¿Dónde estuvo Cristo entre Su muerte y resurrección?

Jesús prometió al ladrón que estaría con Él en el Paraíso aquel mismo día. Pedro proclamó después que Cristo no fue abandonado en el Hades y que Su carne no sufrió corrupción. Estas afirmaciones hablan del mismo Señor y del mismo intervalo entre Su muerte y resurrección. Por eso, ninguna puede usarse para borrar la otra.

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La pregunta precisa

Esta pregunta no busca satisfacer curiosidad acerca de un mundo que Dios no dibujó para el hombre. Tampoco intenta convertir los tres días entre la muerte y la resurrección de Cristo en un itinerario imaginario de puertas, cámaras y direcciones.

La pregunta es más sencilla: ¿qué declaró la Escritura acerca de Cristo durante ese intervalo?

La respuesta importa porque con frecuencia se propone una alternativa que los pasajes no imponen: Cristo estuvo con el ladrón en el Paraíso, o estuvo en el Hades; por tanto, una de esas afirmaciones tendría que excluirse. Sin embargo, Lucas 23 y Hechos 2 (NBLA 2020) no permiten conservar una declaración y desechar la otra.

El propósito de este artículo es mantener juntas las afirmaciones que Dios dio. No procura todavía describir cada detalle del Paraíso, ni resolver todas las preguntas sobre el estado de los muertos después de la ascensión. Esa discusión continúa en los artículos siguientes. Aquí el asunto es Cristo mismo: ¿cómo debe leerse el testimonio de Su muerte, Su resurrección y Su ascensión?

La promesa hecha al ladrón

Cuando el malhechor pidió: «Jesús, acuérdate de mí cuando vengas en Tu reino», el Señor le respondió:

«En verdad te digo: hoy estarás conmigo en el paraíso» (Lucas 23:43, NBLA 2020).

La promesa es inmediata. El Señor no dijo que el ladrón tendría que esperar hasta la resurrección para estar con Él. Dijo hoy. Tampoco habló de una condición impersonal o de una inconsciencia sin comunión. Dijo conmigo.

Estas palabras deben afirmarse sin reservas. El ladrón moriría ese día y estaría con Cristo en el Paraíso.

Sin embargo, el versículo no identifica el Paraíso como el cielo final, el tercer cielo, el seno de Abraham o una sección física del Hades. Tampoco narra una secuencia de lugares a los que Cristo habría ido. La promesa responde a un hombre que muere: estará con el Rey en el Paraíso ese mismo día.

Eso es lo que Lucas declara. Es una promesa de comunión y consuelo. No es todavía un plano del mundo invisible.

Joseph A. Fitzmyer y James R. Edwards, dos comentaristas de Lucas que difieren sobre la ubicación del Paraíso, coinciden, sin embargo, en que la promesa se cumple ese mismo día y asegura la comunión del malhechor con Jesús. Esa coincidencia no resuelve toda la discusión posterior; confirma el alcance inmediato de las palabras de Jesús.1

Pedro habló de Cristo y del Hades

En Pentecostés, Pedro explicó el Salmo 16 como una profecía de la resurrección de Cristo. Citó:

«Pues Tú no abandonarás Mi alma en el Hades, / Ni permitirás que Tu Santo vea corrupción» (Hechos 2:27, NBLA 2020).

Después aclaró a quién se refería David:

«Miró hacia el futuro y habló de la resurrección de Cristo, que ni fue abandonado en el Hades, ni Su carne sufrió corrupción» (Hechos 2:31, NBLA 2020).

Pedro no trata el Hades como el lago de fuego. Cristo no fue condenado allí, ni el pasaje dice que sufrió el castigo eterno. El Artículo 2 ya mostró que Hades y lago de fuego no son el mismo término ni la misma realidad final.

Pedro tampoco borra la palabra Hades de su explicación. Dice que Cristo no fue abandonado allí. El propósito de Pedro no es dibujar la ruta de Cristo en el mundo invisible; es proclamar que la muerte no pudo retenerlo y que Dios lo resucitó. La referencia al Hades y la referencia a la carne que no sufrió corrupción pertenecen juntas a ese anuncio de resurrección.2

El mismo versículo mantiene una distinción que no debe borrarse: Cristo no fue abandonado en el Hades; Su carne no sufrió corrupción. La muerte fue real. Su cuerpo fue puesto en el sepulcro. Sin embargo, Su cuerpo no llegó a corromperse y Su alma no permaneció abandonada en el Hades. Pedro presenta la resurrección como la victoria de Cristo sobre la muerte, no como una negación de que verdaderamente murió.

Dos afirmaciones acerca de los mismos tres días

Lucas 23:43 y Hechos 2:27, 31 (NBLA 2020) hablan del mismo Cristo y del mismo intervalo: desde Su muerte hasta Su resurrección. Ninguno de los textos permite decir que el otro es falso, impreciso o irrelevante.

Por tanto, quedan establecidas estas dos afirmaciones:

  1. Jesús y el ladrón estuvieron juntos en el Paraíso aquel día.
  2. Cristo no fue abandonado en el Hades antes de Su resurrección.

La primera es una declaración directa de Jesús. La segunda es la explicación inspirada de Pedro acerca de la resurrección. Ambas deben permanecer en la conclusión.

No se debe imponer una sucesión que la Escritura no narra: «primero Hades y después Paraíso», ni tampoco «primero Paraíso y después Hades». El problema no se resuelve inventando horas, traslados o etapas ocultas. Los dos textos se refieren al mismo período y piden una lectura que permita conservarlos juntos.

Aquí conviene ser exacto sobre el grado de la conclusión. Es una inferencia necesaria que el Paraíso no puede utilizarse para negar que Cristo estuvo relacionado con el Hades, ni el Hades para negar que estuvo con el ladrón en el Paraíso. Es una inferencia acumulativa que, leídos junto con el relato de Lucas 16 (NBLA 2020), estos textos relacionan el Paraíso con la condición de consuelo de los justos muertos en el ámbito hadeano. Esa conclusión no equivale a decir que la Biblia reveló dos cámaras físicas ni que usó la frase «el Paraíso es una sección del Hades».

La falsa disyuntiva (Una oposición que la Biblia no establece)

Algunos razonan así: si Cristo encomendó Su espíritu al Padre y prometió al ladrón estar «conmigo», entonces no pudo tener relación con el Hades. El razonamiento añade una premisa que los textos no expresan: que la comunión con el Padre o con Cristo excluye toda relación con el estado hadeano.

Lucas conserva ambas verdades. Poco después de prometer el Paraíso, Jesús clamó:

«Padre, EN TUS MANOS ENCOMIENDO MI ESPÍRITU». Habiendo dicho esto, expiró (Lucas 23:46, NBLA 2020).

La oración revela confianza perfecta. El Hijo se encomendó al Padre al morir. Esa verdad debe recibirse con reverencia. Pero el versículo no dice: «Subo ahora al Padre», «entro ahora al tercer cielo» ni «no estaré en el Hades». El Padre recibe el espíritu de Su Hijo; Lucas no convierte esa oración en una descripción geográfica.

La comunión con el Padre no es lo mismo que una ascensión corporal, pública y gloriosa. Cristo estuvo siempre en perfecta relación con el Padre. Sin embargo, el Nuevo Testamento todavía distingue Su muerte, Su resurrección y Su ascensión. No se debe usar una verdad para eliminar las otras.

«Todavía no he subido al Padre»

Después de resucitar, Jesús dijo a María Magdalena:

«Suéltame porque todavía no he subido al Padre; pero ve a Mis hermanos, y diles: “Subo a Mi Padre y Padre de ustedes, a Mi Dios y Dios de ustedes”» (Juan 20:17, NBLA 2020).

Este pasaje no niega que Cristo se encomendó al Padre cuando murió. Tampoco pretende describir toda la comunión eterna entre el Padre y el Hijo. Pero sí conserva una distinción que importa: después de la resurrección, Jesús habló de Su ascensión al Padre como algo que todavía estaba por ocurrir.

Por esa razón, Lucas 23:46 (NBLA 2020) no puede convertirse sin más en un relato de ascensión previa a la resurrección. Encomendar el espíritu al Padre no equivale, por las palabras mismas del texto, a decir que Cristo ya había subido al Padre. Juan emplea precisamente el verbo de subir y sitúa esa subida después de la resurrección.

Los intérpretes no explican Juan 20:17 (NBLA 2020) de manera idéntica. Carson habla de una condición de ascensión todavía no culminada; Kruse describe el retorno al Padre como un proceso que abarca muerte, resurrección y exaltación. Pero ninguno usa el versículo para reconstruir una ascensión secreta entre Juan 20:17 y 20:27 (NBLA 2020) ni una ruta anterior que Lucas 23 (NBLA 2020) deba presuponer.3

La Escritura no obliga a escoger entre dos errores: que Cristo estuvo separado del Padre, o que no tuvo relación alguna con el Hades. Ninguno de los dos extremos aparece en los textos. Cristo murió confiado en el Padre; estuvo con el ladrón en el Paraíso; no fue abandonado en el Hades; resucitó corporalmente; y después ascendió al Padre. Cada afirmación tiene su lugar.

Una ruta que los textos no narran

Se ha sugerido otra posibilidad: que Cristo fue primero al Lugar Santísimo, después al Paraíso y luego al Hades antes de resucitar. Una posibilidad no es una doctrina. Para sostener esa ruta se necesitaría un texto que nombre los lugares, los pasos y el orden. No existe ese relato.

Hebreos 9:12 (NBLA 2020) declara que Cristo entró «una vez para siempre en el Lugar Santísimo» y obtuvo redención eterna. El pasaje proclama el valor definitivo de Su obra sacerdotal. No ofrece una cronología de visitas invisibles entre la crucifixión y la resurrección, ni nombra al ladrón, el Paraíso o el Hades. Peter T. O’Brien explica el pasaje como una exposición de la entrada definitiva de Cristo en el santuario celestial y de Su obra redentora. Ni el pasaje ni ese comentario trazan un itinerario de los tres días entre muerte y resurrección.4

1 Pedro 3:18–20 (NBLA 2020) menciona «espíritus encarcelados» relacionados con los desobedientes en los días de Noé. Es un pasaje que exige estudio cuidadoso, pero no nombra el Paraíso, no habla del ladrón y no describe que Cristo trasladara a justos muertos de un lugar a otro.

Lucas 24:6–7 (NBLA 2020) anuncia que el Señor había resucitado como lo había dicho. No añade una ruta anterior a la resurrección.

Ninguno de estos pasajes debe cargarse con una secuencia que no expresa. El hecho de que Lucas 23 (NBLA 2020) no describa una topografía detallada no prueba una cadena alternativa de acontecimientos. El silencio de un texto no autoriza a llenar los espacios con un itinerario teológico.

¿Y el Paraíso del tercer cielo?

Pablo relató una experiencia extraordinaria en la que fue arrebatado «al tercer cielo» y también «al Paraíso» (2 Corintios 12:2–4, NBLA 2020). La relación estrecha entre esas dos expresiones merece atención; no debe ser descartada ni minimizada. Murray J. Harris incluso concluye que Pablo se refiere a un Paraíso celestial, ya sea como sinónimo del tercer cielo o dentro de él.5

También se apela a Apocalipsis 2:7 (NBLA 2020), donde se habla del «Paraíso de Dios». El razonamiento suele expresarse así: si el Paraíso es de Dios y está donde Dios está, no puede tener relación con el Hades. Pero esa conclusión añade una premisa que los pasajes no expresan: que toda comunión con Dios, o toda referencia a Su Paraíso, identifica por sí misma una geografía exclusiva para los tres días que este artículo examina. Ni 2 Corintios 12 ni Apocalipsis 2:7 aplican esa afirmación a Lucas 23 ni eliminan lo que Pedro dijo de Cristo en Hechos 2.

Pero Pablo no estaba narrando los tres días entre la muerte y resurrección de Jesús. No dijo que el Paraíso antes estuvo en Hades, que después fue trasladado al tercer cielo, cuándo ocurrió ese traslado ni quiénes fueron llevados. Su experiencia no llena esas ausencias.

La asociación de Paraíso con el tercer cielo en una revelación posterior no puede borrar la promesa de Lucas 23 (NBLA 2020) ni la proclamación de Hechos 2 (NBLA 2020). Aun si se acepta la conclusión de Harris, 2 Corintios 12 (NBLA 2020) no dice cuándo el Paraíso llegó allí, que antes estuviera en otro lugar, que fue trasladado después de la ascensión ni quiénes fueron trasladados. Puede plantear una pregunta que el Artículo 14 estudiará directamente. No crea por sí sola una historia de reubicación después de la ascensión.

Lo que este caso establece y lo que no establece

La conclusión de este artículo es deliberadamente precisa.

La Escritura establece expresamente:

  • Jesús prometió al ladrón que estaría con Él en el Paraíso aquel día.
  • Jesús encomendó Su espíritu al Padre al morir.
  • Pedro dijo que Cristo no fue abandonado en el Hades y que Su carne no sufrió corrupción.
  • Cristo resucitó corporalmente.
  • Después de resucitar, Jesús habló de subir al Padre.

La Escritura permite concluir necesariamente:

  • El Paraíso de Lucas 23:43 (NBLA 2020) no puede emplearse para negar lo que Pedro dijo acerca del Hades.
  • La afirmación de Pedro en Hechos 2:27, 31 (NBLA 2020) acerca del Hades no puede emplearse para negar la promesa de Jesús al ladrón.
  • La oración de Lucas 23:46 (NBLA 2020) no puede transformarse, sin argumento adicional, en una ascensión previa a la resurrección.

La Escritura no establece aquí:

  • una geografía física del mundo invisible;
  • dos compartimientos materiales de Hades;
  • una sucesión de visitas de Cristo antes de resucitar;
  • un traslado de Paraíso al cielo;
  • que todos los creyentes después de la ascensión entren en Hades. Esa pregunta se examinará en el Artículo 7.

Sostengo que esta es la manera más segura de honrar todos los textos. No disminuye la promesa de estar con Cristo. No disminuye la confianza de Cristo en el Padre. No convierte Hades en el lago de fuego. Y no hace que la resurrección sea una simple salida de una historia que ya terminó en la cruz.

La victoria de Cristo no necesita una historia inventada

La gloria de la resurrección no depende de negar la muerte real del Señor. Pedro proclamó precisamente lo contrario: Cristo murió, Su carne no sufrió corrupción, y no fue abandonado en el Hades. Dios lo levantó y después lo exaltó a Su diestra.

La promesa al ladrón tampoco necesita una reubicación no narrada para ser gloriosa. Ese hombre murió con la certeza de que estaría con Jesús en el Paraíso aquel mismo día. Cristo no lo dejó solo. El estado de los muertos no puede retener para siempre a Aquel que venció la muerte.

Por eso, la pregunta correcta no es: «¿Hades o comunión con Cristo?». La Escritura no impone esa oposición. La pregunta es: ¿permitirá la interpretación que se mantengan juntas todas las declaraciones de Dios? Lucas 23 y Hechos 2 (NBLA 2020) exigen que la respuesta sea sí.


Notas

Bibliografía

Carson, D. A. The Gospel according to John. Pillar New Testament Commentary. Leicester, England; Grand Rapids, MI: Inter-Varsity Press; Eerdmans, 1991.

Edwards, James R. The Gospel according to Luke. Pillar New Testament Commentary. Grand Rapids, MI: Eerdmans, 2015.

Fitzmyer, Joseph A. The Acts of the Apostles: A New Translation with Introduction and Commentary. Anchor Bible 31. New York: Doubleday, 1998.

Fitzmyer, Joseph A. The Gospel according to Luke X–XXIV: Introduction, Translation, and Notes. Anchor Bible 28A. Garden City, NY: Doubleday, 1985.

Harris, Murray J. The Second Epistle to the Corinthians: A Commentary on the Greek Text. New International Greek Testament Commentary. Grand Rapids, MI; Milton Keynes, UK: Eerdmans; Paternoster Press, 2005.

Kruse, Colin G. John: An Introduction and Commentary. 2.ª ed. Tyndale New Testament Commentaries 4. London: Inter-Varsity Press, 2017.

O’Brien, Peter T. The Letter to the Hebrews. Pillar New Testament Commentary. Grand Rapids, MI; Nottingham, England: Eerdmans, 2010.

Peterson, David G. The Acts of the Apostles. Pillar New Testament Commentary. Grand Rapids, MI; Nottingham, England: Eerdmans, 2009.

Nota sobre las citas bíblicas

Todas las citas y referencias bíblicas de este artículo se presentan en la Nueva Biblia de las Américas (NBLA 2020) y fueron verificadas en la edición autorizada para este proyecto. Las notas secundarias se basan en exportaciones limitadas de Logos revisadas para las afirmaciones específicas que acompañan.

Scripture taken from the Nueva Biblia de las Américas® (NBLA®), Copyright © 2005 by The Lockman Foundation. Used by permission. www.NuevaBiblia.com


  1. Joseph A. Fitzmyer, The Gospel according to Luke X–XXIV: Introduction, Translation, and Notes, Anchor Bible 28A (Garden City, NY: Doubleday, 1985), 1508–11; James R. Edwards, The Gospel according to Luke, Pillar New Testament Commentary (Grand Rapids, MI: Eerdmans, 2015), 692–93. Fitzmyer considera posible que Paraíso sea la morada de los justos después de la muerte; Edwards lo entiende como la presencia plena de Dios. Ambos reconocen que Lucas 23:43 (NBLA 2020) promete al malhechor estar con Jesús ese día.↩︎

  2. David G. Peterson, The Acts of the Apostles, Pillar New Testament Commentary (Grand Rapids, MI: Eerdmans, 2009), 147–51; Joseph A. Fitzmyer, The Acts of the Apostles: A New Translation with Introduction and Commentary, Anchor Bible 31 (New York: Doubleday, 1998), 256–59. Peterson entiende el argumento como una afirmación de resurrección corporal; Fitzmyer también concentra el pasaje en la resurrección y exaltación de Cristo. Ninguno de los dos presenta Hechos 2 como un mapa del mundo invisible.↩︎

  3. D. A. Carson, The Gospel according to John, Pillar New Testament Commentary (Leicester, England; Grand Rapids, MI: Inter-Varsity Press; Eerdmans, 1991), 642–45; Colin G. Kruse, John: An Introduction and Commentary, 2.ª ed., Tyndale New Testament Commentaries 4 (London: Inter-Varsity Press, 2017), 442–44.↩︎

  4. Peter T. O’Brien, The Letter to the Hebrews, Pillar New Testament Commentary (Grand Rapids, MI; Nottingham, England: Eerdmans, 2010), 317–22, 327. O’Brien afirma además que Hebreos no contempla una división de la ofrenda de Cristo en dos fases comparables al sacrificio y la presentación de sangre bajo el antiguo pacto (321–22).↩︎

  5. Murray J. Harris, The Second Epistle to the Corinthians: A Commentary on the Greek Text, New International Greek Testament Commentary (Grand Rapids, MI; Milton Keynes, UK: Eerdmans; Paternoster Press, 2005), 845–46.↩︎

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