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Terremoto, profecía y estar preparados – Colombia

13 de agosto de 2026

El 10 de agosto, un terremoto de magnitud 7,4 sacudió el occidente de Colombia. El epicentro estuvo cerca de San José del Palmar, en Chocó. El temblor se sintió en buena parte del país. Manizales, Pereira, Cali y otras ciudades sufrieron daños. Durante varios días, los rescatistas buscaron sobrevivientes entre los escombros. Murieron más de 270 personas.

Algunas familias perdieron a su papá, a su mamá, a un hijo, a un esposo, a una esposa, a un hermano o a una hermana. Otras perdieron la casa, el negocio o el trabajo. Hay gente que todavía no duerme tranquila. No usemos el sufrimiento ajeno para hacer cálculos sobre el fin del mundo. Oremos por quienes quedaron vivos. Ayudemos cuando podamos. Hablemos con compasión.

En Medellín, un susto grande muchas veces saca un “¡Ave María!” de la boca. Cuando todo se mueve y nadie sabe qué hacer, también se oye: “¡Dios nos ampare!” Son palabras que salen del miedo — y el miedo hace pensar en Dios. Revela cuánto necesitamos estar cerca de Él antes de que llegue el día malo.

Después del terremoto apareció otro tema en las redes. Un hombre de Medellín que se hace llamar Profeta Simón había publicado un video después de los terremotos de Venezuela del 24 de junio. Allí dijo: “El próximo terremoto será en Colombia.” Dijo además que los terremotos eran castigo de Dios por la idolatría y el pecado. Cuando Colombia tembló el 10 de agosto, el video volvió a circular por TikTok e Instagram. Mucha gente dijo que Simón había anunciado el desastre.

Es cierto que Simón habló de Colombia antes del terremoto. Pero no dio fecha, magnitud, pueblo ni epicentro. No nombró a San José del Palmar. No nombró a Chocó. Colombia tiene actividad sísmica conocida, y eso significa que una frase general puede sonar muy precisa una vez el hecho ya ocurrió.

El 11 de agosto, Simón volvió a hablar. Esta vez mencionó a México, California, Puerto Rico, República Dominicana, Chile y Perú. Habló de un terremoto mundial, de una luna de sangre y de un tiempo en que la gravedad desaparecería. Un cristiano no debe seguir a una persona solo porque una de sus muchas afirmaciones parece coincidir con una noticia.

También han circulado relatos de sueños en Manizales y en otros lugares. Una persona puede contar un sueño con toda sinceridad. Después de una tragedia, ese recuerdo puede quedar grabado con más fuerza. Pero un sueño no se vuelve palabra de Dios porque produce miedo o porque se comparte muchas veces.

Jesús dijo: “Si os dijeren: Mirad, está en el desierto, no salgáis; o mirad, está en los aposentos, no lo creáis” (Mateo 24:26). Cuando Cristo vuelva, nadie tendrá que buscar una pista escondida. No hará falta un video, un sueño secreto ni un supuesto profeta para explicar lo que está ocurriendo. Todos lo verán.

Tampoco debemos hablar como si supiéramos por qué Dios permitió que cada persona muriera. En Lucas 13:4-5, Jesús habló de los que murieron cuando cayó la torre de Siloé. No los presentó como peores pecadores que los demás habitantes de Jerusalén, sino que llamó a sus oyentes al arrepentimiento. Un terremoto nos recuerda que la vida es corta y que el juicio viene. No nos autoriza a decir que cada víctima recibió un castigo particular de Dios.

Mateo 24 no es el noticiero de hoy

Mateo 24 empieza en el templo. Los discípulos miraban sus edificios. Jesús les dijo que no quedaría piedra sobre piedra (Mateo 24:1-2), y ellos le preguntaron por esa advertencia. Jesús habló de guerras, hambres, terremotos, persecución, falsos cristos y la abominación desoladora.

Dio, además, una orden para los que vivían en Judea: cuando vieran la señal que Él nombró, debían huir (Mateo 24:15-16). Esa orden servía a personas que podían salir de Judea. No es una orden para que un cristiano en Colombia, Texas o California corra por haber visto un terremoto en el teléfono.

“Aún no es el fin,” dijo Jesús cuando habló de guerras y rumores de guerras (Mateo 24:6). Llamó a los terremotos y a las hambres “principio de dolores” (Mateo 24:8), y añadió: “No pasará esta generación hasta que todo esto acontezca” (Mateo 24:34). Jerusalén fue destruida en el primer siglo, tal como Él lo anunció.

Mateo 24:36 dice: “Pero del día y la hora nadie sabe.” Aquí Jesús ya no habla de Jerusalén, sino de su regreso final. Lo compara con los días de Noé: la gente estará comiendo, bebiendo, casándose y trabajando, y su venida llegará como ladrón en la noche (Mateo 24:36-44). Pablo usa la misma figura en 1 Tesalonicenses 5:2, y Pedro la usa en 2 Pedro 3:10.

Jesús mandó a sus discípulos que velaran, porque nadie sabe el día de su regreso.

Los terremotos no empezaron ahora

Colombia ha sufrido terremotos graves antes de este. La historia recuerda el terremoto Ecuador-Colombia del siglo XIX, el terremoto y tsunami de 1906, el terremoto de Tumaco de 1979, el de Popayán de 1983, el desastre del Páez de 1994 y el terremoto de la región cafetera de 1999. América Latina ha pasado por muchos desastres de esta clase, y el mundo siempre ha conocido terremotos.

Los terremotos ocurren cuando se mueven las placas de la tierra y las fallas se rompen bajo presión. El daño cambia según el lugar donde tiembla, las construcciones que hay, la cantidad de gente expuesta y la rapidez con que llega la ayuda. La oración debe acompañar la preparación. Una familia necesita fe, y también necesita saber dónde ponerse a salvo, tener agua y conocer las rutas de salida.

Hoy casi todos los temblores llegan a la pantalla en minutos. Vemos mapas, videos, alertas y números de muertos antes de terminar el día. El Servicio Geológico de Estados Unidos explica que los instrumentos y las comunicaciones actuales registran más terremotos que antes: localiza cerca de 20.000 al año, unos 55 por día, y la mayoría son pequeños o pasan lejos de la gente.

Una semana llena de noticias puede asustar a cualquiera. Parece que la tierra no deja de moverse. Sin embargo, las guerras, las enfermedades, los terremotos y la muerte no son nuevos. Jesús habló de un mundo así. No nos enseñó a vivir pendientes de cada titular. Nos enseñó a vivir fieles.

Estar preparados todos los días

Después de un desastre, la gente habla de Dios. Ora en la calle. Llama a la familia. Piensa en la muerte. Muchas personas que no habían pensado en la eternidad durante años vuelven a pensar en ella.

Pasado un tiempo, el desastre deja de ocupar las noticias. Las calles vuelven a abrir. La gente regresa al trabajo, y la oración que nació del miedo puede desaparecer con ella. Algunos buscan al Señor cuando todo tiembla y lo olvidan cuando la vida vuelve a sentirse normal.

“¡Dios nos ampare!” no debe quedar solo como un grito del momento. El Señor ampara a su pueblo, pero también llama a cada persona a arrepentirse, obedecer y permanecer fiel.

Estar preparados es oír el evangelio, creer en Cristo, apartarse del pecado, confesarlo, ser bautizado para el perdón de los pecados y seguir fiel en Él. No hace falta una nueva predicción para obedecer lo que Jesús ya mandó.

Oremos por Colombia. Ayudemos a quienes sufren. Probemos toda afirmación que diga: “Dios me dijo.” Miremos a Cristo, no a la última voz de internet. “Por tanto, también vosotros estad preparados; porque el Hijo del Hombre vendrá a la hora que no pensáis” (Mateo 24:44).

Fuentes consultadas

Associated Press, 13 de agosto de 2026:
https://apnews.com/article/99bea7b7eae8778e9e6729556c855369

Servicio Geológico Colombiano, selector de intensidades sísmicas:
https://sismosentido.sgc.gov.co/selector_sismo.html

Servicio Geológico de Estados Unidos, preguntas frecuentes sobre terremotos:
https://www.usgs.gov/faqs/why-are-we-having-so-many-or-so-few-earthquakes-has-naturally-occurring-earthquake-activity

Video y transcripción suministrada, “Prophet predicted earthquake in Colombia”:
https://youtu.be/A1GFuNlqJ-A

El País, 11 de agosto de 2026:
https://elpais.com/us/2026-08-11/el-terremoto-en-colombia-sacude-a-su-mayor-diaspora-en-estados-unidos.html

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