Lucas 6: El Señor del Reposo y el Diseño del Discipulado

October 18, 2025Ed Rangel
Lucas 6 — El Señor del Reposo y el Diseño del Discipulado

Lucas 6 — El Señor del Reposo y el Diseño del Discipulado

Objetivos de Aprendizaje (Taxonomía de Bloom)

Al completar este estudio, el discípulo podrá:

  1. Recordar los dos incidentes clave en los que Jesús desafió la interpretación farisaica del reposo.
  2. Comprender por qué la elección de los doce apóstoles fue un acto fundacional para la nueva comunidad de Dios.
  3. Aplicar los principios del Sermón de la Llanura, especialmente el mandato de amar a los enemigos, a situaciones personales.
  4. Analizar la diferencia entre la justicia basada en la obediencia externa (fariseos) y la justicia del corazón que Jesús enseña.
  5. Evaluar la propia vida a la luz de la parábola de los dos cimientos, determinando si está construida sobre la roca de la obediencia a Cristo.

Introducción Pastoral

A menudo, las reglas que creamos para proteger nuestra devoción terminan por ahogarla. Creemos que al añadir cercas alrededor de los mandamientos de Dios, lo honramos más, pero sin darnos cuenta, podemos terminar adorando las cercas en lugar de al Dios que dio el mandamiento. En Lucas 6, Jesús nos confronta con una verdad liberadora: la religión no es un fin en sí misma, sino un medio para acercarnos al Creador. Nos enseña que la verdadera piedad no se mide por la rigidez de nuestras reglas, sino por la disposición de nuestro corazón para amar a Dios y al prójimo. Hoy exploraremos cómo Cristo, el Señor del reposo, derriba nuestras barreras humanas para establecer un reino fundamentado no en la tradición, sino en una relación viva y obediente con Él.


Contexto Histórico y Cultural

Para comprender la profundidad de los conflictos en Lucas 6, es vital entender el lugar central que ocupaba el día de reposo (Sabbat) en la vida judía del primer siglo. No era simplemente un día de descanso; era el signo principal del pacto entre Dios e Israel, un recordatorio semanal de la Creación y la liberación de Egipto. Para proteger su santidad, los líderes religiosos, especialmente los fariseos, habían desarrollado una compleja serie de regulaciones orales conocidas como la halakhah. Estas reglas detallaban 39 categorías principales de trabajo prohibido, buscando crear una “cerca” alrededor de la Torá para evitar cualquier posible transgresión.

Sin embargo, esta piedad, aunque bien intencionada, a menudo degeneraba en un legalismo que priorizaba la letra de la ley sobre su espíritu. Las controversias de Jesús con los fariseos no eran sobre si se debía guardar el reposo, sino sobre cómo se debía guardar. Jesús argumentaba que las tradiciones humanas habían oscurecido el propósito original del Sabbat: ser un regalo de Dios para el bienestar y la restauración del ser humano, no una carga opresiva. En este ambiente de tensión religiosa, Jesús elige a sus doce apóstoles, un acto simbólico que evoca a las doce tribus de Israel y señala la formación de una nueva comunidad del pacto, el Israel restaurado.

Ver las 39 Categorías de Trabajo Prohibido (Melajot)
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#HebreoTransliteraciónSignificadoBase BíblicaExplicación Halájica
1זורעZoréaSembrarÉx 34:21Plantar semillas, regar.
2חורשJoréshArarÉx 34:21Preparar tierra, cavar.
3קוצרKotzérCosecharNúm 15:32Recoger frutos, cortar.
4מעמרMe’amérReunir cosechaÉx 35:3Agrupar productos.
5דשDashTrillar, exprimirDt 25:4Separar grano, ordeñar.
6זורהZoréAventarIsaías 30:24Separar con viento.
7בוררBorérSeleccionarÉx 16:5Separar lo útil.
8טוחןTojénMolerÉx 32:20Triturar, licuar.
9מרקדMerakédTamizar, colarLv 24:5Separar con malla.
10לשLashAmasarÉx 29:2Mezclar masa/sólidos.
11אופהOféCocinar, hornearÉx 16:23Aplicar calor.
12גוזזGozézEsquilarDt 18:4Quitar pelo/lana.
13מלבןMelabénLavarLv 13:58Blanquear ropa.
14מנפץMenafétzCardarÉx 26:7Peinar fibras.
15צובעTzovéaTeñirÉx 26:1Colorear, maquillar.
16טווהTovéHilarÉx 35:25Torcer fibras.
17מיסךMésakhUrdirÉx 35:35Alinear hilos.
18עושה שתי בתי ניריןOsé shtei batéi nirínHacer ojalesÉx 26:36Preparar telares.
19אורגOrégTejerÉx 26:1Entretejer hilos.
20פוצעPotzéaDestejerÉx 26:13Separar tejido.
21קושרKoshérAtarNúm 15:38Nudo duradero.
22מתירMatírDesatarÉx 35:34Soltar nudos.
23תופרToférCoserÉx 26:6Unir telas.
24קורעKoréaRasgarLv 13:56Abrir para reparar.
25צדTzadAtraparÉx 16:29Cazar, capturar.
26שוחטShojétDegollarLv 1:5Sacrificar, matar.
27מפשיטMafshítDesollarLv 7:8Quitar piel.
28מעבדMe’abédCurtirÉx 25:5Procesar cueros.
29ממחקMemajékAlisarÉx 39:30Pulir, suavizar.
30משרטטMeshartétMarcar líneaÉx 28:8Trazar líneas.
31מחתךMejatéjCortar a medidaÉx 25:33Precisión de corte.
32כותבKotévEscribirÉx 39:30Marcar símbolos/letras.
33מוחקMojékBorrarÉx 32:19Eliminar signos.
34בונהBonéConstruirÉx 35:30Levantar estructuras.
35סותרSotérDemolerLv 14:45Destruir para rehacer.
36מכבהMekhabéApagar fuegoÉx 35:3Extinguir llama.
37מבעירMav’írEncender fuegoÉx 35:3Producir llama.
38מכה בפטישMakéh bePatíshGolpe finalÉx 36:1Terminar objeto.
39מוציא מרשות לרשותMotzí mereshút lereshútTransportarJer 17:21Mover objetos entre dominios.

Exégesis Versículo por Versículo (Parte 1 de 5)

Sección I: La Autoridad sobre el Día de Reposo (Lucas 6:1–11)

Esta primera sección del capítulo establece un conflicto directo entre Jesús y los líderes religiosos sobre el propósito y la práctica del Sabbat. Jesús no anula la ley, sino que la cumple revelando su intención original.

Lucas 6:1–2 (NBLA)

¹ Aconteció que un día de reposo Jesús pasaba por unos sembrados, y Sus discípulos arrancaban y comían las espigas, restregándolas entre las manos. ² Pero algunos de los fariseos dijeron: «¿Por qué hacen ustedes lo que no es lícito en el día de reposo?».

El escenario es un campo de grano en un día de reposo. La acción de los discípulos —arrancar, restregar y comer espigas— era permitida por la Ley Mosaica para un viajero hambriento (Deuteronomio 23:25). Sin embargo, la tradición oral farisaica interpretaba estas acciones como formas de trabajo: arrancar era segar, restregar era trillar, y soplar la paja era aventar. Por lo tanto, a los ojos de los fariseos, los discípulos estaban violando múltiples prohibiciones sabáticas con un solo acto. La pregunta de los fariseos, «¿Por qué hacen ustedes lo que no es lícito?», no es una simple pregunta, es una acusación formal. Implica que Jesús, como maestro, es responsable de la conducta de sus seguidores.

Contexto Léxico y Textual

El término griego para “día de reposo” aquí es sabbaton deuteroprōtō (“en el segundo primer sábado”), una frase que solo aparece aquí en el Nuevo Testamento y ha generado mucho debate. Aunque su significado exacto es incierto, probablemente se refiere a un sábado de especial importancia. Sin embargo, el punto central del pasaje no depende de su definición precisa, sino del conflicto sobre la autoridad para interpretar la ley del reposo.


Lucas 6:3–5 (NBLA)

³ Respondiéndoles Jesús, dijo: «¿Ni siquiera han leído lo que hizo David cuando tuvo hambre, él y los que con él estaban; ⁴ cómo entró en la casa de Dios, y tomó y comió los panes de la proposición, que a nadie es lícito comer sino solo a los sacerdotes, y dio también a los que con él estaban?». ⁵ Y les decía: «El Hijo del Hombre es Señor del día de reposo».

La respuesta de Jesús es magistral. En lugar de debatir las minucias de la ley oral, apela a las Escrituras, una autoridad que los fariseos no podían rechazar. Cita el episodio de 1 Samuel 21:1–6, donde David y sus hombres, en una misión para el rey Saúl, comieron los panes de la proposición. Este pan era consagrado y reservado exclusivamente para los sacerdotes (Levítico 24:5–9). El argumento de Jesús es un qal wa-chomer (de menor a mayor): si David, el rey ungido de Israel, pudo anular una ley ceremonial debido a una necesidad humana apremiante, ¿cuánto más Aquel que es más grande que David?

La declaración culminante, «El Hijo del Hombre es Señor del día de reposo», es una afirmación cristológica asombrosa. Jesús no se posiciona como un simple intérprete de la ley; se declara la autoridad final sobre ella. Él, como Creador (Juan 1:3; Colosenses 1:16), tiene el derecho de definir el propósito de su creación, incluido el Sabbat. El reposo fue hecho para el hombre, no el hombre para el reposo, y el Señor del hombre es, por tanto, Señor del reposo.


Lucas 6:6–8 (NBLA)

⁶ Y en otro día de reposo, entró en la sinagoga y enseñaba; y había allí un hombre que tenía la mano derecha seca. ⁷ Y los escribas y los fariseos lo observaban atentamente, para ver si sanaba en el día de reposo, a fin de encontrar de qué acusarlo. ⁸ Pero Él sabía lo que ellos estaban pensando, y dijo al hombre que tenía la mano seca: «Levántate y ponte en medio». Y él, levantándose, se puso de pie.

El conflicto se intensifica. El escenario ahora es la sinagoga, el centro de la vida religiosa judía. La confrontación ya no es accidental, sino deliberada. Los líderes religiosos no están allí para adorar, sino para acechar a Jesús, buscando una base para una acusación formal (kategorian). La condición del hombre, una mano “seca” (xēra), probablemente una atrofia muscular que lo hacía incapaz de trabajar, no ponía en peligro su vida. Según la estricta interpretación rabínica, un tratamiento médico solo se permitía en el Sabbat si la vida estaba en riesgo.

Jesús, conociendo sus pensamientos (un atributo divino), toma la iniciativa. Ordena al hombre que se ponga “en medio”, colocando el dilema humano en el centro de la teología de la sinagoga. Obliga a todos a confrontar la pregunta: ¿qué honra más a Dios en Su día santo, la rígida adherencia a una regla o la compasiva restauración de un ser humano?


Lucas 6:9–11 (NBLA)

⁹ Entonces Jesús les dijo: «Yo les pregunto: ¿es lícito en el día de reposo hacer bien o hacer mal, salvar una vida o destruirla?». ¹⁰ Y después de mirarlos a todos a su alrededor, le dijo al hombre: «Extiende tu mano». Y él lo hizo así, y su mano fue restaurada. ¹¹ Pero ellos se llenaron de ira, y discutían entre sí qué podrían hacerle a Jesús.

Jesús expone la hipocresía de sus oponentes con una pregunta incisiva. Al enmarcar la opción como “hacer bien o hacer mal”, “salvar o destruir”, demuestra que la inacción ante el sufrimiento humano no es neutralidad, sino una forma de mal. Negarse a hacer el bien cuando se tiene la oportunidad es, en efecto, participar en la destrucción. El silencio de los fariseos es una admisión de su derrota moral.

El milagro es instantáneo y completo, realizado con una simple palabra de autoridad. La reacción de los líderes religiosos es reveladora: en lugar de regocijarse por la restauración de un hombre, se llenan de ira irracional (anoia, una furia ciega). Este evento marca un punto de inflexión. La oposición a Jesús se cristaliza en un complot activo para destruirlo. Su acto de misericordia, que demostraba su señorío y el verdadero propósito del reposo, fue precisamente lo que selló su destino a los ojos de aquellos cuyo poder se basaba en el control religioso.


Exégesis Versículo por Versículo (Parte 2 de 5)

Sección II: La Elección de los Doce (Lucas 6:12–19)

Después de establecer su autoridad, Jesús ahora establece la estructura fundacional de su comunidad. La elección de los Doce es un acto deliberado que señala la formación del nuevo Israel.

Lucas 6:12–13 (NBLA)

¹² En aquellos días Jesús se fue al monte a orar, y pasó toda la noche en oración a Dios. ¹³ Cuando se hizo de día, llamó a Sus discípulos y escogió a doce de ellos, a los que también dio el nombre de apóstoles:

El patrón de Jesús es claro: las decisiones monumentales van precedidas de una comunión intensa con el Padre. Pasar toda la noche en oración subraya la importancia de la decisión que está a punto de tomar. No es una elección casual, sino un acto divinamente guiado. Al amanecer, llama a su grupo más amplio de discípulos (mathētēs, aprendices) y de entre ellos selecciona a doce.

El número doce es profundamente simbólico, evocando intencionadamente a las doce tribus de Israel. Jesús está constituyendo a los patriarcas del nuevo pueblo de Dios, la iglesia. Les da el título de “apóstoles” (apostolos), que significa “enviados con autoridad”. No son meramente discípulos (aprendices), sino emisarios comisionados que representarán a su Señor y llevarán su mensaje.

La Oración de Jesús

El verbo griego dianyktereúō significa “pasar toda la noche despierto”. Lucas es el único evangelista que menciona esta vigilia de oración, destacando el tema de la dependencia de Jesús del Padre, un ejemplo para todo creyente que enfrenta decisiones cruciales. La oración no es un ritual, sino la fuente de la sabiduría y el poder divinos para el ministerio.


Lucas 6:14–16 (NBLA)

¹⁴ Simón, a quien también llamó Pedro, y su hermano Andrés; Jacobo y Juan; Felipe y Bartolomé; ¹⁵ Mateo y Tomás; Jacobo, hijo de Alfeo, y Simón, al que llamaban el Zelote; ¹⁶ Judas, hijo de Jacobo, y Judas Iscariote, que llegó a ser un traidor.

La lista de los Doce es un microcosmos de la humanidad. Incluye pescadores (Pedro, Andrés, Jacobo, Juan), un recaudador de impuestos (Mateo), probablemente visto como un colaboracionista con Roma, y un nacionalista celoso (Simón el Zelote), que pertenecía a un grupo que abogaba por el derrocamiento violento de Roma. Que hombres de espectros políticos tan opuestos pudieran unirse bajo el señorío de Cristo es un testimonio del poder reconciliador del evangelio.

Es crucial notar la inclusión de Judas Iscariote. La elección de Judas no fue un error. El conocimiento previo de Jesús sobre la traición de Judas (Juan 6:64) plantea profundas cuestiones teológicas. Subraya el principio del libre albedrío y la responsabilidad humana. Jesús le ofreció a Judas la misma oportunidad y el mismo llamado que a los demás. Judas eligió libremente rechazar ese llamado y traicionar a su Señor. Esto refuta cualquier noción de gracia irresistible; la invitación de Dios puede ser, y es, resistida por la voluntad humana obstinada.


Lucas 6:17–19 (NBLA)

¹⁷ Descendió con ellos y se detuvo en un lugar llano; y había una gran multitud de Sus discípulos, y una gran muchedumbre del pueblo de toda Judea, de Jerusalén y de la región costera de Tiro y Sidón, ¹⁸ que habían ido para oírlo y para ser sanados de sus enfermedades; y los que eran atormentados por espíritus inmundos eran sanados. ¹⁹ Y toda la multitud procuraba tocarlo, porque de Él salía poder y sanaba a todos.

Jesús desciende del monte a “un lugar llano”, un detalle significativo que distingue este discurso del Sermón del Monte en Mateo. La audiencia es vasta y diversa, incluyendo discípulos, multitudes judías y gentiles de las regiones costeras de Tiro y Sidón. Esto prefigura el alcance universal del evangelio.

La gente viene por dos razones: para oírlo y para ser sanada. El ministerio de Jesús integra inseparablemente la palabra y la obra. Su enseñanza es poderosa porque está validada por demostraciones tangibles del poder del reino. El “poder” (dynamis) que salía de Él no era mágico, sino la manifestación de la presencia activa de Dios, disponible para todos los que se acercaban con fe. La sanidad universal (“sanaba a todos”) demuestra la compasión ilimitada de Dios y su deseo de restaurar la creación caída.


Exégesis Versículo por Versículo (Parte 3 de 5)

Sección III: El Sermón de la Llanura – Las Bendiciones y los Ayes (Lucas 6:20–26)

Este sermón, a veces llamado “El Manifiesto del Reino”, describe los valores y la ética del reino de Dios. Son radicalmente opuestos a los valores del mundo.

Lucas 6:20–21 (NBLA)

²⁰ Volviendo Su vista hacia Sus discípulos, decía: «Bienaventurados ustedes los pobres, porque de ustedes es el reino de Dios. ²¹ Bienaventurados ustedes los que ahora tienen hambre, porque serán saciados. Bienaventurados ustedes los que ahora lloran, porque reirán».

Jesús se dirige específicamente a sus discípulos. Las bienaventuranzas no son condiciones para entrar en el reino, sino descripciones de aquellos que ya han respondido al llamado. A diferencia de Mateo, que se enfoca en la disposición espiritual (“pobres en espíritu”), Lucas enfatiza las condiciones socioeconómicas reales: la pobreza material, el hambre física y el luto genuino.

Esto no significa que la pobreza sea intrínsecamente virtuosa. Más bien, aquellos que son desposeídos en este mundo a menudo están más abiertos a su necesidad de Dios. No tienen seguridades terrenales en las que confiar, lo que los lleva a una dependencia radical del Padre. La promesa es una inversión divina: los que no tienen nada en la tierra heredarán el reino; los que tienen hambre serán saciados en el banquete mesiánico; los que lloran experimentarán el gozo eterno de Dios. Esta es la gracia de Dios manifestada a los humildes.


Lucas 6:22–23 (NBLA)

²² »Bienaventurados son ustedes cuando los hombres los aborrecen, cuando los apartan de sí, los colman de insultos y desechan su nombre como malo, por causa del Hijo del Hombre. ²³ Alégrense en ese día y salten de gozo, porque su recompensa es grande en el cielo, pues sus padres trataban de la misma manera a los profetas».

La cuarta bienaventuranza se enfoca en la persecución. Ser un discípulo de Cristo inevitablemente conducirá al conflicto con un mundo que odia su señorío. El rechazo tomará varias formas: ostracismo social (“apartan de sí”), abuso verbal (“insultos”) y difamación pública (“desechan su nombre como malo”). La clave es la razón de la persecución: “por causa del Hijo del Hombre”.

La respuesta del discípulo a la persecución no debe ser la autocompasión, sino el gozo exuberante (“salten de gozo”). ¿Por qué? Porque la persecución por causa de Cristo es una marca de autenticidad. Identifica al creyente con la noble línea de los profetas del Antiguo Testamento, quienes también sufrieron por proclamar la verdad de Dios a una generación rebelde. La recompensa celestial es proporcional al sufrimiento terrenal soportado por la fe.


Lucas 6:24–26 (NBLA)

²⁴ «Pero ¡ay de ustedes los ricos!, porque ya están recibiendo todo su consuelo. ²⁵ ¡Ay de ustedes los que ahora están saciados!, porque tendrán hambre. ¡Ay de ustedes los que ahora ríen!, porque se lamentarán y llorarán. ²⁶ ¡Ay de ustedes cuando todos los hombres hablen bien de ustedes!, porque de la misma manera trataban sus padres a los falsos profetas».

A cada bienaventuranza le corresponde un “ay”. Los “ayes” no son maldiciones, sino expresiones de lamento y advertencia. Se dirigen a aquellos que encuentran su seguridad y satisfacción en los sistemas del mundo. Los ricos, los saciados y los que ríen no son condenados por sus posesiones, sino por su autosuficiencia. Han recibido su “consuelo” (paraklēsis) en esta vida, confiando en las riquezas en lugar de en Dios, y por lo tanto no sienten necesidad de la consolación que solo el reino puede ofrecer.

El último ay es particularmente penetrante. La popularidad universal es una señal de peligro. Si el mundo, que yace bajo el poder del maligno (1 Juan 5:19), habla bien de alguien, es probable que esa persona haya comprometido el mensaje del evangelio para hacerlo más palatable. Así como los falsos profetas de la antigüedad decían lo que la gente quería oír, aquellos que buscan la aprobación del mundo en lugar de la de Dios revelan dónde reside su verdadera lealtad.


Exégesis Versículo por Versículo (Parte 4 de 5)

Sección IV: El Sermón de la Llanura – El Amor Radical y la Misericordia (Lucas 6:27–38)

Esta sección contiene el corazón de la ética de Jesús. Es un llamado a un amor que imita la naturaleza misma de Dios: incondicional, sacrificial y universal.

Lucas 6:27–30 (NBLA)

²⁷ «Pero a ustedes los que oyen, les digo: amen a sus enemigos, hagan bien a los que los aborrecen; ²⁸ bendigan a los que los maldicen, oren por los que los insultan. ²⁹ Al que te hiera en una mejilla, preséntale también la otra; y al que te quite la capa, no le niegues tampoco la túnica. ³⁰ A todo el que te pida, dale; y al que te quite lo que es tuyo, no se lo reclames».

El mandato de amar a los enemigos (agapate) es la enseñanza más radical de Jesús y el distintivo supremo del discipulado cristiano. Este amor no es un sentimiento afectuoso, sino una decisión de la voluntad de buscar el bien supremo del otro, sin importar su comportamiento. Se demuestra en cuatro acciones prácticas: hacer el bien, bendecir, y orar.

La enseñanza sobre “poner la otra mejilla” no es un llamado al pacifismo absoluto ni a permitir la injusticia. Una bofetada en la mejilla derecha (dada con el dorso de la mano derecha) era un insulto diseñado para humillar, no para herir gravemente. La respuesta de Jesús no es represalia ni sumisión cobarde, sino una negativa a permitir que el ofensor dicte los términos del encuentro. Al ofrecer la otra mejilla, el discípulo afirma su dignidad y expone la bancarrota moral de la violencia. La generosidad radical de dar la túnica y no reclamar lo robado demuestra una libertad total del materialismo que esclaviza al mundo.


Lucas 6:31–34 (NBLA)

³¹ «Y así como quieran que los hombres les hagan a ustedes, hagan con ellos de la misma manera. ³² Si aman a los que los aman, ¿qué mérito tienen? Porque también los pecadores aman a los que los aman. ³³ Si hacen bien a los que les hacen bien, ¿qué mérito tienen? Porque también los pecadores hacen lo mismo. ³⁴ Si prestan a aquellos de quienes esperan recibir, ¿qué mérito tienen? También los pecadores prestan a los pecadores para recibir de ellos la misma cantidad».

Jesús introduce la “Regla de Oro” en su forma positiva. Sin embargo, inmediatamente la eleva por encima de la simple reciprocidad. El amor, la bondad y la generosidad que se limitan al círculo de amigos y familiares no tienen ningún mérito espiritual. Ese es el estándar del mundo; incluso los “pecadores” (aquellos que viven sin tener en cuenta a Dios) operan sobre este principio de “rascar mi espalda y yo rascaré la tuya”. El estándar del reino es radicalmente diferente.


Lucas 6:35–36 (NBLA)

³⁵ «Antes bien, amen a sus enemigos, y hagan bien, y presten no esperando nada a cambio, y su recompensa será grande, y serán hijos del Altísimo; porque Él es bondoso para con los ingratos y malos. ³⁶ Sean ustedes misericordiosos, así como su Padre es misericordioso».

Aquí está la motivación teológica para esta ética radical. Los discípulos deben amar a sus enemigos porque al hacerlo, reflejan el carácter de su Padre celestial. Dios mismo es bondadoso (chrēstos) con los “ingratos y malos”, haciendo salir su sol y enviando su lluvia sobre justos e injustos (Mateo 5:45). Ser “hijos del Altísimo” significa exhibir el parecido familiar.

El mandato final, “Sean misericordiosos, así como su Padre es misericordioso”, resume toda la sección. La misericordia (oiktirmōn) es más que sentir lástima; es la compasión en acción. Es el atributo central de Dios en su relación con la humanidad pecadora. El llamado del discípulo es ser un canal de esa misma misericordia hacia un mundo quebrantado.


Lucas 6:37–38 (NBLA)

³⁷ «No juzguen, y no serán juzgados; no condenen, y no serán condenados; perdonen, y serán perdonados. ³⁸ Den, y se les dará; medida buena, apretada, remecida y rebosante, darán en su regazo. Porque con la medida con que midan, se les volverá a medir».

Jesús concluye con una serie de mandatos sobre las relaciones interpersonales. “No juzguen” no prohíbe el discernimiento moral, sino la actitud de juicio hipócrita y condenatorio que usurpa el lugar de Dios como Juez final. El perdón que ofrecemos a otros es la condición para experimentar el perdón continuo de Dios (una verdad pastoral, no un medio para ganar la salvación inicial).

El principio de la siembra y la cosecha se aplica a nuestra generosidad. Dios promete devolvernos nuestra generosidad, no necesariamente en riquezas materiales, sino en bendiciones espirituales y provisión, usando una imagen vívida del mercado de granos: una medida buena, apretada, remecida y rebosante. La forma en que tratamos a los demás —con juicio o con misericordia, con tacañería o con generosidad— establece el estándar por el cual Dios nos tratará a nosotros.


Exégesis Versículo por Versículo (Parte 5 de 5)

Sección V: El Sermón de la Llanura – El Fundamento del Discipulado (Lucas 6:39–49)

Jesús concluye el sermón con una serie de parábolas cortas que ilustran la necesidad de una obediencia auténtica. La verdadera fe no es solo oír, sino hacer.

Lucas 6:39–40 (NBLA)

³⁹ Les dijo también una parábola: «¿Acaso puede un ciego guiar a otro ciego? ¿No caerán ambos en el hoyo? ⁴⁰ Un discípulo no está por encima de su maestro; mas todo el que esté bien preparado, será como su maestro».

La parábola del ciego guiando a otro ciego es una advertencia contra seguir a maestros espiritualmente ciegos, como los fariseos. Pero también es una advertencia para los propios discípulos. No pueden guiar a otros si ellos mismos no están siguiendo al único Maestro verdadero. El objetivo del discipulado no es simplemente adquirir conocimiento, sino ser transformado a la semejanza del maestro. Un discípulo “bien preparado” (katērtismenos, completamente equipado) no solo sabrá lo que Jesús enseñó, sino que vivirá como Jesús vivió.

Parábola del ciego guiando al ciego
El ciego guiando al ciego — Lucas 6:39–40

Lucas 6:41–42 (NBLA)

⁴¹ «¿Y por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano, y no echas de ver la viga que está en tu propio ojo? ⁴² ¿O cómo puedes decir a tu hermano: “Hermano, déjame sacar la paja que está en tu ojo”, no mirando tú la viga que está en tu ojo? ¡Hipócrita! Saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces verás bien para sacar la paja que está en el ojo de tu hermano».

Jesús regresa al tema del juicio hipócrita con una imagen hiperbólica y memorable. La “paja” (karphos) es una pequeña astilla, mientras que la “viga” (dokos) es una gran viga de construcción. Es absurdo preocuparse por las faltas menores de otros mientras se ignoran los pecados flagrantes en la propia vida. La auto-examinación honesta y el arrepentimiento personal deben preceder a cualquier intento de corrección fraterna. Solo cuando hemos lidiado con nuestro propio pecado podemos ver con la claridad y la humildad necesarias para ayudar a un hermano.

Parábola de la paja y la viga
La paja y la viga — Lucas 6:41–42

Lucas 6:43–45 (NBLA)

⁴³ «Porque no es buen árbol el que da fruto malo, ni es árbol malo el que da fruto bueno. ⁴⁴ Pues cada árbol por su fruto se conoce. Porque no se recogen higos de los espinos, ni se vendimian uvas de la zarza. ⁴⁵ El hombre bueno, del buen tesoro de su corazón saca lo que es bueno; y el hombre malo, del mal tesoro saca lo que es malo; porque de la abundancia del corazón habla su boca».

La analogía del árbol y su fruto establece un principio fundamental: el comportamiento externo revela la condición interna del corazón. No se puede producir un fruto piadoso a partir de un corazón no regenerado, ni se puede ocultar indefinidamente un corazón malo. Las palabras y las acciones son el desbordamiento inevitable de lo que atesoramos en nuestro interior. La transformación genuina no es una modificación del comportamiento, sino una regeneración del corazón, que luego produce naturalmente el fruto de la justicia. “De la abundancia del corazón habla la boca” es un diagnóstico infalible de nuestra verdadera condición espiritual.


Lucas 6:46–49 (NBLA)

⁴⁶ «¿Por qué ustedes me llaman: “Señor, Señor”, y no hacen lo que Yo digo? ⁴⁷ »Todo el que viene a Mí y oye Mis palabras y las pone en práctica, les mostraré a quién es semejante. ⁴⁸ Es semejante a un hombre que al edificar una casa, cavó hondo y echó cimiento sobre la roca; y cuando vino una inundación, el torrente dio con ímpetu contra aquella casa, pero no pudo moverla porque había sido bien construida. ⁴⁹ Pero el que ha oído y no ha hecho nada, es semejante a un hombre que edificó una casa sobre tierra, sin cimiento; y el torrente dio con ímpetu contra ella, y al instante se desplomó, y fue grande la ruina de aquella casa».

El sermón culmina con una pregunta penetrante y una parábola final. Llamar a Jesús “Señor” (Kyrios) es una confesión de su soberanía, pero es una confesión vacía si no va acompañada de obediencia. La verdadera fe no es un asentimiento intelectual, sino una sumisión activa a su voluntad.

La parábola de los dos cimientos ilustra la diferencia entre oír y hacer. Ambos constructores oyen las mismas palabras. La diferencia no está en la exposición a la enseñanza, sino en la aplicación de la misma. El constructor sabio cava hondo, un proceso laborioso que implica quitar el suelo suelto del yo y la autosuficiencia para llegar a la roca sólida de la Palabra de Cristo. El constructor insensato busca un atajo, construyendo sobre la superficie inestable de una fe puramente profesada. La tormenta (las pruebas de la vida, el juicio final) inevitablemente llega y revela la calidad del fundamento de cada uno. La obediencia no gana la salvación, pero es la evidencia indispensable de una fe salvadora genuina. Una fe que no obedece es una fe que no salvará.

Parábola de los dos constructores
Los dos constructores — Lucas 6:46–49

Gemas Exegéticas (Descubrimientos “¡Wow!”)

  1. Señor del Reposo, no su Abolidor: Jesús no vino a eliminar el Sabbat. Su afirmación, “El Hijo del Hombre es Señor del día de reposo”, significa que Él, como Creador, tiene la autoridad para definir su verdadero propósito. Los fariseos lo habían convertido en una carga; Jesús lo restauró a su intención original: un día para la misericordia, la sanidad y la adoración, no solo para la restricción.
  2. El Gabinete de la Reconciliación: La elección de los Doce es un milagro político. Incluir a Mateo (un recaudador de impuestos, visto como un traidor pro-romano) y a Simón el Zelote (un nacionalista radical que abogaba por el derrocamiento de Roma) en el mismo grupo era impensable. Solo el señorío de Cristo podría reconciliar a enemigos tan acérrimos, demostrando que el Reino de Dios trasciende toda lealtad política terrenal.
  3. Los “Ayes” como un Acto de Amor: Los “ayes” de Jesús no son maldiciones iracundas, sino lamentos de un corazón quebrantado. La palabra griega ouai es una expresión de profundo dolor y advertencia. No es un “maldito seas”, sino un “qué terrible será para ti si continúas en este camino”. Es una última y apasionada llamada al arrepentimiento para aquellos que están corriendo hacia la destrucción.
  4. La Lógica del Amor al Enemigo: El mandato de amar a los enemigos no se basa en los méritos del enemigo, sino en el carácter del Padre. Jesús argumenta que si solo amamos a quienes nos aman, simplemente estamos operando bajo el principio de reciprocidad del mundo (“pecadores”). Para ser “hijos del Altísimo”, debemos actuar como Él, quien extiende su bondad incluso a los “ingratos y malos”. Nuestro amor por los enemigos es la evidencia más clara de nuestra ciudadanía celestial.

Estudio de Palabras (Griego)

Palabra OriginalTransliteraciónSignificado (Strong)Palabra equivalenteVersículo ClaveComentario Exegético
ἐξουσίαexousiaG1849 — autoridad, derecho, poderautoridad, señoríoLc 6:5Jesús no solo reclama tener dynamis (poder milagroso), sino exousia (autoridad inherente). Su señorío sobre el Sabbat no es un poder usurpado, sino un derecho que le pertenece como el Hijo del Hombre, el agente soberano de Dios en la tierra.
ἀπόστολοςapostolosG652 — uno enviado, un mensajeroapóstolLc 6:13Este título va más allá de ser un simple mathētēs (discípulo/aprendiz). Un apóstol es un emisario comisionado que lleva la autoridad y el mensaje de quien lo envía. Al nombrar a los Doce “apóstoles”, Jesús los establece como sus representantes oficiales.
μακάριοςmakariosG3107 — bendito, felizbienaventuradoLc 6:20Esta no es la felicidad superficial del mundo (hedone). Makarios describe el gozo profundo y duradero que proviene de estar en una relación correcta con Dios, independientemente de las circunstancias externas. Es la bendición del Reino que el mundo no puede dar ni quitar.
ἀγάπηagapēG26 — amor, afecto, benevolenciaamorLc 6:27, 35Este es el amor de elección y voluntad, no de emoción. Es la decisión de actuar por el bien supremo de otra persona, incluso si esa persona es un enemigo. Es un amor que da sin esperar nada a cambio, reflejando el carácter mismo de Dios.
ὑποκριτήςhypokritēsG5273 — un actor, un pretendientehipócritaLc 6:42Originalmente, la palabra se refería a un actor de teatro que usaba una máscara. Jesús la usa para describir a aquellos cuya religión es una actuación externa que enmascara una realidad interna corrupta. El hipócrita se enfoca en la astilla en el ojo ajeno para evitar lidiar con la viga en el suyo.

Aplicación y Conclusión

Lucas 6 nos desafía a examinar la autenticidad de nuestra fe en tres áreas cruciales. Primero, en nuestra adoración: ¿Hemos permitido que las tradiciones humanas y las reglas religiosas eclipsen la misericordia y la compasión que están en el corazón de la ley de Dios? Cristo, el Señor del reposo, nos llama a una adoración que restaura y da vida, no a una que ata y condena. Segundo, en nuestras relaciones: ¿Nuestro amor se parece al del mundo, limitado a aquellos que nos aman y nos tratan bien, o refleja el amor radical de nuestro Padre, que se extiende incluso a los enemigos? Estamos llamados a ser agentes de misericordia, no de juicio, en un mundo desesperado por gracia.

Finalmente, el capítulo nos confronta con el fundamento de nuestra vida. No es suficiente llamar a Jesús “Señor”. La confesión verbal debe ser validada por una vida de obediencia. Oír sus palabras sin ponerlas en práctica es construir sobre arena, una receta para el desastre espiritual. La fe genuina y salvadora, la que resiste las tormentas de la vida y el escrutinio del juicio final, es aquella que cava profundo y construye su existencia sobre la roca inamovible de la obediencia a la Palabra de Cristo. La pregunta que Lucas 6 nos deja no es “¿Qué crees?”, sino “¿Sobre qué estás construyendo?”.


Preguntas para Reflexión

  • ¿En qué áreas de mi vida he creado “cercas” de reglas humanas que me impiden mostrar la misericordia de Dios a otros?
  • Al mirar la lista de los apóstoles, con sus diversos trasfondos, ¿qué me enseña sobre la unidad que Cristo espera en Su iglesia hoy?
  • ¿Cómo reacciono honestamente ante la persecución o el rechazo por mi fe? ¿Mi respuesta es de gozo, sabiendo que comparto el honor de los profetas, o de autocompasión?
  • ¿A quién considero mi “enemigo”? ¿Qué paso práctico puedo dar esta semana para “hacer el bien”, “bendecir” u “orar” por esa persona, obedeciendo el mandato de Lucas 6:27-28?
  • Si mi vida fuera un edificio, ¿un inspector honesto concluiría que está construido sobre la roca de la obediencia o sobre la arena de la simple profesión? ¿Qué “fruto” en mi vida (palabras y acciones) revela la verdadera condición de mi corazón?

Cierre Devocional

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“¿Por qué ustedes me llaman: ‘Señor, Señor’, y no hacen lo que Yo digo?”
— Lucas 6:46 (NBLA)
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