¿Es apostólica la invitación al final del sermón?

Pregunta
Hermano Ed, he notado que los predicadores estadounidenses que visitan nuestra congregación en Chile casi siempre terminan sus sermones con una invitación para obedecer el evangelio. Aunque cambian algunas palabras, la fórmula suele ser parecida: “If anyone is subject to the gospel invitation, please come forward as together we stand and sing” (“Si alguien necesita responder a la invitación del evangelio, pase al frente mientras nos ponemos de pie y cantamos”). Luego todos se levantan y entonan un canto de invitación.
Quisiera saber si esto viene de los apóstoles o si es una tradición de las iglesias en Estados Unidos. ¿Debemos terminar así cada sermón en Chile? ¿Es necesario que la persona pase al frente durante un canto para responder correctamente al evangelio?
Nota editorial
Esta pregunta puede haber sido editada para mayor claridad.
Respuesta corta
El Nuevo Testamento manda predicar el evangelio y llamar a las personas a responder sin demora, pero no ordena terminar cada sermón con una fórmula, un canto especial o una caminata al frente. La invitación pública puede ser una práctica útil y lícita si explica con fidelidad cómo obedecer el evangelio y ofrece ayuda inmediata. No debe convertirse en ley, rito ni sustituto del arrepentimiento, la confesión y el bautismo. Una congregación en Chile puede usarla, modificarla o brindar otra oportunidad clara de respuesta sin desobedecer a Dios.
Respuesta
Hay que separar dos cosas que suelen confundirse. Una es la invitación del evangelio: Cristo llama al pecador a creer, arrepentirse, confesar Su nombre y ser bautizado para el perdón de los pecados. Esa llamada es apostólica. La otra es un método congregacional: cerrar el sermón con ciertas palabras, pedir que todos se pongan de pie, cantar un himno y esperar que la persona camine hacia el frente. Ese método puede ayudar, pero el Nuevo Testamento no lo prescribe.
Cuando una práctica útil se repite durante muchos años, puede sentirse tan familiar que parece formar parte del evangelio. La familiaridad no crea autoridad bíblica.
Los apóstoles sí llamaron a responder
La predicación apostólica nunca presentó el evangelio como información para considerar algún día. En Pentecostés, los oyentes fueron compungidos de corazón y preguntaron qué debían hacer. Pedro les ordenó arrepentirse y ser bautizados, y quienes recibieron la palabra fueron bautizados ese mismo día (Hech. 2:37–41).
El etíope pidió el bautismo al ver agua en el camino (Hech. 8:35–39). El carcelero de Filipos preguntó qué debía hacer para ser salvo, escuchó la palabra y fue bautizado aquella misma hora de la noche (Hech. 16:25–34). Ananías no dejó a Saulo esperando una reunión futura: “Ahora, ¿por qué te detienes? Levántate y bautízate” (Hech. 22:16).
Estos relatos establecen algo que ninguna discusión sobre métodos debe debilitar: cuando una persona entiende el evangelio y está dispuesta a obedecerlo, no se debe retrasar su respuesta. La congregación debe estar preparada para enseñar, escuchar una confesión de fe y bautizar sin demora.
Lo que no aparece en los relatos apostólicos
Ninguno de esos casos contiene la estructura que hoy muchos conocen como “la invitación”. No se menciona un canto especial. Nadie espera el último verso para pasar por un pasillo. No aparece una fórmula fija repetida al final de cada discurso.
En Hechos 2, la multitud interrumpe la predicación con su pregunta. En Hechos 8, el etíope inicia la petición. En Hechos 16, el carcelero pregunta en medio de la noche. La respuesta es pública cuando las circunstancias lo requieren, pero no depende de un lugar determinado dentro del edificio ni de una ceremonia al final de una reunión.
Hechos 20 ofrece otro contraste. Pablo habla extensamente con los ancianos de Éfeso, los exhorta y luego se arrodilla para orar con ellos (Hech. 20:17–38). No termina con un canto de invitación. El discurso cumple otro propósito: fortalecer y advertir a líderes cristianos. No todo sermón tiene la misma audiencia ni necesita el mismo cierre.
¿De dónde viene la práctica moderna?
Las llamadas públicas a ocupar un lugar visible adquirieron una forma destacada en los avivamientos protestantes estadounidenses del siglo XIX. Charles G. Finney defendió lo que llamó el “asiento de los ansiosos”: un lugar donde quienes estaban preocupados por su condición podían presentarse para recibir instrucción y oración. Finney reconocía que esa medida era discutida como una innovación y la defendía por su utilidad, no como un mandato apostólico.1
El canto de invitación llegó a funcionar en muchos avivamientos como el momento culminante en que se pedía una respuesta pública al sermón.2 La práctica actual en las iglesias de Cristo no es idéntica al “asiento de los ansiosos”, y no debe trazarse una línea histórica demasiado simple. Sin embargo, el dato ayuda a ver que la forma moderna pertenece al desarrollo de métodos evangelísticos. No aparece como ceremonia establecida en Hechos.
Esto no la hace pecaminosa. Muchas cosas que usamos para cumplir un mandato no aparecen con su forma moderna en el texto: horarios impresos, micrófonos, himnarios y bautisterios dentro del edificio. El problema comienza cuando el medio se presenta como si fuera el mandato.
Lo que la invitación puede hacer bien
Una invitación bien hecha puede servir a la congregación. Recuerda al visitante que el evangelio exige una respuesta. Permite que alguien pida ayuda sin tener que encontrar después al predicador. Avisa a los hermanos que deben estar preparados para recibir, enseñar y bautizar. También puede ofrecer a un cristiano que ha pecado la oportunidad de pedir oraciones o ayuda.
El predicador debe ser específico. Decir solamente “si tiene alguna necesidad, pase al frente” puede ocultar lo que la persona necesita hacer. Quien está fuera de Cristo debe oír el evangelio y obedecerlo. El cristiano que ha pecado debe arrepentirse, confesar su pecado cuando corresponde y buscar restauración (Hech. 8:22–24; Sant. 5:16). No son la misma situación, aunque ambas puedan atenderse después del sermón.
La invitación también debe dejar claro que la respuesta no depende de caminar hacia el frente. Una persona puede hablar con un cristiano al terminar, pedir estudio en su casa, llamar de madrugada o solicitar el bautismo en cuanto comprende la verdad. Si está lista para obedecer, la iglesia debe ayudarla en ese momento.
Cuándo una práctica útil empieza a causar daño
La invitación se deforma cuando se convierte en una técnica de presión. Repetir versos mientras se espera que alguien ceda, manipular con miedo, avergonzar al visitante o medir el éxito del sermón por el número de personas que caminan al frente desplaza la atención de la Palabra hacia el momento emocional.
También causa daño cuando produce una falsa seguridad. Pasar al frente no salva. Levantar una mano no salva. Pedir una oración no reemplaza el arrepentimiento ni el bautismo. Una persona puede responder a la presión de la sala sin haber decidido someterse a Cristo.
El problema contrario también existe. Una congregación puede repetir la fórmula cada semana con tanta rutina que ya nadie escucha lo que se dice. El canto comienza, algunos cierran sus Biblias y otros piensan en salir. Una invitación automática no garantiza una llamada seria al evangelio.
¿Qué debería hacer una congregación en Chile?
No necesita copiar una costumbre estadounidense para ser fiel. Puede conservar el canto de invitación si ayuda a la congregación y se usa con verdad. Puede variar las palabras para responder al sermón real en vez de recitar una fórmula. Puede concluir con una explicación breve, una oración y el anuncio de que hermanos preparados estarán disponibles para conversar. Puede detener la reunión y actuar de inmediato si alguien pide ser bautizado.
Lo que no puede hacer es esconder la respuesta al evangelio. Si hay personas que no son cristianas, deben saber qué hizo Cristo, qué exige el evangelio y que la iglesia está lista para ayudarlas a obedecer. Si el sermón se dirige principalmente a cristianos, la aplicación debe decirles qué deben creer, abandonar o practicar. La forma puede cambiar; la llamada a obedecer no.
Los predicadores visitantes también deben respetar a la congregación local. Pueden preguntar cómo acostumbra ofrecer una oportunidad de respuesta y trabajar dentro de un método lícito, en vez de suponer que la costumbre estadounidense es universal.
La objeción más fuerte: «Si no damos la invitación, alguien puede perder su oportunidad»
La preocupación es buena. Ningún predicador quiere cerrar una reunión dejando sin ayuda a una persona convencida por la Palabra. Pero la solución no es declarar obligatorio un método que los apóstoles no ordenaron.
Una congregación responsable hace visible la oportunidad de responder. Enseña con claridad, identifica a quienes pueden ayudar, mantiene lo necesario para bautizar y no posterga la obediencia. Puede hacer todo eso mediante un canto de invitación o sin él. La oportunidad depende de cristianos atentos y disponibles, no de una fórmula.
Conclusión
La invitación del evangelio tiene fundamento apostólico. La fórmula estadounidense al final de cada sermón no lo tiene como mandato. Ponerse de pie, cantar y caminar al frente son medios posibles, no condiciones de salvación ni elementos obligatorios de la adoración.
Una congregación en Chile puede usar esa práctica sin pecado y también puede escoger otra forma ordenada. Debe conservar lo que los apóstoles sí exigieron: predicar a Cristo, explicar la respuesta del evangelio, llamar al arrepentimiento y ayudar a la persona a ser bautizada sin demora. La tradición puede servir a la verdad. Nunca debe ocupar su lugar.
Fuentes bíblicas para revisión
- Hechos 2:37–41
- Hechos 8:22–24, 35–39
- Hechos 16:25–34
- Hechos 20:17–38
- Hechos 22:16
- Santiago 5:16
- 2 Timoteo 4:1–5
1. Charles G. Finney, Lectures on Revivals of Religion (Nueva York: Leavitt, Lord & Co.; Boston: Crocker & Brewster, 1835), “Measures to Promote Revivals,” 253–55, https://www.loc.gov/item/33020564/. Volver al texto
2. Chelsea Hodge, “Invitation through Song: Evangelism and Divine Discourse in Arkansas Revivals,” Inquiry: The University of Arkansas Undergraduate Research Journal 14, no. 1 (2013): art. 6, https://scholarworks.uark.edu/inquiry/vol14/iss1/6/. Volver al texto
Obras citadas
Finney, Charles G. Lectures on Revivals of Religion. Nueva York: Leavitt, Lord & Co.; Boston: Crocker & Brewster, 1835. Library of Congress Control Number 33020564. https://www.loc.gov/item/33020564/.
Hodge, Chelsea. “Invitation through Song: Evangelism and Divine Discourse in Arkansas Revivals.” Inquiry: The University of Arkansas Undergraduate Research Journal 14, no. 1 (2013): art. 6. https://scholarworks.uark.edu/inquiry/vol14/iss1/6/.
Scripture taken from the Nueva Biblia de las Américas® (NBLA®), Copyright © 2005 by The Lockman Foundation. Used by permission. www.NuevaBiblia.com
