Eternidad en nuestros corazones: viviendo para lo que perdura
Eternidad en Nuestros Corazones: Viviendo para lo que Perdura
Pasaje Principal: Eclesiastés 3:11; Lucas 12:13-21
¿Alguna vez has mirado un cielo estrellado y has sentido que debe haber algo más? ¿O has alcanzado una meta solo para sentir que la satisfacción fue breve? Este anhelo no es un defecto; es la característica central. Es el eco de la voz de Dios.
Introducción
El autor de Eclesiastés escribe que Dios ‘ha puesto la eternidad en el corazón de ellos’ (Ecl. 3:11). Vivimos en un mundo que nos insta a encontrar satisfacción en lo temporal, pero es una mentira.
Esta mañana, veremos que este anhelo es una brújula divina, diseñada para alejarnos de lo temporal y dirigirnos hacia lo eterno.
Verdades Fundamentales
I. Abrazando Nuestro Diseño Eterno (Ecl. 3:11)
- Texto: “También ha puesto la eternidad en sus corazones, sin que el hombre descubra la obra que Dios ha hecho desde el principio hasta el fin.”
- La Joya: La palabra hebrea para ‘eternidad’, olam, conlleva el sentido de una realidad oculta y que todo lo abarca. Dios ha puesto un sentido de este mundo invisible dentro de nosotros.
- Exégesis: Aunque nuestros cuerpos están atados por el tiempo, nuestras almas no lo están. Somos seres finitos con un anhelo infinito. Intentamos satisfacer nuestra hambre eterna con comida temporal, y nunca funciona. Este anhelo está diseñado para hacernos mirar a Aquel que está fuera del tiempo.
- Ilustración: Somos como un diplomático en un país extranjero. Nunca olvida dónde está su verdadera ciudadanía. Su lealtad máxima es a su país de origen. Este mundo es nuestro puesto en el extranjero, no nuestro hogar.
- Aplicación: Si abrazamos este diseño, buscaremos primero el Reino (Mat. 6:33), haremos tesoros en el Cielo (Mat. 6:20) y recordaremos que somos peregrinos en esta tierra (Heb. 11:13-16). Haz una auditoría de tu calendario y tu cuenta bancaria: ¿cuánto estás invirtiendo en tu hogar eterno?
II. Escapando de la Trampa Temporal (Lucas 12:13-21)
- Texto: La parábola del rico insensato, a quien Dios le dice: “¡Necio! Esta misma noche te reclaman el alma; y ahora, ¿para quién será lo que has provisto?”
- La Joya: El hombre rico usa pronombres en primera persona seis veces: ‘yo haré’, ‘mis graneros’, ‘mi alma’. Dios está completamente ausente de su pensamiento. Su pecado no era la riqueza, sino el egocentrismo.
- Exégesis: El problema del hombre no era su éxito, sino su reacción ante él. Creyó que su alma eterna podía satisfacerse con bienes temporales. Era un necio porque había planeado para todo excepto para la realidad más importante: la eternidad. Su vida se define como ‘acumular tesoro para sí, y no ser rico para con Dios’.
- Ilustración: Como un buzo que, vencido por la codicia, llena su traje con tanto oro de un naufragio que no puede subir. Su tesoro se convierte en el ancla que lo ahoga. Así es con cualquiera que es rico para sí mismo pero no para con Dios.
- Aplicación: La trampa temporal hoy podría ser una obsesión con la jubilación, la carrera o el éxito de nuestros hijos. ¿Cuál es el ‘granero más grande’ que estás construyendo? La vida abundante no se encuentra en graneros más grandes, sino en ser ‘rico para con Dios’.
Hacia el Calvario
Tanto la tensión de Eclesiastés como la tragedia de Lucas encuentran su única solución al pie de la cruz. Necesitábamos a alguien que construyera un puente entre nuestro mundo temporal y el reino eterno de Dios. Ese alguien es Jesucristo. Su muerte fue el juicio divino contra nuestros intentos necios de ser ricos para nosotros mismos. Su resurrección es la prueba definitiva de que la eternidad es real y de que la muerte ha sido vencida.
El Llamado del Evangelio
Dios ha hecho todo para ofrecernos vida eterna, excepto quitarnos nuestro libre albedrío. La elección sigue siendo nuestra. La Biblia nos da el camino claro para ser ricos para con Dios:
- Oír la Palabra de Dios (Romanos 10:17).
- Creer en Jesucristo (Juan 8:24).
- Arrepentirse de los pecados (Hechos 17:30).
- Confesar a Jesús como Señor (Romanos 10:9–10).
- Ser Bautizado en agua para el perdón de los pecados (Hechos 2:38).
- Vivir Fielmente para Él todos los días (Apocalipsis 2:10).
Conclusión
Dios nos hizo para algo más. Él puso la eternidad en nuestros corazones. Debemos abrazar este diseño viviendo como peregrinos y escapar de la trampa temporal que atrapó al rico insensato. Seamos un pueblo menos ansioso por nuestras finanzas y más invertido en las almas de nuestros vecinos. No seas el necio que planea una jubilación que tal vez nunca vea, mientras ignora la eternidad que seguramente enfrentará.
