Intro­duc­ción:  

Puede descar­gar el ser­món en PDF(¿Cree que ust­edes son los úni­cos que irán al cielo)

1. Esta es una pre­gun­ta que se hace con fre­cuen­cia cuan­do se tiene pre­juicios en con­tra de la religión, y en espe­cial en con­tra de la Igle­sia de Cristo.

2. Esta pre­gun­ta despier­ta emo­ciones fuertes, ini­cia dis­cu­siones fuertes y ha cer­ra­do mentes. Quizás esta pre­gun­ta ha caí­do bajo la som­bra de “dis­cu­siones necias”. (1 Tim. 6:3–4; 2 Tim. 2:23–24)

3. Sin embar­go, esta la mis­ma pre­gun­ta que los dis­cípu­los le hicieron a Cristo, “¿Quién, entonces puede ser sal­vo?” (Mat. 19:25).

a. Debe­mos siem­pre estar prestos para dar una “respues­ta a cualquiera que demande una razón de la esper­an­za que está en nosotros.” (1 Ped. 3:15)

b. Esta pre­gun­ta invi­ta la dis­cusión acer­ca de varias doc­tri­nas esen­ciales, i.e., la igle­sia, sal­vación, y el cielo.

4. Es apropi­a­do a dis­cu­tir (Luc. 24:32), inves­ti­gar (Hechos 17:11), y eval­u­ar (Isaías 1:18) cosas con­cerniente al alma eter­na.

5. ¿De cuál otra man­era podemos “pro­bar todas las cosas” y reten­er lo que es bueno? (1 Tes. 5:21)

6. Deje­mos las emo­ciones a un lado y sim­ple­mente apelar a la Pal­abra de Dios.

 

I. Algunas verdades básicas

A. Dios desea que todos se sal­ven (1 Tim. 2:4). Él no favorece a ningu­na nación, grupo. sexo o indi­vid­ua. Ama a todos igual y com­ple­ta­mente (Juan 3:16).

B. Jesús murió para que todos se sal­varan (Juan 3:17; 2 Cor. 5:14–15).

C. La gra­cia está disponible a todos (Tito 2:11).

D. El cielo tiene lugar para todos (Apoc. 21:11–27).

E. El Señor conoce a los suyos (2 Tim. 2:19). Y por esta razón nadie quien debe sal­varse se perderá.

F. Como Sal­vador, Cristo el quien declara quién, cuán­do y dónde Él sal­va (1 Tes. 5:9; Tito 2:11).

G. La casa de Dios será juz­ga­da, pero tam­bién los que no están den­tro de ella (1 Ped. 4:17–18).

H. Aunque debe­mos hac­er algunos juicos (Juan 7:24); debe­mos ten­er cuida­do a no juz­gar injus­ta­mente o sin amor (Mat. 7:1).

I. La Pal­abra es la úni­ca guía para el alma (Salmos 73:24; Mat. 4:4), el cian­otipo para la igle­sia (Ex. 39:42–43), y es la autori­dad final en la religión (Prover­bios 19:21).

J. Las escrit­uras están alcance de todos para leer, enten­der­la, obe­de­cer­la y sal­varse (Juan 5:39; Heb. 5:9). Las opin­iones pri­vadas no for­man parte de las Escrit­uras (2 Ped. 1:20–21), y no es sola­mente para una sola per­sona-lo que dice es para todos, es uni­ver­sal.

II. ¿Qué tan grande hacemos el círculo de la comunión?

A. Es posi­ble hac­er el cír­cu­lo muy pequeño:

1. No debe­mos excluir a otros del reino (Mat. 23:13)

2. Deman­dar más que lo que Dios requiere (Mat. 23:4)

3. Atar en donde los após­toles no ataron (Mat. 16:19; 18:18)

4. Quitar la lib­er­tar que otros tienen en Cristo (Hechos 15:1;2 Cor. 3:17; Gal. 5:1)

5. En asun­tos de opinión debe­mos perseguir las cosas que hacen la paz (Rom. 14:19)

B. Es posi­ble hac­er el cír­cu­lo muy grande:

1. La sal­vación no es uni­ver­sal. Ilus­tración: COEXISTIR

2. Algunos tienen la idea que Dios acep­ta a todas las reli­giones y dicen, para con­fundir la dis­cusión, “Dios acep­ta a todos”. Sin embar­go, el hecho de que Dios acep­ta a todos no sig­nifi­ca que Él acep­ta a todas las reli­giones, y tam­poco a todos que no se sometan a Él.

3. Jesús enseñó que no debe­mos irnos más allá de lo que Él ha autor­iza­do, ni que desate­mos en donde los após­toles ataron, ni que pense­mos más allá de lo escrito (1 Cor. 4:6).

4. No hay muchas man­eras al cielo, ¡ni mil, ni aun dos! (John 14:6; Mat. 25:31–46; Mat. 7:21–27)

C. ¿En dónde mar­ca Dios el cír­cu­lo?

1. Cualquier cosa que diga Su pal­abra es lo cor­rec­to (salmos 33:4; 2 Tim. 3:16)

2. Deseamos que estén todos los que Dios ha puesto en el cír­cu­lo, ni más ni menos.

3. Real­mente no impor­ta lo que dig­amos, los debates que teng­amos sobre el asunto…al final de cuen­tas lo úni­co que impor­ta es lo que Dios dice.

4. Su con­se­jo inmutable estará firme aunque todo el mun­do esté en Su con­tra (Salmos 2:1–4; Juan 3:36; 12:48).

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Vayamos hacia la per­fec­ción”

 

Intro­duc­ción:  La fal­ta de pro­gre­so.

  1. ¿Cuán­tas veces a desea­do “saber” mucha Bib­lia como otros cris­tianos?
  2. ¿Cómo hemos apren­di­do lo nece­sario para hac­er lo que nos gus­ta?
  3. Dios quiere que crez­camos en lo espir­i­tu­al, y debe­mos hac­er­lo.
  4. Varias exhorta­ciones en el NT para madu­rar en conocimiento/fe
    1. Col. 1:28; “A El nosotros procla­mamos (anun­ci­amos), amon­e­s­tando a todos los hom­bres, y enseñan­do a todos los hom­bres con toda sabiduría, a fin de poder pre­sen­tar a todo hom­bre per­fec­to en Cristo.”
    2. Efe­sios 4:12–15; “a fin de per­fec­cionar a los san­tos para la obra del min­is­te­rio, para la edi­fi­cación del cuer­po de Cristo,13 has­ta que todos llegue­mos a la unidad de la fe y del conocimien­to del Hijo de Dios, a un varón per­fec­to, a la medi­da de la estatu­ra de la plen­i­tud de Cristo; 14 para que ya no seamos niños fluc­tu­antes, lle­va­dos por doquiera de todo vien­to de doc­t­ri­na, por estrat­a­ge­ma de hom­bres que para engañar emplean con astu­cia las arti­mañas del error, 15 sino que sigu­ien­do la ver­dad en amor, crez­camos en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo,”
    3. La pal­abra “per­fec­to” (teleios) no sig­nifi­ca “sin man­cha”, pero sug­iere desar­rol­lo con­tin­uo según nues­tras capaci­dades.
    4. ¿Por qué algunos Cris­tianos se quedan como infantes espir­i­tuales?
      1. Algunos son de doble áni­mo e irres­o­lu­tos.  Nun­ca han estable­ci­do ple­na­mente su leal­tad a Cristo.  Jesús advir­tió, “nadie puede servir a dos mae­stros…” (Mat. 6:24).  Estas per­sonas siem­pre miden la obe­di­en­cia con  los deseos y opor­tu­nidades que com­piten en con­tra de ella.
      2. Algunos basan sus vidas en la emo­ción y cir­cun­stan­cia.  Aque­l­los que fal­lan en desar­rol­las son indis­ci­plina­dos y miden todo por el aquí y hoy, y con sus sen­timien­tos.  Tal cris­tiano es “inestable en todos sus caminos.”  (San­ti­a­go 1:8)
      3. Les fal­ta la ver­dadera fe.  Su ser­vi­cio es sola­mente de labios y ofre­ci­do solo por motivos de hábito, intere­ses sociales, cul­pa­bil­i­dad y otros motives menos nobles.  Esto pro­mueve la vul­ner­a­bil­i­dad a la astu­cia y engaño de los hom­bres (Efe­sios 4:14).
  5. Si no somos capaces de cre­cer vamos a retro­ced­er espir­i­tual­mente (Hebre­os 5:12).  La nat­u­raleza del mun­do y la vida es cor­ro­si­vo.  Lo que no se ejerci­ta se dete­ri­o­ra, incluyen­do la mente.
  6. Cosas que pro­mueven el crec­imien­to espir­i­tu­al
    1. Acti­tud: El cris­tiano debe ten­er ham­bre para cre­cer.  “Bien­aven­tu­ra­dos los que tienen ham­bre y sed de jus­ti­cia, pues ellos serán saci­a­dos.” (Matthew 5:6)  “deseen como niños recién naci­dos, la leche pura de la pal­abra, para que por ella crez­can para sal­vación,”  (1 Peter 2:2).
    2. Estu­di­ar:  No hay sub­sti­tu­to para estu­dio enér­gi­co e indus­tri­al de la Bib­lia (2 Tim. 2:15; Hechos 17:11).  La Bib­lia sí es com­pren­si­ble.  Los que ridi­culizan la Bib­lia son aque­l­los que real­mente no la han estu­di­a­do y sim­ple­mente la hacen a un lado.  Y hay aque­l­los que “siem­pre están apren­di­en­do y nun­ca pueden lle­gar al conocimien­to de la ver­dad.”  (2 Tim. 3:7)
      1. Muchas cosas com­piten por nue­stro tiem­po ded­i­ca­do al estu­dio.  Si dedicamos una hora por sem­ana estu­dian­do la Bib­lia, dedicamos más tiem­po arreglán­donos el cabel­lo, cam­i­nan­do al per­ro, escri­bi­en­do car­tas, hacien­do el aseo de la casa, hablan­do por telé­fono y escri­bi­en­do men­sajes de tex­to, ¡y sin men­cionar vien­do la tele!
      2. El apren­diza­je es un pro­ce­so inher­ente­mente incó­mo­do.  Nues­tras nociones erróneas pueden ser des­cu­bier­tas; ten­dremos que hac­er cam­bios.  Debe­mos dejar “las enseñan­zas ele­men­tales acer­ca de Cristo (el Mesías), avance­mos hacia la madurez (per­fec­ción), no echan­do otra vez el fun­da­men­to del arrepen­timien­to de obras muer­tas y de la fe en Dios,” (Hebre­os 6:1)
      3. El aspec­to más difí­cil de apren­der las escrit­uras es el aplicar los prin­ci­p­ios a situa­ciones de la vida real.  A esto se le lla­ma sabiduría.  Tal sabiduría viene de Dios por medio de la oración (San­ti­a­go 1:5).
  7. La prue­ba: Jamás podremos pro­gre­sar si no somos proba­dos (San­ti­a­go 1:2–4; 2 Cor­in­tios 12:10).
  8. Meta: “Cristo for­ma­do en ust­edes…” (Gal. 4:19).  Ilus­tración:  Apara­to que cues­ta miles de dólares para armo­nizar los col­ores.  Iguala los col­ores a per­fec­ción.  Nues­tra meta debe ser de estu­di­ar la Bib­lia has­ta que nues­tras vidas estén en per­fec­ta armonía a la de Cristo.  Nue­stro deseo debe ser de emu­lar a Cristo, exac­ta­mente.
  9. Coop­er­ar con los ancianos, pred­i­cadores, etc. (Efe­sios 4:11).  Nece­si­ta­mos ayu­da de otros cris­tianos para el crec­imien­to per­son­al.

Con­clusión:  Dios nos conoce mejor que nos cono­ce­mos a sí mis­mos.  Él sabe lo que podemos sopor­tar y que nos puede destru­ir.  Pero debe­mos coop­er­ar con Él y con­fi­ar en Él para que podamos aprovechar de cualquier opor­tu­nidad de crec­imien­to.

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Las Respon­s­abil­i­dades de los Ciu­dadanos

Intro­duc­ción:

  1. Si hay gob­ier­no, como fue dis­cu­ti­do en la sec­ción ante­ri­or, entonces debe ser el que gob­ierne. La Bib­lia nos da instruc­ciones sobre las respon­s­abil­i­dades si él nos gob­ier­na y nos da instruc­ciones sobre las respon­s­abil­i­dades del gob­er­na­do.
  2. Casi ninguno de los que cono­ce­mos lle­gan a ser pres­i­dentes de un país, alcalde, etc., pero la may­oría de nosotros será ciu­dadano de un país.
  3. Los ciu­dadanos deben estar suje­tos al gob­ier­no y, en esta lec­ción ver­e­mos lo que la Bib­lia sobre las respon­s­abil­i­dades de los ciu­dadanos.
  1. La obe­di­en­cia civ­il
    1. ¿Qué sig­nifi­ca vivir bajo la autori­dad civ­il? ¿Cómo debe respon­der el ciu­dadano cris­tiano a las leyes, reg­u­la­ciones y juicios? La Bib­lia nos da un man­damien­to sen­cil­lo: obe­de­cer la ley ter­re­nal.
      1. Romanos 13:1, 2, 5; la obe­di­en­cia civ­il es una respon­s­abil­i­dad clara de un ciu­dadano.
      2. 1 de Pedro 2:13–14; “Por causa del Señor…someteos a toda insti­tu­ción humana…”
      3. No hay lugar para que yo o ust­ed podamos decidir si debe­mos o no debe­mos obe­de­cer la ley ter­re­nal. La Pal­abra de Dios lo deja claro, innegable y direc­ta­mente que debe­mos some­ter­nos a la autori­dad del­e­ga­da del gob­ier­no civ­il. Las deci­siones del gob­ier­no civ­il se lla­man leyes, y Dios nos dice que obe­dez­camos esas leyes.
  2. ¿Por qué obe­de­cer? Romanos 13:5 nos da dos razones: el cas­ti­go y la con­cien­cia.
    1. El cas­ti­go: Romanos 13:4 se refiere a la capaci­dad de gob­ier­no para cas­ti­gar a los infrac­tores.
      1. La obe­di­en­cia “debido al cas­ti­go” es más que la capaci­dad del gob­ier­no para cas­ti­gar. Es debido a que cuan­do des­obe­de­ce­mos las leyes ter­re­nales esta­mos des­obe­de­cien­do a la ley de Dios.
      2. Dios ordenó la obe­di­en­cia al gob­ier­no (Rom. 13:2). “De modo que quien se opone a la autori­dad, a lo estable­ci­do por Dios resiste; y los que resisten, acar­rean con­de­nación para sí mis­mos.
      3. ¡Es posi­ble Pablo ten­ga en mente el cas­ti­go eter­no y el juicio final de Dios! Esto es el por qué la obe­di­en­cia a las leyes ter­re­nales es tan impor­tante y debe ser toma­do con seriedad.
      4. Cuan­do alguien se ríe y des­obe­dece abier­ta­mente la ley ter­re­nal él se está rien­do de Dios y des­obe­de­cién­do­lo.
      5. Cuan­do no nos some­te­mos a la autori­dad civ­il no nos esta­mos some­tien­do a la autori­dad de Dios. Nues­tra propia burla de la ley es el por qué somos con­de­na­dos por Dios.
      6. Entonces debe­mos hac­er todo lo que podemos para estar en suje­ción “debido al cas­ti­go”.
      7. Nota: La obe­di­en­cia solo porque temem­os una mul­ta, una sen­ten­cia de cár­cel y el infier­no no es una razón muy noble, ¡pero fun­ciona! Sin embar­go, hay sin embar­go del por qué debe­mos esforzarnos en obe­de­cer a las autori­dades civiles: a causa de la con­cien­cia.
      8. A causa de la con­cien­cia: sig­nifi­ca hac­er­lo sim­ple­mente debido a que es algo jus­to por hac­er, y debido a que Dios desea que hag­amos.
        1. Debido a que amamos a Dios y deseamos agradar­le.
        2. Si sabe­mos que esto es lo que agra­da a Dios entonces debe­mos hac­er todo el esfuer­zo para obe­de­cer y some­ter­nos nosotros mis­mos como buenos ciu­dadanos al gob­ier­no ter­re­nal y al celes­tial (Fil­ipens­es 3:20).
        3. Por causa del Señor…” (1 de Pedro 2:13)
          1. La obe­di­en­cia por nue­stro pro­pio bien es obvia, pero Pedro nos dice que debe­mos hac­er­lo a causa del Señor.
          2. Debido a que es algo jus­to para hac­er.
          3. ¿Sig­nifi­ca esto que debe­mos obe­de­cer toda ley y orde­nan­za del hom­bre aun cuan­do no hay policía alrede­dor para hac­er cumplir la ley.
            1. La may­or parte de las per­sonas no vio­larán la ley cuan­do los policías están pre­sentes, pero romperán la ley cuan­do el policía no está pre­sente.
            2. Los cris­tianos no deben hac­er esto. Los cris­tianos deben desear obe­de­cer debido a que es algo jus­to, esto es lo que Dios desea.
              1. IRS (Amer­i­can tex revene sis­tema). No debe­mos hac­er tram­pas sobre nue­stros impuestos aun si sabe­mos que hay una gran opor­tu­nidad de que no seamos cap­tura­dos. No debe­mos tomar deduc­ciones que no son legí­ti­mas. Por ejem­p­lo, recla­mar a las mas­co­tas como depen­di­entes.
              2. En una ocasión usé un detec­tor de policía debido a que “yo desea­ba cono­cer donde esta­ba el policía en todo momen­to”. Pero la ver­dad era que yo con fre­cuen­cia excedía el límite de veloci­dad y recibiría mul­tas por hac­er­lo así. El detec­tor de radar era tal que yo podría ase­gu­rarme y bajar la veloci­dad si había un car­ro de la policía en el área. Fui cues­tion­a­do por un pred­i­cador fiel y él dijo, “Si ust­ed obe­dece la ley ust­ed no nece­si­ta saber dónde está el policía, Dios está en todos lados. ¡Buen pun­to!
            3. Si nos hemos someti­do al Señor entonces debe­mos recono­cer que debe­mos hac­er bien las cosas debido a que son las cosas cor­rec­tas a hac­er.
            4. Pal­abra de pre­cau­ción: La may­oría de las veces juzg­amos a la per­sona porque creemos que ellos no están obe­de­cien­do a la ley. Debe­mos ser cuida­dosos ya que hay oca­siones cuan­do las cir­cun­stan­cias espe­ciales y las condi­ciones espe­ciales han sido hechas por la ley mis­ma para algunos indi­vid­u­os. Un caso en con­cre­to: Un cris­tiano no usa­ba su cin­turón de seguri­dad y esta­ba sen­ten­ci­a­do a nun­ca estar al frente, sino en la parte de atrás. Lo qué la per­sona no sabía era que su her­mano tenía una condi­ción médi­ca por la que él no debería usar un cin­turón de seguri­dad y había recibido un per­miso espe­cial. Esta pobre alma había sido con­de­na­da al infier­no por otro her­mano sin saber aún las ver­daderas cir­cun­stan­cias. Ase­guré­monos que esta­mos obe­de­cien­do nosotros mis­mos la ley.
  3. Los impuestos y la oración: Puesto que la Bib­lia men­ciona esto especí­fi­ca­mente, debe­mos pon­er espe­cial aten­ción al área de este tema.
    1. Romanos 13:6–7: Después de bosque­jar la respon­s­abil­i­dad del gob­ier­no Pablo men­ciona los cos­tos de operación. “Pues por esto pagáis tam­bién los trib­utes, porque son servi­dores de Dios que atien­den con­tin­u­a­mente a esto mis­mo. Pagad a todos lo que debéis: al que trib­u­to, trib­u­to; al que impuesto, impuesto; al que respeto, respeto; al que hon­ra, hon­ra.
      1. Jesús fue desafi­a­do por Sus ene­mi­gos y Él les dijo “Dad, pues, a César lo que es de César…” (Mateo 22:21)
        1. Jesús san­ciona la jus­ti­cia de un gob­ier­no para grabar impuestos sobre sus ciu­dadanos, ¡y Él man­da a los ciu­dadanos que los paguen!
        2. Pagar impuestos nun­ca es pla­cen­tero, y podríamos no estar siem­pre de acuer­do sobre como gas­ta el gob­ier­no el dinero de los impuestos, pero aun somos man­da­dos a pagar­los.
        3. Nadie odi­a­ba más pagar los impuestos que los judíos que paga­ban impuestos a Roma. Y, el gob­ier­no romano gasta­ba el dinero en for­ma impru­dente e impía:
          1. can­ti­dades mon­stru­osas des­perdi­ci­adas en deprava­ciones
          2. exce­sos
          3. destruc­ción.
          4. Al men­tir sobre nue­stros ingre­sos, eva­di­en­do los impuestos y ocul­tan­do los ingre­sos no es algo cor­rec­to a hac­er.
            1. ¡Al hac­er­lo así de todas for­mas está equiv­o­ca­do!
            2. Muchos pred­i­cadores han deci­di­do no pagar un cier­to impuesto que el resto de los ciu­dadanos tienen que pagar, “obje­ción a con­cien­cia”. Aun y cuan­do la ley lo per­mite, una obser­vación de más cer­cana a la “exon­eración” debe hac­er­nos recon­sid­er­ar nues­tra posi­ción.[1]  (IRS Pub­li­ca­tion) (great blog arti­cle on this top­ic of preach­ers opt­ing out of pay­ing Social Secu­ri­ty)
            3. No hay jus­ti­fi­cación, en un caso u otro, para reten­er una parte de nue­stro de nue­stro pago de impuestos porque ten­emos una obje­ción de con­cien­cia a la for­ma en que algo de esto es gas­ta­do. Esto es el espíritu de la anar­quía. ¿Pen­samos que el impe­rio romano nun­ca gastó sus impuestos recau­da­dos de man­era impru­dente o inmoral? De hecho ellos lo hicieron.…Si no nos gus­ta la for­ma en que el gob­ier­no está usan­do nue­stro dinero de los impuestos, ¡tra­ba­je­mos para refor­mar la for­ma en que es gas­ta­do! Reten­er o evadir los impuestos es peca­do.”[2]
        4. 1 Tim­o­teo 2:1–2, la oración es otra área donde los ciu­dadanos tienen una respon­s­abil­i­dad.
          1. Nues­tra oración bási­ca debe ser que aque­l­los que están en el poder pudier­an gob­ernar en una for­ma tal que la jus­ti­cia sea servi­da, nue­stros dere­chos pro­te­gi­dos y que el evan­ge­lio no pudiera ser estor­ba­do.
          2. El sim­ple hecho de que se nos mande orar por nue­stros gob­er­nantes es un recorda­to­rio de que Dios al final está al cuida­do de los asun­tos de este mun­do. Se nos ha per­mi­ti­do escoger con lib­er­tad si los obe­de­ce­mos o no, pero final­mente Dios está aun a car­go.
            1. ¡Si nos escab­ul­limos violan­do las leyes en este tiem­po de vida, en el juicio no nos escab­ul­lire­mos!
            2. Romanos 13:5.
        5. La des­obe­di­en­cia civ­il
          1. Con la obe­di­en­cia civ­il hay tam­bién la des­obe­di­en­cia civ­il. La des­obe­di­en­cia civ­il: hay sola­mente un prin­ci­pio sobre el que un ciu­dadano DEBE des­obe­de­cer la ley civ­il.
            1. Los gob­er­nadores civiles son humanos, y aun no obstante que ellos son min­istros de Dios ellos pueden pro­mul­gar leyes que no son autor­izadas por Dios. En este caso uno debe des­obe­de­cer la ley del hom­bre y obe­de­cer la ley de Dios.
            2. Ejem­p­los bíbli­cos:
              1. El sane­drín judío: En un inten­to de dis­minuir el crec­imien­to de la igle­sia los gob­er­nadores judíos le man­daron a Pedro, a Juan y a los otros após­toles no enseñar en el nom­bre de Jesús (Mateo 28:18–20; Hechos 1:8). Los após­toles no tuvieron que escoger sino que des­obe­decieron la ley civ­il en vez de obe­de­cer­la (Hechos 4:18–19; 5:17–29).
              2. Daniel 6: A Daniel y sus ami­gos se les dijo que no oraran más a Dios sino al mis­mo rey. Daniel y sus ami­gos tuvieron que des­obe­de­cer al Rey aun y cuan­do podría costar­les su vida, y obe­decieron la Ley de Dios.
              3. Si un cris­tiano es enfrenta­do con tal elec­ción el debe escoger obe­de­cer a Dios y des­obe­de­cer las leyes civiles.
                1. Algunos país­es comu­nistas tienen una ley sev­era para que el evan­ge­lio sea pre­ci­a­do. Muchos cris­tianos han des­obe­de­ci­do esta ley han pasa­do Bib­lias de con­tra­ban­do al país y pred­i­ca­do el evan­ge­lio de todas man­eras.
                2. Es mi con­vic­ción que en este caso el prin­ci­pio de la excep­ción es apli­ca­do apropi­ada­mente.
            3. ¿Cuán­do la des­obe­di­en­cia civ­il no es jus­ta?
              1. Hay oca­siones cuan­do nos sen­ti­mos muy firme­mente con­tra una ley civ­il par­tic­u­lar y sen­ti­mos que ten­emos el dere­cho de des­obe­de­cer la ley civ­il.
              2. Ejem­p­los:
                1. Los cin­tur­ones de seguri­dad
                2. Los límites de veloci­dad
                3. Los límites de cac­ería: un cazador podría sen­tir que es injus­to que él solo pue­da matar dos vena­dos en una tem­po­ra­da y decir “Es mi dere­cho matar y proveer de comi­da a mi famil­ia así que mataré tan­tos vena­dos como yo con­sidere que nece­si­to.”
                4. La con­t­a­m­i­nación
                5. El desmonte de la tier­ra
                6. La protes­ta: En algunos casos podríamos sen­tir que nece­si­ta­mos protes­tar con­tra una ley especí­fi­ca y huel­ga, orga­ni­zación ile­gal, mar­cha ile­gal, o reten­er nue­stros impuestos ile­gal­mente. Pero esto no es lo en lo que los cris­tianos deben estar empeña­dos.
                7. ¿Cómo sabe­mos si podemos vio­lar una ley civ­il?
                  1. Si algu­na ley civ­il vio­la la ley de Dios entonces podemos ser des­obe­di­ente.
                  2. Si solo no nos gus­ta la ley y no vio­la la ley de Dios entonces no podemos des­obe­de­cer las leyes civiles.

 

Con­clusión:

  1. La con­clusión es que hay solo una situación vál­i­da en la que Dios nos per­mite vio­lar una ley civ­il, esto es, donde la obe­di­en­cia a la ley podría en sí mis­ma causar que pecáramos con­tra una ley de Dios. En otro caso, la des­obe­di­en­cia a la ley civ­il es en sí mis­ma un peca­do con­tra Dios, y es el tiem­po para que los cris­tianos empiecen a tomar esto con seriedad.”[3]

 


[1] I cer­ti­fy that I am con­sci­en­tious­ly opposed to, or because of my reli­gious prin­ci­ples I am opposed to, the accep­tance (for ser­vices I per­form as a min­is­ter, mem­ber of a reli­gious order not under a vow of pover­ty, or Chris­t­ian Sci­ence prac­ti­tion­er) of any pub­lic insur­ance that makes pay­ments in the event of death, dis­abil­i­ty, old age, or retire­ment; or that makes pay­ments toward the cost of, or pro­vides ser­vices for, med­ical care. (Pub­lic insur­ance includes insur­ance sys­tems estab­lished by the Social Secu­ri­ty Act.) IRS Pub­li­ca­tion 4361

[2] Cot­trell, Tough Ques­tions, 32

[3] Cot­trell, Tough Ques­tions, 35