Lección 2: Imagen, misión y pacto: teología del diseño creacional
teología del diseño creacional
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Introducción
En la lección anterior, establecimos el fundamento narrativo del matrimonio según Génesis 1 y 2. Ahora, debemos construir sobre ese fundamento la estructura teológica que le da su significado, permanencia y santidad. El matrimonio, según las Escrituras, no es un mero contrato social ni una invención humana sujeta a redefinición cultural; es una institución divina, diseñada por Dios con un propósito trascendente. La crisis contemporánea del matrimonio es, en su raíz, una crisis teológica. Hemos olvidado qué es el matrimonio en la mente de Dios, y por eso no logramos entender por qué debe ser permanente.
La cultura moderna, e incluso una porción significativa del mundo religioso, ha reducido el matrimonio a un acuerdo pragmático para la realización personal. Cuando la felicidad disminuye o los sentimientos cambian, el acuerdo se considera nulo. Pero esta visión es completamente ajena al testimonio bíblico. Las Escrituras presentan el matrimonio no como un contrato, sino como un pacto; no como una meta para la auto-satisfacción, sino como un llamado a reflejar la gloria de Dios. Es una unión que “refleja las intrincadas relaciones dentro del Dios Trino y entre Cristo y la iglesia”.
En esta lección, profundizaremos en los tres pilares teológicos del diseño creacional del matrimonio, demostrando que la indisolubilidad no es una regla arbitraria, sino una consecuencia necesaria de su propósito divino:
- La Imagen (Imago Dei): Exploraremos cómo la unión del hombre y la mujer en matrimonio es una manifestación única de la imagen de Dios. La unidad en la diversidad de la pareja refleja la unidad en la diversidad de la Deidad misma.
- La Misión (El Mandato Creacional): Analizaremos el propósito vocacional del matrimonio. Dios no creó a la pareja para el ocio, sino para una misión conjunta: ejercer dominio sobre la creación y llenarla con portadores de Su imagen. El matrimonio es una mayordomía compartida.
- El Pacto (El Vínculo del Pacto): Haremos una exégesis de la naturaleza del matrimonio como un pacto divinamente instituido, usando el poderoso análisis de Pablo en Efesios 5. Argumentaremos que el matrimonio terrenal siempre fue un “misterio” que apuntaba a la unión inquebrantable entre Cristo y Su Iglesia.
Comprender esta teología es el único antídoto contra la plaga del divorcio fácil. Si el matrimonio desfigura la imagen de Dios, traiciona Su misión y profana el símbolo de Su evangelio, entonces su disolución no es un asunto trivial de preferencia personal, sino un acto de profunda gravedad espiritual. Jesús, al responder a los fariseos, no se enredó en debates casuísticos, sino que los redirigió al principio, al “diseño divinamente ordenado de un hombre y una mujer basado en la creación”. Eso es lo que haremos nosotros ahora.
Texto Principal
Génesis 1:26–28 (NBLA)
26 Y dijo Dios: «Hagamos al hombre a Nuestra imagen, conforme a Nuestra semejanza; y ejerza dominio sobre los peces del mar, sobre las aves del cielo, sobre los ganados, sobre toda la tierra, y sobre todo reptil que se arrastra sobre la tierra». 27 Creó, pues, Dios al hombre a imagen Suya, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó. 28 Y los bendijo Dios y les dijo: «Sean fecundos y multiplíquense. Llenen la tierra y sométanla. Ejerzan dominio sobre los peces del mar, sobre las aves del cielo y sobre todo ser viviente que se mueve sobre la tierra».
Génesis 2:23–24 (NBLA)
23 Y el hombre dijo: «Esta es ahora hueso de mis huesos, Y carne de mi carne; Ella será llamada “mujer”, Porque del hombre fue tomada». 24 Por tanto el hombre dejará a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y serán una sola carne.
Efesios 5:25–33 (NBLA)
25 Maridos, amen a sus mujeres, así como Cristo amó a la iglesia y se dio Él mismo por ella, 26 para santificarla, habiéndola purificado por el lavamiento del agua con la palabra, 27 a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia en toda su gloria, sin que tenga mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuera santa e inmaculada. 28 Así también los maridos deben amar a sus mujeres como a sus propios cuerpos. El que ama a su mujer, a sí mismo se ama. 29 Porque nadie aborreció jamás su propio cuerpo, sino que lo sustenta y lo cuida, así como también Cristo a la iglesia; 30 porque somos miembros de Su cuerpo. 31 POR ESTA RAZÓN EL HOMBRE DEJARÁ A SU PADRE Y A SU MADRE Y SE UNIRÁ A SU MUJER, Y LOS DOS SERÁN UNA SOLA CARNE. 32 Grande es este misterio, pero hablo con referencia a Cristo y a la iglesia. 33 En todo caso, cada uno de ustedes ame también a su mujer como a sí mismo, y la mujer respete a su marido.
Exégesis y Desarrollo
1. El Matrimonio como Reflejo de la Imago Dei (La Imagen)
La teología del matrimonio no comienza en Génesis 2 con la formación de Eva, sino en Génesis 1 con la declaración del propósito de Dios para la humanidad. El versículo 26 es una ventana a la deliberación divina: “Hagamos al hombre a Nuestra imagen, conforme a Nuestra semejanza”. El uso del plural (“Hagamos”, “Nuestra”) es significativo; es una revelación incipiente de la pluralidad dentro de la unidad de la Deidad, que el Nuevo Testamento identifica como la Trinidad.
El clímax de este acto creador no es un ser andrógino o solitario, sino una humanidad dual: “varón y hembra los creó” (Génesis 1:27). La imago Dei no reside exclusivamente en el hombre ni exclusivamente en la mujer, sino que se manifiesta plenamente en su unidad complementaria. Juntos, como hombre y mujer, reflejan al Dios que es Él mismo una comunión de personas. El matrimonio, por lo tanto, se convierte en el principal teatro terrenal donde esta imagen relacional de Dios se exhibe. Es una relación que, por diseño divino, contiene:
- Comunión en la Diversidad: Dos personas distintas se convierten en “una sola carne” (Génesis 2:24), reflejando la unidad dentro de la diversidad del propio ser de Dios.
- Mutualidad y Relación: El Dios que existe eternamente en comunión crea seres cuya naturaleza fundamental es relacional. El estado solitario de Adán era “no bueno” (Génesis 2:18) porque un portador de la imagen de un Dios relacional no puede florecer en aislamiento.
- Fecundidad y Creatividad: La bendición de “sean fecundos y multiplíquense” es una participación en el carácter creativo de Dios. A través de la unión matrimonial, la humanidad extiende la presencia de portadores de la imagen de Dios por toda la tierra.
El divorcio ataca esta imagen en su núcleo. Presenta al mundo una imagen fracturada de un Dios que es perfectamente uno y está en perfecta comunión. Declara, en contra del veredicto divino, que la separación es “buena” y que la comunión es prescindible. Desfigura el testimonio de que fuimos creados por y para la relación, tanto con Dios como unos con otros.
2. El Matrimonio como Vehículo para la Missio Dei (La Misión)
Inmediatamente después de crear a la humanidad a Su imagen, Dios les asigna una tarea, el mandato creacional: “Sean fecundos y multiplíquense. Llenen la tierra y sométanla. Ejerzan dominio…” (Génesis 1:28). Este no es un conjunto de sugerencias, sino una comisión divina. El matrimonio no fue instituido como un fin en sí mismo, sino como la estructura fundamental a través de la cual la humanidad cumpliría su misión como vice-regentes de Dios.
- “Llenen la tierra”: Es la misión de poblar la creación con adoradores, con reflejos de la gloria de Dios. La familia se convierte así en la primera escuela de discipulado, donde una generación transmite a la siguiente el conocimiento de Dios.
- “Sométanla y ejerzan dominio”: Es la misión de la mayordomía. Adán fue puesto en el huerto “para que lo cultivara y lo guardara” (Génesis 2:15). La pareja matrimonial es la unidad de gobierno fundamental en el plan de Dios, encargada de extender el orden, la belleza y la sabiduría del Edén al resto de la creación.
Es en este contexto de misión que debemos entender la creación de Eva. Adán era incapaz de cumplir el mandato solo; la tarea era demasiado grande. Dios declara: “le haré una ayuda adecuada para él” (Génesis 2:18). La frase hebrea, עֵזֶר כְּנֶגְדּוֹ (ezer kenegdo), es teológicamente densa. La palabra עֵזֶר (ezer, “ayuda”) nunca denota inferioridad. Frecuentemente se usa para Dios mismo como el “ayudador” de Israel (Salmo 121:1-2). Es un término de fuerza y apoyo vital. La frase כְּנֶגְדּוֹ (kenegdo) significa “correspondiente a él” o “frente a él”. Ella es su contraparte perfecta, igual en esencia y valor, pero distinta en su rol para cumplir la misión. Ella no es una mera asistente, sino una aliada estratégica indispensable.
El matrimonio, entonces, no es un retiro de la vida, sino el cuartel general para la misión de la vida. Es una sociedad comisionada. El divorcio, por lo tanto, es una deserción. Es abandonar el puesto y traicionar la misión que Dios encomendó a la humanidad desde el principio.
3. El Matrimonio como Berith y Mystērion (El Pacto y el Misterio)
La capa más profunda de la teología del matrimonio se revela cuando comprendemos su naturaleza como un pacto que apunta a la realidad suprema del evangelio.
El Pacto de “Una Sola Carne” en Génesis 2:24
Es fundamental hacer una distinción que muchos pasan por alto: la diferencia entre la unión de Adán y Eva y todas las uniones subsecuentes. Adán y Eva eran, literalmente, “una sola carne”. Eva fue formada del costado de Adán; compartían la misma sustancia física. Su unión era una realidad ontológica, no formada por un pacto.
Sin embargo, Génesis 2:24 describe un proceso diferente para todos los demás: “Por tanto el hombre dejará a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y serán una sola carne”. Este no es un hombre creado milagrosamente, sino uno “nacido naturalmente”. Su unión no es ontológica, sino pactual. Ellos “se convierten” en una sola carne a través de un acto volitivo y un compromiso de pacto. Esta “unión metafórica de una sola carne” significa que se convierten en una nueva unidad familiar. Como afirma la investigación: “Es esta unión matrimonial de Génesis 2:24 la que se entiende en la Biblia hebrea como la base de la relación volitiva, condicional y pactual de Yahvé e Israel”.
Este es el fundamento que Jesús invoca en Mateo 19. Cuando los fariseos preguntan sobre el divorcio, Jesús no responde con casuística, sino que “contrarresta con el relato bíblico de la Creación sobre la unión del hombre y la mujer, finalizando con la intención original de Dios del matrimonio como un pacto para toda la vida”. Malaquías 2:14 es explícito al respecto, llamando a la esposa “la mujer de tu pacto (בְּרִית, berith)”. La unión matrimonial es un pacto, un acuerdo solemne y vinculante, garantizado no solo por las partes, sino por Dios mismo como testigo. Un contrato se enfoca en proteger los propios intereses; un pacto busca el bien del otro, incluso a costa propia. El divorcio, entonces, no es la terminación de un contrato, sino la violación de un pacto sagrado.
El Misterio de Cristo y la Iglesia en Efesios 5
El apóstol Pablo eleva esta teología del pacto a su máxima expresión. Después de citar Génesis 2:24 en Efesios 5:31, declara: “Grande es este misterio (μυστήριον, mystērion), pero hablo con referencia a Cristo y a la iglesia” (v. 32). Pablo revela que el matrimonio, desde el principio, fue diseñado por Dios para ser una parábola viviente del evangelio. La unión pactual de esposo y esposa es una imagen terrenal de la unión pactual y eterna entre Cristo (el Esposo) y la Iglesia (Su esposa).
- El Amor Sacrificial del Esposo (Cristo): El marido debe amar a su esposa como Cristo amó a la iglesia y “se dio a sí mismo por ella” (v. 25). Es un amor que santifica, purifica y glorifica.
- La Unión Indisoluble del Cuerpo: La “una sola carne” del matrimonio es la analogía de nuestra unión con Cristo, porque “somos miembros de Su cuerpo” (v. 30).
- La Fidelidad del Pacto: Si el matrimonio humano es la imagen del pacto inquebrantable entre Cristo y la Iglesia, ¿cómo podría ser disuelto por conveniencia? La fidelidad de Dios a Su pacto es el modelo para la fidelidad conyugal. Cristo nunca se “divorciará” de Su Iglesia, por la cual derramó Su sangre.
El divorcio, visto a través de este lente, es una profanación de la metáfora más sagrada del evangelio. Presenta una imagen distorsionada del amor de Cristo, sugiriendo que es condicional, temporal y revocable. Por eso, al defender la permanencia del matrimonio, no defendemos una mera tradición, sino la integridad del testimonio del evangelio.
Tabla Léxica
| Palabra | Idioma | Transliteración | Strong’s | Significado | Uso en el Texto | Referencias |
|---|---|---|---|---|---|---|
| εἰκών | Griego | eikṓn | G1504 | Imagen, semejanza, representación visible. | Gn 1:26 (LXX), Col 1:15 | BDAG, TDNT |
| עֵזֶר כְּנֶגְדּוֹ | Hebreo | ‘ēzer kǝnegdô | H5828/H5048 | Ayuda correspondiente a él, contraparte adecuada. | Gn 2:18, 20 | HALOT, BDB |
| בָּשָׂר אֶחָד | Hebreo | bāśār ‘eḥād | H1320/H259 | Carne una, una sola entidad familiar/de parentesco. | Gn 2:24 | BDB, TDOT |
| διαθήκη | Griego | diathḗkē | G1242 | Pacto, testamento, acuerdo solemne y vinculante. | Mal 2:14 (LXX), Gá 3:15 | TDNT, BDAG |
| συζεύγνυμι | Griego | syzeúgnymi | G4801 | Unir, uncir juntos, juntar en una yunta o pareja. | Mt 19:6, Mr 10:9 | BDAG |
| μυστήριον | Griego | mystḗrion | G3466 | Misterio, secreto divino ahora revelado. | Ef 5:32 | BDAG, TDNT |
Objeciones Modernas Refutadas
- Objeción: “El matrimonio es un contrato social para la felicidad mutua. Si deja de cumplir su función, puede y debe ser disuelto”.
- Refutación: Esta perspectiva confunde el pacto divino con un contrato secular. Un contrato es una transacción de intereses; un pacto es un juramento de fidelidad. El matrimonio bíblico es un pacto (berith, diathēkē) modelado según la fidelidad inquebrantable de Dios a Su propio pacto con Su pueblo. Su propósito no es la felicidad individual, sino la gloria de Dios a través de un testimonio de fidelidad pactual que refleja el evangelio. La felicidad es un posible fruto de la fidelidad al pacto, no su fundamento.
- Objeción: “Los roles de ‘cabeza’ y ‘ayuda’ son constructos patricales obsoletos. La verdadera imago Dei se encuentra en la igualdad absoluta y la intercambiabilidad de roles”.
- Refutación: Este argumento confunde la igualdad de esencia/valor con la identidad de función. La Trinidad es el modelo supremo: el Padre, el Hijo y el Espíritu son co-iguales en deidad, pero tienen roles distintos en la obra de la redención. El Hijo se somete al Padre sin ser inferior. De manera similar, Efesios 5 basa los roles complementarios no en la cultura, sino en el orden de la creación (Génesis 2) y la redención (Cristo y la Iglesia). Negar la complementariedad de roles no es liberar la imago Dei, sino empobrecerla, eliminando el reflejo de la unidad en la diversidad y la sumisión gozosa que caracteriza la relación de Cristo con Su Iglesia.
- Objeción: “La enseñanza católica de que el matrimonio es un ‘sacramento indisoluble’ es la visión histórica. Su visión de pacto es una innovación protestante”.
- Refutación: La visión católica eleva el matrimonio a un “sacramento” que confiere gracia y es administrado por la Iglesia, haciéndolo indisoluble por cualquier poder humano. Sin embargo, esta es una evolución teológica posterior. La enseñanza bíblica, anterior a cualquier distinción católica/protestante, fundamenta la permanencia del matrimonio no en una definición sacramental, sino en su naturaleza como un pacto establecido por Dios en la Creación (Génesis 2:24) y confirmado por Cristo (Mateo 19:6). La autoridad no reside en una institución eclesiástica que lo “sacramentaliza”, sino en la Palabra de Dios que lo instituyó como un pacto desde el principio.
Aplicaciones Pastorales
- Enseñanza Prematrimonial Centrada en la Teología: La preparación para el matrimonio debe comenzar con esta teología fundamental. Las parejas deben comprender que no están simplemente firmando un contrato legal, sino entrando en un pacto sagrado. Deben ser capaces de articular cómo su unión reflejará la imagen de Dios, cumplirá Su misión y testificará del evangelio. Sin este ancla teológica, la consejería práctica carece de fundamento.
- Aconsejar en Crisis con una Perspectiva de Pacto: Cuando una pareja enfrenta dificultades, el consejero debe elevar su visión más allá de los sentimientos heridos y las expectativas no cumplidas. La pregunta central no es “¿Eres feliz?”, sino “¿Estás siendo fiel a tu pacto?”. Se les debe recordar el “misterio” de Efesios 5: su fidelidad en medio de la prueba es un sermón poderoso sobre la fidelidad de Cristo a una Iglesia a menudo infiel.
- Visualizar la Teología del Matrimonio (Diagrama Teológico): Para la enseñanza, se puede utilizar un diagrama conceptual para ilustrar el flujo del diseño de Dios:
- Fuente: DIOS TRINO (Comunión de Personas)
- Acto: CREACIÓN (Génesis 1-2)
- ↓
- Fundamento 1: IMAGEN DE DIOS (Génesis 1:27 – Varón y Hembra juntos)
- Fundamento 2: MISIÓN DE DIOS (Génesis 1:28 – Llenar y sojuzgar la tierra)
- ↓
- Estructura: EL PACTO MATRIMONIAL (Génesis 2:24 – “Una sola carne”)
- ↓
- Revelación Máxima: EL MISTERIO (Efesios 5:32 – Una imagen de Cristo y la Iglesia)
- Consecuencia: PERMANENCIA (“Lo que Dios unió, no lo separe el hombre” – Mateo 19:6)
Conclusión
La teología del diseño creacional del matrimonio establece su propósito y, por lo tanto, su permanencia. No es una institución humana que podamos adaptar a nuestros caprichos, sino una estructura divina con un peso cósmico. Refleja la imagen de un Dios trinitario, es el vehículo principal para Su misión en la tierra y sirve como la ilustración más profunda de Su amor redentor en el evangelio. La permanencia del matrimonio no es una carga legalista, sino una salvaguarda de su significado teológico. Cada matrimonio que persevera en fidelidad pactual, especialmente a través de la dificultad, es un testimonio resonante de la verdad y la belleza del evangelio de Cristo. Violar este pacto es mucho más que una decisión personal; es desfigurar la imagen, desertar de la misión y distorsionar el misterio. Por lo tanto, la iglesia debe enseñar, defender y vivir esta alta vocación con la seriedad y el gozo que merece.
Obras Citadas
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