No Nos Desanimamos Dios Nos Sostiene Hasta el Final

October 8, 2025Ed Rangel

No Desfallecemos

Por Ed Rangel | 8 de octubre de 2025

En Esta Página

    Tesis

    Aunque nuestros cuerpos se debiliten con los años y nuestras fuerzas disminuyan, Dios renueva el corazón que confía en Él.
    La fe nos permite mirar más allá del dolor presente hacia la gloria eterna que Dios ha prometido a quienes perseveran en Cristo.


    Objetivos de Aprendizaje

    • Recordar: que el desgaste físico no anula la fidelidad de Dios (Sal 71:9).
    • Entender: que el creyente puede florecer aun en la vejez (Sal 92:12–15).
    • Aplicar: la esperanza eterna a la enfermedad, la soledad y el paso del tiempo.
    • Analizar: cómo Pablo y los salmistas enfrentaron el desánimo sin rendirse.
    • Evaluar: nuestra actitud ante el envejecimiento — ¿vivimos mirando lo eterno o lo temporal?

    Introducción

    Hermanos, la edad trae consigo sus batallas.
    Hay días en que el cuerpo no responde, la mente se cansa y el corazón se siente solo.
    Pero no están solos: Dios aún está con ustedes.

    El salmista oró así:

    “No me deseches en el tiempo de la vejez;
    cuando me falten las fuerzas, no me abandones” (Salmo 71:9).

    Esa es la oración de muchos aquí hoy.
    Y la respuesta del Señor sigue siendo firme:
    Él no abandona a los suyos.

    Pablo, envejecido y enfermo, escribió:

    “Por tanto, no desfallecemos…” (2 Co 4:16).

    Su secreto no era su fuerza, sino su enfoque:
    miraba las cosas que no se ven — las eternas.


    I. El Hombre Exterior Se Desgasta (2 Co 4:16a)

    Pablo no niega la realidad: el cuerpo envejece, la vista se debilita, la energía disminuye.
    Pero el sufrimiento no es señal de derrota; es la huella del tiempo en un vaso de barro (2 Co 4:7).

    El salmista también lo entendía:

    “Desde mi juventud, oh Dios, Tú me has enseñado,
    y hasta ahora he anunciado tus maravillas.
    Aun en la vejez y las canas, oh Dios, no me desampares” (Sal 71:17–18).

    Los años no disminuyen el propósito de Dios.
    Cada cana puede ser una corona de fidelidad.
    Cada arruga puede testificar de Su gracia que ha sostenido a lo largo de la vida.


    II. El Hombre Interior Se Renueva (2 Co 4:16b)

    “Nuestro hombre interior se renueva de día en día.”

    ¿Cómo se renueva el corazón cuando el cuerpo se debilita?

    1. Por la presencia constante de Dios

    “Mi carne y mi corazón pueden desfallecer,
    pero Dios es la fortaleza de mi corazón
    y mi porción para siempre” (Sal 73:26).

    Dios no promete quitar la carga, sino fortalecer el alma que confía.
    La renovación espiritual no depende del pulso del cuerpo, sino de la presencia del Señor en nosotros.

    2. Por la Palabra que sostiene

    “Jamás olvidaré tus preceptos,
    porque con ellos me has vivificado” (Sal 119:93).

    Cada versículo leído, cada promesa recordada, renueva el espíritu cansado.
    La Biblia no es solo para los jóvenes; es el alimento del creyente en todas las etapas.

    3. Por la oración perseverante

    Incluso cuando las fuerzas faltan, los labios pueden susurrar: “Señor, ayúdame.”
    La oración no necesita fuerza física, sino fe viva.
    Dios escucha aun desde la cama del enfermo (Sal 6:9).


    III. Las Aflicciones Son Temporales, La Gloria Eterna (2 Co 4:17)

    “Esta leve tribulación momentánea produce en nosotros un eterno peso de gloria…”

    Pablo no está minimizando el dolor; lo está comparando.
    Cuando se pone el sufrimiento en una balanza junto a la gloria, el dolor se vuelve leve.

    El salmista sabía eso:

    “Porque un momento dura su enojo,
    pero su favor dura toda la vida;
    por la noche durará el lloro,
    y a la mañana vendrá la alegría” (Sal 30:5).

    La noche del dolor puede ser larga, pero la mañana de la redención ya viene.
    Cada lágrima tiene fecha de expiración.
    El Señor guarda tus lágrimas en su odre (Sal 56:8).


    IV. Miramos Lo Invisible (2 Co 4:18)

    “No poniendo nuestra vista en las cosas que se ven, sino en las que no se ven…”

    Esa es la clave del ánimo: la vista de la fe.
    Cuando el cuerpo se debilita, la fe ve mejor.
    Los ojos de la carne se apagan, pero los ojos del alma se abren más.

    David escribió:

    “A quien tengo yo en los cielos sino a Ti?
    Y fuera de Ti, nada deseo en la tierra” (Sal 73:25).

    Los años nos enseñan que lo eterno vale más que lo inmediato.
    Las cosas que se ven —casas, trabajos, cuentas, salud— son temporales.
    Las cosas que no se ven —gracia, paz, salvación, vida eterna— son eternas.


    V. Los Justos Florecen Hasta el Final

    “El justo florecerá como la palmera,
    crecerá como el cedro en el Líbano.
    Plantados en la casa del Señor,
    florecerán en los atrios de nuestro Dios.
    Aun en la vejez darán fruto;
    estarán vigorosos y verdes” (Sal 92:12–15).

    Dios no termina con nosotros cuando envejecemos.
    ¡Los justos dan fruto hasta el final!
    No siempre con fuerza física, sino con sabiduría, fe y ejemplo.

    • Una palabra sabia anima a los jóvenes.
    • Una oración fiel sostiene a los cansados.
    • Una vida perseverante glorifica a Dios más que mil sermones.

    Aplicación Pastoral

    A los ancianos:
    Sus vidas son faros en medio de la oscuridad.
    Cada cana, una historia de fidelidad.
    Sus oraciones mantienen viva la obra del Señor.
    No piensen que su tiempo ha pasado; su tiempo es ahora, porque el ejemplo de fe es el ministerio más poderoso.

    A los de mediana edad:
    No se agoten persiguiendo lo que pasa.
    El mejor legado que pueden dejar es una fe firme en tiempos difíciles.
    Aprendan de los mayores; ellos son los pilares silenciosos de la congregación.


    Ilustración

    Un hermano de 90 años fue preguntado por qué seguía asistiendo al culto con tanto esfuerzo.
    Con una sonrisa respondió:

    “Quiero que el diablo sepa que sigo fiel, aunque me duelan las rodillas.”

    Esa es la fe que no desfallece:
    el cuerpo cansado, pero el corazón firme.


    Conclusión

    Dios nunca prometió que la vida sería fácil,
    pero sí prometió que Él sería fiel hasta el fin.

    “Hasta vuestra vejez Yo seré el mismo,
    y hasta vuestras canas os sostendré;
    Yo lo he hecho, y Yo os llevaré,
    Yo os sostendré y os libraré.” (Isaías 46:4)

    Esa es la promesa para cada creyente que sufre, envejece o se desanima.
    El cuerpo se apaga, pero el alma se enciende con la esperanza del cielo.
    Y cuando cerremos los ojos aquí, los abriremos allá… en Su presencia.

    “Por tanto, no desfallecemos.”


    Invitación

    Cristo sigue siendo la fuerza de los débiles.
    Él da descanso al cansado, y esperanza al que sufre.
    Si aún no le has obedecido, hoy es el día:
    Cree, arrepiéntete, confiesa su nombre y sé bautizado para el perdón de tus pecados (Hechos 2:38).
    Y si has caído en desánimo, regresa al Señor.
    Él no ha olvidado tu nombre.


    Llamado Final

    Hermanos, mientras tengamos aliento, sigamos sirviendo al Señor.
    Él nos sostendrá hasta el último suspiro,
    y más allá de la muerte, nos recibirá en gloria.


    © 2025 Guardando la Fe • Predicador Ed Rangel
    Iglesia de Cristo — “Aun en la vejez darán fruto.”