Pero yo pensaba…
Texto principal: 2 Reyes 5:1-14
Serie: Confiar y obedecer
Fecha: 14 de octubre de 2026 · PM
Predicador: Ed Rangel
Lugar: Loncoche, Chile
Versión bíblica: Nueva Biblia de las Américas (NBLA)
Tipo de sermón: Expositivo
Tesis
La limpieza de Naamán demuestra que la grandeza humana no puede sanar lo que solamente Dios puede limpiar, y que la fe recibe la bendición de Dios cuando el orgullo deja de discutir y obedece Su palabra.
Entrada
Tres palabras casi impidieron que Naamán recibiera la bendición de Dios: «Yo pensaba».
No parecen palabras peligrosas. Todos pensamos, hacemos planes y formamos expectativas. Pero cuando Dios ya ha hablado, «yo pensaba» puede convertirse en la voz del orgullo. Una persona dice: «Yo pensaba que Dios me salvaría de otra manera». Otra afirma: «Yo pensaba que bastaba con ser sincero». Alguien más responde: «Yo pensaba que todas las iglesias eran iguales» o «Yo pensaba que el bautismo era solamente un símbolo».
Naamán estuvo a punto de regresar a Siria con la misma lepra porque el mandato de Dios no coincidió con lo que había imaginado. No necesitaba un río mejor. Necesitaba un corazón más humilde.
Introducción
- Segundo de Reyes 5 comienza con un hombre que parece tenerlo todo. Naamán era jefe del ejército de Siria. Era un hombre importante ante su rey, respetado y valiente. El Señor incluso había dado victoria a Siria por medio de él.
- Después de presentar toda su grandeza, el escritor inspirado añade una realidad que cambia el cuadro completo: Naamán tenía lepra.
- Tenía rango, pero su rango no podía limpiarlo. Tenía valor, pero su valor no podía sanarlo. Tenía el favor del rey, dinero, ropa costosa, caballos, carros, criados y una carta real. Nada de eso podía quitar la enfermedad de su cuerpo.
- Por eso su historia es más que el relato de una sanidad antigua. Expone la impotencia de la grandeza humana. Una persona puede ser admirada y todavía estar impura. Puede ser exitosa y continuar perdida. Puede ser sincera, respetada, inteligente y religiosa, pero seguir necesitando lo que ningún poder humano puede darle.
- El camino de Naamán hacia la limpieza pasó por cuatro lecciones difíciles. Tuvo que aprender que la grandeza no limpia, el pensamiento humano no gobierna a Dios, ningún sustituto reemplaza lo que Dios especifica y la fe verdadera obedece la palabra del Señor.
Lectura bíblica principal
2 Reyes 5:1-14 · NBLA
1. Naamán, capitán del ejército del rey de Aram, era un gran hombre delante de su señor y tenido en alta estima, porque por medio de él el Señor había dado la victoria a Aram. También el hombre era un guerrero valiente, pero leproso.
2. Los arameos, que habían salido en bandas, habían tomado cautiva a una muchacha muy joven de la tierra de Israel, y ella estaba al servicio de la mujer de Naamán.
3. Y ella dijo a su señora: «¡Ah, si mi señor estuviera con el profeta que está en Samaria! Él entonces lo curaría de su lepra».
4. Entonces Naamán fue y habló a su señor el rey diciéndole: «Esto y esto ha dicho la muchacha que es de la tierra de Israel».
5. Y el rey de Aram le dijo: «Ve ahora, y enviaré una carta al rey de Israel». Y él fue y llevó consigo 340 kilos de plata y 6,000 siclos (68.4 kilos) de oro y diez mudas de ropa.
6. También llevó al rey de Israel la carta que decía: «Y cuando llegue a ti esta carta, comprenderás que te he enviado a mi siervo Naamán para que lo cures de su lepra».
7. Cuando el rey de Israel leyó la carta, rasgó sus vestidos, y dijo: «¿Acaso soy yo Dios, para dar muerte y para dar vida, para que este me mande a decir que cure a un hombre de su lepra? Consideren ahora esto y vean cómo busca pleito conmigo».
8. Al oír Eliseo, el hombre de Dios, que el rey de Israel había rasgado sus vestidos, envió aviso al rey diciéndole: «¿Por qué ha rasgado sus vestidos? Que venga él a mí ahora, y sabrá que hay profeta en Israel».
9. Vino, pues, Naamán con sus caballos y con su carro, y se paró a la entrada de la casa de Eliseo.
10. Y Eliseo le envió un mensajero, diciendo: «Ve y lávate en el Jordán siete veces, y tu carne se te restaurará y quedarás limpio».
11. Pero Naamán se enojó, y se fue diciendo: «Yo pensé: “Seguramente él vendrá a mí, y se detendrá e invocará el nombre del Señor su Dios, moverá su mano sobre la parte enferma y curará la lepra”».
12. «¿No son el Abaná y el Farfar, ríos de Damasco, mejores que todas las aguas de Israel? ¿No pudiera yo lavarme en ellos y ser limpio?». Y dio la vuelta, y se fue enfurecido.
13. Pero sus siervos se le acercaron y le dijeron: «Padre mío, si el profeta le hubiera dicho que hiciera alguna gran cosa, ¿no la hubiera hecho? ¡Cuánto más cuando le dice a usted: “Lávese, y quedará limpio”!».
14. Entonces él bajó y se sumergió siete veces en el Jordán conforme a la palabra del hombre de Dios; y su carne se volvió como la carne de un niño, y quedó limpio.
I. La grandeza humana no puede limpiar (2 Reyes 5:1-7)
A. El gran comandante necesitó la verdad que conocía una muchacha cautiva (2 Reyes 5:1-3).
- Naamán era importante en Siria, pero la primera voz de esperanza vino de una persona que el mundo habría considerado insignificante.
- Una muchacha israelita había sido llevada cautiva durante una incursión de los sirios y servía a la esposa de Naamán.
- No tenía ejército, título, riquezas ni libertad, pero sabía algo que el gran comandante ignoraba.
- La muchacha dijo a su señora que Naamán podría acudir al profeta que estaba en Samaria y ser sanado de su lepra.
- El comandante poderoso necesitó la verdad que conocía una joven cautiva. Dios nunca ha medido la utilidad según las normas humanas.
- Ella había sufrido por causa de Siria, pero no respondió a la crueldad con crueldad.
- Deseó misericordia para el hombre en cuya casa servía.
- Su fe dirigió a Naamán hacia el lugar donde podía oír la palabra de Dios.
- Nunca pienses que eres demasiado pequeño para señalar a alguien hacia la verdad. Una palabra fiel, dicha con compasión, puede comenzar el camino de una persona hacia Dios.
B. Naamán acudió a la fuente equivocada (2 Reyes 5:4-7).
- Naamán escuchó el mensaje, pero los reyes complicaron inmediatamente lo que la joven había dicho.
- El rey de Siria escribió al rey de Israel y envió con Naamán plata, oro y vestidos.
- La joven había señalado al profeta, pero el rey envió a Naamán ante otro rey.
- Cuando el rey de Israel leyó la carta, rasgó sus vestidos. Sabía que no podía hacer lo que Siria le pedía.
- Preguntó si acaso él era Dios, con poder para dar muerte y vida.
- Sospechó que el rey de Siria buscaba una ocasión para provocar un conflicto.
- El poder político podía mandar soldados, cobrar tributos y negociar con otras naciones, pero no podía limpiar a un solo leproso.
- Naamán había acudido a la fuente equivocada. Ni su sinceridad ni su largo viaje podían dar al rey poder para sanarlo. Sus regalos tampoco podían comprar lo que solamente Dios podía conceder.
C. Las personas todavía buscan limpieza en fuentes equivocadas.
- Algunos confían en la religión que heredaron, una tradición denominacional, un predicador admirado, la lealtad familiar, los sentimientos personales o una ceremonia inventada por los hombres.
- Esas cosas pueden tener mucho peso emocional, pero no pueden perdonar un solo pecado.
- Ningún predicador puede diseñar su propio plan de salvación, y ninguna organización religiosa puede modificar el evangelio.
- Romanos 1:16 llama al evangelio poder de Dios para salvación. Segunda de Timoteo 3:16-17 enseña que las Escrituras preparan completamente al hombre de Dios para toda buena obra.
Romanos 1:16 · NBLA: Porque no me avergüenzo del evangelio, pues es el poder de Dios para la salvación de todo el que cree, del judío primeramente y también del griego.
2 Timoteo 3:16-17 · NBLA
16. Toda Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para reprender, para corregir, para instruir en justicia,
17. a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, equipado para toda buena obra. 3. Cuando necesitamos limpieza, la pregunta no es qué resulta popular, familiar o conveniente. La pregunta es qué ha dicho Dios. 4. La sinceridad es necesaria, pero la sinceridad por sí sola no corrige una fuente equivocada.
- Naamán deseaba sinceramente ser sanado.
- Hizo el viaje, llevó regalos y acudió con autoridad real.
- Continuó siendo leproso hasta que escuchó y obedeció la palabra de Dios.
II. El pensamiento humano no puede gobernar a Dios (2 Reyes 5:8-12)
A. Dios dio un mandato sencillo (2 Reyes 5:8-10).
- Cuando Eliseo supo que el rey de Israel había rasgado sus vestidos, pidió que Naamán viniera a él. Así sabría que había profeta en Israel.
- Naamán llegó a la puerta de la casa de Eliseo con sus caballos y carros. Todo el escenario mostraba su poder, su riqueza y su importancia.
- Eliseo ni siquiera salió a recibirlo. Envió un mensajero con una orden sencilla: debía ir al Jordán, lavarse siete veces y quedaría limpio.
- El mandato no era confuso. Le indicó dónde ir, qué hacer, cuántas veces hacerlo y lo que Dios le concedería.
B. Naamán juzgó el mandato de Dios según lo que él había imaginado (2 Reyes 5:11).
- Naamán entendió las palabras, pero rechazó las condiciones. Se enojó y se fue diciendo: «Yo pensé que seguramente el profeta saldría, invocaría el nombre del Señor, movería su mano sobre la parte enferma y curaría la lepra».
- Naamán ya había organizado la sanidad en su mente.
- Esperaba que el profeta saliera personalmente.
- Esperaba una aparición pública, una oración, un gesto dramático y una curación inmediata.
- Había llegado con la dignidad de un comandante y esperaba una ceremonia digna de su rango.
- En cambio, un mensajero le ordenó lavarse siete veces en el Jordán. No recibió la atención, el espectáculo ni el reconocimiento que había esperado.
- El problema no era falta de información. La palabra de Dios contradecía su expectativa.
- Naamán no dijo: «No entiendo lo que debo hacer».
- Dijo: «Yo pensé», porque había convertido su imaginación en la norma para juzgar el mandato de Dios.
C. Nuestras expectativas no comparten la autoridad de Cristo.
- Ese peligro permanece en frases que todavía se escuchan.
- «Yo pensaba que un Dios de amor nunca juzgaría a nadie».
- «Yo pensaba que todas las religiones sinceras llevaban al mismo lugar».
- «Yo pensaba que tener fe significaba que no tenía que obedecer».
- «Yo pensaba que cualquier forma de adoración agradaba a Dios mientras me emocionara».
- Lo que pensamos debe rendirse ante lo que Dios ha hablado.
- Jeremías reconoció que el ser humano no puede dirigir por sí mismo sus pasos (Jeremías 10:23).
Jeremías 10:23 · NBLA: Yo sé, oh Señor, que no depende del hombre su camino, ni de quien anda el dirigir sus pasos.
2. Jesús posee toda autoridad en el cielo y en la tierra (Mateo 28:18). Nuestras preferencias no comparten esa autoridad.Mateo 28:18 · NBLA: Acercándose Jesús, les dijo: «Toda autoridad me ha sido dada en el cielo y en la tierra». 3. Ni la ira de Naamán, ni su prestigio, ni su preferencia cambiaron el mandato. La palabra permaneció exactamente donde Dios la había colocado: debía lavarse siete veces en el Jordán. 4. Existe una forma de religión que desea a Jesús como Salvador, pero lo resiste como Señor.
- Recibe con entusiasmo Sus promesas, pero negocia Sus mandamientos.
- Habla de la gracia, pero acusa de legalismo a la obediencia.
- Sin embargo, Jesús dijo que quien tiene Sus mandamientos y los guarda es quien lo ama (Juan 14:21).
Juan 14:21 · NBLA: «El que tiene Mis mandamientos y los guarda, ese es el que me ama; y el que me ama será amado por Mi Padre; y Yo lo amaré y me manifestaré a él». 5. El amor no reescribe las palabras de Aquel a quien llama Señor.
III. Un sustituto no reemplaza lo que Dios especifica (2 Reyes 5:12-13)
A. Dios había especificado el Jordán (2 Reyes 5:12).
- Naamán preguntó si el Abaná y el Farfar, los ríos de Damasco, no eran mejores que todas las aguas de Israel. Pensaba que podía lavarse en ellos y quedar limpio.
- Su razonamiento podía parecer convincente. Los ríos cercanos a su hogar quizá le parecían más limpios, más hermosos o más dignos. Si el asunto fuera solamente agua, un río podría parecer tan bueno como otro.
- Pero el asunto no dependía de la opinión de Naamán acerca de los ríos. Dios había especificado el Jordán.
- El Jordán no tenía poder natural para curar la lepra.
- Si Naamán hubiera elegido el Abaná, habría entrado leproso y habría salido leproso.
- Si hubiera elegido el Farfar, el resultado habría sido el mismo.
- Si hubiera entrado seis veces al Jordán y se hubiera detenido, todavía habría estado impuro.
- El poder pertenecía a Dios, pero Dios había unido la promesa al mandato que dio.
- Cuando Dios especifica algo, no lo honramos reemplazándolo con otra cosa. Un sustituto puede ser hermoso, sincero, costoso, tradicional o conveniente, pero continúa siendo un sustituto.
B. El orgullo prefiere una gran hazaña antes que un mandato sencillo (2 Reyes 5:13).
- Naamán se fue furioso porque la orden le pareció indigna de él.
- Sus criados se acercaron y le hablaron con más sabiduría que la que su amo había mostrado. Le preguntaron si no habría hecho algo grande en caso de que el profeta se lo hubiera ordenado. Cuánto más debía obedecer cuando solamente le había dicho que se lavara y quedara limpio.
- Naamán estaba dispuesto a realizar una gran hazaña porque el orgullo suele preferir un logro difícil antes que una sumisión sencilla.
- Una gran proeza le habría permitido sentirse heroico.
- Un pago costoso le habría permitido pensar que compró la sanidad.
- Una ceremonia dramática habría reconocido su importancia.
- Lavarse en el Jordán exigía que recibiera misericordia como un hombre indefenso.
- La sencillez de un mandato no lo hace insignificante. La autoridad divina da peso incluso al acto más sencillo.
- Los muros de Jericó no cayeron porque marchar alrededor de una ciudad tuviera poder natural.
Josué 6:20 · NBLA: Entonces el pueblo gritó y los sacerdotes tocaron las trompetas; y sucedió que cuando el pueblo oyó el sonido de la trompeta, el pueblo gritó a gran voz y la muralla se vino abajo. El pueblo subió a la ciudad, cada hombre derecho hacia adelante, y tomaron la ciudad.
2. Los israelitas mordidos por serpientes fueron sanados al mirar la serpiente de bronce porque Dios había dado ese mandato.Números 21:8-9 · NBLA
8. El Señor dijo a Moisés: «Hazte una serpiente abrasadora y ponla sobre un asta; y acontecerá que cuando todo el que sea mordido la mire, vivirá».
9. Y Moisés hizo una serpiente de bronce y la puso sobre el asta; y sucedía que cuando una serpiente mordía a alguien, y este miraba a la serpiente de bronce, vivía. 3. Naamán fue limpiado cuando se lavó porque Dios había hablado.
C. El mismo principio se aplica al evangelio.
- Muchas personas rechazan el bautismo porque no entienden cómo la inmersión en agua puede estar relacionada con la salvación.
- El agua no tiene poder propio.
- El pecador no gana el perdón al entrar en ella.
- Dios salva por gracia mediante una fe que confía y obedece.
- Jesús dijo: «El que crea y sea bautizado será salvo» (Marcos 16:16). Pedro mandó a los oyentes arrepentidos que fueran bautizados en el nombre de Jesucristo para perdón de sus pecados (Hechos 2:38).
Marcos 16:16 · NBLA: «El que crea y sea bautizado será salvo; pero el que no crea será condenado».
Hechos 2:38 · NBLA: Entonces Pedro les dijo: «Arrepiéntanse y sean bautizados cada uno de ustedes en el nombre de Jesucristo para perdón de sus pecados, y recibirán el don del Espíritu Santo».
- Ananías dijo a Saulo que se levantara, fuera bautizado y lavara sus pecados, invocando el nombre del Señor (Hechos 22:16). Pedro escribió que el bautismo ahora nos salva, no como limpieza física, sino como una petición a Dios de una buena conciencia por medio de la resurrección de Jesucristo (1 Pedro 3:21).
Hechos 22:16 · NBLA: «Y ahora, ¿por qué te detienes? Levántate y bautízate, y lava tus pecados invocando Su nombre».
1 Pedro 3:21 · NBLA: Y correspondiendo a esto, el bautismo ahora los salva a ustedes, no quitando la suciedad de la carne, sino como una petición a Dios de una buena conciencia, mediante la resurrección de Jesucristo. 4. El poder salvador no está en el agua. Está en la sangre de Cristo y en la obra de Dios.
- Colosenses 2:12 describe a quienes fueron sepultados con Cristo en el bautismo y levantados con Él mediante la fe en el poder de Dios.
Colosenses 2:12 · NBLA: Habiendo sido sepultados con Él en el bautismo, en el cual también han resucitado con Él por la fe en la acción del poder de Dios, que lo resucitó de entre los muertos. 2. El bautismo no es fe en el agua. Es fe obediente en el Dios que resucitó a Jesús y promete perdón a quienes vienen a Cristo según Su palabra. 5. El lavamiento de Naamán no era el bautismo cristiano. Vivió siglos antes de Cristo y buscaba sanidad de la lepra. 6. Sin embargo, su historia descubre el mismo razonamiento orgulloso que hace rechazar un mandato porque parece demasiado sencillo, físico o humillante. 7. «Yo pensaba» no puede cancelar «Dios dijo».
IV. La fe verdadera obedece la palabra (2 Reyes 5:13-14)
A. Naamán fue limpiado conforme a la palabra (2 Reyes 5:13-14).
- Los criados de Naamán no alimentaron su enojo. No le dijeron que confiara en sus sentimientos y eligiera otro río.
- Lo hicieron volver al mandato. Le recordaron: «Lávate y quedarás limpio». Lo amaban lo suficiente para decirle la verdad cuando estaba equivocado.
- Naamán descendió y se sumergió siete veces en el Jordán, conforme a la palabra del hombre de Dios.
- La expresión «conforme a la palabra» explica el resultado.
- El gran comandante se humilló y entró en el agua que había despreciado.
- Se sumergió una vez, dos veces, y continuó hasta cumplir exactamente lo que Dios había requerido.
- Su carne fue restaurada como la carne de un niño, y quedó limpio.
- Naamán no fue limpiado antes de obedecer.
- No quedó limpio cuando recibió la carta del rey.
- No quedó limpio al llegar a la puerta de Eliseo.
- No quedó limpio al escuchar el mandato, al enojarse ni al reconocer que sus criados tenían razón.
- Quedó limpio cuando la fe dejó de discutir y actuó conforme a la palabra de Dios.
B. La fe obediente recibe lo que la gracia concede.
- La obediencia de Naamán no ganó el milagro. Sumergirse siete veces nunca podía poner a Dios en deuda con él.
- La curación siguió siendo un regalo de la misericordia divina, pero la gracia no convirtió el mandato en algo opcional.
- Dios estableció las condiciones.
- Naamán se sometió a ellas.
- Dios concedió la limpieza que había prometido.
- La fe obediente escucha porque Dios ha hablado y actúa porque Cristo es Señor. No exige comprender cada detalle de la obra divina antes de someterse.
- Naamán no necesitaba explicar la relación entre el agua del Jordán y su piel enferma. Necesitaba confiar en el Dios que había hecho la promesa.
- También nosotros debemos rechazar la falsa elección entre la gracia y la obediencia.
- La obediencia no compite con la gracia cuando Dios la manda.
- La fe no gana la salvación, pero la fe que salva obedece al Salvador.
- Hebreos 5:9 dice que Cristo llegó a ser fuente de salvación eterna para todos los que lo obedecen.
Hebreos 5:9 · NBLA: Y habiendo sido hecho perfecto, vino a ser fuente de eterna salvación para todos los que le obedecen.
4. Romanos 6:17-18 habla de quienes obedecieron de corazón la enseñanza que recibieron.Romanos 6:17-18 · NBLA
17. Pero gracias a Dios, que aunque ustedes eran esclavos del pecado, se hicieron obedientes de corazón a aquella forma de doctrina a la que fueron entregados,
18. y habiendo sido libertados del pecado, ustedes se han hecho siervos de la justicia. 6. La pregunta no es si nuestro plan preferido parece razonable. La pregunta es si confiamos en Dios lo suficiente para obedecer lo que ha revelado.
Aplicación
- Algunos necesitan dejar de confiar en la grandeza humana.
- Una buena reputación no puede limpiar el pecado.
- Los padres cristianos no pueden obedecer por sus hijos.
- Asistir a las reuniones de la iglesia no reemplaza la conversión.
- La generosidad, la moralidad, la educación y el respeto público no pueden lavar un solo pecado. Necesitamos la misericordia de Dios por medio de Jesucristo.
- Algunos necesitan rendir su «yo pensaba».
- Tal vez has recibido cierta enseñanza durante muchos años.
- Quizá sientes profundamente que debe ser verdadera y conoces personas sinceras que la creen.
- La sinceridad de Naamán no convirtió su ceremonia imaginada en el plan de Dios. Abre las Escrituras y permite que la palabra de Cristo corrija cada suposición.
- Algunos necesitan abandonar los sustitutos. Cuando Cristo especifica, no tenemos autoridad para ofrecer otra cosa.
- Rociar agua no es sepultar a una persona con Cristo.
- Una oración inventada por la predicación moderna no reemplaza el mandato apostólico de arrepentirse y ser bautizado.
- El entretenimiento humano no reemplaza la adoración que Dios autoriza.
- La tradición no convierte la desobediencia en fidelidad.
- Algunos cristianos necesitan obedecer lo que ya saben.
- A Naamán no le faltaba claridad. Durante un tiempo le faltó humildad.
- El orgullo puede hacer que un deber sencillo parezca irracional.
- Para ti quizá signifique perdonar a la persona contra quien guardas resentimiento, confesar el pecado que has escondido, abandonar una práctica condenada por las Escrituras o reparar el daño que causaste.
- Mientras retrasamos lo que Dios ha mandado, la obediencia postergada continúa siendo desobediencia.
- Algunos necesitan el valor de los criados de Naamán.
- No amas a una persona cuando apoyas el enojo que la aleja de Dios.
- Habla con bondad y hazla volver a la palabra, como los criados hicieron con su amo.
- La verdad dicha con humildad puede apartar a una persona de un camino que termina en ruina.
Conclusión
- Naamán llegó a Israel como un hombre importante, con carta real, regalos costosos, caballos, carros, criados y una historia de victorias militares. A pesar de todo eso, todavía tenía lepra.
- Acudió a la fuente equivocada, esperaba que Dios siguiera su plan, prefería otros ríos y se retiró enojado. Las palabras «yo pensaba» casi lo enviaron de regreso a Siria sin ser limpiado.
- Pero escuchó, se humilló y obedeció conforme a la palabra del hombre de Dios. El hombre que descendió impuro al Jordán salió limpio.
- No necesitaba un río mejor. Necesitaba un corazón más humilde. No necesitaba una ceremonia grandiosa ni una manera de negociar, pagar o impresionar. Necesitaba confiar en la palabra y obedecerla.
- Dios nos ha hablado por medio de Su Hijo y ha revelado el evangelio. Cristo derramó Su sangre, fue sepultado y resucitó. Ahora ofrece limpieza a todo pecador.
- No permitas que «yo pensaba» te impida recibir lo que Dios ha prometido.
Invitación
Escucha la palabra de Cristo y cree que Jesús es el Hijo de Dios. Arrepiéntete de tus pecados, renuncia al gobierno de tu propia voluntad y confiesa a Jesucristo como Señor. Sé bautizado en Cristo para el perdón de tus pecados, confiando no en el agua, sino en la obra salvadora de Dios mediante la muerte y resurrección de Su Hijo. Después levántate para andar fielmente en una vida nueva.
Si eres cristiano y has permitido que el orgullo, la tradición, un pecado escondido o una obediencia postergada se opongan a la palabra de Dios, humíllate hoy. Confiesa tu pecado, apártate de él y vuelve al Señor.
El obstáculo para la limpieza no es el mandato de Dios, sino el orgullo humano. Deja de discutir con la palabra. Ven a Cristo con una fe obediente y recibe la misericordia que solamente Dios puede dar.
Scripture taken from the Nueva Biblia de las Américas® (NBLA®), Copyright © 2005 by The Lockman Foundation. Used by permission. www.NuevaBiblia.com
