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Judá no era solo otra nación – una nación entre las naciones – sino era el pueblo de Dios. Habían sido red­imi­dos por Jehová, cuida­dos por Él y se les dio la tier­ra de Canaán. El Señor había escogi­do a Jerusalén-Sion como el lugar de Su habitación; por lo tan­to, se esper­a­ba más del pueblo de Judá. Pero aho­ra esta­ban ocul­tan­do sus planes de Dios, hacien­do alian­za con sus antigu­os ene­mi­gos que fueron siem­pre ene­mi­gos de Dios. Dios debe repren­der tal rebe­lión en con­tra de Él mis­mo.

      El prob­le­ma de la dis­posi­ción de Judá de con­fi­ar en Egip­to fue tan pen­e­trante como para requerir de pro­fecías repeti­das con­tra el peca­do. El capí­tu­lo 31 parece ser un avance más allá del capí­tu­lo 30, pero tra­ta esen­cial­mente con el mis­mo prob­le­ma. Mien­tras que el capí­tu­lo 30 enfa­ti­za la dis­posi­ción de Judá para dejar a Dios fuera de sus planes y actu­ar por su propia cuen­ta, el capí­tu­lo 31 enfa­ti­za que la sabiduría de Dios es supe­ri­or a la de los políti­cos que hicieron tales planes y a la de los egip­cios, cuya expe­ri­en­cia y poder mil­i­tar bus­caron. Tam­bién, la firme pre­visión y el tier­no cuida­do de Dios hacia Su pueblo son estable­ci­dos codo con codo en este capí­tu­lo. Jehová juz­gará y destru­irá a Asiria sin ayu­da de Egip­to.

 

Dios Tam­bién es Sabio (vers 1–3)

 

      1 ¡Ay de los que descien­den a Egip­to por ayu­da. El tiem­po del ver­bo que los emba­jadores ya han descen­di­do, no una vez, sino repeti­da­mente (Leupold). Al pre­tender el favor y la ayu­da de Egip­to, los políti­cos judíos están ponien­do su sabiduría con­tra la de Jehová. Los his­to­ri­adores sec­u­lares escriben del vas­to número de cabal­los en Egip­to; los car­ros, cabal­los, y jinetes egip­cios son capaces de dar a Judá un fal­so sen­ti­do de seguri­dad. El pueblo se jac­ta de su for­t­aleza mien­tras con­fían en las fuerzas egip­cias por pro­tec­ción; y no miran al San­to de Israel, ni bus­can a Jehová! En tan­to que Su pueblo debía mirar hacia Él, pero en vez de eso Lo habían aban­don­a­do para que no inter­firi­era con sus planes (30:10–11). Obser­var y mirar a Jehová es depen­der de Él en fe y ver­dad. No lo hicieron. Por esta acti­tud y su esfuer­zo por ase­gu­rar la ayu­da estratég­i­ca de Egip­to, Rab­saces, el gen­er­al asirio, reprendió sar­cás­ti­ca­mente al pueblo de Jerusalén (2 Rey 18_21, 24).

      2 Pero él tam­bién es sabio. El pro­fe­ta con­trasta la sabiduría de Jehová con la sabiduría del pueblo de Judá y la de los egip­cios en la que ellos con­fían. De la sabiduría infini­ta de Jehová, un sabio dijo, “Jehová con sabiduría fundó la tier­ra” (Prov 3:19); y otro dijo de Sus obras, “Hiciste todas ellas con sabiduría” (Sal 104:24). ¡Imag­ine a una débil y fini­ta criatu­ra ponien­do su sabiduría con­tra la de su Creador (ver 29:16)! En Su infini­ta sabiduría como Creador, el Señor ni comete errores en Sus planes ni en las pal­abras que les rev­ela; por lo tan­to, no reti­rará sus pal­abras; Él lle­vará ade­lante Su propósi­to como es rev­e­la­do. Él ha dicho que cas­ti­gará la debil­i­dad, y en el ejer­ci­cio de Su sabiduría y gran poder Él lo hará a Su man­era. Amoti­nará en con­tra de Judá, la casa de los malig­nos, y con­tra el aux­ilio (los egip­cios) de los (Judá) que hacen iniq­uidad. Dios traerá Su juicio tan­to sobre los obreros malig­nos de Judá y sobre los que ellos han apela­do por ayu­da.

      3 El faraón “era para su pueblo un dios entre los hom­bres y un hom­bre entre los dios­es.” Aunque había muchos sac­er­dotes, “e faraón era en teoría el úni­co gran sac­er­dote de los dios­es de Egip­to.”[1] ¿Es posi­ble que en su rec­ha­zo hacia Jehová los judíos esta­ban sien­do incli­na­dos hacia acep­tar la idea absur­da de la dei­dad del faraón? ¿Esta­ba ponien­do su sabiduría por arri­ba o igual a la de Jehová? Si tenían cua­lesquier idea, el Señor los reprende, al decir, Y los egip­cios hom­bres son, y no Dios (o dios­es); y sus cabal­los carne, y no espíritu. Esto es un con­flic­to entre Dios el Creador y el hom­bre que creó; entre la carne que perece y el espíritu que per­du­ra. Es espíritu que da vida, poder y vital­i­dad; las armas de la carne fal­lan – “No con­fíes en los príncipes,/Ni en hijo de hom­bre [hom­bres], porque no hay en él sal­vación” (Sal 146:3; ver Isa 30:1–7, donde es expuesto el mis­mo prin­ci­pio). El pro­fe­ta se amplia sobre lo vis­to en el vers 2: de man­era que al exten­der Jehová (quien es espíritu) su mano, caerá el ayu­dador (los egip­cios) y caerá el ayu­da­do (Judá), y todos ellos des­fal­l­e­cerán a una. Entonces será deter­mi­na­do más allá de cualquier pre­gun­ta quién es Dios. La carne fal­la, tan­to para el ayu­dador como para el ayu­da­do; el espíritu y la sabiduría div­ina prevale­cen.

 

La Prov­i­den­cia de Dios: Encar­niza­da no obstante Com­pa­si­va (vers 4–5)

 

      4 Porque Jehová me dijo a mí – el Señor se dirige aho­ra al pro­fe­ta, emple­an­do dos analogías por los que Él plantea car­ac­terís­ti­cas con­trastantes de Su carác­ter esen­cial y sus expre­siones en acción: un león que des­gar­ra a su pre­sa y una ave madre que vuela sobre sus crías. El Señor describe a un cachor­ro de león a la altura de su poder, rugien­do sobre su pre­sa; esto es, la infiel Jerusalén-Sion en la mano de Jehová. Cuan­do un león tiene la pre­sa y está gruñen­do sobre ella, los pas­tores podrían venir tan cer­ca como se atre­vier­an, gri­tan­do y empuñan­do sus varas, pero al león no lo espan­tarán sus voces, ni se aco­bar­dará con el tro­pel de ellos. Aho­ra viene la apli­cación: así Jehová de los ejérci­tos descen­derá a pelear sobre (“en con­tra,” al mar­gen) el monte de Sion, y sobre (“en con­tra,” al mar­gen) su col­la­do. Jehová no está pele­an­do por, sino con­tra la Sion pecado­ra. Los pas­tores que gri­tan no rep­re­sen­tan a Asiria, porque Asiria es la vara del eno­jo de Dios, el bácu­lo de Su indi­gnación con­tra Jerusalén (10:5); más bien, los pas­tores rep­re­sen­tan los políti­cos de Judá, y los egip­cios. La descrip­ción es clara; el león es Jehová, la pre­sa es Jerusalén, y los que gri­tan y pas­tore­an sin efi­cien­cia son los políti­cos de Jerusalén y los egip­cios.

      5 En una descrip­ción con­trastante, la mis­eri­cor­dia tier­na y el cuida­do pro­tec­tor de Jehová por Él mis­mo son rep­re­sen­ta­dos por medio de la figu­ra de aves amorosas volan­do sobre sus nidos, pro­te­gien­do a sus crías inde­fen­sas – así ampara­rá Jehová de los ejérci­tos a Jerusalén. En tan­to que él eje­cu­ta Su severo juicio con­tra el pueblo impío e infiel de Su ciu­dad, Él pro­te­gerá y cuidará por el rema­nente por medio del cual Él lle­vará ade­lante Su propósi­to. Ampara­n­do, libran­do, preser­van­do y sal­van­do. Ellos ase­gu­ran la fidel­i­dad frente a todas las prob­a­bil­i­dades en con­tra. El ver­bo libran­do trae a la mente la lib­eración de Dios de Su pueblo cuan­do Él libro por Si mis­mo en Egip­to; Él destruyó a los pri­mogéni­tos de los egip­cios pero guardó al pri­mogéni­to de los hebre­os (Ex 12:13, 23).

 

Lla­ma­do al Arrepen­timien­to (vers 6–7)

 

      6 El Señor lla­ma aho­ra a pueblo al arrepen­timien­to: Volved a aquel con­tra quien se rebe­laron pro­fun­da­mente los hijos de Israel. Entonces ellos escaparán del des­garre como de un león y gozarán de la pro­tec­ción volado­ra como de una ave madre. Alrede­dor de unos cien años más tarde, Eze­quiel declaró que Jehová “no quiere la muerte del impío, sino que se vuel­va el impío de su camino, y que viva.” Él entonces hizo la mis­ma súpli­ca que hizo Isaías: “Volveos, volveos de vue­stros mal­os caminos; ¿por qué moriréis, oh casa de Israel?” (Ezeq 33:11). El Señor nun­ca destruye siem­pre y cuan­do hay una posi­bil­i­dad de arrepen­timien­to; pero cuan­do no la hay, la destruc­ción viene. Aunque Juda se ha rev­e­la­do pro­fun­da­mente con­tra Jehová, aparente­mente muchos han regre­sa­do a Él, porque Jehová era capaz de guardar a la ciu­dad de la invasión de Asiria. En for­ma sim­i­lar, en los días de Eze­quiel Él pre­servó un rema­nente.

      7 Porque en aquel día – el día en que el pueblo regrese al Señor – arro­jará el hom­bre sus ído­los de pla­ta y sus ído­los de oro, que para vosotros han hecho vues­tras manos pecado­ras. El peca­do de la idol­a­tría había sido la caí­da de Israel des­de el ini­cio de su his­to­ria. Para regre­sar a Jehová debería involu­crar entonces la destruc­ción de los ído­los (ver 30:22). Los ído­los que sus manos hicieron eran tan impo­tentes para sal­var­los como lo eran los cabal­los y los jinetes de Egip­to de los que ellos dependieron; los unos eran mate­r­i­al sin vida, los otros solo carne. Cuan­do los hom­bres volvieron al Señor y dis­fru­tan de la for­t­aleza de Su poder, se dieron cuen­ta de la locu­ra y la ton­tería de depen­der de los ído­los sin vida, la obra de sus propias manos.

 

La Destruc­ción de Asiria (vers 8–9)

 

      8 Entonces caerá Asiria por espa­da no de varón. No sola­mente el ejérci­to de Sena­que­rib que cayó ante los muros de Jerusalén, sino que todo el poder de Asiria debe ser destru­i­do. Debe ser clara­mente demostra­do que el espíritu, no la carne, prevale­cerá. La con­sumirá espa­da no de hom­bre; y huirá de la pres­en­cia de la espa­da, y sus jóvenes serán trib­u­tar­ios. Una fuerza com­bi­na­da de babilo­nios y medos destruyó Ninive (612 A.C.), pero fue Jehová quien deter­minó su fin (Nah 3:5–6). Y fue Jehová quien dirigió a Nabu­codono­zor con­tra Egip­to: “Y…pondré mi espa­da en su [de Nabu­codono­zor] mano; más que­braré los bra­zos de Faraón.” Fue la espa­da de Jehová en las manos de los babilo­nios, fue Jehová quien que­bró el ejérci­to del Faraón. Y de nue­vo, “Cuan­do yo pon­ga mi espa­da en el rey de Babilo­nia, y él la extien­da con­tra la tier­ra de Egip­to” (Ezeq 30:24–25). Así fue la espa­da de Jehová que Babilo­nia empuñó con­tra Egip­to, así la espa­da de Jehová sería el instru­men­to de la destruc­ción de Asiria en la mano de Su sier­vo-nación; entonces la destruc­ción era del Señor. Los asun­tos de Asiria huirían (ver Nah 3:17–18), y sus hom­bres jóvenes, ya no más en el ser­vi­cio mil­i­tar, harían tra­ba­jos a desta­jo.

      9 Y de miedo pasará su for­t­aleza. Han sido muchas sug­eren­cias para saber quien o que es su for­t­aleza. Algunos comen­taris­tas pien­san que fue el poderoso ejérci­to de Asiria; otros sug­ieren que eran los ído­los de Asiria – sus dios­es; otros pien­san que era el mis­mo poder de Asiria; aún otros pien­san que la for­t­aleza de Asiria era el rey. Esta últi­ma sug­eren­cia parece la más prob­a­ble, aunque los dios­es de Asiria mantienen una posi­bil­i­dad aparte. El pro­fe­ta no tiene en mente un rey en par­tic­u­lar; tal vez su for­t­aleza rep­re­sen­ta la total­i­dad del gob­ier­no de Asiria. De todas man­eras, de miedo pasará su for­t­aleza, que es el ter­ror del Señor (ver 10:33). Que sus príncipes, con pavor, pres­ta cred­i­bil­i­dad a la hipóte­sis que la for­t­aleza de Asiria es el rey. Ellos dejarán sus ban­deras, prob­a­ble­mente la señal de la aprox­i­mación del ter­ror de Jehová. El fuego de Jehová podría sig­nificar tan­to el fuego de su incen­sario donde los sac­ri­fi­cios eran ofre­ci­dos, y el fuego de Su eno­jo cuya destruc­ción res­pi­ra (ver 29:6; 30:27–28). Por medio de Juan escribe que cuan­do las ora­ciones de los san­tos eran pre­sen­tadas ante el Señor, un ángel tomó un incen­sario, llena­do con el fuego de fuera del altar que esta­ba ante el Señor, y lan­za­do sobre la tier­ra. Sigu­ió el juicio de destruc­ción (Apoc 8:3–5). El fuego de Su eno­jo y juicio viene de delante de Su pres­en­cia, tan­to

Capí­tu­lo 31. Ay para los que descien­den a Egip­to

[1]  Zon­der­van Pic­to­r­i­al Enci­clo­pe­dia of the Bible, ed. Mer­rill C. Ten­ney (Grand Rapids: Zon­der­van, 1975), vol. 4, p. 742.

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Jerusalén-Sión: Adver­ten­cias y Prome­sas (28–35)

Isaías ha anun­ci­a­do un ay gen­er­al sobre los que ocul­tan su con­se­jo de Dios (29:15), y aho­ra hace una apli­cación especí­fi­ca del prin­ci­pio mien­tras pro­nun­cia un ay sobre el par­tido políti­co pro-egip­cio que envía pre­sentes a Egip­to en un inten­to de ganar la ayu­da de la nación con­tra Asiria. Jehová ya ha anun­ci­a­do la debil­i­dad y la caí­da final de Etiopía y de Egip­to (caps 18–20), ha adver­tido en con­tra de bus­car refu­gio en cualquier lugar excep­to en la piedra aparta­da en Sion (28:14–22), y ha declar­a­do que la mul­ti­tud de las naciones que pelean con­tra Su altar ter­re­nal serán echa­dos fuera (29:5–8). Entonces, bus­car ayu­da de Egip­to es igno­rar a Dios y lo que Él ha dicho. Aunque el men­saje del pro­fe­ta está dirigi­do a la situación de aquel momen­to, el prin­ci­pio involu­cra­do es de todos los tiem­pos: es siem­pre un error fatal para el pueblo de Dios con­fi­ar en el mun­do de los impíos en vez de con­fi­ar en el Señor por la ayu­da en la emer­gen­cia. Debido a que Judá igno­ra a Dios, el juicio acon­te­cerá a la nación (vers 1–17).

El pro­fe­ta pre­sen­ta ensegui­da las bases en las que Judá debe pro­ced­er: esper­ar por Jehová. La nación será lib­er­a­da y ben­de­ci­da no debido a la ayu­da de Egip­to, sino a través de la gra­cia y de la mis­eri­cor­dia de Jehová. La ben­di­ción será alcan­za­da total­mente en la era mesiáni­ca (vers 18–26).

Entre tan­to Asiria será destru­i­da, pero no por una coali­ción políti­ca de Judá y Egip­to, sino por la vara de Jehová. Un lugar de abrasamien­to, pro­fun­do y largo, será pro­vis­to para el rey asirio (vers 27–33)

 

Cualquier Alian­za con Egip­to está Des­ti­na­da a Fra­casar (vers 1–17)

 

      1 El ter­cer ay es pro­nun­ci­a­do sobre los hijos que toman con­se­jo, pero no de Jehová; estos hijos son des­obe­di­entes per­sis­ten­te­mente. En su tra­to con Jehová, actúan como hijos necios, rebeldes que se nie­gan a obe­de­cer a sus padres, por con­sigu­iente lle­gan­do a ser dig­nos de muerte (Deut 21:18–21). La primera acusación que hace Jehová con­tra el pueblo por medio de Isaías fue, “Crié hijos, y los engrandecí, y ellos se rebe­laron con­tra mi” (1:2); una segun­da acusación fue, “Tus príncipes, pre­var­i­cadores y com­pañeros de ladrones” (1:23). Y aho­ra, la nación entera, guia­da por los príncipes, es involu­cra­da en el plan de apelar a Egip­to, y así es cul­pa­ble de rebe­lión con­tra Jehová. Están hacien­do acuer­dos o pactos (lit­eral­mente, “tejien­do una red” [Young]) sin con­sul­tar al Señor o con­sid­er­ar a Su pro­fe­ta, que habla por Su Espíritu. La frase tomar con­se­jo puede ser tra­duci­da “der­ra­mar una ofren­da de bebi­da” (al mar­gen). Esto se refiere a la libación ofre­ci­da cuan­do se com­pro­m­ete un acuer­do; pero la tra­duc­ción en el tex­to, al referirse al pacto mis­mo, es preferi­ble. Al hac­er esto los hijos rebeldes añaden peca­do a peca­do api­lan­do peca­dos adi­cionales enci­ma de todos los peca­dos ante­ri­ores (ver Jer 2:13).

2 Los hijos de Judá se apartan para descen­der a Egip­to, y no han pre­gun­ta­do de mi boca. Pre­gun­tar a la boca de Jehová es con­sul­tar­le antes de tomar deci­siones (ver Num 27:21). A lo largo de toda su his­to­ria habían se habían acar­rea­do difi­cul­tades al fal­lar en pre­gun­tar a Jehová antes de actu­ar (por ejem­p­lo, Jos 9:14). Su propósi­to en apelar a Egip­to fue para tomar for­t­aleza en ellos mis­mo con el Faraón, que prometió mucho pero proveyó poco. Tomar refu­gio en su som­bra era bus­car­lo para pro­tec­ción; pero el Espíritu de Jehová había dicho, “El que habi­ta al abri­go del Altísimo/Morará bajo la som­bra del Omnipo­tente (Sal 91:1). Los líderes de Judá esta­ban des­cuidan­do este prin­ci­pio mien­tras vol­te­a­ban a Egip­to por ayu­da. Años antes de esto, Isaías había demostra­do su oposi­ción a cualquier depen­den­cia sobre Egip­to o Etiopía por cam­i­nar descal­zos y usar solo ropa inte­ri­or por tres años (cap 20).

3 La pal­abra Pero intro­duce la con­se­cuen­cia de bus­car a Egip­to en vez de a Jehová por ayu­da. En vez de encon­trar for­t­aleza en el Faraón y en Egip­to, Judá encon­trará vergüen­za, un sen­ti­do de peca­do y de cul­pa con la tur­bación adi­cional del fra­ca­so. Tomar refu­gio en la som­bra del Faraón los guiará a la con­fusión (futil­i­dad y pér­di­da) en lugar de pro­tec­ción sól­i­da. La nación está con­de­na­da a la decep­ción total.

4 Aun aho­ra el pro­fe­ta vis­lum­bra a los príncipes en su comisión. Aunque son hom­bres de dig­nidad y posi­ción real, no son nece­sari­a­mente hom­bres de san­gre real. Él los ve arriban­do a Zoán, una ciu­dad local­iza­da en la parte noreste del Delta (ver 19:11). Y sus emba­jadores lleguen a Hanes. Estas son rep­re­sen­ta­ti­vas del gob­er­nador o del gob­ier­no. Hanes, men­ciona­da solo aquí en las Escrit­uras, aunque para algunos ha sido la Her­a­cleopo­lis Magna en el Alto Egip­to. Para otros ha sido Tafnes (Jer 43:7), local­iza­da no lejos de Zoán. Actual­mente, la iden­ti­dad y la local­ización son descono­ci­das. No está estable­ci­do especí­fi­ca­mente si Eze­quias esta­ba involu­cra­do en este acuer­do ver­gonzoso, pero es difí­cil pen­sar que los emba­jadores pudier­an haberse aven­tu­ra­do en tal comisión sin el conocimien­to y ben­di­ción del rey (ver 36:4–6).

5 El resul­ta­do de apelar a Egip­to será mas que una ofus­cación a la nación; el pro­fe­ta repite que pro­bará ser una vergüen­za y un opro­bio, una des­gra­cia. En la depen­den­cia final sobre Egip­to probó estar total­mente sin fru­to.

6 Pro­fecía sobre (en relación a la pro­fecía) las bes­tias del Neguev – para la pal­abra pro­fecía ver el comen­tario en 13:1. Delitzsch pien­sa que las bes­tias del Neguev se refiere a los hipopó­ta­mos, un sím­bo­lo de Egip­to; pero es muy dudoso. El pro­fe­ta prob­a­ble­mente tiene en mente a las bes­tias que pasa­ban a través del Neguev (“Sur”) al desier­to de Zin y de Shur lle­van­do los rega­los a Egip­to. Esto podría indicar que en este tiem­po la ruta costera había sido cor­ta­da por los asirios. En lengua­je poéti­co el pro­fe­ta describe la tier­ra ter­ri­ble a través de la que las bes­tias deben via­jar, descri­bi­en­do los peli­gros incur­ri­dos en este via­je inútil y des­perdi­ci­a­do.

Isaías usa tres pare­jas de pal­abras para describir la aus­teri­dad de la tier­ra y los peli­gros encon­tra­dos: (1) tier­ra de tribu­lación y de angus­tia, prob­a­ble­mente una ref­er­en­cia a la intran­quil­i­dad y a la agitación, a la angus­tia y a la deses­per­an­za, exper­i­men­ta­da por los que pasan por el área; (2) donde sale la leona y el león, impli­can­do ries­go para el hom­bre y para la bes­tia; (3) la víb­o­ra y la ser­pi­ente que vuela, ser­pi­entes muy venenosas, que se añadía a los ries­gos de esa tier­ra des­o­la­da. No sabe­mos con exac­ti­tud lo que Isaías quiere dar a enten­der por ser­pi­ente que vuela.

Los ricos rega­los y los tesoros sobre los hom­bros de asnos y sobre las jorobas de los camel­los sug­iere más bien una larga car­a­vana que lle­va la riqueza de Judá a Egip­to. Fue a través de este mis­mo “desier­to grande y espan­toso, lleno de ser­pi­entes ardi­entes, y de escor­pi­ones, y de sed, donde no había agua” (Deut 8:15), que Jehová guió a los israeli­tas muchos años antes, librán­do­los de los mis­mos opre­sores cuya som­bra bus­can aho­ra. Pero están hacien­do su apelación a un pueblo que no les será de prove­cho. Una descrip­ción triste, por cier­to.

7 Cier­ta­mente Egip­to en vano e inútil­mente dará ayu­da; ofrece algu­na expre­sión de ayu­da, pero no es val­i­da. No está claro si el nom­bre su for­t­aleza es estarse qui­eta es dada por Jehová o por el pro­fe­ta, pero es suma­mente apropi­a­do. La pal­abra sig­nifi­ca “tor­men­ta, arro­gan­cia,” un emble­ma apropi­a­do de Egip­to, “el fan­far­rón que se está qui­eto.” Leupold lo tra­duce, “un bocón que está cruza­do de bra­zos.” Cua­tro veces en los libros o pasajes poéti­cos la pal­abra es usa­da de un mon­struo (arro­gan­cia, orgul­lo, o poder) con el que Jehová está en con­flic­to (Job 9:13; 26:12; Sal 89:10; Isa 51:9). Ocurre en dos oca­siones donde Egip­to está clara­mente a la vista (Sal 87:4; Isa 30:7). Como la Esfin­ge, Egip­to buscó for­t­aleza pero fue inútil para actu­ar. Era una nación que no podría vivir en base a su glo­ria y poder pasa­do; se jac­tó en su glo­ria pasa­da pero no tenía nada.

8 El pro­fe­ta recibe un man­damien­to del Señor. Ve, pues, aho­ra, y escribe esta visión en una tabla delante de ellos, y regís­trala en un libro. El pro­fe­ta había sido instru­i­do antes a escribir un men­saje para el tes­ti­mo­nio futuro (8:1, 16), y aho­ra debe escribir de nue­vo. ¿Es lo que está escrito en los vers 6–7, en los vers 1–7, o en todo el capí­tu­lo? Con prob­a­bil­i­dad la instruc­ción inclu­i­da solo en los vers 6–7, que serviría como un recuer­do de la ton­tería del pueblo de Dios en descen­der a Egip­to en vez de con­fi­ar en Él. Algunos pien­san que Isaías escribió tan­to una tabla como un libro; otros creen que los dos tér­mi­nos se refieren a un solo escrito. Parece, sin embar­go, que con prob­a­bil­i­dad había una tabla para que el públi­co viera y ley­era, y un libro para preser­var el men­saje para todo el tiem­po por venir, eter­na­mente y para siem­pre. Todavía cuan­do lo leemos hoy, nos impre­sion­amos con la seguri­dad abso­lu­ta del camino y de la pal­abra de Jehová. Sirve entonces “por un tes­ti­mo­nio eter­no” (al mar­gen).

9 Jehová hace tres acusa­ciones con­tra el pueblo: Porque este pueblo es rebelde, una acusación que Él había puesto sobre ellos des­de el ini­cio (vers 1); hijos men­tirosos – sus mis­mas vidas son una men­ti­ra, su refu­gio es una men­ti­ra (28:15), su ado­ración es hipócri­ta (29:13); hijos que no quisieron oír la ley (o la enseñan­za) de Jehová. Rehusaron oír lo que Él está dicien­do por medio de Sus pro­fe­tas.

10–11 Isaías rev­ela el ver­dadero espíritu del pueblo hacia las pal­abras pro­nun­ci­adas por Jehová por medio de Sus pro­fe­tas. Los hijos rebeldes dicen a los videntes: No veáis; y a los pro­fe­tas: No nos pro­fet­icéis lo rec­to, decid­nos cosas halagüeñas, pro­fe­ti­zad men­ti­ras. Con seguri­dad no eran tan hon­estos como para venir sin rodeos y decir estas cosas; pero este ver­sícu­lo solo rev­ela grá­fi­ca­mente sus ver­daderos sen­timien­tos. (Para videntes y pro­fe­tas ver los comen­tar­ios en 29:10.) No hablar cosas rec­tas, esto es, cosas de la ver­dad y de la jus­ti­cia, porque ellas con­de­nan nue­stros caminos impíos. Cosas halagüeñas, cosas gus­tosas y agrad­ables al oído – cosas que nos entre­tienen. Pro­fe­ti­zar men­ti­ras, esto es, darnos esper­an­za fal­sa, hac­er­nos creer que todo está bien aún cuan­do no lo está. Una ver­sión mod­er­na ser, Danos religión pero no la ver­dad del evan­ge­lio. Al ver­dadero pro­fe­ta el pueblo dice, dejad el camino; no nos deten­emos en lo que hemos deter­mi­na­do hac­er. Apartaos de la sen­da, la sen­da de la rec­ti­tud y de la rev­elación ver­dadera. Quitad de nues­tra pres­en­cia al San­to de Israel. Sin duda está es una ironía de uso con­stante por Isaías del glo­rioso títu­lo San­to de Israel, que se men­ciona alrede­dor  de trein­ta veces en este libro. Cada vez que el pro­fe­ta men­ciona ese nom­bre, cor­taría pro­fun­da­mente a sus almas pecado­ras y rebeldes.

12 Por tan­to – frente a tal rebe­lión con­tra Dios y Su pal­abra hay una con­se­cuen­cia inevitable que el Señor está aho­ra lis­to a anun­ciar. El San­to de Israel, que el pueblo ha trata­do de echar fuera de sus vidas, pero que no será arro­ja­do, aho­ra habla. Porque dese­chasteis esta pal­abra – porque te detienes en desafi­ar la pal­abra del San­to de Israel que está sien­do habla­da por los pro­fe­tas actuales – el juicio está en camino. Otra razón para el juicio es que el pueblo con­fió en vio­len­cia y en iniq­uidad. Hay tres ideas en el sig­nifi­ca­do de la vio­len­cia aquí. Algunos la ven como una ref­er­en­cia a los méto­dos de opre­sión usa­dos para finan­ciar los rega­los o sobor­nos que esta­ban sien­do envi­a­dos a Egip­to. Otros la ven como los méto­dos opre­sivos a los que recur­ría el pueblo para silen­ciar a los pro­fe­tas, sofo­can­do sus voces. El ter­cer pun­to de vista es que el pro­fe­ta se está refirien­do a una dis­posi­ción de carác­ter que se man­i­festó en ellos en ambas cosas. Parece preferi­ble este ter­cer pun­to de vista. La per­ver­si­dad es una desviación de la jus­ti­cia o del camino ver­dadero, la demostración de una vol­un­tad obsti­na­da. Se man­i­fi­es­ta a si mis­ma en prác­ti­cas tor­ci­das en los nego­cios y en las políti­cas. El pueblo depende de la falsedad en vez de en la ver­dad y en la hon­esti­dad.

13 La pal­abra por tan­to intro­duce el cas­ti­go por los cora­zones rebeldes y las prác­ti­cas pecaminosas del pueblo. Jehová usa dos analogías para resaltar la nat­u­raleza de este juicio inmi­nente: una pared agri­eta­da y el rompimien­to de un vaso de bar­ro. Os será este peca­do como gri­eta que ame­naza ruina, extendién­dose en una pared ele­va­da. Una grie­ga o rajadu­ra podría causar que una pared se abul­tara hacia fuera y se colap­sara even­tual­mente. El prob­le­ma podría deberse a una fal­la en la pared, un desplaza­mien­to del cimien­to, o una fal­la del cimien­to. En este caso el prob­le­ma prob­a­ble­mente es que en lugar de con­stru­ir sobre el fun­da­men­to seguro de Jehová y Su pal­abra, el pueblo había con­stru­i­do en un fun­da­men­to fal­so (28:15–16). Además, ellos habían usa­do sus pro­pios están­dares al con­stru­ir sus muros de seguri­dad nacional. El colap­so ven­dría súbita­mente, sin adver­ten­cia.

14 Y (Jehová) se que­brará como se quiebra un vaso de alfarero – una indi­cación de total destruc­ción – que sin mis­eri­cor­dia lo hacen peda­zos. La descrip­ción es clara: tan­to, que entre los peda­zos no se hal­la tiesto para traer fuego del hog­ar, o para sacar agua del pozo. La demoli­ción del pueblo judío sería como el rompimien­to de una vasi­ja de bar­ro con una vara de hier­ro. La vasi­ja está tan rota que no hay una pieza sufi­cien­te­mente grande para lle­var un peda­zo de car­bón ardi­en­do del fogón o una olla para sacar agua de una cis­ter­na. La destruc­ción fue evi­ta­da en el tiem­po de Isaías debido a que Eze­quías imploró a Jehová y porque el hon­or de Jehová esta­ba de por medio (37:14–29). Tam­bién, sin duda la pred­i­cación de Isaías y de Miqueas y la influ­en­cia de sus vidas regre­saron los cora­zones al Señor lo sufi­ciente para que Él guardara a la ciu­dad de sus saque­adores. La destruc­ción no vino, sino un tiem­po después.

15 Smith tit­u­la los vers 15–17 “No Alian­zas, sino Con­fi­an­za” (I. 233), que bien resume el men­saje del pro­fe­ta. El Señor extiende un medio de escapar de la destruc­ción ter­ri­ble así descri­ta. Porque así dijo el Señor, el San­to de Israel, el mis­mo que sostiene ese nom­bre majes­tu­oso del que se apartaría el pueblo (vers 11), pero que da autori­dad a lo que se prom­ete. En des­can­so y en reposo seréis salvos – esto es sim­i­lar a las exhorta­ciones dadas a Acaz (7:4) y a Jerusalén (28:12). En lugar de descen­der a Egip­to para hac­er una alian­za con ese pueblo idol­a­tra, volverían a Jehová que es sal­vación, porque solo en los viejos caminos, el buen camino, que Él ha orde­na­do puede alguien encon­trar des­can­so para su alma (Jer 6:16). En vez de esa infi­del­i­dad que orig­inó a Judá recur­rir a Egip­to, debían ten­er la tran­quil­i­dad de la ver­dad y la con­fi­an­za por medio de la fe en Dios y Su poder. En este camino Judá encon­trará la for­t­aleza nece­saria para enfrentar la emer­gen­cia. Estas habían sido las bases del poder hebreo a lo largo de toda su his­to­ria, sin embar­go fal­laron con fre­cuen­cia en con­fi­ar en el Señor: Y no qui­sis­teis. Los que han apren­di­do esta lec­ción han sido y siem­pre serán las rocas impo­nentes que fac­ul­ta a la sociedad y a la igle­sia a sosten­er las are­nas movedi­zas de la destruc­ción int­elec­tu­al y de los movimien­tos sociales.

16 Sino que dijis­teis: No, antes huire­mos en cabal­los. Smith acer­tada­mente comen­ta, “Si deseas refor­mar las políti­cas, primero debes regener­ar el pueblo” (I. 230). La ten­den­cia de seguir los dic­ta­dos de sus pro­pios caminos rebeldes, el pueblo y sus gob­er­nantes están en una pro­fun­da necesi­dad de regen­eración espir­i­tu­al. Se deseo de escapar en cabal­los prob­a­ble­mente se refiere para acosar a los ene­mi­gos en car­ros de guer­ra obtenidos de Egip­to. En la ley Jehová había pro­hibido regre­sar a Egip­to para adquirir cabal­los (Deut 17:16), pero Judá está igno­ran­do del todo este man­damien­to. Ya que desean huir en cabal­los, por tan­to, vosotros huiréis; y puesto que ust­ed dice, Sobre corce­les velo­ces cabal­gar­e­mos; por tan­to, serán velo­ces vue­stros perseguidores. Jehová con­ced­erá su deseo, pero no en la for­ma que ellos pre­tenden. Cier­ta­mente huirán – pero como el persegui­do en lugar de ser el perseguidor.

17 En la ley Jehová había ase­gu­ra­do a Su pueblo que si per­manecían fieles a Él, “Cin­co de vosotros perseguirán a cien­to, y cien­to de vosotros perseguiréis a diez mil” (Lev 26:1, 8). El orden de esta prome­sa es aho­ra inver­tido; porque en lugar de cin­co per­sigu­ien­do un cien­to, Un mil­lar (de ust­edes) huirá a la ame­naza de uno; a la ame­naza de cin­co huiréis vosotros todos. De hecho, como es fre­cuente el caso en la Escrit­u­ra, esta es una hipér­bole fuerte. Indi­ca la com­ple­ta debil­i­dad y la der­ro­ta inevitable de cualquier que actúa en con­tra de la vol­un­tad y del propósi­to de Dios. En la der­ro­ta, en vez de la nación fuerte que podría y debería ser, Judá será como un árbol o mástil en la cum­bre de una col­i­na, pela­da de sus ramas y aban­don­a­da. Los super­vivientes estarán solos y serán pocos en número. Pero como una ban­dera este rema­nente será el pun­to de reunión alrede­dor del que una nue­va nación emerg­erá (1:9; 10:21–22).

 

La Properi­dad por Medio de la Gra­cia de Dios (Mesiáni­ca) (vers 18–26)

 

      18 En medio de este panora­ma pes­imista de juicio, der­ro­ta, y soledad, Jehová ani­ma al pueblo con una pal­abra de esper­an­za y de con­fi­an­za, basa­do en Su gra­cia y mis­eri­cor­dia. La pal­abra Y conec­ta la idea del sigu­iente pasaje con el juicio prece­dente (vers 1–17), y la pal­abra por tan­to intro­duce lo que Jehová hará y las bases de Su acción. El Seño esper­ará has­ta que el juicio sea eje­cu­ta­do; por medio de él el pueblo será meti­do en un mar­co de mente y de dis­posi­ción de corazón que podría haber gra­cia hacia ellos. Y por tan­to, será exal­ta­do, lev­an­ta­do ante los ojos del pueblo y recono­ci­do como Jehová Dios, tenien­do de vosotros mis­eri­cor­dia (ver 2:11, 17). La mis­eri­cor­dia es la expre­sión del carác­ter de Su gra­cia (ver Sal 103:8). Pero, como lo mues­tra el juicio, tam­bién Jehová es Dios jus­to, jus­to y rec­to en todos Sus caminos. Que jus­ti­cia es parte de nat­u­raleza esen­cial es con clar­i­dad expre­sa­do por dos salmis­tas: “Jus­ti­cia y juicio son el cimien­to de tu trono;/Misericordia y ver­dad van delante de tu ros­tro” (Sal 89:14); y “Jus­ti­cia y juicio son e cimien­to de su trono./Fuego irá delante de él,/Y abrasará a sus ene­mi­gos alrede­dor” (Sal 97:2–3). Así entonces, la bon­dad y la mis­eri­cor­dia de Dios así como el fuego de juicio refle­jan la nat­u­raleza inher­ente de Dios y el mis­mo fun­da­men­to de Su trono y gob­ier­no. Es tan con­sis­tente con Su carác­ter divi­no cas­ti­gar la mal­dad como mostrar mis­eri­cor­dia al pen­i­tente. Entonces, bien­aven­tu­ra­dos todos los que con­fían en él; en lugar de tomar los asun­tos en sus propias manos, per­miten actu­ar a Jehová sobre la base de Su infini­ta rec­ti­tud y jus­ti­cia. Isaías expresó bel­la­mente esto en una pro­fecía pos­te­ri­or, “Pero los que esper­an a Jehová ten­drán nuevas fuerzas; lev­an­tarán alas como las águilas; cor­rerán, y no se cansarán; cam­i­narán, y no se fati­garán” (40:31).

19 El pueblo, esto es, los que esper­an por Jehová, dis­fru­tarán la mis­eri­cor­dia de Su gra­cia (vers 18) y el pueblo morará en Sion, en Jerusalén. Por el bien del énfa­sis, esta frase es algu­nas veces tra­duci­da “Sion, aun Jerusalén.” Ambas lec­turas dan el mis­mo sen­ti­do. Sion-Jerusalén es el lugar de la habitación de Dios entre Su pueblo; allí estarán con Él. Él es sin­gu­lar; el pro­fe­ta ya sea que se está dirigien­do al pueblo como un todo o se está dirigien­do a cada miem­bro de su audi­en­cia como un indi­vid­uo, para los que esper­an y reciben las ben­di­ciones dadas como indi­vid­u­os. Para ellos los días de llan­to han pasa­do; dis­fru­tan aho­ra la gra­cia de la pres­en­cia de Jehová y la respues­ta a su clam­or. Al oír la voz de tu clam­or, te respon­derá – para recibir una respues­ta debe­mos cla­mar al Señor ardi­en­te­mente, en fe y con con­fi­an­za; cuan­do lo hace­mos así, Dios responde.

20 Pero antes que ven­gan las ben­di­ciones, habrá un tiem­po de aflic­ción, el juicio men­ciona­do arri­ba. Muchos comen­taris­tas omiten la pal­abra bien, y tra­ducen, “Os dará el Señor pan de con­go­ja y pan de angus­tia.” Esta es ali­mentación pro­vista en tiem­po de extrema necesi­dad y pobreza, lo opuesto de comi­da y bebi­da en abun­dan­cia. Al lle­var a cabo Su plan divi­no, el Señor no per­mi­tirá que Su pueblo perez­ca del todo. En el tiem­po de extrema opre­sión y pobreza Él proveerá para la preser­vación de un rema­nente. Un salmista anón­i­mo dijo, “Pasamos por el fuego y por el agua,/Y nos sacaste a abun­dan­cia [‘abun­dan­cia,’ del hebreo]” (Sal 66:12). Antes de la abun­dan­cia viene el fuego y el agua.

La últi­ma mitad de este ver­sícu­lo es difí­cil de tra­ducir; ¿es mae­stros (plur­al) o mae­stro (sin­gu­lar)? Smith opta por “Mae­stro,” aplicán­do­lo a Dios, que por un tiem­po había ocul­ta­do Su ros­tro de Su pueblo, pero que aho­ra los instruye. La may­oría de los comen­taris­tas por­tan por “mae­stros,” y lo apli­can a los pro­fe­tas y a los instruc­tores lev­i­tas que se ocul­taron durante el tiem­po de opre­sión sev­era. La declaración de los pro­fe­tas, sino que tus ojos verán a tus mae­stros, sug­iere mae­stros humanos que el pueblo puede ver, sin embar­go esto no es con­cluyente.

21 Entonces tus oídos oirán a tus espal­das pal­abras que diga – aquí está una difi­cul­tad adi­cional. Si los ojos de los que han esper­a­do por Jehová ve a los mae­stros, ¿cómo puede la pal­abra ser oída des­de las espal­das de ellos? Han sido dadas numerosas expli­ca­ciones. Note, por ejem­p­lo, que los mae­stros están dicien­do, Este es el camino, andad por él; y no echéis a la mano derecha, ni tam­poco torzáis a la mano izquier­da. Es posi­ble que los mae­stros y los direc­tores del pueblo los desviaron del camino rec­to. Al haber gira­do a la derecha o a la izquier­da, sus espal­das están aho­ra hacia los mae­stros. El soporte para esta inter­pretación puede ser encon­tra­da en la ley que dice, “No os apartéis ni a dies­tra ni a sinies­tra” (Deut 5:32), y tam­bién en la pal­abra del hom­bre sabio, “No te desvíes a la derecha ni a la izquierda;/Aparta tu pie del mal” (Prov 4:27). Así, con ojos para ver y oídos para oír, el pueblo será instru­i­do en el camino rec­to; y cuan­do es señal­a­do que han erra­do de ese camino, oirán y regre­sarán.

22 Los que habi­tan aho­ra en Sion, al haber venido por medio de la tribu­lación, recono­cerán la con­t­a­m­i­nación y la influ­en­cia destruc­to­ra de los ído­los, con­sid­erán­do­los como inmun­dos. Las imá­genes eran mold­eadas de un met­al infe­ri­or o tal­ladas en madera, y entonces recu­bier­ta con pla­ta u oro (ver 40:19; 44:9–20). Entonces pro­fa­narás la cubier­ta de tus escul­turas de pla­ta, y la vestidu­ra de tus imá­genes fun­di­das de oro; las apartarás como trapo asqueroso; ¡Sal fuera! les dirás — ¡Vete! ¡Fuera de mi vista! Prob­a­ble­mente los ído­los son puestos en la tier­ra para reducir­los a pol­vo y entonces dis­per­sar­los. Después de la destruc­ción de Jerusalén y la cau­tivi­dad de Babilo­nia el pueblo aparente­mente esta­ba cura­do de la idol­a­tría, porque nun­ca más oíos que hicier­an o sirvier­an a imá­genes.

23 Los vers 23–26 están llenos de la prome­sa de rega­los ricos y abun­dantes de Dios. El da tan­ta llu­via que la sementera que ha sido sem­bra­da bro­tará. De ella ven­drá pan, nutri­ti­vo y en gran medi­da. En el día de esta gen­erosi­dad el gana­do encon­trará abun­dan­cia de pas­to en las grandes praderas, un gran con­traste a su estrechez ante­ri­or y a las áreas estre­chas.

24 Los ani­males domes­ti­ca­dos – los bueyes y los asnos usa­dos para el ara­do del sue­lo – com­erán gra­no (o con sal) limpio. La pal­abra gra­no podría indicar amasi­jo o una mez­cla fer­men­ta­da como nue­stro ensi­la­je. Su comi­da sería de una cal­i­dad no usu­al y exce­lente, mez­cla­dos y con sal. Que el gra­no limpio ha sido aven­ta­do con pala y cri­ba sug­iere que, como el gra­no desea­do por los humanos, es limpia­do de la paja des­menuza­da y pur­ga­da de sus­tan­cias extrañas.

25 Y en lugar de montes altos y col­la­dos ele­va­dos al ser desnuda­dos, habrá ríos y cor­ri­entes. Proveerán además ben­di­ciones para los hom­bres y para las bes­tias, dan­do agua para praderas fron­dosas, para la irri­gación, y para el uso domés­ti­co. ¡Que gran ben­efi­cio en una tier­ra donde las cor­ri­entes son escasas y pre­ciosas (ver 41:18)! En una for­ma bas­tante sor­pren­dente el pro­fe­ta inyec­ta una idea con­trastante: el día de la gran matan­za, cuan­do caerán las tor­res. Hay al menos dos posi­bles expli­ca­ciones del pasaje: (1) La gran matan­za cuan­do las tor­res caen pre­ced­erán a estas ben­di­ciones (ver vers 13, 18); o (2) Habrá matan­za y las tor­res se colap­sarán en el mun­do de la impiedad aun mien­tras los que están en Sion-Jerusalén dis­fru­tan rega­los abun­dantes de Dios. A la luz del con­tex­to, y en espe­cial el ver­sícu­lo sigu­iente, parece preferi­ble la segun­da.

26 Al haber descrito la abun­dan­cia de las pro­vi­siones físi­cas para el hom­bre y la bes­tia, el pro­fe­ta habla aho­ra de la luz glo­riosa de ese peri­o­do. Y la luz de la luna será como la luz del sol, y la luz del sol siete veces may­or, como la luz de siete días (ver 24:23; 60:19–20). En tal luz todas las cosas serán claras, vis­tas como son. Este ver­sícu­lo provee la clave para enten­der todo el pasaje. La luz del sol como la luz de siete días es la luz de una sem­ana con­cen­tra­da en un día bril­lante. Tal bril­lantez en el mun­do físi­co sería desas­trosa para la vida, tan­to para las plan­tas como para los ani­males. Pero en ese día ven­dará Jehová la heri­da de su pueblo, y curará la lla­ga que él causó. En ese día Sus ben­di­ciones de abun­dan­cia serán pro­vis­tas.

Allí no puede haber duda que Dios inten­tó ben­de­cir rica­mente al pueblo sobre su retorno de la cau­tivi­dad cuan­do Él recogería el rema­nente de vuelta a su propia tier­ra. Él había prometi­do que sobre este retorno, Él “te hará bien, y te mul­ti­pli­cará más que a tus padres” (Deut 30:5); pero esto era condi­cional en base a que retornaran a Él con todo su corazón y guardan­do Sus man­damien­tos (Deut 30:8–10). Él les haría “may­or bien que en vue­stros prin­ci­p­ios” (Ezeq 36:11). Aun tan tarde como en los días de Malaquías, Dios dijo que Él “abriría las ven­tanas de los cie­los, y der­ra­maría sobre vosotros ben­di­ción has­ta que sobre­abunde” (Mal 3:10). Pero en cada ocasión estas ben­di­ciones eran con­tin­gentes sobre la fidel­i­dad del pueblo al Señor (ver la con­struc­ción “si” en Jer 18:7–10). Si el pueblo no cumplía las condi­ciones, Dios no haría por ellos lo que Él podría ten­er. Las ben­di­ciones no serían dadas con plen­i­tud, con todo, has­ta la era mesiáni­ca cuan­do Dios der­ra­mará Sus ben­di­ciones espir­i­tuales en rica abun­dan­cia. Debe­mos enten­der que el lengua­je de Isaías anun­cia con antelación las glo­riosas ben­di­ciones en Cristo (ver Ef 3:19; Col 2:8–10).

 

La Ven­gan­za de Jehová sobre Asiria (vers 27–33)

 

En un lengua­je de imá­genes bril­lantes y encen­di­das, Isaías describe el crib­a­do de las naciones y la destruc­ción de Asiria por la fuerza de Su bra­zo. El pro­fe­ta ya ha intro­duci­do el juicio de los ebrios de Efraín (28:1–2), el tor­rente des­bor­dante con­tra Jerusalén (28:15; 29:13–14), y la destruc­ción de los adver­sar­ios de Jerusalén por fuerzas poderosas dirigi­das por el mis­mo Jehová (29:6). Aho­ra tra­ta en espe­cial con la destruc­ción de Asiria, com­bi­nan­do dos metá­foras que describen la veni­da de Jehová como una tor­men­ta poderosa, fer­oz y ardi­ente en su fuerza destruc­to­ra, y como un hom­bre lleno de ira e indi­gnación.

27 He aquí el nom­bre de Jehová viene de lejos. El nom­bre de Jehová sim­boliza todo lo que Él es – Su ser, rev­elación, y acción. Aparente­mente el Señor ha aban­don­a­do al pueblo a ellos mis­mos, pero aho­ra como una tor­men­ta alum­bran­do el cielo viene a lib­er­ar­los. Él viene en eno­jo ardi­ente de indi­gnación e ira jus­ta, su ros­tro encen­di­do, como nubes ardi­entes en una tor­men­ta ter­ri­ble. Sus labios llenos de ira con­tra Sus ene­mi­gos; su lengua como fuego que con­sume, que va delante de Él, que­man­do a Sus adver­sar­ios alrede­dor (ver Sal 97:2–3).

28 Su alien­to, cual tor­rente que inun­da; lle­gará has­ta el cuel­lo. Como las aguas tor­ren­ciales del Río (Asiria) han bar­ri­do sobre Judá, lle­gan­do has­ta la gar­gan­ta (8:8), así aho­ra el tor­rente de la ira de Dios alcan­za la gar­gan­ta de Asiria. El pro­fe­ta usa tres metá­foras describe los rep­re­sen­tantes de este juicio: un tor­rente abru­mador, una cri­ba de destruc­ción, y un freno que se dirige en el camino que Jehová deter­mi­na. A difer­en­cia del crib­a­do de Israel, en donde ningún gra­no cae a la tier­ra, sino que todo es sal­vo (Amos 9:9), en el crib­a­do de las naciones todas son pues­tas en con­fusión y destru­idas (ver Jer 30:11). El freno que los hace errar los lle­va a la destruc­ción. Mien­tras Jehová entremez­cló un espíritu de per­ver­si­dad entre los egip­cios, cau­san­do que tomaran el mal camino a su ruina (19:14), así Él guiará a las naciones.

29 En con­traste, a los que hiere Jehová los ha aumen­ta­do ráp­i­da­mente y los las­ti­ma­dos por Él los ha sana­do, vosotros ten­dréis un cán­ti­co como de noche en que se cel­e­bra pas­cua. Aunque no se especi­fi­ca, la pas­cua se refiere prob­a­ble­mente a – “esta noche deben guardar­la para Jehová” (Exo 12:42; ver Mt 26:30). Así mien­tras las naciones paganas y la poten­cia asiria están sien­do destru­idas, habrá una can­ción entre los red­imi­dos como cuan­do una fies­ta san­ta está sien­do guarda­da. Allí no habrá rego­ci­jo sólo en el cán­ti­co, sino que será tam­bién ale­gría de corazón, como cuan­do, con instru­men­tos musi­cales, el pueblo fluye a Jerusalén, el monte de Jehová, donde hay pro­tec­ción en la Roca de Israel (ver el comen­tario en 26:4). El red­imi­do alabará al que ha pro­vis­to por su pro­tec­ción y cuida­do.

30 A causa de Su glo­riosa y majes­tu­osa voz debe ser oída, Jehová cumplirá Su pal­abra y entonces hará valer Su jus­ti­cia. Al descen­so de su bra­zo Él man­i­fes­tará en acción el juicio que Él ha anun­ci­a­do. En un lengua­je alta­mente fig­u­ra­do y sim­bóli­co, el mis­mo Señor es el cen­tro de la descrip­ción, el eje­cu­tor de Su vol­un­tad. La grandeza de la pro­fecía tra­sciende al lengua­je; para describir lo que Jehová está hacien­do, el pro­fe­ta extrae toda la furia de la nat­u­raleza. El descen­so de Su bra­zo es con furor de ros­tro y lla­ma de fuego con­sum­i­dor. Es como un estal­li­do (o impacto) con una llu­via ter­ri­ble y grani­zo trit­u­rador. Con estas imá­genes cen­tel­le­an­do ante sus ojos, Isaías vis­lum­bra la ter­ri­ble destruc­ción del mun­do pagano.

31 El obje­to espe­cial de la ira de Dios es aho­ra especi­fi­ca­do: Porque Asiria que hir­ió con vara, con la voz de Jehová será que­bran­ta­da. Por el decre­to de Dios que tan­to sal­va como destruye, el opre­sor será juz­ga­do y traí­do a un fin. Así como Jehová había usa­do a Asiria como la vara y bácu­lo de Su eno­jo y juicio (10:5), así Él aho­ra usará una vara para cas­ti­gar a Asiria (ver 10:25). Babilo­nia fue esa vara con la que Asiria fue cas­ti­ga­da.

32 Con cada golpe que cae sobre la cru­el nación por la vara señal­a­da por el Señor (Babilo­nia), será con pan­deros y con arpas, instru­men­tos musi­cales aso­ci­a­dos con el gozo y con la fes­tivi­dad. Y en batal­la tumul­tu­osa peleará (Jehová) con­tra ellos; con la vara de Su escogi­do Jehová peleará con­tra el obje­to de Su indi­gnación. No hay rego­ci­jo porque las naciones están sien­do destru­idas y los pueb­los están sufrien­do, sino porque la idol­a­tría, la iniq­uidad, y la cru­el­dad están sien­do juz­gadas y la jus­ti­cia lib­er­a­da (ver Apoc 19:1–2). Como fue en ese tiem­po, lo será siem­pre.

33 Porque Tofet ya de tiem­po está dis­puesto; tal lugar ha sido pro­vis­to por largo tiem­po tan­to por reyes como por naciones como Asiria. Tofet es ese sitio en el Valle de Hinon donde los niños habían sido que­ma­dos como ofren­da a Moloc, un cliente de los Canani­tas que apos­tataron del Judá adop­ta­do (2 Rey 23:10). Tofet es men­ciona­do tam­bién por Jere­mías, tres veces en el capí­tu­lo 7 y cin­co veces en el capí­tu­lo 19. Después de ser pro­fana­do por Josías, llegó a ser un lugar para el que­ma­do de basura. La pal­abra del Nue­vo Tes­ta­men­to Gehena, el lugar que arde siem­pre, es deriva­da del hebreo “Valle de Hinon”.” Jehová había hecho a Tofet lo sufi­ciente pro­fun­da y tan grande para la destruc­ción de una nación tan grande como Asiria. Hay mucha madera, y el sop­lo de Jehová, como tor­rente de azúfre, lo enciende. Jehová surge en for­ma desta­ca­da en esta sec­ción como Juez y destruc­tor de lo mal­va­do.

 CAPÍTULO 30 Ay para la Políti­ca Pro-Egip­cia

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  • Cuan­do El Peri­o­do Asirio: Con­flic­to y Vic­to­ria (1–39)
  • Pro­fecías de Juicio en Con­tra de Naciones Indi­vid­uales

(13–23)

El capí­tu­lo 23 es la pro­fecía final en con­tra de las poten­cias paganas indi­vid­uales, tan­to pequeñas como grandes. El pro­fe­ta se con­cen­tra en tres grandes poderes en el mun­do: la fuerza mil­i­tar ejer­ci­da en la con­quista, en la religión fal­sa y deca­dente, y el com­er­cio. Isaías ini­cia con Babilo­nia, la gran poten­cia impe­r­i­al que por medio de la mili­cia destru­iría a Asiria, espar­cien­do sus alas de con­quista sobre todo el mun­do de esos días que aun era de Egip­to, que pre­vi­a­mente había sido un poder mundi­al dom­i­nante. Egip­to, jun­to con otros, sería juz­ga­do a traí­do a un fin. Las reli­giones fal­sas de los paganos, lig­a­dos a sus ído­los y a sus tem­p­los, les fal­larían en tiem­pos de necesi­dad, destru­i­dos por el poder abru­mador de Jehová. Y Jerusalén, el valle de la visión, el asien­to de la ado­ración de Jehová, que había lle­ga­do a ser car­ac­ter­i­za­da por la indifer­en­cia hacia el Señor de los ejérci­tos. Y aho­ra el pro­fe­ta cam­bia su aten­ción a Tiro, la cap­i­tal mundi­al del com­er­cio. Tam­bién será juz­ga­da y traí­da a la nada.

      Tiro, encon­tra­da entre el 2750 y el 2500 A.C., local­iza­da vein­ticin­co mil­las al sur de Sidón y a trein­ta y cin­co mil­las al norte del Monte Carme­lo, era la prin­ci­pal ciu­dad-Esta­do de Feni­cia. La ciu­dad cap­i­tal esta­ba local­iza­da en el con­ti­nente, y una for­t­aleza esta­ba local­iza­da en una isla a una cor­ta dis­tan­cia fuera de la cos­ta. Isaías habló de Tiro como la hija de Sidón (vers 12); él está ya sea pen­san­do de Sidón como el sím­bo­lo de Feni­cia o está indi­can­do que Tiro fue fun­da­do por el pueblo de Sidón. Debido a la muy estrecha lla­nu­ra costera entre el mar al poniente y al Monte Líbano en el ori­ente, los feni­cios fueron imposi­bil­i­ta­dos de lle­gar a ser un pueblo agricul­tor. Con­se­cuente­mente, ellos vol­tearon hacia las mon­tañas por la min­ería y al mar para el com­er­cio, lle­gan­do a ser la poten­cia com­er­cial más grande de ese momen­to. Sus bar­cos emplearon las aguas hacia el oeste al norte de África, donde encon­traron la colo­nia de Cárta­go, y a España, donde encon­traron a Tar­sis. Ellos extendieron su com­er­cio más allá  del Estre­cho de Gibral­tar a la cos­ta del Atlán­ti­co y des­de Ezion-geber en el extremo norte del Gol­fo de Aga­ba al Océano Indi­co

      El com­er­cio por si mis­mo es bueno; con­tribuye al bien­es­tar de los pueb­los del mun­do dis­tribuyen­do tan­to para las necesi­dades como para los lujos de la vida y proveyen­do tra­ba­jo para todos los nive­les sociales. Sin embar­go, el com­er­cio está tam­bién rela­ciona­do la ganan­cia mate­r­i­al – el ben­efi­cio. A difer­en­cia de otras cier­tas ocu­pa­ciones, no tiene los obje­tivos más altos y más nobles. Esto no es una for­ma de sug­erir que el sis­tema de ben­efi­cio es malo, porque no lo es. El hom­bre de nego­cios debe ten­er un ben­efi­cio de su inver­sión y por su labor si el va a man­ten­erse en el nego­cio. Pero el com­er­cio debe ser con­de­na­do cuan­do desar­rol­la el espíritu mer­ce­nario de la lujuria, la cod­i­cia, y la ambi­ción que lle­va a la deca­den­cia moral y espir­i­tu­al. Smith resume el lugar de Tiro en la his­to­ria: “No hay a lo largo de toda la his­to­ria una encar­nación más per­fec­ta del espíritu mer­ce­nario que el de la nación feni­cia” (I. 300). Es des­de este pun­to de vista que Tiro, el sím­bo­lo del com­er­cio y de la comu­ni­cación mundi­al, es com­para­da a una ram­era que vende su alma y su hon­or por los plac­eres sen­suales y por las riquezas mate­ri­ales del mun­do (vers 15–17); ver la gran ram­era [“Babilo­nia”] de Apoc 17–18, que sim­boliza el com­er­cio y el lujo de Roma). El juicio de Dios cae sobre una nación que cae en tal acti­tud.

      La aso­ciación amis­tosa más tem­prana entre Tiro e Israel se desar­rol­ló durante los días de David de Israel e Hiram de Tiro. Estos dos reyes se hicieron ami­gos, tenien­do tratos com­er­ciales el uno con el otro. Esta relación ami­ga­ble se inten­si­ficó durante el reina­do del rey Salomón, quien llevó a cabo un com­er­cio inten­si­vo y cam­pañas navieras con el rey de Tiro. Tan­to Asiria como Babilo­nia ame­nazaron a Tiro durante el peri­o­do de su poder, pero no fue has­ta la invasión de Ale­jan­dro el Grande que la ciu­dad fue destru­i­da (332 A.C.). El perío­do de la his­to­ria de Tiro cubier­to por Isaías se extendió des­de la opre­sión de Asiria y de Babilo­nia, espe­cial­mente a la de Babilo­nia, has­ta la restau­ración de la pros­peri­dad después de la dom­i­nación caldea. La destruc­ción se llevó a cabo bajo la con­quista de Ale­jan­dro. Una lec­ción may­or en el capí­tu­lo 23 es que Jehová con­tro­la y deter­mi­na el des­ti­no de las naciones; y cuan­do ellas se con­vierten en algo inútil a la vida, Él las qui­ta. (Para pro­fecías adi­cionales rela­cionadas con Tiro, ver Jer 25:22; Eze 26:1–28:19; Amos 1:9–10.)

El Juicio de Tiro y el Efec­to de Su Caí­da (vers 1–7)

1 Como marineros que regre­san de Tar­sis, una colo­nia feni­cia al sureste de España, ellos oyen de la calami­dad que había ocur­ri­do en su puer­to ori­gen de Tiro. Las naves de Tar­sis, ya fuer­an flotas o bar­cos en gen­er­al que emplean los mares bravos (ver 1 Rey 10:22) o las flotas mediter­ráneas espe­ciales, son lla­madas a aullar, porque la ciu­dad de Tiro destru­i­da. Las casas están destru­idas y no hay entra­da en el puer­to. Oyen las noti­cias ya sea cuan­do otras embar­ca­ciones se acer­can a ellos cer­ca de Quitim (la isla de Chipre) o cuan­do anclan allí. Las noti­cias son tristes por si mis­mas, porque sus casas son destru­idas, su puer­to está cer­ra­do, y no hay mer­ca­do para sus artícu­los.

      2 Los moradores de la cos­ta son los pueb­los del área mediter­ránea. Ellos están muy sor­pren­di­dos de la caí­da de Tiro, pero se les dice que callen o que estén en silen­cio. Ellos habían sido pros­per­a­dos por los mer­caderes de Sidón, que pasan­do el mar te abastecían. Sidón ya sea que sim­bo­l­ice a toda Feni­cia o se refiera especí­fi­ca­mente a la ciu­dad madre, la que, por medio de Tiro, había com­er­ci­a­do con otros. Todos habían sido total­mente proveí­dos y enrique­ci­dos por las aven­turas com­er­ciales de los feni­cios.

      3 Las muchas aguas incluyen el Mar Mediter­rá­neo y los océanos que están más allá. El Nilo es en opinión de algunos ya sea un canal o un ramal al ori­ente del Nilo; para otros (por ejem­p­lo, Leupold) pien­sa que era un ramal al poniente del Nilo; aun otros pien­san que era un sinón­i­mo del mis­mo Nilo (ver Jer 2:18, donde es com­para­do con el Eufrates). Las sementeras del Nilo es el gra­no de Egip­to que era proveí­do por los des­bor­damien­tos del Nilo y embar­ca­do por medio de todo el mun­do mediter­rá­neo de esos días. Proveyó ingre­sos tan­to para Tiro y Egip­to y comi­da para los pueb­los pobres.

      4 A cam­bio de la con­donación del orgul­lo que había car­ac­ter­i­za­do a Tiro y a sus her­manas, el Señor dice, Avergüén­zate, Sidón. De nue­vo Sidón posi­ble­mente se refiere a la total­i­dad de Feni­cia. El mar es per­son­ifi­ca­do y habla por Tiro, la for­t­aleza del mar: Nun­ca estuve de par­to, ni di a luz, ni crié jóvenes, ni lev­an­té vír­genes. Tiro nun­ca ha engen­dra­do hijos. Cuan­do final­mente sea esclav­iza­da o destru­i­da, ella no dejará nada per­ma­nente; no ha proveí­do nada de una nat­u­raleza per­ma­nente, porque el ben­efi­cio del com­er­cio o el com­er­cio mis­mo es del mun­do y se aca­ba.

      5 Cuan­do esta noti­cia de la caí­da de Tiro llegue a Egip­to, ten­drán gran dolor; porque si el esta­do inter­me­dio de Tiro cae, el destruc­tor alcan­zará rápi­do a Egip­to. O tal vez Egip­to está ado­lori­do porque el exportación de sus como­di­dades será cor­ta­do, y con­se­cuente­mente el desas­tre económi­co lle­gará a la nación.

      6 De Egip­to, Pasaos a Tar­sis, la colo­nia de Tiro más al oeste, y aúl­lan o pro­lon­gan su luto allí. Esto podría indicar que durante el sitio de Tiro, algunos de los pueb­los fueron trans­porta­dos a Tar­sis así como algunos fueron trans­feri­dos a Carta­go durante el cer­ca de Ale­jan­dro. A donde quiera que fuer­an, estarían lamen­tán­dose por la caí­da de la nación.

      7 A la luz de la destruc­ción de la ciu­dad, el Señor pre­gun­ta, ¿No era ésta vues­tra ciu­dad ale­gre, la ciu­dad del bul­li­cio y de aje­treo del com­er­cio? El pro­fe­ta la reconoce como una ciu­dad antigua estable­ci­da des­de hace mucho tiem­po, Sus pies la lle­varán a morar lejos. En la búsque­da del com­er­cio muchos de sus habi­tantes habían via­ja­do a tier­ras dis­tantes, deján­dola sin una pos­teri­dad per­ma­nente en ningún lugar. (Para una inter­pretación difer­ente de esta cláusu­la final, ver al mar­gen.)

      Para resumir estos ver­sícu­los: el Señor apela a las embar­ca­ciones de Tar­sis a aullar, sobre los habi­tantes de las costas a callar, y sobre Sidón a aver­gon­zarse; Egip­to a ten­er dolor, y a los que huyen a Tar­sis a lamen­tarse. La caí­da del poder com­er­cial afec­ta no solo a si mis­mo, sino tam­bién a las naciones aso­ci­adas o que depen­den de ella.

Jehová, el Eje­cu­tor del Juicio (vers 8–12)

8 ¿Quién se atrevería a plan­ear la der­ro­ta de una nación tan grande y tan impor­tante como Tiro, la que repartía coro­nas, cuyos nego­ciantes eran príncipes, cuyos mer­caderes eran los nobles de la tier­ra? En su grandeza había repar­tido coro­nas en las cabezas de los monar­cas, no por la con­quista mil­i­tar sino por el poder com­er­cial y económi­co. Estos monar­cas eran prob­a­ble­mente los gob­er­nadores de sus colo­nias, pero podrían ser gob­er­nadores coro­n­a­dos por manip­u­lación económi­ca. Sus mer­caderes eran príncipes en los empo­rios del com­er­cio, y sus nego­ciantes esta­ban entre lo hon­or­able o grande la la tier­ra.

      9 La pre­gun­ta­da lev­an­ta­da por el pro­fe­ta es con­tes­ta­da aho­ra: Jehová de los ejérci­tos lo decretó; El se atrevería a plan­ear la der­ro­ta de tal nación en la cúspi­de de su glo­ria. El obje­ti­vo divi­no era desa­cred­i­tar o pro­fa­nar toda glo­ria ter­re­nal trayén­dola a la des­gra­cia, porque Él es capaz de “exal­tar lo bajo, y humil­lar lo alto” (Eze 21:26).

      10 Como el Nilo fluye sin imped­i­men­tos a lo largo de Egip­to, así el pueblo de Tar­sis, que prob­a­ble­mente rep­re­sen­ta a todas las colo­nias de Tiro, son apu­radas a pasar libre­mente a través de la tier­ra. No hay aho­ra “faja” o poder de la ciu­dad madre; ha sido quita­do.

      11 Así como Jehová por medio de Moisés en un tiem­po antiguo extendió Su mano, cau­san­do que el mar lle­vara al ejérci­to del faraón a un fin (Exo 14:21–48), y así como Isaías ha pro­fe­ti­za­do, Él la enten­derá sobre todas las naciones en juicio (Isa 14:26), Él aho­ra la extiende sobre el mar, el reino del tesoro y de la glo­ria de Tiro. Él está sacu­d­i­en­do los reinos y mandó con respec­to a Canaán (el pueblo del mer­cad­er), que sus for­t­alezas sean destruí­das. Aunque es posi­ble que Isaías esté hacien­do un juego de pal­abras, refir­ién­dose a Tito como Canaán (el pueblo del mer­cad­er), es más prob­a­ble que él esté hablan­do de sacud­ir la total­i­dad de la tier­ra de Canaán, der­riban­do su for­t­aleza por medio de los inva­sores que eje­cu­tarán Su juicio con­tra Tiro.

      12 Y dijo, resum­ien­do la nota excla­ma­da en el vers 7, No te ale­grarás más – los días de rego­ci­jo para Tiro y para Sidón ya no exis­ten. La vergüen­za de los pueb­los de la cos­ta será como la de una vir­gen de quien se abusó sex­ual­mente. A ellos se les dijo que se lev­an­tarán y pasarán a Chipre, donde vivía una colo­nia feni­cia, pero aun allí no ten­drás reposo; no hay escape al juicio de Dios y a las con­se­cuen­cias del orgul­lo.

El des­ti­no de Feni­cia: A Pesar de la Caí­da, la Pros­peri­dad de Tiro será Restau­ra­da (vers 13–18)

      13 Sin lugar a dudas el vers 13 es lo más difí­cil en este capí­tu­lo; está lleno de prob­le­mas. Young pien­sa que el pro­fe­ta no está hablan­do del ori­gen físi­co de la nación caldea cuan­do dice, Este pueblo no existía; Asiria la fundó para los moradores del desier­to; más bien, está dicien­do que los babilo­nios fueron traí­dos al poder por la agre­sión asiria. Esto podría bien ser así. En la cuar­ta parte más tem­prana del primer mile­nio A.C. Asiria había entra­do a la políti­ca de Babilo­nia. Ataques numerosos por parte de los gob­er­nadores asirios lle­varon al con­trol asirio de la ciu­dad. Esto con­tin­uó has­ta que Nabopo­las­sar limpió a Caldea de los asirios en el626 A.C., lle­gan­do a ser rey de Babilo­nia un poco tiem­po después. Ninive fue ráp­i­da­mente destru­i­da (612 A.C.) y Egip­to fue der­ro­ta­do por Nabu­codonosor, el hijo de Nabopo­las­sar, en la batal­la de Car­chem­ish (605 A.C.). Entonces fue el con­stante con­flic­to con Asiria lo que tra­jo a Babilo­nia a la posi­ción del poder mundi­al dom­i­nante.

      A pesar de las difi­cul­tades del vers 13, puesto que Tiro es el obje­to del ago­b­io de Isaías, parece que su ruina a mano de los babilo­nios, un pueblo del desier­to (tier­ra incul­tivable), es su asun­to aquí. Nabu­codonosor sitio a Tiro por trece años, pero fue exi­tosa­mente resis­ti­da por los de Tiro. Por los ser­vi­cios ren­di­dos a Jehová en con­tra de Tiro, el Señor dio Egip­to a Nabu­codonosor (Eze 29:18–20). Los sigu­ientes ver­sícu­los con­fir­man este pun­to de vista.

      14–15 Con los pala­cios en ruina, el pro­fe­ta de nue­vo (como en el vers 1) apela al retorno de las embar­ca­ciones de Tar­sis a aullar sobre la destruc­ción. Ini­cian­do con el sitio de Nabu­codonosor a Tiro, esa poderosa poten­cia com­er­cial será pues­ta en olvi­do, estará ale­tar­ga­da, durante el peri­o­do de seten­ta años de un rey, prob­a­ble­mente el tiem­po de la dom­i­nación caldea (ver Jer 25:11–12; 29:10; 2 Crón 36:22). Des­de la for­mu­lación de Daniel de “rey” y “reino” (“Estas cua­tro grandes bes­tias son cua­tro reyes… La cuar­ta bes­tia será un cuar­to reino” – Dan 7:17,23), con­cluimos entonces que cuan­do Isaías habla de los días de un rey, sig­nifi­ca “los días de un reino.”

      16 Al final del peri­o­do Tiro can­tará la can­ción de una ram­era. Como una vie­ja ram­era que ha sido olvi­da­da por años, tomará un arpa e irá por las calles o en las taber­nas jugan­do y can­tan­do en un esfuer­zo por revivir su nego­cio bus­can­do atraer sus clientes antigu­os. ¡Qué descrip­ción más patéti­ca! Como diji­mos líneas antes, el com­er­cio puede ser noble; pero cuan­do es pros­ti­tu­i­do para el propósi­to de ganan­cia sór­di­da y plac­eres mate­ri­ales, es bajo y desagrad­able para el Señor. El caso de una ram­era bien ilus­tra el exce­si­vo peca­do al que puede guiar el com­er­cio.

      17 ¿Qué aprendió Tiro de su lec­ción? Nada en abso­lu­to; volverá a com­er­ciar, y otra vez for­ni­cará con todos los reinos del mun­do sobre la faz de la tier­ra. Su éxi­to en ese tiem­po será por el Señor porque vis­i­tará Jehová a Tiro, no para traer juicio con­tra ella, sino para restau­rar­le su papel com­er­cial. Así, mien­tras que el juicio es de Jehová, así la pros­peri­dad de la nación se debe a Él; todo está en Su mano. Él con­tro­la el des­ti­no de las naciones y de los hom­bres.

      18 Se han pre­sen­ta­do numerosas expli­ca­ciones poca sat­is­fac­to­rias del vers 18. No hay evi­den­cia de que Tiro usó su ganan­cia para ayu­dar a Israel cuan­do el pueblo regresó de la cau­tivi­dad de Babilo­nia, ni hay ningu­na evi­den­cia que la pro­fecía se apli­ca a even­tos en el Nue­vo Tes­ta­men­to. Puesto que Jehová juz­ga y trae a un fin y tam­bién restau­ra y edi­fi­ca, ¿no podría la pro­fecía sig­nificar sim­ple­mente que sin impor­tar el moti­vo del mer­cad­er, Jehová usa el com­er­cio para el bien de la humanidad, con­sagrán­do­lo a ese propósi­to? Lo que sabe­mos de Dios y de Sus caminos tiende a hac­er que este pun­to de vista parez­ca razon­able.



[1]  Zon­der­van Pic­to­r­i­al Enci­clo­pe­dia of the Bible, vol. 4, p. 396.

Capí­tu­lo 23 La Car­ga de Tiro

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  • El Peri­o­do Asirio: Con­flic­to y Vic­to­ria (1–39)
  • Pro­fecías de Juicio en Con­tra de Naciones Indi­vid­uales

(13–23)

El pro­fe­ta ya ha declar­a­do el des­ti­no de Etiopía, la tier­ra al sur de Egip­to (cap 18), y el juicio de Dios y las prome­sas a Egip­to (cap 19). En el 715 A.C. Egip­to fue der­ro­ta­do por Shabako, gob­er­nador de Etiopía, que unió a los dos bajo una sober­anía feu­dal etiope que prevale­ció has­ta el 664 A.C. Este gen­er­al parece ser sobre el que el pro­fe­ta está argu­men­tan­do en el cap 20.

La Con­fi­an­za Que Fra­casó (vers 1–6)

      1 En el año que vino el Tartán a Asdod era el 713 A.C. Tartán no es el nom­bre de un indi­vid­uo sino el títu­lo del coman­dante en jefe asirio. Asdod, que esta­ba bajo la suje­ción de Asiria, era una cap­i­tal de Fil­is­tea, con prob­a­bil­i­dad la más fuerte­mente for­ti­fi­ca­da de todas las ciu­dades. Este es el úni­co lugar en la Bib­lia donde aparece el nom­bre Sargón. El suce­sor de Salmaneser V, ascendió al trono ya sea en el 722 o en el721 A.C., reinan­do has­ta el705 A.C. Aunque solo es men­ciona­do aquí en las Escrit­uras, Sargón jugó un papel impor­tante en la his­to­ria de Israel y de Judá. En apari­en­cia inter­pre­tan­do como debil­i­dad el hecho que él con­du­jo una cam­paña no muy grande en Palenti­na después del720 A.C., Asdod se rebeló en el713 A.C., con­ducien­do a otros a la rebe­lión; Judá, sin embar­go, parece no haber com­par­tido en ella. Tartán peleó con­tra Asdod y tomó la ciu­dad. El mis­mo Sargón dirigió una cam­paña con­tra las ciu­dades del área en el711 A.C. En apari­en­cia, Egip­to y Etiopía prometieron ayu­da que nun­ca llegó.

      2 Isaías fue instru­i­do por Jehová para rep­re­sen­tar un men­saje sim­bóli­co a Judá, mostran­do la ton­tería de con­fi­ar en Egip­to. Young obser­va que este es el úni­co acto sim­bóli­co reg­istra­do en Isaías. Se le dijo al pro­fe­ta qui­ta el cili­cio de tus lomos, y descalza las san­dalias de tus pies. Y lo hizo así, andan­do desnudo y descal­zo. Como hemos nota­do antes, el cili­cio era un vesti­do tosco, vel­lu­do usa­do usual­mente en tiem­po de aflic­ción y de luto; no esta­mos dicien­do solo el por qué Isaías esta­ba usan­do el vesti­do. La expre­sión andan­do desnudo ha oca­sion­a­do una dis­cusión entre los estu­di­antes dela Bib­lia. ¿Fue él “desnudo total,” como podríamos decir, o pone a un lado toda su ves­ti­men­ta exte­ri­or, usan­do sólo una túni­ca cor­ta o una tela pos­te­ri­or cuan­do iba de un sitio a otro como estadista y pro­fe­ta? Sea lo que sea él esta­ba fuera de lo ordi­nario e intenta­ba con­seguir la aten­ción de la gente de tal for­ma que la lec­ción pudiera ser enseña­da. Es dudoso que él fuera de un lado a otro total­mente desnudo; Delitzsch parece haber expre­sa­do bien el asun­to cuan­do dijo, “Lo que Isaías esta­ba dirigi­do a hac­er, entonces, era sim­ple­mente opuesto a la cos­tum­bre común, y no a la decen­cia moral (I. 372). Prob­a­ble­mente él usó la túni­ca cor­ta que, de acuer­do a las ilus­tra­ciones de los antigu­os mon­u­men­tos, era usa­do usual­mente por los cau­tivos.

      3–4 El acto sim­bóli­co de Isaías iba a con­tin­uar por tres años, por señal y pronós­ti­co sobre Egip­to y sobre Etiopía. La impor­tan­cia de esta señal es expli­ca­da aho­ra: como Isaías, el sier­vo de Jehová, ha cam­i­na­do por tres años desnudo y descal­zo, así el rey de Asiria lle­vará al exilio a los cau­tivos de Egip­to y de Etiopía, a jóvenes y a viejos, desnudos y descal­zos, y des­cu­bier­tas sus nal­gas para vergüen­za de Egip­to. Con­tin­uó la guer­ra inter­mi­tente entre Asiria y Egip­to; un golpe deci­si­vo fue hir­ió a Egip­to en el 663 A.C. cuan­do Asur­ba­n­i­pal invadió la tier­ra y saqueó a Tebas (No-amon, Neh 3:8), lle­van­do cau­tivos y un gran botín.

      5 Aque­l­los que con­fían en Egip­to y en Etiopía para ayu­da en el tiem­po de la invasión de Asiria se ator­men­tarán y aver­gon­zarán de Etiopía su esper­an­za, y de Egip­to su glo­ria. El acto sim­bóli­co de Isaías es pre­tendi­do para pre­venir a la gente de con­fi­ar en Egip­to, al que el rey de Asiria lla­ma “bácu­lo de caña cas­ca­da, en el cual si alguno se apo­yare, se le entrará por la mano y la traspasará” (2 Rey 18:21). El pueblo de Dios apren­dería a pon­er su con­fi­an­za solo en Jehová y no recli­narse en el hom­bre débil e impo­tente.

      6 El morador de esta cos­ta, prob­a­ble­mente la total­i­dad de Palesti­na, incluyen­do Feni­cia, Fil­is­tea, y Judá, lamen­tarán su expectación por ayu­da de los reinos mud­ables de Egip­to y de Etiopía. Al haber vol­tea­do hacia estas dos naciones por ayu­da en con­tra de Asiria, solo serán decep­ciona­dos. Y entonces la pre­gun­ta será, ¿Y cómo escapare­mos nosotros? Al haber fal­la­do en depen­der de Jehová, mien­tras eran urgi­dos por el pro­fe­ta, y al haber fal­la­do en obten­er ayu­da de las armas de la carne, no sabrán a donde vol­tear. Por medio del juicio sobre las antiguas naciones paganas y sobre Su pro­pio pueblo por haber con­fi­a­do en aque­l­las naciones, Jehová está enseñan­do a los hom­bres de todas las gen­era­ciones a darse cuen­ta que Él con­tro­la el des­ti­no de todo. El mal­va­do que olvi­da a Jehová debe ser traslada­do al Seol (Sal 9:17); Su pueblo que Lo olvidó deberá sufrir un des­ti­no sim­i­lar. Este men­saje debe impre­sion­arnos a todos hoy, tan­to al mun­do como a la igle­sia.

Capí­tu­lo 20 Egip­to y Etiopía

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  • El Peri­o­do Asirio: Con­flic­to y Vic­to­ria (1–39)

    From http://www.historiacultural.com/2010/09/religion-del-antiguo-egipto.html

  • Pro­fecías de Juicio en Con­tra de Naciones Indi­vid­uales

(13–23)

 El Egip­to de los tiem­pos bíbli­cos exper­i­men­tó una larga y vari­a­da his­to­ria. Las cul­turas pre­históri­c­as existieron des­de alrede­dor de los 5000 A.C. has­ta el 3200 A.C. La escrit­u­ra fue intro­duci­da en la era pre­d­i­nas­ti­ca, y con el tiem­po fue desar­rol­la­do un cal­en­dario de notable pre­cisión. Los estu­di­antes de la Bib­liase intere­san en un peri­o­do de aprox­i­mada­mente dos mil años, des­de la estancia de Abra­ham en esa tier­ra (Gén 12:10–13) has­ta la con­ver­sión del eunuco etíope (Hech 8:26–40). A lo largo de todos estos sig­los las for­tu­nas del pueblo de Dios fueron influ­en­ci­adas grande­mente por la religión, la cul­tura y las condi­ciones económi­cas de los egip­cios. Aunque la his­to­ria total de ese país mar­avil­loso es fasci­nante, nues­tra aten­ción en este estu­dio es sola­mente con el peri­o­do de Isaías y lo que sigu­ió.

El capí­tu­lo 19 cae en dos divi­siones bas­tante bien definidas: Adver­ten­cias (vers 1–17) y prome­sas (vers 18–25). Si bien Egip­to había sido el gran opre­sor del pueblo de Dios en su antigua his­to­ria y había sido una espina pun­zante en su carne a lo largo de los años, el Señor cier­ra el capí­tu­lo con una prome­sa encen­di­da de ben­di­ciones y de esper­an­za tan­to para Egip­to como para Asiria (vers 25). En ver­dad, el Señor es lleno de gra­cia. (para pro­fecías adi­cionales rela­cionadas con Egip­to ver Jer 46; Eze 29–32; Joel 3:19.)

Adver­ten­cias (vers 1–17)

 

Dis­cor­dia inter­na: El fra­ca­so de la idol­a­tría (vers 1–4)

1 Para la pal­abra pro­fecía, ver los comen­tar­ios en 13:1, Jehová, el úni­co Dios, juz­gará a Egip­to, demostran­do Su poder sobre sus dios­es. Él ven­drá mon­ta­do sobre una nube lig­era (veloz), un sím­bo­lo de juicio. Jehová que pone “las nubes por su carroza,/[Él] que anda sobre las alas del vien­to” (Sal 104:3); “Porque vino a juz­gar la tierra./Juzgará al mun­do con justicia,/Y a los pueb­los con su ver­dad” (Sal 96:13). El día de Jehová es “día de tinieblas y de oscuri­dad, día de nube y de som­bra” (Joel 2:2); es un “día de ira aquel día, día de angus­tia y de apri­eto, día de alboro­to y de aso­lamien­to, día de tinieblas y de oscuri­dad, día de nubla­do y de entene­brec­imien­to” (Sof 1:15). En su pro­fecía de juicio con­tra Egip­to, Eze­quiel dice, “porque cer­ca está el día, cer­ca está el día de Jehová, día de nubla­do, día de cas­ti­go de las naciones” (30:3); y “tiniebla la cubrirá, y los moradores de sus aldeas irán en cau­tive­rio” (30:18; ver 32:7), Sus ído­los, “cosas sin val­or” (Lev 19:4, al mar­gen), tem­blarán ante Su pres­en­cia. Sin ningu­na fuente, el corazón – la vida, el alma, o el áni­mo – de Egip­to des­fal­l­e­cerá en el tiem­po de juicio.

2 La excitación de los egip­cios con­tra los egip­cios indi­ca un esta­do divi­di­do por la lucha y la anar­quía inter­na – indi­vid­u­os con­tra indi­vid­u­os, ciu­dades con­tra ciu­dades, y reinos con­tra reinos. No hay duda que esta es la obra de Jehová, que viene mon­ta­do sobre la nube de juicio. Tres veces Él declara que es Él quien actúa (“Yo agi­taré”; “Yo destru­iré”; “Yo entre­garé”); además, Él con­cluye con las pal­abras [Entonces] dice el Señor, Jehová de los ejérci­tos (vers 4). Cono­ce­mos de la his­to­ria que Piankhi, un príncipe de Nubia, invadió a Egip­to alrede­dor del 728 A.C.; su suce­sor, Shabako, invadió tam­bién esa tier­ra, con éxi­to unien­do a Etiopía y a Egip­to bajo el reino de Nubia (713–664 A.C.). Después de eso, Psam­metichus I, un príncipe de Sais en el Delta, se lev­an­tó para ganar el con­trol de todo Egip­to.[1]

     3 En medio de su lucha y con­fusión inter­na fal­tará el con­se­jo, porque Jehová traerá lo que no sirve. En la ala­ban­za al Creador y a Su poder con­tro­lador sobre Su creación, un salmista había dicho, “Jehová hace nulo el con­se­jo de las naciones,/Y frus­tra las maquina­ciones de los pueb­los” (Sal 33:10). Como en la may­oría de situa­ciones, los líderes recur­rirán a las imá­genes (que son nada) que abun­dan en la tier­ra (pero que son total­mente impo­tentes), y a sus hechiceros, a sus evo­cadores y a sus adi­vi­nos, per­sonas que recla­man ten­er poderes ocul­tos y una relación con fuerzas mis­te­riosas ocul­tas. En real­i­dad, ellos son tan vacíos y fal­sos como los mis­mos ído­los.

4 Jehová con­tin­ua el tra­to con­tra Egip­to: Y entre­garé a Egip­to en manos de Señor duro, y rey vio­len­to se enseñore­ará de ellos; ¿Está el Señor hablan­do aquí de un indi­vid­uo (Delitzsch sug­iere Psam­metichus), o está usan­do el sin­gu­lar para resaltar el espíritu cru­el de todos los jefes supre­mos que gob­ernarán a Egip­to? Después de der­ro­tar a Egip­to en varias oca­siones, los asirios bajo el man­do de Asur­ba­n­i­pal saque­aron Tebas (la No-amon de Nahum 3:8) en el 663 A.C. Más tarde, como fue predi­cho por Jere­mías (43:10–13; 46:13–26), Nabu­codonosor golpeó dura­mente la tier­ra de Egip­to. En el 525 A.C. Cam­bis­es guió al ejérci­to per­sa con­tra Egip­to, trayen­do al país bajo el gob­ier­no per­sa. Cuan­do se rebe­laron tra­jeron sobre ellos mis­mos la ira de Jer­jes I. Cuan­do Ale­jan­dro invadió a Egip­to (332 A.C.), fue con­sid­er­a­do como un lib­er­ta­dor de la tiranía Medo-Per­sa. En los tiem­pos del Nue­vo Tes­ta­men­to Roma gob­ernó la una vez orgul­losa y poderosa tier­ra de Egip­to, que había sido reduci­da a la situación de una provin­cia romana. Así que es posi­ble que en el vers 4 se esté hablan­do no solo de un indi­vid­uo, sino de la suma de los cru­eles reyes extran­jeros que iban a gob­ernar sobre la tier­ra.

Desas­tre nat­ur­al y económi­co (vers 5–10)

5 El mar men­ciona­do por el pro­fe­ta es el Nilo, el lazo sal­vavi­das de Egip­to (ver 18:2; Nah 3:8). El río se ago­tará y secará. Éste ver­sícu­lo no debe ser toma­do nece­sari­a­mente lit­er­al; podría ser un sím­bo­lo del ago­tamien­to y de la dec­li­nación de la nación, la muerte de su impe­rio.

6–7 Con el ago­tamien­to del Nilo los canales se volverán estanques y fal­tarán, y como con­se­cuen­cia las cañas y los car­ri­zos, incluyen­do las plan­tas de los pápiros, tan impor­tante en la vida de Egip­to, mar­chi­tas. Del mis­mo modo las praderas o áreas cubier­tas de hier­ba y todos los sem­bradíos, esen­ciales para la vida humana y ani­mal, sec­os.

8 No solo sufrirá la agri­cul­tura, sino tam­bién el pescador que depende del Nilo para su sub­sis­ten­cia lamen­tará la caí­da y la fal­ta de sus nego­cios. El pescador de aque­l­los días usa­ba gan­chos (anzue­lo [s]) y sabe­mos por las ilus­tra­ciones de los mon­u­men­tos egip­cios, tan­to de las grandes redes como de las redes de mano.

9 La economía total será afec­ta­da: Los que labran lino fino, lo que dis­tin­guía a Egip­to, y los que tejen redes (de algo­dón) serán con­fun­di­dos.

10 Porque todas sus redes serán rotas. ¿Son estos los obelis­cos y los ído­los de Egip­to (ver Jer 43:13, ASV), o son los fun­da­men­tos del esta­do – hon­esti­dad, vir­tud, piedad, per­sonas bue­nas? Rawl­in­son pien­sa que los mer­caderes ricos y los líderes políti­cos están en la mira. ¿O el pro­fe­ta tiene en la mente a la clase tra­ba­jado­ra, o en aque­l­los de los que depende el bien­es­tar de una nación? La sigu­iente frase, todos los que hacen viveros para peces, parece indicar que los pilares de Egip­to son la clase tra­ba­jado­ra. Sin embar­go, Isaías podría estarse refirien­do a la economía total, que es cier­ta­mente el fun­da­men­to de la exis­ten­cia de una nación.

El con­se­jo necio (vers 11–15)

 

      11 El pro­fe­ta vuelve al asun­to del vers 3 – el con­se­jo necio. Zoán (del griego, Tanis; antes Ramesés – Ex 1:11) esta­ba local­iza­da en la sec­ción noreste del Delta cer­ca de la fron­tera. Su his­to­ria antes al1300 A.C. es oscu­ra, pero durante el peri­o­do entre 1085 y715 A.C., era notable como una cap­i­tal de los faraones. Durante el peri­o­do 715–644 fue usa­da oca­sion­al­mente por los gob­er­nadores de Nubia como una res­i­den­cia real.

En tiem­pos más tem­pra­nos era céle­bre la sabiduría de Egip­to. “Y fue enseña­do Moisés en toda la sabiduría de los egip­cios, y era poderoso en sus pal­abras y obras” (Hech 7:22). Pero por el tiem­po en el que Isaías está hablan­do, son necios los príncipes de Zoán; el con­se­jo de los pru­dentes con­se­jeros de Faraón se ha desvaneci­do, fuera de la razón, irra­cional, necio. Ningún príncipe (cualquier hom­bre de la así lla­ma­da nobleza) puede recla­mar que es hijo del sabio, el hijo de los reyes antigu­os, por su con­se­jo y sus con­se­cuen­cias los traicionarán.

12 Así como el pro­fe­ta desafía más tarde a los ído­los a una con­tien­da con Jehová (41:21–29; capí­tu­los 42–48), así aho­ra él desafía la sabiduría entre los príncipes para declarar lo que Jehová ha prop­uesto en relación a Egip­to – Sus planes para la nación.

13 Pero se han desvaneci­do los príncipes de Zoán, se han engaña­do los príncipes de Men­fis, engañaron a Egip­to. De acuer­do a la leyen­da, Men­fis, local­iza­do en la rib­era oeste del Nilo alrede­dor de trein­ta mil­las al sur del Cairo, fue la primera cap­i­tal del Egip­to unido. Ocupó un lugar impor­tante en la his­to­ria reli­giosa de la nación. Pero sien­do engaña­do por su propia sabiduría humana, los príncipes de Men­fis han guia­do aho­ra a Egip­to por el mal camino. Aque­l­los que son la piedra angu­lar de sus famil­ias (“cas­tas,” Young; “clases,” Rawl­in­son), los líderes fuertes de la gente, en lugar de diri­gir­los apropi­ada­mente, los han guia­do por un camino de destruc­ción.

14 Sin impor­tar lo que la situación inmedi­a­ta podría pare­cer ser, el Señor está en con­trol; Jehová mez­cló espíritu de vér­ti­go en medio de él (ver el comen­tario sobre el vers 3); e hicieron errar a Egip­to en toda su obra, tam­baleán­dose como un bor­ra­cho. Los planes de los príncipes con­ce­bidos cuida­dosa­mente han guia­do a acciones com­pa­ra­bles a un hom­bre intox­i­ca­do que cae y se revuel­ca en su pro­pio vómi­to.

15 Ningu­na obra será real­iza­da ya sea por los líderes o por los obreros comunes, por la cabeza o la cola, la rama o el jun­co (ver 9:14). Cuan­do Jehová qui­ta la sabiduría de los líderes, los planes humanos no pueden sal­var a los indi­vid­u­os o a las naciones. Esto es por cier­to una pal­abra de adver­ten­cia al mun­do de hoy.

Antes de dejar el tema del gob­ier­no de Jehová sobre las naciones y Su fac­ul­tad de con­ver­tir la sabiduría de los hom­bres en locu­ra, es nece­sario con­sid­er­ar la necesi­dad de gob­er­nadores sabios en cada nación. El Pred­i­cador dijo, “¡Ay de ti, tier­ra, cuan­do tu rey es mucha­cho, y tus príncipes ban­quetean de mañana!” (Ecl 10:16). El asun­to no es que “mucha­cho” se refiera a la edad cronológ­i­ca o a inmadurez men­tal o moral. El escritor tiene en mente a un rey que puede ser per­sua­di­do por con­se­jeros y príncipes mal­os que están más rela­ciona­dos con fes­te­jos y por obten­er bebidas que en el gob­ier­no sabio de súb­di­tos (ver vers 17; Isa 3:4,12; 5:11). Cier­ta­mente, “Donde no hay direc­ción sabia, caerá el pueblo;/Más en la mul­ti­tud de con­se­jeros hay seguri­dad” (Prov 11:14). De hecho, está máx­i­ma asume que los con­se­jeros son hom­bres sabios, rela­ciona­dos con los asun­tos de esta­do. En con­traste, “los con­se­jos de los impíos, engaño” (Prov 12:5). Job dice, “Él [Dios] hace andar despo­ja­dos de con­se­jo a los consejeros,/Y enton­tece a los jue­ces” (Job 12:17). La sabiduría dice, “Por mi reinan los reyes,/Y los príncipes deter­mi­nan jus­ti­cia” (Prov 8:15). A aque­l­los que rec­haz­an la ver­dadera Sabiduría y estable­cen en la nada su con­se­jo, “Tam­bién yo me reiré en vues­tra calamidad,/Y me burlaré cuan­do os viniere lo que teméis…/Entonces me lla­marán, y no responderé;/Me bus­carán de mañana, y no me hal­larán” (Prov 1:26–28). Esta es la suerte de todo aquel que con­fía en su propia sabiduría, rec­hazan­do la sabiduría que viene de arri­ba; debido a su rec­ha­zo de la sabiduría de Jehová, Él trae su con­se­jo a la nada (Sal 33:10). Has­ta el momen­to la his­to­ria debe ten­er claro que los prob­le­mas del mun­do no pueden ser resuel­tos dejan­do a un lado a Dios.

No espíritu – solo temor y espan­to (vers 16–17)

 

      16 Delitzsch mira los vers 16 y 17 como una conex­ión entre los vers 1–15 y 18–25- Leupold y Young admiten que estos ver­sícu­los podrían ser una tran­si­ción entre las adver­ten­cias y las prome­sas. Sin embar­go, el vers 18 es un can­dida­to más prob­a­ble para ese papel. En aquel día apun­ta hacia el peri­o­do que jus­to ha sido dis­cu­ti­do. La frase como mujeres sug­iere un espíritu de de suavi­dad y de timidez en con­traste a la fiera deter­mi­nación de los guer­reros varones para pelear y defend­er. Las mujeres han mostra­do ser por si mis­mas ani­mosas y de fuerte vol­un­tad, pero típi­ca­mente no han sido guer­reros bru­tos agre­sivos. Nahum describe entonces a Nínive en sus días de declive (3:13); Jere­mías usó una ima­gen sim­i­lar al escribir sobre Babilo­nia (50:37; 51:30). Este espíritu de debil­i­dad y de ter­ror viene de la mano de Jehová, que Él sacud­ió sobre Egip­to, tratan­do a la nación con juicio y rec­om­pen­sa. No es especi­fi­ca­do ningún juicio especi­fi­co, pero son impli­ca­dos juicios colec­tivos.

17 La relación con Israel durante el tiem­po de Abra­ham, en él éxo­do, y en los días de David y de Salomón, cier­ta­mente debían haber famil­iar­iza­do a Egip­to con Jehová, el Dios de Israel. En ningún momen­to de la his­to­ria la nación de Judá ha sido un ter­ror para Egip­to; es el Dios de Judá el que inspi­ra ter­ror. El Dio que puede con­fundir el con­se­jo de los con­se­jeros políti­cos puede tam­bién ate­morizar y ater­rorizar los cora­zones de la gente. Por medio de Moisés Jehová había dicho a los israeli­tas, “Hoy comen­zaré a pon­er tu temor y tu espan­to sobre los pueb­los deba­jo de todo el cielo” (Deum 2:25). En for­ma sim­i­lar, Isaías iden­ti­fi­ca la causa del temor de Egip­to: Egip­to temerá por causa del con­se­jo que Jehová de los ejérci­tos acordó sobre aquel. Ese propósi­to ha sido aho­ra clara­mente anun­ci­a­do.

Prome­sas (vers 18–25)

 

La tran­si­ción de las adver­ten­cias a las prome­sas (vers 18)

 

      18 Hay un gran repar­to de con­fusión y desacuer­do en cuan­to al sig­nifi­ca­do del vers 18; entonces, no podemos ser dog­máti­cos aquí. La frase en aquel tiem­po vin­cu­la la pro­fecía de las ben­di­ciones al peri­o­do de tiem­po en que las pro­fecías de juicio serán cumpl­i­das. Fuera de los días de juicio vienen expe­ri­en­cias de ben­di­ciones. La ref­er­en­cia de cin­co ciu­dades en la tier­ra de Egip­to no debe ser toma­da lit­eral­mente. Aque­l­los que toman en número lit­eral­mente, no están de acuer­do en el tiem­po y en las cin­co ciu­dades a la vista. Es mejor enten­der la pal­abra cin­co como sim­ple­mente sig­nif­i­can­do un número pequeño. Las pal­abras, que hablen la lengua (“labio,” en hebreo) de Canaán, y que juren por Jehová de los ejérci­tos, pre­sen­tan un prob­le­ma may­or. Casi todos los comen­taris­tas asumen que la lengua de Canaán, es la lengua de Israel – el hebreo – que llegó a suplan­tar la lengua de Canaán. Ellos inten­tan con­seguir los nom­bres de los líderes judíos que, ensegui­da del tiem­po de Isaías, podrían haber intro­duci­do la ado­ración a las ciu­dades de Egip­to. Otros ven la frase como una ref­er­en­cia al tiem­po de la unidad espir­i­tu­al bajo el Mesías. Sin embar­go, no hay indi­cación en la Escrit­u­ra que “la lengua de Canaán” haya lle­ga­do a ser algu­na vez el lengua­je del Israel nacional o espir­i­tu­al. J. Arthur Thomp­son reconoce un par­entesco entre los canani­tas y los hebre­os – “En tér­mi­nos amplios el NO semíti­co incluyó a los canani­tas (hebreo, moabi­ta, etc.), el canani­ta del N (ugariti­co) y aram­i­co” – pero él dice entonces, “En Palesti­na los canani­tas sobre­vivientes fueron absorbidos por los israeli­tas.”[2]

Parece más razon­able pen­sar en la lengua de Canaán como la lengua de “los com­er­ciantes” (Isa 23:11, al mar­gen), de los mer­caderes (Ose 12:7) – la lengua de una “tier­ra de mercaderes…una ciu­dad de com­er­ciantes” (Eze 17:4; ver al mar­gen). Estos com­er­ciantes o mer­caderes eran un pueblo “que traían dinero” y que iban a ser destru­i­dos (Sof 1:11; ver al mar­gen); porque en el día del reina­do uni­ver­sal de Jehová bajo el Mesías “no habrá más mer­cad­er en la casa de Jehová de los ejérci­tos” (Zac 14:21). El mis­mo Jehová procla­ma, “En aquel tiem­po [en este caso, ensegui­da de Su juicio uni­ver­sal de las naciones paganas] devolveré yo a los pueb­los [plur­al] pureza de labios [‘labios’ (sin­gu­lar), del hebreo], para que todos invo­quen el nom­bre de Jehová, para que le sir­van de común con­sen­timien­to” (Sof 3:9; ver 1 Cor 1:10; 1 Ped 4:11). ¡Con seguri­dad esta lengua uni­ver­sal de fe nun­ca sería des­ig­na­da como “la lengua de Canaán”! Si nues­tra línea de razon­amien­to tiene algún mer­i­to, Isaías tiene a la vista a los judíos o a los egip­cios que juran o por Jehová pero retienen la lengua de Canaán, los mer­caderes idol­a­tras; es un habla hib­ri­da, la expre­sión de una religión mez­cla­da o impu­ra.

La sigu­iente frase en el vers 18 es igual­mente difí­cil para inter­pre­tar y está suje­ta a inter­preta­ciones vari­adas: de las cin­co ciu­dades una será lla­ma­da la ciu­dad de Herez. Leupold dice, “Ningu­na expli­cación sat­is­fac­to­ria de esta declaración ha sido aun ofre­ci­da” (I. 319). Podría ser sig­ni­fica­ti­vo, sin embar­go, con un ligero cam­bio de una con­so­nante la pal­abra podría ser tra­duci­da, “Ciu­dad del Sol” (Heliopo­lis), cen­tro de la ado­ración del dios del sol Ra. Una posi­ble inter­pretación es que es que ten­emos aquí un juego de pal­abras – el cen­tro de la ado­ración del ído­lo egip­cio será com­ple­ta­mente destru­i­do, Jer 41:13 parece ofre­cer apoyo para esta expli­cación. Al hablar sobre la invasión de Egip­to por Nabu­codonosor, al que Jehová lla­ma “mi sier­vo” (vers 10), Jere­mías dice, “que­brará las estat­uas [obelis­cos] de Bet-semes [al mar­gen: la ciu­dad del sol. Prob­a­ble­mente, Heliopo­lis, esto es, On], que está en la tier­ra de Egip­to, y los tem­p­los de los dios­es de Egip­to que­maré a fuego.” Y así Isaías parece estar dicien­do en el vers 18 que en medio de la idol­a­tría y de la con­fusión habrá alguien que tes­ti­fi­cará de Jehová mien­tras ellos siguen hablan­do la lengua hib­ri­da del error y la ver­dad – la lengua de Canaán – has­ta que la lengua espir­i­tu­al pura de Jehová ven­ga. Mien­tras ellos lo hacen así, el cen­tro de idol­a­tría egip­cia que está en medio de ellos será destruí­da.

Jehová será cono­ci­do por Egip­to (vers 19–22)

 

      19 La frase en aquel tiem­po se refiere de nue­vo al peri­o­do gen­er­al que está sien­do con­sid­er­a­do en este capí­tu­lo. Que allí habrá altar para Jehová en tier­ra de Egip­to indi­ca que la ado­ración ver­dadera de Jehová será estable­ci­da en medio de esa tier­ra idol­a­tra. Un altar es lev­an­ta­do en el lugar donde son ofre­ci­dos los sac­ri­fi­cios; esa pal­abra podría ser usa­da lit­er­al o metafóri­ca­mente de un altar espir­i­tu­al (Heb 13:10). Noé fue el primero en con­stru­ir un altar a Jehová (Gén 8:20); a él le sigu­ieron Abra­ham, Isaac, y Jacob, quienes con­struyeron altares en la Tier­ra Prometi­da. Moisés con­struyó altares fuera de Palesti­na – en Refidim y en Sinaí. Cuan­do Israel entró a Canaán, fueron a destru­ir todos los altares, las estat­uas y las imá­genes encon­tradas allí (Deut 7:5; 12:3), y no con­stru­ir san­tu­ar­ios locales a Jehová (Deut 12:4). El pueblo iba a traer sus sac­ri­fi­cios y ofren­das solo al lugar donde Jehová reg­is­traría Su nom­bre; solo había altares que iban a ser lev­an­ta­dos (Exo 20:24; Deut 12:5,11,14). Aque­l­los que ofrecieron sac­ri­fi­cios en algún sitio que no fuera la puer­ta del tabernácu­lo de reunión serían cor­ta­dos (Lev 17:8–9). Aparte del altar lev­an­ta­do por Noé y los dos erigi­dos por Moisés, no hay reg­istro de un altar sien­do lev­an­ta­do a Jehová afuera de la tier­ra de Ísrael. Esto clara­mente nos pro­híbe inter­pre­tar el vers 19 como un indi­cador de que un altar lit­er­al será lev­an­ta­do en Egip­to.

Además del “altar” en Egip­to, debe haber mon­u­men­to a Jehová jun­to a su fron­tera. Era legí­ti­mo lev­an­tar mon­u­men­tos como memo­ri­ales pero no como sím­bo­los reli­giosos, porque Dios dijo, “ni te lev­an­tarás estat­ua, lo cual abor­rece Jehová tu Dios” (Deut 16:22). Note que mien­tras que el altar iba a estar en medio de Egip­to, el mon­u­men­to iba a estar en la fron­tera.

20 Y (el mon­u­men­to) será por señal y por tes­ti­mo­nio a Jehová de los ejérci­tos en la tier­ra de Egip­to. El mon­u­men­to es prob­a­ble­mente un memo­r­i­al de la prome­sa de Jehová a Abra­ham, “y serán ben­di­tas en ti todas las naciones de la tier­ra” (Gén 12:3; 22:18). Porque cla­marán a Jehová a causa de sus opre­sores, y él les enviará sal­vador y príncipe que los libre. Egip­to había sido el opre­sor del pueblo de Dios, pero aho­ra Egip­to sería el oprim­i­do, Israel se había lamen­ta­do ante Jehová, y Él les lev­an­tó un lib­er­ta­dor, un sal­vador. Aho­ra Egip­to cla­mará a Jehová, y Él les lev­an­tará un sal­vador y defen­sor. Él (Dios) los librará.

Es ver­dad que entre el tiem­po de Isaías y de la era del Nue­vo Tes­ta­men­to los judíos cier­ta­mente inten­taron lev­an­tar lugares de ado­ración en Egip­to; pero en vista de la pro­hibi­ción referi­da arri­ba, cualquier altar lev­an­ta­do no sería acept­able ante Jehová. Además, es ver­dad que después de la cau­tivi­dad de Babilo­nia y después del tiem­po de Ale­jan­dro de Mace­do­nia, muchos judíos vinieron a Egip­to, estable­cien­do sin­a­gogas por medio de las cuales Egip­to podría apren­der del úni­co Dios ver­dadero, Jehová. Tam­bién es ver­dad que la sep­tu­aguin­ta (la tra­duc­ción del Antiguo Tes­ta­men­to del hebreo al griego) fue pro­duci­da en Ale­jan­dría. Ninguno de estos even­tos, sin embar­go, pare­cen cumplir las pal­abras del pro­fe­ta.

21 El pro­fe­ta con­tin­ua: Y aho­ra será cono­ci­do (“darse a cono­cer por si mis­mo,” al mar­gen) a Egip­to, y los de Egip­to cono­cerán a Jehová en aquel día. Pero Él solo puede ser cono­ci­do por medio de la enseñan­za y de la instruc­ción, porque Isaías dice, “Y todos tus hijos serán enseña­dos por Jehová; y se mul­ti­pli­cará la paz de tus hijos” (54:13). Y harán sac­ri­fi­cio y oblación; y harán votos a Jehová, y los cumplirán. Estas pal­abras indi­can un apego fiel a la vol­un­tad de Jehová y un reconocimien­to de obligación hacia Él. En vez de mirar por un altar y un mon­u­men­to lit­er­al en Egip­to o algu­na obra que los judíos lle­varan a cabo en el peri­o­do entre los pactos, debe­mos inter­pre­tar los vers 19–22 a la luz de las otras enseñan­zas de Isaías. Él ya había habla­do de un tiem­po cuan­do “cor­rerán todas las naciones” al monte espir­i­tu­al de Dios, cuan­do muchas naciones se acer­carán a apren­der de Jehová y de Su camino (2:2–4). Isaías hablo tam­bién del tiem­po cuan­do Jehová lev­an­taría a la raíz de Isaí será un pendón a los pueb­los y a las naciones que lo bus­carán (11:10). Pos­te­ri­or­mente en el libro, Jehová dice, “Yo Jehová te [al sier­vo] he lla­ma­do en jus­ti­cia, y te sos­ten­dré por la mano; te guardaré y te pon­dré por pacto al pueblo, por luz de las naciones” (42:6); y “te di por luz de las naciones, para que seas mi sal­vación has­ta lo postrero de la tier­ra” (49:6). Con­cerniente a Su relación con los extran­jeros red­imi­dos, el Señor dice, “Yo los lle­varé a mi san­to monte, y los recrearé en mi casa de oración; sus holo­caus­tos y sac­ri­fi­cios serán acep­tos sobre mi altar; porque mi casa será lla­ma­da casa de oración para todos los pueb­los” (56:7; ver Mr 11:17). La pro­fecía parece estar bus­can­do su cumplim­ien­to en el Mesías. Esto es con­fir­ma­do en los sigu­ientes ver­sícu­los.

22 En la sal­vación que Dios provee, Él herirá y sanará. En medio del cas­ti­go, que los egip­cios, como todos los otros que son red­imi­dos, exper­i­men­ta­rán (ver Heb 12:4–8), el Señor quitará impurezas y limpiará. Cuan­do ellos cla­men a Jehová en medio de la aflic­ción y del cas­ti­go, Él respon­derá sanán­do­los. No solo el herir y sanar ase­gu­ra a los egip­cios que Jehová es el Dios ver­dadero, trayén­do­los así al arrepen­timien­to, sino que para que el Señor usa tam­bién el cas­ti­go para traer­los de regre­so a Él, ellos deben errar del camino ver­dadero después de que ellos hayan regre­sa­do a Él.

Ado­ración uni­ver­sal de Jehová (vers 23–25)

 

      23 En el peri­o­do gen­er­al que Isaías ha esta­do dis­cutien­do – en aquel tiem­po – habrá tam­bién una calza­da de Egip­to a Asiria, y asirios entrarán en Egip­to, y egip­cios en Asiria. Por sig­los los egip­cios y los asirios habían pasa­do a través de la tier­ra de Israel para el propósi­to de empren­der la guer­ra el uno con­tra el otro. Pero aho­ra el camino a través de Israel será usa­do para un propósi­to difer­ente: y los egip­cios servirán con los asirios a Jehová. El pro­fe­ta ante­ri­or­mente habló de este camino en conex­ión con el rema­nente de Israel que retornaría a Jehová des­de Asiria (11:16). Él aho­ra avan­za un paso más: Asiria y Egip­to via­jarán sobre este camino para poder ado­rar jun­tos, habi­en­do sido rec­on­cil­i­a­dos en una común fe. La rev­elación avan­za otro paso cuan­do Isaías describe al camino como “El Camino de San­ti­dad” para los red­imi­dos (35:8). La cúspi­de de esta glo­ria sin embar­go es alcan­za­da cuan­do, por medio del pro­fe­ta, Jehová dice, “Pasad, pasad por las puer­tas; barred el camino al pueblo; allanad, allanad la calza­da, quitad las piedras, alzad pendón a los pueb­los [plur­al]” (62:10; ver 11:10). El plan de Jehová hac­er más y más claro. La idol­a­tría fra­casa; la ver­dad de Jehová tri­un­fa. El espíritu ani­mal car­nal que ha dom­i­na­do y con­tro­la­do todas las acciones de Asiria y de Egip­to serán traí­das bajo el poder del Espíritu de Dios (ver 11:1–9).

24 En aquel tiem­po Israel será ter­cero con Egip­to y con Asiria – no ter­cero en ran­go, sino uno de tres unido en espíritu y lugar ante Dios – un trío for­man­do un cuer­po espir­i­tu­al, para ben­di­ción en medio de la tier­ra. Israel logrará su ver­dadero des­ti­no al unirse en un cuer­po de ado­radores los destruc­tores y los opre­sores de la tier­ra. Este cuer­po, las naciones e Israel, bajo el Sier­vo serán el ver­dadero Israel de Dios (Gál 6:16). Miqueas, un con­tem­porá­neo de Isaías, describe que el Israel ben­de­ci­do será para el mun­do: “El rema­nente de Jacob será en medio de muchos pueb­los como el rocío de Jehová, como las llu­vias sobre la hier­ba” (5:7), un sus­ten­ta­dor de la vida y una fuerza refres­cante de vida en medio de una tier­ra espir­i­tual­mente seca y ári­da.

25 Esta ben­di­ción es la gra­cia y la obra de Jehová. Con­sidere Su declaración: Porque Jehová de los ejérci­tos los ben­de­cirá dicien­do: Ben­di­to el pueblo mío Egip­to, y el asirio obra de mis manos, e Israel mi heredad. Egip­to es aho­ra lla­ma­do pueblo mío, una expre­sión que en un tiem­po esta­ba reser­va­da para Israel (Deut 7:6), pero puede aho­ra ser usa­do para todos los red­imi­dos de cada nación (1 Ped 2:9). Asiria es lla­ma­da obra de mis manos, porque es Dios quien, La creo según Él ”en la jus­ti­cia y san­ti­dad de la ver­dad” (Ef 4:24); e Israel es lla­ma­do mi heredad, porque en Cristo “tuvi­mos heren­cia” (Ef 1:11) – la heren­cia de Dios, Su heren­cia espir­i­tu­al. ¡Que glo­riosa obra ha for­ja­do Dios al red­imir a Sus ene­mi­gos, trayén­do­los jun­tos a un cuer­po con Su pueblo! Como clara­mente fue visu­al­iza­do por el gran pro­fe­ta de Dios.

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[1]  Zon­der­val Pic­to­r­i­al Enci­clo­pe­dia of the Bible, ed. Mer­rill C. Ten­ney (Grand Rapids: Zon­der­van, 1975), vol. 2, p. 244.

[2]  Zon­der­van Pic­to­r­i­al Enci­clo­pe­dia of the Bible, vol. 1, p. 705.

  • El Peri­o­do Asirio: Con­flic­to y Vic­to­ria (1–39)

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  • Pro­fecías de Juicio en Con­tra de Naciones Indi­vid­uales

(13–23)

La Etiopía bíbli­ca, la antigua tier­ra de Cush, situ­a­da al sur de Egip­to. Se extendió al sur de la inmediación de la primera catara­ta (la mod­er­na Aswan). Si bien man­tenía un área desér­ti­ca grande e indefini­da, su cuer­da de sal­va­men­to se situ­a­ba en una fran­ja fér­til y angos­ta a lo largo del río Nilo. El antiguo país es con fre­cuen­cia rela­ciona­do con Egip­to (ver, por ejem­p­lo, cap 20; 2 Crón 12:3). Los sol­da­dos mer­ce­nar­ios de Etiopía esta­ban en el ejérci­to egip­cio cuan­do Sisak asaltó Jerusalén (2 Crón 12:2–3). Un ejérci­to guia­do por Zera el etiope fue der­ro­ta­do por Asa rey de Judá (2 Crón 14:9–15). Isaías men­ciona a Tirha­ca rey de Etiopía y su esfuer­zo por deten­er a Sena­que­rib en Judá (37:9). La fecha prob­a­ble de los even­tos de este capí­tu­lo es el peri­o­do en que los asirios ame­nazaron a Judá (720–702 A.C.).

Sin duda el capí­tu­lo 16 es el capí­tu­lo más difí­cil encon­tra­do has­ta aquí. ¿De dónde vinieron los emba­jadores, y a quien fueron envi­a­dos? ¿Cuál es el sig­nifi­ca­do de sus seres de ele­va­da estatu­ra y tez bril­lante? ¿Y cuál es el sig­nifi­ca­do de que ellos envían o traen un pre­sente a Jehová? Los comen­taris­tas dan numerosas y vari­adas respues­tas a estas pre­gun­tas.

 

Los Emba­jadores y la Pal­abra del Pro­fe­ta a Ellos (vers 1–3)

 

1 La pal­abra Ay enfo­ca la aten­ción en la dis­tan­cia y en la nat­u­raleza de la nación con­sid­er­a­da. Es la tier­ra que hace som­bra con las alas, el zumbido de las alas, o “oscure­cer con las alas” (al mar­gen); esto es, una tier­ra de insec­tos, sin embar­go no está estable­ci­do si eran las moscas tsé-tsé, la lan­gos­ta, o cualquiera de las otras numerosas posi­bil­i­dades. Ellas prob­a­ble­mente sim­bolizan el numeroso ejérci­to que Etiopía podría mov­i­lizar. Los ríos son sin duda el Nilo Blan­co y el Nilo Azul con sus sub­aflu­entes.

2 Parece claro que los emba­jadores son de Etiopía, pero ¿a quién fueron envi­a­dos estos emba­jadores que via­jaron por el mar, y en naves jun­co sobre las aguas? (las naves de jun­co eran hechas a mano ade­cua­dos para ríos y canales pero no para grandes cuer­pos de agua.) ¿Son envi­a­dos a Jerusalén para inci­tar la rebe­lión categóri­ca en con­tra de Asiria, o para for­mar una alian­za con Judá en con­tra de esa poten­cia (Clements), o por lo menos agi­tar a Judá en algu­na for­ma en con­tra del ene­mi­go común (Leupold); o, como Barnes supone, son envi­a­dos a for­mar una alian­za con los asirios en con­tra de Judá (p. 324)? La teoría de Barnes es muy improb­a­ble ya que Sena­que­rib “oyó decir que Tirha­ca rey de Etiopía había sali­do para hac­er­le guer­ra” (2 Rey 19:9). Otros sug­ieren que estos son men­sajeros envi­a­dos por el rey de Etiopía a sus propias tribus, incitán­do­los a prepararse con­tra la invasión de los asirios (Delitzsch, Rawl­in­son, Young). Young ve en este capí­tu­lo un anun­cio a Etiopía de la der­ro­ta del ejérci­to de Sena­que­rib por Dios. Calvin no está seguro.

La pal­abra Andad es una inter­po­lación, dejan­do la pre­gun­ta abier­ta acer­ca de quien está hablan­do. ¿Son los emba­jadores pidi­en­do ayu­da? ¿O es el pro­fe­ta hablán­doles, instruyén­doles a volver a su casa y a estar qui­etos, porque Dios está alrede­dor para ten­er cuida­do de la situación y no hay necesi­dad de lle­gar a exci­tarse (Barnes, Rawl­in­son)? A la luz de 2 Rey 19:9, esta inter­pretación parece ase­gu­rar que es el mejor sig­nifi­ca­do. El pro­fe­ta dice a los emba­jadores que regre­sen a su pro­pio pueblo alto, de tez bril­lante, cuya his­to­ria de 1000 A.C. al 663 A.C., era una de guer­ras exi­tosas con Egip­to. Los emba­jadores deben regre­sar al pueblo temi­ble des­de su prin­ci­pio y después, gente fuerte y con­quis­ta­do­ra, o a su propia nación “que reparte y pisotea” (al mar­gen). ¿No repar­tió y pisoteó Etiopía, o es ella repar­ti­da y pisotea­da? Ambas son ver­dad. Por algunos cin­co sig­los Etiopía había sido gob­er­na­da por Egip­to, pero a par­tir del 1000 A.C. se había man­tenido inde­pen­di­ente y por algún tiem­po había gob­er­na­do a Egip­to.[1] Era una país cuya tier­ra es sur­ca­da por los ríos – o se “había dev­as­ta­do” (al mar­gen), porque la erosión de los ban­cos del río cier­ta­mente dev­as­taron a Etiopía y enriquecieron a Egip­to mien­tras el limo era lle­va­do cor­ri­ente aba­jo a esa tier­ra.

3 El pro­fe­ta apela aho­ra a todo el mun­do a tomar nota de un suce­so inmi­nente. Como en 11:10,12, el lengua­je es metafóri­co: una ban­dera será lev­an­ta­da en los montes de Judá, y una trompe­ta anun­cia­rá la veni­da del juicio. Vean y oigan los pueb­los de las naciones. Des­de los montes y de las col­i­nas en la tier­ra de Judá Jehová va a actu­ar, y Su acción servirá como un pun­to de reunión para los que Lo ado­ran y una adver­ten­cia de juicio para los que no Lo ado­ran. El lla­ma­do del pro­fe­ta al mun­do intro­duce la pal­abra de Jehová que sigue.

 

Jehová está en el Con­trol (vers 4–6)

 

4 En medio del mun­do avi­va­do y agi­ta­do, Jehová habla por medio del pro­fe­ta, declaran­do Su dominio tran­qui­lo de los acon­tec­imien­tos del mun­do. Él estará qui­eto, al pare­cer indifer­ente, mien­tras Él con­tem­pla des­de Su mora­da celes­tial lo que está acon­te­cien­do. Pero no es así; Él está aten­ta­mente intere­sa­do, Como el claro calor del ver­a­no y el refres­cante rocío de la noche, que madu­ra grad­ual­mente las uvas y el gra­no para la cosecha, el Señor está per­mi­tien­do el tiem­po de juicio para madu­rar.

5 Antes de que los asirios hayan alma­ce­na­do el gra­no de la cosecha de su invasión o que hayan recogi­do jun­tos el botín de su con­quista, con todo, Jehová actu­ará. Antes de la cosecha, cuan­do el fru­to sea per­fec­to, y pasa­da la flor se maduren los fru­tos, entonces podará con podaderas las rami­tas, y cor­tará y quitará las ramas. El pro­fe­ta usa repeti­da­mente la metá­fo­ra de las vides y los viñe­dos, de tal for­ma que la gente entendiera. Cuan­do el tiem­po esté lis­to, Jehová destru­irá por com­ple­to a los ene­mi­gos que ame­nazan el mun­do.

6 Evo­can­do la figu­ra de un viñe­do, el pro­fe­ta describe la destruc­ción de la poten­cia de los asirios por parte de Jehová: será tan com­ple­ta que arma­zones del ejérci­to será comi­da para las aves de los montes y para las bes­tias de la tier­ra. Tan­to las aves como las bes­tias se deleitarán de ellos en el ver­a­no y en el invier­no. Asiria se jac­tó de esta grandeza – que ella tomaría a Jerusalén tan fácil como había toma­do a otras ciu­dades, incluyen­do a Samaria (10:8–11); pero ella había fal­la­do en darse cuen­ta de que esta­ba tratan­do con Jehová y no con un ído­lo. Aho­ra Jehová mane­jará el asun­to de acuer­do a Su vol­un­tad, no a la de los asirios.

 

El Trib­u­to de Etiopía al Señor (vers 7)

 

      7 En el tiem­po de la destruc­ción de Asiria será traí­da ofren­da a Jehová de los ejérci­tos, del pueblo de ele­va­da estatu­ra y tez bril­lante, el pueblo descrito en el ver­sícu­lo 2. Aunque Jehová no nece­si­ta su ayu­da y el pro­fe­ta envía a sus emba­jadores de regre­so a casa, los etíopes serán ate­moriza­dos por el gran poder de Jehová y tan agrade­ci­dos por su lib­eración cuan­do Asiria es destru­i­da a las puer­tas de Jerusalén (37:36–37) que Le enviarán un pre­sente. No hay un reg­istro de que Tirha­ca haya envi­a­do un pre­sente, pero es entera­mente posi­ble. Habría sido traí­do al lugar del nom­bre de Jehová de los ejérci­tos, al monte de Sion. Ante­ri­or­mente, cuan­do el Señor había destru­i­do a Sus ene­mi­gos y había dis­per­sa­do a los pueb­los que se deleita­ban en la guer­ra, David dijo, “Ven­drán príncipes de Egipto;/ Etiopía se apresurará a exten­der sus manos hacia Dios (Sal 68:31). Y hablan­do del tiem­po cuan­do los hom­bres servirán a Jehová con un con­sen­timien­to, un pro­fe­ta dice más tarde, “De la región más allá de los ríos de Etiopía me supli­carán; la hija de mis espar­ci­das traerá mi ofren­da” (Sof 3:10). La destruc­ción de Jehová del mal­va­do y su gra­ciosa benev­o­len­cia para Si mis­mo impre­sion­arán tan­to a aque­l­los de los más remo­tos lugares que traerán sus pre­sentes ante Su trono. La glo­ria, el hon­or y el poder pertenecen a nue­stro Dios, pero la vergüen­za y la destruc­ción ven­drán sobre los que con­fían en sus propias vanidades.

 
 
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[1]  Inter­na­tion­al Stan­dard Bible Enci­clo­pe­dia, ed. James Orr (Chica­go: Howard-Sev­er­ance, 1937), vol. 2, p. 1032.