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Jerusalén-Sión: Adver­ten­cias y Prome­sas (28–35)

Isaías ha anun­ci­a­do un ay gen­er­al sobre los que ocul­tan su con­se­jo de Dios (29:15), y aho­ra hace una apli­cación especí­fi­ca del prin­ci­pio mien­tras pro­nun­cia un ay sobre el par­tido políti­co pro-egip­cio que envía pre­sentes a Egip­to en un inten­to de ganar la ayu­da de la nación con­tra Asiria. Jehová ya ha anun­ci­a­do la debil­i­dad y la caí­da final de Etiopía y de Egip­to (caps 18–20), ha adver­tido en con­tra de bus­car refu­gio en cualquier lugar excep­to en la piedra aparta­da en Sion (28:14–22), y ha declar­a­do que la mul­ti­tud de las naciones que pelean con­tra Su altar ter­re­nal serán echa­dos fuera (29:5–8). Entonces, bus­car ayu­da de Egip­to es igno­rar a Dios y lo que Él ha dicho. Aunque el men­saje del pro­fe­ta está dirigi­do a la situación de aquel momen­to, el prin­ci­pio involu­cra­do es de todos los tiem­pos: es siem­pre un error fatal para el pueblo de Dios con­fi­ar en el mun­do de los impíos en vez de con­fi­ar en el Señor por la ayu­da en la emer­gen­cia. Debido a que Judá igno­ra a Dios, el juicio acon­te­cerá a la nación (vers 1–17).

El pro­fe­ta pre­sen­ta ensegui­da las bases en las que Judá debe pro­ced­er: esper­ar por Jehová. La nación será lib­er­a­da y ben­de­ci­da no debido a la ayu­da de Egip­to, sino a través de la gra­cia y de la mis­eri­cor­dia de Jehová. La ben­di­ción será alcan­za­da total­mente en la era mesiáni­ca (vers 18–26).

Entre tan­to Asiria será destru­i­da, pero no por una coali­ción políti­ca de Judá y Egip­to, sino por la vara de Jehová. Un lugar de abrasamien­to, pro­fun­do y largo, será pro­vis­to para el rey asirio (vers 27–33)

 

Cualquier Alian­za con Egip­to está Des­ti­na­da a Fra­casar (vers 1–17)

 

      1 El ter­cer ay es pro­nun­ci­a­do sobre los hijos que toman con­se­jo, pero no de Jehová; estos hijos son des­obe­di­entes per­sis­ten­te­mente. En su tra­to con Jehová, actúan como hijos necios, rebeldes que se nie­gan a obe­de­cer a sus padres, por con­sigu­iente lle­gan­do a ser dig­nos de muerte (Deut 21:18–21). La primera acusación que hace Jehová con­tra el pueblo por medio de Isaías fue, “Crié hijos, y los engrandecí, y ellos se rebe­laron con­tra mi” (1:2); una segun­da acusación fue, “Tus príncipes, pre­var­i­cadores y com­pañeros de ladrones” (1:23). Y aho­ra, la nación entera, guia­da por los príncipes, es involu­cra­da en el plan de apelar a Egip­to, y así es cul­pa­ble de rebe­lión con­tra Jehová. Están hacien­do acuer­dos o pactos (lit­eral­mente, “tejien­do una red” [Young]) sin con­sul­tar al Señor o con­sid­er­ar a Su pro­fe­ta, que habla por Su Espíritu. La frase tomar con­se­jo puede ser tra­duci­da “der­ra­mar una ofren­da de bebi­da” (al mar­gen). Esto se refiere a la libación ofre­ci­da cuan­do se com­pro­m­ete un acuer­do; pero la tra­duc­ción en el tex­to, al referirse al pacto mis­mo, es preferi­ble. Al hac­er esto los hijos rebeldes añaden peca­do a peca­do api­lan­do peca­dos adi­cionales enci­ma de todos los peca­dos ante­ri­ores (ver Jer 2:13).

2 Los hijos de Judá se apartan para descen­der a Egip­to, y no han pre­gun­ta­do de mi boca. Pre­gun­tar a la boca de Jehová es con­sul­tar­le antes de tomar deci­siones (ver Num 27:21). A lo largo de toda su his­to­ria habían se habían acar­rea­do difi­cul­tades al fal­lar en pre­gun­tar a Jehová antes de actu­ar (por ejem­p­lo, Jos 9:14). Su propósi­to en apelar a Egip­to fue para tomar for­t­aleza en ellos mis­mo con el Faraón, que prometió mucho pero proveyó poco. Tomar refu­gio en su som­bra era bus­car­lo para pro­tec­ción; pero el Espíritu de Jehová había dicho, “El que habi­ta al abri­go del Altísimo/Morará bajo la som­bra del Omnipo­tente (Sal 91:1). Los líderes de Judá esta­ban des­cuidan­do este prin­ci­pio mien­tras vol­te­a­ban a Egip­to por ayu­da. Años antes de esto, Isaías había demostra­do su oposi­ción a cualquier depen­den­cia sobre Egip­to o Etiopía por cam­i­nar descal­zos y usar solo ropa inte­ri­or por tres años (cap 20).

3 La pal­abra Pero intro­duce la con­se­cuen­cia de bus­car a Egip­to en vez de a Jehová por ayu­da. En vez de encon­trar for­t­aleza en el Faraón y en Egip­to, Judá encon­trará vergüen­za, un sen­ti­do de peca­do y de cul­pa con la tur­bación adi­cional del fra­ca­so. Tomar refu­gio en la som­bra del Faraón los guiará a la con­fusión (futil­i­dad y pér­di­da) en lugar de pro­tec­ción sól­i­da. La nación está con­de­na­da a la decep­ción total.

4 Aun aho­ra el pro­fe­ta vis­lum­bra a los príncipes en su comisión. Aunque son hom­bres de dig­nidad y posi­ción real, no son nece­sari­a­mente hom­bres de san­gre real. Él los ve arriban­do a Zoán, una ciu­dad local­iza­da en la parte noreste del Delta (ver 19:11). Y sus emba­jadores lleguen a Hanes. Estas son rep­re­sen­ta­ti­vas del gob­er­nador o del gob­ier­no. Hanes, men­ciona­da solo aquí en las Escrit­uras, aunque para algunos ha sido la Her­a­cleopo­lis Magna en el Alto Egip­to. Para otros ha sido Tafnes (Jer 43:7), local­iza­da no lejos de Zoán. Actual­mente, la iden­ti­dad y la local­ización son descono­ci­das. No está estable­ci­do especí­fi­ca­mente si Eze­quias esta­ba involu­cra­do en este acuer­do ver­gonzoso, pero es difí­cil pen­sar que los emba­jadores pudier­an haberse aven­tu­ra­do en tal comisión sin el conocimien­to y ben­di­ción del rey (ver 36:4–6).

5 El resul­ta­do de apelar a Egip­to será mas que una ofus­cación a la nación; el pro­fe­ta repite que pro­bará ser una vergüen­za y un opro­bio, una des­gra­cia. En la depen­den­cia final sobre Egip­to probó estar total­mente sin fru­to.

6 Pro­fecía sobre (en relación a la pro­fecía) las bes­tias del Neguev – para la pal­abra pro­fecía ver el comen­tario en 13:1. Delitzsch pien­sa que las bes­tias del Neguev se refiere a los hipopó­ta­mos, un sím­bo­lo de Egip­to; pero es muy dudoso. El pro­fe­ta prob­a­ble­mente tiene en mente a las bes­tias que pasa­ban a través del Neguev (“Sur”) al desier­to de Zin y de Shur lle­van­do los rega­los a Egip­to. Esto podría indicar que en este tiem­po la ruta costera había sido cor­ta­da por los asirios. En lengua­je poéti­co el pro­fe­ta describe la tier­ra ter­ri­ble a través de la que las bes­tias deben via­jar, descri­bi­en­do los peli­gros incur­ri­dos en este via­je inútil y des­perdi­ci­a­do.

Isaías usa tres pare­jas de pal­abras para describir la aus­teri­dad de la tier­ra y los peli­gros encon­tra­dos: (1) tier­ra de tribu­lación y de angus­tia, prob­a­ble­mente una ref­er­en­cia a la intran­quil­i­dad y a la agitación, a la angus­tia y a la deses­per­an­za, exper­i­men­ta­da por los que pasan por el área; (2) donde sale la leona y el león, impli­can­do ries­go para el hom­bre y para la bes­tia; (3) la víb­o­ra y la ser­pi­ente que vuela, ser­pi­entes muy venenosas, que se añadía a los ries­gos de esa tier­ra des­o­la­da. No sabe­mos con exac­ti­tud lo que Isaías quiere dar a enten­der por ser­pi­ente que vuela.

Los ricos rega­los y los tesoros sobre los hom­bros de asnos y sobre las jorobas de los camel­los sug­iere más bien una larga car­a­vana que lle­va la riqueza de Judá a Egip­to. Fue a través de este mis­mo “desier­to grande y espan­toso, lleno de ser­pi­entes ardi­entes, y de escor­pi­ones, y de sed, donde no había agua” (Deut 8:15), que Jehová guió a los israeli­tas muchos años antes, librán­do­los de los mis­mos opre­sores cuya som­bra bus­can aho­ra. Pero están hacien­do su apelación a un pueblo que no les será de prove­cho. Una descrip­ción triste, por cier­to.

7 Cier­ta­mente Egip­to en vano e inútil­mente dará ayu­da; ofrece algu­na expre­sión de ayu­da, pero no es val­i­da. No está claro si el nom­bre su for­t­aleza es estarse qui­eta es dada por Jehová o por el pro­fe­ta, pero es suma­mente apropi­a­do. La pal­abra sig­nifi­ca “tor­men­ta, arro­gan­cia,” un emble­ma apropi­a­do de Egip­to, “el fan­far­rón que se está qui­eto.” Leupold lo tra­duce, “un bocón que está cruza­do de bra­zos.” Cua­tro veces en los libros o pasajes poéti­cos la pal­abra es usa­da de un mon­struo (arro­gan­cia, orgul­lo, o poder) con el que Jehová está en con­flic­to (Job 9:13; 26:12; Sal 89:10; Isa 51:9). Ocurre en dos oca­siones donde Egip­to está clara­mente a la vista (Sal 87:4; Isa 30:7). Como la Esfin­ge, Egip­to buscó for­t­aleza pero fue inútil para actu­ar. Era una nación que no podría vivir en base a su glo­ria y poder pasa­do; se jac­tó en su glo­ria pasa­da pero no tenía nada.

8 El pro­fe­ta recibe un man­damien­to del Señor. Ve, pues, aho­ra, y escribe esta visión en una tabla delante de ellos, y regís­trala en un libro. El pro­fe­ta había sido instru­i­do antes a escribir un men­saje para el tes­ti­mo­nio futuro (8:1, 16), y aho­ra debe escribir de nue­vo. ¿Es lo que está escrito en los vers 6–7, en los vers 1–7, o en todo el capí­tu­lo? Con prob­a­bil­i­dad la instruc­ción inclu­i­da solo en los vers 6–7, que serviría como un recuer­do de la ton­tería del pueblo de Dios en descen­der a Egip­to en vez de con­fi­ar en Él. Algunos pien­san que Isaías escribió tan­to una tabla como un libro; otros creen que los dos tér­mi­nos se refieren a un solo escrito. Parece, sin embar­go, que con prob­a­bil­i­dad había una tabla para que el públi­co viera y ley­era, y un libro para preser­var el men­saje para todo el tiem­po por venir, eter­na­mente y para siem­pre. Todavía cuan­do lo leemos hoy, nos impre­sion­amos con la seguri­dad abso­lu­ta del camino y de la pal­abra de Jehová. Sirve entonces “por un tes­ti­mo­nio eter­no” (al mar­gen).

9 Jehová hace tres acusa­ciones con­tra el pueblo: Porque este pueblo es rebelde, una acusación que Él había puesto sobre ellos des­de el ini­cio (vers 1); hijos men­tirosos – sus mis­mas vidas son una men­ti­ra, su refu­gio es una men­ti­ra (28:15), su ado­ración es hipócri­ta (29:13); hijos que no quisieron oír la ley (o la enseñan­za) de Jehová. Rehusaron oír lo que Él está dicien­do por medio de Sus pro­fe­tas.

10–11 Isaías rev­ela el ver­dadero espíritu del pueblo hacia las pal­abras pro­nun­ci­adas por Jehová por medio de Sus pro­fe­tas. Los hijos rebeldes dicen a los videntes: No veáis; y a los pro­fe­tas: No nos pro­fet­icéis lo rec­to, decid­nos cosas halagüeñas, pro­fe­ti­zad men­ti­ras. Con seguri­dad no eran tan hon­estos como para venir sin rodeos y decir estas cosas; pero este ver­sícu­lo solo rev­ela grá­fi­ca­mente sus ver­daderos sen­timien­tos. (Para videntes y pro­fe­tas ver los comen­tar­ios en 29:10.) No hablar cosas rec­tas, esto es, cosas de la ver­dad y de la jus­ti­cia, porque ellas con­de­nan nue­stros caminos impíos. Cosas halagüeñas, cosas gus­tosas y agrad­ables al oído – cosas que nos entre­tienen. Pro­fe­ti­zar men­ti­ras, esto es, darnos esper­an­za fal­sa, hac­er­nos creer que todo está bien aún cuan­do no lo está. Una ver­sión mod­er­na ser, Danos religión pero no la ver­dad del evan­ge­lio. Al ver­dadero pro­fe­ta el pueblo dice, dejad el camino; no nos deten­emos en lo que hemos deter­mi­na­do hac­er. Apartaos de la sen­da, la sen­da de la rec­ti­tud y de la rev­elación ver­dadera. Quitad de nues­tra pres­en­cia al San­to de Israel. Sin duda está es una ironía de uso con­stante por Isaías del glo­rioso títu­lo San­to de Israel, que se men­ciona alrede­dor  de trein­ta veces en este libro. Cada vez que el pro­fe­ta men­ciona ese nom­bre, cor­taría pro­fun­da­mente a sus almas pecado­ras y rebeldes.

12 Por tan­to – frente a tal rebe­lión con­tra Dios y Su pal­abra hay una con­se­cuen­cia inevitable que el Señor está aho­ra lis­to a anun­ciar. El San­to de Israel, que el pueblo ha trata­do de echar fuera de sus vidas, pero que no será arro­ja­do, aho­ra habla. Porque dese­chasteis esta pal­abra – porque te detienes en desafi­ar la pal­abra del San­to de Israel que está sien­do habla­da por los pro­fe­tas actuales – el juicio está en camino. Otra razón para el juicio es que el pueblo con­fió en vio­len­cia y en iniq­uidad. Hay tres ideas en el sig­nifi­ca­do de la vio­len­cia aquí. Algunos la ven como una ref­er­en­cia a los méto­dos de opre­sión usa­dos para finan­ciar los rega­los o sobor­nos que esta­ban sien­do envi­a­dos a Egip­to. Otros la ven como los méto­dos opre­sivos a los que recur­ría el pueblo para silen­ciar a los pro­fe­tas, sofo­can­do sus voces. El ter­cer pun­to de vista es que el pro­fe­ta se está refirien­do a una dis­posi­ción de carác­ter que se man­i­festó en ellos en ambas cosas. Parece preferi­ble este ter­cer pun­to de vista. La per­ver­si­dad es una desviación de la jus­ti­cia o del camino ver­dadero, la demostración de una vol­un­tad obsti­na­da. Se man­i­fi­es­ta a si mis­ma en prác­ti­cas tor­ci­das en los nego­cios y en las políti­cas. El pueblo depende de la falsedad en vez de en la ver­dad y en la hon­esti­dad.

13 La pal­abra por tan­to intro­duce el cas­ti­go por los cora­zones rebeldes y las prác­ti­cas pecaminosas del pueblo. Jehová usa dos analogías para resaltar la nat­u­raleza de este juicio inmi­nente: una pared agri­eta­da y el rompimien­to de un vaso de bar­ro. Os será este peca­do como gri­eta que ame­naza ruina, extendién­dose en una pared ele­va­da. Una grie­ga o rajadu­ra podría causar que una pared se abul­tara hacia fuera y se colap­sara even­tual­mente. El prob­le­ma podría deberse a una fal­la en la pared, un desplaza­mien­to del cimien­to, o una fal­la del cimien­to. En este caso el prob­le­ma prob­a­ble­mente es que en lugar de con­stru­ir sobre el fun­da­men­to seguro de Jehová y Su pal­abra, el pueblo había con­stru­i­do en un fun­da­men­to fal­so (28:15–16). Además, ellos habían usa­do sus pro­pios están­dares al con­stru­ir sus muros de seguri­dad nacional. El colap­so ven­dría súbita­mente, sin adver­ten­cia.

14 Y (Jehová) se que­brará como se quiebra un vaso de alfarero – una indi­cación de total destruc­ción – que sin mis­eri­cor­dia lo hacen peda­zos. La descrip­ción es clara: tan­to, que entre los peda­zos no se hal­la tiesto para traer fuego del hog­ar, o para sacar agua del pozo. La demoli­ción del pueblo judío sería como el rompimien­to de una vasi­ja de bar­ro con una vara de hier­ro. La vasi­ja está tan rota que no hay una pieza sufi­cien­te­mente grande para lle­var un peda­zo de car­bón ardi­en­do del fogón o una olla para sacar agua de una cis­ter­na. La destruc­ción fue evi­ta­da en el tiem­po de Isaías debido a que Eze­quías imploró a Jehová y porque el hon­or de Jehová esta­ba de por medio (37:14–29). Tam­bién, sin duda la pred­i­cación de Isaías y de Miqueas y la influ­en­cia de sus vidas regre­saron los cora­zones al Señor lo sufi­ciente para que Él guardara a la ciu­dad de sus saque­adores. La destruc­ción no vino, sino un tiem­po después.

15 Smith tit­u­la los vers 15–17 “No Alian­zas, sino Con­fi­an­za” (I. 233), que bien resume el men­saje del pro­fe­ta. El Señor extiende un medio de escapar de la destruc­ción ter­ri­ble así descri­ta. Porque así dijo el Señor, el San­to de Israel, el mis­mo que sostiene ese nom­bre majes­tu­oso del que se apartaría el pueblo (vers 11), pero que da autori­dad a lo que se prom­ete. En des­can­so y en reposo seréis salvos – esto es sim­i­lar a las exhorta­ciones dadas a Acaz (7:4) y a Jerusalén (28:12). En lugar de descen­der a Egip­to para hac­er una alian­za con ese pueblo idol­a­tra, volverían a Jehová que es sal­vación, porque solo en los viejos caminos, el buen camino, que Él ha orde­na­do puede alguien encon­trar des­can­so para su alma (Jer 6:16). En vez de esa infi­del­i­dad que orig­inó a Judá recur­rir a Egip­to, debían ten­er la tran­quil­i­dad de la ver­dad y la con­fi­an­za por medio de la fe en Dios y Su poder. En este camino Judá encon­trará la for­t­aleza nece­saria para enfrentar la emer­gen­cia. Estas habían sido las bases del poder hebreo a lo largo de toda su his­to­ria, sin embar­go fal­laron con fre­cuen­cia en con­fi­ar en el Señor: Y no qui­sis­teis. Los que han apren­di­do esta lec­ción han sido y siem­pre serán las rocas impo­nentes que fac­ul­ta a la sociedad y a la igle­sia a sosten­er las are­nas movedi­zas de la destruc­ción int­elec­tu­al y de los movimien­tos sociales.

16 Sino que dijis­teis: No, antes huire­mos en cabal­los. Smith acer­tada­mente comen­ta, “Si deseas refor­mar las políti­cas, primero debes regener­ar el pueblo” (I. 230). La ten­den­cia de seguir los dic­ta­dos de sus pro­pios caminos rebeldes, el pueblo y sus gob­er­nantes están en una pro­fun­da necesi­dad de regen­eración espir­i­tu­al. Se deseo de escapar en cabal­los prob­a­ble­mente se refiere para acosar a los ene­mi­gos en car­ros de guer­ra obtenidos de Egip­to. En la ley Jehová había pro­hibido regre­sar a Egip­to para adquirir cabal­los (Deut 17:16), pero Judá está igno­ran­do del todo este man­damien­to. Ya que desean huir en cabal­los, por tan­to, vosotros huiréis; y puesto que ust­ed dice, Sobre corce­les velo­ces cabal­gar­e­mos; por tan­to, serán velo­ces vue­stros perseguidores. Jehová con­ced­erá su deseo, pero no en la for­ma que ellos pre­tenden. Cier­ta­mente huirán – pero como el persegui­do en lugar de ser el perseguidor.

17 En la ley Jehová había ase­gu­ra­do a Su pueblo que si per­manecían fieles a Él, “Cin­co de vosotros perseguirán a cien­to, y cien­to de vosotros perseguiréis a diez mil” (Lev 26:1, 8). El orden de esta prome­sa es aho­ra inver­tido; porque en lugar de cin­co per­sigu­ien­do un cien­to, Un mil­lar (de ust­edes) huirá a la ame­naza de uno; a la ame­naza de cin­co huiréis vosotros todos. De hecho, como es fre­cuente el caso en la Escrit­u­ra, esta es una hipér­bole fuerte. Indi­ca la com­ple­ta debil­i­dad y la der­ro­ta inevitable de cualquier que actúa en con­tra de la vol­un­tad y del propósi­to de Dios. En la der­ro­ta, en vez de la nación fuerte que podría y debería ser, Judá será como un árbol o mástil en la cum­bre de una col­i­na, pela­da de sus ramas y aban­don­a­da. Los super­vivientes estarán solos y serán pocos en número. Pero como una ban­dera este rema­nente será el pun­to de reunión alrede­dor del que una nue­va nación emerg­erá (1:9; 10:21–22).

 

La Properi­dad por Medio de la Gra­cia de Dios (Mesiáni­ca) (vers 18–26)

 

      18 En medio de este panora­ma pes­imista de juicio, der­ro­ta, y soledad, Jehová ani­ma al pueblo con una pal­abra de esper­an­za y de con­fi­an­za, basa­do en Su gra­cia y mis­eri­cor­dia. La pal­abra Y conec­ta la idea del sigu­iente pasaje con el juicio prece­dente (vers 1–17), y la pal­abra por tan­to intro­duce lo que Jehová hará y las bases de Su acción. El Seño esper­ará has­ta que el juicio sea eje­cu­ta­do; por medio de él el pueblo será meti­do en un mar­co de mente y de dis­posi­ción de corazón que podría haber gra­cia hacia ellos. Y por tan­to, será exal­ta­do, lev­an­ta­do ante los ojos del pueblo y recono­ci­do como Jehová Dios, tenien­do de vosotros mis­eri­cor­dia (ver 2:11, 17). La mis­eri­cor­dia es la expre­sión del carác­ter de Su gra­cia (ver Sal 103:8). Pero, como lo mues­tra el juicio, tam­bién Jehová es Dios jus­to, jus­to y rec­to en todos Sus caminos. Que jus­ti­cia es parte de nat­u­raleza esen­cial es con clar­i­dad expre­sa­do por dos salmis­tas: “Jus­ti­cia y juicio son el cimien­to de tu trono;/Misericordia y ver­dad van delante de tu ros­tro” (Sal 89:14); y “Jus­ti­cia y juicio son e cimien­to de su trono./Fuego irá delante de él,/Y abrasará a sus ene­mi­gos alrede­dor” (Sal 97:2–3). Así entonces, la bon­dad y la mis­eri­cor­dia de Dios así como el fuego de juicio refle­jan la nat­u­raleza inher­ente de Dios y el mis­mo fun­da­men­to de Su trono y gob­ier­no. Es tan con­sis­tente con Su carác­ter divi­no cas­ti­gar la mal­dad como mostrar mis­eri­cor­dia al pen­i­tente. Entonces, bien­aven­tu­ra­dos todos los que con­fían en él; en lugar de tomar los asun­tos en sus propias manos, per­miten actu­ar a Jehová sobre la base de Su infini­ta rec­ti­tud y jus­ti­cia. Isaías expresó bel­la­mente esto en una pro­fecía pos­te­ri­or, “Pero los que esper­an a Jehová ten­drán nuevas fuerzas; lev­an­tarán alas como las águilas; cor­rerán, y no se cansarán; cam­i­narán, y no se fati­garán” (40:31).

19 El pueblo, esto es, los que esper­an por Jehová, dis­fru­tarán la mis­eri­cor­dia de Su gra­cia (vers 18) y el pueblo morará en Sion, en Jerusalén. Por el bien del énfa­sis, esta frase es algu­nas veces tra­duci­da “Sion, aun Jerusalén.” Ambas lec­turas dan el mis­mo sen­ti­do. Sion-Jerusalén es el lugar de la habitación de Dios entre Su pueblo; allí estarán con Él. Él es sin­gu­lar; el pro­fe­ta ya sea que se está dirigien­do al pueblo como un todo o se está dirigien­do a cada miem­bro de su audi­en­cia como un indi­vid­uo, para los que esper­an y reciben las ben­di­ciones dadas como indi­vid­u­os. Para ellos los días de llan­to han pasa­do; dis­fru­tan aho­ra la gra­cia de la pres­en­cia de Jehová y la respues­ta a su clam­or. Al oír la voz de tu clam­or, te respon­derá – para recibir una respues­ta debe­mos cla­mar al Señor ardi­en­te­mente, en fe y con con­fi­an­za; cuan­do lo hace­mos así, Dios responde.

20 Pero antes que ven­gan las ben­di­ciones, habrá un tiem­po de aflic­ción, el juicio men­ciona­do arri­ba. Muchos comen­taris­tas omiten la pal­abra bien, y tra­ducen, “Os dará el Señor pan de con­go­ja y pan de angus­tia.” Esta es ali­mentación pro­vista en tiem­po de extrema necesi­dad y pobreza, lo opuesto de comi­da y bebi­da en abun­dan­cia. Al lle­var a cabo Su plan divi­no, el Señor no per­mi­tirá que Su pueblo perez­ca del todo. En el tiem­po de extrema opre­sión y pobreza Él proveerá para la preser­vación de un rema­nente. Un salmista anón­i­mo dijo, “Pasamos por el fuego y por el agua,/Y nos sacaste a abun­dan­cia [‘abun­dan­cia,’ del hebreo]” (Sal 66:12). Antes de la abun­dan­cia viene el fuego y el agua.

La últi­ma mitad de este ver­sícu­lo es difí­cil de tra­ducir; ¿es mae­stros (plur­al) o mae­stro (sin­gu­lar)? Smith opta por “Mae­stro,” aplicán­do­lo a Dios, que por un tiem­po había ocul­ta­do Su ros­tro de Su pueblo, pero que aho­ra los instruye. La may­oría de los comen­taris­tas por­tan por “mae­stros,” y lo apli­can a los pro­fe­tas y a los instruc­tores lev­i­tas que se ocul­taron durante el tiem­po de opre­sión sev­era. La declaración de los pro­fe­tas, sino que tus ojos verán a tus mae­stros, sug­iere mae­stros humanos que el pueblo puede ver, sin embar­go esto no es con­cluyente.

21 Entonces tus oídos oirán a tus espal­das pal­abras que diga – aquí está una difi­cul­tad adi­cional. Si los ojos de los que han esper­a­do por Jehová ve a los mae­stros, ¿cómo puede la pal­abra ser oída des­de las espal­das de ellos? Han sido dadas numerosas expli­ca­ciones. Note, por ejem­p­lo, que los mae­stros están dicien­do, Este es el camino, andad por él; y no echéis a la mano derecha, ni tam­poco torzáis a la mano izquier­da. Es posi­ble que los mae­stros y los direc­tores del pueblo los desviaron del camino rec­to. Al haber gira­do a la derecha o a la izquier­da, sus espal­das están aho­ra hacia los mae­stros. El soporte para esta inter­pretación puede ser encon­tra­da en la ley que dice, “No os apartéis ni a dies­tra ni a sinies­tra” (Deut 5:32), y tam­bién en la pal­abra del hom­bre sabio, “No te desvíes a la derecha ni a la izquierda;/Aparta tu pie del mal” (Prov 4:27). Así, con ojos para ver y oídos para oír, el pueblo será instru­i­do en el camino rec­to; y cuan­do es señal­a­do que han erra­do de ese camino, oirán y regre­sarán.

22 Los que habi­tan aho­ra en Sion, al haber venido por medio de la tribu­lación, recono­cerán la con­t­a­m­i­nación y la influ­en­cia destruc­to­ra de los ído­los, con­sid­erán­do­los como inmun­dos. Las imá­genes eran mold­eadas de un met­al infe­ri­or o tal­ladas en madera, y entonces recu­bier­ta con pla­ta u oro (ver 40:19; 44:9–20). Entonces pro­fa­narás la cubier­ta de tus escul­turas de pla­ta, y la vestidu­ra de tus imá­genes fun­di­das de oro; las apartarás como trapo asqueroso; ¡Sal fuera! les dirás — ¡Vete! ¡Fuera de mi vista! Prob­a­ble­mente los ído­los son puestos en la tier­ra para reducir­los a pol­vo y entonces dis­per­sar­los. Después de la destruc­ción de Jerusalén y la cau­tivi­dad de Babilo­nia el pueblo aparente­mente esta­ba cura­do de la idol­a­tría, porque nun­ca más oíos que hicier­an o sirvier­an a imá­genes.

23 Los vers 23–26 están llenos de la prome­sa de rega­los ricos y abun­dantes de Dios. El da tan­ta llu­via que la sementera que ha sido sem­bra­da bro­tará. De ella ven­drá pan, nutri­ti­vo y en gran medi­da. En el día de esta gen­erosi­dad el gana­do encon­trará abun­dan­cia de pas­to en las grandes praderas, un gran con­traste a su estrechez ante­ri­or y a las áreas estre­chas.

24 Los ani­males domes­ti­ca­dos – los bueyes y los asnos usa­dos para el ara­do del sue­lo – com­erán gra­no (o con sal) limpio. La pal­abra gra­no podría indicar amasi­jo o una mez­cla fer­men­ta­da como nue­stro ensi­la­je. Su comi­da sería de una cal­i­dad no usu­al y exce­lente, mez­cla­dos y con sal. Que el gra­no limpio ha sido aven­ta­do con pala y cri­ba sug­iere que, como el gra­no desea­do por los humanos, es limpia­do de la paja des­menuza­da y pur­ga­da de sus­tan­cias extrañas.

25 Y en lugar de montes altos y col­la­dos ele­va­dos al ser desnuda­dos, habrá ríos y cor­ri­entes. Proveerán además ben­di­ciones para los hom­bres y para las bes­tias, dan­do agua para praderas fron­dosas, para la irri­gación, y para el uso domés­ti­co. ¡Que gran ben­efi­cio en una tier­ra donde las cor­ri­entes son escasas y pre­ciosas (ver 41:18)! En una for­ma bas­tante sor­pren­dente el pro­fe­ta inyec­ta una idea con­trastante: el día de la gran matan­za, cuan­do caerán las tor­res. Hay al menos dos posi­bles expli­ca­ciones del pasaje: (1) La gran matan­za cuan­do las tor­res caen pre­ced­erán a estas ben­di­ciones (ver vers 13, 18); o (2) Habrá matan­za y las tor­res se colap­sarán en el mun­do de la impiedad aun mien­tras los que están en Sion-Jerusalén dis­fru­tan rega­los abun­dantes de Dios. A la luz del con­tex­to, y en espe­cial el ver­sícu­lo sigu­iente, parece preferi­ble la segun­da.

26 Al haber descrito la abun­dan­cia de las pro­vi­siones físi­cas para el hom­bre y la bes­tia, el pro­fe­ta habla aho­ra de la luz glo­riosa de ese peri­o­do. Y la luz de la luna será como la luz del sol, y la luz del sol siete veces may­or, como la luz de siete días (ver 24:23; 60:19–20). En tal luz todas las cosas serán claras, vis­tas como son. Este ver­sícu­lo provee la clave para enten­der todo el pasaje. La luz del sol como la luz de siete días es la luz de una sem­ana con­cen­tra­da en un día bril­lante. Tal bril­lantez en el mun­do físi­co sería desas­trosa para la vida, tan­to para las plan­tas como para los ani­males. Pero en ese día ven­dará Jehová la heri­da de su pueblo, y curará la lla­ga que él causó. En ese día Sus ben­di­ciones de abun­dan­cia serán pro­vis­tas.

Allí no puede haber duda que Dios inten­tó ben­de­cir rica­mente al pueblo sobre su retorno de la cau­tivi­dad cuan­do Él recogería el rema­nente de vuelta a su propia tier­ra. Él había prometi­do que sobre este retorno, Él “te hará bien, y te mul­ti­pli­cará más que a tus padres” (Deut 30:5); pero esto era condi­cional en base a que retornaran a Él con todo su corazón y guardan­do Sus man­damien­tos (Deut 30:8–10). Él les haría “may­or bien que en vue­stros prin­ci­p­ios” (Ezeq 36:11). Aun tan tarde como en los días de Malaquías, Dios dijo que Él “abriría las ven­tanas de los cie­los, y der­ra­maría sobre vosotros ben­di­ción has­ta que sobre­abunde” (Mal 3:10). Pero en cada ocasión estas ben­di­ciones eran con­tin­gentes sobre la fidel­i­dad del pueblo al Señor (ver la con­struc­ción “si” en Jer 18:7–10). Si el pueblo no cumplía las condi­ciones, Dios no haría por ellos lo que Él podría ten­er. Las ben­di­ciones no serían dadas con plen­i­tud, con todo, has­ta la era mesiáni­ca cuan­do Dios der­ra­mará Sus ben­di­ciones espir­i­tuales en rica abun­dan­cia. Debe­mos enten­der que el lengua­je de Isaías anun­cia con antelación las glo­riosas ben­di­ciones en Cristo (ver Ef 3:19; Col 2:8–10).

 

La Ven­gan­za de Jehová sobre Asiria (vers 27–33)

 

En un lengua­je de imá­genes bril­lantes y encen­di­das, Isaías describe el crib­a­do de las naciones y la destruc­ción de Asiria por la fuerza de Su bra­zo. El pro­fe­ta ya ha intro­duci­do el juicio de los ebrios de Efraín (28:1–2), el tor­rente des­bor­dante con­tra Jerusalén (28:15; 29:13–14), y la destruc­ción de los adver­sar­ios de Jerusalén por fuerzas poderosas dirigi­das por el mis­mo Jehová (29:6). Aho­ra tra­ta en espe­cial con la destruc­ción de Asiria, com­bi­nan­do dos metá­foras que describen la veni­da de Jehová como una tor­men­ta poderosa, fer­oz y ardi­ente en su fuerza destruc­to­ra, y como un hom­bre lleno de ira e indi­gnación.

27 He aquí el nom­bre de Jehová viene de lejos. El nom­bre de Jehová sim­boliza todo lo que Él es – Su ser, rev­elación, y acción. Aparente­mente el Señor ha aban­don­a­do al pueblo a ellos mis­mos, pero aho­ra como una tor­men­ta alum­bran­do el cielo viene a lib­er­ar­los. Él viene en eno­jo ardi­ente de indi­gnación e ira jus­ta, su ros­tro encen­di­do, como nubes ardi­entes en una tor­men­ta ter­ri­ble. Sus labios llenos de ira con­tra Sus ene­mi­gos; su lengua como fuego que con­sume, que va delante de Él, que­man­do a Sus adver­sar­ios alrede­dor (ver Sal 97:2–3).

28 Su alien­to, cual tor­rente que inun­da; lle­gará has­ta el cuel­lo. Como las aguas tor­ren­ciales del Río (Asiria) han bar­ri­do sobre Judá, lle­gan­do has­ta la gar­gan­ta (8:8), así aho­ra el tor­rente de la ira de Dios alcan­za la gar­gan­ta de Asiria. El pro­fe­ta usa tres metá­foras describe los rep­re­sen­tantes de este juicio: un tor­rente abru­mador, una cri­ba de destruc­ción, y un freno que se dirige en el camino que Jehová deter­mi­na. A difer­en­cia del crib­a­do de Israel, en donde ningún gra­no cae a la tier­ra, sino que todo es sal­vo (Amos 9:9), en el crib­a­do de las naciones todas son pues­tas en con­fusión y destru­idas (ver Jer 30:11). El freno que los hace errar los lle­va a la destruc­ción. Mien­tras Jehová entremez­cló un espíritu de per­ver­si­dad entre los egip­cios, cau­san­do que tomaran el mal camino a su ruina (19:14), así Él guiará a las naciones.

29 En con­traste, a los que hiere Jehová los ha aumen­ta­do ráp­i­da­mente y los las­ti­ma­dos por Él los ha sana­do, vosotros ten­dréis un cán­ti­co como de noche en que se cel­e­bra pas­cua. Aunque no se especi­fi­ca, la pas­cua se refiere prob­a­ble­mente a – “esta noche deben guardar­la para Jehová” (Exo 12:42; ver Mt 26:30). Así mien­tras las naciones paganas y la poten­cia asiria están sien­do destru­idas, habrá una can­ción entre los red­imi­dos como cuan­do una fies­ta san­ta está sien­do guarda­da. Allí no habrá rego­ci­jo sólo en el cán­ti­co, sino que será tam­bién ale­gría de corazón, como cuan­do, con instru­men­tos musi­cales, el pueblo fluye a Jerusalén, el monte de Jehová, donde hay pro­tec­ción en la Roca de Israel (ver el comen­tario en 26:4). El red­imi­do alabará al que ha pro­vis­to por su pro­tec­ción y cuida­do.

30 A causa de Su glo­riosa y majes­tu­osa voz debe ser oída, Jehová cumplirá Su pal­abra y entonces hará valer Su jus­ti­cia. Al descen­so de su bra­zo Él man­i­fes­tará en acción el juicio que Él ha anun­ci­a­do. En un lengua­je alta­mente fig­u­ra­do y sim­bóli­co, el mis­mo Señor es el cen­tro de la descrip­ción, el eje­cu­tor de Su vol­un­tad. La grandeza de la pro­fecía tra­sciende al lengua­je; para describir lo que Jehová está hacien­do, el pro­fe­ta extrae toda la furia de la nat­u­raleza. El descen­so de Su bra­zo es con furor de ros­tro y lla­ma de fuego con­sum­i­dor. Es como un estal­li­do (o impacto) con una llu­via ter­ri­ble y grani­zo trit­u­rador. Con estas imá­genes cen­tel­le­an­do ante sus ojos, Isaías vis­lum­bra la ter­ri­ble destruc­ción del mun­do pagano.

31 El obje­to espe­cial de la ira de Dios es aho­ra especi­fi­ca­do: Porque Asiria que hir­ió con vara, con la voz de Jehová será que­bran­ta­da. Por el decre­to de Dios que tan­to sal­va como destruye, el opre­sor será juz­ga­do y traí­do a un fin. Así como Jehová había usa­do a Asiria como la vara y bácu­lo de Su eno­jo y juicio (10:5), así Él aho­ra usará una vara para cas­ti­gar a Asiria (ver 10:25). Babilo­nia fue esa vara con la que Asiria fue cas­ti­ga­da.

32 Con cada golpe que cae sobre la cru­el nación por la vara señal­a­da por el Señor (Babilo­nia), será con pan­deros y con arpas, instru­men­tos musi­cales aso­ci­a­dos con el gozo y con la fes­tivi­dad. Y en batal­la tumul­tu­osa peleará (Jehová) con­tra ellos; con la vara de Su escogi­do Jehová peleará con­tra el obje­to de Su indi­gnación. No hay rego­ci­jo porque las naciones están sien­do destru­idas y los pueb­los están sufrien­do, sino porque la idol­a­tría, la iniq­uidad, y la cru­el­dad están sien­do juz­gadas y la jus­ti­cia lib­er­a­da (ver Apoc 19:1–2). Como fue en ese tiem­po, lo será siem­pre.

33 Porque Tofet ya de tiem­po está dis­puesto; tal lugar ha sido pro­vis­to por largo tiem­po tan­to por reyes como por naciones como Asiria. Tofet es ese sitio en el Valle de Hinon donde los niños habían sido que­ma­dos como ofren­da a Moloc, un cliente de los Canani­tas que apos­tataron del Judá adop­ta­do (2 Rey 23:10). Tofet es men­ciona­do tam­bién por Jere­mías, tres veces en el capí­tu­lo 7 y cin­co veces en el capí­tu­lo 19. Después de ser pro­fana­do por Josías, llegó a ser un lugar para el que­ma­do de basura. La pal­abra del Nue­vo Tes­ta­men­to Gehena, el lugar que arde siem­pre, es deriva­da del hebreo “Valle de Hinon”.” Jehová había hecho a Tofet lo sufi­ciente pro­fun­da y tan grande para la destruc­ción de una nación tan grande como Asiria. Hay mucha madera, y el sop­lo de Jehová, como tor­rente de azúfre, lo enciende. Jehová surge en for­ma desta­ca­da en esta sec­ción como Juez y destruc­tor de lo mal­va­do.

 CAPÍTULO 30 Ay para la Políti­ca Pro-Egip­cia

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  • El Peri­o­do Asirio: Con­flic­to y Vic­to­ria (1–39)
  • Pro­fecías de Juicio en Con­tra de Naciones Indi­vid­uales

(13–23)

El pro­fe­ta ter­minó de  declarar las car­gas sobre las tres naciones paganas: Babilo­nia, Edom, y Ara­bia (cap 21). ¿Por qué debe aho­ra incluir una rela­ciona­da con Jerusalén, la ciu­dad donde él y su pueblo res­i­den? La relación entre las cua­tro es una de carác­ter en vez de par­entesco físi­co. Si el pueblo de Dios está com­portán­dose como las naciones paganas, deben sufrir las mis­mas con­se­cuen­cias por su com­por­tamien­to. Se pun­to se aclara mien­tras con­sid­er­amos la pro­fecía.

      La pro­fecía cae en dos partes dis­tin­tas: en la primera, la ciu­dad de Jerusalén está bajo la ira de Dios (vers 1–14); la segun­da tra­ta con un tesorero indi­vid­ual (vers 15–25). La fecha del juicio al que apun­ta la pro­fecía es muy indefini­da e incier­ta. La gran may­oría sostiene está a la vista que Sena­que­rib (701 A.C.) atacó la ciu­dad (Barnes, Erd­man, Leupold, Rawl­in­son, Smith, y Dri­ver, quienes dicen “prob­a­ble­mente”). Alexan­der ofrece una opción entre el even­to con­cre­to de la cap­tura de Man­asés por los asirios (2 Crón 33:11) y el dete­ri­oro gen­er­al de Jerusalén. Delitzsch pien­sa que la pro­fecía señala a un peri­o­do inter­me­dio cuan­do Judá esper­a­ba librarse de Asiria por medio de una alian­za con Egip­to. Calvin define el cumplim­ien­to de la pro­fecía en la destruc­ción de Jerusalén (586 A.C.). En una for­ma típi­ca de los eru­di­tos lib­erales, Clements cree que parte del pasaje apun­ta al701 A.C. y fue escrito por Isaías, y otra parte pertenece a la caí­da de Jerusalén en el586 A.C. y fue agre­ga­do por un redac­tor que vivió después de ese tiem­po. Young pien­sa que Isaías está descri­bi­en­do la deba­cle gen­er­al de la nación has­ta que esta cae en las manos de Babilo­nia. A la luz de tales difer­en­cias, es impru­dente ser dog­máti­co.

      Cuan­do con­sid­er­amos la preparación de Exe­quias para el cer­co por parte de Sena­que­rib, tal como su pro­visión de agua en la ciu­dad y en su reparación de los muros (2 Crón 32:1–5,30), los even­tos del 701 A.C. pare­cen estar a la vista de Isaías. Sin embar­go, cuan­do son exam­i­na­dos otros asun­tos, la con­clusión de Young es que el cap 22 que describe la deba­cle gen­er­al y la destruc­ción final de la ciu­dad es igual­mente atrac­ti­vo. La selec­ción parece yac­er entre el cer­co de Sena­que­rib (701 A.C.) y el peri­o­do total del cer­co de Sena­que­rib has­ta la caí­da de la ciu­dad a manos de Nabu­codonosor (586 A.C.).

      Las dos inva­siones extran­jeras tienen algunos aspec­tos en Común. En tan­to que Sena­que­rib esta­ba cer­can­do Laquis, Eze­quias le envió un gran trib­u­to de pla­ta y de oro, dis­culpán­dose por haber­lo ofen­di­do al rebe­larse con­tra él (2 Rey 19:9; Isa 37:9), mien­tras que esto podría haber lev­an­ta­do fal­sas esper­an­zas y rego­ci­jo entre los judíos,él redobló su esfuer­zo para per­suadir a Eze­quias a some­terse (2 Rey 19:10–13). Tirha­ca demostró ser ten­er una ame­naza no efec­ti­va; fue Jehová quien le dio a Judá la vic­to­ria (2 Rey 19:35–37).

      En el cer­co caldeo del 587–586 A.C., Nabu­codonosor esta­ba pele­an­do con­tra Jerusalén, Laquis, y Aze­ca, las úni­cas ciu­dades de Judá que per­manecían for­ti­fi­cadas (Jer 34:6–7). A la pal­abra de Jehová por medio de Jere­mías, el rey Sede­quías proclamó la lib­er­tad a todos los sier­vos y sier­vas; pero más tarde el dio mar­cha atrás al decre­to y causó que los sier­vos lib­er­a­dos fuer­an suje­tos de nue­vo a sus amos (Jer 34:8–11). Este cam­bio de corazón podría haber sido oca­sion­a­do por el lev­an­tamien­to del cer­co de los caldeos. ¿Por qué fue lev­an­ta­do el cer­co? Jere­mías dice, “Y cuan­do el ejérci­to de faraón había sali­do de Egip­to, y llegó noti­cia de ello a oídos de los caldeos que tenían siti­a­da a Jerusalén, se reti­raron de Jerusalén” (Jer 37:5). Como en el caso de Sena­que­rib, las noti­cias de la aprox­i­mación del ejérci­to egip­cio dio entra­da una fal­sa esper­an­za y una ocasión para el rego­ci­jo. Pero tam­bién como en los días del cer­co de Sena­que­rib, Egip­to no esta­ba para ayu­dar en con­tra de Nabu­codonosor, sino, como Jehová dijo, aque­l­los que subieron fuera de Egip­to para ayu­dar regre­saron a Egip­to a su propia tier­ra (Jer 37:7). Este tiem­po, en lugar de la lib­eración de la ciu­dad, como en los días de Sena­que­rib, Jehová la entregó en las manos de los babilo­nios. Que Isaías 22 puede referirse a los even­tos ya sea del 701 o del 586 hace plau­si­ble el pun­to de vista que el pro­fe­ta está real­mente hablan­do de la deba­cle de Jerusalén durante el peri­o­do gen­er­al total.

Repren­sión del Espíritu de Friv­o­l­i­dad del Pueblo (vers 1–14)

1 La expre­sión el valle de la visión no parece indicar una local­ización geográ­fi­ca en par­tic­u­lar, sino más bien un pueblo cor­ta­do del mun­do (ver Jer 21:13), rodea­da y pro­te­gi­da por las mon­tañas y por Jehová (Sal 125:1–2). Como la mora­da de Jehová, de la que emanan todas las pro­fecías, Jerusalén era el valle de la visión, la sede de la pro­fecía. Los teja­dos eran ter­ra­dos donde el pueblo podría reti­rarse para rela­jarse (2 Sam 11:2), para la ado­ración idol­a­tra (Jer 19:13; Sof 1:5), o para lamen­tarse (Jer 48:38). Ningu­na de estas posi­bil­i­dades parece estar de acuer­do con la acusación del pro­fe­ta; la ado­ración hipócri­ta podría ser parte de lo que ve Isaías, pero las otras pare­cen no ser­lo. ¿Es posi­ble que en esta ocasión el pueblo ten­ga, en un espíritu de fal­sa con­fi­an­za, estarse subi­en­do a sus ter­ra­dos para obser­var la lle­ga­da del ejérci­to? Tal vez ten­emos aquí una descrip­ción del espíritu del pueblo – un espíritu de con­fi­an­za impru­dente frente a la espa­da de Damo­cles. Este espíritu los car­ac­ter­izó a lo largo del peri­o­do total des­de Sena­que­rib has­ta Nabu­codonosor, así como car­ac­ter­izó a Nínive jus­to antes de la destruc­ción que cayó sobre la ciu­dad.

      2 El pueblo de esta ciu­dad tur­bu­len­ta será esclav­iza­do, no en una batal­la o con la espa­da, sino por la hol­ladu­ra del Señor (vers 5), la con­se­cuen­cia de su rec­ha­zo de Jehová. Smith dijo tam­bién bien, “Jerusalén parece ago­b­i­a­do al antic­i­par su lib­eración por el sui­cidio moral” (I. 323).

      3 Los gob­er­nadores y los jue­ces que podrían haber defen­di­do y guia­do al pueblo les fal­larán y serán cap­tura­dos, amar­ra­dos, y lle­va­dos lejos. Esto fue final­mente cumpli­do en la per­sona de Sede­quías cuan­do la nación cayó ante Nabu­codonosor (Jer 52:7–11). La pal­abra de Jehová habla­da en el ini­cio de la his­to­ria judía fue cumpl­i­da (Lev 26:14–45; Deut 28:15–68).

      4 El pro­fe­ta aparta la mira­da de esta ter­ri­ble visión y rev­ela las emo­ciones de su corazón. Él llo­rará afligi­da­mente, aun al pun­to del can­san­cio, no en secre­to, sin que la gente abier­ta­mente podría darse cuen­ta de la gravedad de la pro­fecía. No hay reme­dio para inten­tar con­so­lar­lo; él no puede ser con­so­la­do. La causa: la destruc­ción de la hija de mi pueblo – el pueblo mis­mo. Lo que el pro­fe­ta describe no iba a ser cumpli­do en los días de Sena­que­rib, sino que parece ser un pun­to de vista amplio del espíritu del pueblo que lo llevó final­mente a la destruc­ción bajo Nabu­codonosor.

      5 Frente al espíritu descrito en los vers 1–4, el Señor tiene en reser­va un día en el que habrá alboro­to y der­ro­ta, una hol­ladu­ra que es grande (ver 2:11–12), y per­ple­ji­dad – el pueblo no sabe que hac­er en medio de su con­fusión. Su rego­ci­jo, ya sea la expre­sión de un espíritu gen­er­al a lo largo de todo el peri­o­do (701–586 A.C.) o la reac­ción a un ataque especí­fi­co, debe ter­mi­nar en juicio por parte del Señor; la visión y las pro­fecías del Señor deben ser cumpl­i­das. En el der­rum­bamien­to de las pare­des del muro, el pueblo llo­rará, no a Jehová, su úni­ca fuente de ayu­da, sino a las mon­tañas, las fuerzas nat­u­rales que no pueden ayu­dar.

      6 Isaías ya ha pro­fe­ti­za­do que Elam, un pueblo guer­rero del ori­ente de Babilo­nia que era notable por su uso del arco (Jer 49:34–39), jun­to con Media, traerán la caí­da sobre Babilo­nia (21:2,9). Ellos proveerán tam­bién arqueros, con­duc­tores de cuadri­gas, y caballerías en con­tra de Jerusalén. Kir (no debe ser con­fun­di­do con el Kir de 15:1),sig­nifi­ca “muro,” parece haber esta­do local­iza­do en algún lugar del norte de Elam. Amos habla de Kir como la casa orig­i­nal de los sirios (Amos 9:7), y el lugar a donde Siria sería lle­va­da cau­ti­va (Amos 1:5; 2 Rey 16:9). El pueblo de Elam y de Kir podría haber esta­do tan­to en el ejérci­to de Asiria como de Babilo­nia. Lo que el pro­fe­ta bus­ca enfa­ti­zar, no son las naciones especí­fi­cas, sino la gran dis­tan­cia de donde ven­drían los fieros guer­reros. La rev­elación del escu­do sim­ple­mente indi­ca la cober­tu­ra pro­tec­to­ra del escu­do en preparación para la batal­la.

      7 El pro­fe­ta habla en tiem­po pasa­do, esto es, el proféti­co per­fec­to, como si el even­to hubiera sido ya cumpli­do; porque si Dios dec­re­ta una cosa, es tan cier­to que va a ser hecho como si ya hubiera sido eje­cu­ta­do. Isaías mira los valles escogi­dos y sobre la ciu­dad llena con cuadri­gas. Los jinetes están ante la puer­ta, lis­tos para entrar. Que los valles están llenos indi­ca que las fuerzas tien­den a la con­quista y a la destruc­ción con­sti­tuyen una hueste numerosa.

      8 Y desnudó la cubier­ta de Judá. Está cláusu­la ha sido inter­pre­ta­da de difer­entes for­mas: “la desnudez que hizo que Judá se cegara a la espa­da de Demo­cles” (Delitzsch); “el velo de la igno­ran­cia (ver 25:7)” (Leupold); “todo lo que pro­tegía a la nación de la vergüen­za y de la des­gra­cia ha sido quita­do, así que Jerusalén se mantiene en pie ante el deshon­or” (Young); “la ref­er­en­cia es a Dios que había aparta­do su pro­tec­ción de Jerusalén así que no existía defen­sa ade­cua­da para impe­di a las fuerzas babilóni­cas de lle­var a cabo su vol­un­tad de destruc­ción” (Clements). Yo me incli­no a estar de acuer­do con Clements, porque en lugar de guiar a Su pueblo, Jehová “Extendió una nube por cubierta,/ Y fuego para alum­brar la noche” (Sal 105:39). Esto era un sím­bo­lo de Su pres­en­cia (Sal 78:14; Exo 13:21), lo que Él restau­raría en la Sion red­im­i­da (4:5). Esta pro­tec­ción por parte de Jehová salvó a la ciu­dad del cer­co de Sena­que­rib, pero even­tual­mente fue quita­da cuan­do Nabu­codonosor destruyó la ciu­dad (ver el retiro de la pres­en­cia y de la glo­ria de Jehová en Eze 11:22–25). Con el retiro de la pres­en­cia de Jehová como una cubier­ta, el pueblo fue deja­do solo con sus pro­pios medios – ellos miraron hacia la casa de armas del bosque, el arse­nal lev­an­ta­do por Salomón (1 Rey 7:2; 10:17) donde fueron alma­ce­nadas las armas.

      9–11 Las bre­chas desar­rol­ladas en la ciu­dad de David – tan­to debil­i­dades lit­erales en las mis­mas pare­des  como el decaimien­to del carác­ter moral del pueblo, que habían per­mi­ti­do la glo­ria espir­i­tu­al de Sion para debil­i­tar y man­char. En con­jun­to demasi­a­do tarde ellos empezaron a hac­er esfuer­zos para man­ten­er el cer­co con­struyen­do tan­ques de alma­ce­namien­to de agua entre los muros y con­tan­do las casas, der­riban­do lo que podría ser guarda­do y usan­do las piedras para reparar los muros. Pero esto no era toda la ganan­cia. El error de los pueb­los esta­ba en su fal­la de mirar hacia Jehová, la fuente de pro­tec­ción y de lib­eración, el úni­co que había deter­mi­na­do su destruc­ción si ellos le vol­te­a­ban la espal­da a Él (ver Deut 28:15–68).

      12 Al con­tin­uar con el per­fec­to proféti­co, el pro­fe­ta dice, en este día – el “día de tur­bación” de los vers 5–11 – Jehová llamó al pueblo al arrepen­timien­to. Este arrepen­timien­to iba a encon­trar expre­sión en el llan­to, en las ende­chas, en la desvin­cu­lación del pelo o raparse el cabel­lo, y en vestirse con cili­cio; todas estas acciones demues­tran con­tri­ción del espíritu.

      13 Pero en lugar de arrepen­timien­to, el Señor mira gozo y ale­gría, matan­do vacas y degol­lan­do ove­jas, comien­do carne y bebi­en­do vino. El lla­ma­do pro­du­jo un efec­to opuesto que refle­jó el ver­dadero carác­ter del pueblo. Su acti­tud total era, Comamos y bebamos, porque mañana morire­mos. Delitzsch obser­va, “Esto no impli­ca que ellos sin­tier­an algún plac­er con la idea de la muerte, sino que indi­ca un amor de la vida que se burla de la muerte” (I. 396). Smith dice, “Por la mitad de una cen­turia [durante la pro­fecía de los pro­fe­tas] este pueblo había ado­ra­do a Dios, pero ellos nun­ca habían con­fi­a­do en Él más allá de los límites de su pacto y de su sal­va­guardia” (I. 329). De esta man­era cuan­do eso en lo que ellos creyeron se der­rum­bó, su religión tam­bién se der­rum­bó; ellos aho­ra dieron cabi­da a la disi­pación sen­su­al y a la rebeldía.

      14 La mofa que aten­ta con­tra el cas­ti­go y la apelación de Dios será per­don­a­do; trae la muerte. El Señor Jehová de los ejérci­tos rev­eló a los oídos del pro­fe­ta, este peca­do no os será per­don­a­do has­ta que muráis. El pueblo había cometi­do un peca­do imper­don­able que podría ser expi­a­do solo por la muerte de la nación.

      Como sug­e­r­i­mos en la intro­duc­ción de este capí­tu­lo, el pro­fe­ta no está descri­bi­en­do el cer­co de Jerusalén por ya sea Sena­que­rib o por Nacu­bodonosor, sino la condi­ción gen­er­al del corazón del pueblo entre aque­l­los dos sitios, la apelación urgente de Jehová, y la destruc­ción final de la nación por parte de Babilo­nia.

La Fal­ta de los May­or­do­mos (vers 15–25)

15 Como ha sido obser­va­do por numerosos comen­taris­tas, esta pro­fecía en con­tra de Seb­na es la pro­fecía solo de Isaías con­tra un indi­vid­uo (a menos que con­sid­er­e­mos la parte ante­ri­or de esta sec­ción una pro­fecía con­tra Eli­aquim). Dri­ver sug­iere que Seb­na era prob­a­ble­mente un sirio (p. 102). El ejem­pli­fi­ca el espíritu car­nal del peri­o­do: lujuria, ostentación, y el deseo de glo­ria per­son­al. Aun cuan­do él tuvo un carác­ter históri­co, tam­bién per­son­ifi­ca el espíritu gen­er­al de la ambi­ción políti­ca de ese tiem­po (el espíritu del pueblo durante este perío­do ya ha sido expuesto en los vers 1–14). Seb­na es descrito como el tesorero o may­or­do­mo que está sobre la casa, aparente­mente un ofi­cio de gran impor­tan­cia y enver­gadu­ra, que es orig­i­na­do con la orga­ni­zación de Salomón de su gabi­nete políti­co y con­tin­uó en lo suce­si­vo (1 Rey 4:6; 2 Rey 15:5). La des­ti­tu­ción de Seb­na es aparente en Isa 36:3 y en 37:2, donde él habló de cómo el “escri­ba” o cro­nista, segun­do de Eli­aquim. Si Eli­aquim, que sucedió a Seb­na, no fue de hecho cul­pa­ble de nepo­tismo, él fue por lo menos fuerte­mente adver­tido en con­tra de ello. El nepo­tismo involu­cra ya sea mirar solo por la famil­ia inmedi­a­ta de alguien y no por el bien­es­tar de la mis­ma nación, o per­mi­tir que los miem­bros de una famil­ia ascien­dan por el camino de una posi­ción.

      16 El lengua­je de Isaías indi­ca fuerte oposi­ción mien­tras él viene osada­mente a Seb­na y pre­gun­ta tajan­te­mente, ¿Qué tienes tú aquí, o a quién tienes aquí, que labraste aquí sepul­cro para ti, como el que en lugar alto labra su sepul­tura, o el que esculpe para sí mora­da en una peña? El lengua­je parece retar al dere­cho de Seb­na a man­ten­er en alto el ofi­cio. Al esculpir un memo­r­i­al para si mis­mo, una tum­ba elab­o­ra­da en lugar alto, en un lugar más promi­nente, él ha usa­do extremada­mente mal su ofi­cio. El que se cree que es el din­tel de la tum­ba de Seb­na con­tiene “la ter­cera inscrip­ción mon­u­men­tal más grande en el hebreo arcaico.”[1]

      17 El viejo dicho, “El hom­bre pro­pone, pero Dios dispone,” es ver­dad en el caso de Seb­na. Él había pen­sa­do ser enter­ra­do en Jerusalén en el esplen­dor; Jehová tenía otros planes. La pal­abra de intro­duc­ción He aquí enfa­ti­za la impor­tan­cia de lo que sigue. Como un hom­bre fuerte, Jehová se man­ten­drá firme con­tra él y se lo lan­zará.

      18 Como un vien­to podría enrol­lar un obje­to en una bola que puede ser asi­da, Jehová enrol­lará a Seb­na y lo echará fuera de la tier­ra a una tier­ra exten­sa, un país extran­jero, un país en el que rodará como una bola y morirá. La cláusu­la y allá estarán los car­ros de tu glo­ria se refiere a la ostentación a las man­eras lujosas de Seb­na de mane­jar en la ciu­dad y en el país en car­ros osten­tosos, así hoy uno podría dar más impor­tan­cia a los automóviles lujosos que a hac­er su tra­ba­jo. Él se ha glo­ri­a­do en los car­ros, pero la vergüen­za ven­drá a él como él ha sido la vergüen­za de la casa de su señor. Aun cuan­do no hay reg­istro de cuan­do o a que país fue lle­va­do, sabe­mos que a menos que él se arre­pin­tiera, evi­tan­do entonces el cas­ti­go, él fue segu­ra­mente dester­ra­do.

      19 Una vez más Jehová enfa­ti­za lo que sig­nifi­ca que Él arro­ja a Signa: Y te arro­jaré de tu lugar, y de tu puesto te empu­jaré. Repeti­da­mente es demostra­do enla Escrit­u­ra que Jehová lev­an­tará y envilece a los hom­bres; todos están en Su mano.

      20–21 Cuan­do Jehová des­ti­tuya a Seb­na, Él ten­drá a un hom­bre lis­to para tomar el papel que Seb­na debería haber cumpli­do. Al con­tin­uar dirigién­dose a Seb­na, el Señor habla de Eli­aquim, el hijo de Hilcías, como mi sier­vo, un títu­lo de hon­or que des­igna a alguien que ya era sier­vo de Jehová, habit­ual­mente lle­van­do a cabo la vol­un­tad del Mae­stro. Cuan­do el comi­sion­a­do del rey Eli­aquim se reúne más tarde con Rab­saces (un ofi­cial de alto ran­go en el ejérci­to de Sena­que­rib), él está hablan­do de cómo alguien “sobre la casa” mien­tras que Seb­na es referi­do como el “escri­ba” (36:3; 37:2). Es incier­to si la expre­sión, y lo vestiré de tus vestiduras, y lo ceñiré de tu tal­abarte, que es dirigi­do a Seb­na, se refiere a un tipo par­tic­u­lar de vestidu­ra usa­da por alguien de su ran­go o es una metá­fo­ra – Dios vestirá a Eli­aquim con la posi­ción de nobleza de Seb­na. El cin­turón sug­iere que Eli­aquim será afir­ma­do (o ceñi­do) en el ofi­cio; Jehová dará el poderoso gob­ier­no ejer­ci­do por Seb­na en las manos de Eli­aquim. Además de esto el Señor dice, y será padre al morador de Jerusalén, y a la casa de Judá. Ser un padre al pueblo sug­iere un cuida­do pro­tec­tor ejer­ci­do por amor y tienen que ver con aque­l­los con­fi­a­dos en man­ten­er a alguien. Como José fue un padre para el faraón (Gén 45:8), y Job “a los men­es­terosos era padre” (Job 29:16), así Eli­aquim lo era para el pueblo y para la nación.

      22 Es dudoso si la expre­sión, Y pon­dré la llave de la casa de David sobre su hom­bro, tiene ref­er­en­cia a una llave lit­er­al para el pala­cio del rey o para la ciu­dad; más prob­a­ble­mente se refiere a las respon­s­abil­i­dad para ejercer el poder del ofi­cio con­fi­a­do a él. Su orde­namien­to será final; cuan­do él abre nadie cier­ra, y cuan­do él cier­ra, nadie abre – una indi­cación del poder de su ofi­cio para hac­er deci­siones defin­i­ti­vas. La pro­fecía no parece ser mesiáni­ca, aunque si bien Jesús usó la frase rela­cio­nan­dola con Él mis­mo (Apoc 3:7). Tan­to Jesús como Eli­aquim tienen autori­dad para atar o desa­tar a lo cual nadie tiene el dere­cho de alter­ar. La autori­dad de Jesús es abso­lu­ta; Eli­aquim, sin embar­go, está suje­to al rey.

     23–24 Eli­aquim fue el escogi­do de Jehová para el ofi­cio. Su sier­vo al que Él vestiría con poder y al que Él consignaría la llave de David. En este pun­to Jehová parece estar hablan­do a Seb­na; el resto del capit­u­lo podría estar hablan­do tam­bién a él, pero está defin­i­ti­va­mente hablan­do para el ben­efi­cio de Eli­aquim. Es una adver­ten­cia del ries­go que él encon­trará de su famil­ia. Y lo hin­caré como cla­vo (o clav­i­ja) en lugar firme (seguro). Las clav­i­jas son mane­jadas en pare­des macizas para agar­raderas de vesti­dos o recip­i­entes. Eli­aquim ocu­pará un lugar impor­tante y tiene respon­s­abil­i­dad de que el pueblo se apoye fuerte­mente. Y será por asien­to de hon­ra a la casa de su padre. El hon­or de la casa de su padre, que has­ta la fecha parece haber sido insignif­i­cante, será refle­ja­do en él y atraerá a muchos pari­entes a él. Con­tra esto él está adver­tido de ser un guar­da en todo momen­to. Debido a la glo­ria para él y para la casa de su padre, los hijos y los nietos, lo dig­no y lo indig­no, todos los vasos menores, des­de las tazas has­ta toda clase de jar­ros, des­de las pequeñas copas has­ta las grandes botel­las de vino o las jar­ras, bus­carán jun­tarse ellos mis­mos a él. Ellos bus­carán par­tic­i­par y sacar prove­cho de su hon­or y de su glo­ria col­gán­dose ellos mis­mos sobre él.

      25 Parece del todo improb­a­ble que el pro­fe­ta ten­ga a Seb­na en mente (como algunos sug­ieren), porque Eli­aquim es el cla­vo suje­to en un lugar seguro. No es seguro que Eli­aquim se rindió a la pre­sión de los esfuer­zos de su famil­ia de encum­brarse a la dis­tin­ción sobre las bases de su posi­ción. Él es sim­ple­mente adver­tido del ries­go del nepo­tismo. Es más prob­a­ble que lo que Jehová está acen­tuan­do aquí es que el sis­tema total del que Seb­na y Eli­aquim son parte (algunos sir­ven en este sis­tema hon­or­able­mente y otros deshon­rosa­mente) even­tual­mente ven­drán a un fin. Y la car­ga (ver vers 1) que sobre él se puso se echará a perder; porque Jehová habló. Con la veni­da del Mesías, que recla­mará lo que se le fue dado a Eli­aquim (Apoc 3:7), lo antiguo será quita­do y da for­ma a lo nue­vo. El Mesías ase­gu­rará el reino y todas las cosas de él para Jehová.

      Entonces parece que la car­ga del capí­tu­lo 22 es genéri­co: se ocu­pa de la nación y de la ciu­dad como un todo. Describe el juicio final de Jerusalén (vers 1–14) y el final de todos sus gob­er­nantes, los que no lo con­sid­er­aron y que no son hon­or­ables. Cuan­do el propósi­to de Jehová es cumpli­do en su sier­vo por venir, todo pasará.



[1]  Zon­der­van Pic­to­r­i­al Enci­clo­pe­dia of the bible, vol. 5, p. 381.

Capí­tu­lo 22 El Valle de la Visión, Jerusalén

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  • El Peri­o­do Asirio: Con­flic­to y Vic­to­ria (1–39)
  • Pro­fecías de Juicio en Con­tra de Naciones Indi­vid­uales

(13–23)

El capí­tu­lo 21 con­tiene tres gru­pos de car­gos respec­ti­va­mente con­tra Babilo­nia, Edom, y Ara­bia. Estos son segui­dos por un cuar­to, el car­go en con­tra de Judá (cap 22). La fecha de estos tres car­gos es incier­ta.

Babilo­nia, el desier­to del mar (vers 1–10)

Un breve resumen del tras­fon­do podría ayu­darnos en la inter­pretación de esta pro­fecía bas­tante inusu­al y difí­cil. A la muerte de Salmanas­er V (722 o 721 A.C.) Mero­dac-bal­adan declaró la inde­pen­den­cia de Babilo­nia de Asiria; pero en el 710 A.C. Sargón II guió a una cam­paña exi­tosa con­tra la ciu­dad, quien lo recibió como un lib­er­ta­dor. En el 703 A.C. Mero­dac-bal­adan hizo otra prop­ues­ta por el poder. Sus emba­jadores envi­a­dos para con­grat­u­lar a Eze­quias sobre la recu­peración de una seria enfer­medad podría haber sido un inten­to por ganar ese apoyo del rey (2 Rey 20:12–18; Isa 39) En el 700 A.C. Sena­que­rib armó una ofen­si­va may­or en con­tra de Babilo­nia. Una expe­di­ción más en el 700 A.C. llevó a un ase­dio de nueve meses que resultó en la con­quista y el saqueo de la ciu­dad. Ensegui­da del asesina­to de Sena­que­rib, su hijo Esaradon gob­ernó el impe­rio (681–669 A.C.). Él recon­struyó Babilo­nia y le dio un gob­ier­no algo estable. Pero de nue­vo bro­taron los prob­le­mas entre Asiria y Babilo­nia, cau­san­do que Asur­ba­n­i­pal avan­zará sobre Babilo­nia (651 A.C.) y la acosará por tres años. En la deses­peración el rey de Babilo­nia prendió fuego a su pala­cio y pere­ció en las fla­mas. En el 626 A.C. Nabopalasar, un caudil­lo en Caldea, limpio a Babilo­nia de los asirios y fue nom­bra­do rey. En el 612 A.C., Nínive fue toma­da y destru­i­da. A la muerte de Nabopalasar, su hijo Neb­u­cad­nezar subió al trono. Gob­ernó has­ta el 562 A.C., él hizo de Babilo­nia una de las bel­las ciu­dades del mun­do. Fue su últi­mo rey poderoso. En el 539 A.C. Ciro tomó la ciu­dad. Aunque él no destruyó la ciu­dad, él tra­jo al impe­rio a su fin. Babilo­nia sigu­ió sien­do una ciu­dad de algu­na impor­tan­cia, pero empezó a dec­li­nar lenta­mente. A la muerte de Ale­jan­dro el Grande, que había planea­do recon­stru­ir­la, la dec­li­nación se hizo más ráp­i­da. Nosotros sabe­mos, sin embar­go, que cuan­do el após­tol Pedro escribió su primera epís­to­la, Babilo­nia aun existía (5:13).

La Visión Dura (vers 1–5)

      1 Aunque no es extrav­a­gante en el uso de nom­bres sim­bóli­cos, Isaías los usa oca­sion­al­mente. Por ejem­p­lo, Etiopía es “la tier­ra que hace som­bras con las alas” (18:1); Edom es “Duma” (21:11), que en hebreo es “silen­cio” – el silen­cio de la muerte (Sal 94:17; 115:17); Jerusalén es “Ariel,” ciu­dad donde habitó David (29:1); y Egip­to es “Rahab,” tor­men­ta o arro­gan­cia (30:7). Así aquí Babilo­nia es el desier­to (o tier­ra incul­tivable) del mar. El des­ti­no de destruc­ción de Babilo­nia ha sido ya declar­a­do por el pro­fe­ta (13:20–22; 14:23) y será pos­te­ri­or­mente descri­ta en el capí­tu­lo 47. El sig­nifi­ca­do de la frase se hace algo más claro en el anun­cio de Jere­mías del juicio de Jehová sobre Babilo­nia: “Tú, la que moras sobre muchas aguas…ha venido tu fin” (51:13). Juan dice que las “muchas aguas” en las que la Babilo­nia de su pro­fecía se sien­tan son “pueb­los, muchedum­bres, naciones y lenguas” (Apoc 17:15), que parece ser el sig­nifi­ca­do en Jere­mías. Jere­mías dice más ade­lante “sequedad sobre sus aguas, y se secarán; porque es tier­ra de ído­los, y se enton­te­cen con imá­genes” (50:38), y “subió el mar sobre Babilo­nia; de la mul­ti­tud de sus olas fue cubier­ta. Sus ciu­dades fueron aso­ladas, la tier­ra seca y desier­ta, tier­ra en que no morará nadie, ni pasará por ella hijo de hom­bre” (51:42–43). Una tier­ra incul­tivable o un desier­to podría ser ya sea un lugar seco y des­o­la­do (27:10; Deut 32:10), o un lugar de dis­ci­plina (el desier­to de Sinaí). En este caso el desier­to que será el des­ti­no de Babilo­nia es un lugar baldío y des­o­la­do. Como tor­belli­no del Negueb (del sur), aque­l­los vien­tos fieros fuera de Palesti­na que traían are­na y destruc­ción y con la que los judíos esta­ban total­mente famil­iar­iza­dos, el ago­b­io de Babilo­nia ven­dría del desier­to, de la tier­ra hor­ren­da. Lo que esta­ba por venir era el cumplim­ien­to de las visiones dolorosas o duras del vers 2.

      2 La visión dura declar­a­da por Jehová al pro­fe­ta serán dolorosas en su cumplim­ien­to. Los pre­var­i­cadores que pre­var­i­can, el destruc­tor que destruye, es con prob­a­bil­i­dad Babilo­nia (ver cap 47; Hab 1:5–11; 2:4–19). El tor­belli­no que ven­gará la destruc­ción en ella es Elam y Media (ver 13:17), que esta­ba ya sea al ser­vi­cio de los asirios (ver arri­ba un breve resumen de la his­to­ria) o al ser­vi­cio de Ciro. Este juicio con­tra Babilo­nia causa que el gemi­do de los pueb­los oprim­i­dos, espe­cial­mente Judá, cese; el juicio en con­tra de Babilo­nia provee la lib­eración para el pueblo de Dios.

      3–4 Hay una pre­gun­ta sobre si los sigu­ientes dos ver­sícu­los describe la sim­patía que la visión des­pertó en el pro­fe­ta por el pueblo siti­a­do y destru­i­do o el efec­to físi­co actu­al de la visión sobre él. Sus lomos se han llena­do de dolor; angus­tias como de una mujer en par­to han caí­do sobre él; él está tan dolori­do que no puede oír y tan espan­ta­do que no puede ver. El hor­ror de la visión le ha intim­i­da­do tan­to que su corazón se pas­ma; la noche de su deseo (la pues­ta del sol, el final del día) que él había desea­do para Babilo­nia se le con­vir­tió en espan­to. El efec­to no había sido antic­i­pa­do así por él. Cier­ta­mente no había ale­gría por parte del pro­fe­ta en la antic­i­pa­da destruc­ción de Babilo­nia; él debería haber esta­do lleno con un sen­ti­do de com­pasión por el sufrim­ien­to del próji­mo. No obstante, puesto que otros hom­bres de Dios fueron afec­ta­dos físi­ca­mente por visiones que se les dieron – por ejem­p­lo, Eze­quiel (1:28; 3:23), Daniel (8:27; 10:8–9; 15–17); Saulo de Tar­so (Hech 9:3–9), y Juan (Apoc 1:17) – es del todo posi­ble que Isaías esté descri­bi­en­do los efec­tos físi­cos de la visión sobre él.

      5 El pro­fe­ta regre­sa al ase­dio intro­duci­do en el vers 2. La ciu­dad en ningún modo podría esper­ar un ase­dio o hac­er prepara­ciones para él. Ellos preparan mesas para ban­quete; “ellos extien­den tapices” (al mar­gen) para los ban­quetes para recli­narse; comen, beben en una fal­sa seguri­dad. Entonces viene el lamen­to: ¡Lev­an­taos, oh príncipes, ungid el escu­do!, porque la batal­la está cer­ca; ¡prepárate para el con­flic­to! ¿Isaías tiene a la vista un ase­dio en par­tic­u­lar o var­ios de los ase­dios men­ciona­dos en el resumen de arri­ba? ¿Es una descrip­ción de la caí­da de la ciu­dad a manos del ejérci­to de Ciro (Daniel 5)? ¿O es una descrip­ción gen­er­al que resume los muchos ataques que cul­mi­naron en la destruc­ción final de la ciu­dad? Segu­ra­mente es una descrip­ción vívi­da de la destruc­ción final que vino a la ciu­dad.

El cen­tinela y su mis­ión (vers 6–10)

 

      6 Algu­nas difi­cul­tades son elim­i­nadas si uno mantiene en mente que el con­tex­to es una visión rev­e­la­da al pro­fe­ta. El pro­fe­ta está estable­cien­do a un cen­tinela que, en la visión, puede ver los acon­tec­imien­tos de Caldea y de sus veci­nos aun des­de la fron­tera de Judá a través del desier­to de Ara­bia. El cen­tinela debe repor­tar lo que él ve, man­te­nien­do infor­ma­do al pueblo (o al pro­fe­ta) lo que se está desar­rol­lan­do.

      7 El cen­tinela se le dijo lo que el iba a obser­var: Y vio hom­bres mon­ta­dos, jinetes de dos en dos, cabal­gan­do dos, uno al lado del otro, mon­ta­dos sobre asnos, mon­ta­dos sobre cabal­los; y miró más aten­ta­mente. Estos ani­males no solo eran para cabal­gar y para trans­portar car­gas, eran tam­bién usa­dos para con­fundir a las tropas ene­mi­gas y lan­zar­los a un esta­do de des­or­den. Delitzsch dice, “Entonces Ciro ganó la vic­to­ria sobre los de Lidia por medio del gran número de sus camel­los (Herod. 1.80), y Dario His­taspis la vic­to­ria sobre los de Esci­ta por medio del número de asnos  que él usó (Herod. iv.129)” (I.381). El cen­tinela debe escuchar con aten­ción, esforzarse des­de tem­pra­no, luchar por oír. Pero parece que él ve solo un ejérci­to fan­tas­ma, silen­cioso como la muerte, qui­eto como la noche, movién­dose como som­bras a través del hor­i­zonte. Hay un aire de mis­te­rio alrede­dor de la esce­na; no hay una reseña de a donde van las tropas o de donde vinieron. Solo podemos deducir que es el ejérci­to en su camino para destru­ir Babilo­nia.

      8 Las pal­abras y gritó como un león pre­sen­ta muchas difi­cul­tades. ¿Cuál es su sig­nifi­ca­do? Algunos comen­taris­tas creen que el gri­to del vig­i­lante es como el de un pas­tor que ve a un león aprox­imán­dose. Otros sostienen que cuan­do el cen­tinela ve al ene­mi­go, él gri­ta con el rugi­do de un león como si lo fuera. Algunos pien­san que el cen­tinela está que­ján­dose ante Jehová al igual que con un pequeño gruñi­do: Señor, sobre la ata­laya estoy yo con­tin­u­a­mente de día, y las noches enteras sobre mi guar­da. Young (tam­bién Clements) señalan que la pal­abra león no está pre­sente en los man­u­scritos de los Rol­los del Mar Muer­to de Isaías; con­se­cuente­mente, Young lo omite de su tra­duc­ción. El gri­to, Señor, podría indicar que el cen­tinela es el pro­fe­ta mis­mo repor­tan­do. En cualquier for­ma que inter­prete­mos el ver­sícu­lo, la idea de que el cen­tinela está que­ján­dose ante Jehová es la menos atrac­ti­va.

      9 Al final la vig­ilia del cen­tinela es rec­om­pen­sa­da, porque él mira una tropa de hom­bres y de jinetes. ¿Es esto lo que él iba a bus­car, o es un segun­do con­tin­gente? Es prob­a­ble que está sea la tropa que él esta­ba bus­can­do (vers 6–7). Si es una segun­da tropa, es el ejérci­to vic­to­rioso regre­san­do después del ase­dio a la ciu­dad. De todos mod­os, él oye aque­l­lo por lo que él había esta­do esperan­do: Cayó, cayó Babilo­nia; y con ella caen todos los ído­los de sus dios­es que­bran­tó en tier­ra. Esto no indi­ca nece­sari­a­mente que el con­quis­ta­dor ha destru­i­do las imá­genes, sino que el poder de Jehová ha tri­un­fa­do y que los dios­es sin poder de los grandes reinos paganos han sido traí­dos a la nada – son der­rib­a­dos. Var­ios escritores han sug­eri­do que esta pro­fecía es una pre­moni­ción de los even­tos de los capí­tu­los 40–66 – la caí­da de los ído­los paganos, la lib­eración del pueblo de Dios, y el tri­un­fo de la causa de Jehová. Parece ser todo eso.

     10 Hay una pre­gun­ta sobre si pueblo mío, tril­la­do y aven­ta­do se refiere a Babilo­nia o a Israel. Aunque Jehová colo­ca la declara que toda la tier­ra le per­manece (Deut 10:14; Sal 24:1), y en este sen­ti­do Babilo­nia Le pertenece, y aunque Él habla de la reunión de las naciones (que incluiría a Babilo­nia) en la era (Miq 4:11–13), en este pasaje pueblo mío parece referirse a Judá. Porque Jehová dijo, “La hija de Babilo­nia es como una era cuan­do está de tril­lar; de aquí a poco le ven­drá el tiem­po de la sie­ga” (Jer 51:33). Después de que Jehová haya sido tril­la­da y aven­ta­da por Jehová, y así obten­ga Él su gra­no, el piso (Babilo­nia) será destru­i­da. El pro­fe­ta declara aho­ra que él ha sido autén­ti­co a su comisión; él ha declar­a­do el men­saje tan­to de Babilo­nia como de Judá.

El Ago­b­io de Edom (vers 11–12)

 

      11 Duma, que en hebreo es “silen­cio” (Sal 94:17; 115:17), el silen­cio de la muerte, se refiere a Edom, la tier­ra al sur del Mar Muer­to. Seir es en la opinión de algunos la región mon­tañosa al este de la Ara­bia Wadi y para otros podría ser, o podría incluir, el este mon­tañoso de Ara­bia. Lo últi­mo es prob­a­ble­mente cor­rec­to. Seir y “la tier­ra de Seir” lle­garon a describir la tier­ra de los edomi­tas. Seir, “el monte de Esaú” (Abd 8), parece haber sido para Edom lo que Sión fue para Israel (ver Abd 17). Des­de este monte alguien da voces, Guar­da, ¿qué de la noche? Guar­da, ¿qué de la noche? Ni aquel que da voces ni el guar­da es iden­ti­fi­ca­do; el dar voces sim­boliza la pro­fun­da ansiedad y la mis­e­ria de la nación, en tan­to que el guar­da es el rep­re­sen­tante de Jehová, , el úni­co que puede dar respues­ta a la pre­gun­ta. Recuerde que esto es una visión, no un even­to lit­er­al. Una tra­duc­ción que expre­sa mejor lo rela­ciona­do a esta pre­gun­ta es, “¿Has­ta cuán­do durará la noche? (Smith), o ¿Has­ta donde lle­gará la noche?” (Delitzsch). ¿Cuán­to per­manecerá la noche? Nos recuer­da de alguien que sufre o de una per­sona enfer­ma que, en la inqui­etud de la noche, pre­gun­ta con­tin­u­a­mente que hora es o cuan­to tiem­po fal­ta para que amanez­ca.

      12 La respues­ta es vaga, oscu­ra: La mañana viene, y después la noche – cuan­do viene la mañana, aun será de noche, o seguirá la noche. Cuan­do viene el amanecer, habrá unos pocos rayos de luz por solo un momen­to; seguirá la noche. Edom es un pueblo des­ti­na­do al silen­cio de la noche de la muerte. La sigu­iente fase de la respues­ta es igual­mente oscu­ra: pre­gun­tad si queréis, pre­gun­tad; volved, venid. Edom es una nación que está des­ti­na­da a ser “cor­ta­do para siem­pre” (Abd 10); solo aque­l­los que ten­gan refu­gio en el monte de Sión escaparán (Abd 17). La noche ven­dría después sobre la nación – Asiria, Babilo­nia, Roma – has­ta que final­mente, alrede­dor del tiem­po de la destruc­ción de Jerusalén en el 70 D.C., ellos ya sea que fueron lle­va­dos sin rum­bo o fueron con­duci­dos al desier­to donde se perdieron de vista por com­ple­to. Entonces, si el que pre­gun­ta desea regre­sar, ten­drá que hac­er­lo que hac­er­lo con un corazón cam­bi­a­do, bus­can­do a Jehová enla Sión espir­i­tu­al. De otra for­ma, el silen­cio de la muerte será para siem­pre.

El Ago­b­io sobre Ara­bia (vers 13–17)

 

      13 Ara­bia, que sig­nifi­ca “desier­to” o “estepa,” es el nom­bre dado a la penín­su­la que está al ori­ente de Palesti­na y del Mar Rojo. La penín­su­la más larga en el mun­do, cubre un área de aprox­i­mada­mente un mil­lón de mil­las cuadradas. El pueblo de Ara­bia era cono­ci­do como “los hijos del ori­ente” (Jue 6:3; 7:12), y eran recono­ci­dos por su sabiduría (1 Rey 4:30; Abd 8; Job y sus ami­gos). Es incier­to que tan­to del área es inclu­i­da en la pro­fecía de Isaías, él se está refirien­do prob­a­ble­mente al poniente inmedi­a­to y al área cen­tral y a la sec­ción del norte. El tiem­po fue tal que debido a la guer­ra, prob­a­ble­mente las inva­siones por parte de los asirios, los  cam­i­nantes de Dedán tuvieron que dejar sus rutas de via­je, replegán­dose por refu­gio al área de mator­rales por delante del camino. La local­ización exac­ta de Dedán es incier­ta, pero era prob­a­ble­mente un oasis en el ori­ente dela Ara­bia Cen­tral sobre las rutas com­er­ciales de los pueb­los de Seba, Tema, y Buz.

      14–15 Las condi­ciones eran tales que los con­duc­tores de car­a­vanas no podrían acam­par en lugares y de man­era clara­mente vis­i­bles, así que el pueblo de Tema, cautelosa­mente les traía agua para sus sedi­en­tos y pan para ten­er vida propia. Este era uno de los oasis más grandes en la comar­ca gen­er­al. La razón de la pre­cau­ción es clara­mente indi­ca­da: Porque ante la espa­da huye (plur­al, sugirien­do el flu­jo abru­mador de los inva­sores), ante la espa­da desnu­da, ante el arco ates­ta­do, ante el peso de la batal­la.

      16 Esta ayu­da a los fugi­tivos será cor­ta­da rápi­do. El Señor rev­ela que el tiem­po está cer­ca: De aquí a un año, seme­jante a años de jor­nalero. Esto indi­ca un peri­o­do defin­i­ti­vo, porque el patrón nun­ca deman­da menos, y el emplea­do nun­ca da más, que el tiem­po acor­da­do, un tiem­po exac­to. Toda la glo­ria de Cedar – el poder mil­i­tar, la riqueza, y la influ­en­cia – será desecha. Cedar es nom­bra­da alrede­dor de una doce­na de veces en el Antiguo Tes­ta­men­to. Un pueblo en el norte de Ara­bia, fue en un tiem­po una tribu poderosa, una fuerza a ser con­fronta­da; pero en los con­flic­tos con Asiria y con Babilo­nia fue muy debil­i­ta­da. Lo que el pro­fe­ta tiene a la vista prob­a­ble­mente ocur­rió durante una vez o más de las inva­siones asirias en el poniente.

      17 La glo­ria no será total­mente destru­i­da, sin embar­go, porque el pro­fe­ta pro­cede a decir que los flecheros y los hom­bres mil­i­tar­mente poderosos serán reduci­dos. El des­ti­no de Ara­bia esta­ba garan­ti­za­do, porque Jehová Dios de Israel lo ha dicho. Babilo­nia com­ple­taría lo que Asiria había ini­ci­a­do, porque Jehová diría más tarde a Nabu­codonosor y a su ejérci­to, “Lev­an­taos, sub con­tra Cedar, y destru­id a los hijos del ori­ente” (Jer 49:28). El silen­cio de la muerte descen­dería sobre Ara­bia como lo hizo sobre Edom; la noche ven­dría final­mente.

Capí­tu­lo 21. Babilo­nia, Duma, y Ara­bia

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