Introducción:

I.  Vivi­mos hoy en una sociedad que está llena de hom­bres vio­len­tos. Esta­mos oblig­a­dos a cer­rar nues­tras puer­tas en la noche y nos ase­gu­ramos que todas las ven­tanas estén cer­radas firme y apropi­ada­mente. Cuan­do sal­imos de nue­stros car­ros y vamos a la tien­da o al ban­co o a donde sea que vayamos, debe­mos ase­gu­rarnos que nues­tras puer­tas estén cer­radas. De hecho, debe­mos ase­gu­ramos que nues­tras puer­tas estén cer­radas aun cuan­do esta­mos mane­jan­do. ¿Por qué? Porque hoy vivi­mos en un mun­do nefas­to. Debido a todo esto, en oca­siones gas­ta­mos grandes can­ti­dades de dinero en sis­temas de alar­ma para nues­tras casas, y para nue­stros car­ros. Los padres, obser­van a sus hijos con­stan­te­mente, y nos ase­gu­ramos que alguien en que con­fi­amos está observán­do­los. En la casa ten­emos pasadores de seguri­dad para los gabi­netes infe­ri­ores y las tapas pro­tec­toras para las pastil­las eléc­tri­c­as y así con otras cosas. ¿Por qué gas­ta­mos tan­to dinero y der­rochamos tan­ta energía y esfuer­zo para pro­te­ger las cosas que ten­emos? Les diré por qué. Sim­ple­mente es debido a que hay algu­nas cosas que son tan impor­tantes para nosotros, tan valiosas para nosotros, que son dig­nas de pro­tec­ción.

II.  Entien­da aho­ra, por favor, que mien­tras que hay cosas en este mun­do que nece­si­tan pro­tec­ción a causa de la ame­naza del hom­bre, hay algu­nas cosas que son aun más impor­tantes que nece­si­tan pro­tec­ción debido a la ame­naza del dia­blo. Recuerde aho­ra, el Dia­blo está vivo y acti­vo y él es  el Dia­blo está como león ham­bri­en­to, bus­can­do a quien devo­rar.”  Él es el camino de guer­ra de las mujeres y de los hom­bres, pele­an­do con todo su poder con­tra los cris­tianos de este mun­do. .  Y lo que eso sig­nifi­ca es que están com­pro­meti­dos en una guer­ra real, no de una nat­u­raleza físi­ca, pero no obstante real.

Apoc 12:17 Y el dragón se llenó de ira con­tra la mujer, y se fue a hac­er guer­ra con­tra el resto de la descen­den­cia de ella, los que guardan los man­damien­tos de Dios y tienen el tes­ti­mo­nio de Jesu­cristo.

 

En cualquier guer­ra debe­mos com­pren­der que el ene­mi­go tiene un plan; algún tipo de estrate­gia para ayu­dar­los a ganar la vic­to­ria. Aho­ra usual­mente una parte de esa estrate­gia será inten­ta­da para deter­mi­nar el mejor lugar de ataque den­tro del cam­po ene­mi­go. Esta es un área que si es destru­i­da o debil­i­ta­da traería al ene­mi­go a sus rodil­las, y los guiaría a su der­ro­ta. Aho­ra, yo garan­ti­zo a ust­ed que Satanás puede destru­ir o debil­i­tar, él puede ganar la vic­to­ria sobre una can­ti­dad innu­mer­able de almas. Estas áreas, mujeres y hom­bres, nece­si­tan pro­tec­ción y yo deseo dis­cu­tir tres áreas tales con ust­ed en esta lec­ción.

Lecciones:

 

 

IEl Cam­po de Batal­la de la Mente.

Podría sug­erir­la a ust­ed que Satanás en primer lugar inten­tará atacar a un indi­vid­uo en relación a su mente. Mien­tras Satanás empieza a revis­arnos; mien­tras él empieza a obser­varnos y a tomarnos la medi­da, él inten­tará hac­er algu­na incur­sión en la mente. Él desea con­tro­lar nues­tras mentes. Él desea con­tro­lar nue­stros pen­samien­tos, emo­ciones y acti­tudes. Ust­ed sabe que él conoce que si él puede con­tro­lar o aun influ­en­ciar nue­stros pen­samien­tos, él ganará. Él será vic­to­rioso y para todos los propósi­tos prác­ti­cos ser­e­mos der­ro­ta­dos. Y así el primer paso hacia la vic­to­ria espir­i­tu­al sobre el demo­nio es pro­te­gien­do nues­tras mentes debido a que, como alguien ha dicho, “el ter­ri­to­rio de la vida a través del sac­ri­fi­cio es el cen­tro del asalto satáni­co en nues­tras vidas. En otras pal­abras, si Satanás es capaz de ten­er este camino con nosotros, es porque él ha sido capaz de fil­trarse en algu­na for­ma en nues­tras mentes. Escuche a Pablo hablar sobre el bien­es­tar espir­i­tu­al (2 Cor. 10:4, 5). Una For­t­aleza es “un lugar for­ti­fi­ca­do; “un lugar de seguri­dad o seguro.”  Aho­ra en este tex­to, Pablo está hablan­do sobre las for­t­alezas de la mente que son ocu­padas por Satanás. Había algunos hom­bres impíos e injus­tos en Cor­in­to cul­pa­bles de tales cosas mien­tras dis­putan, mur­mu­ran, son impuros y for­ni­can y Pablo dijo en un lugar que ellos no se arrepen­tirían. ¿Por qué? Porque Satanás for­mó una for­t­aleza en sus mentes, el hizo res­i­den­cia en sus cora­zones. Y solo Satanás lo obtiene, es duro sacar­lo. Es más fácil man­ten­er­lo fuera que sacar­lo una vez que él ha echa­do algu­nas raíces en nue­stro corazón. Así, debe­mos pro­te­ger nues­tras mentes a cualquier cos­to.

¿Cómo pro­tege­mos nues­tras mentes con­tra el ataque de Satanás?

A.    El Estu­dio de la Pal­abra de Dios 

(2 Tim. 2:15). :Pablo dijo, “Procu­ra con dili­gen­cia pre­sen­tarte a Dios aproba­do, cómo obrero que no tiene de que aver­gon­zarse, que usa bien la pal­abra de ver­dad. No hay sufi­ciente espa­cio en nues­tras mentes para que habiten tan­to Dios como Satanás.

Salmos 119:1En mi corazón he guarda­do tus dichos, Para no pecar con­tra tí.

1 Juan 3:Todo aquel que es naci­do de Dios, no prác­ti­ca el peca­do, porque la simiente de Dios per­manece en él, , y no puede pecar, porque es naci­do de Dios.

Col 3:1La pal­abra de Dios more en abun­dan­cia en vosotros, enseñán­doos y exhortán­doos unos a otros en toda sabiduría con salmos e him­nos y cán­ti­cos espir­i­tuales.

 

B.    Enfo­que­mos nues­tras mentes en cosas que son espir­i­tuales en nat­u­raleza.

Esta­mos vivien­do en un mun­do en el que la car­nal­i­dad dom­i­na la mente de la may­oría. Las per­sonas hoy pien­san que ser rico físi­ca­mente es la clave para la feli­ci­dad, y tam­bién muchos cris­tianos están empezan­do a caer en esa cat­e­goría. Ningún cris­tiano debe desear ser rico. No estoy dicien­do que es un error que un cris­tiano sea rico. Estoy dicien­do que no debe ser el enfoque en nues­tra vida como cris­tianos (1Tim. 6:9–10). No es el dinero la raíz de todos los males, es el amor al dinero lo que es el prob­le­ma. Una vez que empezamos a ten­er la acti­tud equiv­o­ca­da hacia el dinero y hacia las riquezas de este mun­do, Satanás empieza a for­jar una for­t­aleza en nues­tras mentes y nues­tras pri­or­i­dades se mez­clan (los males del automóvil del hom­bre van sobre un precipi­cio). Escúcheme: el dinero no es la cosa más impor­tante en la vida, servir a Dios lo es. No ten­go pen­di­ente de cuán­to dinero ten­ga ust­ed, ust­ed no puede encon­trar una relación con Dios en el cajero automáti­co de la esquina y ust­ed no puede com­prar la glo­ria inter­na con una tar­je­ta de crédi­to. Las riquezas no pueden com­prar­le las cosas más impor­tantes de la vida, pero escoger a Dios por enci­ma de las riquezas puede. El escoger a Dios como el Señor de su vida ust­ed obten­drá una heren­cia incor­rupt­ible, e inmarce­si­ble y sin mar­chi­tarse, reser­va­da en el cielo para ust­ed, y que no tiene pre­cio para hom­bres y mujeres. Así pro­te­gi­da su mente por el enfoque de sus pen­samien­tos, no solo sobre las cosas de este mun­do, sino por pon­er nue­stro afec­to sobre tales cosas (1 Ped. 1:13).

C.  No per­mi­ta la basura espir­i­tu­al en nues­tras mentes.

Como cris­tianos hemos sido atra­pa­dos por el dia­blo en el reino del entreten­imien­to más que en el camino de la vida. Como cris­tianos sabe­mos la difer­en­cia entre lo jus­to y lo injus­to, entre lo bueno y lo malo. Hemos estu­di­a­do demasi­a­do para no saber­lo. Sabe­mos lo que le agra­da a Dios y lo que es ofen­si­vo para Él. Y entonces cuan­do obser­va­mos nue­stro pro­pio com­por­tamien­to, nos esforzamos en hac­er lo moral­mente cor­rec­to. Pero el dia­blo nos ha engaña­do para hac­er­nos creer que en la medi­da en que nos com­porte­mos de una man­era pura, está bien per­mi­tir cosas sucias a nue­stros cora­zones por medio de la for­ma de libros, revis­tas y en espe­cial la tele­visión.

Yo no soy alguien que pien­sa que la tele­visión por si mis­ma sea pecaminosa. Pero sé que hay bas­tantes pecaminosas que salen de la tele­visión. ¡Hay bas­tantes cosas pro­fanas, blas­femia, y gestos obscenos en la TV hoy para hac­er que se son­ro­je un sar­gen­to reti­ra­do de la mari­na! Y no obstante con mucha fre­cuen­cia solo nos sen­ta­mos allí, empa­pán­donos de todo en el nom­bre del “entreten­imien­to famil­iar. ” El niño prome­dio verá 20,000 asesinos antes de los 16 años de edad, más miles de esce­nas de cama, 95% de los cuales son entre per­sonas sin casarse. . Un hom­bre describió con mucha pre­cisión, pien­so, a la tele­visión, como la comi­da chatar­ra para el alma. Él dijo, “La comi­da chatar­ra se le da sabor y col­or arti­fi­cial, endulza­da en exce­so y es muy adic­ti­va. Es dañi­no para la salud físi­ca y men­tal y su con­sumo inter­fiere con y aun pri­va a alguien de ben­efi­cios, nutri­ción sana. La tele­visión  es en su may­or parte el equiv­a­lente espir­i­tu­al pre­ciso de la comi­da chatar­ra. El con­tenido total de su pro­gra­ma es la destruc­ción, la desnu­tri­ción, opuesto a la salud men­tal y a la riqueza emo­cional y lleno con el valioso entre­namien­to que es diame­tral­mente opuesto a la salud y a la riqueza social.. Los esti­los de vida y los ide­ales descritos son arti­fi­ciales, cor­rup­tos e inde­seables. De la mis­ma for­ma, la tele­visión es muy adic­ti­va.”

Si alguien hiciera un exa­m­en cuida­doso el con­tenido moral de los pro­gra­mas de tele­visión él vería que ellos refle­jan lo exac­ta­mente opuesto del tipo moral y de los ide­ales como la hace la Bib­lia. Hace un par de años, USA TODAY revisó una sem­ana digna de pro­gra­mación en ABC, CBS, NBC y FOX. Eche una mira­da a los resul­ta­dos: 57 asesinatos, 99 asaltos, 29 automóviles acci­den­ta­dos vio­len­ta­mente, 22 inci­dentes de abu­so de niños, 45  esce­nas de sexo (solo 4 descritas como de het­ero­sex­u­ales casa­dos). Aho­ra deseo que ust­ed note lo que la Bib­lia dice sobre la mente:

Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio” (Sal 51:10).

Sobre toda cosa guarda­da, guar­da tu corazón; Porque de él mana la vida” (Prov 4:23).

Por lo demás, her­manos, todo lo que es ver­dadero, todo lo hon­esto, todo lo jus­to, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nom­bre; si hay vir­tud algu­na, si hay algo dig­no de ala­ban­za, en esto pen­sad” (Fil 4:8).

No le dé al dia­blo una for­t­aleza en su mente. Llénela con la Pal­abra, no con la basura del mun­do. Enfoque su mente en las cosas de Dios. Pro­te­ja su mente de Satanás a cualquier cos­to.

II.     El Cam­po de Batal­la de la Igle­sia Local.

Satanás sabe que en la may­oría de las Igle­sias locales él puede ya sea destru­ir­las en su total­i­dad, o debil­i­tar­las grande­mente, la may­oría de las almas estarán per­di­das. ¡Debe­mos pro­te­ger a la igle­sia! Observe­mos algunos de los peli­gros que enfrentan hoy las Igle­sias locales. Y por medio de que for­ma, estos peli­gros son satáni­cos en su ori­gen, y de Nue­vo for­ma for­t­alezas para el dia­blo.

A)    La For­t­aleza de los fal­sos mae­stros y sus doc­tri­nas.

B)    La For­t­aleza de la indifer­en­cia.

C)    La For­t­aleza de las rela­ciones no sanas o no desar­rol­ladas. 

III.    El Cam­po de Batal­la de la Casa.

El hog­ar ha sido siem­pre muy impor­tante para Dios y debe ser impor­tante para nosotros. Las igle­sias locales deben ser exten­di­das, refle­ján­dose en las casas en los hog­a­res de sus miem­bros. Así, el éxi­to o el fra­ca­so de las igle­sias locales puede casi siem­pre ser traza­da al tipo de hog­a­res que tienen sus miem­bros. Y así, nece­si­ta­mos deter­mi­nar que esta­mos hacien­do para pro­te­ger nue­stros hog­a­res a cualquier cos­to. Hay dos áreas impor­tantes que nece­si­ta­mos pro­te­ger en nue­stros hog­a­res.

A.  Nue­stros Mat­ri­mo­nios Deben Ser Pro­te­gi­dos.

¿Por qué hay muchos mat­ri­mo­nios fra­casa­dos? La ver­dad es que hay muchos motivos. Pero una de las may­ores razones por la que muchos mat­ri­mo­nio están fra­casan­do es que la sociedad ha desar­rol­la­do una filosofía en con­jun­to sobre el mat­ri­mo­nio que es con­traria a la vol­un­tad de Dios. Es una filosofía que gen­eral­mente toma el mat­ri­mo­nio a la lig­era y áni­ma al divor­cio a la primera señal de prob­le­mas. Es una filosofía que mira al mat­ri­mo­nio como un sim­ple con­tra­to que puede ser roto a su anto­jo.

Es más fácil divor­ciar a una esposa con la que he esta­do casa­do por 26 años que des­pedir a alguien que con­traté hace una sem­ana. La per­sona que con­trate tiene más fuerza legal que mi esposa de 26 años de casa­da. Esto es un error.”   –Judge Randall Hekman, President of the Mighigan Family Forum

 Bien, esto es un error, ¿no lo es? Y el hecho del asun­to es que es con­trario a la vol­un­tad de Dios. Observe que Dios no mira al mat­ri­mo­nio como un sim­ple con­tra­to que puede ser roto. Dios mira al mat­ri­mo­nio como un pacto que debe ser per­ma­nente.

Prov 2:16-17 Serás libra­do de la mujer extraña, De la aje­na que hala­ga con sus pal­abras,  17 La cual aban­dona al com­pañero de su juven­tud, Y se olvi­da del pacto de su Dios  New Living Translation

Ezeq 16:8 “Y pasé otra vez jun­to a ti, y te mire, y he aquí que tu tiem­po era tiem­po de amores; y extendí mi mano sobre ti, y cubrí tu desnudez; y te di jura­men­to y entré en pacto con­ti­go, dice JEHOVÁ el Señor, y fuiste Mía.”. New King James Version

Mal 2:1Mas diréis: ¿Por qué? Porque Jehová ha ates­tigua­do entre ti y la mujer de tu juven­tud, con­tra la cual has sido desleal, sien­do ella tu com­pañera, y la mujer de tu pacto. King James Version

 

¿Cómo pro­tege­mos nue­stro mat­ri­mo­nio? Empece­mos por darnos cuen­ta a lo que hemos entra­do, no solo a un con­tra­to civ­il, sino a un pacto que está lig­a­do has­ta la muerte de una de las partes.

La pal­abra “pacto” sig­nifi­ca,    A   formal,   solemne,   y   acuer­do de unión o con­ve­nio.Aho­ra, la pal­abra “lazo”, en espe­cial cuan­do se rela­ciona con un jura­men­to, sig­nifi­ca,  “con­fi­nar o restringir, pon­erse bajo obligación; afer­rarse jun­tos a un caya­do (Merriam-Webster’s 11th Col­le­giate Dic­tio­nary). Así entonces, cuan­do dos per­sonas entran en el mat­ri­mo­nio, ellos están entran­do en un acuer­do de atadu­ra que los pone bajo la obligación de estar jun­tos. Esta es la men­tal­i­dad de un pacto mat­ri­mo­ni­al. Estare­mos lig­a­dos jun­tos. Cuan­do se pre­sen­ta un con­flic­to, ¡estare­mos lig­a­dos jun­tos!  Cuan­do se pre­sen­ten difer­en­cias de opinión, ¡estare­mos lig­a­dos jun­tos! Cuan­do se pre­sen­ten las enfer­medades, ¡estare­mos lig­a­dos jun­tos! Cuan­do inter­fiera la famil­ia, ¡estare­mos lig­a­dos jun­tos! Cuan­do los ami­gos inten­ten sep­a­rarnos, ¡estare­mos lig­a­dos jun­tos! Cuan­do las cir­cun­stan­cias de la vida se vuel­van difí­ciles, ¡estare­mos lig­a­dos jun­tos!  ¿Por qué? Porque hemos entra­do no solo en un con­tra­to civ­il, sino en algo orde­na­do por Dios, insti­tu­i­do por Dios, y un pacto que agra­da a Dios. Este es el fun­da­men­to sobre el que debe­mos con­stru­ir nue­stro mat­ri­mo­nio.

La esposa de un hom­bre tiene Alzheimer y tiene que ser inter­na­da en un asi­lo de ancianos. Cada día el esposo iría al asi­lo de ancianos y dedi­caría tiem­po a su esposa. Él le hablaría, le leería, peinaría su pelo e inten­taría cumplir con sus necesi­dades. Antes que él dejara su cuar­to, le diría que la ama, la besaría y le diría adiós. Él hizo esto día tras día, sem­ana tras sem­ana y mes tras mes. Él nun­ca lo olvidó. Con fre­cuen­cia él le traería flo­res fres­cas.

Después de una de estas vis­i­tas diarias, un grupo de enfer­meras pidieron reunirse con él. Ellas hablaron admi­radas y le dijeron que todas esta­ban impre­sion­adas con su fidel­i­dad y en la for­ma espe­cial en que él cuid­a­ba a su esposa. “Pero deseamos que ust­ed sepa que ust­ed no nece­si­ta venir todos los días a ver a su esposa.,” dijo amable­mente la jefa de enfer­meras. “Ella no sabe que ust­ed está aquí. Su esposa está bien aquí con nosotros, y ust­ed puede hac­er otras cosas con su tiem­po. No hay abso­lu­ta­mente ningu­na necesi­dad de que ust­ed sien­ta que tiene que man­ten­erse vinien­do día tras día.”

El esposo lev­an­tó su cabeza. Las lágri­mas cor­rieron lenta­mente en sus mejil­las. Con una voz ser­e­na él dijo, “Yo sé que ella no sabe que yo estoy aquí, pero sé que ella está aquí, y eso es lo que impor­ta. ¡Ella es mi esposa! Hace cin­cuen­ta años hice un pacto con ella de que nun­ca la aban­donaría o la dejaría y que estaría con ella en la salud y en la enfer­medad. Y yo inten­to man­ten­er ese pacto.”

Per­mí­tame pre­gun­tar­le: si ust­ed está casa­do, ¿ha inten­ta­do guardar el pacto que ust­ed hizo? Yo le diría que ust­ed haga jus­to lo que Dios espera que ust­ed haga (Mat. 19:3–6).

Debe­mos unirnos uno al otro debido a que el mat­ri­mo­nio no es un con­tra­to: es un pacto. Y hay una difer­en­cia entre los dos. Alguien podría pre­gun­tar, ¿cuál es la difer­en­cia entre un con­tra­to y un pacto? Bien, me agra­da que ust­ed pre­gunte. Aho­ra, per­mí­tame decir que en primer lugar que no estoy negan­do el aspec­to civ­il y con­trac­tu­al del mat­ri­mo­nio. Obvi­a­mente des­de el pun­to de vista de la ley humana el mat­ri­mo­nio involu­cra un con­tra­to civ­il. Pero lo que estoy dicién­dole a ust­ed que como cris­tianos temerosos de Dios, debe­mos enten­der el mat­ri­mo­nio, no solo des­de la per­spec­ti­va del hom­bre, sino des­de la per­spec­ti­va de Dios y Dios mira al mat­ri­mo­nio como un pacto sagra­do.

Escúcheme aho­ra: El con­trac­to es sobre tér­mi­nos mien­tras que el pacto es sobre la con­fi­an­za. El con­tra­to es sobre la con­ve­nien­cia mien­tras que el pacto es sobre el carác­ter. El con­tra­to es sobre el recibir mien­tras que el con­tra­to es sobre el dar. El con­tra­to es sobre la legal­i­dad y el apalan­camien­to mien­tras que el pacto es sobre el amor y la leal­tad. Hay, damas y caballeros, una difer­en­cia entre los dos. Y la razón para enten­der el por qué esto es tan impor­tante al mat­ri­mo­nio es debido a la difer­en­cia may­or entre los con­cep­tos de pacto y de con­tra­to tienen que hac­er con acti­tud y men­tal­i­dad. Y como con una gran can­ti­dad de cosas, la men­tal­i­dad de alguien hacia el mat­ri­mo­nio puede hac­er la difer­en­cia entre ten­er un mal mat­ri­mo­nio, un buen mat­ri­mo­nio, o un mag­ní­fi­co mat­ri­mo­nio. Así que, ¿cuál es su pun­to de vista sobre el mat­ri­mo­nio? ¿Su pun­to de vista es el pun­to de vista de con­tra­to o de pacto?

Acti­tudes Con­trastantes

(AMOR LIBRE, Pacto mat­ri­mo­ni­al)

Acti­tud del Con­tra­to 

¡Ust­ed hizo lo mejor! ¿Qué con­si­go?

¿Qué obten­dré?

No es mi respon­s­abil­i­dad.

No es mi cul­pa.

Ire­mos a medias.

Acti­tud del Pacto

¿Cómo podría servir? ¿Qué puedo dar? ¡Lo que obten­ga!

¡Soy feliz de hac­er­lo!

Acep­to la respon­s­abil­i­dad.

Yo daré el 100 %.

B    Nue­stros Hijos Deben Ser Cri­a­dos En La Nutri­ción y Amon­estación del Señor.

Más y más padres están fal­lan­do en esta área. Nece­si­ta­mos ser más como Ana, la cual al nac­er su hijo, lo dio al Señor. Hablan­do en for­ma fig­u­ra­da, debe­mos dar a nue­stros hijos al Señor. Y lo que quiero dar a enten­der con esto es que nece­si­ta­mos cri­ar­los en tal for­ma que ellos vol­un­tari­a­mente, es lo más prob­a­ble, se entre­garán por ellos mis­mos a Dios en el tiem­po apropi­a­do. Aho­ra hay al menos tres for­mas de hac­er esto:: estu­di­ar con ellos, orar con ellos, y ser un buen ejem­p­lo para ellos.

Conclusión:  Así, lo que ust­ed tiene: Tres cam­pos de batal­las en que nece­si­ta pro­tec­ción. La mente, la igle­sia, y el hog­ar. Sin duda Satanás lo ha hecho y con­tin­uará ata­can­do estas áreas. Él sabe que si él puede ganar en estos lugares, muchas almas estarán per­di­das. Debe­mos man­ten­er­nos en la pelea porque estas cosas son dig­nas de pro­tec­ción.

 

Intro­duc­ción:

  1. Para vivir vidas espir­i­tuales apa­sion­adas debe­mos saber en primer lugar quiénes somos y que poseemos.
  2. Como cris­tianos:
    1. Somos hijos de Dios.
    2. Somos libres de con­de­nación.
    3. Somos herederos del reino de los cie­los.
  3. Si reflex­ion­amos sobre una base diaria de los ben­efi­cios que ten­emos en Cristo, entonces ser­e­mos inspi­ra­dos a vivir vidas espir­i­tuales apa­sion­adas.
  4. En esta lec­ción reflex­ionare­mos sobre un aspec­to más de nues­tra vida espir­i­tu­al que ren­o­vará nues­tra pasión sien­do involu­cra­da acti­va­mente en la ado­ración y ala­ban­za diaria.
  5. Estar involu­cra­do en la ado­ración y la ala­ban­za diaria
    1. Si nues­tras vidas son llenadas con la ado­ración y la ala­ban­za, entonces vivire­mos vidas espir­i­tuales  apa­sion­adas y fer­vientes. Si alabamos a Dios a diario, esta­mos en nue­stro camino para lle­gar a ser dis­cípu­los celosos de Cristo…
      1. Después de que la igle­sia fue estable­ci­da en Pen­te­costés, los primeros dis­cípu­los fueron cubier­tos en fuego por el Señor. A través de Hech 4:4, la igle­sia en Jerusalén, que había ini­ci­a­do con 3000 miem­bros había cre­ci­do a 5000 hom­bres. En Hech 5:14, la Bib­lia dice que más y más hom­bres y mujeres creyeron en el Señor y eran aña­di­dos a su número. De acuer­do a var­ios eru­di­tos, se esti­ma que la igle­sia había cre­ci­do a 50,000 o 100,000 miem­bros. La igle­sia crecía como flo­res sil­vestres. ¿Cuál fue el secre­to de ese crec­imien­to? Su secre­to es que ellos tenían una pasión por el Señor.
      2. ¿Cómo CONTINUÓ cre­cien­do la igle­sia prim­i­ti­va para mostrar su pasión por la vida espir­i­tu­al? El secre­to es encon­tra­do en  Hech 2:46–47. Per­se­veran­do unánimes cada día en el tem­p­lo, y par­tien­do el pan en las casas, comían jun­tos con ale­gría y sen­cillez de corazón, ala­ban­do a Dios, y tenien­do favor con todo el pueblo.
      3. Una razón por la que ellos con­tin­uaron tenien­do una pasión por la vida espir­i­tu­al era debido a que ellos alaba­ban a Dios cada día. Ellos alaba­ban a Dios todos los días. Si deseamos vivir vidas espir­i­tuales apa­sion­adas, debe­mos ado­rar a Dios sobre una base diaria.
      4. No obstante que debe­mos ado­rar y alabar a Dios a diario, las estadís­ti­cas mues­tran que muchos cris­tianos no lo están hacien­do.
        1. Exper­tos en el crec­imien­to de la igle­sia esti­man que arri­ba de la mitad de todos los que asis­ten a una igle­sia evangéli­ca en domin­go no ado­ran a Dios en públi­co o en pri­va­do.
        2. Esto sig­nifi­ca que la mitad de todos los que van a la igle­sia no están par­tic­i­pan­do en la ado­ración.
        3. No podría causar asom­bro que los cris­tianos no sean total­mente espir­i­tuales
        4. Si deseamos vivir vidas espir­i­tuales apa­sion­adas debe­mos entonces estar involu­cra­dos en for­ma acti­va en la ado­ración.
        5. Cuan­do ven­i­mos a la igle­sia, debe­mos estar ACTIVAMENTE involu­cra­dos en la ado­ración. Cuan­do can­ta­mos ala­ban­zas al Señor, todos debe­mos estar can­tan­do. Cuan­do oramos debe­mos estar par­tic­i­pan­do todos. El resto de los días, debe­mos estar tam­bién involu­cra­dos acti­va­mente en la ado­ración. La ado­ración no es un even­to al que asis­ti­mos, es un esti­lo de vida. Es una for­ma de vida.
  6. Lo que es la ado­ración
    1. Lit­eral­mente, incli­narse y mostrar rev­er­en­cia.” Ado­rar a Dios es atribuir­le a Él la dig­nidad supre­ma.
    2. La ado­ración es”
      1. La suma de la ado­ración.
      2. La exaltación y la mag­nifi­cación de Dios.
      3. La con­tem­plación de la grandeza de Dios.
      4. La exten­sión de nues­tra apre­ciación más pro­fun­da.
      5. La otor­gación de nues­tra ala­ban­za más del­i­ca­da y mejor.
      6. La cel­e­bración de todas las cel­e­bra­ciones.
      7. La ado­ración es ese acto espe­cial, hecho por nosotros para exal­tar, glo­ri­ficar, mag­nificar, y hon­rar exclu­si­va­mente a Dios.
    3. ¿Por qué debe­mos ado­rar y alabar a Dios?
      1. La ado­ración no es para nosotros, no obstante que el ben­efi­cio es para nosotros. Somos ben­de­ci­dos más allá de cualquier medi­da en el acto de la ado­ración, el obje­ti­vo final es Dios, no nosotros. El enten­der por qué alabamos a Dios nos ayu­dará en nues­tra prác­ti­ca.
      2. He aquí un par de razones por las que ado­ramos a nue­stro Creador:
        1. La ado­ración y la ala­ban­za son deseadas por Dios.
          1. En tan­to que Dios no tiene necesi­dades debido a Su nat­u­raleza, Él tiene deseos. Su máx­i­mo deseo es recibir la ala­ban­za y la ado­ración de nue­stros labios y cora­zones.
          2. Juan 4:23, Jesús dijo, “Más la hora viene, y aho­ra es, cuan­do los ver­daderos ado­radores ado­rarán al Padre en espíritu y en ver­dad; porque tam­bién el Padre tales ado­radores bus­ca que le adoren.”
          3. Dios bus­ca la ado­ración en nues­tra ado­ración. La sigu­iente vez que ust­ed empiece a ado­rar en sus ora­ciones, en su ser­vi­cio de cán­ti­cos, en su ofren­da y en su comu­nión, solo sepa que Él ha esta­do cubrien­do con antic­i­pación y dese­an­do su ado­ración.
          4. Ilus­tración: Cuan­do regre­saron de un via­je misionero y Jeny y Chelsea cor­rieron a darme la bien­veni­da. “¡Que bien­veni­da! Nun­ca me he sen­ti­do tan ama­do.” Eso es lo que Dios siente como cuan­do nosotros Lo recono­ce­mos en la ado­ración.
          5. ¡Ado­ramos a Dios porque Él lo merece!
            1. Salmo 29:1–2; “Atribuid a Jehová, oh hijos de los poderosos. Dad a Jehová la glo­ria y el poder. Dad a Jehová la glo­ria debi­da a su nom­bre; Ado­rad a Jehová en la her­mo­sura de la san­ti­dad.”
            2. La glo­ria es debido a Su nom­bre. Dios nos ha dado tan­to y nece­si­ta­mos dar­le a cam­bio lo que Él merece: nues­tra ado­ración.
            3. Ilus­tración: Joy David­man en Smoke on the Moun­tain, escribe, Hubo una vez un vieji­to. Sus manos tem­bla­ban, cuan­do él comía son­a­ba la platería con angus­tia, olvi­dan­do su boca con su cuchara no tan a menudo, y giró un poco a su comi­da en el man­tel. Aho­ra él vivía con su hijo casa­do, al no ten­er a nadie más con quien vivir, y la mujer de su hijo no le gusta­ba el arreg­lo. “No puedo ten­er esto,” dijo ella. “Inter­fiere con mi dere­cho a la feli­ci­dad.” Así ella y su esposo tomaron al anciano en for­ma gen­til pero firme y lo guiaron a la esquina de la coci­na. Allí lo pusieron ellos sobre un alam­bique y le dieron su comi­da en un cuen­co de bar­ro. Des­de entonces él siem­pre comió en la esquina, parpade­an­do en la mesa con ojos de esper­an­za… Un día sus manos tem­blaron más de lo usu­al y el cuen­co de bar­ro cayó y se rompió. “Si tú eres un puer­co,” dijo la nuera, “debes com­er fuera del come­dor.” Entonces ellos le hicieron un come­dor de madera, y él con­seguía su comi­da en ese lugar.
              1. Cuan­do des­cuidamos la ado­ración y la ala­ban­za a Dios sobre una base diaria, lo esta­mos tratan­do a Él como la esta­ba tratan­do la pare­ja a su padre. Ellos lo arro­jaron fuera y lo trataron sin respeto no obstante que él tuvo el cuida­do de ellos y proveyó para su hijo por muchos, muchos años. Dios ha hecho así mucho por nosotros, Nece­si­ta­mos hon­rar­lo, nece­si­ta­mos hon­rar­lo con nues­tra ado­ración. ¡Él lo merece!

Con­clusión:

  1. Hay otras muchas razones por las que debe­mos ado­rar a Dios. La pre­gun­ta es, ¿cómo nues­tra ado­ración a Dios nos ayu­da a vivir vidas espir­i­tual­mente apa­sion­adas?
  2. Isaías dijo que él había sido ungi­do para otor­gar un “man­to de ale­gría en lugar del espíritu angus­ti­a­do.” (Isaías 61:3)
    1. La pres­en­cia de la ala­ban­za sig­nifi­ca la ausen­cia de fal­ta de esper­an­za, de desán­i­mo y de aba­timien­to. Cuan­do ado­ramos, nue­stros espíri­tus se eleven y nue­stro fal­ta de esper­an­za es der­ro­ta­da.
  3. ¿Cómo vivi­mos vidas espir­i­tuales apa­sion­adas?
    1. En primer lugar, nece­si­ta­mos acep­tar lo que somos y lo que poseemos.
    2. En segun­do lugar, nece­si­ta­mos desar­rol­lar un hábito de ala­ban­za y de ado­ración, no solo los domin­gos en la igle­sia, sino tam­bién en nues­tras devo­ciones pri­vadas, diarias.
  4. Alabamos a Dios por Su propia dig­nidad y glo­ria. No alabamos para obten­er, alabamos para dar. Y no hay nada como el poder y la pres­en­cia de Dios para ayu­darnos a vivir una vida vic­to­riosa de for­ma con­sis­tente.

Descar­gue el ser­món en WORD La Ren­o­vación de su Pasión por la Vida Espir­i­tu­al (2)

¿Es Dios justo?

Romanos 1:16–23

Intro­duc­ción:

  1. Hay una pre­gun­ta que atribu­la a muchas per­sonas, creyentes y no creyentes.  Esta mis­ma pre­gun­ta, por el sim­ple hecho que no han encon­tra­do la respues­ta, ha servi­do como excusa para muchos en no obe­de­cer el evan­ge­lio.  El prob­le­ma sim­ple­mente dicho es este: “¿Es Dios jus­to si Él per­mite que una per­sona que nun­ca ha escucha­do el evan­ge­lio se vaya al infier­no?  ¿Aca­so puede un Dios jus­to  hac­er tal cosa?”
  2. Esta es una pre­gun­ta bue­na.  Y una pre­gun­ta adi­cional sería, ¿Hay otra man­era de sal­vación para aque­l­los que no han escucha­do el evan­ge­lio?  Son bue­nas pre­gun­tas, ¿ver­dad?
    1. Primero, afir­mo que Dios sí es jus­to.
    2. Segun­do, aparte de Cristo no hay otro camino a Dios.  (Juan 14:6; Yo soy el camino…”)
    3. Si alguien puede venir a Dios por otro camino que no sea Cristo, entonces eso hace al Señor un men­tiroso.  Si una per­sona se sal­va por otra man­era entonces Cristo no es nue­stro Sal­vador.
    4. Entonces, sien­do que Cristo declaró en Juan 14:6, que Él es el camino a Dios, ¿cómo podrá Dios ser jus­to y mis­eri­cor­dioso si Él con­denará a todos que no han escucha­do a Cristo pred­i­ca­do?
  3. Pablo nos ofrece una con­testación a este dile­ma.  En Romanos 1:16–23 él nos ofrece cua­tro fac­tores de la jus­ti­cia de Dios.
    1. Porque no me avergüen­zo del evan­ge­lio, pues es el poder de Dios para la sal­vación de todo el que cree; del judío primera­mente y tam­bién del griego. Porque en el evan­ge­lio la jus­ti­cia de Dios se rev­ela por fe y para fe; como está escrito: MAS EL JUSTO POR LA FE VIVIRA. Porque la ira de Dios se rev­ela des­de el cielo con­tra toda impiedad e injus­ti­cia de los hom­bres, que con injus­ti­cia restrin­gen la ver­dad; porque lo que se conoce acer­ca de Dios es evi­dente den­tro de ellos, pues Dios se lo hizo evi­dente. Porque des­de la creación del mun­do, sus atrib­u­tos invis­i­bles, su eter­no poder y divinidad, se han vis­to con toda clar­i­dad, sien­do enten­di­dos por medio de lo crea­do, de man­era que no tienen excusa. Pues aunque conocían a Dios, no le hon­raron como a Dios ni le dieron gra­cias, sino que se hicieron vanos en sus razon­amien­tos y su necio corazón fue entene­bre­ci­do. Pro­fe­san­do ser sabios, se volvieron necios, y cam­biaron la glo­ria del Dios incor­rupt­ible por una ima­gen en for­ma de hom­bre cor­rupt­ible, de aves, de cuadrúpe­dos y de rep­tiles.”
    2. Romanos 1:16–23.….…..descargue el ser­món entero

Es Dios jus­to…descar­gue aquí en WORD

EL LIBRO DE APOCALIPSIS

 

Capí­tu­lo Vein­ti­dos

 

OBJETIVOS EN EL ESTUDIO DE ESTE CAPÍTULO

 

1) Con­sid­er­ar el des­ti­no eter­no de los red­imi­dos, en tér­mi­nos

descrip­tivos de la pro­visión de Dios

 

2) Notar que las cosas rev­e­ladas en este libro iban a pasar pron­to

 

3) Pon­er aten­ción a las prome­sas y adver­ten­cias dadas en cuan­to con­cluye

el libro

 

RESUMEN

 

En el capí­tu­lo pre­vio Juan describió la glo­ria de la nue­va Jerusalén mien­tras el des­ti­no eter­no de los red­imi­dos era rev­e­la­da. En los primeros seis ver­sícu­los de este capí­tu­lo, es com­ple­ta­da la visión de Juan del futuro glo­rioso para el pueblo de Dios con una breve descrip­ción de el río de la vida, y el trono de Dios y del Cordero. Con el río de la vida salien­do des­de el trono, y el árbol de la vida dan­do fru­to cada mes jun­to con sus hojas para sanidad, el cuadro es uno de pro­visión por parte de Dios. La comu­nión eter­na con Dios, enfa­ti­za­da en el capí­tu­lo ante­ri­or (ver 21:3–4,7), es enfa­ti­za­da de nue­vo con la prome­sa de ver Su ros­tro y de ten­er Su nom­bre en la frente. Ya sin ningu­na maldición (ver Gén 3:17–19), el red­imi­do servirá a Dios y al Cordero en el trono. No hay noche ni necesi­dad de sol, porque el Señor Dios les dará luz (ver 21:23). El red­imi­do reinará tam­bién para siem­pre (1–5).

 

El resto de este capí­tu­lo con­tiene la gran con­clusión de este libro mar­avil­loso. El ángel que mostró a Juan la san­ta ciu­dad enfa­tizó que los even­tos descritos en este libro iban a suced­er pron­to, de tal for­ma que Juan no debe sel­l­ar el libro (ver 22:6,10; esto con­trasta con Dan 8:26). El mis­mo Jesús establece tres veces que Él ven­drá pron­to (ver 22:7, 12, 20), la que yo asumo que se refiere a Su veni­da en juicio, el cual es descrito a lo largo de todo este libro (ver 3:10–11). Con un recorda­to­rio de las ben­di­ciones para aque­l­los que hacen Sus man­damien­tos, Jesús, quien es el Alfa y la Omega, el prin­ci­pio y el fin, el primero y el últi­mo, la raíz y el lina­je de David, la estrel­la res­p­lan­de­ciente de la mañana, declara que Él envió a Su ángel para tes­ti­ficar de estas cosas a las igle­sias. El Espíritu y la esposa se jun­tan en una invitación hacia los sedi­en­tos para que ven­gan a tomar del agua de la vida gra­tuita­mente. El libro final­iza con una adver­ten­cia ter­ri­ble de no añadir ni quitar nada del libro, una prome­sa final de la veni­da del Señor, y una doble oración cla­man­do por la veni­da del Señor Jesús, y para que Su gra­cia sea con todos los her­manos (6–22).

 

BOSQUEJO

 

I. EL RÍO, EL ÁRBOL, Y EL TRONO

 

   A. EL RÍO DE LA VIDA (1)

1. Juan mira un río limpio de agua de vida, res­p­lan­de­ciente como

cristal

2. Sale del trono de Dios y del Cordero

 

   B. EL ÁRBOL DE LA VIDA (2)

1. El árbol de la vida esta­ba a uno y otro lado del río

2. El árbol daba doce fru­tos dan­do fru­to cada mes

3. Las hojas eran para la sanidad de las naciones

 

C. EL TRONO DE DIOS Y DEL CORDERO (3–5)

1. Allí no habrá ya maldición, sino que el trono de Dios y del

Cordero estará en ella

2. Sus sier­vos le servirán

a. Verán Su ros­tro

b. Su nom­bre estará en sus frentes

3. Allí ya no habrá noche

a. No nece­si­tan de lám­para o de luz del sol

b. Porque el Señor Dios los ilu­mi­na

4. Reinarán para siem­pre

 

II. LA GRAN CONCLUSIÓN (6–21)

 

    A. EL TIEMPO ESTÁ CERCA, NO SELLAR EL LIBRO (6–11)

1. El ángel le dice a Juan que estas pal­abras son fieles y

ver­daderas

a. El Señor Dios ha envi­a­do a Su ángel para mostrar a Sus

sier­vos las cosas que deberán pasar pron­to

b. El Cordero procla­ma: “¡He aquí, ven­go pron­to! Bien­aven­tu­ra­do

el que guar­da las pal­abras de la pro­fecía de este libro.”

2. Juan inten­ta ado­rar al ángel

a. Él se pos­tra a los pies del ángel que le mostró estas cosas

b. El ángel se lo pro­híbe

1) El ángel es su con­sier­vo, y de sus her­manos los pro­fe­tas

y de aque­l­los que guardan las pal­abras de este libro

2. Juan debe ado­rar a Dios

3. Se le dice a Juan que selle las pal­abras de la pro­fecía de este

Libro

a. Porque el tiem­po está cer­ca

b. El que es injus­to sea injus­to todavía, y el que es inmun­do

sea inmun­do todavía

c. Y el que es jus­to, prac­tique la jus­ti­cia todavía, y el que

es san­to, san­tifíquese cada día

 

B. EL TESTIMONIO DE JESÚS (12–17)

1. Su primera declaración:

a. “He aquí Yo ven­go pron­to”

b. Y mi galardón con­mi­go, para rec­om­pen­sar a cada uno según sea

su obra”

c. “Yo soy el Alfa y la Omega

d. “El prin­ci­pio y el fin, el primero y el últi­mo”

2. La prome­sa:

a. Bien­aven­tu­ra­dos los que guardan Sus man­damien­tos (o lavan

sus ropas)

1) Porque tienen dere­cho al árbol de la vida

2) Porque podrán entrar por las puer­tas a la ciu­dad

b. Los que están fuera de la ciu­dad

1) Son los per­ros, los hechiceros, los for­ni­car­ios, los

homi­ci­das, y los idóla­tras

2) Todo aquel que ama y hace men­ti­ra

3. La segun­da declaración:

a. “Yo Jesús he envi­a­do Mi ángel para daros tes­ti­mo­nio de estas

cosas en las igle­sias”

b. “Yo soy la raíz y el lina­je de David, la estrel­la

res­p­lan­de­ciente de la mañana.”

4. La invitación:

a. El Espíritu y la esposa dicen “Ven”

b. Y el que oye diga “Ven”

– Cualquiera que lo desee, toma del agua de la vida

gra­tuita­mente

 

C. UNA PALABRA DE ADVERTENCIA (18–19)

1. No añadir a las pal­abras de este libro, o Dios traerá sobre él

las pla­gas escritas en él

2. No quitar de las pal­abras de este libro, Dios quitará su parte

de:

a. El libro (o el árbol) de la vida

b. La san­ta ciu­dad

c. Las cosas escritas en este libro

 

D. LA PROMESA CERRADA, LAS ORACIONES FINALES (20–21)

1. La prome­sa de Aquel que tes­ti­fi­ca estas cosas: “Cier­ta­mente

ven­go en breve.”

2. Las dos ora­ciones de Juan:

a. En relación a su Señor: “Amén; si, ven, Señor Jesús”

b. En relación a sus her­manos: “La gra­cia de nue­stro Señor

Jesu­cristo sea con todos vosotros. Amén.”

 

PREGUNTAS DE REVISIÓN DEL CAPÍTULO

 

1) ¿Cuáles son los pun­tos prin­ci­pales de este capí­tu­lo?

- El río, el árbol, y el trono (1–5)

- La gran con­clusión (6–21)

 

2) ¿Qué ve Juan que sale del trono de Dios y del Cordero? (1)

- Un río limpio de agua de vida, res­p­lan­de­ciente como cristal

 

3) ¿Qué está en un lado y el otro del río? (2)

- El árbol de la vida

 

4) ¿Cuán­tos fru­tos dio el árbol y cuan­do? ¿Para qué eran? (2)

- Doce fru­tos, dan­do cada mes su fru­to

- Para la sanidad de las naciones

 

5) ¿Qué no exis­tió ya más? ¿Qué esta­ba en lugar de la ciu­dad? (3)

- No hubo más maldición

- El trono de Dios y del Cordero

 

6) ¿Qué se dijo en relación a los sier­vos de Dios y del Cordero? (3–5)

- Sus sier­vos Le servirían

- Ellos verán Su ros­tro

- Su nom­bre estará en sus frentes

- Ellos reinarán por los sig­los de los sig­los

 

7) ¿Qué se dijo de la noche y de la luz del sol? (5)

- No habrá allí más noche

- No tienen necesi­dad de la luz de lám­para, ni de la luz del sol,

porque Dios el Señor los ilu­mi­nará

 

8) ¿Qué se le dijo a Juan sobre las cosas que ha vis­to? (6)

- “Estas pal­abras son fieles y ver­daderas”

- “Y el Señor, el Dios de los espíri­tus de los pro­fe­tas, ha envi­a­do Su

ángel, para mostrar a Sus sier­vos las cosas que deben suced­er

pron­to.

 

9) ¿Qué prome­sa y con­fi­an­za le es dada en el ver­sícu­lo 7?

- “¡He aquí, ven­go pron­to!”

- “Bien­aven­tu­ra­do el que guar­da las pal­abras de la pro­fecía de este

Libro.”

 

10) ¿Qué inten­tó Juan hac­er cuan­do oyó y vio estas cosas? (8)

- Se postró para ado­rar a los pies del ángel que le mostra­ba estas

cosas

 

11) ¿Qué le dijo el ángel a Juan? (9)

- “Mira, no lo hagas.”

- “Yo soy con­sier­vo tuyo, de tus her­manos los pro­fe­tas, y de los que

guardan las pal­abras de este libro.”

- “Ado­ra a Dios.”

 

12) ¿Qué se le dice a Juan en relación a la pro­fecía de este libro? ¿Por

    qué? (10)

- Que no selle las pal­abras de la pro­fecía de este libro

- Porque el tiem­po está cer­ca

 

13) ¿Qué se le dice del injus­to y del inmun­do? ¿Del jus­to y del san­to?

    (11)

- Que el injus­to sea injus­to todavía

- Que el jus­to sea san­to todavía

 

14) ¿Qué prome­sa y que seguri­dad es dada en el ver­sícu­lo 12?

- “He aquí yo ven­go pron­to”

- “Mi galardón con­mi­go, para rec­om­pen­sar a cada uno según sea su

obra”

 

15) ¿Cómo se describe Jesús a Si mis­mo? (13)

- “Yo soy el Alfa y la Omega, el prin­ci­pio y el fin, el primero y el

últi­mo.”

 

16) ¿Qué ben­di­ción se prom­ete a aque­l­los que hacen Sus man­damien­tos

    (algunos man­u­scritos dicen “los que lavan sus ropas”)? (14)

- Ten­drán dere­cho al árbol de la vida

- Entrarán por las puer­tas de la ciu­dad

 

17) ¿Quiénes estarán fuera de la ciu­dad? (15)

- Los per­ros, los hechiceros, los for­ni­car­ios, los homi­ci­das y los

idol­a­tras

- Todo aquel que ama y hace men­ti­ra

 

18) ¿Por qué Jesús envió a Su ángel? (16)

- Para tes­ti­ficar estas cosas en las igle­sias

 

19) ¿Cómo se describe Jesús a Si mis­mo? (16)

- “Yo soy la raíz y el lina­je de David, la estrel­la res­p­lan­de­ciente

de la mañana.”

 

20) ¿Quién extendió esta invitación? ¿Qué se ofre­ció? (17)

- El Espíritu y la esposa

- A todo aquel que oye

 

21) ¿A quién se extendió esta invitación? ¿Qué se ofre­ció? (17)

- Al que tiene sed

- Tomar del agua de la vida gra­tuita­mente

 

22) ¿Qué adver­ten­cia se da a los que oyen las pal­abras de la pro­fecía de

    este libro? (18–19)

- Si alguno añadiere a estas cosas, Dios traerá sobre él las pla­gas

que están escritas en este libro

- Si alguno quitare de las pal­abras del libro de esta pro­fecía, Dios

quitará su parte del libro (o del árbol) de la vida, y de la san­ta

ciu­dad y de las cosas que están escritas en este libro

 

23) ¿Qué prome­sa es dada por Aquel que tes­ti­fi­ca estas cosas? (20)

- “Cier­ta­mente ven­go en breve.”

 

24) ¿Cuáles dos ora­ciones expre­sa Juan mien­tras él cier­ra el libro?

    (20–21)

- “Amén; si, ven, Señor Jesús”

- “La gra­cia de nue­stro Señor Jesu­cristo sea con todos vosotros.

Amén.”

 

Apoc­alip­sisLec­ción 23. Capí­tu­lo Vein­ti­dos

El aba­timien­to de Elías

1 Reyes 18–19

Intro­duc­ción:  La emo­ción de la vic­to­ria-1 Reyes 18:41–46

  1. Elías acaba­ba de andar como fugi­ti­vo por tres años y aho­ra re-surge vic­to­rioso ante la gente.Elijah-1
    1. Los pro­fe­tas de Baal habían sido der­ro­ta­dos
    2. La exis­ten­cia de Dios ha sido demostra­da de for­ma dramáti­ca ante la gente
    3. Dios con­testó la oración de que lloviera de nue­vo (San­ti­a­go 5:18)
    4. Dios lo infunde con energía mila­grosa para cor­rer más que Acab, y aun lle­ga antes a Jezreel.
  2. La vida nos enseña que el bril­lo de la vic­to­ria suele de ser de cor­ta duración.  Elías esta­ba muy emo­ciona­do por las vic­to­rias que Dios le había dado, pero aho­ra se encuen­tra en una depre­sión demasi­a­da baja.  Debe­mos ten­er mucho cuida­do con las vic­to­rias porque es cuan­do somos los más vul­ner­a­bles.
  3. La agonía de la der­ro­ta-1 Reyes 19:1–10
    1. La ira de Jezabel-19:1–2.  Tal como le sucedió a Faraón, lo mis­mo le ha suce­di­do a Jez­abel, su corazón ha sido endure­ci­do con la demostración de la obra mila­grosa de Dios.  Aun tiene sufi­ciente recur­sos y fuerzas para ame­nazar a Elías.
    2. La solu­ción de Elías: ¡Cor­rer!  No de miedo, pero por estar abati­do.
      1. Se fue a Beerse­ba, deja su sier­vo, luego un día en el desier­to (3–4).  Su oración: “Bas­ta ya, Señor, toma mi vida porque yo no soy mejor que mis padres.”  Después de todo lo que ha hecho Elías, él se siente como un gran fra­ca­so.  La vida a veces nos hace esto.  ¡Elías esta­ba tan abati­do que no podía antic­i­par que un día estu­viera en el Monte de Trans­fig­u­ración con Moisés y Jesús!
      2. Dos veces fue ali­men­ta­do por un ángel/durmió-19:5–7.  El ángel le dijo, “Lev­án­tate, come, porque es muy largo el camino para ti.”  Dios conoce nue­stros límites and nos dará todo lo que nece­si­ta­mos para sopor­tar todos los desafíos grandes de la vida.  En Horeb, el Monte de Sinaí-vs. 8.  Andu­vo de aquí y para allá por el mis­mo desier­to como Moisés/Israel, por 40 días en vez de 40 años.  Dios cui­da de él.
      3. En la cue­va; Dios le pre­gun­ta a Elías sus propósi­tos de por qué a lle­ga­do a la cue­va.  O sea, de por qué está deprim­i­do.  El esta­do de áni­mo de Elías es aba­timien­to, frustra­do, soli­tario e indig­na­do acer­ca de los peca­dos de Israel.  Se siente como un fra­ca­so total.
      4. Todos ten­emos momen­tos de frus­tración y vacío.  Quizás nue­stros hijos nos han decep­ciona­do.  Quizás sen­ti­mos que otros no les impor­ta de Dios.  Quizás sen­ti­mos que la mal­dad e iniq­uidad son demasi­adas fuertes para nosotros poder hac­er una difer­en­cia.  Podemos lle­gar al esta­do de ago­tamien­to y ¡quer­e­mos huir de todo!
      5. La repues­ta medi­da de Dios-1 Reyes 19:11–18
        1. El susurro del­i­ca­do y suave (11–12)
          1. Note que ambos Elías y Moisés esta­ban sobre la mis­ma mon­taña obser­van­do la glo­ria de Dios (Sinaí); después los dos estarán jun­tos en el Monte de Trans­fig­u­ración
          2. Dios mues­tra las mar­avil­las de la nat­u­raleza: vien­to, ter­re­mo­to y fuego-pero Dios no está en ellos.  Luego, un vien­to suave, y susurro del­i­ca­do.
          3. EL PUNTO:  Dios no siem­pre obra por medio de una gran demostración o pro­duc­ción glo­riosa.  Elías pens­a­ba que una vic­to­ria públi­ca lo vin­di­caría a él y a Dios.  Pero no fue así.  Jamás debe­mos olvi­dar esto.  Dios logra la may­oría de Sus dis­eños por medio de gente vivien­do una vida tran­quila en el ser­vi­cio de Dios.
      6. Elías con­tinúa su que­ja (13–14).  Noten el ego de Elías.  Él está muy ensimis­ma­do (absorto en sí mis­mo).  Se le ha olvi­da­do que Dios está en con­trol de todo, que Dios está en el volante.  Se siente que Dios no se ha vin­di­ca­do a Él mis­mo y, que Dios no ha apoy­a­do los esfuer­zos de Elías.  Tam­bién se ha olvi­da­do de Abdías, quien ha escon­di­do fiel­mente a los 100 pro­fe­tas.  (18:3–4)
      7. El tiem­po de tra­ba­jar (15–18).  Dios le ha dado a Elías tiem­po, comi­da y tiem­po de desa­hog­a­rse, pero aho­ra nece­si­ta dis­traerse de sí mis­mo por medio de tra­ba­jo y propósi­to.
        1. Con el hecho de ungir a Haz­a­el y Jehú, Dios está preparan­do para el cas­ti­go de israel, espe­cial­mente la casa de Acab.
        2. Con el hecho de ungir a Eliseo (16) Dios está recono­cien­do que la vida de Elías se está ter­mi­nan­do y que Dios se lo lle­vará en Su pro­pio tiem­po.  Pero no dejará a Su gente sin un líder espir­i­tu­al.
        3. Una nota final:  “No obstante, yo dejaré en Israel siete mil per­sonas que no se han arrodil­la­do ante Baal ni lo han besa­do.” (18)  Dios está en con­trol, nosotros no.  Dios no nos nece­si­ta, sola­mente tra­ba­jamos con Él.  Este sen­tir de soledad espir­i­tu­al fácil­mente puede con­ver­tirse en orgul­lo y san­tur­ronería.  Pen­san­do que, “Nadie sirve a Dios como yo lo hago.”  Debe­mos ten­er cuida­do de no lle­gar a estar abati­do.

Con­clusión:  Ver­dadera­mente Elías “era un hom­bre como nosotros”.  Se dio cuen­ta que no siem­pre es fácil servir a Dios, pero se dedicó a hac­er el tra­ba­jo que Dios le asignó.  Se enfren­tó a los reyes, rec­hazó a la idol­a­tría, alabó y hon­ró a Dios en todo.  Y Dios cuidó de él, y hará lo mis­mo con nosotros.

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EL LIBRO DE APOCALIPSIS

 

Capí­tu­lo Vein­tiuno

 

OBJETIVOS EN EL ESTUDIO DE ESTE CAPÍTULO

 

1) Con­sid­er­ar el des­ti­no eter­no de los red­imi­dos, en tér­mi­nos

descrip­tivos de la comu­nión con Dios y de la pro­tec­ción de Dios

 

2) Asom­bra­dos con la glo­ria de la san­ta ciu­dad, la nue­va Jerusalén, la

esposa del Cordero, como es rev­e­la­do a Juan

 

RESUMEN

 

Ensegui­da de la esce­na del Juicio al final del capí­tu­lo ante­ri­or, el des­ti­no eter­no de los red­imi­dos es rev­e­la­do aho­ra. El moti­vo de un cielo nue­vo y una tier­ra nue­va, jun­to con la nue­va Jerusalén, es usa­da para dar gran esper­an­za y con­sue­lo a los cris­tianos. Esto no es cier­ta­mente nada nue­vo, porque tan­ta el Antiguo como el Nue­vo Tes­ta­men­to dan descrip­ciones sim­i­lares para aumen­tar la expectación del futuro (ver Isa 65:17–25; 66:22–24; Heb 11:10,13–16; 13:14; 2 Ped 3:13). En cada caso, el des­ti­no eter­no de la fidel­i­dad de Dios es descrito en tér­mi­nos que daban el sig­nifi­ca­do y áni­mo más grande al pueblo de esa dis­pen­sación. Aquí vemos el des­ti­no de los red­imi­dos en tér­mi­nos que describen la comu­nión con Dios y la pro­tec­ción de Dios.

 

Juan ve primero todas las cosas hechas nuevas. Hay un cielo nue­vo y una tier­ra nue­va, porque el primer cielo y la primera tier­ra ya no existían más (ver 20:11). Él ve la san­ta ciu­dad, la nue­va Jerusalén, descen­di­en­do del cielo de Dios. Una gran voz del cielo declara que Dios habitará con Su pueblo y será Su Dios. Dios, quien es el Alfa y el Omega, el prin­ci­pio y el fin, con­so­lará a Su pueblo qui­tan­do todo lo que cause dolor, y dará la fuente del agua de la vida gra­tuita­mente a todo el que ten­ga sed. En tan­to que los que ven­cen heredan todas las cosas y dis­fru­tan de las ben­di­ciones de ser hijos de Dios, el pecador y el infiel tienen su parte en el lago de fuego y azufre (ver 19:20; 20:10,14–15) lo cual es definido como la muerte segun­da (1–8).

 

Uno de los siete ánge­les que tenían las siete copas (ver 15:7; 16:1) lle­va entonces a Juan a un monte grande y alto, para mostrar­le a “la desposa­da, la esposa del Cordero”. Esto no es nada menos que la gran ciu­dad, la nue­va Jerusalén”, la que es vista descen­di­en­do del cielo, de Dios. Es una ciu­dad que tiene la glo­ria de Dios, y la may­or parte del capí­tu­lo describe sus ras­gos promi­nentes. Un muro grande y alto rodea a la ciu­dad. Esperan­do de pie 72 yardas de alto y hechas de jaspe, la pared tiene puer­tas celes­tiales sobre las que están los nom­bres de las doce tribus de Israel, con un ángel en cada puer­ta. La pared tiene doce cimien­tos, hechas de piedras pre­ciosas, en las cuales están los nom­bres de los doce após­toles. La ciu­dad mis­ma, hecha de oro puro seme­jante al vidrio limpio, es de 1500 mil­las de largo en su lon­gi­tud, de anchu­ra, y de altura. La calle de la ciu­dad es tam­bién de oro puro, trans­par­ente como vidrio (9–21).

 

La glo­ria de la san­ta ciu­dad es descri­ta más al notar que no hay tem­p­lo, porque el Señor Dios Todopoderoso y el Cordero son su tem­p­lo. No hay necesi­dad del sol ni de la luna, porque la glo­ria de Dios y del Cordero ilu­mi­nan la ciu­dad. Sus puer­tas nun­ca son cer­radas, allí no hay noche, y las naciones de los salvos jun­to con los reyes de la tier­ra traen su hon­or y glo­ria den­tro a ella. Solo aque­l­los escritos en el libro de la vida del Cordero entran a esta ciu­dad glo­riosa, ase­gu­ran­do que per­manece libre de cualquier abom­i­nación e inmundi­cia (22–27).

 

BOSQUEJO

 

I. TODAS LAS COSAS HECHAS NUEVAS (1–8)

 

   A. EL CIELO NUEVO Y LA TIERRA NUEVA (1)

1. Juan ve un cielo nue­vo y una tier­ra nue­va

2. El primer cielo y la nue­va tier­ra pasaron, y el mar ya no

existía más

 

B. LA NUEVA JERUSALÉN (2)

1. Juan vio a la san­ta ciu­dad descen­der del cielo

2. Esta­ba prepara­da como una esposa ador­na­da para su mari­do

 

C. LA PROCLAMACIÓN DESDE EL CIELO (3–4)

1. “El tabernácu­lo de Dios con los hom­bres”

a. “Él morará con ellos; y ellos serán Su pueblo”

b. “Dios mis­mo estará con ellos como su Dios”

2. “Enju­gará Dios toda lágri­ma de los ojos de ellos”

a. “Ya no habrá muerte, ni habrá más llan­to, ni clam­or”

b. Ya no habrá dolor; porque las primeras cosas pasaron”

 

D. LA PROCLAMACIÓN DEL QUE ESTÁ SENTADO EN EL TRONO (5–8)

1. “He aquí, Yo hago nuevas todas las cosas”

a. “Escribe; porque estas pal­abras son fieles y ver­daderas”

b. “Hecho está”

2. “Yo soy el Alfa y la Omega, el prin­ci­pio y el fin”

a. “Al que tuviere sed, yo le daré gra­tuita­mente de la fuente

del agua de la vida”

b. “El que venciere heredará todas las cosas”

1) “Yo seré su Dios”

2) “Él será Mi hijo”

3. “Pero los cobardes e incré­du­los, los abom­inables y homi­ci­das,

los for­ni­car­ios y hechiceros, los idol­a­tras y todos los

men­tirosos…”

a. “Ten­drán su parte en el lago que arde con fuego y azufre”

b. “Que es la muerte segun­da”

 

II. LA NUEVA JERUSALÉN (9–21)

 

    A. SE LE MUESTRA A JUAN LA SANTA CIUDAD (9–11)

1. Porque uno de los siete ánge­les que tenía las siete copas

llenas con las pla­gas postr­eras

a. El cual ofrece mostrar a Juan a “la desposa­da, la esposa del

Cordero”

b. El cual lo llevó en el Espíritu a un monte grande y alto

2. El ve a la gran ciu­dad, la nue­va Jerusalén

a. Descen­der del cielo, de Dios

b. Tenien­do la glo­ria de Dios

 

B. LA CONSTRUCCIÓN DE LA CIUDAD Y DE SU MURO (12–21)

1. Tenía una pared grande y alta con doce puer­tas

a. Con doce ánge­les en las puer­tas

b. Con los nom­bres de las doce tribus de Israel

c. Con tres puer­tas en el ori­ente, norte, sur, y poniente

d. Con doce cimien­tos, en los que esta­ban los nom­bres de los

doce após­toles del Cordero

2. Las medi­das de la ciu­dad, de las puer­tas, y del muro

a. El ángel tenía una caña medir­los

b. La ciu­dad esta estable­ci­da en cuadro, su lon­gi­tud, altura y

anchu­ra son doce mil esta­dios

c. El muro es de cien­to cuarenta y cua­tro mil codos

3. La con­struc­ción de la ciu­dad, del muro, sus cimien­tos, y las

Puer­tas

a. El muro era de jaspe; la ciu­dad era de oro puro, seme­jante

al vidrio limpio

b. Los doce cimien­tos del muro esta­ban ador­na­dos con piedras

pre­ciosas:

1) Jaspe         5) Ónice          9) Topa­cio

2) Zafiro        6) Cor­nali­na      10) Crisopa­so

3) Ága­ta         7) Crisól­i­to      11) Jac­in­to

4) Esmer­al­da     8) Beri­lo         12) Ama­tista

c. Las doce puer­tas eran doce per­las, cada puer­ta una per­la

d. La calle de la ciu­dad era de oro puro, seme­jante a vidrio

trans­par­ente

 

III. LA GLORIA DE LA SANTA CIUDAD (22–27)

 

     A. ILUMINADA POR LA PRESENCIA DE DIOS Y DEL CORDERO (22–23)

1. Su tem­p­lo son el Señor Dios Todopoderoso y el Cordero

2. Es ilu­mi­na­da por la glo­ria de Dios y del Cordero

 

B. RESALTADAS POR LOS QUE ENTRAN (24–27)

1. Las naciones que hubier­an sido sal­vas andarán a la luz de ella

2. Los reyes de la tier­ra traerán su glo­ria y hon­or a ella

3. Sus puer­tas nun­ca serán cer­radas de día, pues allí no habrá

Noche

4. Las naciones lle­varán la glo­ria y la hon­ra a ella

a. No entrará a ella ningu­na cosa inmun­da, o que hace

abom­i­nación y men­ti­ra

b. Solo los que están escritos en el libro de la vida del

Cordero

 

PREGUNTAS DE REVISIÓN PARA EL CAPÍTULO

 

1) ¿Cuáles son los pun­tos prin­ci­pales de este capí­tu­lo?

- Todas las cosas hechas nuevas (1–8)

- La nue­va Jerusalén (9–21)

- La glo­ria de la san­ta ciu­dad (22–27)

 

2) ¿Qué vio Juan? (1)

- Un Nue­vo cielo y una nue­va tier­ra

 

3) ¿Qué le pasó al primer cielo y a la primera tier­ra? ¿Qué del mar? (1)

- Pasaron

- No existía más

 

4) ¿Qué vio Juan descen­der del cielo de Dios? (2)

- La san­ta ciu­dad, la nue­va Jerusalén, descen­der del cielo, de Dios,

dis­pues­ta como una esposa atavi­a­da para su mari­do

 

5) ¿Qué se dijo sobre la mora­da de Dios? (3)

- He aquí el tabernácu­lo de Dios con los hom­bres

- Él morará con ellos; y ellos serán Su pueblo

- Dios mis­mo estará con ellos como Su Dios

 

6) ¿Qué hizo Dios? ¿Qué no habrá más? (4)

- Enju­gará toda lágri­ma de los ojos de ellos

- Muerte, llan­to, clam­or ni dolor

 

7) ¿Qué dijo a Juan en el ver­sícu­lo 5 Él que está en el trono?

- “He aquí, Yo hago nuevas todas las cosas”

- “Escribe; porque estas pal­abras son fieles y ver­daderas”

 

8) ¿Qué dijo Él en el ver­sícu­lo 6?

- “Hecho está”

- “Yo soy el Alfa y la Omega, el prin­ci­pio y el fin”

- “Al que tuviere sed, Yo le daré gra­tuita­mente de la fuente del agua

de la vida”

 

9) ¿Qué se les prom­ete a los vence­dores? (7)

- “Heredará todas las cosas”

- “Yo seré su Dios, y él será Mi hijo”

 

10) ¿Quiénes ten­drán su parte en el lago que arde con fuego y azufre?

    ¿Cómo es lla­ma­do este? (8)

- Los cobardes e incré­du­los, los abom­inables y homi­ci­das, los

for­ni­car­ios y hechiceros, los idóla­tras y todos los men­tirosos

- La muerte segun­da

 

11) ¿Quién ofre­ció mostrar a Juan la desposa­da, la esposa del Cordero?

    (9)

- Uno de los siete ánge­les que tenían las siete copas

 

12) ¿A dónde es lle­va­do Juan, y qué ve? (10)

- A un monte grande y alto

- La gran ciu­dad san­ta de Jerusalén, que descendía del cielo, de Dios

 

13) ¿Cuál era la descrip­ción gen­er­al de la ciu­dad? (11)

- Tiene la glo­ria de Dios

- Su ful­gor era seme­jante al de una piedra pre­ciosísi­ma, como piedra

de jaspe, diá­fana como el cristal

 

14) ¿Qué rode­a­ba a la ciu­dad? (12)

- Un muro alto y grande con doce puer­tas

 

15) ¿Qué per­manecía en cada puer­ta? ¿Qué esta­ba escrito en las puer­tas?

    (12)

- Un ángel

- Los nom­bres de las doce tribus de Israel

 

16) ¿Cuán­tos cimien­tos tenía el muro? ¿Qué esta­ba escrito en los

    cimien­tos? (14)

- Doce

- Los nom­bres de los doce após­toles del Cordero

 

17) ¿Cuál era la lon­gi­tud, la altura, y la anchu­ra de la ciu­dad? (16)

- Doce mil esta­dios (alrede­dor de 1500 mil­las)

 

18) ¿Qué alto tenía el muro? (17)

- 144 codos (alrede­dor de 72 yardas)

 

19) ¿De qué esta­ba con­stru­i­da la pared? ¿De qué la ciu­dad? (18)

- El muro era de jaspe

- La ciu­dad era de oro puro, seme­jante al vidrio limpio

 

20) ¿De qué esta­ban ador­na­dos los cimien­tos de la ciu­dad? (19)

- Con toda piedra pre­ciosa

 

21) ¿De qué eran las doce puer­tas? ¿De qué era la calle de la ciu­dad?

    (21)

- Doce per­las, cada una de las puer­tas era una per­la

- De oro puro, trans­par­ente como vidrio

 

22) ¿Por qué no había tem­p­lo en la ciu­dad? (22)

- El Señor Dios Todopoderoso es el tem­p­lo de ella, y el Cordero

 

23) ¿Por qué no es nece­sario que el sol o la luna la alum­bren? (23)

- La glo­ria de Dios la ilu­mi­na, y el Cordero es su lum­br­era

 

24) ¿Quién cam­i­nará en su luz? ¿Quién le traerá su glo­ria y hon­or? (24)

- Las naciones que hubieren sido sal­vas

- Los reyes de la tier­ra

 

25) ¿Qué nun­ca serán cer­radas de día? ¿Qué acer­ca de la noche? (25)

- Las puer­tas de la ciu­dad

- Allí no habrá noche

 

26) ¿Quién no entrará por ningún moti­vo a la ciu­dad? ¿Quién entrará a la

    ciu­dad? (27)

- Ningu­na cosa inmun­da, o que hace abom­i­nación y men­ti­ra

- Solo los que están inscritos en el libro de la vida del Cordero

Apoc­alip­sisLec­ción 22. Capí­tu­lo Vein­tiuno

Recien­te­mente he tenido ocasión de oír per­sonas que yo esti­mo con­fe­sar que se sien­ten indig­nos.  Y en ver­dad, ha habido oca­siones que tam­bién yo he sen­ti­do eso de mi mis­mo.  Si soy hon­esto, libre­mente con­fieso que fal­to muy lejos en ser la per­sona que anh­elo ser.  Con el após­tol Pablo en Romanos 7, yo tam­bién declaro que muchas veces hago el mal que no quiero hac­er, y el bien que quiero, no lo hago.  Eso me hace un pecador repet­i­ti­vo y en las pal­abras del após­tol Pablo, una per­sona “mis­er­able.”

 

Yo sospe­cho que muchos luchamos o hemos lucha­do con este sen­timien­to.  Algunos luchamos con este sen­timien­to todas nues­tras vidas.  Como padres, a menudo sen­ti­mos que no hemos hecho buen tra­ba­jo – sen­ti­mos que no hemos hecho lo sufi­ciente.  Y como mari­dos o esposas, tam­bién suf­rimos esta tor­tu­ra.  Hace­mos algo necio o las­ti­mamos a nue­stro cónyuge de algu­na man­era, y sen­ti­mos que nue­stro mejor sim­ple­mente no es sufi­ciente.

 

La indig­nidad tam­bién nos afec­ta en nue­stro ser­vi­cio espir­i­tu­al.  Cuan­do las cosas no resul­tan como esperábamos o queríamos, sen­ti­mos que nun­ca podremos ser bas­tante com­pe­tentes.  Hay mucha gente que se ha descal­i­fi­ca­do de servir a Dios porque pien­san que no son sufi­ciente buenos; por algo que han hecho en el pre­sente o en el pasa­do.

 

Los psicól­o­gos prob­a­ble­mente le dirían que sen­timien­tos de desmerec­imien­to no son salud­ables.  Los hom­bres a menudo gas­tan mucho esfuer­zo en tratar de con­vencer­nos de echar fuera sen­timien­tos de despres­ti­gio – que esos sen­timien­tos nos detienen de max­i­mizar nue­stro poten­cial humano.  Pero mi propósi­to en este estu­dio no es max­i­mizar su poten­cial humano.

 

La Bib­lia clara­mente enseña que el poten­cial humano es pecaminoso y cor­rup­to, por cuan­to los designios de la carne son ene­mis­tad con­tra Dios, porque no se suje­tan a la Ley de Dios, ni tam­poco pueden; y los que viv­en según la carne no pueden agradar a Dios.” (Romanos 8:7–8).  La real­i­dad del asun­to es que ten­emos bue­na razón por sen­tirnos indig­nos.  Cubrien­do nue­stros peca­dos e imper­fec­ciones con una capa fini­ta de autoes­ti­ma sim­ple­mente no cor­rige el prob­le­ma.

 

La úni­ca man­era de poder enten­der nue­stro con­flic­to a fon­do nece­si­ta­mos primero enten­der que hay una base bíbli­ca por nue­stros sen­timien­tos de indig­nidad.  El após­tol Pablo escribió, por cuan­to todos pecaron y no alcan­zan la glo­ria de Dios.” (Romanos 3:23).  El pasaje dice “no alcanzan la glo­ria de Dios” en ten­so pre­sente.  No es algo que era ver­dad en un tiem­po y después se cor­rigió, sino es algo que sigue sien­do ver­dad.  Por más que hag­amos siem­pre cae­mos cor­tos de la expec­ta­ti­va – eso es ser humano.

 

Todo el mun­do es cul­pa­ble de no ser per­fec­to.  Job era un hom­bre intach­able, rec­to, temeroso de Dios y aparta­do del mal, sin embar­go declaro, “¿Qué es el hom­bre para que sea puro, o el naci­do de mujer para que sea jus­to?  He aquí, Dios no con­fía en sus san­tos, y ni los cie­los son puros ante sus ojos; ¡cuán­to menos el hom­bre, un ser abom­inable y cor­rompi­do, que bebe como agua la iniq­uidad!” (Job 15:14–16). 

 

San­ti­a­go, que era medio her­mano del Señor, escribió, Porque todos tropezamos de muchas man­eras…” (San­ti­a­go 3:2).  Y el após­tol Juan dijo, Si dec­i­mos que no ten­emos peca­do, nos engañamos a nosotros mis­mos…” (1 Juan 1:8).  Y nosotros no somos mejores que ellos.  Todos hemos men­ti­do.  Todos hemos tenido mal­os pen­samien­tos.  Hemos roba­do, engaña­do, sido infieles, ingratos y…pues, imper­fec­tos por todo el tiem­po que hemos vivi­do.  No podemos evi­tar­lo – es parte de lo que somos. 

 

Para algunos es una parte más grande que otros; pero el pun­to es que todos somos per­sonas caí­das.  Y no impor­ta que tan fuerte trate­mos de hac­er el bien, de ser buenos y de influir a otros a hac­er y ser lo mis­mo, sim­ple­mente no hay man­era de vivir sin hac­er errores.

 

Las acciones más san­tas del san­to más con­sagra­do que haya vivi­do están todas más o menos llenas de defec­tos e imper­fec­ciones.  Las obras más con­sagradas del ser humano son o mal en su moti­vo o defec­tu­osas en su prác­ti­ca.  Las obras más esplen­di­das del hom­bre en sí mis­mas no son más que imper­fec­ciones esplen­di­das, que mere­cen la ira de Dios y la con­de­nación, Todos nosotros somos como el inmun­do, y como trapo de inmundi­cia todas nues­tras obras jus­tas…” (Isaías 64:6).

 

Este es un men­saje muy nece­sario para una gen­eración de cris­tianos que tienen una idea exager­a­da de su propia impor­tan­cia.  Aparte de la gra­cia de Dios, aun nue­stros mejores esfuer­zos son nada más que peca­dos esplen­di­dos.  En mis mejores momen­tos, que son muy pocos, me doy cuen­ta que aun mis mejores esfuer­zos caen den­tro la cat­e­goría de insu­fi­cien­cias esplen­di­das.  Este lado del cielo, todos somos un rau­dal demasi­a­do triste, pero ahí es donde entra la gra­cia de Dios.

 

Nadie se sal­vara por sus obras, no impor­ta cuán esplen­di­das sean.  Nues­tra úni­ca esper­an­za del cielo es de cor­rer hacia la cruz y echar mano de Cristo Jesús.  Todos nece­si­ta­mos la ayu­da div­ina.  Todos nece­si­ta­mos la omnipo­ten­cia de la Dei­dad uni­da para sus­ten­tarnos en nue­stro crec­imien­to espir­i­tu­al.  Aun así, Dios nece­si­ta darnos fuerza para seguir ade­lante y ser fieles.

 

Todos somos pecadores esplen­di­dos, perde­dores adorables, desajus­ta­dos mis­er­ables, y fra­ca­sos fan­tás­ti­cos.  Eso es todo lo que hay en la tier­ra – todos los per­fec­tos están en el cielo.  Los úni­cos en la tier­ra son las per­sonas con defi­cien­cias graves.  El tal­en­to siem­pre ha sido muy esca­so cuan­do se tra­ta de la per­fec­ción moral.  Todo lo que Dios tiene para uti­lizar aquí en la tier­ra somos los imper­fec­tos.

 

En el cielo todos ser­e­mos enorme­mente mejo­ra­dos, pero por lo pron­to somos obras en pro­gre­so.  Todos esta­mos sien­do tra­ba­ja­dos para ser pre­sen­ta­dos sin man­cha delante del trono de Dios (Efe­sios 5:27).  Dios, como un arte­sano, comien­za con una pieza sin for­ma y sin val­or, con una nat­u­raleza débil y pecaminosa, y con labor de amor la trans­for­mara en algo más pre­cioso que el oro.  Pero has­ta entonces, Dios tiene que usar per­sonas muy desagrad­ables que caen cor­tos en muchas man­eras – y Él hace algu­nas cosas increíbles por medio de ellos.

 

Con­sidere la lista de los héroes imper­fec­tos de Dios.  Noé se embor­ra­cho.  Abra­ham mintió en cuan­to a su mujer.  Jacob era un engañador.  Moisés asesino un egip­cio y huyo al desier­to.  Rahab era pros­ti­tu­ta.  San­són tenía prob­le­mas graves con la las­civia y el eno­jo.  David adul­tero y asesino para cubrir su mal.  Pablo perseguía a los cris­tianos.  Pedro negó a Cristo públi­ca­mente.

 

Si Dios esco­giera sólo gente bien ajus­ta­da sin defec­tos de carác­ter, inevitable­mente parte del crédi­to iría a la gente y no a Dios.  Por escoger gente defec­tu­osa con un pasa­do malo, un pre­sente fluc­tu­ante, y un futuro inse­guro, Dios ase­gu­ra que nadie pue­da jac­tarse de sus haz­a­ñas, porque es Él quien hace la obra por ellos.  Dios no tol­era el orgul­lo humano, así que escoge per­sonas que no tienen nada de que jac­tarse.

 

El após­tol Pablo hace esto abun­dan­te­mente claro en 1 Cor­in­tios 1:26–30, Pues con­sid­er­ad, her­manos, vue­stro lla­mamien­to; no hubo muchos sabios con­forme a la carne, ni muchos poderosos, ni muchos nobles; sino que Dios ha escogi­do lo necio del mun­do, para aver­gon­zar a los sabios; y Dios ha escogi­do lo débil del mun­do, para aver­gon­zar a lo que es fuerte; y lo vil y des­pre­ci­a­do del mun­do ha escogi­do Dios; lo que no es, para anu­lar lo que es; para que nadie se jacte delante de Dios.  Mas por obra suya estáis vosotros en Cristo Jesús, el cual se hizo para nosotros sabiduría de Dios, y jus­ti­fi­cación, y san­tifi­cación, y reden­ción, para que, tal como está escrito: EL QUE SE GLORIA, QUE SE GLORIE EN EL SEÑOR.”

 

Pablo comien­za con recor­dar­les lo que eran cuan­do Dios los sal­vo.  La pal­abra “lla­mamien­to” se refiere a cuan­do vinieron a Cristo.  No muchos de ellos vinieron de las cat­e­gorías cul­tas o supe­ri­ores de la sociedad.  No muchos de ellos tenían lo que el mun­do lla­ma “bue­na edu­cación.”  El tér­mi­no “nobles” se tra­duce en el griego como, hon­or­able, moral­mente rec­to, per­sona jus­ta, aristócra­ta.  Por lo gen­er­al, los cor­in­tios no venían de buen nacimien­to o de lina­je “san­gre azul.”

 

En efec­to, Pablo pone un espe­jo enfrente de ellos y dice, “Fíjense bien.  ¿Qué es lo que ven?”  Si eran hon­estos, no veían mucha gente impre­sio­n­ante.  La ver­dad es que la may­oría de ellos eran hom­bres y mujeres comunes, de orí­genes medioc­res, cuya vida había sido com­ple­ta­mente trans­for­ma­da por Jesu­cristo.

Una ver­dad fun­da­men­tal de la Bib­lia es que Dios escoge la gente muy difer­ente que el mun­do.  Dios pre­fiere escoger los débiles en lugar de los fuertes.  Nun­ca ha sido ver­dad que la igle­sia es pobla­da de las cat­e­gorías altas, y aquí y allá incluye unos cuan­tos de las cat­e­gorías bajas.  Lo opuesto es más cer­ca de la ver­dad.  La igle­sia del Señor siem­pre ha con­sis­ti­do de los rec­haz­a­dos del mun­do y incluye  algunos cuan­tos de entre los ricos y poderosos.  Los ricos, poderosos y nobles por lo gen­er­al no creen que nece­si­tan a Dios, pero los rec­haz­a­dos, los viles, los fra­casa­dos, los que­bran­ta­dos sí.

 

Es ele­men­tal que ust­ed reconoz­ca que, “Dios ha escogi­do lo débil del mun­do, para aver­gon­zar a lo que es fuerte; y lo vil y des­pre­ci­a­do del mun­do ha escogi­do Dios; lo que no es para anu­lar lo que es…” (1 Cor­in­tios 1:27–28).  Dios pla­neo el reino de esa man­era.  Y ¿por qué hizo Dios esto?  ¿Con que propósi­to puebla Dios Su igle­sia con lo peor de la humanidad?

 

Clara­mente, “…para que nadie se jacte delante de Dios.” (1 Cor­in­tios 1:29).  Dios quiere que todos los salvos reconoz­can que no por sus propias obras son salvos, “Mas por obra suya estáis vosotros en Cristo Jesús, el cual se hizo para nosotros sabiduría de Dios, y jus­ti­fi­cación, y san­tifi­cación, y reden­ción…” (1 Cor­in­tios 1:30).

 

Nosotros nos sen­ti­mos indig­nos porque somos indig­nos.  Dios nos saco de entre la suciedad y la cor­rup­ción, Y El os dio vida a vosotros, que estabais muer­tos en vue­stros deli­tos y peca­dos, en los cuales andu­vis­teis en otro tiem­po según la cor­ri­ente de este mun­do, con­forme al príncipe de la potes­tad del aire, el espíritu que aho­ra opera en los hijos de des­obe­di­en­cia, entre los cuales tam­bién todos nosotros en otro tiem­po vivíamos en las pasiones de nues­tra carne, sat­is­fa­cien­do los deseos de la carne y de la mente, y éramos por nat­u­raleza hijos de ira, lo mis­mo que los demás.” (Efe­sios 2:1–3).

 

Nosotros somos salvos, no porque somos buenos o mere­ce­dores, sino por el amor de Dios, Pero Dios, que es rico en mis­eri­cor­dia, por causa del gran amor con que nos amó, aun cuan­do estábamos muer­tos en nue­stros deli­tos, nos dio vida jun­ta­mente con Cristo (por gra­cia habéis sido sal­va­dos), y con El nos resucitó, y con El nos sen­tó en los lugares celes­tiales en Cristo Jesús, a fin de poder mostrar en los sig­los venideros las sobre­abun­dantes riquezas de su gra­cia por su bon­dad para con nosotros en Cristo Jesús. Porque por gra­cia habéis sido sal­va­dos por medio de la fe, y esto no de vosotros, sino que es don de Dios; no por obras, para que nadie se glo­ríe.” (Efe­sios 2:4–9).

 

Nosotros somos pecadores a quienes se les ha hecho un favor tremen­do de ser cat­e­go­riza­dos entre los jus­tos sin mere­cer­lo.  Somos trata­dos como hijos de Dios, sin ten­er las cual­i­fi­ca­ciones para ser hijos de Dios.  Es car­di­nal que nun­ca olvide esta ver­dad div­ina.  En la vida espir­i­tu­al, es muy salud­able recor­dar cómo era la vida antes de cono­cer a Cristo.  Si puede recor­dar de donde comen­zó, apre­cia­ra mucho más la gra­cia de Dios que le ha traí­do a donde está hoy.

 

Nosotros somos esen­cial­mente gente car­nal – la nue­va creación es un cam­bio espir­i­tu­al úni­ca­mente, no físi­co o men­tal.  Dios limpio nue­stro espíritu de la cul­pa­bil­i­dad y con­de­nación, pero no la nat­u­raleza físi­ca.  Esta­mos en el pro­ce­so de trasfor­ma­ción, pero la obra no está com­ple­ta todavía, estando per­sua­di­do de esto, que el que comen­zó en vosotros la bue­na obra la per­fec­cionaráhas­ta el día de Jesu­cristo.”  (Fil­ipens­es 1:6).

 

Cuan­do la Bib­lia dice que somos “nuevas criat­uras” no quiere decir que somos hechos nuevos físi­ca­mente, men­tal­mente o emo­cional­mente.  Todavía ten­emos el mis­mo col­or de cabel­lo, la mis­ma estatu­ra, el mis­mo col­or de piel, etc.  Algunos somos calvos, gor­dos, fla­cos, mus­cu­losos, débiles, etc., y esto no cam­bia con el nue­vo nacimien­to.  Y lo mis­mo es ver­dad en cuan­to nues­tra mente – todavía ten­emos los mis­mos temores, malas acti­tudes, dudas, deseos y pen­samien­tos.

 

Es muy impor­tante recono­cer esta ver­dad, porque es donde muchos fra­casan y nun­ca se desar­rol­lan en la vida abun­dante.  ¡El nacimien­to nue­vo es espir­i­tu­al sola­mente, y no físi­co o men­tal!  Eso quiere decir que el peca­do todavía existe en nue­stros cuer­pos y nues­tras mentes.  Nosotros ten­emos que luchar y dom­i­nar el peca­do en nue­stros cuer­pos y mentes todos los días.

Y esa lucha incluye tropiezos y caí­das de muchas man­eras; incluye adver­si­dad y tenta­ciones que nos pro­baran has­ta lo últi­mo.   Todavía hay mucho mal en cada uno de nosotros, nadie ha lle­ga­do al niv­el que puede sen­tirse com­ple­ta­mente sin cul­pa.  Todos ten­emos cosas en nues­tras vidas de que nos aver­gon­zamos y que nos debil­i­tan (las­civia, avari­cia, glo­ton­ería), y es a esas cosas que Satanás apela para hac­er­nos sen­tir indig­nos con el propósi­to de desco­ra­zonarnos y no sig­amos tratan­do.  Satanás usa nues­tras propias debil­i­dades e igno­ran­cias para desan­i­marnos.

 

Todos nosotros hemos fal­la­do en una man­era u otra, “Si dec­i­mos que no ten­emos peca­do, nos engañamos a nosotros mis­mos…”  Todos calle­mos cor­tos de las expecta­ciones de Dios en el pro­ce­so de vivir.  Todos exper­i­men­ta­mos tenta­ciones en una for­ma u otra, y la may­oría de la veces – ¡ojalá! – ten­emos bas­tante pres­en­cia men­tal para huir, pero en vez y en cuan­do cae­mos víc­ti­mas al engaño sutil de la tentación.  Eso es cuan­do Satanás nos acusa y nos hace sen­tir cul­pa­bles y indig­nos.

 

Satanás sig­nifi­ca adver­sario y dia­blo sig­nifi­ca fal­so acu­sador, y esa es su tarea prin­ci­pal, Entonces me mostró al sumo sac­er­dote Josué, que esta­ba delante del ángel del SEÑOR; y Satanás esta­ba a su derecha para acusar­lo.” (Zacarías 3:1).  Esto tam­bién es con­fir­ma­do en el Nue­vo Tes­ta­men­to, “Y oí una gran voz en el cielo, que decía: Aho­ra ha venido la sal­vación, el poder y el reino de nue­stro Dios y la autori­dad de su Cristo, porque el acu­sador de nue­stros her­manos, el que los acusa delante de nue­stro Dios día y noche, ha sido arro­ja­do.” (Apoc. 12:10).

 

Cristo dijo que Satanás es men­tiroso y padre de la men­ti­ra, …Cuan­do habla men­ti­ra, habla de su propia nat­u­raleza, porque es men­tiroso y el padre de la men­ti­ra.” (Juan 8:44).  Y una de sus men­ti­ras más destruc­ti­vas es que no servi­mos para nada porque somos indig­nos, a pesar de lo que Dios haya hecho o dicho.  Así que aho­ra nos diri­gire­mos a esta men­ti­ra.

 

Si esta men­ti­ra le está afectan­do a ust­ed entonces está impi­di­en­do que ust­ed haga la vol­un­tad de Dios.  Le está impi­di­en­do ser la per­sona que Dios quiere que ust­ed sea.  Cuan­do nosotros acep­ta­mos algo que sabe­mos que es con­trario a la vol­un­tad de Dios, Satanás usa eso para estable­cer sus for­t­alezas en nosotros, “Para que no seamos engaña­dos de Satanás: pues no igno­ramos sus maquina­ciones.” (2 Cor­in­tios 2:11).  Es vital para su salud espir­i­tu­al que ven­za esa men­ti­ra con la ver­dad de Dios.

 

A pesar de todo lo que ust­ed sien­ta, a pesar de lo que exper­i­mente en la vida, a pesar de lo que otros le digan, a pesar de que en vez y en cuan­do su con­duc­ta refle­je más la vida vie­ja que la vida nue­va en Cristo, Dios ha dicho que ust­ed pertenece a Él, Pues no habéis recibido un espíritu de esclav­i­tud para volver otra vez al temor, sino que habéis recibido un espíritu de adop­ción como hijos, por el cual cla­mamos: ¡Abba, Padre!  El Espíritu mis­mo da tes­ti­mo­nio a nue­stro espíritu de que somos hijos de Dios, y si hijos, tam­bién herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si en ver­dad pade­ce­mos con El a fin de que tam­bién seamos glo­ri­fi­ca­dos con El.” (Romanos 8:15–17).

 

En los ojos de Dios, su vida vie­ja ya murió – ust­ed es una nue­va creación, tiene un corazón nue­vo.  Ust­ed tiene un nue­vo Espíritu – el Espíritu de Dios.  Para Dios ust­ed es una per­sona nue­va.  Así que deje que su mente sea ren­o­va­da por la ver­dad de Dios.  Nosotros sacamos nue­stro mer­i­to y val­or de lo que Dios dice de nosotros, y de nadie más.  ¡Nosotros somos valiosos porque Dios dice que somos!

 

Satanás usara sus pro­pios pen­samien­tos y sen­timien­tos, usara su padre y madre y her­manos y mari­do y esposa y ami­gos, así como ene­mi­gos, para hac­er­le creer la men­ti­ra que es inservi­ble, ¡pero no se crea!  Ni Satanás, ni su padre o madre o her­manos, ni su mari­do o esposa, ni sus ami­gos murieron en la cruz por ust­ed más que Cristo.

 

Es Él a quien debe ust­ed agradar y acud­ir y con­fe­sar sus peca­dos, y nadie más, Entonces, ¿qué dire­mos a esto?  Si Dios está por nosotros, ¿quién estará con­tra nosotros?  El que no exim­ió ni a su pro­pio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos con­ced­erá tam­bién con El todas las cosas?  ¿Quién acusará a los escogi­dos de Dios?  Dios es el que jus­ti­fi­ca.  ¿Quién es el que con­de­na?  Cristo Jesús es el que murió, sí, más aún, el que resucitó, el que además está a la dies­tra de Dios, el que tam­bién inter­cede por nosotros.” (Romanos 8:31–34).

 

Cuan­do ust­ed tro­piece, porque de cier­to tropezara.  Cuan­do diga o haga algo que ust­ed sabe que es mal; o cuan­do falte en hac­er el bien que debe hac­er.  Cuan­do por razón bue­na se sien­ta indig­no o indigna, cuan­do sien­ta que no merece ser un sier­vo o sier­va de Dios.  Cuan­do se sien­ta inútil, vil, cul­pa­ble, y des­pre­cia­ble, y esté ple­na­mente con­sciente de mal que hizo para sen­tirse así, arrepién­tase de pron­to – inmedi­ata­mente.

 

No lo niegue, nun­ca se encapriche, no pre­ten­da igno­ran­cia – con­fiese su mala con­duc­ta al Señor.  Éch­ese de rodil­las en oración y ruego, y pida perdón y limpieza de su peca­do.  Hable con su Dios como hablaría con su pro­pio padre.  No trate de ser afec­ta­do o políti­co con Él, desen­vuel­va su corazón delante de Él.

 

No se defien­da, no se jus­ti­fique, no pon­ga escusas, sólo exp­rese su corazón ante su Padre celes­tial.  Admi­ta su indig­nidad, ruegue por mis­eri­cor­dia, no por jus­ti­fi­cación.  Recuerde tam­bién que el Espíritu de Dios no acusa sino per­suade y con­vence por Escrit­u­ra y con manse­dum­bre, pero Satanás sólo acusa mali­ciosa­mente sin sal­i­da o aliv­io.

 

Apren­da del rey David, Ten piedad de mí, oh Dios, con­forme a tu mis­eri­cor­dia; con­forme a lo inmen­so de tu com­pasión, bor­ra mis trans­gre­siones.  Lávame por com­ple­to de mi mal­dad, y límpiame de mi peca­do.  Porque yo reconoz­co mis trans­gre­siones, y mi peca­do está siem­pre delante de mí.  Con­tra ti, con­tra ti sólo he peca­do, y he hecho lo malo delante de tus ojos, de man­era que eres jus­to cuan­do hablas, y sin reproche cuan­do juz­gas.  He aquí, yo nací en iniq­uidad, y en peca­do me con­cibió mi madre.  He aquí, tú deseas la ver­dad en lo más ínti­mo, y en lo secre­to me harás cono­cer sabiduría.  Purifí­came con hisopo, y seré limpio; lávame, y seré más blan­co que la nieve.  Hazme oír gozo y ale­gría; que se rego­ci­jen los hue­sos que has que­bran­ta­do.  Esconde tu ros­tro de mis peca­dos, y bor­ra todas mis iniq­uidades.  Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, y renue­va un espíritu rec­to den­tro de mí.  No me ech­es de tu pres­en­cia, y no quites de mí tu san­to Espíritu.  Restitúyeme el gozo de tu sal­vación, y sosten­me con un espíritu de poder.” (Salmos 51:1–12).

 

Es impor­tante que ten­ga en mente que Dios sabe quién es ust­ed.  Él sabe que ust­ed es débil, y que la tentación es agu­da a veces, porque Cristo exper­i­men­to lo mis­mo.  Él entiende que todos somos propen­sos al peca­do.  Dios sólo quiere que seamos sin­ceros y ver­daderos, que no nos escon­damos de Él como Adán y Eva, que no pre­tendamos igno­ran­cia como Caín.

 

Él quiere saber que ver­dadera­mente odi­amos el mal que hace­mos, que no amamos las tinieblas más que la luz, que ver­dadera­mente quer­e­mos cam­i­nar con Él en la luz, pero que a veces somos muy débiles.  Dios quiere saber qué deplo­ramos el mal; que lamen­ta­mos nue­stro esta­do car­nal; que odi­amos las cosas mun­danas.  Dios quiere que busque­mos Su ros­tro y Su pres­en­cia – eso Dios no rec­haza, Los sac­ri­fi­cios de Dios son el espíritu con­tri­to; al corazón con­tri­to y humil­la­do, oh Dios, no des­pre­cia­rás.” Salmos 51:17).

 

Y habi­en­do hecho todo lo que la pal­abra de Dios le dice que haga; cuan­do haya hecho todo lo que está de su parte para rec­on­cil­iarse con su Dios, entonces ten­ga la fe para creer que Él ha oído y per­don­a­do su peca­do.  Deje de sen­tirse indig­no o indigna – perdó­nese a sí mis­mo.  No se con­suma por demasi­a­da tris­teza y así deje que Satanás saque ven­ta­ja algu­na de ust­ed (2 Cor­in­tios 2:7).

 

Per­donarse a sí mis­mo es muy impor­tante en poder influ­en­ciar a otros para el bien.  Es un hecho bien doc­u­men­ta­do que gente que duele hacen a otros dol­er.  Cuan­to más tiem­po evite per­donarse a sí, cuan­to más tiem­po per­mi­tirá sen­timien­tos que ust­ed merece sufrir por lo que hizo, lo más explo­si­vo o explo­si­va se volverá y, por lo tan­to, más capaz es de las­ti­mar a otros.

 

La real­i­dad es que ust­ed no puede cam­biar lo que sucedió.  Ust­ed no puede restau­rar las vidas a donde esta­ban antes que sucediera el even­to.  No obstante, ust­ed si puede hac­er una difer­en­cia en la vida de otros.  Ust­ed puede devolver algo de lo que les quito por hal­lar un lugar difer­ente en donde inver­tir su tiem­po y com­pasión.  ¡Perdó­nese a sí y deje que comience la curación!  Per­donarse a si cam­biara la direc­ción de su vida.

 

Deje de creer que los sen­timien­tos de Dios para ust­ed están basa­dos en que tan bueno o bue­na ha sido.  La real­i­dad es que, por causa de Cristo, nues­tra con­duc­ta pasa­da no tiene base en como Dios nos tra­ta.  Dios acep­ta per­sonas, no por el tamaño de sus peca­dos o por la can­ti­dad de sus bue­nas obras, pero por la grandeza del sac­ri­fi­cio de Cristo.

 

Cristo sufrió para que nues­tras fal­tas pudier­an desa­pare­cerse en un instante.  Todo lo que impor­ta es que seamos hon­estos y abier­tos con Él, y que nun­ca nos rindamos.  A un cos­to inde­scriptible a Si mis­mo, nue­stro Señor ha hecho tan fácil para nosotros que tropezamos para rec­on­cil­iarnos con Él, que muchos lo ven como demasi­a­do bueno para que sea ver­dad.

 

¡Pero Dios es bueno! – mucho más de lo que nosotros podemos com­pren­der.  Muchos nos pre­gun­ta­mos si aca­so estare­mos soñan­do, porque nues­tra ver­sión de la real­i­dad es la pesadil­la de vivir con los humanos, quienes son todos con­t­a­m­i­na­dos por motivos egoís­tas e impuros, y se tratan uno a otro cor­re­spon­di­en­te­mente.

 

Pero Dios es espan­tosa­mente supe­ri­or a nosotros – san­ta­mente difer­ente – no sólo en poder pero en cualquier otro aspec­to de per­fec­ción moral.  Eso quiere decir que Su gen­erosi­dad, desin­terés pro­pio, bon­dad, perdón, y cual­i­dades sim­i­lares, son sor­pren­den­te­mente supe­ri­ores a todo lo que hemos encon­tra­do en esta vida.

 

Y porque Dios es san­ta­mente benig­no y san­ta­mente mag­nán­i­mo ha elegi­do limpiar de nue­stro reg­istro celes­tial cada res­balón moral, si lo admiti­mos y nos arrepen­ti­mos, ¿Qué Dios hay como tú, que per­dona la mal­dad del rema­nent­ede su heredad?  No retu­vo para siem­pre su eno­jo, porque se delei­ta en la mis­eri­cor­dia.” (Miqueas 7:18).  Todo lo que nece­si­ta es que use­mos nue­stro libre albedrio para dar­le per­miso.  Dios requiere nue­stro per­miso porque Él ha estable­ci­do no ser un tira­no temi­ble, sino un Padre que hon­ra nue­stros deseos.

 

Dios sólo quiere que nos pong­amos de acuer­do con Él de que nece­si­ta­mos que nue­stros defec­tos morales sean elim­i­na­dos de los archivos celes­tiales, “Yo, yo soy quien bor­ro tus rebe­liones por amor de mí mis­mo, y no me acor­daré de tus peca­dos.  Hazme recor­dar, entremos jun­tos a juicio.  ¡Habla tú para jus­ti­fi­carte!” (Is. 43:25–26).   

 

Si con­cor­damos con Dios que hici­mos mal y que mere­ce­mos cas­ti­go, “…he hecho lo malo delante de tus ojos, de man­era que eres jus­to cuan­do hablas, y sin reproche cuan­do juz­gas.”  (Salmos 51:4).  Entonces Él se deleitara en per­donarnos, Si con­fe­samos nue­stros pecados,él es fiel y jus­to para per­donar nue­stros peca­dos y limpiarnos de toda mal­dad.”  Esto Cristo logro por nosotros cuan­do sufrió el cas­ti­go com­ple­to que nue­stros peca­dos merecían (1 Juan 1:9).

 

Es de impor­tan­cia vital que hag­amos la Pal­abra de Dios nues­tra autori­dad final por lo que creemos en lugar de deter­mi­nar la ver­dad por nue­stros sen­timien­tos o expe­ri­en­cias.   Esta­mos en una lucha de vida y muerte por nues­tras almas y las de los que nos rodean, por lo tan­to, no deje que el ene­mi­go le engañe que no sirve para nada porque es indig­no.

 

Aunque es ver­dad que cae­mos y hace­mos cosas indig­nas, Dios como­quiera sigue tra­ba­jan­do con nosotros y nos cuen­ta como dig­nos, aunque no le seamos, sólo por recono­cer nues­tra indig­nidad y acep­tar la dig­nidad de Su Hijo unigéni­to que murió en la cruz por ust­ed y yo.  No deje que la muerte de Cristo sea en vano, no deje que el dia­blo gane en su caso.  Nun­ca se quede caí­do o caí­da, lev­án­tese; man­ten­ga su cam­i­na­ta y nun­ca deje de hac­er su parte.

 

Aunque todos le digan que se rin­da, ¡no se rin­da!  Aunque le digan que es inútil, ¡No se crea!  Aunque se sien­ta indig­no, ¡Recuerde que Jesús murió por los indig­nos!  Recuerde, tam­bién, que todos los esfuer­zos de val­or y exce­len­cia son difí­ciles, siga arre­pin­tién­dose, siga con­fe­san­do sus peca­dos y acu­d­i­en­do al Reden­tor de los debil­i­ta­dos, siga arro­ján­dose sobre la mis­eri­cor­dia del Inter­ce­sor de los mor­tales, has­ta el últi­mo sus­piro de su vida.  Sobre todo, recuerde que nadie ha cam­i­na­do en sus zap­atos, más que Jesús, el Cristo, y no hay ningún otro.

 

 “Cuan­do pequen con­tra ti (pues no hay hom­bre que no peque) y estés aira­do con­tra ellos, y los entregues delante del ene­mi­go, y éstos los lleven cau­tivos a una tier­ra, lejana o cer­cana; si reca­pac­i­tan en la tier­ra adonde hayan sido lle­va­dos cau­tivos, y se arrepi­en­ten y te supli­can en la tier­ra de su cau­tive­rio, dicien­do: ‘Hemos peca­do, hemos cometi­do iniq­uidad y hemos obra­do per­ver­sa­mente’; si se vuel­ven a ti con todo su corazón y con toda su alma en la tier­ra de su cau­tive­rio adonde hayan sido lle­va­dos cau­tivos, y oran vuel­tos hacia la tier­ra que diste a sus padres, hacia la ciu­dad que has escogi­do y hacia la casa que he edi­fi­ca­do a tu nom­bre, escucha tú des­de los cie­los, des­de el lugar de tu mora­da, su oración y sus súpli­cas, hazles jus­ti­cia y per­dona a tu pueblo que ha peca­do con­tra ti.  Aho­ra, oh Dios mío, te ruego que tus ojos estén abier­tos y tus oídos aten­tos a la oración ele­va­da en este lugar.”  (2 Cróni­cas 6:36–40)

 

Entonces dijo el Seño­ra Satanás: ¡El Señorte reprenda,Satanás!  ¡El Señor, que ha escogi­do a Jerusalén, te repren­da!  ¿No es este un tizón arrebata­do del incen­dio?  Josué, que esta­ba cubier­to de vestiduras viles, per­manecía en pie delante del ángel.  Habló el ángel y ordenó a los que esta­ban delante de él: Quitadle esas vestiduras viles.  Y a él dijo: Mira que he quita­do de ti tu peca­do y te he hecho vestir de ropas de gala.”  (Zacarías 3:2–4).

 

EL LIBRO DE APOCALIPSIS

 

Capí­tu­lo Dieciséis

 

OBJETIVOS EN EL ESTUDIO DE ESTE CAPÍTULO

 

1) Obser­var que pasa cuan­do son der­ra­madas las siete copas de la ira

 

2) Notar sobre quienes son der­ra­madas las copas, y por qué

 

RESUMEN

 

En este capí­tu­lo es descrito el der­ra­mamien­to total de la ira sobre los ene­mi­gos de Dios. Los siete ánge­les con las siete copas der­ra­man “las siete pla­gas postr­eras” (15:1). Note que estos no son juicios par­ciales, como con las siete trompetas descritas ante­ri­or­mente (caps. 8–11). En el der­ra­mamien­to de estas pla­gas “la ira de Dios se con­suma” (15:1).

 

En las primeras cua­tro copas, la ira de Dios es der­ra­ma­da sobre la tier­ra, el mar, los ríos y las fuentes de las aguas, y el sol. Son afec­ta­dos por estas pla­gas los que tenían la mar­ca de la bes­tia y los que ado­raron su ima­gen. El juicio de Dios sobre ellos es procla­ma­do hon­esto y jus­to, porque ellos han sido cul­pa­dos de der­ra­mar la san­gre de los san­tos y de los pro­fe­tas. Asom­brosa­mente su respues­ta es blas­fe­mar con­tra Dios, y rehusar a arrepen­tirse y dar­le glo­ria (1–9).

 

La quin­ta copa es der­ra­ma­da sobre el trono de la bes­tia y su reino, resul­tan­do en tinieblas. El sufrim­ien­to doloroso del mal­va­do con­tinúa, en tan­to que con­tinúan sus blas­femias y rec­haz­an arrepen­tirse de sus obras (10–11). La sex­ta copa es der­ra­ma­da sobre el río Eufrates, preparan­do el camino a los reyes del ori­ente. Juan vio entonces a tres espíri­tus inmun­dos como ranas salien­do de la boca del dragón, de la bes­tia, y del fal­so pro­fe­ta. Descrito como los espíri­tus de los demo­ni­os, ellos hacen señales y jun­tan a los reyes de la tier­ra al lugar lla­ma­do Armagedón, para la batal­la del gran día de Dios. En este pun­to Jesús habla tan­to de una adver­ten­cia como de una ben­di­ción, porque los que velan y guardan sus ropas serán ben­de­ci­dos, en tan­to que Él viene como un ladrón (12–16).

 

El sép­ti­mo sel­lo es der­ra­ma­do y sal­ió una gran voz del tem­p­lo del cielo, dicien­do, “¡Hecho está!” La declaración es segui­da por relám­pa­gos y voces y truenos, y un gran tem­blor de tier­ra. La gran ciu­dad fue divi­di­da, y las ciu­dades de las naciones cayeron. La gran Babilo­nia vino en memo­ria delante de Dios, y le dio la copa del vino de Su ira. Y toda isla huyó, y los montes no fueron hal­la­dos, y cayeron sobre los hom­bres un enorme grani­zo. Esto últi­mo provocó que los hom­bres blas­fe­maran con­tra Dios (17–21).

 

Los capí­tu­los 17–19 desar­rol­larán el juicio sobre la bes­tia, el fal­so pro­fe­ta, y Babilo­nia, iden­ti­ficán­do­los con más detalle, y descri­bi­en­do su caí­da final. La impor­tan­cia del capí­tu­lo 16 parece ser que el juicio sobre ellos será final y jus­to, ¡porque aún con este der­ra­mamien­to de ira no hay dis­posi­ción por parte de la bes­tia y de aque­l­los que la ado­ran de arrepen­tirse de sus malas obras!

 

BOSQUEJO

 

I. LA PROCLAMACIÓN (1)

 

   A. POR UNA GRAN VOZ DESDE EL TEMPLO (1a)

 

   B. A LOS SIETE ÁNGELES PARA DERRAMAR LAS COPAS DE LA IRA (1b)

 

II. LAS SIETE COPAS DE LA IRA (2–21)

 

    A. LA PRIMERA COPA: ÚLCERA TERRIBLE (2)

1. La copa es der­ra­ma­da sobre la tier­ra

2. Vino una úlcera maligna y pesti­lente sobre los que tenían la

mar­ca de la bes­tia y los que ado­ran su ima­gen

 

B. LA SEGUNDA COPA: EL MAR DE SANGRE (3)

1. La copa es der­ra­ma­da sobre el mar, con­vir­tién­dola en san­gre

como de muer­to

2. Murió todo ser vivo que había en el mar

 

C. LA TERCERA COPA: LOS RÍOS Y LAS FUENTES DE LAS AGUAS DE SANGRE

 (4–7)

1. La copa es der­ra­ma­da sobre los ríos y las fuentes de las aguas,

con­vir­tién­dolas en san­gre

2. El ángel de las aguas declara la jus­ti­cia de Dios

a. Sus juicios son jus­tos

b. Es jus­to porque cae sobre los que der­ra­maron la san­gre de

los san­tos y de los pro­fe­tas

3. Otra voz des­de el altar tam­bién procla­ma los juicios de Dios

como ver­daderos y jus­tos

 

D. LA CUARTA COPA: LOS HOMBRES QUEMADOS (8–9)

1. La copa es der­ra­ma­da sobre el sol, dan­do poder al cuar­to ángel

para que­mar a los hom­bres con fuego

2. Los hom­bres fueron que­ma­dos con gran calor

a. Ellos blas­fe­maron el nom­bre de Dios que tiene poder sobre

estas pla­gas

b. Ellos no se arre­pin­tieron ni dieron glo­ria a Dios

 

E. LA QUINTA COPA: DOLOR Y TINIEBLAS (10–11)

1. La copa es der­ra­ma­da sobre el trono de la bes­tia, su reino se

cubrió de tinieblas

2. Los hom­bres mordieron sus lenguas debido al dolor

a. Blas­fe­maron de Dios

b. No se arre­pin­tieron

 

F. LA SEXTA COPA: LOS REINOS REUNIDOS EN ARMAGEDÓN (12–16)

1. La copa es der­ra­ma­da sobre el gran río Eufrates

a. Es agua que se secó

b. Preparan­do el camino a los reyes del ori­ente

2. Apare­cen tres espíri­tus inmun­dos como ranas

a. Que salen de la boca del dragón, de la bes­tia, y del fal­so

pro­fe­ta

b. Los cuales son espíritu de demo­ni­os, hacien­do señales

c. Que reú­nen a los reyes de la tier­ra para la batal­la de aquel

gran día del Dios Todopoderoso

3. Jesús ofrece tan­to una adver­ten­cia como una ben­di­ción

a. Él va a venir como un ladrón

b. Bien­aven­tu­ra­do el que vela, y guar­da sus ropas, para que no

ande desnudo, y vean su vergüen­za

4. Los espíri­tus inmun­dos jun­tan a los reyes de la tier­ra en el

lugar que se lla­ma Armagedón

 

G. LA SÉPTIMA COPA: EL GRAN TERREMOTO; LA GRAN CIUDAD DIVIDIDA Y

 BABILONIA RECORDADA; EVENTOS CATASTRÓFICOS (17–21)

1. La copa es der­ra­ma­da por el aire

a. Segui­da por una gran voz que salía des­de el tem­p­lo del

cielo, del trono, declaran­do: “¡Hecho está!”

b. Hubo relám­pa­gos y voces y truenos, y un gran tem­blor de

tier­ra cual no lo hubo jamás

2. La gran ciu­dad fue divi­di­da en tres partes, y las ciu­dades de

las naciones cayeron

3. La gran Babilo­nia vino en memo­ria, para dar­le el cál­iz del vino

del ardor de la ira de Dios

4. Ocur­ren grandes even­tos cat­a­stró­fi­cos

a. Toda isla huyó, y los montes no fueron hal­la­dos

b. Cayó del cielo sobre los hom­bres un enorme grani­zo, y ellos

blas­fe­maron con­tra Dios por la pla­ga del grani­zo

 

PREGUNTAS DE REVISIÓN PARA EL CAPÍTULO

 

1) ¿Cuáles son los pun­tos prin­ci­pales de este capí­tu­lo?

- La declaración (1)

- Las siete copas de la ira (2–21)

 

2) ¿Qué dijo una gran des­de el tem­p­lo a los siete ánge­les? (1)

- “Id y der­ra­mad sobre la tier­ra las siete copas de la ira de Dios”

 

3) ¿Sobre qué fue der­ra­ma­da la primera copa? ¿Qué pasó? (2)

- Sobre la tier­ra

- Vino una úlcera maligna y pesti­lente sobre los hom­bres que tenían la

mar­ca de la bes­tia, y que adora­ban su ima­gen

 

4) ¿Sobre qué fue der­ra­ma­da la segun­da copa? ¿Qué pasó? (3)

- Sobre el mar

- Se con­vir­tió en san­gre como de muer­to; murió todo ser vivo que había

en el mar

 

5) ¿Sobre qué fue der­ra­ma­da la ter­cera copa? ¿Qué pasó? (4)

- Sobre los ríos, y sobre las fuentes de las aguas

- Se con­virtieron en san­gre

 

6) ¿Por qué proclamó el ángel de las aguas el juicio de Dios como jus­to?

   (5–6)

- Porque ellos habían der­ra­ma­do la san­gre de los san­tos y de los

Pro­fe­tas

 

7) ¿Sobre qué fue der­ra­ma­da la cuar­ta copa? ¿Qué pasó? (8–9)

- Sobre el sol

- Los hom­bres fueron que­ma­dos con el gran calor

 

8) A pesar de estos juicios, ¿cómo respondieron los hom­bres? (9)

- Ellos blas­fe­maron el nom­bre de Dios, y no se arre­pin­tieron ni dieron

glo­ria a Dios

 

9) ¿Sobre qué fue der­ra­ma­da la quin­ta copa? ¿Qué pasó? (10)

- Sobre el trono de la bes­tia

- Su reino se cubrió de tinieblas, y las gentes mordían de dolor sus

Lenguas

 

10) ¿Qué se dice de nue­vo sobre la respues­ta de estos juicios? (11)

    - Que ellos blas­fe­maron de Dios por sus dolores y por sus úlceras, y

no se arre­pin­tieron de sus obras

 

11) ¿Sobre qué fue der­ra­ma­da la sex­ta copa? ¿Qué pasó?

- Sobre el río Eufrates

- Fue seca­do, para que estu­viese prepara­do el camino a los reyes del

Ori­ente

 

12) ¿Qué vio Juan ensegui­da? (13)

- A tres espíri­tus inmun­dos a man­era de ranas salien­do de la boca del

dragón, de la bes­tia, y del fal­so pro­fe­ta

 

13) ¿Qué son estos, y cual era su mis­ión? (14)

- Espíri­tus de demo­ni­os, hacien­do grandes señales

- Jun­tar a los reyes de la tier­ra para la batal­la de aquel gran día

del Dios Todopoderoso

 

14) ¿Qué adver­ten­cia y bien­aven­tu­ran­za da Jesús en este pun­to? (15)

- Velad, Yo ven­go como un ladrón

- Bien­aven­tu­ra­do el que vela, y guar­da sus ropas, para que no ande

desnudo, y vean su desvergüen­za

 

15) ¿Dónde fueron reunidos los reyes de la tier­ra? (16)

- En el lugar que en hebreo se lla­ma Armagedón

 

16) ¿Sobre que fue der­ra­ma­da la sép­ti­ma copa? ¿Qué pasó? (17)

- Sobre el aire

- Sal­ió una gran voz del tem­p­lo del cielo, del trono, dicien­do:

Hecho está”

 

17) ¿Qué pasó entonces? (18–21)

- Hubo relám­pa­gos y voces y truenos, y un gran tem­blor de tier­ra

- La gran ciu­dad fue divi­di­da en tres partes, y las ciu­dades de las

naciones cayeron

- La gran Babilo­nia vino en memo­ria delante de Dios, para dar­le el

cál­iz del vino del ardor de Su ira

- Toda isla huyó, y los montes no fueron hal­la­dos

- Cayó del cielo sobre los hom­bres un enorme grani­zo

 

18) ¿Cómo respondió la gente a la pla­ga del grani­zo? (21)

- Blas­fe­maron de Dios, porque la pla­ga fue sobre­man­era grande

 

Apoc­alip­sisLec­ción 17. Capí­tu­lo Dieciséis

EL LIBRO DE APOCALIPSIS

 

Capí­tu­lo Quince

 

OBJETIVOS EN EL ESTUDIO DE ESTE CAPÍTULO

 

1) Ver como el esce­nario es estable­ci­do para el der­ra­mamien­to final de la

ira de Dios sobre la bes­tia y sobre los que la siguen

 

2) Notar la esce­na recon­for­t­ante de aque­l­los que son vic­to­riosos sobre la

bes­tia y ado­ran a Dios por Su jus­to juicio

 

RESUMEN

 

Con los prin­ci­pales adver­sar­ios iden­ti­fi­ca­dos (el dragón, la bes­tia del mar, la bes­tia de la tier­ra, y Babilo­nia) y el pueblo de Dios recon­for­t­a­do de la vic­to­ria final (capí­tu­los 12–14), la total man­i­festación de la ira de Dios está a pun­to de ser mostra­da. El capí­tu­lo quince es un “pre­lu­dio” a las siete copas de la ira descritas en el sigu­iente capí­tu­lo.

 

Somos intro­duci­dos a los siete ánge­les que tenían las siete pla­gas en las que la ira de Dios está con­suma­da (1). Antes que a los siete ánge­les se les de sus copas, sin embar­go, Juan ve a los que habían alcan­za­do la vic­to­ria de la bes­tia en pie sobre el mar de vidrio, tenien­do las arpas de Dios. Can­tan­do la can­ción de Moisés y la can­ción del Cordero, oran a Dios por sus juicios jus­tos (2–4). Está esce­na es un recuer­do de la oración de los israeli­tas a Dios por su vic­to­ria sobre los egip­cios después de cruzar el Mar Rojo (ver Exo 14:30–15-21).

 

Los siete ánge­les con las siete pla­gas proce­den del tem­p­lo del tabernácu­lo del tes­ti­mo­nio en el cielo, vesti­dos de un lino limpio y blan­co, y ceñi­dos alrede­dor de los pechos con ban­das de oro. Una de las cua­tro criat­uras vivientes les dio siete copas de oro llenas de la ira de Dios. En ese momen­to el tem­p­lo fue lleno con humo de la glo­ria de Dios y de Su poten­cia, has­ta que fue­sen con­sumadas las siete pla­gas de los siete ánge­les (5–8). Tal vez esta esce­na fue dis­eña­da para dar a cono­cer que el tiem­po de la pacien­cia de Dios esta­ba ter­mi­nan­do, y que el der­ra­mamien­to de Su ira fue el resul­ta­do del total cumplim­ien­to del pacto que Él tuvo con Su pueblo. ¡Dios está ven­gan­do a Sus san­tos!

 

BOSQUEJO

 

I. EL PRELUDIO A LAS SIETE COPAS DE LA IRA (1–4)

 

   A. UNA SEÑAL GRANDE Y ADMIRABLE EN EL CIELO (1–2)

1. Juan ve a siete ánge­les

a. Que tienen las siete pla­gas postr­eras

b. En las que es con­suma­da la ira de Dios

2. Juan ve un mar de vidrio mez­cla­do con fuego, y una gran mul­ti­tud

a. Son los que habían alcan­za­do la vic­to­ria sobre la bes­tia, y

de su ima­gen, y de su señal, y del número de su nom­bre

b. Están de pie sobre el mar de vidrio, con las arpas de Dios

 

B. CANTANDO EL CÁNTICO DE MOISÉS Y DEL CORDERO (3–4)

1. La mul­ti­tud está can­tan­do el cán­ti­co de Moisés, y el cán­ti­co del

Cordero

2. La can­ción que ala­ba al Señor Dios Todopoderoso, Rey de los

San­tos

a. Por Sus grandes y mar­avil­losas obras

b. Por lo jus­to y ver­dadero de Sus caminos

c. Porque Él es dig­no de rev­er­en­cia y glo­ria

d. Porque todas las naciones ven­drán y Lo ado­rarán, por la

man­i­festación de Sus juicios

 

II. LOS SIETE ÁNGELES Y LAS SIETE COPAS DE IRA (5–8)

 

    A. LOS SIETE ÁNGELES (5–6)

1. Es abier­to en el cielo el tem­p­lo del tabernácu­lo del tes­ti­mo­nio

2. Salieron los siete ánge­les que tienen las siete pla­gas

a. Vesti­dos de vino limpio y res­p­lan­de­ciente

b. Ceñi­dos alrede­dor del pecho con cin­tos de oro

 

B. LAS SIETE COPAS DE ORO (7–8)

1. Uno de los cua­tro seres vivientes le dio a los siete ánge­les:

a. Siete copas de oro

b. Llenas de la ira de Dios, que vive por los sig­los de los

sig­los

2. El tem­p­lo se llenó de humo

a. Por la glo­ria de Dios, y por Su poder

b. Nadie podía entrar en el tem­p­lo has­ta que se hubiesen

cumpli­do las siete pla­gas

 

PREGUNTAS DE REVISIÓN DEL CAPÍTULO

 

1) ¿Cuáles son los pun­tos prin­ci­pales de este capí­tu­lo?

- El pre­lu­dio a las siete copas de la ira (1–4)

- Los siete ánge­les y las siete copas de la ira (5–8)

 

2) ¿Qué grande y admirable señal vio Juan en el cielo? (1)

- Siete ánge­les que tienen las siete pla­gas postr­eras, en las que la

ira de Dios se con­suman

 

3) ¿Quiénes esta­ban en pie sobre un mar de vidrio mez­cla­do con fuego?

   ¿Qué esta­ban hacien­do? (2–3)

- Son los que han alcan­za­do la vic­to­ria sobre la bes­tia y su ima­gen, y

su mar­ca y el número de su nom­bre

- Can­tan el cán­ti­co de Moisés y el cán­ti­co del Cordero

 

4) ¿Por qué esta­ban ala­ban­do al Señor Dios Todopoderoso? (3–4)

- Por Sus grandes y mar­avil­losas obras

- Por Sus caminos jus­tos y ver­daderos

- Por Su san­ti­dad

- Por la man­i­festación de Sus juicios

 

5) ¿Qué vio Juan después de estas cosas? (5–6)

- El tem­p­lo del tabernácu­lo del tes­ti­mo­nio abier­to en el cielo

- Salir a los siete ánge­les con las siete pla­gas

 

6) ¿Qué le dio a los siete ánge­les uno de los cua­tro seres vivientes? (7)

- Siete copas de oro llenas de la ira de Dios

 

7) ¿Qué le pasó al tem­p­lo en ese momen­to? (8)

- Se llenó con el humo de la glo­ria de Dios, y por Su poder

- Previnien­do que nadie podía entrar al tem­p­lo has­ta que se hubiesen

cumpli­do las siete pla­gas.

Apoc­alip­sisLec­ción 16. Capí­tu­lo Quince