la casa” mien­tras que Seb­na es referi­do como el “escri­ba” (36:3; 37:2). Es incier­to si la expre­sión, y lo vestiré de tus vestiduras, y lo ceñiré de tu tal­abarte, que es dirigi­do a Seb­na, se refiere a un tipo par­tic­u­lar de vestidu­ra usa­da por alguien de su ran­go o es una metá­fo­ra – Dios vestirá a Eli­aquim con la posi­ción de nobleza de Seb­na. El cin­turón sug­iere que Eli­aquim será afir­ma­do (o ceñi­do) en el ofi­cio; Jehová dará el poderoso gob­ier­no ejer­ci­do por Seb­na en las manos de Eli­aquim. Además de esto el Señor dice, y será padre al morador de Jerusalén, y a la casa de Judá. Ser un padre al pueblo sug­iere un cuida­do pro­tec­tor ejer­ci­do por amor y tienen que ver con aque­l­los con­fi­a­dos en man­ten­er a alguien. Como José fue un padre para el faraón (Gén 45:8), y Job “a los men­es­terosos era padre” (Job 29:16), así Eli­aquim lo era para el pueblo y para la nación.

      22 Es dudoso si la expre­sión, Y pon­dré la llave de la casa de David sobre su hom­bro, tiene ref­er­en­cia a una llave lit­er­al para el pala­cio del rey o para la ciu­dad; más prob­a­ble­mente se refiere a las respon­s­abil­i­dad para ejercer el poder del ofi­cio con­fi­a­do a él. Su orde­namien­to será final; cuan­do él abre nadie cier­ra, y cuan­do él cier­ra, nadie abre – una indi­cación del poder de su ofi­cio para hac­er deci­siones defin­i­ti­vas. La pro­fecía no parece ser mesiáni­ca, aunque si bien Jesús usó la frase rela­cio­nan­dola con Él mis­mo (Apoc 3:7). Tan­to Jesús como Eli­aquim tienen autori­dad para atar o desa­tar a lo cual nadie tiene el dere­cho de alter­ar. La autori­dad de Jesús es abso­lu­ta; Eli­aquim, sin embar­go, está suje­to al rey.

     23–24 Eli­aquim fue el escogi­do de Jehová para el ofi­cio. Su sier­vo al que Él vestiría con poder y al que Él consignaría la llave de David. En este pun­to Jehová parece estar hablan­do a Seb­na; el resto del capit­u­lo podría estar hablan­do tam­bién a él, pero está defin­i­ti­va­mente hablan­do para el ben­efi­cio de Eli­aquim. Es una adver­ten­cia del ries­go que él encon­trará de su famil­ia. Y lo hin­caré como cla­vo (o clav­i­ja) en lugar firme (seguro). Las clav­i­jas son mane­jadas en pare­des macizas para agar­raderas de vesti­dos o recip­i­entes. Eli­aquim ocu­pará un lugar impor­tante y tiene respon­s­abil­i­dad de que el pueblo se apoye fuerte­mente. Y será por asien­to de hon­ra a la casa de su padre. El hon­or de la casa de su padre, que has­ta la fecha parece haber sido insignif­i­cante, será refle­ja­do en él y atraerá a muchos pari­entes a él. Con­tra esto él está adver­tido de ser un guar­da en todo momen­to. Debido a la glo­ria para él y para la casa de su padre, los hijos y los nietos, lo dig­no y lo indig­no, todos los vasos menores, des­de las tazas has­ta toda clase de jar­ros, des­de las pequeñas copas has­ta las grandes botel­las de vino o las jar­ras, bus­carán jun­tarse ellos mis­mos a él. Ellos bus­carán par­tic­i­par y sacar prove­cho de su hon­or y de su glo­ria col­gán­dose ellos mis­mos sobre él.

      25 Parece del todo improb­a­ble que el pro­fe­ta ten­ga a Seb­na en mente (como algunos sug­ieren), porque Eli­aquim es el cla­vo suje­to en un lugar seguro. No es seguro que Eli­aquim se rindió a la pre­sión de los esfuer­zos de su famil­ia de encum­brarse a la dis­tin­ción sobre las bases de su posi­ción. Él es sim­ple­mente adver­tido del ries­go del nepo­tismo. Es más prob­a­ble que lo que Jehová está acen­tuan­do aquí es que el sis­tema total del que Seb­na y Eli­aquim son parte (algunos sir­ven en este sis­tema hon­or­able­mente y otros deshon­rosa­mente) even­tual­mente ven­drán a un fin. Y la car­ga (ver vers 1) que sobre él se puso se echará a perder; porque Jehová habló. Con la veni­da del Mesías, que recla­mará lo que se le fue dado a Eli­aquim (Apoc 3:7), lo antiguo será quita­do y da for­ma a lo nue­vo. El Mesías ase­gu­rará el reino y todas las cosas de él para Jehová.

      Entonces parece que la car­ga del capí­tu­lo 22 es genéri­co: se ocu­pa de la nación y de la ciu­dad como un todo. Describe el juicio final de Jerusalén (vers 1–14) y el final de todos sus gob­er­nantes, los que no lo con­sid­er­aron y que no son hon­or­ables. Cuan­do el propósi­to de Jehová es cumpli­do en su sier­vo por venir, todo pasará.



[1]  Zon­der­van Pic­to­r­i­al Enci­clo­pe­dia of the bible, vol. 5, p. 381.

Capí­tu­lo 22 El Valle de la Visión, Jerusalén

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  • El Peri­o­do Asirio: Con­flic­to y Vic­to­ria (1–39)
  • Pro­fecías de Juicio en Con­tra de Naciones Indi­vid­uales

(13–23)

El capí­tu­lo 21 con­tiene tres gru­pos de car­gos respec­ti­va­mente con­tra Babilo­nia, Edom, y Ara­bia. Estos son segui­dos por un cuar­to, el car­go en con­tra de Judá (cap 22). La fecha de estos tres car­gos es incier­ta.

Babilo­nia, el desier­to del mar (vers 1–10)

Un breve resumen del tras­fon­do podría ayu­darnos en la inter­pretación de esta pro­fecía bas­tante inusu­al y difí­cil. A la muerte de Salmanas­er V (722 o 721 A.C.) Mero­dac-bal­adan declaró la inde­pen­den­cia de Babilo­nia de Asiria; pero en el 710 A.C. Sargón II guió a una cam­paña exi­tosa con­tra la ciu­dad, quien lo recibió como un lib­er­ta­dor. En el 703 A.C. Mero­dac-bal­adan hizo otra prop­ues­ta por el poder. Sus emba­jadores envi­a­dos para con­grat­u­lar a Eze­quias sobre la recu­peración de una seria enfer­medad podría haber sido un inten­to por ganar ese apoyo del rey (2 Rey 20:12–18; Isa 39) En el 700 A.C. Sena­que­rib armó una ofen­si­va may­or en con­tra de Babilo­nia. Una expe­di­ción más en el 700 A.C. llevó a un ase­dio de nueve meses que resultó en la con­quista y el saqueo de la ciu­dad. Ensegui­da del asesina­to de Sena­que­rib, su hijo Esaradon gob­ernó el impe­rio (681–669 A.C.). Él recon­struyó Babilo­nia y le dio un gob­ier­no algo estable. Pero de nue­vo bro­taron los prob­le­mas entre Asiria y Babilo­nia, cau­san­do que Asur­ba­n­i­pal avan­zará sobre Babilo­nia (651 A.C.) y la acosará por tres años. En la deses­peración el rey de Babilo­nia prendió fuego a su pala­cio y pere­ció en las fla­mas. En el 626 A.C. Nabopalasar, un caudil­lo en Caldea, limpio a Babilo­nia de los asirios y fue nom­bra­do rey. En el 612 A.C., Nínive fue toma­da y destru­i­da. A la muerte de Nabopalasar, su hijo Neb­u­cad­nezar subió al trono. Gob­ernó has­ta el 562 A.C., él hizo de Babilo­nia una de las bel­las ciu­dades del mun­do. Fue su últi­mo rey poderoso. En el 539 A.C. Ciro tomó la ciu­dad. Aunque él no destruyó la ciu­dad, él tra­jo al impe­rio a su fin. Babilo­nia sigu­ió sien­do una ciu­dad de algu­na impor­tan­cia, pero empezó a dec­li­nar lenta­mente. A la muerte de Ale­jan­dro el Grande, que había planea­do recon­stru­ir­la, la dec­li­nación se hizo más ráp­i­da. Nosotros sabe­mos, sin embar­go, que cuan­do el após­tol Pedro escribió su primera epís­to­la, Babilo­nia aun existía (5:13).

La Visión Dura (vers 1–5)

      1 Aunque no es extrav­a­gante en el uso de nom­bres sim­bóli­cos, Isaías los usa oca­sion­al­mente. Por ejem­p­lo, Etiopía es “la tier­ra que hace som­bras con las alas” (18:1); Edom es “Duma” (21:11), que en hebreo es “silen­cio” – el silen­cio de la muerte (Sal 94:17; 115:17); Jerusalén es “Ariel,” ciu­dad donde habitó David (29:1); y Egip­to es “Rahab,” tor­men­ta o arro­gan­cia (30:7). Así aquí Babilo­nia es el desier­to (o tier­ra incul­tivable) del mar. El des­ti­no de destruc­ción de Babilo­nia ha sido ya declar­a­do por el pro­fe­ta (13:20–22; 14:23) y será pos­te­ri­or­mente descri­ta en el capí­tu­lo 47. El sig­nifi­ca­do de la frase se hace algo más claro en el anun­cio de Jere­mías del juicio de Jehová sobre Babilo­nia: “Tú, la que moras sobre muchas aguas…ha venido tu fin” (51:13). Juan dice que las “muchas aguas” en las que la Babilo­nia de su pro­fecía se sien­tan son “pueb­los, muchedum­bres, naciones y lenguas” (Apoc 17:15), que parece ser el sig­nifi­ca­do en Jere­mías. Jere­mías dice más ade­lante “sequedad sobre sus aguas, y se secarán; porque es tier­ra de ído­los, y se enton­te­cen con imá­genes” (50:38), y “subió el mar sobre Babilo­nia; de la mul­ti­tud de sus olas fue cubier­ta. Sus ciu­dades fueron aso­ladas, la tier­ra seca y desier­ta, tier­ra en que no morará nadie, ni pasará por ella hijo de hom­bre” (51:42–43). Una tier­ra incul­tivable o un desier­to podría ser ya sea un lugar seco y des­o­la­do (27:10; Deut 32:10), o un lugar de dis­ci­plina (el desier­to de Sinaí). En este caso el desier­to que será el des­ti­no de Babilo­nia es un lugar baldío y des­o­la­do. Como tor­belli­no del Negueb (del sur), aque­l­los vien­tos fieros fuera de Palesti­na que traían are­na y destruc­ción y con la que los judíos esta­ban total­mente famil­iar­iza­dos, el ago­b­io de Babilo­nia ven­dría del desier­to, de la tier­ra hor­ren­da. Lo que esta­ba por venir era el cumplim­ien­to de las visiones dolorosas o duras del vers 2.

      2 La visión dura declar­a­da por Jehová al pro­fe­ta serán dolorosas en su cumplim­ien­to. Los pre­var­i­cadores que pre­var­i­can, el destruc­tor que destruye, es con prob­a­bil­i­dad Babilo­nia (ver cap 47; Hab 1:5–11; 2:4–19). El tor­belli­no que ven­gará la destruc­ción en ella es Elam y Media (ver 13:17), que esta­ba ya sea al ser­vi­cio de los asirios (ver arri­ba un breve resumen de la his­to­ria) o al ser­vi­cio de Ciro. Este juicio con­tra Babilo­nia causa que el gemi­do de los pueb­los oprim­i­dos, espe­cial­mente Judá, cese; el juicio en con­tra de Babilo­nia provee la lib­eración para el pueblo de Dios.

      3–4 Hay una pre­gun­ta sobre si los sigu­ientes dos ver­sícu­los describe la sim­patía que la visión des­pertó en el pro­fe­ta por el pueblo siti­a­do y destru­i­do o el efec­to físi­co actu­al de la visión sobre él. Sus lomos se han llena­do de dolor; angus­tias como de una mujer en par­to han caí­do sobre él; él está tan dolori­do que no puede oír y tan espan­ta­do que no puede ver. El hor­ror de la visión le ha intim­i­da­do tan­to que su corazón se pas­ma; la noche de su deseo (la pues­ta del sol, el final del día) que él había desea­do para Babilo­nia se le con­vir­tió en espan­to. El efec­to no había sido antic­i­pa­do así por él. Cier­ta­mente no había ale­gría por parte del pro­fe­ta en la antic­i­pa­da destruc­ción de Babilo­nia; él debería haber esta­do lleno con un sen­ti­do de com­pasión por el sufrim­ien­to del próji­mo. No obstante, puesto que otros hom­bres de Dios fueron afec­ta­dos físi­ca­mente por visiones que se les dieron – por ejem­p­lo, Eze­quiel (1:28; 3:23), Daniel (8:27; 10:8–9; 15–17); Saulo de Tar­so (Hech 9:3–9), y Juan (Apoc 1:17) – es del todo posi­ble que Isaías esté descri­bi­en­do los efec­tos físi­cos de la visión sobre él.

      5 El pro­fe­ta regre­sa al ase­dio intro­duci­do en el vers 2. La ciu­dad en ningún modo podría esper­ar un ase­dio o hac­er prepara­ciones para él. Ellos preparan mesas para ban­quete; “ellos extien­den tapices” (al mar­gen) para los ban­quetes para recli­narse; comen, beben en una fal­sa seguri­dad. Entonces viene el lamen­to: ¡Lev­an­taos, oh príncipes, ungid el escu­do!, porque la batal­la está cer­ca; ¡prepárate para el con­flic­to! ¿Isaías tiene a la vista un ase­dio en par­tic­u­lar o var­ios de los ase­dios men­ciona­dos en el resumen de arri­ba? ¿Es una descrip­ción de la caí­da de la ciu­dad a manos del ejérci­to de Ciro (Daniel 5)? ¿O es una descrip­ción gen­er­al que resume los muchos ataques que cul­mi­naron en la destruc­ción final de la ciu­dad? Segu­ra­mente es una descrip­ción vívi­da de la destruc­ción final que vino a la ciu­dad.

El cen­tinela y su mis­ión (vers 6–10)

 

      6 Algu­nas difi­cul­tades son elim­i­nadas si uno mantiene en mente que el con­tex­to es una visión rev­e­la­da al pro­fe­ta. El pro­fe­ta está estable­cien­do a un cen­tinela que, en la visión, puede ver los acon­tec­imien­tos de Caldea y de sus veci­nos aun des­de la fron­tera de Judá a través del desier­to de Ara­bia. El cen­tinela debe repor­tar lo que él ve, man­te­nien­do infor­ma­do al pueblo (o al pro­fe­ta) lo que se está desar­rol­lan­do.

      7 El cen­tinela se le dijo lo que el iba a obser­var: Y vio hom­bres mon­ta­dos, jinetes de dos en dos, cabal­gan­do dos, uno al lado del otro, mon­ta­dos sobre asnos, mon­ta­dos sobre cabal­los; y miró más aten­ta­mente. Estos ani­males no solo eran para cabal­gar y para trans­portar car­gas, eran tam­bién usa­dos para con­fundir a las tropas ene­mi­gas y lan­zar­los a un esta­do de des­or­den. Delitzsch dice, “Entonces Ciro ganó la vic­to­ria sobre los de Lidia por medio del gran número de sus camel­los (Herod. 1.80), y Dario His­taspis la vic­to­ria sobre los de Esci­ta por medio del número de asnos  que él usó (Herod. iv.129)” (I.381). El cen­tinela debe escuchar con aten­ción, esforzarse des­de tem­pra­no, luchar por oír. Pero parece que él ve solo un ejérci­to fan­tas­ma, silen­cioso como la muerte, qui­eto como la noche, movién­dose como som­bras a través del hor­i­zonte. Hay un aire de mis­te­rio alrede­dor de la esce­na; no hay una reseña de a donde van las tropas o de donde vinieron. Solo podemos deducir que es el ejérci­to en su camino para destru­ir Babilo­nia.

      8 Las pal­abras y gritó como un león pre­sen­ta muchas difi­cul­tades. ¿Cuál es su sig­nifi­ca­do? Algunos comen­taris­tas creen que el gri­to del vig­i­lante es como el de un pas­tor que ve a un león aprox­imán­dose. Otros sostienen que cuan­do el cen­tinela ve al ene­mi­go, él gri­ta con el rugi­do de un león como si lo fuera. Algunos pien­san que el cen­tinela está que­ján­dose ante Jehová al igual que con un pequeño gruñi­do: Señor, sobre la ata­laya estoy yo con­tin­u­a­mente de día, y las noches enteras sobre mi guar­da. Young (tam­bién Clements) señalan que la pal­abra león no está pre­sente en los man­u­scritos de los Rol­los del Mar Muer­to de Isaías; con­se­cuente­mente, Young lo omite de su tra­duc­ción. El gri­to, Señor, podría indicar que el cen­tinela es el pro­fe­ta mis­mo repor­tan­do. En cualquier for­ma que inter­prete­mos el ver­sícu­lo, la idea de que el cen­tinela está que­ján­dose ante Jehová es la menos atrac­ti­va.

      9 Al final la vig­ilia del cen­tinela es rec­om­pen­sa­da, porque él mira una tropa de hom­bres y de jinetes. ¿Es esto lo que él iba a bus­car, o es un segun­do con­tin­gente? Es prob­a­ble que está sea la tropa que él esta­ba bus­can­do (vers 6–7). Si es una segun­da tropa, es el ejérci­to vic­to­rioso regre­san­do después del ase­dio a la ciu­dad. De todos mod­os, él oye aque­l­lo por lo que él había esta­do esperan­do: Cayó, cayó Babilo­nia; y con ella caen todos los ído­los de sus dios­es que­bran­tó en tier­ra. Esto no indi­ca nece­sari­a­mente que el con­quis­ta­dor ha destru­i­do las imá­genes, sino que el poder de Jehová ha tri­un­fa­do y que los dios­es sin poder de los grandes reinos paganos han sido traí­dos a la nada – son der­rib­a­dos. Var­ios escritores han sug­eri­do que esta pro­fecía es una pre­moni­ción de los even­tos de los capí­tu­los 40–66 – la caí­da de los ído­los paganos, la lib­eración del pueblo de Dios, y el tri­un­fo de la causa de Jehová. Parece ser todo eso.

     10 Hay una pre­gun­ta sobre si pueblo mío, tril­la­do y aven­ta­do se refiere a Babilo­nia o a Israel. Aunque Jehová colo­ca la declara que toda la tier­ra le per­manece (Deut 10:14; Sal 24:1), y en este sen­ti­do Babilo­nia Le pertenece, y aunque Él habla de la reunión de las naciones (que incluiría a Babilo­nia) en la era (Miq 4:11–13), en este pasaje pueblo mío parece referirse a Judá. Porque Jehová dijo, “La hija de Babilo­nia es como una era cuan­do está de tril­lar; de aquí a poco le ven­drá el tiem­po de la sie­ga” (Jer 51:33). Después de que Jehová haya sido tril­la­da y aven­ta­da por Jehová, y así obten­ga Él su gra­no, el piso (Babilo­nia) será destru­i­da. El pro­fe­ta declara aho­ra que él ha sido autén­ti­co a su comisión; él ha declar­a­do el men­saje tan­to de Babilo­nia como de Judá.

El Ago­b­io de Edom (vers 11–12)

 

      11 Duma, que en hebreo es “silen­cio” (Sal 94:17; 115:17), el silen­cio de la muerte, se refiere a Edom, la tier­ra al sur del Mar Muer­to. Seir es en la opinión de algunos la región mon­tañosa al este de la Ara­bia Wadi y para otros podría ser, o podría incluir, el este mon­tañoso de Ara­bia. Lo últi­mo es prob­a­ble­mente cor­rec­to. Seir y “la tier­ra de Seir” lle­garon a describir la tier­ra de los edomi­tas. Seir, “el monte de Esaú” (Abd 8), parece haber sido para Edom lo que Sión fue para Israel (ver Abd 17). Des­de este monte alguien da voces, Guar­da, ¿qué de la noche? Guar­da, ¿qué de la noche? Ni aquel que da voces ni el guar­da es iden­ti­fi­ca­do; el dar voces sim­boliza la pro­fun­da ansiedad y la mis­e­ria de la nación, en tan­to que el guar­da es el rep­re­sen­tante de Jehová, , el úni­co que puede dar respues­ta a la pre­gun­ta. Recuerde que esto es una visión, no un even­to lit­er­al. Una tra­duc­ción que expre­sa mejor lo rela­ciona­do a esta pre­gun­ta es, “¿Has­ta cuán­do durará la noche? (Smith), o ¿Has­ta donde lle­gará la noche?” (Delitzsch). ¿Cuán­to per­manecerá la noche? Nos recuer­da de alguien que sufre o de una per­sona enfer­ma que, en la inqui­etud de la noche, pre­gun­ta con­tin­u­a­mente que hora es o cuan­to tiem­po fal­ta para que amanez­ca.

      12 La respues­ta es vaga, oscu­ra: La mañana viene, y después la noche – cuan­do viene la mañana, aun será de noche, o seguirá la noche. Cuan­do viene el amanecer, habrá unos pocos rayos de luz por solo un momen­to; seguirá la noche. Edom es un pueblo des­ti­na­do al silen­cio de la noche de la muerte. La sigu­iente fase de la respues­ta es igual­mente oscu­ra: pre­gun­tad si queréis, pre­gun­tad; volved, venid. Edom es una nación que está des­ti­na­da a ser “cor­ta­do para siem­pre” (Abd 10); solo aque­l­los que ten­gan refu­gio en el monte de Sión escaparán (Abd 17). La noche ven­dría después sobre la nación – Asiria, Babilo­nia, Roma – has­ta que final­mente, alrede­dor del tiem­po de la destruc­ción de Jerusalén en el 70 D.C., ellos ya sea que fueron lle­va­dos sin rum­bo o fueron con­duci­dos al desier­to donde se perdieron de vista por com­ple­to. Entonces, si el que pre­gun­ta desea regre­sar, ten­drá que hac­er­lo que hac­er­lo con un corazón cam­bi­a­do, bus­can­do a Jehová enla Sión espir­i­tu­al. De otra for­ma, el silen­cio de la muerte será para siem­pre.

El Ago­b­io sobre Ara­bia (vers 13–17)

 

      13 Ara­bia, que sig­nifi­ca “desier­to” o “estepa,” es el nom­bre dado a la penín­su­la que está al ori­ente de Palesti­na y del Mar Rojo. La penín­su­la más larga en el mun­do, cubre un área de aprox­i­mada­mente un mil­lón de mil­las cuadradas. El pueblo de Ara­bia era cono­ci­do como “los hijos del ori­ente” (Jue 6:3; 7:12), y eran recono­ci­dos por su sabiduría (1 Rey 4:30; Abd 8; Job y sus ami­gos). Es incier­to que tan­to del área es inclu­i­da en la pro­fecía de Isaías, él se está refirien­do prob­a­ble­mente al poniente inmedi­a­to y al área cen­tral y a la sec­ción del norte. El tiem­po fue tal que debido a la guer­ra, prob­a­ble­mente las inva­siones por parte de los asirios, los  cam­i­nantes de Dedán tuvieron que dejar sus rutas de via­je, replegán­dose por refu­gio al área de mator­rales por delante del camino. La local­ización exac­ta de Dedán es incier­ta, pero era prob­a­ble­mente un oasis en el ori­ente dela Ara­bia Cen­tral sobre las rutas com­er­ciales de los pueb­los de Seba, Tema, y Buz.

      14–15 Las condi­ciones eran tales que los con­duc­tores de car­a­vanas no podrían acam­par en lugares y de man­era clara­mente vis­i­bles, así que el pueblo de Tema, cautelosa­mente les traía agua para sus sedi­en­tos y pan para ten­er vida propia. Este era uno de los oasis más grandes en la comar­ca gen­er­al. La razón de la pre­cau­ción es clara­mente indi­ca­da: Porque ante la espa­da huye (plur­al, sugirien­do el flu­jo abru­mador de los inva­sores), ante la espa­da desnu­da, ante el arco ates­ta­do, ante el peso de la batal­la.

      16 Esta ayu­da a los fugi­tivos será cor­ta­da rápi­do. El Señor rev­ela que el tiem­po está cer­ca: De aquí a un año, seme­jante a años de jor­nalero. Esto indi­ca un peri­o­do defin­i­ti­vo, porque el patrón nun­ca deman­da menos, y el emplea­do nun­ca da más, que el tiem­po acor­da­do, un tiem­po exac­to. Toda la glo­ria de Cedar – el poder mil­i­tar, la riqueza, y la influ­en­cia – será desecha. Cedar es nom­bra­da alrede­dor de una doce­na de veces en el Antiguo Tes­ta­men­to. Un pueblo en el norte de Ara­bia, fue en un tiem­po una tribu poderosa, una fuerza a ser con­fronta­da; pero en los con­flic­tos con Asiria y con Babilo­nia fue muy debil­i­ta­da. Lo que el pro­fe­ta tiene a la vista prob­a­ble­mente ocur­rió durante una vez o más de las inva­siones asirias en el poniente.

      17 La glo­ria no será total­mente destru­i­da, sin embar­go, porque el pro­fe­ta pro­cede a decir que los flecheros y los hom­bres mil­i­tar­mente poderosos serán reduci­dos. El des­ti­no de Ara­bia esta­ba garan­ti­za­do, porque Jehová Dios de Israel lo ha dicho. Babilo­nia com­ple­taría lo que Asiria había ini­ci­a­do, porque Jehová diría más tarde a Nabu­codonosor y a su ejérci­to, “Lev­an­taos, sub con­tra Cedar, y destru­id a los hijos del ori­ente” (Jer 49:28). El silen­cio de la muerte descen­dería sobre Ara­bia como lo hizo sobre Edom; la noche ven­dría final­mente.

Capí­tu­lo 21. Babilo­nia, Duma, y Ara­bia

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