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¿Cómo amar a una persona LGBTQ sin aprobar el pecado?

6 de agosto de 2026 · Preguntas y respuestas · Preguntas difíciles. Respuestas bíblicas.

Pregunta

Hermano Edward, cuando los cristianos hablamos de las personas LGBTQ, con frecuencia parece que solo tenemos dos opciones: aprobar toda relación y conducta sexual, o ser vistos como personas hostiles y sin amor. No quiero negar lo que la Biblia enseña, pero tampoco quiero tratar mal a nadie ni convertir cada conversación en una discusión. ¿Cómo puedo amar de verdad a una persona LGBTQ sin fingir que estoy de acuerdo con algo que considero pecado?

Nota editorial
Esta pregunta puede haber sido editada para mayor claridad.

Respuesta corta
Amar a una persona LGBTQ significa tratarla como alguien creado a imagen de Dios: escucharla, respetarla, protegerla de la burla, recibirla con hospitalidad y hablarle con verdad. El amor cristiano no exige llamar bueno a lo que Dios llama pecado, pero tampoco permite reducir a una persona a su sexualidad ni tratar la tentación como si fuera un pecado ya cometido. La iglesia debe sostener la misma ética sexual para todos: intimidad sexual dentro del matrimonio entre un hombre y una mujer, castidad fuera de él, arrepentimiento cuando hay pecado y apoyo real para vivir fielmente.


Respuesta

La pregunta comienza mal si pensamos que debemos escoger entre amor y verdad. Dios no los separa. El amor que miente abandona a la persona; la verdad que humilla desobedece al Dios que pretendemos defender.

Los cristianos también debemos reconocer que muchas personas LGBTQ han oído palabras crueles, han sido objeto de bromas o han sido tratadas como una amenaza antes de ser tratadas como seres humanos. No debemos usar ese daño para cambiar la enseñanza bíblica, pero sí para examinar nuestra conducta. Una convicción correcta puede expresarse de una manera pecaminosa.

La persona no es un tema para debatir

Toda persona lleva la imagen de Dios (Gén. 1:26–27). Esa verdad viene antes de cualquier etiqueta, deseo, relación o desacuerdo. La dignidad humana no depende de que alguien acepte nuestra interpretación ni de que viva como cristiano.

Por eso el amor comienza con actos ordinarios: aprender el nombre de la persona, escuchar sin preparar una respuesta mientras habla, compartir una comida, interesarse por su trabajo y su familia, defenderla cuando otros se burlan y estar presente cuando sufre. Una persona no debe convertirse en el proyecto moral de cada cristiano que conoce.

Preston Sprinkle insiste en que la discusión debe tratar a las personas como personas que merecen ser escuchadas y valoradas, aun cuando se mantenga una lectura no afirmativa de las relaciones sexuales entre personas del mismo sexo.1 Ese énfasis no reemplaza la verdad bíblica; corrige la costumbre de hablar mucho sobre un grupo mientras se escucha poco a quienes forman parte de él.

Amar no significa aprobar todo

Ninguna relación humana funciona bajo la regla de que amar equivale a aprobar. Los padres aman a sus hijos cuando los corrigen. Los amigos pueden disentir sobre decisiones graves sin dejar de ser amigos. El cristiano ama a su prójimo porque Dios manda amarlo, no porque ambos compartan la misma ética.

Jesús recibió a pecadores, comió con ellos y fue conocido por Su misericordia. También llamó al arrepentimiento (Luc. 5:27–32; 15:1–7). Nunca exigió que una persona se limpiara antes de acercarse a Él, pero tampoco redefinió el pecado para evitar una conversación difícil.

Decir la verdad no requiere introducir el tema sexual en cada encuentro. Si la persona pregunta lo que creemos, debemos responder con claridad y humildad. Si no pregunta, todavía podemos ser buenos vecinos, compañeros de trabajo, familiares y amigos. El evangelio se comunica con palabras, pero esas palabras deben venir de una vida que demuestra paciencia, servicio y dominio propio.

¿Qué enseña la Biblia sobre la conducta sexual?

La ética sexual bíblica comienza con la creación, no con una reacción moderna a un movimiento social. Dios creó al ser humano varón y mujer y estableció el matrimonio como la unión de un hombre y una mujer (Gén. 1:27; 2:18–24). Jesús volvió a ese diseño cuando enseñó sobre el matrimonio (Mat. 19:4–6).

Dentro de ese marco, la Biblia reserva la intimidad sexual para el matrimonio. Condena el adulterio, las relaciones sexuales fuera del matrimonio y las relaciones sexuales entre personas del mismo sexo (Rom. 1:24–27; 1 Cor. 6:9–11; 1 Tes. 4:3–8). Robert Gagnon ofrece un estudio amplio de los textos del Antiguo y del Nuevo Testamento y sostiene que las prohibiciones no se limitan a prostitución, abuso o pederastia, sino que forman parte del diseño bíblico de la unión sexual entre varón y mujer.2

Esa enseñanza no autoriza a señalar un pecado como si fuera el único. En 1 Corintios 6, Pablo menciona inmoralidad sexual, idolatría, adulterio, avaricia, embriaguez, insulto y fraude. Luego recuerda a los cristianos que algunos habían vivido en esas cosas, pero fueron lavados, santificados y justificados (1 Cor. 6:9–11). El evangelio no clasifica a unas personas como irremediables y a otras como respetables. Todos necesitan la gracia de Cristo y todos son llamados al arrepentimiento.

Atracción, tentación y conducta no son la misma cosa

La sigla LGBTQ reúne experiencias e identidades distintas. No debemos suponer que toda persona usa esas letras de la misma manera, tiene una relación sexual o desea que la iglesia afirme cada decisión.

También es necesario distinguir entre una atracción que aparece sin haber sido elegida, el deseo que una persona decide alimentar y una conducta sexual. Ser tentado no equivale a haber cometido el acto. Jesucristo fue tentado y no pecó (Heb. 4:15). Santiago describe un proceso en el que el deseo atrae, se concibe y da a luz el pecado (Sant. 1:14–15). La persona que resiste una tentación no debe ser tratada como si ya hubiera cedido a ella.

Esto no significa que todo deseo sea sano. Vivimos en un mundo caído y cada persona conoce deseos que debe someter a Cristo. Significa que debemos hablar con precisión. Acusar a alguien por una tentación que está resistiendo puede aumentar la vergüenza y empujarlo al aislamiento justo cuando necesita el apoyo de la iglesia.

Wesley Hill ha escrito desde su propia experiencia sobre el costo de vivir célibe mientras enfrenta atracción hacia personas del mismo sexo. Al tratar “el fin de la soledad”, explica por qué la fidelidad necesita que la persona sea conocida dentro del cuerpo de Cristo y no permanezca aislada.3 La iglesia debe convertir ese principio en amistad, hospitalidad y espacio real para la persona soltera.

La iglesia debe aplicar una sola norma

Sería hipócrita exigir pureza a una persona LGBTQ mientras se tolera la pornografía, el adulterio, la convivencia sexual heterosexual o el divorcio sin causa bíblica. La ética cristiana no pertenece a un grupo político ni se dirige a una minoría. Gobierna a toda la iglesia.

El soltero está llamado a la castidad, sea cual sea la dirección de sus atracciones. El casado está llamado a la fidelidad dentro del matrimonio. Quien cae en pecado puede arrepentirse, recibir perdón y ser restaurado. Quien se niega a arrepentirse no debe ser confirmado en su conducta, sin importar si el pecado es homosexual o heterosexual.

Primera de Corintios 5 también distingue entre la relación con quienes están fuera de la iglesia y la disciplina dentro de ella. Pablo no ordenó aislarse de todas las personas sexualmente inmorales del mundo; hacerlo requeriría salir del mundo. Sí exigió que la iglesia no tratara como fiel a un hermano que persistía abiertamente en inmoralidad sin arrepentimiento (1 Cor. 5:9–13). No debemos imponer disciplina congregacional a quien nunca ha profesado ser cristiano. Debemos mostrarle a Cristo.

¿Cómo poner límites sin convertirlos en castigo?

Habrá momentos en que el amor necesite decir no. Un cristiano no debe declarar que una unión contraria a la enseñanza bíblica cuenta con la aprobación de Dios. Tampoco debe participar de una manera que comunique honestamente una aprobación que no puede dar.

Pero el límite debe expresarse sin insulto ni amenaza. Conviene explicar la convicción en primera persona: “No puedo afirmar esa relación porque entiendo que la Escritura reserva la unión sexual para el matrimonio entre un hombre y una mujer. Eso no cambia mi afecto por ti ni mi disposición a ayudarte”. Después hay que cumplir esas palabras. Si solo aparecemos para negar y desaparecemos cuando la persona está enferma, sola o necesitada, nuestro amor suena vacío.

No todas las situaciones sociales tienen la misma respuesta automática. Asistir a una comida familiar, trabajar con alguien o recibirlo en casa no significa necesariamente aprobar cada aspecto de su vida. El cristiano debe considerar qué comunica su presencia, actuar con conciencia limpia y evitar reglas rápidas que la Biblia no estableció.

La objeción más fuerte: «Si consideras pecaminosa mi relación, no puedes amarme»

Podemos entender por qué alguien siente eso. Una relación puede estar unida a años de afecto, lealtad y sacrificio. Decir que la conducta sexual es pecaminosa no se percibe como una opinión distante; toca una parte profunda de la vida.

Por eso no debemos responder con una frase fría. Debemos reconocer el costo de lo que enseñamos. Seguir a Cristo exige renuncias reales a todos: relaciones, ambiciones, dinero, orgullo y deseos que compiten con Su autoridad (Luc. 9:23–25). La iglesia no puede pedir a una persona que cargue ese costo y luego dejarla sola.

Sin embargo, amar no puede significar entregar a otra persona el derecho de definir nuestras convicciones. El cristiano pertenece a Cristo. No tiene autoridad para llamar santo lo que entiende que Su Señor prohíbe. Puede ofrecer respeto, amistad, servicio y sacrificio sin mentir sobre esa diferencia.

Qué puede hacer un cristiano esta semana

Pida perdón si ha usado burlas, insultos o lenguaje deshumanizante. Deje de compartir chistes que convierten a personas en objetos de desprecio. Escuche una historia completa antes de responder. Invite a la persona a su casa sin preparar una emboscada doctrinal. Si pregunta por su convicción, abra la Biblia y hable sin vergüenza ni enojo.

Dentro de la iglesia, construya una comunidad donde la soltería fiel no sea una condena a la soledad. Incluya a personas solteras en la vida familiar. Ofrezca amistad constante, no vigilancia. Ayude a todo cristiano a confesar tentaciones sin temor a convertirse en tema de conversación.

Conclusión

Amar a una persona LGBTQ no exige aprobar toda conducta, y sostener una convicción bíblica no autoriza la crueldad. El cristiano debe mantener juntas la dignidad de la persona, la enseñanza de la Escritura y la paciencia del amor.

La iglesia será fiel cuando reciba a la persona con puertas abiertas, enseñe la verdad sin vergüenza, llame al arrepentimiento sin favoritismo y acompañe a quien decide obedecer a Cristo. La verdad indica el camino. El amor camina al lado de la persona mientras lo recorre.

Fuentes bíblicas para revisión

  • Génesis 1:26–27; 2:18–24
  • Mateo 19:4–6
  • Lucas 5:27–32; 9:23–25; 15:1–7
  • Romanos 1:24–27
  • 1 Corintios 5:9–13; 6:9–11
  • 1 Tesalonicenses 4:3–8
  • Hebreos 4:15
  • Santiago 1:14–15
  • Efesios 4:15

1. Preston Sprinkle, People to Be Loved: Why Homosexuality Is Not Just an Issue (Grand Rapids, MI: Zondervan, 2015), introducción y caps. 1–2. Volver al texto
2. Robert A. J. Gagnon, The Bible and Homosexual Practice: Texts and Hermeneutics (Nashville: Abingdon Press, 2001), caps. 1, 3–5. Volver al texto
3. Wesley Hill, Washed and Waiting: Reflections on Christian Faithfulness and Homosexuality (Grand Rapids, MI: Zondervan, 2010), cap. 4, “The End of Loneliness,” 86–120. Volver al texto

Obras citadas

Gagnon, Robert A. J. The Bible and Homosexual Practice: Texts and Hermeneutics. Nashville: Abingdon Press, 2001. ISBN 9780687022793. https://www.abingdonpress.com/product/9780687022793/.

Hill, Wesley. Washed and Waiting: Reflections on Christian Faithfulness and Homosexuality. Grand Rapids, MI: Zondervan, 2010. ISBN 9780310330035. https://books.google.com/books/about/Washed_and_Waiting.html?id=lasztbQqaOoC.

Sprinkle, Preston. People to Be Loved: Why Homosexuality Is Not Just an Issue. Grand Rapids, MI: Zondervan, 2015. ISBN 9780310519652. https://zondervanacademic.com/products/people-to-be-loved.

Scripture taken from the Nueva Biblia de las Américas® (NBLA®), Copyright © 2005 by The Lockman Foundation. Used by permission. www.NuevaBiblia.com

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