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Jerusalén no fue la iglesia madre

21 de octubre de 2026 · La colecta de 1 Corintios 16

Textos principales: Romanos 15:25–27; Hechos 14:23; 20:28; 1 Pedro 5:1–4

Nota de enfoque: Negar una “iglesia madre” gobernante no disminuye la gratitud hacia Jerusalén ni hacia quienes llevaron el evangelio a otros países. Se puede honrar el servicio de hombres fieles sin conceder autoridad doctrinal permanente a una ciudad, cultura o generación.

La afirmación

Se afirma que la contribución de las iglesias gentiles fue una muestra de gratitud y unidad hacia la iglesia madre en Jerusalén. La primera parte tiene apoyo bíblico. La contribución expresó comunión, amor y reconocimiento de una deuda espiritual. La frase iglesia madre introduce una relación que el Nuevo Testamento no establece.

Jerusalén fue la primera congregación formada después de la predicación del evangelio en Pentecostés. Los apóstoles trabajaron allí y el evangelio salió desde allí hacia Judea, Samaria y las naciones. Esa prioridad histórica no convirtió a la congregación de Jerusalén en cabeza, sede o autoridad sobre las demás iglesias.

La contribución expresó comunión

Romanos 15:26 dice que Macedonia y Acaya hicieron una contribución para los pobres entre los santos de Jerusalén. La palabra que Pablo usa puede expresar comunión o participación. Los cristianos gentiles participaron en el alivio de sus hermanos judíos mediante una ayuda concreta.

El versículo 27 añade que los gentiles habían participado de bienes espirituales y por ello debían servir a los santos judíos con bienes materiales. Pablo no describe un impuesto pagado a una sede superior. Habla de una deuda de amor nacida de las bendiciones recibidas por medio del pueblo del cual vino el Mesías y desde el cual salió el evangelio.

Segunda de Corintios 8–9 presenta la misma contribución como gracia, servicio, generosidad y comunión. La ayuda daba gracias a Dios y fortalecía el afecto entre cristianos. La unidad era real, pero no dependía de una estructura central ni de la subordinación de las iglesias gentiles a Jerusalén.

Cristo es la única cabeza de la iglesia

El Nuevo Testamento coloca la autoridad suprema en Cristo. Él es cabeza sobre todas las cosas para la iglesia (Efesios 1:22–23), y cada congregación responde a su palabra. La iglesia universal no tiene una capital terrenal, una tesorería mundial ni una congregación que gobierne a las demás.

Cuando Pablo y Bernabé establecieron congregaciones, designaron ancianos en cada iglesia (Hechos 14:23). Pablo dijo a los ancianos de Éfeso que el Espíritu Santo los había puesto como supervisores del rebaño entre ellos (Hechos 20:28). Pedro mandó a los ancianos pastorear el rebaño de Dios que estaba entre ellos (1 Pedro 5:1–4). Ninguno recibió una provincia, una red de congregaciones ni autoridad sobre la iglesia de otra ciudad.

Jerusalén tenía sus propios apóstoles, ancianos, evangelistas y miembros. Antioquía, Filipos, Corinto, Éfeso y las iglesias de Galacia también actuaban como congregaciones responsables. La madurez o antigüedad de una iglesia no amplía el límite de su supervisión.

Hechos 15 no convierte a Jerusalén en sede

Hechos 15 relata una controversia provocada por hombres que habían llegado desde Judea enseñando que los gentiles debían circuncidarse para ser salvos. Antioquía envió a Pablo, Bernabé y otros a Jerusalén para tratar el asunto con los apóstoles y ancianos. La presencia de los apóstoles era decisiva porque Cristo les había dado autoridad para revelar su palabra a toda la iglesia. Esa autoridad pertenecía al oficio apostólico, no al prestigio de la ciudad ni a una jurisdicción de la congregación de Jerusalén.

La carta resultante fue enviada en nombre de los apóstoles, los ancianos y los hermanos, y declaró lo que había parecido bien al Espíritu Santo (Hechos 15:22–29). No fue un decreto de una iglesia madre que gobernaba congregaciones hijas. Confirmó la verdad ya revelada por Dios acerca de la recepción de los gentiles y rechazó la enseñanza de quienes habían salido sin autorización.

Si Jerusalén hubiera sido la sede gobernante, el Nuevo Testamento habría mostrado a sus ancianos supervisando las demás iglesias. No existe tal texto. La obra de evangelización se extendió desde Antioquía en Hechos 13 sin que Jerusalén administrara la misión. Filipos sostuvo directamente a Pablo (Filipenses 4:15–16), y varias iglesias enviaron ayuda para santos necesitados sin crear una tesorería central permanente.

Pablo no recibió su evangelio de una iglesia madre

Gálatas 1:11–24 niega que Pablo recibiera su evangelio de hombres. Cristo se lo reveló. Cuando visitó Jerusalén, no fue a recibir autorización de una sede para predicar. En Gálatas 2:6–10, quienes eran reconocidos como columnas no añadieron nada a su mensaje. Reconocieron la gracia que Dios le había dado y extendieron la mano derecha de compañerismo a Pablo y Bernabé.

La comunión entre ellos no fue una cadena de mando. Los apóstoles reconocieron campos de trabajo distintos bajo el mismo Señor y pidieron que se recordara a los pobres. La colecta posterior cumplió ese cuidado y expresó comunión sin colocar a Pablo ni a las iglesias gentiles bajo el gobierno local de Jerusalén.

La expresión puede ocultar una doctrina equivocada

Un historiador puede usar iglesia madre para indicar que Jerusalén fue la primera congregación o el lugar desde el cual muchos oyeron inicialmente el evangelio. Aun en ese uso limitado, la expresión necesita explicación porque puede sugerir autoridad, dependencia o sucesión institucional.

En la enseñanza bíblica conviene usar términos que no importen una organización ausente del texto. Jerusalén fue la primera congregación y ocupó un lugar destacado en la expansión del evangelio. No fue la cabeza de la iglesia ni la supervisora de las congregaciones gentiles. Cristo conserva la cabeza, y cada iglesia local realiza su trabajo bajo su palabra.

El error de la afirmación

La afirmación une una verdad con una conclusión no revelada. La contribución sí expresó gratitud, comunión y amor entre cristianos judíos y gentiles. Nada de eso convierte a Jerusalén en iglesia madre. La comunión bíblica une a iguales bajo Cristo; no crea una congregación superior.

Respuesta directa

La ayuda de Macedonia y Acaya fue una expresión material de comunión con los santos pobres de Jerusalén. Los gentiles reconocieron que habían participado de bendiciones espirituales y respondieron con servicio generoso. Jerusalén fue la primera congregación y tuvo una función histórica destacada, pero no gobernó a las demás iglesias. Cristo es la única cabeza. Los ancianos pastorean la congregación que está entre ellos, y cada iglesia local conserva su propia responsabilidad, obra y tesorería bajo la palabra de Cristo.

Fuentes de consulta

  • Ed Rangel, La colecta del primer día, mandamiento apostólico y patrón para la iglesia (1 Corintios 16:1–2), secciones 3, 10, 11 y 18.
  • Don Martin, “Autonomy of the Local Church,” Truth Magazine 28, número 17, 6 de septiembre de 1984.
  • Wayne Partain, What Is the Work of the Local Congregation?, secciones sobre comunión en Romanos 15:26–27 y Filipenses 4:15–16.
  • Robert F. Turner, “The Local Church Treasury,” Truth Magazine 30, número 16, 21 de agosto de 1986.
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