Palabra Afilada
Manual del Heraldo
Por Ed Rangel
© 2025 Keeping the Faith (Manteniendo la fe)
Dedicatoria
A mi amada esposa, Jeny Tobón-Sánchez, mi ayuda idónea y corona (Proverbios 12:4, Génesis 2:18), cuyo amor, apoyo y paciencia son un reflejo constante de la gracia de Dios.
A mis hijas, Rochelle Lynne, Valerie Nichole, y Arianna Jade, y a mi hijo, John Paul (George), quienes, con su amor, preguntas y simple vivir, me han predicado innumerables sermones sin púlpito. Ustedes me enseñan continuamente sobre la fe sencilla, la paciencia necesaria y la maravilla de ver el mundo a través de ojos que confían. Que la Palabra de Cristo more abundantemente en ustedes (Colosenses 3:16) y que siempre anden en la verdad (3 Juan 4).
Ustedes han sido mis maestros más constantes, recordándome ser “pronto para oír, tardo para hablar” (Santiago 1:19) y demostrando que el amor “todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta” (1 Corintios 13:7).
Soli Deo Gloria.
Acerca del Autor
Ed Rangel combina una sólida formación académica con experiencia práctica en el ministerio y la educación. Graduado de la Universidad de Texas en El Paso (1993) con una doble licenciatura en Historia y Ciencias Políticas, orientó sus estudios iniciales hacia la política. Posteriormente, su vocación lo llevó a la educación, obteniendo un Bachillerato en Educación Primaria y Educación Especial (Doble Licenciatura) de Western Governors University en 2020, seguido de una Maestría en Educación (M.Ed.) con especialización en Currículo e Instrucción de la misma institución en 2023. Su preparación ministerial incluye entrenamiento específico para predicadores completado en Danville, KY (2020). Esta mezcla única de disciplinas le permite abordar la preparación de sermones con rigor analítico, claridad pedagógica y un corazón pastoral enfocado en la aplicación fiel de la Palabra de Dios.
Una Palabra de Gratitud
Con profunda humildad y gratitud, Ed desea reconocer a los innumerables hermanos y hermanas en Cristo que han sacrificado generosamente sus oídos a lo largo de los años, escuchando sus sermones y lecciones. A aquellos que, con amor genuino (Efesios 4:15), ofrecieron críticas constructivas sobre el contenido y la entrega, puliendo las asperezas como el hierro afila al hierro (Proverbios 27:17) y estimulando al amor y a las buenas obras (Hebreos 10:24): su paciencia y corrección han sido instrumentos invaluables en las manos de Dios para el crecimiento. Como bien dijo el Dr. David Pawson, hay cristianos que invitan al predicador a almorzar (have the preacher for lunch) y aquellos que se comen al predicador en el almuerzo (eat the preacher as lunch). Agradezco de corazón a todos los que me invitaron a su mesa para corregir, instruir y edificarme en amor (1 Tesalonicenses 5:11), soportándome con paciencia (Efesios 4:2) y demostrando el fruto del Espíritu (Gálatas 5:22-23).
A aquellos pocos que eligieron devorarme, usando la crítica como arma en lugar de bálsamo, solo puedo decir: que el Señor tenga misericordia de ustedes. La lengua puede ser un fuego, un mundo de maldad que contamina todo el cuerpo (Santiago 3:6), y cuando los hermanos se muerden y se comen unos a otros, corren el riesgo de consumirse mutuamente (Gálatas 5:15). Ya es bastante ardua la labor en el Señor contra las asechanzas del diablo (Efesios 6:11-12) como para añadir heridas innecesarias dentro del propio cuerpo de Cristo. Que todos aprendamos a hablar la verdad en amor, edificándonos mutuamente hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe (Efesios 4:13, 15).
Introducción: El Heraldo del Rey
Hermanos, compañeros heraldos del Gran Rey:
El llamado a proclamar la Palabra de Dios no es una profesión más, ni un simple ejercicio de oratoria. Es un encargo sagrado, una mayordomía de misterios divinos (1 Corintios 4:1), una embajada en nombre de Cristo, rogando al mundo: “Reconciliaos con Dios” (2 Corintios 5:20 NBLA). Somos portavoces del cielo, encargados de entregar un mensaje que no es nuestro, con una fidelidad que debe ser absoluta y una urgencia que brota de la eternidad misma.
Este manual, “Palabra Afilada”, nace de esa convicción. No pretende ser la última palabra sobre homilética, sino una herramienta forjada en el estudio, afilada en la experiencia (y sí, a veces mellada por el error), y ofrecida con humildad para equipar a otros heraldos en su tarea. Nuestro objetivo no es llenar cuadernos con notas, sino encender corazones con la verdad; no es impresionar con erudición, sino presentar a cada hombre perfecto en Cristo Jesús (Colosenses 1:28).
Aquí exploraremos juntos el camino que va desde el texto sagrado hasta el corazón del oyente. Transitaremos desde los fundamentos indispensables de la vida del predicador, pasando por la minería rigurosa de la exégesis y los principios de una hermenéutica fiel, hasta el arte de construir y entregar un sermón que sea a la vez bíblicamente preciso, contextualmente relevante y espiritualmente poderoso. Seguiremos el modelo de la predicación expositiva como nuestro estándar de oro, pero también consideraremos otros enfoques y herramientas, siempre bajo el señorío de la Escritura.
El púlpito no es un escenario para nuestro lucimiento, sino un altar donde la Palabra viva es ofrecida al pueblo hambriento. La tarea es monumental, nuestra suficiencia proviene solo de Dios (2 Corintios 3:5), y el mensaje es glorioso: Jesucristo, Rey crucificado y resucitado, Señor de todo.
Que este manual sea un compañero en su jornada, un recordatorio constante de la seriedad del llamado y de la suficiencia de Aquel que llama. Que cada página nos impulse a manejar con precisión la palabra de verdad (2 Timoteo 2:15), a predicar la Palabra a tiempo y fuera de tiempo (2 Timoteo 4:2), y a hacerlo todo para la gloria de Dios.
Adelante, heraldo. El Rey te ha enviado.
Capítulo 1 La Seriedad de Nuestro Llamado: Embajadores de Cristo
El Predicador como Embajador
El primer paso en la preparación de un sermón no es abrir un comentario o un léxico, sino calibrar el corazón. El llamado a predicar es, ante todo, un encargo sagrado y una embajada en nombre de Cristo. El apóstol Pablo resume nuestra identidad y propósito: “Así que, somos embajadores de Cristo, como si Dios exhortara por medio de nosotros; les rogamos en nombre de Cristo: Reconcíliense con Dios” (2 Corintios 5:20 NBLA).
Nuestra función no es inventar, sino representar. Somos portavoces del cielo, encargados de entregar un mensaje que no es nuestro, con una fidelidad que debe ser absoluta.
La Responsabilidad del Maestro
La alta dignidad de ser embajador conlleva una responsabilidad solemne. El predicador es un maestro de la Palabra, y la Escritura establece un estándar severo para aquellos que toman este rol:
Santiago 3:1 (NBLA): “Hermanos míos, no se hagan maestros muchos de ustedes, sabiendo que recibiremos un juicio más severo.”
¿Por qué un juicio más severo? Porque nuestras palabras tienen el poder de edificar o destruir la fe. Un predicador que tuerce la Escritura puede dañar un alma eterna. Por ello, Pablo instó a Timoteo con toda solemnidad:
2 Timoteo 2:15 (NBLA): “Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que maneja con precisión la palabra de verdad.”
Manejar con precisión (orthotoméō en griego) significa “cortar recto”. Así como un carpintero corta una viga para que encaje perfectamente, nosotros debemos presentar el mensaje reflejando fielmente el texto. Debemos estar limpios de la sangre de todos al anunciar “todo el consejo de Dios” (Hechos 20:26-27 NBLA).
El Peligro de un Corazón Equivocado (Humildad Requerida)
El peligro para el predicador es doble: intelectual (enseñar error) y motivacional (enseñar por razones carnales). El corazón del predicador debe estar limpio de la corrupción del orgullo y el ego.
Regla Cardinal de la Humildad: El primer sermón que prepare cada semana, debe predicárselo a sí mismo.
- Eviten la Vana Gloria: Jesús condenó a aquellos que amaban los primeros asientos y ser vistos (Mateo 23:6-7 NBLA). Nuestra misión no es ser admirados, sino proclamar el Reino de Dios y a Su Rey Jesucristo.
- Servicio, No Avaricia: La predicación es un acto de adoración y servicio humilde. No debe hacerse “por avaricia de ganancia deshonesta, sino con sincero deseo” (1 Pedro 5:2 NBLA).
- El Verbo y el Vencedor: Si la Palabra no confronta ni te lleva a Cristo primero, no está usted listo para predicarla a nadie más. El poder no está en nuestra presencia escénica, sino en la presencia real de Dios.
La humildad no es una opción; es la actitud fundamental del siervo fiel.
Capítulo 2 Combustible para el Fuego: La Vida Devocional del Heraldo
El sermón que nace solo de la mente morirá en los oídos; el que nace del Espíritu alcanzará el corazón.
La Dependencia de la Oración
La preparación del sermón comienza y termina de rodillas. Ningún comentario sustituye la comunión con el Autor del texto.
- Jesús es el Modelo: Jesús mismo nos enseñó por Su ejemplo. Él se retiraba a orar antes de grandes decisiones (Lucas 6:12 NBLA) y durante las crisis (Lucas 22:41 NBLA).
- Oración como Combustible: El predicador debe pedir un corazón limpio y dependencia total del Espíritu Santo. Sin Cristo, no podemos hacer nada (Juan 15:5 NBLA).
- Iluminación Fiel: La unción del Espíritu no significa improvisación descuidada; significa iluminación fiel. El predicador ungido no depende de su memoria, sino del Espíritu al estudiar y al proclamar.
El Estudio Bíblico Devocional (El Alimento del Alma)
El predicador tiene una tendencia profesional a ver la Biblia solo como material para el púlpito. Esta es una trampa mortal.
- Propósito Doble: Debemos leer la Escritura no solo para predicar, sino para amar a Dios.
- El Alma es Primero: El alma del predicador debe ser alimentada antes que su mente. Si tu alma está seca, tu mensaje será estéril.
- Saturación: Cuanto más nos saturemos de la Palabra, más seremos resguardados del orgullo de creer que Dios nos necesita (Juan Stott).
Capítulo 3 La Meta Esencial: ¿Información o Transformación? (Introducción a Bloom)
El objetivo de la predicación es guiar a la gente a un encuentro transformador con Dios. Nuestro trabajo no termina al extraer el significado; debe llevarnos a la convicción, el arrepentimiento y la acción.
La Taxonomía de Bloom: El Mapa del Viaje
La Taxonomía de Bloom es una jerarquía de objetivos de aprendizaje que organiza el pensamiento desde lo simple a lo complejo. Para el predicador, es el mapa que asegura que los oyentes lleguen al destino final: una vida transformada por la Palabra de Dios.
| Nivel (Base a Cima) | Pregunta Clave | Propósito del Sermón |
|---|
| 1. Recordar | ¿Qué dice el texto? | Establecer los hechos innegables y conceptos básicos. |
| 2. Comprender | ¿Qué significa esto? | Explicar los conceptos (ej. kenosis o Justificación). |
| 3. Aplicar | ¿Cómo uso esta verdad en mi vida? | Conectar la verdad antigua con la vida moderna (el lunes por la mañana). |
| 4. Analizar | ¿Cómo se relacionan las partes? | Desglosar contrastes (ej. Humildad vs. Arrogancia) y estructura. |
| 5. Evaluar | ¿Por qué es esto importante? | Llevar al oyente a tomar una decisión o a juzgar sus motivaciones. |
| 6. Crear | ¿Qué voy a hacer específicamente? | Generar un plan de acción concreto (la obediencia final). |
Evitar el Peligro del “Vertedero de Datos”
La predicación exegética se enfoca en el Recordar y Comprender. Pero sin una estructura como la de Bloom, el sermón se convierte en un “vertedero de datos”. Damos definiciones y contexto, pero no conectamos los puntos de una manera que exija una respuesta de la voluntad.
Bloom nos obliga a hacer la pregunta correcta: “¿Qué quiero que la gente haga con esta verdad?”. Al trazar la ruta desde los hechos básicos hasta la acción final de obediencia (Nivel 6: Crear), aseguramos que el sermón no solo informe, sino que transforme.