¿Me pedirá Dios cuentas si no he crecido lo suficiente?

Pregunta
Hermano Edward, le escribo desde Colombia. He sido cristiano durante muchos años, pero siento que no he crecido como debería. Hay hermanos que conocen mucho más la Biblia, oran con facilidad y parecen tener una fe más firme. Yo todavía lucho con dudas y debilidades que pensé que ya habría superado.
Esto me causa inseguridad acerca de mi salvación. ¿Me pedirá Dios cuentas por no haber crecido lo suficiente? ¿Cómo puedo saber si simplemente estoy creciendo despacio o si me he vuelto negligente? No quiero vivir engañado, pero tampoco quiero pasar el resto de mi vida pensando que Dios me rechazó cada vez que veo una debilidad.
Nota editorial
Esta pregunta puede haber sido editada para mayor claridad.
Respuesta corta
Sí, Dios espera que Sus hijos crezcan y tomará en serio la negligencia voluntaria. Sin embargo, no ha establecido una cuota de conocimiento o madurez que debamos alcanzar para conservar Su favor. La seguridad no nace de compararnos con otros ni de sentirnos suficientemente fuertes. Nace de estar en Cristo, caminar en la luz, confesar el pecado y continuar obedeciendo. Crecer lentamente no es lo mismo que abandonar deliberadamente al Señor.
Respuesta
Esta inquietud es más común de lo que parece. He conocido cristianos sinceros que interpretan cada debilidad como prueba de que Dios los abandonó. También he visto a personas usar sus luchas como excusa para no cambiar. La Escritura corrige tanto la desesperación como la indiferencia.
Dios sí espera crecimiento
Hebreos reprende a cristianos que, por el tiempo transcurrido, ya debían ser maestros, pero todavía necesitaban los primeros rudimentos de la Palabra (Heb. 5:11–14). Pedro manda añadir a la fe virtud, conocimiento, dominio propio, perseverancia, piedad, afecto fraternal y amor (2 Pe. 1:5–8). El tiempo en Cristo debe producir fruto.
Por eso la respuesta no puede ser: «No importa si crezco». Dios nos da Su Palabra, la congregación, hermanos maduros, oración y oportunidades para servir. Despreciar esos medios durante años es serio. Si conocemos un pecado y decidimos protegerlo, no estamos hablando solamente de crecimiento lento. Estamos resistiendo al Señor.
Hebreos reprende la inmadurez dentro de un llamado a avanzar. Gareth Lee Cockerill muestra que la exhortación de Hebreos 5:11–6:12 no permite estancarse, pero tampoco abandona al lector a la desesperación: lo llama a la diligencia y a la perseverancia.1
Dios no ha establecido una cuota de madurez
La Biblia no dice cuántos capítulos debes conocer, cuántas veces debes orar cada día o cuánto tiempo debe tomar superar cierta debilidad. Tampoco manda que midas tu relación con Dios comparándote con el hermano que predica mejor o recuerda más versículos.
Pablo llevaba años sirviendo a Cristo y aun así reconoció que no había alcanzado la meta. No usó esa realidad para declararse perdido ni para conformarse. Prosiguió hacia adelante (Fil. 3:12–14). Esa es una señal importante de madurez: no haber llegado todavía, pero continuar respondiendo a Cristo.
El crecimiento cristiano no ocurre a la misma velocidad en todos. Algunos comienzan con años de conocimiento bíblico; otros apenas están aprendiendo a leer las Escrituras. Algunos tienen apoyo familiar; otros viven rodeados de oposición. Dios no ignora esas diferencias. Él juzga con verdad y toma en cuenta lo que cada persona conoció y recibió (Luc. 12:47–48).
La seguridad no exige perfección
Primera de Juan evita dos errores. Si afirmamos que no tenemos pecado, nos engañamos. Si confesamos nuestros pecados, Dios es fiel para perdonar y limpiar. Si caminamos en la luz, la sangre de Jesús continúa limpiándonos (1 Jn. 1:7–10). Colin Kruse relaciona esta sección con la seguridad cristiana: la confianza no descansa en afirmar que no pecamos, sino en la provisión de Dios y en una vida que responde a Su verdad.2
Caminar en la luz no significa no tropezar jamás. Significa vivir abiertos a la verdad de Dios: no esconder el pecado, no defenderlo y no convertirlo en nuestro modo de vida. Cuando caemos, confesamos, buscamos perdón y volvemos a obedecer.
Juan también dice que sabemos que conocemos a Dios si guardamos Sus mandamientos (1 Jn. 2:3–6). No enseña que ganamos la salvación alcanzando un récord perfecto. Enseña que una persona no puede reclamar comunión con Dios mientras rechaza Su autoridad.
Por eso la seguridad bíblica no dice: «Nada de lo que haga importa». Tampoco dice: «Cada falla demuestra que nunca fui cristiano». Dice que Dios es fiel, que la sangre de Cristo limpia y que quien permanece en Él no hace las paces con la rebelión.
¿Crecimiento lento o negligencia?
No midas solamente cuánto sabes. Examina la dirección de tu vida.
- ¿Hay un pecado conocido que te niegas a abandonar?
- ¿Has dejado la oración, la congregación y la Palabra por indiferencia?
- ¿Recibes corrección o siempre buscas justificarte?
- ¿Amas mejor que antes, aunque todavía te falte mucho?
- Cuando caes, ¿te escondes de Dios o vuelves a Él?
Si encuentras negligencia, no la cubras con la palabra «inseguridad». Arrepiéntete. Habla con ancianos o cristianos maduros y establece pasos concretos para volver a orar, estudiar, congregarte y servir.
Si encuentras una lucha sincera, confesión y una dirección hacia Cristo, no desprecies la obra que Dios está haciendo porque todavía no eres lo que deseas ser. Dale gracias por el crecimiento que sí existe y sigue avanzando.
¿Puede tener seguridad un cristiano que se ha apartado?
No debe reclamar seguridad mientras permanece apartado. Un cristiano puede abandonar la fe; por eso las advertencias del Nuevo Testamento son reales. La seguridad bíblica no protege la rebelión ni promete salvación a quien decide dejar de seguir a Cristo.
Pero la advertencia tampoco obliga al creyente fiel o arrepentido a vivir sin saber si Dios lo recibe. El mismo Dios que advierte promete perdonar al que confiesa y vuelve. La seguridad es condicional, pero real: mientras permanezcas en Cristo, camines en la luz y respondas a Su corrección, puedes confiar en Su fidelidad. No dependes de sentirte fuerte. Dependes del Señor a Quien continúas obedeciendo.
Conclusión
Dios sí te pedirá cuentas por la manera en que respondes a Su gracia. Si has sido negligente, no necesitas esconderlo ni rendirte; necesitas arrepentirte y comenzar de nuevo. Si estás creciendo despacio pero sigues luchando, confesando y obedeciendo, no confundas imperfección con abandono.
No conviertas a otros cristianos en la medida de tu salvación. Mira a Cristo, toma en serio Su Palabra y da el siguiente paso que ya sabes que debes dar. La madurez no consiste en poder decir que ya llegaste, sino en seguir adelante sin soltar al Señor.
Fuentes bíblicas para revisión
- Filipenses 3:12–14
- Lucas 12:47–48
- Hebreos 5:11–14; 6:1–12
- 1 Juan 1:5–2:6
- 2 Pedro 1:5–11
1. Gareth Lee Cockerill, The Epistle to the Hebrews, New International Commentary on the New Testament (Grand Rapids, MI: Eerdmans, 2012), comentario a Heb. 5:11–6:12. Volver al texto
2. Colin G. Kruse, The Letters of John, 2.ª ed., Pillar New Testament Commentary (Grand Rapids, MI: Eerdmans, 2020), comentario a 1 Jn. 1:5–2:6. Volver al texto
Obras citadas
Cockerill, Gareth Lee. The Epistle to the Hebrews. New International Commentary on the New Testament. Grand Rapids, MI: Eerdmans, 2012. ISBN 9780802824929. https://www.eerdmans.com/9780802824929/the-epistle-to-the-hebrews/.
Kruse, Colin G. The Letters of John. 2.ª ed. Pillar New Testament Commentary. Grand Rapids, MI: Eerdmans, 2020. ISBN 9780802876676. https://www.eerdmans.com/9780802876676/the-letters-of-john/.
Scripture taken from the Nueva Biblia de las Américas® (NBLA®), Copyright © 2005 by The Lockman Foundation. Used by permission. www.NuevaBiblia.com
