En este capí­tu­lo de cierre, Isaías intro­duce en el enfoque los juicios futur­os de Jehová y el engrandec­imien­to, rego­ci­jo y glo­ria de Sion. El Señor parece estar seña­lan­do a los días finales de Judá y a la glo­ria venidera de Sion en la nue­va dis­pen­sación. Hay numerosos pun­tos de vista en relación al tiem­po en el que fue escrito este capí­tu­lo, el autor, y los even­tos par­tic­u­lares sien­do descritos. Es nue­stro pun­to de vista que el pro­fe­ta Isaías está escri­bi­en­do de cosas por venir que le fueron rev­e­ladas por Jehová por medio de Su Espíritu San­to. El pro­fe­ta está miran­do hacia la cul­mi­nación de juicio y la esper­an­za glo­riosa sobre la que él ha esta­do pred­i­can­do a lo largo de toda su vida de ser­vi­cio a Jehová y a Su pueblo.

La Grandeza de Jehová y la Abom­i­nación de la Idol­a­tría (vers 1–6)

 

      1 Des­de el ini­cio de su obra proféti­ca Isaías ha habla­do del colap­so y de la caí­da venidera de la nación debido a la cor­rup­ción moral den­tro de ella (cap 1; 5:5–7). Pero de entre la ruina allí será estable­ci­da una nue­va nación com­pues­ta de muchos pueb­los y de un rema­nente que ha sido red­imi­do, limpia­do, y purifi­ca­do (2:2–4; 4:2–6). El capí­tu­lo final de la pro­fecía comien­za con la afir­ma­ción que Jehová está hablan­do. En visión, Isaías ha vis­to el san­tu­ario hol­la­do (63:18) y la bel­la casa del Señor destru­i­da (ver 64:11 y comen­tar­ios). Y aho­ra, a la vista del hecho que el rema­nente espir­i­tu­al y el red­imi­do de las naciones están vinien­do a Sion, hay necesi­dad de con­stru­ir otro tem­p­lo. Jehová dice, El cielo es mi trono, y la tier­ra estra­do de mis pies (ver Sal 11:4; 103:19), y pre­gun­ta, ¿dónde está la casa que me habréis de edi­ficar, y dónde el lugar de mi reposo? Esto no es, como sug­ieren algunos comen­taris­tas, una críti­ca del celo de Hageo por la recon­struc­ción del tem­p­lo en el retorno de la cau­tivi­dad, por fras­es como “ha dicho Jehová” y “la pal­abra de Jehová” se pre­sen­tan aprox­i­mada­mente vein­ticin­co veces en este cor­to libro, afir­man­do que la urgen­cia era del mis­mo Señor. Y Zacarías, con­tem­porá­neo de Hageo, con­fir­ma: “Por tan­to, así ha dicho Jehová: Yo me he vuel­to a Jerusalén con mis­eri­cor­dia; en ella será edi­fi­ca­da mi casa” (Zac 1:16). Era nece­sario un tem­p­lo físi­co bajo esa dis­pen­sación, pero aún él no podría con­tener a Jehová (1 Rey 8:27). Por con­sigu­iente, el pueblo no iba a pon­er su con­fi­an­za en el tem­p­lo, sino en el mis­mo Jehová. Sin embar­go ellos parecían con­fi­ar en el tem­p­lo debido a que él rep­re­senta­ba Su pres­en­cia (Jer 7:1–4).

2 El mate­r­i­al físi­co que entró en la con­struc­ción del tem­p­lo de Salomón fue hecho por Jehová, pero es pere­cedero y dejará de exi­s­tir. Sin embar­go, el mate­r­i­al con el que Dios está con­struyen­do Su nue­va casa serán hom­bres que son (1) pobres – la pal­abra no solo sig­nifi­ca pri­va­do de pos­e­siones mate­ri­ales, sino que con fre­cuen­cia apun­ta a alguien que está afligi­do o angus­ti­a­do, una per­sona mansa (ver 61:1); y (2) humilde (o mor­ti­fi­ca­da) de espíritu, como el corazón de David se “tur­bó” cuan­do cortó la oril­la del man­to de Saúl (1 Sam 24:5; ver Isa 57:15); y (3) que tiem­ble a mi pal­abra, esto es, ten­ga un espíritu pen­i­tente y un respeto afec­tu­oso por la pal­abra de Dios. Tales indi­vid­u­os serán el mate­r­i­al de con­struc­ción de la nue­va casa de Jehová (ver Ef 2:21; 1 Ped 2:5).

3 Este ver­sícu­lo es recono­ci­da­mente difí­cil. ¿Está dicien­do el pro­fe­ta que alguien que que­ma incien­so u ofrece sac­ri­fi­cios legales (por ejem­p­lo, un buey, una ove­ja, una ofren­da [un ofrec­imien­to de comi­da o cere­al]) en un espíritu equiv­o­ca­do es cul­pa­ble de asesina­to (o de sac­ri­fi­cio humano – 57:5) y de ofre­cer sac­ri­fi­cios abom­inables a ído­los? ¿O está dicien­do que en el nue­vo tem­p­lo y bajo el nue­vo orden, el ofrec­imien­to de sac­ri­fi­cios que eran ante­ri­or­mente acept­a­bles será idol­a­tría? En todo caso, ellos esco­gieron sus pro­pios caminos, y su alma amó sus abom­i­na­ciones. Lo que ellos están hacien­do es desagrad­able a Dios, porque toda ado­ración ofre­ci­da en el espíritu equiv­o­ca­do o no autor­iza­do por Dios, tan­to entonces como aho­ra, son ina­cept­a­bles ante Él.

4 Jehová deter­mi­nará las con­se­cuen­cias de tales acciones, trayen­do sobre los que se deleitaron en sus abom­i­na­ciones la rec­om­pen­sa total de su rec­ha­zo a Su vol­un­tad y camino. Si ellos esco­gen sus pro­pios caminos y sac­ri­fi­cios, Jehová escogerá para ellos escarnio (ver 65:12; 2 Tes 2:11–12).

5 El Señor se dirige aho­ra a aque­l­los que oyen Su pal­abra, que tiem­blan ante ella, y se rinden a su instruc­ción. El dis­tingue con clar­i­dad a este grupo de vue­stros her­manos que os abor­recen. La frase vue­stros her­manos indi­ca que los dos gru­pos que son señal­a­dos en los ver­sícu­los 1–6 con­siste de los judíos. Ellos que tiem­blan ante la pal­abra de Dios son odi­a­dos debido a su jus­ti­cia y temor de Jehová. Ellos son arro­ja­dos por causa de mi nom­bre, esto es, exclu­i­dos o exco­mul­ga­dos como si fuer­an inmun­dos. En un espíritu iróni­co o sar­cás­ti­co, los que odi­an la jus­ti­cia dicen, Jehová sea glo­ri­fi­ca­do. Pero él se mostrará para ale­gría vues­tra. Pero los que temen a Dios no serán humil­la­dos; y ellos (los que odi­an la jus­ti­cia) serán con­fun­di­dos.

6 Todo el pasaje (vers 1–6) parece apun­tar al cierre del antiguo orden judío cuan­do Jerusalén y el tem­p­lo fueron destru­i­dos (70 D.C.). Es oída Una voz de alboro­to de la ciu­dad, voz del tem­p­lo. El sig­nifi­ca­do bási­co de la pal­abra tra­duci­da alboro­to es un estru­en­do de mul­ti­tud del pueblo, o el estru­en­do del choque de una guer­ra (ver 13:4). La voz de Jehová que da el pago es la destruc­ción ases­ta­da en respues­ta a Su man­damien­to traí­do sobre la destruc­ción de la ciu­dad y del tem­p­lo en ret­ribu­ción por los insul­tos de los escarnece­dores. Esto apun­ta a la destruc­ción de Jerusalén ya sea por los babilo­nios o los romanos, prob­a­ble­mente el últi­mo.

Pero aun si está a la vista el asalto de los babilo­nios, se pre­sagia que pasará cuan­do los judíos recha­cen al Sier­vo, trayen­do rec­om­pen­sa ráp­i­da y segu­ra sobre ellos mis­mos. Tan­to Jerusalén como el tem­p­lo serán destru­i­dos a la voz (al man­damien­to) de Jehová.

Ben­di­ciones en la Nue­va Sion (vers 7–14)

 

      7–8 En el segun­do cán­ti­co del Sier­vo, Sion es rep­re­sen­ta­da como una madre que da a luz al Sier­vo (49:1–13). Ella es entonces rep­re­sen­ta­da como una madre que es sor­pren­di­da y con­so­la­da por el regre­so de sus hijos descar­ri­a­dos (49:14–26). El crec­imien­to ines­per­a­do de sus hijos hace nece­saria una habitación más grande (54:1–3). El pre­sente pasaje da promi­nen­cia al repenti­no nacimien­to del hijo, la nue­va nación y tier­ra, y sus hijos. El hijo no parece ser ningún otro que el Sier­vo larga­mente esper­a­do, el Mesías naci­do de la Sion espir­i­tu­al (ver los comen­tar­ios sobre 49:1; ver Mi 4:10; 5:2–3; Apoc 12:1–5), que “ven­drá súbita­mente a su tem­p­lo” (Mal 3:1). ¿Quién oyó cosa seme­jante? Aquí hay algo sin para­le­lo en la his­to­ria; porque inmedi­ata­mente ensegui­da del nacimien­to del Hijo, una nación, su tier­ra, y los hijos de Sion son dados a luz. Solo la entra­da de Cristo en el mun­do y los even­tos del Pen­te­costés pueden estar aquí a la vista; el Hijo fue exal­ta­do, la nue­va nación fue estable­ci­da, y los hijos de Sion empezaron a mul­ti­pli­carse (Hech 2; 4:4).

9 Jehová pre­gun­ta, Yo que hago la luz, ¿no haré nac­er? Al haber planea­do en Su propósi­to eter­no un plan de reden­ción, predi­cho por Sus pro­fe­tas, y con­tro­la­do a la his­to­ria para ese fin, Yo que hago engen­drar, ¿no traeré al nacimien­to o cumplim­ien­to? Este plan de reden­ción es el tema cen­tral de la rev­elación; todas las otras cosas no son sino con­tribu­ción a su cumplim­ien­to. Esta predic­ción vívi­da de Su propósi­to jun­to con su real­ización es una piedra de tropiezo no al fiel sino al incré­du­lo.

10–11 El Sier­vo traerá con­sue­lo a todos los enlu­ta­dos de Sion por Sion y lo que están en ella (61:2–3); en Su veni­da, el luto cesará (60:20). Ese tiem­po ha venido aho­ra; los enlu­ta­dos que aman a Sion se rego­ci­jarán aho­ra. Como un infante encuen­tra sat­is­fac­ción y con­sue­lo en el pecho de su madre, así los que aman a Sion y se rego­ci­jan en ella encuen­tran com­ple­ta sat­is­fac­ción, y os deleitéis con el res­p­lan­dor de su glo­ria.

12 Si el pueblo hubiera obe­de­ci­do a Dios, Israel habría poseí­do “paz…como un río, y…justicia como las ondas del mar” (48:18); toda la glo­ria de la que se jac­taron las naciones (60:5; 61:6) habrían sido suyas. Porque así dice Jehová: He aquí que yo extien­do sobre ella paz como un río, y la glo­ria de las naciones como tor­rente que se des­bor­da. Como lo es tan­tas veces, paz sig­nifi­ca aquí bien­es­tar y pros­peri­dad, per­fec­ción y total cumplim­ien­to. En una bel­la descrip­ción de la ilus­tración de la cri­an­za de un bebé nutri­do des­de el vien­tre de su madre, sien­do cri­a­do en el rega­zo al esti­lo ori­en­tal (ver 60:4), y sien­do meci­dos sobre las rodil­las en una for­ma jugue­t­ona y afec­tu­osa, Jehová describe la inocen­cia y las ben­di­ciones futuras de Su pueblo.

13 Como aquel, ya sea un niño o un hom­bre, a quien con­suela su madre (ver 49:15), los hijos de Sion serán con­so­la­dos en la Jerusalén espir­i­tu­al.

14 Y veréis – el pueblo en per­sona lle­gará a enten­der y exper­i­men­ta­rá las ben­di­ciones de Sion en las que se rego­ci­jarán. Y vue­stros hue­sos reverde­cerán, cre­cerán y serán hecho fuertes con la fres­cu­ra, el vig­or, y una nue­va vida tal como la que car­ac­ter­izó a la igle­sia prim­i­ti­va y provocó que se dis­per­sara por todo el mun­do. Estas ben­di­ciones serán con­ce­di­das por la mano poderosa de Jehová, que para con sus sier­vos será cono­ci­da. Así como es con fre­cuen­cia en los escritos de Isaías, él pre­sen­ta un con­traste: Jehová ben­de­cirá a Sion y a sus hijos, y se eno­jará con­tra sus ene­mi­gos. Su indi­gnación es expues­ta en los sigu­ientes ver­sícu­los.

La Indi­gnación Con­tra los Idol­a­tras (vers 15–17)

 

      15 A lo largo de todas las Escrit­uras el fuego es usa­do repeti­da­mente como un sím­bo­lo de cas­ti­go divi­no, de la jus­ta ira e indi­gnación de Jehová. El salmista obser­va, “Fuego irá delante de él,/ Y abrasará a sus ene­mi­gos alrede­dor” (Sal 97:3); Jere­mías (Jer 4:4) y Eze­quiel (Ez 22:21) hablan del fuego de la ira de Jehová; y Nahum declara, “Su ira se der­ra­ma como fuego” (Nah 1:6); Isaías dijo ante­ri­or­mente que los ene­mi­gos de Ariel “serían visitados…con torbellino…y lla­ma de fuego con­sum­i­dor (29:5–6), y la lla­ma de un fuego devo­rador que con­sumirá a Asiria (30:27–31), y que Jehová der­ramó sobre Israel “el ardor de su ira…le puso fuego por todas partes” (42:25). Aho­ra el pro­fe­ta agre­ga, Porque he aquí que Jehová ven­drá con fuego, y sus car­ros como tor­belli­no (vien­to de tor­men­ta), para descar­gar su ira con furor, y su repren­sión con lla­ma de fuego. Aquí ten­emos una descrip­ción vívi­da y dramáti­ca del juicio de Jehová con­tra los idol­a­tras rebeldes en con­traste a Sus ben­di­ciones sobre Sion.

16 Por el fuego de Su jus­ta indi­gnación, y con su espa­da, el instru­men­to que Él usa, ya sea Babilo­nia (Ez 30:24–25) o Roma (Luc 21:20–24, espe­cial­mente el vers 24), Jehová eje­cu­tará Su juicio a todo hom­bre. El juicio se extiende más allá de los judíos que están en rebe­lión con­tra Él (para la frase todo hom­bre ver Gén 6:13; Lev 17:14; Isa 40:5–6; 49:26; Jer 32:27). Y los muer­tos de Jehová serán mul­ti­pli­ca­dos, por los muchos rebeldes con­tra Él y deberán venir a juicio. Alexan­der y Young están prob­a­ble­mente en lo cor­rec­to al decir que el pro­fe­ta está miran­do más allá de la destruc­ción de Jerusalén por los romanos (Mt 24:15–22; Lucas 21:20–24). Cuan­do el impe­rio romano (la cuar­ta bes­tia en la visión de Daniel) fue traí­da a un final, tam­bién fue destru­i­do por un juicio divi­no (Dan 7:11, 26).

17 Es difí­cil deter­mi­nar si los que son líderes indi­vid­uales de los mis­te­rios sagra­dos (Delitzsch), son “los huer­tos” (King James – la pal­abra huer­to no aparece en el tex­to hebreo), o son la ima­gen de un ído­lo. Una cosa es clara: en lugar de ir al san­tu­ario de Dios a ado­rar­lo en ver­dad, el pueblo va a los huer­tos de su propia creación (ver 1:29) a ado­rar ído­los (ver 65:3–5). Alexan­der ve este ver­sícu­lo como un resumen de la idol­a­tría, la rebe­lión, y el nat­u­raleza espir­i­tu­al de los judíos des­de los días de Isaías has­ta la veni­da del Señor (ver vers 3), en cuyo tiem­po jun­ta­mente (la nación y el sis­tema del Antiguo Tes­ta­men­to) serán tal­a­dos. Yo me incli­no a estar de acuer­do. En un lengua­je en el que el pueblo de su tiem­po puede enten­der, el pro­fe­ta está descri­bi­en­do la condi­ción espir­i­tu­al que el Sier­vo encon­trará en la nación y que traerá la destruc­ción sobre ellos. Esa condi­ción es el resul­ta­do de la con­duc­ta del pueblo a lo largo de toda su his­to­ria. Debido a que ellos han actu­a­do como paganos, deberán sufrir la con­se­cuen­cia del pagan­is­mo.

La Glo­ria de Jehová Procla­ma­da al Mun­do y la Respues­ta (vers 18–24)

 

      18 Aquí hay una elip­sis que tuvo que ser llena­da por los tra­duc­tores. Las pal­abras conoz­co y tiem­po han sido supl­i­das. La idea parece ser que sus obras y sus pen­samien­tos orig­i­narán que se jun­ten todas las naciones y lenguas. Todas las lenguas y dialec­tos deben estar rep­re­sen­ta­dos (ver Gén 10:5, 20). La glo­ria que ellos verán es la pres­en­cia y el poder de Jehová ejer­ci­do en el juicio de los pueb­los idol­a­tras (vers 17) en con­traste a la glo­ria de Su rema­nente red­imi­do (40:5; 60:1–3). Aunque muchos expos­i­tores pien­san de otra man­era, parece que este ver­sícu­lo apun­ta a la destruc­ción romana de Jerusalén.

19 No es iden­ti­fi­ca­da la señal que pon­drá Jehová. Aunque podría ser una señal mila­grosa espe­cial como en 7:11, 14, eso parece dudoso. Podría ser el cumplim­ien­to de una acción o propósi­to par­tic­u­lar (ver los comen­tar­ios sobre 19:19–20; 55:13). Podría ser la res­ur­rec­ción del Mesías y la evi­den­cia que la con­fir­ma. O podría ser la destruc­ción de Jerusalén y del tem­p­lo por parte de los romanos, porque su ejérci­to esta­ba com­puesto de “mer­ce­nar­ios extraí­dos de todas las partes del mun­do romano.”[2] O la señal podría ser el establec­imien­to de la igle­sia y su poder en el mun­do. La clausu­la y enviaré de los escapa­dos de ellos a las naciones sug­iere que la señal podría haber sido el juicio de destruc­ción que sobrevi­no a la nación apos­ta­ta y a su ciu­dad y tem­p­lo. De entre los sobre­vivientes del juicio, los hom­bres serían envi­a­dos a las difer­entes naciones con un men­saje. Estas naciones incluirían a Tar­sis en el extremo poniente (la mod­er­na España); Fut, prob­a­ble­mente Put, en África; y Lud, que está ya sea en Asia Menor poniente (Lidia) o en África. Como naciones que dis­paran arco, Fut y Lud eran prob­a­ble­mente de una nat­u­raleza guer­rera. Tubal (la mod­er­na Turquía), Javán (Gre­cia), y las costas lejanas, costas lejanas (ver 41:1), son sim­bóli­cos del total del mun­do de ese tiem­po; todas las naciones son inclu­idas (ver 49:12). Los que no oyeron de mí, ni vieron mi glo­ria, oirán de ella por medio del men­saje de los que escapan y son envi­a­dos por Jehová a los con­fines de la tier­ra. Parece que este ver­sícu­lo apun­ta a la obra de los após­toles y otros cris­tianos prim­i­tivos que lle­varon “la luz del evan­ge­lio de la glo­ria de Cristo” (2 Cor 4:4) al mun­do de su tiem­po.

20 Y traerán – los envi­a­dos a los con­fines del mun­do – a todos vue­stros her­manos de entre todas las naciones, por ofren­da a Jehová. Con la “pared inter­me­dia de sep­a­ración” der­rib­a­da (Ef 2:14), los gen­tiles de entre todas las naciones serán traí­das con los judíos red­imi­dos como her­manos, como un nue­vo hom­bre, ante Jehová. Ellos serán traí­dos a Él por ofren­da, un ofrec­imien­to sin der­ra­mamien­to de san­gre (El Antiguo Tes­ta­men­to ofrecía comi­da). Una gran car­a­vana mez­cla­da se apresurará a Jehová; ellos ven­drán en cabal­los, en car­ros, en lit­eras (la pal­abra hebrea es tra­duci­da “car­ros cubier­tos” en Núm 7:3), en mulos y en camel­los (bes­tias velo­ces, King James; la pal­abra hebrea solo se men­ciona aquí). En el tiem­po de Isaías estas eran el medio más veloz para via­jar. Los red­imi­dos serían traí­dos al san­to monte de Jerusalén de Jehová (ver 56:7; 57:13), “el monte de la casa de Jehová” (2:2–4). Así como los hijos de Israel han traí­do sus ofren­das a Jehová en uten­sil­ios limpios, así los red­imi­dos de las naciones serán traí­dos en limpieza a la casa de Jehová.

21 Ya no más serán toma­dos los min­istros en la casa de Jehová en for­ma exclu­si­va de entre los descen­di­entes de Levi y de Aarón; sino tam­bién de ellos, los gen­tiles con­ver­tidos traí­dos al monte san­to, para sac­er­dotes (ver 61:6). Todos los red­imi­dos bajo Cristo son “un real sac­er­do­cio” que ofrece sac­ri­fi­cios espir­i­tuales a Dios por medio de Jesu­cristo (1 Ped 2:9). Hom­bres adquiri­dos “de todo lina­je y lengua y pueblo y nación”, han sido hechos “reyes y sac­er­dotes, y reinare­mos sobre la tier­ra” (Apoc 5:9–10).

22 Porque como los cie­los nuevos y la nue­va tier­ra (ver los comen­tar­ios sobre 65:17 y el Apéndice B) per­manez­can, así la descen­den­cia y el nom­bre del nue­vo Israel rema­nente. Allí habrá siem­pre una descen­den­cia, un rema­nente fiel que sirve a Dios (ver Sal 22:30–31). Con­fundir la antigua nación de Israel con el nue­vo Israel es un error may­or entre los mae­stros reli­giosos actuales. En su ale­goría basa­da en la his­to­ria de Sara y Agar, e Ismael e Isaac, hijos ante la carne y ante el Espíritu respec­ti­va­mente, Pablo dice, “Echa fuera a la escla­va y a su hijo, porque no heredará el hijo de la escla­va con el hijo de la libre” (Gál 4:21–31). Aunque el Israel car­nal (nacional) es echa­do fuera (ver 65:15), el Israel espir­i­tu­al está aun ante Jehová (ver 49:16). Es la descen­den­cia y el nom­bre del nue­vo Israel espir­i­tu­al que deberá per­manecer ante Su pres­en­cia.

23 El pro­fe­ta provee aho­ra una ver­dad espir­i­tu­al en el idioma de su tiem­po. Y de mes en mes, y de día de reposo en día de reposo – Isaías está refir­ién­dose aquí a los tiem­pos especí­fi­cos de ado­ración pre­scritos por Jehová — , ven­drán todos a ado­rar delante de mí. Las lunas nuevas y los sába­dos de la antigua dis­pen­sación son quita­dos (1:14; 2 Cor 5:16; Heb 10:9), porque ellos son solo una som­bra de las cosas por venir (Col 2:16–17). Todos, esto es, todos los del nue­vo orden espir­i­tu­al, ven­drán ante Jehová para ado­rar. Que toda la humanidad ven­ga ante Él no en la Jerusalén físi­ca, sino en la nue­va ciu­dad espir­i­tu­al, es clara­mente aparente des­de la imposi­bil­i­dad de la ante­ri­or. Bajo el nue­vo orden todos los que con­sti­tuyan la Sion espir­i­tu­al ven­drán ante el Señor para ado­rar en los tiem­pos div­ina­mente pre­scritos.

24 Como en las dos sec­ciones pre­vias de la Parte Dos con­cluyen con una cuadro oscu­ra del des­ti­no de los rebeldes – “No hay paz…para los mal­os” (48:22; 57:20), así esta sec­ción final­iza con un cuadro aún más oscu­ra que describe la destruc­ción de los pecadores. Este cuadro no debe ser inter­pre­ta­do de una man­era lit­er­al, sino a la luz de su con­tex­to. Así como el oro y la pla­ta han sido usa­dos para describir la glo­ria de la Sion futu­ra (60:17), así el fuego y los gusanos describen aho­ra el fin de los trans­gre­sores. Así como los ado­radores fieles (vers 23) van hacia ade­lante ante Jehová, ellos con­tem­plarán el esta­do ter­ri­ble de los apos­tatas. Isaías prob­a­ble­mente está con­tra­stan­do el nue­vo Israel espir­i­tu­al y el antiguo Israel car­nal. El últi­mo es como cadáveres que nun­ca serán traí­dos a un final com­ple­to como un pueblo (Jer 30:11). Porque el gusano o cre­sa que lo con­sume nun­ca morirá, y el fuego de la repren­sión y del juicio que los ator­men­tará nun­ca se apa­gará (ver vers 15–16). Entonces el pueblo que Dios escogió, pero que escogió rec­haz­ar­lo a Él y a Su Cristo, serán abom­inables a todo hom­bre (ver 43:28). A la luz de Dios y de la jus­ti­cia, entonces, hay un claro con­traste entre la Sion espir­i­tu­al y sus hijos por un lado, y la Jerusalén físi­ca y sus hijos por el otro lado. Este con­traste vis­lum­bra el con­traste entre el des­ti­no final de los ado­radores de Jehová y los impíos del fin del tiem­po. La difer­en­cia infini­ta entre la glo­ria de Dios y de los jus­tos y la ter­ri­ble con­de­na de la idol­a­tría, del peca­do, y de los impíos es grá­fi­ca­mente lle­va­da ade­lante. ¡Qué cul­mi­nación tan ade­cua­da al majes­tu­oso libro espir­i­tu­al de Isaías!

Capí­tu­lo 66. Los Juicios de Jehová — El Rego­ci­jo de Sion

[1]  Ver Homer Hai­ley, Apoc­alip­sis: Una Intro­duc­ción y Comen­tario (Grand Rapids: Bak­er, 1979), págs..267–72.

[2]  Zon­der­val Pic­to­r­i­al Ency­clo­pe­dia of the Bible, vol. 3, p. 907.

Como en los últi­mos dos capí­tu­los, nos enfrenta­mos de nue­vo con la pre­gun­ta si el pro­fe­ta está hablan­do del regre­so de Israel del exilio de Babilo­nia o miran­do más allá del retorno hacia la glo­ria de la Sion espir­i­tu­al, la Sion de Dios. La con­sid­eración cuida­dosa del con­tenido de los tres capí­tu­los indi­ca que ellos son inter­pre­ta­dos mejor como una pro­fecía de la posi­ción de Sion en la pro­fecía mesiáni­ca en lugar del pos­te­ri­or al peri­o­do del exilio.

 

El Nom­bre Nue­vo y la Glo­ria de Sion (vers 1–5)

 

      1 Es difí­cil deter­mi­nar si el que habla en estos ver­sícu­los es Jehová (Delitzsch, Leupold, Young), el Sier­vo (Rawl­in­son), o el mis­mo pro­fe­ta (Alexan­der, Calvin, Smith, Why­bray, Willis). Barnes sug­iere que la iden­ti­dad del que habla es incier­ta. Pueden hac­erse argu­men­tos para los difer­entes pun­tos de vista; sin embar­go, el ver­sícu­lo 6 dan crédi­to al pun­to de vista que el que habla es Jehová. La cuestión no es demasi­a­do sig­ni­fica­ti­va, porque lo que ten­emos aquí es la pal­abra de Jehová dada a cono­cer por medio del pro­fe­ta y rev­e­lando la obra del Sier­vo.

La luz de Sion y de Jerusalén (los dos tér­mi­nos son usa­dos en for­ma sinón­i­ma) ha sido opaca­da a la som­bra de una larga noche. Pero aho­ra por su bien, esto es, para su cuen­ta o ben­efi­cio, la noche será ven­ci­da por la bril­lantez de su glo­ria. Jehová nun­ca callará (guardará silen­cio, se abs­ten­drá de hablar) ni des­cansará (quedarse qui­eto, inac­ti­vo), has­ta que sal­ga como res­p­lan­dor su jus­ti­cia, y su sal­vación se extien­da como una antor­cha. Su jus­ti­cia es su vin­di­cación o jus­ti­fi­cación; des­cansa sobre su sal­vación por medio de un Sal­vador (el Sier­vo). Su jus­ti­cia y sal­vación, la obra de Jehová sobre Sion, será vis­to como una luz des­de una lám­para bril­lan­do de con­tin­uo (o antor­cha) que no se extin­guirá. (Para jus­ti­cia y sal­vación, ver los comen­tar­ios sobre 61:10.)

2 El nue­vo están­dar de jus­ti­cia y la nue­va glo­ria de Sion se unirán en un severo con­traste a las tinieblas ter­re­nales y la pre­sun­ta glo­ria de esas naciones (gen­tiles) y reyes se verán con clar­i­dad y se asom­brarán (ver 49:7; 52:15; 60:1–3). No es del todo claro que lo que es el nom­bre nue­vo, que la boca de Jehová nom­brará (ver los comen­tar­ios sobre el vers 4); pero posi­ble­mente el nom­bre nue­vo es como el cán­ti­co nue­vo que solo los 144,000 pueden apren­der y can­tar (Apoc 14:3). Un nom­bre sig­nifi­ca y rep­re­sen­ta todo lo que es el indi­vid­uo que lo con­ll­e­va. En con­se­cuen­cia, el nom­bre nue­vo de Sion podría ser un nom­bre cono­ci­do solo para Jehová y para Sion, porque solo sus ciu­dadanos cono­cen la real­i­dad de la nue­va relación y vida (ver Apoc 2:17; 3:12; 19:12).

3 Debe ser obser­va­do que Sion será una coro­na de glo­ria y una diade­ma de reino no en la cabeza de Jehová sino en Su mano. Fue declar­a­do ante­ri­or­mente que en un pun­to en el tiem­po Jehová que “será por coro­na de glo­ria y diade­ma de her­mo­sura” al rema­nente de Su pueblo (28:5), pero tam­poco allí se lle­va el reg­istro de Su uso. Una coro­na de glo­ria indi­ca hon­or y glo­ria, y una diade­ma de reino sig­nifi­ca una tiara o tur­bante (ver Job 29:14; Zac 3:5) como el de un rey o una reina. La frase en la mano de Jehová sug­iere prob­a­ble­mente que Sion fue for­ma­da por Él de acuer­do a Su vol­un­tad; pro­te­gi­da por Él, Su belleza y glo­ria son un lugar clara­mente vis­i­ble donde deben ser vis­tas y admi­radas por todos.

4 Nun­ca más te (Sion) lla­marán Desam­para­da – El pueblo de Sion había deja­do a Jehová; entonces, Él la había desam­para­do (ver Deut 28:15; 2 Crón 15:2; Isa 51:19–20), aunque solo “por un breve momen­to” (54:7). Jehová no desam­para­ría nun­ca más a su pueblo, porque la nue­va Sion será “Ciu­dad de jus­ti­cia, Ciu­dad fiel” (1:26), fiel a Él en jus­ti­cia (62:1–2). Entonces ella será hecha “una glo­ria eter­na, el gozo de todos los sig­los” (60:15). Ni tu tier­ra se dirá más Des­o­la­da. Note la dis­tin­ción traza­da ente Sion y la tier­ra. La Des­o­lación y la dev­astación han sido el resul­ta­do de los peca­dos cometi­dos en la tier­ra; un juicio divi­no ha sido traí­do sobre ellos (ver Lev 26:23–24, 31–33; Jer 12:7–13). Pero Sion será lla­ma­da aho­ra Hefzi-bá (“Mi deli­cia está en ella”), y la tier­ra Beu­la (“Casa­da”); porque el amor de Jehová estará en ti. Tan­to Desam­para­da (“del hebreo “Azu­ba,”) y Hefzi-bá son nom­bres de mujeres que fueron madres de reyes de Judá (1 Rey 22:42; 2 Rey 21:1). Y tu tier­ra será desposa­da – habrá una relación de pos­esión cer­cana y per­ma­nente entre Sion y la tier­ra, porque “el que en mí [Jehová] con­fía ten­drá la tier­ra por heredad” (57:13).

5 Pues como el joven se desposa con la vir­gen, se despo­jarán con­ti­go tus hijos – la pre­gun­ta que se ha lev­an­ta­do es si esto sig­nifi­ca que los hijos de Sion se casan con los de Sion o si los hijos de la tier­ra se casan con los de la tier­ra. Ni lo uno ni lo otro; los hijos de Sion se casan con los de la tier­ra, esto es, lle­garán a estar rela­ciona­dos ínti­ma­mente con ella. Leemos de “los hijos de Sion” (Sal 149:2), “la hija de Sion” (1:8; 62:11); los hijos y las hijas de Sion (49:22; 60:4), y los “hijos de Sion, pre­ci­a­dos y esti­ma­dos” (Lam 4:2); Jehová tam­bién “dice a Sion: Pueblo mío eres tú” (51:16). Pero nun­ca leemos de “los hijos de la tier­ra.” El énfa­sis aquí es la gozosa relación ínti­ma entre los hijos de Sion, que son el pueblo de Jehová, y la tier­ra, que es Su san­to monte (57:13; ver 60:21; 61:7). Como un hom­bre joven se casa con una vir­gen y se ded­i­ca él mis­mo a pro­te­gerla y cui­da de su hon­or, así los hijos de Sion se ded­i­can ellos mis­mos a hon­rar la tier­ra y el pueblo de Jehová – Su reino. La relación será pura y cas­ta. Y como el gozo del esposo con la esposa, sobre su amor puro, divi­no, así se gozará con­ti­go el Dios tuyo – sobre el mat­ri­mo­nio de Sion con la tier­ra, Su monte San­to.

 

La Pro­tec­ción y la Pro­visión de Jehová por Sion (vers 6–9)

 

      6–7 La frase sobre tus muros, oh Jerusalén, he puesto guardas no puede referirse a la Jerusalén caí­da mien­tras el pueblo esta­ba en Babilo­nia, ni al retorno del exilio, porque fueron cien años antes de que Nehemías com­ple­tara la recon­struc­ción de los muros. Es mucho más prob­a­ble que Jehová esté hablan­do de la Sion espir­i­tu­al de los ver­sícu­los 1–6, los muros que serán lla­ma­dos “Sal­vación” y sus puer­tas “Ala­ban­za” (ver los comen­tar­ios sobre 26:1; 49:16; 60:18). Si esto es cor­rec­to, entonces los guardas no son los pro­fe­tas del Antiguo Tes­ta­men­to, los sac­er­dotes y pro­fe­tas, o ánge­les, como se pien­sa por algunos, sino los “apóstoles…profetas [del Nue­vo Testamento]…evangelistas…pastores y mae­stros,” cuya obra es el per­fec­cionamien­to de los san­tos (Ef 4:11–12). Ellos todo el día y toda la noche no callarán jamás, sino que velan con­stan­te­mente en bien de sus almas (Heb 13:17). Los que os acordáis de Jehová, no des­cansarán, sino que siem­pre mantienen peti­ciones ante Jehová en medio de los ciu­dadanos de Sion. No estarán en silen­cio ante el Señor has­ta que Él establez­ca Su pal­abra en relación a Jerusalén, al pon­er­la por ala­ban­za en la tier­ra, lo cual es una obra con­tin­ua.

8–9 Ante­ri­or­mente Jehová juró que Él no se eno­jaría con Sion, que Su mis­eri­cor­dia no se apartaría de ella, y que el pacto de paz no se que­bran­taría (54:9–10). Aho­ra Él agre­ga a ese jura­men­to. Por Su mano lev­an­ta­da (un gesto que sig­nifi­ca un jura­men­to) y por la fuerza del poderoso bra­zo, Él jura que nun­ca más le dará a los ene­mi­gos de Sion el tri­go ni el vino que es fru­to de tu tra­ba­jo, y que existe para ser su sus­ten­to. El tri­go y el vino mate­r­i­al ni pueden sosten­er la parte incor­pórea del hom­bre ni sosten­er una ciu­dad inma­te­r­i­al; la comi­da de Sion será espir­i­tu­al. Jesús dijo, “Tra­ba­jad, no por la comi­da que perece, sino por la que a vida eter­na per­manece, la cual el Hijo del Hom­bre os dará” (Juan 6:27); este es el ali­men­to en el que Sion sobre­vive. Los ene­mi­gos nun­ca podrán quitárse­lo a ella. Ellos que tra­ba­jan por su comi­da y su bebi­da deberán en todo momen­to com­par­tir­lo para la ala­ban­za de Jehová en los patios de Su san­tu­ario, esto es, ante Él, en Su pres­en­cia. El mun­do ni puede apre­ciar este ali­men­to ni despo­jar a Sion de él.

 

La Sal­vación de la Hija de Sion (vers 10–12)

 

      10 Hay una diver­si­dad de opin­iones sobre estos ver­sícu­los, espe­cial­mente sobre el manda­to Pasad, pasad por las puer­tas. El doble encar­go podría ser para dar énfa­sis, o podría haberse inten­ta­do un manda­to doble: sal­gan, ven­gan. La may­oría de los comen­taris­tas pien­san que el retorno del exilio está en la mente del pro­fe­ta, pero esta inter­pretación no está en armonía con el resto del capí­tu­lo. La glo­ria de Sion ha sido estable­ci­da (vers 1–5), y el cuida­do de Jehová garan­ti­za­do por un jura­men­to (vers 6–9); entonces, parece que Jehová se está rego­ci­jan­do en Sion para preparar a las naciones por venir. Aque­l­los que están den­tro deben ir hacia ade­lante y bar­rer el camino al pueblo; alla­nar, alla­nar la calza­da, quitar las piedras ‚esto es, ellos deben limpiar el camino a Sion. Entonces ellos deben alzar pendón a (“por enci­ma de,” al mar­gen) los pueb­los (plur­al). El pendón o estandarte podría ser un pun­to de reunión para un ejérci­to en el cam­po o para un pueblo dis­per­so. Isaías dijo antes que la Raíz de Isaí (en este caso, el Mesías) “estará por pendón a los pueb­los, será bus­ca­da por las gentes (11:10); y Jehová prometió que Él lev­an­taría Su mano a las naciones y “a los pueb­los lev­an­taré mi [Su] ban­dera,” después de lo cual ellos traerían a los hijos y a las hijas de Sion a ella (49:22). Al pare­cer, entonces, esos ciu­dadanos de Sion van hacia ade­lante qui­tan­do obstácu­los, aclaran­do el camino, y lev­an­tan­do en alto la ban­dera de tal for­ma que los de las naciones (los gen­tiles) puedan encon­trar su camino a Sion y pasar por medio de las puer­tas a la ciu­dad.

11 Cuan­do el Sier­vo ven­ga, Él no ven­drá solo a Jacob, sino que Jehová lo pon­drá a Él “por luz de las naciones, para que seas mi sal­vación has­ta lo postrero de la tier­ra” (49:6). Jehová hace esta declaración a Su pueblo, que están dis­per­sos en los con­fines de la tier­ra: Decid a la hija de Sion (a los ciu­dadanos”): He aquí viene tu Sal­vador. El pro­fe­ta está miran­do al tiem­po cuan­do la glo­ria de Sion estará com­ple­ta por medio del Sal­vador; entonces la rec­om­pen­sa de Jehová a las naciones será una mora­da en Su pres­en­cia, la paga por su espera y labor paciente (ver 40:10).

12 Delitzsch tra­duce las pal­abras de aper­tu­ra de este ver­sícu­lo, “Y los hom­bres les lla­ma­ran…”; Young tra­duce el ver­bo en el pasi­vo, “Ellos serán lla­ma­dos…” En todo caso el pun­to es que aque­l­los para los que viene la sal­vación serán lla­ma­dos Pueblo San­to, Red­imi­dos de Jehová. Ellos serán recono­ci­dos como un pueblo sep­a­ra­do de los otros debido a que su reden­ción es de Jehová, no de hom­bre. El reclamo que Jehová ha aban­don­a­do a Sion (49:14), que ella ha sido repu­di­a­da como Su esposa (54:6), aban­don­a­da y abor­reci­da (60:15), no será ya más oído. En lugar de esto, a ti te lla­marán Ciu­dad Desea­da, porque el Señor la habrá bus­ca­do y lla­ma­do fuera del mun­do, y no desam­para­da (ver vers 4), con­stan­te­mente bajo Su cuida­do y pro­tec­ción div­ina. Pero si los ciu­dadanos de Sion perdier­an de vista esta relación sagra­da, con­vir­tién­dola en una relación de “club social” rela­ciona­da en primer lugar con asun­tos y com­pañías de nego­cios, ellos dejarán de ser Pueblo San­to, sep­a­ra­dos y difer­entes del mun­do. Ellos se con­ver­tirán sim­ple­mente en otro cuer­po reli­gioso.

Capí­tu­lo 62. La Sal­vación está Cer­ca

Se ha sug­eri­do por var­ios escritores que el capí­tu­lo 60 rev­ela la grandeza exter­na de Sion, en tan­to que el capí­tu­lo 61 enfa­ti­za su glo­ria inter­na. En el capí­tu­lo 60 Jehová es el que habla, ensalzan­do la glo­ria exter­na de Sion, que es Su propia creación: “y glo­ri­fi­caré la casa de mi glo­ria” (vers 7). En nue­stro actu­al capí­tu­lo el Sier­vo es el que habla. Por medio de Él Jehová traerá la belleza inte­ri­or a Su glo­riosa ciu­dad.

El Her­al­do de Bue­nas Nuevas (vers 1–3)

 

      1 Aunque si bien la pal­abra Sier­vo no aparece en estos ver­sícu­los, uno se siente oblig­a­do por el con­tex­to y por la seme­jan­za de los cua­tro Cán­ti­cos del Sier­vo con­sid­er­a­dos pre­vi­a­mente para iden­ti­ficar al que habla como el Sier­vo-Mesías, el Señor Jesús. Algunos comen­taris­tas iden­ti­f­i­can al que habla como el pro­fe­ta Isaías, pero el men­saje y la obra del que habla tra­sciende más allá de un pro­fe­ta, aun del de alguien de la estatu­ra de Isaías, ellos son car­ac­terís­ti­cos de la dei­dad. La pre­gun­ta es estable­ci­da por el mis­mo Jesús. Al ini­cio de Su min­is­te­rio, Él leyó estos ver­sícu­los en la sin­a­goga y entonces dijo, “Hoy se ha cumpli­do esta Escrit­u­ra delante de vosotros” (Lucas 4:16–21). De hecho, no esta­ba cumpl­i­da total­mente, pero esta­ba empezan­do a ser cumpl­i­da.

      El que habla empieza declaran­do que el Espíritu del Señor está sobre Él (ver 42:1 [Isaías ve el Espíritu como alguien que tiene un papel impor­tante en la obra de alguien por venir – 11:2; 42:1; 48:16b; 49:8; 50:4]). Sig­ni­fica­ti­va­mente, Pedro declara que Dios ungió a Jesu­cristo “con el Espíritu San­to y con poder” (Hechos 10:38). Con el ungimien­to y poder divi­no, el que habla con­tin­ua, Él predi­cará las bue­nas noti­cias o ale­gres nuevas (ver 40:9; 41:27; 52:7) de vic­to­ria y de lib­er­tad a los man­sos, esto es, a los humildes, a los des­pre­ci­a­dos, y a los gen­tiles, que están dis­puestos a oír. Su mis­ión no solo será predicar, sino tam­bién proveer ben­di­ciones. Las ale­gres nuevas son acom­pañadas por la acción div­ina: (1) Él ven­da con un ven­da­je a los que­bran­ta­dos, aque­l­los cuya vida inter­na está aplas­ta­da por el peca­do; (2) Él pub­li­cará lib­er­tad a los cau­tivoslib­er­tad es un tér­mi­no téc­ni­co para la lib­eración de deu­dores y esclavos en el cin­cuen­ta­vo año, el año del jubileo (Lev 25:10; Jer 34:8,15) Él anun­cia­rá a los pre­sos aper­tu­ra de la cár­cel, que ellos serían traí­dos a la luz de la lib­er­tad. Aunque el retorno del exilio pre­sagia­ba la obra del Sier­vo, la pro­fecía no fue total­mente cumpl­i­da entonces, sino en Él. La apli­cación de Jesús de este pasaje a Si mis­mo indi­ca que esto mira­ba a un cumplim­ien­to espir­i­tu­al.

      2 Además, el Sier­vo va a procla­mar a gran voz el año de la bue­na vol­un­tad (gra­cia) de Jehová, y el día de ven­gan­za. Delitzsch lla­ma la aten­ción a la dis­tan­cia rel­a­ti­va de los dos even­tos – “una prome­sa que asigna la dis­tan­cia de un año para el cumplim­ien­to total de la obra de gra­cia, y solo la lon­gi­tud de un día para la obra de la ven­gan­za” (II.427). Sin embar­go, año y día en este caso podrían ser usa­dos sim­ple­mente como una expre­sión gen­er­al sig­nif­i­can­do “tiem­po” (ver 63:4). La ven­gan­za está sobre cualquiera sin impor­tar que el pueblo de Dios per­manez­ca en prisión. En adi­ción a la procla­mación del año de la bue­na vol­un­tad  y del día de ven­gan­za, el Sier­vo con­so­lará a todos los enlu­ta­dos. La pal­abra tra­duci­da enlu­ta­dos se pre­sen­ta con más fre­cuen­cia en ref­er­en­cia al afligi­do por la muerte, aunque podría ser usa­do en for­ma fig­u­ra­da, como en “se enlu­to, se enfer­mó la tier­ra” (33:9). Los afligi­dos por la muerte serán con­so­la­dos, porque en el Sier­vo la vida más allá de la muerte es garan­ti­za­da (53:10–12).

      3 Los afligi­dos en Sion han dado a enten­der su aflic­ción al der­ra­mar ceniza sobre su cabeza. El Señor les dará aho­ra en vez de esto glo­ria. Por su luto, Él les dará tam­bién el óleo de gozo, usa­do por los ancianos como un sím­bo­lo de ale­gría y fes­tivi­dad (Sal 45:7; Ecl 9:8; Cantares 4:10). Y para aliviar el pesar de su espíritu angus­ti­a­do, Él los vestirá con un man­to de ale­gría, porque ellos han esta­do ala­ban­do a Dios en todo momen­to. Ellos serán lla­ma­dos árboles de jus­ti­cia, sien­do los árboles un sím­bo­lo de fuerza y resisten­cia, de belleza, y de fer­til­i­dad. Ellos son plan­ta­dos por Jehová (ver 60:21) de tal for­ma que Él podría ser glo­ri­fi­ca­do. Lea la bel­la descrip­ción de Jere­mías del hom­bre cuya con­fi­an­za es Jehová: “será como el árbol plan­ta­do jun­to a las aguas” (Jer 17:7–8).

La Mis­ión y la Ben­di­ción del Reden­tor (vers 4–9)

 

      4 A los que han sido ben­de­ci­dos por la obra del Sier­vo se les ha dado una triple tarea: (1) Reed­i­fi­carán las ruinas antiguas (los lugares en ruina), (2) lev­an­tarán los aso­lamien­tos primeros, y (3) restau­rarán las ciu­dades arru­inadas (ver los comen­tar­ios sobre 49:8; 54:3; 58:12). Estas des­o­la­ciones no han ocur­ri­do de la noche a la mañana, sino que se han desar­rol­la­do a lo largo de muchas gen­era­ciones. Las antiguas fron­teras son demasi­a­do pequeñas, demasi­a­do restringi­das para la nue­va Sion; el pro­fe­ta tiene una per­spec­ti­va glob­al del mun­do frente a él (ver los comen­tar­ios sobre 49:19–20).

      5 Los extran­jeros, las per­sonas que no esta­ban rela­cionadas con los ciu­dadanos orig­i­nales de Sion y que no habían sido parte de los pactos de la prome­sa (Ef 2:12), foras­teros o extran­jeros, con­tribuirían con su par­tic­i­pación en la edi­fi­cación de Sion (ver los comen­tar­ios sobre 56:6–8; ver Zac 6:15). Es evi­dente que el Señor habla metafóri­ca­mente, porque no hay reg­istro que después del retorno de Babilo­nia los extran­jeros ali­men­ta­ran las ove­jas, labraran los cam­pos, y embel­lecier­an las viñas de los judíos. El Israel espir­i­tu­al no está rela­ciona­do con rebaños o labradores o viñas. Y aunque los cris­tianos judíos ayu­daron a aliviar las necesi­dades físi­cas de los san­tos judíos y que los san­tos judíos min­is­traron para las necesi­dades espir­i­tuales de los gen­tiles (Rom 15:25–27; 1 Cor 16:1–3; 2 Cor 8:13–15; 9:12–15), es poco prob­a­ble que estos ser­vi­cios fuer­an tan amplios que abar­caran para que fuer­an los vis­lum­bra­dos en este ver­sícu­lo. Más prob­a­ble­mente la idea es que los judíos y los gen­tiles tra­ba­jaron jun­tos en la con­struc­ción de la nue­va Sion.

      6 Cuan­do los gen­tiles y los judíos ven­gan a Sion, allí no habrá dis­tin­ción entre ellos; todos seréis lla­ma­dos sac­er­dotes de Jehová. Allí no habrá sac­er­do­cio espe­cial aparte de los ciu­dadanos de la nue­va ciu­dad, porque cada uno es un sac­er­dote (1 Ped 2:5,9; Apoc 5:9–10). Ni habrá allí dis­tin­ción entre el clero y el laico, porque todos serán lla­ma­dos min­istros de nue­stro Dios, ofre­cien­do cada uno un ser­vi­cio “a Dios agradán­dole con temor y rev­er­en­cia” (Heb 12:28), y ofre­cien­do cada uno “siem­pre a Dios, por medio de él, ser­vi­cio de ala­ban­za” (Heb 13:15). Como sac­er­dotes y min­istros bajo el Mesías, com­eréis las riquezas de las naciones (ver los comen­tar­ios sobre 60:5–11) que serán pro­vis­tas por Él; porque todo es de Él y le pertenece a Él (1 Cor 3:21–23). En tan­to que el mun­do provee para las necesi­dades mate­ri­ales, los san­tos proveerán para lo espir­i­tu­al. La cláusu­la y con su glo­ria seréis sub­limes es difi­cul­tosa. Podría sig­nificar que la glo­ria ver­dadera, que las naciones una vez traí­das como suyas, aho­ra pertenecería a los red­imi­dos. Esto es una causa de orgul­lo (en un buen sen­ti­do) para los ciu­dadanos de Sion.

      7 En lugar de vues­tra doble con­fusión (para el sig­nifi­ca­do de doble ver los comen­tar­ios sobre 40:2).El peca­do sobre el úni­co lado de la bal­an­za han sido bal­ancea­do por el juicio sobre los otros. Aho­ra, en lugar de la vergüen­za y el deshon­or (ver 54:4), la bal­an­za ha sido bal­ancea­da con el gozo eter­no. Este gozo eter­no es la par­tic­i­pación de la heren­cia en sus tier­ras, que no es Canaán sino el reino de las ben­di­ciones espir­i­tuales, el “san­to monte” de Jehová (ver 57:13b).

      8 Sin impor­tar lo que Jehová haga, ya sea que Él haga juicio o gozo, lo hace debido a que ama la jus­ti­cia, lo que es jus­to, una cual­i­dad inher­ente en Dios, porque “Jehová es Dios jus­to” (30:18). Por otro lado, Él abor­rece el latrocinio, la expropiación vio­len­ta de algo que le pertenece a otro, con iniq­uidad, fal­ta de hon­radez o desviación de lo jus­to. La esen­cia mis­ma o nat­u­raleza de Dios deman­da que Él afirme en ver­dad, que Él destruya a Sus ene­mi­gos y rec­om­pense al jus­to. En ver­dad indi­ca la certeza y la fidel­i­dad de Su pro­pio carác­ter, las bases de Sus acciones. Él hará con ellos pacto eter­no (ver Ez 37:26), que trae con­si­go seguri­dad de rec­om­pen­sa para el fiel y adver­ten­cia de juicio y cas­ti­go para el des­obe­di­ente.

      9 La descen­den­cia del pia­doso, del jus­to, será recono­ci­da entre las naciones debido a que son difer­entes. No obstante que los paganos podrían no acep­tar la ver­dad en la que viv­en los descen­di­entes de los pia­dosos, ellos recono­cerán la rec­ti­tud de sus vidas y el espíritu de gozo y de paz que poseen. Estas son ben­di­ciones que vienen solo de lo alto.

¡Estal­li­do de Ala­ban­za! (vers 10–11)

 

      10 Sion, no el Mesías ni el pro­fe­ta, estal­la en un cán­ti­co de ala­ban­za y de rego­ci­jo a su Dios. Ella es el recip­i­ente de las ben­di­ciones enu­mer­adas en los vers 1–3, Jehová la ha vesti­do con vestiduras de sal­vación y la rodeó de man­to de jus­ti­cia, ha sido quita­da la vestidu­ra inmun­da del pasa­do. Para impul­sar­la describe la belleza de la glo­ria de Sion, Isaías uti­liza la figu­ra del atavío dec­o­ra­ti­vo tan­to de un novio como de una novia. Como un novio, Sion se embel­lece a sí mis­mo con man­to de ale­gría o tur­bante (ver vers 3); y como una novia, se adornará a sí mis­mo con joyas.

      11 Lo que se lle­vará a cabo en Sin por medio del Sier­vo será obra de Jehová. Así como Él provo­ca que las plan­tas de la tier­ra broten y crez­can y aparez­ca la semi­l­la en el jardín, así Él hará bro­tar jus­ti­cia y ala­ban­za delante de todas las naciones. A pesar de toda la oposi­ción de los paganos, Jehová ungirá al Sier­vo con Su Espíritu, red­imirá y glo­ri­fi­cará a Sion, estable­cerá Su pacto eter­no, y hará que Su pueblo sea cono­ci­do entre las naciones. ¡A Él sea la glo­ria y la ala­ban­za para siem­pre!

Capí­tu­lo 61. Sion la Glo­riosa (2)

En este notable capí­tu­lo, y los dos que le siguen, no hay una nota críti­ca o amon­estación al pueblo; Jehová rev­ela aquí la glo­ria futu­ra de Sion, la obra de Sus manos. En su entu­si­as­mo al oír que están libres para regre­sar a casa, los exil­i­a­dos “lev­an­tarán alas como las águilas” (40:31). Indud­able­mente, Sion resur­girá con gran glo­ria ante sus ojos. Y sin embar­go, solo bajo el Reden­tor (59:20) puede ser cumpl­i­da la descrip­ción glo­riosa de los capí­tu­los 60–62. La exaltación de Sion es un con­traste brus­co a la baja condi­ción del pueblo (caps 58–59). Delitzsch sug­iere que tam­bién podría ser un inten­to de hac­er un con­traste entre Babilo­nia y Jerusalén.

      De las cenizas de la Sion físi­ca, que se desvanece en la his­to­ria, surge el esplen­dor de la nue­va ciu­dad bajo el Mesías. En un lengua­je alta­mente poéti­co el pro­fe­ta ala­ba la glo­ria de la ciu­dad san­ta de Jehová (vers 14). Mien­tras él lo hace, Isaías teje las imá­genes de varias áreas de la creación – la luz, los ani­males, el oro, el incien­so, las palo­mas, los majes­tu­osos árboles del bosque.

La Glo­ria Hecha por Medio de la Luz de la Pres­en­cia de Jehová (vers 1–3)

 

      1 Sion ha yaci­do postra­da en un estu­por de embriaguez del que está por des­per­tar (51:17) y por vestirse ropa her­mosa (52:1). Una esposa estéril y des­o­la­da, algún día pror­rum­pirá en cán­ti­co debido a sus hijos (54:1). Ella ha bus­ca­do la luz, solo para con­tem­plar tinieblas y cam­i­nar en oscuri­dad (59:9). Aho­ra ella recibe un doble man­damien­to: Lev­án­tate, res­p­lan­dece. Lev­án­tate es pon­erse de pie de una posi­ción postra­da; esta “pal­abra de poder…pone vida nue­va en sus miem­bros” (Delitzsch). No obstante que no tiene luz den­tro de sí mis­ma, a Sion se le man­da tam­bién a res­p­lan­de­cer; porque ha venido tu luz, y la glo­ria de Jehová ha naci­do sobre ti. En tan­to que esta luz no ven­drá real­mente has­ta el futuro, el pro­fe­ta habla de ella como si ya estu­viera aquí, porque la prome­sa es respal­da­da por la autori­dad de Jehová. Como el sol res­p­lan­dece repenti­na­mente en el ori­ente, así la glo­ria de Jehová res­p­lan­de­cerá en esplen­dor sobre Sión. La glo­ria y la luz ven­drán cuan­do el Ver­bo ven­ga en carne, trayen­do la vida y la luz rev­e­lando al Padre en todo el esplen­dor de Su majes­tad (Juan 1:4, 9, 14, 18).

      2 La luz apare­cerá en un tiem­po cuan­do la oscuri­dad y la moral espir­i­tu­al cubrirán la tier­ra, y cuan­do los pueb­los (plur­al), esto es, las naciones, habiten en la oscuri­dad (fuerte y opre­si­va), en “som­bra” de muerte (Jer 13:16, al mar­gen). Algunos estarán embe­bidos en la idol­a­tría, algunos en las tradi­ciones y en los pre­juicios de los judíos, otros en la filosofía grie­ga y romana (Hech 17:16–18), ninguno de los cuales despi­den algu­na luz real. Pero en medio de esta condi­ción depre­si­va Jehová se lev­an­tará sobre Sion la per­sona de Su Hijo; en Cristo la glo­ria de Dios será rev­e­la­da. El Sier­vo de Jehová será una luz sobre todos los pueb­los, judíos y gen­tiles (42:6; 49:6).

      3 El res­p­lan­dor de esta luz en un mun­do de tinieblas moral y espir­i­tu­al atraerá a los paganos. Atraí­dos por esta ilu­mi­nación y luz que guía, ven­drán para apren­der los caminos de Jehová y para cam­i­nar en ellos (2:2–3; ver 40:5). Los reyes estarán tan impre­sion­a­dos por el res­p­lan­dor que ado­rarán a Jehová (ver 49:7; 52:15).

Hecho Glo­rioso por medio del Retorno de Sus Hijos (vers 4–9)

 

      4 Se dice a Sión, Alza tus ojos alrede­dor y mira. Ella debe mirar en todas direc­ciones por sus hijos, incluyen­do los hijos adop­ta­dos de entre los gen­tiles (49:22; Rom 8:15). Ellos están vinien­do de cada esquina de la tier­ra, tan­to de lejos como de cer­ca (ver 49:18). Las hijas de Sion, lo más del­i­ca­do de sus hijos, serán lle­vadas en bra­zos (“cuidadas en un costa­do”, al mar­gen; en este caso “lle­vadas sobre la cadera,” un modo típi­ca­mente ori­en­tal de lle­var a los hijos pequeños).

      5 A la luz de sus hijos retor­nan­do, el ros­tro de Sion se ilu­mi­nará y res­p­lan­de­cerá de gozo, porque se mar­avil­lará (“temerá,” King James) – estará ate­moriza­da y emo­ciona­da – y ensan­chará tu corazón para recibir tan­to a los gen­tiles como a los judíos. No puede ser deter­mi­na­do dog­máti­ca­mente si la mul­ti­tud del mar (que) hayan venido a ti se refiere a la riqueza traí­da por los bar­cos para enrique­cer mate­rial­mente a Sion o a las masas de los pueb­los, quienes, en este caso, vienen trayen­do sus riquezas con ellos (ver las ref­er­en­cias a “el mar” en Dan 7:1–8). A la luz de la his­to­ria tan­to de la nación después de su retorno del exilio y de la Sion espir­i­tu­al bajo Cristo, lo últi­mo es lo que prob­a­ble­mente tiene el pro­fe­ta en mente. Porque cuan­do la nación vino al mun­do bajo la Sion espir­i­tu­al de Dios, ellos Le tra­jeron y Le dedi­caron todo lo que tenían.

      6–7 Mien­tras Sion aparta la vista del mar del poniente al del ori­ente, ella con­tem­pla los mer­caderes nómadas que vienen de tier­ras desér­ti­cas con una mul­ti­tud de camel­los. Efa era un hijo de Madián, un hijo de Abra­ham u de Cetu­ra (Gén 25:1–4). Seba, cuyo lugar de habitación era un pico al suroeste de ara­bia, fue tam­bién un nieto de Abra­ham por medio de Cetu­ra (Gén 25:1–3). Al procla­mar las ala­ban­zas de Jehová, ellos traen oro e incien­so. Cedar, Nebaiot fueron hijos de Ismael, el hijo de Abra­ham por medio de Agar la cri­a­da (Gén 25:13). La tier­ra de Cedar se situ­a­ba al noreste de Jerusalén en el desier­to entre Judá y Babilo­nia. La local­ización de la tier­ra de Nebaiot es incier­ta. Sus rebaños y man­adas estarían ded­i­ca­dos a la ala­ban­za de Jehová; esto no sig­nifi­ca que los sac­ri­fi­cios de ani­males serían ofre­ci­dos de nue­vo después de la veni­da del Mesías, sino que los descen­di­entes de Abra­ham por medio de Agar y Cetu­ra com­par­tirían con los descen­di­entes que tuvo por medio de Sara (en este caso, con la simiente de Isaac) la glo­ri­fi­cación de la casa espir­i­tu­al de Dios. Su casa sería “una casa de oración” para todas las naciones, y sus sac­ri­fi­cios serían acept­a­bles (56:7). Y glo­ri­fi­caré (Dios) la casa de mi (Su) glo­ria al recibir los descen­di­entes arro­ja­dos lejos de Abra­ham y sus rega­los. Todos son crea­d­os por Jehová, y la mejor creación Le pertenece a Él.

      8–9 Al mirar de nue­vo hacia el mar, Sion ve las velas blan­cas de los bar­cos al venir hacia ella. Ellos vue­lan como nubes flotan­do en el cielo y como palo­mas al retornar a sus lugares de des­can­so. Ella pre­gun­ta, ¿Quiénes son estos? Vienen de la cos­ta, los litorales, son gen­tiles de las regiones más remo­tas que han esper­a­do por largo tiem­po por Jehová y Su ley (ver 42:4; 51:5) y están sien­do aho­ra rec­om­pen­sa­dos por su espera. Las naves de Tar­sis son ya sea bar­cos onde­an­do la ban­dera de Tar­sis, una colo­nia com­er­cial local­iza­da lejos en lo que es aho­ra España, o un tipo especí­fi­co de un bar­co grande que nave­ga los océanos de la tier­ra. Ellas traen tus hijos de lejos, jun­to con sus pre­ci­adas pos­e­siones de pla­ta y de oro. Como cuan­do Israel par­tió de Egip­to, “no quedará ningu­na pezuña” (Éxo­do 10:26). Se aprox­i­man a Sion debido a que ella ha sido glo­ri­fi­ca­da y embel­le­ci­da por la pres­en­cia, la luz, y el nom­bre de Jehová, mul­ti­tudes de extran­jeros de todo el mun­do vienen trayen­do abso­lu­ta­mente todo; todas las cosas de ellos están ded­i­cadas a Él.

Hecha Glo­riosa por Medio de las Ofren­das (vers 10–14)

 

      10 Al con­tin­uar dirigién­dose a Sion, Jehová señala que los extran­jeros edi­fi­carán sus muros. (Para pro­fecías ante­ri­ores de la relación de los extran­jeros con el Israel espir­i­tu­al, ver 19:21–25; 56:6–7; y comen­tar­ios.) En relación a los muros de Sion, Isaías dice tam­bién, “sal­vación puso Dios por muros y ante­muro” (26:1), y “a tus muros lla­marás Sal­vación, y a tus puer­tas Ala­ban­za” (vers 18). En Su ira Jehová cas­tigó la antigua ciu­dad, usan­do extran­jeros para der­rib­ar sus muros; aho­ra Él usará a los descen­di­entes de estos antigu­os ene­mi­gos para con­stru­ir los muros de la nue­va Sion.

      11 La idea de las pare­des edi­fi­cadas mien­tras dejan las puer­tas abier­tas parece paradóji­co. ¿Por qué tiene muros si las puer­tas deben estar siem­pre abier­tas: ¿no se cer­rarán de día ni de noche? Note que esta descrip­ción no apli­ca a las condi­ciones después del retorno de los judíos de Babilo­nia. Cuan­do Nehemías recon­struyó los muros de Jerusalén, se le dio un énfa­sis espe­cial a la reparación de las puer­tas (Neh 3). Más ade­lante él instruyó al pueblo, “No se abran las puer­tas de Jerusalén has­ta que caliente el sol; y aunque haya gente allí, cer­rad las puer­tas y atran­cad­las” (Neh 7:3), Pero de la ciu­dad espir­i­tu­al, Isaías dijo, “Abrid las puer­tas, y entrará la gente jus­ta, guardado­ra de ver­dades (26:2). Aho­ra deben man­ten­er­las abier­tas, para que a ti sean traí­das las riquezas de las naciones. Las ben­di­ciones de la Sion espir­i­tu­al de Jehová están abier­tas a todos en todo momen­to. Y con­duci­dos a ti sus reyes, no en cade­nas como pri­sioneros de guer­ra, sino como par­tic­i­pantes de la mar­cha tri­un­fal de Cristo (2 Cor 10:5). Ningu­na fuera está involu­cra­da, porque “Tu pueblo se te ofre­cerá vol­un­tari­a­mente en el día de tu poder” (Sal 110:3).

      12 Solo las naciones que vienen y edi­f­i­can en la ciu­dad de Jehová, sirvien­do al Dios de Sion y ofre­cién­dose a sí mis­mos vol­un­tari­a­mente, sobre­vivirán; todos los demás pere­cerán. En un capí­tu­lo con fuertes mat­ices mesiáni­cos, Miqueas dice en for­ma sim­i­lar que Jehová “y con ira y con furor haré ven­gan­za en las naciones que no obe­decieron” (Miq 5:15). Obvi­a­mente, el tiem­po que sigue al exilio no está a la vista.

      13 Los árboles deberán ser traí­dos a la ciu­dad no para propósi­tos de con­struc­ción, sino para dec­o­rar el lugar del san­tu­ario de Jehová (para los árboles especí­fi­cos ver los comen­tar­ios sobre 41:19). Y yo hon­raré el lugar de mis pies – el tem­p­lo es referi­do como “el estra­do de los pies de nue­stro Dios” (1 Crón 28:2), y el lugar de ado­ración como “el estra­do” (Sal 99:5; 132:7), porque en la ado­ración Lo miramos con respeto.

      14 Jerusalén-Sion, que por largo tiem­po había sido afligi­da y des­pre­ci­a­da, deberá ser aho­ra hon­ra­da por sus opre­sores. Ellos recono­cerán la relación de ella con Dios y se humil­larán. Y será lla­ma­da Ciu­dad de Jehová, Sion – lugar de habitación – del San­to de Israel.

La Glo­ria Hecha Por Medio De Su Exce­len­cia Eter­na (vers 15–18)

 

      15 Debido a que el pueblo de Dios había aban­don­a­do a Jehová. Él los aban­donó a sus pro­pios caminos (ver 50:1; 54:6). Al tomar esta acción. Él esta­ba sigu­ien­do un prin­ci­pio que había declar­a­do largo tiem­po atrás (ver 2 Crón 12:1,5; 15:2). Debido a la des­o­lación nadie habitó en Sion, y nadie pasa­ba por ella (ver 33:8–9). Esta condi­ción será cam­bi­a­da aho­ra; Jehová ele­vará a Sion a un lugar de esplen­dor majes­tu­oso, una glo­ria eter­na. La pal­abra eter­na indi­ca un tiem­po o peri­o­do largo; Sion per­du­rará por una era com­ple­ta, a lo largo de todos los sig­los. Como el gozo de todos los sig­los Sion man­ten­drá un orgul­lo jus­to y rec­to en su posi­ción. Es posi­ble que su glo­ria eter­na se extien­da más allá de la era mesiáni­ca den­tro de la glo­ria eter­na del esta­do celes­tial.

      16 Y mamarás la leche de las naciones – esta figu­ra poco común, que podría ser extraí­da de Deuteronomio 33:19, debe ser inter­pre­ta­da en for­ma fig­u­ra­da (ver 49:23). Al recono­cer a Sion por lo que ella es, los hijos de los antigu­os ene­mi­gos han sido atraí­dos a ella (vers 14). Mien­tras ella es sosteni­da y edi­fi­ca­da al traer las riquezas de las naciones y los pechos de sus reyes, ella sabrá que Jehová es su Sal­vador y Reden­tor. Él es el Fuerte de Jacob, capaz de red­imir, edi­ficar, y sosten­er la nue­va nación de Sion lo mis­mo que Él edi­ficó y cuidó por el Israel y la Sion de la antigüedad.

      17 La nat­u­raleza de los mate­ri­ales que va a Sion la hace pre­ciosa en val­or e inde­struc­tible. Esta pro­fecía no debe ser cier­ta­mente toma­da lit­eral­mente; en vez de esto, es un indi­cador que la casa de Dios pro­gre­sará de lo bueno a lo mejor: del bronce al oro, del hier­ro a la pla­ta, de la madera al bronce, y de las piedras al hier­ro. Todo debe ser mejor, más pre­cioso que antes. La pal­abra en vez (kreis­son) se men­ciona trece veces en el libro de Hebre­os, exponien­do la supe­ri­or­i­dad de la Nue­va Sion sobre la antigua. Será estable­ci­do un gob­ier­no equi­tati­vo; las fuerzas reinantes serán la paz y la jus­ti­cia. La paz del Mesías reinará (inter­me­di­ará) en el corazón (Col 3:15). Él romperá el yugo de la opre­sión (9:4); en su lugar Él estable­cerá el cetro de jus­ti­cia (Heb 1:8).

      18 En el reino mundi­al de paz gob­er­na­do des­de Sion, nun­ca más se oirá en tu tier­ra vio­len­cia. Aque­l­los que son lle­va­dos a Sion de entre las naciones habrán cam­bi­a­do sus espadas en rejas de ara­do y sus lan­zas en hoces; no se adies­trarán más para la guer­ra (2:2–4). Allí no habrá des­o­lación ni destruc­ción que pertenece solo a los que no cono­cen a Jehová y a las joyas de Sion. En con­traste, los que han pasad a través de las puer­tas de la Ala­ban­za y habita­do den­tro de los muros de Sal­vación con­tin­uarán alabán­do­lo por Su sal­vación y para prac­ticar la paz en vez de la vio­len­cia.

La Glo­ria Hecha Por Medio De La Luz Eter­na De Jehová (vers 19–22)

 

19–20 Esta pro­fecía empieza (vers 1) con una descrip­ción de la luz glo­riosa de la pres­en­cia de Jehová en Su reino futuro. Habi­en­do intro­duci­do esta descrip­ción tam­bién en las pro­fecías ante­ri­ores (24:23; 30:26), el pro­fe­ta retor­na aho­ra a ella. En la ciu­dad descri­ta aquí, el sol y la luna no apor­tan luz, porque Jehová te será por luz per­pet­ua, y el Dios tuyo por tu glo­ria. Dios es la luz y la glo­ria de la ciu­dad espir­i­tu­al. Con seguri­dad si el sol y la luna no pueden con­tribuir en nada al esplen­dor de esta ciu­dad, la luz de la sabiduría y de la filosofía humana solo añadiría con­fusión y tinieblas. ¡Con Jehová como la luz de Sion, ni su sol ni su luna en ningún momen­to dis­minuirán o reti­rarán su luz! Además, el día de luto en tinieblas y búsque­da espir­i­tu­al ante la ver­dadera luz habrán venido a un fin; de aho­ra en ade­lante todo será bril­lante.

      21 Una ciu­dad del carác­ter de Sion deman­da un tipo espe­cial de ciu­dadanos. Todos ellos serán jus­tos, ape­ga­dos al están­dar divi­no de Dios. Su con­duc­ta es total­mente gob­er­na­da por Su ley. (Para una descrip­ción de los res­i­dentes del Monte de Sion, ver Apoc 14:1–5.) La jus­ti­cia, no de los judíos según la carne (Gál 4:30), deben heredar la tier­ra de Sion para siem­pre (ver 57:13b); ellos nun­ca serán lle­va­dos fuera o lle­va­dos lejos. La viña ante­ri­or de Jehová había sido aban­don­a­da a la destruc­ción (5:1–7), pero los ciu­dadanos de Su nue­va ciu­dad son iden­ti­fi­ca­dos como la Raíz y el Vásta­go de Isaí, el pun­to de reunión de las naciones (11:1,10). Por medio del Sier­vo, Jehová logrará esta siem­bra, la obra de Sus manos, por la que Él sería glo­ri­fi­ca­do (ver 61:3).

      22 El número y la fuerza de los ciu­dadanos será mul­ti­pli­ca­da: El pequeño, el de apari­en­cia aparente­mente insignif­i­cante, el menos priv­i­le­gia­do, ven­drá a ser mil, el menor, el pobre, el débil, o el joven, lle­garán a ser un pueblo fuerte (ver Miq 4:7). El tiem­po en que esta pro­fecía será total­mente cumpl­i­da está en la mano del Señor; Él a su tiem­po hará que esto sea cumpli­do (ver Mar­cos 1:14–15; Hechos 1:7; Gál 4:4). Lo que ha sido prometi­do será cumpli­do, porque “el celo de Jehová de los ejérci­tos hará esto” (9:7).

Capí­tu­lo 60. Sion la Glo­riosa (1)

Hay una relación cer­cana entre el cuar­to Cán­ti­co del Sier­vo y el capí­tu­lo 54 – el tras­fon­do de tris­teza, de pesad­um­bre, y de sufrim­ien­to que car­ac­ter­izó 52:13–53:12 da camino al gozo, al can­to, y a la con­fi­an­za. En el cán­ti­co son rep­re­sen­ta­dos el sufrim­ien­to y la vic­to­ria del Sier­vo, mien­tras que en el pre­sente capí­tu­lo es pro­fe­ti­za­do el cumplim­ien­to de la reden­ción glo­riosa por Su sufrim­ien­to. Todos los inten­tos para inter­pre­tar este capí­tu­lo como una pro­fecía del retorno del exilio de Babilo­nia y la recon­struc­ción del Israel físi­co como una nación y de la Jerusalén físi­ca como una ciu­dad son extremada­mente débiles. En cam­bio, el asun­to aquí es el resul­ta­do glo­rioso de la obra de sac­ri­fi­cio del Sier­vo red­imien­do un pueblo espir­i­tu­al. El capí­tu­lo 54 rev­ela el cumplim­ien­to de Dios de Su plan final. Esta inter­pretación está en armonía con las pro­fecías del Antiguo Tes­ta­men­to, la obra de Cristo, y las enseñan­zas de los após­toles. La igle­sia como una parte del propósi­to eter­no de Dios no fue acci­den­tal o una ocur­ren­cia tardía; esta­ba en for­ma muy defin­i­ti­va en Su plan (Ef 3:9–11) y fue pro­fe­ti­za­do en Isaías.

      Aunque ni Sion ni Jerusalén son nom­bradas entre el capí­tu­lo 52, donde ambos tér­mi­nos sur­gen en cua­tro oca­siones, y en los capí­tu­los 59 y 62 respec­ti­va­mente, es evi­dente que la esposa sim­bóli­ca de Jehová en el capí­tu­lo 54 es Jerusalén-Sion. Caí­da y en des­gra­cia como una mujer embria­ga­da con nadie que la guíe (51:17–18), ella es restau­ra­da bajo el Sier­vo y ele­va­da a un esta­do de glo­ria sin igual.

El Gozo y Engrandec­imien­to de Sion (vers 1–8)

 

      1 Los ver­sícu­los 1–5 son un desar­rol­lo del capí­tu­lo 49:14–23. Sion estu­vo desier­ta durante el tiem­po de su cau­tivi­dad, que fue un peri­o­do de sep­a­ración, no de divor­cio (50:1), de Jehová su esposo. Pero aho­ra este des­o­la­do peri­o­do de dev­astación y de ester­il­i­dad, el resul­ta­do del juicio, se ter­minó. Sion está por estal­lar en un cán­ti­co de gozo, porque ella que nun­ca estu­vo de par­to (una pal­abra difer­ente de la usa­da en 53:11) está aho­ra para dar a luz pro­fusa­mente. De la ale­goría de Pablo en que involu­cra a Sara y Agar, dónde él cita este ver­sícu­lo (Gál 4:21–31), con­cluimos que el pro­fe­ta está hablan­do de los hijos que descien­den de la prome­sa espir­i­tu­al (Gén 12:3) en vez de los de la prome­sa car­nal (Gén 12:2). Esta prome­sa de una pos­teri­dad espir­i­tu­al  por medio de la simiente de Abra­ham (Gén 22:18) fue encer­ra­da en esta­do de letar­go has­ta la veni­da de la Simiente. Esa Simiente que esta­ba por venir (cap 53), y Sion, que ha pasa­do a través de una ter­ri­ble cri­sis, apren­di­en­do la trage­dia del peca­do, que aho­ra será toma­do de regre­so por su esposo para dar a luz hijos espir­i­tu­al para Él. La descen­den­cia espir­i­tu­al dis­tará más grande en número que la famil­ia car­nal.

      2 Con el enorme incre­men­to en la famil­ia, Sion nece­si­tará habita­ciones más grandes (ver 26:15; 33:20; 49:19–20). Su tien­da será aumen­ta­da para cubrir el área “de mar a mar, y des­de el río has­ta los fines de la tier­ra” (Zac 9:10). Así se dice de ella que las corti­nas sean exten­di­das, los pan­e­les de tela que for­man la tien­da, de tus habita­ciones (de la pal­abra hebrea para “tabernácu­lo,” esta es la habitación donde los hijos habitarán). Aunque la mora­da de Dios entre Su pueblo será per­ma­nente (33:20), es posi­ble que la figu­ra de una tien­da es usa­da debido a la condi­ción nóma­da del Israel espir­i­tu­al. Ellos son “extran­jeros y pere­gri­nos” en el mun­do (1 Ped 2:11–12), y como los após­toles, ellos no tienen “mora­da fija” aquí (1 Cor 4:11). Sion no es escasa, no hay nada que la límite, y para alargar las cuer­das que sopor­tan o sostienen la tien­da en el lugar y para for­t­ale­cer las esta­cas que han con­duci­do a la tier­ra a sosten­er las cuer­das. La descrip­ción es la de una tien­da de tamaño sufi­ciente para aco­modar a la famil­ia numerosa y sufi­cien­te­mente fuerte para resi­s­tir cualquier tor­men­ta.

      3 Sion se exten­derá a la mano derecha y a la mano izquier­da, es decir, en todas direc­ciones: Tu descen­den­cia, los red­imi­dos por el Sier­vo (53:10) heredará naciones, esto es, con­quis­tará los gen­tiles, trayén­do­los a la sum­isión del Señor (ver 49:6), no por el tri­un­fo mil­i­tar sino por medio de la con­quista espir­i­tu­al. En esta for­ma las ciu­dades dev­as­tadas espir­i­tual­mente serán habitadas por ciu­dadanos ren­o­va­dos espir­i­tual­mente, una nación san­ta (1 Ped 2:9).

      4 Sion no debe estar con el temor o el ter­ror de ningu­na fuerza exter­na, porque no hay nadie que pue­da der­ro­tar­la en su nue­va relación con Dios. Ni será afrenta­da, no caerá en la des­gra­cia y en la humil­lación debido a la ver­dad sin fun­da­men­to o a la vida per­ver­sa. Ella no será aver­gon­za­da por la vergüen­za de la idol­a­tría o por la der­ro­ta a mano de sus ene­mi­gos. La vergüen­za de su juven­tud que ella olvi­dará no es, como lo pien­san algunos comen­taris­tas, la esclav­i­tud en Egip­to o las muchas oca­siones en que ella ha sido asalta­da e inva­di­da por sus ene­mi­gos. Más bien, es la vergüen­za de su idol­a­tría que había ini­ci­a­do en Egip­to, el peri­o­do de su juven­tud (Eze 20:6–8; 23:2–4,19). La idol­a­tría que empezó en su juven­tud even­tual­mente tra­jo a Jerusalén-Sion a la deshon­ra de la viudez en la cau­tivi­dad de Babilo­nia (49:21), que de igual modo sería olvi­da­da (ver 65:16).

      5 La viudez de Sion es solo una aber­ración tem­po­ral, porque Jehová es aun su esposo. Él no es solo su esposo, sino tam­bién su Hace­dor. Él había hecho al pueblo una nación y a Jerusalén la ciu­dad san­ta de Su pres­en­cia. Jehová de los ejérci­tos es su nom­bre; Él es el Señor eter­na­mente exis­tente al cual los ejérci­tos de los cie­los y de la tier­ra están suje­tos. Otros tres títu­los refle­jan Su grandeza; (1) Él es el San­to de Israel, la rev­elación y el están­dar de la san­ti­dad abso­lu­ta; como tal Él fue forza­do a pon­er a Jerusalén fuera. (2) Él es el Reden­tor de Israel; como el Hace­dor de Israel, Él puedo tan­to pon­er­la fuera como red­imir­la de nue­vo hacia Él mis­mo, pero para ser red­im­i­da ella debe aban­donar sus caminos per­ver­sos. Y (3) Él es, y siem­pre lo ha sido, el Dios de toda la tier­ra; aho­ra Él será recono­ci­do como tal por todos los habi­tantes del mun­do (ver Rom 3:29).

      6 La relación que ha sido tem­po­ral­mente inter­rump­i­da por una sep­a­ración será ren­o­va­da por Jehová, que había emplaza­do a Israel a ser Su esposa. Jehová había par­tido de ella (Eze 11:23), deján­dola con su pro­fun­da aflic­ción de espíritu. Ella fue aban­don­a­da por un esposo que no podría habitar por más tiem­po con ella. Jehová la ama­ba, pero abor­recía sus caminos impíos. Una esposa de la juven­tud es una esposa toma­da en su juven­tud, no nece­sari­a­mente alguien que es aun joven.

      7–8 Las ideas de estos dos ver­sícu­los cor­ren para­le­las. Dios aban­donó a Sion por un breve momen­to. Su exilio o viudez en Babilo­nia no fue sino un breve tiem­po (cin­cuen­ta años) en com­para­ción con la his­to­ria total de la relación de Jehová con el pueblo (ver 26:20). Sin embar­go con un poco de irre­al Él había escon­di­do Su ros­tro por un momen­to, con gran mis­eri­cor­dia y con mis­eri­cor­dia eter­na Él la recogerá hacia Él, porque la ter­nu­ra de Dios man­i­fes­ta­da en Su amor es eter­na – “Porque un momen­to será su ira,/Pero Su favor dura toda la vida./Por la noche durará el lloro,/Y a la mañana ven­drá la ale­gría” (Sal 30:5). Este es un prin­ci­pio eter­no con Dios.

Como las Aguas de Noé” (vers 9–10)

 

      9 En Su ira san­ta con­tra la mal­dad exce­si­va de los hom­bres antigu­os, Jehová había destru­i­do la tier­ra con un dilu­vio; pero después de limpiar la tier­ra por medio de grandes aguas, Él hizo un pacto (el equiv­a­lente de un jura­men­to) con Noé que nun­ca destru­iría a la tier­ra de esta man­era (Gén 9:11). Y aho­ra una vez más, con la ira des­bor­da­da con­tra los peca­dos de Su pueblo Él los ha limpia­do de impurezas, y ha restau­ra­do a un rema­nente como Su esposa. A estos sobre­vivientes Él jura que nun­ca se eno­jará ni los rec­haz­ará de nue­vo como lo hizo con el Israel car­nal o el Jerusalén físi­co. Esta prome­sa no se hace al Israel nacional o al Jerusalén físi­co, porque ambos exper­i­men­ta­ron el desa­hogo de Su indi­gnación des­de poco después del exilio has­ta la destruc­ción por los romanos. Más bien, la prome­sa es hecha al Israel espir­i­tu­al. No sig­nifi­ca que ella no será sev­era­mente proba­da. Sig­nifi­ca que aunque podría ser persegui­da sin mis­eri­cor­dia por sus ene­mi­gos y forza­da a pasar a través del dilu­vio y del fuego de la tribu­lación, la ver­dadera Sion y Jerusalén espir­i­tu­al (la igle­sia) nun­ca será el obje­to de la ira y del juicio de destruc­ción de Dios (ver Hageo 2:6–7; Zac 14:1–5; Heb 12:22–28). [1] Jehová ha guarda­do sus man­damien­tos de que Él no destru­irá la tier­ra con otro dilu­vio ni der­ra­mará Su ira con­tra el Jerusalén espir­i­tu­al. La tier­ra no ha sido de nue­vo destru­i­da por agua, y el ver­dadero pueblo de Dios ha per­du­ra­do a través de los sig­los. Allí siem­pre ha habido unos pocos fieles.

      10 No solo la ira de Jehová no será demostra­da nun­ca de nue­vo con­tra Su pueblo espir­i­tu­al, sino que tam­bién Su mis­eri­cor­dia y Su Pacto de paz nun­ca se apartará de ellos. Los montes y los col­la­dos, que los hom­bres con­sid­er­an ras­gos de la tier­ra fijos per­ma­nen­te­mente, podrían ser quita­dos de la vista, y el mun­do con­ver­tido en un llano; pero la mis­eri­cor­dia y el pacto de paz de Jehová, un pacto que trae paz al hom­bre (ver Jer 31:31; Eze 37:26; Heb 13:20–21), per­manecerá para siem­pre (ver Mt 24:35). Y así, en medio de un mun­do cam­biante, colap­sa­do, y pasajero donde las nuevas teorías están siem­pre sien­do susti­tu­idas por val­ores exper­i­men­tales y ver­daderos, hay algu­nas cosas que son per­ma­nentes, inamovi­bles, e incon­movi­bles. El ser y el carác­ter de Dios son per­ma­nentes; la dei­dad, la vic­to­ria, y el gob­ier­no de Cristo son per­ma­nentes, se ha recibido un reino que no puede ser sacu­d­i­do (Heb 12:28); per­manece un fun­da­men­to firme, que tiene el sel­lo de Dios (2 Tim 2:19); la con­sti­tu­ción de ese reino, del pacto de paz sel­l­a­do por la san­gre de Cristo (Mt 26:28), no pasará (Mt 24:35).

La Glo­ria y la Per­ma­nen­cia de Jerusalén en la Era Mesiáni­ca (vers 11–17)

 

      11–12 Jehová se dirige a la ciu­dad en su condi­ción pre­sente, pobrecita, fati­ga­da con tem­pes­tad, sin con­sue­lo – el resul­ta­do de haber bebido la copa de Su mano (51:17–21). Ella está afligi­da, sufrien­do el dolor de la des­ti­tu­ción, toman­do y fati­ga­da como tamo ante un vien­to u ondas de una tor­men­ta, sin nadie que le de aliv­io o la con­suele como una madre lo haría con Sus hijos. Pero en la mis­eri­cor­dia de Jehová, quien solo Él tiene la capaci­dad, cam­biará todo esto. El Señor con­tinúa hablan­do de la ciu­dad como una desposa­da. En tér­mi­nos esplén­di­dos Él describe la belleza de la nue­va comu­nidad del pueblo red­imi­do: He aquí que yo cimen­ta­ré tus piedras sobre car­bun­clo. El car­bun­clo (“anti­mo­nio,” al mar­gen) podría ser una propiedad de las mis­mas piedras, o de una sus­tan­cia que las embarniza o las agluti­na (aquí y en 1 Crón 29:2); la pal­abra se refiere tam­bién a pin­turas para los ojos usadas por las mujeres ori­en­tales para realzar su belleza (2 Reyes 9:30; Jer 4:30). La idea parece estar incrus­ta­da en un tras­fon­do que enfa­ti­za su belleza, como los ojos pin­ta­dos realzan la belleza de la mujer. Los fun­da­men­tos serán puestos con zafiros azules – la ciu­dad será tan­to bel­la como per­ma­nente. Un pun­to enfáti­co es que la restau­ración de la ciu­dad y su belleza son obra de Jehová, no son obra del hom­bre. Las ven­tanas de Sion son en real­i­dad la for­ma plur­al del ter­mi­no hebreo que sig­nifi­ca “sol.”[2] Las numerosas tra­duc­ciones que han sido sug­eri­das indi­can la difi­cul­tad en la deter­mi­nación del sig­nifi­ca­do aquí: “ven­tanas” (al mar­gen y en la King James), “minarete” (Delitzsch), “alme­na­je” (Young), “la fran­ja supe­ri­or de una mural­la” (Leupold). Sin impor­tar el obje­to que esté a la vista, bril­la con el bril­lo de una piedra pre­ciosa. Cada piedra será hecha de car­bun­clo, prob­a­ble­mente una piedra que irra­dia un ful­gor bril­lante. Este ter­mi­no, como zafiros en la frase ante­ri­or, no puede ser iden­ti­fi­ca­da con certeza. Alexan­der obser­va que no es impor­tante ser capaz de iden­ti­ficar las piedras pre­ciosas en par­tic­u­lar; el pun­to a destacar es su bril­lantez deslum­brante (II. 316). Es del mis­mo modo incier­to si el tér­mi­no mural­la con­siste de piedras o joyas pre­ciosas que refle­jan la glo­ria de Su Hace­dor. La descrip­ción rep­re­sen­ta “las riquezas de la glo­ria de su heren­cia en los san­tos” (Ef 1:18), la igle­sia.

      13 Mien­tras que los ver­sícu­los 11 y 12 expo­nen la glo­ria de la igle­sia como es vista des­de afuera, este ver­sícu­lo describe la belleza inte­ri­or. Y todos tus hijos serán enseña­dos por Jehová; el conocimien­to de Dios y por Dios es una condi­ción pre­via en la nue­va Sion – “Porque todos me cono­cerán , des­de el más pequeño de ellos has­ta el más grande” (Jer 31:34). Este conocimien­to pertenece solo a los que son “enseña­dos por Dios” (ver Juan 6:44–45; 1 Tes 4:9). La fuente de su enseñan­za no es la sabiduría humana o las filosofías y las tradi­ciones de los hom­bres, sino la pal­abra de Dios. Sobre el fun­da­men­to de este conocimien­to y el perdón de los peca­dos (ver 53:11), la ciu­dad espir­i­tu­al, la igle­sia, será con­stru­i­da Y se mul­ti­pli­cará la paz de tus hijos (ver Juan 14:27; Fil 4:7; Col 3:15); en con­traste a su desas­tre y des­o­lación ante­ri­or y al esta­do de mal­dad, para lo que no hay paz (48:22), los hijos de la Sion espir­i­tu­al gozarán de un esta­do de bien­es­tar total.

      14 La jus­ti­cia es el fun­da­men­to del trono de Jehová (Sal 89:14; 97:2); y Su jus­ti­cia y sal­vación serán “para siem­pre” para todas las gen­era­ciones, nun­ca desa­pare­cerá (51:6–8). Sabe­mos que la ciu­dad que Él ha for­ma­do es en for­ma sim­i­lar fija y per­ma­nente, porque Él le dice, Con jus­ti­cia serás ador­na­da. Aun cuan­do la pal­abra tra­duci­da ador­na­da sig­nifi­ca bási­ca­mente (traer algo a la exis­ten­cia con la con­se­cuen­cia que su exis­ten­cia es una certeza,”[3] en esta instan­cia prob­a­ble­mente sig­nifi­ca “fija” o “per­ma­nente,” ya no “fati­ga­da con tem­pes­tad” (vers 11), tan inde­struc­tible e incon­movi­ble como el fun­da­men­to del trono de Dios. La jus­ti­cia de Jehová es la base de la jus­ti­cia y la sal­vación de los ciu­dadanos del Sion espir­i­tu­al, porque Él dice, “Su salvación…de mi ven­drá” (vers 17), y el están­dar de vida que ellos seguirán está estable­ci­do en Su pal­abra (vers 13). La ciu­dad cumplirá en con­se­cuen­cia el ide­al bus­ca­do por Jehová, “Ciu­dad de jus­ti­cia, Ciu­dad fiel” (1:26). Puesto que tal para­lelis­mo es un arti­fi­cio pop­u­lar de Isaías, con­sid­er­amos que la sigu­iente cláusu­la no es imper­a­ti­va (“Estarás lejos de la opre­sión,” al mar­gen), sino como una prome­sa: Estarás lejos de la opre­sión, porque no temerás, y de temor, porque no se acer­cará a ti. El Señor no está instruyen­do a Su pueblo a con­tenerse de la opre­sión de otros, sino que Él está prome­tien­do que por vir­tud de la jus­ti­cia de ellos en Él, ellos nece­si­tan no temer la opre­sión que pudiera ame­nazar­los. Lo dicho por Alexan­der en otras pal­abras comu­ni­ca la idea: “Una vez que la jus­ti­cia es estable­ci­da por el ejer­ci­cio sobre mi parte y la suya, ust­ed podría pon­er lejos el ter­ror de la opre­sión, porque a ust­ed no le causaría temor, y de destruc­ción, porque no podría venir la noche sobre ust­ed” (II. 318–19).

      15 Si alguno, los que pudier­an venir con­tra el pueblo y la ciu­dad de Dios para oprim­ir­los y destru­ir­los, con­spir­are con­tra ti (note que existe la posi­bil­i­dad de una con­spir­ación), lo hará sin mí. En el pasa­do Jehová había traí­do naciones hos­tiles con­tra Su pueblo en juicio (10:5–11; 47:6; Hab 1:5–11), pero no lo hará así de nue­vo. Si ellos vinier­an con­tra la nue­va ciu­dad, lo harían sin Su vol­un­tad o san­ción, y ellos serían entonces con­de­na­dos para caer delante de ti, esto es, debido a que los ciu­dadanos de Sion “cono­cen jus­ti­cia” y la ley de Dios está en sus cora­zones (51:7–8). Cuan­do prevale­cen la jus­ti­cia y la ley de Dios entre los hom­bres, no puede haber der­ro­ta allí (vers 16–17); esta es la vic­to­ria del pueblo red­imi­do bajo el Sier­vo.

      16 Todos los ene­mi­gos fal­larán y caerán cuan­do ven­gan con­tra los jus­tos, porque Jehová es su Pro­tec­tor. Dios creó al her­rero, cuyo tra­ba­jo es pro­ducir armas. Así como Él con­tro­la al her­rero, así en Su prov­i­den­cia la fab­ri­cación de las armas y su uso (ver 13:5; 42:13). Él creó tam­bién al destru­idor, cuya obra es destru­ir. Puesto que Dios es el Creador del destru­idor, Él tam­bién puede con­tro­lar­lo.

      17 Con el her­rero, las armas, y los destru­idores bajo el poder de Dios y suje­tos a Su vol­un­tad, ningún arma que sea for­ma­da con­tra Su ciu­dad puede der­ro­tar­la o destru­ir­la. Además de esto, toda lengua que la acuse será con­de­na­da por la ver­dad que habi­ta en Su pueblo. Esta seguri­dad de la pro­tec­ción y vic­to­ria div­ina sobre sus ene­mi­gos es una pos­esión per­ma­nente del Sier­vo de Dios. Estos sier­vos son par­tic­i­pantes de la sal­vación com­pra­da por el Sier­vo, y acep­tan su respon­s­abil­i­dad de ser­vi­cio como Él lo hizo. La jus­ti­cia por la que ellos tri­un­fan y por la que ellos reciben jus­ti­cia es de Jehová. La garan­tía de su vic­to­ria es la pal­abra de Dios – dijo Jehová. Que todos los poderes que hayan bus­ca­do destru­ir la ciu­dad y el pueblo espir­i­tu­al de Dios hayan fal­la­do y caí­do (entre ellos están los judíos y Roma) ase­gu­ran la vic­to­ria a lo largo de todo el tiem­po. En for­ma clara la pro­fecía apun­ta a la igle­sia y a el Jerusalén espir­i­tu­al del Nue­vo Tes­ta­men­to.

Capí­tu­lo 54. El Futuro Esplen­dor de Sion

[1]  Ver el comen­tario sobre Zacarías 14:1–5 en Un Comen­tario sobre los Pro­fe­tas Menores, de Homer Hai­ley (Grand Rapids: Bak­er 1972), págs 394–96.

[2]  The­o­log­i­cal Word­book of the Old Tes­ta­ment, vol. 2, pág. 940.

[3]  The­o­log­i­cal Word­book of the Old Tes­ta­ment, vol. 1, pág. 433.