El hombre antes del cargo
Serie: Bajo el cuidado del Príncipe de los pastores
Fecha: 16 de octubre de 2026 · PM
Predicador: Ed Rangel
Lugar: Niebla, Chile
Textos principales: 1 Timoteo 3:1–7; Tito 1:5–9
Versión bíblica: NBLA
Tipo de sermón: Expositivo y doctrinal
Tesis
La congregación no convierte a un hombre en anciano; reconoce a hombres cuya vida ya muestra el carácter, el cuidado y la fidelidad que Dios exige.
Entrada
Cuando una empresa necesita un jefe, puede elegir al más preparado para administrar. Cuando un país elige una autoridad, la mayoría puede escoger al candidato que ofrece lo que desea. Pero una iglesia no funciona como una empresa ni como un país.
La congregación no redacta las condiciones para un anciano. Dios ya las dio. No buscamos al hombre más popular, al que tiene más dinero, al que pertenece a cierta familia ni al que desea mandar. Buscamos al hombre que ya vive de acuerdo con la palabra de Dios.
El nombramiento no cambia mágicamente su carácter. El cargo no hace al hombre. Primero vemos al hombre; después reconocemos la obra para la cual Dios lo ha preparado.
Lectura de los textos
1 Timoteo 3:1–7
1. Palabra fiel es esta: si alguien aspira al cargo de obispo, buena obra desea hacer.
2. Un obispo debe ser, pues, irreprochable, marido de una sola mujer, sobrio, prudente, de conducta decorosa, hospitalario, apto para enseñar,
3. no dado a la bebida, no pendenciero, sino amable, no contencioso, no avaricioso.
4. Que gobierne bien su casa, teniendo a sus hijos sujetos con toda dignidad;
5. (pues si un hombre no sabe cómo gobernar su propia casa, ¿cómo podrá cuidar de la iglesia de Dios?).
6. No debe ser un recién convertido, no sea que se envanezca y caiga en la condenación en que cayó el diablo.
7. Debe gozar también de una buena reputación entre los de afuera de la iglesia, para que no caiga en descrédito y en el lazo del diablo.
Tito 1:5–9
5. Por esta causa te dejé en Creta, para que pusieras en orden lo que queda, y designaras ancianos en cada ciudad como te mandé.
6. Lo designarás, si el anciano es irreprensible, marido de una sola mujer, que tenga hijos creyentes, no acusados de disolución ni de rebeldía.
7. Porque el obispo debe ser irreprensible como administrador de Dios, no obstinado, no iracundo, no dado a la bebida, no pendenciero, no amante de ganancias deshonestas.
8. Antes bien, debe ser hospitalario, amante de lo bueno, prudente, justo, santo, dueño de sí mismo.
9. Debe retener la palabra fiel que es conforme a la enseñanza, para que sea capaz también de exhortar con sana doctrina y refutar a los que contradicen.
I. EL ANCIANO DESEA UNA OBRA, NO UN TÍTULO
A. Pablo llama al ancianato una buena obra.
No dice que el hombre desea una posición de honor.
No dice que desea tener la última palabra.
Dice que desea trabajar.
B. La obra exige cuidado de personas.
Hay que enseñar al que no entiende.
Hay que buscar al que se está alejando.
Hay que corregir con paciencia al que se equivoca.
Hay que estar despierto cuando una familia sufre.
Hay que enfrentar el error aunque resulte incómodo.
C. El deseo correcto se reconoce por el servicio que ya existe.
Un hombre no debe esperar el nombramiento para interesarse por las almas.
Si solo sirve cuando tiene autoridad, no desea la obra; desea el cargo.
El hombre preparado ya enseña, ayuda, recibe, escucha y da buen ejemplo.
D. La ambición de controlar es contraria al ancianato.
El obstinado insiste en su voluntad.
El iracundo presiona mediante el enojo.
El contencioso necesita ganar toda discusión.
Dios excluye precisamente esas maneras de dominar.
II. DIOS MIRA EL CARÁCTER PÚBLICO Y PRIVADO
A. “Irreprensible” no significa que nunca pecó.
Si significara perfección absoluta, ningún hombre podría servir.
Significa que no hay una acusación válida que destruya su ejemplo cristiano.
Su vida muestra arrepentimiento, fidelidad y madurez.
B. Debe gobernarse a sí mismo.
Sobrio en su manera de pensar.
Prudente en sus decisiones.
Dueño de sí mismo cuando siente presión.
No dominado por bebida, dinero, enojo o deseo de reconocimiento.
C. Debe tratar bien a otras personas.
Es hospitalario, no cerrado ni indiferente.
Es amable, no pendenciero.
Ama lo bueno, no solamente lo que le conviene.
Es justo, incluso cuando el asunto involucra a sus amigos o familiares.
D. Su reputación fuera de la iglesia también importa.
Un hombre puede cuidar su apariencia durante una reunión.
Los vecinos, compañeros y personas con quienes hace negocios ven otra parte de su vida.
Dios quiere un hombre que sea el mismo dentro y fuera del local.
III. SU HOGAR MUESTRA CÓMO CUIDARÁ LA IGLESIA
A. Debe ser marido de una sola mujer.
Es un hombre fiel a su esposa.
No juega con la inmoralidad.
Su matrimonio muestra lealtad y pureza.
B. Debe gobernar bien su casa.
No por miedo ni violencia.
No por abandono o indiferencia.
Con dignidad, dirección y cuidado.
C. Sus hijos forman parte del examen bíblico.
Pablo habla de hijos creyentes, no acusados de disolución ni rebeldía.
La congregación no debe cambiar esa condición por conveniencia.
Tampoco debe inventar condiciones que Pablo no escribió.
D. El hogar es la primera escuela de cuidado.
Pablo pregunta: “Si un hombre no sabe cómo gobernar su propia casa, ¿cómo podrá cuidar de la iglesia de Dios?”.
El verbo importante es cuidar.
El hombre no es llamado a controlar la iglesia, sino a cuidarla como alguien que ha aprendido responsabilidad, paciencia y amor en su propia casa.
IV. DEBE CONOCER Y RETENER LA PALABRA
A. Debe ser apto para enseñar.
No necesita ser el orador más elocuente.
Sí necesita entender la verdad y comunicarla con fidelidad.
Debe poder abrir la Biblia y ayudar a otros a comprenderla.
B. Debe retener la palabra fiel.
No cambia su enseñanza para evitar críticas.
No sigue cada idea nueva.
No pone la tradición por encima de la Escritura.
C. Tiene una responsabilidad positiva y una negativa.
Exhorta con sana doctrina.
Refuta a los que contradicen.
Alimenta a las ovejas y también las protege del veneno.
D. Él mismo permanece bajo la palabra.
No es la fuente de la verdad.
No puede convertir su opinión en ley para la iglesia.
Su autoridad depende de su fidelidad a la enseñanza de Cristo.
V. LA CONGREGACIÓN DEBE EXAMINAR CON JUSTICIA
A. No debemos bajar las condiciones.
La necesidad de tener ancianos no autoriza a nombrar a un hombre que no cumple.
La amistad y el parentesco no borran una condición bíblica.
B. Tampoco debemos elevar las condiciones hasta exigir perfección.
Un anciano no tiene que saberlo todo.
No tiene que pensar igual que cada miembro en asuntos de opinión.
No tiene que carecer de toda debilidad humana.
Debe cumplir lo que el texto realmente dice.
C. Una objeción debe ser bíblica y comprobable.
“No me gusta su manera” no es una condición bíblica.
“Una vez no estuvo de acuerdo conmigo” no es una descalificación.
“Temo perder mi influencia” no es una acusación contra su carácter.
Si hay pecado, falsa doctrina o una condición que no cumple, debe explicarse con verdad y sin rumores.
D. El examen debe proteger tanto a la iglesia como al hombre.
No se debe ocultar un problema real.
No se debe destruir a un hombre con sospechas vagas.
No se debe usar el proceso para resolver rivalidades antiguas.
La pregunta es sencilla: “¿Describe la palabra de Dios la vida de este hombre?”.
Conclusión
Dios no nos dejó adivinar qué clase de hombre debe ser anciano. Nos dio un retrato claro.
Antes del cargo está el hombre. Antes de la autoridad está el carácter. Antes de dirigir públicamente está la fidelidad en casa. Antes de corregir a otros está el dominio propio. Antes de defender la doctrina está el deber de retenerla.
Si un hombre no corresponde al retrato bíblico, no debemos nombrarlo. Pero si hombres maduros sí corresponden al retrato, no debemos rechazarlos por temor, preferencia o deseo de conservar influencia. En ambos casos, nuestra responsabilidad es someternos a la palabra de Dios.
Invitación
Las condiciones para los ancianos también nos obligan a mirar nuestro propio corazón. Tal vez no todos serán ancianos, pero todo cristiano debe crecer en dominio propio, fidelidad, amor por lo bueno y conocimiento de la verdad.
Y si todavía no es cristiano, Cristo no le ofrece un título sino una vida nueva. Crea que Jesús es el Hijo de Dios, arrepiéntase de sus pecados, confiéselo como Señor y sea bautizado en Él.
Romanos 10:9–10
9. Que si confiesas con tu boca a Jesús por Señor, y crees en tu corazón que Dios lo resucitó de entre los muertos, serás salvo.
10. Porque con el corazón se cree para justicia, y con la boca se confiesa para salvación.
Hechos 2:38
38. Entonces Pedro les dijo: «Arrepiéntanse y sean bautizados cada uno de ustedes en el nombre de Jesucristo para perdón de sus pecados, y recibirán el don del Espíritu Santo».
Si necesita obedecer el evangelio, hágalo. Si necesita corregir una actitud de orgullo, rivalidad o resistencia a la palabra, humíllese delante del Señor. Cristo forma un pueblo santo bajo Su gobierno.
