Grande es Tu fidelidad
Texto: Lamentaciones 3:21–24
Tesis: La fidelidad de Dios no depende de la facilidad de nuestras circunstancias; aun en dolor, disciplina y pérdida, el pueblo de Dios puede esperar porque Sus misericordias no terminan y Su palabra permanece firme.
Objetivos
- Mostrar el contexto doloroso de Lamentaciones 3.
- Enseñar que la fidelidad de Dios no significa una vida sin pruebas.
- Aplicar la fidelidad de Dios al hogar, la ansiedad y la obediencia diaria.
- Llamar a cada oyente a confiar en Dios y responder fielmente al evangelio.
Introducción
“Grande es Tu fidelidad” no fue escrito desde una vida cómoda.
Lamentaciones no es un libro liviano. Jerusalén había caído. El pueblo estaba sufriendo. Había pecado, disciplina, ruina, lágrimas y vergüenza nacional. Jeremías no escribe desde una sala tranquila con todo resuelto. Escribe desde el dolor.
Por eso Lamentaciones 3 pesa tanto.
“Esto traigo a mi corazón, por esto tengo esperanza: Que las misericordias del Señor jamás terminan, pues nunca fallan Sus bondades; son nuevas cada mañana; grande es Tu fidelidad.”
La fidelidad de Dios no es una frase bonita para cantar cuando todo sale bien.
Es una verdad para sostener el alma cuando todo tiembla.
El hogar necesita esa verdad. La iglesia necesita esa verdad. El cristiano cansado necesita esa verdad. El pecador necesita esa verdad porque Dios ha sido fiel al cumplir Su palabra, enviar a Su Hijo, abrir el camino de salvación y advertir del juicio.
Grande es Su fidelidad.
Pero esa verdad debe ser entendida bíblicamente.
I. La fidelidad de Dios no niega el dolor
Lamentaciones existe porque hubo dolor real.
Jerusalén sufrió por su pecado. Dios había advertido. El pueblo no escuchó. Finalmente vino disciplina. Jeremías lloró sobre la ciudad.
Entonces cuando él habla de esperanza, no está negando la realidad.
La fe bíblica no finge que el dolor no duele. No llama bien a lo malo. No dice que las lágrimas son falta de fe. Hay pérdidas reales, enfermedades reales, conflictos reales, hogares heridos, hijos rebeldes, matrimonios cansados, soledad, culpa, y cansancio espiritual.
Pero el dolor no tiene la última palabra.
Jeremías mira la ruina y aun así recuerda algo: las misericordias del Señor no terminan.
Eso es fe.
No es optimismo barato. No es pensamiento positivo. Es memoria espiritual. Es traer al corazón lo que Dios ha revelado cuando los ojos solo ven desastre.
El cristiano debe aprender eso.
Cuando la vida duele, no empieces con tus emociones. Empieza con Dios.
II. La fidelidad de Dios se ve en Su carácter
Dios es fiel porque Dios no cambia.
Malaquías 3 dice que el Señor no cambia. Deuteronomio 7 dice que Él guarda Su pacto y Su misericordia. Éxodo 34 revela al Señor como compasivo, clemente, lento para la ira, grande en misericordia y verdad, pero también justo.
No tenemos derecho a inventar un Dios sentimental.
La fidelidad de Dios incluye misericordia y justicia. Él es fiel para perdonar al penitente, y fiel para juzgar al rebelde. Él es fiel a Sus promesas y fiel a Sus advertencias.
Eso debe corregirnos.
Algunos dicen: “Dios es fiel,” pero viven como si eso significara que Dios aprobará cualquier cosa. No. Dios no es fiel a nuestras mentiras. Es fiel a Su palabra.
Si Dios dice que el pecado separa, es verdad.
Si Dios dice que Cristo es el único camino, es verdad.
Si Dios dice que hay que arrepentirse, es verdad.
Si Dios dice que el bautismo es para perdón de pecados, es verdad.
Si Dios dice que habrá juicio, es verdad.
La fidelidad de Dios no nos da permiso para desobedecer.
Nos llama a confiar y obedecer.
III. La fidelidad de Dios sostiene el hogar
El hogar necesita más que dinero, comida, horarios y techo.
Necesita a Dios.
Salmo 127 dice que si el Señor no edifica la casa, en vano trabajan los que la edifican. Eso no significa que el hogar fiel nunca sufrirá. Significa que sin Dios, todo esfuerzo queda vacío delante de la eternidad.
Los padres necesitan la fidelidad de Dios cuando criar hijos es difícil. Los esposos necesitan la fidelidad de Dios cuando amar requiere paciencia, perdón y sacrificio. Los hijos necesitan la fidelidad de Dios cuando el mundo les ofrece una identidad sin Cristo. La familia necesita la fidelidad de Dios cuando hay enfermedad, pérdida, tensión, cansancio o decisiones pesadas.
Pero también el hogar debe responder fielmente.
Josué dijo: “Yo y mi casa serviremos al Señor.” Esa no fue una frase de decoración. Fue una decisión.
Un hogar que confía en la fidelidad de Dios debe abrir la Biblia. Debe orar. Debe adorar fielmente. Debe hablar verdad. Debe pedir perdón. Debe corregir el pecado. Debe poner el reino primero.
Dios es fiel.
La pregunta es si nuestro hogar lo está siguiendo.
IV. La fidelidad de Dios responde a la ansiedad
Jesús habló de ansiedad en Mateo 6.
Dijo que no debemos vivir consumidos por comida, bebida, ropa y mañana. El Padre sabe lo que necesitamos. Las aves comen porque Dios cuida Su creación. Los lirios son vestidos por Dios. Pero Jesús no terminó con “relájate.” Terminó con “busquen primero Su reino y Su justicia.”
La fidelidad de Dios no elimina responsabilidad.
La ordena.
La ansiedad quiere gobernar el corazón. Quiere que el mañana sea señor. Quiere que la escasez sea señor. Quiere que el problema sea señor.
Cristo dice que el Padre sabe.
Eso no significa que siempre tendremos abundancia. Pablo conoció necesidad y abundancia. Los santos del primer siglo sufrieron. Algunos fueron perseguidos. Pero Dios no abandonó a Su pueblo.
Romanos 8 dice que nada puede separar a los fieles del amor de Dios en Cristo Jesús. No dice que nada dolerá. Dice que nada podrá arrancar al pueblo de Dios de Su amor.
Eso sostiene el alma.
El mañana no es Dios.
El Padre sí.
V. La fidelidad de Dios se ve plenamente en Cristo
La mayor prueba de la fidelidad de Dios no es que hoy respiramos, comemos o tenemos techo.
Es Cristo.
Dios prometió redención y cumplió. Dios habló por los profetas y cumplió. Dios envió a Su Hijo en la plenitud del tiempo. Cristo murió por nuestros pecados, fue sepultado y resucitó.
La cruz declara que Dios es fiel.
Fiel a Su justicia, porque el pecado fue tratado seriamente. Fiel a Su misericordia, porque el pecador puede ser perdonado. Fiel a Su promesa, porque el Salvador vino.
Romanos 5 dice que Cristo murió por los impíos. Hebreos 10 llama a retener firme la esperanza porque fiel es el que prometió. Primera Corintios 1 dice que Dios es fiel, por quien fuimos llamados a la comunión con Su Hijo.
No busques la fidelidad de Dios solamente en circunstancias fáciles.
Mira al Calvario.
Si Dios dio a Su Hijo, no acuses Su corazón cuando la vida duele.
VI. La fidelidad de Dios exige una respuesta fiel
Segunda Timoteo 2 dice que si somos infieles, Él permanece fiel, porque no puede negarse a Sí mismo.
Algunos tuercen eso como si nuestra infidelidad no importara. Ese no es el punto. El punto es que Dios será fiel a Su carácter. No cambiará para acomodar nuestra rebelión.
Por eso debemos responder.
Si no estás en Cristo, la fidelidad de Dios te está dando tiempo para obedecer el evangelio. Hechos 17 dice que Dios manda a todos los hombres en todo lugar que se arrepientan. Hechos 2 manda arrepentirse y ser bautizado para perdón de los pecados. Romanos 6 enseña que el bautismo nos une con la muerte y resurrección de Cristo.
La obediencia no compite con la gracia.
Si eres cristiano, la fidelidad de Dios te llama a perseverar. No abandones la asamblea. No dejes la oración. No entregues tu hogar al mundo. No vuelvas al pecado que Cristo te sacó.
Dios es fiel.
Sé fiel.
Conclusión
Grande es Tu fidelidad.
No porque la vida sea fácil.
No porque no haya lágrimas.
No porque nunca venga disciplina.
No porque todo salga como queremos.
Grande es Su fidelidad porque Dios no cambia, Sus misericordias no terminan, Su palabra permanece, Su Hijo vino, Su evangelio salva y Su esperanza sostiene.
Si no estás en Cristo, obedece el evangelio. Oye la palabra. Cree en Cristo. Arrepiéntete de tus pecados. Confiesa Su nombre. Sé bautizado para el perdón de tus pecados.
Si eres cristiano cansado, trae esto a tu corazón:
Las misericordias del Señor no terminan.
Son nuevas cada mañana.
Grande es Su fidelidad.
