Arrepiéntanse y vivan
Texto: Ezequiel 18:20–32
Serie: Y sabrán que Yo soy el Señor
Fecha: Sin programar
Predicador: Ed Rangel
Lugar: Chile
Versión bíblica: Nueva Biblia de las Américas (NBLA)
Tipo de sermón: Expositivo
Estado: No predicado
Tesis
Dios juzga a cada persona con justicia, recibe al impío que abandona su pecado y advierte al justo que no debe apartarse; por eso nadie debe esconderse detrás del pasado ni posponer el arrepentimiento.
Apertura
Israel repetía un proverbio que culpaba a los padres por la condición de los hijos. La generación desterrada podía describirse como víctima de decisiones anteriores y usar esa historia para evitar su propia responsabilidad delante de Dios.
El Señor no negó que el pecado de una generación produce consecuencias para otras. Negó que una persona pudiera usar la culpa ajena como sustituto de su propia respuesta. El alma que peque, esa morirá. El impío que se aparte de su pecado vivirá. El justo que se aparte de la justicia no puede refugiarse en su fidelidad pasada.
La pregunta final de Dios no busca condenar por placer. Pregunta por qué habrían de morir y manda que se arrepientan y vivan.
Introducción
- Ezequiel 18 corrige una manera fatalista de interpretar el juicio de Dios.
- El capítulo afirma responsabilidad personal sin negar las consecuencias históricas que una generación recibe de otra.
- Los versículos 20–32 muestran que el pasado no convierte el arrepentimiento en imposible ni la fidelidad anterior en permiso para volver al pecado.
- El Señor juzga con justicia y llama al pecador a abandonar su camino.
Texto bíblico completo, Ezequiel 18:20–32
20. El alma que peque, esa morirá. El hijo no cargará con la iniquidad del padre, ni el padre cargará con la iniquidad del hijo. La justicia del justo será sobre él y la maldad del impío será sobre él.
21. «Pero si el impío se aparta de todos los pecados que ha cometido, guarda todos Mis estatutos y practica el derecho y la justicia, ciertamente vivirá, no morirá.
22. Ninguna de las transgresiones que ha cometido le serán recordadas; por la justicia que ha practicado, vivirá.
23. ¿Acaso me complazco Yo en la muerte del impío», declara el Señor DIOS, «y no en que se aparte de sus caminos y viva?
24. Pero si el justo se aparta de su justicia y comete iniquidad, actuando conforme a todas las abominaciones que comete el impío, ¿vivirá? Ninguna de las obras justas que ha hecho le serán recordadas; por la infidelidad que ha cometido y el pecado que ha cometido, por ellos morirá.
25. Y ustedes dicen: “No es recto el camino del Señor”. Oigan ahora, casa de Israel: ¿No es recto Mi camino? ¿No son los caminos de ustedes los que no son rectos?
26. Cuando el justo se aparta de su justicia, comete iniquidad y muere a causa de ello, muere por la iniquidad que ha cometido.
27. Y cuando el impío se aparta de la maldad que ha cometido y practica el derecho y la justicia, salvará su vida.
28. Porque consideró y se apartó de todas las transgresiones que había cometido, ciertamente vivirá, no morirá.
29. Pero la casa de Israel dice: “El camino del Señor no es recto”. ¿No son rectos Mis caminos, oh casa de Israel? ¿No son los caminos de ustedes los que no son rectos?
30. «Por tanto, los juzgaré, a cada uno conforme a su conducta, oh casa de Israel», declara el Señor DIOS. «Arrepiéntanse y apártense de todas sus transgresiones, para que la iniquidad no les sea piedra de tropiezo.
31. Arrojen de ustedes todas las transgresiones que han cometido, y háganse un corazón nuevo y un espíritu nuevo. ¿Por qué han de morir, casa de Israel?
32. Pues Yo no me complazco en la muerte de nadie», declara el Señor DIOS. «Arrepiéntanse y vivan».
I. DIOS NO CONFUNDE LA CULPA DE UNA PERSONA CON LA DE OTRA (v. 20)
A. Cada persona responde por su propio pecado.
- El hijo no carga con la iniquidad moral del padre.
- El padre no puede transferir su culpa personal al hijo.
- Las consecuencias familiares pueden extenderse, pero Dios juzga con conocimiento perfecto.
- Nadie será condenado porque el Juez haya confundido su vida con la de otro.
B. La responsabilidad personal elimina dos excusas.
- No podemos justificar nuestro pecado señalando lo que hizo la generación anterior.
- Tampoco podemos confiar en la fidelidad de nuestros padres como si fuera nuestra.
- Una herencia difícil no determina que debamos repetir el mal.
- Una herencia piadosa no reemplaza nuestra propia obediencia.
C. La justicia de Dios no necesita corrección humana.
- Israel acusaba al camino del Señor de no ser recto.
- Dios mostró que el problema estaba en los caminos del pueblo.
- El pecador suele cuestionar la norma cuando no quiere abandonar su conducta.
- El arrepentimiento comienza aceptando que Dios es justo y nosotros necesitamos cambiar.
II. EL PASADO NO HACE INÚTIL EL ARREPENTIMIENTO (vv. 21–23, 27–28)
A. El impío puede apartarse de su pecado.
- El texto no llama arrepentimiento a sentir pesar mientras continúa la misma conducta.
- Apartarse incluye abandonar las transgresiones y practicar lo que es recto.
- Dios no presenta al pecador como prisionero inevitable de su historia.
- La llamada a volverse implica una respuesta real a la palabra recibida.
B. Dios ofrece vida al que se vuelve.
- Las transgresiones abandonadas no permanecen como una sentencia inevitable.
- El Señor declara que el arrepentido vivirá y no morirá.
- Este perdón no significa que el pecado nunca fue grave.
- Muestra que la misericordia de Dios es capaz de recibir al que deja su rebelión.
C. Dios no se complace en la muerte del impío.
- Su juicio es justo, no cruel ni caprichoso.
- Su llamado revela el deseo de que el pecador se aparte y viva.
- Nadie debe usar la paciencia de Dios para seguir pecando.
- La bondad divina debe conducirnos al arrepentimiento, no a la presunción.
III. LA FIDELIDAD PASADA NO AUTORIZA LA INFIDELIDAD PRESENTE (vv. 24–26)
A. El justo puede apartarse.
- Ezequiel no enseña que una historia de obediencia vuelva imposible la apostasía.
- La persona descrita abandona la justicia y practica la iniquidad.
- Sus obras anteriores no se convierten en licencia para el pecado presente.
- La fidelidad debe perseverar, no solamente comenzar.
B. La advertencia debe ser recibida por el creyente.
- No sirve únicamente para describir a otra persona.
- La confianza espiritual no debe descansar en una decisión antigua mientras hoy resistimos a Dios.
- El que cree estar firme debe cuidar sus pasos.
- La gracia nos sostiene mientras permanecemos en una fe obediente, no mientras protegemos deliberadamente la rebelión.
C. Dios sigue siendo justo cuando advierte.
- La advertencia no contradice Su misericordia.
- Nos llama a permanecer en el camino de vida.
- Un amor que nunca advierte acerca de la muerte no sería amor verdadero.
- Dios habla con seriedad porque nuestra respuesta tiene consecuencias eternas.
IV. EL JUEZ LLAMA A SU PUEBLO A VOLVERSE Y VIVIR (vv. 29–32)
A. Cada persona será juzgada conforme a su conducta.
- Dios conoce acciones, motivos y oportunidades recibidas.
- Nadie podrá esconderse detrás de la multitud o de una identidad religiosa.
- La iniquidad se convierte en tropiezo cuando rehusamos abandonarla.
- El mandato urgente es arrepentirse y apartarse.
B. El llamado a un corazón nuevo prepara la esperanza que Ezequiel desarrollará después.
- El pueblo necesita más que una mejora superficial.
- Necesita una transformación interior que produzca obediencia.
- Dios mandará desechar el pecado y también prometerá dar un corazón nuevo.
- Su gracia no cancela la respuesta humana, sino que llama y capacita a un pueblo renovado.
C. Jesucristo hace posible el perdón y la vida.
- Todos hemos pecado y no podemos salvarnos defendiendo nuestros caminos.
- Jesús murió por nuestros pecados y resucitó para ofrecer vida.
- En Él Dios perdona verdaderamente, sin fingir que la culpa no existió.
- El evangelio llama a todo pecador a volver, recibir perdón y perseverar bajo el señorío de Cristo.
Preguntas anticipadas
¿Este pasaje dice que los hijos nunca sufren consecuencias por los pecados de sus padres?
Ezequiel habla de la culpa y el juicio moral delante de Dios. El hijo no carga automáticamente la iniquidad judicial del padre, aunque las decisiones de una generación todavía pueden herir a la siguiente. El texto impide usar la familia como excusa y también impide condenar a una persona por el pecado ajeno.
¿El llamado a arrepentirse enseña que una persona compra vida mediante buenas obras?
El arrepentimiento abandona la rebelión y vuelve a Dios, pero no convierte la obediencia en pago que obliga al Señor. Dios declara que no se complace en la muerte del que muere y llama al pecador a vivir. La respuesta es necesaria porque Su misericordia abre el camino, no porque el pecador pueda borrar su culpa mediante méritos acumulados.
¿La advertencia al justo permite confiar en una vida fiel pasada mientras se practica pecado ahora?
El capítulo rechaza esa seguridad falsa. La obediencia anterior no transforma la rebelión presente en fidelidad. La advertencia llama a perseverar y a examinar la dirección actual de la vida, sin convertir la gracia en permiso para apartarse.
Aplicación
Deja de usar la historia de otra persona para explicar por qué no puedes obedecer. Lo que hicieron tus padres, líderes o compañeros puede haberte herido y puede requerir una respuesta sabia, pero no decide por ti si hoy caminarás con Dios.
No uses tampoco una obediencia pasada para proteger un pecado presente. Pregunta si hay una conducta que antes rechazabas y ahora estás aprendiendo a justificar. La llamada de Ezequiel es permanecer en la justicia, no conservar solamente el recuerdo de haber comenzado bien.
Recibe el carácter de Dios tal como el texto lo revela. Él juzga con justicia y no se complace en la muerte del impío. Su invitación no es una excusa para esperar, sino una razón para arrepentirte hoy.
Conclusión
- Dios juzga a cada persona sin confundir su culpa con la de otro.
- El impío que abandona su pecado encuentra un camino de vida.
- El justo que abandona la fidelidad no puede vivir de su pasado.
- El Señor pregunta por qué habríamos de morir y manda que nos arrepintamos y vivamos.
Invitación
No acuses al camino de Dios para defender el tuyo. Jesucristo murió por nuestros pecados y resucitó. En Él hay perdón, vida nueva y poder para perseverar.
Oye la palabra, cree en Jesús, arrepiéntete de tus pecados, confiesa Su nombre y sé bautizado para el perdón de tus pecados. Si ya perteneces a Cristo y te has apartado, no confíes en la fidelidad de ayer. Confiesa el pecado, abandónalo y vuelve al Señor.
Las citas bíblicas son de la Nueva Biblia de las Américas® (NBLA®), Copyright © 2005 por The Lockman Foundation. Usadas con permiso. Todos los derechos reservados.
