Bien­aven­tu­ra­dos Son los Muer­tos que Mueren en el Señor” (vers 1–2)

      1 En con­traste a los ata­layas y a los pas­tores indifer­entes e infieles que se dan al sueño y a la bebi­da (56:9–12), Perece el jus­to, y no hay quien piense en ello. La pal­abra perece puede indicar ya sea una muerte vio­len­ta o nat­ur­al. El hom­bre jus­to perece sin ser obser­va­do, y su influ­en­cia sobre el mun­do impío se pierde. Cuan­do el hom­bre mis­eri­cor­dioso o pia­doso es arrebata­do, nadie con­sid­era que su exis­ten­cia que es quita­da de delante de la aflic­ción que viene sobre la nación es en real­i­dad una ben­di­ción para él: él será guarda­do de la calami­dad. La descrip­ción para­lela de Míqueas del pueblo antes del perío­do del exilio (Mi 7:2; ver 2 Rey 22:20) con­fir­ma que este pasaje no se refiere a las condi­ciones pos­te­ri­ores al exilio.

      2 Entrará en la paz; no solo el jus­to escapará a la aflic­ción que está por venir sobre el pueblo, sino que tam­bién par­tic­i­pará del bien­es­tar, de la inte­gri­dad, y de la plen­i­tud por la que el alma del jus­to está ansioso. Des­cansarán en sus lechos – esto no es para decir que el jus­to dejará de lab­o­rar, sino que exper­i­men­ta­rá el des­can­so eter­no de la vic­to­ria y la reden­ción que el Señor pre­tende para Su pueblo (Heb 4:9; ver Sal 95:11). A la luz del con­tex­to, lechos aparente­mente sig­nifi­ca el lugar de des­can­so de los que fal­l­e­cen, como cuan­do David dijo, “Y si en el Seol hiciere mi estra­do, he aquí, allí tú estás” (Sal 139:8). El des­can­so eter­no en Jehová es la rec­om­pen­sa del hom­bre que cam­i­na delante de Dios, o “lisa y llana­mente,” el hom­bre que “ha cam­i­na­do una trayec­to­ria rec­ta a través de su vida” en con­formi­dad con el están­dar éti­co y moral de Jehová.[1] Su futuro será de paz y reposo. Este con­cep­to del futuro del jus­to vis­lum­bra la rev­elación total en el Nue­vo Tes­ta­men­to.

La Idol­a­tría y la Infi­del­i­dad Amon­es­tadas Sev­era­mente (vers 3–13)

 

      3 La pal­abra Mas intro­duce un con­traste entre el jus­to y el impío de los ver­sícu­los 1–2 y los idol­a­tras de los ver­sícu­los 3–13. Los hijos de la hechicera, gen­eración del adul­tero y de la for­ni­caria, son instru­i­dos a acer­carse y oír lo que Jehová tiene que decir por medio de Su pro­fe­ta. Aquí ten­emos una descrip­ción del carác­ter espir­i­tu­al de la nación, una reca­pit­u­lación de los car­gos hechos en los capí­tu­los 1 y 2. Los ciu­dadanos de Judá son hijos de la idol­a­tría, los descen­di­entes del pueblo que dio la espal­da a Jehová por la hechicería de los paganos, y la pos­teri­dad de los adúl­teros espir­i­tuales que fueron a pros­ti­tuirse ante los dios­es fal­sos. El rec­ha­zo de Jehová y la ado­ración ver­dadera ha resul­ta­do en la apos­tasía y en la mal­dad exce­si­va (ver 1:4, 21: 2:6).

      4 El mostrar el des­pre­cio por algu­na per­sona jus­ta entre ellos mostran­do la lengua por la gran aber­tu­ra de la boca, ambas mues­tras de mofa (Sal 22:7), el pueblo de Jehová está en real­i­dad des­pre­cian­do a Jehová. Al trasgredir la ley de Dios y servir a los ído­los, no a la jus­ti­cia, ellos son los des­pre­cia­bles: ¿No sois vosotros hijos rebeldes, gen­eración men­tirosa? Ellos son la descen­den­cia espir­i­tu­al de la idol­a­tría, que es una men­ti­ra (44:20), y de la ima­gen fun­di­da del orfebre (Jer 10:14). Nosotros somos los hijos y los sier­vos de aque­l­lo que hace­mos y servi­mos (Juan 8:44; Rom 6:16).

      5 Los sigu­ientes ver­sícu­los son una descrip­ción grá­fi­ca de la idol­a­tría que fue fuerte­mente con­de­na­da antes del exilio. No hay reg­istro de tales prác­ti­cas después del retorno de Babilo­nia. La ado­ración idol­a­tra fue lle­va­da a cabo deba­jo de todo árbol fron­doso (ver 1:29); estos altares paganos deberían haber sido destru­i­dos (Deut 12:2), pero no lo fueron. En tales lugares Israel “for­nicó” (Jer 3:6; Os 4:13–14); Judá y su rey Acaz lo hicieron del mis­mo modo (1 Reyes 14:23; 2 Reyes 16:4). Los altares fueron lev­an­ta­dos “sobre todo col­la­do alto, en todas las cum­bres de los montes, deba­jo de todo árbol fron­doso y deba­jo de toda enci­na espe­sa, lugares donde ofrecieron incien­so a todos sus ído­los” (Ez 6:13). Aquí los idol­a­tras están exal­ta­dos, encen­di­dos emo­cional y sex­ual­mente, porque las per­ver­siones sex­u­ales fueron una parte de la ado­ración de Canaán adop­ta­da por el pueblo (ver Amos 2:7). La abom­i­nación de un hijo sac­ri­fi­ca­do a Moloc, que fue con­de­na­do por Moisés (Lev 18:21; 20:1–5), fue prac­ti­ca­do por los reyes de Israel (2 Reyes 17:17), por Acaz y Man­asés, reyes de Judá (2 Reyes 16:3; 21:6), y tam­bién por el pueblo. Ellos prac­ti­caron esta abom­i­nación en los valles, espe­cial­mente en el valle de Hinom, que Jehová dejaría total­mente des­o­la­do (Jer 7:31–34), y deba­jo de los peñas­cos, prob­a­ble­mente en lugares ocul­tos o lugares difí­ciles de encon­trar.

      6 La frase En las piedras lisas del valle pre­sen­ta difi­cul­tades, porque la pal­abra piedras, porque la pal­abra piedras no está en el tex­to orig­i­nal. La ref­er­en­cia podría ser a las piedras lisas de las que fueron con­stru­i­dos los altares de Moloc o los mis­mos ído­los. Puesto que la pal­abra hebrea tra­duci­da lisas puede sig­nificar tam­bién “res­baloso,” la ref­er­en­cia podría ser a un lugar donde alguien podría res­balarse y caer, las piedras fal­sas del error. De todas man­eras, los idol­a­tras encon­trarán aquí su por­ción, su parte, una heren­cia o rec­om­pen­sa ári­da e impro­duc­ti­va; porque aquí ellos han esta­do toman­do – y ofre­cien­do vian­das a los ído­los. Jehová tomará ven­gan­za sobre los que hicieron tales ofren­das; ellos serán aban­don­a­dos a la falsedad de sus dios­es fal­sos. Esta será su por­ción.

      7 El pro­fe­ta cam­bia su aten­ción de los valles a las alturas – el monte alto y emp­ina­do donde fueron lev­an­ta­dos los altares. Esto sug­iere que la idol­a­tría era prac­ti­ca­da en todo lugar en aque­l­los días – en los valles, en los montes, y en medio de ellos. Los idol­a­tras rebeldes no bus­ca­ban la cama de des­can­so y de paz encon­tra­da por los jus­tos (vers 2), sino la cama de la idol­a­tría  sobre un monte alto: allí tam­bién subiste a hac­er sac­ri­fi­cio. La nat­u­raleza acci­den­ta­da del ter­reno indi­ca que Isaías está hablan­do de la tier­ra de Judá, no de Babilo­nia; la con­de­nación de la idol­a­tría indi­ca ese peri­o­do antes del exilio, no después, está a su vista.

      8 Detrás de las puer­tas o pilares de su casa los idol­a­tras han colo­ca­do un recuer­do, prob­a­ble­mente una ima­gen que le recuer­da la dei­dad a la que sirve e invo­ca en voz alta. Porque a otro, y no a mí, te des­cubriste; Judá se está com­por­tan­do como una esposa infiel y adul­tera que traiciona su pacto con su esposo y abraza a otro hom­bre. Judá se ha quita­do de enci­ma su fidel­i­dad a Jehová, al darse a si mis­ma a la idol­a­tría y come­tien­do adul­te­rio espir­i­tu­al. Como una mujer de carác­ter indeco­roso hace prepar­a­tivos para su amor ilíc­i­to, así Judá ha toma­do la ini­cia­ti­va al ensan­char su cama para su peca­do. Mien­tras que ella aún esta­ba casa­da con Jehová (50:1), ella ha entra­do en un pacto con otros; ella ama la cama de los paganos donde sea que ella la ve. En esto, Judá ha segui­do el ejem­p­lo de su her­mana per­ver­sa Israel, que “adul­teró con la piedra y con el leño” (Jer 3:9). En vez de rec­haz­ar abor­recien­do don­d­e­quiera que ella viera dios­es extran­jeros y cos­tum­bres paganas, ella las ama y las acep­ta, estrechan­do la mano con los extran­jeros (ver 2:6–8).

      9 Cualquier for­ma de idol­a­tría ero­siona la fe en Dios; entonces, es solo nat­ur­al que la idol­a­tría descri­ta por el pro­fe­ta haya lle­va­do a Judá a bus­car por la ayu­da de alguien más que Jehová. Algunos comen­taris­tas describen al pueblo de Judá como ungién­dose a ellos mis­mos con aceite. Parece más prob­a­ble, sin embar­go, que ellos están lle­van­do aceite como un pre­sente a un rey no men­ciona­do y están hacién­do­lo con ellos mis­mos más que apelando a per­fumarse ellos mis­mos. No es especi­fi­ca­do ningún rey en par­tic­u­lar, pero ten­emos un men­saje envi­a­do por cuen­ta de Acaz a Tiglat-pileser, rey de Asiria: “Yo soy tu sier­vo y tu hijo: sube, y defién­deme de la mano del rey de Siria, y de la mano del rey de Israel” (2 Reyes 16:7). Y en los días de Eze­quías fueron envi­a­dos a Egip­to emba­jadores lle­van­do tesoros para for­mar una alian­za con el faraón (30:1–6). La declaración del pro­fe­ta que el pueblo de esta for­ma se ha cor­rompi­do a si mis­mo has­ta la pro­fun­di­dad del Seol indi­ca la pro­fun­di­dad a la que ellos han incli­na­do en su desviación de Dios.

      10 Aunque ella lle­gará a cansarse en el camino que ha escogi­do y en su búsque­da por ayu­da, Judá nun­ca había recono­ci­do o admi­ti­do, No hay reme­dio – no hay ben­efi­cio. En lugar de ren­o­var sus fuerzas en Jehová (40:31), el pueblo había encon­tra­do un avi­vamien­to momen­tá­neo fal­so de for­t­aleza en sus ído­los. Por tan­to, no te desalen­taste (enfer­maste), no se rindió total­mente. La nat­u­raleza humana no cam­bia; hoy, en lugar de encon­trar sat­is­fac­ción para las necesi­dades espir­i­tuales y for­t­aleza en el Señor, mul­ti­tudes están bus­can­do ayu­da en los cul­tos y en las fal­sas reli­giones. Tales recur­sos podrían servir por el momen­to, pero al final están con­de­na­dos al fra­ca­so.

      11 ¿Y de quién te asus­taste y temiste? – la pal­abra asus­taste deno­ta ansiedad y zozo­bra; temiste sug­iere ter­ror o temor rev­er­en­cial de los dios­es ído­los. Si alguien tiene una acti­tud apropi­a­da hacia Jehová, no hay lugar para la ansiedad, por el temor a los ído­los o de los reyes extran­jeros, por la rev­er­en­cia de los dios­es paganos. Pero la acti­tud del pueblo hacia el Señor ha sido una de neg­li­gen­cia e indifer­en­cia, si bien no una rebe­lión fla­grante real. Ellos han vivi­do una men­ti­ra delante de Él, prac­ti­can­do una jus­ti­cia fal­sa; no se han acor­da­do de Él en tiem­pos de cri­sis; y no han expuesto el corazón al poder de Dios para lib­er­ar­lo, la grandeza de su peca­do con­tra Él, y el ter­ror de Sus juicios. Por un largo tiem­po, se habían suje­ta­do a Su paz, fre­nan­do los juicios con­tra ellos; pero Su pacien­cia en nada había aprovecha­do. Ellos se han rehu­sa­do a oír­lo y a rendir ese temor de rev­er­en­cia que merece Su san­to nom­bre.

      12 Yo pub­li­caré tu jus­ti­cia – Jehová dirá o hará cono­cer a todos lo que no es jus­to. La jus­ti­cia de Judá es “como trapo de inmundi­cia (sucio)” (64:6), y Jehová expon­drá lo que ellos son real­mente. Todo el celo de Judá en hac­er y servir ído­los y su fer­viente apelación a los reyes será inútil; estas activi­dades solo traerán juicio y destruc­ción sobre ellos.

      13 Ven­drá el tiem­po cuan­do la nación cla­mará por ayu­da a Jehová, pero será demasi­a­do tarde. Cla­marán a los ído­los que han reunido y servi­do, y a los reyes a los que han apela­do; per­mi­tirán que los dios­es y reyes extran­jeros los ayu­den. Pero tan­to los reyes como los ído­los son impo­tentes ante Jehová, porque ellos son vanidad y con­fusión (41:29), serán lle­va­dos por el vien­to y traí­dos a la nada por el alien­to de la boca de Jehová (ver 11:4; 40:24). Más el que en mi con­fía ten­drá la tier­ra por heredad, y poseerá mi san­to monte (ver Nahúm 1:7). ¡Qué con­traste al des­ti­no de los idol­a­tras (vers 6)! La pos­esión orig­i­nal de Israel de la tier­ra fue incondi­cional; fue dada a Israel en cumplim­ien­to a la prome­sa hecha a Abra­ham (Gén 12:7, etc.), y se pre­tendió que fuera suya per­ma­nen­te­mente, “para siem­pre” (Éxo­do 32:13). Pero el reten­er la tier­ra fue condi­cional (Lev 26:14–45); si ellos se ale­ja­ban de Jehová y no guard­a­ban Su pacto, sino que sirvier­an a los ído­los, les sería arran­ca­da la tier­ra y dis­per­sa­dos (Deut 28:63–64). Cuan­do pro­fe­tizó Isaías, había sin embar­go una posi­bil­i­dad de escapar de la cau­tivi­dad. Si el pueblo renun­cia­ba a los ído­los y con­fi­a­ba en Jehová en vez de algún poder extran­jero o en ellos mis­mos, poseerían la tier­ra per­pet­u­a­mente y man­ten­drían su san­to monte como una heren­cia.

El Amor Con­de­scen­di­ente de Dios (vers 14–21)

 

      14 Las pal­abras abier­tas de este pár­rafo, Y dirá (“será dicho,” al mar­gen), deja a la voz celes­tial sin iden­ti­ficar; pero la frase mi pueblo aclara que Jehová es el vocero. El Señor requiere de un camino real: barred el camino del pueblo de Dios para que retorne a Él (ver 11:16; 35:8). Quitad los tropiezos del camino de mi pueblo; quiten del camino por las que el pueblo volverá, todo lo que les causó tropiezo – el peca­do de la idol­a­tría y de la incredul­i­dad, los cora­zones duros y cer­ra­dos, los facinerosos que dan ocasión de tropiezo. Quitar estos obstácu­los y  mold­ear el camino para el via­je.

      15 Habi­en­do pro­nun­ci­a­do este lla­ma­do, Jehová se iden­ti­fi­ca a Si mis­mo  como el Alto y Sub­lime, el úni­co ser que tiene el dere­cho de emi­tir tal man­damien­to y la capaci­dad de garan­ti­zar la prome­sa que sigue. En capí­tu­los ante­ri­ores Jehová ha apela­do repeti­da­mente a Su pueblo sobre la base de Su grandeza y la grandeza de Su nom­bre. Él es el Alto y Sub­lime, el que habi­ta la eternidad – Él tra­sciende Su creación y es eter­no en Su ser. El nom­bre de alguien resume todo lo que él es; el nom­bre de Jehová San­to resume la per­fec­ción de Su ser y lo pone aparte de todo lo que es pro­fano. Él habi­ta en habi­ta en la altura y la san­ti­dad, en el mis­mo cielo (ver 1 Reyes 8:27; Hab 2:20; Zac 2:13). No obstante que Él es tan infini­ta­mente grande y sub­lime, Él con­de­sciende a habitar con el que­bran­ta­do y humilde de espíritu. El espíritu que­bran­ta­do es la per­sona con el corazón par­tido que está aplas­ta­da bajo el peso del peca­do; el espíritu humilde es la per­sona que se incli­na ante Jehová, recono­cien­do su peca­do y total depen­den­cia del Señor. Jehová con­de­scen­derá en habitar con tal per­sona; Su pres­en­cia rean­i­mar el espíritu con­tri­to y el corazón humil­la­do. El espíritu es la con­cien­cia espir­i­tu­al del hom­bre, el asien­to de su con­cien­cia, de las emo­ciones, y de la vol­un­tad. Esta es la gra­cia que Jehová ofrece a aque­l­los que acep­tarían la cor­rec­ción por el peca­do y se some­terían a Su vol­un­tad.

      16 Jehová no seguirá reproban­do y con­ten­di­en­do por siem­pre, ni para siem­pre me (Él) eno­jaré; porque si Él no pusiera restric­ciones a Su ira, todos serían con­sum­i­dos com­ple­ta­mente. Entonces, “por amor de mi nom­bre diferiré mi ira…para no destru­irte” (48:9). Si esto no fuera hecho, la vida inte­ri­or total del hom­bre sería exter­mi­na­da por la deses­peración sin reme­dio, y el propósi­to de Dios para lo que creó al hom­bre fra­casaría. Por con­se­cuen­cia, entién­dase “que la pacien­cia de nue­stro Señor es para sal­vación” (2 Ped 3:15), tan­to entonces como aho­ra.

      17 A los peca­dos de la idol­a­tría (vers 3–8), la infi­del­i­dad mostra­da al apelar a reyes extran­jeros (vers 9–10), mintien­do y olvi­dan­do a Dios (vers 11), es aho­ra agre­ga­do el peca­do de la cod­i­cia: Por la iniq­uidad de su cod­i­cia me eno­jé. La pal­abra tra­duci­da cod­i­cia sig­nifi­ca lit­eral­mente “cor­tar lo que no es de uno,”[2] ambi­ción y deseo por la ganan­cia per­son­al. Los opre­sores ambi­ciosos de los días de Isaías son descritos por Miqueas como caníbales desuel­lan per­sonas vivas y se los comen; ellos gas­tan su tiem­po pen­san­do la for­ma de obten­er lo que pertenece a otro (Mi 2:1–2; 3:1–4). La ambi­ción tomó la for­ma de usura inclu­so en los días después del retorno del exilio (Neh 5:8–11). El espíritu gen­er­al de la cod­i­cia hizo bajar la ira y los juicios de Dios sobre la nación: Él le hir­ió. El sin­gu­lar usa­do aquí prob­a­ble­mente se refiere a la nación colec­ti­va­mente. Al ocul­tar Su ros­tro, Jehová retiró Su pres­en­cia y refrenó Sus ben­di­ciones del pueblo (ver 8:17; 54:8). A pesar de los juicios de Jehová, la nación sigu­ió rebelde por el camino de su corazón, andan­do en el camino de un apos­ta­ta.

      18 A pesar de todo los caminos de la nación que Jehová ha vis­to, porque los peca­dos del pueblo han sido cometi­dos en for­ma fla­grante ante Él, Él le sanará, a Israel. Sanará indi­ca una acción futu­ra, que hará después del día de Su ira. Primero, Jehová prom­ete sanar – el perdón de los peca­dos y la restau­ración a una relación apropi­a­da con Él (ver 43:25). Segun­do, Él guiará al pueblo, dirigien­do su trayec­to­ria cor­rec­ta­mente (40:11; 52:12). Y ter­cero, Él restau­rará el bien­es­tar espir­i­tu­al que ha sido reti­ra­do a causa de los peca­dos, bien­es­tar que resul­ta de Su pres­en­cia (Sal 23:4). El luto es con fre­cuen­cia aso­ci­a­do con la muerte, pero aquí es prob­a­ble­mente una expre­sión de tris­teza sobre la condi­ción de la nación (ver Ez 9:4) – ellos se lamen­tan de sus caminos pecaminosos (ver 22:12). Ellos serán con­so­la­dos, porque el eno­jo de Jehová no es para siem­pre – “Por la noche durará el lloro,/ Y a la mañana ven­drá la ale­gría (Sal 30:5).

      19 Pro­duciré fru­to de labios – la pal­abra pro­duciré enfa­ti­za comien­zo, traer algo nue­vo a la exis­ten­cia. El Señor hará posi­ble que se diga, Paz, paz (ver 26:3: “com­ple­ta paz”; “paz, paz,” del hebreo), al que está lejos y al cer­cano. Los tér­mi­nos lejos y cer­cano podría referirse a los hebre­os en su tier­ra y en el exilio, pero a la luz de la pred­i­cación del Nue­vo Tes­ta­men­to, ellos podrían tam­bién des­ig­nar a los gen­tiles y a los judíos (Ef 2:17). Los fal­sos pro­fe­tas habían pred­i­ca­do paz cuan­do no había paz (Jer 6:14; 8:11; Ez 13:10); pero Jehová aho­ra pro­ducirá un nue­vo fru­to de labios, el men­saje y el estri­bil­lo gozoso de paz que seguirá a la sanidad de Jehová a la nación.

      20 En con­traste a la serenidad de mente y de corazón de los que son sana­dos, los impíos son como el mar en tem­pes­tad, que no puede estarse qui­eto. En su esta­do deli­rante, sus aguas arro­jan cieno y lodo, solo inmundi­cia, nada que sea bueno. Prob­a­ble­mente solo están en la mente del pro­fe­ta los judíos impíos, pero sus pal­abras son una descrip­ción exce­lente de todos los impíos. Porque en su condi­ción inqui­eta y no ren­o­va­da espir­i­tual­mente ellos no con­tribuyen en nada a la vida moral y espir­i­tu­al. Ellos son evi­den­cias de la declaración del Señor, “El que no es con­mi­go, con­tra mí es” (Mt 12:30).

      21 La segun­da sec­ción may­or de la Parte 2 cier­ra con la mis­ma nota que ter­mi­no la primera: No hay paz, dijo mi Dios, para los impíos (ver 48:22). Ellos no encuen­tran ni paz ni des­can­so en su sep­a­ración de Dios, sino “fieras ondas [espuma] del mar, que espuman su propia vergüen­za” (Judas 13).

Capí­tu­lo 57. Una Amon­estación a la Mal­dad de los Días de Isaías

[1]  The­o­log­i­cal Word­book of the Old Tes­ta­ment, vol. 2, pág. 579.

[2]  The­o­log­i­cal Word­book of the Old Tes­ta­ment, vol. 1, pág. 122.

El val­or del con­traste – el tras­fon­do de una condi­ción o situación enfrente de otra – tan recono­ci­do por los instruc­tores. Fue el méto­do de enseñan­za favorito de Isaías. En los capí­tu­los 2–4 con­trató la Sion ide­al de la era mesiáni­ca con la cor­rup­ción moral de la Sion real de su tiem­po. En los capí­tu­los 9–11 estable­ció el tra­to ter­ri­ble de Israel y de Juda en manos de Asiria en frente de la glo­ria y per­ma­nen­cia futu­ra del rema­nente red­imi­do bajo la raíz de Isaí. Y aho­ra con­trasta la des­o­lación de las naciones y de Edom (capí­tu­lo 34) con la glo­ria futu­ra de Sion (capí­tu­lo 35).

      El pro­fe­ta ha descrito a Edom como un desier­to que­mante adap­ta­do solo para lo sal­va­je, los ani­males inmun­dos que habi­tan lugares des­o­la­dos. La descrip­ción no es solo de una tier­ra aban­don­a­da por el Señor, sino del alma sin Dios, de lo pro­fano, la per­sona no espir­i­tu­al. En con­traste a esta descrip­ción hor­ren­da de Edom, que sim­boliza la des­o­lación per­pet­ua de las naciones paganas, Israel, aunque pasan­do a través de un desier­to de prue­bas y dev­astación, algún día será glo­riosa, rep­re­sen­tan­do la belleza de un alma que, en otro tiem­po des­o­la­da por el peca­do, ha sido aho­ra red­im­i­da. El desier­to a través del cual el red­imi­do viene can­tan­do a Sion no es el camino de Babilo­nia a Judá, sino el desier­to espir­i­tu­al que guía a la cau­tivi­dad babilóni­ca, y even­tual­mente a la veni­da del Mesías. Porque después de Babilo­nia vino el reina­do y la opre­sión medo per­sa; fue segui­do por Ale­jan­dro, cuyo impe­rio estu­vo total­mente vacío de val­ores espir­i­tuales. Entonces vino Ptolomeo el egip­cio y Seleu­ci­do el sirio oprim­ien­do al pueblo y des­olan­do en oca­siones la tier­ra. Allí sigu­ieron las guer­ras de los macabeos y el lev­an­tamien­to de los fariseos y de los saduceos, los líderes reli­giosos que cor­rompieron la vida espir­i­tu­al de la nación. En medio de estos tiem­pos prob­lemáti­cos los romanos tomaron el país. Es obvio que la descrip­ción glo­riosa en el capí­tu­lo 35 no fue lle­va­da a cabo en el peri­o­do entre Babilo­nia y la veni­da de Jesús. Solo una inter­pretación mesiáni­ca del capí­tu­lo ajus­ta el tex­to.

 

El Cán­ti­co Nue­vo (vers 1–4)

 

      1 El desier­to y la tier­ra seca que se ale­gran no son, como alguien pien­sa, el Ara­ba, local­iza­do al sur del Mar Muer­to; ni es el Desier­to Arábi­co entre Babilo­nia y Jerusalén, que los via­jeros cansa­dos habían eva­di­do en su retorno de la cau­tivi­dad. La descrip­ción parece aco­modarse mejor a la vida reli­giosa tan­to de los judíos como de los gen­tiles, que se habían con­ver­tido como un desier­to y una tier­ra seca, des­o­la­da y vacía (ver 27:10; 32:15; 64:10). Se ale­grarán el desier­to y la soledad; el yer­mo se gozará y flo­re­cerá como la rosa, pro­ducien­do tan­to belleza como fra­gan­cia moral. La flor exac­ta indi­ca­da por la pal­abra hebrea (se men­ciona solo aquí y en el cán­ti­co de Cantares 2:1) es incier­ta; de las difer­entes posi­bil­i­dades sug­eri­das por los comen­taris­tas, rosa sirve tan bien como cualquiera. El pun­to es que des­de la vida espir­i­tu­al desagrad­able allí ven­drá belleza de carác­ter e incien­so dulce del espíritu.

      2 El antiguo desier­to y tier­ra seca aho­ra flo­re­cerá pro­fusa­mente, y tam­bién se ale­grará y can­tará con júbi­lo, una descrip­ción de belleza y rego­ci­jo espir­i­tu­al mien­tras el que esta­ba desier­to can­ta aho­ra la ala­ban­za de Aquel que llevó a cabo la trans­for­ma­ción. En con­traste al daño grande (33:9), la glo­ria del Líbano le será dada, la her­mo­sura del Carme­lo y de Sarón. De acuer­do a la prome­sa, Jehová mis­mo lev­an­tará y restau­rará la glo­ria de estas áreas. Para ilus­trar la belleza y el gozo espir­i­tu­al de la reden­ción glo­riosa de Sion, Isaías hace men­ción del mag­ní­fi­co esplen­dor del Líbano – con sus picos cubier­tos de nieve, cedros maci­zos, y abetos – el boscoso Carme­lo, y el fron­doso Saron alfom­bra­do con flo­res. Ellos – el antiguo desier­to y la tier­ra seca, y el Líbano algu­na vez cor­ta­do, el Saron como un desier­to, y el Carme­lo sacu­d­i­do (33:9) – verán la glo­ria de Jehová, la her­mo­sura del Dios nue­stro, demostra­do en su pro­duc­tivi­dad y esplen­dor restau­ra­do pre­sente.

     3 La declaración de la causa para el rego­ci­jo es segui­da por una exhortación para for­t­ale­cer las manos cansadas y las rodil­las ende­bles o titubeantes. Las manos cansadas y las rodil­las ende­bles son sím­bo­lo de incredul­i­dad y der­ro­ta, pero aho­ra en Jehová y en la nue­va vida vibrante Él con­cede que sea encon­tra­da la for­t­aleza nece­saria para la vic­to­ria y el tri­un­fo.

      4 Aho­ra hay una nue­va relación y respon­s­abil­i­dad; cada indi­vid­uo debe ani­mar a su com­pañero: Decid a los de corazón apoc­a­do: Esforza­os, no temáis. Ten­emos aquí otra triple­ta de Isaías – las manos, las rodil­las, el corazón. El corazón es el taller en el que en el que nues­tras acciones son for­jadas. Si las manos van a ser for­t­ale­ci­das y las rodil­las afir­madas, el corazón debe ser firme y ani­moso, valiente y fuerte. He aquí que vue­stro Dios viene con ret­ribu­ción, con pago; Dios mis­mo ven­drá, y os sal­vará. El miedo es un sig­no de incredul­i­dad. Los temores actuales de las fal­tas espir­i­tuales, del poder de Satanás, del colap­so económi­co, y de la der­ro­ta moral deben ser ven­ci­dos. Nece­si­ta­mos no temer, “porque Él [Dios] dijo: No te desam­para­ré, no te dejaré” (Heb 13:5), y “El Señor está cer­ca” (Fil 4:5). El Señor ven­gará los agravios hechos a Sion y a Su pueblo; Él hará juicio en pro­por­ción sobre los que afligieron a Su pueblo (2 Tes 1:6) Al mis­mo tiem­po proveerá sal­vación a los que estén dis­puestos a acep­tar­lo.

 

La Causa del Rego­ci­jo (vers 5–7)

 

      5 La simil­i­tud entre los vers 5–7 y la respues­ta de Jesús a la pre­gun­ta de Juan el Bautista des­de prisión, “¿Eres tú aquel que había de venir, o esper­aré a otro?” ha lle­va­do a muchos a la con­clusión que Jesús tenía en mente las pal­abras de Isaías cuan­do Él envió a respon­der a Juan (Mt 11:2–6). El fuerte pare­ci­do en una razón sufi­ciente para con­cluir que las pal­abras de Isaías apun­tan con clar­i­dad al Mesías que ven­dría y a Su obra. Aunque la respues­ta de Jesús a Juan se refiere a Su obra físi­ca entre los hom­bres como evi­den­cia que Él es aquel por venir, allí no puede haber duda que Isaías está miran­do la gran obra espir­i­tu­al de algún tiem­po futuro. Los ojos que han sido cer­ra­dos a la apelación de Dios serán abier­tos para ver la sal­vación ofre­ci­da por Él; los oídos que han sido sor­dos a Su lla­ma­do se detendrán para oír y pon­er aten­ción a Su pal­abra (ver 6:9–10).

      6 Entonces – en ese tiem­po – el espir­i­tual­mente cojo saltará como un cier­vo, un vena­do macho fuerte; porque Jehová “pon­drá la coja como un rema­nente, y a la descar­ri­a­da como nación robus­ta” (Miq 4:7). Y la lengua del que ha sido mudo can­tará; El camino a Sion y la mis­ma ciu­dad retum­bará con sus can­ciones de rego­ci­jo. Habrá un cam­bio rad­i­cal en la vida del pueblo mien­tras son trans­feri­dos de un desier­to des­o­la­do a un jardín exu­ber­ante, porque aguas serán cavadas en el desier­to, y tor­rentes en la soledad, la vida revi­tal­iza­da y el carác­ter trans­for­ma­do.

      7 El lugar seco, el espe­jis­mo que engañó a muchos via­jeros cansa­dos del desier­to luchan­do hacia delante con la esper­an­za de encon­trar un arroyo sus­ten­ta­dor de la vida, se con­ver­tirá en estanque, un lago real; y el sequedal en man­aderos de agua. Los espe­jis­mos espir­i­tuales que han defrau­da­do al pueblo por muchos años, dejan­do sus hue­sos blan­quea­d­os en la are­na ardi­ente de la vida, desvanecién­dose, y habrá pri­mav­eras sacian­do la sed en sus para­jes. Pero solo Jesús puede dar el agua que trans­for­ma el desier­to ári­do de la vida de los pecadores en un jardín de belleza y pro­duc­tivi­dad. Él mis­mo dijo, “Cualquiera que bebiere de esta agua, volverá a ten­er sed; más el que bebiere del agua que yo le daré, no ten­drá sed jamás; sino que el agua que yo le daré será en el una fuente de agua que salte para vida eter­na” (Juan 4:14); y “Si alguno tiene sed, ven­ga a mí y beba. El que cree en mí, como dice la Escrit­u­ra, de su inte­ri­or cor­rerán ríos de agua viva” (Juan 7:37–38). En ver­dad, la tier­ra sedi­en­ta de los cora­zones que han venido a Él han lle­ga­do a ser pri­mav­eras de agua por cuyo medio otros son refres­ca­dos y la sociedad se mejo­ra. En el área ade­cua­da solo para habitación de cha­cales que destruyen y patio para los pol­los de avestruc­es (34:13), habrá cañas y jun­cos.

      Hag­amos una revisión de la descrip­ción total: cedros majes­tu­osos del Líbano, las laderas y valles boscosos del Carme­lo, y la plani­cie de Saron bel­la­mente flori­da. La esce­na es fuerte­mente realza­da por pri­mav­eras efer­ves­centes y lago cristal­i­no invi­tan­do a los alrede­dores por jar­dines de pas­to, cañas y jun­cos. Nun­ca se pre­tendió que esta prome­sa fuera cumpl­i­da en el mun­do físi­co, sino en el espir­i­tu­al. Esta glo­ria es dada a Sion y es exper­i­men­ta­da hoy por los que están bajo las ben­di­ciones del Mesías.

 

El Camino Real (vers 8–10)

 

      8 Y habrá allí calza­da y camino. El pro­fe­ta no está hablan­do de dos caminos, la ancha y la angos­ta (ver Mt 7:13–14), sino que está enfa­ti­zan­do el carác­ter de este camino. Es un camino que guía a la Sion de Dios y a un camino de san­ti­dad para los via­jeros. Que un solo camino está a la vista es indi­ca­do por el sin­gu­lar camino en la sigu­iente frase: y será lla­ma­do Camino de San­ti­dad. Isaías ya ha men­ciona­do el camino de Dios para Su pueblo – “Y habrá camino para el rema­nente de su pueblo” (11:16) – sobre el que los red­imi­dos de las naciones – Asiria, Egip­to, e Israel – via­jarán como una unidad total (19:23–24).

      Este camino está lim­i­ta­do para unos pocos selec­ciona­dos: y será lla­ma­do Camino de San­ti­dad; no pasará inmun­do por él, sino que él mis­mo estará con ellos. La ley especi­fi­ca dos tipos de inmundi­cias: la moral y la cer­e­mo­ni­al. El pro­fe­ta da espe­cial énfa­sis al moral­mente inmun­do. Este pasaje pone una bar­rera al moral­mente inmun­do para el camino, dan­do acce­so solo a los red­imi­dos. Jesús habló del camino como estre­cho y angos­to, lim­i­ta­do y estric­to o rig­uroso, y con­cluyó, “y pocos son los que la hal­lan” (Mt 7:13–14).

      El que andu­viere por este camino, por tor­pe que sea, no se extraviará, será iden­ti­fi­ca­do con los red­imi­dos; ¿está dicien­do el pro­fe­ta que no se extraviarán (no se equiv­o­carán, o vio­larán un están­dar de con­duc­ta acep­ta­do) en el camino? ¿O deben ser iden­ti­fi­ca­dos con las bes­tias rapaces (vers 9) que no deben ser encon­tra­dos en el camino? Muchos comen­taris­tas han pen­sa­do que la frase indi­ca que el camino será tan sen­cil­lo que un tor­pe no puede perder­se. Así como calza­da y camino son un camino, así el que andu­viere (un cam­i­nante) y el tor­pe son uno; ambos tér­mi­nos son usa­dos de la mis­ma per­sona. Esto lev­an­ta la pre­gun­ta si el tor­pe puede andar en el camino. Leupold expli­ca que el tor­pe es una per­sona sin expe­ri­en­cia; otros pien­san que el tér­mi­no se refiere a un igno­rante o indoc­to. Si ni una ni otra de estas expli­ca­ciones de la pal­abra tor­pe es cor­rec­ta, entonces el pasaje excluye solo a los inmorales y per­mi­tiría la inter­pretación que el camino es tan sen­cil­lo que un tor­pe no puede extraviarse. ¿Pero es la pal­abra usa­da a tal gra­do? Tor­pe tra­duce el tér­mi­no hebreo inic­uo, que se men­ciona vein­tiséis veces en el Antiguo Tes­ta­men­to; en ningún caso es usa­do de una per­sona sin expe­ri­en­cia, o de una per­sona sin edu­cación, o de un indoc­to. La pal­abra es usa­da del insen­sato que des­pre­cia la sabiduría (Prov 1:7), de la per­sona para quien la sabiduría está muy alta (Prov 24:7). Es usa­da para describir a alguien que es necio de labios (Prov 10:8, 10, al mar­gen), en los que la boca está la vara de la sober­bia (Prov 14:3), y los que su camino es dere­cho en su propia opinión (Prov 12:15). El necio que menos­pre­cia el con­se­jo de su padre (Prov 15:5); él es con­tencioso (Prov 20:3), su necedad no puede ser no puede ser trit­u­ra­da de él (Prov 27:22), y no hay una solu­ción (“reposo”) de la con­tro­ver­sia con él (Prov 29:9). Isaías usa la pal­abra para describir a los príncipes de Zoán, cuyo con­se­jo había lle­ga­do a ser bru­tal, sor­do, erró­neo (19:11); y Dios usa la pal­abra para describir a Su pueblo que “es necio, no me conocieron; son hijos igno­rantes y no son enten­di­dos; sabios para hac­er el mal, pero hac­er el bien no supieron” (Jer 4:22). Los fal­sos pro­fe­tas en Israel son lla­ma­dos necios (Ose 9:7; ver Miq 2:11). Con seguri­dad, tal pro­fe­ta no está cam­i­nan­do en el Camino de San­ti­dad. Parece, entonces, que el pro­fe­ta no está dicien­do que el camino será tan sim­ple que una per­sona sin expe­ri­en­cia o indoc­to no pue­da extraviarse, sino que el hom­bre que des­pre­cia la sabiduría, sien­do en vez de eso sabio en la impiedad, no evi­tará el equiv­o­carse al cam­i­nar en él.

      9 Hacien­do de nue­vo uso de con­traste, Isaías con­tin­ua su descrip­ción de los estor­bos en el camino y de los que andarán en él. No habrá allí león, ni fiera subirá por él, ni allí se hal­lará. No has­ta que estas fieras destruc­toras hayan sido regen­er­adas, trans­for­madas, su nat­u­raleza sal­va­je traí­da a sum­isión (ver 11:1–10), serán encon­tra­dos en el camino. Los tor­pes no serán encon­tra­dos allí, ni leones ni bes­tias sal­va­jes has­ta que sean cam­bi­a­dos. Solo para que cami­nen los red­imi­dos (ver vers 8).

      10 En este ver­sícu­lo cul­mi­nante, la pro­fecía alcan­za su pun­to más alto de desar­rol­lo. La idea próx­i­ma del ver­sícu­lo 9 se con­tin­ua: Y los red­imi­dos de Jehová, los red­imi­dos por Él, que están cam­i­nan­do en el camino de san­ti­dad, volverán, y ven­drán a Sion con ale­gría; y gozo per­petuo será sobre sus cabezas; y ten­drán gozo y ale­gría, y huirán la tris­teza y el gemi­do. Que descrip­ción glo­riosa de los que han pasa­do a través del desier­to de aflic­ción y que aho­ra exper­i­men­tan el las deli­cias y el gozo eufóri­co de la reden­ción. Han tro­ca­do sufrim­ien­to y sus­piro, y lo han cam­bi­a­do, por feli­ci­dad y gozo, que son eter­nos y no les serán arrebata­dos. En el esplen­dor de esta pro­fecía ten­emos una pre­moni­ción de las glo­rias que debían venir bajo el Mesías. Los pro­fe­tas sabían que estas glo­rias no eran para su tiem­po, sino para el nue­stro (1 Ped 1:10–12). Bajo el Mesías nos hemos acer­ca­do aho­ra a Sion (Heb 12:22; ver Apoc 14:1) por este mis­mo camino, un camino nue­vo y vivo (Heb 10:19–20). Y mien­tras nos acer­camos, acerqué­monos en ese espíritu de rego­ci­jo y de acción de gra­cias tan bel­la­mente descrito por Isaías; porque somos herederos de todo lo que los pro­fe­tas señalaron (Hech 3:24–26; Heb 1:2). No seamos engaña­dos por el espe­jis­mo mate­r­i­al de un peri­o­do mile­nario sen­su­al aquí en la tier­ra.

Capí­tu­lo 35. El Camino de San­ti­dad

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Jerusalén-Sión: Adver­ten­cias y Prome­sas (28–35)

Isaías ha anun­ci­a­do un ay gen­er­al sobre los que ocul­tan su con­se­jo de Dios (29:15), y aho­ra hace una apli­cación especí­fi­ca del prin­ci­pio mien­tras pro­nun­cia un ay sobre el par­tido políti­co pro-egip­cio que envía pre­sentes a Egip­to en un inten­to de ganar la ayu­da de la nación con­tra Asiria. Jehová ya ha anun­ci­a­do la debil­i­dad y la caí­da final de Etiopía y de Egip­to (caps 18–20), ha adver­tido en con­tra de bus­car refu­gio en cualquier lugar excep­to en la piedra aparta­da en Sion (28:14–22), y ha declar­a­do que la mul­ti­tud de las naciones que pelean con­tra Su altar ter­re­nal serán echa­dos fuera (29:5–8). Entonces, bus­car ayu­da de Egip­to es igno­rar a Dios y lo que Él ha dicho. Aunque el men­saje del pro­fe­ta está dirigi­do a la situación de aquel momen­to, el prin­ci­pio involu­cra­do es de todos los tiem­pos: es siem­pre un error fatal para el pueblo de Dios con­fi­ar en el mun­do de los impíos en vez de con­fi­ar en el Señor por la ayu­da en la emer­gen­cia. Debido a que Judá igno­ra a Dios, el juicio acon­te­cerá a la nación (vers 1–17).

El pro­fe­ta pre­sen­ta ensegui­da las bases en las que Judá debe pro­ced­er: esper­ar por Jehová. La nación será lib­er­a­da y ben­de­ci­da no debido a la ayu­da de Egip­to, sino a través de la gra­cia y de la mis­eri­cor­dia de Jehová. La ben­di­ción será alcan­za­da total­mente en la era mesiáni­ca (vers 18–26).

Entre tan­to Asiria será destru­i­da, pero no por una coali­ción políti­ca de Judá y Egip­to, sino por la vara de Jehová. Un lugar de abrasamien­to, pro­fun­do y largo, será pro­vis­to para el rey asirio (vers 27–33)

 

Cualquier Alian­za con Egip­to está Des­ti­na­da a Fra­casar (vers 1–17)

 

      1 El ter­cer ay es pro­nun­ci­a­do sobre los hijos que toman con­se­jo, pero no de Jehová; estos hijos son des­obe­di­entes per­sis­ten­te­mente. En su tra­to con Jehová, actúan como hijos necios, rebeldes que se nie­gan a obe­de­cer a sus padres, por con­sigu­iente lle­gan­do a ser dig­nos de muerte (Deut 21:18–21). La primera acusación que hace Jehová con­tra el pueblo por medio de Isaías fue, “Crié hijos, y los engrandecí, y ellos se rebe­laron con­tra mi” (1:2); una segun­da acusación fue, “Tus príncipes, pre­var­i­cadores y com­pañeros de ladrones” (1:23). Y aho­ra, la nación entera, guia­da por los príncipes, es involu­cra­da en el plan de apelar a Egip­to, y así es cul­pa­ble de rebe­lión con­tra Jehová. Están hacien­do acuer­dos o pactos (lit­eral­mente, “tejien­do una red” [Young]) sin con­sul­tar al Señor o con­sid­er­ar a Su pro­fe­ta, que habla por Su Espíritu. La frase tomar con­se­jo puede ser tra­duci­da “der­ra­mar una ofren­da de bebi­da” (al mar­gen). Esto se refiere a la libación ofre­ci­da cuan­do se com­pro­m­ete un acuer­do; pero la tra­duc­ción en el tex­to, al referirse al pacto mis­mo, es preferi­ble. Al hac­er esto los hijos rebeldes añaden peca­do a peca­do api­lan­do peca­dos adi­cionales enci­ma de todos los peca­dos ante­ri­ores (ver Jer 2:13).

2 Los hijos de Judá se apartan para descen­der a Egip­to, y no han pre­gun­ta­do de mi boca. Pre­gun­tar a la boca de Jehová es con­sul­tar­le antes de tomar deci­siones (ver Num 27:21). A lo largo de toda su his­to­ria habían se habían acar­rea­do difi­cul­tades al fal­lar en pre­gun­tar a Jehová antes de actu­ar (por ejem­p­lo, Jos 9:14). Su propósi­to en apelar a Egip­to fue para tomar for­t­aleza en ellos mis­mo con el Faraón, que prometió mucho pero proveyó poco. Tomar refu­gio en su som­bra era bus­car­lo para pro­tec­ción; pero el Espíritu de Jehová había dicho, “El que habi­ta al abri­go del Altísimo/Morará bajo la som­bra del Omnipo­tente (Sal 91:1). Los líderes de Judá esta­ban des­cuidan­do este prin­ci­pio mien­tras vol­te­a­ban a Egip­to por ayu­da. Años antes de esto, Isaías había demostra­do su oposi­ción a cualquier depen­den­cia sobre Egip­to o Etiopía por cam­i­nar descal­zos y usar solo ropa inte­ri­or por tres años (cap 20).

3 La pal­abra Pero intro­duce la con­se­cuen­cia de bus­car a Egip­to en vez de a Jehová por ayu­da. En vez de encon­trar for­t­aleza en el Faraón y en Egip­to, Judá encon­trará vergüen­za, un sen­ti­do de peca­do y de cul­pa con la tur­bación adi­cional del fra­ca­so. Tomar refu­gio en la som­bra del Faraón los guiará a la con­fusión (futil­i­dad y pér­di­da) en lugar de pro­tec­ción sól­i­da. La nación está con­de­na­da a la decep­ción total.

4 Aun aho­ra el pro­fe­ta vis­lum­bra a los príncipes en su comisión. Aunque son hom­bres de dig­nidad y posi­ción real, no son nece­sari­a­mente hom­bres de san­gre real. Él los ve arriban­do a Zoán, una ciu­dad local­iza­da en la parte noreste del Delta (ver 19:11). Y sus emba­jadores lleguen a Hanes. Estas son rep­re­sen­ta­ti­vas del gob­er­nador o del gob­ier­no. Hanes, men­ciona­da solo aquí en las Escrit­uras, aunque para algunos ha sido la Her­a­cleopo­lis Magna en el Alto Egip­to. Para otros ha sido Tafnes (Jer 43:7), local­iza­da no lejos de Zoán. Actual­mente, la iden­ti­dad y la local­ización son descono­ci­das. No está estable­ci­do especí­fi­ca­mente si Eze­quias esta­ba involu­cra­do en este acuer­do ver­gonzoso, pero es difí­cil pen­sar que los emba­jadores pudier­an haberse aven­tu­ra­do en tal comisión sin el conocimien­to y ben­di­ción del rey (ver 36:4–6).

5 El resul­ta­do de apelar a Egip­to será mas que una ofus­cación a la nación; el pro­fe­ta repite que pro­bará ser una vergüen­za y un opro­bio, una des­gra­cia. En la depen­den­cia final sobre Egip­to probó estar total­mente sin fru­to.

6 Pro­fecía sobre (en relación a la pro­fecía) las bes­tias del Neguev – para la pal­abra pro­fecía ver el comen­tario en 13:1. Delitzsch pien­sa que las bes­tias del Neguev se refiere a los hipopó­ta­mos, un sím­bo­lo de Egip­to; pero es muy dudoso. El pro­fe­ta prob­a­ble­mente tiene en mente a las bes­tias que pasa­ban a través del Neguev (“Sur”) al desier­to de Zin y de Shur lle­van­do los rega­los a Egip­to. Esto podría indicar que en este tiem­po la ruta costera había sido cor­ta­da por los asirios. En lengua­je poéti­co el pro­fe­ta describe la tier­ra ter­ri­ble a través de la que las bes­tias deben via­jar, descri­bi­en­do los peli­gros incur­ri­dos en este via­je inútil y des­perdi­ci­a­do.

Isaías usa tres pare­jas de pal­abras para describir la aus­teri­dad de la tier­ra y los peli­gros encon­tra­dos: (1) tier­ra de tribu­lación y de angus­tia, prob­a­ble­mente una ref­er­en­cia a la intran­quil­i­dad y a la agitación, a la angus­tia y a la deses­per­an­za, exper­i­men­ta­da por los que pasan por el área; (2) donde sale la leona y el león, impli­can­do ries­go para el hom­bre y para la bes­tia; (3) la víb­o­ra y la ser­pi­ente que vuela, ser­pi­entes muy venenosas, que se añadía a los ries­gos de esa tier­ra des­o­la­da. No sabe­mos con exac­ti­tud lo que Isaías quiere dar a enten­der por ser­pi­ente que vuela.

Los ricos rega­los y los tesoros sobre los hom­bros de asnos y sobre las jorobas de los camel­los sug­iere más bien una larga car­a­vana que lle­va la riqueza de Judá a Egip­to. Fue a través de este mis­mo “desier­to grande y espan­toso, lleno de ser­pi­entes ardi­entes, y de escor­pi­ones, y de sed, donde no había agua” (Deut 8:15), que Jehová guió a los israeli­tas muchos años antes, librán­do­los de los mis­mos opre­sores cuya som­bra bus­can aho­ra. Pero están hacien­do su apelación a un pueblo que no les será de prove­cho. Una descrip­ción triste, por cier­to.

7 Cier­ta­mente Egip­to en vano e inútil­mente dará ayu­da; ofrece algu­na expre­sión de ayu­da, pero no es val­i­da. No está claro si el nom­bre su for­t­aleza es estarse qui­eta es dada por Jehová o por el pro­fe­ta, pero es suma­mente apropi­a­do. La pal­abra sig­nifi­ca “tor­men­ta, arro­gan­cia,” un emble­ma apropi­a­do de Egip­to, “el fan­far­rón que se está qui­eto.” Leupold lo tra­duce, “un bocón que está cruza­do de bra­zos.” Cua­tro veces en los libros o pasajes poéti­cos la pal­abra es usa­da de un mon­struo (arro­gan­cia, orgul­lo, o poder) con el que Jehová está en con­flic­to (Job 9:13; 26:12; Sal 89:10; Isa 51:9). Ocurre en dos oca­siones donde Egip­to está clara­mente a la vista (Sal 87:4; Isa 30:7). Como la Esfin­ge, Egip­to buscó for­t­aleza pero fue inútil para actu­ar. Era una nación que no podría vivir en base a su glo­ria y poder pasa­do; se jac­tó en su glo­ria pasa­da pero no tenía nada.

8 El pro­fe­ta recibe un man­damien­to del Señor. Ve, pues, aho­ra, y escribe esta visión en una tabla delante de ellos, y regís­trala en un libro. El pro­fe­ta había sido instru­i­do antes a escribir un men­saje para el tes­ti­mo­nio futuro (8:1, 16), y aho­ra debe escribir de nue­vo. ¿Es lo que está escrito en los vers 6–7, en los vers 1–7, o en todo el capí­tu­lo? Con prob­a­bil­i­dad la instruc­ción inclu­i­da solo en los vers 6–7, que serviría como un recuer­do de la ton­tería del pueblo de Dios en descen­der a Egip­to en vez de con­fi­ar en Él. Algunos pien­san que Isaías escribió tan­to una tabla como un libro; otros creen que los dos tér­mi­nos se refieren a un solo escrito. Parece, sin embar­go, que con prob­a­bil­i­dad había una tabla para que el públi­co viera y ley­era, y un libro para preser­var el men­saje para todo el tiem­po por venir, eter­na­mente y para siem­pre. Todavía cuan­do lo leemos hoy, nos impre­sion­amos con la seguri­dad abso­lu­ta del camino y de la pal­abra de Jehová. Sirve entonces “por un tes­ti­mo­nio eter­no” (al mar­gen).

9 Jehová hace tres acusa­ciones con­tra el pueblo: Porque este pueblo es rebelde, una acusación que Él había puesto sobre ellos des­de el ini­cio (vers 1); hijos men­tirosos – sus mis­mas vidas son una men­ti­ra, su refu­gio es una men­ti­ra (28:15), su ado­ración es hipócri­ta (29:13); hijos que no quisieron oír la ley (o la enseñan­za) de Jehová. Rehusaron oír lo que Él está dicien­do por medio de Sus pro­fe­tas.

10–11 Isaías rev­ela el ver­dadero espíritu del pueblo hacia las pal­abras pro­nun­ci­adas por Jehová por medio de Sus pro­fe­tas. Los hijos rebeldes dicen a los videntes: No veáis; y a los pro­fe­tas: No nos pro­fet­icéis lo rec­to, decid­nos cosas halagüeñas, pro­fe­ti­zad men­ti­ras. Con seguri­dad no eran tan hon­estos como para venir sin rodeos y decir estas cosas; pero este ver­sícu­lo solo rev­ela grá­fi­ca­mente sus ver­daderos sen­timien­tos. (Para videntes y pro­fe­tas ver los comen­tar­ios en 29:10.) No hablar cosas rec­tas, esto es, cosas de la ver­dad y de la jus­ti­cia, porque ellas con­de­nan nue­stros caminos impíos. Cosas halagüeñas, cosas gus­tosas y agrad­ables al oído – cosas que nos entre­tienen. Pro­fe­ti­zar men­ti­ras, esto es, darnos esper­an­za fal­sa, hac­er­nos creer que todo está bien aún cuan­do no lo está. Una ver­sión mod­er­na ser, Danos religión pero no la ver­dad del evan­ge­lio. Al ver­dadero pro­fe­ta el pueblo dice, dejad el camino; no nos deten­emos en lo que hemos deter­mi­na­do hac­er. Apartaos de la sen­da, la sen­da de la rec­ti­tud y de la rev­elación ver­dadera. Quitad de nues­tra pres­en­cia al San­to de Israel. Sin duda está es una ironía de uso con­stante por Isaías del glo­rioso títu­lo San­to de Israel, que se men­ciona alrede­dor  de trein­ta veces en este libro. Cada vez que el pro­fe­ta men­ciona ese nom­bre, cor­taría pro­fun­da­mente a sus almas pecado­ras y rebeldes.

12 Por tan­to – frente a tal rebe­lión con­tra Dios y Su pal­abra hay una con­se­cuen­cia inevitable que el Señor está aho­ra lis­to a anun­ciar. El San­to de Israel, que el pueblo ha trata­do de echar fuera de sus vidas, pero que no será arro­ja­do, aho­ra habla. Porque dese­chasteis esta pal­abra – porque te detienes en desafi­ar la pal­abra del San­to de Israel que está sien­do habla­da por los pro­fe­tas actuales – el juicio está en camino. Otra razón para el juicio es que el pueblo con­fió en vio­len­cia y en iniq­uidad. Hay tres ideas en el sig­nifi­ca­do de la vio­len­cia aquí. Algunos la ven como una ref­er­en­cia a los méto­dos de opre­sión usa­dos para finan­ciar los rega­los o sobor­nos que esta­ban sien­do envi­a­dos a Egip­to. Otros la ven como los méto­dos opre­sivos a los que recur­ría el pueblo para silen­ciar a los pro­fe­tas, sofo­can­do sus voces. El ter­cer pun­to de vista es que el pro­fe­ta se está refirien­do a una dis­posi­ción de carác­ter que se man­i­festó en ellos en ambas cosas. Parece preferi­ble este ter­cer pun­to de vista. La per­ver­si­dad es una desviación de la jus­ti­cia o del camino ver­dadero, la demostración de una vol­un­tad obsti­na­da. Se man­i­fi­es­ta a si mis­ma en prác­ti­cas tor­ci­das en los nego­cios y en las políti­cas. El pueblo depende de la falsedad en vez de en la ver­dad y en la hon­esti­dad.

13 La pal­abra por tan­to intro­duce el cas­ti­go por los cora­zones rebeldes y las prác­ti­cas pecaminosas del pueblo. Jehová usa dos analogías para resaltar la nat­u­raleza de este juicio inmi­nente: una pared agri­eta­da y el rompimien­to de un vaso de bar­ro. Os será este peca­do como gri­eta que ame­naza ruina, extendién­dose en una pared ele­va­da. Una grie­ga o rajadu­ra podría causar que una pared se abul­tara hacia fuera y se colap­sara even­tual­mente. El prob­le­ma podría deberse a una fal­la en la pared, un desplaza­mien­to del cimien­to, o una fal­la del cimien­to. En este caso el prob­le­ma prob­a­ble­mente es que en lugar de con­stru­ir sobre el fun­da­men­to seguro de Jehová y Su pal­abra, el pueblo había con­stru­i­do en un fun­da­men­to fal­so (28:15–16). Además, ellos habían usa­do sus pro­pios están­dares al con­stru­ir sus muros de seguri­dad nacional. El colap­so ven­dría súbita­mente, sin adver­ten­cia.

14 Y (Jehová) se que­brará como se quiebra un vaso de alfarero – una indi­cación de total destruc­ción – que sin mis­eri­cor­dia lo hacen peda­zos. La descrip­ción es clara: tan­to, que entre los peda­zos no se hal­la tiesto para traer fuego del hog­ar, o para sacar agua del pozo. La demoli­ción del pueblo judío sería como el rompimien­to de una vasi­ja de bar­ro con una vara de hier­ro. La vasi­ja está tan rota que no hay una pieza sufi­cien­te­mente grande para lle­var un peda­zo de car­bón ardi­en­do del fogón o una olla para sacar agua de una cis­ter­na. La destruc­ción fue evi­ta­da en el tiem­po de Isaías debido a que Eze­quías imploró a Jehová y porque el hon­or de Jehová esta­ba de por medio (37:14–29). Tam­bién, sin duda la pred­i­cación de Isaías y de Miqueas y la influ­en­cia de sus vidas regre­saron los cora­zones al Señor lo sufi­ciente para que Él guardara a la ciu­dad de sus saque­adores. La destruc­ción no vino, sino un tiem­po después.

15 Smith tit­u­la los vers 15–17 “No Alian­zas, sino Con­fi­an­za” (I. 233), que bien resume el men­saje del pro­fe­ta. El Señor extiende un medio de escapar de la destruc­ción ter­ri­ble así descri­ta. Porque así dijo el Señor, el San­to de Israel, el mis­mo que sostiene ese nom­bre majes­tu­oso del que se apartaría el pueblo (vers 11), pero que da autori­dad a lo que se prom­ete. En des­can­so y en reposo seréis salvos – esto es sim­i­lar a las exhorta­ciones dadas a Acaz (7:4) y a Jerusalén (28:12). En lugar de descen­der a Egip­to para hac­er una alian­za con ese pueblo idol­a­tra, volverían a Jehová que es sal­vación, porque solo en los viejos caminos, el buen camino, que Él ha orde­na­do puede alguien encon­trar des­can­so para su alma (Jer 6:16). En vez de esa infi­del­i­dad que orig­inó a Judá recur­rir a Egip­to, debían ten­er la tran­quil­i­dad de la ver­dad y la con­fi­an­za por medio de la fe en Dios y Su poder. En este camino Judá encon­trará la for­t­aleza nece­saria para enfrentar la emer­gen­cia. Estas habían sido las bases del poder hebreo a lo largo de toda su his­to­ria, sin embar­go fal­laron con fre­cuen­cia en con­fi­ar en el Señor: Y no qui­sis­teis. Los que han apren­di­do esta lec­ción han sido y siem­pre serán las rocas impo­nentes que fac­ul­ta a la sociedad y a la igle­sia a sosten­er las are­nas movedi­zas de la destruc­ción int­elec­tu­al y de los movimien­tos sociales.

16 Sino que dijis­teis: No, antes huire­mos en cabal­los. Smith acer­tada­mente comen­ta, “Si deseas refor­mar las políti­cas, primero debes regener­ar el pueblo” (I. 230). La ten­den­cia de seguir los dic­ta­dos de sus pro­pios caminos rebeldes, el pueblo y sus gob­er­nantes están en una pro­fun­da necesi­dad de regen­eración espir­i­tu­al. Se deseo de escapar en cabal­los prob­a­ble­mente se refiere para acosar a los ene­mi­gos en car­ros de guer­ra obtenidos de Egip­to. En la ley Jehová había pro­hibido regre­sar a Egip­to para adquirir cabal­los (Deut 17:16), pero Judá está igno­ran­do del todo este man­damien­to. Ya que desean huir en cabal­los, por tan­to, vosotros huiréis; y puesto que ust­ed dice, Sobre corce­les velo­ces cabal­gar­e­mos; por tan­to, serán velo­ces vue­stros perseguidores. Jehová con­ced­erá su deseo, pero no en la for­ma que ellos pre­tenden. Cier­ta­mente huirán – pero como el persegui­do en lugar de ser el perseguidor.

17 En la ley Jehová había ase­gu­ra­do a Su pueblo que si per­manecían fieles a Él, “Cin­co de vosotros perseguirán a cien­to, y cien­to de vosotros perseguiréis a diez mil” (Lev 26:1, 8). El orden de esta prome­sa es aho­ra inver­tido; porque en lugar de cin­co per­sigu­ien­do un cien­to, Un mil­lar (de ust­edes) huirá a la ame­naza de uno; a la ame­naza de cin­co huiréis vosotros todos. De hecho, como es fre­cuente el caso en la Escrit­u­ra, esta es una hipér­bole fuerte. Indi­ca la com­ple­ta debil­i­dad y la der­ro­ta inevitable de cualquier que actúa en con­tra de la vol­un­tad y del propósi­to de Dios. En la der­ro­ta, en vez de la nación fuerte que podría y debería ser, Judá será como un árbol o mástil en la cum­bre de una col­i­na, pela­da de sus ramas y aban­don­a­da. Los super­vivientes estarán solos y serán pocos en número. Pero como una ban­dera este rema­nente será el pun­to de reunión alrede­dor del que una nue­va nación emerg­erá (1:9; 10:21–22).

 

La Properi­dad por Medio de la Gra­cia de Dios (Mesiáni­ca) (vers 18–26)

 

      18 En medio de este panora­ma pes­imista de juicio, der­ro­ta, y soledad, Jehová ani­ma al pueblo con una pal­abra de esper­an­za y de con­fi­an­za, basa­do en Su gra­cia y mis­eri­cor­dia. La pal­abra Y conec­ta la idea del sigu­iente pasaje con el juicio prece­dente (vers 1–17), y la pal­abra por tan­to intro­duce lo que Jehová hará y las bases de Su acción. El Seño esper­ará has­ta que el juicio sea eje­cu­ta­do; por medio de él el pueblo será meti­do en un mar­co de mente y de dis­posi­ción de corazón que podría haber gra­cia hacia ellos. Y por tan­to, será exal­ta­do, lev­an­ta­do ante los ojos del pueblo y recono­ci­do como Jehová Dios, tenien­do de vosotros mis­eri­cor­dia (ver 2:11, 17). La mis­eri­cor­dia es la expre­sión del carác­ter de Su gra­cia (ver Sal 103:8). Pero, como lo mues­tra el juicio, tam­bién Jehová es Dios jus­to, jus­to y rec­to en todos Sus caminos. Que jus­ti­cia es parte de nat­u­raleza esen­cial es con clar­i­dad expre­sa­do por dos salmis­tas: “Jus­ti­cia y juicio son el cimien­to de tu trono;/Misericordia y ver­dad van delante de tu ros­tro” (Sal 89:14); y “Jus­ti­cia y juicio son e cimien­to de su trono./Fuego irá delante de él,/Y abrasará a sus ene­mi­gos alrede­dor” (Sal 97:2–3). Así entonces, la bon­dad y la mis­eri­cor­dia de Dios así como el fuego de juicio refle­jan la nat­u­raleza inher­ente de Dios y el mis­mo fun­da­men­to de Su trono y gob­ier­no. Es tan con­sis­tente con Su carác­ter divi­no cas­ti­gar la mal­dad como mostrar mis­eri­cor­dia al pen­i­tente. Entonces, bien­aven­tu­ra­dos todos los que con­fían en él; en lugar de tomar los asun­tos en sus propias manos, per­miten actu­ar a Jehová sobre la base de Su infini­ta rec­ti­tud y jus­ti­cia. Isaías expresó bel­la­mente esto en una pro­fecía pos­te­ri­or, “Pero los que esper­an a Jehová ten­drán nuevas fuerzas; lev­an­tarán alas como las águilas; cor­rerán, y no se cansarán; cam­i­narán, y no se fati­garán” (40:31).

19 El pueblo, esto es, los que esper­an por Jehová, dis­fru­tarán la mis­eri­cor­dia de Su gra­cia (vers 18) y el pueblo morará en Sion, en Jerusalén. Por el bien del énfa­sis, esta frase es algu­nas veces tra­duci­da “Sion, aun Jerusalén.” Ambas lec­turas dan el mis­mo sen­ti­do. Sion-Jerusalén es el lugar de la habitación de Dios entre Su pueblo; allí estarán con Él. Él es sin­gu­lar; el pro­fe­ta ya sea que se está dirigien­do al pueblo como un todo o se está dirigien­do a cada miem­bro de su audi­en­cia como un indi­vid­uo, para los que esper­an y reciben las ben­di­ciones dadas como indi­vid­u­os. Para ellos los días de llan­to han pasa­do; dis­fru­tan aho­ra la gra­cia de la pres­en­cia de Jehová y la respues­ta a su clam­or. Al oír la voz de tu clam­or, te respon­derá – para recibir una respues­ta debe­mos cla­mar al Señor ardi­en­te­mente, en fe y con con­fi­an­za; cuan­do lo hace­mos así, Dios responde.

20 Pero antes que ven­gan las ben­di­ciones, habrá un tiem­po de aflic­ción, el juicio men­ciona­do arri­ba. Muchos comen­taris­tas omiten la pal­abra bien, y tra­ducen, “Os dará el Señor pan de con­go­ja y pan de angus­tia.” Esta es ali­mentación pro­vista en tiem­po de extrema necesi­dad y pobreza, lo opuesto de comi­da y bebi­da en abun­dan­cia. Al lle­var a cabo Su plan divi­no, el Señor no per­mi­tirá que Su pueblo perez­ca del todo. En el tiem­po de extrema opre­sión y pobreza Él proveerá para la preser­vación de un rema­nente. Un salmista anón­i­mo dijo, “Pasamos por el fuego y por el agua,/Y nos sacaste a abun­dan­cia [‘abun­dan­cia,’ del hebreo]” (Sal 66:12). Antes de la abun­dan­cia viene el fuego y el agua.

La últi­ma mitad de este ver­sícu­lo es difí­cil de tra­ducir; ¿es mae­stros (plur­al) o mae­stro (sin­gu­lar)? Smith opta por “Mae­stro,” aplicán­do­lo a Dios, que por un tiem­po había ocul­ta­do Su ros­tro de Su pueblo, pero que aho­ra los instruye. La may­oría de los comen­taris­tas por­tan por “mae­stros,” y lo apli­can a los pro­fe­tas y a los instruc­tores lev­i­tas que se ocul­taron durante el tiem­po de opre­sión sev­era. La declaración de los pro­fe­tas, sino que tus ojos verán a tus mae­stros, sug­iere mae­stros humanos que el pueblo puede ver, sin embar­go esto no es con­cluyente.

21 Entonces tus oídos oirán a tus espal­das pal­abras que diga – aquí está una difi­cul­tad adi­cional. Si los ojos de los que han esper­a­do por Jehová ve a los mae­stros, ¿cómo puede la pal­abra ser oída des­de las espal­das de ellos? Han sido dadas numerosas expli­ca­ciones. Note, por ejem­p­lo, que los mae­stros están dicien­do, Este es el camino, andad por él; y no echéis a la mano derecha, ni tam­poco torzáis a la mano izquier­da. Es posi­ble que los mae­stros y los direc­tores del pueblo los desviaron del camino rec­to. Al haber gira­do a la derecha o a la izquier­da, sus espal­das están aho­ra hacia los mae­stros. El soporte para esta inter­pretación puede ser encon­tra­da en la ley que dice, “No os apartéis ni a dies­tra ni a sinies­tra” (Deut 5:32), y tam­bién en la pal­abra del hom­bre sabio, “No te desvíes a la derecha ni a la izquierda;/Aparta tu pie del mal” (Prov 4:27). Así, con ojos para ver y oídos para oír, el pueblo será instru­i­do en el camino rec­to; y cuan­do es señal­a­do que han erra­do de ese camino, oirán y regre­sarán.

22 Los que habi­tan aho­ra en Sion, al haber venido por medio de la tribu­lación, recono­cerán la con­t­a­m­i­nación y la influ­en­cia destruc­to­ra de los ído­los, con­sid­erán­do­los como inmun­dos. Las imá­genes eran mold­eadas de un met­al infe­ri­or o tal­ladas en madera, y entonces recu­bier­ta con pla­ta u oro (ver 40:19; 44:9–20). Entonces pro­fa­narás la cubier­ta de tus escul­turas de pla­ta, y la vestidu­ra de tus imá­genes fun­di­das de oro; las apartarás como trapo asqueroso; ¡Sal fuera! les dirás — ¡Vete! ¡Fuera de mi vista! Prob­a­ble­mente los ído­los son puestos en la tier­ra para reducir­los a pol­vo y entonces dis­per­sar­los. Después de la destruc­ción de Jerusalén y la cau­tivi­dad de Babilo­nia el pueblo aparente­mente esta­ba cura­do de la idol­a­tría, porque nun­ca más oíos que hicier­an o sirvier­an a imá­genes.

23 Los vers 23–26 están llenos de la prome­sa de rega­los ricos y abun­dantes de Dios. El da tan­ta llu­via que la sementera que ha sido sem­bra­da bro­tará. De ella ven­drá pan, nutri­ti­vo y en gran medi­da. En el día de esta gen­erosi­dad el gana­do encon­trará abun­dan­cia de pas­to en las grandes praderas, un gran con­traste a su estrechez ante­ri­or y a las áreas estre­chas.

24 Los ani­males domes­ti­ca­dos – los bueyes y los asnos usa­dos para el ara­do del sue­lo – com­erán gra­no (o con sal) limpio. La pal­abra gra­no podría indicar amasi­jo o una mez­cla fer­men­ta­da como nue­stro ensi­la­je. Su comi­da sería de una cal­i­dad no usu­al y exce­lente, mez­cla­dos y con sal. Que el gra­no limpio ha sido aven­ta­do con pala y cri­ba sug­iere que, como el gra­no desea­do por los humanos, es limpia­do de la paja des­menuza­da y pur­ga­da de sus­tan­cias extrañas.

25 Y en lugar de montes altos y col­la­dos ele­va­dos al ser desnuda­dos, habrá ríos y cor­ri­entes. Proveerán además ben­di­ciones para los hom­bres y para las bes­tias, dan­do agua para praderas fron­dosas, para la irri­gación, y para el uso domés­ti­co. ¡Que gran ben­efi­cio en una tier­ra donde las cor­ri­entes son escasas y pre­ciosas (ver 41:18)! En una for­ma bas­tante sor­pren­dente el pro­fe­ta inyec­ta una idea con­trastante: el día de la gran matan­za, cuan­do caerán las tor­res. Hay al menos dos posi­bles expli­ca­ciones del pasaje: (1) La gran matan­za cuan­do las tor­res caen pre­ced­erán a estas ben­di­ciones (ver vers 13, 18); o (2) Habrá matan­za y las tor­res se colap­sarán en el mun­do de la impiedad aun mien­tras los que están en Sion-Jerusalén dis­fru­tan rega­los abun­dantes de Dios. A la luz del con­tex­to, y en espe­cial el ver­sícu­lo sigu­iente, parece preferi­ble la segun­da.

26 Al haber descrito la abun­dan­cia de las pro­vi­siones físi­cas para el hom­bre y la bes­tia, el pro­fe­ta habla aho­ra de la luz glo­riosa de ese peri­o­do. Y la luz de la luna será como la luz del sol, y la luz del sol siete veces may­or, como la luz de siete días (ver 24:23; 60:19–20). En tal luz todas las cosas serán claras, vis­tas como son. Este ver­sícu­lo provee la clave para enten­der todo el pasaje. La luz del sol como la luz de siete días es la luz de una sem­ana con­cen­tra­da en un día bril­lante. Tal bril­lantez en el mun­do físi­co sería desas­trosa para la vida, tan­to para las plan­tas como para los ani­males. Pero en ese día ven­dará Jehová la heri­da de su pueblo, y curará la lla­ga que él causó. En ese día Sus ben­di­ciones de abun­dan­cia serán pro­vis­tas.

Allí no puede haber duda que Dios inten­tó ben­de­cir rica­mente al pueblo sobre su retorno de la cau­tivi­dad cuan­do Él recogería el rema­nente de vuelta a su propia tier­ra. Él había prometi­do que sobre este retorno, Él “te hará bien, y te mul­ti­pli­cará más que a tus padres” (Deut 30:5); pero esto era condi­cional en base a que retornaran a Él con todo su corazón y guardan­do Sus man­damien­tos (Deut 30:8–10). Él les haría “may­or bien que en vue­stros prin­ci­p­ios” (Ezeq 36:11). Aun tan tarde como en los días de Malaquías, Dios dijo que Él “abriría las ven­tanas de los cie­los, y der­ra­maría sobre vosotros ben­di­ción has­ta que sobre­abunde” (Mal 3:10). Pero en cada ocasión estas ben­di­ciones eran con­tin­gentes sobre la fidel­i­dad del pueblo al Señor (ver la con­struc­ción “si” en Jer 18:7–10). Si el pueblo no cumplía las condi­ciones, Dios no haría por ellos lo que Él podría ten­er. Las ben­di­ciones no serían dadas con plen­i­tud, con todo, has­ta la era mesiáni­ca cuan­do Dios der­ra­mará Sus ben­di­ciones espir­i­tuales en rica abun­dan­cia. Debe­mos enten­der que el lengua­je de Isaías anun­cia con antelación las glo­riosas ben­di­ciones en Cristo (ver Ef 3:19; Col 2:8–10).

 

La Ven­gan­za de Jehová sobre Asiria (vers 27–33)

 

En un lengua­je de imá­genes bril­lantes y encen­di­das, Isaías describe el crib­a­do de las naciones y la destruc­ción de Asiria por la fuerza de Su bra­zo. El pro­fe­ta ya ha intro­duci­do el juicio de los ebrios de Efraín (28:1–2), el tor­rente des­bor­dante con­tra Jerusalén (28:15; 29:13–14), y la destruc­ción de los adver­sar­ios de Jerusalén por fuerzas poderosas dirigi­das por el mis­mo Jehová (29:6). Aho­ra tra­ta en espe­cial con la destruc­ción de Asiria, com­bi­nan­do dos metá­foras que describen la veni­da de Jehová como una tor­men­ta poderosa, fer­oz y ardi­ente en su fuerza destruc­to­ra, y como un hom­bre lleno de ira e indi­gnación.

27 He aquí el nom­bre de Jehová viene de lejos. El nom­bre de Jehová sim­boliza todo lo que Él es – Su ser, rev­elación, y acción. Aparente­mente el Señor ha aban­don­a­do al pueblo a ellos mis­mos, pero aho­ra como una tor­men­ta alum­bran­do el cielo viene a lib­er­ar­los. Él viene en eno­jo ardi­ente de indi­gnación e ira jus­ta, su ros­tro encen­di­do, como nubes ardi­entes en una tor­men­ta ter­ri­ble. Sus labios llenos de ira con­tra Sus ene­mi­gos; su lengua como fuego que con­sume, que va delante de Él, que­man­do a Sus adver­sar­ios alrede­dor (ver Sal 97:2–3).

28 Su alien­to, cual tor­rente que inun­da; lle­gará has­ta el cuel­lo. Como las aguas tor­ren­ciales del Río (Asiria) han bar­ri­do sobre Judá, lle­gan­do has­ta la gar­gan­ta (8:8), así aho­ra el tor­rente de la ira de Dios alcan­za la gar­gan­ta de Asiria. El pro­fe­ta usa tres metá­foras describe los rep­re­sen­tantes de este juicio: un tor­rente abru­mador, una cri­ba de destruc­ción, y un freno que se dirige en el camino que Jehová deter­mi­na. A difer­en­cia del crib­a­do de Israel, en donde ningún gra­no cae a la tier­ra, sino que todo es sal­vo (Amos 9:9), en el crib­a­do de las naciones todas son pues­tas en con­fusión y destru­idas (ver Jer 30:11). El freno que los hace errar los lle­va a la destruc­ción. Mien­tras Jehová entremez­cló un espíritu de per­ver­si­dad entre los egip­cios, cau­san­do que tomaran el mal camino a su ruina (19:14), así Él guiará a las naciones.

29 En con­traste, a los que hiere Jehová los ha aumen­ta­do ráp­i­da­mente y los las­ti­ma­dos por Él los ha sana­do, vosotros ten­dréis un cán­ti­co como de noche en que se cel­e­bra pas­cua. Aunque no se especi­fi­ca, la pas­cua se refiere prob­a­ble­mente a – “esta noche deben guardar­la para Jehová” (Exo 12:42; ver Mt 26:30). Así mien­tras las naciones paganas y la poten­cia asiria están sien­do destru­idas, habrá una can­ción entre los red­imi­dos como cuan­do una fies­ta san­ta está sien­do guarda­da. Allí no habrá rego­ci­jo sólo en el cán­ti­co, sino que será tam­bién ale­gría de corazón, como cuan­do, con instru­men­tos musi­cales, el pueblo fluye a Jerusalén, el monte de Jehová, donde hay pro­tec­ción en la Roca de Israel (ver el comen­tario en 26:4). El red­imi­do alabará al que ha pro­vis­to por su pro­tec­ción y cuida­do.

30 A causa de Su glo­riosa y majes­tu­osa voz debe ser oída, Jehová cumplirá Su pal­abra y entonces hará valer Su jus­ti­cia. Al descen­so de su bra­zo Él man­i­fes­tará en acción el juicio que Él ha anun­ci­a­do. En un lengua­je alta­mente fig­u­ra­do y sim­bóli­co, el mis­mo Señor es el cen­tro de la descrip­ción, el eje­cu­tor de Su vol­un­tad. La grandeza de la pro­fecía tra­sciende al lengua­je; para describir lo que Jehová está hacien­do, el pro­fe­ta extrae toda la furia de la nat­u­raleza. El descen­so de Su bra­zo es con furor de ros­tro y lla­ma de fuego con­sum­i­dor. Es como un estal­li­do (o impacto) con una llu­via ter­ri­ble y grani­zo trit­u­rador. Con estas imá­genes cen­tel­le­an­do ante sus ojos, Isaías vis­lum­bra la ter­ri­ble destruc­ción del mun­do pagano.

31 El obje­to espe­cial de la ira de Dios es aho­ra especi­fi­ca­do: Porque Asiria que hir­ió con vara, con la voz de Jehová será que­bran­ta­da. Por el decre­to de Dios que tan­to sal­va como destruye, el opre­sor será juz­ga­do y traí­do a un fin. Así como Jehová había usa­do a Asiria como la vara y bácu­lo de Su eno­jo y juicio (10:5), así Él aho­ra usará una vara para cas­ti­gar a Asiria (ver 10:25). Babilo­nia fue esa vara con la que Asiria fue cas­ti­ga­da.

32 Con cada golpe que cae sobre la cru­el nación por la vara señal­a­da por el Señor (Babilo­nia), será con pan­deros y con arpas, instru­men­tos musi­cales aso­ci­a­dos con el gozo y con la fes­tivi­dad. Y en batal­la tumul­tu­osa peleará (Jehová) con­tra ellos; con la vara de Su escogi­do Jehová peleará con­tra el obje­to de Su indi­gnación. No hay rego­ci­jo porque las naciones están sien­do destru­idas y los pueb­los están sufrien­do, sino porque la idol­a­tría, la iniq­uidad, y la cru­el­dad están sien­do juz­gadas y la jus­ti­cia lib­er­a­da (ver Apoc 19:1–2). Como fue en ese tiem­po, lo será siem­pre.

33 Porque Tofet ya de tiem­po está dis­puesto; tal lugar ha sido pro­vis­to por largo tiem­po tan­to por reyes como por naciones como Asiria. Tofet es ese sitio en el Valle de Hinon donde los niños habían sido que­ma­dos como ofren­da a Moloc, un cliente de los Canani­tas que apos­tataron del Judá adop­ta­do (2 Rey 23:10). Tofet es men­ciona­do tam­bién por Jere­mías, tres veces en el capí­tu­lo 7 y cin­co veces en el capí­tu­lo 19. Después de ser pro­fana­do por Josías, llegó a ser un lugar para el que­ma­do de basura. La pal­abra del Nue­vo Tes­ta­men­to Gehena, el lugar que arde siem­pre, es deriva­da del hebreo “Valle de Hinon”.” Jehová había hecho a Tofet lo sufi­ciente pro­fun­da y tan grande para la destruc­ción de una nación tan grande como Asiria. Hay mucha madera, y el sop­lo de Jehová, como tor­rente de azúfre, lo enciende. Jehová surge en for­ma desta­ca­da en esta sec­ción como Juez y destruc­tor de lo mal­va­do.

 CAPÍTULO 30 Ay para la Políti­ca Pro-Egip­cia

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La Utilidad y la Perdición de Asiria

CAPÍTULO 10


  • El Peri­o­do Asirio: Con­flic­to y Vic­to­ria (1–39)
  • Dis­cur­sos y Pro­fecías Cen­tradas en Jerusalén y en Judá (1–12)

¡La Vis­itación y la Des­o­lación!

1–2 La pro­fecía de estos ver­sícu­los está dirigi­da en con­tra de los jue­ces y de los procu­radores injus­tos que no sir­ven a la causa del dere­cho sino su propia cod­i­cia mal­va­da. Las primeras tres de las cua­tro estro­fas de juicio de Isaías fueron dirigi­das direc­ta­mente con­tra Samaria y con­tra el reino del norte; la restante es con­tra los gob­er­nadores de Jerusalén. Los pecadores y sus peca­dos fueron primero descritos: ¡Ay de los que dic­tan leyes injus­tas, y pre­scriben tiranía. Los jue­ces emiten decre­tos opre­sivos y entonces los ponen en escritos total­mente injus­tos. El ay es segui­do por una señal­ización del doble efec­to sobre el pueblo: los jue­ces mal­va­dos (1) para apartar del juicio a los pobres, no per­mi­tién­doles una opor­tu­nidad en las cortes donde la jus­ti­cia debería ser estable­ci­da, y (2) y para quitar el dere­cho a los afligi­dos de mi pueblo, no solo rec­hazán­doles el dere­cho a la corte, sino roban­do a los pobres delib­er­ada­mente de lo poco que tienen. El pobre y el nece­si­ta­do son la víc­ti­ma en espe­cial de los jue­ces deshon­estos y poderosos; pero para enrique­cerse ellos mis­mos van aún más ade­lante en sus vilezas, para despo­jar a las viu­das, y robar a los huér­fanos! Aque­l­los que están inde­fen­sos, total­mente depen­di­entes de la impar­cial­i­dad de los jue­ces, son sus víc­ti­mas escogi­das. Esto lle­va a estos hom­bres per­ver­sos bajo la maldición de Dios, puesto que Él des­de hace mucho tiem­po dijo: “Maldito el que per­virtiere el dere­cho del extran­jero, del huér­fano y de la viu­da. Y dirá todo el pueblo: Amén” (Deut 27:19). Está maldición está por venir, porque el juicio de todas las cortes debería ser eje­cu­ta­da con rec­ti­tud (Lev 19:15).

      3 Isaías plantea aho­ra tres pre­gun­tas que deberán des­per­tar pen­samien­tos más serios: Primero, ¿Y qué haréis en el día del cas­ti­go? ¿A quién os acogeréis para que os ayude, cuan­do ven­ga de lejos el aso­lamien­to? Aunque si bien un tiem­po o día de vis­itación podría ser uno de mis­eri­cor­dia, el ter­mi­no es casi siem­pre usa­do en el Viejo Tes­ta­men­to para deno­tar un día de juicio y de calami­dad. El pro­fe­ta ale­ja aquí cualquier pre­gun­ta acer­ca de su sig­nifi­ca­do, porque él describe el día de la vis­itación como cuan­do ven­ga de lejos el aso­lamien­to. Aunque si bien Isaías no men­ciona aquí el nom­bre de la nación que ven­dría de lejos, en la sigu­iente sec­ción Jehová da a cono­cer que es la ter­ri­ble nación de Asiria. Una segun­da pre­gun­ta es plantea­da, ¿A quién os acogeréis? El pueblo había rec­haz­a­do a Jehová la úni­ca ayu­da ver­dadera, y Él, como resul­ta­do, traerá a los asirios sobre ellos. Entonces serán deja­dos en una condi­ción inde­fen­sa, deses­per­a­da. Esto trae la últi­ma pre­gun­ta, ¿En dónde dejaréis vues­tra glo­ria? ¿A quién encomen­dará su pro­tec­ción? La glo­ria del pueblo era su posi­ción políti­ca, que perderían, y su riqueza, que sería lle­va­da lejos como botín por la nación con­quis­ta­do­ra a su propia tier­ra. Allí no habría lugar en donde encomen­dar­lo para pro­tec­ción.

      4 ¿Cuál debería ser el fin de los mis­mos jue­ces? Serían puestos en cel­das y ya sea que fuer­an doble­ga­dos se des­fal­l­e­cerían cayen­do a los pies de otros pri­sioneros. O por medio del des­fal­l­ec­imien­to podrían caer a los pies de otros pri­sioneros en un via­je largo y difí­cil a la tier­ra extran­jera. O podrían aun caer muer­tos en medio de la batal­la, lle­gan­do a estar cubier­tos con otros muer­tos en el con­flic­to. Puesto que ninguno de estos juicios ven­dría en for­ma repenti­na, es pro­nun­ci­a­do un dicho notable para el tiem­po final: Ni con esto ha cesa­do su furor, sino que todavía su mano está exten­di­da. Que fin tan ter­ri­ble para un pueblo que había tenido todas las ben­di­ciones y las garan­tías de la vida del Dios grande y poderoso al que pertenecieron. Pero habían desecha­do y rec­haz­a­do todo esto, y por medio de su con­duc­ta habían respon­di­do al juicio que aho­ra recibirían.

Asíria: La Vara de Jehová (vv. 5–11)

      El pueblo rec­hazó vol­verse a Jehová, y con­tin­uó en su rebe­lión con­tra Él; entonces, Su mano aún esta­ba con­tra ellos. El asirio que sería traí­do por Dios des­de lejos es declar­a­do aho­ra para ser el instru­men­to de la ira div­ina. Esta pal­abra del pro­fe­ta hace claro el uso de Jehová de naciones paganas para cumplir Su propósi­to. Él lev­an­ta naciones, las usa, y entonces las destruye. No sólo usó a Asiria en con­tra de Efraín y de Judá en ese tiem­po, sino que más tarde el lev­an­tó a Babilo­nia para destru­ir a Asiria y para lle­var a Judá a la cau­tivi­dad (Hab 1:5–11). Después lev­an­tó a los Medos en con­tra de Babilo­nia, para ser Su flecha (Isa 13:17; 44:28–45:7; Jer 51:11,28). Cuan­do los Medos esta­ban cumplien­do con Su propósi­to, el traería a Ale­jan­dro de Mace­do­nia con­tra el poder Medo-Per­sa para destru­ir­lo (Dan 8). Y de esta man­era la prov­i­den­cia de Dios tra­ba­jó entre las naciones paganas para preparar el camino de Su reino espir­i­tu­al y la con­sumación final de Su propósi­to eter­no.

      La veni­da del Mesías no ha sido olvi­da­da por el pro­fe­ta; los juicios en 9:8–10:34 for­man un bloque que se ajus­ta al mod­e­lo mesiáni­co de los capí­tu­los 7–12. Israel y Judá habían hecho lo nece­sario para que el pueblo no estu­viera lis­to para Su veni­da. La mal­dad sería juz­ga­da por el Señor, y las naciones paganas deberían ser destru­idas antes de que viniera el reino espir­i­tu­al. Sobre la ruina de las poten­cias mundi­ales, resum­i­da en el Impe­rio Asirio, se lev­an­taría el gran poder de Emanuel, el Hijo de Dios y el Hijo de David. Dios estaría con Su pueblo en la poderosa raíz de Isaí (capí­tu­lo 11).

      5 Así como el pro­fe­ta había pro­nun­ci­a­do ayes sobre Judá (capí­tu­lo 5), sobre él mis­mo (6:5), y sobre los jue­ces injus­tos de la tier­ra (10:1), así aho­ra pro­nun­cia un ay sobre la nación Asiria que sería usa­da Jehová con­tra Israel y con­tra Judá, Oh Asiria, vara y bácu­lo de mi furor, en su mano he puesto mi ira. Puesto que la nación está sien­do per­son­ifi­ca­da, ningún rey está en la mente del pro­fe­ta; el espíritu y el carác­ter de todo del pueblo están ante él. Asiria es la vara en la mano de Jehová para ser emplea­da en con­tra de Su pro­pio pueblo. En este momen­to, la indi­gnación de Jehová está en la mano de los Asirios para ser ejer­ci­da en con­tra de Judá.

      6 El mis­mo Jehová enviará a la poten­cia Asiria en con­tra de una nación pér­fi­da, una nación que está con­t­a­m­i­na­da por la idol­a­tría y por la mal­dad y rehúsa dis­tin­guir entre lo san­to y lo inmun­do, lo bueno y lo malo. Sobre el pueblo de mi ira, el pro­pio pueblo de Jehová, le enviaré. Asiria recibe el encar­go de Jehová para que quite despo­jos, y arrebate pre­sa. El lle­var ade­lante el botín de la con­quista será por la direc­ción y por la vol­un­tad de Dios, que deter­mi­na quien deberá ser el con­quis­ta­dor. Asiria es encar­ga­do para ser hol­la­do (Judá) como lodo de las calles. Para la gen­eración mod­er­na, acos­tum­bra­da a las calles y a las car­reteras pavi­men­tadas y que pocas veces se aven­tu­ra a las car­reteras secun­darias, esto podría no sig­nificar mucho; pero para la gen­eración antigua que recuer­da lo que era pis­ar a través de calles lodosas, fan­gosas y entur­biadas, el cuadro es en ver­dad sig­ni­fica­ti­vo. En seme­jan­za a un pan­tano de suciedad y de limo, el pueblo sería pisotea­do.

      7 No era la inten­ción de los Asirios servir al propósi­to de Dios, porque el Señor dice, Aunque él no lo pen­sará así, ni su corazón lo imag­i­nará de esta man­era, sino que su pen­samien­to será desar­raigar y cor­tar naciones no pocas — cor­tar­las en can­ti­dad. ¿Cómo podrá armo­nizar la declaración del pro­fe­ta con el alarde sober­bio de Rab­saces, “¿Aca­so he venido yo aho­ra sin Jehová a este lugar [a Jerusalén], para destru­ir­lo? Jehová me ha dicho: Sube a esta tier­ra, y destrúyela” (2 Rey 18:25). Es muy dudoso que Sena­que­rib haya recibido un men­saje de Jehová por sueños o por algu­na otra for­ma. Es más prob­a­ble que habi­en­do oído las pro­fecías de los pro­fe­tas de Judea de que Asiria ven­dría con­tra la tier­ra, esta­ba aprovechán­dose de estas pro­fecías para asus­tar al pueblo. Por esto Isaías dice clara­mente que el Asirio no pens­a­ba que esta­ba sien­do usa­do por el Señor. En ese momen­to, sin embar­go, Dios esta­ba usán­do­lo como el instru­men­to de juicio debido a que existía en el corazón del Asirio con­quis­tar y gob­ernar al mun­do.

      8–9 La jac­tan­cia Asiria de que sus príncipes son todos reyes, y no había duda de que los había reyes de muchos pueb­los con­quis­ta­dos por su ejérci­to, servían como sus coman­dantes mil­itares. Prob­a­ble­mente enseñó que por medio de la com­para­ción de sus líderes mil­itares, Asiria era tan supe­ri­or a otros país­es que los reyes son cap­i­tanes mil­itares ordi­nar­ios. Habi­en­do alardea­do de la supe­ri­or­i­dad de sus líderes, él con­tinúa jac­tán­dose de sus con­quis­tas y de sus logros. Enu­mera seis país­es con­quis­ta­dos, ini­cian­do en el norte y movién­dose hacia el sur, siem­pre acer­cán­dose a Judá y a Jerusalén. ¿No es Cal­no como Car­quemis? Cal­no es una ciu­dad Siria cuya local­ización es incier­ta. Car­quemis era una antigua ciu­dad Hiti­ta local­iza­da en las riveras del Río Eufrates a 250 o 300 mil­las al oeste de Nínive. ¿Hamat como Arfad? Arfad, tam­bién una ciu­dad de Siria, esta­ba local­iza­da al sureste de Car­quemis. Hamat, local­iza­da sobre el Río Orontes, era el cen­tro de un reino inde­pen­di­ente que había sido con­tro­la­do por Judá algu­na vez pero esta­ba aparente­mente per­di­do para Israel, porque fue recu­per­a­do por Jer­oboam II (2 Crón 8:3–4; 2 Rey 14:28). ¿No es Samaria como Dam­as­co? Ambas habían sido con­quis­tadas por los Asirios.

      Estas pre­gun­tas retóri­c­as lev­an­tan otras pre­gun­tas en relación a la fecha de esta pro­fecía. De estas ciu­dades con­quis­tadas por Asiria, Young dice, “Cal­no fue toma­da en el 738 A.C., Car­quemis en el Eufrátes en el 717, Hamat en el Orontes en el 720, Arfad en el 740 y en el 720, Samaria en el 722 y Dam­as­co en el 732” (I, 362). Delitzsch colo­ca a la pro­fecía en los primeros tres años del reino de Acaz, sugirien­do que el rey de Asiria está hablan­do de las con­quis­tas por venir como si ya estu­vier­an real­izadas. Pero esto parece improb­a­ble. Ya que Samaria cayó en el 722 ó el 721 A.C. y que Sena­que­rib sitió a Judá y a Jerusalén en el 702–701, parece más prob­a­ble que Isaías habló esta pro­fecía entre aque­l­las dos fechas posi­ble­mente alrede­dor del 717 cuan­do Sargón esta­ba acti­vo en el oeste sojuz­gan­do Car­quemis.

      10–11 Los monar­cas ori­en­tales con­sid­er­a­ban sus vic­to­rias o der­ro­tas como expre­siones de la fuerza o de la debil­i­dad de los dios­es de las naciones. El rey Asirio con­tin­uó su alarde, dicien­do, Como hal­ló mi mano los reinos de los ído­los, sien­do sus imá­genes más que las de Jerusalén y Samaria; como hice a Samaria y a sus ído­los, ¿no haré tam­bién así a Jerusalén y a sus ído­los? Los ído­los de las ciu­dades con­quis­tadas super­a­ban a los de Samaria y a los de Jerusalén en el dis­eño y la destreza exquisi­ta, así como en número. Habi­en­do toma­do fácil­mente a Samaria, el rey con­sid­eró que la toma de Jerusalén sería fácil. Su alarde era blas­femo, porque él pone a Jehová, el Dios poderoso, en la cat­e­goría de los ído­los paganos, los cuales eran vanas vanidades.

La Jac­tan­cia de Asiria y la Repues­ta de Jehová (ver­sícu­los 12–19)

     12 Jehová no per­mi­tiría que la blas­femia de los Asirios pasara inad­ver­ti­da, pero aún no es el momen­to; el Señor tiene por delante tra­ba­jo para él. Pero acon­te­cerá que después que el Señor haya acaba­do toda su obra en el monte de Sión y en Jerusalén, cas­ti­gará el fru­to de la sober­bia del corazón del rey de Asiria, y la glo­ria de la altivez de sus ojos. Toda su obra de Dios es Su juicio com­ple­to con­tra la mal­dad de Su pueblo. Hecho esto, el Señor cas­ti­gará el fru­to de la sober­bia del corazón del rey de Asiria, una expre­sión apropi­a­da para describir el pro­duc­to com­ple­to de su corazón arro­gante, orgul­loso y blas­femo-su auto glo­ri­fi­cación.

      13 La arro­gan­cia del rey es evi­dente en su uso de mi y de yo. Porque dijo: Con el poder de mi mano lo he hecho, y con mi sabiduría, porque he sido pru­dente; quité los ter­ri­to­rios de los pueb­los, y saqueé sus tesoros, y der­ribé como valientes a los que esta­ban sen­ta­dos. No obstante, su sabiduría era ton­tería y su for­t­aleza debil­i­dad, porque esta­ba alarde­an­do de su poder en con­tra de Dios lo cual lo lle­varía a caer. En real­i­dad, no era él el que había removi­do los límites de los pueb­los, trans­firien­do a las per­sonas de una nación que él había con­quis­ta­do a otro país y trayen­do a otros a la tier­ra con­quis­ta­da. El no había lle­va­do a cabo ya que era Jehová quien “estable­ció los límites de los pueb­los” (Deut 32:8), “y les ha pre­fi­ja­do el orden de los tiem­pos, y los límites de su [de las naciones] habitación” (Hech 17:26). Ni él lo llevó a cabo ya que era Dios quien los der­ribó y los hizo parte de su trono- “El Altísi­mo gob­ier­na el reino de los hom­bres, y que a quien él quiere lo da, y con­sti­tuye sobre él al más bajo de los hom­bres” (Dan 4:17). Este prin­ci­pio nun­ca ha sido abro­ga­do; aún los gob­er­nadores de hoy  nece­si­tan apren­der­lo.

     14 De esta man­era con­tin­ua su jac­tan­cia, el rey de Asiria declara que hal­ló mi mano como nido las riquezas de los pueb­los. El mun­do era como un nido aban­don­a­do por el pájaro madre y de esta man­era no había resisten­cia. Todo lo que él tuvo que hac­er era recoger las riquezas como alguien que pudiera jun­tar (coger) huevos en una canas­ta y llevárse­los. No había resisten­cia por parte de los pájaros pequeños en el nido; no hubo quien moviese ala ni abriese boca y graz­nase. Como la cor­ri­ente implaca­ble de un río des­bor­dán­dose, la gran máquina de guer­ra Asiria se llevó todas las cosas que esta­ban delante de él.

      15 Pero no era tan solo por su poder por lo que con­quistó el rey pagano. Jehová lev­an­tó varias pre­gun­tas sen­cil­las pero pen­e­trantes: ¿Se glo­ri­ará el hacha con­tra el que con ella cor­ta? ¿Quién usa a quién? ¿Usa el hacha al leñador o el leñador al hacha? La mis­ma pre­gun­ta se hace con­cerniente a la sier­ra: ¿Se ensober­be­cerá la sier­ra con­tra el que la mueve [el carpin­tero]? ¿O el carpin­tero opera a la sier­ra? Le sigue una ter­cera metá­fo­ra: ¡Como si el bácu­lo lev­an­tase al que lo lev­an­ta; como si se lev­an­tase la vara al que no es leño! El Asirio no tiene nada de lo cual jac­tarse, porque Jehová está usán­do­lo como alguien que usaría a una hacha, a una sier­ra, o a una vara; él es el encar­ga­do de Jehová para lle­var a cabo Su propósi­to. Así son todas las naciones aho­ra.

      16 Entonces, cuan­do Jehová final­ice Su obra con el Asirio, Él enviará debil­i­dad sobre sus robus­tos, y deba­jo de su glo­ria encen­derá una hoguera como ardor de fuego, con­sumirá a la nación arro­gante. La enfer­medad y el deseo con­sumirán la grasa de la bien ali­men­ta­da arma­da y de la nación, y la crepitación de un fuego que devo­rará su glo­ria como se hace a un bosque.

      17 El pro­fe­ta declara la fuente del fuego: Y la luz de Israel será por fuego, y su San­to por lla­ma — Dios será el fuego de la destruc­ción de Asiria. Por medio de Moisés Jehová había dicho, “Jehová tu Dios es fuego con­sum­i­dor” (Deut 4:24), e Isaías habla más tarde como la “luz per­pet­ua” (Isa 60:19) del pueblo. Este fuego ini­cia­rá en el estra­to más bajo de la arma­da Asiria, porque el fuego que abrase y con­suma en un día sus car­dos y sus espinos,  prob­a­ble­mente es una ref­er­en­cia a la destruc­ción del ejérci­to ante Jerusalén en una noche (37:36).

      18–19 El pro­fe­ta habla aquí del prin­ci­pio del fin de la glo­ria Asiria. Él (Jehová) con­sumirá la glo­ria de su bosque, su valiente ejérci­to, y de su cam­po fér­til, la nación, con­sumirá total­mente, alma y cuer­po, esto es, com­ple­ta­mente. Así como el alma y el cuer­po mantienen a la total­i­dad del hom­bre, así deberá Asiria ser total­mente destru­i­da. Y ven­drá a ser como aban­der­a­do en der­ro­ta, o “como cuan­do un hom­bre enfer­mo lan­guidece” (al mar­gen). Como un hom­bre que se ha vuel­to enfer­mi­zo y débil, la nación será traí­da a nada. Los árboles del bosque glo­rioso de Asiria, el ejérci­to y la nación, se con­ver­tirán en tan pocos que un mucha­cho puede cam­i­nar entre ellos y con­tar­los.

Un Rema­nente Volverá (Sear-jasub) (ver­sícu­los. 20–23)

      20–21 En con­traste a la total destruc­ción de Asiria por bus­car destru­ir a la casa de Jacob, un rema­nente de la casa de Israel escapará. Este rema­nente no se apo­yará en una nación pagana como lo hizo Acaz, quien “envió a los reyes de Asiria que le ayu­dasen”; ellos vinieron a Acaz, “y no lo for­t­ale­ció” (2 Crón 28:16,20). Con el propósi­to de estim­u­lar su poder decre­ciente, Acaz “ofre­ció sac­ri­fi­cio a los dios­es de Dam­as­co que le habían derrotado…qué fueron estos su ruina, y la de todo Israel” (2 Crón 28:23). A difer­en­cia de Acaz, el rema­nente “se apo­yarán con ver­dad en Jehová, el San­to de Israel. En vista de que la nación bajo el reina­do de Acaz ha con­fi­a­do en la men­ti­ra de la idol­a­tría y en el fal­so lid­er­az­go, el rema­nente depen­derá de la ver­dad como se encuen­tra solo en Dios. Su esper­an­za estará en Dios, no en un poder del mun­do. “El rema­nente volverá, el rema­nente de Jehová volverá al Dios fuerte. En este rema­nente se cumple la prome­sa expre­sa­da en el nom­bre del hijo de Isaías Sear-jasub (7:3), el Dios fuerte apun­ta al Niño que nac­erá, al Hijo que será dado, que será lla­ma­do Dios Fuerte (9:6). Entonces un rema­nente escapará de la destruc­ción asiria, y entonces un rema­nente de este rema­nente será sal­vo bajo el Niño, el Dios fuerte (ver Isa 1:9; 6:13).

      22 Que aque­l­los que volverán serán sin embar­go un número pequeño en con­traste con el total de la nación es clara­mente indi­ca­do por Isaías: Porque si tu pueblo, oh Israel, fuera como las are­nas del mar, el rema­nente de él volverá. Jehová nun­ca prometió que la total­i­dad de los descen­di­entes de Abra­ham serían salvos; siem­pre se habló de un rema­nente de aque­l­los que serían salvos. Pablo citó este pasaje y lo aplicó a los judíos salvos bajo Cristo: aunque la nación sería lle­va­da a un final com­ple­to, un rema­nente sería sal­vo (Rom 9:27). La destruc­ción acor­da­da rebosará jus­ti­cia. No solo los asirios serían destru­i­dos, sino que tam­bién habría una destruc­ción total de la antigua nación judía. Esa destruc­ción rebosará jus­ti­cia – será un juicio jus­to. Así como el juicio eje­cu­ta­do por los asirios ven­dría como un río des­bor­dante (8:7–8), así en for­ma seme­jante ven­dría la destruc­ción final de la nación, oca­sion­a­da por el juicio jus­to, ven­dría como un tor­rente des­bor­da­do.

      23 Pues el Señor, Jehová de los ejérci­tos, hará con­sumación ya deter­mi­na­da en medio de la tier­ra. No solo habría un final total de los asirios, sino que tam­bién habría un final total de todos los poderes paganos y de la nación judía, esto pasaría bajo la direc­ción de Jehová, no por la deter­mi­nación humana. Esta pro­fecía no se refiere al juicio final descrito en el Nue­vo Tes­ta­men­to, sino a un juicio mundi­al a la hora debi­da, en medio de la tier­ra. Este juicio mundi­al gen­er­al es descrito en Isaías 24–27, ensegui­da del juicio de las naciones paganas descritas en los capí­tu­los 13–23.

¡No teman! Aunque esté en Su camino, el asirio será der­rib­a­do (vers. 24–34)

      24 Con pal­abras de seguri­dad de que un rema­nente será sal­vo, el pro­fe­ta urge al pueblo que habi­ta en Sión, en donde Dios reside en medio de ellos, a no temer de los asirios; porque aunque él los cas­ti­ga y los aflige como lo hizo Egip­to, la aflic­ción no durará para siem­pre. Egip­to afligió al pueblo con la dura labor de la esclav­i­tud, mien­tras que el asirio los destru­iría con la vara y con el bastón de la guer­ra.

      25 En ver­dad, la indi­gnación en con­tra de Sión sería sev­era mien­tras durara, pero más de aquí a muy poco tiem­po se acabará mi furor y mi eno­jo, para destruc­ción de ellos. Aunque el perío­do entre el acometi­da de Tiglat-pileser y la der­ro­ta de Sena­que­rib sería como den­tro de trein­ta años, es un perío­do muy cor­to en la his­to­ria total de la nación. Cuan­do Jehová deter­mi­na que el tiem­po ha lle­ga­do, Él proveerá el medio para la destruc­ción de Asiria.

      26 Jehová lev­an­tará en con­tra de los asirios un azote, una aflic­ción tan dolorosa y destruc­ti­va, que sería como la matan­za de Madián en la peña de Oreb. Como la destruc­ción de los madi­an­i­tas por unos cuan­tos fieles al man­do de Gedeón había sido hecha por la mano de Jehová, así la destruc­ción de los asirios sería una obra de Dios (ver Jue­ces 7). Una segun­da ilus­tración es descri­ta por la his­to­ria: alzará su vara sobre el mar como hizo por la vía de Egip­to. Jehová alzará Su vara, así como fue lev­an­ta­da por Moisés en el Mar Rojo, dan­do el escape para Su pueblo cuan­do ellos fueron en medio del mar sobre tier­ra seca. Jehová destru­irá al ene­mi­go, así como lo hizo con los egip­cios cuan­do el agua se cer­ró sobre ellos.

      27 La frase en aquel tiem­po iden­ti­fi­ca la obra de lib­eración habla­da en este ver­sícu­lo con aquel que lo pre­cedió. La obra de lib­eración del Señor es aho­ra descri­ta como el quitar una car­ga y el rompimien­to de un yugo, un recorda­to­rio adi­cional de la lib­eración de Egip­to. Acon­te­cerá en aquel tiem­po que su car­ga será quita­da de tu hom­bro, y su yugo de tu cerviz. La sigu­iente frase, y el yugo se pudrirá a causa de su unción, es más difí­cil de inter­pre­tar. Var­ios comen­taris­tas sug­ieren que Isaías está dicien­do que así como un buey que crece tan grande y tan fuerte que rompe su yugo, Israel no puede ser destru­i­do por sus ene­mi­gos.

      28–32 ¡El asirio está en su trayec­to­ria! En un lengua­je vivi­do el poeta describe una pin­tu­ra grá­fi­ca del ejérci­to asirio traza­do cer­ca de Jerusalén. Puesto que los asirios vinieron en con­tra de la ciu­dad des­de el suroeste, el pro­fe­ta no está descri­bi­en­do la veni­da actu­al sino un acer­camien­to que da ter­ror en los oídos de las pobla­ciones que él men­cionó. De las doce pobla­ciones o ciu­dades men­cionadas, el sitio de ocho (posi­ble­mente diez) puede ser iden­ti­fi­ca­do con un buen gra­do de certeza. Ajat, posi­ble­mente Aj, local­iza­da alrede­dor de doce o quince mil­las al norte de Jerusalén, es la más dis­tante del grupo. Los asirios habían ya pasa­do a través de Migrón, y en Mic­mas, impor­tante en los días de Saúl (1 Sam 13), con­taría su ejérci­to, posi­ble­mente en la eje­cu­ción es que ellos encon­trarían difi­cul­tades en atrav­es­ar por el vado. El ejérci­to está aho­ra alo­ján­dose en Geba. El pueblo de Ramá está ater­ra­do; y los moradores de Gabaa, la antigua ciu­dad del rey Saúl, han hui­do de sus casas. El pueblo de Gal­im son lla­ma­dos a gri­tar por el ter­ror que se aprox­i­ma, y se le dice a Lais que escuche el gri­to de angus­tia de su ciu­dad her­mana. Pobre­cil­la Anan­ot. Esta vil­la, alrede­dor de tres mil­las al noreste de Jerusalén y lugar de nacimien­to de Jere­mías, con­movi­da por la mis­eri­cor­dia de Isaías por medio de un gri­to. Mad­me­na y los moradores de Gebim huyen de delante de la cara del ene­mi­go. Nob, una ciu­dad levi­ta, es la más cer­cana del grupo a Jerusalén, a solo dos mil­las. Es prob­a­ble­mente de Nob, al alcance de la vista de Jerusalén, que el asirio se detendría y se sacud­iría su puño hacia Sión. Jerusalén pron­to sería de ellos — ¡así lo pens­a­ban ellos!

      33 Pero el Señor tiene otros pen­samien­tos. El pro­fe­ta se regre­sa a la figu­ra de un bosque (ver vers. 19) para describir el ter­ror que será ases­ta­do por Jehová: He aquí el Señor, Jehová de los ejérci­tos, des­ga­jará el rama­je con vio­len­cia – Él podará al rey arro­gante y poderoso de su glo­ria, susti­tuyen­do en lugar de esto por ter­ror: Y los árboles de gran altura serán cor­ta­dos, y los altos serán humil­la­dos. Jehová es capaz de der­rib­ar al más arro­gante y poderoso de la tier­ra, reducién­do­los de tamaño, porque ellos son tan mor­tales como el más humilde.

      34 Aquí está de pie la mon­taña del Líbano, el sím­bo­lo de todo lo que es poderoso en la tier­ra, enfrente del monte de Sión, la ciu­dad de Dios y el sím­bo­lo de Su pres­en­cia y poder. El resul­ta­do es dev­as­ta­dor: Y cor­tará con hier­ro la espesura del bosque, y el Líbano caerá con estru­en­do – el Dios Poderoso. La destruc­ción es com­ple­ta. Tan­to los cedros poderosos y los mator­rales y la maleza caerán por la mano de Dios (ver 9:18). Por lo tan­to, no teman; hay mejores cosas por delante para el pueblo de Sión – el rema­nente fiel de Dios.

Capí­tu­lo 10. La Util­i­dad y la Perdi­ción de Asiria

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La Visión y el Llamado de Isaías

CAPÍTULO 6

  • El Peri­o­do Asirio: Con­flic­to y Vic­to­ria (1–39) 
  •  Dis­cur­sos y Pro­fecías Cen­tradas en Jerusalén y en Judá (1–12)

    San­to, San­to, San­to, es el Señor de los ejérci­tos, Llena está toda la tier­ra de Su glo­ria.” (Is. 6:3)

Después de haber leí­do muchas exposi­ciones de Isaías, uno es deja­do con la sen­sación de que no está clara la expli­cación del por qué el capí­tu­lo 6 aparece donde está en lugar de que esté al ini­cio del libro. Las opin­iones de var­ios escritores nos dejan la impre­sión de que sus esfuer­zos son bási­ca­mente suposi­ciones, con ningu­na base firme en hechos o rev­ela­ciones. Young sug­iere que en for­ma difer­ente a Jere­mías, cuya per­son­al­i­dad se desta­ca a través de todo su libro, Isaías el hom­bre retro­cede hacia el entorno aunque si bien mantiene el men­saje como pre­dom­i­nante. Lo que sabe­mos acer­ca de Isaías por sí mis­mo es apren­di­do en primer lugar a través de su pred­i­cación y men­saje. El ini­cia con una intro­duc­ción a su men­saje (capí­tu­los 1–5). El primer capí­tu­lo surge en el lugar lógi­co a ini­ciar. Allí nom­bra todos los reyes en cuyo reino pro­fe­tizó e intro­du­jo los temas de los peca­dos de Judá y el men­saje fun­da­men­tal de Dios para la nación. Cuan­do Isaías viene a su pro­pio lla­ma­do tra­ba­ja en él sin inter­rup­ción, hacién­do­lo coin­cidir con el capí­tu­lo 1, un efec­ti­vo arti­fi­cio lit­er­ario. Intro­duce a sí mis­mo el dere­cho a hablar, habi­en­do sido lla­ma­do por Jehová al ofi­cio de pro­fe­ta. Puesto que el lla­ma­do de Isaías es encon­tra­do a estas alturas, seguimos con nue­stro estu­dio en la certeza de que su posi­ción no es for­tui­ta o acci­den­tal, sino de acuer­do al propósi­to de Dios y Su pro­fe­ta. Esta­mos sat­is­fe­chos con la con­fi­an­za de que no nece­si­ta­mos cono­cer la respues­ta final, porque ella des­cansa en la mente de Dios.

El capí­tu­lo 6 cae den­tro de tres divi­siones: (1) La visión de Isaías del poderoso Jehová (vers 1–5); (2) La con­sagración del pro­fe­ta a su mis­ión (vers 6–7); (3) su comisión por parte de Jehová (vers 8–13).

La Visión de Isaías del Señor (ver­sícu­los 1–5)

1 El año de la muerte del Rey Uzías es usual­mente colo­ca­do en algún pun­to  del perío­do 748–734 A.C.; 740–739 A.C.; 740–739 (Thiele) es la fecha más común­mente acep­ta­da. La muerte de este gran rey trae fin a una era en la his­to­ria de Judá. Como es men­ciona­do con ante­ri­or­i­dad, el reino de Uzías había sido uno de pros­peri­dad y aflu­en­cia no exper­i­men­ta­da des­de los días de Salomón; sin embar­go, con él vinieron los peca­dos que hemos descrito. Aunque Judá tuvo la expe­ri­en­cia de tres buenos reyes más, Jotam, Eze­quías y Josías, la his­to­ria de la nación durante este perío­do era una de deca­den­cia; sus días de glo­ria se esta­ban yen­do. Esta deca­den­cia, con­flic­to y últi­ma cau­tivi­dad, el retorno de un rema­nente, y el adven­imien­to del Sier­vo de Jehová el cual debería red­imir al pueblo de una esclav­i­tud más grande, con­sti­tuyen los temas del men­saje del pro­fe­ta.

Fue en el deci­si­vo año de la muerte del Rey Uzías que Jehová se rev­eló a Sí mis­mo en una visión a Isaías. El pro­fe­ta declara, yo vi al Señor sen­ta­do sobre un trono alto y sub­lime, y sus fal­das llen­a­ban el tem­p­lo. No esta­mos dicien­do en donde esta­ba el pro­fe­ta cuan­do vio la visión; pero es fácil imag­i­narlo ado­ran­do en el tem­p­lo cuan­do la total­i­dad del tem­p­lo se desvaneció y en su lugar él se encon­tró a sí mis­mo en el cielo, el tem­p­lo ver­dadero de Jehová, miran­do al Señor de glo­ria. Citan­do de este capí­tu­lo, Juan dice, “Isaías dijo esto cuan­do vio su glo­ria, y habló acer­ca de él (Jesús)” (Jn 12:41), el cual es el “res­p­lan­dor de su glo­ria, y la ima­gen mis­ma de su sus­tan­cia” (Heb 1:3). Aparente­mente este es el Señor que vio el pro­fe­ta, ya que “A Dios nadie le vio jamás” (Jn 1:18), ninguno de los hom­bres lo pudo haber vis­to (1 Tim 6:16). La cola o fal­da majes­tu­osa, la vestidu­ra glo­riosa de su ropa, llenó el tem­p­lo, llenan­do el área total del piso alrede­dor de El.

2 Enci­ma del trono están los ser­afines, los cuales pare­cen estar volan­do por enci­ma del que está sen­ta­do sobre el trono, sus pies no están tocan­do el piso, el cual está cubier­to por la fal­da de Su vestidu­ra. Los ser­afines sola­mente apare­cen aquí. La pal­abra (que es la for­ma plur­al de “ser­afín”), parece sig­nificar “exis­ten­cia abrasado­ra”, una clase espe­cial de ánge­les que no deben ser iden­ti­fi­ca­dos o con­fun­di­dos con los queru­bines de Eze­quiel. Tienen alas, caras, pies y voces con las que ala­ban a Aquel que está sen­ta­do sobre el trono — una indi­cación de que son enti­dades o per­son­al­i­dades espir­i­tuales. Cada ser­afín tiene seis alas: dos cubrien­do sus pies, dos son usadas para volar, y dos cubren su cara debido a que está en la pres­en­cia del Señor majes­tu­oso del uni­ver­so. El número de estas exis­ten­cias glo­riosas parece indicar que es una mul­ti­tud.

3 Mien­tras cada ser­afín da voces, San­to, san­to, san­to, parece que aquí hay una excla­mación de respues­ta uno al otro. Puesto que tres es el número de la divinidad, el triple recital de “san­to” prob­a­ble­mente indi­ca la san­ti­dad abso­lu­ta del que está sen­ta­do en el trono; El está abso­lu­ta­mente sep­a­ra­do de todo peca­do o inmundi­cia. Con­trario al pan­teís­mo, el cual sostiene que Dios es idén­ti­co con el uni­ver­so, Isaías lo mira como sep­a­ra­do y por enci­ma de Su creación (ver Ef 4:6). Toda la tier­ra está llena de su glo­ria; toda la creación rev­ela y expre­sa la glo­ria de su Creador. Ver tam­bién el Salmo 19.

4 En tan­to que él ser­afín clam­a­ba, el tron­ido de su voz provocó que los qui­ciales de las puer­tas en las cuales esta­ba el pro­fe­ta en pie se estremecier­an, y la casa se llenó de humo. La fuente del humo es incier­ta. ¿Vino por la can­ción de los ser­afines mien­tras que ora­ban al Señor, del altar del incien­so que está siem­pre delante del trono, o des­de el humo de la ira del Señor con­tra el peca­do (Sal 18:8; 2 Sam 22:9), ira que esta­ba pronta para salir a rau­dales sobre el mal­va­do? En una visión sim­i­lar, Juan vio a los siete ánge­les con las siete pla­gas próx­i­mas a ser ver­tidas sobre un mun­do mal­va­do. Entonces “el tem­p­lo se llenó de humo por la glo­ria de Dios, y por su poder; y nadie podía entrar en el tem­p­lo has­ta que se hubiesen cumpli­do las siete pla­gas de los siete ánge­les” (Apoc 15:8). Parece prob­a­ble, entonces, que el humo debería ser iden­ti­fi­ca­do con la ira de Dios, pero se per­mite que el lec­tor haga su propia decisión con respec­to a la fuente.

5 En la pres­en­cia de tal glo­ria y abso­lu­ta san­ti­dad, y posi­ble­mente el humo de la san­ta ira de Dios, el pro­fe­ta se vuelve con­sciente de su propia inmundi­cia y excla­ma, ¡Ay de mí! que soy muer­to. Está per­di­do, arru­ina­do, con­de­na­do a morir. En el capí­tu­lo 5 el pro­fe­ta había pro­nun­ci­a­do seis ayes sobre el mun­do mal­va­do e impío. Este, el sép­ti­mo ay, él lo pro­nun­cia sobre sí mis­mo, por un mun­do de peca­do “No hay jus­to, ni aun uno” (Rom 3:10, citan­do Sal 14:1). El pro­fe­ta ofrece dos razones para su con­de­na: Porque sien­do hom­bre inmun­do de labios, y habi­tan­do en medio de pueblo que tiene labios inmun­dos. Habi­en­do sido traí­do cara a cara con el Rey, Jehová de los ejérci­tos, el cual es abso­lu­to en san­ti­dad, el pro­fe­ta con­cluyó que aún la per­sona más pura es inmun­da cuan­do es medi­da por el patrón divi­no. En resumen, no inten­cional­mente, y posi­ble­mente incon­scien­te­mente, uno se con­t­a­m­i­na con lo sucio cuan­do está rodea­do por la inmundi­cia; invari­able­mente toma algo de las impurezas del entorno.

La Con­sagración del Pro­fe­ta (ver­sícu­los 6–7)

6 Sobre este lamen­to del pro­fe­ta, el cual reconoce su propia inmundi­cia en la pres­en­cia de Dios, uno de los ser­afines se sep­a­ra por sí mis­mo del resto. Toman­do un car­bón o piedra encen­di­da del altar, voló al pro­fe­ta, tocan­do sus labios con el car­bón. Ya sea que el ser­afín tomó el car­bón del altar con las tenazas y entonces lo trans­fir­ió a sus manos, o con­tin­uó sostenién­do­los con las tenazas, lo cual parece incon­se­cuente. El altar es sin duda el altar del incien­so, no el altar de las ofren­das; porque el primero es el altar local­iza­do delante del trono (Éxo 30:1–10; Apoc 8:3).

7 Tocan­do la boca del pro­fe­ta con el car­bón, el ser­afín dijo: He aquí que esto tocó tus labios, y es quita­da tu cul­pa, y limpio tu peca­do. El peca­do y la cul­pa del peca­do deberán ser removi­dos – bor­ra­dos — si uno existe para ser un sier­vo acept­able al Señor (ver las pal­abras de David en Sal 51:10,14); y puesto que todo peca­do es final­mente con­tra Dios (Sal 51:4), sola­mente Dios puede per­donarlo. No es el car­bón caliente o el ser­afín que per­dona y absuelve el peca­do; ten­emos en la visión una descrip­ción sim­bóli­ca del reconocimien­to y admisión de Isaías de su pro­pio peca­do y el perdón de Dios de aque­l­los peca­dos. En ver­dad, ningún sac­ri­fi­co es indi­ca­do o referi­do; pero ya que mien­tras Juan recono­ció al Cristo en esta esce­na de glo­ria div­ina (Jn 12:41), no está fuera de razón con­cluir que es a través de Él y de Su futuro sac­ri­fi­cio que los peca­dos de Isaías fueron per­don­a­dos. El pro­fe­ta esta­ba aho­ra lis­to para respon­der a la necesi­dad del Señor de alguien al cual El pudiera enviar y por medio del cual el podría rev­e­lar en visiones y rev­ela­ciones futuras al Sier­vo de Jehová, por medio del cual todo el perdón y la reden­ción podría ser lle­va­da a cabo.

La Comisión del Pro­fe­ta por parte de Jehová (ver­sícu­los 8–13)

8 Habi­en­do sido limpia­do de su peca­do y habi­en­do sido quita­da su iniq­uidad, Isaías está aho­ra en la posi­ción de oír y respon­der al lla­ma­do del Señor. Él oye la voz del Señor, con­te­s­tando, ¿A quién enviaré, y quién irá por nosotros? En el uso del plur­al “nosotros”, el Señor se está refirien­do prob­a­ble­mente a Su corte, no a la Trinidad, no obstante, esto es posi­ble. El propósi­to de la visión era preparar a alguien para ser envi­a­do al pueblo. El pro­fe­ta está lis­to con una bue­na vol­un­tad y una respues­ta inmedi­a­ta, Heme aquí, envíame a mí.

9 El pro­fe­ta es aho­ra comi­sion­a­do para ir, con instruc­ciones para predicar un men­saje a este pueblo, no más “mi pueblo” (3:12; 5:13) o “su pueblo” (5:25), el cual rehusará a oír o hac­er caso. No obstante, el pueblo oirá las pal­abras del pro­fe­ta, en su esta­do de áni­mo ni enten­derán ni percibirán la ver­dad ni la apli­cación de su men­saje.

10 En la pred­i­cación, Isaías engrosará el corazón de este pueblo, agravará sus oídos, y cegará sus ojos, para que no vea con sus ojos, ni oiga con sus oídos, ni su corazón entien­da, ni se con­vier­ta, y haya para él sanidad. El Señor está dicien­do al pro­fe­ta lo que acon­te­cerá como resul­ta­do de su pred­i­cación: sus pal­abras, las cuales deberían lograr un fin, de hecho, resul­tarán en otro. Lo que podría y debería pro­ducir arrepen­timien­to y sal­vación ter­mi­nará en una apos­tasía total. Pen­sar que Dios está aquí anun­cian­do que Su pal­abra será rec­haz­a­da inde­pen­di­en­te­mente de la vol­un­tad de la gente, por si mis­ma es con­traria tan­to a la nat­u­raleza de Dios como a Sus pro­pios man­damien­tos. Su invitación es, “Venid luego, dice Jehová, y este­mos a cuen­ta: si vue­stros peca­dos fueren como la grana, como la nieve serán emblan­que­ci­dos; si fueren rojos como el carmesí, ven­drán a ser como blan­ca lana. Si quisiereis y oyereis, com­eréis del bien de la tier­ra; si no quisiereis y fuereis rebeldes, seréis con­sum­i­dos a espa­da (1:18–20). El propósi­to de la pal­abra del Señor al pro­fe­ta es que la pred­i­cación es pues­ta por el Señor para endure­cer com­ple­ta­mente al pueblo si ellos no escuchan. Las con­se­cuen­cias des­cansan aho­ra en el pueblo mis­mo. Pero por Su conocimien­to de la his­to­ria del pueblo y su rev­elación div­ina, el Señor conoce cual será la reac­ción. El endurec­imien­to será com­ple­to; y la vol­un­tad, de hecho, será logra­da por la pred­i­cación que real­mente está des­ti­na­da para sal­var.

La pre­gun­ta que podría ser dirigi­da al Señor es por que, sabi­en­do que el resul­ta­do debería ser el endurec­imien­to al podría predicar al pueblo del todo. Note lo que es la nación, “este pueblo”,  que rec­haz­ará com­ple­ta­mente el men­saje. Pero fuera de la nación Dios había dicho que sal­vará a un rema­nente (1:9); los indi­vid­u­os que for­man este rema­nente oirán, Jehová nun­ca perderá de vista a los indi­vid­u­os que oirán Su voz y harán Su vol­un­tad.

11–12 El pro­fe­ta responde con una pre­gun­ta, ¿Has­ta cuán­do, Señor? ¿Está Isaías pre­gun­tan­do cuan­to es el tiem­po en que la nación esté com­ple­ta­mente endure­ci­da, o cuan­to tiem­po deberá con­tin­uar pred­i­can­do, vien­do que el pueblo no escuchará? Prob­a­ble­mente está pre­gun­tan­do cuan­do será com­ple­to el endurec­imien­to. Pero cualquiera que hubiese sido el sig­nifi­ca­do exac­to de la pre­gun­ta, la respues­ta debería ser la mis­ma, para Isaías es con­tin­uar pred­i­can­do has­ta que el endurec­imien­to sea total. La respues­ta de Jehová es des­gar­rado­ra. El endurec­imien­to del corazón, el emb­o­tamien­to de los oídos, y la ceguera de los ojos los guiará a la total destruc­ción. Isaías debería con­tin­uar pred­i­can­do , entonces, has­ta que las ciu­dades estén aso­ladas y sin morador, destru­idas por los inva­sores has­ta que no haya hom­bre en las casas, vacía, habi­en­do sido con­duci­do el pueblo fuera de sus casas; has­ta que la tier­ra esté hecha un desier­to, sin cul­ti­var y pisotea­da bajo sus pies, no sien­do ya pro­duc­ti­va; has­ta que Jehová haya echa­do lejos a los hom­bres, lleván­do­los cau­tivos a una tier­ra extraña, traslada­dos lejos de su patria queri­da, y has­ta haya mul­ti­pli­ca­do los lugares aban­don­a­dos en medio de la tier­ra — un total cumplim­ien­to de las predic­ciones de Moisés (Lev 26; Deut 28) y por el mis­mo pro­fe­ta (1:7–8).

13 Oscuro y poco prom­ete­dor como que podría ser la descrip­ción, el Señor per­mite un rayo para con­so­lar en medio de estas nubes ame­nazado­ras de tor­men­ta, estará allí un rema­nente que escapará. No obstante un déci­mo, un pequeño rema­nente, escapa, aún al dar la vuelta serán destru­i­dos has­ta que aque­l­los que per­manez­can sean un rema­nente del rema­nente. Así como es cor­ta­do un roble o un enci­no, quedan­do sola­mente un tron­co o empal­iza­da, así será el tron­co, la simiente san­ta (o sus­tan­cia, vida). El propósi­to de esto es que aparte del pequeño rema­nente que está escapan­do ven­drá un rema­nente más pequeño; así tam­bién no deberá resi­s­tir la total­i­dad del rema­nente. Este rema­nente más pequeño, es el que Pablo tuvo a la vista cuan­do dijo: “Así  tam­bién aún en este tiem­po ha queda­do un rema­nente escogi­do por gra­cia” (Rom 11:5; ver tam­bién 9:27–28). Este es el rema­nente del rema­nente; lo pequeño de su número es tam­bién men­ciona­do por la ilus­tración de Eze­quiel de los pocos cabel­los ata­dos a sus fal­das (ver Eze 5:1–4).

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