Muchos títu­los han sido adscritos a este capí­tu­lo, pero el que hemos selec­ciona­do parece enfa­ti­zar mejor su con­tenido total. El Sier­vo ha venido, proveyen­do sal­vación a toda la raza humana (52:13–53:12); la glo­ria de Sion ha sido resalta­da, el “tabernácu­lo” ampli­a­do para alo­jar un gran flu­jo de hijos, y Jehová ha recibido a Jerusalén de regre­so como Su esposa (cap 54). Aho­ra el Señor invi­ta al Israel dis­per­so y a las naciones arro­jadas lejos a venir y par­tic­i­par de la vida espir­i­tu­al que Él ha pro­vis­to por medio del Sier­vo. Lim­i­tar este capí­tu­lo a los exil­i­a­dos de Judá en Babilo­nia, o aún dar una may­or impor­tan­cia a los exil­i­a­dos en Babilo­nia, es restringir el lla­ma­do a límites demasi­a­do estre­chos. Para el capí­tu­lo 55 vis­lum­bra la invitación de Jesús a venir a Él y encon­trar des­can­so (Mt 11:28–30), la invitación a la fies­ta de bodas (Mt 22:1–14), y el ofrec­imien­to abun­dante de la gra­cia de Dios a los judíos y gen­tiles (Hech 15:11). La invitación es tan­to urgente como uni­ver­sal.

La Veni­da y la Par­tic­i­pación Gra­tui­ta (vers 1–5)

      1 Jehová prometió ante­ri­or­mente que Él proveería agua abun­dante para el sedi­en­to (41:17–18) y que en la Sion purifi­ca­da “sacaréis con gozo aguas de la fuente de la sal­vación” (12:3). Él ha pro­vis­to aho­ra el agua, y lla­ma, A todos los sedi­en­tos: Venid a las aguas (plur­al, sugirien­do abun­dan­cia), y toma lo sufi­ciente para apa­gar la sed del alma por Dios (ver Sal 42:2; 63:1). La invitación es uni­ver­sal, todos; todos son invi­ta­dos a venir y com­prar sin dinero. Esto parece ser con­tra­dic­to­rio, ¿Por qué cómo puede alguien com­prar sin dinero? Sin embar­go, el énfa­sis está dado aquí en la gra­cia gra­tui­ta de Dios que provee abun­dan­te­mente e invi­ta con gra­cia a todos a venir y com­er y beber gra­tuita­mente. La invitación a com­er indi­ca que el pan espir­i­tu­al que sat­is­face el alma del alma (ver Deut 8:3; Mt 4:4) ha sido tam­bién pro­vis­to. El agua refres­ca mien­tras sofo­ca la sed espir­i­tu­al, el vino “ale­gra el corazón del hom­bre” (Sal 104:15), y la leche provee comi­da para cre­cer (1 Ped 2:2). Así son los rega­los gra­tu­itos de la gra­cia div­ina.

      2 La locu­ra de los deseos de la gente por lo mate­r­i­al y pere­cedero es reproba­do por una pre­gun­ta: ¿Por qué gastáis el dinero en lo que no es pan, en lo que no dará sat­is­fac­ción? El mun­do ha gas­ta­do sus energías en la búsque­da de como­di­dades que fra­casan en sat­is­fac­er el ham­bre y la sed espir­i­tu­al, lle­van­do al alma a secarse y pere­cer. Así que oídme aten­ta­mente, escucha con aten­ción mien­tras Jehová habla, y actúa sobre lo que Él dice. Y comed del bien, la comi­da espir­i­tu­al digna y de val­or que dará sat­is­fac­ción per­ma­nente los anh­e­los más pro­fun­dos de la vida. Y se deleitará vues­tra alma con gro­sura, en el sosten­imien­to, la plen­i­tud, pro­vista por medio del Sier­vo, “para que seáis llenos de toda la plen­i­tud de Dios” (Ef 3:19).

      3 Incli­nad, extiende o alarga, vue­stro oído, con la inten­ción de pon­er aten­ción a las pal­abras del Señor, y venid a mí; oíd, y vivirá vues­tra alma. Solo al venir al Señor y al oír lo que Él dice, con la inten­ción de hac­er­lo, el hom­bre puede vivir. Estas son tam­bién las condi­ciones para entrar en el pacto a pun­to de ser intro­duci­do: Y haré con vosotros pacto, las mis­eri­cor­dias firmes a David. Un pacto es una “obligación ata­da legal­mente, espe­cial­mente de Dios para la reden­ción del hom­bre.”[1] En las Escrit­uras eter­no sig­nifi­ca con fre­cuen­cia “peri­o­do de larga duración,” esto es, por la duración de una época o peri­o­do par­tic­u­lar. Var­ios pactos del Antiguo Tes­ta­men­to son referi­dos como “eter­nos” – los pactos que Jehová hizo con Noé y con todas las criat­uras vivientes (Gén 9:16), con Abra­ham y su simiente (Gén 17:10,13; 1 Crón 16:16–17; Sal 105:9–10); con Isaac (Gén 17:19), con Israel (Lev 24:8), con David (2 Sam 23:5), y con los habi­tantes de la tier­ra (cap 24:5). Israel vio­ló así total­mente el pacto hecho en Sinaí (Eze 16:59) así que Dios for­mó uno nue­vo y difer­ente “con la casa de Israel y con la casa de Judá” (Jer 31:31–34). Cuan­do el pueblo vio­ló el antiguo pacto, Jehová lo anuló (rompió) para que Él pudiera hac­er uno nue­vo (Zac 11:10).

      Jehová haría un pacto de paz nue­vo y eter­no (Eze 37:26) con los que incli­narán sus oídos y vinier­an a Él (ver 61:8; Eze 16:60,62). Él había prometi­do ante­ri­or­mente que lev­an­taría a alguien de la línea de David sobre su trono. Jehová sería Padre a esta Simiente, y la Simiente sería Hijo de Jehová. Por otra parte, el reino y el trono de la Simiente sería estable­ci­do para siem­pre (2 Sam 7:11–14; Sal 89:3–4). El cumplim­ien­to total de este pacto fue tan cier­to como el pacto del día y de la noche; solo si el día y la noche fal­laran Jehová fal­laría en cumplir la prome­sa que Él hizo a David (Jer 33:19–21).

      Es clara­mente abun­dante que la frase las mis­eri­cor­dias firmes a David mira hacia el establec­imien­to de la Simiente de David, el Mesías, sobre su trono de paz eter­no. Sabe­mos que no está a la vista un rey políti­co, porque Jehová dijo en relación al lev­an­tamien­to de Conías (Jeconías o Joaquín) en Babilo­nia, “porque ninguno de su descen­den­cia logrará sen­tarse sobre el trono de David, ni reinar sobre Judá” (Jer 22:30). Él fue el últi­mo rey div­ina­mente aproba­do en Judá, porque su suce­sor Sede­quías fue un rey títere puesto por Nabu­codonosor (2 Crón 36:10). Además de esto, cuan­do la coro­na fue quita­da de sede­quías, y su reino removi­do, Jehová dijo, “esto no será más, has­ta que ven­ga aquel cuyo es el dere­cho, y yo se lo entre­garé” (Eze 21:27). El rey ter­re­nal y el trono tem­po­ral de David vino a un fin con Conías y Sede­quías, nun­ca sería estable­ci­do de nue­vo como una enti­dad políti­ca. Cristo el Sier­vo es aquel “cuyo es el dere­cho.” La prome­sa de un trono y un reino que per­du­raría por siem­pre fue cumpl­i­da en Su veni­da.

      El segun­do David es referi­do por al menos los últi­mos tres pro­fe­tas. Oseas, que fue con­tem­porá­neo de Isaías, dijo que después de la dev­astación “volverán los hijos de Israel, y bus­carán a Jehová su Dios, y a David su rey”; esto ocur­rirá “en el fin de los días” (Ose 3:5), que es siem­pre una ref­er­en­cia al peri­o­do mesiáni­co. Jere­mías habla de “a David su rey, a quien yo [Jehová] lev­an­taré” (Jer 30:9). Jehová provo­cará que “brote a David un Renue­vo de jus­ti­cia.” En aquel día Judá será sal­va y Jerusalén habitará segu­ra (Jer 33:15–18). Eze­quiel dice que Jehová lev­an­tará Su “sier­vo David” para ser pas­tor y príncipe entre Su pueblo (Eze 34:23–24), y que mien­tras David sea su rey y príncipe, Él (Jehová) hará con ellos un “pacto de paz,” un “pacto per­petuo” (Eze 37:24–26). Las mis­eri­cor­dias de David incluyen todas estas prome­sas hechas por medio de Oseas, Jere­mías, y Eze­quiel, las ben­di­ciones serán otor­gadas por la Simiente de David, el Mesías, quien será una luz y sal­vación a las naciones (49:6). Todo esto será lle­va­do a cabo por medio del sac­ri­fi­cio (cap 53) y no por medio de las armas (Zac 9:10). Pablo de hecho cita Isaías 55:3 y declara el cumplim­ien­to total en Cristo, por el cual son procla­madas las ben­di­ciones del perdón de peca­dos y la jus­ti­fi­cación para todos los creyentes (Hechos 13:34–39). Es notable que en su sigu­iente ser­món Pablo incluye especí­fi­ca­mente a los gen­tiles al citar Isaías 49:6 (Hechos 13:47). En Cristo el trono y el reino de David han sido aho­ra estable­ci­dos per­ma­nen­te­mente, y las mis­eri­cor­dias seguras de un pacto eter­no de paz pro­vis­to.

      4 Jehová lo dio por tes­ti­go a los pueb­los, esto es, Dios ha dado al mun­do a alguien que puede pro­ducir tes­ti­mo­nio de primera mano a la ver­dad. Algunos comen­taris­tas pien­san que el pro­fe­ta que David tiene en mente – sus vic­to­rias dan tes­ti­mo­nio del poder y del ser de Jehová a las naciones paganas. Sin embar­go, es mucho más prob­a­ble que Isaías esté hablan­do del nue­vo o segun­do David (vers 3) – Jesu­cristo “el tes­ti­go fiel” (Apoc 1:5), que fue envi­a­do al mun­do a dar tes­ti­mo­nio de la ver­dad (Juan 18:37). El tes­ti­go será tam­bién un jefe y mae­stro. Un jefe es un gob­er­nador o capitán, usual­mente alguien en la cima; un jefe es alguien que da instruc­ciones. El tes­ti­go será tan­to un jefe como un mae­stro a los pueb­los, esto es, a toda la humanidad.

      5 Evi­den­te­mente, Jehová se está dirigien­do al David del ver­sícu­lo 4, el Mesías. Él lla­mará a una nación a ser lo que Él no había cono­ci­do pre­vi­a­mente, inclu­so “una nación san­ta” (1 Ped 2:9). Por medio del evan­ge­lio, esta nación será lla­ma­da de entre “las naciones” (Mt 28:18–20; Mr 16:15–16). Pueblo que Él no había cono­ci­do apremi­a­do a ir hacia Él; ellos cor­rerán hacia el monte san­to de Dios des­de el que reinará el Mesías (2:2–3). Todo esto será debido a que Jehová es Dios, el San­to de Israel, quien Él mis­mo habrá glo­ri­fi­ca­do al Mesías (ver Juan 17:4–5; Hechos 3:13–15) habién­do­lo recibido “arri­ba en glo­ria” (1 Tim 3:16).

Bus­cad a Jehová Mien­tras Puede Ser Hal­la­do” (vers 6–13)

 

      6 A la luz de lo que Jehová ha hecho para la sal­vación de los judíos y gen­tiles, el pro­fe­ta lla­ma con urgen­cia a ambos a Bus­cad a Jehová mien­tras puede ser hal­la­do. Aunque la invitación incluye a los judíos exil­i­a­dos en Babilo­nia, se extiende más allá de ellos. Bus­car a Jehová es pre­gun­tar por Él y por Su vol­un­tad con cuida­do e interés (ver Amós 5:4, 6, 14). La vol­un­tad de Dios había sido siem­pre lo que el hom­bre bus­ca ante Él con el fin de hal­lar­le y servir­le (Hechos 17:27). La clausu­la mien­tras puede ser hal­la­do indi­ca un tiem­po límite; porque aunque Él podría lla­mar hoy, la puer­ta podría estar cer­ra­da mañana (Lucas 13:25). ¡El tiem­po para bus­car es aho­ra! Aunque Él podría estar a la mano, Él puede reti­rarse por Su propia vol­un­tad de tal for­ma que Él no pue­da ser encon­tra­do (ver Oseas 5:6).

      7 El impío y el inic­uo no deben ser dis­tin­gui­dos el uno del otro. Ellos son el mis­mo tipo de per­sonas – los hom­bres que actúan con­trar­ios al carác­ter y vol­un­tad de Dios y cuyos pen­samien­tos deben ser mal­va­dos. La respues­ta al lla­ma­do de Jehová involu­cra un cam­bio com­ple­to tan­to de esti­lo de vida como de corazón. Renun­cian­do com­ple­ta­mente a las activi­dades y pen­samien­tos pecaminosos, uno debe retornar a Jehová, del que él ha sido sep­a­ra­do por el peca­do y la iniq­uidad (59:2). Cuan­do alguien se gira y regre­sa, Jehová prom­ete ser amplio en per­donar (ver 1:18), olvi­dar com­ple­ta­mente el peca­do cometi­do y el peca­do en que se incur­rió. Esta es la gra­cia, la mis­eri­cor­dia, y la mis­eri­cor­dia div­ina en acción.

      8 La pal­abra Porque se men­ciona cua­tro veces en los sigu­ientes ver­sícu­los, intro­ducien­do cua­tro razones para bus­car a Jehová y cam­biar sus pro­pios caminos. La primera es: Porque mis pen­samien­tos no son vue­stros pen­samien­tos, ni vue­stros caminos mis caminos, dice Jehová. El hom­bre debe pon­er aten­ción a la amon­estación de los ver­sícu­los 6–7, el hom­bre fra­casa en cumplir el ide­al de los pen­samien­tos y caminos de Jehová. Cier­ta­mente, “el inten­to del corazón del hom­bre es malo des­de su juven­tud” (Gén 8:21), afectan­do sus caminos y guián­do­lo a hac­er cosas que nun­ca ten­drían en cuen­ta la mente o pen­samien­to de Dios (Jer 19:5; 32:35). El hom­bre comete el error de pen­sar que Dios está deba­jo de su niv­el. Así Jehová acusa, “pens­abas que de cier­to sería yo como tú (Sal 50:21). Pero los pen­samien­tos de Jehová hacia Su pueblo, a difer­en­cia del hom­bre, han sido siem­pre “pen­samien­tos de paz, y no de mal” (Jer 29:11). Tales eran Sus pen­samien­tos aun antes que Él los enviara a Babilo­nia.

      9 Un segun­do Porque intro­duce una segun­da razón para el hom­bre para cam­biar sus caminos: Los caminos y los pen­samien­tos de Dios son infini­ta­mente supe­ri­ores a los del hom­bre. La difer­en­cia es ilustra­da por la altura de los cie­los sobre la tier­ra, una medi­da infini­ta. Jehová es exal­ta­do sobre los cie­los (Sal 57:5,11), que Él desplegó como un lugar habita­do por Él mis­mo (40:22). Y Sus pen­samien­tos y caminos son están pro­por­ción con lo que lo rodean (ver 57:15).

      10–11 Aquí encon­tramos la ter­cera causa para bus­car a Jehová y cam­biar nue­stros caminos y pen­samien­tos. La llu­via y la nieve descien­den de los cie­los, nutrien­do la tier­ra y sus­ten­tan­do la vida. Ellas provo­can que la veg­etación y la vida flo­rez­can, proveyen­do de semi­l­la al sem­brador y de pan para com­er. El agua no regre­sará has­ta que haya cumpli­do su propósi­to; entonces regre­sará en la for­ma de vapor para ini­ciar de nue­vo el ciclo (ver Ecl 1:7). Y así será mi pal­abra que sale de mi boca. Como la llu­via y la nieve cumplen el propósi­to de Dios en la tier­ra, así Su pal­abra cumplirá Su propósi­to en la tier­ra de los que se acer­can a oír, a pon­er aten­ción, y a cam­biar sus caminos y sus pen­samien­tos. Hará lo que yo quiera, mod­e­lando de nue­vo los pen­samien­tos y los caminos de los que bus­can ante Dios. Su pal­abra nun­ca volverá a Él vacía, sino que será pros­per­a­da en aque­l­la para que la envié. Como el deseo de Jehová pros­pera en la mano del Sier­vo (53:10), así Su pal­abra lle­vará a cabo el resul­ta­do que Él desea. Cuan­do se le pone aten­ción, Su pal­abra cam­bia total­mente la vida de los hom­bres, cumplien­do los deseos de Dios.

      12 El últi­mo Porque intro­duce una cuar­ta razón para pon­er aten­ción al lla­ma­do de Jehová y desar­rol­lar nuevos caminos y pen­samien­tos – el gozo del éxo­do. Ya sea que Isaías ten­ga a la vista a los exil­i­a­dos judíos mien­tras ellos salen de la Babilo­nia lit­er­al y mira hacia Jerusalén, o los red­imi­dos de Jehová mien­tras son lib­er­a­dos de la Babilo­nia espir­i­tu­al y su cau­tivi­dad en el peca­do, ellos con ale­gría sal­drán y con paz serán vuel­tos. En estos éxo­dos no hay evi­den­cia de prisa o de temor como en la hui­da de Egip­to, sino más bien hay una man­i­festación de exu­ber­an­cia, de feli­ci­dad, y de rego­ci­jo del corazón. En lengua­je alta­mente poéti­co el pro­fe­ta describe la ado­ración de toda la nat­u­raleza com­par­ti­da en la gran ocasión. Los montes y los col­la­dos, sím­bo­los de duración y per­ma­nen­cia, lev­an­tarán can­ción delante de vosotros, y todos los árboles del cam­po darán pal­madas de aplau­so. Es pop­u­lar la ima­gen trans­mi­ti­da por los pro­fe­tas de la nat­u­raleza com­par­tien­do en el gozo de las per­sonas (ver 35:1–2; 41:17–20; 44:23; 49:13).

      13 Cuan­do Jehová desar­raigó Su viña, qui­tan­do su cer­co, der­riban­do su pared, y ponién­dole basura, Él dijo, “cre­cerán los car­dos y los espinos” (5:5–6; ver 32:13). Pero aho­ra, en su lugar, sur­girá el abeto y el mir­to. Ambos son de hoja perenne, sím­bo­lo de vida. Las ramas del mir­to eran usadas para hac­er case­tas para la Fies­ta de los Tabernácu­los (Neh 8:15); y el abeto; y el álamo, cuyas raíces cor­ren pro­fun­das en la tier­ra y cuyas ramas se extien­den para dar som­bra y pro­tec­ción, es un sím­bo­lo de Jehová, la fuente de toda for­t­aleza, pro­tec­ción, y fer­til­i­dad (Ose 14:8). La obra y reden­to­ra del Señor y la lib­eración de Su pueblo será por señal eter­na que nun­ca será raí­da. Otras señales podrían ser tron­cadas o fal­lar, pero la lib­eración de los judíos de Babilo­nia y la lib­eración del Sier­vo de los red­imi­dos de entre todas las naciones per­manece, y per­manecerán para siem­pre, como tes­ti­mo­nios de la exis­ten­cia y del poder de Jehová.

Capí­tu­lo 55. La Gran Invitación. Mis­eri­cor­dia Gra­tui­ta para Todos

[1] Zon­der­van Pic­to­r­i­al Ency­clo­pe­dia of the Bible, vol. 1, pág. 1000.

En lugar de inten­tar deter­mi­nar si los ver­sícu­los 1–3 son una con­clusión del capí­tu­lo 49, una intro­duc­ción al capí­tu­lo 50, o una pro­fecía cor­ta ais­la­da, parece mejor pen­sar sobre el pasaje como un enlace entre los capí­tu­los. Recuerde que la sec­ción entera que esta­mos estu­dian­do aho­ra es una unidad, desar­rol­lan­do el tema gen­er­al del Sier­vo y la glo­ria de Sión.

Amon­estación a los Exil­i­a­dos por Pen­sar de Si Mis­mos como Rec­haz­a­dos (vers 1–3)

 

      1 Habién­dose dirigi­do a Sión como si ella fuera una madre (49:14–22), Jehová se dirige aho­ra a los exil­i­a­dos como si ellos fuer­an hijos. Él regre­sa a la acusación hecha con­tra Él en 49:14, respondién­dola al retar a los hijos exil­i­a­dos a gener­ar una car­ta de divor­cio que com­pruebe que Él desechó a su madre, o a gener­ar un com­pro­bante de pago que com­pruebe que ellos han sido ven­di­dos a un acree­dor. La pal­abra repu­dio, que aparece solo en Deuteronomio 24:1,3; Jere­mías 3:8; y el ver­sícu­lo pre­sente, viene de una raíz que sig­nifi­ca “cor­tar total­mente.” Es usa­da de una esposa des­pe­di­da por el mari­do. Jehová no le había dado tal car­ta a Sión; si Él lo hubiera hecho, Él no la podría haber traí­do de regre­so como Su esposa (Deut 24:1–4).

      El caso del reino del norte era difer­ente. Israel fue destru­i­da (Amós 9:8), cau­san­do que cesará (Os 1:4), dan­do una car­ta de divor­cio por parte de Jehová (Jer 3:8). Entonces, el reino de las diez tribus nun­ca sería toma­do de acep­ta­da de nue­vo como esposa de Jehová, pero de en medio de ellos Él podría y recibiría indi­vid­u­os (Jer 3:14) después de la desapari­ción del arca del pacto del tem­p­lo (Jer 3:16), y Jerusalén sería lla­ma­da “trono de Jehová” (Jer 3:17). En con­traste, a Judá nun­ca le fue dada una car­ta de divor­cio.

      Era legal­mente per­mis­i­ble los hijos de alguien para pagar una deu­da (Ex 21:7), pero Jehová no esta­ba en deu­da con Babilo­nia, ni Él había recibido dinero por los cau­tivos judíos (52:3). Él no los vendió a la cau­tivi­dad. Solo ellos eran respon­s­ables de blas­fe­mar por su esclav­i­tud; debido a su desviación del camino cor­rec­to, su com­por­tamien­to tor­ci­do, y su rec­ha­zo de la autori­dad y gob­ier­no de Jehová sobre ellos, fuistes arran­ca­dos.

      2 A causa de la ceguera, sor­dera, y la dureza de los cora­zones del pueblo (6:9–10; 42:18–20), nadie respondió, nadie puso aten­ción cuan­do Jehová los llamó, hablan­do por medio de Sus pro­fe­tas. El repi­tió la acusación de los exil­i­a­dos con­tra Él: ¿Aca­so se ha acor­ta­do mi mano para no red­imir? ¿Está Él imposi­bil­i­ta­do para lib­er­ar y red­imir­los de su esclav­i­tud? En Su respues­ta a esta acusación, ya sea vocal­iza­da o táci­ta, Jehová señala al ejer­ci­cio de Su poder en el mun­do nat­ur­al. Él seca los mares, hace de los ríos un desier­to, cau­san­do que los peces muer­an de sed y de hedor. Si Jehová puede ejercer tal con­trol sobre las fuerzas creadas de Su mun­do nat­ur­al, ¿no puede Él ejercer este mis­mo poder poderoso por el bien de Su pueblo, liberán­do­los de la esclav­i­tud? Pero debido a que ellos carecieron del conocimien­to de Dios, no tienen fe.

      3 Jehová señala otra expre­sión de Su poder infini­to: Vis­to de oscuri­dad los cie­los (la pal­abra se men­ciona solo aquí y lle­va una con­no­tación de luto; ver Jer 4:28), y hago como cili­cio su cubier­ta (una indi­cación más de tris­teza). Un Dios de tal poder puede traer a Babilo­nia o a cualquier otra fuerza opues­ta a la nada y al desas­tre, por con­se­cuen­cia liberan­do a Su pueblo de lo que los suje­ta. Si Él puede lib­er­ar de Babilo­nia, ¿no puede tam­bién lib­er­ar de Satanás y del peca­do?

El Solil­o­quio del Sier­vo (vers 4–9)

      En el segun­do de los “Cán­ti­cos del Sier­vo (49:1–13), el Sier­vo fue rep­re­sen­ta­do como un pro­fe­ta con una mis­ión mundi­al. En este el ter­cer cán­ti­co, Él con­tem­pla Su preparación y cal­i­fi­ca­ciones para la obra proféti­ca y Su recibimien­to por el pueblo. En este solil­o­quio pre­sente Él se rep­re­sen­ta a Si mis­mo como alguien total­mente obe­di­ente y total­mente depen­di­ente de Jehová por Su men­saje y el poder para lib­er­ar­lo. Esta acti­tud ide­al, que Jehová desea­ba de la nación, de los indi­vid­u­os, y, de hecho, de Sus pro­fe­tas, fue cumpli­do en su exten­sión más com­ple­ta solo en Jesu­cristo, el Pro­fe­ta que entregó la pal­abra final de Dios.

      A lo largo de toda su his­to­ria Israel había resis­ti­do a los pro­fe­tas de Jehová, tratán­do­los ver­gonzosa­mente y reci­bi­en­do Su men­saje con des­pre­cio. En repeti­das oca­siones Jehová dijo que lev­an­taría des­de la antigüedad, envian­do a Sus sier­vos los pro­fe­tas y hablan­do por medio de ellos al pueblo; pero ellos ni oyeron ni incli­naron el oído.[2] Micaías estu­vo ata­can­do con dureza sobre el descaro y su pro­fecía rec­haz­a­da ( 1 Reyes 22). Israel fue ciego al men­saje de Isaías (29:9–10). Jere­mías fue apri­sion­a­do en la corte de la guardia y puesto en un cal­abo­zo (foso); el rol­lo que con­tenía su men­saje fue que­ma­do en el fuego (Jer 32:2; 38:6; 36:23). Eze­quiel no fue apre­ci­a­do como un pro­fe­ta, sino como un “hablante de parábo­las,” un can­tor de amores – su men­saje fue rec­haz­a­do (Ez 20:49; 33:31–32). A Amós le fue dicho por Amasías que fuera a casa y le predicara a Judá, pero no en Bet-el (Amós 7:12–13).

      Jesús acusó a los padres de Sus con­tem­porá­neos “que mataron a los pro­fe­tas” (Mt 23:31). Este­ban pre­gun­tó, “¿A cuál de los pro­fe­tas no per­sigu­ieron vue­stros padres?” (Hech 7:52). Los judíos a los que Jesús se dirigió no esta­ban intere­sa­dos en Su men­saje, sino más bien “con­sul­taron como sor­pren­der­le en algu­na fal­ta” (Mt 22:15). La acti­tud del pueblo hacia Jesús como un pro­fe­ta, y hacia la pro­fecía en gen­er­al, es bien resum­i­da en la burla acen­tu­a­da hecha por los que lo gol­pearon en la casa de Caifás: “Pro­fetízanos, Cristo, quién es el que te golpeó” (Mt 26:68). A estos judíos hipócritas, el que pro­fe­ti­zar era más pequeño que un arte de magia. Smith ha dicho apropi­ada­mente, “Hay algo en esta sim­ple expre­sión de la ver­dad, que despier­ta en mis­mo dia­blo en los cora­zones de muchos hom­bres” (II. 345). En este solil­o­quio encon­tramos una clara descrip­ción del pro­fe­ta ide­al (que fue logra­do en Cristo) y la típi­ca respues­ta humana al men­saje proféti­co.

      4 Es de Jehová el Señor del que el Sier­vo recibe Sus cal­i­fi­ca­ciones para servir como un pro­fe­ta; la lengua del sabio (los que han sido enseña­dos) y el oír de un oyente rápi­do. Detrás de la lengua del mae­stro debe estar el oír audi­ble de los dis­cípu­los. Un pro­fe­ta debe ser rápi­do para oír lo que dice Jehová su Mae­stro. Jehová había dicho a Moisés del pro­fe­ta que Él lev­an­taría, “Pro­fe­ta les lev­an­taré de en medio de sus her­manos, como tú; y pon­dré mis pal­abras en su boca, y él les hablará todo lo que yo les man­dare” (Deut 18:18; ver Hech 3:22–23). Equipa­do así, el Sier­vo está prepara­do para saber hablar pal­abras, esto es, para sosten­er y ani­mar con pal­abras de ver­dad, al cansa­do. El cansa­do incluye tan­to a judíos como a gen­tiles. Los judíos esta­ban cansa­dos con el peca­do, una car­ga de la ley que no podían lev­an­tar; y los gen­tiles esta­ban oprim­i­dos por los ído­los y toda la mal­dad que típi­ca­mente los acom­pañan (ver 46:7; Mt 11:28; Jn 8:31–36; Gàl 4:8). La fuente de las pal­abras de sus­ten­to del Sier­vo es con­stante, porque Jehová despier­ta Su oído mañana tras mañana; así Él está sien­do con­stan­te­mente enseña­do por el Man­an­tial de toda ver­dad. La enseñan­za está siem­pre fres­ca, vinien­do direc­ta­mente de Jehová; nun­ca se añe­ja o fal­la para sat­is­fac­er el alma ham­bri­en­ta que estará lista. La lengua del Sier­vo está tam­bién lista para hablar al oído abier­to, un prin­ci­pio a ser segui­do por todos los que enseñarían la ver­dad.

      5 A Jehová el Señor que abrió el oído del Sier­vo para oír y enten­der la vol­un­tad div­ina, el Sier­vo dice, Yo no fui rebelde, ni me volví atrás. Aun Moisés se hizo pequeño a su lla­ma­do (Ex 4:1,10,13), Jonás huyó de la respon­s­abil­i­dad impues­ta sobre él (Jon 1:3), y Jere­mías se que­jó de su labor y de su parte (Jer 15:15–18; 20:7–18); pero el Sier­vo no es de dis­posi­ción rebelde, ni se desvía, ni desiste de Su mis­ión. Él está total­mente someti­do a la vol­un­tad e instruc­ción de Su Mae­stro (Juan 6:38; Lucas 22:42); Él habla en lo que Él es instru­i­do a enseñar (ver Juan 7:16; 8;28b; 12:49). El pro­fe­ta o mae­stro ver­dadero habla solo lo que es rev­e­la­do por Dios.

      6 En respues­ta al don de Dios para Él (vers 4), el Sier­vo delib­er­a­da y vol­un­tari­a­mente dio Su espal­da a los heri­dores, Sus mejil­las a los que le mesa­ban la bar­ba, y no escondí mi (Su) ros­tro de injurias y de esputos. El odio cróni­co de la humanidad por los mae­stros de la ver­dad y la bue­na vol­un­tad de los mae­stros para sufrir por la ver­dad son clara­mente mostra­dos en este ver­sícu­lo. “El arran­car (una por­ción) de la bar­ba era la expre­sión de ira vio­len­ta o de indi­gnación moral.”[3] En su indi­gnación Esdras arrancó su pro­pio cabel­lo (Esd 9:3); en un espíritu sim­i­lar Nehemías arrancó el cabel­lo de los judíos que se casaron y emparentaron con los paganos (Neh 13:25). El Sier­vo someti­do a tal afrenta, cargó lo del injus­to en vez de la indi­gnación del jus­to. Escu­pir sobre otro era un acto de deshon­ra y des­pre­cio rit­u­al (Lev 15:8; Núm 12:14; Deut 25:9). El Sier­vo no ocultó Su ros­tro de este deshon­or y humil­lación inmere­ci­da (ver Mt 26:67; 27:30).

      7 Como Jehová el Señor ha dado al Sier­vo la lengua de sabios para hablar y oído abier­to para oír, así aho­ra Jehová será el apoyo del Sier­vo, dán­dole ayu­da y asis­ten­cia en todo el tiem­po de necesi­dad. Debido a que Él recibe tal ayu­da el Sier­vo no será aver­gon­za­do, una pal­abra fuerte indi­can­do que Él no sería arro­ja­do a la con­fusión o a la per­ple­ji­dad por el tra­to ver­gonzoso. Él no fra­casará en vivir de acuer­do a la ver­dad impar­ti­da sobre Él. Debido a la ayu­da de Jehová, la deter­mi­nación de Su pro­pio corazón – porque Él puso Su ros­tro como un ped­er­nal, una piedra muy dura – y Su com­ple­ta sum­isión al Señor, Él puede afir­mar con­fi­ada­mente, sé que no seré aver­gon­za­do. Sin impor­tar lo que los demás pudier­an acusar o hac­er, y con Su propia deter­mi­nación y sum­isión, Él será vic­to­rioso. Cualquier mae­stro puede ten­er esta mis­ma con­fi­an­za en el gra­do en que siga al Sier­vo.

      8 Jehová sirve como juez al com­por­tamien­to y enseñan­za del Sier­vo y la con­se­cuente ira de Sus ene­mi­gos. Él que es el apoyo del Sier­vo está tam­bién cer­ca para jus­ti­fi­car­lo, defen­di­en­do y reivin­di­can­do la rec­ti­tud tan­to de Él como de Su causa. Ante la pre­sentación de tal Juez el Sier­vo emite un desafío: ¿Quién con­tenderá con­mi­go?, esto es, ¿Quién cruzará las espadas con­mi­go en una con­tiende forense? Jun­té­monos. Él con­tinúa con un desafío para­le­lo: ¿Quién es el adver­sario de mi causa? ¿Quién me desafi­ará en una corte de juicio? Acérquese a mi. Jesús lanzó este desafío frente a Sus ene­mi­gos: “¿Quién de vosotros me redar­guye de peca­do?” (Juan 8:46), un desafío que no se ha con­tes­ta­do des­de entonces (Mar­cos 14:55–56) ni se hará.

      9 Una vez mas el Sier­vo declara la fuente de Su ayu­da, Jehová el Señor, y repite el desafío a Sus ene­mi­gos, ¿quién hay que me con­dene? El Sier­vo no ha vio­la­do ni la enseñan­za antigua de Jehová en la ley ni Su propia enseñan­za; Él no ha pisotea­do a ningún seme­jante. El Sier­vo con­cluye dicien­do de los que Lo con­denarían, He aquí que todos ellos se enve­je­cerán como ropa de vestir, serán comi­dos por la polil­la. Los ene­mi­gos del Sier­vo, de Su ver­dad, y de todos los creyentes, se extin­guirán y se volverán nada como un vesti­do con­sum­i­do por la polil­la.

Luz para los Creyentes, Aflic­ción para los Incré­du­los (vers 10–11)

 

      10 Dos gru­pos son aho­ra exam­i­na­dos: los que temen a Jehová (vers 10) y los que rec­haz­an la luz ver­dadera (vers 11). Los comen­taris­tas difieren sobre si el que habla es Jehová, el Sier­vo, o el pro­fe­ta; pero de hecho es Jehová, ya sea que Él hable direc­ta­mente o por medio del pro­fe­ta o el Sier­vo. El que habla se dirige a los que temen a Jehová y obe­de­cen la voz del Sier­vo, que ha habla­do como un pro­fe­ta del Señor. Note la clara dis­tin­ción entre el creyente y el Sier­vo, estable­cien­do nue­stro pun­to de vista que el Sier­vo es una per­sona, no la nación de Israel ni un grupo com­puesto de creyentes de varias naciones. Temer a Jehová es lo que Lo mantiene en tal rev­er­en­cia san­ta para obe­de­cer lo que Él dice. No obstante aunque ambos temen a Jehová y obe­de­cen la voz de Su Sier­vo, él podría encon­trarse a si mis­mo en tinieblas, inca­paz de ver el final del túnel y no enten­di­en­do algunos aspec­tos de su fe y de su vida. Cuan­do esto acon­tece, uno debería seguir el ejem­p­lo del Sier­vo; con­fíe en el nom­bre de Jehová, que sim­boliza todo lo que Jehová es, y apóyese en su Dios, el Dios en el que el Sier­vo con­fió y en el que Él se apoyó.

      11 El que habla se dirige aho­ra a los incré­du­los, el pueblo des­obe­di­ente que rec­haza la luz rev­e­la­da en el Sier­vo y enciende su pro­pio fuego. Ellos se ciñen a si mis­mos alrede­dor con teas (cuetes o cen­tel­las), cre­an­do luz por la que cam­i­nan. Estas teas prue­ban ser tan destruc­ti­vas para los que rec­haz­an la luz div­ina como lo es la idol­a­tría para los paganos. De mi mano os ven­drá esto; Jehová vuelve este tipo de ton­terías sobre el des­obe­di­ente, así como Él vuelve todos los otros esfuer­zos de los hom­bres para urdir su pro­pio camino. En dolor seréis sepul­ta­dos, serán traí­dos al ter­ror (lit­eral­mente, “un lugar de ter­ror”;[5] “de tor­men­to,” Están­dar Revisa­da). Este es el fin de aquel que rec­haza la luz de la ver­dad y urde su propia for­ma de vida.

Capí­tu­lo 50. El Sier­vo como un Pro­fe­ta Sufri­ente — Un Solil­o­quio

[1] The­o­log­i­cal Word­book of the Old Tes­ta­ment, vol. 2, pág. 786.

[2]  Ver Jer 7:25; 26:5; 29:19; 35:15; 44:4; Ez 38:17; Dan 9:6,10; Amós 3:7; Zac 1:6.

[3]  C.F. Keil, Ezra, Nehemías, Ester, Comen­tar­ios sobre el Antiguo Tes­ta­men­to (Grand Rapids: Eerd­mans, 1950 reim­pre­so), pág. 117.

[4]  The­o­log­i­cal Word­book of the Old Tes­ta­ment, vol. 1, pág. 249.

[5]  Ibid, vol. 2, pág 688.

EL SIERVO Y LA GLORIA DE SIÓN (49–57)

 

49. El Sier­vo y la Sión Abati­da

50. El Sier­vo como un Pro­fe­ta Doliente – Un Solil­o­quio

51. Alien­to para la Sión Abati­da (1)

52:1–12. Alien­to para la Sión Abati­da (2)

52:13–53:12. Vic­to­ria por Medio del Sufrim­ien­to del Vic­ario

54. El Esplen­dor Futuro de Sión

55. La Gran Invitación: Mis­eri­cor­dia Gra­tui­ta para Todos

56. Con­so­lación para el Rec­haz­a­do;

    Una amon­estación para el Ata­laya Ciego

57. Una Amon­estación a la Mal­dad del Tiem­po de Isaías

 

Una Pal­abra de Intro­duc­ción

 

En la sec­ción pre­via (caps 40–48) la esce­na del tri­bunal entre Jehová y los ído­los paganos; Ciro, el ungi­do de Jehová, que lib­er­ará a Israel de la cau­tivi­dad; y la caí­da de Babilo­nia esta­ban en primer plano. El pro­fe­ta expu­so tam­bién la majes­tu­osi­dad de Jehová y la relación de Israel con Él como Su Sier­vo y tes­ti­go en medio del mun­do pagano. Estos asun­tos se desvanecen en el tras­fon­do. La pre­sente sec­ción expone el carác­ter, la mis­ión, y el éxi­to del Sier­vo divi­no, y la glo­ria de la Sión red­im­i­da. Estos son los temas prin­ci­pales de Isaías.

 

CAPÍTULO 49

El Sier­vo y la Sión Abati­da

Antes de hac­er comen­tar­ios detal­la­dos sobre el capí­tu­lo 49 per­mí­tanos deter­mi­nar primero quien es el Sier­vo. Willis dice, “El que está hablan­do es el ‘sier­vo’ del Señor (vers 3, 5, 6), ‘Israel” (vers 3), en vez del Señor o del pro­fe­ta” (pág 398). Why­bray asume que el Sier­vo es “Deutero-Isaías,” el pro­fe­ta vocero de los capí­tu­los 40–55 (págs. 44–55). Dri­ver sostiene que el Sier­vo es el Israel ide­al, cumpli­do en Jesu­cristo (pág. 180). Smith sostiene el pun­to de vista que el Sier­vo es el fiel de Israel; ellos alcan­zan su ide­al en el Cristo (el Sier­vo del capí­tu­lo 53 debe ser una per­sona). Smith ve un desar­rol­lo en los pasajes del Sier­vo – de (1) la nación a (2) Israel den­tro de Israel (los pocos) a (3) una per­sona que él dice no puede ser ningún otro que el Mesías (II. 269–93). Por mucho el número más grande de comen­taris­tas, sin embar­go, y espe­cial­mente los escritores con­ser­vadores, con­sid­er­an que el Sier­vo es el Cristo del Nue­vo Tes­ta­men­to (por ejem­p­lo, Alexan­der, Barnes, Calvin, Deltzsch, Leupold, Rawl­in­son, Robin­son, Young); este es el pun­to de vista del escritor del pre­sente estu­dio y las bases sobre las que el pasaje será inter­pre­ta­do. Un con­jun­to impo­nente de nom­bres no prue­ba el pun­to de vista, pero el estu­dio de los cua­tro prin­ci­pales pasajes que se rela­cio­nan fuerte­mente con el Sier­vo indi­can que el Sier­vo no es un nom­bre colec­ti­vo, sino una ref­er­en­cia a un indi­vid­uo, y que solo el Mesías llena total­mente las pro­fecías. La segun­da de las “Can­ciones del Sier­vo” (49:1–13), por ejem­p­lo, pre­sen­ta al sier­vo como un indi­vid­uo con una mis­ión de reden­ción mundi­al.

Las Bases para Su Obra (vers 1–4)

      1 El Sier­vo lla­ma a aque­l­los que están aparta­dos, a los gen­tiles, urgién­doles a pon­er aten­ción al men­saje sobre lo que va a ser anun­ci­a­do. Las costas son las islas y las zonas costeras del Mar Mediter­rá­neo (ver 42:4; 10, 12), y en for­ma gen­er­al, “los con­fines de la tier­ra” (41:5). El men­saje involu­cra a todos los pueb­los (las naciones) de la tier­ra. El vien­tre, aun las entrañas de Su madre, des­de las que llamó al Sier­vo, ni es la nación ni la vir­gen María, sino el rema­nente espir­i­tu­al que retornó de Babilo­nia. No obstante el énfa­sis dado a la nación por nac­er, Isaías dice que la “hija de Sión” alum­bran­do, que “sal­drá de la ciu­dad” a Babilo­nia pero que even­tual­mente será rescata­da y red­im­i­da, pon­drá de man­i­fiesto al “Señor en Israel; y sus sal­i­das son des­de el prin­ci­pio, des­de los días de la eternidad“ (Mi 4:10; 5:2–3; ver Apoc 12:1–5). Este es Jesús (Mt 2:6), cuyo nom­bre men­cionó Jehová aun antes de Su nacimien­to. Este pasaje indi­ca que la madre es la Sión espir­i­tu­al. El énfa­sis del pre­sente pasaje no está sobre el reina­do del Mesías, sino sobre Su servidum­bre. Isaías ya Lo había men­ciona­do por Sus nom­bres reales: “Emanuel”; “Admirable, Con­se­jero, Dios Fuerte, Padre Eter­no, Príncipe de Paz” (7:14; 9:6). Los dos ofi­cios, Rey y Sier­vo Reden­tor, están unidos en Cristo Jesús.

      2 El Sier­vo con­tinúa hablan­do, exponien­do las fuerzas por las cuales Él con­quis­tará. Jehová, que con­tro­la todas las cosas y provee todo poder, hará la boca del Sier­vo como espa­da agu­da. La boca es una meton­imia para las pal­abras que el Sier­vo hablará, porque es por medio de pal­abras que Él con­quis­tará, trayen­do a los pueb­los del mun­do bajo su dominio (ver 2:3; Jn 7:16; 8:28; 12:49; Ef 6:17; Heb 4:12). Por lo que respec­ta a las naciones paganas que no oíran, Él los regirá y los que­bran­tará con vara de hier­ro (Sal 2:9; Apoc 12:5), cas­tigán­do­los con la espa­da agu­da de dos filos que sal­dría de Su boca (Apoc 1:16; 19:15). Y me puso (el Sier­vo) por sae­ta bruñi­da – el Sier­vo es la sae­ta por la cual Jehová pen­e­trará el corazón de Sus ene­mi­gos, ya sea trayén­do­los bajo Su dominio o exten­di­en­do un juicio de muerte y destruc­ción (ver Sal 45:3–5; 110; Hab 3:11–13). Con la espa­da de Sus pal­abras y una sae­ta poderosa for­ma­da y dis­para­da por Jehová, el Sier­vo irá hacia delante “ven­cien­do, y para vencer” (Apoc 6:2). Mien­tras tan­to, me cubrió con la som­bra de su mano…me guardó en su alja­ba. El Mesías y Su mis­ión per­manecerán ocul­tos, sin rev­e­lar, has­ta el tiem­po señal­a­do por Dios (64:4; 1 Cor 2:9–13; Gál 4:4).

      3 El que está hablan­do es aho­ra iden­ti­fi­ca­do como el Sier­vo de Jehová: y me dijo: Mi sier­vo eres, oh Israel, porque en ti me glo­ri­aré. Des­de esta inter­pretación del Sier­vo como Israel, algunos comen­taris­tas han con­clu­i­do que el Sier­vo de este pasaje es la mis­ma nación, o el Israel ide­al. Dos argu­men­tos refu­tan esta con­clusión: primero, los ver­sos sigu­ientes indi­can algo difer­ente; y segun­do, Pablo apli­ca el ver­sícu­lo 6 especí­fi­ca­mente al Cristo, el Reden­tor de los gen­tiles; el após­tol se iden­ti­fi­ca a si mis­mo y a Bern­abé como par­tic­i­pantes de la obra de Cristo de exten­der la sal­vación a las naciones – “Porque así nos ha man­da­do el Señor” (Hech 13:47). El uso de Israel como un nom­bre per­son­al no debe rep­re­sen­tar prob­le­ma, porque fue primero dado a Jacob (Gén 32:28), el padre de la nación de las doce tribus, y más tarde pasó a la mis­ma nación. El nom­bre sig­nifi­ca con­quis­ta­do por fe, alguien que lucha o se esfuerza y prevalece, pero tan­to el primer Israel (Jacob) y la nación que lle­varon su nom­bre habían fal­la­do en esforzarse y prevale­cer. Al lla­mar al Sier­vo Israel apun­ta a Su vic­to­ria: Él red­imirá tan­to a judíos como a gen­tiles y lle­gará a ser la cabeza del nue­vo Israel. En Él y en Su obra el ide­al de Jehová será cumpli­do y Dios glo­ri­fi­ca­do.

      4 Con las pal­abras vano, sin prove­cho, el Sier­vo expre­sa decep­ción con el resul­ta­do de Su obra. Pero yo dije: Por demás he tra­ba­ja­do, en vano, sin resul­ta­dos; y sin prove­cho he con­sum­i­do mis fuerzas, un vapor o alien­to. Él ven­drá por Si mis­mo, y los que son Suyos no Lo recibirán (Jn 1:11); Lo rec­haz­arán y Lo cru­ci­fi­carán (ver Sal 22:11–21; Isa 53). Sin embar­go, el resul­ta­do de Su obra será deja­da con el Señor: pero mi causa está delante de Jehová, y mi rec­om­pen­sa con mi Dios. Dios deter­mi­nará la medi­da de la der­ro­ta o de la vic­to­ria, jus­ti­fi­cará y vin­di­cará al Sier­vo, dará el crec­imien­to y cumplirá el fin desea­do.

La Mis­ión Ampli­a­da (vers 5–7)

 

      5 El sen­ti­do de fra­ca­so y decep­ción del Sier­vo al no alcan­zar a Jacob, Su pro­pio pueblo, es con­tes­ta­do por la con­fi­an­za del Señor al que Él pertenece. El Sier­vo es hon­or­able a la vista de Jehová y obtiene como resul­ta­do for­t­aleza de Él. El Sier­vo ha hecho su parte con nobleza, y Su éxi­to es glo­rioso. El obje­to espe­cial de Su comisión fue la restau­ración de Israel, y Su labor real­iza­da en el hecho de reco­brar un rema­nente (11:11–16); pero Dios tiene una mis­ión más amplia para Él, una mis­ión que incluye a todas las naciones.

      6 Dice: Poco es para mí que tú seas mi sier­vo para lev­an­tar las tribus de Jacob, y para que restau­res el rema­nente de Israel. Dis­per­so y caí­do, Jacob e Israel nece­sita­ban ser lev­an­ta­dos y restau­ra­dos. El rema­nente de Israel no es toda la nación, sino los que sobre­vivieron al cas­ti­go de la destruc­ción y fueron declar­a­dos libres de cul­pa. La mis­ión ampli­a­da del Sier­vo es lle­gar a ser la luz de Jehová y la sal­vación a los gen­tiles, has­ta los fines de la tier­ra (ver 42:1,6). Ni la nación ni el rema­nente fiel nun­ca pudo o podría haber sido la luz a los gen­tiles. El Sier­vo traerá la luz de la ver­dad a los que Él llamó a oír (vers 1). Es extraño que los judíos no entendieron (y todavía no lo entien­den) que la mis­ión del Sier­vo incluía a los gen­tiles. Es igual­mente extraño que los gru­pos de las dis­pen­sa­ciones no puedan ver que Su mis­ión fue espir­i­tu­al, no políti­ca ni mate­r­i­al.

      7 Aunque la obra del Sier­vo es para lev­an­tar y restau­rar a Israel y para servir como una luz y proveer sal­vación para las naciones, Jehová señala que el Sier­vo no será bien recibido. El hom­bre en gen­er­al Lo des­pre­cia­rá, des­pre­cián­do­lo y man­tenién­do­lo en el des­pre­cio como algo de poco val­or. El abom­i­na­do de las naciones; Israel Lo odi­ará, estimán­do­lo a Él con el mis­mo abor­rec­imien­to con el que el Señor mira a los ído­los. Él será un sier­vo de los tira­nos; los tira­nos Lo mirarán con el mis­mo des­dén con el que miran a un sier­vo que está muy por deba­jo de ellos. ¡Pero todo esto cam­biará! Aquel tan des­pre­ci­a­do tri­un­fará sobre todos los obstácu­los. Su vic­to­ria será tan com­ple­ta que los reyes serán forza­dos a recono­cer­lo como el Sier­vo y el Pro­fe­ta de Jehová; ellos se lev­an­tarán y Le darán hom­e­na­je. Los príncipes recono­cerán tam­bién Su grandeza y se incli­narán delante de Él en rev­er­en­cia. Su vic­to­ria es atribui­da al poder y a la fidel­i­dad de Jehová a Su prome­sa. Vemos esta vic­to­ria en el Mesías puesto en acción en el Nue­vo Tes­ta­men­to.

La Sal­vación y la Pro­tec­ción (vers 8–13)

 

      8 Jehová con­tin­ua hablan­do a Su sier­vo (los exil­i­a­dos en Babilo­nia no están a la vista). En el día cuan­do Jehová provee sal­vación para Su pueblo, Él ven­drá al aux­ilio de Su Sier­vo. Él lo hará así en tiem­po acept­able – un tiem­po favor­able a Jehová, de acuer­do con Su agra­do y vol­un­tad. Pablo con­fir­ma que esta­mos en lo cor­rec­to al iden­ti­ficar ese día como el peri­o­do mesiáni­co, porque él cita la primera parte del ver­sícu­lo 8 y entonces agre­ga su pro­pio comen­tario inspi­ra­do, “He aquí aho­ra el tiem­po acept­able; he aquí aho­ra el día de sal­vación” (2 Cor 6:2). El tiem­po acept­able, el día de la sal­vación de Jehová, es aho­ra, la era del evan­ge­lio. Jehová guardará al Sier­vo, cui­da Su vida del peli­gro has­ta que llegue la hora señal­a­da (Jn 8:20; 12:23; 13:1). Fue dicho antes (42:6) que el Sier­vo será dado “por pacto al pueblo, por luz de las naciones, para que abras los ojos de los cie­gos…” Aquí se dijo que Él sería dado por pacto al pueblo, para que restau­res la tier­ra, un lugar para el nue­vo Israel, alum­bran­do a judíos y a gen­tiles. En 44:26 para “recon­stru­ir ruinas” refir­ién­dose a la restau­ración de Jerusalén y a las ruinas de Judá en el retorno de Babilo­nia. Aquí, a la vista del con­tex­to mesiáni­co, restau­rar la tier­ra es hac­er­la estar de pie, exten­der tan lejos como es posi­ble, que sería “de mar a mar, Y des­de el río has­ta los con­fines de la tier­ra” (Sal 72:8; Zac 9:10). El Sier­vo tam­bién heredará aso­ladas, dev­as­tadas o desér­ti­cas, heredades; esto es, el poder espir­i­tu­al para vencer a la oposi­ción será restau­ra­da (54:17).

      9–11 Así como Jehová había ase­gu­ra­do a Jacob-Israel que Él proveería para ellos (41:18), as+i aho­ra Él ase­gu­ra al nue­vo Israel bajo el Sier­vo que Él cuidará tam­bién de ellos. Para los que están ata­dos en el cal­abo­zo del peca­do, Él dice, salid; y a los que están asen­ta­dos en tinieblas espir­i­tuales, mostraos, declar­en ust­edes mis­mos que están del lado de Dios – toma tu posi­ción. Al asumir el papel de un pas­tor, Él guiará a Su rebaño donde abun­dan pas­ti­za­les y agua. Y además, Él será su pro­tec­ción del calor abrasador de la oposi­ción, la per­se­cu­ción, y del juicio, porque ellos respon­derán a Su ofrec­imien­to de mis­eri­cor­dia abun­dante. Así como los montes son crea­d­os por Jehová, y por lo tan­to suje­tos a Su vol­un­tad, Él será capaz de mover­los, de rel­lenar los valles, y entonces proveer un camino sobre el que Su pueblo red­imi­do via­je (ver 35:8; 40:4). Esto, de hecho, sig­nifi­ca que Él hará un camino para ellos.

      12 Aque­l­los a los que el Sier­vo guiará no son los que retor­nan de Babilo­nia, porque ellos des­de hace mucho tiem­po han sido lib­er­a­dos; aque­l­los a los que Él proveerá son de un reino que es mundi­al: he aquí éstos ven­drán de lejos; y he aquí éstos del norte y del occi­dente, y éstos de la tier­ra de Sinin. Debido a la simil­i­tud entre “Sinin” y “Siene,” algunos comen­taris­tas han con­clu­i­do que Sinin se refiere a la ciu­dad de Siene, que esta­ba en el extremo sur del antiguo Egip­to. Otros razo­nan que Sinin es Chi­na, en el lejano ori­ente. Esto es tam­bién improb­a­ble. Sin impor­tar lo que deno­ta Sinin, parece seguro con­cluir que el nom­bre se refiere a una tier­ra lejana. Los pueb­los de todas las partes de la tier­ra respon­derán al lla­ma­do del Sier­vo.

      13 Todo el mun­do responde a la denun­cia del Señor, “Salid…Mostraos” (vers 9), evo­ca el lla­ma­do car­ac­terís­ti­co de Isaías para el rego­ci­jo y la ado­ración uni­ver­sal (ver 44:23). Los cie­los, la tier­ra, y los montes estal­lan en ala­ban­zas, porque por medio del Sier­vo, Jehová ha con­so­la­do a su pueblo, y e sus pobres ten­drá mis­eri­cor­dia. Es obvio que los ver­sícu­los 1–13 tra­scien­den al retorno de los judíos del exilio. Ellos miran hacia una reunión uni­ver­sal del pueblo de Jehová, los judíos y los gen­tiles, bajo el Señor Jesús, y a Su pro­visión y cuida­do por ellos (ver los comen­tar­ios en 66:18–24)

El Reclamo y el Asom­bro de Sión (vers 14–21)

 

      14 A menudo somos enfrenta­dos con una pre­gun­ta recur­rente. ¿Está el pro­fe­ta tratan­do con la Sión-Jerusalén durante la cau­tivi­dad de Babilo­nia o con la des­o­lación espir­i­tu­al que exi­s­tiría has­ta la apari­ción del Sier­vo? Cier­ta­mente la des­o­lación de Sión durante el peri­o­do de exilio has­ta el retorno del rema­nente es una fase del peri­o­do total de la depre­sión espir­i­tu­al de Sión que mira­ba más ade­lante a la restau­ración bajo el Mesías. Pero el peri­o­do lim­i­ta­do del exilio babilóni­co no sat­is­face total­mente la pro­fecía que sigue. El reclamo del sen­timien­to de aban­dono y olvi­do de Sión refle­ja un desalien­to que sería alivi­a­do solo bajo la veni­da del Cristo.

      15 La respues­ta de Jehová a este lamen­to está entre las expre­siones más tier­nas encon­tradas en el Antiguo Tes­ta­men­to. Él com­para Su amor por Sión con el amor de una madre por su hijo, el fru­to de su vien­tre, al que ella crió con car­iño en su pecho. ¿Puede una madre olvi­dar a su hijo o fal­lar al mostrar­le com­pasión por su hijo cuan­do se ha desvi­a­do? No obstante hay algu­nas pocas madres que aunque podrían vol­verse tan mun­danas, tan encal­le­ci­das, y duras de corazón como para olvi­dar, no es así con la gran may­oría. Y no es así con Jehová: Yo nun­ca me olvi­daré de ti; porque Su amor es infini­to, tra­sciende a la humanidad como están más altos los cie­los que la tier­ra.

      16 Sión y sus muros están de con­tin­uo ante Jehová. Cuan­do el Señor dio a Israel Su ley, Él instruyó al pueblo a atar las leyes como frontales entre sus ojos, así ellos siem­pre ten­drían Sus man­damien­tos en la mente, y como señales en sus manos, así ellos siem­pre verían Sus man­damien­tos en acción (Deut 6:8). En esta for­ma la ley esta­ba siem­pre ante ellos. Metafóri­ca­mente, en man­era seme­jante Jehová ha graba­do a Sión y sus pare­des en las pal­mas de Sus manos; entonces, delante de mí están siem­pre tus muros. Des­de el ini­cio (Gén 3), Jehová tuvo un plan que nun­ca perdería de vista – la con­struc­ción de la Sión espir­i­tu­al de acuer­do a Su propósi­to eter­no (Ef 3:11). En Cristo hemos lle­ga­do a la Sión espir­i­tu­al (Heb 12:22–24; 1 Ped 2:5–6; Apoc 14:1–5).

      17 Sión es aho­ra com­para­da con una madre cuyos hijos des­obe­di­entes están regre­san­do a ella. Cuan­do el propósi­to eter­no de Dios es cumpli­do y los muros de la Sión espir­i­tu­al son lev­an­ta­dos, sus edi­fi­cadores ven­drán aprisa a casa. No podemos deter­mi­nar si los destruc­tores que der­ro­caron a Sión y der­rib­aron sus pare­des, deján­dola des­o­la­da y vacía, son Asiria y Babilo­nia des­de el exte­ri­or, o sus hijos mal­va­dos des­de el inte­ri­or. Tal vez ambos estén a la vista, porque ambos se han sep­a­ra­do de ella. Ella está lista para recibir a los que vienen con fe, al haber deja­do la per­ver­si­dad y la injus­ti­cia (55:7) y al haber sido red­im­i­da por Jehová (35:10; 44:22).

      18 Sión es urgi­da a lev­an­tar sus ojos y mirar alrede­dor, porque sus hijos (vers 17), son reunidos jun­tos para venir a casa; sus días de desalien­to se acabaron. En base a la esta­bil­i­dad de todas las garan­tías – Su propia exis­ten­cia (vivo yo) – Jehová prom­ete que los hijos regre­sarán y que con ellos Sión mis­ma se embel­le­cerá así como las joyas enrique­cen el vesti­do de la novia. Si hubo algún cumplim­ien­to de esta pro­fecía sobre el retorno de Babilo­nia, fue sola­mente mín­i­ma; el cumplim­ien­to total estu­vo bajo el Sier­vo mesiáni­co.

      19–20 Cuan­do sus hijos regre­sen a casa, Sión  la tier­ra dev­as­ta­da, arru­ina­da y desier­ta y la tier­ra será estrecha, demasi­a­do pequeña, para su habitación; nece­si­tarán una tier­ra más amplia en la cual habitar. Y tus destru­idores serán aparta­dos lejos – el sig­nifi­ca­do prob­a­ble de esta cláusu­la posi­ciona­da des­de hace bas­tante tiem­po es que los destruc­tores estarán lejos (ver vers 17), dejan­do a los que regre­san total­mente libres de la oposi­ción como la que una vez exper­i­men­ta­ron. Los hijos están aho­ra sufi­cien­te­mente seguros para habitar en ciu­dades sin muros, porque Jehová será “muro de fuego en derre­dor” (Zac 2:4–5; ver Ezeq 38:11). Los hijos de tu orfan­dad, de los que ella ha sido pri­va­da, regre­sarán en gran número. El incre­men­to será demasi­a­da para la antigua Sión, porque los gen­tiles serán tam­bién inclu­i­dos (vers 6). Los hijos dirán, ya sea a Sión o a sus oyentes, que el lugar está demasi­a­do estre­cho; ellos nece­si­tan más espa­cio den­tro de ella para habitar. Y el espa­cio adi­cional debe ser pro­vis­to ampli­a­mente mien­tras ellos “ensan­chan el sitio de tu tien­da,” extendién­dose en el extran­jero en todas direc­ciones (54:2–3).

      21 Sión está asom­bra­da en este giro de even­tos y se pre­gun­ta, ¿Quién me engen­dró estos? Aparente­mente el gran flu­jo de de los hijos de Sión es ampli­a­do por los gen­tiles que están vinien­do de la mis­ma for­ma a hac­er de Sión su casa espir­i­tu­al. Los hijos judíos no son un gran número, porque ella ha esta­do estéril, sola, pere­g­ri­na y dester­ra­da. Ella había sufri­do los dolores de soledad durante ese tiem­po debido a sus hijos alo­ca­dos que habían deser­ta­do de ella y a que los gen­tiles no podrían arrib­ar has­ta que el Sier­vo lle­gara.

La Con­fi­an­za de Jehová para Sión (vers 22–26)

 

      22 Jehová describe la man­era en la que los hijos de Sión serán reunidos. Él los lev­an­tará o hará señales con Su mano ya sea para señalar a los más cer­canos o para señalar la ban­dera, para indicar el pun­to de reunión a los que están dis­tantes (ver 11:10,12). La pal­abra hebrea tra­duci­da ban­dera es una de las favoritas de Isaías, y se pre­sen­ta ocho veces en la Parte Uno y dos veces en la Parte Dos. La com­bi­nación de lev­an­tar u ondear a mano y pon­er­la en la ban­dera se pre­sen­ta solo aquí y en 13:2; esto es el tes­ti­mo­nio de la unidad del libro. Las naciones y los pueb­los son los gen­tiles, todos los que están fuera de Israel; ellos ven­drán trayen­do a los hijos y a las hijas de Sión en hom­bros, esto es, en sus bra­zos, cer­ca de sus cora­zones, o sobre sus hom­bros, como una indi­cación del tier­no cuida­do por ellos.

      23 De las naciones y los pueb­los por un lado, y los hijos y las hijas de Sión por el otro lado, Jehová tur­na aho­ra Su aten­ción a los reyes y a las reinas del mun­do por un lado, y a los de Sión por el otro lado. Reyes serán tus ayos; el ter­mi­no ayos es tam­bién tra­duci­do “padres adop­tivos” (Delitzsch), “tutores o guardianes” (Why­bray), “sus­ten­ta­dores” (Young); “expre­sa el con­cep­to bási­co de apo­yar.”[1] La descrip­ción de reyes y de reinas sirvien­do á Sión como nodrizas es metafóri­ca; indi­ca una mar­cha atrás de las cir­cun­stan­cias. Del esta­do más bajo de ser forza­do a servir a otros, Sión ha vuel­to aho­ra a ser servi­da por reyes y reinas. Que ellos incli­naron el ros­tro a tier­ra, indi­ca que la realeza de Sión y de sus hijos es de una cal­i­dad supe­ri­or – ellos son “real sac­er­do­cio” (1 Ped 2:9) y her­mana­dos al Rey supre­mo (Heb 2:11–12). Cuan­do esto acon­tez­ca, será evi­dente que Jehová es Dios; y no se aver­gon­zarán los que esper­an en mí (para com­ple­tar esta obra).

      24 Sión lev­an­ta una pre­gun­ta escép­ti­ca de que si lo que Dios ha prometi­do jus­ta­mente será cier­ta­mente cumpl­i­da. Aunque la pre­gun­ta está en dos partes, es real­mente una. ¿Puede la pre­sa o el botín, toma­dos cau­tivos por el poderoso, ser­le arrebata­dos? ¿Pueden los cau­tivos ser quita­dos al valiente – con­quis­ta­dores reales, guer­reros poderosos, hom­bres de gran for­t­aleza? La segun­da frase de la pre­gun­ta es más difí­cil, aunque lle­va la mis­ma idea gen­er­al. ¿Puede el cau­ti­vo (los cau­tivos del jus­to,” del hebreo) ser lib­er­a­do? ¿Son jus­tos estos cau­tivos, o son ellos toma­dos por con­quis­ta­dores jus­tos? ¿O debería la frase “los cau­tivos del jus­to” ser tra­duci­da, como dice uno de los Pergaminos de Qum­ran, “los cau­tivos del tira­no”? (Para una dis­cusión de esta posi­bil­i­dad, ver Why­bray, que lo acep­ta, y Young, que lo cues­tiona.) Posi­ble­mente el sig­nifi­ca­do es que la cau­tivi­dad de los judíos fue jus­ta y cor­rec­ta. Debido a su mal­dad el juicio para ellos fue jus­to, aunque fue eje­cu­ta­do por hom­bres ter­ri­bles.

      25 La respues­ta de Jehová a la pre­gun­ta es enfáti­ca. Los cau­tivos del valiente cier­ta­mente serán quita­dos, y el botín será arrebata­do al tira­no – al valiente u opre­sores vio­len­tos. El cumplim­ien­to total de esta prome­sa es garan­ti­za­da por la deter­mi­nación de Dios de lib­er­ar­los. Cualquiera que pudiera inter­ferir se encon­trará a si mis­mo en con­tien­da, en guer­ra, no con el hom­bre, sino con Jehová. El con­flic­to podría tomar la for­ma de una batal­la ver­bal o de una fuerza físi­ca. En real­i­dad, tan­to entonces como aho­ra, una dis­pu­ta con el pueblo de Jehová, de propósi­to, o de pal­abra, es una dis­pu­ta con Él. El resul­ta­do es inevitable: Yo sal­varé a tus hijos.

      26 En una descrip­ción ter­ri­ble Jehová describe las con­se­cuen­cias de con­tender con Él, de la opre­sión a Su pueblo, o de ocul­tar el cumplim­ien­to de Su propósi­to. Aque­l­los que lo hacen así, como caníbales, com­erán su propia carne, y con su san­gre serán embria­ga­dos como con vino. Es dudoso si, como algunos eru­di­tos sug­ieren, esto sig­nifi­ca que el pueblo será traí­do a tan gran apuro que se com­erán lit­eral­mente uno al otro; más bien, sig­nifi­ca que en el juicio traí­do sobre ellos, se destru­irán uno al otro – “la espa­da de cada cual será con­tra su her­mano” (Ezeq 38:17–21; Zac 14:12–13). Como Jehová por medio de Su Sier­vo red­ime, pro­tege, y provee para Su Israel espir­i­tu­al, así cono­cerá todo hom­bre que yo Jehová soy Sal­vador tuyo y Reden­tor tuyo, el Fuerte de Jacob. Solo un Sier­vo envi­a­do por Jehová podría cumplir esta mis­ión mundi­al. El cumplim­ien­to total de Su propósi­to y la con­stan­cia de Su pal­abra son evi­den­cia incon­tro­vert­ible de Su Dei­dad eter­na y de Sus prome­sas infal­i­bles.

Capí­tu­lo 49. El Sier­vo y la Sión Abati­da

[1]  The­o­log­i­cal Word­book of the Old Tes­ta­ment, ed. R. Laird Har­ris (Chica­go: Moody, 1980), vol. 1, pág. 51.

CAPÍTULO 42

El Sier­vo de Jehová y el Cas­ti­go de Israel

 

El Sier­vo Ide­al de Jehová (vers 1–9)

 

      1 Como en el capí­tu­lo 41, Jehová habla en la may­or parte del capí­tu­lo 42. No hay una declaración explíci­ta sobre a quien está sien­do dirigi­da. La sug­eren­cia de Leupold, “a todo aquel que preste aten­ción,” es prob­a­ble­mente cor­rec­ta. He aquí – Jehová invi­tar a pon­er espe­cial aten­ción a lo que va a ser dicho – mi sier­vo, yo le sos­ten­dré; mi escogi­do, en quien mi alma tiene con­tentamien­to. El Sier­vo de Jehová mantiene una alta y noble posi­ción y es encomen­da­do con una respon­s­abil­i­dad div­ina por el Dios eter­no. Jehová sos­ten­drá o sus­ten­tará al Sier­vo en toda Su car­rera. Él ha sido escogi­do por Dios para una obra reden­to­ra, y el alma de Jehová se deleitará en Él mien­tras lle­va a cabo esta obra.

      El Sier­vo ha sido iden­ti­fi­ca­do difer­ente­mente. Ciro ha sido sug­eri­do, como lo habían sido los pro­fe­tas (en con­jun­to) de Dios. Why­bray sostiene que Deutero-Isaías, que él asume haber sido el escritor de los capí­tu­los 40–66, está a la vista, en tan­to que Willis sug­iere a Israel, la nación. La vas­ta may­oría de los comen­taris­tas con­ser­vadores sostiene el pun­to de vista que el Sier­vo es el Mesías, el Señor Jesús del Nue­vo Tes­ta­men­to. Cuan­do se con­sid­era la mis­ión del Sier­vo (vers 1–9), se vuelve claro que solo Cristo cumple total­mente la asi­gnación; los otros se quedan cor­tos. Él solo es el instru­men­to de la restau­ración y reden­ción de Israel, una luz a los gen­tiles, y el que establece la jus­ti­cia en la tier­ra. Tam­bién, el medio que Él usó en el cumplim­ien­to de Su mis­ión lo pone aparte de cualquiera de las otras sug­eren­cias. Mateo establece la cuestión cuan­do cita los ver­sícu­los de aper­tu­ra de Isaías 42 y los apli­ca a Jesús (Mt 12:15–21). Dejan­do por un momen­to Su declaración en relación a Ciro, Jehová vuelve al Reden­tor final.

      Al escoger al Sier­vo para una mis­ión espe­cial, Jehová dice, he puesto sobre él mi Espíritu; el Espíritu dotará total­mente al Sier­vo para toda Su obra (ver los comen­tar­ios en 11:2; 61:1; ver Mt 3:16–17; 17:5). Entre otras cosas, él traerá jus­ti­cia a las naciones (gen­tiles) (ver vers 3–4). Jus­ti­cia es preferi­ble a la tra­duc­ción “juicio” de la King James. La pal­abra hebrea sig­nifi­ca “ley, reina­do, o gob­ier­no,” que incluye juicio pero no está restringi­do a él. Puesto que Dios es el Sober­a­no abso­lu­to, y el cimien­to de Su trono es la jus­ti­cia y el juicio (Sal 89:14; 97:2), se entiende que el reina­do ini­ci­a­do por el Sier­vo será jus­to y rec­to, basa­do en el pro­pio carác­ter de Jehová. Dis­tin­to a la ley que Dios dio a los judíos en el Sinaí, será uni­ver­sal en alcance. Incluirá a los gen­tiles, que por largo tiem­po han rehu­sa­do ten­er ningu­na relación para hac­er con Dios y con Su ley.

      2–3 Los medios que el Sier­vo usará en el cumplim­ien­to de Su tarea se establece bajo tres neg­a­ti­vas: (1) No gri­tará, ni alzará su voz, ni la hará oír en las calles. El Sier­vo rec­haz­ará el sen­sa­cional­is­mo, la per­ora­ta alboro­ta­do­ra, que provo­ca agitación, y las demostra­ciones rui­dosas en las calles. Cuan­do ven­ga el Mesías, Él pre­sen­tó la ver­dad como el poder con­quis­ta­dor sobre las almas de los hom­bres, per­mi­tien­do cam­biar la vida de los creyentes. En Él fue cumpl­i­da la predic­ción, “Tu pueblo se te ofre­cerá vol­un­tari­a­mente en el día de tu poder” (Sal 110:3). (2) “No que­brará la caña cas­ca­da, ni apa­gará el pábi­lo que humeare. En vez de que­brar y dejar a un lado como inservi­ble a la vida débil que ha sido las­ti­ma­da y dobla­da, el Sier­vo for­t­ale­cerá y pro­te­gerá para que pue­da lle­gar a ser rec­to y fuerte. Y en lugar de apa­gar el frágil humo de una lám­para que alum­bra débil­mente, extin­guien­do su fla­ma débil y oscilante. Él le pon­drá aceite, pro­te­gerá la fla­ma, y la ven­ti­lará a una luz bril­lante y encen­di­da. La vida será pre­ciosa ante Su vista. Por medio de la ver­dad traerá jus­ti­cia; Jesús vino para “dar tes­ti­mo­nio de la ver­dad,” y para reinar en un reino fun­da­do en la ver­dad (Juan 18:36–38).La ver­dad pre­sen­ta­da con humil­dad fue el poder que con­troló y guió en Su obra, las bases del gob­ier­no de Su reino. Su vida demostró un espíritu man­so y humilde (Mt 11:29).

      4 La ter­cera neg­a­ti­va expone el medio por el que el Sier­vo cumplirá Su tarea en relación a Si mis­mo: No se cansará (“extin­guirse débil­mente,” al mar­gen) ni des­ma­yará (“las­ti­marse,” al mar­gen), has­ta que establez­ca en la tier­ra jus­ti­cia. Aunque el Sier­vo enfrentará muchos obstácu­los aparente­mente imposi­bles y prob­le­mas muy penosos en Su obra, no sucumbirá. A difer­en­cia de los que Él vino a red­imir, estará libre de debil­i­dad. Él cumplirá Su tarea; estable­cerá la jus­ti­cia, un gob­ier­no jus­to, en la tier­ra; no fal­lará como lo hizo el sier­vo Israel. Hará jus­ti­cia en la tier­ra, en las islas, las costas de los gen­tiles, se gozarán de Su ley, porque sola­mente en ella encon­trarán un gob­ier­no jus­to, la reden­ción, y la esper­an­za; ley y jus­ti­cia son para­le­las, Su ley no es lo úni­co que Jehová dio a Israel en Sinaí, sino algo nue­vo.

      5–6  Para lograr el fin para el que ha sido lla­ma­do, le será dado al Sier­vo la for­t­aleza de Jehová Dios, por cuyo poder fueron crea­d­os los cie­los y la tier­ra. El pro­fe­ta habla aho­ra: Así dice Jehová Dios, Creador de los cie­los, y el que los despl­ie­ga; el que extiende la tier­ra y sus pro­duc­tos; el que da alien­to al pueblo que mora sobre ella, y espíritu a los que por ella andan. Un medio favorito de Isaías para enfa­ti­zar la cer­tidum­bre de una pro­fecía es lla­mar la aten­ción a la incom­pa­ra­ble grandeza de Jehová, cuyo poder es la base y es expre­sa­do en la creación. Yo Jehová, es el nom­bre per­son­al de Dios a Su pueblo (Éxo­do 3:14; Óseas 12:5). La raíz del nom­bre Jehová sig­nifi­ca “ser,” “Yo soy”; por lo tan­to alguien eter­na­mente exis­tente. El mis­mo nom­bre “con­no­ta la cer­canía de Dios, su interés por el hom­bre, y la rev­elación del pacto reden­tor.”[1] Es el Dios de la creación (por ello del poder) y el per­son­al “Yo Soy” del pacto de Israel que habla: Yo Jehová te he lla­ma­do en jus­ti­cia (ver 41:2), un están­dar moral y éti­co de acuer­do con la nat­u­raleza y vol­un­tad de Dios, esto es, de acuer­do con la ver­dad. Puesto que Jehová ha lla­ma­do al Sier­vo, Jehová tam­bién Lo sus­ten­tará: (1) te sos­ten­dré por la mano; te guardaré, por con­se­cuen­cia lo sus­ten­tará y lo pro­te­gerá en todo momen­to (Juan 8:29); (2) y te pon­dré por pacto al pueblo, y (3) por luz a las naciones (gen­tiles). Algunos sostienen que el pueblo (sin­gu­lar) es para­le­lo con un equiv­a­lente a las naciones (las naciones paganas). Sin embar­go, la inter­pretación es con­traria al uso gen­er­al de las dos pal­abras; las naciones o gen­tiles se refieren a los paganos. El pro­fe­ta está dicien­do que el Sier­vo es dado para un pacto a Israel y por una luz a los gen­tiles; Él será el medi­ador del pacto y la luz de las naciones. En las pal­abras de Delitzsch, el Sier­vo será “el enlace per­son­al que una a Israel y su Dios en una nue­va comu­nión” (II. 265); esta nue­va Israel incluirá a los gen­tiles.

      7 La mis­ión del Sier­vo para ser por pacto al pueblo y por luz de las naciones (vers 6) es espir­i­tu­al. Abrirá los ojos de los cie­gos espir­i­tual­mente para que pudier­an con­tem­plar la glo­ria de la obra reden­to­ra de Jehová (ver 29:18; 35:5). Él sacará a los que viv­en en la esclav­i­tud espir­i­tu­al, liberán­do­los del poder de la idol­a­tría; y lib­er­ará a los que están pri­siones en las tinieblas morales (ver Juan 8:31–36; Gál 4:8).

      8 Jehová es por Si mis­mo la garan­tía que lo que Él ha pro­fe­ti­za­do será cumpli­do: Su nom­bre es Su garan­tía. El hon­or glo­rioso que se Le debe por la reden­ción tan­to de Israel como de los gen­tiles no será dado a otro; no com­par­tirá Su ala­ban­za con ído­los inan­i­ma­dos que no pueden hablar ni actu­ar.

     9 Los ído­los fra­casaron en enfrentar el desafío de Jehová de declarar las cosas pasadas o futuras; Él aho­ra añade evi­den­cia adi­cional de que Él es el úni­co Dios. He aquí se cumpli­eron las cosas primeras, las primeras pro­fecías están cumpl­i­das. ¿El pro­fe­ta se proyec­ta a sí mis­mo al peri­o­do babilóni­co y da apoyo a los exil­ios, lla­man­do la aten­ción, por ejem­p­lo, a las prome­sas de Dios de hac­er de Abra­ham una gran nación, al reino estable­ci­do en David, y a las pro­fecías de Acaz en relación a la veni­da de los asirios y su pos­te­ri­or der­ro­ta? Las pro­fecías cumpl­i­das antes de Ciro pare­cen ajus­tarse mejor al con­tex­to total. Para la últi­ma parte del ver­sícu­lo – y yo anun­cio cosas nuevas; antes que sal­gan (broten) a la luz, yo os las haré noto­rias – parece referirse a Ciro y a las pro­fecías fal­tantes del libro, incluyen­do la obra del Sier­vo. Sobre las bases de las pro­fecías que han sido cumpl­i­das, el pueblo puede creer que las cosas nuevas que Dios está declaran­do lle­garán a pasar. Este prin­ci­pio es vital hoy. Sobre las bases de las prome­sas de Dios que ya han sido cumpl­i­das, podemos creer lo que Él dice en relación al futuro. Podemos pon­er nues­tra con­fi­an­za en Él para que lleve a cabo Sus prome­sas.

 

Un Cán­ti­co Nue­vo de Ala­ban­za a Jehová (vers 10–17)

 

      10 Un salmista no iden­ti­fi­ca­do en un tiem­po que no se conoce dijo, “Can­tad a Jehová cán­ti­co nuevo,/ Porque ha hecho mar­avil­las” (Sal 98:1). Aho­ra tam­bién, han sido hechas cosas mar­avil­losas. La nue­va relación de Jehová por medio de Nue­vo Pacto, que incluye tan­to a gen­tiles como a judíos, lla­ma por un cán­ti­co nue­vo o fres­co (ver Apoc 5:9–10). Per­mi­ta que éste cán­ti­co de ala­ban­za sea can­ta­do des­de el fin de la tier­ra, porque la luz, la jus­ti­cia, y la ley de Dios han sido exten­di­das a los gen­tiles y se ha estable­ci­do en la tier­ra (vers 4–6). Los que descendéis al mar, los marineros, los mer­caderes, y los que usan los océanos de la tier­ra para com­er­ciar o via­jar, y cuan­to hay en él, las islas y las costas y sus habi­tantes – todos alaben a Jehová. Sin embar­go es por medio del Sier­vo que ha sido impar­ti­da una ben­di­ción espir­i­tu­al y con­tin­uará para ser la glo­ria y ala­ban­za de Jehová.

      11–12 El desier­to, las tier­ras desér­ti­cas poco habitadas, y sus ciu­dades, con fre­cuen­cia amu­ral­ladas (la pal­abra hebrea “se refiere a un asen­tamien­to per­ma­nente sin ref­er­en­cia al tamaño o a la argu­mentación”), alcen su voz en ala­ban­za. Tam­bién son inclu­idas las aldeas, las áreas habitadas sin muro, con fre­cuen­cia jun­to a un cam­po de beduinos, donde habi­ta Cedar (para Cedar ver los comen­tar­ios sobre 21:16–17). Volvien­do a las islas del mar y a las regiones del norte de Ara­bia, el Señor obser­va hacia el sur e incluye a los habi­tantes de Sela, la ciu­dad base en Edom, más tarde cono­ci­da como Petra. Ellos can­tan ala­ban­zas a Jehová, cla­man­do des­de la cum­bre de sus montes. Solo la obra del Sier­vo ide­al hace posi­ble este clam­or y cán­ti­co de gozo y ala­ban­za uni­ver­sal a Jehová el Dios ver­dadero.

      El ver­sícu­lo 12 es una reca­pit­u­lación de lo que se ha dicho en los ver­sícu­los 10–11. Todos los pueb­los que nave­g­an los mares, que habi­tan en las costas, en las áreas desér­ti­cas, o en algún lugar inter­me­dio, den glo­ria a Jehová, y anun­cien sus loores en las costas, las áreas remo­tas de la tier­ra.

      13 Ha sido obser­va­do por otros escritores que esta es la pal­abra más béli­ca en el cán­ti­co. Una vez que el Sier­vo ha pro­vis­to luz y jus­ti­cia a los gen­tiles y un nue­vo pacto unido para un nue­vo Israel, Jehová declarará la guer­ra sobre los ene­mi­gos de Su causa y pueblo espir­i­tu­al. Jehová sal­drá como gigante, tra­duci­do con fre­cuen­cia “guer­rero,” un héroe o un campeón entre las fuerzas armadas. Él provo­cará el celo por Su causa y celosa­mente por los que le pertenecen, como hom­bre de guer­ra que pelea con­tra sus opre­sores y en defen­sa de su tier­ra. Él gri­tará (“rugirá,” King James) como un hom­bre que va a la batal­la. Él será poderoso, esto es, ten­drá for­t­aleza, será grande sobre sus ene­mi­gos. Este es el gri­to de un guer­rero uni­ver­sal total impul­sa­do por Jehová; pero como señalare­mos más tarde, será impul­sa­do por medio del Sier­vo vic­to­rioso.

      14 El Señor declara aho­ra algo de las cosas nuevas que acon­te­cerán (vers 9). Se lev­an­ta la pre­gun­ta, ¿Él se está refirien­do en los ver­sícu­los 13–17 a la cau­tivi­dad y Su lucha con­tra Babilo­nia que resul­tará en el retorno de Su pueblo? ¿O tiene aquí un pun­to de vista que obser­va más allá de la cau­tivi­dad para la apari­ción del Sier­vo y lo que Él hará? El pun­to de vista final parece ajus­tarse mejor al con­tex­to. Descar­tan­do la figu­ra de un guer­rero, el Señor se describe a Si mis­mo como una mujer que está en par­to. El Señor dice, des­de el siglo he calla­do, he guarda­do silen­cio. Por un largo tiem­po Jehová ha refre­na­do su propósi­to en con­tra de los ído­los, de los idol­a­tras, y la mal­dad. Pero aho­ra, como una mujer en par­to, abre la boca y habla, indi­can­do un esfuer­zo inten­so por lle­var a cabo Su propósi­to; destru­irá la idol­a­tría y traerá una nue­va época o era. Él ha deja­do pasar cier­tos tiem­pos de igno­ran­cia (Hechos 17:30), “ha pasa­do por alto…los peca­dos pasa­dos” (Rom 3:25), pero no más – Su eno­jo con­tenido está a pun­to de explotar.

      15 Jehová: (1) con­ver­tirá en soledad montes y col­la­dos, (2) hará secar toda su hier­ba, y (3) secará los ríos de tal for­ma que apare­cerán islas, el resul­ta­do de las aguas que retroce­den; Él secará tam­bién los estanques restantes. Hay difer­entes pun­tos de vista del sig­nifi­ca­do de lo que el Señor dice aquí, pero a la luz del con­tex­to parece que no está hablan­do de gob­ier­nos y de grandes poten­cias políti­cas y mil­itares, sino de fuerzas espir­i­tuales. En la guer­ra que Él empren­derá sigu­ien­do la mis­ión del Sier­vo, las antiguas reli­giones idol­a­tras de los pueb­los paganos serán traí­das a la nada (ver el vers 17). Este es un con­traste som­brío de lo que Él hará por Si mis­mo (ver 35:7).

      16 Habi­en­do echa­do por tier­ra las reli­giones paganas y sus dios­es ído­los (vers 15), Jehová traerá a Él a los que han esta­do cie­gos por un camino descono­ci­do has­ta aho­ra para ellos (ver 1 Cor 2:9), pero cono­ci­do para Jehová. Les haré andar por sendas que no habían cono­ci­do, sendas pues­ta por Dios, sendas de jus­ti­cia (Sal 23:3) que van a ir hacia delante fuera de Sión (2:3). Las tinieblas en las que ellos una vez cam­i­naron será hecha luz, y los lugares de la vida tor­ci­dos y enreda­dos – las difi­cul­tades enfrentadas – el Señor los der­ro­tará. Hará estas cosas; y Él no aban­donará a los que una vez estu­vieron cie­gos, sino que seguirá con ellos has­ta el fin.

      17 Este ver­sícu­lo con­fir­ma nues­tra posi­ción de que esta­mos tratan­do aquí con la guer­ra de Jehová con­tra la idol­a­tría y con­tra sus con­se­cuen­cias desmor­al­izado­ra, un con­flic­to espir­i­tu­al. Ellos los que con­fían en ído­los, y dicen a las imá­genes de fundi­ción: vosotros sois nue­stros dios­es – los que cam­i­nan en las tinieblas y no cono­cen el camino de Jehová – serán vuel­tos atrás y en extremo con­fun­di­dos. Tan­to los gen­tiles que siem­pre han sido dados a la idol­a­tría y los de Israel que han sucumbido a ella, jun­to con los ído­los mis­mos, serán abati­dos. Debido a sus fal­las y com­ple­ta der­ro­ta en manos de Jehová, tan­to los ído­los como sus ado­radores caerán en des­gra­cia, al final pasarán al olvi­do.

 

Israel, el Sier­vo Ciego y Sor­do de Jehová, Será Cas­ti­ga­do (vers 18–25)

 

      18 Jehová resume el tema de Israel el sier­vo, que Él intro­du­jo en 41:8–16. Él con­tin­uará con este tema – la fal­ta, el cas­ti­go, y la even­tu­al restau­ración de Israel – a lo largo del capí­tu­lo 45. La acusación, Sor­dos, oíd, y vosotros, cie­gos, mirad para ver, indi­ca que la condi­ción era inten­cional e impues­ta por ellos mis­mos, porque ellos podrían ver si lo quisier­an. Puesto que son respon­s­ables por la condi­ción, deben cor­re­girla.

      19 Aun cuan­do los gen­tiles están cie­gos a la ver­dad y a la jus­ti­cia, ninguno está tan ciego como Israel, el sier­vo y men­sajero de Jehová. Como sier­vo de Jehová, a Israel se le había dado una respon­s­abil­i­dad div­ina para rep­re­sen­tar­lo en el mun­do; como un men­sajero de Jehová él había sido envi­a­do a entre­gar pal­abras de Dios a los habi­tantes de la tier­ra. La mis­ión de Israel, había sido dar a cono­cer al mun­do la jus­ti­cia y el reina­do de Jehová como el Creador y úni­co Dios. Para esta mis­ión habían sido tan­to cie­gos como sor­dos. ¿Quién es ciego, sino mi sier­vo? (La tra­duc­ción King James, “como el que es per­fec­to,” es incor­rec­to.) La pal­abra tra­duci­da sino mi sier­vo sig­nifi­ca plen­i­tud, un esta­do de plen­i­tud, que ten­dría que haber sido el resul­ta­do del pacto de paz que Jehová había hecho con Su pueblo. Pero Israel esta­ba ciego a la nat­u­raleza real de su relación con Dios y a las ben­di­ciones y respon­s­abil­i­dades que se pier­den con la edad de esa relación.

      20 Con los ojos físi­cos Israel había vis­to muchas cosas, pero no había com­pren­di­do su sig­nifi­ca­do espir­i­tu­al. No advierte – no toma conocimien­to com­ple­to que pue­da hac­er­los cuida­dosos o dili­gentes. Esta­ban sin excusa, porque mien­tras sus oídos esta­ban abier­tos, su corazón no lo esta­ba; él no oyó, ni entendió, ni respondió.

      21 La jus­ti­cia de Jehová debe ser respal­da­da y Su pal­abra reivin­di­ca­da. Entonces, Le agradó mag­nificar la ley y engrande­cer­la. La ley (enseñan­za o instruc­ción) es vista aquí en su sen­ti­do más amplio, abar­can­do los man­damien­tos dados en el Sinaí y la pal­abra habla­da por medio de los pro­fe­tas, los salmis­tas, y los sabios. La ley incluyó man­damien­tos, prome­sas, y cas­ti­gos; y si Jehová existe para mag­nifi­car­lo, esto es, para exal­tar su impor­tan­cia y grandeza, hac­er­los apre­ci­a­dos, entonces los cas­ti­gos por vio­lación deben ser eje­cu­ta­dos. De otra man­era es sin sen­ti­do. Debido a su ori­gen, es supe­ri­or a todas las otras leyes y debe ser respeta­da.

      22 El esta­do del pueblo como es descrito aho­ra es debido a su ceguera y sor­dera para el propósi­to y mis­ión de Jehová hacia ellos; es el resul­ta­do de sus peca­dos con­tra la ley digna y hon­or­able de Jehová. Ellos son alegóri­ca­mente descritos como un pueblo saque­a­do y pisotea­do, atra­pa­dos en cav­er­nas y escon­di­dos en cárce­les; están sin casa y amar­ga­dos. Además, son una pre­sa a los que son más fuertes que ellos, debido a que están debil­i­ta­dos por la incredul­i­dad y el peca­do, y no tienen a nadie que los libere del saque­ador, porque Jehová se ha reti­ra­do de ellos. Son despo­ja­dos, o botín, y no hay quien diga: Resti­tu­id. La pal­abra hebrea sig­nifi­ca lit­eral­mente “retornar.” Nadie les dice que regre­sen a Jehová para ser restau­ra­dos a una relación apropi­a­da con Él con lo cual sus pos­e­siones jus­tas podrían ser retor­nadas. Aun cuan­do esta descrip­ción es vista con más fre­cuen­cia como apli­ca­da a la cau­tivi­dad en Babilo­nia, nece­sari­a­mente no debe ser tan estrechamente restringi­da; porque en su esta­do de ceguera y sor­dera espir­i­tu­al, el pueblo en los días de Isaías esta­ba ya en la esclav­i­tud y en la prisión del peca­do y de la mal­dad, como hoy están todos aque­l­los que no han respon­di­do a Dios y a Su pal­abra.

      23–24 El Señor apela al pueblo como indi­vid­u­os para con­sid­er­ar con cuida­do lo que Él está dicien­do. Hace dos pre­gun­tas: (1) ¿Quién pon­drá aten­ción a lo que Él ha dicho y entonces ven­drá a recono­cer la condi­ción difí­cil de la nación ante un juicio jus­to, ante la con­se­cuen­cia de actos pasa­dos? Y (2) ¿Quién dará oído que de pasadas expe­ri­en­cias podría ben­e­fi­cia­rse en el por­venir? Aunque algunos podrían pen­sar­lo así, no era por el poder de los ído­los paganos que el pueblo esta­ba sien­do entre­ga­do a despo­jadores y saque­adores. Fue Jehová, con­tra quien pecamos (la gen­eración actu­al), no quisieron andar (la gen­eración o gen­era­ciones pasadas) en sus caminos, ni oyeron su ley (enseñan­za). Israel solo tenía su rebe­lión con­tra Jehová, su poco apre­cio por la ley, su ceguera y sor­dera a su mis­ión para cul­par­los por su esta­do actu­al de exilio. Porque Jehová debe estable­cer Su jus­ti­cia en la tier­ra y mag­nificar Su ley, hacién­dola hon­or­able. De acuer­do a Pablo, “porque las cosas que se escri­bieron antes, para nues­tra enseñan­za se escri­bieron” (Rom 15:4); ellas “sucedieron como ejemplos…y están escritas para amon­es­tarnos a nosotros, a quienes han alcan­za­do los fines de los sig­los” (1 Cor 10:6, 11). Entonces apren­damos de ellas.

      25 Cuan­do, en la jus­ti­cia de Jehová, Su pacien­cia alcan­za el límite más allá de lo que podría ser exten­di­da, Él der­ramó sobre él el ardor de su ira, y fuerza de guer­ra. El ardor de su ira es la jus­ta indi­gnación al poco apre­cio de Israel por una vio­lación crasa de la ley de Dios así como su indifer­en­cia a la majes­tad de Dios mis­mo. Jehová der­ramo su eno­jo al traer a los babilo­nios para lle­var a Su pueblo al exilio. Aunque colo­ca­do en fuego por estos juicios divi­nos, Israel nun­ca entendió lo que el Señor esta­ba hacien­do; no pusieron aten­ción al hecho que todo lo que Él hacía era para su sal­vación. En ver­dad, el oído del hom­bre se vuelve con fre­cuen­cia tan insen­si­ble y cal­loso por el peca­do que no reconoce ni la gra­cia ni la mis­eri­cor­dia de Dios en el der­ra­mamien­to de las ben­di­ciones ni a los juicios de cas­ti­go que Él envía para cor­rec­ción.


[1]  The­o­log­i­cal Word­book of the Old Tes­ta­ment, vol. 1, pág. 212

[2]  The­o­log­i­cal Word­book of the Old Tes­ta­ment, vol. 2, pág. 664.