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Jerusalén-Sión: Adver­ten­cias y Prome­sas (28–35)

La influ­en­cia y el efec­to noci­vo de los pro­fe­tas, sac­er­dotes, y gob­er­nadores ebrios en Jerusalén tuvieron un cos­to grave y amar­go en la vida espir­i­tu­al del pueblo en Sion. Después del juicio de Jehová sobre los burladores que gob­ern­a­ban el pueblo (cap 28), el tema del capí­tu­lo 29 es la condi­ción espir­i­tu­al enfer­miza en Ariel (Jerusalén-Sion), lo bajo a lo que cayó el pueblo, y el juicio de Jehová en con­tra de los ene­mi­gos de la fe espir­i­tu­al ver­dadera. Muchos comen­taris­tas ven en este capí­tu­lo el sitio de Jerusalén por Sena­que­rib (701 A.C.); recono­ci­da­mente, hay fun­da­men­to para este pun­to de vista. Pero a este escritor le parece que hay evi­den­cia que el capí­tu­lo se cen­tra en un con­flic­to espir­i­tu­al pro­fun­do sim­boliza­do por la embesti­da asiria. Lo pro­fun­do a lo que ha caí­do la nación (vers 1–4), la descrip­ción de los ene­mi­gos de Jehová como “la mul­ti­tud de todas las naciones” (vers 5–8), la embriaguez del pueblo, pero no con vino, y en su oscuri­dad describen a Jehová con la boca pero no con el corazón (vers 9–15), todo apun­ta a la con­clusión de que esta­mos tratan­do con con­flic­tos espir­i­tuales y sus con­se­cuen­cias. Este pun­to de vista parece con­fir­mar el segun­do ay del capí­tu­lo, que es dirigi­do en con­tra del esfuer­zo para ocul­tar el con­se­jo de Jehová (vers 15–16), y por los cam­bios sub­se­cuentes en el entendimien­to, y su san­tifi­cación al nom­bre y per­sona de Jehová (vers 17–24).

Aunque es creí­do por muchos que ha sido pro­nun­ci­a­do en el peri­o­do 705–701 A.C., las pro­fecías de Isaías en los capí­tu­los 29–33 no puede dárse­le una fecha ter­mi­nante. Aun si él las dijo en este peri­o­do, no nece­si­ta con­cluirse que lo que dijo perteneció solo al sitio de Jerusalén por parte de Sena­que­rib y las condi­ciones que la rode­a­ban. Las visiones de Isaías involu­cran un pun­to de vista mundi­al e incluyen la veni­da del Mesías y el establec­imien­to de Su reino. Ellas toman en cuen­ta las diver­sas naciones paganas del peri­o­do total, su oposi­ción al propósi­to de Jehová, el uso de Jehová de ellas, y Su juicio con­tra ellos, y su destruc­ción en Su mano. Las visiones de Isaías incluyen tam­bién el juicio de Jehová de la idol­a­tría en gen­er­al, la condi­ción espir­i­tu­al y los fru­tos de Su propia ciu­dad y reino infiel, y Su juicio con­tra ellos. A la luz del pun­to de vista a largo pla­zo del libro de Isaías y su énfa­sis en el propósi­to eter­no de Dios, algu­nas de las declara­ciones que podrían ser con­stru­idas como ref­er­en­cia a la sie­ga especí­fi­ca podría real­mente ser una descrip­ción metafóri­ca de las condi­ciones morales y espir­i­tuales en Judá y la obra prov­i­den­cial del Señor sobre un peri­o­do muy largo. Esto no sig­nifi­ca, sin embar­go, que la invasión asiria y el juicio de Jehová de la nación no están aquí a la vista. Por supuesto, ellas son dos veces referi­das especí­fi­ca­mente en estos capí­tu­los (30:31; 31:8). El Señor está enseñan­do que el hom­bre debe obser­var no solo Su pal­abra, sino tam­bién a Sus hechos, y para Ver­lo obran­do en los even­tos de la his­to­ria. Sion será ame­naza­da y abati­da, pero no destru­i­da; Jehová está en el con­trol mien­tras Él tra­ba­ja en Su propósi­to eter­no y por medio del hom­bre.

 

Ay para Ariel (vers 1–4)

 

     1 ¡Ay de Ariel, ciu­dad donde habitó David! Después de haber crit­i­ca­do y denun­ci­a­do a los pro­fe­tas, sac­er­dotes, y gob­er­nadores de Jerusalén ebrios que se burla­ban de la pal­abra de Jehová, el pro­fe­ta aho­ra un ay sobre la ciu­dad infiel, recrim­i­nan­do la vacía vida reli­giosa en Sion. Por la ref­er­en­cia a la ciu­dad donde habitó David y el monte Sion (vers 8), sabe­mos que Ariel es un nom­bre sim­bóli­co para Jerusalén-Sion. Sin embar­go, el sig­nifi­ca­do exac­to de Ariel no está claro. Como indi­ca el mar­gen, podría sig­nificar “el león de Dios” o “el corazón de Dios.” Como la for­t­aleza del pueblo de Jehová, Jerusalén había resis­ti­do has­ta aquí todos los ayes. Por con­tin­uar resistien­do todos los ayes y la fiera con­tien­da por la fe ver­dadera, traería ade­lante al Mesías, podría ser al final un “león de Dios.” Sin embar­go, la evi­den­cia es más fuerte hacia “el corazón de Dios.” La pal­abra Ariel se pre­sen­ta en Eze­quiel 43:15, donde es tra­duci­da “altar” (King James) y “fogón de altar” (Amer­i­can Están­dar, New Amer­i­can Stan­dard, New Inter­na­cional Ver­sion). Por medio de Moisés Jehová había dicho que en el lugar donde Él esco­giera pon­er Su nom­bre, allí el pueblo iba a ofre­cer sac­ri­fi­cios y a guardar las fies­tas (Deut 12:5, 11–13; 16:2). Él escogió Sion por Su habitación y lugar de des­can­so entre el pueblo (Sal 132:13–14), y Jerusalén como la ciu­dad en donde Su casa debía ser con­stru­i­da y colo­ca­do Su nom­bre (2 Rey 21:7; 2 Crón 33:4, 7). Fue allí en donde el Señor habitó entre Su pueblo, donde los sac­ri­fi­cios fueron ofre­ci­dos, y guardadas las fies­tas. Su “fuego está en Sion, y su horno en Jerusalén” (31:9). Bajo esta luz, “el corazón de Dios” parece ser la mejor expli­cación.

Otro prob­le­ma se pre­sen­ta en si mis­mo: ¿Debe­mos inter­pre­tar aña­did un año a otro, las fies­tas sigan su cur­so que a la vuelta de un año agre­ga­do al pre­sente año, mien­tras el ciclo de las fies­tas cobraran nue­vo vig­or, los asirios ase­di­arían la ciu­dad? ¿O el con­tenido del capí­tu­lo jus­ti­fi­ca un sig­nifi­ca­do más amplio, sugirien­do que así como un año es agre­ga­do a un año y el ciclo de las fies­tas giran en cir­cu­lo (no una vez, sino cualquier número de veces), Jehová abatirá a Ariel, pero con el tiem­po la ben­de­cirá? Si, como muchos comen­taris­tas pien­san, Isaías tiene en mente la invasión de Sena­que­rib, lo primero es mejor. Este escritor encuen­tra difí­cil restringir el peri­o­do de tiem­po a menos de dos años. La inter­pretación más amplia no limi­ta la obra total de Jehová que involu­cra a los asirios a su invasión de la tier­ra y al sitio de Jerusalén.

2 David había siti­a­do y toma­do Jerusalén, hacién­dola su for­t­aleza; él había traí­do el arca del pacto a la ciu­dad y la había hecho un corazón de Dios – Ariel. Pero en ese tiem­po la tier­ra se había llena­do con ído­los (2:8); Acaz había pro­fana­do el tem­p­lo, colo­can­do un altar dis­eña­do a su gus­to en Dam­as­co (2 Rey 16:10–11), y había que­ma­do a sus hijos en el fuego como sac­ri­fi­cios (2 Crón 28:3). A pesar de las grandes refor­mas de Eze­quias, las condi­ciones esta­ban aun en un esta­do deprava­do (ver cap 28). En el tiem­po apropi­a­do – indi­ca­do por las pal­abras “aña­did un año a otro, las fies­tas sigan su cur­so” – Jehová acam­paría alrede­dor de la ciu­dad y la afli­giría, cau­san­do luto y lamentación. Antes que ella pue­da ser de nue­vo un ver­dadero corazón de Dios, debe ser abati­da de su condi­ción pre­sente de orgul­lo y for­mal­is­mo vacío. Por medio de esta Sion afligi­da será limpia­da de su esco­ria moral e inmundi­cia espir­i­tu­al, volvien­do a ser ante Jehová una ver­dadera Ariel – un corazón de altar dig­no; y será a mi como Ariel

3 Jehová planea que la angus­tia que acon­te­cerá a la ciu­dad infiel sea Su obra. Note el triple suce­so del pronom­bre per­son­al: Más yo pon­dré a Ariel en apre­tu­ra (vers 2); acam­paré con­tra ti alrede­dor, y te sitiaré con cam­pa­men­tos, y lev­an­taré con­tra ti balu­artes. En una pro­fecía ante­ri­or el Señor había dicho que Él usaría a los asirios en con­tra de Sion y de Jerusalén (10:5–12); más tarde dijo que traería a los caldeos con­tra la ciu­dad (Hab 1:5–11). La mano de Jehová está defin­i­ti­va­mente en la his­to­ria de las naciones y de Su pro­pio pueblo, con­trolan­do sus des­ti­nos.

4 En el sitio traí­do con­tra la ciu­dad por parte de Jehová cam­pa­men­tos (vers 3), el pueblo será humil­la­do des­de su posi­ción vana­glo­riosa. Hablarán des­de la tier­ra, susurrará des­de el pol­vo, jade­an­do como una per­sona mori­bun­da o gor­je­an­do como alguien con un demo­nio famil­iar. Lo últi­mo es un medio que recla­ma con­vo­car y con­sul­tar con la muerte. Los médi­um engañan a sus clientes al hablar con voz débil, tenue, o en oca­siones por ven­trílocu­os, como si las pal­abras vinier­an del pol­vo. Jerusalén caería tan bajo que su habla sería un que­ji­do. El cer­co de Sena­que­rib no tra­jo a Jerusalén a este esta­do, sin embar­go con­tribuyó a la even­tu­al caí­da de Judá. Un siglo más tarde la invasión y la dev­astación de la tier­ra por Asiria, Babilo­nia destruyó a la ciu­dad y cap­turó al pueblo. Esto fue segui­do por el reina­do de Per­sia, la aflic­ción por los seleu­ci­dos de Siria, y final­mente la humil­lación por parte de Roma. La may­oría de estas opre­siones resultó del esta­do de impo­ten­cia espir­i­tu­al del pueblo; si hubier­an con­tin­u­a­do fuertes en el Señor, estas opre­siones nun­ca hubier­an ocur­ri­do. Fue la baja condi­ción espir­i­tu­al que tra­jo la destruc­ción sobre Judá y no lo que pasa­ba alrede­dor.

5 Solo hemos estu­di­a­do un anun­cio ame­nazante del mis­mo Jehová de lo que guar­da el futuro para el pueblo de Jerusalén. Los sigu­ientes cua­tro ver­sícu­los (5–8) pre­sen­tan un con­traste: Jehová abatirá a las naciones idol­a­tras paganas y a las fuerzas espir­i­tuales que pelean con­tra Ariel, Su altar ter­re­nal. El uso de la pal­abra mul­ti­tud cua­tro veces en este pasaje es sig­ni­fica­ti­vo. Y la muchedum­bre de tus ene­mi­gos (“extran­jeros,” hebreo) será como pol­vo menudo que for­ma remoli­nos antes de la tor­men­ta (ver 17:13), arrastra­do por Jehová. Serán como menudo pol­vo en las bal­an­zas (40:15), serán sopladas por un pequeño trapo para limpiar. La mul­ti­tud de los fuertes fenecerá como el tamo de la era. El tamo es usa­do metafóri­ca­mente para algu­nas cosas que son sin val­or, débiles e inde­fen­sas frente al vien­to, lle­vadas por él, des­pare­cien­do para siem­pre. Y será repenti­na­mente, en un momen­to, jus­to como el pro­fe­ta lo había indi­ca­do ante­ri­or­mente, “Al tiem­po de la tarde, he aquí la tur­bación, pero antes de la mañana el ene­mi­go ya no existe” (17:14). La capaci­dad de Dios para cas­ti­gar repenti­na­mente fue demostra­da en la destruc­ción de esa por­ción del ejérci­to de Sena­que­rib envi­a­da con­tra Jerusalén (2 Rey 19:35–37). Esto no agotó la acción de Jehová con­tra la mul­ti­tud de los ene­mi­gos y de los fuertes. Cuan­do Él lo deter­minó así, las naciones físi­cas y los engaños espir­i­tuales todas se desvanecieron frente a Él.

6 Este ver­sícu­lo con­tin­ua la descrip­ción de la destruc­ción intro­duci­da en el vers 5. ¿Pero quién será vis­i­ta­da, Jerusalén o los ene­mi­gos? La difi­cul­tad del tex­to es indi­ca­da por las difer­entes tra­duc­ciones: “Ella” (Amer­i­can Stan­dard); “Tú” (King James); “Tú” (Leupold); “Tú” (Young). Prob­a­ble­mente el mar­gen de la Amer­i­can Stan­ta­nd sug­iere mejor el pen­samien­to de Isaías: Por Jehová de los ejérci­tos serás vis­i­ta­da. Esta podría ser una vis­itación de juicio o de ben­di­ción, el sig­nifi­ca­do debe ser deter­mi­na­do por el con­tex­to. La vis­itación parece no ser sobre Jerusalén sino sobre las mul­ti­tudes, porque la muchedum­bre de tus ene­mi­gos, los fuertes, es el tema del ver­sícu­lo ante­ri­or. El pro­fe­ta emplea los ele­men­tos ater­radores de la nat­u­raleza para describir el poder y la fuerza destruc­to­ra del manda­to de Jehová (ver 50:3; Jer 4:23–26). El cuadro es vivi­do: con ter­re­mo­tos y gran rui­do, con tor­belli­no y tem­pes­tad, y lla­ma de fuego con­sum­i­dor. ¿Quién o qué puede estar de pie ante la fiereza de tales fuerzas cuan­do estal­lan? Nadie puede estar de pie ante los fero­ces juicios de Jehová cuan­do exploten como un vol­cán en erup­ción.

7 El pro­fe­ta con­tinúa con el juicio de Jehová con­tra los ene­mi­gos de Sion: Y será como sueño de visión noc­tur­na la mul­ti­tud de todas las naciones que pelean con­tra Ariel, y todos los que pelean con­tra ella y su for­t­aleza, y los que la ponen en apre­tu­ra. La pro­fecía no está lim­i­ta­da a una nación (por ejem­p­lo, Asiria), sino que incluye a todas las naciones que pelean con­tra Ariel. Los que afli­gen a Sion, bus­can­do su destruc­ción, serán como un sueño o una ilusión que se extin­guirá. Ten­drán visiones de grandeza, pen­san­do con­quis­tar, pero no ten­drán éxi­to. Un sueño o una visión de la noche que se desvanece al des­per­tarse o al lle­gar el día; así se desvanecerán los sueños de con­quista o destruc­ción del Ariel de Jehová.

8 Este ver­sícu­lo con­tinúa la metá­fo­ra, al hablar especí­fi­ca­mente de un soñador. Quien­quiera (sea un indi­vid­uo, una nación, o un eru­di­to de la filosofía) que se com­pro­m­ete en com­bat­ir el propósi­to de Dios al destru­ir a Su pueblo y Su vol­un­tad ver­dadera, como un hom­bre ham­bri­en­to que sueña la comi­da, con sueños de vic­to­ria y de botín, solo des­per­tará con el entendimien­to que su alma está vacía; estará decep­ciona­do y aun con ham­bre. Una figu­ra sim­i­lar es la de un hom­bre sedi­en­to que sueña que está toman­do has­ta el fon­do, sofo­can­do su sed en una fuente fría, solo para des­cubrir al des­per­tar que era solo un sueño; está aun ator­men­ta­do con una sed ardi­ente. La apli­cación de la metá­fo­ra no está restringi­da a una nación; se apli­ca a todos los ene­mi­gos de Dios, Así será la mul­ti­tud de todas las naciones que pelearán con­tra el monte de Sion; todas son con­de­nadas.

9 El pro­fe­ta ha habla­do al pueblo de la destruc­ción de los ene­mi­gos de Sion, pero no están impre­sion­a­dos. En su espíritu necio de apatía insul­sa lo miran con atur­dimien­to. Ya que han rec­haz­a­do a Jehová y a Su pal­abra, el pro­fe­ta les orde­na aho­ra con­tin­uar en esa condi­ción. Él ha cono­ci­do des­de el prin­ci­pio que esto es lo que ellos harán (ver 6:9–10). Smith señala que este ver­sícu­lo está com­puesto de cua­tro imper­a­tivos, que él tra­duce, “¡Dete­neos y mar­avil­laos! ¡Ofus­caos y cegaos! ¡Embria­gaos, y no de vino! ¡Tam­balead, y no de sidra!” (I. 220). Sin embar­go el pueblo no está físi­ca­mente embria­ga­do como esta­ban los gob­er­nantes de Efraín y los pro­fe­tas y sac­er­dotes de Jerusalén (28:1, 7), su condi­ción de embriaguez espir­i­tu­al es igual­mente tan mala, si no es que peor. Seguir ade­lante y asom­brarse; en su ceguera siguen ade­lante para dar plac­er a si mis­mos; estar embria­ga­dos y no ver con clar­i­dad; tam­balearse alrede­dor de una man­era descon­tro­la­da. Esto es lo que ust­ed desea; esto hace.

10 El pro­fe­ta declara la causa inmedi­a­ta de la condi­ción del pueblo (la causa fun­da­men­tal es estable­ci­da más ade­lante en el vers 13); Porque Jehová der­ramó sobre vosotros espíritu de sueño. Este espíritu de sueño y de condi­ción de embriaguez es lo mis­mo. El pueblo era respon­s­able de su embriaguez, pero Jehová había envi­a­do el espíritu de sueño. Estos dos fac­tores se con­fun­den pau­lati­na­mente en uno. En tan­to que Jehová puede dar vida, y entendimien­to, así puede venir de Él un espíritu malig­no que aflige al hom­bre y lo hace malo (1 Sam 16:14–15; 18:10–11; 19:9), o un espíritu men­tiroso que lo seduce a la destruc­ción (1 Rey 22:20–23). Esto sig­nifi­ca que cuan­do rec­haz­amos a Dios y a Su ver­dad, Dios no tiene alter­na­ti­va sino darnos al límite del error y el peca­do. Esta doc­t­ri­na es clara­mente enun­ci­a­da en el Nue­vo Tes­ta­men­to. Pablo dijo a los gen­tiles, “Y como ellos no apro­baron ten­er en cuen­ta a Dios, Dios los entregó a una mente reproba­da, para hac­er cosas que no con­vienen” (Rom 1:28). Y a los que se engañan por la iniq­uidad, dijo, “por cuan­to no reci­bieron el amor de la ver­dad para ser salvos. Por esto Dios les envía un poder engañoso, para que cre­an la men­ti­ra, a fin de que sean con­de­na­dos todos los que no creyeron a la ver­dad, sino que se com­plac­i­eron en la injus­ti­cia” (2 Tes 2:10–12). Los judíos de la pro­fecía de Isaías se han dado a si mis­mos a un estu­por espir­i­tu­al de embriaguez; por lo tan­to, Dios les envió un espíritu de sueño.

El pro­fe­ta se ale­ja del pueblo para regre­sar a los pro­fe­tas de nue­vo: Dios cer­ró los ojos de vue­stros pro­fe­tas, y puso velo sobre las cabezas de vue­stros videntes. Como una man­cha sobre los ojos para pre­venir que ellos vier­an algo, Jehová ha cer­ra­do los ojos de los que debían haber sido los ojos del pueblo para guiar­los a Su pal­abra. El Señor ha cubier­to las cabezas de vue­stros videntes (otro nom­bre para los pro­fe­tas; ver 1 Sam 9:9), quienes deberían haber dirigi­do sus pen­samien­tos. Así el pueblo es aban­don­a­do para tropezar en las tinieblas espir­i­tuales, el ciego guian­do al ciego.

11–12 La ceguera espir­i­tu­al resul­tante en la inca­paci­dad para ver y enten­der la rev­elación ver­dadera es com­para­da a la inca­paci­dad para leer. Los libros de aquel tiem­po eran pergaminos enrol­la­dos en largas piezas de mate­r­i­al enrol­la­do de una vara a otra. Cuan­do los pergaminos eran enrol­la­dos y sel­l­a­dos, nadie podría leer su con­tenido. La visión espir­i­tu­al del pueblo del tiem­po de Isaías es com­pa­ra­ble a un libro o escrito sel­l­a­do entre­ga­do a ellos con instruc­ciones de leer. (Es intrascen­dente si está a la vista un escrito lit­er­al como el de 8:16–18, o ya sea que ten­emos aquí una meton­imia para la pal­abra declar­a­da por el pro­fe­ta.) Cuan­do el libro es ofre­ci­do a un hom­bre instru­i­do y edu­ca­do, él lo dec­li­na, dicien­do, No puedo, porque está sel­l­a­do. Cualquier pal­abra de Dios es, para el pueblo de Judá, como este libro sel­l­a­do, porque en su ceguera espir­i­tu­al y dureza de corazón ellos no pueden com­pren­der­la. Cuan­do el libro es entre­ga­do a un hom­bre incul­to con instruc­ciones para leer, él asimis­mo dec­li­na, dicien­do, No sé leer, esto es, “No se como leer.” En esta descrip­ción trág­i­ca, el instru­i­do y el que no sabe leer son traí­dos todos a con­de­nación debido a sus cora­zones emb­o­ta­dos y embrute­ci­dos, cega­dos y endure­ci­dos para lo que Dios dice. Esta condi­ción se ha desar­rol­la­do den­tro de ellos a pesar de lo que Dios ha hecho por ellos. Young recal­ca acer­tada­mente, “Esto es quizá una descrip­ción tan triste cual no podría ser encon­tra­da en ningu­na otra parte del Antiguo Tes­ta­men­to” (II. 318). ¡Qué trági­co!

13 La pal­abra Dice, pues intro­duce una situación que es con­tes­ta­da por el por tan­to del vers 14. La hipocre­sía fue un fru­to de las tinieblas y del sueño espir­i­tu­al del pueblo; pusieron el for­mal­is­mo vacío en su ado­ración públi­ca en vez del ver­dadero ser­vi­cio del corazón. En la ley esta­ba escrito, “Y amarás a Jehová tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y con todas tus fuerzas” (Deut 6:5); y además, “A Jehová tu Dios temerás, y a él solo servirás” (Deut 6:13). Pero aho­ra, en lugar de la ado­ración y del ser­vi­cio de corazón, el hon­or que el pueblo ofrece es con la boca y con los labios; el corazón es lle­va­do lejos de Él. En con­se­cuen­cia, no pueden leer el libro; no tienen per­cep­ción espir­i­tu­al.

La idol­a­tría de Samaria había sido abier­ta y man­i­fi­es­ta (2 Rey 17:7–18); en Judá la idol­a­tría esta­ba ocul­ta bajo un man­to de hipocre­sía. Eze­quias había destru­i­do los obje­tos exter­nos de la ado­ración pagana (2 Rey 18:3–4), pero era aun aho­ra como lo fue pos­te­ri­or­mente cuan­do, después de la refor­ma­ción de Josías, que Eze­quiel acusó, “estos hom­bres han puesto sus ído­los en su corazón” (Ezeq 14:3). Su temor era un temor enseña­do por el hom­bre, en tan­to que el ver­dadero temor es de Dios. Como dijo el hom­bre sabio, “Cuan­do fueres a la casa de Dios, guar­da tu pie; y acér­cate más para oír que para ofre­cer el sac­ri­fi­cio de los necios” (Ecl 5:1); y de nue­vo, “Teme a Dios, y guar­da sus man­damien­tos [no de los hom­bres]; porque esto es el todo del hom­bre” (Ecl 12:13).

La ado­ración hipócri­ta prevale­ció de nue­vo en los días de Jesús; entonces, Él aplicó Isaías 29:13 al pueblo que esta­ba frente a Él: “Pues en vano me hon­ran, Enseñan­do como doc­tri­nas, man­damien­tos de hom­bres” (Mt 15:9). Fue entonces, y lo será siem­pre, el pre­cio de la hipocre­sía y de la necedad para hon­rar a Dios con los labios, en tan­to que el corazón esta lejos de Él, susti­tuyen­do la ver­dad por pre­cep­tos de hom­bres.

14 El pro­fe­ta con­tin­ua con el pen­samien­to del vers 13 (intro­duci­do por dice, pues) con la con­se­cuen­cia de la hipocre­sía fla­grante. Por tan­to, Jehová añadirá una obra mar­avil­losa a todo lo que Él ha hecho (ver los comen­tar­ios en 28:21), una obra que causará admiración entre los espec­ta­dores. En medio de esta obra mar­avil­losa de Jehová y el estu­por del pueblo, pere­cerá la sabiduría de sus sabios, y se desvanecerá la inteligen­cia de sus enten­di­dos. Así como Jehová mez­cló un espíritu de per­ver­si­dad en medio de los con­se­jeros del Faraón (19:14), así quitará aho­ra la sabiduría de los líderes judíos. No solo con la fal­sa sabiduría que los ani­mará a ocul­tarse de Dios (28:14–15) será quita­da, sino que tam­bién todos los for­mal­is­mos y pre­cep­tos susti­tu­tos del hom­bre de la ado­ración ver­dadera (vers 13), o que bus­can escon­der los planes de Dios (vers 15). Pablo apli­ca los pen­samien­tos de este pasaje a toda la sabiduría humana que omite a Dios y a Su camino (1 Cor 1:19). En su propia sabiduría aparte de la sabiduría de Dios, el hom­bre está des­ti­na­do a fra­casar; este fra­ca­so será expuesto.

 

Ay de los Que se Escon­den de los Planes de Dios (vers 15–24)

 

15 Isaías establece aquí un prin­ci­pio gen­er­al que más tarde apli­ca especí­fi­ca­mente para el tema de la alian­za con Egip­to (caps 30). Podría ser que en ese tiem­po era fragua­da una alian­za. El pro­fe­ta se había opuesto a todas las alian­zas, ya sea con Asiria en el tiem­po de Acaz o con Egip­to en el tiem­po de Eze­quias. El con­se­jo del pro­fe­ta era esper­ar en Jehová y con­fi­ar en Jehová; Él está en con­trol. Como necios para pen­sar los hom­bres pueden ocul­tar sus con­se­jos de Dios, ¡el Úni­co omni­sciente! En sus necios razon­amien­tos y fal­ta de sabiduría de Dios, pre­gun­tan, ¿Quién nos ve, y quién nos conoce? ¿Sabían lo que esta­ban hacien­do? Este es siem­pre el razon­amien­to del impío: “Y dicen: ¿Cómo sabe Dios? ¿Y hay conocimien­to en el Altísi­mo?” (Sal 73:11; ver tam­bién Prov 10:11; 94:7). Son deshon­estos en sus planes, actúan en la oscuri­dad mien­tras lle­van a cabo sus proyec­tos. Cualquier nación que piense que puede plan­ear y actu­ar aparta­do de Dios está con­de­na­da al fra­ca­so debido a que Él sabe y con­tro­la.

16 Vues­tra per­ver­si­dad cier­ta­mente será rep­uta­da. Sus cosas per­ver­tidas, o actos per­ver­sos, sin sen­ti­do. Su per­ver­sión de la ver­dad pone al revés el orden real de las cosas. Ust­ed prob­a­ble­mente diría que el alfarero no es más que el bar­ro que él mold­ea con sus manos. ¿Pero puede una cosa que ha sido hecha decir que no tiene hace­dor — ¿No me hizo? ¿Puede una cosa decir que la per­sona que lo for­mó no ha enten­di­do lo que él esta­ba hacien­do o por qué lo esta­ba hacien­do? Aque­l­los que encubren su con­se­jo de Dios están en efec­to acu­san­do que Dios no tiene más entendimien­to del que ellos tienen; esto es blas­femia. Hacien­do eco de Isaías, Pablo pre­gun­tó a los judíos de su tiem­po, “Más antes, oh hom­bre, ¿quién eres tú, para que alterques con Dios? ¿Dirá el vaso de bar­ro al que lo for­mó: ¿Por qué me has hecho así?” (Rom 9:20). Si Dios es infini­to, entonces el hom­bre no tiene fun­da­men­tos en los que ya sea que pla­neen aparte de Dios o para argüir con Él y Su camino. El razon­amien­to de los judíos auto sufi­cientes se oye como la filosofía volátil de los evolu­cionistas mod­er­nos que dicen, No hemos sido hechos, solo pasó. (Isaías regre­sará más tarde a su pen­samien­to del alfarero y del bar­ro [45:9; 64:8]).

17 Como los que inten­taron ocul­tar su con­se­jo de Dios han pen­sa­do rever­tir el orden de lo crea­do y del Creador, así Jehová rever­tirá real­mente las condi­ciones. Barnes pien­sa que este ver­sícu­lo cita una expre­sión prover­bial; ponién­dola en la for­ma de una pre­gun­ta pre­supone una respues­ta afir­ma­ti­va. La frase de aquí a muy poco es, de hecho, expre­sa­do des­de el pun­to de vista del tiem­po de Dios; por lo tan­to des­de nue­stro pun­to de vista es indefinido y podría ser largo o cor­to. Al con­ver­tir el Líbano en un cam­po fruc­tífero y apre­cian­do el cam­po fruc­tífero como un bosque parece ser una com­para­ción no entre lo ele­va­do y lo bajo, esto es, entre Asiria y Judá, sino entre lo que es sil­vestre y lo que es cul­ti­va­do. La com­para­ción parece ser entre el Israel Nacional y el Israel espir­i­tu­al; el Israel nacional se con­ver­tirá en una tier­ra sal­va­je sin cul­ti­var, pero el Israel espir­i­tu­al se con­vir­tió en un cam­po pro­duc­ti­vo.

18 La frase En aquel tiem­po indi­ca que el pro­fe­ta está acer­cán­dose a describir es simultá­neo con los even­tos del vers 17, el día cuan­do Líbano se con­ver­tirá en un cam­po fruc­tífero. En con­traste con aque­l­los que no podrían leer y en con­se­cuen­cia no podrían enten­der las pal­abras del libro o los escritos mane­ja­dos por ellos (vers 11–12), el pueblo aho­ra a la vista será capaz de leer, de enten­der la pal­abra del Señor. Y los ojos de los cie­gos verán en medio de la oscuri­dad y de las tinieblas; los que habían sido cie­gos a la ver­dad, a la sal­vación, y a la obra de Dios serán capaces de ver y enten­der (ver 35:5; 42:7). Este es un cam­bio de rum­bo de las condi­ciones ante­ri­ores.

19 Los humildes son los que están oprim­i­dos o afligi­dos, los que sufren. La pal­abra es por lo gen­er­al aso­ci­a­da con la resisten­cia a la opre­sión y un espíritu o acti­tud de sum­isión paciente a la vol­un­tad de Dios. La resisten­cia a la aflic­ción será con­ver­ti­da en un aumen­to con­stante del gozo en el Señor. Y aun los más pobres de los hom­bres se gozarán en el San­to de Israel. Sin impor­tar ya sea que estos pobres sean pobres de los bienes de este mun­do, de los que el Señor dijo, “A sus pobres [de Sion] sacia­ré de pan” (Sal 132:15; ver Mt 6:33), o al pobre en espíritu, al que le pertenece el reino de los cie­los (Mt 5:3). Ambos se rego­ci­jarán en su Dios. Este gozo no será total­mente alcan­za­do has­ta la veni­da del Mesías.

20 La pal­abra Porque intro­duce una cláusu­la que expli­ca el por qué el cam­po debe ser fruc­tífero (vers 17), porque el sor­do oirá y el ciego verá (vers 18), y el por qué el humilde y el pobre se rego­ci­jarán (vers 19). Tres ene­mi­gos de la ver­dad y de la jus­ti­cia, tres obstácu­los para el desar­rol­lo espir­i­tu­al, son quita­dos, si no que ven­ci­dos. El vio­len­to, el tira­no o el opre­sor que acometió para destru­ir al pueblo de Dios por la fuerza, es acaba­do. El escarnece­dor, que ridi­culizó y se burló de la pal­abra de Dios (ver 28:14), será con­sum­i­do. Todos los que se desve­lan para hac­er iniq­uidad, que bus­can una ocasión para acusar a la gente jus­ta, serán destru­i­dos. La jus­ti­cia y la ver­dad sal­drán tri­un­fantes; Jehová será la causa de la vic­to­ria.

21 La obra de estas tres clases de opo­nentes es com­para­da a la de un abo­ga­do acu­sador que bus­ca la con­de­nación, y cier­ta­mente la destruc­ción, de la per­sona que es juz­ga­da. Son segui­dos tres pro­ced­imien­tos por estos acu­sadores. Los que hacen pecar al hom­bre en pal­abra; inten­tan atra­parlo ya sea por la acusación direc­ta o por el inter­roga­to­rio rig­uroso. Los que arman lazo al que reprendía en la puer­ta; inten­tan atra­par al hom­bre que reprue­ba la mal­dad, bus­can­do su destruc­ción. Como dijo el hom­bre sabio, “El que cor­rige al escarnece­dor, se acar­rea afrenta” (Prov 9:7). Y los que per­vierten la causa del jus­to con vanidad; difi­cul­tan la jus­ti­cia legal por un tec­ni­cis­mo o pre­ten­sión. No bus­can la jus­ti­cia y la causa del jus­to o del inocente, sino una sen­ten­cia para con­denar al jus­to.

22 Por tan­to, Jehová, que red­im­ió a Abra­ham, dice: los pen­samien­tos de los oyentes son dirigi­dos a una con­clusión que des­cansa jus­to sobre lo que ha sido dicho (vers 17–21). Como el Reden­tor de Abra­ham, Jehová habla aho­ra a la casa de Jacob (los descen­di­entes de Abra­ham). El Señor había red­imi­do a Abra­ham al lib­er­ar­lo del ser­vi­cio de los dios­es paganos y de la influ­en­cia de su famil­ia y de su ambi­ente, que podrían haber­lo induci­do a volver a esos ído­los (Jos 24:2; Hech 7:2–3). Jehová había hecho a Abra­ham Su ami­go (41:8). Y aho­ra, Jacob, quien así deseo y buscó con ahín­co la pri­mo­gen­i­tu­ra, no será exclu­i­do de ser ver­dadero hijo de Abra­ham (con­se­cuente­mente él tam­poco), quien ha hereda­do esa pri­mo­gen­i­tu­ra. Él los verá como cam­po fruc­tífero, pueblo que ve y oye la rev­elación de Dios (vers 17–18). Su ros­tro no palide­cerá ya sea por haber decep­ción en ellos o por el temor de que la prome­sa no será cumpl­i­da.

23 Porque verá a sus hijos, sus ver­daderos descen­di­entes espir­i­tuales, Jacob los recono­cerá como obra de mis (de Dios) manos. Aunque Jacob había bus­ca­do ayu­dar a Dios a lle­var a cabo Su propósi­to, había fal­la­do; su veni­da al padre de los herederos de los pri­mogéni­tos fue la obra de Dios. De igual modo el cumplim­ien­to de sus descen­di­entes fue la obra de Dios (44:24; 60:21); fueron su hechu­ra, crea­d­os de nue­vo a Su ima­gen (Ef 2:10; 4:24). Los hijos de Jacob ven en medio de ellos (Jacob) que son sus hijos espir­i­tuales, el rema­nente, en medio de la nación físi­ca. No obstante que la nación físi­ca ha fal­la­do en hac­er­lo así, el rema­nente san­tifi­cará el nom­bre y el ser de Dios, recono­cien­do el poder tan­to de Su nom­bre, que sim­boliza todo lo que Él es, y Su per­sona – el San­to de Jacob. Por Él fueron for­ma­dos; al recono­cer el fra­ca­so de la idol­a­tría y la abso­lu­ta impo­ten­cia de los ído­los, se unirán al temor del Dios de Israel, el úni­co Dios (ver 44:6).

24 Como sug­iere Delitzsch, aunque la “nue­va igle­sia” no es ni per­fec­ta ni sin peca­do, su pueblo apren­derá inteligen­cia. Los una vez extravi­a­dos en espíritu, sien­do cie­gos y sor­dos, aho­ra entien­den la pal­abra y la vol­un­tad de Dios y lo que Él bus­ca en ellos y a través de ellos. Y los que mur­mu­raron recibirán aho­ra instruc­ción. Hay dos pal­abras hebreas para mur­mu­radores. Una es usa­da común­mente de los que se que­ja­ban de los hebre­os en sus his­to­rias antiguas; la otra, que se encuen­tra aquí, “sug­iere el cuchicheo mali­cioso de la calum­nia.”[1] El pro­fe­ta podría ten­er en mente al pueblo que algu­na vez ocul­to su con­se­jo de Dios, hacien­do su obra en la oscuri­dad, despres­ti­gian­do mali­ciosa­mente a Él y pre­gun­ta­do, “¿Quién nos ve, y quién nos conoce?” (vers 15). En cualquier caso, este pueblo aho­ra entiende por qué reci­bieron instruc­ción. Como Isaías dice más tarde, “Y todos tus hijos serán enseña­dos por Jehová; y se mul­ti­pli­cará la paz de tus hijos” (54:13).



[1]  Inter­na­tion­al Están­dard Bible Enci­clo­pe­dia, ed. James Orr (Chica­go: Howard-Sev­er­ance, 1937), vol. 3, pág. 2094.

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Jerusalén-Sión: Adver­ten­cias y Prome­sas (capí­tu­los 28–35)

 

28. Los Ebrios – y la Piedra en Sión

29. Ay para Ariel – y para Aque­l­los Que Ocul­tan Su Con­se­jo de Dios

30. Ay a la Políti­ca Pro-Egip­cia

31. ¡Ay para Aque­l­los Que Descien­den a Egip­to!

32. El Nue­vo Orden;

    Adver­ten­cia, Juicio, y Ben­di­ciones

33. La Der­ro­ta de Asiria y la Vic­to­ria de Jerusalén

34. El Juicio de las Naciones y de Edom

35. El Camino de San­ti­dad

 

Una Pal­abra de Intro­duc­ción

Delitzsch lla­ma a los capí­tu­lo 28–35 “El Libro de los Ayes”; Leupold (después von Orel­li) los lla­ma “El Libro de Sión.” Ambos son apropi­a­dos. La sec­ción con­tiene una serie de dis­cur­sos proféti­cos que tratan espe­cial­mente con la relación de Judá con las naciones paganas de Egip­to y de Asiria, y sus pro­pios peca­dos y debil­i­dad (caps 28–33). En estos capí­tu­los el pro­fe­ta pro­nun­cia seis ayes con­tra los peca­dos de los gob­er­nadores ebrios de Samaria y de Jerusalén, con­tra los errores de Judá, y con­tra un destruc­tor sin nom­bre, prob­a­ble­mente Sena­que­rib de Asiria. (Ver tam­bién los seis ayes de 5:8–23.) En medio del caos Dios señala a la piedra en Sión como un lugar de refu­gio y un fun­da­men­to sobre el cual con­stru­ir. La sec­ción cier­ra con una pro­fecía en con­tra de Edom, sím­bo­lo del mun­do (cap 34), y una prome­sa de la glo­ria futu­ra de Sion (cap 35). Inter­cal­a­do a lo largo de todos estos capí­tu­los de ayes y con­de­nas, las prome­sas de días glo­riosos por venir destel­lan bril­lante­mente. Estos días serán alcan­za­dos bajo el reina­do de un Rey jus­to, descrito en los capí­tu­los pos­te­ri­ores como el Sier­vo de Jehová.

      Los estu­di­antes de Isaías están gen­eral­mente de acuer­do que así como los capí­tu­los 7–12 se ocu­pan del perío­do del reino de Acaz, así los capí­tu­los 28–35 pertenecen al peri­o­do de Exe­quias. Las pro­fecías son una reflex­ión clara y grá­fi­ca del carác­ter políti­co, moral, y reli­gioso de pueblo con el que Isaías había de tratar; ellos dan un énfa­sis espe­cial a la predilec­ción de bus­car a Egip­to por ayu­da. La batal­la de Isaías en ese tiem­po fue con el ban­do pro Egip­to de la nación. Él urgió con fuerza, en su lugar, a depen­der de Jehová.

      El ay dirigi­do en con­tra de los ebrios de Samaria (28:1–6) señala a un tiem­po ante­ri­or a la caí­da de la ciu­dad por los asirios (721 A.C.). Esto lev­an­ta una pre­gun­ta en relación a la fecha del reina­do de Eze­quias. De acuer­do a la fecha en 2 Rey 18:1, 9, Eze­quias empezó a reinar en el 727 A.C. La pro­fecía de 28:1–6 podría, entonces, haber sido dirigi­da en con­tra de los gob­er­nadores de Samaria durante los años ini­ciales de su reino. Young acep­ta el 727 como el año de la ascen­sión de Eze­quias (II, 540–42). Thiele, al aplicar su teoría de los años de ascen­sión y de la no ascen­sión de la doble fecha con­cluye que 715–686 A.C. son las fechas del reina­do de Eze­quias.[1] La con­clusión de Thiele para ser sus­ten­ta­da por la can­ti­dad de las refor­mas reli­giosas de Exe­quias y la gran pas­cua en el primer año de su reina­do (2 Crón 29–30). El rey envió una invitación urgente al pueblo de Israel para que asistier­an a esta pas­cua, pero no se hace ningu­na men­ción de los gob­er­nadores de Samaria (30:1–6, 11, 21). Esta omisión sug­iere que por este tiem­po Samaria había caí­do ante Asiria. El dog­ma­tismo ya sea por una fecha o por otra (727 o 715 A.C.) podría ser poco sabio. La fecha usa­da en esta obra es el 715 A.C. (El pro­ce­so de alcan­zar con­clu­siones acer­ca de las fechas en las difer­entes partes del libro es dis­cu­ti­do en algunos espa­cios por parte de Leupold [I, 19–27].)

      Es claro que la pro­fecía en con­tra de los ebrios de Efraín fue dicha antes de la caí­da de Samaria. Si acep­ta­mos la fecha de Thiele para el reino de Eze­quias, entonces hay dos alter­na­ti­vas frente a nosotros: ya sea que todo el capí­tu­lo 28 fue rev­e­la­do antes de la caí­da de Samaria y por lo tan­to antes del reino de Exe­quias, o la pro­fecía efrainíti­ca se habló antes de su reina­do y repeti­da más tarde como una adver­ten­cia a Jerusalén. Si los gob­er­nadores ebrios con­tribuyeron a la caí­da de una nación, ellos podrían con­tribuir tam­bién a la caí­da de las demás. La pro­fecía en con­tra y sub­se­cuente­mente la caí­da de Samaria podría haber sido una adver­ten­cia poderosa a su her­mana Judá, y debería ser­lo para todas las naciones de hoy.

Capí­tu­lo 28

Los Ebrios – y la Piedra en Sión

Los Ayes para los Bebedores de Efraín (vers 1–6)

      1 Ay – una pal­abra de con­de­na que sue­na triste y que enfo­ca la aten­ción en un desas­tre inmi­nente y que pre­sagia trage­dia – es usa­da a través de todos estos capí­tu­los. A pesar que no es nom­bra­do, la ciu­dad de Samaria parece estar clara­mente a la vista del pro­fe­ta. El orgul­lo de este pueblo fue señal­a­do ante­ri­or­mente (9:9–10), y tan­to Amos (4:1; 6:6) como Óseas (4:11; 7:5, 14) los describe como bebedores fuertes o emped­ernidos. Samaria, con­stru­i­da por Omri el padre de Acab, esta­ba local­iza­da en una col­i­na a la cabeza de un bel­lo y exu­ber­ante valle que se extendió hacia el oeste de la plani­cie de Sharon; el Mar Mediter­rá­neo podría haber­la vis­to en su apo­geo. Los muros de la ciu­dad que se extendían alrede­dor de la cima de la col­i­na daban la impre­sión de una coro­na o guir­nal­da sobre una cabeza. Esta flor de la belleza de Efraín, la glo­ria de la nación, esta­ba aho­ra extin­guién­dose; como una coro­na de flo­res sobre la cabeza de un par­ran­dero ebrio, esta­ba mar­chitán­dose y lis­to para ser lan­za­do bajo el pie.

      2 He aquí – la pal­abra detiene la aten­ción – Jehová (del hebreo, Adon­ai – el títu­lo indi­ca que el Señor de todos, al que todos deben obe­de­cer), que ha apare­ci­do y llamó a Isaías a Su ser­vi­cio (6:1), tiene uno que es fuerte y poderoso – uno de poder abso­lu­to para lle­var ade­lante la vol­un­tad div­ina. Aunque no es nom­bra­do, este fuerte parece ser el ejérci­to asirio, que sería usa­do por Jehová para humil­lar este pueblo orgul­loso, arro­gante y ebrio (ver 9:11; 10:5–11). Su poder con­quis­ta­dor y poderoso es sug­eri­do por tres fig­uras: como tur­bión de grani­zo y como tor­belli­no trastor­nador, como ímpetu de recias aguas que inun­dan. Este ejérci­to ven­drá sobre la ciu­dad de los par­ran­deros ebrios, bar­rién­do­los a través de los valles y de los bar­ran­cos como una ter­ri­ble graniza­da, un vien­to aullador de fuerza hura­cana­da, y las aguas de flu­jo arrol­lador que lle­va todas las cosas que se le ponen enfrente a la destruc­ción. Esta fuerza poderosa der­ri­ba a la tier­ra con fuerza, o “con vio­len­cia” (al mar­gen). Esta poten­cia poderosa (Asiria) sien­do empuña­da por Dios der­rib­ará vio­len­ta­mente a los gob­er­nadores ebrios y a los que ellos gob­ier­nan. La descrip­ción es una de destruc­ción sal­va­je con­tro­la­da solo por la mano de Dios.

      3 En esta tor­men­ta la coro­na de sober­bia de los ebrios de Efraín, esa en la que sus cora­zones se glo­ri­a­ban y de la que sus lenguas se jacta­ban, con los pies será pisotea­da, abati­da por los con­quis­ta­dores. La mano poderosa la der­rib­ará (vers 2) y el pie de los inva­sores pisoteará la tier­ra (vers 3). Las ruinas de la una vez orgul­losa ciu­dad y nación, habían per­maneci­do para ser pisoteadas bajo el pie a lo largo de los sigu­ientes sig­los.

      4 La flor mar­chi­ta de la una vez glo­riosa belleza de Samaria, local­iza­da a la cabeza de un valle exu­ber­ante y pro­duc­ti­va, como la fru­ta tem­prana, la primera del ver­a­no. Las higueras en Palesti­na pro­ducen dos cose­chas de fru­to por año: la primera, referi­da aquí, es en mayo o en junio, y la segun­da cosecha en agos­to o en sep­tiem­bre. Los higos tem­pra­nos son esper­a­dos con ansia por los que no han tenido fru­ta fres­ca durante el invier­no. Los inva­sores – los con­quis­ta­dores – respetarán a la ciu­dad como un higo maduro tem­pra­no. Se la tra­ga tan pron­to como la tiene a mano; él la bus­cará con ansia y, al haber­la encon­tra­do, la devo­rará con ham­bre (ver Nah 3:12). El pro­fe­ta ha usa­do tres fig­uras para describir la destruc­ción: la ciu­dad de los ebrios debe ser destru­i­da por las fuerzas ter­ri­bles de la nat­u­raleza (vers 2), pisotea­da bajo el pie en com­ple­ta impo­ten­cia (vers 3), y devo­ra­da como un higo tem­pra­no (vers 4)

      5 Los  que han sido der­rib­a­dos no son deja­dos sin una pal­abra de esper­an­za, porque el Señor da a Su rema­nente una pal­abra de áni­mo que alum­bra como un rayo de luz a través de una fisura en lo negro de una nube que desciende. En aquel día, el día de la adver­si­dad, de la humil­lación, de la des­gra­cia, y de la vergüen­za, Jehová de los ejérci­tos será por coro­na de glo­ria y diade­ma de her­mo­sura al rema­nente (resid­uo) de su pueblo. El pueblo debe ser traí­do a un com­ple­to entendimien­to de la total ton­tería y fal­la de lo que es humano y mun­dano. Con aque­l­lo en lo que ellos se habían glo­ri­a­do aho­ra son bar­ri­dos por el estal­li­do de juicio, Jehová puede con­ver­tirse en su ver­dadera coro­na, glo­ria y gozo. El rema­nente con­siste de los pocos tan­to de Efraín como de Judá que regre­sarán a él.

      6 Cuan­do el rema­nente reconoce a Jehová como su ver­dadera coro­na y glo­ria, Él será un espíritu de jus­ti­cia a los que se sien­tan en juicio y una for­t­aleza a los que defien­den Su causa con­tra el ene­mi­go, hacién­do­los regre­sar a la puer­ta. Este resid­uo será gob­er­na­do por el Espíritu de Jehová, no por el espíritu de la embriaguez y del lib­erti­na­je; serán for­t­ale­ci­dos por Su poder; no por las alian­zas páganas.

Ay a los Gob­er­nadores Ebrios en Judá (vers 7–13)

 

      7–8 Con las pal­abras, Pero tam­bién estos, el pro­fe­ta se aparta de la embriaguez de Efraín a los sac­er­dotes y a los pro­fe­tas de Jerusalén. La frase indi­ca que los dos gru­pos son seme­jantes en carác­ter y en abor­rec­imien­to ante Jehová. La descrip­ción es grá­fi­ca, como si alguien estu­viera irrumpi­en­do  repenti­na­mente en el cuar­to donde los sac­er­dotes y los pro­fe­tas están reunidos; Es tan repul­si­vo y nau­se­abun­do como si alguien estu­viera allí olien­do el hedor de su vómi­to. En un lengua­je luci­do e impre­sio­n­ante Isaías expone sus prác­ti­cas mal­vadas y pecaminosas: éstos erraron con el vino, y con sidra se enton­tecieron; el sac­er­dote y el pro­fe­ta erraron con sidra, fueron trastor­na­dos por el vino; se atur­dieron la sidra, erraron en la visión, tropezaron en el juicio. Podemos visu­alizar un pro­fe­ta que se lev­an­ta a hablar, casi bal­buce­an­do y tam­bale­an­do en la asam­blea, y un sac­er­dote enton­te­ci­do inten­tan­do enseñar o min­is­trar las cosas de Dios. ¡Que burla del ser­vi­cio espir­i­tu­al – una farsa de la religión ver­dadera! El sac­er­dote es un mae­stro de la pal­abra de Dios y el rep­re­sen­tante del pueblo ante Él; el tomar vino está pro­hibido en este ser­vi­cio (Lev 10:8–11). El pro­fe­ta es el vocero de Dios ante el pueblo, el encar­go de hablar Su pal­abra como es dada a él por el Señor (Deut 18:18). (Para el alcance de lo que los pro­fe­tas se habían desvi­a­do de este están­dar, leer Mi 2:11 y el capí­tu­lo 3.) En el estu­por de la bor­rachera ellos se equiv­o­can y tropiezan en juicio. Lo abor­reci­ble de tales esce­nas es descrito entonces por el pro­fe­ta: Porque toda la mesa está llena de vómi­to y suciedad, has­ta no haber lugar limpio, ningún lugar en el cual servir nada limpio. Si la mesa se usa aquí por meton­imia para el ser­vi­cio de la comi­da espir­i­tu­al (como parece ser en Sal 69:22; Rom 11:9), el ser­vi­cio de los pro­fe­tas y de los sac­er­dotes esta­ba total­mente fal­to en la enseñan­za espir­i­tu­al salud­able de Dios.

      9–10 La respues­ta de los sac­er­dotes y pro­fe­tas intox­i­ca­dos a cualquier cosa de un ver­dadero pro­fe­ta de Dios (como Isaías) podría decirse que toma la for­ma de una risa de des­pre­cio o de desafío con el obje­ti­vo para traer ridícu­lo sobre lo que ellos con­sid­er­an un dis­cur­so pequeño e insignif­i­cante. En la monot­o­nía de bor­ra­cho, pre­gun­tan, ¿A quién se enseñará cien­cia, o a quién se hará enten­der doc­t­ri­na (“reporte,” al mar­gen)? De seguro, él no puede enseñar­les cualquier cosa; son pro­fe­tas y sac­er­dotes y gob­er­nadores. Hablan­do sar­cás­ti­ca­mente, la pre­gun­ta con­tin­ua. ¿Nos enseñaría él como a los deste­ta­dos, a los arran­ca­dos de los pechos? ¿Pien­sa él de nosotros como niños, como deste­ta­dos, que no pueden pen­sar por si mis­mos? El bor­ra­cho ebrio sigue hacien­do burla del pro­fe­ta con sar­cas­mo: Porque man­damien­to tras man­damien­to, manda­to sobre manda­to, renglón tras renglón, línea (o “lin­eamien­to,” al mar­gen) sobre línea, un poquito allí, otro poquito allá, como un tutor instruye a un niño por ruti­na. Rawl­in­son ha resum­i­do bien su pun­to de vista de la enseñan­za de los pro­fe­tas: “una lloviz­na per­pet­ua de máx­i­mas y reglas intrascen­dentes, molestas, restringi­das, limitadas…estrechas, infan­tiles, y abur­ri­das” (I, 449). “Y en la repeti­ción de pal­abras cor­tas podríamos oír el lengua­je del pesa­do bal­buceo del ebrio escarnece­dor” (Delitzsch, II. 7). Ellos están total­mente imbui­dos en la intox­i­cación del momen­to y así abru­mado­ra­mente emboba­dos, y por ese moti­vo no pueden dis­cernir entre la pro­fecía ver­dadera y la fal­sa. En su indifer­en­cia som­no­lien­ta no pueden detec­tar la adver­ten­cia de Dios. Estos pro­fe­tas y sac­er­dotes del pro­pio pueblo de Dios se miran a si mis­mos como seres fuera de la necesi­dad de la rev­elación de Dios.

      11 Muchos pred­i­cadores, mae­stros, y oyentes actuales tienen una ten­den­cia a con­sid­er­ar partes de la Pal­abra de Dios insignif­i­cantes e indifer­entes, y entonces selec­cio­nan por ellos mis­mos que cumplirán y que igno­rarán. Pero ten­er en menos o igno­rar la pal­abra del Señor y los énfa­sis con­tin­u­os sobre los prin­ci­p­ios sen­cil­los de fe, con­fi­an­za, y obe­di­en­cia es traer sobre uno mis­mo las ter­ri­bles con­se­cuen­cias de la ruina. Los líderes espir­i­tuales ebrios de Judá habían acu­sa­do al sier­vo del Señor con bal­buceos mono­síla­bos, fras­es tril­ladas infan­tiles. El pro­fe­ta está lis­to con una respues­ta mor­daz: porque en lengua de tar­ta­mu­dos (“con labios bal­buceantes,” al mar­gen), y en extraña lengua hablará a este pueblo. Moisés había pre­veni­da tiem­po atrás al pueblo de Israel que si fal­la­ban en respetar a Jehová y a Su pal­abra, Él “traería con­tra ti una nación de lejos, del extremo de la tier­ra, que vuele como águila, nación cuya lengua no entien­das; gente fiera de ros­tro, que no ten­drá respeto al anciano, ni per­donará al niño” (Deut 28:49–50). Acaz apela a Tiglat-pileser de Asiria y la sum­isión a él (2 Rey 16:7–16) en lugar de con­fi­ar en Jehová y aho­ra recoge los fru­tos del ter­ror y la ame­naza de la destruc­ción. La pal­abra de Jehová a través de Moisés sería cumpl­i­da.

      12 El reposo y el refrige­rio que Dios había prometi­do a la nación fue haber sido encon­tra­do en fidel­i­dad a Él y en la obser­van­cia de Su pacto (Deut 28:1–14). Esta pal­abra acer­ca del reposo y del refrige­rio se resume en una sen­ten­cia que Isaías había esta­do pred­i­can­do a todos, tan­to a los gob­er­nadores como al pueblo (ver 1:18–19; 7:4; 30:15). Más no quisieron oír; en con­se­cuen­cia, los asirios, los hom­bres de labios extraños, habían esta­do ame­nazan­do su tier­ra por un número de años y aún aho­ra esta­ban ya sea aprox­imán­dose o ya en la tier­ra. Sin embar­go, la fe salvó en aquel día (cap 37); sería deja­do por los babilo­nios, tam­bién los hom­bres de labios extraños, para dar lugar a la destruc­ción y la cau­tivi­dad (39:6).

      13 El pro­fe­ta regre­sa al pen­samien­to de los vers 10–11. Jehová ha habla­do a la nación en pal­abra; aho­ra Él les hablaría en hechos, y será cier­ta­mente espan­to el enten­der lo oído (vers 19). Mien­tras los pro­fe­tas y los sac­er­dotes ebrios han acu­sa­do al pro­fe­ta ver­dadero, así se les hará a ellos: La pal­abra, pues, de Jehová les será man­damien­to, manda­to sobre manda­to, renglón tras renglón, línea sobre línea, un poquito allí, otro poquito allá; has­ta que vayan y caigan de espal­das, y sean que­bran­ta­dos, enlaza­dos y pre­sos. En su rebe­lión con­tra Dios, con­fian­do en su propia for­t­aleza y en la ayu­da de Egip­to, se lev­an­taron nue­va­mente con­tra Asiria. Al caerse de espal­das, esta­ban a la larga destru­i­dos como nación, atra­pa­dos en una tram­pa fragua­da por ellos mis­mos, y toma­dos cau­tivos por Babilo­nia. Aprendieron lenta­mente; sin embar­go, un rema­nente apren­dería a la larga, pero fue renglón tras renglón, línea sobre línea, un poquito allí, otro poquito allá. El men­saje estru­en­doso de hechos y de juicios es el úni­co lengua­je que algunos – ya sea la nación, el indi­vid­uo, o la igle­sia de Dios – oirán o enten­derán. La escuela de la expe­ri­en­cia es una escuela dura, pero la úni­ca alter­na­ti­va es Dios cuan­do los oídos se acer­can al men­saje en la pal­abra. El Señor le había dicho a Isaías que el pueblo no pon­dría aten­ción a su men­saje; no obstante, el debía con­tin­uar pred­i­can­do (6:9–10).

El Pacto de los Gob­er­nadores con la Muerte y la Piedra del Fun­da­men­to en Sion (vers 14–22)

 

      14 Habi­en­do dirigi­do su men­saje de amon­estación y de adver­ten­cia sev­era en con­tra de los sac­er­dotes y de los pro­fe­tas de Jerusalén, el pro­fe­ta de Dios dirige aho­ra su aten­ción a la políti­ca burlesca de los gob­er­nantes de la ciu­dad. Tiem­po atrás él se había dirigi­do a estos hom­bres como los “príncipes de Sodoma…pueblo de Gomor­ra” (1:10); él aho­ra se refiere a ellos como burladores de Jehová y de Su pal­abra. Podría pare­cer por esto que Exe­quias, a pesar de su inte­gri­dad reli­giosa per­son­al, se había rodea­do con ayu­das y con­se­jeros incré­du­los y pro­fanos. Sin embar­go, prob­a­ble­mente solo había hom­bres de este tipo a escoger luego del reina­do mal­va­do de Acaz.

      15 Los gob­er­nadores de Judá se burla­ban de la idea que el juicio ven­dría sobre ellos: Pacto ten­emos hecho con la muerte, e hici­mos con­ve­nio con el Seol; cuan­do pase el tur­bión del azote, no lle­gará a nosotros, porque hemos puesto nue­stro refu­gio en la men­ti­ra, y en la falsedad nos escon­der­e­mos. Al haber hecho un pacto y acuer­do con la muerte y con el mun­do infe­ri­or o invis­i­ble, ellos no tenían temor ni de uno ni del otro. La pal­abra tur­bión (lit­eral­mente, un láti­go usa­do para infringir cas­ti­go) es algu­nas veces usa­do metafóri­ca­mente. Aquí el tur­bión del azote es la invasión de los asirios (ver 8:7–8). Si los burladores men­ciona­dos en estas mis­mas pal­abras existieron por un pequeño momen­to; es dudoso que ellos hayan sido tan hon­estos. Pero estas pal­abras expre­san el aplo­mo y la seguri­dad en si mis­mos para con­ju­rar una for­ma de evi­tar el tur­bión del azote que los ame­naz­a­ba, ya sea por lle­gar a un acuer­do con Asiria o por for­mar una alian­za con Egip­to (o con algu­na otra poten­cia). Ellos no tenían temor de la muerte o de la destruc­ción de Asiria, por su propia ingenuidad, no por la con­fi­an­za en Dios, que podría sal­var­los. Sin embar­go, los tratos políti­cos basa­dos en el engaño, en la men­ti­ra, y en la falsedad “que jue­gan tan­to al extremo como en el cen­tro,” a lo que los gob­er­nadores de Juda eran adep­tos en su may­oría, hacen un refu­gio muy pobre bajo el cual escon­der­se en tiem­po de aflic­ción.

      16 En medio de esta jac­tan­ciosa seguri­dad en si mis­mo y de la ruina inmi­nente, Jehová anun­cia otra de Sus pre­ciosas pro­fecías mesiáni­cas: por tan­to, Jehová el Señor dice así: He aquí, Yo he puesto (“he colo­ca­do,” al mar­gen) en Sion por fun­da­men­to una piedra, piedra proba­do, angu­lar, pre­ciosa, de cimien­to estable; el que creyere, no se apresure. Tan­to Delitzsch como Young hacen notar la simil­i­tud entre esta pro­fecía y la prome­sa por la que Acaz había sido repren­di­do. Cada una ini­cia con por tan­to y he aquí, segui­do por una especi­fi­cación de los hechos de Jehová: el Señor nos dará señal (7:14), y he puesto en Sion por fun­da­men­to una piedra. En el propósi­to de Dios esta piedra ha sido pues­ta en Sion des­de antes de la fun­dación del mun­do. Pedro iden­ti­fi­ca la piedra pues­ta en Sion como el Señor (1 Ped 2:3–8); Cristo “ya des­ti­na­do des­de antes de la fun­dación del mun­do, pero man­i­fes­ta­do en los postreros tiem­pos por amor de vosotros” (1 Ped 1:20). Esta piedra, proba­da, com­pro­ba­da, y proba­da como gen­uina, es el cimien­to firme, inamovi­ble, y per­ma­nente de sal­vación y de seguri­dad. Pre­ciosa – de gran val­or espir­i­tu­al y moral – es la piedra angu­lar en la que las pare­des están firme­mente unidas. El creyente que con­struye en esta piedra nun­ca será aver­gon­za­do por las acciones abrup­tas y pre­cip­i­tadas; por ejem­p­lo, inten­tar proveer con­tra el día del juicio al hac­er una alian­za con Egip­to o con algu­na otra fuerza extran­jera. Está piedra per­manece en con­traste al fal­so cimien­to en el que los gob­er­nantes de Judá con­fi­aron.

      No obstante que este pasaje es mesiáni­co, cumpli­do en Cristo, para el pueblo de los días de Isaías Jehová era la piedra proba­da en la que podrían con­fi­ar total­mente y sobre la que podrían con­stru­ir para per­ma­nen­cia. Des­de el tiem­po más antiguo de la his­to­ria de Israel, Él había sido su roca, una for­t­aleza de seguri­dad (Gén 49:24; Deut 32:4; Isa 8:14–15). Alrede­dor de un siglo después de Isaías, Nahum dijo en for­ma muy bel­la, “Jehová es bueno, for­t­aleza en el día de la angus­tia; y conoce a los que en él con­fían” (Nah 1:7). En Jehová el pueblo del Antiguo Tes­ta­men­to encon­traría qué Él esta­ba obran­do hacia – el Mesías, la piedra proba­da y per­ma­nente en la Sion espir­i­tu­al de Dios.

      17 El Señor con­tinúa con Su metá­fo­ra arqui­tec­tóni­ca: Él ajus­tará el juicio al cordel, la regla en todo Su tra­to con Judá, la regla en todos Su tratos con Judá, y a niv­el la jus­ti­cia, el están­dar por el que deben vivir. El cordel y la jus­ti­cia garan­ti­zan un muro rec­to y per­pen­dic­u­lar que, sien­do con­stru­i­do sobre un fun­da­men­to seguro, se man­ten­drá firme en todas las tor­men­tas (ver Mt 7:24–25). Pero en con­traste, el pacto de los gob­er­nantes con la muerte y el acuer­do con el Seol com­ple­ta­mente bar­ri­do. Estos lugares de refu­gio y ocul­tos de men­ti­ras lev­an­ta­dos por los pro­fe­tas, por los sac­er­dotes, y por los gob­er­nadores políti­cos fueron aun trans­mi­ti­dos por los fal­sos pro­fe­tas en los días de Eze­quiel, unos cien años más tarde; él los lla­ma pare­des recu­bier­tas con lodo suel­to. A estos él Señor tam­bién los hará caer al sue­lo con grani­zo y vien­to tem­pes­tu­oso (Ezeq 13:8–16). En ese tiem­po los babilo­nios la llu­via tor­ren­cial.

      18 Puesto que el pacto con la muerte y el acuer­do con el Seol fueron hechos por los varones burladores que gob­ernáis a este pueblo que está en Jerusalén (vers 14), la nación tam­bién está involu­cra­da. Al ocul­tarse detrás de esta fal­sa apari­en­cia o fal­sa pro­tec­ción, la nación está sin temor; sin embar­go cuan­do el tur­bión del azote pase por ellos, seréis de él pisotea­d­os. Esta doble figu­ra de un tur­bión pasan­do por ellos y de un ejérci­to pisote­an­do al pueblo bajo el pie da doble énfa­sis a la deses­peración y al ter­ror del momen­to.

      19 Luego que comience a pasar, él os arrebatará. Toda la tier­ra está involu­cra­da, porque “a los catorce años del rey Exe­quias, subió Sena­que­rib rey de Asiria con­tra todas las ciu­dades for­ti­fi­cadas de Judá, y las tomó (2 Rey 18:13). El pro­fe­ta ha dicho antes que el ejérci­to asirio inunde sus canales: “y pasan­do has­ta Judá, inun­dará y pasará ade­lante, y lle­gará has­ta la gar­gan­ta (8:8). Ven­drían a los muros de Jerusalén, pero no tomarían la ciu­dad (cap 37). Como la pal­abra vino a Jerusalén que los asirios estarían toman­do ciu­dad tras ciu­dad, sería cier­ta­mente espan­to al enten­der lo oído. Note en par­tic­u­lar el juego de pal­abras aquí. En tan­to que los pro­fe­tas y los sac­er­dotes se habían burla­do de Isaías, “¿a quién se hará enten­der doc­t­ri­na?” (vers 9), Dios los haría enten­der el men­saje de juicio y de destruc­ción lib­er­a­da por los hom­bres de lengua extraña y de lengua de tar­ta­mu­dos.

      20 No impor­ta ya sea que este ver­sícu­lo sea o no un dicho prover­bial, como se cree por algunos; enseña dramáti­ca­mente la lec­ción. Al esti­rarse uno mis­mo en una cama cor­ta, inten­tan­do cubrirse con una man­ta demasi­a­do estrecha, no solo es extremada­mente incó­mo­do, sino que podría resul­tar en la muerte si el cli­ma es frío. Así tam­bién, los gob­er­nadores de Judá encon­trarán su pacto y acuer­do de men­ti­ras demasi­a­do cor­tas y demasi­a­do estre­chas para pro­tec­ción cuan­do el tur­bión del azote pase por ellos.

      Alrede­dor de siete y medio sig­los más tarde los descen­di­entes de estos burladores hicieron un error sim­i­lar. Ellos hicieron un pacto con la muerte y un acuer­do con el Seol cuan­do declararon a Cesar el ser su rey y pidieron la muerte de Jesús, pidién­dole a Pila­to pon­er una guardia en la tum­ba. Pero todos los esfuer­zos fra­casaron. En la mañana del ter­cer día las cade­nas de la muerte fueron rotas en peda­zos, la tum­ba fue abier­ta, y el cuer­po de Jesús fue lev­an­ta­do de la muerte. Cua­tro décadas más tarde el ejérci­to romano bar­rió como un tor­rente des­bor­dante, destruyen­do la ciu­dad y el tem­p­lo, asesinan­do a miles y ven­di­en­do a otros miles como esclavos. El grani­zo bar­rió el refu­gio de men­ti­ras, porque sus camas eran demasi­a­do cor­tas, sus man­tas demasi­a­do estre­chas. Des­de entonces mil­lones han fal­la­do en apren­der la lec­ción, al con­tin­uar hacien­do pactos con la muerte y acuer­dos con el Seol y ocultán­dose a si mis­mos en las men­ti­ras del ateís­mo, de la evolu­ción, de las teorías humanís­ti­cas, de los errores reli­giosos, de las creen­cias fal­sas, y del com­pro­miso del cris­tian­is­mo denom­i­na­cional. Todos los esfuer­zos por ocul­tarse de Dios y aun ani­mar al alma con un fal­so sen­ti­do de seguri­dad son fal­sas apari­en­cias – pare­des recu­bier­tas con lodo suel­to. Cuan­do el tur­bión del azote del juicio divi­no pase, la cama será cor­ta para poder esti­rarse, y la man­ta estrecha para poder envol­verse.

     21 La pal­abra porque intro­duce la causa inmedi­a­ta de esta trage­dia: Jehová se lev­an­tará como en el monte Per­iz­im, como en el valle de Gabaón se eno­jará. Este juicio será una expre­sión de la ira div­ina, como cuan­do Jehová doblegó a los ene­mi­gos de David en Baal-per­az­im (2 Sam 5:20; 1 Cron 14:11) y a los fil­is­teos en Gabaón (2 Sam 5:25; 1 Crón 14:16). En Gabaón, en los días de Josué, Jehová había exter­mi­na­do tam­bién a los reyes amorre­os y a sus ejérci­tos con grandes piedras des­de el cielo (Jos 10:10–11). El pro­fe­ta excla­ma lo que Jehová hará para hac­er su obra…su extraña obra. Lo extraño es que Jehová actu­ará en con­tra de Su pro­pio pueblo, que se ha con­ver­tido en Su ene­mi­go.

      22 El pro­fe­ta cier­ra su dis­ertación con una adver­ten­cia final: Aho­ra, pues – a la luz de lo que ha sido dicho-, no os burléis; cam­biar su acti­tud de burla a fe, para que no se apri­eten más vues­tras ataduras. Los gob­er­nadores podrían ser apre­ta­dos aun más; pero el pueblo escuch­a­ba a Dios a difer­en­cia de ellos, puede encon­trar aun mis­eri­cor­dia en el juicio adver­tido. Porque destruc­ción ya deter­mi­na­da sobre toda la tier­ra he oído del Señor, Jehová de los ejérci­tos. Este decre­to de destruc­ción sobre toda la tier­ra que había oído el pro­fe­ta es prob­a­ble­mente el úni­co anun­ci­a­do en los capí­tu­los 24–27. Del Señor, el Señor de los gob­er­nantes de todos los reinos, Jehová de los ejérci­tos, que con­tro­la y dirige para Su pro­pio ser­vi­cio y glo­ria los ejérci­tos de la tier­ra, ha traí­do este decre­to. Esto no es el bal­buceo del pro­fe­ta, sino un men­saje que ha sido oído del Señor.

Una Parábo­la de la Agri­cul­tura (vers 23–29)

      En una parábo­la de la agri­cul­tura el pro­fe­ta enseña que el juicio de Jehová tiene un propósi­to; Dios siem­pre actúa de acuer­do a la sabiduría div­ina. Todo lo que Él hace mira hacia lo que lle­va fru­to espir­i­tu­al de acuer­do a Su propósi­to eter­no.

      23–24 Por el uso de cua­tro imper­a­tivos el pro­fe­ta apela al pueblo a oír su voz y a escuchar su parábo­la. Mien­tras el agricul­tor  ara, siem­bra, y tril­la, tiene en mente la nat­u­raleza de la semi­l­la que desea­ba al final. El labrador ara, y entonces tril­la para romper los ter­rones; no sigue el pro­ce­so indefinida­mente, sino solo has­ta que el sue­lo está sufi­cien­te­mente prepara­do para sem­brar.

      25–26 Con la tier­ra prepara­da, el agricul­tor siem­bra la semi­l­la de acuer­do a sus difer­entes car­ac­terís­ti­cas. El enel­do (comi­no negro), las vainas de las que se pro­ducen grandes can­ti­dades de pequeñas semi­l­las negras, es usa­do en el pan para hac­er­lo más salud­able. El agricul­tor der­ra­ma el enel­do, siem­bra el comi­no, una hier­ba aromáti­ca, la semi­l­la que era muy apre­ci­a­da para condi­men­tar la carne esto­fa­da y para agre­gar sabor al pan. Cada una de estas es sem­bra­da de acuer­do a la sabiduría de la labran­za. El tri­go y la ceba­da son sem­bradas en los lugares apropi­a­dos en hileras, y la ave­na (un tipo de tri­go sil­vestre, o un tipo de guisante usa­do como pas­to para camel­lo) es sem­bra­da como un bor­de, pero los agricul­tores de Judá lo sabían y para ellos tenía sen­ti­do. Esta sabiduría o sen­ti­do común venían de Dios, que la da al hom­bre.

      27 El mis­mo tipo de sen­ti­do común o de sabiduría es asimis­mo usa­do en el tril­la­do. El enel­do y el comi­no, plan­tas tan­to pequeñas como del­i­cadas, no son tril­ladas con equipo inade­cua­do tal como un instru­men­to cor­tante o una rue­da de car­reta pasa­da sobre las vainas. En lugar de eso, son sacu­d­i­dos por un palo o por una vara; este es el sen­ti­do común.

      28 Del mis­mo modo al tril­lar el gra­no para el pan, el agricul­tor usará el juicio apropi­a­do. Al mar­gen parece dar el sen­ti­do de este ver­sícu­lo: El gra­no se tril­la; pero no se tril­lará para siem­pre; ni lo com­prime con la rue­da de su car­reta, ni lo que­bran­ta con los dientes de su tril­lo. El agricul­tor no se mantiene tril­lan­do, o con­ducien­do a los cabal­los y los instru­men­tos para tril­lar sobre el gra­no has­ta que es com­prim­i­do y inade­cua­do para el pan. Él sabe cuan­do el tril­la­do está com­ple­to.

      29 La sabiduría mostra­da por el agricul­tor es de Dios, para hac­er mar­avil­loso el con­se­jo y engrande­cer la sabiduría. Jehová es mucho más que un poder ilim­i­ta­do ejer­cien­do ven­gan­za; Él siem­pre actúa de acuer­do a Su sabiduría infini­ta y después del con­se­jo de Su vol­un­tad div­ina (ver Ef 1:11). Así como el agricul­tor ara y ras­tril­la, y siem­bra de acuer­do a la nat­u­raleza del gra­no, y después tril­la de acuer­do al sen­ti­do común y a la sabiduría, así Jehová ha esta­do aran­do, sem­bran­do, y tril­lan­do de acuer­do a Su sabiduría y con­se­jo de tal for­ma que Su propósi­to eter­no divi­no pudiera ser cumpli­do. En medio del juicio podemos recono­cer Su propósi­to eter­no y actu­ar entonces en fe.



[1]  Edwin R. Thiele, A Chronol­o­gy of the Hebrew Kings (Grand Rapids: Zon­der­van, 1978), pp. 52–54, 65–67.

Capí­tu­lo 28 Los Ebrios – y la Piedra en Sión

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El Juicio Mundi­al y la Lib­eración del Pueblo de Dios (24–27)

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Una can­ción de tri­un­fo debe ser can­ta­da en Judá para cel­e­brar el fin de la obra de Jehová en la preparación para la toma de posi­ción de la fuerte ciu­dad. La fuerte ciu­dad ha tri­un­fa­do sobre la ciu­dad alti­va. No especi­fi­ca la ciu­dad, como Jerusalén o Nínive o Babilo­nia, está a la vista, porque el pro­fe­ta con­tinúa rev­e­lando su men­saje en relación a las edades. El mira la der­ro­ta de lo que es orgul­loso y alti­vo, y la vic­to­ria glo­riosa de la causa de jus­ti­cia de Dios. De hecho, la may­or parte del capí­tu­lo podría ser con­sid­er­a­do un cán­ti­co de ala­ban­za por la for­t­aleza de Jehová y Su ejer­ci­cio de esa for­t­aleza para der­ro­tar a Sus ene­mi­gos y red­imir a los que ponen su con­fi­an­za en Él (vers 1–19). Su pueblo es urgi­do a bus­car refu­gio en sus aposen­tos has­ta que pase la tor­men­ta (vers 20–21).

 

Ala­ban­za de la Ciu­dad Fuerte (vers 1–6)

 

      1 En aquel día nos dice que la fuerte ciu­dad es simultá­neo con la sal­vación de los que esper­aron por Jehová y con la caí­da de Moab, el sím­bo­lo del orgul­lo y de la arro­gan­cia (25:9–12). En con­traste a Moab y lo que sim­boliza la fuerte ciu­dad está en la tier­ra de Judá. Jehová ha “lava­do las inmundi­cias de las hijas de Sion” y ha pur­ga­do a Jerusalén del estal­li­do de juicio y de ardor (4:4); Él aho­ra mora en medio de esta nue­va­mente limpia­da Sion-Jerusalén (24:23). Esta ciu­dad espir­i­tu­al no nece­si­ta pare­des de piedra sól­i­das para pro­tec­ción, porque la sal­vación puso Dios por muros y ante­muro. La vio­len­cia y la des­o­lación serán descono­ci­das den­tro de sus fron­teras, porque sus muros serán lla­madas Sal­vación y sus puer­tas Ala­ban­za (60:18). Es garan­ti­za­da la seguri­dad com­ple­ta de las fuerzas extran­jeras, porue Jehová dice, “Yo seré para ella, dice Jehová, muro de fuego en derre­dor, y para glo­ria estaré en medio de ella” (Zac 2:5). Aho­ra el cán­ti­co puede ser can­ta­do.

2 Has­ta aho­ra, la ciu­dad está des­ocu­pa­da, deshabita­da, porque las puer­tas no han sido abier­tas (ver 24:12, donde la puer­ta de la ciu­dad des­o­la­da ha sido cas­ti­ga­da con destruc­ción). Dios está lle­van­do a cabo Su propósi­to eter­no, “después el con­se­jo de Su vol­un­tad,” que final­mente será resum­i­do en Cristo (Ef 1:3–11). Con la preparación com­ple­ta, aho­ra viene el lamen­to, Abrid las puer­tas, y entrará la gente jus­ta, guardado­ra de ver­dades. El tema de aque­l­los cán­ti­cos que han sido oídos des­de la parte postrero de la tier­ra – “Glo­ria al jus­to” (24:16) – está sien­do aho­ra cumpli­do. Esto se refiere espe­cial­mente a aque­l­los que han esper­a­do en Jehová (25:9), aque­l­los que han guarda­do la fe. Cuan­do ven­ga final­mente el tiem­po apropi­a­do, a ellos se les dará siem­pre la pref­er­en­cia; el evan­ge­lio vino primero a los judíos, entonces tam­bién a los grie­gos (Rom 1:16; 2:8–10; Hech 3:26), incluyen­do a todas las naciones y pueb­los (25:6–7; 2:2–4). Dos car­ac­terís­ti­cas de aque­l­los que entran son la rec­ti­tud y la firmeza – man­te­nien­do la fe con Dios.

3 Una seguri­dad bel­la y con­fort­able es dada a los jus­tos que entran en la fe: (Jehová) guardarás en com­ple­ta paz a aquel cuyo pen­samien­to en ti per­se­vera; porque en ti ha con­fi­a­do, esto es, él ha guarda­do la fe en Dios (vers 2). Esto refle­ja la descrip­ción de la rec­ti­tud por un salmista descono­ci­do: “No ten­drá temor de malas noticias;/ Su corazón está firme, con­fi­a­do en Jehová” (Sal 112:7). Com­ple­ta paz (“paz, paz,” del hebreo) sig­nifi­ca feli­ci­dad com­ple­ta, bien­es­tar total. Esta es la ben­di­ción de aque­l­los cuya mente ha per­maneci­do en Dios.

4 Esta con­fi­an­za implíci­ta en Jehová es vuelta a enfa­ti­zar: Con­fi­ad en Jehová per­pet­u­a­mente, no solo cuan­do todo va bien sino tam­bién cuan­do el final del túnel parece oscuro y lejano. La con­fi­an­za es la seguri­dad con­fi­a­da de la inte­gri­dad de los demás, la con­fi­an­za abso­lu­ta en sus capaci­dades y atrib­u­tos (ver Prov 3:5–8). Isaías usa una frase que sucede solo aquí y en 12:2, Jah, Jehová (tra­duci­do Jehová, Jehová con­stante). Delitzsch comen­ta, “Es el nom­bre pro­pio de Dios el reden­tor en la for­ma más enfáti­ca” (I. 444). En Jehová está la for­t­aleza de los sig­los – una Roca de los tiem­pos. Ini­cian­do con el uso de Moisés de la “Roca” en ref­er­en­cia a Jehová (Deut 32:4), var­ios escritores han usa­do la pal­abra para describir cier­tas car­ac­terís­ti­cas del Señor: Jehová es una for­t­aleza y un lib­er­ta­dor en el que alguien puede ten­er refu­gio (2 Sam 22:2–3); la Roca de la sal­vación (2 Sam 22:47); un castil­lo, una for­t­aleza (Sal 31:2–3). Entonces Él ofrece refu­gio de los vien­tos tor­men­tosos y las fieras opre­siones de la vida. Jehová dio a Israel agua de una roca en el desier­to; Pablo usa esta roca como un sím­bo­lo de Cristo (1 Cor 10:4).

5–6 Los altos pueb­los (24:4) son traí­dos de nue­vo a la vista – der­ribó a los que mora­ban en lugar sub­lime; humil­ló a la ciu­dad exal­ta­da, el orgul­lo y la arro­gan­cia que los exal­ta a ellos mis­mos. Como Moab, fue hol­la­da la paja en el muladar (25:10), así todo lo que es alti­vo y alto será der­rib­a­do, has­ta el pol­vo, volvién­dose una “ciu­dad que­bran­ta­da” (24:10), “un montón…en ruina” (25:2). En con­traste, la nación jus­ta de la fuerte ciu­dad (vers 1–2), cuya defen­sa es Jehová, la Roca de la eternidad que per­du­ra para siem­pre, per­manecerá per­pet­u­a­mente como su Roca. La der­ro­ta por parte de Dios de la ciu­dad mundi­al alti­va de la mal­dad es pro­gre­si­va. La for­t­aleza de todo lo que se exal­ta a si mis­mo en con­tra de Dios debe ser der­rib­a­do (2 Cor 10:3–5). El pro­fe­ta prosigue aun con más énfa­sis: la hol­lará pie (el orgul­lo y la arro­gan­cia de la ciu­dad alti­va). El pobre y el nece­si­ta­do cam­i­narán donde el orgul­lo algu­na vez se glo­rió.

 

Los Efec­tos de los Juicios de Jehová (vers 7–10)

 

      7 Es incier­to si el vers 7 sirve como una con­clusión a los vers 1–6, o como una intro­duc­ción a los 8–10. Nosotros lo aso­ci­amos con lo que sigue porque el camino del jus­to es para­le­lo con el camino de tus juicios (vers 8). La lec­tura al mar­gen comu­ni­ca mejor la idea del pro­fe­ta: el camino del jus­to (hon­esto) es rec­ti­tud; tú, que eres rec­to, pesas el camino del jus­to; es un camino rec­to y dere­cho. El énfa­sis parece estar sobre la jus­ti­cia o rec­ti­tud del camino y en el hecho que Jehová lo pesa. Él qui­ta los obstácu­los y hace el camino dere­cho. El sabio dice, “Porque los caminos del hom­bre están ante los ojos de Jehová,/ Y él con­sid­era todas sus veredas” (Prov 5:21).

8 Tam­bién, Dios dirige no solo los pasos del jus­to (vers 7), sino tam­bién el camino de Sus juicios. El jus­to espera por Jehová y por Sus juicios, porque ellos saben que Sus juicios deben venir y que por medio de ellos ven­drá la lib­eración y la sal­vación (ver 25:9). El deseo del alma mira a Su nom­bre y a Su memo­ria; todo lo que Él es – todo lo que Él ha hecho, está hacien­do, y hará – es resum­i­do en Su nom­bre (ver Exo 35b; Ose 12:5).Los que esper­aron por los jus­tos juicios de Dios y con­fi­aron en lo com­ple­to de Su nom­bre y de Su memo­ria, que resume el deseo del alma jus­ta, encon­trarán la sen­da ver­dadera.

9 El pro­fe­ta habla en primera per­sona, iden­ti­ficán­dose entonces a si mis­mo con el fiel que ha esper­a­do: Con mi alma te he desea­do en la noche. En la noche sig­nifi­ca ya sea la noche de la aflic­ción (21:11; Amos 5:8) o la oscuri­dad de la igno­ran­cia y el peca­do en la que el mun­do está inmer­so (60:2). Con su espíritu el pro­fe­ta bus­cará con ahín­co a Jehová, “noche y día” (Alexan­der), con inten­si­dad y seriedad de mente, aun en el día. El alma y el espíritu usa­dos para­le­la­mente se refieren a la total­i­dad del hom­bre inte­ri­or. Si los dos tér­mi­nos se pre­tende que exp­re­sen ideas inde­pen­di­entes, el alma se refiere a la total­i­dad del ser (ver Gén 2:7) mien­tras que el espíritu indi­ca el prin­ci­pio de la vida en el hom­bre que lo rela­ciona a Dios. El pro­fe­ta intro­duce aho­ra una idea fres­ca en relación al juicio: porque luego que hay juicios tuyos en la tier­ra, los moradores del mun­do apren­den jus­ti­cia. Los juicios pudiera ser que no regre­saran a las naciones a la jus­ti­cia, pero ellas apren­den que Jehová gob­ier­na y que “La jus­ti­cia engrandece a la acción;/ Mas el peca­do es afrenta de las naciones” (Prov 14:34). Este ver­sícu­lo señala con clar­i­dad el hecho de que el pro­fe­ta está ocupán­dose de un juicio mundi­al y de prin­ci­p­ios bajo los que las naciones deben vivir y actu­ar.

10 El pro­fe­ta con­tinúa estable­cien­do un con­traste del pen­samien­to ante­ri­or: Se mostrará piedad al mal­va­do, y no apren­derá jus­ti­cia. Con­tin­uó la pros­peri­dad bus­can­do vol­tear el corazón lejos de Dios, causán­dole que olvi­dara las fuentes de las ben­di­ciones. La his­to­ria de nues­tra nación demues­tra esto. Cuan­do el mal­va­do pros­pera, tomar ven­ta­ja de la jus­ti­cia y tratan equiv­o­cada­mente con ella. En su ceguera ellos no mirarán la majes­tad de Jehová, sin embar­go Él no se dejará a Si mis­mo sin tes­ti­mo­nio de Su majes­tad y benev­o­len­cia (Hech 14:17).

 

El Señor Jehová Con­tra los “Otros Señores” (vers 11–15)

 

11 La mano alza­da de Jehová debe lla­mar la aten­ción a Su poder y reina­do poderoso tan­to entre las naciones como en Su pro­pio pueblo. No obstante, aunque Su mano con­tinúa para ser lev­an­ta­da en el juicio del mun­do y en la pro­tec­ción del fiel, los pueb­los rehúsan ver y ser afec­ta­dos con Su ser y grandeza. Sin embar­go, alguien pien­sa que lla­mará la aten­ción clara­mente: el celo de Jehová es por el pueblo – Su pro­pio pueblo – en con­traste a los “altos pueb­los,” que enfer­marán (24:4). Este celo por Su pueblo y Su ira con­tra el orgul­lo y las rebe­liones traerán las naciones a la vergüen­za. El fuego de Su ira devo­rará a Sus adver­sar­ios (ver Sal 97:3–4). O, si la lec­tura al mar­gen está cor­rec­ta, y a tus ene­mi­gos fuego los con­sumirá. Los adver­sar­ios serán devo­ra­dos por un fuego des­de den­tro de ellos mis­mos, como tan fre­cuente­mente pasa. Entonces “Cier­ta­mente la ira del hom­bre te alabará;/ Tú reprim­irás el resto de tus iras” (Sal 76:10). “Las mis­mas pasiones que exci­tan a los hom­bres a rebe­larse con­tra Dios serán usa­dos como instru­men­tos y medios de coer­ción” (Alexan­der). La fiera ira de los asirios le sirvió a Jehová como Su instru­men­to de juicio, aunque los asirios no querían Servir­le (10:5–7); de for­ma seme­jante, la furia vio­len­ta de los caldeos Le sirvieron invol­un­tari­a­mente (Hab 1:5–11); Ciro el per­sa, cuya ambi­ción era con­quis­tar el mun­do, fue instru­men­to del juicio de Jehová en con­tra del mun­do de esos días (45:1–7). Este fuego ardi­ente, de orgul­lo, y de con­quista den­tro lo mun­dano los con­sum­ió.

12 En el total de esta estro­fa o pár­rafo par­tic­u­lar el pro­fe­ta con­tinúa con­tem­p­lan­do y ensalzan­do el poder y la obra de Jehová. En medio del fuego devo­rador que alcan­za a los adver­sar­ios del propósi­to y del reino de Jehová, Él en Su celo por Su pueblo proveerá y estable­cerá la paz – bien­aven­tu­ran­za total y com­ple­ta – para ellos. Porque tam­bién hiciste en nosotros todas nues­tras obras. El pueblo, apoyán­dose en su pro­pio entendimien­to y sigu­ien­do sus pro­pios caminos, ha fal­la­do. Pero el Señor ha tra­ma­do su rum­bo, y todo lo que ha sido alcan­za­do – su lib­eración, preser­vación, y logros – ha sido for­ja­do por Jehová.

13 De nue­vo el pro­fe­ta se dirige a Jehová, avan­zan­do a una expre­sión aun más grande de ado­ración y de relación per­son­al: Jehová Dios nue­stro. Isaías mira hacia atrás al pasa­do y en vergüen­za con­fiesa, otros señores fuera de ti se han enseñore­a­do de nosotros. Hay dos pun­tos de vista sostenidos en relación al tér­mi­no otros señores.

14 Uno es que eran gob­er­nantes extran­jeros que, en difer­entes épocas ini­cian­do con el peri­o­do de los jue­ces, han pre­dom­i­na­do sobre Israel. Este pun­to de vista está en armonía con la maldición pro­nun­ci­a­da en Lev 26:15–17: si el pueblo de Dios no Le presta­ba aten­ción, Él pon­dría Su ros­tro con­tra ellos, y “los que os abor­recen se enseñore­arán de vosotros.” El segun­do pun­to de vista es que el pro­fe­ta se está refirien­do a los ído­los-dios­es al que el pueblo había servi­do repeti­da­mente a lo largo de toda su his­to­ria (ver 2:8; Amos 5:25–26). Aunque los eru­di­tos están divi­di­dos en sus pun­tos de vista, parece que lo últi­mo es lo cor­rec­to. La prome­sa de Jehová de las ben­di­ciones que sigue a la obe­di­en­cia y las maldiciones que siguen a la des­obe­di­en­cia es intro­duci­da con el man­damien­to, “No haréis para vosotros ídolos…porque yo soy Jehová vue­stro Dios” (Lev 26:1). La idol­a­tría había sido la debil­i­dad de Israel y su maldición aun antes que entraran a Canaán. Detrás de la con­tro­ver­sia de Jehová con el pueblo, la guer­ra real había sido entre Él y los ído­los. Cuan­do los ído­los se volvieron los señores del pueblo, la nación había caí­do bajo el señorío de los gob­er­nadores paganos y en con­se­cuen­cia en un ser­vi­cio aun más grande de los dios­es extran­jeros (ver Deut 28:36). Pero aho­ra, con la vic­to­ria de Jehová demostra­da, allí habrá una nue­va relación. Al darse cuen­ta de la vanidad de las dei­dades hechas por humanos, el pueblo recono­cerá solo a Jehová como Dios.

14 Muer­tos son, no vivirán; han fal­l­e­ci­do (son som­bras o tinieblas), no resuci­tarán. Los ído­los-dios­es o señores siguen estando a la vista del pro­fe­ta. Eran obras sin vida de las manos de los hom­bres; ellos no hablan, no ven, no oyen. No había res­piración en ellos; y los que los hicieron eran como ellos, tam­bién sin vida y muer­tos den­tro de ellos mis­mos (Sal 135:15–18). Una vez que ellos han sido vis­i­ta­dos por Jehová y fueron aplas­ta­dos o destru­i­dos, nun­ca serán lev­an­ta­dos; Él hace que se destruya y se desha­ga todo su recuer­do. Si el pro­fe­ta está hablan­do de los tira­nos paganos que habían gob­er­na­do sobre Israel, lo mis­mo podría ser dicho de ellos: no se lev­an­tarían más, y su memo­ria sería olvi­da­da. De las naciones entre las que Jehová dis­per­so a los judíos, Él dijo, “destru­iré a todas naciones” (Jer 30:11; 46:28). Y en la visión de Daniel, el dominio de los cua­tro grandes impe­rios es quita­do (Dan 7:12); el dominio del cuar­to es quita­do para ser con­sum­i­do y destru­i­do “has­ta el fin” (Dan 7:26; ver Apoc 17:16; 19:3, 20).

15 En con­traste a la destruc­ción de las naciones que servían a los ído­los, Jehová en Su celo ha aumen­ta­do al pueblo – Su pueblo (ver vers 11). Y en con­traste a la destruc­ción de los ído­los impo­tentes, Dios es glo­ri­fi­ca­do. En Su aumen­to de la nación Jehová ha engrande­ci­do todas las fron­teras de la tier­ra y ha expandi­do las tien­das en las que habi­ta Su pueblo (54:2–3). Des­de Su reino des­de en medio de la purifi­ca­da Sion, “su señorío será de mar a mar, y des­de el río has­ta los con­fines de la tier­ra” (Zac 9:10).

 

De la Der­ro­ta a la Vic­to­ria (vers 16–19)

 

      16 Jehová es por cier­to la figu­ra cen­tral y el poder en este capí­tu­lo; la pal­abra Jehová se men­ciona once veces y Jah una vez. El pro­fe­ta se dirige a Él: Jehová, en la tribu­lación te bus­carán. En tiem­po de tribu­lación y de aflic­ción los paganos “aullaron” – Babilo­nia (13:6), Moab (15:2–4), y los marineros y el pueblo de Tiro (23:1, 6). Los pecadores rebeldes de Jehová hicieron muchas ora­ciones que Jehová no oyó (1:15); ellos lamen­taron con “endecha de lamentación” (Miq 2:4). Ellos no miraron a Jehová (22:11); y cuan­do Él los llamó al arrepen­timien­to, Lo igno­raron, volvién­dose al en lugar de eso al fes­te­jo y a la cel­e­bración (22:12–13). Pero los que esper­aron por Jehová (25:9) y bus­caron por la paz (26:12) der­ra­maron ora­ciones hacia Él en tiem­po de cas­ti­go. Lit­eral­mente, der­ra­maron oración, no un que­ji­do o susurro como de un fan­tas­ma (ver 29:4), sino una oración qui­eta de esper­an­za, como la de Ana, que “habla­ba en su corazón, y sola­mente se movían sus labios, y su voz no se oía” (1 Sam 1:13).

17–18 Como una mujer enc­in­ta que está en el dolor y ansiosa de ser lib­er­a­da, así hemos sido delante de ti, oh Jehová. Aunque el pueblo ha esta­do con los niños y en el dolor, no han cumpli­do prác­ti­ca­mente nada, dieron a luz solo vien­to, un sím­bo­lo de der­ro­ta y decep­ción y vacío (ver 41:29; Ose 8:7; 12:1). Cuan­do ya está fuera del dolor del alum­bramien­to al nac­er un hijo, hay gozo en la madre (Jn 16:21); pero el pueblo ningu­na lib­eración hizo en la tier­ra, solo vien­to. Al fal­tar la fe y la con­fi­an­za en Dios y la depen­den­cia en Él, han cumpli­do muy poco si es que nada hacia lle­var a cabo el propósi­to de Jehová. Ni cayeron los moradores del mun­do (“nac­er” al mar­gen). Los moradores de la tier­ra, los paganos, ni han caí­do (han sido destru­i­dos) por Israel ni se han vol­tea­do a Dios por ellos mis­mos; Israel ha fal­la­do.

19 En medio de esta der­ro­ta y depre­sión de espíritu, pror­rumpe un gri­to de esper­an­za y de alien­to. Jehová habla. Allí sin embar­ga habrá vic­to­ria, pero no ven­drá del hom­bre, sino de Dios – una obra de Su vol­un­tad, poder y gra­cia. Tus muer­tos vivirán, aque­l­los a los que había dado al pro­fe­ta y por el cual él había esta­do espe­cial­mente pre­ocu­pa­do (8:16–18); sus cadáveres resuci­tarán, porque ellos son tam­bién de Jehová. Hay tres pun­tos de vista en relación a la res­ur­rec­ción pre­cisa que es con­sid­er­a­da aquí: (1) la res­ur­rec­ción fig­u­ra­da de la nación judía y su regre­so a su tier­ra; (2) la res­ur­rec­ción final del cuer­po en el tiem­po del fin; (3) una res­ur­rec­ción espir­i­tu­al en la era mesiáni­ca. Debe­mos inten­tar deter­mi­nar cual de estas está en la mente del pro­fe­ta.

1. Por el con­tex­to es claro que Isaías no tiene a la vista el retorno de Israel a la tier­ra natal. Hemos leí­do pre­cisa­mente que en Su celo por el pueblo Jehová ordenará la paz para ellos (vers 12). Al traer la idol­a­tría a la nada, él engrande­cerá a la nación y alargará todas las fron­teras (vers 15). Esto será cumpli­do, no por una res­ur­rec­ción y retorno de la nación judía a su tier­ra (ver Ezeq 37:1–14), sino por una res­ur­rec­ción espir­i­tu­al.

2. La idea de la res­ur­rec­ción del cuer­po había sido indi­ca­da des­de el tiem­po de Moisés. Porque Jesús dijo, “Pero en cuan­to a que los muer­tos han de resuci­tar, aun Moisés lo enseñó en el pasaje de la zarza.” Citan­do las pal­abras de Dios a Moisés en Exo 3:6 (“Yo soy el Dios…de Abra­ham, el Dios de Isaac, y el Dios de Jacob,” todos los cuales habían muer­to mucho tiem­po antes del tiem­po de Moisés), Jesús llegó a la sigu­iente con­clusión: “Porque Dios no es Dios de muer­tos, sino de vivos, pues para él todos viv­en” (Luc 20:37–38). David de for­ma seme­jante señaló a la res­ur­rec­ción de la muerte: “Porque no dejarás mi alma en el Seol,/ ni per­mi­tirás que tu san­to vea cor­rup­ción” (Sal 16:10). Sin embar­go, el uso de Isaías de “en aquel día” en el sigu­iente capí­tu­lo (vers 1, 2, 12, 13), iden­ti­f­i­can­do cier­tos even­tos con este ver­sícu­lo (26:19), con­fir­ma que él no está tratan­do con la res­ur­rec­ción en el día final, aunque el lengua­je podría ser así con­stru­i­do. Además, Jesús dice que todos se lev­an­tarán en el día final (Jn 5:28–29; ver Hech 24:15).Entonces, el lengua­je del vers 14, donde se nos dice que los señores paganos “no resuci­tarán,” debe ser sim­bóli­co. Si el lengua­je allí es sim­bóli­co, entonces tam­bién lo es aquí.

3. Vien­do la res­ur­rec­ción del vers 19 como una res­ur­rec­ción espir­i­tu­al es con­sis­tente con el con­tex­to del capí­tu­lo. Fuera del juicio y la destruc­ción de las naciones paganas y de las fuerzas espir­i­tuales de mal­dad que lev­an­tarán una nue­va nación; esto involu­cra una res­ur­rec­ción espir­i­tu­al. Jesús dijo, “Viene la hora, y aho­ra es, cuan­do los muer­tos oirán la voz del Hijo de Dios; y los que oyeren [‘pon­gan aten­ción,’ al mar­gen] vivirán” (Jn 5:25). Aque­l­los que oigan Su voz por medio del evan­ge­lio vivirán (ver Ef 2:1–6). Daniel tam­bién habló de esta res­ur­rec­ción espir­i­tu­al: “Y muchos [note que él no dice ‘todos’] de los que duer­men en el pol­vo de la tier­ra serán des­per­ta­dos, unos para vida eter­na, y otros para vergüen­za y con­fusión per­pet­ua” (Dan 12:2). De aque­l­los que oyen y se les da vida por el evan­ge­lio, algunos per­manecerán fieles has­ta la vida eter­na y algunos des­pre­cia­rán la eternidad (ver Mt 24:12; Heb 6:1–8; 10:26–31). Cier­ta­mente, Simeón se per­cató que Jesús esta­ba “puesto para caí­da y lev­an­tamien­to de muchos en Israel, y para señal que será con­tradicha” (Luc 2:34).

Y la echará a tier­ra, has­ta el pol­vo; de lo que Jerusalén iba a lev­an­tarse y a ser sacu­d­i­da libre de si mis­ma (52:2). Un pen­samien­to sim­i­lar es expre­sa­do por Pablo: “Despiér­tate, tu que duer­mes, Y lev­án­tate de los muer­tos, Y te alum­brará Cristo” (Ef 5:14). Porque tu rocío – el refrig­er­ante de Jehová – es cual rocío de las hor­tal­izas, sus­ten­tan­do la vida; o “el rocío de luz” (al mar­gen), al provo­car que la muerte alum­bre, como lo indicó Pablo. Uno y otro hace sen­ti­do. Y la tier­ra dará sus muer­tos; por medio de la pred­i­cación del evan­ge­lio, la muerte será revivi­da a lo espir­i­tu­al, y entonces a lo eter­no, a vida por el Señor.

En vista que Isaías está hablan­do de la res­ur­rec­ción espir­i­tu­al es con­sis­tente con el tema y el alcance del libro de Isaías, con el con­tex­to par­tic­u­lar de los capí­tu­los 24–27, y con la enseñan­za del Nue­vo Tes­ta­men­to. Parece, entonces, al menos en este escritor, que este pun­to de vista es el más plau­si­ble de los tres sug­eri­dos.

 

Espera por Jehová (vers 20–21)

 

      20 El tiem­po del cumplim­ien­to de las prome­sas y la esper­an­za del vers 19 no esta­ba aun a la mano. Entonces por medio de Su pro­fe­ta, el Señor lla­ma, Anda, pueblo mío – lim­i­tan­do la exhortación al fiel, los que son de Él – entra (Su pueblo como una unidad), en tus aposen­tos, cier­ra tras ti tus puer­tas. Como en Mt 6:6, el aposen­to que está aquí a la vista es un aposen­to inte­ri­or donde los fieles van a con­tin­uar en una vida de fe, oración, y depen­den­cia de Jehová. ¿Dónde se puede encon­trar aposen­tos más seguros que en Jehová, la “for­t­aleza de los sig­los” (vers 4)? Escón­dete un poquito (el tiem­po no es un fac­tor con Dios; mil años delante de Sus ojos “son como el día de ayer, que pasó, Y como una de las vig­ilias de la noche,” (Sal 90:4; ver 2 Ped 3:8), has­ta que pase la indi­gnación, los juicios de destruc­ción que deben venir sobre el mun­do de los impíos antes que aparez­ca la nación espir­i­tu­al.

21 La indi­gnación es eje­cu­ta­da en la veni­da de Jehová que sale de su lugar para cas­ti­gar al morador de la tier­ra por su mal­dad con­tra Él. El lengua­je ade­cua­da mien­tras es usa­da para referirse a Su descen­so para ver la torre de Babel (Gén 11:5), o Su descen­so para inves­ti­gar la mal­dad de Sodomía Gomor­ra (Gén 18:21). Des­de Su habitación en el cielo Él aparece en juicio. Los crímenes de la sociedad deben ser clara­mente rev­e­la­dos delante de Él, y el cas­ti­go en con­tra de tales crímenes debe ser eje­cu­ta­do. La ley ha sido vio­la­da (24:5), y el cas­ti­go debe ser lle­va­do a cabo. Job había ora­do que su san­gre no fuera cubier­ta, pero que su jus­ti­cia, que había sido desafi­a­da por sus acu­sadores, fuera vin­di­ca­da (Job 16:18; ver Ezeq 24:7–8).

Des­de el tiem­po de la san­gre el cas­ti­go de la muerte para el asesina­to había sido evi­den­te­mente inclu­i­do en el pacto eter­no (Gén 9:6). La ley declaró que la san­gre del asesina­do podría ser expi­a­do solo por la san­gre del que la der­ramó (Núm 35:33). El crimen sin cas­ti­go por la sociedad debe ser expi­a­do por la muerte de esa sociedad. Esto fue demostra­do en el caso de la nación judía. Porque en la deman­da del asesina­to de Jesús – “Su san­gre sea sobre nosotros, y sobre nue­stros hijos” (Mt 27:25) – Ellos tra­jeron sobre si mis­mos bajo la pena de muerte que ellos pagaron pocas décadas más tarde con la destruc­ción de Jerusalén. Este es el juicio que ha sido man­tenido delante del pueblo en estos tres capí­tu­los. Durante este peri­o­do de juicio se per­mi­tió al pueblo de Dios ocul­tarse a si mis­mos de la tor­men­ta.

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  • El Peri­o­do Asirio: Con­flic­to y Vic­to­ria (1–39)
  • Pro­fecías de Juicio en Con­tra de Naciones Indi­vid­uales

(13–23)

El pro­fe­ta ter­minó de  declarar las car­gas sobre las tres naciones paganas: Babilo­nia, Edom, y Ara­bia (cap 21). ¿Por qué debe aho­ra incluir una rela­ciona­da con Jerusalén, la ciu­dad donde él y su pueblo res­i­den? La relación entre las cua­tro es una de carác­ter en vez de par­entesco físi­co. Si el pueblo de Dios está com­portán­dose como las naciones paganas, deben sufrir las mis­mas con­se­cuen­cias por su com­por­tamien­to. Se pun­to se aclara mien­tras con­sid­er­amos la pro­fecía.

      La pro­fecía cae en dos partes dis­tin­tas: en la primera, la ciu­dad de Jerusalén está bajo la ira de Dios (vers 1–14); la segun­da tra­ta con un tesorero indi­vid­ual (vers 15–25). La fecha del juicio al que apun­ta la pro­fecía es muy indefini­da e incier­ta. La gran may­oría sostiene está a la vista que Sena­que­rib (701 A.C.) atacó la ciu­dad (Barnes, Erd­man, Leupold, Rawl­in­son, Smith, y Dri­ver, quienes dicen “prob­a­ble­mente”). Alexan­der ofrece una opción entre el even­to con­cre­to de la cap­tura de Man­asés por los asirios (2 Crón 33:11) y el dete­ri­oro gen­er­al de Jerusalén. Delitzsch pien­sa que la pro­fecía señala a un peri­o­do inter­me­dio cuan­do Judá esper­a­ba librarse de Asiria por medio de una alian­za con Egip­to. Calvin define el cumplim­ien­to de la pro­fecía en la destruc­ción de Jerusalén (586 A.C.). En una for­ma típi­ca de los eru­di­tos lib­erales, Clements cree que parte del pasaje apun­ta al701 A.C. y fue escrito por Isaías, y otra parte pertenece a la caí­da de Jerusalén en el586 A.C. y fue agre­ga­do por un redac­tor que vivió después de ese tiem­po. Young pien­sa que Isaías está descri­bi­en­do la deba­cle gen­er­al de la nación has­ta que esta cae en las manos de Babilo­nia. A la luz de tales difer­en­cias, es impru­dente ser dog­máti­co.

      Cuan­do con­sid­er­amos la preparación de Exe­quias para el cer­co por parte de Sena­que­rib, tal como su pro­visión de agua en la ciu­dad y en su reparación de los muros (2 Crón 32:1–5,30), los even­tos del 701 A.C. pare­cen estar a la vista de Isaías. Sin embar­go, cuan­do son exam­i­na­dos otros asun­tos, la con­clusión de Young es que el cap 22 que describe la deba­cle gen­er­al y la destruc­ción final de la ciu­dad es igual­mente atrac­ti­vo. La selec­ción parece yac­er entre el cer­co de Sena­que­rib (701 A.C.) y el peri­o­do total del cer­co de Sena­que­rib has­ta la caí­da de la ciu­dad a manos de Nabu­codonosor (586 A.C.).

      Las dos inva­siones extran­jeras tienen algunos aspec­tos en Común. En tan­to que Sena­que­rib esta­ba cer­can­do Laquis, Eze­quias le envió un gran trib­u­to de pla­ta y de oro, dis­culpán­dose por haber­lo ofen­di­do al rebe­larse con­tra él (2 Rey 19:9; Isa 37:9), mien­tras que esto podría haber lev­an­ta­do fal­sas esper­an­zas y rego­ci­jo entre los judíos,él redobló su esfuer­zo para per­suadir a Eze­quias a some­terse (2 Rey 19:10–13). Tirha­ca demostró ser ten­er una ame­naza no efec­ti­va; fue Jehová quien le dio a Judá la vic­to­ria (2 Rey 19:35–37).

      En el cer­co caldeo del 587–586 A.C., Nabu­codonosor esta­ba pele­an­do con­tra Jerusalén, Laquis, y Aze­ca, las úni­cas ciu­dades de Judá que per­manecían for­ti­fi­cadas (Jer 34:6–7). A la pal­abra de Jehová por medio de Jere­mías, el rey Sede­quías proclamó la lib­er­tad a todos los sier­vos y sier­vas; pero más tarde el dio mar­cha atrás al decre­to y causó que los sier­vos lib­er­a­dos fuer­an suje­tos de nue­vo a sus amos (Jer 34:8–11). Este cam­bio de corazón podría haber sido oca­sion­a­do por el lev­an­tamien­to del cer­co de los caldeos. ¿Por qué fue lev­an­ta­do el cer­co? Jere­mías dice, “Y cuan­do el ejérci­to de faraón había sali­do de Egip­to, y llegó noti­cia de ello a oídos de los caldeos que tenían siti­a­da a Jerusalén, se reti­raron de Jerusalén” (Jer 37:5). Como en el caso de Sena­que­rib, las noti­cias de la aprox­i­mación del ejérci­to egip­cio dio entra­da una fal­sa esper­an­za y una ocasión para el rego­ci­jo. Pero tam­bién como en los días del cer­co de Sena­que­rib, Egip­to no esta­ba para ayu­dar en con­tra de Nabu­codonosor, sino, como Jehová dijo, aque­l­los que subieron fuera de Egip­to para ayu­dar regre­saron a Egip­to a su propia tier­ra (Jer 37:7). Este tiem­po, en lugar de la lib­eración de la ciu­dad, como en los días de Sena­que­rib, Jehová la entregó en las manos de los babilo­nios. Que Isaías 22 puede referirse a los even­tos ya sea del 701 o del 586 hace plau­si­ble el pun­to de vista que el pro­fe­ta está real­mente hablan­do de la deba­cle de Jerusalén durante el peri­o­do gen­er­al total.

Repren­sión del Espíritu de Friv­o­l­i­dad del Pueblo (vers 1–14)

1 La expre­sión el valle de la visión no parece indicar una local­ización geográ­fi­ca en par­tic­u­lar, sino más bien un pueblo cor­ta­do del mun­do (ver Jer 21:13), rodea­da y pro­te­gi­da por las mon­tañas y por Jehová (Sal 125:1–2). Como la mora­da de Jehová, de la que emanan todas las pro­fecías, Jerusalén era el valle de la visión, la sede de la pro­fecía. Los teja­dos eran ter­ra­dos donde el pueblo podría reti­rarse para rela­jarse (2 Sam 11:2), para la ado­ración idol­a­tra (Jer 19:13; Sof 1:5), o para lamen­tarse (Jer 48:38). Ningu­na de estas posi­bil­i­dades parece estar de acuer­do con la acusación del pro­fe­ta; la ado­ración hipócri­ta podría ser parte de lo que ve Isaías, pero las otras pare­cen no ser­lo. ¿Es posi­ble que en esta ocasión el pueblo ten­ga, en un espíritu de fal­sa con­fi­an­za, estarse subi­en­do a sus ter­ra­dos para obser­var la lle­ga­da del ejérci­to? Tal vez ten­emos aquí una descrip­ción del espíritu del pueblo – un espíritu de con­fi­an­za impru­dente frente a la espa­da de Damo­cles. Este espíritu los car­ac­ter­izó a lo largo del peri­o­do total des­de Sena­que­rib has­ta Nabu­codonosor, así como car­ac­ter­izó a Nínive jus­to antes de la destruc­ción que cayó sobre la ciu­dad.

      2 El pueblo de esta ciu­dad tur­bu­len­ta será esclav­iza­do, no en una batal­la o con la espa­da, sino por la hol­ladu­ra del Señor (vers 5), la con­se­cuen­cia de su rec­ha­zo de Jehová. Smith dijo tam­bién bien, “Jerusalén parece ago­b­i­a­do al antic­i­par su lib­eración por el sui­cidio moral” (I. 323).

      3 Los gob­er­nadores y los jue­ces que podrían haber defen­di­do y guia­do al pueblo les fal­larán y serán cap­tura­dos, amar­ra­dos, y lle­va­dos lejos. Esto fue final­mente cumpli­do en la per­sona de Sede­quías cuan­do la nación cayó ante Nabu­codonosor (Jer 52:7–11). La pal­abra de Jehová habla­da en el ini­cio de la his­to­ria judía fue cumpl­i­da (Lev 26:14–45; Deut 28:15–68).

      4 El pro­fe­ta aparta la mira­da de esta ter­ri­ble visión y rev­ela las emo­ciones de su corazón. Él llo­rará afligi­da­mente, aun al pun­to del can­san­cio, no en secre­to, sin que la gente abier­ta­mente podría darse cuen­ta de la gravedad de la pro­fecía. No hay reme­dio para inten­tar con­so­lar­lo; él no puede ser con­so­la­do. La causa: la destruc­ción de la hija de mi pueblo – el pueblo mis­mo. Lo que el pro­fe­ta describe no iba a ser cumpli­do en los días de Sena­que­rib, sino que parece ser un pun­to de vista amplio del espíritu del pueblo que lo llevó final­mente a la destruc­ción bajo Nabu­codonosor.

      5 Frente al espíritu descrito en los vers 1–4, el Señor tiene en reser­va un día en el que habrá alboro­to y der­ro­ta, una hol­ladu­ra que es grande (ver 2:11–12), y per­ple­ji­dad – el pueblo no sabe que hac­er en medio de su con­fusión. Su rego­ci­jo, ya sea la expre­sión de un espíritu gen­er­al a lo largo de todo el peri­o­do (701–586 A.C.) o la reac­ción a un ataque especí­fi­co, debe ter­mi­nar en juicio por parte del Señor; la visión y las pro­fecías del Señor deben ser cumpl­i­das. En el der­rum­bamien­to de las pare­des del muro, el pueblo llo­rará, no a Jehová, su úni­ca fuente de ayu­da, sino a las mon­tañas, las fuerzas nat­u­rales que no pueden ayu­dar.

      6 Isaías ya ha pro­fe­ti­za­do que Elam, un pueblo guer­rero del ori­ente de Babilo­nia que era notable por su uso del arco (Jer 49:34–39), jun­to con Media, traerán la caí­da sobre Babilo­nia (21:2,9). Ellos proveerán tam­bién arqueros, con­duc­tores de cuadri­gas, y caballerías en con­tra de Jerusalén. Kir (no debe ser con­fun­di­do con el Kir de 15:1),sig­nifi­ca “muro,” parece haber esta­do local­iza­do en algún lugar del norte de Elam. Amos habla de Kir como la casa orig­i­nal de los sirios (Amos 9:7), y el lugar a donde Siria sería lle­va­da cau­ti­va (Amos 1:5; 2 Rey 16:9). El pueblo de Elam y de Kir podría haber esta­do tan­to en el ejérci­to de Asiria como de Babilo­nia. Lo que el pro­fe­ta bus­ca enfa­ti­zar, no son las naciones especí­fi­cas, sino la gran dis­tan­cia de donde ven­drían los fieros guer­reros. La rev­elación del escu­do sim­ple­mente indi­ca la cober­tu­ra pro­tec­to­ra del escu­do en preparación para la batal­la.

      7 El pro­fe­ta habla en tiem­po pasa­do, esto es, el proféti­co per­fec­to, como si el even­to hubiera sido ya cumpli­do; porque si Dios dec­re­ta una cosa, es tan cier­to que va a ser hecho como si ya hubiera sido eje­cu­ta­do. Isaías mira los valles escogi­dos y sobre la ciu­dad llena con cuadri­gas. Los jinetes están ante la puer­ta, lis­tos para entrar. Que los valles están llenos indi­ca que las fuerzas tien­den a la con­quista y a la destruc­ción con­sti­tuyen una hueste numerosa.

      8 Y desnudó la cubier­ta de Judá. Está cláusu­la ha sido inter­pre­ta­da de difer­entes for­mas: “la desnudez que hizo que Judá se cegara a la espa­da de Demo­cles” (Delitzsch); “el velo de la igno­ran­cia (ver 25:7)” (Leupold); “todo lo que pro­tegía a la nación de la vergüen­za y de la des­gra­cia ha sido quita­do, así que Jerusalén se mantiene en pie ante el deshon­or” (Young); “la ref­er­en­cia es a Dios que había aparta­do su pro­tec­ción de Jerusalén así que no existía defen­sa ade­cua­da para impe­di a las fuerzas babilóni­cas de lle­var a cabo su vol­un­tad de destruc­ción” (Clements). Yo me incli­no a estar de acuer­do con Clements, porque en lugar de guiar a Su pueblo, Jehová “Extendió una nube por cubierta,/ Y fuego para alum­brar la noche” (Sal 105:39). Esto era un sím­bo­lo de Su pres­en­cia (Sal 78:14; Exo 13:21), lo que Él restau­raría en la Sion red­im­i­da (4:5). Esta pro­tec­ción por parte de Jehová salvó a la ciu­dad del cer­co de Sena­que­rib, pero even­tual­mente fue quita­da cuan­do Nabu­codonosor destruyó la ciu­dad (ver el retiro de la pres­en­cia y de la glo­ria de Jehová en Eze 11:22–25). Con el retiro de la pres­en­cia de Jehová como una cubier­ta, el pueblo fue deja­do solo con sus pro­pios medios – ellos miraron hacia la casa de armas del bosque, el arse­nal lev­an­ta­do por Salomón (1 Rey 7:2; 10:17) donde fueron alma­ce­nadas las armas.

      9–11 Las bre­chas desar­rol­ladas en la ciu­dad de David – tan­to debil­i­dades lit­erales en las mis­mas pare­des  como el decaimien­to del carác­ter moral del pueblo, que habían per­mi­ti­do la glo­ria espir­i­tu­al de Sion para debil­i­tar y man­char. En con­jun­to demasi­a­do tarde ellos empezaron a hac­er esfuer­zos para man­ten­er el cer­co con­struyen­do tan­ques de alma­ce­namien­to de agua entre los muros y con­tan­do las casas, der­riban­do lo que podría ser guarda­do y usan­do las piedras para reparar los muros. Pero esto no era toda la ganan­cia. El error de los pueb­los esta­ba en su fal­la de mirar hacia Jehová, la fuente de pro­tec­ción y de lib­eración, el úni­co que había deter­mi­na­do su destruc­ción si ellos le vol­te­a­ban la espal­da a Él (ver Deut 28:15–68).

      12 Al con­tin­uar con el per­fec­to proféti­co, el pro­fe­ta dice, en este día – el “día de tur­bación” de los vers 5–11 – Jehová llamó al pueblo al arrepen­timien­to. Este arrepen­timien­to iba a encon­trar expre­sión en el llan­to, en las ende­chas, en la desvin­cu­lación del pelo o raparse el cabel­lo, y en vestirse con cili­cio; todas estas acciones demues­tran con­tri­ción del espíritu.

      13 Pero en lugar de arrepen­timien­to, el Señor mira gozo y ale­gría, matan­do vacas y degol­lan­do ove­jas, comien­do carne y bebi­en­do vino. El lla­ma­do pro­du­jo un efec­to opuesto que refle­jó el ver­dadero carác­ter del pueblo. Su acti­tud total era, Comamos y bebamos, porque mañana morire­mos. Delitzsch obser­va, “Esto no impli­ca que ellos sin­tier­an algún plac­er con la idea de la muerte, sino que indi­ca un amor de la vida que se burla de la muerte” (I. 396). Smith dice, “Por la mitad de una cen­turia [durante la pro­fecía de los pro­fe­tas] este pueblo había ado­ra­do a Dios, pero ellos nun­ca habían con­fi­a­do en Él más allá de los límites de su pacto y de su sal­va­guardia” (I. 329). De esta man­era cuan­do eso en lo que ellos creyeron se der­rum­bó, su religión tam­bién se der­rum­bó; ellos aho­ra dieron cabi­da a la disi­pación sen­su­al y a la rebeldía.

      14 La mofa que aten­ta con­tra el cas­ti­go y la apelación de Dios será per­don­a­do; trae la muerte. El Señor Jehová de los ejérci­tos rev­eló a los oídos del pro­fe­ta, este peca­do no os será per­don­a­do has­ta que muráis. El pueblo había cometi­do un peca­do imper­don­able que podría ser expi­a­do solo por la muerte de la nación.

      Como sug­e­r­i­mos en la intro­duc­ción de este capí­tu­lo, el pro­fe­ta no está descri­bi­en­do el cer­co de Jerusalén por ya sea Sena­que­rib o por Nacu­bodonosor, sino la condi­ción gen­er­al del corazón del pueblo entre aque­l­los dos sitios, la apelación urgente de Jehová, y la destruc­ción final de la nación por parte de Babilo­nia.

La Fal­ta de los May­or­do­mos (vers 15–25)

15 Como ha sido obser­va­do por numerosos comen­taris­tas, esta pro­fecía en con­tra de Seb­na es la pro­fecía solo de Isaías con­tra un indi­vid­uo (a menos que con­sid­er­e­mos la parte ante­ri­or de esta sec­ción una pro­fecía con­tra Eli­aquim). Dri­ver sug­iere que Seb­na era prob­a­ble­mente un sirio (p. 102). El ejem­pli­fi­ca el espíritu car­nal del peri­o­do: lujuria, ostentación, y el deseo de glo­ria per­son­al. Aun cuan­do él tuvo un carác­ter históri­co, tam­bién per­son­ifi­ca el espíritu gen­er­al de la ambi­ción políti­ca de ese tiem­po (el espíritu del pueblo durante este perío­do ya ha sido expuesto en los vers 1–14). Seb­na es descrito como el tesorero o may­or­do­mo que está sobre la casa, aparente­mente un ofi­cio de gran impor­tan­cia y enver­gadu­ra, que es orig­i­na­do con la orga­ni­zación de Salomón de su gabi­nete políti­co y con­tin­uó en lo suce­si­vo (1 Rey 4:6; 2 Rey 15:5). La des­ti­tu­ción de Seb­na es aparente en Isa 36:3 y en 37:2, donde él habló de cómo el “escri­ba” o cro­nista, segun­do de Eli­aquim. Si Eli­aquim, que sucedió a Seb­na, no fue de hecho cul­pa­ble de nepo­tismo, él fue por lo menos fuerte­mente adver­tido en con­tra de ello. El nepo­tismo involu­cra ya sea mirar solo por la famil­ia inmedi­a­ta de alguien y no por el bien­es­tar de la mis­ma nación, o per­mi­tir que los miem­bros de una famil­ia ascien­dan por el camino de una posi­ción.

      16 El lengua­je de Isaías indi­ca fuerte oposi­ción mien­tras él viene osada­mente a Seb­na y pre­gun­ta tajan­te­mente, ¿Qué tienes tú aquí, o a quién tienes aquí, que labraste aquí sepul­cro para ti, como el que en lugar alto labra su sepul­tura, o el que esculpe para sí mora­da en una peña? El lengua­je parece retar al dere­cho de Seb­na a man­ten­er en alto el ofi­cio. Al esculpir un memo­r­i­al para si mis­mo, una tum­ba elab­o­ra­da en lugar alto, en un lugar más promi­nente, él ha usa­do extremada­mente mal su ofi­cio. El que se cree que es el din­tel de la tum­ba de Seb­na con­tiene “la ter­cera inscrip­ción mon­u­men­tal más grande en el hebreo arcaico.”[1]

      17 El viejo dicho, “El hom­bre pro­pone, pero Dios dispone,” es ver­dad en el caso de Seb­na. Él había pen­sa­do ser enter­ra­do en Jerusalén en el esplen­dor; Jehová tenía otros planes. La pal­abra de intro­duc­ción He aquí enfa­ti­za la impor­tan­cia de lo que sigue. Como un hom­bre fuerte, Jehová se man­ten­drá firme con­tra él y se lo lan­zará.

      18 Como un vien­to podría enrol­lar un obje­to en una bola que puede ser asi­da, Jehová enrol­lará a Seb­na y lo echará fuera de la tier­ra a una tier­ra exten­sa, un país extran­jero, un país en el que rodará como una bola y morirá. La cláusu­la y allá estarán los car­ros de tu glo­ria se refiere a la ostentación a las man­eras lujosas de Seb­na de mane­jar en la ciu­dad y en el país en car­ros osten­tosos, así hoy uno podría dar más impor­tan­cia a los automóviles lujosos que a hac­er su tra­ba­jo. Él se ha glo­ri­a­do en los car­ros, pero la vergüen­za ven­drá a él como él ha sido la vergüen­za de la casa de su señor. Aun cuan­do no hay reg­istro de cuan­do o a que país fue lle­va­do, sabe­mos que a menos que él se arre­pin­tiera, evi­tan­do entonces el cas­ti­go, él fue segu­ra­mente dester­ra­do.

      19 Una vez más Jehová enfa­ti­za lo que sig­nifi­ca que Él arro­ja a Signa: Y te arro­jaré de tu lugar, y de tu puesto te empu­jaré. Repeti­da­mente es demostra­do enla Escrit­u­ra que Jehová lev­an­tará y envilece a los hom­bres; todos están en Su mano.

      20–21 Cuan­do Jehová des­ti­tuya a Seb­na, Él ten­drá a un hom­bre lis­to para tomar el papel que Seb­na debería haber cumpli­do. Al con­tin­uar dirigién­dose a Seb­na, el Señor habla de Eli­aquim, el hijo de Hilcías, como mi sier­vo, un títu­lo de hon­or que des­igna a alguien que ya era sier­vo de Jehová, habit­ual­mente lle­van­do a cabo la vol­un­tad del Mae­stro. Cuan­do el comi­sion­a­do del rey Eli­aquim se reúne más tarde con Rab­saces (un ofi­cial de alto ran­go en el ejérci­to de Sena­que­rib), él está hablan­do de cómo alguien “sobre la casa” mien­tras que Seb­na es referi­do como el “escri­ba” (36:3; 37:2). Es incier­to si la expre­sión, y lo vestiré de tus vestiduras, y lo ceñiré de tu tal­abarte, que es dirigi­do a Seb­na, se refiere a un tipo par­tic­u­lar de vestidu­ra usa­da por alguien de su ran­go o es una metá­fo­ra – Dios vestirá a Eli­aquim con la posi­ción de nobleza de Seb­na. El cin­turón sug­iere que Eli­aquim será afir­ma­do (o ceñi­do) en el ofi­cio; Jehová dará el poderoso gob­ier­no ejer­ci­do por Seb­na en las manos de Eli­aquim. Además de esto el Señor dice, y será padre al morador de Jerusalén, y a la casa de Judá. Ser un padre al pueblo sug­iere un cuida­do pro­tec­tor ejer­ci­do por amor y tienen que ver con aque­l­los con­fi­a­dos en man­ten­er a alguien. Como José fue un padre para el faraón (Gén 45:8), y Job “a los men­es­terosos era padre” (Job 29:16), así Eli­aquim lo era para el pueblo y para la nación.

      22 Es dudoso si la expre­sión, Y pon­dré la llave de la casa de David sobre su hom­bro, tiene ref­er­en­cia a una llave lit­er­al para el pala­cio del rey o para la ciu­dad; más prob­a­ble­mente se refiere a las respon­s­abil­i­dad para ejercer el poder del ofi­cio con­fi­a­do a él. Su orde­namien­to será final; cuan­do él abre nadie cier­ra, y cuan­do él cier­ra, nadie abre – una indi­cación del poder de su ofi­cio para hac­er deci­siones defin­i­ti­vas. La pro­fecía no parece ser mesiáni­ca, aunque si bien Jesús usó la frase rela­cio­nan­dola con Él mis­mo (Apoc 3:7). Tan­to Jesús como Eli­aquim tienen autori­dad para atar o desa­tar a lo cual nadie tiene el dere­cho de alter­ar. La autori­dad de Jesús es abso­lu­ta; Eli­aquim, sin embar­go, está suje­to al rey.

     23–24 Eli­aquim fue el escogi­do de Jehová para el ofi­cio. Su sier­vo al que Él vestiría con poder y al que Él consignaría la llave de David. En este pun­to Jehová parece estar hablan­do a Seb­na; el resto del capit­u­lo podría estar hablan­do tam­bién a él, pero está defin­i­ti­va­mente hablan­do para el ben­efi­cio de Eli­aquim. Es una adver­ten­cia del ries­go que él encon­trará de su famil­ia. Y lo hin­caré como cla­vo (o clav­i­ja) en lugar firme (seguro). Las clav­i­jas son mane­jadas en pare­des macizas para agar­raderas de vesti­dos o recip­i­entes. Eli­aquim ocu­pará un lugar impor­tante y tiene respon­s­abil­i­dad de que el pueblo se apoye fuerte­mente. Y será por asien­to de hon­ra a la casa de su padre. El hon­or de la casa de su padre, que has­ta la fecha parece haber sido insignif­i­cante, será refle­ja­do en él y atraerá a muchos pari­entes a él. Con­tra esto él está adver­tido de ser un guar­da en todo momen­to. Debido a la glo­ria para él y para la casa de su padre, los hijos y los nietos, lo dig­no y lo indig­no, todos los vasos menores, des­de las tazas has­ta toda clase de jar­ros, des­de las pequeñas copas has­ta las grandes botel­las de vino o las jar­ras, bus­carán jun­tarse ellos mis­mos a él. Ellos bus­carán par­tic­i­par y sacar prove­cho de su hon­or y de su glo­ria col­gán­dose ellos mis­mos sobre él.

      25 Parece del todo improb­a­ble que el pro­fe­ta ten­ga a Seb­na en mente (como algunos sug­ieren), porque Eli­aquim es el cla­vo suje­to en un lugar seguro. No es seguro que Eli­aquim se rindió a la pre­sión de los esfuer­zos de su famil­ia de encum­brarse a la dis­tin­ción sobre las bases de su posi­ción. Él es sim­ple­mente adver­tido del ries­go del nepo­tismo. Es más prob­a­ble que lo que Jehová está acen­tuan­do aquí es que el sis­tema total del que Seb­na y Eli­aquim son parte (algunos sir­ven en este sis­tema hon­or­able­mente y otros deshon­rosa­mente) even­tual­mente ven­drán a un fin. Y la car­ga (ver vers 1) que sobre él se puso se echará a perder; porque Jehová habló. Con la veni­da del Mesías, que recla­mará lo que se le fue dado a Eli­aquim (Apoc 3:7), lo antiguo será quita­do y da for­ma a lo nue­vo. El Mesías ase­gu­rará el reino y todas las cosas de él para Jehová.

      Entonces parece que la car­ga del capí­tu­lo 22 es genéri­co: se ocu­pa de la nación y de la ciu­dad como un todo. Describe el juicio final de Jerusalén (vers 1–14) y el final de todos sus gob­er­nantes, los que no lo con­sid­er­aron y que no son hon­or­ables. Cuan­do el propósi­to de Jehová es cumpli­do en su sier­vo por venir, todo pasará.



[1]  Zon­der­van Pic­to­r­i­al Enci­clo­pe­dia of the bible, vol. 5, p. 381.

Capí­tu­lo 22 El Valle de la Visión, Jerusalén

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  • El Peri­o­do Asirio: Con­flic­to y Vic­to­ria (1–39)
  • Pro­fecías de Juicio en Con­tra de Naciones Indi­vid­uales

(13–23)

El capí­tu­lo 21 con­tiene tres gru­pos de car­gos respec­ti­va­mente con­tra Babilo­nia, Edom, y Ara­bia. Estos son segui­dos por un cuar­to, el car­go en con­tra de Judá (cap 22). La fecha de estos tres car­gos es incier­ta.

Babilo­nia, el desier­to del mar (vers 1–10)

Un breve resumen del tras­fon­do podría ayu­darnos en la inter­pretación de esta pro­fecía bas­tante inusu­al y difí­cil. A la muerte de Salmanas­er V (722 o 721 A.C.) Mero­dac-bal­adan declaró la inde­pen­den­cia de Babilo­nia de Asiria; pero en el 710 A.C. Sargón II guió a una cam­paña exi­tosa con­tra la ciu­dad, quien lo recibió como un lib­er­ta­dor. En el 703 A.C. Mero­dac-bal­adan hizo otra prop­ues­ta por el poder. Sus emba­jadores envi­a­dos para con­grat­u­lar a Eze­quias sobre la recu­peración de una seria enfer­medad podría haber sido un inten­to por ganar ese apoyo del rey (2 Rey 20:12–18; Isa 39) En el 700 A.C. Sena­que­rib armó una ofen­si­va may­or en con­tra de Babilo­nia. Una expe­di­ción más en el 700 A.C. llevó a un ase­dio de nueve meses que resultó en la con­quista y el saqueo de la ciu­dad. Ensegui­da del asesina­to de Sena­que­rib, su hijo Esaradon gob­ernó el impe­rio (681–669 A.C.). Él recon­struyó Babilo­nia y le dio un gob­ier­no algo estable. Pero de nue­vo bro­taron los prob­le­mas entre Asiria y Babilo­nia, cau­san­do que Asur­ba­n­i­pal avan­zará sobre Babilo­nia (651 A.C.) y la acosará por tres años. En la deses­peración el rey de Babilo­nia prendió fuego a su pala­cio y pere­ció en las fla­mas. En el 626 A.C. Nabopalasar, un caudil­lo en Caldea, limpio a Babilo­nia de los asirios y fue nom­bra­do rey. En el 612 A.C., Nínive fue toma­da y destru­i­da. A la muerte de Nabopalasar, su hijo Neb­u­cad­nezar subió al trono. Gob­ernó has­ta el 562 A.C., él hizo de Babilo­nia una de las bel­las ciu­dades del mun­do. Fue su últi­mo rey poderoso. En el 539 A.C. Ciro tomó la ciu­dad. Aunque él no destruyó la ciu­dad, él tra­jo al impe­rio a su fin. Babilo­nia sigu­ió sien­do una ciu­dad de algu­na impor­tan­cia, pero empezó a dec­li­nar lenta­mente. A la muerte de Ale­jan­dro el Grande, que había planea­do recon­stru­ir­la, la dec­li­nación se hizo más ráp­i­da. Nosotros sabe­mos, sin embar­go, que cuan­do el após­tol Pedro escribió su primera epís­to­la, Babilo­nia aun existía (5:13).

La Visión Dura (vers 1–5)

      1 Aunque no es extrav­a­gante en el uso de nom­bres sim­bóli­cos, Isaías los usa oca­sion­al­mente. Por ejem­p­lo, Etiopía es “la tier­ra que hace som­bras con las alas” (18:1); Edom es “Duma” (21:11), que en hebreo es “silen­cio” – el silen­cio de la muerte (Sal 94:17; 115:17); Jerusalén es “Ariel,” ciu­dad donde habitó David (29:1); y Egip­to es “Rahab,” tor­men­ta o arro­gan­cia (30:7). Así aquí Babilo­nia es el desier­to (o tier­ra incul­tivable) del mar. El des­ti­no de destruc­ción de Babilo­nia ha sido ya declar­a­do por el pro­fe­ta (13:20–22; 14:23) y será pos­te­ri­or­mente descri­ta en el capí­tu­lo 47. El sig­nifi­ca­do de la frase se hace algo más claro en el anun­cio de Jere­mías del juicio de Jehová sobre Babilo­nia: “Tú, la que moras sobre muchas aguas…ha venido tu fin” (51:13). Juan dice que las “muchas aguas” en las que la Babilo­nia de su pro­fecía se sien­tan son “pueb­los, muchedum­bres, naciones y lenguas” (Apoc 17:15), que parece ser el sig­nifi­ca­do en Jere­mías. Jere­mías dice más ade­lante “sequedad sobre sus aguas, y se secarán; porque es tier­ra de ído­los, y se enton­te­cen con imá­genes” (50:38), y “subió el mar sobre Babilo­nia; de la mul­ti­tud de sus olas fue cubier­ta. Sus ciu­dades fueron aso­ladas, la tier­ra seca y desier­ta, tier­ra en que no morará nadie, ni pasará por ella hijo de hom­bre” (51:42–43). Una tier­ra incul­tivable o un desier­to podría ser ya sea un lugar seco y des­o­la­do (27:10; Deut 32:10), o un lugar de dis­ci­plina (el desier­to de Sinaí). En este caso el desier­to que será el des­ti­no de Babilo­nia es un lugar baldío y des­o­la­do. Como tor­belli­no del Negueb (del sur), aque­l­los vien­tos fieros fuera de Palesti­na que traían are­na y destruc­ción y con la que los judíos esta­ban total­mente famil­iar­iza­dos, el ago­b­io de Babilo­nia ven­dría del desier­to, de la tier­ra hor­ren­da. Lo que esta­ba por venir era el cumplim­ien­to de las visiones dolorosas o duras del vers 2.

      2 La visión dura declar­a­da por Jehová al pro­fe­ta serán dolorosas en su cumplim­ien­to. Los pre­var­i­cadores que pre­var­i­can, el destruc­tor que destruye, es con prob­a­bil­i­dad Babilo­nia (ver cap 47; Hab 1:5–11; 2:4–19). El tor­belli­no que ven­gará la destruc­ción en ella es Elam y Media (ver 13:17), que esta­ba ya sea al ser­vi­cio de los asirios (ver arri­ba un breve resumen de la his­to­ria) o al ser­vi­cio de Ciro. Este juicio con­tra Babilo­nia causa que el gemi­do de los pueb­los oprim­i­dos, espe­cial­mente Judá, cese; el juicio en con­tra de Babilo­nia provee la lib­eración para el pueblo de Dios.

      3–4 Hay una pre­gun­ta sobre si los sigu­ientes dos ver­sícu­los describe la sim­patía que la visión des­pertó en el pro­fe­ta por el pueblo siti­a­do y destru­i­do o el efec­to físi­co actu­al de la visión sobre él. Sus lomos se han llena­do de dolor; angus­tias como de una mujer en par­to han caí­do sobre él; él está tan dolori­do que no puede oír y tan espan­ta­do que no puede ver. El hor­ror de la visión le ha intim­i­da­do tan­to que su corazón se pas­ma; la noche de su deseo (la pues­ta del sol, el final del día) que él había desea­do para Babilo­nia se le con­vir­tió en espan­to. El efec­to no había sido antic­i­pa­do así por él. Cier­ta­mente no había ale­gría por parte del pro­fe­ta en la antic­i­pa­da destruc­ción de Babilo­nia; él debería haber esta­do lleno con un sen­ti­do de com­pasión por el sufrim­ien­to del próji­mo. No obstante, puesto que otros hom­bres de Dios fueron afec­ta­dos físi­ca­mente por visiones que se les dieron – por ejem­p­lo, Eze­quiel (1:28; 3:23), Daniel (8:27; 10:8–9; 15–17); Saulo de Tar­so (Hech 9:3–9), y Juan (Apoc 1:17) – es del todo posi­ble que Isaías esté descri­bi­en­do los efec­tos físi­cos de la visión sobre él.

      5 El pro­fe­ta regre­sa al ase­dio intro­duci­do en el vers 2. La ciu­dad en ningún modo podría esper­ar un ase­dio o hac­er prepara­ciones para él. Ellos preparan mesas para ban­quete; “ellos extien­den tapices” (al mar­gen) para los ban­quetes para recli­narse; comen, beben en una fal­sa seguri­dad. Entonces viene el lamen­to: ¡Lev­an­taos, oh príncipes, ungid el escu­do!, porque la batal­la está cer­ca; ¡prepárate para el con­flic­to! ¿Isaías tiene a la vista un ase­dio en par­tic­u­lar o var­ios de los ase­dios men­ciona­dos en el resumen de arri­ba? ¿Es una descrip­ción de la caí­da de la ciu­dad a manos del ejérci­to de Ciro (Daniel 5)? ¿O es una descrip­ción gen­er­al que resume los muchos ataques que cul­mi­naron en la destruc­ción final de la ciu­dad? Segu­ra­mente es una descrip­ción vívi­da de la destruc­ción final que vino a la ciu­dad.

El cen­tinela y su mis­ión (vers 6–10)

 

      6 Algu­nas difi­cul­tades son elim­i­nadas si uno mantiene en mente que el con­tex­to es una visión rev­e­la­da al pro­fe­ta. El pro­fe­ta está estable­cien­do a un cen­tinela que, en la visión, puede ver los acon­tec­imien­tos de Caldea y de sus veci­nos aun des­de la fron­tera de Judá a través del desier­to de Ara­bia. El cen­tinela debe repor­tar lo que él ve, man­te­nien­do infor­ma­do al pueblo (o al pro­fe­ta) lo que se está desar­rol­lan­do.

      7 El cen­tinela se le dijo lo que el iba a obser­var: Y vio hom­bres mon­ta­dos, jinetes de dos en dos, cabal­gan­do dos, uno al lado del otro, mon­ta­dos sobre asnos, mon­ta­dos sobre cabal­los; y miró más aten­ta­mente. Estos ani­males no solo eran para cabal­gar y para trans­portar car­gas, eran tam­bién usa­dos para con­fundir a las tropas ene­mi­gas y lan­zar­los a un esta­do de des­or­den. Delitzsch dice, “Entonces Ciro ganó la vic­to­ria sobre los de Lidia por medio del gran número de sus camel­los (Herod. 1.80), y Dario His­taspis la vic­to­ria sobre los de Esci­ta por medio del número de asnos  que él usó (Herod. iv.129)” (I.381). El cen­tinela debe escuchar con aten­ción, esforzarse des­de tem­pra­no, luchar por oír. Pero parece que él ve solo un ejérci­to fan­tas­ma, silen­cioso como la muerte, qui­eto como la noche, movién­dose como som­bras a través del hor­i­zonte. Hay un aire de mis­te­rio alrede­dor de la esce­na; no hay una reseña de a donde van las tropas o de donde vinieron. Solo podemos deducir que es el ejérci­to en su camino para destru­ir Babilo­nia.

      8 Las pal­abras y gritó como un león pre­sen­ta muchas difi­cul­tades. ¿Cuál es su sig­nifi­ca­do? Algunos comen­taris­tas creen que el gri­to del vig­i­lante es como el de un pas­tor que ve a un león aprox­imán­dose. Otros sostienen que cuan­do el cen­tinela ve al ene­mi­go, él gri­ta con el rugi­do de un león como si lo fuera. Algunos pien­san que el cen­tinela está que­ján­dose ante Jehová al igual que con un pequeño gruñi­do: Señor, sobre la ata­laya estoy yo con­tin­u­a­mente de día, y las noches enteras sobre mi guar­da. Young (tam­bién Clements) señalan que la pal­abra león no está pre­sente en los man­u­scritos de los Rol­los del Mar Muer­to de Isaías; con­se­cuente­mente, Young lo omite de su tra­duc­ción. El gri­to, Señor, podría indicar que el cen­tinela es el pro­fe­ta mis­mo repor­tan­do. En cualquier for­ma que inter­prete­mos el ver­sícu­lo, la idea de que el cen­tinela está que­ján­dose ante Jehová es la menos atrac­ti­va.

      9 Al final la vig­ilia del cen­tinela es rec­om­pen­sa­da, porque él mira una tropa de hom­bres y de jinetes. ¿Es esto lo que él iba a bus­car, o es un segun­do con­tin­gente? Es prob­a­ble que está sea la tropa que él esta­ba bus­can­do (vers 6–7). Si es una segun­da tropa, es el ejérci­to vic­to­rioso regre­san­do después del ase­dio a la ciu­dad. De todos mod­os, él oye aque­l­lo por lo que él había esta­do esperan­do: Cayó, cayó Babilo­nia; y con ella caen todos los ído­los de sus dios­es que­bran­tó en tier­ra. Esto no indi­ca nece­sari­a­mente que el con­quis­ta­dor ha destru­i­do las imá­genes, sino que el poder de Jehová ha tri­un­fa­do y que los dios­es sin poder de los grandes reinos paganos han sido traí­dos a la nada – son der­rib­a­dos. Var­ios escritores han sug­eri­do que esta pro­fecía es una pre­moni­ción de los even­tos de los capí­tu­los 40–66 – la caí­da de los ído­los paganos, la lib­eración del pueblo de Dios, y el tri­un­fo de la causa de Jehová. Parece ser todo eso.

     10 Hay una pre­gun­ta sobre si pueblo mío, tril­la­do y aven­ta­do se refiere a Babilo­nia o a Israel. Aunque Jehová colo­ca la declara que toda la tier­ra le per­manece (Deut 10:14; Sal 24:1), y en este sen­ti­do Babilo­nia Le pertenece, y aunque Él habla de la reunión de las naciones (que incluiría a Babilo­nia) en la era (Miq 4:11–13), en este pasaje pueblo mío parece referirse a Judá. Porque Jehová dijo, “La hija de Babilo­nia es como una era cuan­do está de tril­lar; de aquí a poco le ven­drá el tiem­po de la sie­ga” (Jer 51:33). Después de que Jehová haya sido tril­la­da y aven­ta­da por Jehová, y así obten­ga Él su gra­no, el piso (Babilo­nia) será destru­i­da. El pro­fe­ta declara aho­ra que él ha sido autén­ti­co a su comisión; él ha declar­a­do el men­saje tan­to de Babilo­nia como de Judá.

El Ago­b­io de Edom (vers 11–12)

 

      11 Duma, que en hebreo es “silen­cio” (Sal 94:17; 115:17), el silen­cio de la muerte, se refiere a Edom, la tier­ra al sur del Mar Muer­to. Seir es en la opinión de algunos la región mon­tañosa al este de la Ara­bia Wadi y para otros podría ser, o podría incluir, el este mon­tañoso de Ara­bia. Lo últi­mo es prob­a­ble­mente cor­rec­to. Seir y “la tier­ra de Seir” lle­garon a describir la tier­ra de los edomi­tas. Seir, “el monte de Esaú” (Abd 8), parece haber sido para Edom lo que Sión fue para Israel (ver Abd 17). Des­de este monte alguien da voces, Guar­da, ¿qué de la noche? Guar­da, ¿qué de la noche? Ni aquel que da voces ni el guar­da es iden­ti­fi­ca­do; el dar voces sim­boliza la pro­fun­da ansiedad y la mis­e­ria de la nación, en tan­to que el guar­da es el rep­re­sen­tante de Jehová, , el úni­co que puede dar respues­ta a la pre­gun­ta. Recuerde que esto es una visión, no un even­to lit­er­al. Una tra­duc­ción que expre­sa mejor lo rela­ciona­do a esta pre­gun­ta es, “¿Has­ta cuán­do durará la noche? (Smith), o ¿Has­ta donde lle­gará la noche?” (Delitzsch). ¿Cuán­to per­manecerá la noche? Nos recuer­da de alguien que sufre o de una per­sona enfer­ma que, en la inqui­etud de la noche, pre­gun­ta con­tin­u­a­mente que hora es o cuan­to tiem­po fal­ta para que amanez­ca.

      12 La respues­ta es vaga, oscu­ra: La mañana viene, y después la noche – cuan­do viene la mañana, aun será de noche, o seguirá la noche. Cuan­do viene el amanecer, habrá unos pocos rayos de luz por solo un momen­to; seguirá la noche. Edom es un pueblo des­ti­na­do al silen­cio de la noche de la muerte. La sigu­iente fase de la respues­ta es igual­mente oscu­ra: pre­gun­tad si queréis, pre­gun­tad; volved, venid. Edom es una nación que está des­ti­na­da a ser “cor­ta­do para siem­pre” (Abd 10); solo aque­l­los que ten­gan refu­gio en el monte de Sión escaparán (Abd 17). La noche ven­dría después sobre la nación – Asiria, Babilo­nia, Roma – has­ta que final­mente, alrede­dor del tiem­po de la destruc­ción de Jerusalén en el 70 D.C., ellos ya sea que fueron lle­va­dos sin rum­bo o fueron con­duci­dos al desier­to donde se perdieron de vista por com­ple­to. Entonces, si el que pre­gun­ta desea regre­sar, ten­drá que hac­er­lo que hac­er­lo con un corazón cam­bi­a­do, bus­can­do a Jehová enla Sión espir­i­tu­al. De otra for­ma, el silen­cio de la muerte será para siem­pre.

El Ago­b­io sobre Ara­bia (vers 13–17)

 

      13 Ara­bia, que sig­nifi­ca “desier­to” o “estepa,” es el nom­bre dado a la penín­su­la que está al ori­ente de Palesti­na y del Mar Rojo. La penín­su­la más larga en el mun­do, cubre un área de aprox­i­mada­mente un mil­lón de mil­las cuadradas. El pueblo de Ara­bia era cono­ci­do como “los hijos del ori­ente” (Jue 6:3; 7:12), y eran recono­ci­dos por su sabiduría (1 Rey 4:30; Abd 8; Job y sus ami­gos). Es incier­to que tan­to del área es inclu­i­da en la pro­fecía de Isaías, él se está refirien­do prob­a­ble­mente al poniente inmedi­a­to y al área cen­tral y a la sec­ción del norte. El tiem­po fue tal que debido a la guer­ra, prob­a­ble­mente las inva­siones por parte de los asirios, los  cam­i­nantes de Dedán tuvieron que dejar sus rutas de via­je, replegán­dose por refu­gio al área de mator­rales por delante del camino. La local­ización exac­ta de Dedán es incier­ta, pero era prob­a­ble­mente un oasis en el ori­ente dela Ara­bia Cen­tral sobre las rutas com­er­ciales de los pueb­los de Seba, Tema, y Buz.

      14–15 Las condi­ciones eran tales que los con­duc­tores de car­a­vanas no podrían acam­par en lugares y de man­era clara­mente vis­i­bles, así que el pueblo de Tema, cautelosa­mente les traía agua para sus sedi­en­tos y pan para ten­er vida propia. Este era uno de los oasis más grandes en la comar­ca gen­er­al. La razón de la pre­cau­ción es clara­mente indi­ca­da: Porque ante la espa­da huye (plur­al, sugirien­do el flu­jo abru­mador de los inva­sores), ante la espa­da desnu­da, ante el arco ates­ta­do, ante el peso de la batal­la.

      16 Esta ayu­da a los fugi­tivos será cor­ta­da rápi­do. El Señor rev­ela que el tiem­po está cer­ca: De aquí a un año, seme­jante a años de jor­nalero. Esto indi­ca un peri­o­do defin­i­ti­vo, porque el patrón nun­ca deman­da menos, y el emplea­do nun­ca da más, que el tiem­po acor­da­do, un tiem­po exac­to. Toda la glo­ria de Cedar – el poder mil­i­tar, la riqueza, y la influ­en­cia – será desecha. Cedar es nom­bra­da alrede­dor de una doce­na de veces en el Antiguo Tes­ta­men­to. Un pueblo en el norte de Ara­bia, fue en un tiem­po una tribu poderosa, una fuerza a ser con­fronta­da; pero en los con­flic­tos con Asiria y con Babilo­nia fue muy debil­i­ta­da. Lo que el pro­fe­ta tiene a la vista prob­a­ble­mente ocur­rió durante una vez o más de las inva­siones asirias en el poniente.

      17 La glo­ria no será total­mente destru­i­da, sin embar­go, porque el pro­fe­ta pro­cede a decir que los flecheros y los hom­bres mil­i­tar­mente poderosos serán reduci­dos. El des­ti­no de Ara­bia esta­ba garan­ti­za­do, porque Jehová Dios de Israel lo ha dicho. Babilo­nia com­ple­taría lo que Asiria había ini­ci­a­do, porque Jehová diría más tarde a Nabu­codonosor y a su ejérci­to, “Lev­an­taos, sub con­tra Cedar, y destru­id a los hijos del ori­ente” (Jer 49:28). El silen­cio de la muerte descen­dería sobre Ara­bia como lo hizo sobre Edom; la noche ven­dría final­mente.

Capí­tu­lo 21. Babilo­nia, Duma, y Ara­bia

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