Sheol, Hades, Paraíso y lago de fuego: términos que la Biblia no confunde

Sheol, Hades, Paraíso, Gehena y lago de fuego no son términos intercambiables. Este estudio ordena el vocabulario bíblico y muestra por qué el Hades es temporal, la resurrección sigue siendo futura y el lago de fuego pertenece al destino final. Confundir estos términos altera la secuencia que presenta la Escritura y concede a un pasaje conclusiones que no afirma.

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Una palabra equivocada puede alterar toda la discusión

Cuando se dice que alguien murió y fue al “infierno”, ¿qué se está afirmando? ¿Que entró en el Hades? ¿Que se encuentra en tormento mientras espera la resurrección? ¿O que ya fue lanzado al lago de fuego después del juicio final?

Esas afirmaciones no son iguales.

La misma dificultad aparece cuando se dice que el cristiano muerto está “en el cielo”. La expresión puede referirse a una condición bendita con Cristo, a la morada presente de Dios o al destino consumado que sigue a la resurrección y al juicio. Si el significado cambia mientras avanza el argumento, una palabra termina ocupando el lugar de la prueba.

El propósito de este artículo es más limitado y más necesario: poner en orden el vocabulario antes de discutir las conclusiones. Ningún léxico decide la doctrina. Las definiciones sirven para leer los textos; no pueden sustituirlos.

La Biblia presenta una secuencia que no se debe alterar:

muerte → estado consciente de los muertos → resurrección corporal → juicio final → destino eterno

Los términos siguientes ocupan lugares distintos dentro de esa secuencia.

TérminoUso básico en esta discusiónLo que no se debe afirmar automáticamente
SheolTérmino hebreo relacionado con el ámbito de los muertosQue siempre significa sepulcro físico o castigo eterno
SepulcroLugar donde se deposita el cuerpoQue es idéntico al Sheol o al Hades en cada texto
HadesTérmino griego para el ámbito de los muertos; temporalQue es el lago de fuego
Seno de AbrahamCondición de honor, comunión y consuelo de LázaroQue Lucas 16 ofrece un plano físico del mundo invisible
ParaísoCondición bendita con Cristo; el contexto determina su usoQue una sola aparición resuelve toda pregunta sobre su ubicación en todos los tiempos
GehenaLenguaje de Jesús acerca del castigo finalQue es otro nombre para el Hades temporal
Lago de fuegoMuerte segunda y castigo finalQue ya es el lugar llamado Hades
CieloTérmino contextual: morada de Dios, presencia celestial o creación consumadaQue “con Cristo” demuestra por sí solo una ubicación fuera del Hades
ResurrecciónLevantamiento corporal de los muertosQue significa solamente que el espíritu continúa existiendo

Sheol no es simplemente una palabra hebrea para “infierno”

El Antiguo Testamento utiliza שְׁאוֹל (Sheol) en relación con la muerte y el ámbito al cual descienden los muertos. Brown–Driver–Briggs lo define como underworld y reúne bajo esa entrada textos en los que los hombres descienden allí al morir.1

Cuando Jacob creyó que José había muerto, dijo:

«Ciertamente enlutado bajaré al Seol por causa de mi hijo». —Génesis 37:35

Jacob no creía que José hubiera sido colocado en un sepulcro conocido. Creía que una fiera lo había despedazado. Sin embargo, dijo que descendería al Sheol por causa de su hijo. El texto relaciona el término con la muerte, pero no permite reducirlo mecánicamente a la tumba individual donde se deposita un cadáver.

David empleó el mismo término:

Porque Tú no abandonarás mi alma en el Seol,
Ni permitirás que Tu Santo sufra corrupción. —Salmo 16:10

No todas las apariciones de Sheol explican el estado de los muertos con el mismo detalle. En algunos contextos el término se aproxima a la muerte, al descenso o a la sepultura. En otros se presenta como el ámbito de los muertos. El contexto decide el matiz. Lo que no permite el uso bíblico es convertir Sheol en sinónimo automático del castigo eterno.2

El sepulcro recibe el cuerpo; no responde por sí solo dónde está el espíritu

La Biblia también habla del sepulcro, la tumba y la sepultura. Esos términos pueden referirse al lugar físico donde se coloca el cuerpo. En Hechos 2:29, Pedro dijo que David “murió y fue sepultado, y su sepulcro está entre nosotros hasta el día de hoy”. El sepulcro de David podía ser señalado en Jerusalén.

Pero unos versículos después Pedro no habló solamente del sepulcro. Al explicar el Salmo 16, distinguió entre el Hades y la corrupción de la carne:

“…miró hacia el futuro y habló de la resurrección de Cristo, que ni fue abandonado en el Hades, ni Su carne sufrió corrupción”. —Hechos 2:31

El cuerpo de Cristo fue puesto en una tumba. Su carne no sufrió corrupción. Su alma no fue abandonada en el Hades. Reducir las tres expresiones a “el cadáver estuvo en el sepulcro” aplana la distinción que Pedro utilizó para predicar la resurrección.

Hades es el puente inspirado desde Sheol

El Nuevo Testamento mismo establece la relación básica entre Sheol y ᾅδης (Hades). En Hechos 2:27 Pedro citó el Salmo 16:10:

Pues Tú no abandonarás mi alma en el Hades,
Ni permitirás que Tu Santo vea corrupción. —Hechos 2:27

El Salmo hebreo dice Sheol. La cita griega de Pedro dice Hades. No se trata de una equivalencia inventada para sostener una posición posterior. El Espíritu Santo hizo esa conexión dentro del argumento apostólico acerca de la muerte y resurrección de Cristo.

Por eso la definición debe ser cuidadosa: Hades es el equivalente griego habitual de Sheol para hablar del ámbito de los muertos, aunque cada aparición conserva el matiz que le da su contexto. BDAG registra para Hades el mundo inferior o ámbito de los muertos y reúne bajo la entrada textos como Mateo 16:18, Lucas 16:23, Hechos 2:27, 31 y Apocalipsis 20:13–14.3

Hechos 2 establece algo que ninguna definición debe borrar: Cristo murió de verdad, Su alma estuvo en relación con el Hades y Él salió de la muerte mediante la resurrección. Si Hades significara necesariamente castigo eterno, el sermón de Pedro colocaría a Cristo en el castigo eterno. El resultado sería absurdo. Por tanto, Hades no significa automáticamente infierno final.

Hades y el lago de fuego no pueden ser lo mismo

Apocalipsis 20 ofrece la distinción más directa de todo el tema:

13 El mar entregó los muertos que estaban en él, y la Muerte y el Hades entregaron a los muertos que estaban en ellos. Y fueron juzgados, cada uno según sus obras. 14 La Muerte y el Hades fueron arrojados al lago de fuego. Esta es la muerte segunda: el lago de fuego. 15 Y el que no se encontraba inscrito en el libro de la vida fue arrojado al lago de fuego. —Apocalipsis 20:13–15

El orden del pasaje es decisivo:

  1. El Hades contiene muertos.
  2. El Hades entrega a los muertos que están en él.
  3. Los muertos son juzgados.
  4. El Hades es arrojado al lago de fuego.

Una cosa no puede ser idéntica a aquello dentro de lo cual es arrojada. El Hades no es el lago de fuego.

El pasaje también muestra que el Hades es temporal. Cumple una función antes del juicio y después llega a su fin. El lago de fuego, en cambio, es llamado “la muerte segunda” y aparece como el destino posterior al juicio.

La conclusión debe conservar exactamente el alcance del texto. Apocalipsis 20 afirma que el Hades entrega muertos; no identifica allí por nombre a cada uno de sus ocupantes. El pasaje refuta dos errores concretos: que el Hades sea el lago de fuego y que el Hades haya dejado de existir en la ascensión. La identidad de quienes están en él debe establecerse mediante el testimonio bíblico completo.

Tormento no es otra palabra para lago de fuego

Lucas 16 presenta al rico y a Lázaro después de la muerte y mientras los cinco hermanos del rico todavía vivían en la tierra:

22 «Sucedió que murió el pobre y fue llevado por los ángeles al seno de Abraham; y murió también el rico y fue sepultado. 23 En el Hades el rico alzó sus ojos, estando en tormentos, y vio a Abraham a lo lejos, y a Lázaro en su seno». —Lucas 16:22–23

El rico estaba consciente, recordaba, hablaba y sufría. Lázaro estaba con Abraham y era consolado. Entre ambas condiciones había “un gran abismo” que no podía cruzarse (Lucas 16:25–26). Todavía no se describe la escena posterior a la resurrección general, porque continuaba la vida de los hermanos del rico en la tierra.

Por tanto, tormento describe aquí el sufrimiento consciente del impío muerto antes de la consumación final. El sufrimiento es real, pero Lucas no lo llama lago de fuego. Apocalipsis coloca el lago de fuego después de que el Hades entrega a sus muertos y después del juicio.

El seno de Abraham describe consuelo y comunión, no un segundo destino eterno

Lucas dice expresamente que Lázaro fue llevado “al seno de Abraham”. La imagen comunica cercanía, honor, comunión y consuelo. Abraham explicó el contraste: “ahora él es consolado aquí, y tú estás en agonía” (Lucas 16:25).

El texto no autoriza a convertir cada detalle en un plano anatómico o geográfico del mundo invisible. Dedos, lengua, agua, seno, visión y diálogo comunican identidad, memoria, angustia, consuelo y separación. La fuerza doctrinal del relato no depende de imaginar cuerpos materiales antes de la resurrección.

También es necesario reconocer el límite de la frase. Lucas 16 dice expresamente que el rico estaba “en el Hades”. No contiene la oración: “Lázaro estaba en el Hades”. La relación entre el lugar de consuelo de los justos y el Hades no debe descansar en una oración que Lucas no escribió. Surge del testimonio acumulativo, especialmente al colocar Lucas 23 junto a Hechos 2.

Paraíso: Lucas 23 y Hechos 2 tienen que permanecer juntos

Jesús prometió al ladrón arrepentido:

«En verdad te digo: hoy estarás conmigo en el paraíso». —Lucas 23:43

La promesa establece comunión personal y bendita con Cristo ese mismo día. No dice que el ladrón sería inconsciente, ni que dejaría de existir hasta la resurrección. Estaría con Cristo en el paraíso.

Hechos 2 afirma que el alma de Cristo no fue abandonada en el Hades. Lucas 23 afirma que Cristo y el ladrón estarían juntos en el paraíso. Ambos textos describen el período entre la muerte de Jesús y Su resurrección. No se puede usar “conmigo” para borrar Hades, ni usar Hades para borrar paraíso.

La inferencia que mejor mantiene ambos textos es que el paraíso prometido al ladrón pertenecía a la condición bendita de los muertos relacionada con el Hades. No existe una oración que diga literalmente: “El paraíso es una sección del Hades”. La conclusión es acumulativa: Jesús y el ladrón estarían juntos en el paraíso ese día; el alma de Jesús no fue abandonada en el Hades antes de Su resurrección. Esta inferencia no depende de que un léxico dicte la doctrina. Depende de mantener juntos los dos testimonios inspirados.

Thayer registra como un uso histórico de παράδεισος (paradeisos) “la parte del Hades” que algunos judíos posteriores consideraban morada de las almas piadosas hasta la resurrección, y relaciona ese uso con Lucas 23:43 y 16:23. En la misma entrada reconoce que otros entendían Lucas 23:43 como paraíso celestial.4 Thayer, por tanto, no resuelve la controversia. Su utilidad es más modesta: confirma que relacionar el paraíso de Lucas 23 con el estado de los justos muertos no es una imposibilidad lingüística ni una invención reciente.

El tercer cielo no prueba que el Paraíso haya sido trasladado

Segunda Corintios 12 debe recibir todo su peso:

2 Conozco a un hombre en Cristo, que hace catorce años (no sé si en el cuerpo, no sé si fuera del cuerpo, Dios lo sabe) el tal fue arrebatado hasta el tercer cielo. 3 Y conozco a tal hombre (si en el cuerpo o fuera del cuerpo no lo sé, Dios lo sabe) 4 que fue arrebatado al paraíso, y escuchó palabras inefables que al hombre no se le permite expresar. —2 Corintios 12:2–4

El paralelismo asocia claramente el paraíso con una realidad celestial en la experiencia de Pablo. Esa evidencia no se debe minimizar.

Pero el pasaje no cuenta la historia de un traslado. No dice que el paraíso estuvo antes en el Hades, que fue movido durante la resurrección o ascensión de Cristo, que los justos muertos fueron llevados con él ni que, desde entonces, los cristianos muertos dejaron de entrar en el Hades. Pablo relata una revelación extraordinaria; no anuncia un cambio en el destino de los muertos.

Así quedan dos hechos que deben investigarse sin confundirlos:

  • Lucas 23 y Hechos 2 relacionan el paraíso de Cristo con el Hades durante el tiempo de Su muerte.
  • Segunda Corintios 12 presenta el paraíso como una realidad celestial en la visión de Pablo.

Pasar de esos dos hechos a una doctrina de traslado requiere un texto que revele el traslado. La definición de una palabra no puede proporcionar el acontecimiento que ningún pasaje narra.

Gehena pertenece a las advertencias sobre el castigo final

Γέεννα (Gehenna) procede del nombre del valle de Hinom, lugar asociado en el Antiguo Testamento con abominación y juicio (2 Reyes 23:10; Jeremías 7:31–32). En labios de Jesús se convierte en una advertencia terrible acerca del castigo divino.5

Jesús dijo:

«No teman a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma; más bien teman a Aquel que puede hacer perecer tanto el alma como el cuerpo en el infierno». —Mateo 10:28

La nota de la NBLA identifica aquí el término griego Gehenna. El texto mira más allá de la muerte física: habla del poder de Dios sobre “el alma” y “el cuerpo”. Esa referencia al cuerpo armoniza con el castigo que sigue a la resurrección, no con una condición meramente desencarnada entre la muerte y la resurrección.

Por tanto, Gehena y Hades no cumplen la misma función. El Hades recibe muertos y finalmente los entrega. Gehena pertenece a las advertencias acerca del castigo final. Traducir ambos términos con la palabra general infierno puede ocultar una distinción que el texto griego conserva.

“Infierno” exige una pregunta adicional

La palabra española infierno puede funcionar como un término popular para cualquier condición de castigo después de la muerte. El problema comienza cuando se trata esa palabra castellana como si correspondiera siempre a un solo término bíblico.

Cada vez que aparezca infierno en una discusión, conviene preguntar:

¿El texto dice Sheol, Hades, Gehena, tormento o lago de fuego?

La pregunta no es un tecnicismo. Determina si el pasaje habla del estado temporal de los muertos o del castigo final posterior a la resurrección y al juicio.

El cielo presente no es una abreviatura del estado final resucitado

La Biblia habla del cielo como la morada de Dios, el lugar al cual ascendió Cristo y la realidad celestial desde la cual Él reina. Pero también presenta la esperanza consumada en términos que incluyen la resurrección del cuerpo, el juicio, un cielo nuevo y una tierra nueva.

Apocalipsis no termina con espíritus incorpóreos que permanecen para siempre en una condición provisional. Después del juicio, Juan vio “un cielo nuevo y una tierra nueva” y oyó que el tabernáculo de Dios estaría entre los hombres (Apocalipsis 21:1–3). Entonces “ya no habrá muerte” (Apocalipsis 21:4).

Por eso es necesario preguntar qué significa cielo cada vez que se utiliza. Una persona puede afirmar que el cristiano muerto está bendecido, seguro y con Cristo, y todavía no haber demostrado que ya recibió la condición final descrita después de la resurrección. Tampoco ha demostrado, solamente con la expresión “con Cristo”, que el fiel esté geográficamente fuera del Hades.

La resurrección no es otro nombre para la supervivencia del espíritu

Jesús explicó qué ocurrirá en la resurrección:

28 «No se queden asombrados de esto, porque viene la hora en que todos los que están en los sepulcros oirán Su voz, 29 y saldrán: los que hicieron lo bueno, a resurrección de vida, y los que practicaron lo malo, a resurrección de juicio». —Juan 5:28–29

Pablo confesó la misma esperanza: “ciertamente habrá una resurrección tanto de los justos como de los impíos” (Hechos 24:15).

La resurrección no significa solamente que la persona continúa consciente después de morir. Significa que los muertos saldrán, que el cuerpo será levantado y que comparecerán ante Dios. Mientras la resurrección siga siendo futura, la condición presente de los muertos sigue siendo intermedia, aunque sea consciente, bendita para el fiel y terrible para el impío.

Lo que estas definiciones establecen

Al terminar este recorrido, varias conclusiones quedan firmes:

  1. Sheol y Hades se relacionan bíblicamente con el ámbito de los muertos.
  2. El sepulcro físico no agota el significado de Sheol o Hades.
  3. Cristo estuvo en el Hades y no fue abandonado allí.
  4. Hades y lago de fuego no son lo mismo.
  5. El Hades es temporal y entrega muertos antes del juicio.
  6. Lucas 16 distingue tormento consciente de consuelo consciente mientras continúa la historia en la tierra.
  7. El seno de Abraham describe la condición consolada de Lázaro.
  8. Lucas 23 y Hechos 2 deben armonizarse: Cristo estuvo en el paraíso y en relación con el Hades durante el mismo estado de muerte.
  9. Segunda Corintios 12 asocia el paraíso con una realidad celestial, pero no narra su traslado ni anuncia que los fieles dejaron de entrar en el Hades.
  10. Gehena y lago de fuego pertenecen al lenguaje del castigo final.
  11. “Estar con Cristo” no equivale automáticamente a haber recibido la resurrección o el estado final.
  12. La resurrección corporal, el juicio y el destino eterno siguen ocupando su lugar futuro.

Estas distinciones no resuelven por sí solas cada pregunta acerca del estado intermedio. Sí impiden resolverlas cambiando el significado de las palabras. El Hades no puede convertirse en lago de fuego; el tormento del rico no puede convertirse en el juicio final; el paraíso no puede convertirse en prueba de un traslado no narrado; y estar con Cristo no puede convertirse, sin argumento, en estar fuera del Hades.

La terminología ya está en su lugar. El siguiente paso será examinar una exigencia repetida en esta controversia: “Muéstreme un solo texto que lo diga”.


Notas

Bibliografía

Brown, Francis, S. R. Driver y Charles A. Briggs. Enhanced Brown-Driver-Briggs Hebrew and English Lexicon. Oak Harbor, WA: Logos Research Systems, 2000.

Bauer, Walter. A Greek-English Lexicon of the New Testament and Other Early Christian Literature. Revisado y editado por Frederick William Danker. 3.ª ed. Chicago: University of Chicago Press, 2000.

Thayer, Joseph Henry. A Greek-English Lexicon of the New Testament: Being Grimm’s Wilke’s Clavis Novi Testamenti. New York: Harper & Brothers, 1889.


Scripture taken from the Nueva Biblia de las Américas® (NBLA®), Copyright © 2005 by The Lockman Foundation. Used by permission. www.NuevaBiblia.com


  1. Francis Brown, S. R. Driver y Charles A. Briggs, Enhanced Brown-Driver-Briggs Hebrew and English Lexicon (Oak Harbor, WA: Logos Research Systems, 2000), 982–83, s.v. שְׁאוֹל.↩︎

  2. Brown, Driver y Briggs, Brown-Driver-Briggs, 982–83. La entrada reúne los diferentes contextos del término; no convierte cada aparición en una descripción completa del estado intermedio.↩︎

  3. Walter Bauer, A Greek-English Lexicon of the New Testament and Other Early Christian Literature, rev. y ed. Frederick William Danker, 3.ª ed. (Chicago: University of Chicago Press, 2000), 19, s.v. ᾅδης.↩︎

  4. Joseph Henry Thayer, A Greek-English Lexicon of the New Testament: Being Grimm’s Wilke’s Clavis Novi Testamenti (New York: Harper & Brothers, 1889), 480, s.v. παράδεισος. Thayer registra tanto la interpretación relacionada con el Hades como la interpretación celestial de Lucas 23:43; se cita como testimonio léxico e histórico, no como autoridad doctrinal.↩︎

  5. Thayer, Greek-English Lexicon, 111, s.v. γέεννα. La conclusión acerca del castigo final descansa en el uso de Jesús, especialmente Mateo 10:28 y Marcos 9:43–48, no en una etimología que por sí sola determine la doctrina.↩︎

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