El cristiano que muere está con Cristo. Sin embargo, la Biblia todavía presenta la resurrección corporal, el juicio y el destino final como hechos futuros.
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La pregunta de este artículo
¿Qué sucede cuando una persona muere? La pregunta requiere precisión. La Biblia enseña que el cristiano muerto está con Cristo; pero eso no equivale, por sí solo, a decir que ya recibió todo lo que Cristo hará cuando vuelva: la resurrección del cuerpo, el juicio y la derrota final de la muerte.
Ese es el punto que este artículo busca establecer. No intenta todavía decidir dónde están todos los fieles muertos, ni explicar completamente la relación entre el Paraíso y el Hades. Tampoco intenta dibujar un mapa del mundo invisible. Esas preguntas deben responderse con los textos que hablan directamente de ellas.
La expresión estado intermedio no es el nombre de un lugar. Describe sencillamente la condición que existe entre la muerte de una persona y la resurrección de su cuerpo. Por tanto, el término no decide todavía si esa condición debe llamarse Paraíso, Hades o cielo; solo reconoce que la muerte no es aún la resurrección corporal ni el estado final.
Ningún pasaje presenta por sí solo toda esta secuencia. Juan, Pablo y Apocalipsis aportan partes del cuadro. Cuando se leen juntos, muestran que no todo ocurre en el momento de la muerte.
muerte → condición posterior a la muerte → resurrección corporal → presentarse ante Dios → destino eterno plenamente manifestado
Esta secuencia no niega la comunión con Cristo. El cristiano que muere está seguro en Él; pero la esperanza bíblica no termina allí, pues incluye la resurrección del cuerpo y el cumplimiento final de la obra de Cristo.
Vida eterna ahora; resurrección en el día final
En Juan 5, Jesús enseña dos verdades que deben mantenerse juntas. El creyente recibe vida eterna ahora, y aun así espera la resurrección de su cuerpo. Primero dice:
«En verdad les digo: el que oye Mi palabra y cree al que me envió, tiene vida eterna y no viene a condenación, sino que ha pasado de muerte a vida» (Juan 5:24).
La vida eterna no es solamente una promesa para el futuro. Quien cree ya ha pasado de muerte a vida. Esa seguridad pertenece al cristiano ahora.
Sin embargo, pocos versículos después, el mismo Jesús habla de algo que todavía viene:
«No se queden asombrados de esto, porque viene la hora en que todos los que están en los sepulcros oirán Su voz, y saldrán: los que hicieron lo bueno, a resurrección de vida, y los que practicaron lo malo, a resurrección de juicio» (Juan 5:28–29).
Ambas afirmaciones vienen del mismo discurso. El creyente que muere teniendo vida eterna por la fe todavía será llamado de la tumba por la voz del Hijo. Jesús une las dos verdades otra vez cuando promete que todo el que cree en Él tendrá vida eterna y que Él mismo lo resucitará «en el día final» (Juan 6:40).
Por eso, tener vida eterna ahora no significa que la resurrección ya ocurrió. Juan no enfrenta una verdad contra la otra: la vida que el creyente posee ahora culminará en la resurrección del día final.
Pablo habla del mismo futuro cuando confiesa que «ciertamente habrá una resurrección tanto de los justos como de los impíos» (Hechos 24:15). El versículo no da todos los detalles del orden final, pero sí confirma que la muerte no es el último acontecimiento bíblico para justos ni para impíos.
Cristo resucitó; los Suyos resucitarán cuando Él vuelva
Primera Corintios 15 muestra el orden de manera sencilla: Cristo resucitó primero, y después resucitarán los que le pertenecen.
«Pero ahora Cristo ha resucitado de entre los muertos, primicias de los que durmieron. […] Pero cada uno en su debido orden: Cristo, las primicias; luego los que son de Cristo en Su venida. Entonces vendrá el fin» (1 Corintios 15:20, 23–24).
Pablo no dice que el cuerpo del creyente resucita cada vez que un cristiano muere. Lo relaciona con la venida de Cristo. Cristo ya resucitó; los Suyos resucitarán cuando Él venga; después vendrá el fin.
Por eso Pablo todavía llama a la muerte un enemigo: «Y el último enemigo que será eliminado es la muerte» (1 Corintios 15:26). Cristo ya obtuvo la victoria por Su muerte y resurrección, pero los cristianos todavía mueren y sus cuerpos todavía vuelven al polvo. La obra de Cristo también incluye levantar y transformar esos cuerpos.
«La trompeta sonará y los muertos resucitarán incorruptibles, y nosotros seremos transformados. Porque es necesario que esto corruptible se vista de incorrupción, y esto mortal se vista de inmortalidad. Pero cuando esto corruptible se haya vestido de incorrupción, y esto mortal se haya vestido de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra que está escrita: “Devorada ha sido la muerte en victoria”» (1 Corintios 15:52–54).
Vea: La resurrección no es un detalle añadido al final de la salvación. Dios no dejará el cuerpo de Su pueblo en la tumba. Lo levantará y lo transformará. Por eso la esperanza cristiana no termina cuando el espíritu sale del cuerpo.
Los muertos en Cristo resucitarán cuando el Señor venga
Pablo escribió 1 Tesalonicenses 4 para consolar a cristianos que lloraban por hermanos muertos. No les dice que la resurrección dejó de importar; los dirige a lo que el Señor hará cuando vuelva:
«Pues el Señor mismo descenderá del cielo con voz de mando, con voz de arcángel y con la trompeta de Dios, y los muertos en Cristo se levantarán primero. Entonces nosotros, los que estemos vivos y que permanezcamos, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes al encuentro del Señor en el aire, y así estaremos con el Señor siempre» (1 Tesalonicenses 4:16–17).
El propósito de este pasaje no es decir dónde estuvo cada espíritu antes de la resurrección. Tampoco prueba que los muertos estén inconscientes porque Pablo use la expresión «los que duermen». Lo que sí afirma es que, cuando el Señor descienda, los muertos en Cristo resucitarán y los vivos serán reunidos con ellos para encontrarse con Él.
Importante: La venida de Cristo sigue siendo, entonces, un día decisivo para los muertos y para los vivos. Estar con Cristo no hace que la resurrección sea innecesaria. Los que son de Cristo serán levantados y reunidos con Él en cuerpos transformados.
Estar con Cristo no significa que todo ya ocurrió
Pablo deseaba «partir y estar con Cristo», algo que llamó «mucho mejor» (Filipenses 1:23). También escribió: «Preferimos más bien estar ausentes del cuerpo y habitar con el Señor» (2 Corintios 5:8).
Estas palabras deben afirmarse con toda claridad. El cristiano que muere no queda abandonado ni separado de Cristo. «Ya sea que vivamos o que muramos, del Señor somos» (Romanos 14:8). Cristo murió y resucitó «para ser Señor tanto de los muertos como de los vivos» (Romanos 14:9).
Importante: La dificultad aparece cuando esas palabras se usan para afirmar más de lo que dicen. Filipenses 1:23 y 2 Corintios 5:8 no dicen que Pablo ya recibió el cuerpo incorruptible de 1 Corintios 15, que la muerte ya fue eliminada, que el juicio ya ocurrió o que la nueva creación ya llegó. Tampoco mencionan el Hades.
El contexto de 2 Corintios 5 muestra por qué no se debe sacar el versículo 8 de su párrafo. Pablo habla de ser vestido para que «lo mortal sea absorbido por la vida» (2 Corintios 5:4), expresa su deseo de habitar con el Señor (5:8), y después añade: «Porque todos nosotros debemos comparecer ante el tribunal de Cristo, para que cada uno sea recompensado por sus hechos estando en el cuerpo, de acuerdo con lo que hizo, sea bueno o sea malo» (5:10).
Algunos entienden 2 Corintios 5 como si el creyente recibiera un cuerpo celestial en el momento de morir y, por eso, no hubiera un estado intermedio. William R. Baker defiende esa lectura y reconoce que debe explicarse junto con 1 Tesalonicenses 4.1 Esa interpretación será examinada directamente en el artículo sobre 2 Corintios 5. Por ahora basta observar que el pasaje no dice, con estas palabras, que al morir el creyente recibe el cuerpo resucitado, comparece ante el tribunal final y entra en todo el estado eterno.
Importante: Estar con Cristo y esperar la resurrección no son ideas contrarias. La primera es el consuelo del creyente; la segunda es parte de la victoria que Cristo prometió.
El juicio y el destino final todavía están delante
La vida eterna del creyente no elimina el juicio que la Biblia todavía presenta como futuro. Pablo escribió a cristianos: «Todos compareceremos ante el tribunal de Dios» y «cada uno de nosotros dará a Dios cuenta de sí mismo» (Romanos 14:10, 12).
Juan 5:24 enseña que el creyente no viene a condenación. Romanos 14 enseña que los creyentes comparecerán ante Dios. Ambas verdades deben mantenerse juntas. La seguridad en Cristo no convierte el juicio futuro en una ceremonia sin sentido.
El artículo sobre el juicio estudiará con más detalle Mateo 25, Romanos 14, 2 Corintios 5 y Apocalipsis 20. Aquí basta reconocer que la Biblia todavía habla de la resurrección, de la rendición de cuentas ante Dios y del destino final como hechos que están delante.
Hades no es el lago de fuego
Apocalipsis 20 deja clara una distinción importante:
«El mar entregó los muertos que estaban en él, y la Muerte y el Hades entregaron a los muertos que estaban en ellos. Y fueron juzgados, cada uno según sus obras. La Muerte y el Hades fueron arrojados al lago de fuego. Esta es la muerte segunda: el lago de fuego» (Apocalipsis 20:13–14).
Este pasaje no ofrece una lista de todos los que están en el Hades. También menciona el mar y la Muerte. Tampoco ofrece un mapa del mundo invisible. El Artículo 16 estudiará ese texto con más cuidado.
Sin embargo, el orden de la visión es claro: Hades entrega a sus muertos → los muertos son juzgados → y después, Hades es arrojado al lago de fuego. Hades ≠ lago de fuego. Craig R. Koester también señala que la entrega de los muertos ocurre antes del fin de la Muerte y el Hades.2
Lo que este artículo establece
Este estudio permite afirmar cinco cosas:
- El creyente tiene vida eterna ahora y pertenece al Señor aun en la muerte.
- Los muertos resucitarán y los vivos serán transformados cuando Cristo vuelva.
- La victoria sobre la muerte se verá plenamente cuando lo mortal se vista de inmortalidad.
- El creyente comparecerá ante Dios y dará cuenta de sí mismo.
- Hades no es el lago de fuego ni el destino final llamado la muerte segunda.
También hay cosas que este artículo no intenta probar:
- No ofrece un mapa completo del mundo invisible.
- No dice quiénes están en el Hades en Apocalipsis 20.
- No afirma que el Paraíso sea una parte física del Hades.
- No niega que el cristiano muerto esté con Cristo.
- No decide todavía el nombre ni la ubicación exacta de la condición entre la muerte y la resurrección.
Por eso la palabra cielo debe definirse antes de usarla como respuesta. Si alguien usa cielo para decir que el fiel muerto está con Cristo bajo el cuidado de Dios mientras espera la resurrección, este artículo no decide todavía si esa palabra identifica correctamente la ubicación de los muertos.
Pero si cielo significa que el creyente ya entró al estado final, con la resurrección corporal, el juicio y la victoria completa sobre la muerte ya realizados, la Biblia no permite juntar todas esas cosas en el momento de la muerte. Cristo promete resucitar a los Suyos en el día final; Pablo los sitúa en la venida de Cristo; y la Escritura todavía habla de resurrección, juicio y destino final como hechos futuros.
La proposición central de esta serie es más específica: enseña que, desde la ascensión de Cristo, el fiel muerto entra en el cielo y no entra en el Hades. Este artículo muestra que estar con Cristo no basta, por sí solo, para probar esa última afirmación. Los artículos siguientes examinarán si algún texto enseña ese cambio.
La esperanza cristiana es más que seguir existiendo después de la muerte. El Señor guarda a los Suyos en la muerte, vendrá por ellos, levantará sus cuerpos, juzgará con justicia y acabará con la muerte. Esa es la secuencia que la Biblia presenta.
Notas
Bibliografía
Baker, William R. 2 Corinthians. Joplin, MO: College Press, 1999.
Koester, Craig R. Revelation: A New Translation with Introduction and Commentary. Anchor Yale Bible 38A. New Haven: Yale University Press, 2014.
Scripture taken from the Nueva Biblia de las Américas® (NBLA®), Copyright © 2005 by The Lockman Foundation. Used by permission. www.NuevaBiblia.com
William R. Baker, 2 Corinthians (Joplin, MO: College Press, 1999), 200–201, 217–18. Baker entiende que 2 Corintios 5 no deja lugar para un estado intermedio y que la morada celestial se recibe al morir. Se le cita para presentar esa lectura con justicia, no como la autoridad que decide el texto.↩︎
Craig R. Koester, Revelation: A New Translation with Introduction and Commentary, Anchor Yale Bible 38A (New Haven: Yale University Press, 2014), 779–81, 790–93.↩︎
